UNIVERSIDAD PONTIFICIA DE SALAMANCA
Facultad de Psicología
Grado en Psicología
IMAGEN CORPORAL, TCA Y AUTOESTIMA
Autora: Maitane Fernández Peña Directora: Mª Ángeles Gómez Martínez
2015-2016
RESUMEN
El objetivo de la presente investigación fue analizar las relaciones existentes entre la imagen corporal, la insatisfacción corporal y la autoestima. Para ello, se contó con una muestra de 9 pacientes, todas ellas mujeres, pertenecientes al Centro ITEM de la localidad de Bilbao y cuyo rango de edad es de 16 a 38 años. Como instrumentos de evaluación se aplicaron el BSQ (Body Shape Questionnaire), la Escala de Autoestima de Rosenberg, el EDI-II (Eating Disorder Inventory) y el SCL90-R (Symptom Checklist 90 Revised). Los resultados no confirman las relaciones propuestas, observándose puntuaciones no significativas. Por lo tanto, se plantean distintas modificaciones y explicaciones para posibles investigaciones futuras, buscando resultados significativos en cuanto a las relaciones planteadas.
PALABRAS CLAVE
Imagen Corporal. Insatisfacción Corporal. Autoestima.
ABSTRACT
The aim of the present research was to analyse the existing relations between body image, corporal dissatisfaction and self-esteem. To this end, it was counted on a sample of 9 patients, all of them women who belong to the ITEM centre of Bilbao and whose age range is between 16 and 39 years old. As evaluation instruments, there were applied the BSQ(Body Shape Questionnaire ), the Self-esteem scale of Rosenberg, the EDI-II (Eating Disorder Inventory) and the SCL90-R (Symptom Cheklist 90 Revised). The results do not confirm the suggested relations, observing non-significant scores.
Therefore, different changes and explanations are laid out for possible future researches, looking for significant results with regard to the suggested relations.
KEY WORDS
Body Image. Body dissatisfaction. Self-esteem.
Índice
1. INTRODUCCIÓN ... 1
2. IMAGEN CORPORAL ... 3
2.1. ¿QUÉ ES LA IMAGEN CORPORAL? ... 3
2.2. FORMACIÓN DE LA IMAGEN CORPORAL ... 4
2.3. EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE BELLEZA ... 6
2.4. INFLUENCIAS ... 9
2.5. EVALUACIÓN DE LA IMAGEN CORPORAL ... 11
3. TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA ... 14
3.1. TIPOLOGÍA ... 14
3.1.1. Anorexia ... 14
3.1.2. Bulimia ... 16
3.1.3. Trastorno por atracón ... 17
3.2. EPIDEMIOLOGÍA ... 19
3.3. CAUSAS ... 21
3.3.1. Factores Predisponentes ... 21
3.3.2. Factores Precipitantes ... 22
3.3.3. Factores de Mantenimiento ... 23
3.4. REPERCUSIONES DE LOS TCA ... 24
3.5. INFLUENCIA DE LAS PAGINAS WEB PRO ANA Y PRO MÍA ... 25
3.6. EVALUACIÓN ... 26
3.6.1. Evaluación Médica ... 26
3.6.2. Evaluación Psicológica ... 27
3.7. TRATAMIENTO ... 28
3.7.1. Pacientes con Anorexia ... 28
3.7.2. Pacientes con Bulimia ... 32
4. AUTOESTIMA ... 33
5. JUSTIFICACIÓN ... 35
5.1. OBJETIVOS ... 36
5.2. HIPÓTESIS ... 36
6. MÉTODO ... 38
6.1. DESCRIPCIÓN DE LA MUESTRA ... 38
6.2. INSTRUMENTOS UTILIZADOS ... 39
6.3. PROCEDIMIENTO SEGUIDO EN LA OBTENCIÓN DE DATOS ... 43
6.4. ANÁLISIS REALIZADOS ... 43
7. RESULTADOS OBTENIDOS ... 45
7.1. PRUEBA U MANN-WHITNEY ... 45
7.2. PRUEBA DE KRUSKAL-WALLYS ... 48
8. CONCLUSIONES ... 50
8.1. LIMITACIONES ... 51
8.2. LÍNEAS FUTURAS DE INVESTIGACIÓN ... 51
10. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ... 53
11. ANEXOS ... 58
11.1. ANEXO 1 ... 58
11.2. ANEXO 2 ... 60
11.3. ANEXO 3 ... 61
11.4. ANEXO 4 ... 64
Índice de Figuras
Figura 1. Ideal Estético Femenino en las Épocas Anteriores. ... 7Figura 2. Ideal Estético Femenino en la Actualidad. ... 8
Figura 3. Ideal Estético Masculino en la Actualidad. ... 8
Figura 4. The Children´s Body Image Scale. ... 12
Figura 5. Criterios Diagnósticos Anorexia según DSM-V (2014). ... 15
Figura 6. Criterios Diagnósticos Bulimia según DSM-V (2014). ... 17
Figura 7. Criterios Diagnósticos Trastorno por atracón DSM-V (2014). ... 18
Figura 8. Histograma, frecuencias de las edades de la muestra. ... 38
Índice de Tablas
Tabla 1: ... 19 Resultados comparativos de los estudios (Morandé, Celada y Casas, 1999)
Tabla 2: ... 45 Rangos. Prueba U de Mann-Whitney.
Tabla 3: ... 46 Prueba U de Mann-Whitney.
Tabla 4: ... 47 Rangos. Prueba U de Mann-Whitney.
Tabla 5: ... 47 Prueba de Mann-Whitney.
Tabla 6: ... 48 Rangos. Pruebas Kruskal-Wallys.
Tabla 7: ... 49 Prueba Kruskal Wallys.
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1. INTRODUCCIÓN
La imagen corporal es un concepto que se refiere a la representación mental que cada uno hace de su propio cuerpo. Se considera un constructo complejo que tiene en cuenta tanto la percepción completa del cuerpo o de alguna de sus partes, como los sentimientos, pensamientos, valoraciones, etc., que hacemos y sentimos y las actitudes o comportamientos que experimentamos respecto al propio cuerpo (Raich, 2000).
Por su parte, los trastornos de la conducta alimentaria, anorexia nerviosa y bulimia se consideran patologías que han alcanzado proporciones alarmantes entre la población de los países desarrollados, en especial, entre mujeres adolescentes y adultas. Además de la anorexia nerviosa y la bulimia, los trastornos de la conducta alimentaria que no cumplen todos los criterios para las anteriores, como el trastorno por atracón también muestran una prevalencia e incidencia elevadas en esta población adolescente (Guerro y Barjau, 2003).
El tercer concepto que se desarrolla a lo largo del presente trabajo es la autoestima. Este concepto hace referencia a la percepción que uno hace de su persona. Se considera un aspecto evaluativo muy potente, ya que puede ser un predictor del propio ajuste psicológico, tanto en la adolescencia como en la edad adulta. Es importante destacar que una autoestima positiva puede facilitar ese ajuste psicológico, favoreciendo la adaptación en el entorno y previniendo de determinadas conductas de riesgo (Reina, Oliva y Parra, 2010).
A continuación, tras la breve exposición de los conceptos teóricos que fundamentarán el estudio, se plantea la presente investigación que ha sido elaborada a fin de establecer las relaciones existentes entre los conceptos mencionados; la imagen corporal, la insatisfacción corporal y la autoestima.
Se propondrán diversos objetivos a alcanzar y se ofrecerán hipótesis en relación a lo planteado, que posteriormente se contrastarán con los datos obtenidos, detallando los instrumentos de medida utilizados; así como el procedimiento seguido en la aplicación y la población de estudio seleccionada.
2 Una vez completado el proceso, se expondrán los resultados obtenidos tras realizar el análisis de los datos estadísticos.
Por último, se procederá a la interpretación y discusión de los resultados en relación a las hipótesis planteadas al comienzo, se hará referencia a las limitaciones con las que nos hemos encontrado y se propondrán posibles líneas futuras de investigación.
