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Ricardo Díez Hochleitner Doctor Honoris Causa de la UNED

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RICARDODÍEZHOCHLEITNER

FEDERICOMAYORZARAGOZA

LAVDATIO Y DISCURSO

PROFESOR DR. D. RICARDO DÍEZ HOCHLEITNER LAVDATIO Y DISCURSO

PROFESOR DR. D. FEDERICO MAYOR ZARAGOZA

Solemne Acto Académico de Investidura Doctores “Honoris Causa”

UNED

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Índice

Laudatio Ricardo Díez Hochleitner, por José Luis García Garrido...

Discurso del Profesor Ricardo Díez Hochleitner: “La UNED, esplén- dida realidad tangible y renovada esperanza de futuro“...

Laudatio Federico Mayor Zaragoza, por María Novo Villaverde...

Discurso del Profesor Federico Mayor Zaragoza: “Educación para un nuevo comienzo”...

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Ricardo Díez Hochleitner Doctor Honoris Causa de la UNED

22 de enero de 2010

C

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LAVDATIO

José Luis García Garrido

Catedrático de la Facultad de Educación, UNED

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Laudatio

Magnífico Señor Rector, Ilustres Autoridades, Señoras y Señores:

“Es de bien nacidos ser agradecidos”. Como ocurre tantas veces, el Refranero Español ha venido en mi ayuda para sugerirme las palabras más ade- cuadas a la hora definir el sentido principal de esta intervención mía.

La UNED contrajo, desde su fundación, una deuda impagable con quien sin duda fue su principal inspirador y con quien, junto al Ministro Villar Palasí, derrochó muchas energías para verla hecha realidad.

Corría todavía el año 1969. Era yo entonces un joven profesor adjun- to de la Universidad de Barcelona. Mi preocupación por el estado de la educa- ción en España tras la aparición del famoso Libro Blanco, y una conversación que antes mantuve con el inolvidable José Blat Gimeno, me llevaron a pedir una entrevista con el recién nombrado Subsecretario del Ministerio, Ricardo Díez Hochleitner, del que había oído hablar mucho por su prestigiosa actuación en la Unesco y en otros organismos internacionales. Seguramente él no se acordará para nada de aquella entrevista, entre las muchas que cada día debía mante- ner, pero yo si la recuerdo bien, gracias a la costumbre que entonces tenía de escribir unas notas recordatorias tras las entrevistas que consideraba importan- tes. Me recibió diciendo unas palabras que no he olvidado: “Mi corazón es grande, pero mi tiempo es muy pequeño”. No fue tan pequeño, sin embargo.

Durante casi una hora estuvo hablando conmigo, con gran pasión, sobre la reforma educativa que venía preparándose. Resalté en mis notas recordatorias dos cosas de aquella entrevista: la convicción que él tenía sobre la importancia de la reforma para la democratización de España, por un lado y, por otro, el pro- yecto de crear una universidad a distancia, parecida a la que estaba a punto de iniciarse en el Reino Unido. Fue la primera vez que oí hablar de una institución

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Ricardo Díez Hochleitner

de ese tipo, y me chocó el detenimiento y la insistencia del Subsecretario sobre un tema que a mí más bien me suscitaba recelos, como fue el caso de tantos universitarios por entonces. Me parecía que aquello de hacer una carrera “a dis- tancia”, por correspondencia o algo así, tenía poco de universitario y mucho de peregrino. ¿Qué títulos universitarios iban a ser esos, completamente desvincu- lados de la investigación y de aquello que entonces llamábamos, con más poe- sía que realismo, la “vida universitaria”? Me acuerdo que así se lo comenté des- pués a mi hermano Manuel, Rector entonces de una importante universidad de las de verdad, de las de toda la vida. Su reacción fue escueta: “la universidad a distancia es una gran idea, no lo dudes”.

Es obvio lo mucho que influyó todo esto en mi cambio de actitud, que se abrió paso con rapidez. Aún así, me daba perfectamente cuenta de que Díez Hochleitner iba a contar con pocos partidarios en el seno de las universidades y de sus principales responsables, que sólo veían como positiva la idea de qui- tarse así de encima a los por entonces denominados “alumnos libres” (de hecho, el nombre que circulaba mayormente era el de “universidad libre a dis- tancia”). Soy testigo del enorme esfuerzo que hubo de realizar para, poco a poco, conquistar voluntades entre tanto universitario que denostaba sin tapu- jos de aquella peregrina idea del “Jolines”, como entre pasillos se llamaba al Subsecretario.

Me atrevo a decir, por todo esto, que esta UNED en la que estamos ahora todos implicados, y que desde luego ha sido mucho más que un mero receptáculo de alumnos “libres”, no hubiera sido la misma, o no hubiera sido en absoluto, es decir, no hubiera quizá ni siquiera existido, sin la persona, la ima- ginación y la constancia de Ricardo Díez Hochleitner. Nobleza obliga. Tras trein- ta años de servir ilusionadamente a esta institución, me siento hoy particular- mente gratificado por que la UNED, mi universidad, confiera el Doctorado Honoris Causa a quien tanto hizo por ella. He arrastrado este propósito duran- te bastantes años, y hoy, cuando cumplo ya mi última etapa universitaria en cali- dad de profesor emérito, siento orgullo y un profundo agradecimiento hacia todos los que han hecho posible que esta universidad mía y vuestra sea, en ver- dad, una universidad “bien nacida” y, por tanto, “agradecida”.

Pero no se trata sólo de una deuda contraída por la UNED en su con- junto. La propuesta hecha por la Facultad de Educación tiene igualmente a su base el reconocimiento expreso de los muchos méritos acumulados por Ricardo Díez Hochleitner en cuanto promotor de la mejora, en extensión y en calidad, de la educación en España y más concretamente de la investigación

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Laudatio

educativa. Sin desconocer lo hecho anteriormente y sin desconocer tampoco la alta calidad que tenían muchos profesores y muchas instituciones de educa- ción a todos los niveles, cuando yo conocí a Ricardo Díez Hochleitner el núme- ro de esas instituciones y de quienes tenían acceso a ellas dejaba mucho que desear. La Ley General de Educación, cuyo timón llevó en gran parte nuestro hoy doctorando junto al Ministro Villar Palasí y a otras personas inolvidables, supuso un paso trascendental en la historia de la educación española, y así ha sido ampliamente reconocido, dentro y fuera de España. Pensemos, por ejem- plo, en cosas tan elementales como en el sueldo de los maestros o en la cons- trucción y equipamiento de los centros escolares. Pensemos en el incremento descomunal de la escolarización primaria y secundaria durante los años seten- ta. Pensemos, de modo quizá especial, en la apertura democrática que sin duda propiciaron los planteamientos educacionales de la Ley. Pese al régimen autocrático, España pudo lucirse entonces como promotora de una educación comprehensiva, igual para todos, hasta los 14 años de edad, cosa que países como Francia, Italia o incluso los países nórdicos no conseguirían hasta años después. El mismo germen de la escolarización obligatoria hasta los 16 años fue plantado entonces.

El cambio de escenario fue aún más espectacular en lo que se refie- re a la investigación educativa. Cuando yo conocí a Ricardo Díez Hochleitner, existían en España tres secciones de Pedagogía en las universidades de todo el país, y el número de investigaciones educacionales aparecidas cada año apenas superaba la veintena. Piénsese en el impulso que dio a todo esto la cre- ación del CENIDE, del que Díez Hochleitner fue impulsor y primer Presidente, y de Institutos de Ciencias de la Educación en todas las universidades. Lo que sucedió a partir de entonces, en materia de investigación educativa, fue una verdadera explosión. En estos difíciles tiempos en los que tantos denostan de la pedagogía, hay algunos que todavía reprochan a Díez Hochleitner el haber ocasionado esta situación inflacionista en materia pedagógica que hoy, según ellos, vivimos. Pero quienes nos dedicamos a la investigación educativa, por muchos que seamos, no podemos transigir con esa crítica, y tenemos la obli- gación de reconocer los méritos de quienes han hecho posible nuestra labor, entre los que sin duda se halla muy en primer lugar la persona a la que hoy investiremos como Doctor por nuestra universidad. Por lo demás, él ha sido no sólo un promotor de acciones, sino que también se ha implicado vitalmente en la acción investigadora. Ahí están, para demostrarlo con creces, los estudios que, año tras año, han servido como Documentos de Base en las Semanas Monográficas celebradas, en una veintena de ocasiones, por la Fundación Santillana, estudios realizados con una pulcritud científica ejemplar.

