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Las Buenas Cabras

Las Buenas Cabras

Cómo sanar nuestra

Cómo sanar nuestra

Imagen de Dios

Imagen de Dios

Dennis Linn

Dennis Linn

Sheila Fabricant Linn

Sheila Fabricant Linn

Matthew Linn

Matthew Linn

(2)

Contenido

Contenido

Nota

Nota al al lector lector 44

Dedicatoria 4

Dedicatoria 4

PARTE I: Cómo sanar nuestra

PARTE I: Cómo sanar nuestra

imagen de Dios

imagen de Dios

55

El

El buen buen tío tío Jorge Jorge 55

¿Por

¿Por qué qué no no sané? sané? 55

Nos

Nos volvemos volvemos como como el el Dios Dios al al que que adoramos adoramos 55 Cómo

Cómo cambió cambió mi mi imagen imagen de de Dios Dios 66 Dios nos ama por lo menos tanto

Dios nos ama por lo menos tanto como

como la la persona persona que que más más nos nos ama ama 66 ¿Qué

¿Qué nos nos dice dice la la Biblia Biblia acerca acerca del del castigo castigo vengativo? vengativo? 77 La

La respuesta respuesta de de Jesús Jesús al al castigo castigo vengativo vengativo 88 La lectura literal de los pasajes acerca del

La lectura literal de los pasajes acerca del castigo

castigo vengativo vengativo nos nos puede puede volver volver locos locos 88 Los

Los 20 20 mil mil años años del del enojo enojo de de Dios Dios 88 ¿Es

¿Es Dios Dios un un abogado abogado acusador acusador o o un un abogado abogado defensor? defensor? 99  Aun como

 Aun como pecador pecador no arrepeno arrepentido,ntido, puedo

puedo ser ser amado amado y y perdonado, perdonado, y y así así sanar sanar 1010 ¿Envía

¿Envía Dios Dios a a alguien alguien al al infierno? infierno? 1010 ¿Qué

¿Qué hay hay acerca acerca del del infierno infierno de de sufrimientsufrimiento? o? 1111 Jesús

Jesús viene viene a a estar estar con con nosotros nosotros en en el el infierno infierno 1212 ¿Qué

¿Qué hay hay acerca acerca del del libre libre albedrío? albedrío? 1212

La

La semilla semilla de de Dios Dios 1313

“Dios es un padre; más que eso, “Dios es un padre; más que eso, Dios es una madre” (Juan Pablo I)

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Contenido

Contenido

Nota

Nota al al lector lector 44

Dedicatoria 4

Dedicatoria 4

PARTE I: Cómo sanar nuestra

PARTE I: Cómo sanar nuestra

imagen de Dios

imagen de Dios

55

El

El buen buen tío tío Jorge Jorge 55

¿Por

¿Por qué qué no no sané? sané? 55

Nos

Nos volvemos volvemos como como el el Dios Dios al al que que adoramos adoramos 55 Cómo

Cómo cambió cambió mi mi imagen imagen de de Dios Dios 66 Dios nos ama por lo menos tanto

Dios nos ama por lo menos tanto como

como la la persona persona que que más más nos nos ama ama 66 ¿Qué

¿Qué nos nos dice dice la la Biblia Biblia acerca acerca del del castigo castigo vengativo? vengativo? 77 La

La respuesta respuesta de de Jesús Jesús al al castigo castigo vengativo vengativo 88 La lectura literal de los pasajes acerca del

La lectura literal de los pasajes acerca del castigo

castigo vengativo vengativo nos nos puede puede volver volver locos locos 88 Los

Los 20 20 mil mil años años del del enojo enojo de de Dios Dios 88 ¿Es

¿Es Dios Dios un un abogado abogado acusador acusador o o un un abogado abogado defensor? defensor? 99  Aun como

 Aun como pecador pecador no arrepeno arrepentido,ntido, puedo

puedo ser ser amado amado y y perdonado, perdonado, y y así así sanar sanar 1010 ¿Envía

¿Envía Dios Dios a a alguien alguien al al infierno? infierno? 1010 ¿Qué

¿Qué hay hay acerca acerca del del infierno infierno de de sufrimientsufrimiento? o? 1111 Jesús

Jesús viene viene a a estar estar con con nosotros nosotros en en el el infierno infierno 1212 ¿Qué

¿Qué hay hay acerca acerca del del libre libre albedrío? albedrío? 1212

La

La semilla semilla de de Dios Dios 1313

“Dios es un padre; más que eso, “Dios es un padre; más que eso, Dios es una madre” (Juan Pablo I)

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¿Por qué es tan importante cambiar ¿Por qué es tan importante cambiar nuestra

nuestra imagen imagen de de Dios Dios 1414

¿Causa adicción y conductas negativas ¿Causa adicción y conductas negativas el

el temor temor al al infierno? infierno? 1515

El castigo nunca sana, sólo el amor El castigo nunca sana, sólo el amor puede

puede sanar sanar 1616

Todos

Todos somos somos buenas buenas cabras cabras 1616 Una manera simple de cambiar

Una manera simple de cambiar nuestra

nuestra imagen imagen de de Dios Dios 1717

PARTE II: Preguntas y respuestas

PARTE II: Preguntas y respuestas

1717

Bibliografía 37

Bibliografía 37

Recursos

Recursos para para un un mayor mayor crecimiento crecimiento 4141

Nota al lector

Nota al lector

Este libro se basa en una presentación que hemos dado en retiros durante varios años. Este libro se basa en una presentación que hemos dado en retiros durante varios años. Debido a que el material parece tener conceptos diferentes de lo que muchas personas Debido a que el material parece tener conceptos diferentes de lo que muchas personas aprendieron, solemos recibir preguntas al final de nuestra presentación. Por ello, este libro se aprendieron, solemos recibir preguntas al final de nuestra presentación. Por ello, este libro se divide en dos partes. La primera, “Cómo sanar nuestra imagen de Dios”, contiene las historias divide en dos partes. La primera, “Cómo sanar nuestra imagen de Dios”, contiene las historias simples que incluimos en nuestra presentación en retiros. La segunda, “Preguntas y simples que incluimos en nuestra presentación en retiros. La segunda, “Preguntas y respuestas”, abarca la manera como cont

respuestas”, abarca la manera como cont estamos las preguntas que se nos hacen con mayorestamos las preguntas que se nos hacen con mayor frecuencia, así como información más técnica e ilustrada. Esta sección ofrece el fundamento frecuencia, así como información más técnica e ilustrada. Esta sección ofrece el fundamento teológico de la primera parte. Se mencionan las referencias bibliográficas.

teológico de la primera parte. Se mencionan las referencias bibliográficas.

En tanto respetamos sus preguntas, también deseamos asegurarles que lo que En tanto respetamos sus preguntas, también deseamos asegurarles que lo que escribimos aquí se encuentra dentro de parámetros de la ortodoxia de muchas tradiciones escribimos aquí se encuentra dentro de parámetros de la ortodoxia de muchas tradiciones cristianas, incluyendo nuestra propia tradición católica romana. De otra manera, este libro no cristianas, incluyendo nuestra propia tradición católica romana. De otra manera, este libro no hubiera podido ser publicado, puesto que nuestro trabajo debe ser controlado en cuanto a su hubiera podido ser publicado, puesto que nuestro trabajo debe ser controlado en cuanto a su ortodoxia antes de que podamos recibir el

ortodoxia antes de que podamos recibir el Imprimi PotestImprimi Potest de la Sociedad de Jesús. Nuestrade la Sociedad de Jesús. Nuestra perspectiva de los misterios del cielo y del infierno no es la única perspectiva válida, sino una perspectiva de los misterios del cielo y del infierno no es la única perspectiva válida, sino una completamente ortodoxa.

completamente ortodoxa.

DENNIS LINN DENNIS LINN SHEILA FABRICANT LINN SHEILA FABRICANT LINN MATTHEW LINN, S.J. MATTHEW LINN, S.J.

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Dedicatoria

Dedicatoria

Cuando el Hijo del Hombre venga en su Gloria serán reunidas delante de Él todas las Cuando el Hijo del Hombre venga en su Gloria serán reunidas delante de Él todas las naciones y apartará los unos de los otros como aparta el pastor las ovejas de las cabras, y naciones y apartará los unos de los otros como aparta el pastor las ovejas de las cabras, y pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su pondrá las ovejas a su derecha, y las cabras a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la derecha: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo...” Entonces dirá también a los de la izquierda, “Apartaos de mí, malditos, fundación del mundo...” Entonces dirá también a los de la izquierda, “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles...” E irán éstos al castigo eterno, y los al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles...” E irán éstos al castigo eterno, y los  justos a l

 justos a la vida etea vida eterna. (Marna. (Mateo, 25:31-34teo, 25:31-34, 41, 46, 41, 46))

Este libro está dedicado a todos aquellos que alguna vez se sintieron cabras y temieron Este libro está dedicado a todos aquellos que alguna vez se sintieron cabras y temieron el castigo eterno.

