Re:
Mujer i
Re: Mujer boricua
Juan Antonio Corretjer ii
Re: Mujer boricua
RESPONSABLES DE LA SELECCIÓN Y EDICIÓN:
Casa Corretjer
Calle Betances, Esquina Corretjer Ciales Puerto Rico
Apdo 307, Ciales Puerto Rico 00638 (787) 871-1668
REPRODUCCIÓNAUTORIZADA: FAVORDEINDICAR LAFUENTE
recopilación de textos de Juan Antonio Corretjer y de Consuelo Lee Tapia, principalmente sobre mujeres
puertorriqueñas, preparada en saludo al Día Internacional de la Mujer Trabajadora \ 8 de marzo de 1997
re impreso 3 Marzo 2006 - Natalicio de don Juan.
en memoria de nuestra Carmín Pérez.
Re:
Mujer iii
CONTENIDO
PRESENTACIÓN DE JULIA DE BURGOS 1 RECORDANDO A JULIA DE BURGOS 5 MARIANA BRACETTI Y ALBIZU CAMPOS 9 DOÑA OBDULIA SERRANO DE ROJAS 11 BORICUA EN LA LUNA 13
LAS LUISAS 14
LUISA MITCHEL, LA VIRGEN ROJA 15
GLOSA CORRIDA 20
DOS VECES LAURA 21
CANCIÓN DE DESPEDIDA 24
BLANCA CANALES ENTRE NOSOTROS 26
DOLORES DEL PATRIOTISMO CAUTIVO 28
LIBERTADORAS EN LIBERTAD 30
GUARACHA DE CULEBRA 32
DOÑA ROSALINA ROURA DE TORRESOLA 33
Juan Antonio Corretjer iv
SI QUIERES COMPRENDER… 34
AYUBURÍ 35
SOBRE LA MUJER: - “ALBIZU DIJO QUE… 36 EL TABLADO DEL COQUÍ 37 BEATRIZ 39 MEDIA ASTA: MUERE EN NUEVA YORK UNA
GRAN PUERTORRIQUEÑA: JULIA DE BURGOS 42 EN EL PRÓXIMO NÚMERO 44 LA MUERTE DE PEPITO SANTIAGO BAREA
POR TERESA BAREA 46 DESPUÉS DE TANTOS AÑOS 48 Relato de la Masacre de Ponce
Escrito por su heroína Dominga Cruz 50
SEMBLANZA DE DOMINGA CRUZ 57
ANDANDO DE NOCHE SOLA 61
Re:
Mujer v
TEXTOS DE CONSUELO LEE 65
…GRITO DE LARES 1968 66
SER ÚTIL ES SER INMORTAL 67
TESTIMONIO 71
VOCES DE LA RESISTENCIA 75
LA MUJER EN LA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA 78
CON UN HOMBRO MENOS 82
Re:
Mujer 1
Presentación de Julia de Burgos
Julia de Burgos es una mujer puertorriqueña
, joven, de unos 27 años. Es alta, más alta que el común de las mujeres en nuestra tierra. Resonancias de sangre indígena funden en misteriosos clamores acallados las lumbres de sus ojos. El sol criollo dora su piel en dorados suaves de níspero. Supervivencias visigodas enhebran en el oscuro macizo de su cabello, líneas doradas.Es joven. Ha vivido mucho. Ha sufrido
mucho. Ha aprendido mucho. Ha visto más. Y ha hecho obra, una obra poética, honda, seria, alta de vuelo, segura del vocablo, emocionada, grande. A los 23 años sus Poema en 20 surcos le dieron renombre americano. Canción de la verdad sencilla afirma en más fecundo y promisorio
Juan Antonio Corretjer 2 terreno el nombre ya ganado. Hay
una distancia entre ambos.
En los Poema en 20 surcos ya la poetisa está en dominio de su instrumento. Claridad de conceptos y de expresión, dominio métrico, tanto externo como interno, fácil el fluir del líquido poético, atrevida pero apropiada la imagen, recta y deslumbrante la metáfora, manejo hábil de las figuras, tropos sin esfuerzo, y hondura de emoción y bien dominada exaltación lírica, vuelo seguro. Pero en la Canción de la verdad sencilla hay más hondura, más humildad de actitud, menos rebeldía de ademán pero rebelión más profunda de acto. Los Poema en 20 surcos se disgregan cada cual obediente a un proceso de
individualización de pensamiento y emoción. Es un poema de liberación.
Sobre los surcos abiertos, abiertos
por muchos desengaños y regados por muchas amarguras, no cae el llanto. Arde el sol fecundo y rebelde del Trópico potente. Es un libro de sangre. Un libro de afirmación violenta de la personalidad encarada a medios de vida trabajados de conceptos burgueses, anquilosados de inopia colonial. En la Canción de la verdad sencilla una invitación a la mística es rehusada en una
comunión civilizada, con las fuerzas telúricas. El tema del amor se da en ecuación cósmica. En los poemas del río esa unidad amorosa con la tierra expresada en una larga serie de imaginaciones cuasi palpables, la voz de Julia de Burgos adquiere un tono de sublimación, de patética hondura que la coloca en cimas iguales a las de cualquier otro poeta de América. De esos poemas del río es su canto «Río Grande de Loíza» — el gran río puertorriqueño que
Re:
Mujer 3
arrulló su cuna— que Berta
Singerman ha recitado triunfalmente en los palcos escénicos de sus itinerarios mundiales.
Pero tanto en un libro como en el otro se otea un elemento de
presencia no definida prometiendo una obra entera de raíces más fuertes y más hondas en la tierra del
hombre. Es la presencia de la vida histórica pasando entre los versos de esos dos libros; sin expresión directa, subterráneamente, pero no obstante presente. Así en las efusiones telúricas de Julia en Canción de la verdad sencilla como en las
rebeldías personales de los Poema en 20 surcos, el verso se templa de emoción patriótica, indirectamente pero seguramente. Julia ha vivido la tragedia de su patria, ha sufrido el dolor colonial de su tierra, y lo ha vivido con el corazón sangrante de hora en hora y día en día con que le
toca vivir en tierra colonial quien llega tempranamente a la forma nacional. Militante desde niña — entonces la conocimos— en las filas del Partido Nacionalista de Puerto Rico, ha sufrido persecuciones y esas esquiveces de los halagadores del éxito fácil con que se quiere agriar sin conseguirlo al espíritu levantado.
Nacionalista como había de ser por razones fundamentales de historia y de vergüenza, su pensamiento se ha caldeado y su orientación se ha esclarecido en lecturas y viajes hasta ir llenando, como debe ser,
lógicamente, de contenido socialista su adquirida forma nacional. Por ello en su obra publicada en libros — momento de transición— no se expresa cabalmente su inquietud histórica como fue antes ni como es ahora. Los poemas que le dieron nombre en sus más tempranos años se hornearon en el más puro, en el
Juan Antonio Corretjer 4 más entrañado concepto
nacionalista de la historia de su pueblo. Y después de los estudios y viajes y los mayores dolores, se ha dado una serie de cantos en los que la voz, conciente de su punto de partida amorosamante nacional, se va extendiendo anchamente, vigorosa y noblemente por los caminos de la redonda tierra en la que los muchos explotados van luchando —ya por rutas de
triunfo— con los explotadores, que nos son tan pocos como se dice.
En al aurora poética de Julia de Burgos se da el fenómeno risueño de un amanecer rojo sobreponién- dose al alba de oro.
Así la ayude la lucha.
de: Poesía y Revolución. Original de: Pueblos Hispanos, NY, 26 de marzo, 1944, p. 9
Re:
Mujer 5
Recordando a Julia de Burgos
N
O EMPECECUANTO CALIBROLA GRAN OBRAPOÉTICA DE
J
ULIA DEB
URGOSY ENCUÁNTO MIDO SU INMORTALIDAD,
JAMÁS PUEDO RECORDAR LA GRAN PUERTORRIQUEÑA SINOPRIMERAMENTECOMO MILITANTE INDEPENDENTISTA
,
COMO AMIGA DE REVOLUCIONARIOS EN TRES PAÍSES,
COMO PERSONA,
EN FIN,
BUENA,
SACRIFICADA,
SUFRIDA
.
La conocí cuando era casi una niña.Acababa ella de padecer su primera prueba conocida:
la cesantearon como maestra rural por haber concurrido en varias ocasiones a reuniones
nacionalistas en Comerío. Fue por aquellos días en 1934 cuando Clemente Pereda ayunaba en la Plaza de Armas. Julita, por encima de mi hombro,
curioseaba el diálogo que Clemente quería entablar con Albizu, mientras éste le rogaba que no se debilitase hablando.