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2. IMAGEN CORPORAL
2.1. ¿QUÉ ES LA IMAGEN CORPORAL?
La imagen corporal es la representación mental que el individuo hace de su propio cuerpo, es decir, la visión que cada uno tiene de sí mismo y la creencia sobre como le perciben los demás.
Muchas veces, algunas características de nuestro propio cuerpo, hacen que la imagen que tengamos de nosotros mismos no se corresponda con la realidad. En este sentido, podemos observar como estas características pueden hacer que consideremos que nuestra imagen corporal es menos atractiva de lo que es (Perpiña, Botella y Baños, 2000).
Dentro de esta terminología, podemos encontrar diversas definiciones en función de la perspectiva que tenga el autor. Raich (2004, p. 15-27) cita a Fisher (1986) quien la describe como algo más dinámico, centrándose en los sentimientos y actitudes que tiene la persona hacia su apariencia física. En cambio, se concibe (Thompson, 1990, citado por Raich, 2004, p. 15-27) que la imagen corporal esta compuesta por tres elementos; en primer lugar, un elemento perceptual, que se trata de cómo la persona percibe el tamaño de su cuerpo, ya sea por subestimación o sobrestimación. En segundo lugar, un componente subjetivo, que se centra en los pensamientos que tiene la persona sobre su apariencia física. Y por ultimo, un componente conductual, que es la combinación de los dos elementos nombrados anteriormente, que dan lugar a manifestaciones a través de la propia conducta.
Por ultimo, según Perpiña, Botella y Baños (2000) cabe destacar que además de conocer las diversas definiciones, es importante saber que en la sociedad actual, hay una gran presión sobre la apariencia física. Esto nos lleva, a que cada vez más gente se encuentre insatisfecha con su propio cuerpo y les lleve a querer cambiar alguna parte de él, siendo el foco principal tener un mejor aspecto. Pero este objetivo obsesivo de querer un mejor cuerpo, que explicaré más adelante con detalle, puede acarrear un malestar intenso y convertirse en un pensamiento perturbador para la propia persona (Raich, 2004).
4 2.2. FORMACIÓN DE LA IMAGEN CORPORAL
Una vez que sabemos qué es la imagen corporal, es importante analizar como se ha ido formando a lo largo de nuestra vida. Para eso, vamos a tener en cuenta las diversas causas que han intervenido en ello, dividiéndolas en tres grandes grupos; causas biológicas, psicológicas y socioculturales.
a) Factores Biológicos:
Uno de los aspectos principales es el sexo, dónde existen varias diferencias entre el hombre y la mujer desde antes del nacimiento, en la pubertad y en la adolescencia. Estas características diferenciadoras (áreas genitales, proporción corporal de masa, proporción de musculatura…), por el hecho de ser mujer o hombre, hacen que varié la imagen que tiene cada uno de sí mismo. Además, a esto se le añaden factores culturales, ya que ser de uno u otro sexo, hace que se interprete de manera diferente los defectos o cualidades que uno pueda tener. Por ejemplo; no se va considerar igual tener baja estatura, dependiendo del sexo que tengamos. Es decir, en el caso de los hombres se interpretará de forma más negativa, que en el caso de las mujeres. Pese a eso, se considera que la mujer es más coaccionada por la sociedad en este aspecto, por lo que, esto puede llevar a que la mujer este más disgustada con su cuerpo, tenga una imagen negativa de sí misma o padezca algún trastorno en relación con la conducta alimentaria.
Otro de los aspectos a comentar es la edad. Las etapa más relevante y vulnerable, es la adolescencia. Aquí ocurren la mayor parte de los cambios corporales, ya que se trata del momento donde nos estamos desarrollando. El cuerpo va cambiando, y la velocidad con que se produce este cambio, puede hacer que el niño o la niña se sientan satisfechos o insatisfechos con su propia imagen. Es decir, si observan que su desarrollo esta siendo más rápido que el de sus compañeros o al contrario, pueden sentirse angustiados e inestables. Por ejemplo; en el caso de las niñas, el desarrollo de los senos, y en el caso de los niños, el desarrollo del vello corporal. Por lo tanto, los cambios que se producen en nuestro cuerpo y la aceptación o el rechazo de esas características, van a influir en la formación de nuestra imagen corporal.
5 También cabe destacar, la influencia de el peso, las características físicas personales y el estado físico en general. Por ejemplo; la idea que cada uno tiene de lo que debería pesar, la forma de la cara o ser una persona frágil o enérgica.
Teniendo en cuenta lo mencionado, observamos como muchos de estos rasgos no son modificables, por eso, la imagen que cada uno tenga de sí mismo dependerá de la interpretación que haga de estas características.
b) Factores Psicológicos
Dentro de estos factores, encontramos la influencia de la autoimagen en general y la autoestima. Por un lado, dependiendo de cómo te consideres como persona, por ejemplo; lista, segura…, o por el contrario, ignorante, insegura…, va influir en la autoimagen haciendo que la visión del propio cuerpo sea diferente. Por otro lado, tenemos la autoestima, que cuanto más elevada sea, menos importancia se le dará al cuerpo, y al contrario, cuanto más baja, más relevante se considerará el aspecto físico.
Esto es especialmente representativo en el caso de las mujeres y en la época de la juventud.
También hay que tener en cuenta las opiniones, conocimientos, planteamientos y creencias que cada uno tiene, ya que la apreciación del propio cuerpo esta asociada a todos estos elementos. Asimismo, el perfeccionismo es un aspecto relevante, ya que estas personas normalmente no se sientes productivas con lo que hacen. En general, las exigencias que se atribuyen son excesivas y mu altas, por tanto, pocas veces se sienten satisfechos con su rendimiento. Esta forma de pensar, influirá en todos los aspectos de su vida, entre ellos en el tema del cuerpo y hará que tampoco se sienta satisfecho con su propia imagen.
c) Factores Socioculturales
Por último, hablaremos de las experiencias personales. Desde la niñez cada uno va formando la idea de cómo tiene que ser su cuerpo, y de cómo le tienen que ver los demás. De este modo, según las perspectivas que tenga, elaborará su imagen corporal.
En función de cómo se vean y de cómo les vean los demás, y de si reciben comentarios
6 de desprecio acerca de alguna parte de su cuerpo o no, va influir en que la persona se sienta satisfecha o no con su propio cuerpo. A todo esto debemos añadir las exigencias de los medios de comunicación, la influencia del grupo de iguales, las relaciones intimas y la adaptación social, ya que todos ellos son hechos que colaboran en la formación de la imagen corporal (Cervera, 1996).
2.3. EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE BELLEZA
A lo largo de toda la historia, el concepto de imagen corporal o mejor dicho el concepto de belleza, se ha ido configurando y evolucionando para dar paso a nuevas y distintas concepciones con el paso del tiempo. Podemos observar como dependiendo del momento histórico, el ideal de belleza que existe es totalmente diferente. Se observan patrones de belleza, físicos y de imagen corporal marcados por las diferentes sociedades en las que uno se desarrolla. Teniendo en cuenta estas diferencias, me sumergiré a través de las distintas épocas para observar el ideal de belleza que existe en cada una de ellas, hasta llegar a la actualidad y ver su gran evolución.
Retrocediendo al pasado, hace muchos años en la época de la prehistoria observamos como el canon de belleza de la mujer se basaba en tener redondeces, ya que eso era signo de tener un cuerpo saludable. Más adelante en el antiguo Egipto, lo importante era estar bella a través de la elegancia, es decir, tener una figura estilizada para poder resaltar ese aspecto. En la antigua Grecia, se admiraban los cuerpos tallados, pero considerándolos como algo más que el aspecto físico. Siguiendo con este ideal de belleza, encontramos a la antigua Roma, quienes añadieron una piel pálida y cabello rubio, a esa imagen de mujer bella. En la Edad Media, se mostraban mujeres con piel blanca, cabellos rubios y largos, cuerpo estrecho y frentes amplias. En el siglo XIII, la importancia de ser bella descendió algo más que en los siglos pasados. En los siglos XV y XVI, se resaltaba la búsqueda de la perfección, siguiendo un poco los estilos de las épocas mencionadas anteriormente. En la época barroca, se caracteriza a una mujer con curvas, más gorditas, pálidas y con grandes caderas y senos. Además es la época donde aparecen los cosméticos, por lo tanto, se intentaba mostrar una imagen disfrazada (López, 2015).
