CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA, POSACUERDO Y COOPERACIÓN INTERNACIONAL
Autora:
JENNY FARLEY CORTÉS BUITRAGO
UNIVERSIDAD MILITAR NUEVA GRANADA
FACULTAD DE RELACIONES INTERNACIONALES, ESTRATEGIA Y SEGURIDAD ADMINISTRACIÓN DE LA SEGURIDAD Y SALUD OCUPACIONAL
BOGOTÁ, D. C.
SEPTIEMBRE DE 2021
CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA, POSACUERDO Y COOPERACIÓN INTERNACIONAL
Autora:
JENNY FARLEY CORTÉS BUITRAGO
Ensayo presentado como requisito para optar el título de:
Administradora de Riesgos, Seguridad y Salud en el Trabajo
Docente Asesor:
LUIS ALFREDO CABRERA ALBORNOZ
UNIVERSIDAD MILITAR NUEVA GRANADA
FACULTAD DE RELACIONES INTERNACIONALES, ESTRATEGIA Y SEGURIDAD ADMINISTRACIÓN DE LA SEGURIDAD Y SALUD OCUPACIONAL
BOGOTÁ, D. C.
SEPTIEMBRE DE 2021
Contenido
Pág.
Resumen ... 5
Introducción ... 6
Conflicto armado en Colombia, posacuerdo y cooperación internacional ... 7
El conflicto armado en Colombia ... 7
Acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y las FARC -EP ... 12
La comunidad internacional ante el conflicto armado colombiano ... 16
Conclusiones ... 24
Referencias ... 25
Lista de tablas y figuras
Pág.
Tabla 1. Puntos principales del conflicto armado colombiano desde 1948 ... 9 Tabla 2. Diferencias conceptuales entre justicia retributiva y restaurativa ... 14 Tabla 3. Países que participaron activamente en el proceso de paz en Colombia ... 18 Tabla 4. Montos de cooperación internacional por puntos del Acuerdo y año (en US$) .. 20 Figura 1. Aportes no reembolsables recibidos de cooperación internacional por Colombia
durante el proceso de paz (2012-2017) ... 19 Figura 2. Aportes internacionales al posacuerdo, año 2020 ... 21
Resumen
La historia reciente de Colombia ha estado marcada por un conflicto armado que ha sumido al país en un baño de sangre, con miles de muertos, desplazados y dolientes a lo largo y ancho del territorio nacional. Durante el gobierno de Juan Manuel Santos finalmente se firmó en la ciudad de Cartagena el 26 de septiembre de 2016 el Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Const rucción de una paz estable y duradera entre el presidente Juan Manuel Santos y el jefe de las FARC, con el cual se buscó terminar un conflicto armado de más de seis décadas de duración , a nivel
internacional Colombia no ha estado sola durante este proceso. El presente documento busca determinar cuál ha sido el papel de la cooperación internacional durante este proceso de paz especialmente luego de la firma del Acuerdo, para lo cual se examinarán los antecedentes y el desarrollo del conflicto armado, la firm a del Acuerdo de paz y, finalmente, el rol que ha ocupado la comunidad internacional durante el conflicto y en el periodo posacuerdo a partir de la revisión de la literatura y de la bibliografía relacionada.
Para concluir queda clara la importancia que ha tenido la cooperación internacional durante todo el proceso, así como la necesidad de seguir contando con el apoyo y la verificación internacional, en la búsqueda de la consecución de una hoja de ruta que permita la implementación adecuada del Acuerdo para la construcción de una paz estable y duradera.
Palabras clave: Conflicto armado, acuerdo de paz, FARC-EP, gobierno de Colombia, cooperación internacional.
Introducción
A través de su historia Colombia ha padecido el flagelo de la violencia, el cual se ha venido recrudeciendo durante los últimos 60 años, a pesar del deseo generalizado por finalizar estas luchas intestinas el conflicto se ha ido agudizando debilitando así la capacidad de
gobernabilidad y dejando al país ad portas de una guerra civil no declarada. En este ensayo se tratará el tema del conflicto armado entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo (FARC-EP) y el gobierno de Colombia, que ha dejado miles de muertos, desplazados, desaparecidos y heridos, fruto de una cruenta mixtura entre narcotráfico, guerrilla, paramilitares e intereses económicos y políticos, muchas veces soterrados; no fue sino hasta el año 2016 durante el gobierno de Juan Manuel Santos que se dieron las condiciones para firmar el denominado como Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, entre el gobierno colombiano y el grupo guerrillero FARC-EP, este último en cabeza de Rodrigo Londoño Echeverry.
Durante todo este tiempo que se buscó terminar el conflicto armado Colombia no estuvo sola pues recibió apoyo de la comunidad internacional, siendo los principales aportantes a nivel internacional Estados Unidos y la Unión Europea, esta cooperación continúa aún después de la firma del acuerdo pues la implementación del mismo es un proceso largo y complejo, y requiere todo el apoyo posible.