Pereda estaba en su quinto día de ayuno.
Juan Antonio Corretjer 6 En esos momentos,
acompañado de algunos amigos, llegó Muñoz Marín.
El encuentro resultaba ya, en aquellos años, dramático (aun a descuento de la peripecia perediana). El profesor universitario ayunaba, según declaración propia, como un acto vicario de purificación del alma patria, lastrada de materialismo vulgar. Su blanco principal era el anexionismo social- colonialista de Santiago Iglesias. La torcedura neo- reformista y el
transaccionismo rusveltista que Muñoz Marín había dado al independentismo, era su blanco secundario. El encuentro, junto a su catrecito, de Muñoz, con el hombre de cuyo lado éste
había desertado dos años antes, resultaba por lo mismo, de mucho tamaño.
Recuerdo perfectamente la fugaz entrevista y el asombro de Julia. En enero, ese mismo año, los trabajadores de la caña habían ido a la huelga desde Fajardo a Guánica. Los dirigentes de la Federación Libre se trasladaron inmediatamente a Fajardo, antiguo fortín suyo, para dirigirlos. Pero los
trabajadores los rechazaron.
Llamaron, para dirigirlos, a Albizu. La independencia penetraba así la masa obrera y campesina con todo el
prestigio de Albizu. El federacionismo había dejado sin organizar a estos
trabajadores de la caña. Los obreros de la industria básica
del país, por lo tanto, estaban desorganizados. Con el liderazgo de Albizu y sus discípulos la huelga se ganó en todos los sentidos. Fue a esto que se refirió Muñoz cuando, al saludar a Albizu, le dijo:
—Lo felicito por contar con el apoyo de los
trabajadores.—
Contestó Albizu:
—Con nosotros están los espíritus selectos.— Alusión directa a Pereda.
El diálogo entraña mucho en cuanto a orientación de ambos hombres. Pero lo que quiero aquí destacar es el dramatismo de la brevísima conferencia. En esos
momentos, Muñoz aparecía turbado, los ojos huidizos, quebrada la voz, como
Re:
Mujer 7
embarazado por la autoridad moral del líder nacionalista.
Éste, en cambio, lucía dueño entero de sí y de la situación.
A Julia la asombró la escena. A partir de ese momento su admiración por Albizu fue inmensa; pero la alusión hecha por Muñoz también la impresionó vivamente.
L
a gran poetisa no llegaba entonces a los 18 años. En esos días había mostrado, en las viejas oficinas del Partido Nacionalista, a un grupo de amigos, sus versos. Me trató siempre con gran confianza, pero con un respeto que a mí, poco mayor que ella, me hacía gracia. Por lo mismo vaciló mucho en dejarme leer sus poemas. Cuando lo hizo, mepuso en un gran aprieto. No sé de caso igual. Jamás se dio inicio más pobre a mayor obra poética. Cuando se es joven se suele ser muy cruel. Pero ya había yo vivido lo bastante, y había padecido mucho con los vanidosos de esa vanidad que Hostos llamara el “genium irritabile de la irritable gente de letras y de artes”, para no comprender cuánto valía la nobleza, la sencillez, la absoluta despreocupación de la gloria que vivían en Julia de Burgos. Me limité a decirle que era demasiado pronto para que se diera opinión sobre sus versos. Es necesario acostumbrarse a la creación y el creador se hace creando. Se me quedó mirando
largamente, con sus ojos tranquilos y su sonrisa triste.
De pronto, me hizo una petición insólita. Quiso que fuese su padrino de bodas.
Accedí gustoso. Casó semanas más tarde.
Poco después dejé de verla.
Salí de Puerto Rico. Regresé.
Y un día llevó a la Princesa — era ya 1937— unos versos.
Los dejó en un sobre con Don Andrés Lugo, y éste me los entregó fielmente. Entonces fui yo el asombrado. Eran los primeros poemas de lo que más tarde sería su libro inmortal: su Poema en 20 surcos, el gran poema de sus veinte años. A Puerto Rico, y al mundo de habla español, le había nacido un poeta de primera calidad. Se lo dije, cuando días más tarde, nos visitó.
Y no volví a verla hasta
Juan Antonio Corretjer 8 pasados cinco años. Fue en
Nueva York, cuando caían las últimas hojas del otoño.
Había ya publicado, además, la Canción de la verdad sencilla y andaba en la cartera con los originales de dos libros inéditos. Me lo leyó todo en una tarde.
En febrero, 1943, se fundó Pueblos hispanos, y Julia vino a trabajar con nosotros.
Recuerdo a Esteban Soriano, por muchas razones. Soriano es uno de esos
puertorriqueños que dejan el lar nativo para volver al otro año, y ya no vuelven. Buen pintor, buen dibujante, buen caricaturista, buen ceramista, bien orientado; joven,
apuesto, de mucha personal simpatía, es, claro está, el tipo de hombre al que una gran
ciudad le ofrece mucho: la oportunidad del triunfo, el dinero honesta y
abundatemente ganado, la vanagloria de muchos amores.
Soriano hizo para Pueblos hispanos trabajo constante y valioso. Lo recuerdo siembre como un buen amigo, como un buen compañero. Hace muchos años que perdí su pista. En esta ocasión, su recuerdo vuelve a mí porque fue en su compañía que vi por vez postrera a Julia. Montaba Soriano, en una galería de la calle 26, su Exposición de 1944. Marion Bachracha, presentó la Exposición y yo presente a Soriano. Julia escribió, para Pueblos hispanos, una crítica del acto y una magnifica entrevista con el pintor.
No pasaron dos semanas sin que un día, Consuelo me informara, sorprendida, [que]
Julia le había dejado unos versos y una carta de despedida. Se marchaba a Wáshington. Meses después salimos nosotros para La Habana. No la vimos más.
Pero cuando queremos verla, en todo el esplendor de su alma, volvemos sobre las páginas de Pueblos hispanos.
Aquí están muchos de su grandes cantos patrióticos y socialistas. Aquí también un muestrario brillante de su breve, pero intensa, labor periodística, como reportera, cronista y entrevistadora.
de Poesía y Revolución.
Original: Como persona y poetisa:
Recordando a Julia de Burgos, El Mundo.
4 de mayo de 1963, p. 4. Sup.
Re:
Mujer 9
Mariana Bracetti y Albizu Campos
El natalicio de Albizu Campos (todavía no fijado definitivamente, pero celebrado desde 1961 el
12 de septiembre) coincide en mes con el de la primera República de Puerto Rico,
proclamada el 23 de septiembre de 1868 en Lares. Fue Albizu quién estableció la Peregrinación Patriótica a Lares como obligación de todo puertorriqueño (todo independentista), a partir del 23 de septiembre de 1930. Este retrato de Mariana Bracetti, la heroína lareña, hoy
popularizado, era desconocido antes de entonces. Fue Albizu quien lo
popularizó, y el retrato, pasó a ser parte de su biografía. Es que el retrato aparece en la serie de a cinco pesos de la
Juan Antonio Corretjer 10 emisión de bonos hecha por el Partido Nacionalista en
1930. Por primera vez —que se sepa— el gobierno de Estados Unidos pensó procesar judicialmente a Albizu.
El coronel Roosevelt, entonces gobernador colonial, aconsejó a Wahington pasar por alto el asunto. En 1932, cuando los bonos llegaron a la bolsa de Nueva York, el general Walker consultó al Juez Coadjutor del Ejército de Estados Unidos, y éste aconsejó que se encauzaran a Albizu y el Partido Nacionalista. El Departamento de Estado intervino, cancelándose el proyectado proceso.
El Juez Codajutor del Ejército yanki que aconsejó el proceso era el general ¡Blanton Winship!—Fue un nieto de Mariana Bracetti, don Antonio Briganti, miembro del Partido Nacionalista, quién proporcionó a Albizu este retrato, que es el mismo usado en los mencionados bonos.
— Archivo J. A. C.
de: Pabellón, #12, Jul-Ago-Sep 1966, Año II, p. 3
Re:
Mujer 11
Esta dama de ilustre semblante y austero vestido, es doña Obdulia Serrano de Rojas, esposa
lareña del General Manuel Rojas. Hasta el último de sus días, en su definitiva ausencia venezolana, Doña Obulia vivió suspirando por su tierra, evocando las horas heroicas de “Pezuela”, Lares y El Pepino. Y cuenta su nieto, Don Eloy Rojas y Rojas, cómo su hija, enseñada en el mismo culto
patriótico puertorriqueño, vivía en su traspasado recuerdo las mismas
añoranzas. Aún hasta hoy mismo recuerda el nieto, en su Caracas
espléndida, las canciones
puertorriqueñas de la época —y hasta las décimas jíbaras de aliento revolucionario de las horas que
precedieron al cónclave inolvidable de la
medianoche de
“Pezuela”.
