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O RACION FUN EBRE
QUE EN LAS SOLEMNES EXÉQÜIAS CELEBRADAS DE ÓRDEN DE LA FIDELÍSIMA CIUDAD DE BORJA
EN L A IGLESIA DEL CONVENTO DE S. FRANCÍSO EL DIA 2 9 DE MARZO DE I 8 1 9 />
CON ASISTENCIA DE SU M. I. CABILDO DE LAS R R . COMUNIDADES RELIGIOSAS!
DE LA OFICIALIDAD Y DEMAS TROPA DEL REGIMIENTO DE CABALLERIA DE MONTESA,
DE SU D I S T I N G U I D A N O B L E Z A ,
Y DE UN NUMEROSO PUEBLO
EN SUFRAGIO DE LOS REYES
E L S E Ñ O R D O N C A R L O S I F
Y D.^ M A R Í A L U IS A D E BORRON .
D I J O
E L P . F r. P A S C U A L G O N Z A L B O Lector de Filosofía en dicho convento.
S a le á lu z á expensas de la misma Ciudad,
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CON LICENCIA:
En Zarag. Por Francisco Magallon.
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D o m im s íjenedixit novissimis m agis quam p r in c i’- p io eju s. Job. 44.
¡ ( ^ u é grandes y funestos suce
sos han sumergido en amargo dolor á nuestro católico M om ar
ca! Reciente todavia la llaga que habia abierto en su corazón la temprana y deplorable muerte de su augusta Esposa, muere su amada Madre d on a m arta lu isa
DE BORBON : y su augusto Padre
GARLOS IV desciende en Ñapó
les á la obscuridad del sepulcro, cuando todavia resonaban en Ro
ma los lúgubres cánticos de las exequias de su amada Esposa.
¡0
triste y afligido Fe r n a n d ol¿quién pues podrá llegar á cpni-
dolor? E l es sin duda tal, que hasta la misma vida os fuera aborrecible 5 si vuestra heroica constancia, y vuestra cristiana fortaleza no os hiciesen superior á la adversidad y los trabajos.
Tan justos motivos de sentimien
to han comovido también á toda la nación que os ama ; y des
pués de haber pagado el justo tributo de gratitud y de piedad á vuestra augusta Esposa, mez
cla sus lágrimas y sus oracio
nes con las de la Iglesia por vues
tros augustos Padres, un tiem
po objeto de nuestras delicias, y siempre de nuestra veneración y respeto.
Pero señores , dejemos á nues
tro amado Soberano, suplicando al cielo conserve dilatados años
su' importante v id a , y fijemos nuestra atención en los augustos R eyes, por quienes ofrecemos al Señor estas religiosas exequias.
Mes y medio hará que os hable en esta misma cátedra de nues
tra amada Reyna don a m a r iá
ISABEL DE BRAGANZA. SuS v irtu d e S
tuvieron mas parte en mi ora
ción , que los sucesos políticos y temporales; porque apenas su
bió al trono cuando tuvimos la nunca bien ponderada desgracia de perderla. Pero ¿cómo podre yo reunir en la corta estrechez de una oración todo cuanto se puede decir de garlos y de lu isa?
E n la imposibilidad pues de abra
zarlo todo, espero... ¿y qué no podré esperar de vuestra bon
d ad ?... espero no llevareis á mal el que pase en silencio muchas
6
de las cosas que vosotros sabéis.
Cuando considero pues, se
ñores , los varios sucesos del rey- nado y de la vida de tan augus
tos R eyes, unos próspei’os y fa
vorables, otros adversos y aflic
tivos, no puedo menos de reco
nocer en sus Reales Personas una particular providencia del Señor, cual se manifestó en el justo de Idumea. Este era un Príncipe sobre quien el Señor babia der
ramado sus bendiciones; pues so
bre haberle dado un corazón rec
to, le babia colmado de tales bie
nes de fortuna que era un Prín
cipe ilustre y distinguido sobre todos los orientales : Magnus ín
ter onines orientales, Pero el mis
mo Señor, que aflige muchas ve
ces á sus escogidos, convierte to
da su felicidad en amargura, par
ra qué su virtud se acrisólase ea los trabajos, y se hiciese mas y mas acreedor por su sufririiiento á la corona de inmortalidad que le tenia preparada, ün fuego pues terrible y espantoso reduce á cenizas sus ganados ; los Cal
deos le arrebatan sus camellos:
los Sabeos matan sus criados : urt viento impetuoso derriba la casa en que se bailaban sus hijos y los sepulta bajo sus espantosas ruinas : toda su gloria se eclip
sa : cáesele de la cabeza su co
ro n a ; y llega á tan miserable estado, que sus amigos en siete dias y siete noches que estuvie
ron á su lado no se atreviéroa a hablarle por la vehemencia de su dolor. Job sufre con pacien
cia todo este tropel de calami
dades : y el Señor en premio de
su sufrimiento, después de ha
berle concedido una familia la mas dilatada y mas virtuosa, le concede la muerte preciosa de los justos. Asi es como Dios ben
dijo los últimos dias de este Príncipe mucho mas que los pri
meros de su vida ; Dominus be- nedixit novissimis magis quam principio ejus.
