Nerio Duín Anzola Por los caminos de la provincia
Texto completo
(2) Nerio Duin Anzola, autor y personaje de estas aventuras es un llanero de Occidente. Nació en tierras de Portuguesa, el año 92. Alto, blanco, ojizarco, con una barbilla de General de la Federación, delgado y nervioso, su figura recuerda la estampa de los viejos hidalgos españoles, miserables y orgullosos. Que en gestos y locuras también concuerda su carácter con el campechano señorío peninsular. Pulpero, dependiente de comercio, agricultor, arriero, comprador de cerdos y vendedor de zarazas en los llanos de Barinas y Apure, jefe civil, celador de rentas, vigilante de carreteras, ornitólogo, posadero, todos los oficios los ha ejercido en un ambiente, dentro de circunstancias de la más castiza picaresca. Siempre la empresa termina mal; cuando en los caneyes de su casa, establece una posada, los viajeros que en la madrugada siguen camino, se llevan hamacas y colgaduras. En una ocasión, invierte sus ahorros en la compra de unos cochinos y cuando va llegando con el atajo a las vecindades de Barquisimeto, se desperdigan los animales y van a dar al conuco de una gente conocida por perversa y asesina. Otro día, esta vez en funciones de botiquinero se ingenia para atraer a los vecinos. Es el año 1926, las altas y pesadas ortofónicas causan furor. Pero como él es pobre y no puede adquirir el musical aparato, lo reemplaza por el más curioso artefacto: un inmenso cajón en el cual se esconden tres músicos y una mujer. Los parroquianos se están acostumbrando a la función de Nerio. Por la ejecución de cada pieza pagan un real, si es cantada un bolívar. El negocio progresa, pero una noche llega la fatal política encarnada en la persona del Secretario General del Estado, quien le dice a Duin: "Présteme la cantante por una noche, por la mañana se la devuelvo". Frente al silencio y al temor de la clientela, el hombre le responde: "Pero usted me manda la suya". Ante la respuesta, el negocio se va quedando solo, todos los concurrentes salen rápidos, no quieren ser testigos del irrespeto irrogado a la autoridad. Duin está condenado. Los viejos del pueblo le aconsejan salvar el pellejo. Bajo unas cargas de papa, en un camión, el hombre huye a Barquisimeto. Pocos días después, ocurre el alzamiento de Gabaldón y la toma de Guanare. Como Duin ya es un calificado enemigo, el Gobierno ocupa su casa y la convierte en hospital de sangre. Aventuras de un político Cuenta Duin que estaba dedicado a construir una casa, cuando nombraron a un tío suyo, Jefe Civil de Acarigua, entonces decidió cambiar de oficio y entrar en "la política". Dentro de las prácticas del más sano nepotismo, el pariente lo designó Jefe Civil del Municipio. Mi desengaño fue grande -dice el cronista- cuando supe que el sueldo era apenas de veinte pesos al mes. Pero el desconsuelo me duró poco, cuando otra persona muy bien entendida en estas cosas de la política, me informó que en los puestos lo de menos era el sueldo, que eso era la fórmula, Y en seguida me explicó que por ejemplo, en cada defunción se cobraban veintidós bolívares, todo para el Jefe Civil. "En una visita del Obispo y por venta de papeletas me quedaron quinientos bolívares". Pero su experiencia pública era muy reciente, creyó poder confiar el secreto de su prosperidad a sus amigos, y uno de éstos, viajó a la capital y como era primo del Secretario logró el codiciado negocio municipal. Nerio fue trasladado con el mismo cargo que ejercía en Acarigua, al Municipio de Payara, menos productivo y más complicado. En las afueras de la ciudad vivía un terrateniente que "ensuciaba el agua de beber con su propio desalojo". "Yo lo supe -dice Duin-, lo amarré al pie de un árbol donde había un pegón, y castigado por estos insectos se le quitó la mala costumbre". Pero muy pronto debía presentarse un nuevo problema que iba a determinar su salida del cargo ejecutivo: el Jefe Civil del Distrito tenía una siembra de maíz en los alrededores de Payara. Cuando ya el grano estaba maduro, el Coronel ordenaba una recluta de campesinos para que fueran a coger la cosecha. La medida injusta causaba tanto malestar en la región, que Duin, decidió cambiar su Municipio por una Fiscalía de Chimó, con tan mala suerte que el primer contrabando apresado es perteneciente a una altísima matrona guanareña y toda la sociedad se encoleriza con el abusivo Fiscal. De Fiscal de la Renta de Chimó, se transforma en Caporal de Carretera. Para su mala suerte, le toca. UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 2 de 6.