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PARTE I CÓMO SANAR NUESTRA IMAGEN DE DIOS

El buen tío Jorge

Yo (Dennis) crecí con una imagen de Dios que se parecía al buen tío Jorge, como lo describe Gerard Hughes.

Dios era un pariente de la familia, muy admirado por mamá y papá, que lo describían como un ser muy amoroso, gran amigo de la familia, muy poderoso e interesado en todos nosotros. Con el tiempo nos llevaron a visitar al “buen tío Jorge”. Vivía en una mansión formidable, tenía barba, era rudo y amenazante. No podíamos compartir la admiración que profesaban nuestros padres a esta  joya de la familia. Al final de la visita, el tío Jorge se dirigió a nosotros. “Ahora escuchen, queridos  –empezó, con aspecto muy severo-, deseo verlos aquí una vez por semana, y si dejan de venir,

permítanme mostrarles lo que les sucederá”. Entonces nos guió al sótano de la mansión. Estaba obscuro, se volvía cada vez más caliente a medida que bajamos, y empezamos a escuchar gritos sobrenaturales, aterradores. En el sótano había puertas de acero. El tío Jorge abrió una. “Ahora vean en el interior, queridos”, dijo. Vimos una imagen de pesadilla, un grupo de hornos llameantes con pequeños demonios en espera, que lanzaban a las llamas a hombres, mujeres y niños que no visitaron al tío Jorge o que no actuaron de una manera que él aprobara. “Y si no me visitan, queridos, es ahí a donde irán con toda seguridad”, dijo el tío Jorge. Después, nos llevó escaleras arriba con mamá y papá. Cuando fuimos a casa, tomados fuertemente de una mano de papá y de la otra de mamá, ella se inclinó hacia nosotros y dijo: “Y ahora, ¿no aman al tío Jorge con todo su corazón, su alma, mente y fuerza?” Y nosotros, aborreciendo al monstruo, dijimos: “Sí, lo amo”, porque decir cualquier otra cosa sería unirnos a la fila que esperaba para entrar al horno. A una tierna edad se ha instalado la esquizofrenia religiosa y no dejamos de repetir al tío Jorge cuánto le amamos y cuan bueno es y que sólo deseamos hacer aquello que le complazca. Obedecemos lo

que se nos dice que desea y no nos atrevemos a admitir, ni siquiera a nosotros mismos, que lo aborrecemos.

¿Por qué no sané?

Durante muchos años tres hemos orado por la curación de las heridas de la vida. Hemos experimentado una profunda curación en nuestra propia vida y en las vidas de los demás. Pero yo (Dennis) finalmente me enfrenté a un problema en mi vida para el que no funcionó la oración de la curación. ¿Por qué no?

Soy medio alemán. Aunque no deseo estereotipar a todos los alemanes soy, como muchos de mis ancestros, hijo de un alemán santurrón. Como el santurrón del “buen tío Jorge”, que echaba al fuego llameante a todos los que no actuaban de una manera que aprobara, yo también veía todos los errores y las faltas de todos salvo los míos.

Durante años intenté por medio de la oración de sanación deshacerme de mi rigidez de criterio. Aunque mis oraciones me sanaron de muchas cosas, yo seguí igual respecto de mi rigidez. A menudo me preguntaba, ¿por qué, si rezaba tanto, Dios no me sanaba?

Entonces, un día observé que mi actitud anterior había desaparecido. ¿Por qué, pregunté, después de tantos años de lucha, súbitamente y casi de modo automático había un cambio tan maravilloso en mi vida?

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Nos volvemos como el Dios al que adoramos

Cambié cuando mi imagen de Dios cambió. La mayor parte de nosotros reconocemos que llegamos a ser como nuestros padres a quienes desde siempre adoramos, aun con todos sus errores. Puede que no nos demos cuenta de que también nos volvemos como el Dios al que adoramos.

Desafortunadamente, el Dios al que crecí adorando era alemán. Mi Dios era un santurrón alemán que se sentaba en su trono de juicio (en ese momento yo no tenía una idea de un Dios masculino). Siendo un alemán santurrón, mi Dios podía ver todos los errores y las faltas en los demás. Si a mi Dios santurrón no le gustaba lo que veía en los demás, podía separarse de ellos mandándolos al infierno. Y si mi Dios era un alemán santurrón, entonces no importaba cuántas oraciones para sanar rezara, probablemente nunca cambiaría. Me volví como el Dios al que adoraba.

En cada aspecto de nuestras vidas, nos volvemos como el Dios al que adoramos. Por ejemplo, en esta época en que tenemos la capacidad de aniquilarnos unos a otros con armas nucleares, muchas iglesias han publicado cartas pastorales sobre la paz. La carta pastoral de nuestra iglesia dice que jamás utilicemos armas nucleares contra nuestros enemigos. Sin embargo, si mi Dios puede enviar a sus enemigos al infierno, entonces yo también puedo mandar un infierno nuclear sobre mis enemigos. Pero si mi Dios no trata a las personas de esa manera, yo tampoco puedo hacerlo. Encontramos que una clave para sanar de manera personal y social es sanar nuestra imagen de Dios.

Cómo cambió mi imagen de Dios

Un día Hilda vino a verme llorando porque su hijo había intentado suicidarse por cuarta vez. Me contó que estaba involucrado en prostitución, tráfico de drogas y asesinato. Terminó su lista de los “grandes pecados” de su hijo con, “lo que me preocupa más es q ue mi hijo dice que no quiere tener nada que ver con Dios. ¿Qué va a suceder con mi hijo si se suicida sin arrepentirse y deseando no tener nada que ver con Dios?

Puesto que en aquella época mi imagen de Dios se parecía a la del buen tío Jorge, pensé “Dios probablemente enviará a tu hijo al infierno”. Pero no deseaba decírselo a Hilda. Me dio gusto que mis años de entrenamiento teológico me hubieran enseñado qué hacer cuando no sé cómo contestar una pregunta teológica difícil: preguntar a la otra persona “ ¿Qué piensa usted?”

“Bueno –contestó Hilda-, pienso que cuando mueres, te presentas frente al tribunal de Dios. Si viviste una vida buena, Dios te mandará al paraíso. Si viviste una vida mala, Dios te mandará al infierno”. Tristemente, concluyó: “Puesto q ue mi hijo vivió una vida tan mala, si llegara a morir sin arrepentirse, Dios seguramente lo mandará al infierno.”

 Aunque tendía a estar de acuerdo con ella, no deseaba decir: “¡Correcto, Hilda! Tu hijo probablemente será enviado al infierno”. De nuevo ag radecía mi entrenamiento teológico que me enseñó una segunda estrategia: cuando no sepas cómo solucionar un problema teológico, entonces deja que Dios lo resuelva. De manera que dije a Hilda: “cierra los ojos. Imagínate sentada al lado del tribunal de Dios. Imagina también que tu hijo murió con todos estos graves pecados y sin arrepentirse. Acaba de llegar ante el tribunal de Dios. Aprieta mi mano cuando lo hayas podido imaginar.”

 Algunos minutos después Hilda apretó mi mano. Me describió toda la escena del juicio. Entonces le pregunté “Hilda, ¿Cómo se siente tu hijo?” Hilda contestó: “Mi hijo se siente muy solo y vacío.” Pregunté a Hilda qué le gustaría hacer. Me dijo: “Deseo abrazar a mi hijo”. Levantó los brazos y empezó a llorar al imaginarse abrazando fuerte a su hijo.

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Finalmente, cuando dejó de llorar, le pedía que mirara a los ojos de Dios y viera lo que Dios deseaba hacer. Dios bajó del trono, y al igual que ella, abrazó al hijo de Hilda. Y los tres, Hilda, su hijo y Dios, lloraron juntos estrechándose entre sí.

Dios nos ama por lo menos tanto como la persona que más nos ama

Estaba pasmado. Lo que Hilda me enseñó en esos cuantos minutos es la base fundamental de la sana espiritualidad cristiana: Dios nos ama por lo menos tanto como la persona que más nos ama. Dios nos ama por lo menos tanto como Hilda ama a su hijo, o por lo menos tanto como Sheila y Matt me aman.

Cuando Sheila y Matt más me aman, no van a decir: “Dennis, te amamos incondicionalmente, mucho más de lo que puedes llegar a imagina. Pero en realidad fallaste. De manera que, al diablo contigo, pero recuerda cuánto te amamos.” Y aun cuando Sheila tiene una bolsa enorme, no guarda en ella un cuaderno de cuentas y escribe mis pecados y el castigo que merezco. Y si Sheila y Matt no hacen estas cosas, ¿será posible que Dios tampoco las haga?

¿Qué nos dice la Biblia acerca del castigo vengativo?

