Tipos de accidentes y sus consecuencias
Signos de compromiso vital en adulto, niño y lactante Métodos y materiales de protección de la zona Medidas de autoprotección personal
Botiquín de primeros auxilios
Prioridades de actuación en múltiples víctimas. Métodos de triaje simple Signos y síntomas de urgencia
Valoración del nivel de consciencia Toma de constantes vitales
Protocolos de exploración
Terminología médico-sanitaria en primeros auxilios Protocolo de transmisión de la información
APLICACIÓN DE TÉCNICAS DE SOPORTE VITAL Control de la permeabilidad de las vías aéreas Resucitación cardiopulmonar básica
Desfibrilación externa semiautomática (DEA) Valoración del accidentado
Atención inicial en lesiones por agentes físicos (traumatismos, calor o frío, electricidad y radiaciones)
Atención inicial en lesiones por agentes químicos y biológicos Atención inicial en patología orgánica de urgencia
Actuación limitada al marco de sus competencias
APLICACIÓN DE PROCEDIMIENTOS DE INMOVILIZACIÓN Y MOVILIZACIÓN Evaluación de la necesidad del traslado
Posiciones de seguridad y espera Técnicas de inmovilización Técnicas de movilización
Confección de camillas y materiales de inmovilización
APLICACIÓN DE TÉCNICAS DE APOYO PSICOLÓGICO Y DE AUTOCONTROL Estrategias básicas de comunicación
Valoración del papel del primer interveniente
Técnicas facilitadoras de la comunicación interpersonal
SISTEMAS DE EMERGENCIA
Ante cualquier situación de accidente, debemos activar el Sistema de Emergencia; para ello recordaremos la palabra PAS, que son las iniciales de los tres pasos fun-damentales a seguir para empezar a atender a cualquier accidentado:
• P de “proteger”: antes de comenzar a actuar, hemos de tener la total seguri-dad de que tanto el accidentando como nosotros mismos estamos fuera de todo peligro. Por ejemplo, no atenderemos a un electrocutado sin antes des-conectar la corriente causante del accidente, pues de lo contrario acabaríamos de igual forma.
• A de “avisar”: siempre que nos sea posible, daremos aviso de la existencia del accidente a los servicios de emergencia de la empresa o a servicios de emergen-cia exteriores (112 – 061 – 091 – 092) de la forma más rápida; inmediatamente, comenzaremos a socorrer mientras esperamos la ayuda profesional.
Siempre que comuniquemos un incidente, debemos indicar: • Lugar y tipo del accidente.
• Número de heridos.
• Identificación de nuestra identidad (las llamadas anónimas inspiran desconfianza).
• No cortar nunca la comunicación hasta que nos sea indicado.
E
n este primer capítulo, definiremos qué son los primeros auxilios y describiremos los modos de actuación a seguir según los tipos de accidentes y los niveles de emergencia. Asimismo, explicaremos algunos conceptos básicos, como la toma de constantes vitales y la valoración del nivel de consciencia. También hablaremos del ámbito jurídico y de la ética profesional en este campo.INTR
En el caso de no encontrarnos solos, lo primero es socorrer a la víctima, intentan-do avisar lo antes posible sin abanintentan-donar al heriintentan-do, salvo en casos extremos. • S de “socorrer”: una vez que hemos protegido y avisado, comenzaremos en el
lugar de los hechos con las maniobras de primeros auxilios que sean priorita-rias y aconsejables en cada caso, basándonos en dos actuaciones muy concre-tas, las cuales explicamos a continuación y que se encuentran en lo que deno-minamos “protocolo de exploración”, que son la evaluación primaria y la eva-luación secundaria.
Protocolo de exploración
Valoración Primaria
Su objetivo consiste en identificar aquellas situaciones que suponen una amena-za para la vida, el control y el reconocimiento de los signos vitales. Para ello, observaremos lo que se denomina el ABC de la evaluación primaria, siempre por este orden:
• A – AIRWAY: permeabilidad de la vía aérea necesaria para que el aire llegue a los pulmones, observando, por lo tanto, el nivel de conciencia.
• B – BREATHING (RESPIRACIÓN): existencia de respiración espontánea; si falta, se debe restablecer de forma inmediata.