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Ricardo Díez Hochleitner

Por lo demás, hay muchas otras facetas en el apretado curriculum de Ricardo Díez Hochleitner que le hacen merecedor de esta titulación académica que para él hemos postulado. En todas ellas destaca ese acendrado amor por la educación que seguramente heredó de su padre, maestro, como lo fueron también los míos. Nobleza obliga, una vez más. Muchas gracias, queridos com- pañeros de Facultad, de mi Facultad de Educación, por haber hecho posible, con vuestro unánime voto afirmativo en Junta de Facultad, esta propuesta de nombramiento que hoy llega a feliz cumplimiento. Y muchas gracias también a todas las personas que, con su presencia en esta sala o con su expresada adhesión, ratifican de un modo u otro lo que sin duda considero un estricto acto de justicia.

José Luis García Garrido

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Laudatio

Discurso del profesor

Ricardo Díez Hochleitner

con motivo de su investidura como Doctor Honoris Causa en Educación, por la UNED

“La UNED, espléndida realidad tangible y renovada esperanza de futuro”

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Excmo. y Mgfco. Señor Rector, Don Juan A. Gimeno Ullastres;

Excmas. Personalidades aquí presentes

Miembros del Gobierno de la UNED; Señor Decano y Profesores de la Facultad de Educación;

Señores miembros del Claustro de Profesores;

Excmo. Señor Doctorando Don Federico Mayor Zaragoza, mi admirado amigo y compañero en tan señalada ocasión, además de en otros empeños comunes;

Muy estimados miembros del alumnado; señoras y señores; queridos amigos todos.

Hoy, precisamente hoy en la gran festividad académica de Santo Tomás de Aquino, extraordinario investigador y profesor universitario de ejem- plar dedicación en tiempos nada fáciles de su universidad parisina, es el muy señalado y para mí inolvidable día en que me dispongo a recibir la investidura de doctor honoris causa de esta Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED. Lo acepto con profunda gratitud, emoción y gran afecto hacia esta admirable y dinámica institución, consolidada ya tras cerca de cuatro décadas de intensos y fructíferos trabajos, lo cual es garantía y compromiso de cada vez más amplias e innovadoras actuaciones en el ámbito nacional e internacional, todo ello garantizado por este espléndido equipo de educadores e investi- gadores que labora bajo su bien fundado liderazgo, Mgfco. Señor Rector.

La muy amistosa y generosa laudatio del Profesor José Luis García Garrido, cuya visión y gran competencia profesional, además de extraordinaria calidad humana, tanto he valorado siempre, hace que reciba esta gran distin- ción profundamente abrumado y con sincera humildad, tanto más dada la gen- erosidad e hidalguía de esta Universidad hacia mi persona.

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Ricardo Díez Hochleitner

A este respecto debo decir que, a estas alturas de mi vida, el mayor regalo, por encima de todos los honores y distinciones que la generosidad de los demás puedan otorgar, es y será siempre el amor y la amistad que uno haya sentido, tantas veces inmerecidos por lo que a mi concierne… Y aquí lo digo sin ambages ante parte de mi querida familia y ante amigos entrañables de años, además de junto al siempre vivo recuerdo de tantos que ya se han ade- lantado en ese partir definitivo... De hecho, nada perdura entre los individuos, ni entre los pueblos sin una verdadera amistad!

Esta institución ha merecido siempre toda mi admiración, afecto y respeto ante su ejemplar trayectoria desde sus pasos iniciales, auspiciados gra- cias a una generosa donación de la Fundación March, hasta el nombramiento de su primer Rector, mi admirado Profesor Don Manuel Jesús García Garrido, hasta entonces destacadísimo Rector de la Universidad de Santiago de Compostela, seguido luego por eminentes y valiosísimas personalidades académicas al frente de este Rectorado.

Ayer, es decir en sus inicios, la UNED surgió a principios de los años 70 –durante el afortunado mandato del Ministro José Luis Villar Palasí– como un sueño al servicio de la igualdad de oportunidades en educación, así como de la educación permanente a lo largo de la vida para todos los españoles, cuando se replanteó el sistema educativo entonces vigente. Y se crearon las universidades autónomas, tal como la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), que tanto venero. Se trataba de contribuir así a hacer viable la deseable transi- ción hacia la democracia, de acuerdo con la visión de Su Majestad el Rey, quién tuvo siempre la muy clara y firme voluntad de llegar a ser el Rey de todos los españoles.

Hoy, la UNED es una contundente realidad viva, con un patrimonio de resultados ampliamente reconocido en el ámbito académico internacional y merecedor del mayor reconocimiento público en nuestro país.

Por lo tanto, para mí la UNED es ya y sobre todo una sólida razón para la esperanza de futuro, tanto más en estos tiempos difíciles, por lo que merece ser consolidada en sus muchos aciertos así como impulsada en su expansión y espíritu profundamente renovador e innovador. Ello tanto más ahora cuando se plantean por doquier medidas renovadoras en el marco del Proceso de Bolonia –todo ello con miras a servir cada día mejor a España, a la Unión Europea y a un mundo creciente e inexorablemente interdependiente. La UNED se ha de convertir así no sólo en una Universidad de educación a distan-

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La UNED: espléndida realidad tangible y renovada esperanza de futuro

cia, sino también en una Universidad anticipatoria, por antonomasia al servicio de las futuras generaciones, desde valores éticos firmemente declarados y coherentemente ejercidos. Así debe ser, en el marco de la deseable democra- cia participativa de esa sociedad civil que necesitamos promover a fondo hasta lograr actuaciones lideradas con visión a largo plazo, así como con nuevas metas y soluciones alternativas de alcance tanto global como local.

Señoras y señores; queridos amigos:

Mi ya larga vida profesional ha estado dedicada sobre todo a la plani- ficación, política y reforma de las instituciones y de los sistemas educativos (tras unos primeros años centrados en la formación profesional y la ingeniería), todo ello en el seno de numerosos organismos intergubernamentales y nacionales, además de y muy concretamente asesorando en esos ámbitos a múltiples paí- ses de todos los Continentes. Ello me llevó, a su vez muy pronto, a reflexionar intensamente sobre el futuro de las respectivas sociedades y de la Humanidad en su conjunto. En tal empeño, creo poder decir ahora que he explorado prác- ticamente todos los vericuetos de la educación permanente y luchado a favor de un amplio diálogo cultural y de una mayor comprensión internacional al ser- vicio de una paz duradera y de un desarrollo humano ecológica, económica y socialmente sostenibles. De ahí también que me haya vuelto cada vez más inquieto sobre el papel que desempeñan hoy en día las universidades en la solución de los problemas de nuestro tiempo, pese a lo cual tengo cada vez mayor confianza en la Universidad del futuro.

Por todo ello quisiera, en un día festivo tan cargado para todos de profundo significado académico como hoy, compartir brevemente algunas inquietudes sobre esa Universidad del futuro y sobre sus relaciones con la sociedad en la que Vds., los alumnos de hoy y profesionales del mañana, deberán actuar de forma cada vez más decisiva y global. Desde mis tiempos de joven profesor universitario, hace ya demasiadas décadas, pienso que las universidades se han transformado en no pocas ocasiones esencialmente en instituciones postsecundarias, dejando de ejercer su papel esencial de fuente de saber interdisciplinario, con el consiguiente aporte creativo al conocimiento más avanzado y de motivación ética ante las urgentes demandas sociales pri- oritarias, siempre dentro de una perspectiva internacional

Entre tanto, las respectivas sociedades han ido sufriendo crecientes desafíos y problemas de todo orden, debido casi siempre a una crisis profunda de valores éticos y morales, la cual es actualmente la verdadera y más grave de

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Ricardo Díez Hochleitner

todas las crisis enunciadas y origen, por ejemplo, de la tan cacareada y profun- da crisis financiera actual. Tal es la crisis que incide hoy en día en los más diver- sos aspectos y sectores de la vida y de la civilización humana.

