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Anotaciones CAPITULO 31 LA DIVINA TRINIDAD A LA LUZ DE LA BIBLIA

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CAPITULO 31

LA DIVINA TRINIDAD A LA LUZ DE LA BIBLIA

Al creer que Jesús es Dios, hacemos profesión de fe trinitaria. Y la doctrina de la Trinidad es verdadera, no porque podamos entenderla en toda su extensión, sino porque es un hecho de la Revelación. Y para los que creemos, esto pone fin al asunto.

La palabra “Trinidad” está compuesta de dos palabras Látinas - tri, significando

“tres”, y unus, significando uno.

Es infantil rechazar la doctrina de la Trinidad porque ese término no existe en las Escrituras. Dicen los Testigos: “Entonces, ¿qué muestran los hechos en cuanto a la `Trinidad’? Ni la palabra ni la idea están en la Palabra de Dios, la Biblia”

[La Verdad que Lleva a la Vida Eterna, Pág. 24]. En el libro divino tampoco se encuentran las palabras Biblia, teocracia y otras, que no por eso rechazamos;

porque lo que buscamos en las Escrituras son los hechos y no la nomenclatura.

La doctrina de la Santísima Trinidad se halla claramente contenida en la Bi- blia. Es cierto que no aparece ni una sola vez la palabra “Trinidad” en los textos sagrados; pero la Trinidad Divina está presente en las páginas de la Biblia. Las Sagradas Escrituras no demuestran la Trinidad: la muestran.

Otra falta de sentido es rechazar la doctrina de la Trinidad tildándola de mis- terio. Dios es un misterio. Con Trinidad o sin ella, Dios es un misterio. Cristo es un misterio, como lo dice en Col. 1:26 - “El misterio que había estado oculto ...” Con humildad aceptamos la revelación que hacen las Escrituras, sin negar ni torcer las límpidas e inequívocas declaraciones de la Biblia acerca del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

La Deidad se halla constituida por tres Personas, todas eternas, todas iguales, todas divinas; que son Una en esencia, en propósito, en función. Dicho de otro modo, la Trinidad es el organismo de la Deidad, es el medio por el cual se mani- fiesta en relación con el hombre.

Esta doctrina ha sido enseñada y sostenida por la Iglesia cristiana desde los primeros tiempos, siendo normalmente expresada en la siguiente fórmula: Dios es uno en esencia, pero subsiste en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. O dicho de otra manera: Dios es único, pero existe eternamente con tres distinciones bajo la figura de personas. Debe admitirse que la palabra “persona”

en ese sentido trinitario, no está enteramente libre de objeción, pero parece cosa entendida por los escritores ortodoxos que no hay una palabra mejor.

Todas las explicaciones para explicar racionalmente la Trinidad se prestan a establecer conceptos pobres e inadecuados.

Por qué se niega la Trinidad

La negación de la Trinidad proviene primero de un gran error, el de conceptuar a las personas divinas como se conceptúa a las personas humanas.

“En teología, como en cualquier otra ciencia, existe la necesidad absoluta de usar algunos términos técnicos. Cuando decimos que en la Divinidad hay tres personas distintas, no queremos decir con eso que cada una de ellas sea tan sepa- rada de las otras como un ser humano está separado de los demás. Aunque se diga que las tres Personas se aman, se oyen, oran la una a la otra, se envían la una a la otra, testifican una de la otra; no hace sin embargo, que ellas sean independientes entre sí. La autoexistencia y la independencia son propiedades, no de las personas individuales, sino del Dios trino” (L. Boettner, The Trinity, Pág. 59).

En segundo lugar, la negación de la Trinidad viene por la aplicación errada de los textos Bíblicos que hablan de la subordinación del Hijo al Padre. Sin em- bargo, Cristo — que es Dios — fue hombre también. De ahí que se diga que su naturaleza es divino-humana. Esa subordinación, no es de esencia, sino de orden y operación. Cada una de las Personas divinas tiene su esfera de acción, “como si fuese una sociedad bien organizada”.

