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Bahamonde,+Angel+-+Historia+de+España.+Siglo+XX.+1875-1939

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HISTORIA

DE

ESPAÑA

SIGLO

XX

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5

Ángel Bahamonde (coord.)

HISTORIA DE ESPAÑA

SIGLO XX

1875-1939

Ángel Bahamonde

Pedro Carasa

Pere Gabriel

Jesús A. Martínez

Alejandro Pizarroso

SEGUNDAEDICIÓN

CÁTEDRA HISTORIA. SERIE MAYOR

(6)

1.ª EDICIÓN,2000 2.ª EDICIÓN,2005

ILUSTRACIÓN DE CUBIERTA:TARJETA POSTAL CON EL GOBIERNO PROVISIONAL DE LA REPÚBLICA DE ALCALÁ-ZAMORA,1931

Reservados todos los derechos. El contenido de esta obra está protegido por la Ley, que establece penas de prisión y/o multas, además de las

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públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la preceptiva autorización.

© Ángel Bahamonde, Pedro Carasa Soto, Pere Gabriel, Jesús A. Martínez, Alejandro Pizarroso © Ediciones Cátedra (Grupo Anaya, S. A.), 2000, 2005

Juan Ignacio Luca de Tena, 15. 28027 Madrid Depósito legal: M. 26.480-2005

ISBN: 84-376-1814-2 Printed in Spain Impreso en Lavel, S. A.

(7)

7

Índice

PRESENTACIÓN (Ángel Bahamonde) ...……… 17

PRIMERA PARTE LA RESTAURACIÓN MONÁRQUICA (Pedro Carasa) CAPÍTULO PRIMERO.Las lecturas históricas de la Restauración………...……… 21

1.1. Una historia política de la Restauración con perspectiva social y contenido in-tegral ………..……… 21

1.2. ¿Del conflicto al consenso, del fracaso al éxito? ……… 1.2.1. Las contrapuestas interpretaciones pasan a formar parte del sistema mismo y delatan su crisis ………..… 23

1.2.2 Los paradigmas negativos de la interpretación historiográfica de la Res-tauración en el tardofranquismo ……… 1.2.3. La proyección del presente sobre las caracterizaciones globales del pe-riodo ……… 1.3. La orientación decimonónica del tiempo de Cánovas……… 28

1.3.1. Un tiempo vuelto hacia atrás……….. 28

1.3.2 El continuismo canovista del liberalismo doctrinario……… 32

1.4. El fracaso del plan armonizador de la Restauración……… 33

1.4.1. Los límites de la Restauración como un régimen de consenso ……… 33

1.4.2 La inicial idea de armonización acabó convertida en múltiples exclu-siones de hecho……….……..…… 33

CAPÍTULO II. El protagonismo de la Corona y de la elite dirigente ……….……… 41

2.1. La Monarquía vertebra y determina todos los caracteres del sistema ……… 41

2.1.1. El alfonsismo: las raíces cubanas del proyecto ……… 41

2.1.2. La Corona restaurada se sitúa más cerca de la autocracia que de la de-mocracia ………..……… 43

2.1.3. Alfonso XII, un rey educado a la europea para una Corona recogida ………... 52 2.1.4. La regente, una soberana discreta en una época conflictiva 54 2.1.5. Alfonso XIII, un rey educado a la española para una misión regenera-cionista ………..……… 55

2.2. El personalismo de los líderes del turno ……… 55

2.2.1. Cánovas, un estadista doctrinario y autoritario ……… 55

(8)

2.3. El bipartidismo refuerza el poder de las elites políticas y lo aleja de la

socie-dad! ………..…..……… 58

2.3.1. El bipartidismo y el turno son dos engranajes imprescindibles del ca-quismo ………..…..…… 59

2.3.2. Las débiles relaciones entre los partidos políticos y la sociedad ………. 60

2.3.3. Los partidos políticos, un marco para la relación de patronos y clientes………. 62

CAPÍTULO III. El tiempo y los acontecimientos van por delante del régimen……….. 75

3.1. La reformulación del doctrinarismo en el segundo lustro de los 70……….. 75

3.1.1. La Constitución de 1876 presenta un marco parlamentario para un paisaje autocrático………. 75

3.1.2. El Senado, un retablo para las elites……….. 79

3.1.3. El primer Gobierno de Cánovas desarrolla un programa doctrinario y autoritario………..…..… 79

3.1.4. La liquidación del problema militar del carlismo ………. 82

3.2. Los liberales agotan las posibilidades del sistema en los 80 ………. 83

3.2.1. El gobierno liberal fusionista de 1881 mide sus fuerzas y se adapta al régimen ………..…..…… 83

3.2.2. El gobierno conservador de 1884 retorna a la autoridad ……… 3.2.3. El Pacto del Pardo: la estabilidad de la Corona por encima de la Cons-titucion ………..……… 85

3.2.4. El Parlamento largo de Sagasta agota el programa liberal y ensancha los límites del canovismo………..……… 86

3.3. El sistema supera la primera prueba en los 90 ………..……… 89

3.3.1. El gobierno conservador de 1891 se muestra celoso del excesivo pro-tagonismo libera………..…..…… 90

3.3.2. El gobierno liberal de 1892 navega a la deriva y sin programa………..…..…… 91

3.3.3. El final de Cánovas y del canovismo: la muerte política antes del ase-sinato………..……… 92

3.3.4. Sagasta carga con las culpas del Desastre en el turno del 98..……….. 93

3.3.5. El Gobierno de Silvela en 1899: el abandono del pasado y el nacimien-to de conservadurismo contemporáneo ... 94

3.3.5. Última gestión de Sagasta en 1900: en las postrimerías del siglo, del sistema y de la Regencia... 95

3.4. Los problemas exteriores: del recogimiento al desastre ... …. 96

3.4.1. El marco europeo del declive latino de las naciones muertas ... 96

3.4.2. La crisis colonial acaba con la mentalidad y los restos imperiales ... 99

3.4.3. La cuestión cubana: un escenario para pasar de Imperio a Nación ……….. 101

3.4.4. La guerra de Cuba cierra el ciclo colonial del siglo XV y abre el impe-rialista del siglo XX ... 107

CAPÍTULO IV. Las instituciones se ven presas o enredadas en el sistema ………. 115

4.1. La administración se enreda en el entramado del caciquismo... 115

4.1.1. La necesaria complicidad de la máquina burocrática ... 115

4.1.2. La Administración central: una inercia decimonónica ... 116

4.1.3. La provincia como privilegiado ámbito de ejercicio del poder políti-co caciquil ... 117

(9)

9

4.2. La justicia y su codificación consagran el individualismo de las elites... 120

4.3. La Iglesia pretende reconquistar la hegemonía social y el poder político ... 121

4.3.1. El arcaísmo religioso español: entre la ofensiva clerical y el anticlerica-lismo ... 121

4.3.2. La cuestión religiosa: un recurrente contemporáneo en el zócalo de la sociedad ... 125

4.4. El Ejército pasa de ser líder político a guardián colonial y gendarme social ... 126

4.4.1. Las modestas reformas militares de la Restauración ... 126

4.4.2. Del heredado pretorianismo al frustrado proyecto de civilismo ... 127

4.4.3. El divorcio entre Ejército y sociedad: quintas y represión social ... 129

CAPÍTULO V. Las otras elites se movilizan y desbordan al régimen ... 131

5.1. El caciquismo, entre la inercia de una la sociedad tradicional y la ficción de un Estado parlamentario ... 5.1.1. La morfología de los eslabones caciquiles: cliente, patrono, cacique, diputado, gobernador y ministro ... 132

5.1.2. Las interpretaciones del caciquismo: de la oligarquía a la mesocracia y del bloque de poder al pacto ... 136

5.1.3. La tendencia más reciente: la historia social del poder y de las elites ... 142

5.2. El proteccionismo, la generalizada movilización de las elites económicas... 146

5.2.1. Nuevas interpretaciones del proteccionismo: una apuesta práctica más que una retirada teórica ... 147

5.2.2. Los efectos del proteccionismo: anticipo regeneracionista, cohesión de las elites y adhesión del campesinado ... 150

5.3. El regeneracionismo, varias elites excluidas se rebelan y cuestionan el sistema ……… 153

5.3.1. El regeneracionismo convierte la visión crítica de la Restauración en parte del sistema mismo ... 154

5.3.2. Antecedentes y variantes del regeneracionismo: la confluencia de dife-rentes elites descontentas ... 154

5.3.3. El regeneracionismo de Costa: despensa y escuela ... 157

5.3.4. El polaviejismo: las pretensiones de un pretor católico vestido de cata-lanista 158 5.3.5. ¿Un regeneracionismo tradicionalista? ... 158