(3) vigilar unas carretas de bestias cansadas y obreros perezosos, pero cuando va a protestar le advierten que se calle, porque el dueño es hombre "muy apoyado". Como las cosas andan mal y en su provincia no ve ningún porvenir, decide tentar fortuna en la lejana y montañosa San Cristóbal, en donde un tío suyo es oficial de Juan Alberto Ramírez, para entonces Presidente del Táchira. La suerte no le es más propicia que en su cálida tierra guanareña y cuanto logra en su aventura andina es que se le confíe el cuidado de la Hacienda "Pirineo", hermosa posesión que ha comprado Ramírez, en las afueras de la capital provincial. De este tiempo de bucólica tranquilidad recuerda Duin este pasaje: "Era el año de 1928. El General Gómez le pide al General Ramírez, doscientos hombres para formar la Sagrada de Caracas. El General Ramírez los manda a buscar a los campos y los va juntando en la Hacienda "Pirineos", en donde yo estoy. El General Ramírez fue y les dijo que no eran reclutados, que se les iba a dar dinero, que iban para el Centro, que allá no le tuvieran confianza a nadie. Luego les quitaron las alpargatas blancas con cinta negra amarrada por delante, mandaron una gran caja de zapatos para hombres, les dieron unos centavos para la familia y en autobuses expresos los mandaron para Caracas. Al año tuve la dicha de ver algunos de estos hombres, en automóviles, que venían a buscar sus familias que se hallaban en los campos del Táchira". Geografía humana de Venezuela Observador de gestos y costumbres, en sus andanzas y oficios, Nerio Duin tuvo ocasión de catalogar una gran parte de los tipos humanos que pueblan el país. En sus apuntes dice: "No me explico cómo los hombres de un mismo país, no son iguales. Los del Apure, son hombres de gran valor para las fieras; los del Estado Barinas, hombres honrados y de carácter humilde y no son miserables; en el Estado Portuguesa, hombres de trabajo, de carácter apacible, apolíticos, ingratos por nacimiento. El Estado Lara, tierra brava para producir hombres de todas las especies. Ha tenido grandes cerebros, así como hay miserables. Al tener yo la posada, comían dos con un real. Sobre todo los de Siquisique, que consiguen un rolo donde vayan. No hay parte de Venezuela donde no haya siquisiqueños empleados como policías. El tocuyano le presta a uno cien bolívares, pero le niega una fruta. El yaracuyano, que bastantes comieron en mi casa, la mayor parte son fanfarrones y altaneros y era difícil que en cualquier conversación no hablasen de machura. Los de Trujillo, gente de trabajo y correctos y muy puntuales con sus jefes. Los de Mérida, hombres conocidos por su correcto proceder. Del Táchira, los de la clase campesina son brutos por falta de civilización, pero buenos amigos; cuando están empleados consiguen un puesto donde vayan. Lo contrario de los de Portuguesa, que al pagar servicio (militar) se van a su casa, los andinos se quedan en el cuartel. Hasta en la policía se comprueba que el que no es andino, es larense. Sobre otros Estados no puedo hablar porque no llegaron tripulaciones a mi casa". El medio social venezolano Sobre la decadencia del que fuera próspero Ospino trae Duin esta nota: "Había en la ciudad de Ospino (Portuguesa) dos o tres apellidos de los connotados del pueblo; entre ellos, generales, doctores, bachilleres y guapos y una cuerdita que los seguía... Un viejo ospinero me dijo un día en que se quedó en casa y le pregunté: ¿por qué se acabó Ospino? Me contestó: Se acabó por la culpa de sus propios hijos. Figúrese, mano Nerio, Ospino era de tal condición que si alguno iba a alquilar una casa tenía que ocurrir donde el Doctor, el terrateniente y el General y si no les caía en gracia el tercio no le alquilaban la casa. Aquel grupo dominaba política, social y económicamente, pero por la gracia de Dios ya se han muerto casi todos y unos dos o tres que quedan se fueron a vivir a Barquisimeto y dejaron solas las casas en Ospino porque ya no tenían gente que gobernar y las casas por el suelo, la agricultura y la cría en la ruina. Aquellos hombres son muy conocidos como los antiguos caciques de Ospino.. UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 3 de 6.