—Obsequio de Don Eloy Rojas y Rojas.— Archivo
de J. A. C.
Pabellón #1 1 Abr-May- Jun, 1966, Año II
Doña Obdulia Serrano de Rojas
Juan Antonio Corretjer 12
Ida Luz y Alicia Rodríguez son dos hermanas
puertorriqueñas. Prisioneras desde 1980, — junto a 13 boricuas más—, por luchar por la independencia, como son parte de nuestra nación criada en Estados Unidos, había quien les regateara su reclamo a la
puertorriqueñidad.
Fue para ellas que Corretjer escribió Boricua en la luna.
BORICUA EN LA LUNA
nota de la edición original de 1997
Re:
Mujer 13
Desde las ondas del mar que son besos a su orilla, una mujer de Aguadilla vino a New York a cantar pero no sólo a llorar un largo llanto y morir.
De ese llanto yo nací como en la lluvia una fiera.
Y vivo en la larga espera de cobrar lo que perdí.
Por un cielo que se hacía más feo mas más volaba a Nueva York se acercaba un peón de Las Marías.
Con la esperanza, decía, de un largo día volver.
Pero antes me hizo nacer y de tanto trabajar se quedó sin regresar:
reventó en un taller.
De una lágrima soy hijo y soy hijo del sudor y fue mi abuelo el amor único en mi regocijo del recuerdo siempre fijo en aquel cristal de llanto como quimera en el canto de un Puerto Rico de ensueño y yo soy puertorriqueño, sin ná, pero sin quebranto.
Y el echón que me desmienta que se ande muy derecho no sea en lo más estrecho de un zaguán pague la afrenta.
Pues según alguien me cuenta:
dicen que la luna es una sea del mar o sea montuna.
Y así le grito al villano:
yo sería borincano
aunque naciera en la luna.
BORICUA EN LA LUNA
ida luz
alicia
Juan Antonio Corretjer 14
Las Luisas
Qué hora la de aquél día!
Junto a la patria bandera alzaba la clase obrera en lucha que al rojo ardía la que le pertenecía en combate sin cuartel lo mismo a Luisa Michél como a Luisa Capetillo.
Y acá, como allá el Caudillo les lanzó la policía.
de: Para que los pueblos canten
Re:
Mujer 15
Luisa Mitchel, la virgen roja
Hace pocos días que terminó el 1975. Fue el año internacionalmente dedicado a la mujer. Me apena que a estas horas, y no empece haberlo sugerido, nues- tras escritoras hayan ignorado dos grandes figuras de talla mundial. Una es Madame Curie. La otra, Luisa Mitchel. Escribiré esta nota acerca de la segunda. Confío en que alguien se ocupará de la primera.
Nunca será tardíamente.
“Puesto que parece que todo corazón que palpita por la libertad no tiene derecho más que a un poco de plomo, yo reclamo mi parte”, esa es Luisa
Mitchel encarando a sus jueces, los jueces de Versalles, después que fuera debelada la insurrección obrera en Francia, universal- mente llamada “La Comuna de París”.
Su biógrafo, Dominique Besanti, relata así su comparecencia ante el Tribunal Militar que habría de juzgarla. Es el 4 de abril de 1872. “Luisa
Mitchel, vestida de negro, y con un velo negro también (su novio, Theophile Ferré,
Juan Antonio Corretjer 16 había sido recientemente fusilado), Luisa
Mitchel comparece ante el Tribunal. Miembro de la Internacional, militante blanquista (es decir de la facción dirigida por Luis Blanc) interesada también por Proudhon y Bakunin.
Los periodistas la llamaban ‘La Virgen Roja’,…
Levantando su velo se enfrenta a sus jueces.
Firme delgada, trentiséis años de edad, la frente alta, la nariz fuerte, la boca ancha, los ojos grandes, de una fineza alucinante”.
La prensa publicará sus respuestas. Es entonces que pronuncia las palabras que anteriormente citamos. Y concluye: — “No quiero defenderme… Pertenezco completamen- te a la Revolución Social.” Y a los fiscales que piden para ella la pena de muerte: “Mátenme.
Si me dejan vivir no cesaré de gritar, ¡Vengan- za!”.
Cartas de Víctor Hugo
No hay cargo con que los fiscales la acusen que ella rechace. “En cuanto al incendio de
París, sí, yo participé en él; quería oponer una muralla de llamas a los invasores de Versalles.
No tengo cómplices, he actuado de propio impulso.”
Víctor Hugo, con quien mantiene correspon- dencia durante muchos años, le comenta: —
“Mentías contra tí”. Y en otra carta: — “Tú decías, he matado, porque tú querías morir…”.
Ese proceso quiere que termine como aquel otro, [. . . ] que concluyó con el fusilamiento de Theo Ferré, Delegado de Seguridad de la Comuna. El 28 de noviembre se había enfrenta- do, sin venda en los ojos, al pelotón de fusila- miento, llevando el “clavel rojo” recordado en el pañuelo de Luisa Mitchel. Su pequeña silueta se desplomó junto a los cadáveres de Rossel y Bourgois. Tenía 25 años. Era el único hombre a quien Luisa Mitchel había amado.
¡Platónicamente!
La maestra de Montmartre había siempre sublimado sus instintos amorosos en el amor a
Re:
Mujer 17
la humanidad. Desde su infancia, sabía que era fea. A su madre, criada-amante de un señorón de las Ardenas, le decían: usted, tan bonita,
¿cómo ha tenido una hija tan fea? La niña se entregó al amor de los que sufren. “Bon papá”
Demahis, de quien su biográfo dice: su padre sin duda, le enseño a Rousseau, a los jacobinos, y la animó a enviar poemas a Víctor Hugo.
Después de la muerte de Demahis, Luisa, maestra republicana, perseguida por el Segungo Imperio, se refugió en el anonimato en París. Todo Montmarte conocía de su enseñanza, alababa su tierno corazón, su total olvido de sí misma. “No sabe guardar objetos, ni dinero, ni tiempo.”
“Vivíamos un poco adelantados,” dirá luego.
En un círculo clandestino de estudios, conoció a Theo Ferré, de la Cataluña “francesa”, célebre por su valentía e inteligencia. Era contable. Cuando sabe de su fusilamiento escribe uno de sus más afamados poemas:
Cuando el Imperio era un despojo y el pueblo sus ojos abría, con tu sonrisa, clavel rojo, dijiste que todo renacía.
Dile que el tiempo es una vívida corriente rumbo al porvenir, que el vencedor de frente lívida más que el vencido ha de morir.
Y en el más afamado de sus poemas, también escrito en la prisión, “Los Claveles”:
De esos claveles, que de los compañeros, eran los distintivos. ¡Renaced, rojas flores!
Otros os regarán en tiempos venideros,
¡y ellos serán los vencedores!
La poesía de Luisa Mitchel, rescatada al olvido por el notable escritor francés Maurice Cheury, fue publicada en una antología de los poetas de la Comuna, publicada hace cuatro
Juan Antonio Corretjer 18 años, al conmemorarse el Centenario de la
Comuna. No fue hasta entonces que supimos que Paul Verlaine había sido comunero y uno de sus poetas. Así oculta el enemigo de clase los valores más genuinos de los que explota.
Luisa Mitchel no fue fusilada. Se conmutó su sentencia; pero pasó la mayor parte de la vida en prisiones, desterrada en prisión, como en Nueva Caledonia, después de la Comuna. Cada vez que volvió a la calle regresó a la cabeza de las manifestaciones. Va consciente al sacrificio.
No es una niña. En marzo de 1883 marcha a la cabeza de una manifestación de desempleados en París. Sabe que estará llena de policías disfrazados y de provocadores. “¿Pero cómo decir 'no' a los que tienen hambre?” Hubo saqueos. Otra vez es condenada a prisión: seis de encierro y diez de trabajo bajo vigilancia policíaca. Un fanático trata de asesinarla.
Indultada al cumplirse la tercera parte de su sentencia, emigra a Londres. Intima con Kropotikine.