 Al principio me era difícil creer en el Dios amoroso de Hilda. Había crecido leyendo a Mateo, 25, acerca de lo que Dios hace con las cabras, y otros pasajes de castigo aparentemente vengativo en la Biblia. Por ejemplo, Mateo, 5:29 dice que si tu ojo derecho es una tentación, sería mejor extraerlo que provocar que Dios te mande a las llamas del infierno. Estos pasajes hacían que Dios me pareciera ser un maltratador de niños, muy parecido al buen tío Jorge.

 Asumiendo que lo que había aprendido de Hilda podía ser cierto, empecé a preguntarme, ¿cómo es que los que más nos aman utilizan un lenguaje de castigo vengativo? Entonces comencé a observar que los que más nos aman  –abuelos, padres, amigos- a menudo utilizan las mismas palabras de castigo vengativo que Dios y el tío Jorge y otros maltratadotes de niños, pero que su significado es muy diferente.

Por ejemplo, nuestros primos Ana y Jorge criaron a cuatro de los adolescentes más sanos que conocemos. A menudo les decimos: “¿Cómo lo hicieron?” Una vez les preguntamos: “¿Pueden recordar si el año pasado en alguna ocasión castigaron a sus hijos?” Ambos parecían no recordar. Con insistencia les preguntamos: “¿Han castigado a sus hijos durante los últimos cinco o 10 años?” Ambos se miraron y nos contestaron lo mismo. Ana dijo: “Recuerdo un viaje familiar. En el asiento trasero del coche había tal barullo que Jorge dijo: ‘Niños, si no se están quietos, ¡los voy a amarrar al techo del coche!’ ¿Y recuerdas Jorge lo quietos que se quedaron?”

Por aquella época su hijo Joe vino a casa. Le preguntamos cuándo lo habían castigado por última vez sus padres y al principio pareció no recordar. Por último, le preguntamos, “¿Joe recuerdas alguna vez durante los cinco o 10 años que te hayan castigado tus padres?” La cara de Joe se iluminó. “¿Recuerdan cuando hicimos un viaje en coche y estábamos haciendo mucho ruido? Papá, tú nos dijiste que si no nos estábamos quietos nos amarrarías al techo del coche.” Entonces Joe agregó: “¡Y vaya si estuvimos quietos! Pero sabíamos que no nos amarrarías sobre el techo del coche”. Todos rieron.

 Amarrar a los hijos al techo de un coche es un castigo vengativo. No obstante, todo el tiempo utilizamos el lenguaje del castigo vengativo en nuestros hogares y familias. Estas afirmaciones son exageraciones (hipérboles) que pueden ser utilizadas con seguridad sólo dentro de un contexto en que todos entienden que no deben ser tomadas literalmente. (Los

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autores de la Biblia y el propio Jesús a menudo utilizaban hipérboles, como en Mateo, 5:29. La gente de su época sabía que no debía tomarlo literalmente.) Como Joe, sabemos que aun cuando algunas veces las personas utilizan este lenguaje, nos aman realmente y que por consiguiente nunca llevarán a cabo el castigo. Todos los que participan saben que el lenguaje sólo se emplea para enfatizar la importancia de hacer algo para que podamos gozar el estar  juntos. Así las palabras de enojo de Jorge en el coche probablemente significaban: “Es

importante que estén quietos para que podamos gozar del viaje juntos.” Y en Mateo, 5:29, en lugar de ordenarnos la extracción de nuestro ojo derecho, es probable que Dios esté diciendo algo como: “Es importante que no se uti lice mal la vista para la lujuria (que no se dañe el ojo derecho  –la ventana al corazón) para que podamos gozar juntos la belleza interna de la creación.”

¿Pero qué hubiera sucedido si Jorge y Ana hubiesen sido personas abusivas que hubieran amarrado a sus hijos al techo del coche? Si los hubiésemos escuchado amenazando así a sus hijos, hubiéramos llamado a la policía y puesto a Ana y Jorge (o al buen tío Jorge, por lo mismo) en una institución mental para que ya no pudieran dañar a sus hijos. Pero la buena noticia es que Dios es por lo menos tan amoroso como Ana y Jorge. Como ellos, Dios no es un maltratador de niños, sino un amante de los niños.

La respuesta de Jesús al castigo vengativo

La misión central de Jesús era cambiar nuestra imagen de Dios de maltratador de niños a amante de los niños. Jesús siempre trató de modificar la imagen vengativa que la gente tenía de Dios. A menudo intentó tocar a un leproso o perdonar a alguien o, durante el sabbath, curar. Pero los sacerdotes, escribas y fariseos prohibieron a Jesús hacerlo porque interpretaban literalmente los pasajes de castigo vengativo de sus biblias que explicaban en forma clara las consecuencias de estas acciones “ilegales”.

Por ejemplo, en la historia de la mujer adúltera (Juan, 8:5), los escribas y fariseos desean apedrearla a muerte. Se justificaron diciendo a Jesús: “Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres”. (Juan, 8:5). Hacen referencia a la ley de Moisés (Lv., 20:10, Dt., 22:20) que dice que Dios ordena el castigo vengativo de apedrear a muerte a la mujer adúltera. Si Jesús, como los escribas y fariseos, hubiera leído literalmente los pasajes de castigo vengativo de la Biblia, se hubiera unido a los escribas y fariseos para apedrear a la mujer adúltera. Cuando los invita a soltar las piedras, los invita también a dejar de leer literalmente los pasajes de castigo vengativo de la Biblia.

La lectura literal de los pasajes acerca del castigo vengativo nos puede

volver locos

Cuando comprendí más claramente el peligro de leer literalmente los pasajes de castigo vengativo en la Biblia fue cuando me llamaron a un hospital para enfermos mentales para ver a mi amigo Bill Wilson. Los guardias me escoltaron a su habitación. Las manos de Bill estaban encadenadas a su cama y tenía una venda sobre el lado derecho de su cara. Aquella mañana había intentado sacarse el ojo derecho. Cuando le pregunté por qué, me mencionó a Mateo, 5:29 “Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de pecar, sácalo, y échalo de ti; que mejor te es que se pier da uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.”

Todos sabían que Bill había actuado como un loco por tomar tan literalmente la primer parte de ese pasaje. “Si tu ojo derecho te fuere ocasión de pecar, arráncalo y échalo”. Pero m e

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literalmente que yo por tomar de la misma manera la segunda parte creyendo que Dios vengativamente me lanzaría al infierno.

Bill no estaba más loco que yo cuando siendo adolescente caminaba por una estación de gasolina y vi un calendario con la fotografía de una mujer desnuda. Pensé: “ahora que cometí un pecado mortal, si después de salir de aquí tengo un accidente de coche y muero, iré directamente al infierno”. Y Bill no estaba más loco que muchos padres que he escuchado decir a sus hijos: “Más vale que te comportes porque si no Dios te castigará”.

Los 20 mil años del enojo de Dios

Mi tendencia a leer literalmente el lenguaje de castigo vengativo en la Biblia venía en parte de un entendimiento común de la enseñanza de san Anselmo (1033-1109). En la Intimidad redentora, Dick Westley menciona al teólogo Walter Imbiorski quien describe cómo la teología de Anselmo frecuentemente ha sido caricaturizada a través de la enseñanza cristiana popular:

Ves, en cierta forma la dificultad reside en que la mayor parte de nosotros estamos atrapados emocionalmente en lo que yo llamaría la Teología de la Salvación de Anselmo, que dice algo así: Dios creó al mundo. Adán y Eva pecaron. Dios se molestó mucho, entró en un enojo que duró 10 mil años, azotó las puertas del paraíso y lanzó a los pillos afuera. Por eso estuvo allá arriba enojado y pasaron alrededor de cinco mil años hasta que el Hijo llegó, lo empujó con el codo y le dijo: “Oye, Papá, ya es tiempo de perdonar a la gente de allá abajo”. Dios contestó: “No. No me gustan, ofendieron mi divina majestad, se quedan afuera. ¡Más bien hagamos otra galaxia!” Pasaron cinco mil años y el Hijo regresó y dijo: “¡Ándale, Papá, perdoném oslos! Mira, te voy a decir lo que voy a hacer. Si los amas de nuevo, bajaré y seré uno de ellos y entonces tendrás que amarlos porque seré uno de ellos. “Dios miró al Hijo y dijo: “No cuentes con ello. No me entusiasma mucho.” Entonces el Hijo contestó: “Está bien, D ios-Padre, te voy a decir lo que voy a hacer. Voy a poner condiciones más duras. Te haré una oferta que no puedes rechazar. No sólo bajaré y me volveré uno de ellos, sufriré por ellos, verdadera sangre, ¡sabes cuánto te emociona eso Papá! ¿Qué dices?” Y Dios dijo: “Esa es una buena propuesta. Pero será una verdadera tortura y verdadera sangre, ninguna trampa de Dios entiendes. Vas a sufrir mucho. Y si lo haces, entonces los perdonaré. Pero si se desvían del camino recto y estrecho un poquitito ¡ZAP!, los enviaré al infierno tan rápido que sus cabezas darán vueltas.” Yeso es lo que hemos estado llamando las “buenas noticias” del Evangelio.

