EBOOK
LOGRANDO MIS FINANZAS PERFECTAS PARTE 1
FINANZAS EMOCIONALES
“La falta de dinero nunca es un problema. La falta de dinero es simplemente un síntoma de lo que está sucediendo en tu interior.”
T. Harv Eker
A lo largo del tiempo se ha implantado una idea acerca del dinero y es “el dinero no compra la felicidad” pero si puede comprar nuestra vivienda, transporte, alimentación y nos da esa facultad de materializar nuestros anhelos y debido a esta idea tener fluidez económica genera una gran diferencia en como vivimos la vida y la percepción que tenemos de ella.
En consecuencia, a muchos años de desinformación acerca del tema financiero y sobre todo el emocional se nos ha implantado una costumbre que es no hablar del dinero. Solamente dedicarnos a combatir con nuestros problemas financieros en silencio y con nuestras frustraciones por no obtener lo que en algún momento idealizamos.
Hoy queremos hacerte entrar en nivel de conciencia de que el dinero tiene un valor mucho mas grande que su valor monetario: este es un reflejo de nuestras emociones y luchas internas y si en estos momentos te encuentras con problemas económicos, esto solo nos da una respuesta el dinero es el efecto y no la causa. Los obstáculos o problemas que se viven en nuestro exterior vienen de problemas dentro de nuestro interior, no existen problemas, sino que existe algo a resolver, pero miramos el problema y no la causa, por lo que no le damos solución.
Hasta que no seamos conscientes de lo que no funciona, no podremos cambiar la situación actual. Y consciencia es la capacidad de reconocer y percibir la realidad, es lo que nos diferencia de los animales y las máquinas. Ser consciente es el camino que abre las puertas a saber quiénes somos y desde ahí acceder a la verdadera transformación. Solo cuando sepamos cómo somos, qué nos condiciona y qué nos mueve, podremos tomar acciones que nos lleven a cambiar aquello con lo que no estamos a gusto. Se trata de reconocer y quizás no cambiar, pero si transformar.
Iniciaremos respondiendo una pregunta que cada uno de nosotros nos hemos llegado a realizar alguna vez,
¿POR QUE TENEMOS UNA MALA SITUACION FINANCIERA?
Alguna vez te has puesto a pensar algo como “¡Muy bien! Este mes he tomado excelentes decisiones financieras”, pero al revisar tus cuentas bancarias no se ven reflejadas, por el contrario, tus finanzas siguen en declive
No te preocupes, a todos nos ha sucedido
Definitivamente los humanos, por muy inteligentes que nos creamos, cometemos muchos errores y actuamos de manera irracional. Y, más allá de ser una excusa para ser descuidados con nuestras finanzas, esta idea nos ayuda a entender por qué manejamos nuestro dinero de una u otra forma.
De hecho, ésta es una de las bases de la Economía del Comportamiento, una teoría que permitió desafiar la manera en la que piensan muchos economistas y que nos puede ayudar a tomar mejores decisiones.
Aunque la teoría económica tradicional asume que las personas somos racionales y tomamos siempre las decisiones que más nos convienen (sacando cálculos y sin tomar en cuenta nuestros sentimientos), la verdad es que los humanos no funcionamos así.
Siempre nos han hecho creer que la planeación financiera tiene poco que ver con nuestras emociones, que es pura lógica, números, disciplina y principios a seguir. Esa es la razón por la que muchas personas fallan en la organización de sus finanzas personales.
Un factor importante que debes considerar al manejar tus finanzas personales, es analizar la relación que tienes con el dinero: qué sientes, a qué le tienes miedo y cómo reaccionas financieramente a ciertas situaciones. Cuando descubras los motivos detrás de tus decisiones financieras, será más fácil que desarrolles y ejecutes un plan financiero que esté diseñado a cumplir tus aspiraciones. Aunque no lo creas, es posible.
