CASO DE ESTUDIO Joyce Davidson
La maestra de inglés de una escuela secundaria no está haciendo muchos progresos con una clase que tiene problemas de aprendizaje; por lo demás, está interesada, en forma particular, en una estudiante sumamente tímida.
Joyce Davidson miró la carpeta de papeles en la mesa que estaba frente a ella y luego examinó el vestíbulo del estudio en el que se encontraba. Los estudiantes estaban trabajando. Joyce sabía que debía concentrarse en clasificar los papeles que había traído; el próximo periodo era su noveno en la clase de inglés terapéutico, y ella a menudo usaba este vestíbulo del estudio sólo para reagrupar su mente y tratar de encontrar las reservas de energía que necesitaría para manejar la clase. “Esto no fue como el problema del año pasado”, pensó Joyce tristemente. “Quizá la falta de participación de Beth me inspiró”.
Eso fue en el segundo año de enseñanza de Joyce en la sección de inglés en la escuela secundaria de Littleton. Joyce disfrutó su trabajo en parte porque ella era exigente consigo misma, pero su desempeño en la clase, en particular en el noveno y décimo grados, era un desafío especial. La clase era complicada, bulliciosa y difícil de controlar, exceptuando una muchacha un poco tranquila. Beth Martin había estado en la misma clase con Joyce el año pasado, con otros seis estudiantes, pero este año la niña parecía aislarse cada vez más y se mostraba muy indiferente.
La misma Joyce parecía indiferente, pero la niña le causaba preocupación.
“Bueno, en primer lugar, pensó Joyce, el año pasado tuve esta clase en la primera hora. El noveno grado es el peor de todos.” No era tanto que Beth estuviera cansada al final del día; era que el resto de la clase era más ruidosa e intimidante. “Y a las 7:45 de la mañana, ellos seguramente se habrán levantado con dificultad”, pensó Joyce sonriendo.
Beth era una muchacha rubia de baja estatura, de 16 años, caminaba despacio y era tímida; entraba al salón todas las tardes sosteniendo firmemente contra su
pecho sus libros, siempre como si fuera el primer día de clases. Todos los estudiantes en la clase de Joyce estaban leyendo por debajo de su nivel, pero Beth parecía tener aún más dificultades. La mayoría de la clase mostraba más problemas de conducta que problemas académicos. El reporte de Beth informó de un ligero retraso en el discurso, Beth casi nunca hablaba en la clase de Joyce. Beth no pensaba de manera independiente, y trabajaba mejor con láminas o con material repetitivo. Su nivel de lectura era aproximadamente de 4.5, y su escritura estaba al mismo nivel.
Joyce pensó que Beth era inmadura y esto contribuía a su aislamiento. Beth parecía estar sobreprotegida por sus padres. Joyce se imaginaba que la madre de Beth recogía a ésta en la parada del autobús, para ir a casa, luego comían un bocado y veían dibujos animados, todo lo cual impedía que Beth pudiera enfrentar los desafíos que implicaban para una chica de 16 años interactuar en una clase llena de dificultades y adolescentes traviesos.
El año pasado, Joyce se había preguntado si la asignación a una clase de educación especial podría servir a Beth mejor que la terapia en la que estaba. Ella había investigado sobre la colocación de Beth y supo que había sido evaluada a mediados del ciclo escolar; los resultados de la prueba indicaron que no requería de los servicios especiales. Joyce estaba de acuerdo al principio con el concepto de instrucción regular en el aula cada vez que fuera posible, y había jurado que Beth tendría una clase productiva.
Había cuatro niveles de clases en la mayoría de los asuntos académicos de la secundaria Littleton, la cual no intentaba administrar las investigaciones de la novena clase terapéutica de inglés con problemas de aprendizaje que atendía Joyce.