¿Es Dios un abogado acusador o un abogado defensor?

La teología de Anselmo olvida algunas “buenas noticias” muy importantes porque ignora otras interpretaciones tradicionales y más compasivas de los relatos del Nuevo Testamento. Por ejemplo,  parakletos, o el “espíritu de Jesús que nos juzga” podría traducirse mejor como “nuestro abogado defensor que nos justifica” (Juan, 14:15, Juan, 15:26). El español lo transmite bien, puesto que en muchas traducciones bíblicas y oraciones de la Iglesia describe al espíritu de Jesús que juzga como nuestro abogado.

El Nuevo Testamento tiene muchas historias de Jesús como abogado defensor. Dos de estas historias son la de san Pablo (Hechos, 9:1-22) y la de la mujer adúltera (Juan, 8:2-12). Al impedir que cualquier otro la apedree o condene, Jesús es el abogado defensor de la mujer adúltera. Jesús la juzga, pero como abogado defensor, no acusador. Jesús reconoce y señala la conducta destructiva de la mujer (adulterio), pero se pone sin reservas de su lado como  persona. Con quienes parece estar más molesto es con las personas que avientan las piedras y

que se comportan como abogados acusadores (Juan, 8:7).

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faltas en todos los demás salvo en sí mismo, Pa blo padecía una adicción similar a “mi santurronería alemana”. Además, Pablo se comportaba como un “adicto al enojo” y un “adicto al control”. Pablo no quería tener nada que ver con Jesús. Hasta persiguió activamente a Jesús (Hechos, 9:4) y no mostró signos de arrepentimiento.

¿Qué hizo Jesús? Jesús amo y sanó a Pablo. La imagen farisaica y castigadora de Dios para Pablo (muy parecida al buen tío Jorge) cambió por la de un Dios amoroso. En el momento en que la imagen de Dios cambió para Pablo, éste también cambió. Empezó a recuperarse de su adicción a una santurronería vengativa, a la violencia y al asesinato porque descubrió que Dios tampoco era adicto a esas cosas. ¿Y qué había hecho Pablo para propiciar que sanara? Nada. Dios no había puesto condiciones a Pablo. Ningún arrepentimiento previo, nada.

La buena nueva de la historia de Pablo y de otras historias del Nuevo Testamento no es: Dios ama al pecador arrepentido. Más bien la buena nueva radical es: Dios ama y sana al pecador no arrepentido.

Esto no significa que el arrepentimiento no sea importante o carezca de significado. Pero no se trata de que primero nos arrepintamos y que después Dios nos ame. Más bien, es justo lo opuesto. Pablo pudo arrepentirse sólo porque Dios lo amó y sanó, cuan cuando él no se había arrepentido. La única razón por la que tenemos la capacidad de pasar del no arrepentimiento al arrepentimiento es porque primero Dios nos amó y sanó (1 Juan, 4:19), en tanto que aún no nos habíamos arrepentido. Así, el arrepentimiento es importante no para obtener el amor y el perdón de Dios sino, más bien, como en el caso de Pablo, para gozar e incorporar totalmente a nuestra vida el acto de sanar que Dios inició.

De hecho Jesús juzga a Pablo y le dice todo lo que ha hecho mal, inclusive le pregunta por qué persiguió a los cristianos (Hechos, 9:4). Pero en lugar de condenar a Pablo, Jesús comprende la “exactitud” y la sensatez de la vida de Pablo. Jesús es un abogado defensor que puede ver a través de la bondad interna de Pablo. Nos sanamos cada vez que Jesús nos juzga como abogado defensor, de tal manera que sabemos que somos incondicionalmente amados.

La recapitulación de toda la vida de Jesús como abogado defensor más que acusador son sus palabras finales en la cruz. La cruz demuestra dos profundas realidades: la profundidad de la destrucción provocada por la conducta no amorosa, y la profundidad aún mayor del amor en la respuesta de Dios. Jesús compasivamente otorga el perdón de su Padre a sus asesinos no arrepentidos con las palabras de u n abogado defensor: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas, 23:34).

 Aun como pecador no arrepentido, puedo ser amado y perdonado, y así

sanar

Para mí, ser amado como pecador no arrepentido, como lo era Pablo, a menudo ha sido una experiencia sanativa y transformadora de mi vida. Por ejemplo, hace años mi santurronería alemana fue puesta en relieve por la patrulla fronteriza estadounidense. Un día, estando en California a una milla de la frontera mexicana, escribía en la terraza de la casa con Sheila. Vimos a los guardias fronterizos atrapar a cinco mexicanos en la playa. Deseábamos ayudar a los mexicanos de alguna manera, así que nos metimos a la casa, tomamos varias barras de granola para dárselas y salimos a la playa. Cuando llegamos, los cinco mexicanos tenían levantadas las manos y eran cateados. Acabábamos de estar en México, en donde nos sentimos abrumados por encontrar a tantas personas sin trabajo, incapaces de proporcionar alimento adecuado a sus familias hambrientas. Por eso comprendimos el porqué huían esos mexicanos. Sin embargo, los guardias fronterizos trataban a sus prisioneros de manera impersonal, sin preguntarles nunca quiénes eran ni por qué habían venido. Estaba tan molesto con los guardias que aun cuando varias veces se dirigieron a mí en forma amistosa, contesté

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fríamente. Lo único que podía hacer era ofrecer a los mexicanos las barras de granola y pedirles disculpas por la manera impersonal en que los trataban los guardias fronterizos.

De vuelta a casa pude oler la quiche que Matt había hecho para comer. Le conté lo sucedido y le pregunté por qué no había venido. Matt contestó, “Dennis, cuando entraste a tomar las barras de granola, estabas tan enojado con los guardias fronterizos que no hubiera ido a ningún lado contigo.” Lo que Matt decía era verdad. Yo tenía razón de estar enojado por la manera en que los guardias trataban impersonalmente a los prisioneros, pero estaba equivocado al manifestar la ira y al tratar a los guardias fronterizos de la misma manera impersonal. Al contestar fríamente, aun cuando los guardias me hablaron de modo amistoso, había eliminado la posibilidad de influir en su conducta hacia los mexicanos. De manera que tomamos más barras de granola. Esta vez, nos acercamos a los guardias fronterizos y nos disculpamos por tratarlos tan impersonalmente. Comiendo juntos las barras de granola, los guardias fronterizos nos contaron cuánto les disgustaba detener a mexicanos sin trabajo. Sin embargo, necesitaban hacerlo para cumplir con su trabajo de guardias y así mantener a sus propias familias. Tras pedirles disculpas por haberlos tratado impersonalmente, pudieron abrirse a nuestras sugerencias de tratar a los mexicanos de una manera más personal.

Pude entender realmente el juicio de Matt sobre mi actitud impersonal hacia los guardias fronterizos porque olía la quiche que nos había horneado y experimentaba su amor que nunca me rechazaría. También pude entender la verdad del juicio de Matt porque había estado con nosotros en México. Así, como juez defensor, Matt comprendió la exactitud y la sensatez de mi ira. Llenarme del amor de Matt, aun cuando juzgaba mi conducta, me sanó y me dio el poder de arrepentirme. Me dio el deseo de transmitir el mismo amor a los guardias fronterizos cuando les pedí que me perdonaran. Así, el amor de Matt, como en el caso del amor de Jesús por Pablo, me sanó para que pudiera arrepentirme y ser consciente de la conducta destructiva que antes no podía ver, como tratar de manera impersonal a los guardias fronterizos.

¿Envía Dios a alguien al infierno?

Nuestra tradición católica romana y muchas otras tradiciones cristianas comparten dos creencias acerca de lo que sucede después de la vida. La primera creencia es que existe el paraíso y que en él hay personas (Por “paraíso” no quer emos decir un lugar geográfico específico “allá arriba”, sino más bien un estado de unión amorosa con Dios.) Todos tenemos seres amados –abuelos, padres, amigos- y tenemos la confianza de que están en el paraíso. Segundo, el infierno existe como posibilida d, pero no sabemos si hay alguien ahí. (Por “infierno”, queremos decir un estado de enajenación mental extrema.) Si alguien está en el infierno, no es porque Dios haya enviado a esa persona ahí, sino porque ella lo escogió. C.S. Lewis utiliza la imagen del infierno como una habitación con la puerta cerrada desde adentro, de nuestro lado. Pero, como lo escribe el teólogo Richard McBrien, “ni Jesús, ni la Iglesia después de él, mencionaron que las personas van ahí o están en realidad ahí ahora”. Sólo sabemos que no tenemos derecho de juzgar, y que tenemos que rezar para que todos nosotros abramos nuestros corazones a Dios.