5.4. El regionalismo y nacionalismo, las elites periféricas ocupan el vacío dejado por la debilidad del proyecto nacionalista español ... ….. 159

5.4.1. La larga corriente de donde proceden los regionalismos y nacionalis-mos ………... 162

5.4.2. El vacío del nacionalismo español... 165

5.4.3. El nacionalismo catalán: líder y modelo de arrastre del movimiento……… 170

5.4.4. El nacionalismo vasco: de la tradición al antiespañolismo………... 176

5.4.5. Los otros nacionalismos……… 180

5.5. La cnsis de hegemonía en el 98, un importante episodio de la larga transición intersecular ... 182

5.5.1. Algunos tópicos sobre la crisis del 98: el abuso de un desastre ... 183

5.5.2. Una transición intersecular en tres nuevas dimensiones: de más larga duración, más ancho espacio y más honda sensibilidad ... 184

5.5.3. La morfología social, ideológica y moral del trance: una crisis de he-gemonía 186

(10)

CAPÍTULO VI. El arcaísmo social de las elites ante la movilización obrera...………….. 191

6.1. La formación de las organizaciones obreras entre la represión y la violencia... 192

6.1.1. La aportación anarquista al movimiento obrero español fue pionera y determinante ... 193

6.1.2. La decisiva aportación del socialismo español inspirado en los mode-los europeos... 201

6.1.3. Los objetivos del catolicismo social sintonizan más con el sistema que con el proletariado ... 208

6.2. La Restauración trata el obrerismo como una enfermedad: la vacuna de la cuestión social, el bálsamo de la beneficencia y la cirugía de la represión………. 212

6.2.1. El desinterés de la elite dirigente en la primera etapa de los balbuceos obreros ……... 212

6.2.2. La cuestión social durante la Restauración: entre la recristianización católica y la armonización laboral ... 213

6.2.3. El primer reformismo social en España: la lentitud de reflejos del sis-tema ……….. ... 214

6.2.4. La elite prefiere curar que prevenir: la beneficencia le era más rentable que la previsión ... 219

6.3. Una importante tensión social late bajo la aparente ausencia de conflictividad ... 222

6.3.1. Entre la agitación popular y la insurrección obrera: del motín al mitin . 222 6.3.2. El 1.° de mayo desde 1890: entre la fiesta y la lucha ... 223

6.3.3. La entrada de la multitud en la historia: primeras movilizaciones y con-flictos organizados ... 225

6.3.4. La acción directa y la huelga: entre la revolución y la reivindicación ... 226

6.3.5. El Desastre sedimenta el movimiento obrero: el repliegue del conflicto hasta 1902………... 227

CAPÍTULO VII. Los desequilibrios de una sociedad desdeñada por el sistema... 229

7.1 El lento proceso de la transición demográfica sufre un importante retraso ……… 231

7.1.1 Un anodino crecimiento de la población atenazado aún por el dictado de la muerte ... 231

7.1.2. La emigración: el final de un modelo colonial ... 232

7.2. Los desequilibrios básicos que lastran la sociedad ... 233

7.2.1 El principal desequilibrio estructural es el persistente peso de la tierra ……… 233

7.2.2. Existe otro desequilibrio funcional entre la cúpula dirigente, las mino-rías excluidas y las mayomino-rías marginadas ... 235

7.3. La separación abismal entre los grupos sociales ... 236

7.3.1 En la cúpula social de la Restauración: los viejos privilegios y la nueva ofensiva de la nobleza ... 236

7.3.2. Las elites de los negocios, la política y la profesión, decididas a la con-quista de los poderes y espacios fragmentados ... 238

7.3.3. Las dificultades de las socorridas clases neutras para acceder a peque-ñas parcelas de poder local ... 241

7.3.4. La vida urbana de las elites: la brillantez del ensanche burgués ... 242

7.3.5. La vida urbana popular: la sordidez de los barrios de inmigrados ... 250

7.3.6. La sociedad tradicional rural: un mar de resistencias ... 254

7.4. Las elites avanzan en la modernización de la economía ... 255

7.4.1 La elite de la tierra se protege de la crisis agrícola……… 256

(11)

11

7.4.2. La elite empresarial afianza su equipamiento industrial ... 261

7.4.3. Las elites de los negocios logran relanzar los servicios... 267

7.4.4. Persiste una decimonónica Hacienda a la medida de las elites ... 272

7.5. Los saberes enfrentados: el antagonismo cultural de las elites ... 277

7.5.1 La cultura oficial que legitima el sistema ... 279

7.5.1 Las culturas disidentes donde germinó la edad de plata ... 287

7.5.1 La brillante andadura literaria que va del costumbrismo al espiritua-lismo ……… 296

7.5.1 Con el siglo termina la pobreza de las artes españolas ... 297

SEGUNDA PARTE SOCIEDAD, GOBIERNO Y POLÍTICA (1902-1931) (Pere Gabriel) INTRODUCCIÓN ……... 301

CAPÍTULO VIII. Cambios en la población y la economía: urbanización, trabajo indus-trial y agrario, nacionalización económica... 303

Capítulo IX. La nacionalización de la sociedad española. Nacionalismos periféricos y nacionalismo español ... 313

9.1. Catalanismo y política española ... 316

9.2. El nacionalismo vasco ... 321

9.3. Galleguismo y nacionalismo gallego ... 324

9.4. La generalización del debate regionalista y el nacionalismo español ... 328

9.5. España, una pequeña y secundaria potencia europea ... 330

CAPÍTULO X. Sistema político y base social de la Monarquía de Alfonso XIII. Los gran-des grupos de presión institucional ... 333

10.1. El rey……….……… 333

10.2. El Ejército ... … 336

10.3. La administración ... …. 341

10.4. La Iglesia ………. 343

CAPÍTULO XI. Gobierno y reformismo dinástico. Maura. Canalejas. La oposición repu-blicana, 1902-1913 ... 351

11.1. La alta clase política: perfiles profesionales e ideológicos. Silvela y Maura. Moret y Canalejas ... 351

11.2. Los tumos y las crisis «orientales». El primer tumo conservador. Los liberales ... 357

11.2.1.El primer turno conservador ... 358

11.2.2.Los liberales. Los militares ... 360

11.3. Los retos del Gobierno largo de Maura (1907-1909) ... 365

11.3.1. La situación catalana. ¿Qué España? ... 366

11.3.2. Una regeneración corporativista del sistema político ... 368

11.3.3. La escuadra... 370

11.3.4. Marruecos y la política internacional ... 370

11.3.5. La crisis de julio de 1909 ... 376

11.4. Opinión liberal y Bloque de Izquierdas. El republicanismo y la conjunción con los socialistas ... 377

(12)

11.5. El fracaso de Moret (21 de octubre de 1909 - 9 de febrero de 1910). El

Gobier-no Canalejas (9 de febrero de 1910 - 12 de Gobier-noviembre de 1912) ... 387

11.5.1. La cuestión religiosa y la neutralización de las izquierdas republicana y socialista. La ley del candado ... 390

11.5.2. De nuevo Marruecos ... 392

CAPÍTULO XII. La crisis del régimen. Pragmatismos y aplazamientos. Dato y Romano-nes. Una nueva derecha autoritaria ... 397

12.1. Ante la Primera Guerra Mundial ... 400

12.2. La crisis de 1917. Las Juntas de Defensa y la cuestión militar ... 406

12.3. Los gobiernos de 1917-1921. Barcelona: una cuestión de Estado ... 412

12.4. Marruecos. Las responsabilidades en Marruecos y los gobiernos de 1921-1923………. 419

12.4.1. Annual ... 420

12.4.2. Un régimen cansado. El debate responsabilista ... 422

12.4.3. La recuperación de la democracia parlamentaria: el Gobierno García Prieto (diciembre de 1922 - septiembre de 1923) ... 428

12.5. Una nueva derecha autoritaria ... 430

12.5.1. El maurismo ... 431

12.5.2. Los propagandistas católicos y El Debate. El Partido Social Popular………. 433

12.5.3. La radicalización de la derecha y los grupos paramilitares y parafas-cistas……….. 436

CAPÍTULO XIII. Sin política y sin conflicto: el intento de la Dictadura de Primo de Ri-vera ……… 439

13.1. Un régimen de militares y hombres nuevos. El Directorio Militar ... 442

13.1.1. La «destrucción de lo viejo»: el Ejército ocupa el Estado (setiembre de 1923 - abril de 1924)... 442

13.1.2. La depuración y reorganización de la justicia... 445

13.1.3. Una nueva administración local y provincial (abril de 1924 - diciem-bre de 1925) ... 447

13.2. ¿Sin intermediarios ni políticos profesionales? Del Somatén a la Unión Pa-triótica 450

. 13.2.1. El Somatén y las opciones fascistizantes ... 450

13.2.2.Significado político de la Unión Patriótica... 454

13.2.3.¿Una nueva clase política? Base humana, social y política de la Unión Patriótica ……….. 462

13.3. Un nuevo Estado. El Directorio Civil y la Asamblea Nacional Consultiva ... 466

13.3.1.El gobierno de hombres civiles (1925-1930)... 466

13.3.2. La Asamblea Nacional Consultiva ... 467

13.3.3. La Organización Corporativa Nacional ... 13.4. La Hacienda y la crisis de la peseta de 1929 ... 478

CAPÍTULO XIV. La sindicalización de la vida política local y laboral. Los profesionales y-las cy-lases medias ilustradas. El feminismo………... 481

14.1. Los sindicatos obreros y las viejas militancias... 481

14.2. La primera guerra europea que todo lo trastocó ... 481

14.3. La patronal y la acción directa. Sindicalismos católicos y sindicalismo libre ... 481 14.4. El protagonismo político y social de los profesionales y las clases medias

ilus-tradas. El feminismo ...

