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ÍNDICE
1. INTRODUCCIÓN
2. BIOGRAFÍA Y OBRAS DE PLATÓN 2.1. Biografía
2.2. La obra platónica: los diálogos
3. COORDENADAS DEL PENSAMIENTO DE PLATÓN
4. LA METAFÍSICA Y LA ONTOLOGÍA PLATÓNICAS: LA TEORÍA DE LAS IDEAS 4.1. Introducción
4.2. Antecedentes y concepción platónica de las Ideas
4.3. Dualismo metafísico y dualismo ontológico: mundo inteligible y mundo sensible.
4.4. Las Ideas: una realidad jerarquizada.
4.5. Relaciones entre los dos mundos: las doctrinas de la participación y la Imitación.
4.6. Exposición alegórica de la Teoría de las Ideas: el mito de la caverna 4.7. Génesis y estructura del mundo sensible: la cosmogonía y cosmología
platónicas
5. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO PLATÓNICA 5.1. Teoría de la anámnesis o reminiscencia
5.2. El acceso al Mundo Inteligible: la Dialéctica y la vía de Eros. 5.3. Grados del ser y grados del conocimiento: el símil de la línea 6. LA ANTROPOLOGÍA Y PSICOLOGÍA PLATÓNICAS: CONCEPCIÓN DUALISTA DEL HOMBRE
6.1. La inmortalidad del alma
6.2. La psicología platónica: aspectos o “partes” del alma 7. LA ÉTICA Y POLÍTICA PLATÓNICAS
7.1. La ética platónica: relación con la psicología y la política 7.2. La utopía política de La República
7.3. La crítica política y el final de la utopía: formas de gobierno y realismo político en Las Leyes
8. RESUMEN DEL PENSAMIENTO DE PLATÓN 9. VIGENCIA DEL PENSAMIENTO DE PLATÓN. 10. ESQUEMAS Y MAPAS CONCEPTUALES. 11. VOCABULARIO BÁSICO.
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1.
I
NTRODUCCIÓN.
La filosofía griega alcanza en Platón su madurez y plenitud. Sus aportaciones marcarán de tal modo las coordenadas de interpretación racional del mundo y del hombre, que es considerado como uno de los filósofos, junto con Aristóteles, que más han influido en el pensamiento posterior.
La filosofía de Platón tiene como trasfondo la reacción y el enfrentamiento al convencionalismo y relativismo de la sofística, a la que considera disgregadora e incapaz de ofrecer un sustrato firme para la organización de la sociedad y una base segura al conocimiento. Nacido, como los sofistas y Sócrates, en un ambiente de preocupación por la organización de la polis, su objetivo es encontrar unas bases sólidas en las que apoyar la reforma que está necesitando una sociedad que, pese a la democracia, ha sido capaz de condenar legalmente a Sócrates.
Así pues, toda la filosofía de Platón está animada por un claro propósito de reforma política, ya que Platón se muestra desde muy joven especialmente interesado en cambiar las bases, según él corruptas, de la convivencia ateniense. Pero, al poner en práctica este propósito reformista, Platón construye un amplio entramado teórico, de honda repercusión en nuestra cultura.
A esta finalidad política de la filosofía platónica habría que añadir, por un lado, una intención ética, ya que, frente al relativismo de los sofistas, Platón reclama la existencia de una idea eterna e inmutable de la justicia que sirva de base a su organización política. Y, por el otro, una intención científica, dado que, influido por las ideas de Sócrates y Parménides, está convencido de que el auténtico conocimiento, es decir, la ciencia, sólo puede tratar de objetos permanentes y estables, inmunes al cambio que observamos en la realidad sensible. De este modo, buscando unos principios inmutables sobre los que asentar un orden político estable para la polis, desarrolla su
Teoría de las Ideas.
Con Platón nos encontramos por primera vez con lo que podría considerarse un sistema completo de pensamiento, en el que se plantean prácticamente todas las cuestiones que hasta ese momento habían ocupado a la filosofía griega: en efecto, tanto él como, posteriormente, Aristóteles ofrecen dos explicaciones completas sobre todos los temas tratados en la tradición filosófica anterior (problema de la Naturaleza y temas ético-políticos).
2.
BIOGRAFÍA Y OBRAS DEP
LATÓN.
2.1. Biografía.
Aristocles, verdadero nombre de Platón, nació en Atenas en el año 427 a. C. en el seno de una familia aristocrática. Su padre descendía de Codro, último rey de Atenas, y numerosos familiares suyos habían desempeñado cargos de responsabilidad política.
Su formación es la de un privilegiado: recibió enseñanzas de Cratilo, seguidor de la filosofía de Heráclito, pero el maestro que influyó decisivamente en su pensamiento fue Sócrates. Conoció a Sócrates en el año 407 a. C., a sus 20 años, y se hizo discípulo incondicional suyo hasta la muerte de aquél en el año 399 a. C. Además, aprende todo tipo de materias: matemáticas, geometría, arte, dialéctica, etc.
IES “Séneca” Departamento de Filosofía Página 4 Como en tantos jóvenes atenienses, su primera vocación fue la política, pero pronto se sintió desengañado, primero por la aristocracia y, más tarde, por la democracia. En su juventud vivió de cerca las consecuencias nefastas para Atenas de la Guerra del Peloponeso, que la enfrentó a la militarista polis de Esparta. En el año 404 a. C., mermada la confianza de Atenas en la democracia tras su derrota frente a Esparta, se produjo en Atenas una revuelta política, que instauró un nuevo gobierno: el régimen de los Treinta
Tiranos. En este nuevo régimen estaban sus tíos Cármides y Critias, que invitaron al joven
Platón a participar con ellos en el gobierno de la ciudad. Platón se mostró reservado y, después, tras la violencia desatada por este régimen, se mostró francamente decepcionado. La caída posterior de la Tiranía de los Treinta renovó sus esperanzas de intervenir directamente en la política ateniense, pero pronto volvieron a truncarse, al comprobar cómo la restaurada democracia llevó a su maestro y amigo Sócrates a los tribunales de justicia, condenándole además a muerte.
Después de estos hechos, en Platón quedó marcada para siempre una profunda convicción que inspirará toda su obra, y en la que se unen la vocación política y la vocación filosófica.
Tras la muerte de Sócrates, Platón se refugia en Megara. Más tarde, viaja a Egipto
y al sur de Italia, donde entra en contacto con las que serán su segunda gran influencia
filosófica: las doctrinas pitagóricas y órficas.
En el año 388 a. C. comienza en Sicilia su relación con Dión, cuñado de Dionisio I, tirano de Siracusa. El sueño de Dión era que Platón hiciese de su cuñado un gobernante filósofo de acuerdo con su teoría política, y, de nuevo, nuestro autor ve una excelente oportunidad para poner en práctica sus ideales políticos. Pero esta tarea acabó fracasando porque Dionisio I no tenía ni las cualidades ni la suficiente paciencia como para adecuarse a las enseñanzas de Platón; de ahí que lo desterrara, ordenando que fuese mandado a Egipto para ser vendido como un esclavo. Parece ser que la fortuna permitió que Platón fuese reconocido por otro discípulo de Sócrates, Anicérides, el cual pagó su rescate y le permitió volver a ser un hombre libre.