En estas circunstancias, tampoco resulta extraño que las universi- dades hayan quedado muchas veces afectadas y condicionadas por tales fenómenos y que, en muchas de ellas, se puedan detectar grandes caren- cias e incertidumbre de futuro. Por ello precisamente, el apoyo moral y económico de la sociedad a sus universidades es ahora más necesario que nunca para movilizar en plenitud los inmensos recursos intelectuales, de sabiduría, cultura, ciencia y tecnología, junto al potencial creativo e inno- vador que posee la Universidad para ayudar al mundo a superar los grandes riesgos e incertidumbres entre los que nos movemos de cara al futuro. Más aún: Las universidades pueden y deben convertirse en los bastiones princi- pales contra las variadas crisis de nuestro tiempo ofreciendo sólidas raíces y una visión ilusionada para superar las grandes amenazas contra la paz y la convivencia humana. Esto encaja además muy bien con la iniciativa que pro- mueve y abandera, con una amplia y ejemplar visión, nuestro admirado amigo Federico Mayor desde su Fundación Cultura de Paz, tras su brillante mandato en la UNESCO.

Y en esa misma línea también es cada vez es más urgente superar el escándalo y la vergüenza de la pobreza, del desempleo, del desgobierno anti- democrático, del terrorismo, de los genocidios, del narcotráfico o de la depredación de la Naturaleza (de la biosfera toda) que es la que sustenta y hace posible nuestra vida sobre el planeta. De ahí que la razón de Humanidad debiera ser hoy en día más decisiva que la tradicional razón de Estado, aparte de tratar de servir también la razón de la Naturaleza. En consecuencia, el papel de las uni- versidades no ha de ser solamente garantizar la universalidad del conocimiento sino también y principalmente asegurar la preeminencia del espíritu y de sus val- ores: Desarrollo sostenible, protección del medio ambiente, crecimiento demográfico, comercio y cooperación internacional equitativos, oportunidades de trabajo y aprendizaje anticipatorio son algunas de las muchas variables de la compleja, interdependiente e incierta trama mundial de factores a cuya solución todos tenemos que contribuir para construir un mundo mejor. Tal es de nuevo también la responsabilidad que tienen las universidades de cara al mañana:

Incrementar y poner en valor la herencia espiritual y material de la Humanidad a fín de asegurar la supervivencia y la mejora de los hombres y de su biosfera, comenzando por comprender mejor nuestros orígenes y nuestro destino. Tales son algunas de las principales tareas de la Universidad eterna que amamos!

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La UNED: espléndida realidad tangible y renovada esperanza de futuro

Sin embargo, para poder alcanzar tales objetivos es menester que, además de una sólida base ética, exista una visión y un esfuerzo investigador y docente, interdisciplinario e intersectorial que permita a las universidades con tradición académica volver a ser portadoras y fuente de esperanza. En esa línea y desde una oferta inicial, pragmática y competitiva, se ha insertado la edu- cación universitaria a distancia en el mundo, gracias a las open universities , con sus cursos por correspondencia, por radio, por televisión o con el e-learning, empezando por difundir el saber avanzado en los países en desarrollo, tal como la UNESCO contribuyó a hacerlo realidad, en 1965, desde la Universidad de Zambia (en Lusaka), o bien como instrumentos de investigación avanzada sobre problemas globales, gracias a redes internacionales de cooperación entre instituciones especializadas, como lo promueve actualmente el Club de Roma.

Tales son también algunas de las muchas nuevas tareas y campos de investigación, así como los nuevos contenidos y enfoques de las enseñanzas que, gracias una pedagogía crecientemente interdisciplinaria, interactiva y de diálogo vivo entre maestros y discípulos, tienen que acometer su tarea las uni- versidades del hoy y del mañana.

Señoras y señores:

La creatividad es el gran privilegio de los seres racionales, sea cual sea su grado de formación.

La imaginación y la acción en aras de la estética, de la ética, de la teoría o de la solución práctica de problemas, sean éstos de alcance global o muy concretos, es también fuente de inconmensurable satisfacción íntima, ale- gría e ilusión de vivir y servir.

La creatividad es un modo eficaz de enarbolar la bandera del cambio a la vez que la del progreso en la cultura moderna. Con la creatividad se armo- niza la sensibilidad y la inteligencia, la naturaleza y la libertad. De ahí que el cul- tivo de la propia personalidad armónica sea condición esencial para que desde el espíritu humano nazca la creatividad. Sin embargo, ¿cómo puede con- seguirse que la creatividad sea una dimensión de todo trabajo? Probablemente una primera respuesta sea tratar de superar la separación entre arte y vida en el mundo de la cultura para asumir la creatividad como expresión excelsa de la libertad. O, más aún, simplemente aprender del lenguaje de los masais, en Kenia, el extraordinario mensaje subliminal de quienes utilizan siempre la misma palabra para referirse tanto a la libertad como a la belleza!

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Ricardo Díez Hochleitner

La creatividad es, pues, un requisito esencial para nuestro tiempo y es gracias a y en el seno de la Universidad donde puede y debe desarrollarse la creatividad en cumplimiento cabal de sus fines y en respuesta a los grandes desafíos de los comienzos de un nuevo milenio.

La Universidad no tiene más remedio que asumir esos nuevos desafíos e incluso anticiparse a ellos para mejor cumplir su vocación universal, ya que la complejidad de la problemática mundial y la incertidumbre en nuestro tiempo son clara señal de la gestación de un nuevo orden mundial multipolar.

En todo caso, la Universidad tiene que estar consagrada al universal- ismo, tal como lo indica su propio nombre. De no ser así se convierte en una simple caricatura de si misma. Por tanto, cada Universidad tiene que saber poner a disposición de la Humanidad su particular atisbo, contemplación y visión del Universo. Y ello tiene que ser particularmente cierto aquí, en la UNED, para ponerse desde Europa al servicio de una cooperación estrecha entre todas las regiones del mundo.

En ese contexto, esta Universidad de Educación a Distancia reúne todas las condiciones para transformarse en vanguardia de esa Universidad del futuro que ha de surgir muy pronto gracias al esfuerzo mancomunado de sus profesores, alumnos y ex-alumnos, junto con la sociedad toda, para coadyuvar a que todas las universidades sean de nuevo fuente moral e intelectual de la civ- ilización de su tiempo y portadoras de lo mejor del espíritu, como ya lo fueron tantas veces en momentos clave a lo largo de la historia. Ahora como ayer se podría repetir con Miguel de Unamuno:”¿Y de donde sino de las universidades salieron los más de los mejores?” (Salamanca, 1956). Nada puede haber pues más importante para la Universidad de ahora que atender estos nuevos desafíos y percatarse del sentido de estos tiempos premonitorios del deseable amanecer de una nueva era para adaptarse en consecuencia.

Por mi parte no dudo que las universidades todas sabrán renovarse finalmente y llevar a cabo las mutaciones necesarias de cara a las exigencias de un mundo en medio de cambios revolucionarios, en vez de contentarse con transmitir conocimientos más o menos puestos al día o de limitarse a investigar y enseñar campos de saber aislados los unos de los otros. En todos esos casos, las universidades no pueden seguir marginando su implicación en el devenir del mundo en su globalidad, es decir en su armonía entre la Humanidad y el Medioambiente, así como en la convivencia que debe reinar entre todas las gentes en aras de la paz. Y ello es tanto más cierto cuanto que el objetivo de

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La UNED: espléndida realidad tangible y renovada esperanza de futuro

la Universidad no es solamente la universalidad de los conocimientos sino tam- bién la unidad del espíritu humano, de la Humanidad en su conjunto, desde la dignidad e independencia de cada ser humano.

Queridos y pacientes amigos:

Permitidme por lo tanto que invite a esta Universidad, a su profesora- do, alumnos y ex alumnos para que se impliquen en un próximo futuro en una reflexión global, sistémica y profunda para comprometerse y actuar, aún más si cabe, en el contexto de las nuevas realidades del mundo futuro que se avizora.

He ahí una gran tarea necesaria para una Universidad excelsa como ésta para que así trascienda real y eficazmente no sólo a favor de su concreto entorno cultural, social y económico, sino también y muy particularmente a favor de todo el mundo. Creo que hay que hacer honor al apellido de “educación a dis- tancia” que lleva la UNED para, desde una visión de los problemas mundiales y de sus posibles soluciones alternativas, ocuparse a distancia, mediante medios y métodos avanzados, de las respectivas realidades locales con la estrecha colaboración de sus ex-alumnos graduados,

Finalmente y en mi nueva condición de Doctor honoris causa de la UNED, quiero agradecer emocionadamente a todos los aquí presentes el que me hayan dado esta oportunidad para reafirmar mi fe en la Universidad del ayer, de hoy y del mañana. Lo he hecho así gracias a este extraordinario ejem- plo de lo mejor de la universidad, prototipo del presente y del mañana, como lo es y será siempre la UNED. Y permítanme también expresar mis mejores deseos a todos Vds., comunidad de profesores y alumnos, para que perse- veren en el empeño de seguir haciendo de esta Universidad un ejemplo de excelencia y de esperanza.