Con el fin de entender cuál ha sido el papel que ha desempeñado la cooperación
internacional en el proceso de paz y luego de la firma del Acuerdo el presente ensayo abordará tres categorías principales: en primer lugar se revisarán los antecedentes que dieron lugar al conflicto armado que ha vivido Colombia y lo que ha significado para el país más de seis décadas de violencia constante; en segundo lugar, se revisará el acuerdo de paz con sus implicaciones, y, finalmente, los dos puntos anteriores serán considerados a la luz de la cooperación internacional que se le ha ofrecido al país durante su tránsito hacia la paz,
especialmente luego de la firma del Acuerdo de 2016, en lo que algunos estudiosos del tema han denominado el posacuerdo (Olano, 2016; Cepeda, 2016).
Para su realización el presente ensayo recurre a la documentación teórica que existe sobre el tema con el objetivo de aportar, de manera sucinta, al esclarecimiento de los hechos que prolongaron el conflicto armado colombiano y que llevaron al país al punto histórico donde se encuentra actualmente.
Conflicto armado en Colombia, posacuerdo y cooperación internacional El conflicto armado en Colombia
La historia reciente de Colombia ha estado signada por un conflicto armado que ha sumido al país en un baño de sangre, con miles de muertos, desplazados y dolientes a lo largo y ancho del territorio nacional; como sostiene Cárdenas (2013): “Desde el mismo origen del Estado colombiano, la violencia y los conflictos han sido un e lemento
constitutivo de la identidad nacional y la construcción estatal” (p. 42). Ante estos hechos pareciera que los colombianos no han podido encontrar la manera de solucionar sus diferencias de manera pacífica y dialógica, y de manera recurrente apelan a la violencia para zanjar sus desacuerdos.
Desde la guerra de los Mil Días, pasando por la hegemonía liberal y llegando al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, los conflictos han estado a la orden del día en Colombia. Este último hecho desencadenó la indignación popular y una oleada de violencia en el denominado “Bogotazo” que transformó a la ciudad capital y al país en general, exacerbando los ánimos partidistas y llevando a Colombia a ingresar a la modernidad de la mano del caos sociopolítico.
Con el tiempo esta violencia partidista dio paso a la inconformidad rural ante un Estado que brindaba atención a las quejas de la población urbana y tenía en el abandono absoluto los justos reclamos que provenían del campo; fue así como durante la época del Frente Nacional, periodo histórico marcado por la alternancia en el gobierno de dos partidos políticos, el liberal y el conservador que, dicho sea de paso, omitió la presencia de cualquier otra tendencia política, surgieron pequeños grupos insur gentes como lo fueron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), formadas en su gran mayoría por campesinos, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) conformado por estudiantes e intelectuales, y el Ejército Popular de Liberación (EPL); sus re clamos sociales se apoyaban teórica y filosóficamente en el pensamiento de Marx, Lenin, y Mao Tse-Tung.
Al pasar los años el gobierno nacional no pudo solucionar los reclamos de estos grupos, por entonces pequeños, y se inició una espiral de violencia a partir de la orden del presidente Guillermo León Valencia de bombardear “los focos de resistencia campesin a y comunista” (Plazas, 2017, p. 185) mediante la operación que llamaron “Soberanía” para,
según él, detener las amenazas que representaban las repúblicas independientes en zonas como Marquetalia en el departamento de Tolima, Riochiquito en Cauca, el Pato en Huila, y Guayabero en Guaviare. Sin embargo, a pesar de las múltiples muertes de campesinos, muchos escaparon y dieron lugar a una especie de guerra de guerrillas por todo el
territorio nacional bajo el mando de Pedro Antonio Marín, conocido por su s alias de Manuel Marulanda Vélez y Tirofijo.
Posteriormente, para el año de 1973 surgió el Movimiento 19 de Abril, (M -19), un movimiento de carácter eminentemente urbano, como respuesta al fraude electoral que dio como presidente a Misael Pastrana Borrero. De esta manera se amplió el número de grupos subversivos que pretendían cambiar parcial o totalmente los gobiernos
constitucionales mediante la fuerza de las armas, constituyéndose en partes activas del conflicto armado, los excesos fueron evidentes tanto del gobierno como de los grupos guerrilleros.
Para la década de 1980 entran en acción otras fuerzas militantes como lo fueron las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y los carteles del narcotráfico, estos últimos inyectaron enormes sumas de dinero a una ecuación que cada vez parecía más confusa e irresoluble; es así como con el dinero del narcotráfico la guerra escaló y el conflicto se potenció a partir de las fuentes económicas inagotables que brindaba el comercio nacional e internacional de narcóticos; carteles como el de Medellín y el de Cali se convirtieron en protagonistas al financiar a las partes involucradas, creando un coctel letal cuyos ingredientes eran intereses políticos, económicos y militares.
Para esta época tanto el narcotráfico como el paramilitarismo buscaron y encontraron la manera de participar y tener representación política, llegando incluso a aportar dinero para la elección de los más altos cargos políticos a nivel nacional, lo que minó la credibilidad de las instituciones y provocó u n desgobierno que fue la constante desde entonces, con una creciente falta de credibilidad del gobierno, deslegitimado constantemente por escándalos de corrupción y por su ineficiencia para resolver los problemas de fondo que tiene el país.