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14.4.1. Los intelectuales ... 505

14.4.2. Un mundo de profesionales. Corporativismos y sindicalización ... 512

14.4.3. El feminismo ... 514

CAPÍTULO XV. La denuncia de la Dictadura y la Monarquía... 521 15.1. Los escándalos ... 521

15.1.1. Enfrentamientos con los intelectuales, la Universidad y los artilleros ... 521

15.1.2. Concesiones y negocios económicos ... 523

15.1.3. La bibliografía de los escándalos... 526

15.2. Los nuevos republicanos... …. 527

15.2.1. La Acción Republicana y la Alianza Republicana (1925 y 1926). El Partido Republicano Radical-Socialista (1929) ... 528

15.2.2. El republicanismo nacionalista y regionalista: ORGA (1929) y ERC (1931)………. 530

15.2.3. En la coyuntura de 1930-1931: la Derecha Liberal Republicana... 531

15.3. Los viejos políticos y el hundimiento de la Monarquía ... 532

15.3.1. Políticos dinásticos. Conservadores y liberales. Carlistas ... 532

15.3.2. La derecha antiparlamentaria y antidemocrática (1929-1931) ... 533

15.3.3. El hundimiento de la Monarquía (1930-1931) ... 536

TERCERA PARTE LA SEGUNDA REPÚBLICA (1931-1936) (Jesús A. Martínez) CAPÍTULO XVI. Las repúblicas de 1931. Origen y expectativas ... 541

16.1. En la lógica de la democracia ... 541

16.2. Crisis monárquica, elecciones municipales y fiesta popular ... 543

16.3. Símbolo de aspiraciones ... 545

CAPÍTULO XVII. El Gobierno provisional. Discurso modernizador y ética republicana 547 17.1. Un instrumento de transición ... 547

17.2. En la tradición liberal y democrática. Refresco intelectual y valores republi-canos……… 548

17.3. El horizonte reformista. El acoplamiento territorial ... 549

17.4. Reformismo social y escuela para todos ... 550

17.5. La modernización del Ejército ... 551

17.6. La cuestión religiosa. El discurso laico y secularizador... 552

CAPÍTULO XVIII. Las Cortes Constituyentes. Elecciones, cultura política y sistema de partidos ……… 555

18.1. Un sistema electoral de mayorías. Cultura política y elecciones ... 555

18.2. Un sistema de partidos fragmentado y en formación ... 557

18.3. Las Cortes, centro neurálgico de la vida política ... 557

CAPÍTULO XIX. La articulación del Estado y el sistema político. La Constitución de 1931……… 559

19.1. Un consenso republicano-socialista ... 559

19.2. Soberanía popular, República democrática y Estado integral ... 560

19.3. Un régimen parlamentario ... 561

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CAPÍTULO XX. El conjunto reformista. Regar campos y regar cerebros………. 565

20.1. El Gobierno Azaña: la confluencia de socialistas y republicanos de izquierda y la heterogeneidad de las reformas ... 565

20.2. Modernización técnica y modernización social. Las obras públicas y la refor-ma agraria ... 567

20.3. Las reformas laborales ... 572

20.4. La reforma educativa y la política cultural... 575

20.5. La socialización de la cultura. Intelectuales comprometidos y obreros cons-cientes ……… 576

20.6. El libro y la lectura. Los medios de comunicación: prensa, radio y cinemató-grafo……… 578

CAPÍTULO XXI Coyuntura y política económica. El gasto público y las reformas ... 581

21.1. La crisis del 29y la República ... 581

21.2. El mito del presupuesto equilibrado. El gasto público ... 583 21.3. La filosofía de una reforma tributaria ... 585

CAPÍTULO XXII. Dinámica política y conflictividad social ... 587

22.1. Estado e Iglesia. Secularización y anticlericalismo ... 587

22.2. Los Estatutos de Autonomía. Cataluña y el País Vasco ... 588

22.3. Heterogeneidad gubernamental y las dificultades reformistas ... 590

22.4. La conspiración monárquica ... 591

22.5. El insurreccionalismo anarcosindicalista. El orden público ... 592

22.6. La crisis de la coalición ... 594

CAPÍTULO XXIII. La República de centro-derecha ... 597

23.1. Las elecciones de 1933y el reajuste de las fuerzas políticas ... 597

23.2. Pluralismo polarizado ... 599

23.3. Parlamento, Gobierno y práctica política. 1934: Los radicales hipotecados en el poder………... 600

CAPÍTULO XXIV. La politización de la sociedad y la militarización de la política …………...…………. 605

24.1. La cultura política urbana. Movilización, agitación y militancia ... …. 605

24.2. Violencia política y milicias ... 607

24.3. Sindicalismo y política... 611

24.4. La revolución de octubre de 1934... 614

CAPÍTULO XXV. La dinámica política de 1935.La CEDA ... 619

25.1. La inestabilidad gubernamental ... 619

25.2. Los límites de la rectificación ... 620

25.3. La crisis política y la reordenación de los partidos ... 622

CAPÍTULO XXVI. La República de 1936 ... 627

26.1. El Frente Popular y las elecciones de 1936... 627

26.2. El gobierno de los republicanos y las dificultades de consolidación de la de-mocracia ……….. 630

26.3. Las conspiraciones ... ….. 634

(15)

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CUARTA PARTE

LA GUERRA CIVIL (1936-1939) (Ángel Bahamonde)

CAPÍTULO XXVII. Inicios y repercusión exterior...…………. 639

27.1. Tres días de julio……… 639

27.2. Revolución en la zona republicana. Contrarrevolución en la zona rebelde……….. 641

27.3. La internacionalización de la Guerra Civil española ... 644

CAPÍTULO XXVIII. Conquista y revolución... 647

28.1. Madrid, objetivo de los militares rebeldes ... 647

28.2. El Gobierno de Largo Caballero. La redefinición de la República y el control sobre la revolución ... 650

28.3. La ascensión al poder de Francisco Franco... 654

CAPÍTULO XXIX. El desarrollo de la guerra ...………….. 657

29.1. Las batallas del Jarama y de Guadalajara ... 657

29.2. La guerra en el País Vasco... 659

29.3. Las batallas de Brúñete y Belchite ... 662

29.4. El final del frente norte ... 663

CAPÍTULO XXX. La España republicana... 665

30.1. El primer Gobierno Negrín de mayo de 1937 y la reconstrucción del Estado republicano ... 665

30.2. Las tensiones políticas en la España republicana ... 666

30.3. La batalla de Teruel. La frustración de las esperanzas republicanas ... 668

30.4. La batalla de Aragón. La República partida en dos... 670

30.5. La crisis de abril de 1938.Los trece puntos de Negrín ... 672

CAPÍTULO XXXI. El final ... 677

31.1. La intransigencia de Franco. La rendición incondicional del enemigo ... 677

31.2. La batalla del Ebro en tiempos de Múnich ... 679

31.3. Las tropas de Franco llegan a los Pirineos ... 683

31.4. La sublevación del coronel Casado. El síndrome del abrazo de Vergara ... 683

QUINTA PARTE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN (1876-1939) (Alejandro Pizarroso) INTRODUCCIÓN ……… 691

CAPÍTULO XXXII. La prensa periódica bajo la Restauración (1876-1898) ...………….. 693

CAPÍTULO XXXIII. El nuevo siglo (1898-1931) ...………….. 699

CAPÍTULO XXXIV. La prensa durante la Segunda República...……… 707

CAPÍTULO XXXV. El periodismo de agencia (1865-1936) ...……… 713

CAPÍTULO XXXVI. Los primeros años del cine en España (1895-1936) ...……… 715

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CAPÍTULO XXXVIII. La Guerra Civil... 723

37.1. Prensa y propaganda republicana... 723

37.2. Prensa y propaganda franquista ... 725

37.3. La propaganda radiofónica ... 728

37.4. Cine y propaganda ... 733

BIBLIOGRAFÍA………... 735

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Presentación

En su Diccionario de la Lengua Española, la Real Academia Española ha acordado varias acepciones para el término manual. Una de ellas, la que nos parece más propia para el caso, señala: «Libro en que se compendia lo más sustancial de una materia». En sentido estricto es lo que los autores hemos pretendido hacer desde nuestros ori- ginales y personales puntos de vista, aunque compartiendo determinadas premisas metodológicas, de las que emerge una preocupación manifiesta por definir concep- tualmente los territorios históricos que exploramos y por apoyar la argumentación en sólidas y minuciosas bases empíricas. Se ha evitado, pues, caer en la mera recopi- lación más o menos ordenada de una secuencia de datos, algo tan habitual en la ma- yoría de los manuales al uso, para buscar sucesivas integraciones que hagan com- prensible en su complejidad y totalidad los tiempos históricos por los que transcurre este libro.