La inteligencia emocional es una buena herramienta para crear hábitos de ahorro que nos ayudan, sin duda, a tener nuestras finanzas personales sanas. En el libro Inteligencia emocional de Daniel Goleman (1995), se explica que la inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, así como la habilidad para manejarlos.
¿Cuáles son mis sentimientos sobre mis finanzas personales?
A continuación, indicare las emociones que priman sobre nuestras decisiones y algunos ejemplos que te ayudarán a definir cómo opera tu relación con el dinero y cómo puedes aplicar la inteligencia emocional para mejorar el control de tus gastos.
1. • Alegría o felicidad: estos sentimientos son los que solemos tener cuando conseguimos un nuevo trabajo, provocando que creamos que nada puede afectar nuestra situación financiera, por lo que tomamos decisiones inoportunas, afectando nuestros ingresos y gastos. Es en estos momentos cuando corremos el riesgo de aceptar compromisos a largo plazo o realizar compras por emoción, posteriormente se vuelven en remordimiento.
Esta situación se origina debido a que tenemos un gran nivel de Complacencia: “Voy bien.” por lo que olvidas Cuando por fin tienes un trabajo cuyo sueldo te permite pasar con comodidad de una quincena a otra, es posible que te vuelvas más relajado sobre tus finanzas y creas que nada puede afectar tu situación financiera actual o el flujo de dinero que has logrado obtener. El riesgo aquí es que empiezas a hacer compras o compromisos hoy tomando por sentado el salario del siguiente mes, lo que lleva a que tu planeación financiera termine de cabeza. Cuando las cosas van bien, muchas veces no nos preparamos por si empiezan a ir mal y carecemos de un plan de emergencia.
2. Tristeza o lástima: son quizás las emociones que más ponen en peligro nuestra billetera, ya que encaminan a las personas a comprar de forma compulsiva productos o servicios que no son tan necesarios, esto, porque crean la sensación de llenar un vacío emocional.
Instintivamente los seres humanos nos alejamos de cualquier cosa que nos provoque dolor. Es más fácil huir que enfrentarse a un problema. Hay muchas personas que se niegan a analizar sus finanzas simplemente por miedo. Les asustan tanto sus asuntos financieros que nunca realizan un esfuerzo extra para resolverlos. Eventualmente este patrón daña sus finanzas aún más.
Solución a este problema con inteligencia emocional. Comprende que estás enfrentándote a una situación difícil, pero huir de ella no va a resolver nada. Esto se debe resolverse pronto, y cuanto antes, mejor. Por lo que se recomienda asesorarse por expertos para que puedan guiarte y te sientas con seguridad al momento de tomar decisiones.
3. Ansiedad: este es uno de los sentimientos que más ha afectado a las personas en esta pandemia por COVID-19; el miedo e incertidumbre hace que se sientan preocupadas por el futuro, por lo que inconscientemente comienzan a abusar del crédito o hacer inversiones con mayor riesgo.
Como por ejemplo el efecto rebaño: se refiere a, básicamente, hacer lo que los demás hacen sin tener una noción clara de que sea lo más adecuado o conveniente para nuestras necesidades. En el ámbito de los mercados financieros, consiste en comprar cuando la mayoría compra o vender cuando la mayoría vende sin basarnos en datos, análisis o evidencias.
4. Celos o envidia: seguramente alguna vez llegaste a decir: “si él o ella puede, yo también puedo”, y muchas veces nos dejamos llevar por el deseo de poseer lo que otras personas tienen, lo que nos lleva incluso a gastar más de lo que podemos pagar, con el riesgo de sufrir sobreendeudamiento por querer llevar una vida similar.
“Si él puede, yo también.”
El ambiente laboral altamente competitivo se ha trasladado también al área de la tecnología, ropa, calzado y demás, llevándonos a desear las posesiones de las personas que nos rodean. El impacto de este comportamiento lleva a las personas a gastar más de lo que pueden pagar, y los deja en un endeudamiento que podría generarles graves problemas.