A l oir esta pintura ¿quién no ve casi al vivo retratados á los augustos Monarcas por quie
nes hoy ofrecemos al Señor el sacrificio de expiación? Porque
¿no fueron sus primeros dias lle
nos de prosperidad y engrande- óimiento, y sus últimos llenos de tribulaciones y trabajos? ¿ Y no podemos pensar que el Señor los condujo por estos caminos á la posesión de su reyno?, Gonsi-
aerémoslos pues bajo estos ^dos puntos ele vista, como Principes y Reyes en la prosperidad, y como Reyes afligidos con traba
jos : en lo primero reconocere
mos que el Señor se manifestó con ellos liberal y magnífico, y en lo segundo compasivo y mi
sericordioso; y de consiguiente veremos que bendijo mucho mas sus últimos dias que los prime
ros de su vida : Domimis be- nedixit novissimis magis quam principio ejus. Pero antes de dar principio digamos en sufragio de sus almas una Ave María.
P R I M E R A P A R T E .
JDominus ben ed ixit novissimis m agis guam p rin c i
p io eju s. Job. 4a.
jCuan diversos son los cami
nos de la Providencia para con los hombres! A unos los condu
ce por la pobreza y los trabajos hacia su último fin , y á otros por la prosperidad y la abun
dancia , á unos los coloca en un estado obscuro, y á otros en un estado eminente ; á unos parece los ha criado para mandar , y á otros para obedecer. E l Señor pues se manifestó liberal y mag
nífico por un tiempo con nues-r tros augustos Monarcas garlos y LUISA, dándoles cuanto hay en el mundo de mas grande y glorioso.
Ñapóles vio nacer á garlos,
y Parma á lu isa \ pero ni Na-
I I
poles ni Parma debían poseerlos por mucho tiempo. E l Señor les tenia preparado un destino mu
cho mas grande j glorioso, que en el que habían nacido. Ñá
peles al mismo tiempo que se regocijaba de ver las amables prendas del tierno Infante , su candor, su sencillez, su bella ín
dole, su afabilidad y su agrado, expresaba su sentimiento de que no le hubiese cabido la suerte como segundo de ser sucesor en el trono de su augusto Padre: y Parma al mismo tiempo que ce
lebraba el talento, el despejo y las demas gracias de que había dotado la naturaleza á su tierna Princesa, sentía anticipadamen
te el dia en que se vería priva
da de su amable presencia. Pe
ro dejando en Eoma á la tier-
na Princesa, adonde fué trasla
dada desde Parma por su au
gusto Padre el Infante D. Felipe, dejando digo en Roma á dona MARIA LUISA dedicada toda al es
tudio de la R eligión, de las cien
cias y de las bellas artes, con
virtamos nuestra atención á su augusto Esposo.
Desgraciado por un acciden
te el primogénito de garlos i i i,
es declarado heredero de la co
rona su hijo segundo nuestro di
funto Soberano. ¡Qué dia aquel de tanto regocijo para Ñapóles!
Sus habitantes gustaban ya el mas dulce placer, presentándose á su imaginación la dulzura del gobierno que les esperaba. Pero
¡cuán vanas son las esperanzas de los hombres, y cuán incom
prehensibles los caminos de la
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Providencia! La- España debia poseer á este Príncipe , que era las delicias de Ñapóles, y el mo
tivo de sus esperanzas.
Muere Fe r n a n d o v i, y el sen
sible dolor que ocasionó á nues
tra nación su deplorable muerte hubiera sido inconsolable, si gar
los su augusto hermano y padre de nuestro difunto Monarca no hubiera enjugado siis lágrimas.
CARLOS pues es proclamado R ey con no menos demostraciones de jú b ilo, que Salomen en Israel, porque asi como solo Salomón era digno de ocupar el trono que habia dejado David su pa
dre, solo CARLOS III podia llenar el vacío que habia ocasionado la muerte de Fe r n a n d o. Asi que lo .que para las Sicilias fue mo
tivo de la mas profunda triste-.
za y del dolor mas sensible 5 faé para la España del mayor rego
cijo y alegría. Ñapóles lloraba la ausencia de un Soberano, que habia ganado el corazón de sus vasallos por su prudencia , por gu clemencia y por su piedad;
y la España se congratulaba y bendecia al Señor, porque le habia dado un digno sucesor de ríRNANDO, y un Príncipe que, habiendo sido fruto de las ora-, ciones de sus augustos padres á S. Pascual, manifestaba ya en la tierna edad de doce años las prendas que le caracterizaron en el trono.