¿Qué esperanza tenemos de que todas las personas abran sus corazones a Dios? ¿Qué sucede cuando morimos? El Dios cristiano es un experto en abrir corazones. Por ejemplo, leemos cómo Dios, por medio de Jesús, hizo miles de milagros en sólo tres años. Muchos de ellos fueron realizados en personas de corazón duro, como Pablo, que nada quería tener que ver con Jesús. Cuando morimos, no sólo tendremos tres años sino toda una eternidad de iniciativas amorosas y sanativas de Dios. Aun si muriésemos con un corazón duro como Pablo, Dios se pasaría la eternidad tratando de amarnos y de sanarnos. Sabemos esto porque la esencia de Dios es amor (1 Juan, 4:16) y porque el amor sana. Dios no tiene otra elección salvo

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pasarse la eternidad amando y sanándonos (1 Corintios, 13). La esperanza en las iniciativas sanativas de Dios para salvar a cualquier es central en el mensaje del Evangelio:

Y yo, cuando fuere levantado de la tierra, atraeré a todos a mí. (Juan, 12:32).

Más luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetaría al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos. (1 Corinitios 15:28).

Quizás debido a la experiencia personal de Pablo de ser amado y sanado como pecador no arrepentido, él (como otros autores del Evangelio) incluye la esperanza de que las iniciativas sanadoras de Dios a la larga nos lleven a todos a casa (además de 1 Cor., 15:28, véase también Rm., 5:12-21, 11:30-32; 1 Cor., 15:22; Ef., 1:10; 1 Ti., 2:3-6, 4:10; Fil., 2:10-11; Col., 1:19-20; 1 Ts., 5:9; Tit., 2:11; He., 2: 9; Jn., 1:9, 1:29, 3:17, 12:47b; 1Jn., 2:2; Stg., 5:13).

 Algunas personas dicen. “Pero no tenemos toda una eternidad. Tomamos libremente una decisión definitiva al morir, cuando elegimos para siempre el paraíso o el infierno.” Puesto que ninguno de nosotros ha muerto, nadie lo sabe con certeza. Pero imaginemos que lo que dicen es cierto. Esto significaría que en el momento de la muerte tendríamos que experimentar toda una eternidad de iniciativas sanativas de Dios, porque no podemos despreciar de manera libre y definitiva lo que no hemos experimentado. Finalmente, nuestra esperanza no está en la vida que hemos vivido, sino más bien en las iniciativas sanativas de Dios que se pasará una eternidad amándonos y sanándonos.

¿Qué hay acerca del infierno de sufrimiento?

Si Dios está tan dispuesto a pasarse la eternidad amándonos y sanándonos, ¿dónde se encuentra cuando sufrimos? Si Dios nos abandona al infierno de sufrimiento de este mundo, ¿cómo podemos creer que no nos abandonará en el infierno del siguiente? ¿En dónde está Dios en los desastres naturales, las guerras, los accidentes trágicos, los campos de concentración? Job, después de perder la salud, su hogar y su familia, concluyó que el sufrimiento era un misterio en el que no podemos conocer la función de Dios (Job, 42:1-6). Elie Wiesel, al observar a los nazis colgar a un niño inocente en el infierno del holocausto, llegó a una conclusión diferente:

Silencio total en todo el campo. En el horizonte, el sol se acostaba. “Descúbranse las cabezas”, gritó el director del campo. Su voz era áspera. Estábamos llorando. “Cúbranse la cabeza.”

Entonces se inició el desfile. Los dos adultos ya no vivían. Sus lenguas colgaban hinchadas, azulosas. Pero la tercera cuerda se movía aún. Al ser tan ligero, el niño vivía aún...

Permaneció ahí durante más de media hora, luchando entre la vida y la muerte, muriendo en lenta agonía frente a nuestros ojos. Y teníamos que verlo a la cara. Todavía vivía cuando pasé frente a él. Su lengua estaba aún roja, sus ojos no estaban vidriosos. Detrás de mí escuché a un hombre preguntar, “¿En dónde está Dios ahora?”

Y escuché una voz dentro de mí contestarle: “¿En dónde está? Él está aquí. Está colgado aquí en esta horca.”

Jesús viene a estar con nosotros en el infierno

¿Qué sucede si parece que algunas personas, como Hitler o los nazis que ahorcaron al niño inocente ante los ojos de Elie Wiesel, han cerrado la puerta de su corazón desde dentro, y escogido el infierno? ¿Hay algo que Dios pueda hacer? Al descender al infierno, Dios puede

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venir a sanarnos aun ahí. La interpretación común del descenso de Dios al infierno (1 Pedro, 3:19) es que Jesús va a predicar la buena nueva sólo a las almas justas que esperan la redención. Sin embargo, según la Nueva Biblia de Jerusalén, esta interpretación pasa por alto que Jesús acude también a los demonios encadenados mencionados en el libro de Enoch y a los de la época de Noé que fueron castigados por el diluvio porque se “negaban a creer”.

El teólogo Hans Urs von Baltasar afirma que el descenso de Jesús al infierno, que se conmemora cada Sábado Santo, significa la profunda solidaridad de Jesús con los pecadores. Como una expresión del amor infinitamente misericordioso de Dios por los pecadores, Jesús se identifica por completo con ellos, hasta el punto de morir en la cruz como uno de ellos.  Aparentemente abandonado por Dios, Jesús grita: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has

desamparado?” en este momento Jesús experimenta “el infierno” de la ausencia de Dios con más agudeza de lo que sería posible para cualquiera de nosotros.

Entonces, el Sábado Santo, Jesús va a estar con los pecadores de otra manera, estará con ellos en lo que llamamos su descenso al infierno. Si definimos el infierno como una elección definitiva de cerrar nuestro corazón a Dios, entonces aparentemente es un lugar donde Dios no puede estar. Jesús irá ahí de todas maneras, con ello se niega a aceptar esa elección y expresa la inquebrantable renuencia de Dios de abandonarnos a nuestras elecciones equivocadas. Von Baltasar dice,

Y exactamente de esa manera altera la soledad absoluta que experimenta el pecador: el p ecador, que desea ser “condenado” sin la presencia de Dios, encuentra de nuevo a Dios en su soledad, pero a Dios en la absoluta fragilidad del amor, quien inexplicablemente en el periodo de la eternidad se solidariza con los que se condenan a sí mismos. Las palabras del Salmo: “Y si en el abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás.” (Salmo, 139:8), adquieren así un significado totalmente nuevo.

Los amigos y la familia que aman, no permiten que un suicida se dañe. Harán todo lo posible por penetrar al infierno de esa persona a fin de intervenir y evitar que se quite la vida. De una manera similar, el descenso de Jesús al infierno es el rechazo de aceptar nuestra elección de destrucción. El Sábado Santo proclama que la misión de Jesús es demostrar solidaridad con nosotros, aun, si es necesario, descendiendo a nuestro infierno y quedándose con nosotros ahí hasta que su sanadora presencia nos renueve lo suficiente para ascender con él en Pascua.

¿Qué hay acerca del libre albedrío?

¿El descenso de Jesús al infierno para estar con los que parecen haber rechazado a Dios viola el libre albedrío? O, ¿más bien sería que por medio de su amor y presencia sanativa Jesús restaura el libre albedrío para los que están en el infierno? A menudo se ha definido el libre albedrío como la capacidad de decir “Sí” o “No” a Dios. Sin embargo, Karl Rahner y otros teólogos sugieren que el libre albedrío es la capacidad de elegir a la manera de Dios. Así paradójicamente una persona verdaderamente libre, al igual que Dios, sólo puede elegir el bien. Decir “No” a Dios no es un signo de libre albedrío, sino más bien de la necesidad que tiene la persona de ser sanada para liberarse. Una vez sanada y verdaderamente libre, esa persona, como Jesús, sólo puede decir “Sí” a Dios. Resumiendo a Rahner, John Sachs escribe:

...la libertad humana es simple y radicalmente la capacidad de aceptar a Dios, no la capacidad de aceptar ya sea  a Dios o a algo más. La libertad humana se crea para una sola meta: Dios.

Finalmente sólo Dios “define” a la persona humana. Por consiguiente, parecería que la libertad humana alcanza una finalidad real únicamente cuando llega al carácter definitivo para el cual fue específicamente creada.

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La semilla de Dios

Meister Eckhart lo dijo de esta manera:

La semilla de Dios está en nosotros.  Ahora

la semilla de una pera llega a ser un peral; y una semilla de avellano

llega a ser un avellano; una semilla de Dios

llega a ser Dios.

“Dios es un padre;

Más que eso, Dios es una madre”

(Juan Pablo I)

 Algunas veces yo (Dennis) me he resistido a cambiar la imagen que tengo de Dios como un maltratador de niños por la de un amante de los niños. Al principio pensé que me resistía a cambiar mi teología. Pero descubrí que mi resistencia real era cambiar mi personalidad.