Solución a este problema con inteligencia emocional. Reconoce que te gustaría tener tal o cual cosa, por lo que haz un análisis para conocer si verdaderamente necesitas ese objeto, y si puedes adecuar tu presupuesto para adquirirlo. Si no te alcanza hoy, será una motivación para seguir trabajando de forma constante para obtenerlo en el futuro.
5. Desidia: estas emociones siempre impactan de forma negativa nuestras finanzas, ya que provocan que las personas no tengan el control de su dinero o que lo manejen de forma irresponsable. La flojera de leer un contrato, la desidia de revisar los estados de cuenta, o posponer la toma de decisiones son un riesgo latente para nuestras finanzas.
“Dejo mis finanzas para después.”
El día no nos alcanza para hacer lo que debemos y, a veces, nos gana la desidia y dejamos nuestras finanzas para después. Al dejar las cosas para el último minuto, posponemos decisiones importantes sobre la administración de nuestro dinero, con lo cual corremos el riesgo de impactar negativamente nuestro patrimonio. La peor parte, es que uno siempre se acaba arrepintiendo, porque aun sabiendo lo que se debía hacer, no lo hicimos bien y a tiempo.
Solución a este problema con inteligencia emocional. Dales la prioridad adecuada a tus finanzas dentro de las actividades del día. En un calendario registra todos tus pendientes y cúmplelos al pie de la letra.
6. Vanidad. “Tengo que tenerlo primero.”
Algunos tenemos un concepto erróneo de nuestra persona, pues creemos que merecemos más de lo que tenemos. Al creer que tenemos derecho a todo, empezamos a crear el hábito
de comprar lo que sea, sin considerar si está dentro de nuestro presupuesto o no. Esto ocurre especialmente cuando hay baratas o llega un nuevo producto y nos aventuramos a comprarlo sólo para ser la primera persona de nuestro entorno social en tenerlo. Esta es una de las maneras más fáciles de endeudarse.
Solución a este problema con inteligencia emocional. Aplica la regla de las dos semanas.
Si transcurrido ese período sigues pensando que es absolutamente necesario comprar ese objeto, entonces evalúa tu presupuesto para conocer si puedes comprarlo.
7. Inseguridad. “Manejar mis finanzas es demasiado complicado para mí.”
Aprender a administrar tus finanzas es un proceso que toma mucho tiempo y que requiere de esfuerzo y disciplina. Sin embargo, es mejor saber, aunque sea un poquito que no saber nada de finanzas personales. Al no querer informarnos sobre cómo manejar nuestro dinero, a veces acabamos preguntando a familiares o amigos que tienen menos idea que nosotros.
Solución a este problema con inteligencia emocional. Administra mejor tus finanzas es una tarea que te corresponde sólo a ti, ya que es a ti a quién afecta lo que pase con tu dinero.
8. Resentimiento. “¿Por qué yo?”
Hay algunas personas que no pueden soportar la presión generada por problemas financieros y, a lo largo del tiempo, generan un resentimiento hacia sí mismos, a su situación, sus finanzas y hacia aquellas personas que no están en la misma situación problemática. En ese estado de ánimo, se rehúsan a resolver sus problemas y a tomar medidas decisivas para mejorar sus finanzas y le echan la culpa a los demás.
Solución a este problema con inteligencia emocional. Aprende a ser el responsable de tus finanzas. Si algo externo daña tu situación, nada externo va a venir a resolverlo. Tienes que generar tu propio bienestar y el de tu familia y, con ello, mejorar tu situación financiera con creatividad, asertividad y disciplina.
Solo las ganas de aprender pueden llevarnos a un cambio sostenible en el tiempo. Cuando vemos claramente, podemos decidir. Cuando observamos qué ocurre, podemos decidir.