(4) Juan Vicente Gómez Para Nerio Duin Anzola, su mundo fundamental son los llanos de Portuguesa y Gómez está encarnado en el Coronel que manda en Guanare, con el título de Presidente de Estado y en el Doctor que le escribe las cartas. Los recuerdos que bajo el título de la "Dictadura de Juan Vicente Gómez", deja reseñados en su libro se refieren a sucesos locales, relacionados con las formas de administración pública entonces utilizadas y con los angustiosos días que siguieron a la muerte del Dictador. Se acuerda por ejemplo del Doctor de chaleco, que vivía en la Plaza de Acarigua y quien era la persona que le daba al Coronel Josué la idea para que aumentara todos los impuestos e hiciera más renta. Este Doctor -apunta DA- decía que en el mundo no tenía más familia que los Gómez, olvidando parentesco y adhesión, a la hora de cuentas. Presencié -dice- por esta misma época, como una mañana "aliniaron" la calle Lisandro Alvarado de Acarigua. De madrugada, sin aviso, vinieron como 40 prisioneros con los guardias y comenzaron a tumbar las casas que no estaban en línea. Las familias dormidas sentían los golpes y luego tuvieron que salir hacia el solar y cocinar en él. Cuando el fallecimiento del General Gómez trajo como consecuencia la liquidación de todos aquellos métodos y hombres, yo recuerdo, dice el cronista, que un Doctor que era Jefe Civil en Agua Blanca y era muy amargo, fue a parar la carrera en La Miel. "Otro que estaba en La Misión y que tenía un enorme bigote, la carrera la vino a parar a Acarigua, sin bigote. Yo pertenecía a la guardia cívica". Espantos y cacerías Como buen llanero este curioso rapsoda, es hombre de rica fantasía. A él le han sucedido hechos asombrosos, sobrenaturales, así lo asegura. En los caminos abiertos del llano ha tropezado con espíritus en pena y con mensajes de ultratumba, excelente tema de conversación para las animadas noches de su "La Posada al Viento". Una vez cazando en Matardita, dice, tiré una ardita que estaba en un jobo. El animal cayó al suelo y al ir a cogerlo, salió corriendo y se paró en el mismo punto. Cargué y le disparé el segundo tiro, se lo pegué en la cabeza y quedó guindando de una patica, para que cayera le metí otro tiro, cayó al suelo y volvió a subir al palo. Le di la escopeta a mi compañero para que disparara, la tiró, el animal volvió a caer y volvió a subir al árbol, nos dio vueltas y nos fue imposible cogerla. Nos entró un gran frío, nos vinimos en silencio y sólo llegando al pueblo fue que pudimos volver a hablar. "En otra ocasión, estando ya acostado, vi en sueño en la quebrada de Araure una lapita y tuve la impresión de que pesaba cuatro kilos y medio. Me levanté y le dije a Cecilio, que estaba en mi casa: Vamos ahora para que matemos una lapa en la quebrada, que pesa cuatro kilos y medio. Cecilio se rió mucho y varios que estaban en la puerta de mi casa. No quería ir. Mi mujer le dijo: complazca al viejo. Domingo me dijo: Me voy a cambiar de ropa. Yo le respondí: no se la quite, vamos por la cañería y al llegar a la quebrada veremos la lapa y ya la tiro, eran las ocho de la noche, salimos, al llegar a la quebrada enfoqué con la linterna a la izquierda: vi la lapa, le disparé, la maté. A las ocho y media estaba yo en casa con la lapa. La pesamos y marcó en el peso: 4 kilos y medio". "Una vez, estando Cecilio Colmenares esperando una lapa al pie de un mango y yo como a la cuadra esperando otra, sentí como algo pesado caía en