• C – CIRCULATION (CIRCULACIÓN): existencia de latido cardiaco; si falta el pul-so carotídeo, deberán iniciarse las maniobras de Reanimación Cardiopulmonar (RCP) y comprobar la existencia de hemorragias severas, traumatismos severos, etc.
Valoración Secundaria
Una vez que ya hemos superado la valoración primaría, nos ocuparemos del res-to de las posibles lesiones, efectuando un reconocimienres-to de la víctima en el siguiente orden:
Cabeza:
• Buscar heridas y contusiones en cuero cabelludo y cara.
• Salida de sangre por nariz, boca y oídos.
• Lesiones en los ojos.
• Aspecto de la cara (piel fría, pálida, sudorosa...).
Ante cualquier acciden-te hay que activar el sistema de emergencia; para ello basta con recordar la palabra PAS, formada
por las iniciales de las tres actuaciones más importantes en el momento de empezar a atender al herido: • “P” de proteger a la víctima y al socorrista de todo peligro.
• “A” de avisar a los servicios sanitarios. • “S” de socorrer a la víctima.
Cuello:
• Tomar el pulso carotídeo durante un minuto (frecuencia, pulso).
• En caso de que fuera necesario mover a la víctima, es necesario hacerlo mante-niendo el eje cabeza - cuello - tronco como si fuera un bloque rígido. Cualquier cuello se considera que está lesionado hasta que una radiografía demuestre lo contrario.
• Aflojar prendas ajustadas.
Tórax:
• Dirigir la atención hacia los huesos que lo conforman, su simetría, su deformi-dad... Al proceder a la palpación de las costillas, el auxiliador debe iniciar el exa-men lo más cerca posible de la columna vertebral y seguir gradualexa-mente hasta el esternón.
• Evitando mover a la víctima, se emprende, mediante palpación, una revisión cui-dadosa de la columna vertebral en todo su trayecto.
• Heridas.
• Dolor y dificultad al respirar.
Abdomen: • Heridas.
• Muy duro o muy depresible al tacto.
• Dolor.
• Edemas.
• Exposición de vísceras.
Extremidades:
• Examinar los brazos y piernas en busca de heridas y deformidades.
• Valorar la sensibilidad para descartar lesiones de médula.
• Si no hubiera signos de fractura, conviene probar el movimiento de las articu-laciones.
Para los primeros auxilios has de tener siempre presente lo siguiente: • Mantener la calma. • Pedir ayuda. • Proteger a la víctima. • Debe atenderse primero al accidentado más grave. • Ponerlo en posición lateral de seguridad. • Tranquilizarlo. • No darle ningún medicamento, comida o agua. • En caso de duda, es mejor no hacer nada que hacerlo mal.
Recuerda
¿Qué no se debe hacer?
• Emitir nuestra opinión sobre el estado de salud al lesionado o los familiares.
• Dejar que se acerquen curiosos.
• Sustituir al médico. • Permitir que el lesio-nado se enfríe. • Cegarnos con la aparatosidad de la sangre o de la herida. • Mover o trasladar al lesionado (salvo necesi-dad absoluta).
• Dejar que el lesionado se levante o se siente. • Administrar comida, agua, café o licor. • Medicar.
Esquema del circuito del sistema de emergencias:
Protocolo de transmisión de la información
En caso de haber solamente un reanimador, éste efectuará la Reanimación Cardiopulmonar (RCP), durante al menos un minuto, antes de abandonar momen-táneamente al paciente para solicitar ayuda. En caso de haber más de un reanima-dor, uno de ellos efectuará inmediatamente la reanimación mientras que el otro pide ayuda.
El reanimador o la persona que ha acudido a pedir ayuda y que llama al sistema de emergencias médicas (112), debe estar preparado para brindar la siguiente información de la forma más rápida y simple posible:
• Lugar de la emergencia, incluyendo, si es posible, dirección y nombre de la calle o puntos de referencia.
• Número de teléfono desde el que se está haciendo la llamada.
• Carácter del episodio; por ejemplo, accidente de tráfico, ahogamiento, incen-dio, etc.
• Número de víctimas.
• Estado de la/s víctima/s. 1. Proteger
2. Avisar
RECONOCIMIENTO DE SIGNOS VITALES
A. CONSCIENCIA B. RESPIRACIÓN C. PULSO CABEZA CUELLO TÓRAX ABDOMEN EXTREMIDADES 3. Socorrer Evaluación primaria Evaluación secundaria
• Ayuda que se está prestando.