Con la llegada al gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) se inició el periodo denominado de la “seguridad democrática” en el cual se arrecieron los ataques contra los grupos guerrilleros, lamentablemente con la premisa de acabar con el “narcoterrorismo”
la intensidad del conflicto fue escalando a niveles impensables, como fue el caso de las ejecuciones extrajudiciales de civiles por parte de las fuerzas armadas, conocidas como
“falsos positivos”, los grupos guerrilleros, principalmente las FARC, actuaron con igual sevicia (González, 2020), quedando un rastro de sangre y muerte no sólo en los bandos en conflicto sino en todo el territorio nacional. Al respecto, el Centro Nacional de Memoria Histórica (citado por Romero, 2018) presenta cifras realmente estremecedoras:
La guerra dejó 262.197 muertos, 80.514 desaparecidos (de los cuales 70.587 aún siguen desaparecidos), 37.094 víctimas de secuestro, 15.687 víctimas de violencia sexual y 17.804 menores de 18 años reclutados […] Del total de víctimas fatales de esas modalidades, 94.754 son atribuidas a los paramilitares, 35.683 a la guerrilla y 9.804 a agentes del Estado (párr. 4).
Estos datos brindan apenas una idea somera de la tragedia que ha representado el conflicto armado para Colombia pues se pueden quedar cortos ante una realidad que supera las cifras de las más sangrientas dictaduras del continente americano , como lo fueron la argentina y la chilena.
Luego del doble periodo presidencia de Uribe llegó al gobierno Juan Manual Santos, quien había sido ministro de defensa del primero pero que, contra todo lo imaginable, optó por otro enfoque hacia las FARC e inesperadamente decidió abrir las negociaciones de paz tanto con las FARC como con el ELN, las cuales dio como
resultado los Acuerdos de Paz de la Habana en 2016; éstos se abordarán en el siguiente apartado de este ensayo.
A continuación, se presenta una breve sinopsis de los hitos principales del conflicto armado colombiano de los que se ha venido hablando hasta este punto.
Tabla 1
Puntos principales del conflicto armado colombiano desde 1948
Año Hito Descripción
1948 Asesinato de Jorge Eliécer Gaitán
El 9 de abril de 1948 muere asesinado el líder popular y candidato a la presidencia Jorge Eliecer Gaitán,
ocasionando “El Bogotazo” y dando inicio a la llamada
“época de la violencia” entre grupos partidistas, que dejó más de 200.000 muertos; este conflicto se desarrolló
Año Hito Descripción
principalmente en los campos. El asesinato de Gaitán ocurrió “cuando los dueños de Colombia decidieron que no podían impedir de otra manera que se iniciara la
democratización del país desde la Presidencia de la República” (Martín, 2016, p. 27).
1964 Nacen las
“FARC”
Como rezago de la confrontación partidista entre liberales y conservadores, unos campesinos liberales desplazados (aproximadamente 50 personas), olvidados por el
históricamente débil Estado colombiano, adoptaron la ideología comunista y se concentraron en un lugar del departamento del Tolima, llamado Marquetalia, bajo el liderazgo de Pedro Antonio Marín (Manuel Marulanda Vélez, también conocido como “Tirofijo”). El Estado colombiano, auspiciado por la ideología estadounidense y con un ánimo claramente macartista piensa en acabar con cualquier rezago comunista y bombardea Marquetalia.
Tirofijo logra sobrevivir y da inicio a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), quienes
inicialmente se llamaron Bloque Sur (Rehm, 2014).
1980 Surgen grupos paramilitares: las AUC. Aparecen los carteles del narcotráfico.
Para la década de 1980 las FARC ha crecido en número y fuerza, y buscan la toma del poder. Se financian a través del secuestro, la extorsión, el narcotráfico, etc. En
respuesta a estas acciones surgen a finales de esta misma década los grupos de autodefensas y paramilitares de derecha para combatir a las FARC; su modus operandi no es selectivo pues aniquilan por igual a campesinos, líderes sociales, y a cualquier que sospechen que tiene vínculos con las guerrillas. Se financian mediante el narcotráfico, pero también son patrocinados por ganaderos, empresarios, políticos y, como está ampliamente documentado, en
Año Hito Descripción
múltiples ocasiones cuentan con la colaboración, activa y/o pasiva, de militares (Duque, 2021; Corcione,
Fernández, & Cabrera, 2021).
2002 Álvaro Uribe Vélez es elegido presidente. Inicia la “seguridad democrática”
El conflicto armado se recrudece en intensidad y violencia, dejando miles de muertos, la mayoría civiles. Ante el fortalecimiento económico y militar de las FARC, en el año 2002 llega a la presidencia de la república Álvaro Uribe Vélez bajo la premisa de acabar con la guerrilla y con el lema de “seguridad democrática”, se propuso recuperar el control del territorio tomado por la guerrilla.