Realidades históricas tan complejas como la Monarquía, el caciquismo, el poder político, el proteccionismo, el regeneracionismo, los nacionalismos, el 98, los desa- justes entre la evolución del sistema político y la modernización económica, el al- cance de la dictadura de Primo de Rivera, las reformas republicanas, los déficits de- mocráticos o los ensayos revolucionarios durante la Guerra Civil, no son cuestiones fáciles que puedan resumirse en cuatro tópicos al uso; es preciso ir más allá de un simple guión docente y conectar con la vigorosa historiografía actual que ha aporta- do replanteamientos interesantes que es necesario incorporar con rigor al mundo de los manuales. Por ello este libro se hace eco de estas nuevas aportaciones, a veces complejas, a veces originales, incluso hasta desconcertantes o inquietantes, pero que el alumno universitario o el lector interesado por estos temas debe incorporar a su bagaje formativo y a sus cauces de reflexión.

Se ha realizado un esfuerzo por superar la visión compartimentada y fragmenta- ria, para acercarnos a un contenido integral que no rompa la unidad del relato y la coherencia de la acción; acción que en la realidad de la historia es siempre humana y totalizadora. Para ello se ha recuperado el hilo cronológico, el nexo político, el dis- curso narrativo y, sobre todo, la perspectiva social que es lo que proporciona unidad e integración a la reflexión histórica, sobre un contexto plural y en movimiento.

Exigencias de los planes editoriales han acotado la cronología de este volumen que abarca desde la Restauración borbónica de 1875 hasta la conclusión de la Guerra Civil. Desde luego se ha rechazado radicalmente que el final determine o condicio- ne la trayectoria del libro. Es decir, hemos preservado la autonomía de cada una de las etapas históricas consideradas en sus complejas y complicadas dinámicas sin caer en el fácil, inexacto, inapropiado y simplista recurso de buscar y diseñar un crescendo

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de frustraciones y adversidades, que tendrían que desembocar en la Guerra Civil, como si el país estuviera poseído por un destino fatal e inevitable.

Para su realización este volumen se ha dividido en cuatro partes. Pedro Carasa Soto, profesor titular de la Universidad de Valladolid, se ocupa de la Restauración

hasta la mayoría de edad del rey Alfonso XIII; Pere Gabriel, catedrático de la Uni-

versidad Autónoma de Barcelona, analiza el reinado de Alfonso XIII; Jesús Martínez

Martín, profesor titular de la Universidad Complutense se centra en el periodo re-

publicano hasta 1936; Ángel Bahamonde, catedrático de la Universidad Complu-

tense, realiza la síntesis de los tres años de la Guerra Civil, y, por último, Alejandro Pizarroso, nos traza la evolución del sistema informativo español de la época y su in- fluencia política y social. Todos ellos han elaborado sus discursos atendiendo a las premisas antes indicadas, pero siempre bajo la óptica de la libertad de cátedra a par- tir de su rica y fecunda actividad investigadora y docente.

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PRIMERA PARTE

LA RESTAURACIÓN MONÁRQUICA

(1875-1902)

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CAPÍTULO PRIMERO

Las lecturas históricas de la Restauración

1.1. UNA HISTORIA POLÍTICA DE LA RESTAURACIÓN CON PERSPECTIVA SOCIAL Y CONTENIDO INTEGRAL

La historia de la Restauración, como veremos, ha sido objeto de interpretaciones históricas sometidas a fuertes contraposiciones ideológicas. Sería pretencioso creer que uno puede situarse al margen de las poderosas corrientes interpretativas y que el presente no le condiciona en su tarea de historiador, pero vamos a tratar de que esas influencias sean lo menos subconscientes posible y de que afloren bien identificadas. De ahí que expongamos algunas de nuestras pretensiones de antemano.

Queremos superar la tendencia pedagógica excesivamente fragmentaria y com- partimentada que durante las cuatro últimas décadas ha venido dominando en las síntesis e incluso en las monografías. Los consabidos capítulos separados de historia interna y externa, o los epígrafes o colaboraciones de autores distintos referidos a his- toria política, aspectos sociales, o temas económicos, conducen a una historia donde el nexo y la continuidad se resienten, se pierde el factor tiempo que le da sentido y se aleja del único comportamiento humano que es el protagonista. Además, en el caso concreto que nos ocupa, por esta parcelación artificial y académica, ha existido una inclinación a considerar la Restauración en toda su extensión como un todo eco- nómico y social y no ha permitido distinguir con precisión sus diferentes etapas. Se trata de un periodo excesivamente largo para incluirle bajo un simple y único rótu-

lo, la aceleración histórica del siglo XX no admite de ninguna manera tratar de igual

modo fechas y situaciones tan distantes y distintas como 1875 y 1921. Al separar de la política los aspectos sociales y económicos, hemos perdido la correcta perspectiva cronológica. En este afán de unidad restauracionista, la primera parte que va de 1875

a 1902 se ha orientado forzadamente hacia el siglo XX y con ello se ha traicionado su

verdadero espíritu y sentido que sigue siendo decimonónico. De aquí que algunas in- terpretaciones recientes han pecado en parte de anacrónicas con este periodo y, tan- to las críticas procedentes del marxismo como las complacencias que últimamente encuentra en corrientes neoliberales exigen a este primer periodo respuestas a retos que son posteriores o le atribuyen virtudes y pasos de modernización que fueron mu- cho más postreros. De ello se deduce la importancia, casi diríamos la necesidad, de recuperar el hilo cronológico y el relato político como eje conductor, en torno al cual podamos ir trenzando las lagunas o modestas conquistas sociales v los problemas económicos más pegados a las coyunturas inmediatas y cortas. Creemos, pues, que-

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para valorar con precisión y capacidad de matizar este periodo es preciso situarse en su corta duración y no desfigurarlo con largas proyecciones, que en este caso desdi- bujan la etapa y la proyectan sobre el futuro, perdiendo con ello su esencial vincula- ción al pasado, probablemente una de sus características más definitorias.

Además de esta mayor atención a la coordenada del tiempo, queremos prestar mayor interés al hecho en sí mismo y a la política. Trataremos de conducir un relato hilado en torno a los acontecimientos políticos (todo el libro está concebido con ese criterio), con el propósito de integrar en ese eje todos los restantes aspectos que están en interacción con él. Algo que por cierto se adapta muy bien al caso específico de la Restauración, que tiene unos rasgos esencialmente políticos y sociales, y es donde pretendemos posar nuestra mirada con mayor detenimiento. En busca de mayor sen- sibilidad hacia la coordenada del tiempo no sólo hemos parcelado cronológicamen- te el libro según las diferentes etapas internas que van de 1875 a 1939, sino que cada periodo adquiere un desarrollo cronológico en torno al que giran los demás aspectos y utiliza el devenir de los acontecimientos como nervio del relato. El segundo cen- tro de interés se ha colocado en la historia social, primero por la perspectiva social con que se abordan los grandes temas políticos que hemos citado, y en segundo lu- gar porque se dedica mucha atención a considerar los rasgos resistentes de aquella so- ciedad, sus actitudes frente al sistema, los grandes conflictos y movimientos que pre- senta y las pautas culturales con que se expresa, con el objeto de dejar explícito el im- portante desajuste que se observa entre régimen y sociedad.