7 Figura 1. Ideal Estético Femenino en las Épocas Anteriores.
Y por último, llegamos al siglo XX, donde se observan diversas concepciones en función de la década que reflejemos. A principios del siglo, se seguía manteniendo el estilo de las épocas anteriores, pero cada vez añadiendo detalles más precisos como;
tener una cintura delgada o tener un tronco sin curvas. A partir de la Segunda Guerra Mundial, ese concepto cambio y la mujer ya no buscaba tener curvas, sino todo lo contrario. Entre los años 50 y 70, la piel blanca dejo de ser un signo de belleza, y lo que ascendió por encima, fueron las pieles con más color. A esto se le añade, la búsqueda de cuerpos más finos, dejando atrás esas caderas anchas de las épocas anteriores. A partir de aquí en adelante, en los años 80 y 90, la delgadez alcanzó la cúspide. La figura que resalta, es la de una mujer extremadamente delgada, que no muestre ningún tipo de curvatura y que sea lo más recta posible en todas sus extremidades. Tomando como referencia esto último, entre finales del siglo y el comienzo del siglo XXI, podemos ver como se mantiene ese estilo en la mujer, tomando la delgadez como base de la figura femenina. Se busca la flaqueza como signo de “mujer perfecta”, intentando estar alejadas de las curvas. Además, es una época que se caracteriza por el gran número de tratamientos dirigidos a modificar el cuerpo. ”La belleza femenina se convierte en sinónimo de delgadez” (Erausquin, 2014).
8 Figura 2. Ideal Estético Femenino en la Actualidad.
Dado las modificaciones en el icono de la mujer, también cabe destacar el caso de los hombres. Se da el mismo proceso de evolución, hasta llegar a aquellos hombres dónde su prioridad es el cuidado intenso, para poder obtener un cuerpo flaco y a su vez fibroso, ya que las horas en el gimnasio y las dietas son fundamentales. Se hace referencia a hombres cuya meta es tener una estética perfecta.
Figura 3. Ideal Estético Masculino en la Actualidad.
9 Como conclusión, podemos observar como el tiempo y los años han mostrado una gran evolución, en la que ningún sexo se queda aislado. Pero si, resaltaré el caso de las mujeres, sin quitarle importancia al de los hombres, ya que consideró que hoy en día obtienen mayor vulnerabilidad en todos estos aspectos como; el ideal de belleza, la figura, el peso…etc (López, 2015).
2.4. INFLUENCIAS
Después de llevar a cabo un gran recorrido histórico, centrándonos especialmente en las últimas décadas del siglo XX y el comienzo del siglo XXI, observamos como la imagen del propio cuerpo esta ligada a la sociedad y a los diferentes medios de comunicación.
Aunque la preocupación hacia el aspecto físico y el cuerpo ha existido siempre, podemos decir que en estos últimos tiempos esos números han crecido enormemente, ya que este contexto capta la atención del publico a través de diversos medios audiovisuales, los cuales mueven grandes cantidades de dinero.
Esta propuesta, hace que el mensaje de transmisión hacia la sociedad a través de las distintas vías comunicativas, sea que las personas moldeen su propio cuerpo, con el fin de ajustarlo a las exigencias y normativas del entorno en el que vivimos. De tal manera, se consigue internalizar este pensamiento en muchas mujeres y adolescentes de hoy en día, mostrándoles la idea de que para ser guapas tienen que ser delgadas, y a su vez ofertándoles una serie de productos y métodos adelgazantes para lograr ese propósito.
Se emite una idea sobrevalorada, en la que la delgadez y la belleza se relacionan con el éxito y el triunfo en la vida, por lo tanto, no estar delgada significaría no llegar a conseguir esas metas y objetivos que uno tiene en la vida. En este contexto, cabe señalar la inmensa presión del ámbito de la moda, las pasarelas y la publicidad, fomentando un bombardeo constante de mensajes dirigidos a la imagen corporal, mostrando el perfil perfecto de belleza que deberíamos alcanzar (Behar, 2010).
Como consecuencia de esto, la imagen corporal esta influida por un ideal de belleza basado en modelos que fomentan la delgadez y una visión obsesiva por el aspecto físico. La difusión de estos mensajes e imágenes publicitarios, pueden hacer que la preocupación por ese canon de belleza aumente, lo cual puede conducir a la insatisfacción corporal. Esta preocupación puede llegar a ser extrema, ya que la persona
10 puede considerar que no cumple los requisitos que se muestran en la sociedad y se frustrará con su propio peso e imagen y, por tanto, existirá mayor riesgo a que este publico objetivo de estas campañas puedan padecer un trastorno de la conducta alimentaria al comparar su propio cuerpo con la imágenes que se venden de extrema delgadez y a las que se les atribuye éxito, poder, felicidad…etc. En especial, este tipo de mensajes afectan a las mujeres, quienes prestan mayor atención a las revistas relacionadas con la moda y a los anuncios relacionados con el aspecto físico (Vaquero, Alacid, Muyor y López, 2013).
Para afirmar este tipo de información, uno de los estudios que se realizó sobre este tema demostró que los anuncios relacionados con la belleza e higiene, junto al sector de alimentación se situaban en las primeras posiciones con un gran porcentaje entre la variedad de anuncios. De un total de 1761 anuncios analizados, se encontraron 470 anuncios de culto al cuerpo, los cuales se suelen emitir con mayor frecuencia antes de la época de verano y en horario protegido. Es decir, 1 de cada 4 anuncios pertenecían a categorías relacionadas con el cuerpo (Meléndez, Luna y Carrillo, 2011).
Ante estos patrones de belleza que venden los medios de comunicación, observamos como los hábitos de la alimentación y del ejercicio físico van cambiando, donde el objetivo ya no se trata de disfrutar, sino de consumir alimentos que contengan muy bajas calorías y a su vez complementarlo con actividades que impliquen un enorme gasto de energía, con el fin de perder peso. La aspiración a tener una buena imagen corporal incrementa, ya que nuestra sociedad nos inculca un prototipo de belleza, que quiere ser alcanzado por un gran número de personas. La delgadez se considera el punto de partida, donde la sociedad cobra un papel fundamental, ya que es el reforzador principal hacia la moda, por ello muchas adolescentes pendientes de la moda seguirán ese camino, para no encontrarse aisladas del mundo que nos rodea (Díez, 2005).
Por lo tanto, es importante concienciarnos de que los cambios en la apariencia física son inevitables con el paso del tiempo, por eso, habrá algunos de esos aspectos que no estarán en nuestras manos para poder cambiarlos, como son; el peso y la forma de nuestro propio cuerpo. Teniendo en cuenta todo lo anterior, se ha podido observar como estas influencias, creencias y pensamientos interfieren en nuestra propia imagen corporal según vamos evolucionando, llegando a ser perturbadoras para la persona,
11 conduciendo a la misma a un trastorno en relación con la conducta alimentaria. En conclusión, ante estas exigencias tenemos que saber elegir, es decir, escoger el camino donde estos mensajes nos invadan en la preocupación y insatisfacción, o ser conscientes y vernos de forma positiva sin dejar que esto se encierre en nosotros mismos (Perpiña, Botella y Baños, 2000).