Entre tanto pues que Carlos
cii, aquel Monarca tan experto en el arte diíicil de gobernar a los pueblos 5 se ocupaba en hacer feliz a nuestra España, entre
-tanto que inmortalizaba su nom*
bre estableciendo y dotando ca
sas de beneficencia para alivio y consuelo de la humanidad afli
gida, el joven Príncipe se gran- geaba el amor de los que un dia debian ser subditos por su dulzura, por su agrado y por su piedad. Ya pues habla llegado á aquella edad que puede llamarse la primavera de la vida, cuando la España acordándose de los ríos de sangre, que una guerra es- trangera y civil al mismo tiem
po habia hecho correr por tó
elas sus provincias , manifestó los mas vivos deseos de que eli
giese una Esposa, c[ue afianzan
do la sucesión , la librase hasta del mas remoto peligro de ver renovadas aquellas terribles y esr pantosas escenas, cuya sola nie-r;
moría horroriza: y el joven Prín
cipe que ya no vivia sino para los que debían ser sus vasallos, satisface prontamente sus deseos.
DONA MARIA LUISA DE BORBON fu é
elegida para esposa de garlos..,.
¡Elección acertada! ¡enlace feliz!..
gritó entonces la España entre los mas vivos transportes de iu- mío. 1 con razón sin d u d a: por
que ¿ qué no podia prometerse de una Princesa unida con el Príncipe con los lazos de la san
gre, y á quien vela adornada con las prendas mas apreciahles? Su talento, su penetración, su ins
trucción en las ciencias y bellas letras, y otras tantas gracias con que la babia enriquecido Ja na
turaleza ¿ no debieron hacerla
■ concebir las mas lisongeras espe
ranzas? porque acaso la claridad
asi cuando la muerte arreBatóá sú venerado p ad re, manifestó. Lien con su dolor y con sus lagrimas que la magestad del trono no te
nia ascendiente en su corazón en comparación del amor que le te
nia. Toda la Nación le acompañó en su dolor, pues perdió en garlos
el Rey mas amante y mas amado de sus vasallos, el mas solícito del bien de sus pueblos, y el mas ce
loso de la religión. Y o no temeré decir que Judá no manifestó ma
yor sentimiento en la muerte del R ey Josías que la España en la de CARLOS; y que si el pueblo hebreq halló alivio en la elevación de Joa- caz, el de la España en la de g a r
los IV fue tanto mas efectivo y cum plido, cuanto las esperanzas concebidas por los españoles de ver continuar sobre el trong l^, virtudes eminentes de garlos iií
ig ise realizaron en su hijo , J las de los judíos sobre Joacaz que
daron frustradas por haberse apartado luego este Príncipe de la religión de su piadoso Padre.
Y en verdad que la rectitud y bondad de su corazón afian
zaban las esperanzas de ver con
tinuado el glorioso reynado de su augusto padre. Porque ¿qué R ey se manifestó mas bondado
so y mas clemente? La aflicción
¿no dio siempre un derecho á sus subditos para hablarle ? ¿no le vimos compasivo hasta con ios mismos delincuentes? ¿su bon^
dad no llegó casi á tocar en el extremo? Pero ¿ qué cosa mas honrosa, decia un gentil, que co
meter faltas de bondad? ( i) Todo
( i ) Quid enlm honestius culpa benigiiitaüs ? P iia . ju u . 1. 7. c. a8.
exceso debe evitarse; pero en ía necesidad de escoger, ¿no vale mas pecar por exceso de indul
gencia que por demasiada seve
ridad? Augusto fué celebrado por tardo en castigar los delitos y pronto en recompensar el méri
to; ( i) y hasta el mismo N e
rón exclamo en el principio de su reynado que deseaba no sa
ber leer ni escribir al verse pre
cisado á firmar un decreto de muerte. (2) Si asi pensaban pues unos gentiles 5 ¿como nosotros no celebraremos la clemencia dé CARLOS, cuando el Evangelio no respira sino bondad y manse
dumbre? La bondad de su cora
zón no le permitía pensar que
O) postias Prineeps ad praím la velox.
Ovid. 1. I. de Ponto Eleg. 3.
_ O) Vellem nescire litteras. fO dígnam vocem&c»
Senee, I. a. de Clemantia c. i .
21 un Hombre pudiera abandonarse
á los últimos excesos sino arreba
tado de una pasión que le pri
vaba el conocimiento : y asi ú se veta obligado a castigar^ cas
tigaba mas bien como tad re que como Monarca.