Se declara enemigo acérrimo de las FARC y se propone exterminarlas a sangre y fuego. Gana popularidad dentro de la población civil al detener el avance de las FARC, que en ese momento eran consideradas como simples
criminales por los asesinatos, masacres, tomas a poblaciones, secuestros, extorsiones que venían realizando. A pesar de la guerra contra el grupo
guerrillero, Uribe no logró derrotar a las FARC, aunque sí diezmarla (Oquendo, Osorio, Torrado, & Palomino, 2020).
2010 Juan Manuel Santos llega a la presidencia. Inicia negociaciones para lograr un acuerdo de paz con las FARC.
Para el año 2010 fue electo como presidente de la nación Juan Manuel Santos, éste en un giro inesperado decide enfocar el tema de la guerrilla desde otro frente y abre negociaciones con las FARC y con el ELN, ante las fuertes críticas de Uribe y sus copartidarios. Los diálogos entre gobierno y FARC empiezan en el año 2012 y culminan en el año 2016 con la firma de los Acuerdos de la Habana (Arias, 2020).
Fuente: Elaboración propia con base en Durán (2019).
Luego de haber revisado los hitos principales del conflicto armado colombiano se encuentra el Acuerdo de Paz firmado en el año 2016 entre el gobierno colombiano y las FARC-EP, al cual se dedicará el siguiente apartado.
Acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y las FAR C-EP
En respuesta a esta historia de violencia que ha venido padecido el país han sido varios los intentos por parte de los gobiernos nacionales de turno de lograr una paz que permita que Colombia continúe su desarrollo histórico sin el agobiante peso del conflicto armado que ha impedido su realización a nivel nacional e internacional. Es así como el estandarte de múltiples gobiernos ha sido “la paz”, por ejemplo, durante el periodo presidencial de Belisario Betancur, entre 1982 y 1986, se firmaron acuerdos tanto con las FARC, como con el EPL y el M-19, y las imágenes de las palomas blancas de la paz aparecieron por todo el país como símbolo de esa búsqueda tan anhelada.
No obstante, la toma del Palacio de Justicia por parte del M -19 dio al traste con todos estos intentos y la llamada “retoma” de ese recinto por parte de las Fuerzas Militares terminó con una verdadera masacre: entre civiles, funcionarios, magistrados, guerrilleros y uniformados ese 6 de noviembre de 1985 murieron 111 personas (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2015).
El sucesor de Betancur en la presidencia, el ingeniero Virgilio Barco, también trató de negociar con el M-19, el EPL y el Movimiento Armado Quintín Lame, entre algunos de los múltiples grupos subversivos que existían en ese momento, sin embargo, durante su gobierno (1986-1990) ocurrió el genocidio político del partido Unión
Patriótica (UP), el cual había nacido a partir de las negociaciones de las FARC con el gobierno en el gobierno Betancur. Al respecto García (2016) sostiene:
Entre 1985-1989 fueron asesinados 800 miembros y activistas; cinco mil más sufrieron ataques, fueron asesinados 7 congresistas, 13 diputados, 69 concejales y 13 alcaldes. Además de los candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal en 1985 y Bernardo Jaramillo Ossa en 1989. Destaca en este proceso de exterminio la masacre de 1985 en Segovia, Antioquia, que dejó 43 militantes asesinados. Las cifras sobre el exterminio de los militantes de Unión Patriótica son variables, no hay claridad aún (p. 239).
Estas masacres fueron resultado de la connivencia entre diferentes estamentos de la sociedad: políticos, caudillos, narcotraficantes, paramilitares, con la aquiescencia de las Fuerzas Militares (Silva & Poveda, 2013).
Luego, durante el gobierno de Andrés Pastrana (1988-2002) sucedieron diálogos de paz entre el gobierno y las FARC, que terminaron con la desmilitarización de cerca de 40 mil kilómetros cuadrados en los departamentos de Meta y Caquetá, y el presidente sentado junto a una silla vacía, esperando la llegada de Manuel Marulanda, quien nunca apareció, en San Vicente del Caguán.
De estos intentos por alcanzar una esquiva paz podemos pasar al gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2014 y 2014-2018), en el marco del encuentro exploratorio entre su gobierno y las FARC-EP, realizado durante los días 23 de febrero y 26 de agosto de 2012, se acordó la agenda para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera.
Luego de un proceso de negociaciones que se inició con la inst alación de la mesa de conversaciones el 19 de octubre de 2012 en Oslo y que continuaron en La Habana, finalmente se firmó en la ciudad de Cartagena el 26 de septiembre de 2016 el Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una pa z Estable y
Duradera entre el presidente Juan Manuel Santos y el jefe de las FARC, Rodrigo Londoño Echeverry. El 24 de noviembre de 2016 se firmó la versión del teatro Colón (Bedoya, 2019).
Es oportuno mencionar que Santos ha sido uno de los presidentes más «liberales»
en la acepción más amplia de esta expresión, pues a pesar de venir apadrinado políticamente por Álvaro Uribe Vélez, de provenir de un partido político como el
“Partido de la U” del mismo Uribe Vélez, y de haber sido uno de sus ministros estrellas, durante su gobierno dio un viraje de 180 grados con respecto a su predecesor y apoyó proyectos controversiales para un país como Colombia, por ejemplo los derechos de los homosexuales, la libertad de culto, y la lucha por la paz.
