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EMANUEL, DIOS CON NOSOTROS

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Academic year: 2021

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1 P. Gustavo Prato 11/12/2016 EMANUEL, DIOS CON NOSOTROS

Mateo 1:18-25

V.C.: 23 “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel,

que traducido es: Dios con nosotros.”

La palabra navidad proviene del latín “nativitas” que significa nacimiento. En tiempos de navidad recordamos y celebramos el nacimiento de Jesucristo. La tradición de celebrar el nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre se estableció en el siglo IV en Roma, luego de que el cristianismo alcanzara gran influencia en dicha sociedad, a tal punto de que la fiesta de navidad sustituyó las fiestas paganas. Hoy vamos a estudiar una Palabra especial sobre la Navidad la cual está en el evangelio según Mateo. Mateo fue uno de los doce apóstoles levantados por Jesús durante su ministerio terrenal. Él comienza su evangelio hablando de Emanuel, Dios con nosotros y finaliza su evangelio con la promesa de Jesús: “He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Él experimentó el gran amor de Dios que vino a estar con nosotros y promete estar con nosotros siempre. A través del Mateo vamos a aprender ¿cómo fue que Jesús vino a esta tierra (concebido por el Espíritu Santo en el vientre de una virgen) y cuál fue su propósito (salvarnos de nuestros pecados para estar con nosotros? Oro que hoy Emanuel consuele nuestros corazones con su presencia. Amén

I – Lo que en ella es engendrado del Espíritu Santo es

Leamos v.18 “El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.”

Mateo presenta la historia diciendo: “El nacimiento de Jesucristo fue así”: Jesucristo es una combinación de dos palabras: Jesús y Cristo. Jesús es la forma griega de Josué que significa Jehová Salva. Cristo es la palabra en griego para Mesías, que significa ungido. Para los israelitas el Mesías, era el ungido por Dios para liberarlos de sus enemigos y establecer un Reino perfecto por la eternidad. Jesucristo o Jesús el Mesías, es el Salvador y el Rey eterno levantado por Dios.

El relato de Mateo sobre el nacimiento de Jesucristo comienza con la historia de amor entre María y José: “Estando desposada María su madre con José,” En Lucas 1 podemos saber que María era una joven virgen de Nazaret que estaba desposada con un varón llamado José, descendiente de David. El desposorio era la primera etapa del matrimonio judío y duraba aproximadamente un año. Durante el desposorio a la pareja ya se le consideraba legalmente unida, llamándoseles marido y mujer. Sin embargo el matrimonio no se consumaba y la mujer

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permanecía viviendo en casa de sus padres durante todo ese tiempo. El desposorio finalizaba con la noche de bodas. En esta condición se encontraban María y José. María probablemente era menor de 20 años. Ella era una joven de fe en el Señor, con corazón puro y dispuesto para servirle. Seguramente ella estaba muy feliz de casarse con un hombre como José, quien como vemos en esta historia, era un hombre justo, obediente a Dios, lleno fe, compasión, dominio propio y responsabilidad. ¿Pero qué sucedió en medio del tiempo de desposorio?

Veamos el v. 18b “Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.” Un día mientras María se imaginaba cómo sería la vida con su querido José, un ángel del Señor se le apareció y después de saludarla le entregó un mensaje maravilloso: Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS.Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lc 1:31-33) ¡En su vientre sería concebido el Mesías esperado! Ella no entendía cómo podía ser esto pues ella aún no había conocido varón. Pero el ángel le explicó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”(Lc 1:35) Ella humildemente aceptó diciendo: “He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu Palabra” Pasando algún tiempo la barriga de María comenzó a crecer, hallándose que estaba embarazada. De alguna manera José se enteró. José fue a ver a María y pudo corroborar el hecho. Imagino que al verla le reclamó: “¡María, que has hecho!, ¿Cómo pudiste mi amor? ¿Por qué?” María trató de explicarle a José: ¡No José! ¡Escúchame!, Las cosas no son como piensas, un ángel…el Espíritu Santo” - “No María, no sigas hablando... ¿Cómo pudiste hacerme esto María?” - “Pero José, las cosas no son así”. - “No María, no me digas nada, no quiero escucharte, busca un confidente y cuéntale todo, dile que mi hiciste lo que a nadie se le hace…” y José se fue llorando.