Así pues, Platón regresa a Atenas y funda la Academia, que se constituyó en un centro cultural de primer orden, reuniendo a un grupo de discípulos provenientes de diferentes puntos de Grecia, entre los cuales llegará a estar Aristóteles. Allí, Platón trató de formar una escuela siguiendo el modelo de los pitagóricos, en cuyo frontón de la entrada se leía: “no traspasará esta puerta quien no sepa matemáticas”. Dentro, discípulos y maestros convivían amistosamente dialogando y buscando la verdad, tal y como el propio Platón aprendiera de Sócrates y refleja así mismo en su obra escrita: los diálogos. Esta institución educativa tenía además, para Platón, el claro objetivo de formar y educar a la futura elite dirigente de Atenas, es decir, su “sueño político” nunca le abandonó del todo.
De hecho, viaja por segunda vez a Siracusa tras la muerte de Dionisio I (367 a.C.). Su amigo Dión tiene fundadas esperanzas de que su sobrino y futuro gobernante, Dionisio II, sea más receptivo a las enseñanzas platónicas. Pero, de nuevo, tal tarea fracasa por la escasa predisposición de Dionisio II para encarnar el ideal político del rey-filósofo. Platón regresa, desengañado otra vez, a Atenas, prosiguiendo en la Academia su labor educativa y revisando su propio pensamiento filosófico. Aún una última vez, y ya con 66 años, Platón volvió de nuevo a Siracusa con idénticos objetivos a los de las dos veces anteriores, volviendo a cosechar otro rotundo fracaso. Desde ese momento, la vida de Platón
IES “Séneca” Departamento de Filosofía Página 5 transcurrirá en Atenas, centrándose por completo en la Academia hasta su muerte, con aproximadamente 80 años, en el año 347 a. C.
2.2. La obra platónica: los diálogos.
Platón es un gran escritor, tal vez el más brillante de toda la filosofía griega, pues su estilo es claro, y tiene, en muchas ocasiones, un alto valor literario. No deja de ser curioso que exponga, no sólo su pensamiento, sino también el de sus oponentes, trasmitiéndonos así un completo y variado retrato intelectual de su época. Otro hecho destacable es que la escritura de Platón parece intentar ser un reflejo, lo más fiel posible, de los debates y discusiones orales, en los que el pensamiento parece estar gestándose a través de las aportaciones de los diferentes interlocutores. Es como si Platón hubiera pretendido trasladar al campo de la escritura la riqueza y frescura de un pensamiento vivo, aun cuando ya la letra escrita no tenga ese carácter inmediato y cercano de la palabra oral y de la voz que la transmite.
Por ello, la mayoría de sus obras están redactadas en forma de diálogos, en los que también intercala numerosos ejemplos y mitos para intentar hacer más sencilla y
didáctica la exposición de su obra. Y es que no podemos olvidar que Platón quería que su
pensamiento se comprendiera y divulgara, pues estaba firmemente convencido de que éste era el único modo de educar en la verdad al pueblo ateniense. Ahora bien, eso no quiere decir que no existan, también, en sus obras pasajes oscuros y complicados, sobre todo aquéllos en los que el propio Platón revisa sus ideas o en los que expone los temas más abstractos de su pensamiento.
El personaje central de ellos es Sócrates y, en torno a él, aparecen personajes
reconocibles de su tiempo: sofistas, filósofos, amigos y parientes de Platón, etc. Sólo en
los primeros diálogos se refleja fielmente el pensamiento que se supone que sostenía Sócrates. En los diálogos posteriores, aunque siga apareciendo la figura de Sócrates, en realidad el pensamiento que expone Sócrates en ellos no era otro que el del propio Platón.
Cada diálogo se centra en un tema de investigación, normalmente una virtud o una idea; pero en casi todos ellos aparecen los temas centrales de su filosofía: su concepción del hombre, de la sociedad, de la realidad, su teoría del conocimiento, etc. Entre diálogos y cartas nos han llegado 36 obras de Platón, que, tradicionalmente, se ordenan de acuerdo con la siguiente clasificación:
a) Diálogos de juventud (393-389)
En ellos es fiel a los temas y las doctrinas socráticas: disputas sobre conceptos éticos, virtud y conocimiento. Los más importantes son:
√√√√ Apología de Sócrates: Es una clara reivindicación de la figura humana y filosófica de su maestro, nos presenta el proceso de Sócrates centrándose en su discurso de defensa ante los tribunales que le condenan a muerte.
. Critón: es un diálogo en la cárcel dónde Sócrates defiende las leyes y justifica su decisión de no huir de la cárcel.
√√√√ Protágoras: trata sobre si la virtud es enseñable. b) Diálogos de transición (388-385)
En ellos comienza a elaborar sus doctrinas originales, predominan los problemas políticos (Sócrates enfrentado con los sofistas y la crítica de la democracia). Tras su primer viaje a Sicilia,
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aparece claramente la influencia de elementos órfico-pitagóricos como la idea de la inmortalidad del alma. Aparecen los primeros esbozos de la teoría de las Ideas. Los más importantes son:
√ Gorgias: crítica de la retórica y su papel en la decadencia de la democracia ateniense. Debate sobre la justicia. Incluye un mito sobre la inmortalidad del alma.
√ Menón: retoma el tema de la enseñanza de la virtud y presenta su teoría del conocer como "reminiscencia".
. Crátilo: debate sobre la significación de las palabras, se sirve de la dualidad sofista entre lo que es por naturaleza y lo que es convencional. Presenta algunos elementos de la teoría de las Ideas.
c) Diálogos de madurez (385-370)
Son los fundamentales pues presenta en ellos una concepción completa de su teoría de las Ideas, trasfondo para entender todos sus temas. Ofrece una teoría de la Polis ideal (la primera utopía). Expone los mitos más importantes y elaborados. Los más destacables son:
√ El Banquete: se exponen distintas concepciones del amor, entre ellas el amor platónico.
√√√√ Fedón: nos muestra a Sócrates en el momento en que aguarda la muerte y dialoga sobre la inmortalidad del alma y sobre la filosofía como actividad que sirve de preparación para la muerte.
√√√√ La República: presenta su concepción de la ciudad-estado ideal, la importancia de la educación y de la virtud. Se presentan todos los temas básicos de su filosofía.
√√√√ Fedro: vuelve a tratar los temas del amor, la inmortalidad del alma y la belleza. d) Diálogos críticos y época de vejez (369-362)
Su estilo se vuelve más seco y más difícil, se centra en problemas lógicos vinculados a su teoría de las Ideas. Aborda cuestiones de cosmología y de historia. Se manifiestan claramente las influencias pitagóricas.
√√√√ Parménides: es una exposición crítica de los temas que la teoría de las Ideas deja sin resolver plenamente, refleja los debates internos de la Academia (un anciano Parménides derrota dialécticamente a un joven Sócrates).
√√√√ Timeo: recoge la concepción cosmológica de Platón y las teorías de otros autores. Critias: presenta parte del mito de la Atlántida y una descripción de la antigua Atenas.
√√√√ Las Leyes: es su última obra, aborda cuestiones políticas, sobre la constitución de una ciudad, ya no ideal, sino la mejor dentro de lo posible. Su visión es marcadamente pesimista sobre el hombre y, por ello, la ciudad presentará una legislación autoritaria y en muchos aspectos tradicional: adquiere gran importancia la religión y la censura, refleja sus reiterados fracasos políticos en Siracusa.
3.
C
OORDENADAS DEL PENSAMIENTO DE PLATÓN.