2.5. EVALUACIÓN DE LA IMAGEN CORPORAL
A la hora de llevar acabo la evaluación, hay que tener gran consideración de los tres componentes que forman la imagen corporal. Por un lado, el componente perceptivo, que hace referencia a como el sujeto estima la forma y el tamaño de su cuerpo, de manera global o de alguna de sus partes. Para llevar a cabo esta evaluación, podemos dividir los procedimientos en dos partes:
• Procedimientos de estimación de partes corporales. Donde se incluyen métodos analógicos, que consisten en que la persona haga una estimación de la amplitud frontal o lateral que tiene de una determinada parte de su cuerpo, a partir de dos puntos luminosos que el sujeto puede acercar o alejar por propia voluntad. Y el trazado de imagen, que es prácticamente similar, pero aquí el sujeto no utiliza puntos luminosos para estimar la amplitud, sino dos piezas de madera o un cordón. Una vez realizado esto, a través de un calibrador corporal se toman las medidas reales y se obtiene el Índice de Precisión Perceptiva:
IPP= [(Estimación (cm)/ medida real (cm)] x 100
Una vez que tenemos el calculo, si el valor que tenemos de IPP es mayor a 120, se considerará sobreestimación, en cambio, si el valor de IPP es menor a 80 se considerará subestimación. La precisión perceptiva esta dentro de este intervalo.
Normalmente a la hora de pedir a la persona que haga una estimación de una parte de su cuerpo, se le suele decir que lo haga de la parte que menos le gusta o de la parte que más le preocupa.
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• Procedimientos de estimación global. Encontramos procedimientos de distorsión de la imagen corporal (fotografías, videos, espejos…) o las siluetas.
Se trata de presentarle a la persona su propia imagen, y a través de un dispositivo la persona mostrará cual considera que es su dimensión del cuerpo y se obtendrá así el índice de precisión perceptiva. Se considera que este método es mas eficaz que el procedimiento de estimación de partes (Raich, 2004). En el caso de las siluetas, uno de los instrumentos más utilizados para evaluar es la escala de las figuras: The Children´s Body Image Scale (CBIS; Truby y Paxton, 2002).
Figura 4. The Children´s Body Image Scale.
Otro de los elementos a evaluar, es la dimensión cognitivo-actitudinal, que se centra en los pensamientos que la persona tiene sobre su apariencia física, y en las actitudes que la persona toma respecto a esos pensamientos, ya sea del cuerpo completo o de alguna de sus partes (Cash y Deagle, 1997, citado por Raich, 2004, p. 15-27).
Para evaluar esta dimensión, los instrumentos más utilizados son los siguientes:
• Entrevista semiestructurada. Se utiliza la entrevista BDDE (Body Dysmorphic Disorder Examination) Rosen y Reiter, 1995. Se utiliza para evaluar la imagen corporal y los síntomas del trastorno dismórfico, tanto en hombres como en mujeres. Se desarrolla entre los 15 y 30 minutos, y consta de 28 preguntas que valoran la insatisfacción corporal y discriminan las ideas sobrevaloradas sobre la apariencia física.
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• Cuestionarios. Se utilizan para evaluar la mayor parte de las cuestiones psicológicas, y entre ellas la imagen corporal. Existen un gran número de ellos, por lo que intentare abordar los más destacados.
- EDI (Eating Disorders Invetory) Garner, Olmstead y Polivy, 1983.
Contiene una subescala de insatisfacción corporal, por lo tanto, evalúa la insatisfacción corporal general con diversas zonas del cuerpo.
- MBSRQ (Multidimensional Body Self Relations Questionnaire) Cash, 1990. Evalúa mediante escalas actitudinales (evaluación, atención, importancia y conducta) respecto al propio cuerpo, y en subescalas (apariencia, destreza física y salud).
- BSQ (Body Shape Questionnaire) Cooper, Tylor, Cooper y Fairburn, 1987. Se centra en la insatisfacción corporal y en la preocupación por el peso.
- BIAQ (Body Image Avoidance Questionnaire) Rosen, Sulzberg, Srenick y Went, 1990. Se evalúa con que frecuencia la persona emite conductas que estén relacionadas con la preocupación por la apariencia física, y conductas de evitación.
- CIMEC (Cuestionario de Influencias del Modelo Estético- Corporal) Toro, Salamero y Martínez, 1994. Evalúa la presión que recibe la persona por parte de los medios audiovisuales y su entorno, hacia la delgadez (Raich, 2004).
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3. TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA
Perpiña, Botella y Baños (2000) señalan que los trastornos de la conducta alimentaria, se tratan de alteraciones graves del comportamiento respecto a la alimentación.
Teniendo en cuenta esto, en la clasificación actual de los trastornos de la conducta alimentaria, podemos encontrar tres subtipos diferentes; por un lado la anorexia nerviosa y la bulimia, que se consideran los casos de mayor relevancia, y por otro lado;
los trastornos de la conducta alimentaria no especificados.
Debido al gran impacto que ha causado este tema en la actualidad, y del incremento de su prevalencia en los últimos años, considero que es verdaderamente importante hacer hincapié. Por tanto, me centraré en la clasificación mencionada anteriormente y con especial detalle, en la anorexia nerviosa y en la bulimia. (Baile y González, 2010).
3.1. TIPOLOGÍA 3.1.1. Anorexia
En términos generales, la anorexia nerviosa se caracteriza, por el rechazo de la persona a mantener el peso por encima de lo que es considerado un valor mínimo normal, en un temor a ganar peso y en una alteración de la percepción de la forma de su cuerpo (Almenara, 2003). En estas personas, existe una distorsión en la forma de percibir la silueta corporal, lo cual les lleva a disminuir la ingesta y restringir todos los alimentos de alto contenido calórico, como forma de perder peso.
Se trata de un estilo de vida o posición, donde encontramos comportamientos muy extremados en las mujeres y hombres de hoy en día, con el fin de obtener una identidad basada en la apariencia física. Como resultado, se manifiesta un excesivo control sobre el peso corporal, además de una restricción y manipulación de los alimentos. Por otro lado, el deseo de una silueta delgada y de tener mejor tipo para resolver los propios conflictos existenciales, es lo que desemboca en este tipo de trastornos de la conducta alimentaria como es la anorexia (Calvo, 2002).
15 Tienen en común quienes lo padecen, la dificultad de tener una visión positiva de si mismos, ya que les acompaña la inseguridad, la vergüenza y la distorsión de la propia imagen corporal. Sienten un gran temor, en relación con la perdida de control sobre la alimentación, el peso y la propia vida. Por tanto, tras las implicaciones expuestas anteriormente, podemos observar que la anorexia nerviosa es una enfermedad que ha generado una gran alarma social, resaltando su atención en nuestra sociedad (Morandé, Graell y Blanco, 2014).
Dentro de la terminología, podemos encontrar dos subtipos que clasifican la anorexia nerviosa en función de la presencia o ausencia de atracones o purgas durante los episodios correspondientes. El primero de ellos, es lo que se conoce como anorexia de tipo restrictivo; que se basa en conseguir la perdida de peso a través de dietas, ejercicio físico…sin recurrir a los atracones o purgas. Por otro lado, tenemos la anorexia de tipo compulsiva/purgativa; que consiste en perder peso recurriendo a atracones o purgas (o ambos) regularmente. Utilizan laxantes, diuréticos…, incluso se provocan el vómito (American Psychiatric Association [DSM-V], 2014).
Figura 5. Criterios Diagnósticos Anorexia según DSM-V (2014).
CRITERIOS DIAGNÓSTICOS
ANOREXIA DSM-V
Restricción de la ingesta energética en relación con las necesidades, que conduce a
un peso corporal bajo con relación a la edad, el sexo, el curso de desarrollo y la
salud física.
Miedo intenso a ganar peso o a engordar, o comportamiento persistente que interfiere en el aumento de peso, incluso con un
peso bajo.
Alterción en la forma en que uno mismo percibe su propio peso o constitución,
influencia impropia del peso o la constitución corporal en la autoevaluación,
o falta persistente de reconocimiento de la gravedad del bajo peso actual.
16 3.1.2. Bulimia
Se define como “una tendencia compulsiva a comer cantidades importantes, en períodos relativamente cortos de tiempo”. En estos episodios, es frecuente que exista un sentimiento donde la persona considere que pierde el control, seguido de un sentimiento de hinchazón, el cual conduce a la necesidad de llevar a cabo conductas purgativas por sentimientos de culpa o malestar (Chinchilla, 1995).