• Cualquier otra información que solicite el SEM.
• El reanimador o la persona que realiza la llamada no debe colgar hasta que el operador telefónico se lo indique, después debe regresar a colaborar con el rea-nimador que está practicando la RCP o, si era un rearea-nimador único, a seguir con la RCP.
En el caso de niños con necesidades asistenciales especiales, la atención del servi-cio de emergencias se puede complicar por falta de información médica específi-ca acerespecífi-ca de la enfermedad de base del niño; por eso se recomienda que, tanto en su hogar como en la escuela, guardería, etc., los encargados del cuidado de estos niños dispongan de información completa para poder transmitirla al servi-cio de emergencias en el momento de su llamada. En Estados Unidos, la Academia Americana de Pediatría y el Colegio Americano de Urgencias Médicas ha creado un formulario estandarizado de información de emergencias (Emergency Information Form, EIF).
LA REANIMACIÓN REALIZADA A UN LACTANTE POR UNA SOLA PERSONA ES ESPECIAMENTE DIFÍCIL DADO QUE LA VENTILACIÓN DEBE EFECTUARSE
MIENTRAS TIENE LUGAR EL DESPLAZAMIENTO
Un caso especial se puede presentar cuando haya un sólo reanimador, la víctima sea un lactante pequeño y no exista posibilidad de acceder al activación del SEM. En este caso, se podrá intentar realizar el transporte y la RCP simultáneamente. Para ello, apoyaremos al lactante sobre uno de nuestros antebrazos, se le practicará un masa-je cardiaco con la otra mano y, posteriormente, la ventilación por el método boca-boca/nariz. Esta reanimación tiene, como puede suponerse, una gran dificultad para su realización, pues, al mismo tiempo que nos desplazamos andando, debemos efec-tuar la ventilación, pero sin la posibilidad de realizar una correcta apertura de la vía aérea, lo cual puede provocar que esta ventilación no sea eficaz. El masaje cardiaco tampoco será todo lo efectivo que el caso requiere, pues descargaremos sobre un antebrazo, por un lado, el peso corporal del lactante y, por el otro, la presión que hará nuestra otra mano para deprimir el tórax. Hoy en día, se están alzando voces discrepantes en relación con este tipo de actuación, pues existen dudas razonables sobre la efectividad de esta maniobra, estimándose que es mucho mejor realizar una correcta RCP básica, ya que el éxito de la recuperación del lactante depende más de ella que de la llegada del SEM. En vista de todo ello, sólo utilizaremos este sistema en una situación de extremada urgencia.
OBJETIVOS Y LÍMITES DE LOS PRIMEROS AUXILIOS
Como es obvio, cuando se ha producido un accidente no es suficiente con clasifi-car a las víctimas y establecer unas prioridades. Hay que atenderlas inmediata-mente siguiendo unas especificaciones. Pero, tan importante es conocer lo que se debe hacer como, especialmente, lo que no debe hacerse nunca bajo ninguna cir-cunstancia.
Los primeros auxilios son aquellos que se realizan en un primer momento y de for-ma rápida en caso de una enfermedad de brusca aparición o de un accidente, has-ta que la víctima pueda recibir la asistencia específica necesaria por parte de los profesionales sanitarios.
¿Sabías que no sólo el personal médico cualificado se encarga de llevar a cabo los primeros auxilios?
Como profesional de la sanidad, también debes saber realizarlos correctamen-te. Sin embargo, como los accidentes siempre se producen, por definición, de forma inesperada y en cualquier sitio (en el domicilio, en el trabajo, en la vía pública, etc.), lo más probable es que la persona que se vea obligada a realizar-los no sea un profesional sanitario cualificado y que no tenga realizar-los conocimien-tos adecuados.
En estos casos debe seguirse la máxima que dice: es mejor no hacer nada antes que hacerlo mal. Una incorrecta realización de los primeros auxilios puede empe-orar seriamente el estado del herido.
Actuación en caso de accidente
Mantener la calma y actuar de forma rápida pero serena. Los instantes posterio-res a un accidente son de vital importancia para el accidentado; una rápida y correcta actuación pueden salvarle la vida, evitarle lesiones secundarias y mitigar ostensiblemente el dolor.