Otra razón de la negación de la doctrina de la Trinidad es la ignorancia o el

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notAciones prejuicio de ciertos escritores Arrianos, que suponen que creemos en tres dioses.

Por ejemplo en la página 81 del libro de los Testigos de Jehová, Sea Dios Veraz, dice: “... La doctrina en breve es que hay tres dioses en uno ...” Esto es falso.

A lo sumo, esa es una conclusión que los Testigos quieren extraer; pero nunca es la creencia cristiana. Eso nunca fue escrito o admitido por ningún Cristiano en ninguna época. Esa acusación de triteísmo es arbitraria. En cambio al Jehovismo se lo podría acusar de biteísmo. Al afirmar que Jehová es el Dios todopoderoso, y que Cristo es un dios poderoso, ellos están creyendo en dos dioses. Un Dios mayor que engendra a un Dios menor. Por lo tanto, dos dioses, no importa la categoría que procuran darles.1

Análisis de un texto revelador.

En Deut. 6:4 hallamos estas palabras notables que cada judío temeroso de Dios está obligado a repetir cada día: “Escucha, oh Israel, el SEÑOR nuestro Dios, el SEÑOR uno es” [Biblia de las Américas]. Estas palabras son citadas, tanto por los judíos como por los “Unitarios” y los “Testigos de Jehová”, como la prueba más absoluta contra los Trinitarios. Pero precisamente estas mismas palabras, leídas en Hebreo, constituyen toda una revelación y contienen la más segura y clara prueba que pueda hallarse en toda la Biblia en favor de la Trinidad: “SCHEMA, ISRAEL: ADONAI ELOHENU, ADONAI EJAD”.

En efecto, al analizar por vía de exégesis el texto original descubrimos tres partículas claves importantísimas que arrojan una luz deslumbradora para captar el profundo sentido de esta solemne declaración, la cual nos demuestra que Dios sabía lo que hacía cuando inspiró a Moisés a escribir estas palabras y no otras. Veamos:

ADONAI: Literalmente significa: “Mis Señores” (de Adon: Señor, y ai: Mis).

ELOHENU: Es conjunción posesiva del pronombre de la primera persona plural que se designa, significando: “Nuestros Dioses”.

EJAD: Expresa la idea de unidad colectiva.

En Hebreo se usan dos palabras para indicar el significado de uno. La palabra uno, en el sentido de único, es decir, que se emplea para designar una unidad absoluta es “JACHID” (Jueces 11:34). Este término nunca es usado para usar la unidad divina. En cambio, cuando dos o varias cosas se convierten en una por una íntima unión o identificación, el vocablo Hebreo que se emplea en la Sagrada Escritura es “EJAD”, que significa una unidad compuesta de varios (Gén. 2:24;

Jueces 20:8). Esta palabra es la que siempre se usa para designar la unidad divina.

Por tanto, nuestro texto, literalmente vertido del original Hebreo, quedaría traducido correctamente así: “ESCUCHA, OH ISRAEL, MIS SEÑORES NUES- TROS DIOSES, MIS SEÑORES UNO COMPUESTO ES”.

Símbolos y figuras de la Trinidad.

Hallamos en casi toda la Biblia la idea de la pluralidad de personas divinas, lo cual significa que la doctrina de la Santísima Trinidad tiene su apoyo en las Sagradas Escrituras desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

Tres veces — nada menos que tres veces — se usa en los once primeros ca- pítulos de la Biblia el plural NOS para designar la Divinidad. La primera vez se habla de la pluralidad de personas divinas en relación con la creación del hombre:

Gén. 1:26; la segunda vez, en relación con el pecado del hombre: Gén. 3:22; y la tercera vez, en relación con el juicio de los hombres: Gén. 11:7.

Resulta curioso e instructivo notar que las tres grandes fiestas religiosas ce- lebradas tres veces al año por el pueblo judío muestran también un símbolo de la gloriosa Trinidad: la Fiesta de los Tabernáculos: Dios Padre; la Fiesta de la Pascua: Dios Hijo; y la Fiesta de Pentecostés: Dios Espíritu Santo.2

El “Plural de Majestad”.