¿Y qué os diré ahora de su augusta Esposa? si fuera sola el objeto de mi oración , os dina cuanto pudierais desear ; pero siendo su Esposo el primer ob
jeto , él es el que principalmen
te debe llamar nuestra atención;
y así solo os diré por ahora ^ que colocada en el trono jamas se olvidó de su f e : que glorián
dose de ser hija de la iglesia, manifestó siempre el mas pro
fundo respeto á la suprema Ca
beza y á sus sagrados Ministros:
que tiernamente devota de M a-
22
ria Sma, del Pilar mandó se ce
lebrasen todos los dias seis M i
sas j se cantase todos los Sába
dos una Salve en su Santa Capi
lla: que naturalmente compasi
va con aquellos desgraciados se
res de la humanidad, que ape
nas nacen comienzan á padecer por el delito de sus padres no conocidos, estableció una Casa que será un eterno monumento de su beneficencia : que liberal y generosa repartió tales gracias, que nos dió motivo para decir^
que el trono solo la era apeteci
ble en cuanto la ponía en pro
porción de hacer beneficios: que afable y cariñosa... pero volva
mos ya á nuestro difunto M o
narca.
Su bondad le hacía procu
rar por todos los medios la fe-
23
liciclad de sus vasallos, de suer
te que yo no temeré decir, co
mo Plinio de Trajano, (i) que su propia salud le era aborreci-^
ble sino estaba unida á la de sus pueblos, y que no podia su
frir se dirigiesen votos al Cielo en su favor, sino eran útiles á loa mismos que los hacían. Mas no.
creáis, que cuando digo esto, tra
to de ocultar, que mientras nues
tro difunto Soberano se ocupaba, todo en fomentar la agiácultura y el comercio, las ciencias y las artes, un hombre tan sagaz co
mo corrompido, después de ha
ber sorprendido su sencillez, ha
cia inútiles todos sus desvelos, y conducía á la nación hacia su ruina con su exaltada ambición
( i ) Tibí salus íua Invisa e s t, si non sit cum R ei- publícae salute conjimcta ; nihil pro re paterís opia-
ri, nisí expediat opiantibus... P iiu . Pauegir. T ra ja a ..
^insaciable codicia : porque ¿cd- mo podria yo ocultar lo que vo
sotros sabéis, y ha sido publico á las naciones estrangeras? Pero degemos en descanso á los muer
tos , ( 1 ) no manchemos nuestras manos inquietando sus cenizas, y no juzguemos á un R ey tan dig
no de nuestros respetos, á un R e y , que si tubo algún defecto ( ¿poj'que acaso el trono eleva sobre la clase de hombre al que se sienta en el?) que si tubo, re
pito, algún defecto, no fue se
guramente consecuencia de una voluntad perversa, sino de aque
lla sencillez columbina que no. le permitía pensar el que un hom
bre tratase de hacer infeliz á su misma patria y á sus mismos pro-
(I) ...
Parca pías soeJerare manus. .Parce sepuUo.
...V irg . 1. 3,..
J
^5
. lectores. Borremos pues para siempre de nuestra memoria aque
llos dias, que el, lo mismo que su augusta Esposa, borro con su pie
dad y con sus lágrimas. E l hom
bre sensato lejos de quejarse de los defectos de los príncipes se mueve á compasión, porque co
noce que cuanto mas elevado se halla el hom bre, tantos mas son los peligros que los rodean, y tanto mas expuesta se halla su virtud. Las mas santas inclina
ciones no son suficientes á po
nerlos á salvo contra los tiros de los astutos aduladores , y nosotros seriamos tal vez menos fieles que ellos si nos hallásemos rodea
dos de iguales peligros. Nuestras faltas por grandes que sean, se ocultan en la misma obscuridad de nuestra clase ; pero las de los
príncipes, aunqiie sean peque
ñas, aparecen siempre muy gran
des por el mismo resplandor del trono en que se hallan sentados.