Vuestra Universidad –también la mía propia a partir de ahora– des- cansa en la esencialidad de la libertad de pensamiento y de la expresión democrática, con manifiesta universalidad, solidaridad y espíritu ético al servicio de los hombres. Así debe ser y así va a seguir siendo sin duda. Permitidme, por lo tanto, daros una vez más las gracias por dejarme participar de alguna man- era en tan noble cometido cual es el vuestro.

He dicho.

Ricardo Díez Hochleitner Madrid, 22 de enero 2010

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Federico Mayor Zaragoza Doctor Honoris Causa de la UNED

22 de enero de 2010

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LAVDATIO

María Novo Villaverde

Catedrática de la Facultad de Educación, UNED

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Es para mi un honor presentar ante nuestra comunidad académica al Dr. Federico Mayor Zaragoza, a quien la Facultad de Educación, por iniciativa unánime del Departamento de Teoría de la Educación y Pedagogía Social, ha propuesto para la concesión del Doctorado Honoris Causa de nuestra Universidad.

Los méritos del Dr. Mayor Zaragoza son bien conocidos. Cuenta con una brillante trayectoria académica y profesional que se manifiesta en las dos vertientes fundamentales de su dedicación a lo largo de la vida: la científica, como bioquímico, y la humanista, como impulsor de una educación viva y transformadora, capaz de orientar a las gentes y los pueblos hacia la paz y el desarrollo de los Derechos Humanos. A este último aspecto tengo el propósito de referirme especialmente por su significado en una Facultad como la nuestra.

Entre sus múltiples Doctorados Honoris Causa se cuentan los conce- didos por la Universidad de París-La Sorbona (1993), la Universidad de Londres (1993) o la Universidad de California (1996). Desde hace décadas, es reconoci- do internacionalmente como una de las más relevantes personalidades en el fomento de la educación a todos los niveles.

Nacido en Barcelona en 1934, estudia Farmacia motivado por su inte- rés hacia la Bioquímica, y se licencia en la Universidad Complutense de Madrid, en 1956, con Premio Extraordinario. En 1958 obtiene el Doctorado, también con Premio Extraordinario. Estos serían los inicios de una vida profesional tan rica en experiencias como abierta al conocimiento y la innovación, y creciente- mente dedicada a promover un modelo educativo capaz de comprometerse críticamente con los problemas sociales.

Y es en esa vida profesional donde encontramos una evolución que hoy querría destacar: la que conduce desde el Federico Mayor “profesor”, que a

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Federico Mayor Zaragoza

los 29 años obtiene la Cátedra de Bioquímica de la Universidad de Granada, al humanista que encarnará las mejores virtudes del educador. Un educador que llegará a asumir puestos de tanta responsabilidad como el de Ministro de Educación en la incipiente democracia española y, después, Director General de la UNESCO, en los cuales se irá forjando su más alta condición de “maestro”.

Porque “el maestro no es un profesor. Él no enseña cosas, enseña a vivir”. Estas palabras del noble Meister Eckhart son en todo aplicables al Dr.

Mayor Zaragoza, cuya condición esencial de maestro resulta tan valiosa y ejem- plificadora para una Facultad de Educación como la nuestra.

La educación, como ustedes saben, opera sobre el objeto de más alta complejidad que conocemos: el ser humano. Con el objetivo de contribuir a un proceso igualmente complejo como es el de modelar y orientar la perso- nalidad de ese ser humano hacia su autorrealización plena sin olvidar su parti- cipación en la comunidad. Esta complejidad, que podría entenderse como fuente de “dificultad”, es también la condición que tal vez mejor ilustra su gran- deza. El buen educador no sólo habrá de construir con quienes aprenden un sólido entramado de conocimientos; también deberá fomentar la asunción de valores, de formas de vida que comprometan al sujeto en su dimensión intelec- tual y ética. Porque educar, más que enseñar, significa ayudar a repensar el mundo y a comprendernos nosotros en él como seres dotados de conciencia.

Hoy los educadores de nuestra Universidad encontramos en el Dr.

Mayor Zaragoza la encarnación de estos requerimientos. Desde la mayéutica socrática hasta los modernos métodos didácticos, quienes desarrollamos la tarea de formar seres humanos hemos sabido reconocer siempre a los maes- tros por esa cualidad añadida, ese magisterio que está por encima de las téc- nicas concretas. “Un maestro invade, irrumpe” -nos recuerda George Steiner-.

Es alguien que, sobrepasando la mera transmisión de conocimientos, se con- vierte en referente y guía que ilumina la vida de quienes le rodean.

Querría dedicar, por tanto, este breve espacio de tiempo que me ha sido asignado a recorrer la trayectoria profesional y vital (ambas inseparables) del Dr. Mayor Zaragoza, destacando precisamente ese proceso evolutivo en su pensamiento y su acción que lo va conduciendo desde su primera condición de

“profesor” hasta la noble figura de “maestro”.

En el año 1963 comienza su actividad académica como Catedrático de Bioquímica de la Universidad de Granada. Es un profesor joven, que ama su

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Laudatio

disciplina, pero que ya manifiesta una sólida preocupación por la función social del conocimiento: “la ciencia, nos dice, está para paliar o evitar el sufrimiento humano”.

En el período 1966/67 trabaja en Oxford como investigador en el laboratorio del profesor H.A. Krebs, del Departamento de Bioquímica. Krebs será para él una figura altamente significativa, no sólo en su dimensión científi- ca sino, sobre todo, porque le enseña algo fundamental: “la investigación es ver lo que otros ven y pensar lo que otros no han pensado”. Esta idea se instalará de lleno en un Federico Mayor que ya venía oteando no sólo el mundo de lo visi- ble sino también, y con insistencia, el desvelamiento de lo no visible: la idea que aún no ha sido formulada pero que podrá ser alumbrada.

De regreso a Granada, en 1968 asume el cargo de Rector de la Universidad, que desempeñará hasta 1972. Estos son años de gran importan- cia en su trayectoria vital, en los que el joven profesor va consolidando, en sen- tido pleno, su preocupación por encarnar los valores que tanto enfatizamos en educación: la capacidad de escucha; la empatía; una gran firmeza en las ideas unida a la tolerancia; el compromiso con la mejora del mundo en que vive; la confianza y capacidad de estímulo hacia el otro…

En su mandato como Rector, el Dr. Mayor abre las puertas de su des- pacho a todos los estamentos, siendo muy poco habitual en la época dedicar como él hacía un tiempo semanal al encuentro con los estudiantes, en el que a veces le daban altas horas de la madrugada escuchando reclamaciones y pro- puestas. El 68 es un año difícil en toda Europa, y la Universidad de Granada no queda ajena a los movimientos estudiantiles. Sin embargo, él sabe dialogar con las distintas corrientes de pensamiento e, incluso, poner de acuerdo a quienes parecían irreconciliables. ¿Cómo no reconocer, pues, en él, las virtudes de un educador maduro, de alguien que está ya esbozando esa condición esencial de los maestros que es comprender a los otros mediante una escucha atenta y con empatía?

En el año 1973 cambia su destino profesional y se incorpora como Catedrático de Bioquímica a la Universidad Autónoma de Madrid. De inmedia- to, impulsa la creación del Instituto de Biología Molecular Severo Ochoa. Desde 1974 hasta 1978 ocupará el cargo de Director de esa recién nacida semilla de lo que hoy es un Centro investigador de prestigio internacional.