La mayoría de los estudiantes con problemas de aprendizaje estaban todo el día en clases, excepto arte, música y gimnasia, las cuales no estaban agrupadas por habilidades. La clase de Joyce era este año más grande que otras; el año pasado Joyce había tenido sólo 10 estudiantes con problemas de aprendizaje en la clase de inglés. Sabía que eso había sido un lujo realmente, de hecho, ella tuvo suerte en tener sólo 13 estudiantes este año. La clase se componía de 11 muchachos y dos
muchachas; una de ellas era muy extravagante y agresiva. Ángela era peruana y tenía 17 años, era una de las estudiantes más grandes de la clase. Ella había confiado a Joyce que cuando llegó por primera vez a Estados Unidos, hacía cuatro años, había sido tan callada y tímida como Beth; Joyce pensó que eso era absurdo pues Ángela era todo lo contrario de Beth.
Los muchachos de la clase eran una mezcla atractiva de personalidades:
entusiastas, amigables, ruidosos y, ocasionalmente, hiperactivos. Había otro estudiante tímido en la clase, pero era muy diferente de Beth. Rao era un indio oriental, siempre estaba intelectualmente alerta y muy consciente; su asignación a la clase de Joyce era porque se le dificultaba el inglés como segundo idioma. El aislamiento de Rao se debía probablemente a su temor de ser arrastrado a la mala conducta de sus compañeros; el aislamiento de Beth parecía ser resultado de su indiferencia.
Littleton High School
Clase: Décima-calidad inglés Maestro: Joyce Davidson Periodo: Noveno
Nombre
Final del grado
matriz de calidad * Lectura total +
Comprensión de lectura
Vocabulario
Antiero, Ángela 33 4 6.7 6.9
Ayagari, Mahon-Rao 55 6 7.9 8.1
Booth, David 31 4 6.4 5.5
Bowen, Harold 9 2 5.0 5.1
Díaz, Ernesto 18 3 5.8 5.0
Espitia, Luis 49 5 7.7 7.8
Fernández, Carlos 8 1 4.9 4.9
Lawson, Jesse 28 3 6.0 6.1
Martin, Elizabeth 5 1 4.4 4.6
Maxwell, Leon 30 2 5.1 5.2
Sánchez, Pedro 10 2 5.4 5.8
Washington, Tyrone 35 4 6.0 6.4
Wilson, Anton 11 2 5.5 5.6
* Las cuentas de Prueba de Logro metropolitanas, informan en porcentajes.
+ Stanine anota: 1 = bajo, 5 = el promedio, 9 = alto.
* Las cuentas calidad-equivalentes; 6.7 significan séptimo mes de sexta calidad.
Los muchachos en la clase de Joyce eran negros o hispanos. Todos eran complicados y mundanos; sus habilidades de lectura eran limitadas, y no se les había educado para ser criaturas sociales que pudieran participar activa y positivamente en la vida fuera de la escuela. Su conducta era más bien negativa:
Pedro, por ejemplo, era aficionado a encender fajos de billetes y ocasionalmente usaba un beeper en clase.
Joyce trabajó arduamente para asegurarse de que sus alumnos estuvieran cómodos en su clase y así ellos pudieran participar libremente. En tanto que en la atmósfera de la clase se respiraba un ambiente de mala conducta ocasional, Joyce pensó que era indispensable crear un clima positivo, de libre riesgo si quería que sus estudiantes aprendieran.
Joyce se sobresaltó cuando la campanilla sonó para indicar que la octava clase había terminado, y pensó una vez más que era un sonido irritante. Ella suspiró cuando llenó las carpetas sin abrir los paquetes de libros y se dirigió hacia la novena clase de inglés. “Todavía no respondían a todas sus preguntas”, pensó.
Joyce abrió la puerta pesada del salón pequeño e inmediatamente vio a Beth sentada en el escritorio. Beth siempre era la primera en llegar. “Hola, Beth”, la saludó Joyce con una sonrisa. “¿Cómo estuvo tu fin de semana?”