Para el momento en que Santos inició los diálogos de paz el conflicto armado dejaba más de ocho millones de víctimas entre mu ertos, secuestrados, desaparecidos y desplazados (Pasquali, 2019), con un promedio de 48.500 desplazados por año (Angulo, Quiñonez, & Ávila, 2016); sin embargo una parte considerable de la población
colombiana se mostraba reacia a cualquier acuerdo negociado con las FARC, en parte debido al descrédito que se había ganado este grupo guerrillero por sus acciones violentas y, en parte, por la campañas mediática suscitada por Uribe Vélez y adeptos, quiene s se sentían traicionados por Santos, antiguo copartidario y socio, y su política de paz. Esta renuencia se hizo evidente con el plebiscito por la paz en el cual ganó el No.
Ahora bien, dentro de los puntos clave que planteó el acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC están: la reforma rural integral, la participación política, el fin del conflicto, la solución al problema de las drogas ilícitas, la implementación, verificación y refrendación del Acuerdo y, principalmente, como aspecto esencial de la negociación, los derechos de las víctimas (Gobierno Nacional / FARC-EP, 2016).
Luego del acuerdo cerca de 13.000 combatientes por parte de las FARC dejaron las armas, y probaron a reinsertarse a la vida civil y, de parte de algunos de estos desmovilizados, se creó un partido político que inicialmente conservó el nombre de FARC y luego pasó a llamarse
«Comunes». Este proceso tiene una enorme importancia a nivel social, político e histórico pues propuso acabar con el conflicto armado, del que se ha venido hablando, deteniendo la estela de muerte y desolación para el país. De igual forma propone un cambio en la manera como se aborda la justicia pasando de lo retributivo a lo restaurativo, al considerar que la función de la justicia no se puede limitar a lo punitivo, es decir sólo al castigo, sino que debe implicar una función restaurativa y de resarcimiento, con la intención de resolver los problemas de fondo que ocasionaron, en búsqueda de una justicia transicional para casos de conflictos armados como el de Colombia. Este es un cambio realmente considerable en la manera como se pretende impartir justicia, presentando una nueva forma de hacer frente a la realidad que se presenta. Para mayor claridad sobre el tema, en la tabla 2 se presentan las principales diferencias conceptuales entre estas dos maneras de abordar la justicia.
Tabla 2
Diferencias conceptuales entre justicia retributiva y restaurativa
Aspectos Justicia retributiva Justicia restaurativa Enfoque Se centra en la culpabilidad,
reprochando la conducta del infractor.
La ofensa genera obligaciones en las cuales se busca la solución del problema.
Aspectos Justicia retributiva Justicia restaurativa Delito Es considerado como una ofensa
a la norma penal del Estado
Es una ofensa en contra de las personas y de las relaciones interpersonales.
Daño El daño causado se compensa con otro daño (reclamo al infractor).
Se busca la restauración de los lazos sociales.
Protagonista La justicia se encuentra en la decisión de los funcionarios que la administran.
Los sujetos protagonistas son los que deciden cuál es la respuesta más conveniente para la solución del delito.
Metodología Se centra en la culpabilidad, reprochando la conducta del infractor. Se requiere que el Estado busque culpables, a los cuales se les debe imponer una fuerte sanción punitiva.
La ofensa genera obligaciones en las cuales se busca la solución del problema. Prima el diálogo como método de negociación, para así imponer una sanción restauradora.
Solución Con el castigo ejemplificador impuesto, se trata de prevenir futuros cometimientos de delitos.
La solución a la infracción se centra en la reparación del daño causado.
Papel de la comunidad
El Estado es el principal
afectado, relegando con esto a la comunidad donde se produjo el hecho.
La comunidad sirve como medio para que se produzca la reinserción del infractor.
Papel
resocializador
No se fomenta el arrepentimiento ni el perdón.
Se busca una forma para que el infractor se arrepienta por la ofensa cometida.
Fuente: Elaboración propia con base en Aguayo y Cedeño (2018).
El acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las FARC se ha visto torpedeado desde distintos flancos, empezando por el actual presidente Iván Duque y el partido de gobierno, Centro Democrático, quienes llegaron al poder bajo la consigna de acabar con un acuerdo de paz
al que consideran espurio porque ofreció un armisticio a los guerrilleros y la reincorporación a la vida civil. No obstante, el proceso de paz, así como los acuerdos firmados han contado con el apoyo constante de la comunidad internacional, como se verá en el siguiente acápite destinado a considerar los aportes de la comunidad internacional ante el conflicto armado colombiano.