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Federico Mayor Zaragoza

Esta etapa de su vida es de gran interés. Enamorado de la investigación, el Dr. Mayor Zaragoza asume los cambios que está experimentando la ciencia durante el siglo XX, una ciencia que, además de sufrir una notable revolución en sus paradigmas, ha comenzado a establecer ésa que Prigogine y Stengers deno- minaron “nueva alianza” con las Humanidades y el Arte. Una ciencia que se plan- tea interrogantes de índole ética que atañen a la acción participativa y ciudadana de quienes investigan, confrontados con la realidad de unas sociedades en las que hay dolor y sufrimiento. Es natural que así sea en alguien que, como él mismo rela- ta, había aprendido de su madre la palabra “compartir” y de su padre la “coheren- cia” como fundamento de la vida. Creo poder afirmar que aquí se gesta una de las ideas fundamentales de su magisterio: “el riesgo sin conocimiento es peligroso, pero el conocimiento sin riesgo es inútil”.

En 1978 será nombrado Director General Adjunto de la UNESCO, puesto que ocupará hasta 1981. Este cargo supone, sin duda, un impulso a su interés por la educación. Su actividad académica previa le había mostrado algo que Max Weber describió con bellas y sucintas palabras: “la ciencia funciona como un mapa de carreteras: te puede decir cómo se va de un sitio a otro, pero no adonde ir”. El Dr. Mayor Zaragoza, al apostar por una ciencia con concien- cia, se hace preguntas radicales: hacia dónde debe encaminarse la tarea del científico; cuál es el papel social de la ciencia; y cómo la UNESCO puede impul- sar mediante la educación un conocimiento comprometido con la realidad, en especial con las necesidades de los más débiles.

En el año 1981 y hasta 1982 será Ministro de Educación y Ciencia en la incipiente democracia española. Desde ese cargo, impulsa la redacción de una Ley de Autonomía Universitaria (un proyecto que, lamentablemente, no llega a consolidarse en esos momentos) y desarrolla una serie de medidas para la mejora de la Universidad. Después vuelve a su Cátedra en la Universidad Autónoma y asume un relevante papel en congresos y foros internacionales, no sólo de orden científico sino también encaminados a la reestructuración social de nuestra sociedad global. Entre ellos, la presidencia del Foro de Issyk-Kul, en 1986, en el que, con Mijail Gorbachov, Arthur Miller, Alexander King, Alvin Toffler, y un selecto grupo de intelectuales, contribuye no poco a dibujar la “perestroi- ka” que terminaría con la política de bloques y abriría a la democracia a un gran contingente de personas y países.

Un hito especialmente significativo en esta trayectoria es su nombra- miento, en 1987, como Director General de la UNESCO. En primer lugar, por la

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Laudatio

gran apuesta que realiza para elevar las inversiones en educación en todos los países miembros, a costa de invertir menos en armamento. Pero también por el significativo giro que imprime a las políticas de Educación Básica y Alfabetización que se estaban llevando a cabo en los países en vías de desarro- llo, al promover e ir consolidando un nuevo concepto de “educación para todos a lo largo de toda la vida”.

Este no es un cambio baladí. En la mente y el corazón del Dr. Mayor Zaragoza está el deseo de que África, el Asia pobre y América Latina dejen de ser los proveedores de materias primas y mano de obra barata del Norte rico.

Porque, en su cargo de Director General, él concibe la UNESCO como un orga- nismo comprometido con el cambio hacia sociedades más justas. Un cambio cuyo eje principal será precisamente la educación.

La importancia de esta medida nos habla también de su visión antici- patoria. Él supo intuir entonces algo que hoy resulta evidente en la sociedad del conocimiento: la necesidad de aprender de forma permanente para hacer fren- te a los nuevos retos que plantean nuestras formas de vida. Nuestras socieda- des están sufriendo notables cambios políticos, culturales, ambientales, que nos obligan a movernos en escenarios de gran complejidad. Es necesario, en palabras de Edgar Morin, “aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certezas”. En esos archipiélagos, a modo de baluartes, podemos reconocer la importancia del conocimiento y de la educa- ción. Educarse a lo largo de toda la vida significa aprender a adaptarse creati- vamente a los cambios de ritmo y de objetivos que, de forma brusca y a veces inesperada, nos interpelan. Necesitamos, por tanto, una educación que fomen- te la imaginación, la innovación, la resiliencia…; en suma, las capacidades para gestionar la incertidumbre. Hoy reconocemos estas realidades, estos desafíos.

Pero intuirlos y abordarlos hace casi dos décadas suponía, de nuevo, un nota- ble ejercicio anticipatorio, ése que es condición esencial de los maestros.

Entre otras realizaciones desarrolladas a lo largo de sus dos manda- tos, hasta el año 1999, me permito destacar las siguientes:

En el año 1990, la creación del Programa UNITWIN y de Cátedras UNESCO. Un Programa que habría de establecer una valiosísima coopera- ción entre Universidades del Norte rico y Universidades africanas, asiáticas y latinoamericanas en las cuales los programas de postgrado eran escasos o nulos. Hoy, como fruto, entre otros factores, de esta ya larga colaboración

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académica Norte/Sur, podemos observar un estimulante despliegue de los Programas de Doctorado y Master en contextos en los que hace veinte años eran inexistentes.

En 1992, en nombre de la UNESCO, el Dr. Mayor Zaragoza encarga a Jacques Delors el Informe sobre Educación, conocido como “Informe Delors”, que aún hoy señala las grandes metas ineludibles de todo proceso formativo.

Junto a las ya reconocidas en anteriores documentos y foros internacionales, (“aprender a ser, “aprender a hacer” y “aprender a conocer”) se enfatiza el inno- vador “aprender a vivir juntos”, imprescindible en los contextos multiétnicos y multiculturales del mundo globalizado que se estaba abriendo paso. Es innega- ble, de nuevo, la visión anticipatoria y la carga ética de esta formulación educa- tiva, en su apuesta no sólo por el conocimiento sino por una educación basa- da en valores en la que se enfatiza el papel de la persona en su entorno social, como miembro comprometido con la comunidad.

Esta dimensión social y transformadora de la educación, su enraiza- miento en los valores fundamentales de la convivencia pacífica y la coopera- ción, serán constantes que presidirán el quehacer del Dr. Mayor Zaragoza durante su mandato como Director General de la UNESCO. Desde este mismo puesto, él promoverá, en 1994, la publicación de los Informes Anuales sobre Educación, que posibilitan un conocimiento internacional de los problemas que aquejan a la humanidad, sus causas y sus posibles soluciones desde el ámbi- to educativo.

En el largo período de sus dos mandatos como Director General, la UNESCO organiza múltiples Programas que son expresión de su voluntad por impulsar la educación a todos los niveles y por promover el entendimiento inter- cultural y pacífico entre los pueblos. Así, cabe atribuirle especial protagonismo en la gestación del “Programa de educación para todos a lo largo de toda la vida”; la creación de la Comisión Internacional sobre “La educación para el siglo XXI”; o la puesta en marcha del “Programa Regional para Emergencias, Comunicación y Cultura de Paz”. Como también ha jugado un decisivo papel en el hecho de que UNESCO abordara el “Programa sobre Necesidades Especiales en Educación”; la creación del “Instituto Internacional para la Educación Superior en América Latina y el Caribe”; la promoción del “Instituto para Tecnologías de Información en Educación”, en Moscú, y la puesta en mar- cha de la “Acción Mundial en pro de la Educación”.

Federico Mayor Zaragoza

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Laudatio

Asimismo, bajo su mandato se iniciarán, en 1998, las Conferencias Mundiales de Educación Superior, de tanta importancia para nuestras Universidades. Y, en 1999, él impulsará en Seúl la Conferencia Mundial sobre Educación y Capacitación, de nuevo con el propósito de convertir los sistemas educativos en instrumentos efectivos para el desarrollo de los países y los pue- blos en todas sus dimensiones.

En cuanto a su labor como intelectual comprometido, vemos como desarrolla una tarea intensa y constante para la difusión de una cultura basada en la paz, en el diálogo, en el reconocimiento del otro, siempre otorgando un papel esencial a la mejora de la calidad de vida de los más débiles. En este perí- odo, podemos contar varios centenares de intervenciones suyas en Conferencias Regionales e Internacionales acerca de la Educación en sus dife- rentes niveles y problemáticas.

Pero, más allá de lo que sería un larguísimo recopilatorio de realiza- ciones, lo que me interesa destacar, a efectos del acto que estamos desarro- llando, es el modo en que el Dr. Mayor Zaragoza va convirtiéndose, en su pen- samiento y sus acciones, en un verdadero maestro, alguien a quien la comuni- dad de educadores reconocemos como guía y referente.