Beth no contestó, quizas no la había escuchado. Joyce empezó rápidamente a repartir material para la lección del día. No se le había asignado un salón de manera permanente para la enseñanza, eso le impedía decorarlo con carteles de los trabajos hechos por los estudiantes y así el aula no se personalizaba. El salón tenía forma de
una “L”, era más largo y menos ancho, lo cual dificultaba que los asientos tuvieran una buena ubicación; se encontraba en malas condiciones y amueblado con sólo 15 pupitres. En esta clase los pupitres se encontraban desalineados, los botes de basura estaban llenos, y el aire era denso y brumoso, con el olor de la comida reciente que servían en la cafetería de la siguiente puerta.
Durante semanas, la clase de Joyce había estado trabajando en los sustantivos y adjetivos. ¿Cuáles son? ¿Cómo se identifican? ¿Cómo se usan? Siempre que le era posible, Joyce se permitía algunas libertades en el curso eligiendo algunas actividades de gramática, escritura y lectura. Pero, por lo menos dos terceras partes del plan de estudios de segundo año ya se le habían asignado, y eran inevitables.
Joyce estaba teniendo problemas para que sus estudiantes se enfocaran en estas lecciones, y enfrentaba dificultades para hacer material interesante y significativo.
Hoy, Joyce planea repasar el tema referido al sujeto. Agrupará a los estudiantes en parejas para que trabajen en un ejercicio con el que puedan practicar lo que hasta ahora han aprendido. Como de costumbre, ha intentado diseñar una lección que llame la atención de sus estudiantes para así evitar sus distracciones y desorden.
“Ya está bien, siéntense y escuchen”, dijo Joyce, lo suficientemente fuerte para ser escuchada. “Sé que todos tuvimos un buen fin de semana, así que ya es tiempo de empezar a trabajar”.
“Señorita Davidson, ¿para quién son esas revistas?”, preguntó desde su pupitre un muchacho alto, que estaba cerca de la ventana.
“Son para usted, Tyrone, y para sus compañeros de equipo, después de que pase al pizarrón y me ayude”, contestó Joyce, con una gran sonrisa. Joyce sonreía mientras invitaba a Tyrone a pasar al pizarrón; él hizo muecas de fastidio. Parecía que no quería estirar sus largas y fuertes piernas, que tenía debajo del pupitre, para ir al pizarrón.
Cuando Tyrone estaba al lado de ella, Joyce le dio el gis, y dijo, “Escribe un ejemplo de un sustantivo, Tyrone”.
Tyrone tomó el gis y se volvió a ver a Joyce. “No puedo pensar en sustantivos”.
“Seguro que puedes, los sustantivos están por todas partes.” Joyce hizo amplios ademanes con su brazo.
Los ojos de Tyrone siguieron el ademan de Joyce, y entonces se le ocurrió una idea. A Joyce le encantaba ver las caras de sus estudiantes. Tyrone volteó al pizarrón y escribió la palabra “aire” con un adorno, que lo complació y ya se dirigía a su asiento. “Espera, Tyrone. Eso está bien”. dijo Joyce, y se estiró para alcanzar y estrechar su mano. Él movió sus ojos amablemente. Joyce sabia que le encantaba lucirse, después atendió a la clase. “Aire” es un sustantivo,¿verdad? Luis dijo una oración con este sustantivo para que la escribiera Tyrone.
El pupitre de Luis estaba en la parte de atrás del salón, y él estaba apoyándose en la silla de atrás, estirando el cordón del teléfono en la pared, cerca de la puerta.
Él lo estiraba y lo mordía, de repente, dijo: “Tyrone es una cabeza aérea”. La clase estalló en risas, y Tyrone arrojó el gis en dirección de Luis, que también se reía.