Primero, para dejar de leer el Evangelio tan literalmente y empezar a apreciar sus imágenes y símbolos, necesitaba depender menos de mi capacidad de pensar y más de mi subdesarrollado lado sentimental. Segundo, para apreciar cómo ama Dios al pecador no arrepentido, y ver que la gracia no se gana, sino que se da como un regalo desinteresado, me tenía que familiarizar más con recibir  de los demás en lugar de siempre hacer  compulsivamente cosas por los demás. En resumen, era necesario que integrara mis valores femeninos a un sistema de valores masculinos profundamente enraizado.

Crecía con una estructura masculina. Era bueno para la eficiencia y para crear cosas en el mundo externo, compitiendo y dominando mi medio ambiente. Creía que las autoridades externas tenían todas las respuestas. El paraíso y el infierno eran lugares “afuera”. Como muchos hombres, me orientaba hacia el espacio externo. No era tan bueno en los valores femeninos de cuidar de las cosas como son, la reciprocidad o en experimentar mis propios sentimientos y mi sabiduría corporal. No sabía que la verdad se encuentra también adentro, y que el paraíso y el infierno tienen un significado interno, como medidas de mi propia conexión o desconexión con Dios, conmigo mismo, con los demás y con todo el Universo. Estaba fuera de contacto con la dimensión femenina del espacio interno.

Para volverme una persona más equilibrada, necesitaba desarrollar mi lado femenino, y para lograrlo era necesario conocer a Dios como Madre. Todo el lenguaje utilizado para Dios es metafórico; Dios no es literalmente un padre. Pero si Dios es como un padre, entonces Dios es también como una madre. Hombre y mujer, madres y padres amorosos reflejan para nosotros de la misma manera la imagen de Dios (Génesis, 1:27). ¿Por qué esto es tan importante?

 Así como llegamos a ser como nuestros padres humanos, también nos volvemos como el Dios al que adoramos. Si sólo fuimos criados por un padre humano y nunca tuvimos una madre, es probable que nuestro lado femenino esté subdesarrollado. De la misma manera, si sólo conocemos a Dios el Padre y no a Dios la Madre es probable que nuestro lado femenino

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esté subdesarrollado y que nuestra vida emocional y espiritual tengan un arraigo masculino, como la mía.

Pero estoy cambiando porque personas como Sheila e Hilda me introdujeron al lado femenino de Dios. Al abrazar a su hijo no arrepentido, Hilda personificó para mí a lo que Juan Pablo II hacía referencia con rahamim, o la dulce compasión que viene del lado materno de Dios. La raíz de rahamim es el nombre hebreo de rehem, que significa “vientre” o “útero”. Este amor del vientre materno de Dios se expresa en Isaías, 49:15 “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de sus entrañas? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti”. Este amor femenino es energía de sus entrañas. No filtrada por la cabeza, no tiene nada que ver con la decisión o el mérito. Como en el caso de Hilda, proviene de una necesidad interior; una verdadera madre “no puede evitar amar al hijo malcriado”. En otras palabras, así como Dios es más padre que cualquier padre, Dios es también más madre que cualquier madre.

Cuando Hilda descubrió que el movimiento más pr ofundo de su corazón, su “amor de vientre” por su hijo, era una expresión del amor de Dios, y que su deseo de abrazar a su hijo era deseo de Dios, me introduje al lado femenino de Dios y me enseñó a percibir a Dios de una manera femenina. Mi énfasis masculino en el espacio externo había afectado mi manera de percibir a Dios. Había conocido sobre todo al Dios trascendente, que se encontraba “allá afuera”. Mi Dios era infinitamente poderoso e iba más allá de todo y de todos, el “Rey” y el “Señor” de los himnos cristianos que crecía cantando. Este Dios estaba siempre frente a mí, llamándome para que cambiara y creciera. En contraste, la conexión de Hilda con su espacio interno me reveló a un Dios que es inmanente y vive dentro de los más profundos movimientos de mi corazón. Este Dios me ama exactamente como soy, sin necesidad de arreglar o de cambiar. Cuando lo masculino dentro de mí no se equilibraba con lo femenino, se volvió una caricatura de sí mismo, más que la belleza y la fuerza de la verdadera masculinidad.

Cuando no tengo ambos lados de Dios, fácilmente me quedo fijo en una manera de ser masculina. Un síntoma de esta fijación sería pensar que Dios ciertamente enviaría al hijo de Hilda al infierno. Este pensamiento atribuye a Dios mi excesivo énfasis masculino del dominio, el control y la competencia, en los que claramente hay ganadores y perdedores.

Mientras tengamos un Dios completamente masculino, lo que me sucedió a mí le sucederá también a nuestra cultura y a nuestra Iglesia. También sus valores serán los de dominación y competencia, en los que devaluamos a la mujer, no desarrollamos nuestro lado femenino, y no confiamos ni apreciamos la vida interna en nosotros mismos y en los demás. Y mientras creamos en una cultura que nos dice que es bueno dominar y controlar, reforzaremos nuestra imagen de Dios exclusivamente masculino.

¿Por qué es tan importante cambiar nuestra imagen de Dios?

¿Por qué es tan importante sanar nuestra imagen de Dios? No es porque nos ayude a saber qué sucede después de la vida. Más bien, es porque llegamos a parecernos al Dios que adoramos. Los estudios muestran que esto es verdad en muchos aspectos de nuestra vida. Por ejemplo, en el matrimonio, mientras más experimente la pareja a Dios como amante, mayor será la probabilidad de que goce de un matrimonio amoroso y completo. Andrew Greeley encontró que esta sensación de complementariedad se extiende a todos los aspectos del matrimonio, incluyendo la satisfacción sexual. De la misma manera, en el estudio que realizaron David Nygren y Miriam Ukeritis acerca de quiénes son los más generosos y entregados y los menos entregados entre los que escogen la vida religiosa célibe, es cuatro veces más probable que los más generosos tengan una imagen de Dios como sanador, que sus compañeros menos

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entregados. Andrew Greeley también encontró que mientras más experimentamos a un Dios amoroso, más sensibles somos a la justicia social.

No sólo la paz mundial, como lo mencionamos ante, sino cualquier hecho de justicia social se ve afectado por nuestra imagen de Dios. Por ejemplo, recientemente los arzobispos de la Iglesia Católica Romana emitieron una carta pastoral sobre economía que dice que la riqueza o los bienes no se pueden dividir con base en lo que merecemos por nuestro trabajo. Más bien, que deben ser divididos con base en lo que necesitamos. Pero ¿qué sucede si tenemos a un Dios vengativo y calculador que con base en nuestro trabajo valora exactamente lo que merecemos como recompensa o castigo eterno? En este caso, probablemente escogeremos un sistema económico que también se base en el mérito. Nos es fácil decir a los que tienen menos, “Vete al diablo, lo ganamos”. Pero cuando Dios se vuelve amoroso y generosamente otorga regalos desinteresados a los que trabajan sólo una hora (Mateo, 20:1-16) y aun a los pecadores no arrepentidos sólo porque lo necesitan, entonces es probable que elijamos un sistema económico basado menos en el mérito y más en nuestra necesidad.

De la misma manera, su creemos que Dios abandona a las personas para siempre y les da la espalda sentenciándolas a la muerte en el infierno, entonces podemos abandonar a otros seres humanos para siempre y darles la espalda sentenciándolos a la muerte por medio de la pena capital. Pero cuando Dios no abandona, entonces es más probable que cuestionemos la pena capital o cualquier otra opción en la que podamos estar tentados a abandonar para siempre a personas que son amenazantes para nosotros.

Cualquiera que sea nuestra adicción como sociedad, ya sea a la violencia y al justo castigo opuestos a la paz y a la compasión, o a acumular dinero en lugar de compartirlo, solemos imitar las adicciones que atribuimos al Dios que adoramos.

¿Causa adicción y conductas negativas el temor al infierno?

Sin importar si tenemos adicción al trabajo, al dinero, a fumar, a beber, o la santurronería alemana de Dennis, nos abandonamos a las adicciones por la misma razón que el alcohólico Bill Willson, cofundador de Alcohólicos Anónimos, tomó su primera copa: para ahogar el dolor de no pertenecer. Antes de su primera copa, el socialmente inestable Bill W. conocía bien el dolor de no pertenecer. Después de su primera copa todo cambió. Bill se volvió el alma de las fiestas y dijo: “Por primera vez me sentía pertenecer”. Lo que siguió fueron 17 años de alcoholismo compulsivo, tratando de volver a capturar el sentimiento de pertenencia que le daba la primera copa. Finalmente, cuando tenía 39 años de edad y estaba en vísperas de ser internado por alcoholismo crónico, Bill recurrió a Dios en busca de ayuda. Súbitamente, su habitación se llenó de luz y Bill sintió una presencia que “parecía un verdadero mar de espíritu vivo”. Describió esta experiencia casi con las mismas palabras que empleó después de su primera copa: “Por primera vez sentía que realmente pertenecía”. Bill nunca volvió a beber. Empezó a hacerlo porque era la mejor manera que conocía en aquella época para pertenecer, y dejó de beber cuando encontró una mejor manera de pertenecer, por medio de su experiencia de convertir su imagen de Dios en la de un Dios amoroso. Creemos que la sensación de no pertenecer subyace a cualquier adicción. Toda adicción (o conducta negativa compulsiva) se inició como la mejor manera que conocíamos en ese momento para pertenecer a nosotros, a los demás, a Dios y al Universo. La manera de salir de una adicción es encontrar una mejor forma de pertenecer.