Olvidemos pues esto : y tan
to con mas razón debemos olvi
darlo, cuanto su piedad no nos permite dudar de la rectitud de sii corazón. Y en verdad ¿con qué fervor no se le vio siempre que asistió en su Real Capilla á la celebración de los divinos miste
rios? ¿Guantas veces no se le vio con edificación del pueblo unir su voz á la de los cantores en aquella semaiia, en que la Igle
sia celebra con magestuosa pom
pa los misterios de la pasión y imierte de nuestro adorable R e
dentor? ¿Cuantas no se le vio bajar de su carroza para condu
cir en ella el Arca de la A lian -
^7
za 5 y cam inar á píe delante de ella como D a vid , sin conservar otra preeminencia de la magos
tad que la de ser el prim ero.en tributar humildes homenages al R ey de los Reyes y Señor de los Señores ? ¿ Con qué espíritu de fé y de devoción no recibia los santos Sacramentos? ¿qué respe
to no tubo, siempre á los Ungi^
dos del Señor? A quel lim o. Pre
lado, gloria de la mitra y ho
nor de la púrpura el Excmo. y Raim o. D. Pedro de Quevedo y
■ Quintano Obispo de Orense, este podría decir, si viviera, que su
misión tan rendida tubo siem
pre CARLOS á la Iglesia, y que respeto tan profundo á sus m i- iiistros : y él diria también quien era el que con larga mano le su
ministraba ju s tesoros para so-
correr á sus fieles. Si\ garlos era el que conociendo el mérito de la limosna le franqueaba su bolr- sillo secreto, y quien al hacer
lo solia decir „ comerciemos con un mercader del cielo, cc Pala
bras verdaderamente dignas de un R ey tan piadoso como garlos,
palabras que manifiestan bien su viva fe y su compasiva miseri
cordia.
¿Estrañaremos pues que sien
do tan compasivo y tan benéfico mirase con horror la efusión de sangre? Por esto lejos de apete
cer la gloria de las armas, solo pensaba en gobernar á los pue^
blos y hacerlos felices con la paz.
Y o señores tengo la mayor com
placencia en no tener que cele
brarle por sus conquistas; porque
¿á qué se reduce Ja gloria de un
conquistador? ¿Se reduce a otrá cosa que á haber llevado á rey- nos pacíficos el horror y las ca
lamidades de la gu erra, a haber arruinado tronos, reducido a ce
nizas pueblos y provincias ente
ras, convertido en espantosos de
siertos los poblados 5 sacrificado millares y millones de víctimas inocentes, y cargado de cadenas á los que sobrevivieron á la rui
na de su patria? Los soberbios monumentos erigidos para inmor
talizar sus hazañas recordarán ja
más otra cosa que lágrimas , de- bastacion y muerte? ¿El laurel con que adorno su cabeza no cre
ció con el riego horroroso de la sangre vertida en las batallas?
¿Qué es en fin un conquistador que lo es por genio y por elec
ción , sino un enemigo del género
humano que no se diferencia de un usurpador y asesino sino en el número y atrocidad de sus delitos, y en el número de los que le acompañan á cometerlos? G ra
vadas pues estas verdades en el coraron del piadoso garlos ¡qué dulce fruición esperimentaba al ver á su gran familia disfrutar las delicias de la paz! ¡Qué pla
cer el suyo al ver que sus tro
pas no tenian sus armas sino pa
ra la tranquilidad de su pueblo, y para hacer mas magestuosas las solemnidades de la Iglesia! Pero jqué golpes tan terribles le pre
paraba el Señor , y también á su augusta Esposa! E l Señor se ha
bía manifestado con ellos liberal y magnífico, proporcionándoles todas las glorias y-grandezas del mundo; mas ahora se les maní-
^ 3^
fiesta mas qué nunca benéfico f amoroso afligiéndolos con la ad-t- versidad y los trabajos : Domir ñus benedixit novissimis magis
quam principio ejus.
SEGUNDA PARTE*
Las aflicciones son las que conducen con mas seguridad á la íélicidad eterna. La horrible tempestad, que parecia iba á su=^
mergir su nave entre las olas, es la que reduce al verdadero co.-«
nocimiento al inobediente Joñas:
la necesidad es la que excita en el hijo pródigo el recuerdo y lo^
deseos de volver á la casa de su padre ; y las amarguras é igno^
minia del cautiverio son las que hacen suspirar á Júdá por las fiestas y -solemnidades - de Sioru
Según esto ¿cuan benéfico y mír sericordicsa no se manifestó el Señor con nuestros augustos Mo
narcas ? porque ¡con qué traba
jos los afligió! con la adversidad en la guerra, y con aflicciones personales.
Nuestro difunto Soberano, que jamas habia abrigado en su corazón proyectos ambiciosos, que jamas habia envidiado la gloria de los conquistadores, que siem
pre habia mirado con horror la guerra, y que no aspiraba sino á perpetuar en su reyno la ama
ble paz, se vé por fin obligado por la justicia, por la caridad, por la política, por todas las ra
zones , á tomar las armas. Esa nación tan religiosa en otro tiem
p o, y amante de sus reyes, como delincuente entonces y desenírer
, •
33
nada, esa nación que supo cor
romper la nuestra con su inmode
rado lujo y con la perpetua varie
dad de sus adornos 5 esa nación en que la fatal filosofía habia hecho tan rápidos progresos, llega por fin á cometer el crimen mas hor
rendo 5 y cuya egecucion bacía lar
go tiempo preparaban esos preten
didos reformadores del género hu
mano. La sangre pues inocente de LUIS X IV 5 y la de a n t o n i e- TA su augusta Esposa, vertida en el mas horroroso cadalso clama venganza como la de A b e l, y to
da la Europa conmovida al golpe de la cuchilla regicida se arma para castigar tan atroz y mons
truoso delito. C A ELO S, el pacífico
CAELOS unido con tantos lazos con el desgraciado l u i s, pone en movimiento sus tropas. ..