Joyce intentó no reírse, pero no lo pudo evitar. Mentalmente ensayó el enunciado y contempló una respuesta. Comprendió que Luis había tropezado con uno de los pocos posibles usos de la palabra “aire” como adjetivo, y no podía resistir el impulso de hacer su contribución positivamente. Joyce sabía que se arriesgaba a encender el fuego con estos estudiantes, ya que los insultos eran “el elemento” de sus confrontaciones constantes, pero no podía dejar pasar la oportunidad.
“Escríbelo”, dijo a Tyrone. Ella señaló el pizarrón y le ofreció otro pedazo de gis. A sus estudiantes les encantaba escribir con gises nuevos y largos.
“De ninguna manera”, Tyrone se rió y se negó a tomar el gis. Joyce se reía con sus alumnos; se dirigió al pizarrón y escribió “Sr. X es un” y “la cabeza”
alrededor de la palabra “aire”, que Tyrone ya había escrito. Cuando Joyce se dio vuelta, los estudiantes todavía reían. Joyce esperó a que callaran e indicó a Tyrone con la vista que podía volver a su asiento. Por un minuto la clase se tranquilizó lo bastante para que ella pudiera ser escuchada.
“La palabra “aire” en esta oración no es un sustantivo, Luis”, explicó Joyce.
Luis miraba a Joyce inexpresivamente. Joyce continuó. “Luis, ¿qué uso tiene la palabra ‘aire’ en tu enunciado?”
Luis miraba a su alrededor, como si intentara encontrar la respuesta en las paredes o el techo, Joyce esperaba. Con calma afrontó el desafío, sabía cómo hacerlo. Sólo cuando Luis dejó el cordón telefónico hizo lo que Joyce le pedía.
“Luis, miré el pizarrón.” Mientras él seguía mirando a su alrededor, ella continuó.
“Todos miren hacia el pizarrón. ¿La frase está hablando de aire? Luis, ¿de qué está hablando el enunciado?”
“Del Sr. X”, Luis contestó despacio. Él y los otros estudiantes estaban siguiendo a Joyce ahora. Ella vio a Beth que también estaba en su dirección, y pensó en llamarla, pero era poco probable que Beth respondiera. Estos momentos, que rompían el ritmo de la clase, se veían raramente
“¡Bueno!”, Joyce exclamó. “El Sr. X es un sustantivo en la frase. Nosotros sabemos que es un sustantivo porque es el nombre de alguien.” Joyce subrayó Sr. X y continuó. “¿Sobre qué más está hablando la oración? ¿Qué otra palabra es un sustantivo, Ángela?”
“¡La cabeza!”, gritó Ángela. Todos se rieron en la clase de la manera como hab´´ia respondido Ángela, y Joyce esperó de nuevo.
“Está bien”, dijo Joyce, cuando todos se hubieron callado. “Tienes razón. La cabeza es un sustantivo porque es el nombre de algo. Ahora, escuchen, en este
momento. ¿Qué tipo de cabeza? David, ¿qué tipo de cabeza?”
“¡La cabeza aérea!” contestó David.
“Correcto. Luis, ¿qué es la palabra “aérea” en esta oración? Nos dice de qué tipo de cabeza estamos hablando. ¿Cómo se usa la palabra aérea en la frase?”
Luis realmente estaba concentrado cuando escuchó la oración. “Es un adjetivo”, dijo. La clase estaba mirando el pizarrón.
“¡Correcto!”, Joyce sonrió. Se sentó en la esquina del escritorio del maestro y dejó caer sus hombros un poco. Su relajación parecía contagiar a la clase. Cuando los estudiantes se sentaron atrás en sus pupitres, ella repitió las palabras de Luis:
“aérea es un adjetivo en esta frase, no un sustantivo”. Nosotros no estamos hablando sobre aire en esta frase. “Aérea” nos dice que hay una palabra después.
‘Aérea’ describe la próxima palabra; modifica la próxima palabra. ‘Aérea’ es un adjetivo aquí. Normalmente, en la mayoría de las frases, “aire” es un sustantivo, pero en la oración que Luis hizo, “aire” es un adjetivo”.