Ante el hecho de que el nombre divino Elohim está en plural, y ante otros pasajes Bíblicos en que Dios habla en plural, como cuando dice: “Hagamos al hombre”, “descendamos”, “veamos”, “el hombre es como uno de nosotros”, los que rehúsan admitir una unión de tres Personas en la Trinidad, apelan a una fórmula denominada “plural de majestad”.

Esa es una mera invención humana, porque las Escrituras jamás autorizaron

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notAciones ese modo de hablar denominado “plural de majestad”. Esa invención se atribuye a Gesenio, quien una vez presentó esa idea de que el plural era tan sólo una manera de Dios de presentarse en su majestad señorial, al modo de los antiguos monarcas.

Sin embargo, más tarde se descubrió que esa tesis de Gesenio era falsa, porque se comprobó que ningún monarca usó ese sistema. Ni los faraones, ni ningún monarca de Persia ni de ningún otro reino antiguo, hablaron jamás en su nombre y en el de otros. Por ejemplo, en Gén. 41:44, dice Faraón: “Yo soy Faraón ...”

“Tú estarás sobre mi casa” (v.40). Nada de plural de majestad.

La verdad es que cuando la Biblia usa el plural de la primera persona, cuando se esperaría en singular, es porque alguna realidad está en juego. Ese plural indica pluralidad de las Personas de la Deidad.

El mismo Cristo empleó el plural: “Lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio” (Juan 3:11). También en Mat.

3:15, en ocasión de su bautismo, Jesús le dijo a Juan: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia”. Y en seguida después del bautismo, se oye la voz del Padre, y se ve al Espíritu Santo en forma de paloma. En ese momento se manifiestan las tres Personas de la Deidad.

Si como quieren los Jehovistas, se tratara de un plural de majestad, entonces Cristo es el mismo Jehová, o Elohim; porque ellos también usaron el plural de majestad. Veamos otro ejemplo. Jesús “decía también: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos?” (Marcos 4:30).

Cuando el apóstol Pablo escribe de “nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas” (2 Cor. 1:8); o cuando dice: “Quisimos ir a vosotros, ... pero Satanás nos estorbó”

(1 Tes. 2:18), estaba asociando consigo a sus compañeros de viaje, de tribulación y de trabajo. Por eso emplea el pronombre “nos”.

No hay manera de justificar el uso del pluralis majestatis; uso que en verdad no existía. Lo que hay en realidad es pluralidad de personas.

¡Y eso también prueba la existencia de la Trinidad!3

Comparando las tres Personas Divinas a un nivel de común igualdad.

Finalmente, consideremos algunos de los títulos, perfecciones, obras y hechos atribuidos igualmente a cada una de las tres personas de la Trinidad Divina. Creemos que con ello la evidencia trinitaria se hace irrefutable a la luz de la Palabra de Dios.

Los Cristianos tenemos un Padre que es llamado Dios (Rom. 1:7; Efe. 4:6).

Un Hijo que es llamado Dios (Rom. 9:5; Tito 2:13; Heb. 1:8). Un Espíritu Santo que es llamado Dios (Hch. 5:3-4; 28:25-27 comparado con Isa. 6:8-10). Y si son llamados Dios es porque los tres son el mismo Dios.

El nombre de Dios el Padre es Jehová (Neh. 9:6). El Hijo es llamado también Jehová (Jer. 23:5-6). Y el Espíritu Santo igualmente es identificado con el nombre de Jehová (Heb. 3:7-9 comparado con Ex. 17:7).

El Padre como Jehová Dios (2 Sam. 7:22; Oseas 13:4). El Hijo como Jehová Dios (Juan 20:28). [Al dirigirse a Cristo con esta reverente expresión, el apóstol Tomás le está aplicando el título y el nombre sagrado que únicamente pertenecen a Jehová Dios: Isa. 41:13). El Espíritu Santo como Jehová Dios (Hch. 7:51 comparado con 2 Rey. 17:14).

