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Número 7 – Mayo 2019 – Versión digital https://boletingeoecon.wordpress.com

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Dossier: “Debates de la Argentina”

La pregunta infinita: ¿cuándo se jodió la Argentina?

Pablo Gerchunoff Reflexiones. Pablo Gerchunoff, historiador de la economía, recibió el Premio Sarmiento que otorga el Senado. Planteó la necesidad de un acuerdo para aumentar las exportaciones y así financiar el desarrollo.

Es el mayor historiador vivo de la economía de la Argentina. Pero, además, Pablo Gerchunoff se planta frente a la política y a la cultura con una mirada abarcadora, mucho más allá de la acotada mirada de su disciplina.

El discurso de agradecimiento por la entrega del Premio Domingo Faustino Sarmiento fue, en ese sentido, una especie de ensayo hablado, una conversación entre amigos con guiños para todos. Por eso, el Económico ofrece una síntesis de los principales puntos de su charla.

Los economistas

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56 velocidad. ¿Saben qué?, como decía mi querido Roberto Perfumo cuando estaba por salir campeón en el año 66, ‘es dificilísimo’, es muy difícil. Hacer política con honestidad y con vocación política como yo entiendo la vocación política, es muy difícil. Y cuando yo les digo a ustedes que desde el mundo de la economía hay un problema, no lo estoy diciendo por todos los economistas; lo estoy diciendo porque entre mis colegas economistas hay algunos, de ninguna manera todos, pero hay algunos que tienden a competir en el sentido de usar la herramienta técnica para construir una visión del mundo, para transmitir una propia visión del mundo, entonces hablan de salud, educación, territorio, lo que fuere. Yo tiendo a ver mucho más importante la tarea de aquellos otros economistas, si se quiere, que con más humildad tratan de aportar su saber, su conocimiento técnico, su sapiencia técnica para ponerse al servicio de cualquier tipo de transformación de este tipo de las que estamos hablando, difíciles por cierto. Entonces digo: miren básicamente a esos economistas, porque esos economistas salen mucho menos en el diario, van mucho menos a la televisión. Y ¿saben qué?, tienen algo que se ve poco cuando uno mira a algunos de mis colegas hablar por televisión o contestar reportajes en el diario: es duda. Tienen duda. Y yo creo que hay pocos valores tan importantes para alguien que de verdad está pensando en analizar una realidad compleja, hay pocos valores tan importantes como aceptar la propia duda y si no es aceptar la propia duda, es aceptar la duda que el otro te transmite. Entonces yo creo que está lleno de buenos economistas definidos de ese modo, está lleno de economistas que tienen duda, que transmiten duda, que como seguramente hacen ustedes, llaman por teléfono y preguntan ‘¿cómo la ves?’, es una pregunta extraordinaria, es una pregunta honesta. ‘¿Cómo la ves?’, a veces es para decir rápidamente lo que uno ve, pero otras veces es de verdad para tratar de enriquecerse con la visión del otro. Entonces digo: no nos engañemos, está lleno de economistas que son así, está lleno de economistas que pueden colaborar con la transformación de un país, de la transformación de un sector desde el análisis y la duda. Y desde la duda de nuevo al análisis, y luego transmitirlo a aquellos que pueden construir la visión, la secuencia y la velocidad porque no somos nosotros”.

La crítica intelectual

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57 diría aceptémoslo. Los invito a aceptar la crítica intelectual como si fueran moscardones imposibles. No se puede, uno no se los puede sacar de encima, hay que tolerarlos. Y cuando esa reflexión intelectual llega a la madurez, ocurre que en algunos momentos se convierte también en vocación política... Recuerdo algunos ejemplos no argentinos... y se me ocurrió Fernando Henrique Cardoso, que es claramente un intelectual, no es un sociólogo ni político. Es un intelectual, fue toda su vida un intelectual. Se acercó un periodista y le pregunta ‘¿y ahora qué pasa?’. Lo paró y le dijo: ‘Todo lo que escribí no existe más, no me lean más, ahora estoy en otro mundo y en ese otro mundo las palabras que escribí pueden tener sentido o pueden no tenerlo’. Y el último viene a cuento, ustedes me dirán es un intelectual, no es un intelectual, podríamos discutir ocho años, pero el hombre que escribió al Facundo es un intelectual. Pero es un intelectual no por el formato de lo que escribió, porque el formato de lo que escribió alguien lo puede llamar panfleto. Hay muchas maneras de leer el Facundo, pero también se lo puede leer como la obra de un intelectual. Y además de un intelectual, y uso la palabra que me importa tanto, compasivo. Porque su mirada del Facundo es la mirada que quiere comprenderlo, quiere comprender al otro en la política, quiere comprender al distinto en la política... Sarmiento es un intelectual que llegó a la política y llegó a la Presidencia de la Nación”.

La política

“Estoy poniendo la política en el centro de la escena. Lo creo profundamente. Siempre lo creí. Por supuesto hay políticos buenos, políticos malos. Equivocar se equivocan casi todos, pero como todos nos equivocamos. Que los gobiernos terminen bien es una casualidad. Uno hace lo que se puede. Digo el conjunto de restricciones que opera sobre la acción política, sobre el saber político, sobre la acción política es tan grande que qué se yo, será lo que Dios quiera”.