el follaje de la mata, rodando luego al suelo. Enseguida llega Cecilio y me cuenta lo sucedido y me dice que sintió como un cuero que venía por encima de los manojos y que cayó al pie del mango. Metió la linterna, y no era nada. Se vino de espaldas, dándole el frente al mango hasta donde yo estaba y cuando me relató lo sucedido, yo le respondí que había sentido el ruido. En ese mismo mango le sucedió a Baldomero Torrealba que lo silbaban, miraba hacia atrás y no veía a nadie. El volteaba y no veía a nadie. Este mango se llama el. UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 4 de 6.
(5) mango de Calderón en el Pueblo Abajo y en él un hombre se ahorcó". "Cuando yo vivía en Chingalí, una noche decidí viajar hacia Turén, en un burro. Al llegar a la encrucijada donde llaman Banco de Cedro y en el sitio en donde hay un árbol de araguato, vi dos hombres que estaban agarrados. Les hablé para que se apartaran, pero como no hacían caso, saqué el revólver que cargaba de calibre cuarenta y cuatro y disparé los seis tiros, sin que ninguno reventara. Cayeron los dos hombres, uno para cada lado, formando una cruz de candela, el burro brincó, yo quedé mudo del susto y al llegar a Patio Grande en donde había un velorio, amarré el burro. No podía hablar y al verme Gavino Peralta y otros, mudo y aterrorizado, dijo uno: No le habrá pasado a mano Nerio lo que me pasó a mí hace muchos años que en llegando al punto de Araguato, estaban dos hombres amarrados, les di con un machete y cayeron formando una cruz de candela. Yo continuaba mudo. Me dieron agua. Este hombre ignoraba lo que me había sucedido". Aporte para una cocina nacional Nerio Duin además de ser cazador veterano y cuentista natural, es hombre de exigentes gustos culinarios. El ha ido probando las carnes de esa rica fauna nacional, tan despreciada y desconocida en los centros más civilizados del país. La clasificación de carnes de cacería que trae en sus apuntes bajo el título de "Carnes que yo he comido como cazador", es cuando menos curiosa: "Venado: su carne es ácida, pero vieja es buena. Váquiro: parecida al sabor del marrano casero. Marrano bravo de montaña: mejor que la carne del marrano casero. Puercoespín: carne agradable, pero da mucho trabajo para guisarla. Tigre: la hembra es carne fina. Puma o León: carne suave, mejor que la del tigre. Gato de monte: agradable, igual a la lapa. Araguato: seca como carne de ganado. PuiPui: en asado es divina. Mato Real: muy agradable con huevos. Baba: igual al pescado. Por ociosidad, comí culebra sarura. En aves: paují, pava de monte, y casi todas las aves llaneras, menos el zamuro". El Reino Animal Malicioso y escéptico, temeroso del comercio con los hombres, a la entrada de Acarigua, cerca de la reja de la Alcabala, entre animales vivos y disecados, lleva Duin Anzola, su vida de filosófica conformidad. Cuanto animal encuentra en el camino, tiene allí asegurado su regazo. Las especies más disímiles se entremezclan en el corral, primitivo Zoológico, en donde el hombre pasa la mayor parte de sus horas. Cuenta NDA que una noche llegó su pariente José Rafael Liscano y le pidió posada. "Lo acosté en la sala. Serían las ocho, al salir mi pariente a la puerta, le brinca al cuello mi mona Atei, pega mi pariente un grito y me dice: Quíteme la monita de la puerta, porque cada rato me estoy levantando. La mudé de sitio. Al rato se levanta la lechuza, dice a volar y le pasaba por su hamaca con su grito