Pedir ayuda de forma urgente, después de evaluar la situación del lugar del acci-dente (analizando la ubicación y accesibilidad de los accidentados) y de eliminar, si es posible, las causas que hayan provocado el accidente (por ejemplo, escapes de gas).
Asimisno, se debe proteger a las víctimas de otros riesgos y prevenir otros peligros que puedan aparecer en el lugar del accidente.
Siempre se debe prestar auxilio, en primer lugar, al accidentado que presente mayor gravedad. Para identificar a la víctima más grave, deberá evaluarse el grado de cons-ciencia del accidentado, comprobar su respiración y el pulso carotídeo, si las vías res-piratorias se encuentran abiertas, si se encuentra en estado de choque, si presenta fracturas, quemaduras o contusiones y si existe algún tipo de hemorragia.
Colocar al accidentado inconsciente en posición de seguridad lateral, para evitar una posible asfixia por vómito o hemorragia. Si el accidentado muestra signos de tener una lesión en la columna vertebral, se le colocará en decúbito supino. En la medida de lo posible, se debe calmar al accidentado (Figura 1).
No debe darse de beber ni proporcionar fármacos a la víctima. En caso de duda, nunca debe realizarse ninguno de los pasos anteriormente mencionados y se debe pedir ayuda médica de forma inmediata.
La realización de los primeros auxilios finaliza cuando haga acto de presencia el personal sanitario cualificado, que procederá a la aplicación de las curas adecua-das para cada caso y a la evacuación del accidentado. En el caso de que un acci-dentado rechace la aplicación de los primeros auxilios, deberá seguirse su volun-tad, dejando constancia, mediante un documento escrito o testigos presenciales de la situación, de la negación del herido.
MARCO LEGAL, RESPONSABILIDAD Y ÉTICA PROFESIONAL
Responsabilidad y ética profesional
Los primeros auxilios cobran sentido en el respeto y protección de la dignidad, de la integridad física y de la vida de la persona, sin distinción alguna por motivo de raza, sexo, ideología, condición social o cualquier otra circunstancia.
El técnico de farmacia y parafarmacia que preste primeros auxilios pretende la pro-tección de todas las personas contra el infortunio, en situaciones críticas en las que su vida o su salud corren peligro. El socorrismo es una expresión de solidaridad que
brota de la sociedad y retorna hacia ella, con intención de servirla. Es por tanto, un trabajo social altruista.
Los primeros auxilios no se fundamentan en principios religiosos, caritativos o moralistas, pues, si bien no los desempeña, cobra su base más sólida en principios de estricta justicia social, en la idea de servicio al hombre por su condición de per-sona. Se basan pues, en un sistema de valores éticos y se traducen en una serie de acciones, técnicas y actitudes humanitarias, popularmente requeridas y aceptadas, científicamente contrastadas.
Cualquier acción dentro del marco de los primeros auxilios estará presidida por el conocimiento técnico, la prudencia, la idoneidad, el sentido humanitario y la efi-cacia. La ineptitud, la imprudencia, la insolidaridad, la omisión del deber de soco-rro... trascienden la esfera de lo individual y repercute en la institución en su tota-lidad; por tanto, el auxiliador cuidará su conducta.
Aspectos jurídicos relacionados con los primeros auxilios
Algunas cuestiones que se plantean quienes prestan primeros auxilios son: ¿qué ocurriría si al atender a un accidentado agravo su situación?
¿Qué ocurriría si fallece al trasladarle? ¿Qué responsabilidad asumo si el resulta-do de mi actuación es desgraciaresulta-do? ¿Qué pasaría si no atienresulta-do a la víctima? Para que exista responsabilidad criminal y, por tanto, delito, el ser humano debe haber actuado con dolo o culpa; o sea, con intención o con imprudencia, respec-tivamente.
La intención es el deseo expreso de causar mal, con conciencia y voluntad, sabien do lo que se hace y queriendo hacerlo. La culpa o imprudencia se produce cuan-do el individuo realiza una acción sin intención, pero actuancuan-do sin la debida dili-gencia, causando un resultado dañoso, previsible y penado por la ley.
Para que el técnico de farmacia y parafarmacia que presta primeros auxilios incu-rra en delito, cuando actúa en funciones propias del socorrismo, deberá causar mal con intención de hacerlo.