Era muy difícil para José creer a María que ese bebé en su vientre venía por la obra del Espíritu Santo (nunca antes había ocurrido algo así). En su mente sólo había una posibilidad: María lo había engañado. En medio de su dolor José no actuó emocionalmente. He visto casos en donde al actuar emocionalmente las cosas terminan empeorando. Veamos el v.19 “José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.” José no quería acusarla públicamente de adulterio. Si esto ocurría María podría a ser apedreada hasta morir (Dt 22:20-21). En lugar de eso José quiso divorciarse secretamente de ella. Aquí dice que José era justo, es decir, un hombre fiel a la palabra de Dios. Podríamos pensar, si era justo debió mandarla a apedrear según la ley. Pero en lugar de eso quiso mantener el asunto en secreto, perdonándoles la vida a María y al bebé. José puso primero María y al bebé y se dejó a sí mismo de último.

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Seguramente José pensó y oró mucho para llegar a esta conclusión. Pero la justicia de José estaba fundamentada en el amor y la misericordia de Dios. José era un hombre justo y compasivo.

Leamos el v.20a “Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños” José pensaba y pensaba en esto, en su cama daba vueltas y lloraba “Señor yo voy a dejarla ir, pero sácamela del corazón…” Se quedó dormido pensando, y un ángel del Señor se apareció en sueños. ¡Dios intervino maravillosamente para restaurar esta hermosa familia! ¿Qué le dijo el ángel a José? “José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS,porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”(20b, 21) Dios también reveló a José, por medio de un ángel, que el ser en el vientre de María era del Espíritu Santo. ¡Gloria a Dios! Jesucristo fue concebido por la obra del Espíritu Santo que tuvo lugar el vientre de María. Este hecho se conoce como la concepción virginal de Cristo. El Espíritu Santo efectuó el milagro de engendrar y preparar el cuerpo humano, en el que el Mesías nacería como un bebé. María fue solo una morada corporal (la casita) en la que dicho bebé fue ubicado para crecer y desarrollarse durante el embarazo.

Esto implica que Jesús nació sin pecado (1 Juan 3:5). Desde Adán y Eva el pecado se ha transmitido de generación en generación: “como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” (Romanos 5:12). ” Todos venimos al mundo con el pecado original que heredamos de nuestros padres y como “la paga del pecado es muerte” entonces todos morimos. Esto es muy triste y es así para todos los seres humanos, incluyendo a José y a María. David describe bien cuál es nuestra miserable situación Salmos 51:5 “He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.” Si Jesús hubiese nacido en esta condición, él no podría haber muerto por nuestros pecados, sino por su propio pecado. Pero Jesús no fue concebido por la unión entre un hombre y una mujer sino por el Espíritu Santo. El ángel dijo: “lo que en ella es engendrado del Espíritu Santo es”, por lo cual Jesús no tuvo pecado original. De esta manera él nació como el Cordero de Dios perfecto, puro y sin mancha y pudo vivir vida en completa obediencia a Dios (2 Corintios 5:21) hasta derramar su sangre preciosa suficiente para limpiar los pecados de toda la humanidad. ¡Gloria a Dios!

¿Qué hizo José al conocer esta revelación? Veamos los v.24-25 (NVI) “Cuando José se despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y recibió a María por esposa. Pero no tuvo relaciones conyugales con ella hasta que dio a luz un hijo, a quien le puso por nombre Jesús.” José fue obediente a la dirección de Dios, recibiendo a María como esposa y poniéndole al niño el nombre de Jesús. José reconoció que Dios estaba cumpliendo su promesa de enviar al Mesías, descendiente de David, a través de María. Él no tuvo relaciones conyugales con ella sino

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hasta después que ella dio a luz a Jesús. José fue un hombre con dominio propio. José preparó un buen ambiente familiar para el nacimiento de Jesús. El Hijo de Dios decidió venir en medio de una familia de fe como la de José y María. Esto nos muestra que la familia es muy importante para Dios. Que Dios levante muchos hombres cabezas de hogar como José y muchas ayudas idóneas como María en medio de nuestro ministerio. Amén.

