Pablo Iglesias y Cicerón
Estudio de la retórica
ciceroniana en los discursos de Pablo Iglesias
Autora: MARTA CANTÍN LARUMBE Tutora
:Ana Esparza Ramiro Curso
:2018-2019
IES RIBERA DEL ARGA
AGRADECIMIENTOS
Me gustaría agradecer a Ana Esparza su dedicación, trabajo y esfuerzo realizado a lo largo de todo el curso para que este proyecto salga adelante.
ÍNDICE Pág.
INTRODUCCIÓN 7
Breve historia de la retórica hasta Cicerón 9
I. CICERÓN Y EL ARTE DE LA ORATORIA 11
1. RETÓRICA CICERONIANA 11
1.1. Tratados de oratoria 13
1.2. Las partes de la oratoria 17
1.2.1. Inventio 18
1.2.2. Dispositio 21
1.2.3. Elocutio 26
1.2.4. Memoria 28
1.2.5. Pronuntiatio o actio 29
II. LA ORATORIA DE PABLO IGLESIAS 33
1. PABLO IGLESIAS TURRIÓN 33
2. ANÁLISIS DE LOS DISCURSOS 35
2.1. Marcha por el cambio 35
2.2. Investidura de Mariano Rajoy 43
2.3. Asamblea Vistalegre 2 51
III. CONCLUSIÓN 57
IV. BIBLIOGRAFÍA 61
V. ANEXOS (Discursos) 65
Anexo 1: Marcha por el Cambio 65
Anexo 2: Investidura de Mariano Rajoy 71
Anexo 3: Asamblea Vistalegre 2 81
7
INTRODUCCIÓN
Convencer o disuadir de algo supone una gran personalidad: pues es propio de alguien con buen juicio, prestigiado y diserto exponer su parecer sobre los temas más importantes, a fin de poder preverlo con su inteligencia, respaldarlo con su prestigio y provocar la persuasión mediante su discurso
CICERÓN 1.
El 28 de noviembre de 2014, Eladio Meizoso2, explicaba en la Cadena Ser la coincidencia programática del partido de Pablo Iglesias con Izquierda Unida (IU). Los puntos de encuentro afectaban a cuestiones tan importantes como la lucha contra el fraude fiscal, la subida del salario mínimo, cómo afrontar el problema de los desahucios, propuestas para combatir el desempleo, derogar las últimas reformas laborales aprobadas por PP y PSOE, la implantación de la jornada laboral de 35 horas y la creación de una renta básica para todos los ciudadanos sin recursos. Las propuestas de IU en algunos de estos puntos eran incluso más ambiciosas que las de Podemos. Sin embargo, en las elecciones generales celebradas el 20 de diciembre de 2015, el partido de Iglesias obtuvo 69 escaños (sumando los conseguidos por las confluencias En Comú Podem, Compromís y En Marea), mientras que IU perdía 9 de los 11 diputados logrados en las anteriores elecciones3.
¿Por qué con una misma propuesta uno consigue ganar más de un millón de electores y otro pierde más de 700.000? Para Javier Bernard, fundador del centro de entrenamiento de hablar en público Speak & Span, Pablo iglesias ha conquistado las urnas a través de la oratoria4 y en la misma línea se manifiesta la escritora María Alcaraz que considera al líder de podemos un orador hábil y contundente que ha resucitado la oratoria al mover con la fuerza de la palabra a la masa5.
Así pues, ante cualquier estudio acerca del éxito de Podemos, no se puede obviar el análisis de la oratoria desplegada por su representante más visible, Pablo Iglesias. En efecto, desde la irrupción de Podemos en el panorama político nacional, sus discursos se
1 De oratore, II, 333
2Meizoso, E.,(28/11/2014) Semejanzas y diferencias de los proyectos de Podemos, IU y PSOE
3 Elecciones generales de España 2015 (s.f.). En Wikipedia
4 Bernard, J,(30/05/2014) ¿Qué tal habla Pablo Iglesias?, Hablando en público, Blogs Expansión,
5 La opinión de Murcia (24/06/2015)
8 han examinado a fondo en los distintos medios de comunicación, y han sido objeto de estudio desde puntos de vista diversos (lingüístico, ideológico,...). Sin embargo, la relación de la retórica empleada en sus discursos con las teorías expuestas acerca de esta disciplina por uno de los oradores más famosos de todos los tiempos, Cicerón, no ha sido contemplada. Esta es la razón de ser del presente trabajo cuyo objetivo principal es comprobar la pervivencia de las reglas de la oratoria ciceroniana en los discursos de Pablo Iglesias.
El objeto de estudio lo componen tres discursos pronunciados por Pablo Iglesias en momentos de gran trascendencia para el partido y para sociedad en general:
el discurso de la Puerta del Sol (Madrid) tras la "Marcha por el cambio" (enero de 2015), el pronunciado en el congreso de los diputados a propósito de la investidura de Rajoy (agosto de 2016) y el discurso de apertura de Vistalegre 2 tras el cual Pablo Iglesias sería reelegido como secretario general de la formación (febrero de 2017).
Todos ellos se examinan desde los preceptos marcados por Cicerón en sus tratados de Oratoria y que se explican en el próximo capítulo.
De esta manera se trata de dar respuesta a las siguientes cuestiones:
1. ¿Responde Pablo Iglesias al modelo de orador presentado por el Cicerón?
2. ¿Respetan los discursos del líder de Podemos la estructura clásica?
3. ¿La utilización de los argumentos responden a las funciones establecidas por el orador romano?
4. ¿Mantiene los consejos respecto al estilo y la utilización del lenguaje?
5. ¿Se ajusta su declamación a las recomendaciones formuladas al respecto?
6. ¿Adapta Pablo Iglesias su registro al auditorio?
Con ello se pretende, de manera secundaria, mostrar la actualidad de los planteamientos clásicos y al mismo tiempo reivindicar la importancia de la formación en oratoria ya que, como dice Sam Leith6, la invisibilidad de la retórica como objeto de estudio ha tenido un efecto desafortunado e imprevisto sobre la forma en que lo consideramos. Cuando percibimos que está actuando sobre nosotros desconfiamos.
6 Leith, S. (2012), ¿Me hablas a mí? La retórica de Aristóteles a Obama, p. 23.
9
Breve historia de la retórica hasta Cicerón
La oratoria, el arte de hablar en público de manera persuasiva, nació en Siracusa.
Allí, a mediados del siglo V a.C., fue derrocado el último tirano, Trasíbulo. La desaparición del orden establecido dejó un vacío de poder y, por tanto, mucha inestabilidad social.
Según la tradición, un hombre llamado Corax intervino rápidamente en la asamblea para calmar los ánimos y contribuyó a crear cierta apariencia de orden. Fue el primero en establecer los preceptos del arte de la persuasión diferenciando las partes del discurso -cómo iniciarlo, presentar los argumentos de forma ordenada y la conclusión- y enseñó su método a otros. El nombre de Corax va irremediablemente unido al de Tisias, su colega o discípulo7.
Lo que Corax comenzó el sofista Gorgias (también siciliano) lo difundió por el mundo. En el 427 a.C., al principio de la guerra del Peloponeso, emigró a Atenas llevando consigo la retórica. Aquí tuvo mucho éxito pues se estaba desarrollando la democracia radical como forma de gobierno. Los aristócratas cuya influencia en el poder se había visto debilitada vieron en la retórica una oportunidad de recuperar su posición si lograban dominar las habilidades necesarias para controlar la asamblea.