Joyce se levantó y fue al pizarrón. Borró la oración y escribió “Beth vuela a través del aire.” “¿Beth, es un sustantivo en esta frase?, le preguntó a Beth.
Beth miraba a Joyce, pero no estaba segura de que la chica la hubiera oído.
Tyrone participó desde su asiento, “Beth es un sustantivo”, dijo.
“Yo quiero escuchar a Beth”, dijo Joyce. “Démosle tiempo para contestar a Beth, Tyrone tiene razón. La palabra Beth en esta frase es un sustantivo porque es el nombre de una persona. ¿Qué palabra es otro sustantivo en esta frase?” Joyce se apoyó un poco en Beth en el momento que colocó su mano izquierda bajo la frase escrita en el pizarrón. Esta vez la clase esperó hasta que los segundos pasaron, y fue inevitable el susurro suave, las risas empezaron. Finalmente, Beth dijo suavemente:
“Yo no puedo volar”.
Cuando la clase irrumpió en nuevos estruendos de risa, Joyce observó el reloj;
había pasado poco tiempo. Las risas de la clase habían sido por una causa justificable, pero ahora había pasado poco tiempo. Joyce supo que Beth no estaba intentando ser objetiva y estaba bajando el ritmo de la clase.
“Callados”, Joyce los reprendió. Respiró profundamente. “Beth, nadie pretende que puedes volar. Piensa en la frase escrita aquí en el pizarrón. Tu nombre, la palabra Beth (Joyce subrayó la palabra Beth) es un sustantivo en esta frase. ¿Qué otra palabra en la frase es un nombre?”
Beth miró por largo tiempo el pizarrón. Se escuchaban ruidos fuera del salón.
(La escuela había despedido a algunos alumnos temprano para que abordaran sus autobuses, y la parada del autobús estaba precisamente afuera de las ventanas del aula.) Joyce temía que la clase empezara a tirar cosas a los niños que estaban afuera.
Finalmente, Beth habló tan suavemente que Joyce tenía que leer sus labios para oírla. “¿El aire?”
“Más fuerte, Beth. Dilo para que la clase pueda oírlo.”
“¿El aire?”, Beth repitió, todavía indecisa.
“¡Correcto! ¡Airee! El aire es un sustantivo en esta frase. Era un adjetivo en la frase anterior”. Joyce examinó a toda la clase para buscar expresiones de comprensión o confusión. “¿Entendieron todos?”
Seguramente la tardanza de Beth para contestar había quitado el interés de pensar a los otros estudiantes. Joyce vio unas miradas excéntricas y unas expresiones de comprensión, pero el resto de los temas de su clase los habían olvidado. Joyce se sentía frustrada. ¿Qué había pasado con lo que aprendieron hacía un momento? Ahora no sabía donde estaban sus estudiantes. Joyce raramente terminaba con la lección sin asegurar su comprensión completa, pero tenía que continuar con la próxima actividad.
“Ahora vamos a trabajar en parejas. Quiero que cada uno de ustedes trabaje con otra persona. Nosotros vamos a hacer un ejercicio sobre los nombres y adjetivos.” Joyce empezó a formar parejas de estudiantes y los sentó uno al lado del otro. “Ángela, trabaja con Pedro; Beth, trabaja con Tyrone; Luis...”
“No trabajaré con ella”, interrumpió Tyrone.
Joyce agrupaba a menudo a su clase, y regularmente permitía a los estudiantes trabajar con quien ellos quisieran, sobre todo cuando trabajaban en parejas. La mayoría del tiempo los estudiantes eran bastante tolerantes con Beth, y parecían reconocer sus diferencias, pero no se juntaban con ella y raramente querían trabajar en su compañía. Joyce no toleró esa rudeza, pero Beth era a menudo tan vacía e indiferente que Joyce sólo pensó en los comentarios simples como el que hicieron acerca de cabeza de Tyrone. Después de todo, Joyce eligió no desafiar a Tyrone.