El Padre es el Dios de Israel (Sal. 72:18). El Hijo es el Dios de Israel (Luc.

1:16-17) [Los pecadores se convertían a Cristo]; v.68 comparado con Zac. 2:10 y Juan 1:14. El Espíritu Santo es el Dios de Israel (2 Sam. 23:2-3).

El Padre es eterno (Sal. 90:2; 93:2). El Hijo es eterno (Heb. 1:10-12; Juan 1:1; 8:58; Rom. 16:25 comparado con Col. 1:26-27). El Espíritu Santo es eterno (Heb. 9:14).

El Padre es omnipotente (Gén. 17:1; 2 Cr. 20:6; Efe. 1:19). El Hijo es omni- potente (Mat. 28:18; Efe. 1:20-23; Ap. 1:8 [comparar con v.7 y vs. 11,17,18]). El Espíritu Santo es omnipotente (Isa. 30:27-28; Zac. 4:6; Rom. 15:13-19).

El Padre es omnipresente (Jer. 23:23-24; Heb. 4:13). El Hijo es omnipresente (Mat. 18:20; 28:20; Juan 3:13). El Espíritu Santo es omnipresente (Sal. 139:7-12;

Juan 14:17; 1 Cor. 3:16).

El Padre es omnisciente (Sal. 139:1-6; Dan. 2:20-22). El Hijo es omnisciente

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notAciones (Juan 16:30; 21:17; Col. 2:2-3). El Espíritu Santo es omnisciente (Juan 14:26; 1

Cor. 2:10-11; 1 Juan 2:20-27).

El Padre es la vida (Sal. 36:9; Hch. 17:25-28). El Hijo es la vida (Juan 1:4;

11:25; 1 Juan 5:12). El Espíritu Santo es la vida (Job 33:4; Rom. 8:2-11).

El Padre es el Creador (Gén. 1:1,26; 2:7; Isa. 44:24; 45:12-18; 48:12-13; Neh.

9:6). El Hijo es el Creador (Juan 1:3; Col. 1:15-17; Sal. 33:4; Heb. 1:2; 11:3 [comparar con Gén. 1:3 - “Y dijo Dios”: la Palabra, el Verbo eterno; y con 1:26 también de Gén.]). El Espíritu Santo es el Creador (Gén. 1:2,26; 2:7; Mal. 2:15;

Job 33:4; 26:13; Sal. 104:27-30). Así pues, en el gran escenario de la Creación vemos a Dios creando: el Padre. A Dios hablando: el Hijo. Y a Dios obrando:

el Espíritu Santo.

El Padre es el Salvador (Isa. 43:3,11; 45:21; Luc. 1:47). El Hijo es el Salvador (Mat. 1:21; Luc. 2:11; Tito 2:13). El Espíritu Santo es el Salvador (1 Cor. 6:11 comparado con 1 Juan 1:7; Heb. 9:14).

El Padre es el Pastor (Sal. 23:1; Ez. 34:11-12). El Hijo es el Pastor (Juan 10:11,14-16). El Espíritu Santo es el Pastor (Isa. 63:14). [¿Puede pastorear una fuerza impersonal?].

El Padre obró la resurrección de Jesucristo (1 Cor. 6:14). El Hijo obró su propia resurrección (Juan 2:19-22; 10:17-18). El Espíritu Santo obró la resurrección de Jesucristo (Rom. 8:11).

Los hijos de Dios tenemos comunión con cada una de las personas de la Tri- nidad; nuestra comunión es con el Padre y el Hijo (1 Juan 1:3); y con el Espíritu Santo (Fil. 2:1 y 2 Cor. 13:14).

El Padre y el Hijo habitan en los creyentes, y nuestro cuerpo es templo de Dios y de Cristo (Juan 14:23; Ap. 3:20; 1 Cor. 3:16; 2 Cor. 6:16; Gál. 2:20; Efe. 3:17).