lamentoso. Se levanta Liscano y me dice: "Pariente, ¿qué animal me vuela por la cara y grita tan feo?". Le contesté: "Un hijo de la casa". Prendí el foco, el animal voló de un tirante, Liscano lo miraba de medio lado y decía: "Hasta bonito es". Vuelve a acostarse, se levantó el zamuro, cogió un zapato y se puso a zapatear. Mi pariente me dice: "Pariente, aquí hay alguien zapateando". Me levantó, ve al zamuro y me dice: "Sáqueme el zamurito". Al rato, como el puipui es nocturno, se levanta y dice a brincar por la casa, en ese momento le brinca al cuello y le enrolla el rabo. Pega mi pariente el grito más aterrador que yo haya oído en mi vida. Prendo la luz, le quito el animal y le digo: "Ese animal está acostumbrado a dormir en la madrugada en la cama, con nosotros". En la madrugada se levanta el puercoespín a comer cambures y como el puercoespín llora como un niño, Liscano me llama nuevamente y me dice: "¿qué es eso?". Yo prendo nuevamente la luz. El ve al puercoespín y se quiere ir. Yo tenía una culebra en un cajón, dije a darle golpes, ¡Siéntese pariente!", le digo a Liscano, se sienta y al oír un ruido se vuelve, mira y se da cuenta que está sentado sobre un rollo de culebras. Pegó un gran brinco, se levantó y fue a amanecer a una casa que hay frente a la mía.. UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 5 de 6.
(6) Un día, relata Duin, me trajo un muchacho un huevo de zamuro que ya iba a nacer. Lo eché a una gallina. Al nacer lo crié con leche y maíz. Creció. Como yo entonces era cazador, el zamuro me cuidaba la carne y las pieles, de los otros zamuros, de los perros y de las personas que se acercaban y no probaba la carne. Cuando llegaba una persona que no me gustaba, le hacia una seña al zamuro y éste se le echaba encima. Cuando yo iba en camión el zamuro volaba y se bañaba con nosotros en el mismo pozo. Cuando iba a la Laguna de los Muertos a cazar patos se iba caminando y cuando se cansaba volaba y me esperaba adelante. Un día tiré una paloma, cayó en un mogote, voló el zamuro, la agarró con el pico y me la trajo a mis pies. Como el zamuro se había puesto tremendo con las gallinas, mi mujer le cortó las alas y se lo entregó a un camionero para que lo botara al río. Yo guardé silencio. En la noche, oigo unos picotazos en la puerta, abro, es el zamuro que me vuela encima, dando muestras de alegrías. A mi mujer hasta las lágrimas se le salieron". En 1940, cuando el Prefecto de Barquisimeto lo invitó oficialmente a concurrir a la Exposición Estadal, a fin de que exhibiera sus animales, le respondió de esta manera: "En mi poder su nota 1976, impuesto de su contenido gustosamente contesto. Mucho siento no llevar los animales a la exposición, por las razones siguientes: mi jefe José Ateli lo tengo en estado agónico; una culebra sarura, hermosísima que tenía, vigió el sueño, tocó corneta y se fue; a Jacinta, mi mona, llegó un amigo, se enamoró de ella y se la regalé; la de nombre Amalia se la regalé a mi pariente Luis Ignacio Ugarte y está en Guanare; el oso hormiguero al saber la noticia de su nota, desapareció; Panchita, mi ardita al oír esta alharaca, está de palo en palo y mi oso negro, se lo regalé a mi pariente José Esteban Yépez. Quedan unas guacharacas, unas pavas de monte y unos loros que no merecen la pena de llevarlos. Mi perra Guaira es muy fina y como está en estado, espero el alumbramiento y no puedo salir y mi histórico zamuro oyéndome estas cosas me dijo: "Zamuro