Dos son las coordenadas básicas que nos permiten entender los intereses y objetivos del proyecto filosófico de Platón:
a) Su crítica al pensamiento de los sofistas. b) La evolución política de la Polis ateniense.
Para Platón, además, eran como las dos caras de una misma moneda y estaban, por ello, estrechamente vinculadas entre sí. Con respecto a la primera, su filosofía tiene como trasfondo la reacción y el enfrentamiento al convencionalismo y el relativismo de los sofistas. En efecto, Platón se opone tanto al escepticismo teórico (que niega la posibilidad
IES “Séneca” Departamento de Filosofía Página 7 del conocimiento verdadero), como al relativismo moral (que niega la existencia de criterios universales y permanentes para juzgar las acciones). Lo uno depende de lo otro, como ya vio Sócrates, al señalar que la virtud está en función del conocimiento. La retórica sofística juega con las apariencias de verdad y de bien, engaña. Y el engaño acaba cegando la verdad con el recurso al escepticismo. Pero, según Platón, la clave de este error se encuentra en tomar las equívocas y cambiantes sensaciones como criterio de conocimiento.
Pero la esencia del conocimiento, cuyo objeto son realidades permanentes y objetivas, es intelectual, no sensorial. Su instrumento es la razón y su medio de expresión son los
conceptos.
Para Platón, además, la retórica sofística no constituye ningún tipo de saber; al contrario, es apariencia de saber, cuyos únicos fines son puramente pragmáticos: por ejemplo, lograr lo que al sofista de turno le interesa o apetece ganándose a la masa mediante bellos y aduladores discursos. Así, en el Gorgias, Platón pone en boca de Sócrates la siguiente comparación: ante un auditorio infantil, un médico que pregonara las excelencias de sus amargas medicinas se moriría de hambre, mientras que un vendedor de golosinas alcanzaría un éxito rotundo, aunque las golosinas sólo halaguen al paladar pero perjudiquen a la vez a la salud. A la vista está que el sofista es como el vendedor de golosinas: vende ilusiones disfrazadas de verdad; podrá ser un experto en psicología de masas o, incluso, un hábil conocedor de los deseos e instintos humanos, pero nunca un sabio en el pleno sentido de la palabra.
Con respecto a la segunda coordenada, Platón no vive apenas la época de esplendor de la Atenas de Pericles (479-431 a. C.). Crece en el contexto de las guerras del
Peloponeso (hasta que tiene 23 años), que acabarán con el poder de la ciudad de Atenas y
que desestabilizarán su democracia de manera prácticamente irreversible. Es el tiempo de la segunda sofística, del gobierno de los Treinta Tiranos, del restablecimiento de una democracia vigilada, de duros enfrentamientos políticos, con las venganzas de unos y otros, etc.
Platón se consideró siempre a sí mismo un político y siempre tuvo en mente la intención de participar activamente en la vida política de Atenas. Sin embargo, la política ateniense se encontraba en un estado de tal precariedad que consideró inútil su ingreso en esta actividad. Pensaba que había que cambiar el clima y el sistema político de Atenas y de las demás ciudades griegas si, de veras, se pretendía hacer verdadera política. Ahora bien, ¿qué entiende Platón por verdadera política? Desde luego, nada parecido a la actividad de los sofistas y retóricos; la política no es, como ellos pensaban
un medio para conseguir sus intereses personales. La política es, para Platón, un arte
técnico; todo arte consiste en un conocimiento que está orientado a la consecución del bien de aquello hacia lo que se dirige. El ejemplo clásico que pone Platón es la medicina: la medicina es un arte orientado a conseguir el bien del enfermo y el buen médico es el que aplica sus conocimientos para curar enfermedades. Pues bien, con la política pasa igual: la política es un conocimiento que está orientado a la consecución del bien de la ciudad, por tanto el político es aquel que aplica sus conocimientos para
conseguir este bien, no para lograr sus propios objetivos.
Pero Platón ve imposible realizar una verdadera actividad política en Atenas por lo que decide abandonar su vocación política y dedicarse a la filosofía y a la educación. Pero no hay que tomar esta renuncia como una completa desvinculación de la política: Platón va a hacer lo mismo que habían hecho los sofistas años atrás; éstos habían
IES “Séneca” Departamento de Filosofía Página 8 enseñado retórica a los jóvenes atenienses mostrándoles que, a través de la adulación y la demagogia, podían conseguir lo que quisieran produciendo con ello una corrupción general de la vida política. Platón va a fundar la Academia, donde desarrollará una filosofía que combata el relativismo y el escepticismo y enseñar a la nueva juventud ateniense el valor de la verdad, de la bondad, de la justicia, como pilares firmes de la política. Platón pretende, en definitiva, instaurar un sistema político justo mediante
la educación de la juventud griega.
Una vez delimitado su verdadero objetivo político, la filosofía de Platón se despliega en dos frentes: Epistemología y Paideia.
· Epistemología (teoría del conocimiento).
Platón pretende fundar un saber firme y verdadero que no pueda derrumbarse ni relativizarse; que no puedan venir los sofistas y retóricos a ponerlo en cuestión socavando sus pilares. Los sofistas se habían empeñado en relativizar la verdad y el bien. El objetivo de Platón va ser lograr un conocimiento objetivo de lo que es bueno para la ciudad y para el hombre, no meramente un conjunto de opiniones. Frente a la consideración relativista de la sofística, que defendía la no-existencia de un bien y un mal absoluto, Platón busca un conocimiento absoluto que sirva de base para la
acción política. La idea es clara: si concebía la política como una técnica (un
conocimiento orientado a la consecución de un bien), debía fundar primero este conocimiento, un conocimiento del bien. El político debería ser el que conociese lo mejor para la ciudad y para el hombre, pues sólo así podría guiar a la sociedad. Toda la
filosofía de Platón puede entenderse como un intento de ofrecer realidades absolutas al conocimiento. Este intento se llama “teoría de las ideas”.
· Paideia (educación).
Por un lado epistemología, es decir, un conocimiento firme y seguro de las cosas para fundamentar la acción política. Pero, por otro lado, “educación”. Platón ve el efecto nefasto que sobre la vida de Atenas ha tenido el hecho de que hayan sido los sofistas quienes se encargaran de la educación; ahora él pretende hacer lo mismo pero con el signo contrario, pretende reformar al ciudadano. Si ellos enseñaron que nada es verdad de modo absoluto y que la virtud coincide con la fama, el poder y el dinero, Platón va a enseñar lo opuesto: que el bien, la verdad, la justicia, la belleza..., etc., no
dependen de las opiniones de los hombres, sino que son ideas completamente objetivas y que pueden aprenderse y enseñarse y que sólo el que se dedica al conocimiento de tales cuestiones puede hacerse virtuoso; pero no virtuoso en el
sentido sofista (alcanzar fama y dinero) sino en el sentido socrático: ser bueno, justo, valiente... bello. Los buenos gobernantes deberán dedicarse al estudio para poder llegar a conocer estas cosas y luego aplicarlas en el gobierno de la ciudad. Precisamente por esto, Platón funda la “Academia”. La Academia va a ser una verdadera escuela donde se formarán los políticos atenienses, desbancando a las enseñanzas “mercenarias” de los sofistas. Y va a ser, al tiempo, una escuela de virtud, donde los atenienses aprenderán a hacerse amantes de la belleza, de la verdad, de la justicia y del bien.