“Puesto que parece que todo corazón que palpita por la libertad no tiene derecho más que a un poco de plomo, yo reclamo mi parte”
Y el 10 de enero de 1905 muere en Marsella, agotada. Tiene 75 años. Agonizante, le llegan los ecos de la primera revolución rusa. Y escribe: — “Siento subir, y crecer, la revolución que barrerá al Zar y a todos sus grandes duques, y a la burocracia eslava, y conmoverá esta inmensa Casa de Muertos”.
Junto al recuerdo de Luisa Mitchel, maestra, escritora, poetisa, revolucionaria, depositamos hoy un clavel rojo, nacido de nuestro corazón.
De: El Nuevo Día, miércoles 21 de enero de 1976. Archivo Casa Corretjer
Re:
Mujer 19
Los claveles
de Luisa MitchelEntonces, por las noches, a obscuras, nos juntábamos con ira, sacudiendo el negro yugo artero
del Hombre en Diciembre, y, lúgubres, temblábamos como bestias en el matadero.
El Imperio moría matando a su placer.
La puerta de su antro olía a sangre espesa.
Reinaba, pero el aire era la Marsellesa, y era rojo el amanecer.
Frecuentemente sucedía
que un efluvio poético a todos nos envolvía convirtiendo los pechos en épicos tambores.
Al que cantaba versos de heroica rebeldía lo coronábamos de flores.
¡De esos claveles rojos, que de los compañeros eran los distintivos! ¡Renaced, rojas flores:
otros os regarán en tiempos venideros,
¡y esos serán los vencedores!
Prisión de Versalles, 4 de octubre, 1871
Juan Antonio Corretjer 20
Para cuando estés ausente
—tumba, prisión o trinchera—
guardo una roja bandera que te hará siempre presente.
La desplegaré en la mente como cerebral torrente de plomo, pólvora, acero.
Novia, esposa, camarada
¡para tu recuerdo izada mi roja bandera quiero!
Abrir la mano y mirarlo como al fondo de una fosa:
sea la imagen pavorosa de Espártaco, al recordarlo como mandato a vengarlo.
Luisa Michel pudo amarlo en su París sublevada.
Y nuestro amor apadrina con corneta matutina que llama a la barricada.
Guaynabo, a 17 de noviembre del 73
Glosa Corrida
En la palma de la mano quiero pintar un retrato para cuando estés ausente abrir la mano y mirarlo
Cabayo puertorriqueño, Siglo XIX
En la palma de la mano grabó su inicial la muerte y un suspiro yace inerte junto a ese símbolo vano.
En la cruz murió mi hermano que hirió al Imperio Romano los esclavos sublevando.
Espártaco se llamaba.
Ahora mi canto lo alaba y en él sigue peleando.
Quiero pintar tu retrato del color que hay en mis venas.
Con la savia de tus penas alimento mi relato.
Tu furia de amor acato con fe revolucionaria.
Mándame tú, visionaria Luisa Mitchel, comunera:
dále a mi pecho tu fiera roja flor de pasionaria.
De: Correo de la quincena.
Volumen X, del 30 de octubre al 30 de noviembre, 1973. Núms.
192-193.
Re:
Mujer 21
A propósito de Luis XIV, Stefan Zweig señalaba la intensi- dad del amor en el hombre o la mujer de mayor calibre. Es el amor único, singular, sin oscilaciones. A veces le llega temprano. Otras, luego de haber recorrido largo iti- nerario de corazones.
El poeta patriota de Puerto Rico José de Diego hubo tal amor.
Fue un amor desdichado. Carmen Echavarría, la joven aguadillana de su adolescencia, casó con un comerciante español mientras Pe- pito estudiaba su primer año de Derecho en Barcelona. La emoción de ese amor embarga toda la vida del hombre. Y la angustia de ese amor perdido produce dos poemas esenciales de la lírica hispano- americana.
En ambos poemas Carmen se convierte en Laura, como la de los sonetos de Petrarca. Transfigu-
Dos veces Laura
Juan Antonio Corretjer 22 rada por la magia poética, Laura
es una verdad tan honda del alma puertorriqueña que se la conoce como si hubiese vivido en nuestros propios hogares. Todavía se la censura su olvido del poeta. No hace sino unos años que una co- nocida ensayista, que fuera discí- pula de De Diego, tuvo que produ- cir defensa pública de la pobre niña aguadillana.
El primero de estos poemas se titula “A Laura”. Es un canto ele- gíaco magníficamente montado en elegante terza rima, finado, clási- camente, en cuar teto endeca- sílabo. Toda la juventud de De Diego se contiene en este poema extraordinario. El segundo es un majestuoso poema en verso blan- co, de tono elegíaco y solemne, a la manera de Menéndez y Pelayo.
Titúlase “Póstuma”. Toda la madu- rez depurada de De Diego está en
ese poema. De poema a poema discurre la ascendente de una vida conmovedoramente bella.
En los tercetos de la elegía
“A Laura” tasca el freno una pasión violenta y contrariada. El orgullo, herido, brama y revuelve como la fiera salida del toril. La vanidad resentida, clama y protesta, silba el látigo del flagelo; se refugia en metáforas deslumbrantes, nervio- s a s , e n s í m i l e s e i m á g e n e s relampagueantes, en esdrújulos cerreros, en explosiones de olím- p i c o s d i c t e r i o s, d e j u p i t e r i n a s fulminaciones. Hasta se disfraza de perdón:
… y que Dios te perdone desde el cielo como yo te perdono desde
España.
En el segundo poema —
”Póstuma”— la amada ha muerto.
El novio despreciado ha probado todos los cálices de la amargura y todos los laureles del triunfo. El hombre está muy por encima del novio despreciado. Llega a la tum- ba que guarda los amados despo- jos, sincero, contrito, sereno, hu- mildemente a pedirle perdón.
El progreso de espíritu se revela en todo. El poeta huye la ex- cesiva música. La orquestación es severa. No hay más rima sino al- guna, ocasional. El tono es reco- gido. Huye del adejtivo y la metá- fora, del símil y la imagen. La emo- ción, purísima, discurre clara y serena. Es la emoción de un gran- de hombre expresada por un gran poeta.
“Póstuma” es el mejor poe- ma de José de Diego.
Así lo cree también la doc-
Re:
Mujer 23
tora Meléndez. Pero con una objeción. Censura la doctora el arranque tribunicio de los versos finales:
Y aquí me ves de hinojos…
¡Quién pudiera
desagraviarte con el ansia misma que provocó el agravio!…
De tu pecho
antes que nadie conocí el impulso, si antes que nadie conocí el suspiro, y sé que eras rebelde y me alentabas en mis primeras lides.
Si en las últimas,
por defender la tierra en que reposas, el bien ansiado triunfador esplende…
¡Con la bandera de la patria libre vendré a cubrir de gloria tu sepulcro!
Pero ésta era la nota final, imprescindible, del poema. El dolor de aquel amor perdido había afinado el espíritu del poeta para su arte. Y el arte fue en él servicio vital a su patria. Ante la tumba de Laura no podía el poeta patriota sino evocar el principio de su encuentro con la verdad, su penoso crecer, su desea- do porvenir. Con la más grande de todas, que es la belleza moral, coronaba así la belleza estética. Le
imprime el sello de su vida. Orador sobre todas las cosas, era natural y lógico que la tribuna se pusiera bajo sus pies. No es poesía que se vuelve discurso:
e s o r a c i ó n t ra n s f i g u ra d a p o e s í a : L a u ra e ra ya Borinquen.
De: Poesía y Revolución.
Original de Pueblos Hispanos, 10 de abril, 1943.
Juan Antonio Corretjer 24
Canción de despedida
a Blanca Canales
Canción de despedida en el retoño nuevo.
El viejo, el árbol viejo tiene raíces hondas y altas ramas. Tiene
raíces en la entraña generosa del mundo y ramas florecidas de soles y luceros.
Canción de despedida en el retoño nuevo.
Sólo el que brota y sube goza dicha de cielo.
Nacer, es ser camino. Vivir, es un anhelo.
Playa -man querida- recibe ahora mi beso.
Despídeme. La espuma flota como un pañuelo.
La ola es una lágrima rodando en tu mejilla.
Y caracol, sonoro de oleaje y viento,
un niño que se queda sollozando en la orilla.
Re:
Mujer 25
La palmera —la novia, la adorada— se inclina.
Y sobre el mar temblante e irisado fulgura la imagen de esmeralda y azucena: la isla.
Ausencia es un gran viento que trae canciones viejas.
El gran viento camina sobre el mar. El gran viento pasa, sobre el camino innumerable, a lo incierto.