viejo no cae en trampa, porque si va no regresa". Queda contestada su carta. Su amigo y pariente, Nerio Duin Anzola". En el patio de la casa, dos túmulos recuerdan la vida y los hechos de Caribe, el perro cazador y de José Ateli, el mono. El epitafio de Caribe dice: "Caribe: Tu, amigo del hombre, sin engaños falaces". La lápida de Ateli dice: "Ateli, nuestro hijo espiritual. Nuestro recuerdo será eterno". Senequista sin saberlo Para Nerio Duin Anzola como para el filósofo español, la muerte es todo y no hay nada después de la muerte. El accidente final, no es mayor, ni es más grave que cualquiera de los diarios sucesos de la vida. Familiarizado con estas ideas, convencido fervoroso de su verdad, el hombre ha dedicado sus ratos a fabricar su propia tumba, a escribir su propia lápida y a recoger entre amigos y conocidos para construir su ataúd. Para quienes la muerte es el más grave problema, a quienes aterroriza la idea de las cuentas ultraterrenas, ha de haber parecido el peor chiste, esta despreocupada y original gestión de Nerio Duin, tocando puertas, en busca de una ayuda para completar el valor de su urna. ¡Con la muerte no se juega! le habrán dicho al irónico llanero que tiene junto a su cama, para mirarla a todas horas como el Emperador, la exacta medida de su grandeza. Pero esta urna no es el severo cofre de los católicos, la caja negra y simple, resumen de vanidades. Sino que un tanto panteísta está decorada con los colores del iris y en sus tapas están pintadas, por mano de anónimos pintores pueblerinos toda la fauna tropical: osos, caimanes, monos, tigres, dantas, garzas, zamuros, culebras, gavilanes, liebres, perezosas y hasta la figura de un Cóndor. En la tapa superior, una cruz formada por una hoz y un martillo. En el Cementerio de Acarigua la lápida de su tumba aún vacía dice: "Nerio Duin Anzola. La verdad de la vida es una tumba. 1892". © Copyright Ramón J. Velásquez Todos los derechos reservados. UCAB/CIC/RECOM/SVI/Ramón José Velásquez. Página 6 de 6.
(7)
Documento similar
Gastos derivados de la recaudación de los derechos económicos de la entidad local o de sus organis- mos autónomos cuando aquélla se efectúe por otras enti- dades locales o
Volviendo a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia, conviene recor- dar que, con el tiempo, este órgano se vio en la necesidad de determinar si los actos de los Estados
En cuarto lugar, se establecen unos medios para la actuación de re- fuerzo de la Cohesión (conducción y coordinación de las políticas eco- nómicas nacionales, políticas y acciones
You may wish to take a note of your Organisation ID, which, in addition to the organisation name, can be used to search for an organisation you will need to affiliate with when you
Where possible, the EU IG and more specifically the data fields and associated business rules present in Chapter 2 –Data elements for the electronic submission of information
The 'On-boarding of users to Substance, Product, Organisation and Referentials (SPOR) data services' document must be considered the reference guidance, as this document includes the
Products Management Services (PMS) - Implementation of International Organization for Standardization (ISO) standards for the identification of medicinal products (IDMP) in
This section provides guidance with examples on encoding medicinal product packaging information, together with the relationship between Pack Size, Package Item (container)