Pero del mismo modo que fue aceptada, tuvo también sus detractores, entre ellos Platón, que veía con qué facilidad se podía hacer cambiar de opinión a la muchedumbre.
Precisamente su discípulo Aristóteles convirtió a la retórica en objeto de estudio sistemático y estableció que su objeto no era el conocimiento, sino la persuasión. La retórica, afirmó, era una techné: una habilidad práctica. Se podía enseñar. Escribió así su obra Retórica en la que además de definirla y establecer su función identifica los tres tipos de discurso (deliberativo, judicial y epidíctico) y los recursos de la persuasión.
La retórica griega llegó a Roma en el siglo II a.C. Los primeros profesores de este arte fueron griegos, que actuaban como tutores privados de jóvenes de las clases más privilegiadas. En el año 161 a.C., muchos de estos rethores griegos fueron expulsados de Roma junto con los filósofos, acusados de corromper las virtudes antiguas con sus enseñanzas sofísticas. Con el tiempo, no obstante, se produjo una asimilación total de la preceptiva retórica griega, se abrieron escuelas de retórica y se compusieron tratados sistemáticos que contribuyeron a la difusión y consolidación de esta disciplina en todos sus aspectos.
7 Estudios recientes parecen señalar que Corax ("cuervo", en griego) era el sobrenombre de Tisias.
10 Cicerón, el gran orador romano, aunque siguió a Aristóteles, quizá no conociera su obra de primera mano. La novedad es que introduce la concepción “filosófica” de la Retórica. El otro gran texto romano que pervive es Ad Herennium, cuya autoría fue atribuida a Cicerón. Gracias a esta atribución equivocada fue el manual más popular hasta el Renacimiento.
11
I. CICERÓN Y EL ARTE DE LA ORATORIA
La sabiduría sin elocuencia es poco útil para los estados, pero .. la elocuencia sin sabiduría es casi siempre perjudicial y nunca resulta útil... quien se arma con la elocuencia no para luchar contra los intereses de su patria sino para defenderlos, éste, en mi opinión, será un hombre muy útil tanto para los propios intereses como para los intereses públicos
CICERÓN8
1. RETÓRICA CICERONIANA
Marco Tulio Cicerón nació en el 106 a.C. en Arpino, pequeña ciudad del sur del Lacio. Su familia, que pertenecía al orden ecuestre (clase alta desde el punto de vista social y económico), lo envió a Roma para que recibiera la mejor educación posible;
más tarde viajo a Grecia para completar su formación. Cicerón comenzó su carrera como abogado aceptando casos en los que se oponía a protegidos por el poder representados por los más grandes oradores del momento. Es el caso de la acusación contra el gobernador de Sicilia,Verres, (In Verrem). La popularidad ganada con sus éxitos conseguidos le permitió lanzarse con garantías a la vida política, a pesar de ser un homo novus, es decir, un hombre que pertenecía a una familia que no había destacado hasta entonces en política.
La vida adulta de Cicerón estuvo marcada por las turbulencias internas que asolaron Roma y que provocarán la caída del sistema republicano romano y la concentración de todo el poder en un solo hombre. Vivió muy de cerca acontecimientos como la guerra social que ensangrentó Italia hasta que todos los itálicos consiguieron la ciudadanía romana, las luchas por el poder entre Mario y Sila o la rebelión de los esclavos al mando de Espartaco. Pero también, siendo cónsul, fue protagonista de la conjuración de Catilina (63 a.C), adversario suyo en las elecciones al consulado. Para la historia han quedado los cuatro discursos de acusación pronunciados en el senado (Catilinarias) con los que consiguió sofocar la rebelión. Asimismo rechazó formar parte del triunvirato, en el que se le invitó a colaborar, al menos de forma pasiva9. En la guerra civil que siguió entre César y Pompeyo, Cicerón se posicionó a favor de
8 La invención retórica, I,1
9 Cartas a Ático, 2-3
12 Pompeyo. Tras el triunfo de César se retiró de la vida pública a la que regresó tras el asesinato de éste. Confiando en la restauración del sistema republicano pronunció sus Filípicas contra Marco Antonio, que había recogido la herencia de César. Esto le costó la vida a manos de los sicarios de aquel. Su cabeza y sus manos fueron exhibidas públicamente en los rostra del foro romano. Corría el año 43 a.C.
Los momentos que pasó alejado de la política (unas veces voluntariamente, otras para cumplir la condena del destierro impuesta por el Senado) Cicerón se dedicó a escribir, además de obras de carácter filosófico, sus tratados de oratoria.
13 1.1. TRATADOS DE ORATORIA
El profundo conocimiento de la retórica y oratoria griega y latina, unido a su propia experiencia personal como abogado y hombre de estado permitieron a Cicerón elaborar una literatura retórica propia, convirtiéndose en maestro de oratoria.
De inventione
Cuando contaba 20 años, escribió su primer tratado retórico profesional. La Rhetorica, conocido hoy generalmente bajo el título De inventione, se proponía exponer ampliamente los cinco requisitos que había de cumplir un orador desde que empezaba a preparar un discurso hasta su pronunciación, a saber, la búsqueda de argumentos (inventio), su ordenación (dispositio) y formulación estilística (elocutio) y, finalmente, el esfuerzo de aprender el discurso (memoria) y su exposición al público (actio). Sólo llegó a redactar (o al menos son los únicos conservados) dos libros de los dedicados a la inventio; el resto habría ocupado otros dos o tres libros, que habrían tratado, dos de ellos sobre el estilo y uno sobre los otros tres puntos.
De Inventione presenta asimismo un resumen de la estructura del discurso romano: el exordium, o introducción para ganar la atención favorable del oyente; la narratio, o enunciado del caso; la partitio (también llamada divisio), enunciado de los puntos bajo los cuales se iba a debatir el caso; la confirmatio, o argumentos constructivos; la refutatio, argumentos que rechazaban las demandas del adversario;
y la peroratio, sumario, conclusión y petición final.
El texto se lee como un manual para jueces y abogados. La mayor parte de las autoridades en la materia coinciden en afirmar que esta obra es poco más que un resumen de las teorías retóricas aprendidas por el propio autor de sus maestros. El propio autor la califico años más tarde como "esbozos todavía incompletos y toscos, escapados de sus cuadernos de apuntes escolares, eran poco dignos de su edad y de la experiencia que había adquirido a lo largo de su vida con la práctica forense"10.
De oratore
Treinta años más tarde, en el 55 a.C., compone su escrito retórico más importante, el De oratore, en 3 libros, donde expone y explica de su ideal de orador.
10 De oratore, I, 2-5
14 Para el De oratore, el político es el orador por antonomasia, el que lleva las riendas del Estado, y cuya palabra tiene un peso decisivo en el Senado, ante el pueblo y en todos los asuntos del Estado.
Es la primera obra que escribe con la forma del diálogo literario a imitación de los famosos diálogos de Platón. Los interlocutores son, por un lado, Antonio (abuelo del asesino del arpinate) y Craso, ambos maestros de Cicerón, y dos jóvenes, Cota y Sulpicio, por otro.