Dada la intención de poner en práctica la recuperación de una nueva historia po- lítica, haremos desfilar ante nuestra consideración aquellos elementos del poder po- lítico de primer orden que llenan de sentido e intensidad esta época: la Monarquía, el bipartidismo, el caciquismo, el proteccionismo, el regeneracionismo, el nacionalis- mo y regionalismo, el colonialismo, el 98, que serán objeto de especial atención en estas páginas como hitos explicativos del gran conflicto de poder que llena el perio- do y cuyos rasgos predominantes son políticos y sociales. Políticos y sociales decimos porque todos esos conflictos y mecanismos de poder se interpretarán desde tres cen- tros de atención: el prisma político de la Monarquía, el complejo liderazgo de las eli- tes y las diferentes respuestas de la sociedad frente a sus proyectos respectivos.

Dentro de esta orientación política y social de nuestro relato, queremos poner el énfasis en la Monarquía como protagonista, que nos parece central y que no ha sido suficientemente atendida a nuestro parecer por los manuales al uso. Será uno de los ejes de nuestro capítulo porque fue la clave del arco canovista y el freno del desa- rrollo político del mismo. Últimamente la Corona está siendo objeto de una cierta manipulación histórica en busca de precedentes que presenten a la Monarquía cons-

titucional del último cuarto del XIX como la única y mejor experiencia posible de

nuestra historia contemporánea, pero creemos que no apuntan bien porque este ha- llazgo no es posible localizarlo precisamente en la Restauración de Cánovas.

Consideramos el periodo desde una perspectiva social porque hemos concebido este tramo de la Restauración como una dialéctica o tensión entre tres elementos que tienen protagonismo social. Dicha relación tensa se establece a tres bandas entre el Estado, la sociedad y las elites en medio. De un lado se halla el poder representado en el Estado y el grupo cerrado que lo controla por medio del régimen y en la otra orilla la sociedad fragmentada o conjunto de comunidades de todo el país que en- cuentran una severa imposibilidad para comunicarse directamente con este poder; entre ambos extremos se colocan unos intermediarios (en el sentido comercial y ex-

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plotador del término) que hemos denominado elites económicas, políticas, regiona- les o intelectuales. La mayoría de estas elites se sienten por lo común con dificulta- des para integrarse en el sistema como tal y, mientras unas generan respuestas de adaptación, otras contestan con la crítica y oposición frente al régimen. Pero todas contactan intensamente con esa sociedad fragmentada con la que tratan de intercam- biar acceso al poder, o sea servicios públicos a cambio de fidelidades clientelares, de apoyos electorales o de mejora de sus propios patrimonios y actividades, en un papel bastante semejante al de los intermediarios comerciales negociando entre la oferta del Estado y la demanda de la sociedad; actúen como una especie de prestamistas de capital político que cobran intereses sociales en forma de apoyos clientelares. En esta relación triangular entre régimen, elites y sociedad articulamos la unidad del periodo, descubrimos las tensiones, explotaciones y conflictos y percibimos la lejanía y escasa autonomía de aquella sociedad, que se ve obligada a someterse resignadamente a los mecanismos del poder del régimen, a pagar importantes tasas de intermediación a las elites, o a retardar soluciones y movilizaciones autónomas que encuentran serias di- ficultades y represiones. Casi todo se resuelve en un juego de estímulo y reacción, reto y respuesta entre esos tres elementos; algunas elites consiguen integrarse con di- ficultades mediante el caciquismo y el proteccionismo, otras se distancian por medio del regeneracionismo o el nacionalismo, una parte mayoritaria de esta sociedad frag- mentada y alejada del poder se siente frustrada o se inmoviliza resignada y otra mi- noritaria se activa; entre tanto, los problemas de unos y otros son catalizados en la dura experiencia de la crisis intersecular. Como consecuencia y balance de todo el proceso, el poder consigue mantenerse, pero ha perdido en el camino a buena parte de esas elites descontentas y se ha divorciado profundamente de la sociedad.

Partiendo de este enfoque temporal y social más acentuado, nuestra lectura de la Restauración se inscribe más bien en una actitud de historiador no complaciente. Realizamos una versión crítica de forma diferente a la que ha sido habitual, porque nuestra revisión no es producto de haberle aplicado el cliché materialista (aunque asumimos algunas de sus conquistas), ni parte de un planteamiento estricto de dia- léctica de clases o de determinismo económico, sino que ahondamos en lo social y en lo político que es donde se hallan sus mayores defectos y tensiones. Pondremos de relieve cómo buena parte de las carencias sociales y económicas son debidas a la misma estructura política del régimen que comportó efectos negativos para su socie- dad y economía. Y a la inversa, descubriremos cómo bastantes de los logros que se le atribuyen a la época tienen su razón y explicación en las transformaciones políti- cas, sociales y culturales que producen tanto las elites no integradas como la sociedad que reacciona ante su marginación por el poder establecido.

1.2. ¿DEL CONFLICTO AL CONSENSO, DEL FRACASO AL ÉXITO?

1.2.1. Las contrapuestas interpretaciones pasan a formar parte

del sistema mismo y delatan su crisis

Las diversas valoraciones historiográficas de la Restauración comenzaron con ella misma, es más, formaron parte importante tanto del sistema en sí como de su crisis y revisión. Notables plumas, entre las que no estuvo ausente la de Cánovas y que en- contrarían sucesores en la escuela de Menéndez Pelayo, se encargaron de presentar

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este periodo como el gran contraste posi- tivo con la etapa negativa, revolucionaria y anarquizante anterior. En este claroscu- ro un tanto maniqueo y contra el fondo intensamente negro de la nefasta revolu- ción del Sexenio que acabó con lo mejor de la tradición política y religiosa de Es- paña, la Restauración aparecía ante sus ojos como la etapa salvadora de la esen- cia de la patria. La Monarquía, el orden, la jerarquía social, la religión, la autori- dad, la estabilidad habían venido a su- plantar a la violenta y anárquica Repúbli- ca, al conflicto social, al desorden, a la in- versión de los principios sociales, al anticlericalismo y a la inestabilidad de los seis años anteriores. Pero tal vez lo más llamativo de este caso es que esta concep- ción del periodo forma parte del sistema mismo de la Restauración y contribuye a darle ese sentido positivo, de concilia- ción y superación que trata de llenarlo todo en aquellos momentos y, no sólo da pábulo a esa autocomplacencia que prac- tica la Restauración consigo misma, sino que actúa muy represora y excluyente con los que tímidamente osan descubrir sus vi- cios desde el emergente mundo obrero, la disidencia intelectual del krausismo, la Ins- titución Libre de Enseñanza o el regeneracionismo.

Esta primera censura de los institucionistas y los regeneracionistas, lo mismo que los panegíricos anteriores se habían integrado en la construcción misma de la Restau- ración, pasó también a formar parte de la crisis del sistema. Las acusaciones de los re- generacionistas se centraron en su carácter oligárquico y caciquil y en los flagrantes déficits sociales que presentaba un régimen pensado para una sociedad tradicional, elitista y cerrada a los influjos exteriores y a las nuevas clases sociales nacientes. Se se- ñalaron también otros defectos, como su trasnochado imperialismo, su casticismo y aislamiento, su tradicionalismo recalcitrante y su abandono de los valores más con- temporáneos en la cultura, la ciencia y la educación. Se construye así por los intelec- tuales del 98 el paradigma más negativo de la Restauración, España a fines de siglo se resumía como una raza canija y unos políticos infames, como un pueblo atrasado y decadente, una masa electorable y contribuible, indigente, anémica e incivilizada, junto a unos políticos perversos y parásitos de un caciquismo abominable y unas ins- tituciones irrecuperables. Tanto, que apuntaban a la salida de un cirujano de hierro que propusiera borrón y cuenta nueva, deslegitimando en bloque el sistema de la Restauración. Otra minoritaria corriente tradicionalista insistirá por el contrario en la regeneración basada en las ventajas que tenían los planteamientos iniciales de la Res- tauración, cuando la Constitución de 1876 trataba de beber en las fuentes de la tra- dición histórica el significado profundo de los dos baluartes de la cultura política es- pañola, cuales eran la Monarquía y la religión. Más adelante, la generación de 1914,

Antonio Cánovas del Castillo, nació en 1828 y murió en 1897 asesinado por el anarquista An-

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Ortega, Zambrano, Azaña, prolonga el reproche de los primeros regeneracionistas y sigue ahondando en la critica y el fracaso de la Restauración, pero extraen la conclu- sión contraria, la salida a semejante atraso y falseamiento de las instituciones políti- cas es la democracia y la República.