En definitiva, Platón concluyó, siguiendo a Sócrates, que la única forma de gobierno legítima es la que esté basada en el conocimiento de lo justo que aporta la verdadera filosofía. Por eso se dedicó a esta última postergando sus afanes políticos juveniles. Así, elaboró un modelo teórico en el que la organización de la sociedad estaba
IES “Séneca” Departamento de Filosofía Página 9 en función del conocimiento del bien por parte de sus posibles gobernantes. El propio Platón expresó, en la Carta Séptima, la necesidad de esta nueva forma de gobierno:
« De esta suerte yo, que al principio estaba lleno de entusiasmo por dedicarme a la política, al volver mi atención a la vida pública y verla arrastrada en todas direcciones por toda clase de corrientes, terminé por verme atacado de vértigo, y si bien no prescindí de reflexionar sobre la manera de poder introducir una mejora en ella, y en consecuencia en la totalidad del sistema político, sí dejé, sin embargo, de esperar sucesivas oportunidades de intervenir activamente; y terminé por adquirir el convencimiento con respecto a todos los Estados actuales de que están, sin excepción, mal gobernados; en efecto, lo referente a su legislación no tiene remedio sin una extraordinaria reforma, acompañada además de suerte para implantarla. Y me vi obligado a reconocer, en alabanza de la verdadera filosofía, que de ella depende el obtener una visión perfecta y total de lo que es justo, tanto en el terreno político como en el privado, y que no cesará en sus males el género humano hasta que los que son recta y verdaderamente filósofos ocupen los cargos públicos, o bien los que ejercen el poder en los Estados lleguen, por especial favor divino, a ser filósofos en el auténtico sentido de la palabra. »
Platón, Carta VII, 324b-326b
Esta carta expresa la preocupación y el itinerario político de Platón en el marco de los acontecimientos descritos anteriormente. Así, siendo aristócrata, no comparte el modo de gobernar que tuvieron los Treinta tiranos, pero, a la vez, es un férreo detractor de la democracia. Para Platón, tanto la tiranía como la democracia son fruto de las teorías de los sofistas. De ahí que su objetivo fuera el llevar a cabo una reforma política: fundamentar
la polis y sus instituciones en un orden de principios de carácter universal, que,
primero, hay que descubrir y, después, enseñar.
Pero lo que más influencia ha tenido en la historia occidental es, precisamente, la filosofía con la que intenta fundamentar ese régimen utópico. Platón desarrolla una teoría filosófica propia y original, la Teoría de las Ideas, por más que nunca la exponga en sus diálogos de manera completa e, incluso, la someta a crítica. No obstante, ella misma no puede entenderse cabalmente sino como un intento de responder a los problemas de su época, que, salvando las distancias, no son muy diferentes de los de hoy en día.
4.
LA METAFÍSICA Y LA ONTOLOGÍA PLATÓNICAS:
LA TEORÍA DE LAS IDEAS.
4.1. Introducción.
Platón afirma que la posibilidad de un conocimiento verdadero, apoyado en verdades absolutas, hace necesaria la existencia de realidades inmutables, ya que un conocimiento que tenga por objeto algo cambiante no es verdadero conocimiento. Así es como Platón plantea su Teoría de las Ideas, que constituirá la base sobre la que se asiente todo su proyecto filosófico, desde la física hasta la ética y la política pasando por la antropología y la teoría del conocimiento.
En las obras de Platón nunca aparece la Teoría de las Ideas expuesta y desarrollada de un modo completo como tal teoría. En los primeros diálogos analiza algunas Ideas como las de “belleza”, “valor”, “virtud”, etc., tratando de encontrar sus exactas definiciones. En los diálogos del periodo de madurez alude a las Ideas como teoría fundamental de la escuela platónica que se da por sabida. Y en sus obras de vejez encontramos exposiciones autocríticas de la misma.
IES “Séneca” Departamento de Filosofía Página 10 En definitiva, los escritos de Platón nos muestran cómo se planteó una serie de interrogantes sobre las Ideas que no quedan completamente resueltos, aunque, forman, sin embargo, el núcleo mismo de su teoría: entre otros, el mismo concepto de Idea, su naturaleza, de qué cosas puede haber Ideas, cómo se relacionan con las cosas y cómo se accede a su conocimiento.
En todo caso, parece que Platón siempre mantuvo la siguiente convicción acerca de las Ideas: tras la apariencia cambiante de las cosas hay una realidad absoluta (las Ideas), cuyo conocimiento es necesario para dar una base sólida a la moral y a la política, y escapar así del relativismo de los sofistas. Esta realidad la situará Platón en un “mundo”
de esencias eternas, invisibles y dotadas de un modo de existencia diferente al de las cosas concretas. Se trata de un mundo de valores y de “modelos ideales”, independientes de la opinión de los hombres, a los que llamará “Ideas” o “Formas”, que se descubren sólo por la razón y constituyen el objeto del verdadero conocimiento.
Así pues, la Teoría de las Ideas constituye, sin duda, el tema platónico fundamental, punto obligado de referencia para todos los demás temas. Pero; ¿qué intenciones tiene Platón al desarrollarla?, ¿qué función tiene?:
a) Función ética: superar el relativismo moral de los sofistas.
Platón, siguiendo a Sócrates, quiere fundar la virtud en el saber: intelectualismo moral. Para ser justo, por ejemplo, es preciso conocer qué es la justicia. Frente al relativismo moral de los sofistas, Platón - con Sócrates- reclama la existencia de un conjunto de valores eternos e inmutables que sirvan de guía para la acción ética - en el caso del ejemplo anterior sería establecer la existencia de una Idea eterna e inmutable de Justicia -. Este es el tema de los primeros diálogos aunque en ellos no se llegue a formular expresamente la teoría de las Ideas.
b) Función política: superar el convencionalismo de las leyes de los sofistas.
La búsqueda de estos valores absolutos no tiene un ámbito de aplicación exclusivamente individual sino que también tiene una dimensión política. Los gobernantes han de ser filósofos que se guíen, no por su ambición política, sino por ideales (las Ideas) transcendentes y absolutos. Aquí se ve lo unidas que van ética y política en Platón.
c) Función científica (gnoseológica): superar el escepticismo de los sofistas.
La ciencia (episteme) sólo se puede versar sobre objetos estables y permanentes. Si queremos hacer ciencia, esos objetos han de existir. Y como todos los objetos sensibles están sujetos a cambios permanentes, habrá que buscar otro tipo de objetos para la ciencia: las Ideas. Las definiciones que buscaba tenían un carácter absoluto e inmutable, de ahí que no se podían corresponder con los objetos sensibles, que son continuamente cambiantes.
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4.2. Antecedentes y concepción platónica de las Ideas.
PLATÓN: CONTEXTO FILOSÓFICO DE LA TEORÍA DE LAS IDEAS. IDEAS:
- Cada Idea es única y tiene todos los rasgos que Parménides le atribuyó al Ser. - Las Ideas son contempladas por el alma antes de su encarnación en el cuerpo: influencia clara de Pitágoras.
- El mundo de las Ideas es un cosmos ordenado y jerarquizado: influencia pitagórica.
- Cada Idea es el modelo arquetípico que nos sirve para unificar y denominar a las cosas múltiples, que son ejemplos o copias particulares de Ella: influencia de Sócrates en su empeño por definir con claridad los términos universales. - Importancia máxima de la Idea del Bien: influencia de Sócrates y de su preocupación por conocer adecuadamente los términos morales para poder actuar de acuerdo con ellos.