El dinero dice mucho sobre la relación con uno mismo, deseos, necesidades, miedos y más. Cuando exploramos nuestra relación con el dinero, descubrimos más sobre nosotros mismo. Cuando analizamos nuestra relación con el dinero sin juzgarlo, podemos obtener información importante sobre uno mismo y cómo vivimos nuestra vida, llevándonos a un realizar un proceso de introspección en el cual encontraremos las
razones de nuestro interior que hacen que nuestro exterior se este viviendo de una manera turbulenta y realizando este proceso llegamos a un punto clave.
1. SANAR NUESTRAS HERIDAS DE LA INFANCIA.
Las heridas emocionales de la infancia son una especie de lesión afectiva que nos impide llevar una existencia plena. Su huella es tan profunda que incluso nos dificulta las relaciones personales. También nos incapacita para afrontar los problemas con mayor soltura y resistencia.
Es frecuente que casi todos tengamos una o varias de ellas, más o menos profundas. Los signos de esas heridas psicológicas se evidencian de infinitos modos: ansiedad, depresión, fracaso en las relaciones afectivas, pensamientos obsesivos, mayor vulnerabilidad hacia determinados trastornos, problemas del sueño, actitud defensiva o agresiva, inseguridad, miedo, desconfianza…
Lo cierto es que es probable que muchos de nosotros aún no hayamos cerrado esas heridas emocionales. Nos siguen doliendo e intentemos enmascararlas con el maquillaje de la vida.
No nos percatamos de que solo estamos ignorándolas y que cuanto más esperemos, más se agravarán. Esto es mucho más complicado cuando todavía no nos hemos dado cuenta de que estamos heridos.
Seguro que, si estás leyendo esto, te sobran las ganas de conocerte y de mejorarte cada día.
Por eso, con esta información te queremos ayudar a que conozcas cuál es el proceso que debes seguir si quieres poner en marcha la maquinaria de afrontamiento que te permita curar tus heridas emocionales.
A continuación, os mostramos 6 etapas que necesitamos experimentar para sanar nuestras heridas emocionales:
1. Acepta las heridas emocionales como parte de ti
No te tapes los ojos, la herida existe. Puedes reconocerlo o no, pero te aseguro que hacerlo es lo único que te ayudará a seguir adelante. Aceptar una herida significa mirarla, observarla detenidamente y saber que tener situaciones que resolver forma parte de la experiencia del ser humano.
Puede que pienses que vendarle los ojos al sufrimiento es lo mejor que puedes hacer. Pero lo cierto es que eso te hace negarte que no estás bien, lo que hace que la herida se complique con el paso del tiempo.
2. Aceptar que te haces daño sucumbiendo al temor o al reproche
Si focalizamos nuestra atención en el dolor y en la búsqueda de un culpable o un responsable estaremos perdiendo energía. Conservar nuestra energía emocional es imprescindible para
sanar nuestra herida. Intenta perdonarte y perdonar a los demás, pues es la única manera de que consigas pasar página y abrir tu corazón.
Debes entender que la voluntad y la decisión de sobreponernos a nuestras heridas es el primer paso hacia la autocomprensión y el autocuidado. No solo desarrollarás estas cualidades por y para ti, sino también hacia los demás, lo que redundará en un mayor bienestar emocional.
3. Date permiso para enfadarte con las personas que alimentaron tu herida
Cuanto más nos dañen y más profundas sean nuestras heridas, más normal y humano resultará culpar y sentir enfado hacia quien nos perjudicó. Date permiso para enfadarte con ellos y perdónate.
Si te fuerzas a no hacerlo, acabarás reprimiendo ese dolor y lo convertirás en odio y en resentimiento. Estos sentimientos son extremadamente perjudiciales para nuestra salud.
4. Tras la aceptación y el perdón viene la transformación
Absolutamente todas nuestras experiencias nos enseñan algo. Es probable que te cueste aceptarlo, pues nuestro ego es especialista en crear esa barrera de protección que oculta nuestros problemas.