Expone sus puntos de vista sobre la formación del orador: debe poseer amplios conocimientos acerca del tema a tratar, además de saber, entre otras, de derecho, historia y filosofía; pero también es fundamental estar dotado de ingenium, talento o predisposición innata para la oratoria (libro I). Explica cómo deben adaptarse las normas tradicionales de la invención, la disposición y la memoria (libro II). Aquí defiende que "enseñar", "conmover" y "deleitar" no solo es el fin del discurso, sino de cada una de las partes que lo componen. El Libro III explica cuáles son los secretos esenciales del estilo y de la acción. “En mi opinión será orador digno de tal nombre quién -sea cual sea el asunto que surja y que haya de ser expuesto mediante la palabra- pueda desarrollarlo sabiendo de antemano lo que ha de decir, con orden, elegancia, sin fallos de memoria, todo ello acompañado de una cierta dignidad en su ejecución”11.
El De oratore no es un manual de retórica, no pretende enseñar técnica alguna en esta disciplina, sino presentar las cualidades que, en su opinión, ha de poseer el orador ideal, así como las funciones que debería desempeñar en la sociedad romana.
Brutus
Nueve años después del De oratore, entre 46 y 44 a.C., Cicerón se sintió impulsado a escribir nuevos tratados de retórica por dos razones: la dictadura de César lo reducía al silencio; y algunos jóvenes, Bruto y Calvo en particular, defendían un nuevo estilo de oratoria , el "aticismo", caracterizado por un uso impoluto del latín, una expresión muy sobria, sin grandes lujos formales, ni imágenes poéticas, ni giros, ni ironías, ni metáforas en general.
En el otro extremo estaba el grupo conocido como los "asianistas". Los discursos de este estilo tenían como meta conmover al auditorio, impactarlo emocionalmente y, por eso tendían a la ornamentación y a la brillantez de expresión12.
11 De oratore, I, 64
12 Murphy, J.(1983), p. 179
15 Cicerón fue acusado no sólo de hablar al modo "asiático", sino también de falta de "aticismo". La necesidad de contestar a estas críticas le llevó, a principios del 46 a. C., a escribir el Brutus en la que, a través del diálogo que él mismo mantiene con sus dos amigos Bruto y Ático, reconstruye toda la historia de la elocuencia latina. Así, después de hacer una valoración de más de doscientos oradores griegos y latinos utilizando como criterios de análisis los cinco cánones de la oratoria, las tres funciones del orador -persuadir, agradar y conmover- y los tres tipos de estilo -sencillo, medio y sublime, reivindica su posición como orador y se coloca a sí mismo como punto culminante de la evolución de este género en Roma.
Orator
El Orator (46 a.C.), escrito en forma de carta dirigida a Bruto, representa la concepción ciceroniana del orador perfecto. El tema dominante del libro es la idea general de que existen dos clases de oradores; los que hablan en términos sencillos por razones útiles e instructivas y aquellos otros que emplean la exuberancia, la locuacidad y las cadencias rítmicas para mover a sus oyentes.
Cicerón se inclina por los segundos, adoptando de nuevo, como hiciera en Brutus, una actitud a la defensiva.
Se centra en la elocutio, estudiándola en los tres estilos (sencillo, medio y sublime): figuras de dicción y de pensamiento, elementos de la expresión, armonía de la frase, ritmo… Uno de los aspectos más importantes que en él trata Cicerón se refiere a la teoría de los tres estilos y su relación con cada una de las funciones del orador: el humilde, sutil o tenue para el docere, el medio para el delectare o conciliare, el grave, sublime o vehemente para el mouere. El mejor orador es el que los sabe conjugar y emplear según convenga a la causa en cada momento. Este ideal, reconoce Cicerón, es inalcanzable, pero su definición puede servir de estímulo para intentar acercarse a él.
De optimo genere oratorum
De optimo es una obra breve ya que constituye el prólogo a una traducción de un discurso de Demóstenes (Sobre la corona) y el de su rival político, Esquines (Contra Ctesifonte). De las traducciones mismas no ha quedado constancia alguna. Cicerón presenta a Demóstenes como el más grande orador de todos los tiempos, capaz de hablar con elocuencia en los tres estilos, y como un orador ático digno de emulación.
16 Junto a estos tratados considerados como rethorica maior, Cicerón nos ofrece otras dos vinculadas igualmente a temas retóricos, pero de distinto tenor:
Partitiones oratoriae:
Breve tratado escolar redactado en forma de preguntas y de respuestas, en el que los interlocutores son el propio Cicerón y su hijo, y que constituye una retórica elemental y esquemática. La obra trata de los recursos del orador, de los componentes del discurso, de la naturaleza de las causas y de los diferentes tipos de público. En definitiva un resumen para el conocimiento de las teorías retóricas de Cicerón.
Topica
Otro manual en el que Cicerón le explica a Cayo Trebacio (un jurista romano) qué son estos tópicos. Se trata de un resumen de los Tópicos de Aristóteles y pretende ser un instrumento práctico al servicio de la actividad jurídica. Esta obra, ilustrada con ejemplos jurídicos, filosóficos y literarios, define el «tópico» como el lugar que proporciona los argumentos que convierten un asunto dudoso en creíble.
Es a Cicerón a quién debemos los clásicos cinco cánones de la retórica...y la noción de que la retórica busca conmover, educar y deleitar (movere, docere, delectare).
17 1.2. LAS PARTES DE LA RETÓRICA
Cicerón considera que la palabra y, en consecuencia, la retórica es el mejor medio para que el individuo exponga públicamente su parecer y para que los grupos de la sociedad diriman racionalmente sus diferencias. La retórica, como sistema que trataba de combinar lo agradable y lo verosímil mediante la exposición y persuasión de lo probable, prestó sin duda buenos servicios a la sociedad antigua y puede prestarlos a otras culturas que en parte de ella derivan. Por eso, en la moderación y prudencia de un orador completo radica no sólo ya su propio prestigio, sino, sobre todo, la seguridad de muchísimos particulares y de la comunidad toda13.
Asimismo el verdadero orador necesita dominar un amplio número de saberes y técnicas, desde la dialéctica a algo muy parecido al arte escénico, pasando por la psicología, la historia, el derecho, etc. Pero, además, debe tener ciertas dotes naturales o talento (natura, ingenium), conocer la técnica (ars) y practicar (usus, exercitatio) ya que sin unas condiciones mínimas de partida -voz, salud y cierta soltura de palabra- toda técnica, imitación o práctica son inútiles14.Así pues, para alcanzar la perfección, en opinión de M.Tulio, hay que colocar por delante de la técnica, tanto las cualidades naturales como la cultura en su máxima expresión.
Con todo ello ya puede afrontar cualquiera de los tres tipos de discurso:
– Judicial: Se ocupa de acciones pasadas y lo califica un juez o tribunal que establecerá conclusiones aceptando lo que el orador presenta como justo y rechazando lo que presenta como injusto.
– Deliberativo: Se ocupa de acciones futuras y es pronunciado ante una asamblea que acepta lo que el orador propone como útil o provechoso y rechaza lo que propone como dañino o perjudicial.
– Demostrativo: Su objeto es la alabanza o la crítica de las virtudes o defectos de una persona.