El Espíritu Santo habita en los creyentes y nuestro cuerpo es su templo (Rom. 8:9;

1 Cor. 3:16; 6:19; 2 Tim. 1:14).4 ______________

Anotaciones al Pie

1 Radiografía del Jehovismo, Págs. 78-80.

2 Proceso a la Biblia de los TJ, Eugenio Danyans, Págs. 167-168.

3 Radiografía del Jehovismo, Págs. 83-84.

4 Proceso a la Biblia de los TJ, Págs. 171-174.

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notAciones

1. “... Yo soy el primero, y yo soy el postrero ...” (Isa. 44:6).

“... del Dios eterno ...” (Rom. 16:26).

1. “... un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas ...” (1 Cor. 8:6).

“... Jehová ... El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos ...”

(Salmo 100:3).

1. “¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ...”

(Jer. 23:24).

1. “... ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo ...” (Mateo 11:27).

“Dice el Señor, que hace conocer todo esto ...” (Hechos 15:18).

1. “... el que me envió es verdadero ...”

(Juan 7:28).

“... Padre santo ... Padre justo ...”

(Juan 17:11,25).

“... es bueno Jehová ...” (Salmo 34:8).

1. “... del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”

(Efe. 1:11).

3. “... el Espíritu eterno ...” (Heb. 9:14).

3. “¿Quién ha medido ... ¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová? ...” (Isa. 40:13).

“El Espíritu de Dios me hizo ...”

(Job 33:4).

3. “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ...”

(Salmo 139:7).

3. “¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole?” (Isa.

40:13).

“... el Espíritu todo lo escudriña ...”

(1 Cor. 2:10).

3. “... el Espíritu es la verdad ...” (1 Juan 5:6).

“... El Espíritu Santo ...” (Juan 14:26).

“... tu buen Espíritu ...” (Salmo 143:10).

3. “... repartiendo a cada uno en particu- lar como él quiere ...” (1 Cor. 12:11).

2. “... yo soy el primero y el último”

(Apoc. 1:17).

“... y sus salidas son desde el prin- cipio, desde los días de la eternidad”

(Miqueas 5:2).

2. “Todas las cosas por él fueron hechas ...” (el Verbo, etc. - Juan 1:3).

“Porque en él fueron creadas todas las cosas ...” (Col. 1:16).

2. “... yo estoy con vosotros todos los días ...” (Mateo 28:20).

2. “... nadie conoce al Hijo, sino el Padre ...” (Mateo 11:27).

“... Señor, tú lo sabes todo ...” (Juan 21:17).

2. “... Yo soy ... la verdad ...” (Juan 14:6).

“... al Santo y al Justo ...” (Hechos 3:14).

“Yo soy el buen pastor ...” (Juan 10:11).

2. “... a quien el Hijo lo quiera revelar”

(Mat. 11:27).

“Padre, aquellos ...” (Juan 17:24).

El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son Eternos1

El eterno Dios es nuestro refugio. “El eterno Dios es tu refugio, y acá abajo los brazos eternos ...” - Deut. 33:27.

2

En el Todopoderoso está nuestra confianza. “... encomienden sus almas al fiel Creador ...” - 1 Ped. 4:19.

El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son Omnipresentes3

El Dios omnipresente es nuestra confianza. “... ciertamente no está lejos de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos...” - Hechos 17:27-28

El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son Incomprensibles y Omniscientes4

Adoramos al Dios que todo lo ve. “... todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. - Heb. 4:13.

El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son verdaderos, santos y buenos5

Adoramos al Un Señor de bondad infinita. “¿Quién no temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? Pues sólo tú eres santo...” - Apoc. 15:4

El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo tienes cada uno voluntad autoreguladora6

Reposamos en la voluntad de aquel que sólo es Jehová. “... Hágase la voluntad del Señor” - Hechos 21:24

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notAciones 2. “En él [el Verbo] estaba la vida ...”

(Juan 1:4).

“... también el Hijo a los que quiere da vida” (Juan 5:21).

2. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filip. 4:13).