Lo incierto es lo seguro. Lo incierto es el gran eco que nuestra voz nos manda, resonando en el tiempo, llamando hacia la ruta presentida en lo nuevo.
Allá una virgen llama con ademán de cielo.
Una princesa espera, triste, en el cautiverio.
¡Ay quien la espada niega o quien oculta el pecho!
¡Vivamos todos juntos para romper cadenas!
¡Con las cadenas rotas tengamos otro anhelo!
de Amor de Puerto Rico, 1937
Juan Antonio Corretjer 26
Blanca Canales entre nosotros
Ya está entre nosotros Blanca Canales.
Con hablar pausado de persona que piensa lo que dice pues sabe que en política también las palabras son actos; con sus maneras suaves y su imperturbable, racial buen humor, departimos, como en un sueño grato, cinco horas, “tal en los viejos tiempos de Netzahualcocoyotl.”Humor de nuestra casa llena con su presencia, alegre de verla sana de cuerpo, clara de pensamiento, entera de voluntad, maciza de propósito. La gran jayuyana habla, oye, comenta, observa, dice cosas amables, halagadoras; ironiza y, buena jíbara chusca que es, ríe del chiste propio, aplaude el ajeno.
Diecisiete años en prisión iba ya a cumplir Blanca Canales cuando el hijo de don Luis Sánchez Frasqueri tuvo el gesto de indultarla. La insolencia norteamericana se las echó diciendo que no se había hecho antes por no parecer cedien- do a externas presiones.
Re:
Mujer 27
La verdad es que desde hace muchos años Blanca tuvo en sus manos la llave de su celda.
No era secreto que la vara alta de Mario Canales estuvo siempre a su disposición para el clásico toque de “¡Ábrete Sésamo!” Tampoco fue secreto que Blanca, aparte de otras conside- raciones de superior categoría, dejó siempre sentado no salir dejando presas a sus camara- das de lucha y sacrificio, las heroínas naciona- listas Isabel Rosado y Carmen María Pérez.
Pero el tiempo derribó esa barrera. Con meses
de por medio, Isabel y Carmín dejaron hace más de un año cumplidas sus sentencias. Con Blanca liberada, vuelve a contar la indepen- dencia con la actividad sistemática de esas tres virtudes del patriotismo.
Puerto Rico está de plácemes. De plácemes el Partido Nacionalista con el regreso de su dirigente. De plácemes fraternales la Liga Socialista Puertorriqueña. De plácemes este periódico.
de: El socialista. Año 1, #9, 1r o de septiembre de 1967
Isabel
➷
Carmín
➷
Juan Antonio Corretjer 28 Ocho años pasó Elio Torresola en un presidio
yanki. Prisión y destierro a la vez: doble castigo. Tras esos ocho años volvió a la patria: a su patria acondi- cionada por los yankis: espacio: el presidio: tiempo:
prisión perpetua. Según la perniciosa dubdivisión de delitos de la codificación yanki: otra sentencia por los mismos delitos: episodios de la insurrección jayuyana.
Los 40 días que la furia da
La recepción es cruel: cuarenta días en galera común. Ni una sábana, ni una funda, ni una toalla, ni ropa interior, ni jabón, ni dentrífico.
En la galera inmunda, pillaje, contaminación, sodomía, trifulcas, obscenidades de lenguajes y de cuerpo: estos espectáculos que el patriota tiene que contemplar hora por hora, día por día, durante 40 días.
Pasados los 40 días se le lleva a la Jefatura
los presos políticos
Dolores del patriotismo cautivo
de la prisión. Allí se le comunica que ha sido clasifi- cado como preso de custodia media. Podrá trabajar.
(Recuérdese, han pasado ocho años). El patriota sus- pira y se confía. ¿Podrá sacársele de la galera y ponérsele en celda, solo, o con algún otro patriota, alguno de sus amigos?
El carcelero enfurece. ¡Soledad! ¿Quiere so- ledad? Pues seis meses a calabozo.
Ida y vuelta
Blanca Canales ha sido juzgada. Claro, nos referimos al juiciio de sus enmigos, los enemigos de la patria. (Juicio del mundo, dirá ella, con su “Subida al Monte Carmelo”.) Va a cumplir larga condena en una prisión yanki. Por allá, por la famosa prisión de Alderson que Elizabeth Gurley Flynn grabó en prosa de horrores. Los horrores de Alderson los populari-
Re:
Mujer 29
zamos entre los puertorriqueños traduciendo el capítulo que la se- ñora Flynn habla de las patriotas puer torr iqueñas encarceladas, Blanca entre ellas.
Pe r o B l a n c a n o c o n o c í a aún los horrores de Alderson. Va para más de un año que no cono- ce si no los horrores, las humilla- ciones, a que la han sometido los yankis en su propia tierra, con manos, y caras, y bocas, de pai- sanos suyos. Poco antes de par- tir, se confía a una amiga, distin- guida profesional, que como tal la visita. “No tengo —dice— si no de- seos que me lleven de aquí y mo- rirme por allá, sin que jamás mis ojos vean este lugar, ni siquiera por fuera.”
Pero vuelve. Transcurren nueve largos años. Los años ho- rrorosos de Alderson. Y vuelve a los lugares, a verlos otra vez por
dentro, que no había querido vol- ver a er, ni por fuera. Para vis- tos, por dentro, toda la vida.
Contra punto
Por los días en que Blan- c a C a n a l e s e r a t r a í d a d e Alderson a Arecibo, celebrá- base, en cierta residencia uni- versitaria riopetrense, recepción con bombos y platillos. Y cierto grupo fingía, en tono de peyora- tiva jacaranda, hablar de Blan- ca Canales. Pero cierto distin- guido hombre de letras, español, allí presente, inter puso en la bomba este contrapunto de Fa- lla: —Mucho cuidado, mucho cui- dado, que el mundo da sus vuel- tas. La señorita Canales solo está sentenciada a prisión. Yo lo estuve a muerte.
de: Pabellón Año 1, #3, Sep-Oct, 1964.
Juan Antonio Corretjer 30 Finaba noviembre y salía Carmín.
Diciembre empezaba devolviéndonos a Isabel. Dos auténticas heroínas puerto- rriqueñas regresaban al activismo patriótico. Carmen Pérez González, lareña; Isabel Rosado, ceibeña, comba- tientes de 1950 y de 1954, salían de la Cárcel de Mujeres de Vega Alta tras dejar extintas sus condenas, cumplidos once años consecutivos de prisión.
Ambas habían gozado unos meses de libertad entre 1952 y 54. Entre 1950 y 1952 cumplieron sentencias por la famosa Ley 53, invalidada como incons- titucional al resolverse en la Suprema Corte imperialista el caso del dirigente comunista de Pensilvania, Steve Nelson.
Libertadoras en Libertad
Carmín Pérez, Isabel Rosado Vuelven al Activismo Político
Al salir en libertad (Carmín para nosotros, Carmen María Pérez González para la historia) la primera de estas distinguidas puertorriqueñas, un grupo de patriotas revolucionarios al recibirla a la puerta de la cárcel, emitieron la siguiente declaración válida en ambos casos:
Re:
Mujer 31
“La excarcelación de la Srta. Carmen María Pérez González después de quince años de reclusión, da motivo a los puertorriqueños para recordar cuantas han sido las injusticias por las que los patriotas han tenido que pasar en la lucha por la emancipación patria. Una simple atención al contaje de los días ganados por buena conduc- ta, según los reglamentos del Depto. de Justicia, habría abonado a nuestra heroína mucho de sufrimiento y cautiverio, ya que pudo salir hace más de un año. Sin embargo ahora que volvemos a tenerla entre nosotros para que la alegría patriótica sea completa, solo faltan los que quedan en prisión, especialmente nuestras compañeras Blanca Canales, Isabel Rosado (ya salida de prisión también, N. de R.), Lolita Lebrón.
“Su firmeza de carácter, originada en su patriotismo, su valor y su sentido de sacrificio, son en este momento orgullo, ejemplo e inspira- ción para todos los puertorriqueños. Se reincorpo- ra al activismo una (dos, ahora) discípula de Albizu Campos. En el año de su deceso, esto es parte de su inmortalidad.
“(Fdos.) José A. Otero, Juan Antonio Corretjer, W. Valentín Cancel, Paulino E. Castro, Félix Ramos del Valle, Juanita Ojeda, Manuel Negrón Nogueras”.
PABELLÓN flota al tope de la alegría.