La secuencia de posteriores etapas en la valoración de la Restauración oscilará con ritmo pendular de forma que durante la Dictadura, deudora de una cultura an- tiparlamentaria, se recoge por una parte el tono crítico que reprueba los perniciosos partidos políticos y la corrupción del parlamentarismo junto con el deterioro de la paz social de España y, por otro lado, se trata de salvar cuanto de respeto a la tradi- ción y a la autoridad había en los principios del régimen canovista. Continuando la secuencia, aparecerán de nuevo los aires críticos durante la República, que revive buena parte de la herencia de los regeneracionistas y de las siguientes generaciones que reflexionaron críticamente sobre los límites sociales y culturales del orden vigen- te en la Restauración, y pusieron especial interés en señalar los defectos de la concep- ción histórica de la Monarquía en este periodo y los anteriores. Por tercera vez la va- loración extrema vuelve a producirse en nuestra etapa más reciente, de forma que para el franquismo era la única etapa que podía salvarse del impío y revolucionario

siglo XIX, por cuanto tenía de recuperación de los valores más tradicionales perdidos

en la desdichada centuria anterior, sin que ello lograra perdonarle cuanto de liberalis- mo, parlamentarismo y partidos políticos incluía.

1.2.2. Los paradigmas negativos de la interpretación historiográfica

de la Restauración en el tardofranquismo

Nadie ha sido tan crítico con la Restauración como la historiografía marxista y la renovación que los historiadores españoles han vivido desde los 60 hasta los 80 de nuestro siglo, al aplicarle inexorable la metodología materialista y el paradigma basa- do en la idea del fracaso de la revolución burguesa y de la subsiguiente cadena frus- trada de revoluciones agraria, industrial, demográfica que la sucedieron. Este plantea- miento historiográfico desemboca en otra nueva descalificación global de la Restau- ración que a veces ha sido esquemática y divulgativamente utilizada como arma de combate político. En este proceso resultó crucial el momento de lucha contra la dic- tadura, nos referimos a una primera reflexión que se realiza ya en la última década del franquismo, en plena oposición ideológica y política a la dictadura. Se insistió esta vez en la vieja interpretación negativa del regeneracionismo y en la vinculación con la oligarquía que hiciera Costa, pero elaborada con la metodología del materia- lismo histórico que resolvió su interpretación final en un abierto conflicto de la oli- garquía terrateniente del interior que aliada con los grandes industriales y navieros de la periferia conformaron un bloque de poder económico que dominó a la sociedad española valiéndose de estos instrumentos caciquiles y clientelares y se sirvió de las superestructuras políticas para legitimar su hegemonía económica y social. Esta situa- ción consumó un atraso y una grave falta de democratización de la sociedad españo- la, de la que fueron responsables aquellos oligarcas y el sistema restaurador que les amparaba y de la que fueron víctimas las clases populares y trabajadoras y en general todo el país que experimentó un nuevo retraso con relación a los países de su entor- no. Esta clave de formación de bloques oligárquicos y de lucha y conflicto perma- nente sirvió para explicar cualquier aspecto de la Restauración en negativo, bien fue-

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ra el caciquismo, el militarismo, la ofensiva de la Iglesia, la segunda revolución indus- trial, el nacimiento de los nacionalismos o la organización sindical y política del mo- vimiento obrero. Todo era fruto, a veces indiferenciado y excesivo, de una misma perspectiva de análisis: la explotación de la clase proletaria por la clase dominante y el conflicto que resulta de la misma. Fueron, sin embargo, estos autores los verdade- ros pioneros de los análisis rigurosos y científicos de la Restauración y, sobre todo, los iniciadores de la polémica sobre la revolución burguesa, una de las más fecundas de la historiografía española de los últimos treinta años. Es verdad que la claridad aplastante y artificial de un método unívoco, que sometía el objeto histórico a un ex- clusivo haz de luz, por lo demás excesivamente focalizado y dirigido, dejaba muchas zonas en penumbra o distorsionadas, al tiempo que ofrecía visiones coherentes y bri- llantes. Es necesario valorar que cuanto sabemos hoy con profundidad de este siste- ma, e incluso cuanto se ha revisado posteriormente, ha sido debido en buena medi- da a su meritoria iniciativa y esfuerzo.

Algo más tarde, desde 1977, una vez muerto Franco y durante la transición demo- crática española, madura otra segunda generación de historiadores (José Várela, Ro- mero Maura, Javier Tusell) que abordan el análisis de la Restauración, coincidiendo con el primer centenario de la misma, en una clave más positiva, haciendo una inter- pretación más funcional del caciquismo, desde una perspectiva político-administrati- va del mismo, sin relacionarlo con sus elementos externos y ofreciendo una visión menos integral de la sociedad y la economía en que se inscribe. No estuvo ausente en estos momentos y en esta corriente el ánimo de buscar y ensalzar experiencias par- lamentarias y monárquicas vividas en el inmediato pasado de la historia de España que contribuyeran al proceso de reconciliación de los españoles y a legitimar una nueva Restauración de la Monarquía y del sistema parlamentario en España, ofre- ciendo el referente del sistema canovista como el modelo más atemperado y centra- do frente a las pretensiones de la izquierda marxista de esos años que buscaban o bien una República o una democracia más radical. Con estos autores se había abier- to una nueva vía de valoración que rechazaba las explicaciones exclusivamente eco- nómicas del poder político de la Restauración, e inicia lo que ha venido en llamarse, con poca propiedad, la interpretación funcional de la misma. Abandonan la sujeción a los anteriores paradigmas ideológicos y atienden a otros presupuestos distintos —también ideológicos— que conducen a valorar en ella los aspectos de consenso; la concepción materialista que guiaba a aquéllos a convertir el conflicto en el centro de su interpretación y a dar prioridad a las estructuras económicas se trueca ahora en concepción liberal de la historia que conduce a éstos a colocar el pacto en el eje del comportamiento de la elite y a primar los aspectos políticos y administrativos. Estos autores tuvieron el acierto de poner sobre el tapete la importancia de las redes clien- telares para explicar el sistema de la Restauración de manera más completa que el planteamiento económico anterior y describieron mejor, sin duda, los mecanismos morfológicos del sistema. Pero probablemente en este afán pendular han marginado en exceso la precedente conquista y, al perder la perspectiva económica, abandona- ron una serie de claves interpretativas importantes. Tienen otra limitación, a nuestro juicio, que consiste en que han ofrecido una versión de las clientelas excesivamente política y administrativa y han orillado no sólo la económica —como decíamos— sino, tal vez más grave aún, han relegado un planteamiento social, que parece cada vez más inexcusable en cualquier análisis del poder político. En todo caso, el debate que ha originado el contraste de las dos corrientes historiográficas, en lugar de ser ex-

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cluyente y monopolizador, ha permitido que en la actualidad la riqueza de plantea- mientos sobre la Restauración sea extraordinaria y que podamos disfrutar de multi- tud de matices muy clarificadores.

Los aires de neoliberalismo y las corrientes conservadoras de los últimos tiempos están tratando de recuperar una nueva lectura aún más benévola y superficial de este periodo, volviendo a retomar parcialmente valoraciones morales, de legitimación de actitudes personales y de situaciones políticas coyunturales, en aras de una nueva cul- tura política del pacto. Así ensalzan exclusivamente su carácter pactista y su proyec- to de armonización, ponderando las aportaciones de estabilidad, orden y relativo progreso que llevó a cabo, y alaban el diseño de un régimen que ha sido el marco más posibilista a la hora de permitir el funcionamiento, siquiera irregular, de un par- lamentarismo y una institucionalización tímida de la participación democrática. Se trata, dicen, de una experiencia ordenada del relevo político y de unas modestas pero reales pautas de libertad. Muchos han sentenciado en esta misma línea que el régi- men de la Restauración ha sido el sistema político de más largo alcance, más durade- ra estabilidad y mayor consenso, interno y externo, que ha conseguido la sociedad española en la era contemporánea.

No son pocos los reparos que pueden oponerse a tan ardorosa rehabilitación. Si estabilidad significa duración cronológica es verdad, pero si entendemos por estable una sociedad o un régimen político equilibrado que se mantiene por la propia volun- tad de los ciudadanos y como resultado de una serie de fuerzas complementarias de- bidamente respetadas y contrapesadas entre sí, el término estable no coincide con la realidad social y política de la primera parte de la Restauración. En ella no fueron res- petados el conjunto de los diferentes elementos sociales ni tampoco las piezas del sis- tema político, más bien al contrario experimentaron profundas agresiones, la socie- dad no pudo participar ni ejercitar su propia voluntad, la vida política fue un juego artificial de equilibrio inestable entre las fuerzas o grupos dominantes que se repar- tían el poder totalmente ajenos, o mejor, por encima, de la realidad social del país. La interpretación de la Restauración como un régimen estable, duradero y de larga duración, aunque los hechos parezcan darle la razón, tiene una notable debilidad ar- gumental. En el fondo era un sistema pensado para no moverse ni evolucionar en ningún sentido, puesto que en cuanto la sociedad evolucionara y se movilizara esta- ba llamado a autodestruirse, un sistema que abandonaba por completo el factor tiempo y la evolución en su perspectiva, paradójicamente diseñado por un historia- dor, que incurría en la contradicción de crear algo estático y ajeno al tiempo y basar- lo justamente en el fundamento más débil de la experiencia histórica hispánica, la cri- sis de la Monarquía era la especialidad histórica de Cánovas y exactamente en ella fue a colocar la fortaleza y perdurabilidad de su sistema.