Lo cierto es que nuestro ego suele complicarnos la vida. Sin embargo, son nuestros pensamientos y nuestros comportamientos los que nos la simplifican. Todo cambio requiere de un gran esfuerzo. Es necesario mirar al frente y afrontar que no estamos siendo nosotros mismos y que algo debe cambiar.
5. Observa el mundo con y sin herida
Date tiempo para observar cómo te has apegado a tu herida en todos estos años. Estaba ahí y, aun sin saber cómo, dirigía cada uno de tus movimientos. Deshazte de tus máscaras, no te juzgues y no te critiques. Pon todo de ti a la hora de intentar sanar tu herida en profundidad.
6. Apóyate en tu círculo social
Es probable que pienses que tú puedes con todo y que ya has salido de peores pozos. Sin embargo, no hay motivos por los que debas renunciar al consuelo de un corazón que te escuche pacientemente.
En el momento en que realizas tu proceso, identificas tus heridas emocionales que se originaron en tu niñez, realizas tu proceso para liberar tu mente de traumas y emociones que no le permiten entrar en la conciencia del momento presente, podemos dar inicio a la segunda etapa que es tomar decisiones financieras con sentido: En esta etapa en la cual ya te encuentras, preparado para que tu conciencia se apodere y se apropie
del conocimiento, queremos indicarte las tres etapas por las que debemos pasar para tomar una decisión que se relacione con nuestras finanzas.
La conciencia y la reflexión son un factor protector para gestionar las emociones en relación con la economía. Para activar este proceso puedes usar la siguiente técnica: conectar la emoción, el pensamiento y la acción, pasando la decisión de compra por tres filtros:
• La emoción. Es el sentimiento que surge frente a lo que se quiere comprar, genera la motivación de compra. Sin embargo, no puede convertirse en el único criterio para actuar.
• El pensamiento. Es un gran aliado porque genera preguntas acerca de la necesidad de ese artículo deseado: ¿se ajusta a mi presupuesto?, ¿con qué lo voy a pagar?,
¿puedo ahorrar para comprarlo y así pagar menos intereses?, ¿tendrá menor costo en otro lugar?
Por lo que se recomienda hacer un análisis exhaustivo referente al producto, precio y modo de pago. Evitando así los Anclajes mentales
Por lo general, las personas tomamos nuestras decisiones con base en la información que recibimos ¿cierto? Pero ¿cuánta atención le préstamos a esa información?
• Escenario 1: Estás a punto de hacer una donación a tu fundación favorita y en un formulario te preguntan cuánto deseas donar, las opciones son:
1. a) $100, b) $200, c) $300 y d) otra cantidad
• Escenario 2: Misma fundación y formulario, pero las opciones en este caso son:
1. a) $50, b) $100 c) $150 y d) otra cantidad
¿En cuál de los escenarios anteriores crees que las personas donen más dinero?
En ambas opciones tienes la posibilidad de donar la cantidad que tú quieras, pero hay una diferencia muy importante. En el primer escenario tu mente fue “anclada”
desde un inicio a que pensara en números más grandes y, por consecuencia, donarás más.
En pocas palabras, el anclaje se refiere a que la mayoría de las veces razonamos nuestras decisiones a partir de la primera información que recibimos.
Ahora imagínate qué pasa cuando aplicamos esto a una situación de gasto, como la compra de una computadora.
Otra recomendación valiosa para la utilizar el razonamiento en nuestras compras es la siguiente:
¿Has notado que gastas más dinero con tu tarjeta de crédito? ¿O sabes por qué los casinos utilizan fichas en vez de dinero real? Lo que sucede es que tanto las tarjetas de crédito como las fichas en el casino te causan menos “dolor” al pagar comparado con el efectivo.
Para el cerebro, es menos tangible y, en otras palabras, se da menos cuenta de que estás gastando más de lo que deberías en tu nuevo videojuego.