A partir de los primeros criterios, la OMS, Organización Mundial de la Salud (1993) añade al diagnóstico presente, que las personas con esta preocupación utilizan diversos métodos para contrarrestar la subida de peso, por ejemplo; provocación del vómito, uso de diuréticos, laxantes, consumo de fármacos, ayuno o ejercicio físico excesivo.
Normalmente, estas personas ingieren grandes cantidades de comida alta en calorías (dulces), además lo suelen ingerir en lugares donde se encuentren sin la presencia de nadie. Asimismo, el comportamiento de estas personas puede variar por completo, por un lado, a la hora de llevar a cabo las conductas purgativas, es decir, puede ser de forma repetida a lo largo del día o más paulatinamente. Y por otro lado, también varía en la percepción que tienen las personas sobre lo que es un exceso, ya que algunas pueden considerarlo como la ingesta de unas seis mil calorías al día y otras en cambio, como el simple hecho de ingerir algún alimento que no sea bajo en calorías (Sherman y Thompson, 2005).
Por tanto, tras las implicaciones expuestas anteriormente, se puede concluir que en la bulimia los criterios que hacen que un sujeto considere una ingesta de comida como atracón son los siguientes; la cantidad que se ingiere, el tiempo que se emplea para llevarlo a cabo y el sentimiento de perdida de control que genera ese episodio (Gómez, 2014).
Por último, cabe destacar que se trata de una enfermedad que trae consigo un largo recorrido histórico, desde la descripción que hoy conocemos como atracones que proviene de la antigüedad, a la segunda mitad del s. XX con la preocupación por subir de peso, hasta hoy día con la presión social y el ideal de belleza establecido en nuestra sociedad (Gómez, 2014).
17 Figura 6. Criterios Diagnósticos Bulimia según DSM-V (2014).
3.1.3. Trastorno por atracón
Debido a los problemas que hubo respecto a este trastorno, ya que se confundía con las características de la bulimia y la obesidad, el doctor Spitzer, propuso una categoría diferente a la bulimia nerviosa para designar a los pacientes que tenían episodios recurrentes de atracones. En primer lugar, se denominó síndrome de sobreingesta patológica, y más tarde es cuando apareció el termino de trastorno por atracón (Martínez y Plana, 2014).
Se caracteriza por una ingesta compulsiva con sensación de pérdida de control durante el mismo. Las personas con este tipo de trastornos, comen mucho más de lo normal aún sintiéndose completamente llenos, o sin hambre. Estos atracones suelen ocurrir con frecuencia, lo que les lleva a tener un sentimiento de malestar intenso, una vez que cometen el atracón. Dicho esto, observamos como muchas de las características que hemos mencionado de este trastorno son similares a las de la bulimia, por lo tanto, es importante clarificar la diferencia de ambos.
CRITERIOS DIAGNÓSTICOS
BULIMIA DSM-V
Episodios recurrentes de atracones
Comportamiento compensatorios inapropiados recurrentes para evitar el aumento de peso, como el vómito autoprovocado, el uso incorrecto de laxantes, diuréticos, el ayuno o el ejercicio excesivo.
Los atracones y las conductas compensatorias inapropiadas se producen, de promedio, al menos
una vez a la semana durante tres meses.
La autoevaluación se ve indebidamente influida por la constitucion y el peso corporal.
La alteración no se produce exclusivamente durante los episodios de anorexia nerviosa.
18 Tanto en la bulimia, como en el trastorno por atracón se dan una alimentación compulsiva, pero lo que realmente separa uno de otro, es que tras el atracón en la bulimia existen conductas compensatorias como; el vomito o el uso de laxantes, y en cambio en el trastorno por atracón, no hay presencia de este tipo de conductas (Baile, 2014).
También está muy relacionado con el sobrepeso y la obesidad, ya que el trastorno por atracón favorece la subida de peso. Asimismo, existen características diferenciadoras entre ambos. Por un lado, la preocupación por el peso que manifiestan las personas con trastorno con atracón, es mayor que la de las personas con obesidad. Por otro lado, además de las alteraciones en la alimentación, estás presentan mayores alteraciones en la personalidad, ante las personas con obesidad. Y por último, se ha demostrado que en el caso del trastorno por atracón, existe mayor comorbilidad patológica y peor calidad de vida (Martínez y Plana, 2014).
Figura 7. Criterios Diagnósticos Trastorno por atracón DSM-V (2014).
CRITERIOS DIAGNÓSTICOS
TRASTORNO POR ATRACÓN
DSM-V
Episodios recurrentes de atracones.
Malestar intenso respecto a los atracones.
Los atracones se producen, de promedio, al menos una vez a la semana durante tres meses.
El atracón no se asocia a la presencia recurrente de un comportamiento compensatorio inapropiado como en la
bulimia nerviosa y no se produce exclusivamente en el curso de la bulimia nerviosa o la anorexia nerviosa.
19 3.2. EPIDEMIOLOGÍA
Con el fin de exponer de manera más ilustrativa la magnitud de este problema, se recopilarán algunos estudios epidemiológicos de trastornos de la conducta alimentaria que se han realizado en España.
El primero de ellos es el estudio de doble fase, el cual se llevó a cabo entre 1985 y 1986 en la Comunidad Autónoma de Madrid, tomando una muestra donde la edad establecida era 15 años, con su especificación por sexo y teniendo como referencia el cuestionario Eating Disorders Inventory (EDI) y una entrevista diagnóstica de trastornos de conducta alimentaria. En los resultados obtenidos, se observó que los TCA eran más frecuentes en mujeres (1,55%) que en varones (0%). Años más tarde, replicaron el estudio utilizando la misma muestra y la tasa de prevalencia fue la siguiente respecto al sexo (ver Tabla 1); anorexia nerviosa (0,69%), bulimia (1,24%) y Trastornos de la conducta alimentaria no especificados (TCANE) (2,76%) en mujeres, y bulimia (0,36%) y TCANE (0,90%) en hombres (Peláez, Labrador y Raich, 2004).
Tabla 1:
Resultados comparativos de los estudios (Morandé, Celada y Casas, 1999)
1985-1986 1993-1994
Hombres Mujeres Hombres Mujeres
Anorexia nerviosa 0% 0,31% 0% 0,69%
Bulimia nerviosa 0% 0,9% 0,36% 1,24%
Cuadros incompletos
- Anorexia incompleta - Bulimia incompleta
_ _ _
_ _ _
0,54%
0,36%
0,18%
2,76%
1,10%
1,66%
Suma trastornos 0% 1,55% 0,90% 4,69%
Población de riesgo 1,20% 11,6% 1,96% 17,36%
Nota. Adaptado de: Peláez, M. A., Labrador, F. J., & Raich, R. M. (2004). Epidemiología de los trastornos de la conducta alimentaria en España: revisión y estado de la cuestión (p. 33-41). Cuadernos de medicina psicosomática y psiquiatría de enlace N° 71/72.
20 Por otro lado, cabe destacar el estudio de Rojo et al., en el 2003, que se realizó en la Comunidad Autónoma de Valencia, con un rango de edades de 12 a 18 años, donde el cuestionario de referencia fue el Eating Attitudes Test (EAT-40). Estos resultados mostraron que se cumplieron los criterios diagnósticos de TCA el 5,17% de las mujeres; 0,45% en anorexia, 0,41% en bulimia y 4,31% TCANE, y el 0,77% de los hombres (Peláez, Labrador y Raich, 2004).
En Cataluña, mediante el estudio de Raich, Rosen, Deis, Pérez y Requena, en 1992, se comparó la prevalencia de la sintomatología de los TCA. Para ello, se obtuvo una muestra de 3544 estudiantes de la provincia y se comparo con 1373 participantes de Estados Unidos, donde se presentaron estudiantes de ambos sexos. Se utilizó el cuestionario EAT-40 y se les preguntó sobre el deseo de pesar más, menos o igual. Los resultados obtenidos fueron significativos, ya que se demostró que los estudiantes americanos presentaban mayores niveles de sintomatología y mayor interés en perder peso.