II – Jesús vino a Salvar a su pueblo de sus pecados

Veamos nuevamente las palabras del ángel: 21b “y llamarás su nombre JESÚS,porque él salvará a su pueblo de sus pecados”

El ángel le indicó que debía ponerle por nombre Jesús, porque él salvaría a su pueblo de sus pecados. Este versículo nos muestra el propósito de la vida de ese niño en esta tierra. Ese niño vino a salvar a su pueblo de sus pecados. Aquí su pueblo es Israel. En aquel tiempo Israel vivía fuertemente sometido por el Imperio Romano, colonizados, humillados y obligados a pagar tributos. Ellos pensarían que la razón principal de su sufrimiento y miseria era Roma. Pero la razón principal de su sufrimiento y tristeza eran sus pecados. El asunto de nuestros pecados es algo muy serio. Nuestros pecados rompen nuestra relación con Dios, nos esclavizan y hacen nuestra vida miserable y sin propósito. Por nuestros pecados nosotros recibimos angustia, tribulación, vacío, tormentos. Nuestros pecados destruyen nuestra vida, nuestra personalidad. Nuestros pecados destruyen nuestros matrimonios, nuestras familias, nuestras relaciones con otros, nuestra sociedad y hasta nuestra nación. Nuestros pecados tienen consecuencias que van más allá de esta vida. Por nuestros pecados nosotros merecemos ir al infierno a una eternidad sin Dios y con gran sufrimiento. Algunos pueden pensar ¿Cuál es mi principal problema? Y responderse a sí mismos: el económico, el sentimental, mi principal problema es mi familia, la materia tal o Venezuela. Pero nuestro problema principal que necesita ser solucionado urgentemente son nuestros pecados. De hecho si estudiamos la Biblia con detenimiento podremos entender que nuestros pecados son el origen fundamental de los otros problemas.

Pero ¡Jesús vino a salvarnos de nuestros pecados! Por medio de su muerte y resurrección él solucionó el problema de pecado, pagando toda la condenación que nosotros merecíamos recibir. Si nosotros nos arrepentimos humildemente y creemos en que él dio su vida por nosotros en aquella cruz podemos recibir el perdón de nuestros pecados, la salvación y la vida eterna. Por medio de Jesús somos salvos de la esclavitud del pecado, del fatalismo, de tormentos, de rencores, de resentimientos, de enfermedades espirituales, podemos ser sanos de nuestras heridas del pasado, podemos ser salvos de la lujuria, de la idolatría, de adicciones, de la avaricia, en Jesús podemos ser salvos de la desesperanza. Siendo cristianos podemos sentir que el pecado otra vez

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quiere devorarnos, pero debemos recordar siempre con fe: ¡Jesús vino a salvarnos de nuestros pecados!

III – Emanuel, Dios con nosotros

Veamos los v.22-23) “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.”

La profecía de Isaías citada por Mateo nos habla del otro nombre o título de Jesús, el cual es Emanuel. Emanuel es una palabra hebrea que significa: Dios con nosotros. Jesús es Dios con Nosotros. Dios encarnado. Jesús fue 100% hombre nacido de mujer y fue 100% Dios por la obra del Espíritu Santo. Esta es la base de la fe cristiana.

Aquí la palabra “con” es muy importante. “Con” indica compañía y relación personal. Dios

nos salvó por medio de estar con nosotros. Dios con nosotros no se refiere a una compañía

superficial. No es como cuando estás con otra persona en el ascensor. Dios con nosotros habla de una compañía íntima. Como la compañía de una madre que está junto a su hijo enfermo y pasa toda la noche junto a él derramando lágrimas. Dios creó al hombre para estar en comunión con Él. Dios nos dio el razonamiento y el espíritu para poder relacionarlos con él, para poder recibir su amor y amarle. En el edén Adán y su mujer disfrutaban de esta comunión íntima con Dios. Pero por el pecado esa relación se rompió. Los hombres nos olvidamos de Dios. Pero Dios no se olvidó de los hombres. Dios se acercó para arreglar esa relación rota. Levantó a un pueblo Israel y a través de ese pueblo envió a Jesús. Jesús habitó entre nosotros, hasta morir en la cruz y pagar nuestros pecados. Él mismo fue la solución para romper la barrera que nos separaba de él. Ahora podemos disfrutar de la comunión con Dios.