La construcción del discurso, por su parte, se hace dos momentos: el de la elaboración (inventio, dispositio y elocutio) y el de la ejecución (memoria y actio).
inventio: consiste en encontrar los argumentos favorables a la causa.
dispositio: colocación y ordenación de esos argumentos en los lugares más convenientes del discurso.
13 De oratore, I, 34
14 De oratore I, 113-114
18
elocutio: elección de la forma más elegante para expresar las ideas, buscando el ornato por medio de figuras estilísticas y de dicción adecuadas al tema del discurso y al auditorio.
memoria: memorizar el contenido para exponerlo del modo más seguro pero aparentando naturalidad
actio: ejecutar todo ello mediante el adecuado juego de gestos, voz y mirada.
Asimismo, el orador ha de tener claro que para conseguir que el juez o público asienta a las tesis del orador hay que: ganarse sus simpatías -conciliare-, demostrar que su postura es la más creíble -probare- y mover, conmover o hacer cambiar de sentimientos a quien ha de juzgar -movere-.
1.2.1. INVENTIO
Invención, desde el punto de vista etimológico, no significa imaginar cosas, sino explorar lo que hay que decir sobre un tema. Inventio significa "descubrir", "encontrar".
Consiste, pues, en hallar por anticipado exactamente qué argumentos pueden presentarse a favor y en contra de una proposición dada, seleccionar los mejores que estén del lado del orador y encontrar contraargumentos para los opuestos. La habilidad está en hallar los que resultan más convincentes a quienes se va a dirigir. Para ello la clave es formarse un juicio sobre la audiencia. “Dado que el orador tiene como misión convencer a sus oyentes, debería sacar sus argumentos de los tópicos”15.
Los tópicos, o lugares comunes son específicos de cada cultura, pero tienden a estar tan arraigados que parece que son verdades universales. Por esta razón es posible argumentar a favor y en contra de una proposición a partir de las mismas pruebas16.
Cicerón considera la oratoria como un medio de exposición general, en el que la claridad, amenidad e incluso ornato sea casi tan importante como el contenido mismo.
Considera así la inventio como un hallar los medios de persuasión más favorables y eficaces para la causa, ya que no siempre esos medios son de índole argumentativa.
En este aspecto no es novedoso pues considera como argumentos o enfoques persuasivos aquellos que Aristóteles ya había señalado, a saber: el ethos, el logos y el pathos. En función de cada discurso se le concederá más peso a uno u otro.
15 Partitiones, 5
16 De orat. ,II, 28-30
19
Ethos (conciliare)
Cómo se presenta el orador es la base sobre la que descansa todo lo demás.
Resulta muy efectivo realzar el carácter, los principios, los hechos y modos de vida del orador17. Para Cicerón cuanto mayor sea el efecto que el orador quiera alcanzar con sus palabras, más necesarias serán su probidad y su prudencia18.
El público tiene que saber (o creer, que en la retórica es lo mismo) que quien pronuncia el discurso es digno de confianza, que está legitimado para hablar sobre el tema y que además lo hace de buena fe.
El orador, por su parte, tratará de convencer a los oyentes de que es uno de ellos y de que sus intereses son idénticos en este caso o para ser más convincente todavía en todos los casos. Nos conciliamos las simpatías si damos la impresión de defender conforme a derecho lo que puede ser útil a aquellos ante quienes hablamos, o de esforzarnos en la defensa de hombres honrados o de quienes pueden resultar útiles y de provecho a nuestro auditorio19. Al mismo tiempo se hará ver que el adversario no participa de estos valores.
Sus argumentos tendrán más probabilidades de prosperar si se basan en supuestos comunes de sus oyentes o si estos están dispuestos a aceptar su autoridad. De la misma forma, sus posibilidades de despertar ira o piedad entre quienes le escuchan dependerán de hasta qué punto estén dispuestos a identificarse con la ira o la piedad que el orador parezca sentir.
Esto es lo que ayuda al orador: suavidad en el tono, un rostro honrado y un lenguaje afable; y si has de perseguir algo con más dureza, que parezca que actúas así obligado y contra tu gusto. Es muy útil presentar muestras de afabilidad, de generosidad, de dulzura, de buen carácter; muestras de un carácter agradecido, sin ambición, sin avidez20.
Aunque se tiende a utilizar los argumentos del ethos al comienzo del discurso, Cicerón defiende que se puede apelar a él en cualquier parte del discurso ya que tiene tal fuerza que a menudo tiene más importancia que la causa en sí.
17 De oratore, II, 182
18 De oratore, III, 55
19 De oratore, II, 206
20 De oratore,II, 185
20
Logos (probare)
Cicerón en el libro primero de su tratado sobre la inventio afirma que toda argumentación se realiza per inductionem (mediante la inducción) o per deductionem (mediante la deducción). Pero con estos términos está describiendo unos procesos de razonamiento retórico, no lógico. Lo que califica de inducción podría ser descrito con mayor precisión como «procesos analógicos», en tanto que la deducción no se refiere al silogismo lógico, sino al silogismo retórico (epiquerema)21.
El razonamiento per inductionem que permite pasar de lo particular a lo general se dirige a la razón de los oyentes para que establezcan las mismas analogías que el orador y demostrar así la credibilidad de la propuesta22.
La deducción, por su parte, es un razonamiento que obtiene una conclusión probable a partir de los propios hechos considerados, conclusión que, expuesta y considerada en sí misma, se impone por su propia evidencia23. Es decir, la credibilidad no se busca a través del exemplum, sino mediante la naturaleza misma de las cosas.
Esto es así porque la retórica no trabaja con certezas, sino con probabilidades, pues le interesa mucho más la creencia que el conocimiento. Así pues, cuando en retórica se habla de logos se ha de pensar en la persuasión, no en la prueba absoluta.
Pathos (movere)
Pathos se refiere a la capacidad que tienen las palabras de generar emociones en la audiencia. Estos argumentos apelan a los sentimientos y pasiones comunes, a las respuestas emocionales.
Cicerón considera que las emociones del público juegan un papel decisivo ya que la mayoría de las personas toman sus decisiones más a través del corazón que de la inteligencia24.
Importa aquí la selección de signos o símbolos que induzcan a la interpretación emotiva del mensaje para persuadir al receptor. Mediante estos argumentos, el oyente es arrastrado a un sentimiento (tristeza, amor, odio, ira, vergüenza, etc.). Es importante que el emisor conozca los sentimientos del público para poder activarlos
21 Nuñez, S. (1997) La invención retórica. Introducción, Traducción y Notas, p. 145
22 De inventione I, 51
23 De inventione. I, 57
24 De oratore, II, 178
21 mediante su discurso. Puede que el sentimiento no sea lógico, pero despertar sentimientos es el fin legítimo de la retórica.
Para concluir el gran bloque de la inventio, Cicerón dedica en el De oratore un capítulo dedicado a lo que él llama ridiculum25,es decir, al humor, a las agudezas, a los medios para hacer reír, como medio de persuasión: “el provocar la risa entra plenamente en la esfera del orador: ya porque la risa propicia la buena disposición del auditorio hacia quien la provoca, ya porque todos con frecuencia admiramos la agudeza que se manifiesta en una sola palabra”. Del mismo modo, Cicerón explica que hay dos modos de conseguir el ridiculum: uno es mediante la dicacitas, es decir, el dicho agudo, puntual, mordaz, un humor que apunta al pathos, es decir, a la posibilidad de actuar mediante la risa, el ridículo, lo deforme, contra el adversario. El otro es la cavillatio, que en ocasiones llama festivitas, y que es un humor difuso, no hiriente, que testimonia más el ingenio de quien lo dice que una situación desairada de quien es objeto de él.