En el principado de Asturias, se estudió la proporción de conductas de riesgo en una muestra de 860 sujetos. A través de los cuestionarios EAT-26 y el cuestionario de Influencias sobre el Modelo Estético Corporal, en el año 2000, Martínez, Menéndez, Sánchez, Seoane y Suárez, obtuvieron que el 12,8% de mujeres y el 1,8% de hombres presentaban actitudes anoréxicas, y de esas mujeres el 94,5% presentaron alteraciones en el cuestionario de Influencias sobre el Modelo Estético Corporal.
Y por último, en la Comunidad de Catilla y León, en 2008, Imaz, Higuera, y Conde, con una muestra de 3434 sujetos de ambos sexos , quisieron estimar la prevalencia de los TCA tomando un rango de edad de 12-18 años. Como resultado, el porcentaje obtenido respecto a las mujeres fue de 5,26% y más específicamente 0,88% anorexia, 0,37%
bulimia y 3,86% en TCANE. Y en el caso de los hombres, se obtuvo un 1,7%
desglosándose en 0,11% anorexia y 1,59% TCANE (Peláez, Raich y Labrador, 2010).
21 3.3. CAUSAS
Debido a que no se pueden abordar los trastornos de la conducta alimentaria desde una sola perspectiva, hay que hacer hincapié en las múltiples causas, por tanto, se clasificaran en tres grandes bloques:
3.3.1. Factores Predisponentes
Hace referencia a las variables que facilitan la aparición del trastorno, debido a la interacción entre tres tipos de variables; personales, familiares y socioculturales.
Dentro de las variables personales, existen algunos factores relacionados con la genética que pueden influir en el desarrollo del trastorno. Por un lado, el género, donde se considera que ser mujer puede ser un factor de riesgo, ya que ponen en marcha con mayor frecuencia dietas restrictivas.
Otros de los factores de riesgo que podemos destacar son los cambios que se producen en la apariencia física en el periodo de la pubertad. La concienciación de estos cambios, puede provocar que la persona empiece a experimentar insatisfacción con el propio cuerpo, vinculadas a la realización de dietas. Además, este periodo evolutivo puede ser de gran influencia, por lo que, la persona también puede tener variaciones en su estado de ánimo y cambios en sus expectativas sociales, como única vía para adaptarse al mundo que le rodea (Calado, 2010).
La presencia de un índice de masa corporal elevado, es decir, la obesidad o el sobrepeso, facilitan la preocupación por el peso y la forma corporal. Esto puede provocar que por parte de otros reciban comentarios desagradables, lo que les llevará a aumentar esa preocupación y con ello, conductas que restrinjan su alimentación.
Algunas características de personalidad como el perfeccionismo y una baja autoestima, predisponen al trastorno antes de que aparezca. El tener una valoración negativa sobre sí mismos hace que la persona sea más vulnerable, lo que les lleva a tomar de forma estricta las dietas y a sentirse más influenciados por ese ideal de la delgadez. Estas conductas hacen que la persona crea que tiene más control sobre su vida (Gómez, 2014).
22 En cuanto a las variables familiares, podemos encontrar como determinante; la sobreprotección por parte de los padres, la existencia de un trastorno de la alimentación en algún miembro de la familia, problemas de adicción o alcoholismo en la familia, estrictas exigencias sobre las expectativas y las imagen externa por parte de los padres, falta de comunicación y incapacidad en la solución de problemas por parte de los miembros de la familia.
Por último, las variables socioculturales, donde la imagen se ha convertido en un aspecto fundamental. Las sociedades occidentales han experimentado cambios que han favorecido el desarrollo de los trastornos de la conducta alimentaria. Las condiciones actuales, imponen cada vez con más fuerza la delgadez. Dado el incremento de estos factores, se observa que el ideal estético tiene mayor exigencia en las mujeres, a pesar de que cada vez esta aumentando más en los hombres. Estas características de la presión social, son opuestas a las variables genéticas mencionadas anteriormente, ya que en nuestro ciclo vital están presentes los cambios, ya sean en el tema del peso, la piel…etc, lo que hace que muchas mujeres tengan como imposible conseguir ese objetivo que impone la sociedad. Esta frustración, favorece la aparición de la insatisfacción corporal y fomenta la puesta en marcha de las dietas.
Por otra parte, dentro de esto, se ha comprobado que la practica de determinadas actividades deportivas promueven un control estricto sobre la imagen corporal. Como consecuencia, es probable que aparezca una actividad física intensiva y acabe convirtiéndose en obsesividad. Principalmente ocurre en deportes como; la danza, el ballet, la gimnasia rítmica…etc (Calado, 2010).
3.3.2. Factores Precipitantes
Desencadenan el trastorno o señalan el periodo de su inicio. Se trata de acontecimientos vitales estresantes como por ejemplo; cambio de colegio, fracaso escolar, separaciones o pérdidas, maltrato, abuso…etc. Estos acontecimientos guardan una relación estrecha con el miedo a engordar, lo que favorece el inicio de una dieta adelgazante. Aparece una gran insatisfacción corporal, lo que va provocar que la persona quiera cambiar su cuerpo para sentirse satisfecha. Por otra parte, alguna
23 enfermedad somática previa que hace ganar peso o perderlo, también pueden ser la razón que desencadene el trastorno.
Por último, un exceso de ejercicio físico con el objetivo de mantener un peso determinado o la restricciones alimentarias, pueden facilitar la aparición de atracones, ya que se producen tras el consumo de un alimento que la persona intenta excluir de su dieta (Gómez, García y Corral, 2009).
Este mensaje de dieta restrictiva, que aparece hoy día en nuestra cultura, hace que la persona persiga y luche por conseguir un ideal de belleza y que sienta la necesidad de lograrlo debido a la presión social a la que esta sometida. El objetivo principal, será conseguir un “cuerpo perfecto”, donde muchas de esas personas lo consideran cuestión de esfuerzo.
En relación a lo comentado, podemos decir que estas personas utilizan determinadas conductas para llevar a cabo la dieta:
a) Ayuno; saltarse cualquier momento de comida.
b) Dieta restrictiva; no superar el número de calorías que se ha establecido.
c) Evitar determinados alimentos que consideran que son prohibidos.
d) Justificar las restricciones alimentarias con comentarios como; “sigo una dieta sana”, “me dan alergia esos alimentos”, “soy vegetariana”…etc (Gómez, Castro, García, Dúo y Yela, 2003).
3.3.3. Factores de Mantenimiento
Una vez que se ha iniciado el trastorno, son muchos los factores que lo mantienen. La dieta restrictiva, donde la preocupación extrema por el peso y la figura se hacen relevantes y se prohíben la ingesta de determinados alimentos. En el caso de que la persona coma uno de esos alimentos que intenta evitar, se podría precipitar un atracón a través de un pensamiento dicotómico como por ejemplo; “ya no pasa nada, total me he saltado la dieta…”, que hace que se tenga una interpretación de todo o nada de esa conducta, es decir, que se pierda el propio control (Gómez, 2014).
Por lo general, estas personas que se prohíben ciertos alimentos, llegan a desear aún más esos alimentos, lo que muchas veces les lleva a excederse. Cuanto más los
24 evitamos, más los deseamos, por lo tanto, nuestro pensamiento va estar dirigido completamente a esos alimentos convirtiéndolos en algo atractivo, incluso obsesivo.
Esta sobrealimentación, muchas veces, se lleva a cabo para aliviar las emociones negativas. Se ha demostrado, que las personas con bulimia utilizan el atracón y el la purga (vómito) para hacer frente a situaciones problemáticas. Recurren a este tipo de conductas compensatorias, para bajar la ansiedad y descargar la tensión, aunque solo sea de forma momentánea, ya que poco después aparecen sentimientos como la culpa y la vergüenza y además mantienen los atracones (Sherman y Thompson, 2005).