COSAS:
- Son de naturaleza material: Platón las concibe con los rasgos que les otorgaron los atomistas (múltiples, perecederas, etc.).
- Son móviles y cambiantes, tal y como las concebía Heráclito.
- No pueden constituir objeto de verdadero conocimiento (episteme), sino de percepciones particulares y subjetivas; son, pues, relativas al juicio de cada sujeto perceptor, al modo de las tesis sobre el conocimiento de los sofistas.
La ontología es aquella parte de la filosofía que se ocupa del estudio de la realidad. Trata de responder a la cuestión ¿qué es lo real? La pregunta no es en absoluto sencilla o evidente. Platón sabía, porque en su juventud había estudiado con el heracliteo Crátilo, que
aquello que llamamos real está en constante cambio (“panta rei”); lo que llamamos
"real", aquello que percibimos por medio de los sentidos hoy es y mañana no existe, carece de estabilidad y se transforma constantemente en algo diferente. Consecuentemente, los sofistas afirmaron que la realidad no podía ser conocida y que por lo tanto es lo mismo SER que PARECER, lo que les llevó al relativismo y al escepticismo.
Platón no puede de ninguna manera aceptar el diagnóstico de los sofistas, pero entonces debía encontrar una base firme, una realidad estable sobre la que asentar un conocimiento verdadero. Encontró la clave en sus viajes a Italia, donde tuvo contactos con los pitagóricos. Aprendió con los pitagóricos que hay ciertos objetos que no cambian, que siempre permanecen invariables y son fuente de un conocimiento riguroso y seguro: las matemáticas, las relaciones proporcionales entre las cosas; da igual el lugar, el momento, quien lo diga, etc., la relación entre los lados de un triángulo rectángulo es siempre h2 = a2 + b2.
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Los objetos matemáticos de los pitagóricos tienen tres características:
1. Son inmutables y eternos: una relación matemática o un teorema no cambia nunca, es
absolutamente estable y eterno, luego puede ser base para un conocimiento firme y verdadero.
2. Son universales: las relaciones matemáticas son válidas en cualquier parte del universo,
no cambian de un lugar a otro o de una persona a otra.
3. Son inmateriales: los números y las relaciones matemáticas no están hechas de ninguna
materia, no pueden verse ni tocarse, únicamente se pueden captar con el pensamiento; deben ser, por tanto, un tipo de realidad muy cercano a los pensamientos. Y puesto que no son materiales, no están sometidos a la corrupción de todo lo material.
El conocimiento de las matemáticas de los pitagóricos le dio la clave a Platón para suponer que existían realidades absolutas e invariables y que éstas debían tener la misma naturaleza que los números, ser de naturaleza intelectual. Si 2 + 3 = 5 es un pensamiento absolutamente verdadero y es invariable ¿por qué no suponer que ocurre lo mismo con la “justicia” o con el “bien”: que también podamos decir “la justicia es igual a....” sin tener por qué ser una mera opinión subjetiva, sino un pensamiento verdaderamente objetivo? Igual que hay entidades, como los números, que son absolutamente objetivos e inmateriales, puede ocurrir algo similar con otro tipo de objetos.
Platón inventa una palabra, que hoy nos resulta absolutamente cotidiana, para referirse a un tipo de cosas inmateriales, inmutables eternas, etc. (las características del Ser de Parménides) que parecen responder a la pregunta socrática por la Virtud, la Justicia, el Bien, etc. Tales cosas son ideas o eidos (formas). Platón cree haber encontrado la respuesta a las preguntas de su maestro: la Fortaleza, la Verdad, la Belleza, el Bien... son
IDEAS.
El problema es determinar ¿qué tipo de existencia tienen las ideas de las que
habla Platón? Podríamos pensar que únicamente tienen una existencia mental: la justicia,
el bien, la belleza, es algo que sólo existe en la mente de los hombres, por lo que podríamos hablar de relativismo: no es la misma idea de belleza la que tiene un hombre que la que tiene otro; y si esto fuera así la justicia o la belleza dejarían de existir en el momento que desapareciese la especie humana. Sin embargo, es seguro que, aunque no hubiese ningún hombre, seguiría cumpliéndose el teorema de Pitágoras y 5 + 2 = 7 seguiría siendo verdad. Además, si estos objetos fueran una creación de nuestra mente, podríamos manipularlos a nuestro antojo, pero esto no ocurre: no podemos imaginar un triángulo en el que la suma de los ángulos no sumen 180º. Lo mismo debería ocurrir, por tanto, con ideas como la belleza, la justicia o el bien, deben tener algún tipo de objetividad. Quizás por esta razón la empresa socrática había fracasado: porque Sócrates buscaba la definición de lo que suponía que eran conceptos mentales.
Por esta razón Platón supone que las ideas no son meras representaciones
mentales, sino que existen de manera objetiva independientemente de nuestro pensamiento; hay una idea objetiva y realmente existente de “verdad” pero otras tantas
para la “virtud”, la “justicia”, el “bien”, la “amistad”, de tal forma que no dependen de la opinión subjetiva de cada hombre. Cada hombre puede tener su opinión particular acerca de lo que es la belleza o la justicia; se pueden tener distintas opiniones, cambiar la opinión de un país a otro, de un hombre a otro, pero esto no significa que no pueda haber verdadero conocimiento y que todo sea, al fin y al cabo, cuestión de opiniones, como suponían los
IES “Séneca” Departamento de Filosofía Página 13 sofistas. La justicia en sí es independiente de lo que opinemos sobre ella. Y nuestra opinión acerca de la justicia será equivocada si no expresa lo que la justicia es en sí misma.
Las ideas son seres, en el pleno sentido de la palabra. Son, como hemos visto, inmutables, eternas, universales e inmateriales. Sólo hay una idea de “justicia” y sólo hay una idea de “árbol” si bien, todas las acciones justas así como todos los árboles de la naturaleza no son sino una copia o representación sensible de estas ideas eternas e inmutables. Ahora bien, no cualquier concepto mental, por el hecho de serlo, es también una idea existente de manera separada; para Platón, las ideas son formas únicas de algo
múltiple. Hoy tenderíamos a usar un concepto propio de las matemáticas para explicar
esto: las ideas son clases: Por ejemplo, consideremos la clase de los árboles, en dicha clase están incluidos todos los árboles particulares que nos podamos encontrar, pero la clase no se identifica sin más con ningún ejemplar en concreto. Con las ideas ocurre lo mismo: la idea de belleza se relaciona (aún no sabemos cómo) con todos los objetos bellos que podamos contemplar, pero no se identifica con ninguno de ellos. En términos más generales y utilizando el lenguaje filosófico propio de la época: las ideas son universales,
no particulares (lo particular es un ejemplar concreto "este hombre" "aquel caballo"...).
Como tienen una naturaleza inteligible, sólo pueden ser alcanzadas con el intelecto o razón y no con los sentidos, podemos concluir afirmando que las ideas o formas son
universales inteligibles.
En definitiva, los rasgos esenciales de las Ideas son los siguientes:
- las Ideas son objetivas, reales, y no meros conceptos mentales o modos de pensar la realidad.