Decía otro maestro, Max Horkheimer: “para que la moral tenga razón de ser ha de estar habitada por la compasión”. Y eso es esencialmente lo que parece ocurrir en la mente y la conciencia del Dr. Mayor. Sus constantes viajes por el África empobrecida, por la América Latina que tanto ama, por los países asiáticos, le ponen en contacto con unas realidades durísimas, en las que toca de cerca la pobreza, la falta de agua potable, la malnutrición infantil, la deses- peración de quienes no tienen nada y ven cerrados sus horizontes.

Dejándose habitar por lo que sabe (la condición suprema de un maestro) él afirma entonces que “la utopía no es el sueño imposible, sino el sueño posible, necesario, desafiante”. Instalado en esa utopía, el maestro se convierte así en alguien que denuncia (las guerras, el gasto armamentístico, el hambre, la pobreza…). Y su denuncia no se queda ahí, sino que se completa con el anuncio de un futuro posible. Es tiempo fructífero en el que sus numero- sas publicaciones hablan de formas nuevas de educar y de gestionar los recur- sos, hablan del abrazo necesario entre el Norte y el Sur.

En una época en la que, en palabras de María Zambrano, “el esplen- dor de los sistemas coincide con la pobreza de las convicciones”, la firme con-

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Federico Mayor Zaragoza

vicción del Dr. Mayor Zaragoza en el poder transformador de la educación y su apuesta por el valor de la palabra como instrumento de paz, hacen de él un referente en el que podemos reconocer esa sutil mezcla de una razón informa- da por los sentimientos y por la conciencia. En aquellos momentos, al frente de la UNESCO, es cuando escribe: “tener el corazón mirando al Sur es más que un sentimiento”. Para él, para el maestro, esa mirada es un compromiso moral que atañe especialmente a quienes educamos: ayudar a construir un mundo más equilibrado ecológicamente y más equitativo socialmente.

En el año 2000 regresa a España y crea la Fundación Cultura de Paz, a fin de dar seguimiento al Manifiesto por una Cultura de Paz, que había impul- sado anteriormente, firmado por 110 millones de personas en todo el mundo.

En ese momento Promueve la Declaración de Madrid sobre Cultura de Paz, con varios premios Nóbel y ve como sus ideas fructifican con la promulgación del Decenio por la Educación para una Cultura de Paz y de la No Violencia (2001/2010) que finaliza este año.

El concepto de paz que defiende el Dr. Mayor es, no podría ser de otro modo, amplio y complejo. No se refiere tan solo a la ausencia de guerra, sino a una actitud fuertemente asentada en valores de justicia social y de res- peto a la vida: paz entre la Humanidad y paz con el Planeta. Este compromiso le lleva a ser uno de los impulsores de la Carta de la Tierra, que UNESCO refren- daría en el año 2000, un documento nacido al calor de gentes de todo el mundo, en el que se reconocen nuestras responsabilidades por el impacto eco- lógico y social que ejercemos sobre la comunidad de vida que constituye el pla- neta, a la vez que se señalan pautas y vías de actuación para un futuro soste- nible.

La década siguiente, la que llega hasta nuestros días, es tiempo de permanencia en la creación y el compromiso. El Dr. Mayor, continuando con su labor científica, entre otros cargos como Presidente del Consejo Científico de la Fundación Ramón Areces y miembro de numerosas Academias, desarrolla al tiempo un gran compromiso como intelectual apostando por la palabra trans- formadora, por la voz dicha en alto, por la educación como instrumento de mejora del mundo. En sus numerosos libros, artículos y conferencias, nos habla del “delito de silencio”, del deber de no callar en un momento histórico que él califica como “el siglo de la gente”. Sus obras recientes, entre ellas Un mundo nuevo (2000), La palabra y la espada (2002), La fuerza de la palabra (2005), Voz de vida, voz debida (2007), Alzaré mi voz (2007), Tiempo de Acción (2008) tes-

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timonian la coherencia y el compromiso que aquel joven Federico Mayor había aprendido de sus padres y que nunca le abandonarían.

Y es así como el autor de un primer poemario, A contraviento, que ya en 1956 escribía sobre el dolor, la pobreza, y la necesidad de remediarlos, va transitando –espero haber sabido expresarlo- desde su condición de profesor a la de educador y a la de maestro. Maestro indiscutible de generaciones ente- ras que han visto y ven en su palabra y su testimonio vital la expresión de un ser humano que, habiendo hecho una opción por la ciencia, supo combinarla de forma excelsa con la opción de la conciencia.

Por todo ello, Profesor Dr. Federico Mayor Zaragoza, querido maes- tro: gracias.

Laudatio

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Discurso del profesor

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con motivo de su investidura como Doctor Honoris Causa en Educación, por la UNED

“Educación para un nuevo comienzo”

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Educación para un nuevo comienzo

“Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro… El destino común nos reclama buscar un nuevo comienzo”

La Carta de la Tierra, 2000

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Educación para un nuevo comienzo

Excmo. y Magnífico Señor Rector de la UNED, Señoras y Señores, Vicerrectores y Decanos,

Distinguidos miembros de la comunidad científica y académica, Profesores, alumnos, personal colaborador de la UNED, Señoras y señores, queridos amigos:

En primer lugar, quiero expresarles, Señor Rector, Señor Decano de la Facultad de Educación, mi profundo reconocimiento por la distinción que representa pertenecer a su Claustro de Doctores. Muchas gracias a todos.

Deseo, a continuación, decirles que, como era de esperar, la Laudatio de la Profesora María Novo ha sido tan bella, tan densa y tan amigable a la vez, que puedo asegurarles que, conociéndome a mi mismo, procuraré llegar a parecerme, con ahínco, a la persona que, con su voz y estilo inconfundibles, acaba de describir.

➢¿Época de cambios o cambio de época?

El cambio de siglo y, sobre todo, de milenio, no debería pasar des- apercibido, desdibujado. Es un momento que hay que aprovechar, también emocionalmente, antes de que la rutina, la timidez y la melancolía borren esta referencia temporal que debería motivar, movilizar, animar a contribuir, cada uno en la medida que le sea posible, a que no sólo sea época de cambios sino un auténtico cambio de época. Si dejamos que quienes han dirigido el mundo en las últimas décadas sigan imponiendo su rumbo y su ritmo, utilizando la ame- naza, la alarma infundada y la mentira, apareciendo como protectores frente a los mismos “enemigos” que han originado, entonces no habrá cambios. Habrá retrocesos, consolidación de oligarquías hábilmente disfrazadas de ropajes democráticos y todo seguirá igual: los bienes materiales concentrados en el 20% de los habitantes del barrio próspero de la “aldea global…” y el resto de la humanidad viviendo en condiciones que llegan a ser éticamente inadmisibles.

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En diciembre de 1918, al término de la primera Gran Guerra, el Presidente Wilson, de los Estados Unidos, horrorizado por aquel enfrentamien- to que había llevado hasta la extenuación de los ejércitos, con millones de muertos, propuso el “Convenio por la Paz Permanente” y la creación de una Sociedad de Naciones para poder resolver por medios diplomáticos los conflic- tos que se presentaran en el futuro. Pero la aplicación del perverso refrán “Si quieres la paz, prepara la guerra”, tanto por los aliados europeos como por la potentísima industria de su país, hicieron que sus pretensiones decayeran rápi- damente y se debilitaran progresivamente las capacidades de actuación de la Sociedad de Naciones, echando por tierra los sueños del Presidente norteame- ricano y de todos los que habían confiado en que la Gran Guerra que acababa de terminar sería la última.

Y así, en 1939, para vencer al fascismo de Hitler y de Mussolini y al imperialismo japonés, tuvieron que aliarse el capitalismo y el comunismo. En 1944, el Presidente Franklin Delano Roosevelt, acuciado por la enfermedad que padecía y considerando que la humanidad no debería padecer nunca más una confrontación tan abominable, con prácticas de exterminio, genocidio y holo- causto, se anticipa al término del conflicto creando, en Breton Woods, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial para la Reconstrucción y el Desarrollo (BM), y la FAO, urgido por lo que era la necesidad más apremiante:

asegurar la alimentación de todos.