Este tipo de humor apunta al ethos, es decir, a presentar al orador desde la mejor situación posible; aquí, concretamente, como persona inteligente al tiempo que divertida y sin necesidad de herir a nadie para ello.
Asimismo distingue entre “dos tipos de gracias: la una se basa en la situación y la otra en la palabra”. Para alcanzar el ridiculum en la palabra puede acudirse a la paranomasia, a la alegoría, a la metáfora y a la ironía; el humor basado en la situación
“se produce por semejanza, que supone, o una comparación, o una imagen plástica”, como cuando nos reímos de las malformaciones y los defectos corporales
“aprovechando su parecido en lo que tienen de más feo”, pues unas y otros “son también una bonita cantera para la chanza”.
1.2.2. DISPOSITIO
La segunda parte del discurso de la que habla la retórica tradicional es la dispositio, la tarea de colocar los argumentos en cada uno de los segmentos secuenciales del discurso.
Aquí también hay que combinar no sólo los elementos hallados en la inventio, así como las otras partes del discurso que se tratarán más adelante -elocutio y actio en especial-, sino que hay que entrecruzarlos con las tres funciones del orador
25 De oratore, II, 217-290
22 probare/docere, conciliare/delectare, movere). Lo que Antonio sostiene es que, dentro de esos tres deberes del orador, -informar, ganar las simpatías del público, cambiar o influir en sus sentimientos- lo primero que hay que hacer es aparentar que lo único que se está haciendo es informar26.
En definitiva, habrá que dar forma al material, una forma que maximice los argumentos fuertes, minimice los débiles y discurra hacia la conclusión como impulsada por una fuerza inexorable.
Aunque en el De inventione Cicerón establece para ello seis partes (exordio, narración, división, demostración, refutación y conclusión), en sus tratados retóricos más relevantes y muy posteriores al mencionado, el Arpinate considera que el discurso ha de estar organizado en cuatro partes recogiendo bajo el epígrafe de argumentatio, todo lo relativo a las pruebas.
En un discurso deliberativo la organización es: una introducción que es breve o que está ausente, una narración que es breve o está ausente, dependiendo de la situación, y un argumento que es convincente y efectivo27.
Estructura del discurso
Exordio:
Son las primeras palabras que pronuncia el orador, los primeros gestos y de ellos depende la actitud del la audiencia. Es la parte donde se trata de explicar en síntesis el tema que se va a exponer y se ha de hacer de forma clara y atractiva. Aquí es donde suele apelarse de forma más fuerte y directa al ethos. Es en esta parte donde, quien habla, debe desplegar sus mejores cualidades, para asegurar una buena acogida a sus argumentaciones, mostrando modestia, prudencia, probidad, autoridad, dominio de la temática. El orador debe ser tan breve, conciso, y claro, como pueda, y es recomendable en este preámbulo usar pocas imágenes o figuras de estilo.
Cicerón distingue entre el exordio directo, que busca conseguir abierta y claramente que el oyente se muestre favorable, interesado y atento, y el exordio por insinuación cuando se necesita algún rodeo para preparar a un auditorio poco favorable.
El favor del oyente se consigue de cuatro maneras: hablando de nosotros (mencionando sin arrogancia nuestros méritos y servicios), de nuestros adversarios (atrayendo sobre ellos hostilidad, desprecio a través de acciones vergonzosas,
26 De oratore .II, 310
27 Partitiones, 10
23 arrogantes, crueles… que hayan cometido, si revelamos su poder, influencia política), de los oyentes (si elogiamos su valor, sabiduría, así como su enorme reputación) o de los hechos (si alabamos nuestra causa y desacreditamos la del contrario)28.
Narratio:
Es donde se exponen de forma razonable y ecuánime los argumentos y los hechos del caso en términos generales. La narración debe ser breve, clara y verosímil29.
Por breve se entiende que no debe salirse del asunto y debe omitir todo lo superfluo. Por tanto, esta debe ser concisa, aunque sin llegar a un exceso de brevedad, ya que la haría carecer de algunos elementos necesarios.
En cuanto a la claridad, Cicerón considera que la narración tiene que ser abierta a la comprensión de todos. Cicerón la denomina narratio aperta. Para conseguir en la narración esa apertura hacia todos, de forma que sea comprensible, es necesario que interactúen los distintos niveles operativos: el inventivo, pues debe ser una narración con las ideas claras; el dispositivo, puesto que dichas ideas deben disponerse y encadenarse también con absoluta claridad; también el nivel elocutivo, ya que debe ser claro el lenguaje empleado, con palabras apropiadas, evitando lo rebuscado.
Cicerón incluye en su obra una serie de principios necesarios para construir una narración verosímil aduciendo que todo lo que se narra en un discurso (hechos y personajes) debe parecer real, verosímil. El orador debe mostrar coherencia en la narración de los hechos para que los oyentes crean en su relato, y debe hablar verosímilmente a las personas implicadas, es decir, utilizar palabras que resulten apropiadas a todas sus características.
" Agradable es la narración que está tejida de admiraciones, expectaciones, inesperadas salidas, pasiones contrapuestas, coloquios de las diferentes personas, afectos de ira, dolor, miedo, alegría y codicia."30
Argumentatio:
Después de haber conseguido la captatio benevolentiae de los oyentes llega el momento de la argumentación. Es el núcleo principal del discurso. Una vez organizados los hechos, se han destacado algunos de ellos en la narración de la causa, y con ello se ha ido preparando al auditorio para ver las cosas desde la perspectiva del orador. Es el momento por excelencia del logos.
28 De inventione, I, 22
29 De inventione, I, 28-29
30 Partitiones 32
24 Aquí se han de presentar todas las pruebas y argumentos que apoyan o refuerzan el planteamiento del orador (probatio o confirmatio) y al mismo tiempo se aportarán argumentos para rechazar la validez de las ideas del contrario (reprehensio), teniendo siempre presente que la argumentación consiste toda en la verosimilitud. Los recursos que conducen a ella son los ejemplos, los símiles y las fábulas, que aunque sean increíbles conmueven al auditorio31.
Para la probatio conviene utilizar argumentos de analogía, probabilidad e inferencia. Igualmente apelar a la autoridad -lo mismo si se cita un lugar común que las palabras de una fuente célebre- siempre refuerza el argumento (argumentum ad verecundiam).
Las citas conocidas incorporan el valor de su origen antiguo, así como de las muchas personas que, al transmitirlas en cierta forma la han suscrito. Se trata de utilizar el razonamiento que Cicerón llama per inductionem32, un procedimiento que se dirige a la razón de los oyentes para que establezcan las mismas analogías que el orador y demostrar así la credibilidad de su propuesta.
Para la refutatio el orador hábil no busca necesariamente desmontar el argumento del contrincante sin más, sino presentar su caso de manera que sea más vulnerable al ataque. Así lo afirma Cicerón al considerar la refutación “la parte del discurso en la que las pruebas de los adversarios son atenuadas o debilitadas”33.