“Puedes trabajar con quien quieras”. Tyrone se alegró y caminó hacia a Luis. Su pronto acuerdo al parecer los había hecho amigos.
“Srta. Bartino, ¿trabajaría usted por favor con Beth?” Joyce indicó el asiento libre de Tyrone para que lo ocupara su asistente que había estado mirando calladamente desde la parte de atras. Joyce a menudo ocupaba a Anita Bartino para trabajar con Beth, sin embargo, cuando trabajaban en parejas, Joyce necesitaba que Anita revisarala organización, y Beth necesitaba atención extra ciertamente.
Joyce les dijo a todos los estudiantes cuando ya estaban agrupados cuál sería su tarea. Ésta consistía en buscar ejemplos de nombres o adjetivos en las revistas que ella había traído, recortarlos y pegarlos en el papel para construir un arreglo apropiado o un diseño. Joyce les dio algunos ejemplos mostrándoles cómo podían escoger sólo nombres, adjetivos, o nombres y adjetivos, todos en un cierto tema (sobre moda, por ejemplo). Ella les proporcionó tijeras, pegamento, marcadores y crayones, y un lugar en una mesa que estaba disponible al centro del salón. Joyce regularmentre dirigía proyectos de esta manera para que la clase entera se esforzara en cooperar y para que los equipos obtuvieran materiales.
Los estudiantes estaban más ocupados con su tarea que en Joyce. Ella caminaba de pareja en pareja. Trabajó un tiempo con Tyrone y Luis, y entonces se volteó a ver a Beth que se sentó sola y veía la revista callada en su pupitre. Anita había regresado a su silla frente a Beth, pero había estado respondiendo las preguntas de otro equipo.
Joyce se acercó a la chica y le habló suavemente. “Beth, ¿necesitas algo?”
Beth miraba Joyce sin mucha expresión. “Las tijeras”, contestó suavemente.
“¿Sabes que tenemos que compartir materiales en esta clase, Beth?”, dijo Joyce. Beth, no contestó. “¿Cómo consigues el material que necesitas?”
“¿Pido?”, Beth preguntó.
“Está bien, Beth”, contestó Joyce. “Pídeles lo que necesites a los otros niños.
Tenemos que compartir.”
Beth miraba Joyce dudosamente, y entonces se dirigió al resto de la clase:
“¿Pueden darme las tijeras, por favor?”
“Más fuerte, Beth”, la alentó Joyce. “Tienes que hablar para conseguir lo que quieres en esta clase”. Anita regresó del otro equipo y acercó su silla junto a Beth, pero Joyce la detuvo con una mirada. Beth seguía muda.
“Beth, ésta es una clase pesada. Tienes que hablar bastante fuerte para que los otros te escuchen. Pídeles lo que necesitas, simplemente habla fuerte para que ellos puedan escucharte.”
Finalmente, Beth repitió la frase. “¿Pueden permitirme las tijeras?” Su voz todavía era suave, pero Pedro, su vecino más cercano, la oyó. Él le dio unas tijeras sin voltear a verla.
“¡Eso! ¡Sí! Joyce habló de manera brillante de Beth elogiando su logro.
“¡Tienes que preguntar!” Joyce se inclino hacia Anita y ésta movió su silla cerca de Beth para trabajar.
Joyce caminó de atrás hacia el frente del salón para aguardar a los estudiantes y despedirse de ellos. Estaba muy angustiada por Beth. Joyce pensó en su acercamiento a ella y el estilo que estaba empezando a trabajar personalmente para el resto de los estudiantes; y ella no quiso arriesgar sus progresos. Pero después de un cuarto año ella no había encontrado todavía la forma de abrir la mente de Beth y atraerla al grupo.