La duda infinita

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58 iba a 1927, se decía que no. Entonces, cuidado con la idea del fracaso como idea de lo permanente. La Argentina es básicamente volatil y cíclica, y en esa volatilidad y en esa ciclicidad pierde terreno, pero no es siempre un fracaso monótono. La pregunta sirve para que yo les diga la enorme cantidad de hipótesis que hay acerca de la pregunta infinita: ¿cuándo se jodió la Argentina? 1810, hijos de España, fracaso. 1820-1880 guerras civiles producto del conflicto distributivo federal, fracaso. 1914, el fin de la expansión de la frontera agrícola, se nos acabó la tierra, fracaso. Origen del fracaso, quiero decir. 1930 se nos acabó el comercio, a uno de los países que más comerciaba en los últimos 50 años, fracaso. Ahora son hipótesis que contrastan entre sí. 1945, el peronismo, muchos de nosotros, no yo, algunos de nosotros podría decir: ‘ahí está el origen de un fracaso, ahí está el origen del veneno populista’, no tengo nada que ver con esa idea, pero es una idea difundida. Y opuesto simétrico de eso uno puede decir: 1976, neoliberalismo. O puede terminar diciendo: 2001, el fin del mundo. Puedo asegurar que yo puedo multiplicar por diez las hipótesis que acabo de transmitirles. Hoy no existen las guerras civiles como expresión de los conflictos federales.

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59 como protección social, aquel que nos viene de ese patrón de desarrollo mercado internista del que les estaba hablando y que para mí terminó al borde de los años 70? Yo creo que todavía no podemos prescindir. Eso es civilización política. Lo que yo creo es que aquel patrón de… Me detengo un instante, uso la palabra ‘desarrollo’ deliberadamente, no uso la palabra ‘crecimiento’. Uso la palabra ‘desarrollo’ porque quiero decirles la palabra ‘desarrollo’ no es una chantada. No es un invento vago. Hay un artículo, dado que acaba de salir un libro en homenaje a él, de Julio Olivera, de septiembre de 1959 en el Trimestre Económico donde se rompe los sesos -y lo recomiendo- para distinguir las nociones de crecimiento y desarrollo. Y vale la pena que sepamos que esa distinción tiene sentido y que ambos son conceptos útiles, operativos y además, rigurosos. La impresión que tengo es que ese patrón de desarrollo mercado internista distributivo e inclusivo con todas sus dificultades se terminó… Yo creo, básicamente, con el final de Bretton Woods y el nacimiento de la globalización financiera. Y esto es lo que quiero subrayar, no fue reemplazado por nada. La economía argentina es una economía que vive sin orientación, sin norte. Hay un patrón distributivo que se agotó habiendo dado mucho de sí, habiendo intentado incluso cambiarse a sí mismo cuando una generación de intelectuales de los años 60 buscaba cómo hacer para que la industria exportara. Fascinante, digo. Los años 60 en ese sentido son fascinantes. Y se quebró. Pero se quebró de una manera muy particular, se agotó la sustitución de importaciones, la promoción de exportaciones rindió, si se quiere, frutos un poco magros y a cambio de eso no tuvimos nada. Lo que tuvimos, lo que hemos venido teniendo por decirlo de algún modo desde 1978, el 78 es un buen año, es el año donde empieza operativamente la globalización financiera en la Argentina, 79, digo 79 para decir estéticamente ¿cuánto? 40 años. 40 años de globalización financiera sin que hayamos podido rescatar un patrón de desarrollo distinto a aquel mercado internismo inclusivo que tantos frutos sociales y económicos nos dio”.

Otro modelo

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60 anacronismo de volver al pasado. No hay pasado posible, de nuevo uso el término, que dé sus frutos. No lo hay. Entonces yo creo que en los últimos 40 años a veces parecía que uno salía, por ejemplo tomemos los años de Menem. En los años de Menem las exportaciones tuvieron un dinamismo extraordinario, pero con una tasa de ahorro tan baja que la Argentina igual estaba en déficit todo el tiempo, eso no era una dinámica de crecimiento sostenible. ¿Cómo salimos? Digo yo, si aquel patrón mercado internista inclusivo se nos acabó, ¿qué ponemos en su lugar? ¿Qué construimos en su lugar? Y yo creo que lo que no construimos en su lugar es una coalición social y política pro exportadora. Coalición social y política pro exportadora, que no quiere decir Corea. No quiere decir un modelo liderado por las exportaciones, sino tener la dinámica de las exportaciones que nos permitan sostener el consumo y la inversión. Cuando cualquiera de ustedes dice: ‘no se puede salir sin consumo’, yo les digo de acuerdo, pero ese consumo tiene que estar sostenido por una dinámica exportadora, si no, no tenemos eso”.

La invitación

“Yo los invito a ustedes a pensar en esos términos. Alguien dijo recién aquí ‘todos juntos’, no sé si como coalición, acuerdo político o lo que fuere. La razón, y con esto termino, por la que yo estoy convencido de que tiene que ser una tarea colectiva no es solamente porque no hay fuerza política suficiente para llevar adelante. ¿Saben por qué? Porque en ese animal sin cabeza que traté de describir, ese animal que anda desorientado entre 1974 y 2011 o entre 1974 y 2019 en el cual la tasa de crecimiento bajó de 0,8 a 0,5. Eso es el experimento de la Dictadura con la globalización financiera, apreciación cambiaria, volatilidad, desempleo y crisis. Crisis que además no son crisis simétricas. Cuando echan al campo a más pobres, el ciclo siguiente expansivo no los incorpora de nuevo, por eso es tan importante la persistencia. Y en eso estuvo la Dictadura, en eso estuvo Menem, si lo miramos bien en eso estuvo el kirchnerismo, porque la desacumulación de reservas en el momento que todavía había términos de intercambio excepcionales, es lo mismo que el endeudamiento de corto plazo, no hay diferencia, y en eso estuvieron los primeros dos años de Macri. Yo digo que hay que acordarse del ‘cómo la ves’. Juntémonos, digamos ‘cómo la ves’, porque ya todos tenemos heridas suficientes”.

Referencias

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