- las Ideas tienen una existencia separada de las cosas sensibles. - las Ideas son los modelos perfectos de los objetos del mundo físico
4.3. Dualismo metafísico y dualismo ontológico: mundo inteligible y mundo sensible.
La primera formulación de la Teoría de las Ideas es desarrollada por Platón en los diálogos de la etapa de madurez, en el Fedón y en La República, fundamentalmente. Ahí encontramos los aspectos más característicos y originales de la filosofía de Platón, sobre todo la afirmación de que la realidad está dividida en dos ámbitos completamente diferentes. De hecho, Platón, a través de su Teoría de las Ideas, intenta responder las siguientes preguntas:
a) ¿Qué es la realidad? (Metafísica)
b) ¿Qué elementos la componen?, ¿Qué características tienen éstos? (Ontología)
La solución propuesta por Platón puede ser denominada como “dualismo
metafísico”, ya que distingue en la realidad entre el mundo sensible y el mundo inteligible. Pero esta forma dual de entender la realidad genera, a su vez, un dualismo ontológico. Según de qué tipo de realidad estemos hablando, los elementos que la
constituyen serán las Ideas (cuando hacemos referencia al mundo inteligible) y las cosas (cuando hacemos referencia al mundo sensible).
IES “Séneca” Departamento de Filosofía Página 14 ¿Qué es la realidad? ¿Qué elementos la componen?, ¿Qué
características tienen éstos?
Metafísica (Dualismo metafísico) Ontología (Dualismo ontológico)
Mundo Sensible Cosas
Mundo Inteligible Ideas
Así pues existen Ideas, Pero Platón no quería llegar tan lejos como los eléatas cuando afirmaban que el mundo que captamos por medio de los sentidos es una ensoñación, una presunta realidad absurda e irracional (pues consiste en afirmar a la vez el Ser y el No-Ser). Al fin y al cabo la filosofía ha de servir para explicar el mundo, no para negarlo. Por esta razón, Platón deduce que la realidad tiene que estar dividida en dos mundos (dualismo metafísico): uno que se correspondería con la naturaleza vista a través de los ojos de Heráclito, el mundo sensible y material; y otro que se correspondería con el mundo tal y como lo entendían los pitagóricos y Parménides, el mundo de las ideas o
mundo inteligible.
Toda la filosofía de Platón se fundamenta en esta tesis, en el descubrimiento de
que el ser tiene dos planos: lo sensible y lo inteligible, lo material y lo ideal, lo cambiante y lo permanente, las ideas y las cosas. Los filósofos anteriores a él
consideran que la realidad tiene un solo plano y a lo que no pueden explicar lo tachan de
apariencia (como ocurre con Parménides y el cambio), Platón divide la realidad en dos,
pudiendo hablar, por un lado, de cambio y movimiento (mundo sensible) y, por otro lado, de eternidad (mundo inteligible). Por ello la ontología platónica defiende un dualismo
ontológico.
Con esta teoría Platón soluciona el problema del movimiento que tanto preocupaba a los filósofos griegos: el mundo que vemos y experimentamos a través de nuestros sentidos es puro cambio, tal como suponía Heráclito; este mundo, por ser devenir constante, no puede ser fruto de ningún conocimiento fiable. Al mismo tiempo, existe un nivel de la realidad que es eterno, estático e inmutable: el mundo de las ideas. El conocimiento de este plano sí que suministraría un saber firme y seguro, tal y como requiere Platón.
En cuanto a qué tipos de Ideas puede haber, Platón comenzó admitiendo la existencia de las ideas estéticas y morales, es decir, las Ideas de Belleza, Bondad, Justicia, Valor, etc., que estaban más próximas al propósito de Sócrates de alcanzar un conocimiento ético universal. Pero la extensión de este criterio condujo a Platón a pensar que, detrás de cada propiedad o concepto que defina a una clase de objetos del mundo físico, hay una Idea que es su causa. Por ello, admitió también la existencia de Ideas que se corresponden con conceptos matemáticos, como las de Igualdad, Unidad, Pluralidad, etc. Sin embargo, Platón dudó a la hora de admitir como Ideas las que se corresponden con las formas de los objetos físicos o naturales, como las de agua, fuego, hombre, etc.
Así pues, si las Ideas son únicas, eternas e incorruptibles, por el contrario, las
cosas son múltiples, están sometidas a un flujo de cambios permanentes; poseen Imita
IES “Séneca” Departamento de Filosofía Página 15
menos realidad, no podemos decir que "son" (recordar a Heráclito: son y no son, están
en continuo cambio), sino únicamente que "han sido" o "serán"; son captables por los
sentidos, pero no son propiamente inteligibles (justamente, por su movilidad permanente).
Así pues, el dualismo ontológico establecido por Platón le lleva a un claro dualismo metafísico: el mundo ideal tiene las características de unidad, realidad,
permanencia y esencia frente al mundo sensible, que posee los otros pares de conceptos
opuestos: pluralidad, apariencia y cambio. Su apuesta metafísica queda claramente especificada:
- El Mundo inteligible y plenamente real es el de las Ideas: lo que realmente es, las esencias. Lo describe como: "lo divino, imperecedero, inteligible, cuya forma es una, indisoluble e idéntico siempre y de la misma manera consigo mismo”.
- El Mundo sensible de las cosas es el ámbito de lo que no es realmente, de las apariencias. Lo describe como: "lo mortal, ininteligible - sensible -, de formas múltiples, sometido a disolución y nunca idéntico a sí mismo".
4.4. Las Ideas: una realidad jerarquizada.
Platón establece, como hemos visto, que la realidad se divide en dos planos: lo material y lo ideal. Ahora bien, esto no significa que estos dos planos estén al mismo nivel. Evidentemente, el filósofo ateniense considera que las ideas son mucho más reales que las cosas. Y esto es así porque el fundamento de las cosas no está en ellas mismas, es decir, no son lo que son por sí mismas sino que encuentran su existencia anclada en las ideas. Y esto se da en dos planos, en el ontológico y en el epistemológico:
a) Plano ontológico. Las ideas son las causas de las cosas. Como hemos dicho, las
cosas son lo que son únicamente en referencia a las ideas. Por ejemplo, un objeto material, una rueda, no es lo que es por su material o por su individualidad sino porque posee las características de la Idea "rueda"; Si pensamos cuáles son las características de esta idea (ser circular, por ejemplo) vemos que todas las ruedas lo son por poseer esta característica y no podría ser que una rueda fuera, por ejemplo, cuadrada. Del mismo modo una cosa es bella porque posee las características de la idea de Belleza, participa de esta idea, podríamos decir. Si las ideas son independientes de las cosas sensibles esto no sucede a la inversa, del mismo modo que una copia depende del original pero no a la inversa.
b) Plano epistemológico: También, las ideas son el fundamento de todos los
juicios que hacemos sobre las cosas sensibles. Por ejemplo, cuando afirmamos que una ley es justa, en realidad lo que estamos afirmando es que esta ley concreta posee las cualidades de la idea de justicia. Utilizamos la idea de Justicia para poder predicar algo general, la justicia, de un caso particular, esta ley. En realidad, afirmar algo sobre algo es siempre estar refiriéndonos a las ideas, no a las cosas, por eso el fundamento de nuestro conocimiento y de nuestras afirmaciones son siempre las ideas, no las cosas. Si decimos que tal criminal despiadado no es "humano", por ejemplo, queremos dar a entender que ese individuo concreto no cumple con los rasgos generales de una idea, la Idea de hombre.
Pero esta jerarquía no se da únicamente entre el mundo material y el mundo ideal; Platón en los diálogos de madurez (fundamentalmente en La República), insiste en que
también en el mundo de las ideas existe una jerarquía; las ideas se relacionan unas con
IES “Séneca” Departamento de Filosofía Página 16 están subordinadas a otras y en la cúspide de esta jerarquía se encontraría la idea de
BIEN.