“... si hay alguna consolación en Cristo ...” (Filip. 2:1).

“... santificados en Cristo Jesús ...”

(1 Cor. 1:2).

2. “... el amor de Cristo nos constriñe ...” (2 Cor. 5:14).

“El que no amare al Señor Jesucristo ...” (1 Cor. 16:22).

2. “... la ley de Cristo ...” (Gál. 6:2).

“La palabra de Cristo ...” (Col. 3:16).

“... El Hijo de Dios ... dice esto”

(Apoc. 2:18).

2. “Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones ...” (Efe. 3:17).

“... que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Col. 1:27).

“... nuestra comunión verdadera- mente es .... con su Hijo Jesucristo”

(1 Juan 1:3).

2. “... Preparad camino a Jehová ...

nuestro Dios” (Isa. 40:3, con Ma- teo 3:3).

“... El Altísimo ...” (Lucas 1:76; con Mateo 11:10).

1. “Porque contigo está el manantial de la vida ...” (Sal. 36:9).

“... Dios ... nos dio vida ...” (Efe. 2:4-5).

1. “... me fortaleciste con vigor en mi alma” (Salmo 138:3).

“... así os consolaré yo a vosotros ...” (Isa. 66:13).

“... santificados en Dios Padre ...”

(Judas 1).

1. “... todo aquel que ama al que engen- dró ...” (1 Juan 5:1).

“... si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” ( 1 Juan 2:15).

1. “La ley de Jehová es perfecta ...”

(Sal. 19:7).

“... la palabra del Dios nuestro ...”

(Isa. 40:8).

“... Así ha dicho Jehová el Señor”

(Ezeq. 2:4).

1. “... Habitaré y andaré entre ellos ...”

(2 Cor. 6:16).

“... verdaderamente Dios está entre vosotros ...” (1 Cor. 14:25).

“... nuestra comunión verdadera- mente es con el Padre ...” (1 Juan 1:3).

1. “Yo soy Jehová tu Dios ...” (Ex. 20:2).

“Mas tú, Jehová, para siempre eres Altísimo” (Salmo 92:8).

El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son la fuente de la Vida7

Dependemos en el Dios dador de vida. “Amando a Jehová tu Dios ... porque él es vida para ti ...” - Deut. 30:20.

8

Confiamos en el Un Dios para la fortaleza espiritual. “... Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré ...”

- Salmo 18:2.

El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo llena al alma con amor Divino9

3. “... el Espíritu es vida ...” (Rom. 8:9 - Versión Moderna y Biblia de las Américas”.

“... nacido del Espíritu ...” (Juan 3:8).

3. “... fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu ...” (Efe. 3:16).

“... el Consolador, el Espíritu Santo ...” (Juan 14:26).

“... santificada por el Espíritu Santo”

(Rom. 15:16).

3. “... os ruego ... por el amor del Espíritu ...” (Rom. 15:30).

“... vuestro amor en el Espíritu”

(Col. 1:8).

3. “... la ley del Espíritu de vida ...”

(Rom. 8:2).

“... los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Ped. 1:21).

“... dijo el Espíritu Santo ...” (Hechos 13:2).

3. “El Espíritu ... mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:17).

“... la comunión del Espíritu Santo ...” (2 Cor. 13:14).

3. “... Jehová el Señor” (Ezeq. 8:1,3).

“... del Altísimo ...” (Lucas 1:35).

El amor del Vivo y verdadero Dios caracteriza al santo. “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón...” - Deut. 6:5

El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo dieron la ley Divina10

La palabra del Un legislador es la regla del creyente. “Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar ...” - Santiago 4:12

El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo moran en los corazones de los creyentes11

El corazón contrito recibe al invitado Divino. “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad ... Yo habitó en ... el quebrantado y humilde de espíritu ...” - Isaías 57:15.

El Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son, cada uno por sí mismo, el Jehová y Dios supremor12

El Supremo Señor Dios es nuestro Dios por los siglos de los siglos. “... Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” - Deut. 6:4

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