Cooperación internacional ante el conflicto armado colombiano y en el posacuerdo La mayoría de países latinoamericanos se han visto influenciados política y económicamente por Estados Unidos, en gran medida por su cercanía continental, en el caso de Colombia esta relación ha sido más notable, tanto por su posición geopolítica como porque los gobiernos colombianos siempre han sido afines a los intereses del coloso del norte y han canjeado su apoyo incondicional a las políticas externas a cambio de retribuciones económicas, así fue incluso desde la separación de Panamá, en 1903, instigada por intereses estadounidenses. Esta política nacional continuó y unos años después el gobierno de Marco Fidel Suárez prefirió seguir la ruta marcada por Estados Unidos incluso antes que tender puentes con sus vecinos limítrofes, con la política de Respice polum (mirar a la estrella polar, en este caso a Estados Unidos), desechando la de Respice similia (mirar a sus semejantes), marcando el camino a seguir de Colombia en política exterior para los años venideros (Osorio, 2017).
Posteriormente la relación de cooperación estadounidense con Colombia se ha guiado principalmente por la lucha contra el narcotráfico y por el apoyo militar y económico para acabar con los grupos guerrilleros, como se evidenció con el Plan
Colombia, esta tendencia se intensificó luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, cuando el gobierno estadounidense emprendió su cruzada contra el terrorismo y los grupos considerados terroristas, dentro de los cuales se incluyó a las FARC-EP (Rubio & Tiusabá, 2019).
En líneas generales, Europa estuvo al margen del conflicto armado colombiano no obstante siempre apoyó la búsqueda de salidas pacíficas y varios países europeos
estuvieron prestos a servir como intermediarios para solucionarlo. Sobre este punto, Cano (2013) sostiene:
Entre los años 2002 y 2006, los denominados “Laboratorios de Paz” se
convirtieron en los programas más importantes de la cooperación financiera y técnica de la Unión Europea en Colombia pues permitieron adoptar un enfoque
integral para combatir las causas del conflicto activando las potencialidades en materia de desarrollo, reducción de intensidad del conflicto y reducción del elevado grado de desigualdad. […] Así, se erigen como uno de los primeros programas en los que la UE vinculó expresamente su política de cooperación en materia de conflictos a la lucha contra la pobreza, el apoyo al Estado de Derecho, el reforzamiento democrático, el desarrollo económico sostenible, la promoción de los derechos humanos y el fortalecimiento de la sociedad civil (p. 94).
También es de señalar que los países Europeos han mostrado preocupación por la vulneración de los derechos humanos y del derecho inter nacional humanitario en
Colombia, los cuales se han hecho evidentes en la forma de desplazamientos, desapariciones, asesinatos, y abusos generalizados contra grupos minoritarios y
vulnerables por parte de grupos paramilitares, en ocasiones secundados por l as Fuerzas Armadas y/o civiles (Morales, 2020). Hay que mencionar que inicialmente la comunidad internacional se mostraba reacia a intervenir porque el gobierno colombiano se negó consistentemente a aceptar la existencia de un conflicto armado, en parte para evitar la legitimación de su contraparte a nivel internacional. Lo anterior también influyó en la visión generalizada a nivel internacional de que el conflicto tenía un carácter
eminentemente interno y, por lo mismo, no representaba una amenaza para la región ni para la seguridad internacional; además la multiplicidad y diversidad de los actores intervinientes, así como las características ideológicas de los mismos, hacían difícil la comprensión del conflicto para los foráneos y, en consecuencia, su mediación.
Ahora bien, a pesar de los procesos de negociación que se intentaron en el
exterior, como el de Caracas en 1991, el de Tlaxcala en 1992, el de Madrid en 1994, el de Maguncia en 1998 (Nevito, 2018), el papel de la comunidad internacional se hizo
incontrovertible en el momento que el gobierno Santos decide buscar la paz a través de un proceso consensuado entre el gobierno de Colombia y las FARC -EP, el cual se inició en Oslo, Noruega en 2012 y terminó en La Habana con el “Acuerdo Final para la
Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera ” (de aquí en adelante, el Acuerdo), luego de más de medio siglo de una guerra fratricida que estaba en un punto muerto.
Para hablar de la cooperación internacional en el posconflicto , o más precisamente en la etapa del posacuerdo ya que el conflicto armado continúa (Ríos, 2019; Arias, 2020;
Ruíz, 2020), se deben mencionar dos vertientes primarias: de una parte Estados Unidos y, de otra, la Unión Europea (UE). En el primer caso la ayuda se ha hecho evidente
principalmente desde lo militar y económico, mientras que en el segundo caso la UE ha mostrado un rol mucho más cooperativo y de carácter civil.
Es así como luego de la firma del Acuerdo la Unión Europea colaboró con la donación de cerca de 152 millones de euros mientras que Canadá, por su parte, donó cerca de 76 millones de dólares, con estos aportes resultaron beneficiados cerc a de
7.000.000 de colombianos: 1.125.204 campesinos y población rural, 498.195 indígenas, y 295.628 niños, niñas y adolescentes; el dinero tenía varios propósitos, dentro de ellos colaborar en el desarrollo rural, el desminado de los territorios, el fortal ecimiento de la justicia, la reparación a mujeres y niñas víctimas del conflicto, y a la implementación de la Justicia Especial para la Paz (Quintero, 2020). Cabe mencionar que otros países como Emiratos Árabes Unidos y Alemania también participaron activamente durante todo el proceso como en el posacuerdo, como se aprecia en la Tabla 3.