Emanuel, Dios con nosotros, nos transforma con su compañía. Mateo vivía en un

mundo de publicanos en donde había mucha competencia desleal. Un mundo muy frío y de constante lucha de poderes. Él se volvió cruel y su propio pueblo lo despreciaba. Quizás ni siquiera su familia quería estar con él. Él sufría de tristeza, sentido de nada, y vacío. Sus pecados lo atormentaban. Pero Jesús vio profundamente en su corazón cargado, y se acercó y le dijo: Sígueme. Jesús lo invitó a estar con él. Algunos criticaban que Jesús estuviera con ese hombre. Jesús les respondió: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” Jesús compartió íntimamente con Mateo durante tres años, dándole el amor de Dios. La compañía de Jesús transformó a Mateo. Mateo vivía muy preocupado por el futuro y el dinero. Pero él fue cambiado como un hombre que confía en Dios. El escribió las palabras de Jesús en Mt 6:33 “Mas

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se convirtió en San Mateo y escribió un evangelio. A pesar de nuestro pasado, Dios quiere estar con nosotros para cambiarnos en hombres y mujeres de fe.

Emanuel es Dios con nosotros en nuestras aflicciones y debilidades. Dios encarnado

sufrió hambre, cansancio, rechazo, traición, abandono, debilidad, fue tentado pero sin pecado. Por todo esto sabemos que él nos entiende en nuestro cansancio y debilidad. Por lo cual podemos acercarnos a él para encontrar consolación de Dios. Jesús dijo “Venid a mí todos los que estáis

trabajados y cargados y yo os haré descansar” Mt 11:28

Jesús subió al cielo pero antes de irse dijo: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”. (Jn 14:18). También él dijo “y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Jesús está con nosotros hoy todos los días en la presencia del Espíritu Santo.

¿A veces te sientes solo (triste, nostálgico o melancólico) por la pérdida o lejanía de algún

familiar? ¿O por alguna herida que tienes en tu corazón como haber sido abandonados? ¿A veces estás acompañado pero igual se sienten solo? ¿A veces nos sentimos solos, desorientados o cansados en medio de tantas luchas en este mundo turbulento? En ese momento vamos a recordar a Emanuel, Dios con nosotros.

Dios quiere estar con nosotros. Pero ¿Tú quieres estar con Jesús? Podemos pasar tiempo con Jesús orando, leyendo la Biblia, escribiendo testimonio, leyendo un buen libro cristiano, confesando nuestros pecados. En este Diciembre vamos a reconocer la presencia de Emanuel y disfrutar de ella.

Emanuel, Dios con nosotros, nos anima a compartir su amor con otros. Una vez

nosotros tenemos a Dios en nuestro corazón, entonces podemos ser medios para que otros experimenten a Dios en sus vidas. La presencia de Dios nos mueve para predicar el evangelio para que otros también puedan experimentar a Dios con nosotros. Vamos a invitar con fe y desafío a nuestros compañeros de clase y familiares para el servicio especial de Navidad, orando que ellos también abran su corazón y puedan experimentar a Dios con ellos. Amén.

Hoy aprendimos que Dios escogió a una familia de fe para que Jesús naciera en medio de ella. Especialmente aprendimos de la fe de José, quien no fue emocional sino compasivo. Aprendimos que Jesús nació por la obra del Espíritu Santo y que él vino a salvarnos de nuestros pecados. Jesús es Emanuel, Dios con nosotros. Alabado sea Dios por la su obra de Salvación y por Su compañía que nos consuela en este mundo difícil. Amén

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