En 1945, en San Francisco, se fundan las Naciones Unidas, con la función de “evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”. Y, en poco tiempo, las instituciones encargadas de la salud, la educación, la ciencia y la cultura, el desarrollo… van completando el Sistema, de tal modo que se asegure el eficiente cumplimiento de su misión. “Nosotros, los pueblos…”, per- suadidos de que “todos los seres humanos son iguales en dignidad”, como establecen la Constitución de la UNESCO y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, nos disponíamos a compartir bienes y conocimientos y a poner en práctica los “principios democráticos” de la justicia, libertad y solida- ridad “intelectual y moral” que, desde el Preámbulo de la Constitución de la UNESCO, se proponían como ejes de la acción del conjunto del Sistema.

La competición entre las dos superpotencias impidió que se llevaran a cabo las excelentes Recomendaciones que el conjunto de las Naciones Unidas no cesaba de proclamar. Se inicia la sustitución de las ayudas por los préstamos, la cooperación por la explotación, el férreo dominio de

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Educación para un nuevo comienzo

Norteamérica y de la Unión Soviética en sus respectivos ámbitos. Era la

“Guerra Fría”. En América Latina, el “paul macarthysmo” conduce, como un caballo desbocado, a actuaciones de injerencia tan graves, tan inadmisibles, como las de la “operación Cóndor”, con la que juntas militares desplazan a las autoridades nacionales para asegurar, a través de matanzas horribles, la no proliferación del comunismo.

Cuando, por fin, sin una sola gota de sangre, el inmenso imperio soviético se hunde, con el Muro de Berlín en 1989, parece llegado el momento del gran cambio. Nelson Mandela, pasa en pocos meses de 27 años de cautiverio –los últimos en la isla de las Serpientes, en Rubben Island, frente a Ciudad del Cabo– a ser Presidente de Sudáfrica, con la complicidad de Frederick De Clerk, superando el terrible apartheid racial que había esti- magtizado durante tantos años la vida de su país. Y, así, empieza un nuevo amanecer para el conjunto del pueblo africano. Y los procesos de paz en El Salvador, Guatemala, Mozambique… Todo parecía indicar que había llegado el momento de la inflexión, “de los dividendos de la paz”, de los Derechos Humanos, de la igual dignidad de todos los habitantes de la Tierra, de distri- buir la riqueza! No fue así. Encaramados en el poder, líderes miopes arro- gantes desoyeron a los intelectuales, los creadores, a los poetas… logrando que los pueblos, la sociedad, permanezca, una vez más, silenciosa, testi- monial, inaparente, irrelevante.

La comunidad científica y académica alzan fugazmente la voz, como en 1979, cuando la Academia de Ciencias de los Estados Unidos advierte seve- ramente del riesgo que representa la producción de anhídrido carbónico por el uso exagerado de combustibles fósiles así como la reducción de la recaptura del mismo debido a la progresiva degradación de las aguas marinas, auténticos

“pulmones” de la Tierra. Estas voces, y otras que advertían de una posible irre- versibilidad de algunos de los procesos que se estaban desencadenando debi- do a la actividad humana, fueron contrarrestadas inmediatamente por el “ruido”

de seudo-científicos a sueldo de grandes consorcios petrolíferos…

Y así, realizando una barbaridad tras otra, se debilitó el multilateralis- mo y grupos plutocráticos (G-6, G-7, G-8…G-20) fueron detentando el poder a escala mundial. Se multiplicaron los tráficos de armas, drogas, capitales, per- sonas… amparados por los paraísos fiscales, se minusvaloró el empleo de energías renovables, se deslocalizó buena parte de la capacidad productiva en países como China, sin tener en cuenta las deplorables condiciones laborales,

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movidos los “globalizadores” exclusivamente por los menores costos, es decir, los mayores beneficios, por la “codicia e irresponsabilidad”, utilizando las mis- mas palabras del Presidente Obama.

¡Viva la economía del mercado! ¿Será posible la “democracia de mer- cado”, “la sociedad de mercado”?, llegó a preguntarse en 1996 uno de los timoneles de la mundialización. Diez años después, la confusión creada a esca- la mundial, la degradación ecológica, la perplejidad de ver el que era el gran país comunista, con 1,300 millones de habitantes, la mayoría de ellos viviendo totalmente ajenos al progreso económico nacional, convertido en el gran capi- talista, que invierte inmensas sumas en África y en América Latina, y al que se dirigen en continua procesión los mandatarios de todos los países rodeados de ávidos empresarios, haciendo todos la vista gorda y prodigándole carantoñas…

que para criticar al comunismo quedan otros países con poco más de 13 millo- nes de habitantes que no se han hincado ante el neoliberalismo.

Las crisis pueden ser una oportunidad: ¿Se expresará al fin el poder ciudadano, ahora que puede hacerlo –porque tiene conciencia global, sistemas de participación no presencial y más mujeres en la toma de decisiones– y con- seguirá que sean, como tan lúcidamente se estableció en la Carta de las Naciones Unidas en 1945, “los pueblos”, los que fortaleciendo genuinas demo- cracias logren que no se trate exclusivamente de una época de cambios sino de un cambio de época?

➢ Hay generaciones –ha dicho Nelson Mandela– a las que les corresponde asumir transformaciones radicales,… tener la lucidez y la audacia de cimentar el otro mundo posible que anhelamos.

➢ En “Un mundo nuevo”, 1999 propuse un nuevo contrato social; un nuevo contrato natural (ciencia, desarrollo y medio ambiente); un contrato cultural (de la sociedad de la información a la sociedad del conocimiento); y un nuevo contrato ético.

En relación al primero abordaba los problemas demográficos; el escándalo de la pobreza y de la marginación; cambiar la ciudad, cambiar la vida; el porvenir de los transportes urbanos; las mujeres mueven el mundo; y la lucha contra la droga. En el contrato natural, desarrollarse junto con la Tierra;

el desierto crece; ¿será el agua tan corriente?; ¿habrá comida para todos?; la biotecnología en la alimentación de la humanidad; y la “revolución de la eficien- cia energética”.

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Educación para un nuevo comienzo

En relación al contrato cultural, la revolución de las nuevas tecnolo- gías; el libro y la lectura; un patrimonio en peligro: las lenguas; y la educación en el horizonte del 2020. Finalmente, en el capítulo dedicado a un nuevo con- trato ético, trataba los siguientes temas: ¿habrá “milagro africano”?; los dividen- dos de la paz y la seguridad planetaria; el futuro del Sistema de las Naciones Unidas; y una cultura de paz. A modo de conclusión, el último capítulo se titu- laba “Por una ética del futuro”. Esto es, en efecto, lo que necesitamos con urgencia: diseñar el futuro de la humanidad discurriendo por unos raíles éticos universales, adoptados por todos.

➢ Sí, es necesaria una buena “hoja de ruta”, porque:

“nunca hay buen viento para quien no sabe a dónde va”: para ir a donde queremos ir, es precisa una elección incondicional de rumbos; actuar según las propias reflexiones; ser independientes, “libres y responsables”, citado de nuevo en la Constitución de la UNESCO.

– Tener las alas libres de lastres, de adherencias, de adicciones, para el vuelo alto en el ilimitado espacio del espíritu.

- La desmesura creadora, incardinada en finitas estructuras biológicas, es la facultad distintiva de la especie humana. Su esperanza. Cada ser humano único, capaz de pensar, de imaginar, de inventar, de crear! La especie humana, “ojos del Universo”. Minúsculos físicamente en el Universo pero con una grandeza colosal: la de saber, la de ser conscientes… En 1986, ante el mar, escribí: “Yo tan menesteroso, / mar, / tan indigente,/ y tan sobrado tú/ de hondura, / de color / y de horizontes. / Poderoso, / inmenso mar! / Y sin embargo / no puedes con mi fuerza: / te contemplo, / te sé, / te amo.”

– Independientes y libres en cada enfoque, porque al filo exacto de las luces y de las sombras se halla la libertad… creer y no creer, asentir y disentir…

Nunca el “porque sí”, el dogmatismo, el fanatismo… Todo debe ser fruto del raciocinio. Vivir en la incertidumbre, en la duda, decidiendo cada uno por sí mismo, es lo que proporciona la autoestima. La felicidad es proporcional a la independencia de criterio, a no aceptar imposiciones de índole alguna, a no actuar al dictado de nadie.