PABELLÓN
Año II, Núm. 10, Nov.-Dic. 1965
Juan Antonio Corretjer 32
Guaracha de Culebra
a Carmín Pérez
Alta, en los mares del Tiempo, Culebra estuvo callada.
Rompiendo ya medio siglo yankis sewards cabalgaban las espumas alredor
la isla breve y deseada.
Murió el cañón, y en el Morro, piedra a piedra, el rojo y gualda.
Debajo quedó Culebra, presa del yanki cobrada.
Culebra sufrió la injuria sola, sin que se quejara.
Isla de fascinación, trozo de sol y de gracia, cortos verdes hechiceros, mar que mece una luz maga:
por Cayo Norte, el turbión un himno guerrero canta.
Tú lo repites, Culebra.
Y porque tus voces claman, con un canto de protesta
Lares te responde: —¡hermana!—.
de Canciones de Consuelo que son canciones de protesta, 1971
Re:
Mujer 33
Ha muerto, acabando agosto, Doña Rosalina Roura de Torresola, madre de Griselio Torresola, muerto en combate frente a la Casa Blair en Wáshington; de Elio Torresola, quién el 30 de octubre de 1950, al caer mortalmente herido Carlos Irizarry, tomó el mando de las fuerzas insurrectas en Jayuya; de Doris Torresola, combatiente al lado de Albizu Campos en las dos jornadas de Cruz y Sol (1950 y 1954) y herida grave- mente en la primera; y de Angelina Torresola de Platet, prisionera política en 1954, centro equilibrante en una familia de héroes.
Honor especialísimo merece quién lo mantuvo incólume a través de veinte años en que su corazón de madre fue herido, sin tregua, sin piedad. A ninguna otra madre en nuestra historia Puerto Rico le pidió tanto; y Rosalina Roura no se lo negó nunca.
Nuestro sentido pésame a sus deudos, el Partido Nacinalista de Puerto Rico; Doris, Angelina y Elio Torresola, Blanca Canales Torresola y Alfredo Platet.
EL SOCIALISTA
Año IV, Núm. 37, Sept. 1970. Pág. 10
DOÑA
ROSALINA ROURA DE TORRESOLA
Doris Torresola
Juan Antonio Corretjer 34
Si quieres comprender cómo te amo
pídeme de la Vida hasta la Muerte.
Por ti desafiaré los Elementos, los Astros y la Suerte.
Y en pago de mi amor sólo te pido tu mano en lazo con la mía unida.
Tu corazón mi corazón moviendo para toda la vida.
Mírame con tus ojos amorosos.
Piénsame, pensamiento idolatrado.
Bésame, beso tuyo, beso mío.
Llévame en ti como un relicario.
Que hoy más que nunca soy como la hechura de tu amor, de tu beso, tu caricia:
del encendido óleo de tus ojos, del molde de tu arcilla.
Sabana Llana, 29 de marzo de 1948.
Si quieres comprender…
29 de marzo de 1948—cumpleaños de Consuelo—y Albizu citó a Corretjer a una reunión. Frente al reclamo de la compañera de querer tenerlo ese día a su lado, Corretjer escribió este poema en un sobre.
Re:
Mujer 35
Ayuburí: Consuelito Corretjer Lee, hija de Consuelo y don Juan.
Ayuburí buscando por la vereda los claveles, las rosas, la madre selva.
Ayuburí buscando, y el tonto yo, sin vida, solo, pensando.
Ayuburí
Ayuburí saltando frente a la casa, a la limón cantando la esquina pasa.
Ayuburí corriendo y el tonto yo, pensando, serio, muy serio.
Ayuburí jugando con su muñeca la viste, la acaricia la peina y la besa.
Ayuburí en un beso, y yo el tonto, pensando, pienso que pienso.
Ayuburí: riendo ven a mis brazos, y tus besos derriben mi Garcilaso.
Ven a mi falda, y tu pelo de oro seque mis lágrimas.
Corretjer con sus hijos: Diego, Ayuburí y Marisol
Juan Antonio Corretjer 36
Sobre la Mujer: - “Albizu dijo que la mujer es un valor eterno, inmanente, porque es ella en sí; trascendente, porque es ella y su posteridad”. Pero en cuanto a su papel en la Historia, como la estamos juzgando aquí, ninguna mujer valdrá por ser simplemente mujer, sino cómo lo sea; como refleja en su conciencia el ser social puertorriqueño.
Estará a la altura de su representación trascendente y de sí misma si no amarra su hijo a la mesa de la traición; si no ata a su marido a la cama de la cobardía; si, por el contrario, le dice, como la madre clásica del poema español, -¡Pues si la Patria lo quiere, lánzate al combate y muere: tu madre te vengará!
Correo de la quincena Tomo II, Núm. 46 23 de septiembre al 8 de octubre 1965. pág. 4
Sobre la Mujer: - “Albizu dijo que…
Re:
Mujer 37
EN AGOSTO PASADO MEDI-
J E R O N: - GE O R G I N A D E
UR I A R T E E S T Á E N NU E VA
YO R K. ME D O L Í P O R L O S A D E N T R O S: AL L Í, E N P L E N O VERANO, GEORGINA TIRITARÁ D E F R Í O. Luego recapacité.
Tiene tantos recursos siempre a manos de su alma que ha de mover el cielo. En la noche neoyorquina, bajo el denso
manto de sudores estivales, entre los hielos subhumanos, desplegará una imaginaria hoja de yerba bruja. Entre sus verdes quiméricos hará can- tar un soñado coquí.
¿Por qué no? Recuerdo una noche en un pueblo de Puer- to Rico. Georgina presentaba su Tablado del Coquí. Llega- ba para empezar su extraor- dinario espectáculo, y aún no tenía escenario. Pero allí es- taban, en un salón cercano, las mesas de un comedor es- c o l a r : l a rg a s , e s t re c h a s , Georgina se fue a ellas. Colo- có las mesas con las patas al aire, hacia atrás, como fondo.
Tendió unas burdas lonas. Y nadie sabe porqué modo cua- s i m á g i c o l a i m p ro v i s a d a composición se convirtió en un hechizado escenario en el
c u a l , m i n u t o s m á s t a rd e , G e o rg i n a y s u s c h i c o s actuaban.
N o s é q u e t i e m p o l l e v o pensando en escribir una nota pública sobre el Tablado del Coquí. Se lo debo a Georgina como puertorriqueño, como poeta, como periodista, una santa trinidad de gratitudes que anda siempre en única presencia por los caminos de mi corazón. No se por qué no lo he hecho antes. Valga que más vale tarde que nunca, so- bre todo, cuando, como en este caso, se intenta remediar no sólo el impropio silencio propio, sino el más impropio s i l e n c i o d e t o d o s . P u e s Georgina no sólo ha puesto al servicio de nuestro pueblo un agraciado hallazgo de su in- vención, sino que además sus
El Tablado
del Coquí
Juan Antonio Corretjer 38 v e e d o re s o j o s e s c r u t a ro n
certeramente nuestras necesi- dades de nación en crisis y su valeroso corazón de solitaria alpinista tuvo la entereza de poner su hallazago al servicio d e n u e s t r a s n e c e s i d a d e s .
¿Cómo? Eso veremos.
A un pueblo al que se le q u i e re b o r r a r e l p a s a d o , arrancar las raíces; abolir la memoria, romperle la conti- nuidad histórica de su cultu- ra, ¿qué servicio mejor puede h a c e r l e u n a a c t r i z , u n a recitadora y una escenógrafa -que todo eso es, y otras co- sas, Georgina de Uriarte- sino idearse un medio artístico que le sostenga la tradición literaria, poética, a ese pue- blo, y, de estrofa en estrofa, de poema en poema, se la traiga, desde los esplendores remo-
tos del pasado racial hasta las palpitaciones más finas y vi- riles del atormentado presen- te? Georgina lo entendió así.
Y así lo hizo. Se inventó el Ta- blado del Coquí, conjunto de chicos que jamás había pisa- do tablas, y haciendo de no- vatos, profesionales, fue pre- s e n t a n d o , p o r p l a z a s y teatrillos de Puerto Rico, una poesía coral a cuyo mágico conjuro resucitaban los siglos de la cultura hispánica para entroncar con la mejor poesía puertorriqueña de nuestro último siglo. En el potro del Romancero llegaba la tradi- ción española, y el folklore boricua estudiado en María Cadilla, y Ramírez, y Malaret;
y también llegaba y cuando ya había sido creada al suelo poético de la patria, hecho de
romance y folklore, y se ha- bía hecho brillar en su cielo el sol de Garcilaso, hacíase ya el clima poético borincano, a cuyo amparo generoso madu- ran las pomarrosas dieguinas y en cuya tierna geografía al- zan sus brazos entusiastas canciones antillanas, llore- nianas o palesianas.