Se puede parodiar la posición del contrario a fin de hacerla menos atractiva para el público. Desacreditar al adversario puede ser una táctica muy eficaz. El ataque a la credibilidad reduce la probabilidad de que el público lo crea, pues, como ya se ha mencionado, en la retórica no se habla de certezas, sino de creencias (argumentum ad hominem).
Si el argumento a defender es débil, incluso puede venir bien invertir el orden de prueba y refutación: hundir al oponente con la esperanza de que entonces nadie se dé cuenta de la debilidad propia
Asimismo es un error pensar que cualquier retirada es un signo de debilidad.
Ceder al oponente más terreno del que espera le puede desequilibrar El término habitual para esta figura es la concessio (ceder en un aspecto menor para ganar en uno más importante). Cicerón explica esta técnica destinada a la persuasión con un símil
31 Partitiones, 40
32 De inventione.I,32-33
33 De inventione.I,42
25 bélico "acostumbro a retirarme de tal modo que no sólo no parece que huyo, sino que adopto en mi discurso una 'pose' y una solemnidad que convierte mi huida en algo semejante al combate. Aguanto en mis trincheras de modo que parece que he retrocedido, no para huir del enemigo, sino para tomar una posición"34.
Peroratio:
Resume lo precedente, reitera sus argumentos más fuertes y llega a su conclusión. Suele ser el momento en que se apela al pathos.
Es la última parte del discurso, donde finaliza el discurso. Su función consiste en presentar una síntesis de las ideas principales (recapitulación) y la apelar a las emociones del auditorio mediante la indignación y la compasión.
El orador debe pues no sólo recordar brevemente al oyente todo lo tratado en la argumentatio, sino también excitar sus sentimientos para provocar la animadversión contra el oponente o la conmiseración con su defendido (o con él mismo).
La peroración es donde el orador puede exhibir las figuras más impresionantes y utilizar las palabras más rimbombantes, figuras de amplificación y repetición -con frecuencia retomando palabras o temas de otros momento del discurso-. "Consiste su fuerza en las palabras y en las cosas: se usarán palabras que sirvan para ilustrar el asunto: graves, llenas, sonantes, unidas, no vulgares, ponderativas, trasladadas y sin conjunciones para que parezcan más: aumentan el efecto la repetición, la duplicación y la graduación de menor a mayor"35.
La enumeración no es tan necesaria para el orador deliberativo. Puede usarse en dos casos: cuando se desconfíe de la memoria de los oyentes, porque haya pasado mucho tiempo o por ser largo el discurso, o "cuando expuestos ya con brevedad los fundamentos del la oración, se quiera dar mayor fuerza a la causa"36.
Esta parte del discurso es buena para presentar algún elemento novedoso, interesante, inesperado, creando en el que escucha una impresión final positiva y favorable.
34 De oratore, II, 294
35 Partitiones, 52
36 Partitiones, 59
26 1.2.3. ELOCUTIO
Cicerón define la elocutio como la elección de palabras apropiadas a la invención, es la expresión lingüística adecuada a lo que se quiere decir37.
La persuasión, como fin del discurso, depende de un proceso en el cual las ideas (res) encontradas en la inventio se ordenen apropiadamente en la dispositio, y se expresen mediante un lenguaje (verba) en el proceso de la elocutio, cuya función es para Cicerón, vestire atque ornare oratione ("vestir y adornar el discurso")38. Con ello se consigue que el discurso resulte lo más agradable posible, influya lo más posible en la disposición del auditorio y esté organizado con el mayor contenido39.
Pero antes de entrar en el terreno del ornato Cicerón, habla de dos cualidades o virtudes del lenguaje previos a todo lenguaje artístico: la latinitas, esto es, utilizar un latín correcto y genuino, “pues no estamos pretendiendo enseñar a exponer a quien no sabe hablar, ni que se espere que pueda hablar con ornato quien no puede hacerlo con corrección ni tampoco que quien dice cosas que no entendemos pueda decir cosas que admiremos”40; y la perspicuitas, o lo que es lo mismo, expresarse con claridad y transmitir con precisión lo que se pretende decir.
Igualmente alude a lo aptum, es decir, la adecuación de la forma al contenido, que, no siendo exclusivo del ámbito de la retórica, es fundamental en ella; y al decorum, o lo que es lo mismo, adecuar el discurso a la cultura de los oyentes. “No toda fortuna, no todo honor y autoridad, no todo lugar, tiempo u oyente, pueden ser tratados con el mismo género de palabras o de sentencias, y siempre, y en toda parte del discurso, ha de guardarse el decoro de la persona que habla y de las que oyen”41.
En cuanto a lo que es propiamente el ornatus o lenguaje artístico propio de la oratoria, Cicerón diferencia entre el ornato que afecta a las palabra aisladas y al de su agrupamiento.
La selección de las palabras ha de hacerse con arreglo a los criterios de claridad, brevedad, credibilidad, brillantez y encanto. El orador puede recurrir para dar elegancia al discurso a los poetismos y arcaísmos, los neologismos y la metáfora, así como la metonimia y la hipérbole42.
37 De Inventione 1. 7
38 Oratore, I, 31
39 De oratore III, 92
40 De oraore, III, 38
41 Orator 21, 71
42 Partitiones, 20
27 La combinación de estas palabras debe tener en cuenta tres aspectos: uno relativo a la colocación y orden de las palabras, utilizando paralelismos o antítesis, según lo requiera la materia; otro referente a los fenómenos relacionados con el ritmo, y en particular con las cláusulas silábicas. Con ello se consigue la armonía interna y el equilibrio de las partes del periodo (concinnitas); y un último apartado sobre la figuras de dicción y de pensamiento. En este apartado Cicerón da un listado de figuras que no explica, ya que únicamente, dice textualmente, se trata de recordarlas.
Figuras de dicción: geminatio (anadiplosis o epanadiplosis), adnominatio (paranomasia), repetitio (anáfora), conversio (repetir una palabra al final de una frase), homoioteleuton, asíndeton, praeteritio (“cuando al pasar por alto algo indicamos por qué lo hacemos), exclamatio, polisíndeton, quiasmo, climax.
Figuras de pensamiento: commoratio (el orador trata de distintas maneras el mismo asunto o se detiene en una misma cosa o en un mismo pensamiento), digressio, regressio, propositio, enumeratio, transitio, conclusio, rogatio, subiectio, dubitatio, divisio, praemunitio, traiectio, in alium, descriptio, irrisio, exemplum, comminatio, deprecatio, imaginatio, optatio, hipérbole, interrogación retórica43.
Quienes se expresan artísticamente, con una buena exposición, con abundancia, con expresiones y pensamientos luminosos, quienes al tiempo que hablan en cierto modo consiguen ritmo y recurrencia, eso es lo que yo llamo hablar con ornato44.
Recoge a este respecto tres estilos de composición del discurso:
Humile: Sencillo, también llamado ático. Propugnaba un tipo de oratoria espontánea, carente de artificio y de excesivos adornos; consideraba que la mejor elocuencia era la que lograba una más completa exposición de los hechos.
Sublime: Se caracteriza por su tono brillante, exuberante y florido, exageración, inventiva, numerosas figuras estilísticas; los argumentos se guían por la imaginación más que por la lógica.
Medium: Estilo oratorio a medio camino entre las dos tendencias anteriores.