s
Los primeros sucesos de sus victoriosas armas corresponden á sus deseos : las tropas revoJucio- narias huyen despavoridas á la vista de nuestro egercito. Sus pla
zas se rinden al valor de nues
tros soldados : el terror y la vic
toria acompañan á nuestros es
tandartes__ pero fqué diferente aspecto llegan á tomar nuestras empresas militares! E l valor de
sampara repentinamente á nues
tros soldados, y apoderase de ellos el temor á vista de las le
giones enem igas: los mismos cam
pos sobre los que antes habíamos cantado la victoria son el teatro de nuestra ruina 5 y nuestras der
rotas llegan casi á contarse por el numero de las batallas: nues
tro suelo es ya pisado y concul
cado por-nuestros enemigos 5 y
33
nuestras plazas, aun las mas fuen
tes, no son ya suficientes á con
tener el Ímpetu de su fu ro r: to
da la anterior alegría de la Espa
ña se convierte en temor y so
bresalto, y el egército que siem
pre se había portado con honor deseaba no sobrevivir á unas der
rotas cuya causa no conocía.
A h ! ¡quién pudiera ahora ex
presar los sentimientos de nues
tros augustos Monarcas, y con es
pecialidad los de CARLOS! ¡ qué tristeza, qué amargura se derra-*
mó en su corazón al ver la des
graciada suerte de sus armas!
Considerábala como un castigo del cielo, reconocía que el Se
ñor le había herido en su pue
blo como á D avid, y deseoso de poner término á las calamidades de sus amados vasallos compra.
por decirlo asi, la paz á costa de sacrificios. Pero esta paz no debía ser duradera : el mar debía ser también testigo de nuestras desgracias como lo babia sido la tierra, pues que la justicia de Dios no se había dado toda
vía por satisfecha. Una nación la mas temible por su marina que conocieron los siglos nos de
clara repentinamente la guerra;
y el Señor, que favoreció á las veces á los enemigos de Israel en castigo de sus pecados, parece protege sus proyectos. ¡Qué re
cuerdos estos tan tristes para la España! ¡qué sucesos tan funes
tos siguieron á esta declaración!
Cinco navios apresados por nues
tros enemigos son el triste resul
tado del combate naval que dio el general D . Josef de Córdova,
Pero ¿qu^ poclémos pensar sirio que Dios quería purificar con trabajos á nuestros difuntos Re
yes, y á la misma nación que gobernaban, cuando el mismo valor de nuestros marinos llegó á ocasionar nuestra ruina? Los grandes navios el Real Carlos y la Concepción se creen enemi
gos en la obscuridad de la no
che : el sentimiento de la pasada derrota excita vivamente en uno y en otro el honor, y da fuer
za y energía á su valor : cada cual creyendo pelear contra su enemigo aspira á destruirle ; mo
rir ó vencer es la resolución de los dos navios: los dos recurren por liltimo a la bala ro ja, y los dos dignos de mejor suerte pe
recen en las aguas. ¿ Y quién po
drá recordar sin dolor el desgra-
38
ciado como terrible combate de Traíalgar? allí fue donde nues
tra marina, acompañada de la francesa, manifestó mas que nun
ca su v a lo r, y allí fue también donde solo quedaron de ella unas tristes reliquias. Asi ¡ó gran Dios castigasteis nuestros pecados! pe
ro no habiendo servido nuestras desgracias sino para aumentar el mimero de nuestros delitos, ¿có
mo se habia de desarmar vues
tro poderoso brazo? Asi también afligíais Señor á unos Monarcas, que habian cedido á las veces á los peligros de la prosperidad!
Pero ¡qué aflicciones personales les preparaba no tanto vuestra justicia 5 cuanto vuestra miseri
cordia!