Si tenemos un Dios que nos puede mandar al infierno, que puede decidir vengativamente quién no pertenece, entonces es más probable que lleguemos a ser personas adictas. Los centros de tratamiento reconocen este ciclo adictivo. El doctor Robert Stuckey, cuyas unidades de recuperación han tratado a más de 20 mil adictos, encontró que la tasa de

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recuperación es mucho más baja en los adictos con una imagen temible y castigadora de Dios. Concluye que los adictos en tratamiento “con una idea muy dura de Dios tienen más dificultad para recuperarse que las personas sin ningún entrenamiento religioso”. Bill W. habló de cómo durante la recuperación solemos cambiar muchas veces nuestra imagen de Dios. Pero concluyó que una vez que descubrimos un Dios de “pertenencia”, “todo estará bien en nosotros de aquí en adelante”.

El castigo nunca sana, sólo el amor puede sanar

Cuando hablamos de la medida en que nuestra recuperación depende de conocer al Dios misericordioso y amoroso, la pregunta que se nos hace con mayor frecuencia es ésta: “Si Dios es tan misericordioso y amoroso, ¿entonces por qué hay que ser bueno?” Yo (Dennis) comprendo esta pregunta porque hice muchas cosas buenas por temor a un Dios vengativo y castigador. Por ejemplo, leí en Mateo, 25, acerca de las ovejas y las cabras. Interpreté este pasaje literalmente y pensé que puesto que las ovejas van al paraíso y las cabras al infierno, quería asegurarme de ser una oveja. De manera que, por miedo y como buena oveja, hice muchas cosas buenas, como visitar a los enfermos y alimentar a los hambrientos. Pero cuando cambió mi imagen de Dios, hice más cosas buenas y las hice con más amor. Realizamos las acciones más amorosas por los que amamos más, no por los que tememos más. Hago más por Sheila y Matt que por cualquier otra persona.

Podemos asustar a las personas para que cambien su conducta por medio del temor al infierno o el miedo a perder el amor. De hecho, en ocasiones, el temor puede haber sido utilizado para una emergencia. Por ejemplo, una familia puede decir al padre alcohólico que a menos de que cambie, se irán para protegerse de su conducta. Al recurrir a su temor de no pertenencia, esta familia puede lograr que el alcohólico deje de beber pero a menos de que el temor del alcohólico a la larga sea reemplazado por una profunda sensación de amor y pertenencia, sustituirá la bebida por otras adicciones. Por medio del temor podemos cambiar temporalmente la conducta de una persona, pero sólo el amor y la pertenencia pueden cambiar definitivamente a esa persona.

Yo (Sheila) crecí en la tradición judía, en la que no se nos enseñaba “el miedo al infierno”. Nunca se les hubiera ocurrido a los judíos de mi comunidad asustar a las personas por no ser buenas. Se nos enseñó que las personas, aunque limitadas e imperfectas, eran naturalmente buenas. Si hacían algo que no era bueno, era sólo porque estaban lastimadas y asustadas. Sabíamos que esas personas asustadas necesitaban algo que no fuera precisamente más temor, sino más amor y atención de todos nosotros. La conducta no amorosa es negativa. Lo que la sana amorosamente es el amor, no el temor. Como lo dijo Bill W.: “El castigo nunca sana. Sólo el amor puede sanar”.

Todos somos buenas cabras

Hace algunos años, presentamos algunas de las ideas de este libro a un grupo de monjas católicas romanas que ya eran ancianas y estaban retiradas. Una de las hermanas levantó la mano y dijo, “¿Pero qué hay acerca de la historia de las ovejas y las cabra s? En ella se dice que las ovejas van al paraíso y las cabras al infierno.”

Dennis contestó preguntando a todo el grupo: “¿Cuántas de ustedes, por lo menos una vez en su vida, hicieron lo que Jesús pide al principio de ese pasaje y alimentaron a una persona hambrienta, vistieron al desnudo, o visitaron al que está en la cárcel?” Todas las monjas levantaron la mano. Dennis dijo: “Es maravilloso. Todas son ovejas.” Después preguntó: “¿Cuántas de ustedes, por lo menos una vez en su vida, ignoraron a una perso na hambrienta,

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no vistieron a una persona desnuda o no visitaron a alguien en la cárcel?” Lentamente, todas las monjas levantaron la mano. Dennis dijo: “Qué pena, todas son cabras.”

Las monjas se veían preocupadas y perplejas. Entonces, súbitamente, se levantó la mano de una monja muy anciana. Dijo abruptamente: “Ya entendí. Todas somos buenas cabras”.

Esa monja lo había comprendido. Comprendió que el lenguaje acerca del paraíso y el infierno es un lenguaje simbólico. El paraíso y el infierno no son lugares geográficos específicos. Son símbolos de realidades internas, de estados del ser. Todos los que nos hemos sentido alienados, no amados, abrumados por la vergüenza o impotentemente atrapados en una adicción, sabemos lo que es estar en el infierno. Y todos los que hemos sido acogidos en casa, que hemos visto nuestra bondad reflejada en los ojos aprobadores de otras personas, o que hemos sido amados durante nuestra recuperación, sabemos lo que es estar en el paraíso. Todos tenemos en nosotros trigo y cizaña, ovejas y cabras. El reino de Dios está en nosotros, y todos somos buenas cabras.

Una manera simple de cambiar nuestra imagen de Dios

Quizá la manera más fácil de cambiar nuestra imagen de Dios es intentando algo que sólo lleva un minuto.

1. Entrar en contacto con el amor de Dios en nuestro corazón. 2. Poner una sonrisa en nuestra cara que corresponda a ese amor.

3. Sonreír a una persona que nos ama y permitirle que a su vez nos sonría.

 Acoger la sonrisa de alguien que nos ama es muy simple y puede ser una de las cosas más curativas de nuestra vida. La sonrisa de un amigo puede sanarnos si sabemos que Dios nos ama, por lo menos tanto como la persona que más nos ama.

PARTE II PREGUNTAS Y RESPUESTAS

 A medida que leas este libro, es probable que tengas preguntas, como lo hacen muchos de los que vienen a los retiros en donde presentamos este material. En esta sección, reunimos las preguntas que nos hacen con mayor frecuencia. Están organizadas bajo los títulos utilizados en la parte I.

Este libro se refiere a los grandes misterios que ninguno de nosotros ha comprendido completamente. Por ello, cada una de estas preguntas tiene muchas respuestas posibles. La que damos no tiene la intención de ser La respuesta correcta, sino simplemente nuestra mejor tentativa de una respuesta consistente con la doctrina cristiana. Esperamos que nuestras tentativas te alienten a reflexionar sobre estas preguntas por ti mismo y quizá a llegar a respuestas diferentes de las nuestras.

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Pregunta: Si no puedo leer las escrituras literalmente, ¿significa esto que tengo que ser teólogo  para comprender la Biblia? ¿Llegaré a saber algún día lo que significa realmente un pasaje de la

Biblia?

No tenemos que ser teólogos, sino estar en contacto con nuestra experiencia que nos ayuda a amar. Una prueba para descubrir si estamos entendiendo adecuadamente un pasaje de la Biblia (o una revelación privada como las que se han dado en Fátima o Medjugorje) es juzgar nuestra interpretación por sus frutos. Puesto que el fruto más importante es el amor, podemos preguntarnos: “¿Alguien que me ama y me ama muchísimo, actuaría de esa manera?” Y, puesto que cada aspecto auténtico de la cristiandad son buenas noticias, nos podemos también preguntar: “¿Es una buena noticia?” Si las respuestas a estas preguntas son “sí”, probablemente hemos comprendido el pasaje. Si no, es posible que estemos cometiendo un error, como tomar literalmente algo que tiene como meta ser una imagen.

 A lo largo de los siglos, no hacer estas preguntas ha resultado a menudo ser una interpretación literal de la Biblia. Esto ha provocado muchos abusos, como la consignación de todos los judíos al infierno durante el Concilio de Florencia en 1442, el encarcelamiento de Galileo, y el apoyo a la esclavitud. El fundamento en la Biblia a favor de la Inquisición fue una comprensión literal de “El que en mí no estuviere, será echado fuera como mal  pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden”. (Juan, 15: 6). Otro ejemplo es el del Papa  Alejandro VI quien aplicado a sí mismo, tomó literalmente a Mateo, 28-18: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la Tierra.” Alejandro decidió entonces que tenía jurisdicción personal sobre todo ser humano. De manera que entregó la mitad del globo terráqueo a Portugal y la otra mitad a España.