Estos ya aparecen en tratados anteriores como la Rethorica ad Herennium o en los estudios de retórica de Teofrasto (discípulo de Aristóteles y continuador de su obra).
La novedad de Cicerón consiste en relacionar cada uno de los estilos con las funciones del orador. “Cuantos son los oficios del orador, tantos son los modos de decir. Sutil en
43 De oratore, III, 200-208
44 De oratore. III, 53
28 el probar, templado en el deleitar, vehemente en el persuadir: aquí está toda la fuerza del orador. Sólo él juzgará lo que es oportuno en cada circunstancia, y podrá hablar del modo más acomodado a la causa”45.
1.2.4. MEMORIA
A una pregunta de su hijo sobre dónde reside la fuerza de la oratoria, Cicerón responde: “En la invención y colocación de las cosas y de las palabras. La invención se dice propiamente de las cosas, la elocución de las palabras. El colocar, aunque es común, se refiere principalmente a la invención. La voz, el gesto, el ademán y todo lo que se refiere a la acción acompaña a la elocuencia, y de todas estas cosas es conservadora la memoria”46.
El recordar las cosas es lo propio del orador, pero, según Cicerón, no hay nadie capaz de retener en la memoria todos los hechos, pensamientos, así como el orden y disposición de las palabras en el discurso. Por eso es necesario recurrir a alguna técnica que le ayude. Cuenta entonces la historia de Simónides de Ceos, del que dicen que fue el primero en dar a conocer la técnica de la memoria. Simónides, único superviviente del desplome del techo de un salón en Tesalia, fue capaz de cerrar los ojos y visualizar a cada uno de los comensales y su lugar en la mesa y con ello identificar los cadáveres que estaban destrozados e irreconocibles. Había descubierto que la posición de algo era lo que en particular iluminaba su recuerdo. Es el llamado método de los lugares, loci, que consiste en convertir lo que se desea recordar en imágenes mentales y luego organizarlas en un espacio arquitectónico imaginario. Cuesta recordar los datos, por lo que se deben transformar en información espacial47.
Tanto en este tratado como en las Partitiones (26), Cicerón define la memoria a través de un símil: la memoria es hermana gemela de la escritura. Así como aquella consta de los signos o letras y del lugar en que se imprimen, así la memoria, como blanda cera, admite la impresión de las imágenes (que vienen a ser como las letras) en sus lugares respectivos. El procedimiento de asociación de ideas mentales que facilita el recuerdo de algo.
Es, por lo tanto, la operación que fija en la memoria al discurso, reteniendo lo configurado por las operaciones anteriores (inventio, dispositio y elocutio). Es llamada
45 Orator 21, 69
46 Partitiones, 3
47 De oratore II, 351-354
29
“tesoro de las cosas inventadas” y “guardián de todas las partes de la retórica”. Hay quienes pronuncian discursos a partir de un esquema con ideas claves, hay quienes lo escriben y se lo aprenden para su exposición pública.
1.2.5. PRONUNTIATIO O ACTIO
Dice Cicerón que los oradores son actores de la realidad misma48 y que sin acción no hay elocuencia49. La pronuntiatio es el momento de la actuación, de la espectacularización del discurso. Las técnicas retóricas en esta fase se relacionan con el movimiento del cuerpo, el gesto y la modulación de la voz. Para poder causar el efecto deseado en el auditorio, es necesario que las emociones que intenta expresar el orador con sus palabras estén acompañadas del gesto, la mirada, la voz, el tono, el ritmo y volumen adecuados.
En cuanto al gesto el arpinate da algunas recomendaciones como que el discurso se realice de pie y con la cabeza levantada; que el orador no se mueva mucho y que el movimiento de los brazos esté en función de aquello que se expresa. Pero todo radica en el rostro y especialmente en la mirada, pues es la única parte del cuerpo que puede manifestar mediante gestos todos los estados de ánimo posibles. “En la ejecución de nuestros discursos el rostro resulta, después de la voz, lo más efectivo, y éste está controlado por la mirada”50.
Igualmente toda emoción tiene su propio tipo de voz, pero hay en cierto modo un tono medio, a partir de aquí, subir el tono poco a poco es tan elegante; lo mismo en la dirección opuesta, existe en la distensión un tono muy bajo, tal como cuando se desciende en la escala de sonidos. Esta variedad y este recorrer todos los tonos de la voz logrará tanto preservarse a sí misma como aportar distinción a la ejecución del discurso51.
Relacionado con la voz se encuentra el ritmo (numerus). Cicerón define el ritmo como todo lo que sin ser verso deleita el oído. A este respecto Cicerón advierte que todo discurso ha de dejar una impresión grata al oído. Para ello resulta necesario elegir las palabras, teniendo en cuenta que las de mejor efecto rítmico son aquéllas que mejor expresan en cada momento la idea del sentimiento que se quiere manifestar. Asimismo
48 De oratore III, 215
49 Orator 56
50 De oratore III, 223
51 De oraore, III, 227
30 se ha de cuidar la combinación de ellas pues, evitando sobre todo el hiato y la cacofonía52. Además deben disponerse de manera que se combinen las cortas con las largas en una unión fácil y agradable. En la elección de estas palabras el orador puede echar mano de los ya mencionados arcaísmos y formas poéticas, pero también de palabras ordinarias y comunes53
Las pausas dentro de los periodos son importantes a la hora de conseguir un discurso armónico. Los paralelismos y la antítesis son buenos recursos en este sentido y tienen la ventaja de que, como en esta disposición de los períodos los miembros se exigen mutuamente, no aparece para nada el trabajo54.
Dos son los componentes de la oración: las palabras y el ritmo. Las palabras son el elemento material y el ritmo el formal. Las palabras son necesarias, el ritmo es un lujo, una elegancia, no es, pues, extraño que aparecieran antes aquéllas, y cuando el hombre dominó lo que es de necesidad, se dio a buscar lo que es adorno55 .
Cicerón afirma que en todos los discursos la mayor parte de los puntos son comunes, pero especifica algunas particularidades del discurso deliberativo56. Conviene, pues, en la medida que el objeto de estudio del presente trabajo son discursos pertenecientes a este género detallar esas especificidades.
Particularidades del género deliberativo
Antonio, uno de los interlocutores del De oratore, recuerda que este género en Roma se da en dos escenarios: la asambleas populares y el senado, donde para hablar con posibilidades de convencer no solo resulta imprescindible tener conocimiento de los asuntos públicos, sino también conocer la psicología de los ciudadanos. Por tanto, los medios y métodos requeridos para una y otra audiencia serán distintos; así, algunos procedimientos más efectistas o más vinculados al pathos son más adecuados a las asambleas del pueblo que al senado, órgano supuestamente compuesta de personas sabias y prudentes: "en el senado esto hay que hacerlo con menor aparato; pues se trata de un órgano consultivo sabio, y hay que dar lugar a que hablen otros muchos e
52 Orator, 44, 150-186
53Orator, 49, 163
54 Orator, 49, 164-165
55 Orator 55, 185-186
56 De oratore II, 333 y ss.
31 incluso hay que evitar la sospecha de que queremos exhibir nuestro talento. En cambio la asamblea popular absorbe todo el vigor y la seriedad de un discurso y requiere cambios de tono. Y, resumiendo, a la hora de convencer no hay nada más deseable que el prestigio moral".