3.4. REPERCUSIONES DE LOS TCA
Los individuos con trastornos de la conducta alimentaria, pueden presentar gran variedad de complicaciones que afecten a la mayoría de los órganos del cuerpo. Muchos de los signos y síntomas que presentan las personas con trastornos de la conducta alimentaria pueden ocurrir como consecuencia de deficiencias nutricionales, atracones y conductas compensatorias inapropiadas como las purgaciones.
Estas complicaciones suelen ser más frecuentes en la anorexia nerviosa, y muchos de los problemas asociados son de tipo; cardiovascular, gastrointestinal, complicaciones en la musculatura…etc. Son muchos los problemas que se pueden producir, desde los más comunes; anemia, amenorrea, estreñimiento, calambres, sensación intensa de frio… que pueden desaparecer con la recuperación del peso y/o el cese de las conductas purgativas, hasta problemas más complejos e irreversibles como; la detención del crecimiento, cambios de la estructura cerebral…etc.
En el caso de la bulimia también existen problemas asociados, que principalmente derivan de las conductas purgativas; hinchazón de las glándulas parótidas, problemas gastrointestinales, perdida del esmalte dental…etc.
Como conclusión, podemos observar que la aparición de un trastorno de la conducta alimentaria puede interferir gravemente en el desarrollo normal de la persona, ya que conduce a complicaciones medicas, problemas psicológicos y psiquiátricos, incluso a la muerte (López y Treasure, 2011).
25 3.5. INFLUENCIA DE LAS PAGINAS WEB PRO ANA Y PRO MÍA
Estas paginas web promueven la anorexia y la bulimia, mostrando estas enfermedades graves como un estilo de vida a seguir. Las instrucciones y imágenes de delgadez que se muestran en ellas, hacen que las personas con este tipo de trastornos lo tomen como una guía de referencia, y a su vez fortalecen un estilo de vida no saludable (Levin y Murnen, 2009, citado por López y Sánchez, 2010, pp. 33-51).
Muchas adolescentes se sumergen en este tipo de recursos en busca de conseguir algún método para adelgazar o simplemente para tener el mismo “estilo de vida” que muestran las personas que escriben esas paginas web. En ellas, podemos encontrar muchos
“métodos” para conseguir esa delgadez de la que se habla, como por ejemplo; dietas muy restrictivas y peligrosas, consejos para conseguir vomitar o para mentir a las personas que les rodean.
El uso de este tipo de medios a incrementado enormemente entre adolescentes que aseguran sentirse solas, sin rumbo en la vida y sin ayuda, ya que consideran que es la única vía que tienen para prosperar en la vida. Como consecuencia, estas paginas se están convirtiendo en una terrible adicción para todas esas personas que tienen una visión positiva de las mismas, ya que una vez que se introducen en ellas no son capaces de ver otra salida, hasta llegar al punto de verlas como su único cobijo. Sienten que es un lugar de apoyo, debido a que se encuentran con personas que expresan lo mismo que ellas. Se muestran como un grupo de compañeras que buscan el mismo objetivo, argumentando positivamente todo lo que hacen y vendiendo a todas aquellas personas que visitan estas web un estilo de vida a seguir. Asimismo, debemos de tener en cuenta y ser conscientes del mensaje que transmiten estas paginas; que si se sigue este camino, se consigue la perfección. Es decir, se relaciona la delgadez con el triunfo en la vida.
Además, es importante mostrar las ordenes que ofrecen como por ejemplo; comer es malo, lo importante es estar delgada, no pares de contar calorías, siéntete avergonzada si comes…etc.
Se han convertido en grandes fuentes inspiradoras, por eso, es importante conocerlas y saber el daño que pueden causar en las personas, ya que lo que venden son todo engaños como; un estilo de vida que no existe, ya que lo que realmente existe es una enfermedad
26 3.6. EVALUACIÓN
Dado la complejidad y el enfoque multicausal de estos trastornos, la evaluación debe realizarse tanto desde el ámbito medico, como desde el ámbito psicológico. Dicho esto, expondré brevemente la evaluación médica, y me centraré con más detalle en la evaluación psicológica.
3.6.1. Evaluación Médica
Desde el punto de vista médico, hay que tener presentes la anamnesis de los síntomas y la exploración física. En el caso de la exploración física, se van a tener en cuenta los siguientes aspectos:
- El peso, la talla y el índice de masa corporal (IMC). Este último se calcula mediante una formula: IMC = Peso (Kg) / Altura (metros). Una vez que se obtienen los resultados, debemos recurrir a tablas especificas, para saber a que percentil corresponde el IMC obtenido. Una vez hecho esto, valoraremos en que lugar se encuentra cada caso. Se define como normal el IMC situado entre 18,5 y 25, y en el caso de los niños ≥ P25 y <P85 (Madruga y Rodríguez, 2014).
- Las constantes vitales: tensión arterial y frecuencia cardiaca.
- Exploración física: cabeza y cuello, sistema cardiovascular, abdomen, sistema dermatológico, sistema neuromuscular…etc.
Por otro lado, se realizan otro tipo de pruebas para explorar el estado nutricional y biológico de la persona:
- Electrocardiograma - Análisis de sangre
- Ecografía del abdomen y de la pelvis
- Densitometría ósea (Martínez, Plana y Castro, 2014).
27 3.6.2. Evaluación Psicológica
Según Martínez, Plana y Castro (2014), en cuanto a la evaluación psicológica, como punto de partida se escoge la historia clínica., aunque en el caso de los adolescentes se puede empezar con sus padres. Se recogerá información acerca de la historia de peso del paciente, así como de sus antecedentes médicos, personales y familiares. Una vez hecho esto, se procederá a la entrevista individual con el paciente, a la que se le puede añadir dependiendo del caso la técnica del análisis funcional, para registrar las comidas o las conductas compensatorias. En las entrevistas que se lleven a cabo, se tendrán en cuenta los aspectos relacionados con la conducta alimentaria, la imagen corporal, las cogniciones, las psicopatologías y las actitudes de la familia respecto al problema.
Dada la importancia de la evaluación, expondré algunos de los instrumentos que se utilizan, separándolos en cuatro grandes bloques, en el caso de pacientes con trastornos de la conducta alimentaria:
• Sintomatología alimentaria:
- EAT-40 (Eating Attitudes Test), fue diseñado por Garner y Garfinkel, en 1979, para evaluar las conductas y actitudes sobre la comida, el peso y el ejercicio relacionados con la anorexia.
- EDI-2 (Eating Disorder Inventory), creada su versión original en 1998, por Garner. Evalúa síntomas que normalmente acompañan a la Anorexia nerviosa y la Bulimia nerviosa.
- EDE-Q (Eating Disorder Examination- Questionnaire), fue propuesta por Fairburn y Beglin en 1994, para detectar a sujetos con un alto riesgo de padecer algún tipo de TCA.
- BITE (Bulimia Inventory Test Edinburgh), en 1987 por Henderson y Freeman, para detectar y valorar la severidad de síntomas bulímicos.
• Imagen Corporal:
- ACTA (Cuestionario de Actitudes frente al Cambio en los Trastornos de la conducta Alimentaria), fue desarrollado por Beato y Rodriguez, en 2003, para evaluar la actitud frente al cambio en los TCA.
28
• Motivación para el cambio:
- BSQ (Body Shape Questionnaire), por Cooper et al., en 1987, evalúa la preocupación por el peso y la imagen corporal.
- BAT (Body Attitude Test), diseñado por Probst, en 1995, se mide el grado se satisfacción hacia la propia imagen corporal y la actitud hacia ella.
• Psicopatología general:
- STAI (State- Trait Anxiety Inventory), con el objetivo de evaluar la ansiedad-rasgo y la ansiedad-estado, creada por Spielberger et al, en 1970.
- BDI (Beck Depression Inventory), creada por Beck et al., en 1961, con el fin de evaluar la gravedad de síntomas típicos de la depresión en adultos y adolescentes.