Pregunta: Si no se toman literalmente los pasajes de la Biblia que hablan del castigo, ¿están ustedes diciendo que nunca deben ser castigadas las personas o los hijos que se portan mal?

 Al decir que las personas que nos aman nunca llevarán a cabo un castigo, estamos hablando de castigo vengativo. No del “castigo terapéutico”, mejor llamado quizá “corrección” o “guía”, puesto que para muchas personas el “castigo” tiene una connotac ión de violencia. En la corrección o la guía, brindamos una estructura al niño abrumado física o emocionalmente (por ejemplo, el enviar a una niño demasiado cansado o excitado a su habitación para que tome una siesta), y/o pedimos al niño que enfrente la responsabilidad de las consecuencias de su conducta (por ejemplo, pedir a un niño que corrija el daño a la propiedad de otro, causado por su falta de cuidado). Este castigo terapéutico se hace con amor y tiene como objeto que el niño dé y reciba más amor. Por otro lado, el castigo vengativo no es amoroso y no permite a nadie dar y recibir amor.

Pregunta: Los buenos padres no amenazan en falso a sus hijos. ¿Piensa Dios en lo que dice Dios?

Como ya lo dijimos, la exageración (o hipérbole) era una manera de hablar habitual en la cultura de Jesús. Cuando hablaba de una manera parecía amenazar con un castigo vengativo, los que escuchaban a Jesús comprendían que sus palabras no tenían por objeto ser amenazas o predicciones de lo que inevitablemente les sucedería. Más bien, estas palabras eran advertencias, cuyo objetivo fue y es despertarnos y alejarnos de la conducta destructiva. Pregunta: Si Dios es un amante de los niños que nunca nos castiga vengativamente, ¿por qué

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Nuestra percepción esquizofrénica que manifiesta amor por medio de crueldad se relaciona como causa y efecto con las prácticas igual de esquizofrénicas de la crianza de los niños. Alice Millar escribe:

“El que prescinde de la vara odia a su hijo, pero el que lo ama lo disciplina con diligencia”,

leemos en los Proverbios. En nuestros días esta llamada sabiduría está aún tan difundida que a menudo escuchamos: una cachetada dada con amor no daña a un niño... Si las personas no estuvieran acostumbradas al mandato bíblico desde la infancia, esto los impresionaría por su falta de verdad. La crueldad es opuesta al amor, y su efecto traumático, lejos de disminuir, en realidad se refuerza porque se presenta como un signo de amor.

... Nunca nadie da una cachetada a un niño por amor, sino más bien porque en situaciones similares, cuando estando indefensos, recibimos una cachetada y después fuimos obligados a interpretarlo como un signo de amor...

Si una madre puede explicar a un niño que en el momento particular en que le dio un golpe, su amor por él la había abandonado y estaba dominada por sentimientos que no tenían que ver con el niño, éste podrá comprenderlo, sentirse respetado, y no desorientado en su relación con su madre.

Puede ser útil reflexionar en la experiencia de nuestra propia niñez. Esta experiencia afecta profundamente nuestra imagen de Dios. Si la experiencia de nuestra niñez incluyó crueldad y abuso, aun por parte de padres bien intencionados que creen en la doctrina de “utilizar la vara”, es probable que nuestra imagen de Dios incluya crueldad y abuso. Los hijos de padres abusivos a menudo defienden a sus padres y vuelven a ellos porque son los únicos que tienen. Por ello, es probable que defendamos y volvamos a una imagen abusiva de Dios.  Además, la naturaleza del ciclo del abuso es tal que, mientras no salgamos de la negación y

enfrentemos el dolor de nuestro propio abuso, transmitiremos este abuso y crueldad a los demás, a menudo empleando una imagen abusiva de Dios para justificarlo.

La respuesta de Jesús al castigo vengativo

Pregunta: ¿En qué se basa usted para decir que cambiar nuestra imagen vengativa de Dios era lo más importante de la misión de Jesús?

Los eruditos en la Biblia concuerdan que en Lucas, 4:14-19, Jesús proclamó en la Sinagoga de Nazaret su propia misión con las palabras de Isaías, 61:1-2. Pero, ¿por qué, después de haber proclamado su misión, todo el auditorio se llenó de indignación hasta el punto de desear lanzar a Jesús desde el risco de la montaña? (Lucas, 4:30). Los judíos que escuchaban deseaban que el Mesías fuera vengativo con los romanos, los sidonianos, los sirios, con todos salvo con los judíos. Pero al mencionar a Isaías, Jesús omitió la frase del versículo 61:2, en donde Isaías habla de la venganza de Dios sobre sus enemigos, y en su lugar declaró que el “favor” de Dios era para todos, para los romanos, sidonianos y sirios (Lucas, 4:26-27). Jesús enojó a los judíos que lo escuchaban porque proclamaba el final del castigo vengativo y el reino de un Mesías cuyo “favor” brillaba sobre los justos y los injustos. Como lo explica Robert Jewett, al omitir la frase sobre la venganza de Dios y colocarse a sí mismo en oposición a la tradición vengativa, Jesús transformó la interpretación literal de la Biblia que prevalecía en su época.

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Pregunta: Al cuestionar la teología de la salvación ansélmica, ¿dice usted que no era necesario que Jesús muriera en la cruz por nosotros?

No, lo que decimos es que Jesús no necesitaba llegar a la cruz para retribuir a un Dios cuyo amor era limitado. Más bien, Jesús murió para convencernos de que el amor de Dios no tiene límites, ni siquiera los de morir por nosotros (Romanos, 5:6-8). Pero como lo dice James Burtchaell, “la misión de Jesús no es representar nuestros intereses ante el Padre, sino manifestar su incondicional amor hacia nosotros. La mediación es hacia abajo. Somos nosotros, no Dios, los que somos difíciles de alcanzar”.

En el siglo XII, Abelardo adoptó un punto de vista diferente del de Anselmo, descrito como sigue por Joseph Campbell: “La muerte de Jesús en la cruz no fue el pago de un rescate, o una penalidad aplicada, sino un acto de sacrificio, en un solo hecho, con la raza humana”.  Al volverse “uno” con el sufrimiento de la vida, Jesús evoca el sentimiento humano de compasión. Su cruz nos invita a enfocar nuestros corazones en la vida compasiva de uno por el otro.

¿Es Dios un abogado acusador o un abogado defensor?

Pregunta: Crecí con un Dios que parecía más bien un abogado acusador. ¿De dónde me vino esta idea, si Dios es en realidad como un abogado defensor?

En los griegos clásicos, mucho antes de que aparecieran las escrituras del Nuevo Testamento, parakletos significaba “el que es llamado al lado” y se utilizaba en un sentido legal para hacer referencia a un abogado defensor. Algunas traducciones inglesas utilizan la palabra “abogado” para enfocar este aspecto de su significado. El concepto de Dios como abogado defensor era importante en la Iglesia de los primeros tiempos, cuando el amor y la justicia se entremezclaban como dos aspectos de la misericordia de Dios. Empezando por Tertuliano y  Agustín, bajo la influencia del sistema judicial romano, se enfatizaron la ley y la obediencia, de

tal manera que la justicia se separó del amor. Como lo escribe Deak, el pecado ya no se consideraba como “un debilitamiento de la unión del amor entre Dios y el hombre, sino más bien como una violación de los derechos de Dios”. El pecado llegó a ser considerado un crimen, que requería de una reivindicación legal por medio de justicia retributiva. Así, Dios se convirtió en un abogado acusador que ya no se relacionaba con el mandamiento de “amarás a tus enemigos” y sobre quien era muy fácil proyectar instintos humanos no sanados de crueldad y venganza. Según Berdyaev, “las creencias religiosas habían reflejado el estado del hombre caído y la manera como se consideraban las relaciones entre Dios y el hombre había tomado ya la forma de un juicio criminal... El amor lícito o legal es un amor que ha muerto”.

El mal uso del sacramento de la reconciliación reforzó nuestra imagen de Dios como abogado acusador. Como lo dice James Burtchaell, la confesión algunas veces...

... ha sido transformada en algo que recuerda un tribunal: el sacerdote juzga las fallas del  penitente y le asigna una penalidad. Esto es una confusión grotesca, porque encarna  precisamente lo que los cristianos creen que Dios no hace. Un juez nunca perdona. Un juez sólo condena o exonera. La única cosa que Jesús nunca puede hacer nombre del Padre es castigar. La dinámica de una corte criminal es quizás la menos apta para servir de ejemplo a lo que Dios intenta hacer por nosotros por medio de su perdón.

Pregunta: Dice que Dios perdona y cura al pecador no arrepentido. En la historia del hijo  pródigo, ¿no necesita primero el hijo arrepentirse y volver a casa antes de que el padre lo

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