• La acción. Si después del análisis frente a la compra encuentras argumentos favorables para realizarla, puedes hacerlo sabiendo que esa acción contribuirá a tu bienestar.
Como ultimo y menos importante es la toma de decisiones de manera eficiente, cuando contamos con un análisis completo de nuestras compras ya que una problemática que he detectado en este tiempo de experiencia es El monstruo de la procrastinación
Siempre decimos que en el futuro vamos a ahorrar más, gastar menos y salir de deuda. Pero, ¿por qué posponer para el Año Nuevo lo que podríamos empezar hoy? Pues resulta que las personas somos muy malas planeando para el futuro, ya que estamos más conscientes y conectados con el presente.
Nos cuesta trabajo comprometernos con cosas que nos traerán grandes recompensas en el futuro, pero nos cuestan trabajo en el presente. Es por eso que preferimos gastarnos todo nuestro dinero hoy, planeamos empezar la dieta hasta el próximo año y dejamos la tarea hasta el último minuto.
El adquirir el conocimiento y adaptar estas etapas para la toma de decisiones con sentidos, desarrollaras estas Habilidades emocionales para unas finanzas saludables
• Autocontrol: es la capacidad de autorregularse y planear los gastos haciendo que su impacto en tu economía sea positivo. Se logra identificando los gastos innecesarios, los ‘hormiga’ y los invisibles para ser consciente de ellos y evitarlos.
• Estabilidad emocional: es la capacidad de mantenernos equilibrados y en calma ante situaciones difíciles. La estabilidad emocional favorece las decisiones financieras oportunas. Identifica cuáles son las emociones que impulsan una compra y trata de gestionarlas correctamente para cuidar tu salud financiera.
Busca la armonía entre tus emociones y tu bolsillo, de esta manera protegerás tus finanzas y tomarás decisiones, queremos contarte que existe un proceso que debe de realizarse con paciencia, pero sobre todo con el animo de mejorar nuestro interior para que el desarrollo de nuestra vida material sea eso que siempre hemos visualizado, pueden haber caídas y altibajos en el trascurso de este tiempo, pero ¡No te desanimes!
De nuevo, es parte de nuestra naturaleza humana cometer estos errores y eso no tiene nada de malo. Lo que tenemos que hacer es ser conscientes de que no somos perfectos y de que debemos poner en marcha estrategias para evitar cometer este tipo de errores, especialmente cuando se trata de decisiones financieras.
Por ejemplo, podríamos registrar nuestros gastos en un cuaderno para incrementar el dolor de pagar y así gastar menos, o podríamos desarrollar el hábito de destinar una
parte de nuestra nómina al ahorro en cuanto la recibamos y así vencer la procrastinación.
Cualquiera que sea la cuestión que tengas que mejorar, te invitamos a experimentar y ver qué es lo que a ti te funciona para que así tomes mejores decisiones financieras y de vida.
Recuerda un elemento clave de la inteligencia emocional es ser constantemente consciente de nuestros sentimientos y emociones para mantenerlos bajo control y comprender cómo nos afectan a diario. Cuando dejamos que una reacción
emocional enturbie el proceso de toma de decisiones, la percepción se distorsiona.
Como resultado, cometemos errores que de otro modo no cometeríamos.
No se trata de saber mucho de economía, de ser un genio de las matemáticas ni de conocer al detalle todos los productos financieros. Si queremos arreglar nuestras finanzas, empecemos por mirar qué hay dentro de nosotros. Empecemos por
entender nuestras preferencias cerebrales, temperamento y competencias y entonces podremos gestionar con éxito nuestra relación con el dinero. Utilizando estudios científicos, psicológicos y médicos podemos indagar en nuestros patrones y
tendencias naturales y tomar acciones que perduren en el tiempo y que nos lleven a cambiar aquello con lo que no estamos a gusto.
Esperamos esta información sea de su gusto…