➢ Es fundamental distinguir bien entre educación, enseñanza, aprendizaje, formación, información…

– Educación es “dirigir con sentido la propia vida” (Francisco Giner de los Ríos). La enseñanza proporciona, sobre todo con el ejemplo, aptitudes y

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actitudes que promueven el desarrollo de las facultades exclusivas de los seres humanos.

– Según la Comisión Jacques Delors sobre “Educación en el Siglo XXI”, cuatro son los pilares del aprendizaje sobre los que se asienta:

Aprender a conocer a hacer a ser

a vivir juntos:

“La vida es formas sin fin”,escribió Darwin en su bloc de notas, en las Islas Gálapagos. No sabía la trascendencia que, incluso desde un punto de vista fisio-patológico, tenía esta aseveración. Formas sin fin, diversidad hasta el límite de la unicidad biológica e intelectual de cada ser humano. La diversidad cultural es nuestra riqueza. Estar unidos por unos principios éticos universales, nuestra fuerza.

– A estos cuatro pilares me gusta añadir el de “aprender a emprender”. He contado muchas veces que en el emblema del Condado de Oxford figura la inscripción en latín “Sapere aude”: ¡atrévete a saber!…Y saber atreverse, porque de otro modo, nuestro conocimiento,nuestra experiencia, estos tesoros de cada ser humano, corren el riesgo de permanecer inéditos.

➢ Saber para prever, prever para prevenir

– Para transformar la realidad, para conservar lo que debe conservase y modificar lo que deba modificarse es indispensable el conocimiento de la realidad en profundidad, con rigor científico. Si se conoce parcialmente, parcialmente puede transformarse. La complejidad creciente requiere enfoques multidisciplinares: esta es la gran ventaja, precariamente aplicada, de las Universidades: disponer de excelentes especialistas.

– Conocimiento para consejo y anticipación; cercanía con los demás, con las instancias de Gobierno (local, comunitario, nacional, mundial), con los Parlamentos…

– La prevención, la gran victoria… aunque invisible. No me canso de repetir la sentencia del Doctor Bernard Lawn, Premio Nobel de la Paz en 1985: “Sólo en la medida en que seamos capaces de ver los invisibles seremos capaces de hacer los imposibles”.

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Educación para un nuevo comienzo

– La prospectiva, la torre de vigía, papel irrenunciable de la Educación Superior.

➢ Pero, además, actualmente conocer es necesario para contrarrestar el omnímodo poder mediático

– Al poder militar, político, económico, tecnológico… se ha unido en las últimas décadas el poder mediático, de tal alcance que se selecciona la información y se aturde a los ciudadanos, se les amedrenta, inhibe, amilana.

Imperceptiblemente, los uniformiza y gregariza.

– En consecuencia, se hace apremiante disponer de tiempo para pensar, para

“dirigir nuestra vida”, para decidir sin coacciones ni urgencias. Cada día que pasa es más necesaria “la reapropiación del tiempo”, que tan acertadamente preconiza la Profesora María Novo.

– Y, sólo de este modo, bien despiertos, bien dispuestos, soslayaremos las añagazas de quienes, desde lejanas instancias, promueven ideales e ídolos.

Diseñan modas y estilos de vida. Acosan y hostigan a la muchedumbre para que no piense, para que esté entretenida.

➢ Educación para todos a lo largo de toda la vida: este es el gran objetivo, esta es la solución.

– Educación para pasar de súbditos a ciudadanos, la gran transición.

– Educación para todos, empleando con diligencia los avances técnicos disponibles: ¿Educación a distancia o sin distancia? La apuesta es convertir la educación a distancia, materialmente posible, en instrumento de una educación sin distancias, democrática y adaptada a cada uno, una educación que se imparta en todas partes y para todos. De la educación confinada a grupos de privilegiados a la educación generalizada, gracias a la comunicación interactiva. A distancia… sin distancias. Sin límites de edad: acceso a la Universidad con más de 25 años. “El último tren” ya no existe. Siempre hay otro más tarde.

– En el mismo sentido, los estudios y entrenamiento para adultos y mayores, más importantes a medida que la longevidad aumenta1 . Más años a la vida, más vida a los años.

1 European Journal of Education, 44/3, sep. 2009).

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– He dejado para el final lo que debe ocupar, transversalmente también, un lugar de especial relieve: la educación artística, para la expresión sin cortapisas de la capacidad creadora. (ANPE, diciembre de 2009).

➢ Desde el primer momento deben conocerse los puntos de referencia para orientar el comportamiento cotidiano, los asideros “morales”: es esencial la Educación en los Derechos Humanos y la Democracia2

– Toda la Declaración de los Derechos Humanos gira alrededor del concepto esencial de la igual dignidad humana. En su Preámbulo luminoso indica que se trata de “liberar a la humanidad del miedo y de la miseria”. Porque es, ciertamente, el miedo uno de los grandes obstáculos para el cambio de Era:

es el miedo el que paraliza, alerta, alarma, induce a la acción irreflexiva cuando quienes atemorizan lo consideran oportuno. Miedo a unos dioses pavorosos, inquisidores,… a los que, poco a poco, se teme más que se ama. Miedo a un poder que utiliza todo tipo de resortes –sobre todo, mediáticos– para, como escribió Enrique Badosa, “someter el pensamiento”.

– La formación analítica y capacidad crítica forman parte del “pensamiento insurgente”, indócil, que se adquiere a base de no “dejarse llevar”, de no ser hoja al viento. El que se adquiere con esfuerzo y mérito, como se indica en el artículo 26/2 de la Declaración Universal: “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los Derechos Humanos y a las libertades fundamentales;

favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz”.

En el 26/1, había advertido claramente que “el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos”.

➢ De la misma forma que hay diferencia entre educación y enseñanza, la hay, y muy notoria, entre educadores y enseñantes. El educador no sólo aporta saberes sino sabiduría, promueve que cada estudiante tome en sus manos las riendas de su destino.

– Es innecesario destacar la importancia de la actualización permanente. De la formación de formadores.

2 (Montreal, 1993; Conferencia sobre Derechos Humanos, Viena 1993)

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Educación para un nuevo comienzo

– E insistir, muy claro y alto, en que la que “educa” no es sólo la escuela. Los progenitores, los familiares, luego los docentes, luego los libros y medios de información. Es la sociedad entera la que debe procurar una educación adecuada, eliminando - en lugar de ser testigo impasible, - toda aquella publicidad, programas televisivos y virtuales,… que pueden afectar negativamente el comportamiento de los niños, jóvenes y adolescentes.

– Se aprovecha cualquier informe, venga de donde venga, para denostar a la escuela y al profesorado. No valoramos, en España, lo que significa un colectivo de 9 millones de estudiantes y más de 800,000 profesores. Lo anecdótico y atípico, lógico en un colectivo amplio, se toma en seguida como palanca de la crítica. ¿Y los padres? Porque –las madres suelen cumplir mejor– los padres no son asistentes muy habituales a las reuniones de las asociaciones de padres de alumnos. ¿Y los periódicos al alcance de los niños que en sus páginas centrales incluyen anuncios de prostitución, con denigrantes textos y dibujos, especialmente para la mujer? ¿Y los programas de televisión? ¿Y los anuncios desvergonzados, inmorales, absurdos? Es necesario ejercer el poder ciudadano: bastaría con que se anunciara, por parte de asociaciones cívicas, que se invita a todos los consideren que todo ello es nocivo para la formación de los niños, adolescentes y jóvenes, a que dejen de adquirir los periódicos o los productos que de esta forma se anuncian, o los de las firmas que patrocinan los programas de televisión... para que, en muy pocas horas –ya que el lenguaje económico es el único que entienden– se resolviera esta forma de

“educación perniciosa” por parte de la sociedad que, además, se daría cuenta de cuánto tiene que mejorar antes de inculpar a los docentes.

➢ Transformaciones radicales3:

– Sólo los “educados”, los que se comportan cotidianamente según sus propias decisiones, podrán llevar a cabo estos cambios de hondo calado, sobreponiéndose a la inercia, al inmovilismo, a los formidables poderes de los plutócratas. El nuevo escenario requiere una nueva preparación para ser en él protagonistas y no comparsas.

– Únicamente las personas “responsables y libres” serán capaces de efectuar dichas transformaciones, encarando los desafíos formidables de nuestro

3 Ver “Educación como instrumento para el cambio” en “El desarrollo sostenible”, de María Novo, Ed. Universitas 2009.

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