Estos Reyes que por tanto tiempo habian sido dueños de la
monarquía española 5 estos lieyes acostumbrados desde niños á re
cibir los mas obsequiosos home- nages; estos Reyes cuyos deseos siempre pudieron verse cum pli
dos, y cuya autoridad habia si
do siempre respetada y obede
cida , estos R eyes----¡O B ayona!
tu fuiste el teatro donde se re
presentó la escena mas horrible;
tu viste violados los mas sagra
dos derechos : tu viste vilipen
diada la probidad y buena íe:
tu viste__a h ! garlos y lu isa, después de haber colocado su co
rona sobre la cabeza de su hijo FERNANDO, se vcn allí converti
dos de Reyes en esclavos. ¡Qué suerte pues tan diferente la suya de cuando se hallaban sobre el trono! Y o me figuro ver á gar
los como á otro Manases en la
cautividad de Babilonia, volverse al Señor, adorarle en espíritu y verdad, bendecirle por los tra
bajos con que le afligía, y humi
llarse en su divina presencia. ¡ Y qué lleno de amargura no se ha
llaría el corazón de lu isa ! Por
que ¿qué mayor dolor que ver
se rodeada de tropas enemigas una R e y n a , que colocada en el Trono no habia tenido al rede
dor de sí sino ojos favorables y lenguas lisongeras ; verse con las cadenas de la esclavitud la que habia acostumbrado á ver á sus vasallos anticiparse á sus mismos deseos por complacerla ; verse obligada á obedecer la que siem
pre habia acostumbrado á man
dar; verse coartada en sus gas
tos la que siempre pudo me
dirlos por su voluntad ; verse
4
^ en fin separada de la amable presencia de Fer n a n d o , cuya inocencia y virtud habia ya llegado á conocer? De esta suer
te la hacía conocer el Señor la vanidad de las glorias y gi-an- dezas del siglo; de esta suerte tomaba satisfacción su divina jus
ticia de aquellas flaquezas en las que tubo menos parte la mali
cia que la sensibilidad de su co
razón : de esta suerte la condu
cía .su divina misericordia hacia su eterna felicidad.
Colocados pues nuestros di
funtos Monarcas en una tierra, que no les recordaba sino vio
lencias, traiciones, perfidias, ase
sinatos, ¿cual sería su amargu
ra aun en aquellos momentos en que parece se olvidaban de sus trabajos? Por esto cuando les es
permitido huyen de una tierra regada con la sangre inocente de sus Reyes , de una tierra con
taminada con los horribles crí
menes que fueron el escándalo del mundo y lo serán de las fu
turas generaciones, y de una tier
ra en que se habia fraguado y consumado su ruina. Eneam í- nanse pues á Italia, y fijan en Roma su morada.
Os parecerá tal vez, señores, que se acabaron ya sus penas^
y que nada los afligiría ya ro
tas las cadenas de su cautiverio, dueños de su libertad , y colo
cados en la Capital del mundo que á porfía les brindaba con sus delicias. Pero si hubiésemos podido registrar sus corazones, j qué penetrados de dolor los hu
biéramos visto! Porque acorda-
ríanse de los días de su prospe
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ridad y engrandecimiento, y de su humillación y cautiverio; re
flexionarían sobre las calamida
des que sufrió la España, y so
bre la causa de tan cruel guer
r a ; ¿ y cómo estas reflexiones no habían de afligir su cora
zón ? La imagen de nuestro ama
do Soberano Fernando no se apartaría dia y noche de su imaginación , ni los trabajos, las tropelías y las humillaciones que habia suírido por un monstruo que debía haber venerado su virtud y respetado su augusto carácter; el sacrificio de tantos miles de fieles vasallos, que ha
bían obedecido los mandatos y hasta los caprichos de un ambi
cioso que los arruinaba , solo porque interponía su sagrado
nombre , estaría siempre fijo en su memoria 5 y lo estaria tam
bién la ruina de tantos pueblos y ciudades, que sufrieron con valor inimitable hasta los últi
mos trabajos por su amor y fi
delidad al Soberano : ¿ y cómo esto no habia de acibarar y lle
nar de amargura aun sus mas inocentes placeres?
Pero no penséis que las tri
bulaciones y trabajos inundan el corazón de nuestros Reyes en aquella fatal tristeza que con
duce al hombre al despecho, si
no en aquella tristeza útil y pro
vechosa, de que habla el Apos
to !, obradora de la penitencia.
Lejos pues de abatirse en los tra
bajos 5 encuentran en ellos el mo
tivo mas firme de su esperanza;
porque saben que si Jacob tiene
4 5 el dolor de ver la tánica de sur;
amado Josef teñida en sangre que creía suya, no es sino pa
ra verle después gobernador de E gipto; que si la madre de M oy- ses baña con sus lágrimas la mis
ma cuna en que le arroja al Ni- lo , es para verle en el palacio de Faraón, el Señor y vencedor de E gipto, el Caudillo y Legis
lador de su pueblo ; que si Abrahan coloca sobre el A ra á su hijo y le pone el cuchi
llo á la garganta, es para lle
gar á ser padre de una familia mas numerosa que las arenas del mar y las estrellas del fir
mamento; y que si el pueblo de Israel se vé entregado al de A m an, es para recobrar su li
bertad. Por esto sufren con inal
terable paciencia, reconociendo
SUS aflicciones como una señal nada equívoca del amoi' y mi
sericordia del Señor.