Asimismo los argumentos deben girar en torno a lo útil y lo honesto, que irremediablemente se encuentran vinculados a lo necesario y lo posible. El que persuade propone una sola cosa: 'Si esto es útil y puede hacerse, hágase'. El que disuade propone dos: Primera, 'si no es útil, no se haga'. Segunda, 'si no es posible, no se emprenda siquiera'. El que disuade tiene que destruir las dos razones del contrario.57
Cicerón recomienda recurrir al argumento de la utilidad ante un auditorio poco instruido o falto de preparación, mientras que la honestidad funciona mejor ante hombres cultos y bien preparados. En cualquier caso, no solo hemos de persuadir que es posible, sino que es fácil y agradable. Por el contrario, cuando tratemos de disuadir hemos de impugnar la utilidad o mostrar las dificultades58.
En lo referente a la estructura, en el discurso deliberativo el exordio no ha de ser largo, y a veces puede suprimirse, pues los que deliberan vienen ya preparados a oír.
Debe proponer con claridad lo que va a decir y por qué lo dice, anunciar que será breve en su discurso y rogar que le oigan con atención.
Tampoco se ha de narrar mucho. La narración es de cosas pasadas o presentes, la suasión de cosas futuras. Todo razonamiento se ha de encaminar a la convicción y a la persuasión. Todo el discurso debe ser sencillo, grave y más adornado de sentencias que de palabras59.
57 Partitiones, 85
58 Partitiones, 95
59 Partitiones, 97
32
33
II. LA ORATORIA DE PABLO IGLESIAS
1. PABLO IGLESIAS TURRIÓN (Madrid, 17 de octubre de 1978)
Antes de proceder al estudio de los discursos seleccionados conviene conocer brevemente quién los pronuncia.
Pablo Iglesias, como todo el mundo sabe, es el secretario general del partido Podemos, y uno de los políticos más mediáticos del país. Sin embargo, no fue uno de los firmantes del manifiesto Mover ficha: convertir la indignación en cambio político60 (12-13 enero 2014), que daría origen al partido que lidera. En este documento, firmado por una treintena de intelectuales, personalidades de la cultura, el periodismo y el activismo social y político, se expresaba la necesidad de crear una candidatura que concurriese a las elecciones europeas de mayo de ese año, con el objetivo de oponerse, desde posturas de izquierda, a las políticas de la Unión Europea para la crisis económica. Y, a pesar de no ser uno de los firmantes del manifiesto, el 14 de enero se anunció que este profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y analista político televisivo encabezaría el movimiento. Le avalaba un currículum brillante:
Pablo Iglesias acabó sus estudios de Derecho en la (UCM) en 2001 y ese mismo año comenzó a estudiar en la misma Universidad Ciencias Políticas y de la Administración, su verdadera vocación. En 2002 publicó su primer artículo en Nomadas61, una revista académica de Ciencias Sociales y Jurídicas. Dos años después, obtuvo la Licenciatura en Ciencia Política, con premio extraordinario62.
A partir de 2006 empezó a colaborar como articulista en diferentes medios de prensa escrita (Diagonal, Rebelión y Kaosenlared). Al año siguiente, gracias a una beca, Iglesias a Cambridge para estudiar en el Centro de Estudios Latinoamericanos
En 2008 obtuvo el doctorado, también en la UCM donde fue profesor interino de Ciencias Políticas en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología hasta 2014.
El mismo año que comenzó a dirigir y presentar un programa de tertulia política, La Tuerka, en Tele K, realizó un máster en Humanidades (2010) por la Universidad Carlos
60 PUBLICO, (14-01-2014), Intelectuales y activistas llaman a "recuperar la soberanía popular" con una candidatura para las europeas
61 Pablo Iglesias Turrión en Google Académico.
62 Suárez, Gonzalo (1 de junio de de 2014). «El monaguillo Pablo Iglesias». El Mundo.
34 III con una tesis sobre análisis político del cine, y en 2011 un Master of Arts in Communication, en la European Graduate School, de Suiza, donde realizó cursos de filosofía de los medios de comunicación y estudió teoría política, cine y psicoanálisis63.
Un año más tarde empezó a colaborar con el diario Público y en el programa de La Sexta Columna.
En abril de 2013, Pablo Iglesias fue invitado al programa El gato al agua de Intereconomía para hablar sobre la convocatoria de Rodea el Congreso. Tras esta participación, comenzó a recibir solicitudes de otros medios y pasó a ser colaborador habitual en las tertulias políticas de El gato al agua, El cascabel al gato (13 TV), La Sexta Noche (La Sexta), Las mañanas de Cuatro (Cuatro), Te vas a enterar (Cuatro) y La noche en 24 horas (24 horas).
Además de inglés, habla italiano (estuvo de Erasmus en Bolonia) y lee francés.
63 Iglesias Turrión, Pablo. «Currículum vítae de Pablo Iglesias Turrión». sindominio.net.
35
2. ANÁLISIS DE LOS DISCURSOS
Como ya se ha mencionado en la introducción del presente trabajo, los discursos seleccionados se han analizado teniendo como marco teórico los preceptos y normas de la retórica clásica de Cicerón. Se ha estudiado de manera conjunta las fases de construcción del texto del discurso (inventio, dispositio y elocutio) porque, aunque en la teoría son sucesivas, en la práctica discursiva son acciones simultáneas64. De ahí que el punto de partida del análisis ha sido la estructura de cada discurso; a continuación se ha procedido a identificar, en cada una de ellas, los argumentos y cómo están construidos con el fin de distinguir si refuerzan el ethos, el logos o el pathos. Finalmente se ha estudiado la ejecución del mismo (memoria y actio).
Discurso 1: ‘Marcha por el cambio’65 1. Contexto
Pablo Iglesias pronuncia este discurso el día 31 de enero de 2015, tras finalizar la “Marcha por el cambio” en Madrid. Tras el éxito en las elecciones europeas en otoño de 2014, Podemos se concentró en intentar ganar las Generales del 2015 y, tras reducir la presencia en los medios de sus líderes más conocidos (Errejón e Iglesias) para evitar su sobreexposición, llamó a una gran movilización en Madrid para demostrar que contaba con el apoyo de la mayoría social. Según Rita Maestre, una de las coordinadoras de la marcha, el objetivo era, "que fuera el primer hito de ese año del cambio, una forma de constatar que ese cambio ya está en marcha, que hay una masa social y política que lo quiere"66.
A diferencia del conocido 15-M, los asistentes no pretendían protestar ni pedir nada, sino “celebrar” que el 2015 era el año del cambio. Entre aplausos y gritos de "sí se puede", el líder de Podemos recordó, desde 1808 hasta el 15-M, todas las ocasiones en las que la Puerta del Sol había sido protagonista de la lucha del pueblo de Madrid.
El discurso pronunciado por Iglesias animó a los asistentes a conseguir el “cambio político”. Del mismo modo, la presencia de Iglesias despertaba aplausos y la euforia del público.
64 Pujante, D., (s.f.) El discurso político como discurso retórico. Estado de la cuestión.
65 Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=YUrm0-SUCXY
66 Álvarez Isra,(19-01-2015), Podemos saca músculo y ultima su 'marcha por el cambio' de este sábado 31 en Madrid