3.7. TRATAMIENTO
Una vez realizada la evaluación, debe tomarse la decisión terapéutica de forma inmediata, por lo tanto, expondré el tratamiento en el caso de la anorexia y en el caso de la bulimia, ya que se tratan de enfermedades graves.
3.7.1. Pacientes con Anorexia
Los objetivos generales del tratamiento serán los siguientes:
- Restauración del peso
- Normalizar el estado nutricional y el patrón alimentario - Modificar el sistema erróneo de creencias
- Tratar la distorsión de la imagen corporal - Ayudar para continuar con el cambio - Mejorar las relaciones interpersonales
Teniendo en cuenta los objetivos mencionados, la primera medida que se debe adoptar es la de restaurar el patrón alimentario, a través de una intervención psicológica, y así poder recuperar el peso de la persona.
29 A continuación, se escogerá la modalidad de el tratamiento, y se comentará junto a los padres y el paciente para poder iniciar con el tratamiento. Dentro de las distintas modalidades terapéuticas, encontramos dos grupos que las dividen, en función del número de horas de tratamiento que recibe el paciente, es decir, se clasifican en intensivas y no intensivas, y dentro de estos dos grupos encontramos las siguientes:
• Modalidad Intensiva
v Hospitalización: Esta decisión, en la mayor parte de los casos, dependerá de la gravedad del cuadro clínico. En estos casos, el ingreso se puede llevar a cabo de forma programada o de forma urgente, por lo tanto, es importante conocer los criterios que se establecen en cada caso.
Los criterios en el caso de ser programado:
- Pérdida de peso persistente hasta un 25-30% en menos de tres meses o un porcentaje mayor de perdida.
- Ausencia de respuesta a las demás modalidades de tratamiento.
- Problemas familiares que impiden la mejoría del paciente.
- Crisis y descompensaciones.
Los criterios en el caso de ser urgente:
- Pérdida de peso hasta más del 50%.
- Arritmias, deshidratación, hipotermia, alteración renal…etc.
- Negación hacia alimentarse
- Trastornos psiquiátricos (ideas de suicidio, agresividad…).
En cuanto a los objetivos propuestos con este tratamiento, encontramos:
- Recuperación nutricional, a través de unas pautas para obtener una alimentación adecuada (Graell, Villaseñor y Cabellos, 2014).
30 v Hospital de día: Algunos pacientes optan por esta opción como forma
de evitar la hospitalización, ya que esto les permite seguir en su ambiente habitual. Acuden al hospital para realizar las comidas de forma diaria, como medio para conseguir los siguientes objetivos:
- Normalizar el patrón de las conductas alimentarias - Restructuración Cognitiva
- Mejorar el ambiente familiar y las relaciones interpersonales - Concienciar de la enfermedad… (Faya y Martínez, 2014).
v Tratamiento ambulatorio: Este tratamiento va dirigido a los pacientes que no requieren hospitalización, que ya la hayan llevado a cabo o que se preparen para ella. Les permite seguir con sus rutina habitual y mantenerse en la residencia donde se encuentran. Según Morandé, Graell y Paolini (2014) una vez que decidimos iniciarlo, debemos seguir tres fases:
- Primera fase. Cuidados previos: se centra en los parámetros del tratamiento, en la relación terapéutica y en las indicaciones para los familiares.
- Segunda fase. Tratamiento ambulatorio: mejorar los aspectos biológicos y psicológicos y llevar a cabo un plan de vida para el paciente, donde se tienen en cuenta los aspectos relacionados con la alimentación, actividades, horarios…para corregir ideas relacionadas con el peso, la comida, imagen, etc. También, se tienen en cuenta los temas familiares y los síntomas asociados al problema.
- Tercera fase. Seguimiento intervencionista: suele realizarse con pacientes que han finalizado la atención ambulatoria, y los objetivos consisten en prevenir que el paciente vuelva recaer en la enfermedad y que la persona consiga tener un control sobre su nutrición.
31 v Hospitalización domiciliaria: tiene como objetivos aspectos físicos,
psicológicos y familiares.
- Físicos: recuperación del IMC, regular las comidas, eliminar conductas compensatorias.
- Psicológicos: motivación para el cambio, compromiso terapéutico, disminuir las creencias erróneas, mejorar el estado de animo.
- Familiares: reajustar todo tipo de conductas respecto a la familia, para lograr afrontar adecuadamente el problema (Morandé, Graell y Villaseñor, 2014).
• Modalidad no intensiva:
v Módulos semanales de tratamiento ambulatorio: para los pacientes que han estado hospitalizados o han terminado con el hospital de día.
Dentro de esto, existen tres grupos diferentes: plan de vida, cognitivo- conductual, psicoeducativo para los padres.
v Programa de seguimiento intervencionista: para los pacientes que han terminado la atención ambulatoria. Se trata de prevenir las recaídas y conseguir que el paciente tenga un control en su alimentación (Graell y Morandé, 2014).
32 3.7.2. Pacientes con Bulimia
Los objetivos generales del tratamiento serán los siguientes:
- Reducir los atracones y las conductas purgativas.
- Normalizar las pautas de alimentación.
- Corregir las ideas que tiene el paciente respecto al peso y su imagen.
- Tratar los síntomas asociados al problema.
Una vez que se establecen los objetivos, se ha demostrado que el procedimiento más eficaz para alcanzarlos es el tratamiento cognitivo-conductual, que consiste en lo siguiente:
En primer lugar, se toma un control sobre los atracones y las conductas purgativas, se buscan actividades alternativas, se establece un patrón de comidas regular y se informa de las consecuencias que pueden acarrear tanto los atracones, como las conductas purgativas. En segundo lugar, se busca modificar las cogniciones que tiene la persona, a través de técnicas de restructuración cognitiva o solución de problemas. Y por último, se prepara el final del tratamiento, teniendo en cuenta las posibles recaídas y las habilidades de la persona, asimismo, se propone seguimiento (Gómez y Graell, 2014).
33
4. AUTOESTIMA
La autoestima es considerada como uno de los aspectos fundamentales sobre el que se construye la personalidad desde la infancia, y a su vez un predictor del grado de ajuste psicológico durante la adolescencia y la adultez. Sin embargo, la autoestima no es algo que se mantenga estable en el tiempo, sino que varía en función de las experiencias personales a las que se expone cada uno. El periodo más relevante para estos cambios es la adolescencia (DuBois, Bull, Sherman y Roberts, 1998).
Según Rosenberg (1986) se trata de un elemento evaluativo del autoconcepto basado en la percepción global que tiene la persona de sí mismo. Por otro lado, el hecho de tener una autoestima positiva facilita tener un buen ajuste psicológico, lo que a su vez favorece tener una buena adaptación en el entorno y puede ser una barrera preventiva de determinadas conductas de riesgo. Por lo tanto, se puede decir que la autoestima podría tener un efecto positivo en la satisfacción de la vida (Reina, Oliva y Parra, 2010).
En cuanto a la relación de la autoestima con el genero, la mayoría de las investigaciones encuentran diferencias significativas, dónde se observan puntuaciones más bajas en las mujeres (Chabrol et al, 2004). En lo referente al proceso evolutivo, muchas investigaciones coinciden en que hay un descenso de la autoestima durante la adolescencia temprana, que tiende a recuperarse con los años, especialmente en el caso de los hombres, ya que en las mujeres se suele mantener baja durante toda la adolescencia (Parra et al, 2004).
Otros trabajos, señalan que en este momento, algunos aspectos cobran gran importancia para la valoración que la persona hace de sí misma, como por ejemplo, la apariencia física que se convierte en un aspecto fundamental de la autoestima en estos años, sobre todo al principio de la adolescencia y en especial para las mujeres. Como explicación a esta diferencia de género respecto a la autoestima, Kling, Hyde, Shower y Buswell (1999) señalan los roles y estereotipos de género, que en nuestra sociedad hacen que el propio cuerpo se aleje del estereotipo de belleza femenino actual, lo cual da lugar a la insatisfacción corporal. Asimismo, en el meta-análisis realizado por estos autores, se refleja que los hombres presentan niveles de autoestima superiores a las mujeres. En