¡Con qué espíritu pues se hu
millaba en la presencia de Dios nuestra difunta Reyna en los úl
timos dias de su vida! ¡con qué fé y con qué fervor le decía co
mo el penitente David ,, yo Se
ñor 5 repasaré todos los años de mi v id a , y confesaré mis culpas en la amargura de mi alma : jKe- cogitabo tibi omnes anuos me-- os in amaritiidine animce mece.
¡Qué consuelo tan grande expe
rimentaba su alm a, rotas ya las cadenas que hablan aprisionado su corazón! N o , no eran pues los placeres y delicias deJ mun
do , no las pompas y grandezas del siglo, las que ocupaban su corazón : su salvación eterna, esi
... 'i z
té era su único integres, y el úni
co objeto de sus deseos. Por es
to cuanto mas sé acerca al tér
mino de su carrera, tanto mas se aumenta su fervor. La frecuen
cia pues de los Sacramentos re
cibidos con el mayor espíritu de fe y de devoción , sus oraciones, sus lágrimas, su com punción, su resignación en los trabajos de su última enfermedad le fran
q u e a n ... si, no temarnos asegii^
r a r lo ... le franquean las puertas de la divina Clemencia ; por
que si el Señor, como dice S.
Pablo, es rico en misericordias con todos los que le invocan : Dí- pes in omnes^ qui invocant lum \ si debemos pensar de Dios de un modo digno de su bon
dad : Sentite de Deo in bonita-*
te\ ¿por qué no pensaremos
’Reyna la muerte preciosa de los justos? Su particular Providen
cia, afligiéndola con la adversi
dad y los trabajos, y conducién
dola á terminar la carrera de su vida al centro de la Iglesia y donde tiene su silla el que tiene las llaves de los Cielos, ¿no nos obligan á pensarlo asi? Preparad pues augusta R e y n a , preparad los caminos á vuestro augusto Es
poso, que no tardará en seguiros.
Con efecto, señores: apenas se habian celebrado sus exequias con la mas solemne y magestuo- sa pom pa, apenas su augusto ca
dáver habia sido depositado en la Basílica Vaticana, no se ha
bian enjugado todavía las lágri
mas del Príncipe de la Iglesia, del Sacro Colegio, de los Prín-
Jt
4 9 cipes romanos, y de toda la Ita
lia ; cuando su augusto Esposo, disponiéndose para marchar á Roma á pagar el debido tribu
to de su amor y de su piedad á las augustas cenizas de su ama
da Esposa 5 es acometido de un dolor peligroso de costado. En
tonces fue cuando nuestro augus
to Monarca manifestó mas que nunca su viva íe , su fervorosa devoción , y su resignación cris
tiana. ¡ Con qué fervor pues y con que consuelo de su alma recibe el Santo ,Viático y la Extrema
unción ! E l mira estos Sacramen
tos como misterios de paz y de misericordia ; y fortalecido con ellos camina con paz inalterable hacia el término de su vida, sin que ni la misma muerte le in
tim ide, porque su fé le hace
de una resurrección eterna y glo
riosa. Entre los suspiros pues de su augusto Hermano R ey de las Sicilias, entre la aflicción de los Serenísimos Infantes, y entre las lágrimas de toda la Real Fam i
lia , CARLOS muere adorando é invocando' á Dios con su cora
zón 5 porque su lengua falta de fuerzas se habia negado á la fé que le animaba,
¿Qué deberemos pues pensar al ver que la fe y la Religión alentaron sus últimos suspiros?
Los gemidos de su corazón ha
brán llegado en vano al trono de la Divina misericordia? Tan
tas oraciones , tantos sacrificios ofrecidos al Altísimo por su al
ma ¿no habrán acabado de pu
rificarla? Recibidla pues ó gran
Dios en vuestros eternos Taber
náculos : reunid á los dos au
gustos Esposos 5 y colocadlos al lado de los Luises, Fernandos é Isabeles. Vuestra particular Pro
videncia con sus Reales Perso
nas nos hace esperarlo asi de vuestra misericordia. Vos los con- dugisteis por el camino penoso de la adversidad y los trabajos, después de haberlos elevado al mas alto punto de grandeza ; y si Vos no afligís á los hombres sino para que su sufrimiento los haga dignos de vuestra miseri
cordia ¿no nos dais motivo pa
ra contarlos en el numero de vuestros escogidos ? Gozen pues eternamente de vuestra presen
cia ; y colocados en vuestro rey- no sean los protecctores de es
ta M onarquía, y de su amado