No hay que decir por qué.
Hoy, más que nunca, necesita el alma popular borinqueña de tales servicios. ¿Volverá Georgina a Puerto Rico? Oja- lá su regreso trabajador de- pendiese de quienes lo desea- mos. Que no depende, por desgracia.
EL MUNDO. Laurel Negro, Lunes 28 septiembre 1959
Re:
Mujer 39
Beatriz era su nombre. Sí, Beatriz se llamaba.
Pero nadie piense en el Dante. Si en mitad de la jornada por una selva obscura regresábais
desde Cialitos Cruces rumbo a Frontón, arribábais a un lugarejo en donde alevosas armas
a un quincallero cubano asesinaran.
Vuelta aquella curva trágica del camino, en una mísera cabaña,
tan frágil que parecía que iba a ser derribada por el rumor fragoroso del cercano Balbas, vivía Beatriz. Era una virgen magra.
El humo del fogón habíale derribado las pestañas y enrojecídole los ojos y chamuscádole las canas.
Sus manos eran tan duras como lo había querido la azada.
No tenía dinero, ni juventud, ni nadie que la amparara.
Su casa, que además no era suya, era lo menos posible casa.
Y el lugar en que vivía era, en toda la comarca,
exactamente el lugar en el que a nadie residir le gustaba.
¡Mas con qué primor Beatriz la primavera eterna del país cultivaba!
Alredor de toda su choza destartalada
su cuerpo magro, sus manos huesudas, su corva espalda, día a día, hora a hora, flores y flores y flores prodigiaban.
Beatriz
Juan Antonio Corretjer 40 Víanse allí los claveles de España.
Los claveles de hojas rizadas y los claveles de hojas lacias.
Los rojos claveles de sangre maja.
Los claveles de alma blanca.
Los amarillos claveles de tez mongólica.
Víanse allí las gardenias y las dalias,
las agoreras margaritas y las cronométricas sicilianas.
Los lirios con sus mejillas pálidas.
Las madreselvas alucinadas.
Beatriz vivía así en un paraíso que ella misma creara.
Un paraíso de pétalos y aroma entre el cual las abejas proletarias y los eléctricos colibríes movían su zumbido de trabajo y de danza.
Era tal la llamarada multicolor y aromática
molienda de sus hacendosas manos brotada, que su esplendidez ahora narrada
miente como un gran jardín de glorietas y fontanas.
Pero, no. Beatriz contenía sus cármenes en latas.
Latas de todas clases, pordioseadas
por ventorros rurales y por tiendas urbanas.
A esta ley solo las trepadoras escapadas.
Re:
Mujer 41
He visto un día a Beatriz haciendo una guirnalda.
Un dulce sol madrugador su cabeza alumbraba.
Con tardo paso y frente acongojada hizo a pie la sudorosa jornada que concluye entre las tapias
del cementerio. Sobre una tumba solitaria puso sencillamente la guirnalda.
Quedóse luego silenciosa, y, sin decir una palabra, volvióse lentamente a su casa.
Aquella que, además de no ser suya, apenas si era casa.
circa 1950
de Yerba Bruja, (edición 1992) Nuevos materiales
Juan Antonio Corretjer 42 En su valiente soledad chocó Julia de
Burgos con la muerte. Y con motivo de su muerte hasta las personas que mejor la conocieron han dicho que fué una de las más grandes poetisas de Puerto Rico y América. Y dicen mal. Julia de Burgos, fué la más grande poetisa de habla española desde que apareció en la vida literaria hasta que murió, ahora, a los 37 años. Ni Gabriela Mistral, ni Juana de Ibarborou, ni Alfonsina Storni, ni Delmira Gostini, ni Dulce María Borrero tienen su caudal lírico, ni su inspiración, ni su profun- didad. Y ninguna de las poetisas de su
MEDIA ASTA Muere En Nueva York
Una Gran Puertorriqueña: Julia De Burgos
generación, y ninguna de las recién apareci- das; se le parecen siquiera. ¿Se duda? Pues tome el incrédulo cualquiera de los libros de Julia y léalo a par que a todas las poetisas mencionadas. Verá como en solo un libro de Julia hay más poesía que en todas las grandes mencionadas puestas juntas. Y en Puerto Rico, ni que hablar. En toda nuestra historia literaria no hay media docena de poetas que puedan hombreársele.
Fué una gran artista porque fué una gran puertorriqueña y ambas cosas porque no tuvo miedo. Cantó su tierra y el dolor y la valentía
Re:
Mujer 43
de su tierra, cantó la independencia de Puerto Rico, la gloria del proletariado triun- fante en la Unión Soviética; cantó a los muertos de la República Española, a víctimas de la dictadura trujillista, del horror nazi, de la explotación del hombre. Fué amiga franca, cordial y fiel de nacionalistas, comunistas, de todos los perseguidos de América que encon- tró en su camino. Apostrofó tiranos. Desdeñó poderes.
Fué un alma hermosa, limpia y libre. No odió. No envidió. No ambicionó. A las alturas a que ascendió llegó por lo que era, no
porque quiso. Quedará para siempre entre nosotros su canto. Y ojalá no tardemos en tener otra voz que se la parezca.
PRIETO Y PUYA, Vol. 1 No. 9 / julio - agosto 1953 Guaynabo, Puerto Rico
Juan Antonio Corretjer 44
EN EL PRÓXIMO NÚMERO
Publicaremos un emocionante artículo de doña Teresa Barea de Santiago, madre de José Santiago, una de las víctimas de Río Piedras, que no pudimos entrar en éste por habernos sido remitido estando ya en prensa.
Nada de cuanto digamos sobre este trozo de literatura patria será suficiente para describir las palabras llenas de heroicidad de esta madre puertorriqueña.
¡Que Dios nos ampare otros tantos corazones fuertes como el de Doña Teresa!
LA PALABRA
11 de noviembre 1935 / pág. 9
Madre, Santa, Heroína... Tres divinas palabras que dedicamos a la augusta madre de nuestro querido José Santiago. Cuando su hijo, honrando su descendencia, cayó bajo las balas despiadadas del régimen, ella no supo proferir una queja. Su rostro sereno, quemado por el filo de las lágrimas profundas, que horadan el fondo mismo del alma, escaló la pureza trágica del mármol irritado. Algo divino rugió en su corazón y algo misterioso resplandeció en sus ojos... Y ante ella, la Madre, la
Re:
Mujer 45
Santa, la Heroína, dirigimos una oración de guerra: el día que todas las madres de Puerto Rico imiten a la señora Teresa Barea de Santiago, coronando a sus propios hijos muertos, ese día glorioso Puerto Rico entrará en la constelación de las patrias bautizadas con sangre y ungidas por la Divinidad...
Y aquí está la encarnación viril de la Raza: José Santiago, otra víctima de los asesinos de Río Piedras. Él solo con el corazón de escudo, se batió con un escuadrón de esbirros. Después de agotar sus municiones, rindió el arma valiente y generosa. En ese momento, para él doloroso, porque es más triste para un hombre rendir su arma que vengar una ofensa con ella, fué acribillado por la barbarie del imperio. Los esbirros olvidaron que nadie debe tocar a los hombres grandes, porque son la flor de la
bravura. Cayó como un soldado: con la Espada clavada y en alto la Bandera.
LA PALABRA
11 de noviembre 1935, pág. 9
Juan Antonio Corretjer 46 Al guardia Bonilla, que al servicio del imperio
yanki, asesinó a mi querido hijo.
No te conozco, pero te he de conocer. No vengaré su muerte, porque sé que él, en espíritu, ha de vengarse. Si tienes madre, esa madre ha de pasar por el mismo dolor y pesar que yo estoy pasando, pero con el valor y la resignación, que embargan mi espíritu, porque tú morirás como un vulgar asesino.
Mi hijo murió por un ideal como un héroe. Tú fuistes su asesino, sirviendo a los yankis contra tus hermanos.
Murió con la sonrisa en los labios... dejan- do ver uno de sus dientes de oro. Con esa sonrisa dejó demostrado que murió a gusto,
La Muerte de Pepito Santiago Barea
por Teresa Barea
satisfecho, pero sin esperar el golpe de un puertorriqueño. A menudo me decía, con voz de trueno, "Yo, José E. Santiago Barea, yo, he de empezar la revolución". Por eso presentí su muerte en el momento que ocurrió. ¡Por eso no me sorprendió!