Tabla 3
Países que participaron activamente en el proceso de paz en Colombia
País Categoría Programa
Estados Unidos Narcotráfico Plan Paz Colombia Unión Europea Superar la pobreza,
desarrollo local integral y
construcción de paz
Programa bilateral 2007-2013
Fortalecimiento de la capacidad institucional Cooperación bilateral 2014-2017 para
fomento del desarrollo local sostenible y fortalecer las capacidades locales para construcción de paz (FORPAZ)
Posacuerdo 2015-2017 Alemania Apoyo a la
construcción de paz.
Cooperación financiera
Reformas e implementación de políticas públicas para construcción de paz
País Categoría Programa Emiratos Árabes
Unidos
Proyectos de
primera infancia en zonas de conflicto
Innovación, comercio, sector agrícola y minero, turismo, seguridad, energías renovables y educación.
Canadá Iniciativa para el desarrollo de paz
Niñez, juventud y grupos vulnerables.
Desarrollo económico rural.
Justicia.
Iniciativas de reconciliación.
Reubicación de desplazados.
Seguridad / Reducción de violencia.
Ayuda a víctimas de minas antipersonales Fuente: Elaboración propia con base en Agudelo y Riccardi, (2019)
Durante el período 2012-2017 los aportes por concepto de cooperación
internacional superaron los 3.500 millones de dólares (ver Figura 1), siendo la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional la que obtuvo los mayores recursos
económicos ($663.987.582) en forma de recursos no reembolsables; estos aportes
provenían de fondos multidonantes, cooperación bilateral, cooperación multilateral y del sector público y privado internacional (Quintero, 2020).
Figura 1
Aportes no reembolsables recibidos de cooperación internacional por Colombia durante el proceso de paz (2012-2017)
Fuente: Elaboración propia con base en datos de Quintero (2020).
0 200 400 600 800
2012 2013 2014 2015 2016 2017
Millones de US$ 546,1 593,7 570,5 529,6 635,4 663,9 AÑO
Millones de US$
Millones de US$
Como se aprecia la comunidad internacional ha tenido un rol fundamental al brindar apoyo a Colombia durante el proceso de paz y en el posacuerdo, este respaldo no ha sido exclusivamente económico sino logístico al permitir que la sociedad civil se involucre en la discusión de los temas y en la implementación de los acuerdos,
otorgándole legitimidad al proceso en su conjunto; dentro de los países que acompañaron el proceso estuvieron Cuba y Noruega, como países gar antes, Venezuela y Chile, como países acompañantes, la Organización de Naciones Unidas, la Unión Europea, la
Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), así como los
presidentes de México, Ecuador, República Dominicana y Estados Unidos (Herrera &
Buitrago, 2018).
Durante los años 2017, 2018 y 2019 los aportes de la cooperación internacional en dólares estadounidenses fueron de $262.185.484,13; $168.800.296,11 y $75.082.828,50, respectivamente, los cuales se discriminan de acuerdo con los seis puntos principales que conforman el Acuerdo de Paz, como se presenta en la Tabla 4.
Tabla 4
Montos de cooperación internacional por puntos del Acuerdo y año (en US$) Años
Puntos del Acuerdo 2017 2018 2019 Total
Punto 1. Hacia un nuevo campo:
Reforma rural integral
9.632.450,49 15.431.006,62 21.325.961,83 $46.389.418,94
Punto 2. Participación política: Apertura democrática para construir la paz
10.006.975,11 7.046.466,77 3.988.298,49 $21.041.740,37
Punto 3. Fin del conflicto
5.087.801,92 2.194.068,18 10.136.238,00 $17.418.108,10
Punto 4. Solución al problema de drogas ilícitas
70.582.557,22 111.903.434,36 23.713.740 $206.199.731,58
Punto 5. Acuerdo sobre víctimas del conflicto
22.251.856,10 22.352.460,63 7.550.506,31 $52.154.823,04
Punto 6.
Implementación, verificación y refrendación
144.623.843,29 9.872.859,55 8.368.083,87 $162.864.786,71
Fuente: Centro de Pensamiento y diálogo político (2020)
En junio de 2020 la Unión Europea ratificó su apoyo al Acuerdo de Paz y a la capacidad del pueblo colombiano de hacer la paz y manifestó su decisión de seguir acompañando el proceso al donar 15 millones de euros adicionales para ayudar a excombatientes de las FARC para su reinserción a la vida civil (Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia, 2020). Así mismo el Comité Directivo del Fondo Multidonante de las Naciones Unidas para el Sostenimiento de la Paz aprobó el plan de trabajo 2020 que define las prioridades para invertir las nuevas contribuciones de cooperación internacional en el marco de la fase II de dicho Fondo, en la Figura 2 se muestran las contribuciones internacionales para el año 2020.