1.2.3. La proyección del presente sobre las caracterizaciones globales del periodo

Lo cierto es el que el presente está proyectando permanentemente sobre la inter- pretación del pasado sus explicables servidumbres. Si los conservadores hablaron de las virtudes de la Restauración es porque así trataban de consolidarla, los liberales proponían la interpretación de anomalía y decadencia para justificar una revolución popular que la eliminara, los institucionistas pretendían justificar con sus ataques a la Restauración atrasada y arcaica la solución de una acción educativa que regenera-

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ra al pueblo, las gentes del 98 con su agobiante visión de la Restauración como el re- sultado de un pueblo inepto y unos políticos abyectos estaban acariciando la idea de un comenzar de nuevo, los intelectuales de 1914 abogaban, a partir de esa misma ne- gra interpretación, por la única salida republicana y democrática. Los materialistas que insistían en el fracaso de la revolución burguesa estaban indirectamente propo- niendo que se llevara a cabo esa tarea histórica pendiente y que se acabara así con el franquismo. La generación de historiadores que, alejados de la guerra y la lucha an- tifranquista, tratan hoy de recuperar un paradigma interpretativo de la Restauración más positivo y homologable con Europa, en contra de la vieja idea de fracaso, tratan de darle raíces históricas a la colectiva tarea de consolidar una monarquía democráti- ca que presentan como una realidad no ajena a la historia contemporánea. Es eviden- te que la representación del pasado cambia a medida que se transforma la experien- cia del presente, pero habitualmente es la última interpretación la que se resiste siem- pre a reconocer ese tipo de influencias.

1.3. LA ORIENTACIÓN DECIMONÓNICA DEL TIEMPO DE CÁNOVAS

1.3.1. Un tiempo vuelto hacia atrás

Hay dos dimensiones en la forma de periodizar una etapa histórica, una global y de conjunto y otra parcial o por fases. Nos pronunciaremos en el sentido global por una adscripción esencialmente decimonónica de la Restauración y en el sentido par- cial por interpretar la cisura profunda del 98 y su entorno como un hiato de discon- tinuidad. La misma periodización global y parcial de la Restauración no ha sido aceptada por todos los historiadores, aunque todos admiten el arranque en las últi- mas horas de 1874, ya es más discutible la interpretación de las conexiones con los periodos anteriores, de las que hablaremos más detenidamente y en las que quere- mos distinguir cuánto haya de reacción contra el Sexenio y cuánto de continuidad del moderantismo anterior. Estas dos herencias son demasiado fuertes en la primera parte de la Restauración como para abandonarlas al mero papel de ciertos condicio- nantes previos, el continuismo del primer cuarto de siglo de la Restauración con el doctrinarismo isabelino tiene una transcendencia que se ha olvidado con frecuencia y conviene recordar. Jover ha escrito que se trata de una época en que afloran con fuerza cambios que venían gestándose desde décadas atrás y donde se encuentran vi-

vas unas formas sociales, políticas y de civilización heredadas directamente del XIX.

Nosotros creemos que en esta combinación predomina la herencia isabelina y desde varias perspectivas (política, colonial, económica y social) confirmamos que el perio- do 1875-1898 se inclina más fuertemente hacia el pasado doctrinario de lo que pre- tende distanciarse de 1868-74. Resulta incluso un tanto artificial e inexacto hablar en bloque de una Restauración entre 1874-1923, en una correcta periodización de largo alcance esta primera etapa debería caer del lado de los liberalismos decimonónicos y no pertenecer al alejado e innovador siglo XX.

No hay acuerdo tampoco en la importancia que deba concederse a fechas como 1885, muerte de Alfonso XII e inicio de la Regencia, nosotros creemos que no tiene suficiente entidad periodizadora. Probablemente incluso sea exagerado creer que el mítico 1898 tenga en sí mismo la clave única para cerrar el periodo, como ana- lizaremos en su momento, pero es verdad que en el amplio gozne intersecular se con-

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Alfonso XII, en un grabado de la época. Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena (1858-1929).

centran fechas significativas que nos permiten valorar corrientes de cambio impor- tantes, desde el relevo en la Corona de 1885, hasta el asesinato de Cánovas en 1897 y la desaparición de Sagasta en 1903, pasando por la guerra de 1898 y finalizando en la mayoría de edad de Alfonso XIII en 1902, se abre una transición más global de fin de siglo que anuncia un giro importante, el final de la construcción de un sistema y el inicio de un periodo de revisión y crítica del mismo. Jover ha hablado de una «dé-

cada decisiva» entre 1895 y 1905 que acelera el paso del siglo XIX al XX; podemos re-

ferirnos así a una transición intersecular decisiva para los protagonistas del momen- to. No hace falta ser milenaristas para reconocer que esta sensación de cambio o trán- sito intersecular se ha repetido varias veces en la historia justamente en los momentos que han sido elegidos como hitos periodizadores. Estos mojones históricos se descu-

brieron en el paso de la edad oscura al Renacimiento entre los siglos XV y XVI, esta

frontera entre siglos se vuelve a hacer presente al final del siglo de las luces y el inicio revolucionario decimonónico, de nuevo asistimos al paso entre centurias con perso- nalidad propia en el momento que ahora historiamos, pero es que esta sensación o percepción colectiva de que se concentran muchos cambios en poco espacio de tiempo volvimos a recogerla en nuestra propia experiencia del final de siglo, que fue de nuevo concentrando cambios transcendentales desde los años 80 para alumbrar un nuevo milenio que ha inaugurado otro periodo histórico diferente que requiere aún nombre y periodización. Queda así cada vez más palmario para los historiado- res que la fractura del 98, mejor la transición intersecular, es trascendental, que tal vez

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la vieja consideración estructural de una economía continuista nos ha impedido per- cibirla en toda su dimensión social y política, pero su hondura nos aconseja parcelar y distinguir con mayor precisión el todo general e impreciso que solemos denominar como Restauración entre 1874 y 1923. Concluyamos que, en el tono de la etapa y en el sentido de la mayoría de sus actuaciones, la fase canovista se parece más a la Unión Liberal o a la dictadura de Serrano que a las dos fases de crisis y liquidación del siste- ma del siglo XX.

Hemos dicho que la fecha de 1885 no tiene valor periodizador. En efecto, la de- saparición de Alfonso XII y el inicio de la Regencia de su segunda esposa, María Cris- tina, tampoco tendrían de suyo fuerza suficiente como para hacer virar la historia, si no fuera por el compromiso de refuerzo que significó el supuesto Pacto del Pardo. Pero ahora queremos fijarnos en la fuerte dosis de asimilación e identidad popular con la Monarquía que representaron cuatro circunstancias en esta confluencia regia de 1885, el romanticismo de la muerte de un rey joven que lo introduce casi en la le- yenda, la inquietud que produce la viuda del rey, extranjera y no muy valorada, que pasa a reina regente, la incertidumbre de su gravidez durante medio año que recuer- da viejos momentos isabelinos y la aparición por fin de un rey niño tranquilizador, fueron sensaciones fuertes que llenaron las aspiraciones monárquicas del pueblo es- pañol con imágenes, representaciones, coplas y vinculaciones que contribuyeron a exaltar aquello que precisamente se había tratado de restaurar: la Monarquía. Se con- seguía así la máxima socialización a la que aspiraba la figura y el símbolo popular de la Monarquía, que era el trasunto del papel que Cánovas había dibujado para el mo- narca en el vértice del poder político y militar del sistema y en la cultura política del pueblo.

La otra fecha determinante es 1898, cuando una vieja e importante nación euro- pea pierde definitivamente su imperio ultramarino, retorna a una Europa más fuerte que décadas atrás, donde encuentra rebajado su viejo nivel de importancia y al pro- pio tiempo observa cómo no sólo se desequilibra su interior, sino que flaquea su en- torno meridional europeo mientras se fortalece el norte anglogermánico. La trascen- dencia de la fecha rebasa el siglo y hasta la contemporaneidad, puesto que cierra el gran ciclo ultramarino atlántico abierto en 1492 y abre lo que será el ciclo mediterrá- neo que centra el campo de acción en la frontera meridional de Europa.