Tú guardia Bonilla, en el mismo instante del horrendo crimen, de la masacre, pudistes entrar en el grupo de los valientes, despoján- dote del uniforme, dando un ejemplo a tus compañeros y a la Patria, valor de patriotis- mo. Pero no llegaste a ver la gloria de tus días. Los cobardes no pueden ver ni tampoco sentir.
Pepito se batió con ustedes como un hombre, cara a cara, con esa valentía que es
Re:
Mujer 47
sólo de hombres como él, y de hombres abnegados. Al tirar el arma vacía ya, vino de frente a donde ustedes quizás sin esperar ser tan cobarde y vilmente asesinado.
Repito que presentí la muerte a la hora que ocurrió ¡No me sorprendió! Me fué arrebata- do mi hijo único, mi Pepito, pero eso no es nada, tengo valor, tengo resignación y me siento orgullosa, porque ustedes lo mataron de miedo. Todos ustedes le temían. Cayó físicamente pero él los venció a todos ustedes moralmente. Él no está muerto: los héroes no mueren nunca.
¡Hasta luego!
Teresa BAREA
LA PALABRA
11 de diciembre de 1935
Juan Antonio Corretjer 48 Después de tantos años, de tanto tiempo;
después de la sangre y de la pólvora; de la can- ción y de la geografía; del júbilo y de la triste- za y de la represión y del triunfo, Dominga Cruz volvió a Puerto Rico. Volvió como era ló- gico que fuese, de Cuba; y regresó, con todo lo que puede haber de dolor en la lógica de los hechos, a Cuba. En Cuba tiene el amparo que solo pueden dar los victoriosos y solamente merecen quienes han servido a sus patrias di- ferentes bajo el arco triunfal del laurel y el martirio.
Dominga Cruz tiene todos esos méritos y si la vimos irse con pena también con compren- sión.
Entre los dos regresos -regreso a Puerto Rico y v u e l t a a C u b a - g o z a m o s s u p re s e n c i a melodiosa, la íntima, recatada ternura de su
Después de tantos años
Re:
Mujer 49
espíritu valeroso. Y volvimos a oirla recitar los versos de Palés para probarnos con buen éxito, cuán vivo está Palés en nuestro tiempo infini- to.
El lector acabe de leer unas notas que a cari- ño suyo nos dejó. Es un relato de su presencia heroica y eterna, sencilla y humildemente di- cho, de la Masacre de Ponce, de la que fuera, entre los supervivientes, heroína máxima.
Gracias, amiga, gracias
“... Y hasta pronto!”
Juan Antonio Corretjer 50
Relato de la masacre de Ponce
Escrito por su heroína Dominga Cruz
Dominga Cruz
Re:
Mujer 51
Este breve relato de la “Masacre de Ponce”
lo dedico en el alto pensamiento y sentir revo- lucionario a mis fraternos y heroicos amigos, Don Juan Antonio Corretjer y a su noble com- pañera, Doña Consuelo Lee de Corretjer.
En el año del 1932, en la Plaza Pública de Mayagüez, por vez privera escuché la vibrante y orientadora palabra de Don Pedro Albizu Campos. ¡Al conjuro de su apostólica interven- ción el Pueblo despertó!.. y desde entonces comprendí el origen de nuestras angustias; y el motivo de nuestro caminar errantes como parias, en nuestra propia tierra. Observé cómo una gran mayoría del Pueblo Puertorriqueño, sacudió sus cadenas y salió al encuentro de su
Verdad - la libertad, la soberanía, e indepen- dencia de la Patria Puertorriqueña...
N o v o y a n a r r a r a q u í , l a g i g a n t e s c a y desproporcionada lucha librada por héroes y mártires en esa etapa en lucha contra el más voraz imperialismo, el terrible imperialismo yanki... Todos los discípulos de Don Pedro Albizu Campos lo recordamos en su inmensa trayectoria. ¡Algún día, la historia hablará con su voz potente y magnífica!
Ya, sin mas preámbulos, empiezo a describir algo de mi participación en la matanza del Domingo de Ramos del 1937.
Relato de la masacre de Ponce Escrito por su heroína Dominga Cruz
Juan Antonio Corretjer 52 La Masacre de Ponce
Ese día, muy temprano, algunos miembros d e l a J u n t a M u n i c i p a l N a c i o n a l i s t a d e Mayagüez nos dirigimos a la ciudad de Ponce donde nos esperaban los dirigentes de la Junta Nacionalista de la mencionada ciudad para ce- lebrar una Manifestación de Protesta por la encarcelación de Don Pedro Albizu Campos y los demás compañeros dirigentes del Partido Nacionalista. Estos compañeros estaban encar- celados en la cárcel La Princesa por el ‘delito’
de luchar para transformar a su Patria esclava, en un país independiente y soberano...
Al llegar a Ponce, inmediatamente nos sor- prendió la situación tan anormal que había en
la calle, alrededor del local de la Junta Nacio- nalista.
Estaban allí demasiados policías, armados y vimos algunos dirigentes locales que se mos- traban sorprendidos, pues hacía 24 horas que se les había concedido el permiso para efectuar el desfile, y luego repentinamente ya listos para el desfile se lo retiraron. Esto era inconcebible para nosotros. Pero al fin se decidió desfilar;
en esos momentos nos enteramos que el gober- nador Blanton Winship, quien planificó la ma- tanza de los Patriotas Nacionalistas, estaba en un pueblo cercano a la ciudad de Ponce con el Coronel Orbeta y otros de sus seguidores. En medio de esta atmósfera de terror, salimos los cadetes de la República y las enfermeras del Ejército Libertador, a ocupar nuestros sitios en la calle. Yo salí acompañada de una muchacha que igual que yo llevaba una de las banderas y cuando vió a la policía portando tantas armas, me dijo - "Dominga, mire como están armados".
Yo le respondí -ya los veo, que vamos a hacer- tenemos que seguir adelante.- Y formamos co- rrectamente, los policías nos rodearon, las ame-
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Mujer 53
tralladoras estaban ubicadas a nuestras espal- das. Los rifles se pusieron frente a los Cadetes y la policía de civil, con pistolas Colt 45 a los lados, quedamos nosotros, que no teníamos armas en el Centro, a esto el resto del Pueblo que observaba en silencio le llamó - "la ence- rrona de la muerte". Todos estábamos dispues- tos a ofrendar nuestras vidas a la Patria con serenidad... En esos instantes, Tomás López de Victoria asumió el mando, y tocaron el himno de Puerto Rico, ¡La Borinqueña! y oímos la voz firme de López de Victoria, -¡Adelante, mar- chen!... y empezamos a marchar. Rápidamente la policía abrió fuego contra todos. Cayeron 21 Cadetes, un policía cayó; Loyola, dicen los tes- tigos que lo mataron sus propios compañeros, al verlo que, emocionado, ¡se cuadró y saludó la bandera Puertorriqueña!... También cayó ase- sinado una niña de muy pocos años. Pronto la calle Marina quedó sembrada de cadáveres.
De pronto empezaron los asesinos a lanzar bombas lacrimógenas. Bajo el efecto de las bombas nos fuimos en busca de refugio al lle- gar nuestro grupo junto a la pared de una casa,
allí nos abrazamos todos en espera de las des- cargas de la policía. Bien recuerdo cuando yo cruzaba la calle cayó un herido con la bandera.
Tuve tiempo de ayudar y recogí la bandera te- ñida en sangre. Uno de los Cadetes creyó que yo estaba herida y se acercó para ayudarme, en esos momentos una bala le hirió en el abdomen.
Otro incidente más fue de dos cadetes, uno su- bió en hombros del otro y se lanzó al interior de la casa donde nos amparamos -era la casa de Don Mario Mercado, allí nos abrió el por- tal, entramos al interior y acostamos al mucha- cho y a la muchacha que cayeron junto a la ban- dera; les atendimos como pudimos y espera- mos. Llegó la dueña de la casa junto a noso- tros, venía llena de lágrimas y nos informó que ella había llamado a su abogado y él le respon- dió que nos dejara allí. También la señora se lamentó dolorosamente que la calle estaba lle- na de jóvenes muertos y decía, “¿Cómo esta- rán las madres y hermanas de esos mucha- chos?" Yo no contesté nada. La ira que yo sen- tía no me dejaba hablar, sólo me dirigí a una esquina de la habitación, y allí retiré las ban-