¿Qué entiende Platón por “Bien”? Esta es posiblemente una de las preguntas acerca de la filosofía de Platón más difíciles de contestar ya que el mismo Platón no dejó demasiadas pistas al respecto; Pensaba que era una Idea tan elevada y tan difícil de conocer que requiere años de dedicación a la filosofía y, aún así, no todos sino sólo los individuos más excelentes pueden alcanzar su conocimiento.
La idea de Bien es el principio rector de todas las cosas; lo que es, lo es en base
a su bien y, si carece de él, deja de ser. Podemos considerar que la Idea de Bien es principio rector de todo en un triple sentido:
a) Fundamento ontológico. Sin el Bien no existiría nada, el resto de Ideas y, por tanto, también el Mundo Sensible, deben su realidad a la Idea de Bien. En la “República”, Platón compara al Bien con el Sol: de igual modo que todo cuanto existe en el Mundo Sensible debe su existencia al Sol, de tal modo que si este dejara de existir todo lo demás desaparecería, la Idea de Bien es la soberana en el Mundo Inteligible y el resto de las Ideas (y también todo el Mundo Sensible, que no es más que una copia de las Ideas) deben su existencia a la Idea de Bien.
b) Fundamento epistemológico. La Idea de Bien “ilumina” el Mundo Inteligible y hace posible el conocimiento, de la misma manera que el sol ilumina los objetos sensibles y posibilita su conocimiento. Con esto Platón quiere destacar que el conocimiento es "conocimiento del bien". Un médico que conoce la ciencia médica, tiene conocimientos sobre el bien del cuerpo, del mismo modo que un arquitecto de puentes sabe cuál es el puente bueno. Quien no conoce el bien de estas cosas, sencillamente, o no es médico o no es arquitecto. En Platón el conocimiento siempre coincide con el conocimiento del bien de algo. La filosofía, como ciencia más elevada, sería el saber sobre el bien en un sentido general.
c) Fundamento ético y político. Afirma Platón en el libro VII de La República que: ”...tiene por fuerza que verla (la Idea de Bien) quien quiera proceder sabiamente en
su vida privada o pública”. Que el bien sea fundamento ético y político es algo más fácil
de explicar: la ética se ocupa de reflexionar acerca de cuál es la "buena vida" y la política discute acerca de cuál es la "buena ciudad". Por tanto, aquel que quiera tener una buena vida o dirigir hacia el bien a su ciudad tiene, por fuerza, que conocer la Idea de Bien. Es por esto que el bien debe ser fundamento de la ética y la política.
En La República, por debajo de la Idea de Bien estarían el resto de ideas morales:
Belleza, Justicia, Virtud, Valor, etc. A continuación, las Ideas que determinan las
relaciones entre los seres: Igualdad- Diferencia, Grande- Pequeño, etc. Después, las Ideas de los números, la Unidad, la Dualidad... y las figuras geométricas, la
Triangularidad, la Circularidad...; las Ideas de las cosas naturales, Caballo, Hombre....
y, finalmente, las Ideas de cosas fabricadas, Mesa, Casa....
En los diálogos de vejez, Platón se interesa por las relaciones entre ideas. Si consideramos una de las ideas del mundo de las ideas, por ejemplo, la idea de caballo, vemos que esta idea está relacionada con otras tantas: se relaciona don la idea de animal,
cuerpo, mamífero, herbívoro. De hecho, la idea de Animal incluiría la de mamífero y ésta,
a su vez, la de herbívoro, que incluye por último la de caballo. Así, Platón, en El Sofista, sostiene que existe una red de relaciones entre ideas que denomina “simploké”, de tal
IES “Séneca” Departamento de Filosofía Página 17 forma que algunas ideas están relacionadas con otras. No puede ser que todas las ideas estén relacionadas entre sí, pues ello nos conduciría a un monismo como el de los eléatas que Platón rechaza. Por otro lado, tampoco puede ocurrir que las ideas no estén relacionadas en modo alguno, pues entonces el conocimiento sería imposible. Así pues, existe una simploké, una red de relaciones entre ideas de carácter objetivo que el filósofo aspira a conocer. En el fondo este es el único conocimiento verdadero.
4.5. Relaciones entre los dos mundos: las doctrinas de la participación y la imitación.
Otro de los problemas fundamentales de la Teoría de las Ideas platónica es la forma en que estos dos mundos se relacionan. Evidentemente, tiene que existir algún tipo de relación: un caballo particular se relaciona de alguna manera con la Idea de Caballo y una acción es justa porque está impregnada de alguna forma de la Idea de Justicia. ¿De qué forma la Idea de Justicia está presente en las acciones justas o la Idea de Caballo en los caballos particulares? Platón no lo deja muy claro, únicamente emplea una serie de metáforas para señalar que la relación tiene lugar. Será este un problema que progresivamente le irá preocupando cada vez más, hasta hacer que, en los diálogos de vejez, fundamentalmente en el “Parménides”, el mismo Platón ponga en tela de juicio la Teoría de las Ideas, puesto que los problemas de relación entre los dos mundos no han sido resueltos de forma satisfactoria.
Platón utiliza dos conceptos para señalar de qué forma se relacionan las cosas del mundo sensible y las cosas del mundo material: la participación (methesis) y la
imitación (mimesis).
a) Participación: es la relación que se establece entre los seres sensibles (las cosas del mundo material) y las ideas (los seres del mundo inmaterial). Con este concepto Platón quiere dar a entender que existe esta relación, que las acciones son justas porque participan de la idea de justicia o que un caballo lo es porque participa de la idea de caballo. Sin embargo, el concepto de participación acarrea problemas que el mismo Platón reconoce y aborda en su diálogo “Parménides”. En primer lugar, no puede ocurrir que esta participación sea física, es decir, la idea de “caballo” no puede estar dentro del “caballo” a modo de esencia ya que hay múltiples caballos pero sólo hay una idea de caballo. Tampoco puede estar una pequeña parte de ella, ya que las ideas son indivisibles. Tampoco puede ser un elemento material del caballo ya que cuando muere el caballo particular, la idea moriría con él, lo que no ocurre puesto que las ideas son eternas. Así pues, la participación hay que entenderla como una metáfora para señalar que las ideas y las cosas sensibles se relacionan; de la misma forma que los objetos visibles participan de la luz solar sin que esta pierda su unidad.
b) Imitación: El otro concepto que Platón utilizó para señalar la relación entre las cosas y las ideas es el de imitación. Las cosas son, por así decirlo, una imitación imperfecta de las ideas. Se relacionan de la misma forma que se relacionan las copias con relación al modelo u original. Tomemos como ejemplo un retrato que diversos pintores hacen de una persona: los retratos no son esa persona, sino una copia en un lienzo de ésta. Cada retrato se relaciona con el modelo de la forma “copia-original”. Los cuadros son menos perfectos que el original en el sentido que sólo son una imitación de la verdadera realidad del modelo (solo son el reflejo de algunas características del original). El problema de esta forma de concebir la relación ideas-cosas es que entonces todas las cosas bajas y corruptas
IES “Séneca” Departamento de Filosofía Página 18 de este mundo (lodo, uñas, pelo...) deberían tener su correspondiente idea, lo que niega Platón pues supondría introducir la imperfección en el mundo inteligible.