La división interna del periodo que más nos ha convencido, por lo que tiene de cronológica, coherente y política, es el esquema tripartito en décadas de Jover. En el último lustro de los 70 se sientan políticamente las bases del sistema, de la mano del Gobierno solitario de Cánovas, como son la Constitución de 1876, la pacifica- ción militar de los dos contenciosos pendientes: la guerra carlista (1876) y la guerra de Cuba pacificada en Zanjón, (1878) y la Ley Electoral de 1878. El tono político de la época fue de represión y de centralización, en este sentido, la continuidad de esta primera etapa con el periodo isabelino y con el Sexenio es doble, por un lado quie- re corregir la trayectoria isabelina en algunos aspectos que entrañaban riesgo para la Corona, pero continuarlos en la mayoría de los principios restantes; por otro lado pretende erradicar los abusos del periodo revolucionario y recoger de él sólo aquellos elementos que pudieran hacer perdurable la etapa anterior, por eso se ha dicho que perfeccionaba la obra de Prim y Serrano y la daba estabilidad. Importaba mucho dar continuidad a tres conquistas decisivas, el régimen monárquico, la sociedad burgue- sa establecida y las bases de una economía capitalista, y era preciso eliminar los ries- gos que la revolución había comportado para mantener estos tres logros. El golpe de

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Pavía significó una decidida acción en esa dirección, pero ya antes Cánovas estaba preparando un partido y una nueva situación en que esos tres valores se recuperaran definitivamente y sin riesgos.

La etapa de los años 80 es la que se encarga de recoger esas aportaciones mínimas del Sexenio que se hacían imprescindibles para que pudieran proseguir las estructu- ras básicas de la anterior etapa isabelina. La historiografía se ha escindido en su con- sideración, para unos 1887 registra exactamente en la mitad del periodo un cambio fundamental que lo divide en dos grandes partes y para otros tiene una unidad inter- na que no debe romperse con esa periodización. Quienes abogan por esta separación de 1885-87 tienen en cuenta una serie de hechos significativos, como la muerte de Al- fonso XII y el inicio de la Regencia, el punto culminante novelístico de la edad de plata, la crisis de 1887 que señala un cambio de coyuntura de largo alcance, los años emblemáticos del nacimiento del socialismo español, el año de la Ley de Asociacio- nes, del censo demográfico, etc., todos éstos son para algunos hitos de cambio cuali- tativo que permiten encontrar en ellos razones para hablar de una Restauración an- terior y posterior a 1885 con francas diferencias entre sí. Otros, en cambio, insistimos en que la década de los 80 en su totalidad tiene una coherencia interna, lo mismo que la tenía el segundo lustro anterior de los 70 y lo tendrá la década de los 90 que cierra el siglo. Estos diez años 80 constituyen probablemente el periodo más fecun- do y sólido de la Restauración decimonónica y registran desde el principio el decisi- vo papel que desempeñará el Partido Liberal en la consolidación del régimen, a nues- tro juicio esencial y verdadero soporte del sistema, desde la constitución del Partido Fusionista en 1880 hasta la proclamación del sufragio universal en 1890, pasando por toda la intensa actividad política y legislativa de los liberales en sus dos manda- tos, que incluye aspectos estables como la consolidación el caciquismo o el inicio del turno político bipartidista. Administrativa y jurídicamente se dictan leyes importan- tes que consolidan el sistema, como la Ley Provincial (1882), la Ley de Asociaciones (1887), la de lo Contencioso Administrativo (1888), del Procedimiento Administrati- vo (1889), el Código Civil (1890), la Ley de Juicio por Jurados (1888) y el Sufragio Universal (1890). La edad de plata de la cultura española ha de encontrar en esta dé- cada raíces para su florecimiento literario, el cenit de la novela se produce ahora con

La Regenta y Fortunata y Jacinta. Son los diez años de la institucionalización socialis-

ta, de la definición de las diversas familias del anarquismo dentro del movimiento obrero y de la creciente y agresiva conflictividad social. Económicamente es la déca- da de la ciudad, de la fábrica, del ferrocarril, de los cambios demográficos, de la fie- bre del oro, de la crisis agrícola y pecuaria, de la revisión de los tratados comerciales y de los aranceles librecambistas. Por lo que se refiere a los sectores económicos, se experimenta una tendencia alcista de ciclos de equipamiento industrial y de bonan- za financiera que llena la primera parte de la década y luego la crisis agraria que se prolongará hasta el fin del decenio.

La etapa de los 90, en general, significa un periodo de crisis en lo político, lo re- gional y lo colonial, tanto que llegará a poner en cuestión el propio sistema. En cuan- to a lo político, hay que reseñar el intento enseguida frustrado de activarse el republi- canismo, la crisis de programa del Partido Liberal, la desaparición de Cánovas y las rupturas de su sucesión, lo que aceleró el ritmo e impuso gobiernos breves de dos años, y finalmente la liquidación de la Regencia de María Cristina y la mayoría de edad de Alfonso XIII en 1902. En cuanto a lo regional en esta década se lanza polí- ticamente el catalanismo con la Unió Catalana y Lliga de Catalunya en 1891, las Ba-

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ses de Manresa en 1892 y la entrada del primer ministro catalanista en 1899, así como el origen del nacionalismo vasco y el germen del PNV (1895). Pero el cataliza- dor de la crisis finisecular será la pérdida de las colonias antillanas y la guerra con Es- tados Unidos en 1898. También en esta década se anticipa lo que será el regenera- cionismo. En política económica los conservadores implantan el proteccionismo en 1891. La coyuntura de los 90 igualmente registra dos partes desiguales, sus prime- ros cinco años crecen por encima del segundo lustro que se estanca.

1.3.2. El continuismo canovista del liberalismo doctrinario

Como hemos avanzado en la periodización, lo que se percibe al comienzo de la Restauración es una sensación de ruptura con el Sexenio y de continuación con el pasado anterior. La propia historiografía complaciente con la Restauración ha dibu- jado un panorama continuista y señalado la vigencia de formas de pensamiento obe- dientes a los criterios más tradicionales; las pocas movilizaciones colectivas de esta primera etapa, sostiene J. Andrés Gallego, tienen más de defensa de intereses funda- dos en el pretérito que de afán innovador, la Restauración se mostró por lo menos estéril y pasiva ante el problema de analfabetismo, el asociacionismo obrero no con- seguía suscitar más que la sonrisa de la feliz burguesía, la política obrera de la Restau- ración, hasta 1900, no llegó a ser una amenaza inmediata para la estabilidad del país, ni siquiera en Cataluña y Vizcaya, las actitudes antiguas han durado en España mu- cho más que las leyes que las tutelaban sea en la cultura, en la economía o en la dis- tribución de los grupos sociales.

Lo que caracteriza este primer tramo es una espontánea inclinación de Cánovas a la tradición, al conservadurismo, al orden y la autoridad. Posiblemente, de no ha- ber mediado desde fines de los 80 la inclinación de María Cristina hacia los liberales y su amistad personal con Sagasta y de haberse seguido los impulsos naturales de Cá- novas, el contenido de todo el periodo habría sido estrictamente conservador y los liberales habrían quedado reducidos a meros comparsas y legitimadores del sistema. Y esto es justamente lo que imprime su carácter de continuismo a la Restauración y la vira hacia el pasado, su etapa primera es totalmente decimonónica en política ex- terior, en diseño del Estado, en participación y movilización del pueblo en las elec- ciones, en comprensión de las relaciones sociales, incluso en política económica y en comportamiento demográfico; únicamente en sus periodos sagastinos se apuntó tí-

midamente lo que serían las nuevas concepciones del siglo XX. Sólo desde esta per-

cepción de una primera parte de la Restauración continuista y de cortos vuelos libe- rales y transformadores encuentra verdadero sentido la crisis del 98 y la crítica rege- neracionista. De no haber discurrido esta primera parte de la Restauración por esos cauces tan decimonónicos y doctrinarios no se habría aplicado el anacrónico e inco- rrecto tratamiento al problema cubano y seguramente los regeneracionistas se ha- brían quedado sin hueco y sin razones.

A pesar de todos los esfuerzos que el político malagueño decía realizar por dis- tanciarse de la dinámica de la España isabelina, ahora estaba repitiendo la sucesión de roles de moderados y progresistas. Lo mismo que los progresistas actuaron de va- cuna antirrevolucionaria y debieron cargar con el costo social y político de abrir bre- cha en aquella sociedad tradicional para buscar nuevos espacios de poder por medio de reformas políticas de riesgo y desgaste, que luego redundaban siempre en benefi-

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