Figura 2
Aportes internacionales al posacuerdo, año 2020
Fuente: Elaboración propia con base en datos de Rendón, (2020).
0 2 4 6 8 10 12
Reino Unido; 10,3
Noruega ; 8,5
Alemania ; 3,3
Suecia ; 1,5
Suiza; 0,5 Irlanda; 0,4
Millones de US$
Aportes internacionales al posacuerdo, Año 2020
Estos aportes se donaron con la intención de apoyar a la estabilización de territorios con Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), así como al proceso de reincorporación de excombatientes, reparación integral a las víctimas garantizando verdad, justicia, reparación y no repetición, y para la comunicación de los avances en la implementación del Acuerdo.
Como se aprecia el apoyo y respaldo de la comunidad internacional al acuerdo de paz en Colombia fue mayoritario y continúa siéndolo, no obstante, la percepción
internacional especialmente sobre vulneración a los derechos humanos por parte del propio Estado colombiano ha ocasionado cierto escepticism o sobre el tema, debido a lo que se podría denominar como “fuego amigo”. El actual gobierno en cabeza de Iván Duque, quien llegó a la presidencia bajo la égida de su padrino político, el expresidente y exsenador Álvaro Uribe Vélez, junto con el partido de gobierno, Centro Democrático, han sido críticos abiertos del proceso de paz y del Acuerdo y aunque en foros internacionales dicen ser sus promotores, sus actuaciones distan mucho de serlo (Vargas, 2019; Naciones Unidas, 2021).
Paradójicamente los principales detractores de un proceso que buscaba pacificar un país son sus propios actores, aunque a nivel internacional esto pueda parecer un sinsentido; esto fue así desde el plebiscito para la paz de 2016 en el que se consultó al pueblo sobre si querían detener el conflicto y aprobar los acuerdos entre Gobierno y FARC, sorpresivamente ganó el “no”, con 6.431.372 sobre 3.377.464 que votaron “sí”
(David, 2019).
El posacuerdo ha traído un sabor agridulce a nivel nacional y el desconcierto en el plano internacional demostrando inoperancia del Estado, en el mejor de los casos, y una clara desidia y apatía en el peor de los casos, si se tiene en cuenta que en el año 2020 ocurrieron 91 masacres que dejaron 381 víctimas y en lo corrido del año 2021 (con corte a 21 de septiembre) han ocurrido 72 masacres dejando hasta el momento 258 víctimas, es decir que las masacres se han cuadruplicado tras cuatro años del Acuerdo (INDEPAZ, 2021). De igual manera, la Fundación “Ideas para la Paz” informa que los homicidios de líderes sociales van aumentando mes tras mes sin que haya una posible solución a la vista y desde la firma del Acuerdo se han registrado 233 homicidios de excombatientes de las FARC (Garzón, 2020).
Lo anterior permite entender el escepticismo que se vive por parte de algún sector a nivel internacional con respecto a los resultados del Acuerdo a pesar de los aportes y la cooperación, así como la incertidumbre sobre las intenciones que pueda tener un gobierno que abiertamente reniega de las condiciones y beneficios que conlleva la justicia
transicional, tomando medidas para revertirlo a pesar del blindaje jurídico que le otorgó el gobierno Santos. Entonces, a pesar de que el Acuerdo de paz es una política de Estado valdría la pena que los gobiernos de turno, independientemente de su filiación política, hicieran todo lo posible por lograr su implementación plena , en la búsqueda de la consecución de una hoja de ruta que permita que verdaderamente cese el conflicto armado con su legado de muerte y dolor, y que se haga realidad la construcción de una paz estable y duradera para todos los ciudadanos de Colombia.
Conclusiones
• La historia reciente de Colombia ha estado marcada por una violencia irracional que ha impedido que el país desarrolle el potencial que tiene y ha involucrado a su población en un círculo vicioso de miedo, rabia y sangre.
• Dentro de estos conflictos armados el de más larga duración, no sólo en el país sino en todo el continente, ha sido el del gobierno y las FARC-EP, dejando una estela de sangre y muerte de más de seis décadas.
• En medio de esta sin salida en 2012 el gobierno del presidente Santos probó a solucionar la situación a través del diálogo, a pesar de la renuencia de una parte de la población, se iniciaron los diálogos entre el gobierno y las FARC-EP, primero en Oslo y luego en La Habana, los cuales luego de cuatro años dieron como resultado la fir ma del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una paz Estable y Duradera.
• Durante esta historia reciente los distintos gobiernos han buscado acercamientos para terminar el conflicto armado y en todas estas ocasiones la comu nidad internacional ha estado presta a ofrecer sus buenos servicios para la intermediación y el apoyo internacional, entre otros.
• La cooperación internacional ha sido cuantiosa y el apoyo recibido ha sido constante, especialmente de parte de Estados Unidos y la Unión Europea; esta colaboración tanto económica como logística y política ayudan en gran medida a que continúe la implementación del Acuerdo de Paz de 2016 y el posacuerdo para que se cierren heridas sociales a nivel nacional y se abran puertas a nivel internacional para un mejor presente y futuro de la sociedad colombiana.
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