No obstante, en ambos tipos de relaciones encontró Platón serias dificultades para inclinarse definitivamente por una de ellas: en primer lugar, si las cosas “participan” de las Ideas, la Idea estaría, en cierto modo, en las cosas que participan de ella y, por tanto, separada de sí misma; si, por el contrario, las cosas “imitan” a las Ideas, éstas son los modelos que copian las cosas, pero explicar adecuadamente tal proceso de imitación le planteó problemas a Platón.
De todas formas, el Platón que escribe “la República” todavía no se había planteado a si mismo estos problemas y considera que la noción de imitación es satisfactoria y puede explicar el tipo de relación que existe entre Mundo Sensible y Mundo Inteligible.
En todo caso, de lo que no dudó nunca Platón es de la superioridad de las Ideas sobre las cosas, ya que entre ambas hay dos modos claros de dependencia:
- dependencia ontológica: las Ideas explican el ser de las cosas sensibles. Las Ideas son la
causa de las cosas, éstas son en la medida que "intentan imitar" a las Ideas y participan de ellas. Por ejemplo, una cosa es bella porque imita o participa de la Idea de Belleza.
- dependencia gnoseológica: las Ideas posibilitan nuestros juicios (conocimiento) de las
cosas sensibles, son el fundamento de todos los juicios que formulamos sobre las cosas. Por ejemplo, ante una cosa decimos y sabemos que es bella, en la medida que tenemos o no conocimiento exacto de la Idea de Belleza. Hay que observar que, de manera recíproca, las cosas particulares son parecidas a las Ideas y, por lo tanto, nos las recuerdan.
4.6. Exposición alegórica de la Teoría de las Ideas: el mito de la caverna.
El “mito de la caverna” constituye uno de los pasajes más conocidos y emblemáticos de la obra de Platón. En él, de forma alegórica, está casi contenida toda la propuesta filosófica de Platón, sobre todo, su concepción de la naturaleza humana, del conocimiento y de la realidad. El mito destaca la importancia de la educación para dirigir adecuadamente la vida humana y el papel del filósofo como guía de este camino hacia la justicia que concluye en el bien. Platón recurrió a expresar de modo metafórico su pensamiento porque era consciente de la mayor capacidad de evocación que tienen las imágenes frente a los conceptos abstractos, y por su afán de que se divulgara y entendiera su proyecto filosófico.
Las primeras líneas del mito advierten de que el relato está relacionado con la naturaleza humana y con la importancia de la educación en este proceso de la vida humana hacia su destino: el conocimiento, la felicidad y la perfección. El se humano se encuentra entre el “mundo de abajo” y el “mundo de arriba”: su cuerpo pertenece al mundo físico, imperfecto, cambiante, perecedero; mientras que su alma pertenece al “mundo inteligible”, perfecto e inmutable. Por eso el mito presenta al ser humano encadenado en el interior de la caverna, confundido en un “mundo de apariencias, de sombras”, que su propia ignorancia interpreta como la auténtica realidad.
Sin embargo, aunque “esclavo” de un cuerpo que le desvía de su auténtica naturaleza y de su destino, tiene como vocación salir de la caverna hacia la luz y conocer el “verdadero mundo real”, liberarse, en suma, de las “cadenas” de los prejuicios y la
IES “Séneca” Departamento de Filosofía Página 19 ignorancia. En esto consiste la felicidad humana, en vivir conforme a lo real, a lo perfecto y racional.
Para conseguirlo, el alma humana tiene una facultad natural, la inteligencia, que le permite “ascender” en el camino del conocimiento; aunque el “camino” que lleva a la “luz”, a la auténtica realidad, a la liberación, es tortuoso. En primer lugar, porque, aunque el alma humana aspire a lo inteligible, el cuerpo se siente atraído por lo sensible y no puede por sí solo ascender. En segundo lugar, porque es difícil dudar de las seguridades de nuestras costumbres y creencias, de nuestros prejuicios, que son “cadenas” que nos impiden “mirar con los ojos de la inteligencia”.
El relato de la caverna presenta diferentes momentos que van marcando la secuencia de este proceso de liberación que Platón llamó “dialéctica”: es un recorrido por diferentes fases del conocimiento que nos van situando ante los diferentes grados de perfección de la realidad. Así, partiendo de las sombras de los objetos, encontramos al final del camino la verdadera realidad y la Idea del Bien, que, como el Sol, ilumina todo el conocimiento intelectual.
El ser humano no se encuentra solo en este viaje. Al filósofo, que ha conseguido “salir de la caverna” y contemplar la luz, la auténtica realidad, como Sócrates, corresponde regresar a la caverna y ayudar a otros en el difícil ascenso hacia el exterior de la caverna. Sin embargo, el papel del filósofo es arriesgado: las cadenas de los prejuicios son fuertes e invisibles, y mantienen al ser humano en la comodidad de las costumbres, de lo ya conocido o vivido, incompatible con la verdad. El filósofo es una figura molesta para los ignorantes; por eso, como le ocurrió a Sócrates, es incomprendido e, incluso, maltratado.
Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños, con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza. Más arriba y más lejos se halla la luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros hay un camino más alto, junto al cual imagínate un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.
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-Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de utensilios y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre los que pasan unos hablan y otros callan.
-Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.
-Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los otros, otra cosa que las sombras proyectadas por el fuego en la parte de la caverna que tienen frente a sí?
-Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.
-¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro lado del tabique?
-Indudablemente.
-Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos que pasan y que ellos ven?
-Necesariamente.
-Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a si,y alguno de los que pasan del otro lado del tabique hablara, ¿no piensas que creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?
-¡Por Zeus que sí!.
-¿Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos artificiales transportados?
-Es de toda necesidad.
-Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos fuera liberado y forzado a levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando a la luz y, al hacer todo esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes. ¿Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran fruslerías y que ahora, en cambio, está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique y se le obligara a contestar preguntas sobre lo que son, ¿no piensas que se sentirá en dificultades y que considerará que las cosas que antes veía eran más verdaderas que las que se le muestran ahora?
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-Mucho más verdaderas.
-Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no le dolerían los ojos y trataría de eludirla, volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más claras que las que se le muestran?
-Así es.
-Y si a la fuerza se lo arrastrara por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de llegar hasta la luz del sol, ¿no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían ver uno solo de los objetos que ahora decimos que son los verdaderos?.
-Por cierto, al menos inmediatamente.
-Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación contemplaría de noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más fácilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.
-Sin duda.
-Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que le son extraños, sino contemplarlo cómo es en sí y por sí, en su propio ámbito.
-Necesariamente.
-Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos habían visto.
-Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.
-Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?
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-Por cierto.
-Respecto de los honores y los elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso y que envidiaría a los más honrados y poderosos entre aquéllos? ¿O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero, y «preferiría ser un labrador que fuera siervo de un hombre pobre» o soportar cualquier otra cosa, antes que volver a su anterior modo de opinar y a aquella vida?
-Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida. -Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?
-Sin duda.
-Y si tuviera que discriminar de nuevo aquellas sombras, en ardua competencia con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿no se expondría al ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasta lo alto, se había estropeado los ojos, y que ni siquiera valdría la pena intentar marchar hacia arriba? Y si intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos y matarlo?
-Seguramente.
-Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta alegoría a lo que anteriormente ha sido dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz del fuego que hay en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto; en todo caso, lo que a mí me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público. Platón, La república, libro VII, 514a-517c