Es obvio que, salvo rarísimas excepciones, difíciles de detectar con antelación, los auxiliadores, sea cuales sean sus cualidades, jamás actuarán con mala intención. Del técnico en farmacia y parafarmacia no sólo se va a demandar la actuación, sino el intento de evitar el resultado que pueda producirse. Así, si contempla cómo una
per-sona se está asfixiando y no actúa, por prejuicios o por reconocer en aquella perper-sona a un enemigo, por ejemplo, incurriría en responsabilidad agravada por “comisión por omisión”, reservada para los que han contraído la obligación legal de socorrer, han asumido voluntariamente ciertas obligaciones o han creado ellos la fuente del peligro. No sólo se exige actuar, sino intentar evitar la producción del resultado lesivo.
Señalábamos, al comienzo de este apartado, la diferencia entre intención e imprudencia y conveníamos que la imprudencia se produce cuando la acción care-cía de intención, pero no se había puesto en ella la debida diligencia y por ello resultaba un mal.
Un técnico en farmacia y parafarmacia incurrirá en imprudencia, por ejemplo, al manipular inadecuadamente a un herido cuyos síntomas indican que puede sufrir lesión de columna vertebral, al trasladar a un paciente en postura incorrecta que agrave su estado o, simplemente, al no controlar la evolución del paciente durante el traslado. Por el contrario, si de su actuación se derivase una situación lesiva para la víctima, sin culpa ni intención, y habiendo adoptado las medidas necesarias para evitar el daño (y éstas puedan ser demostradas), no existirá responsabilidad penal. Evidentemente, a medida que los conocimientos en técnicas sanitarias aumentan, aumenta la responsabilidad y, por tanto, debe prestarse más atención y cuidado en las intervenciones.
De aquí la insistencia constante en que las intervenciones se realicen con profe-sionalidad, desde sus niveles más bajos, aplicando los procedimientos y protoco-los establecidos para cada tipo de intervención; aunque como norma general siempre se usará la norma básica.
Secreto profesional
Obliga a cualquier persona que, por su trabajo, entre en conocimiento de la vida privada de otra persona; lo cual quiere decir que es de plena aplicación para cual-quier auxiliador.
Implica el no poder transmitir datos obtenidos de este modo a ninguna persona ajena al sistema sanitario (prensa, espectadores y, en algunos casos, incluso fami-liares de la víctima), ni siquiera la filiación de la víctima o las circunstancias en que ha sucedido el accidente.
La infracción de este precepto puede dar lugar a denuncias interpuestas por la propia víctima, ya que vulneraría el derecho a la propia intimidad e imagen, que está recogido por la ley.
Altruismo
Nadie que preste primeros auxilios, no sólo técnicos en farmacia, también miem-bros voluntarios de entidades como SOS-Emergencias, Protección Civil, Cruz Roja, etc., puede percibir por el auxilio prestado pago alguno, sea en metálico o en especie.
Discriminación
Ninguna persona que trabaje en el sistema sanitario tiene derecho a dejarse lle-var por razones de tipo discriminatorio a la hora de atender a una posible vícti-ma, ya sean de carácter racial, social, económico o, incluso, personal. El hacerlo así vulnera, no sólo la normativa de entidades como SOS-Emergencias, Protección Civil y Cruz Roja, sino las propias leyes del estado, comenzando por la misma Constitución. Las razones únicas de selectividad que se admiten en el ejercicio de cualquier acción sanitaria son las puramente técnicas. Así, en un caso con varias víctimas, siempre se atiende primero a las más graves.
TIPOS DE ACCIDENTES Y SUS CONSECUENCIAS
En este capítulo estudiaremos los accidentes más frecuentes, aunque no por ello menos graves. Algunos de ellos ponen en grave riesgo la vida de quienes los sufre pero, por suerte, la mayoría terminan reduciéndose a meras anécdotas.
Contusiones
Aunque las hay de diversa consideración y pueden ser bastante dolorosas, las con-tusiones suelen ser las urgencias más leves. Se trata de una lesión producida a cau-sa de un fuerte golpe o por una intencau-sa presión en la zona. No suelen dejar más que una señal en la piel, ya sea en forma de cardenal, en las contusiones de pri-mer grado, o en forma de hematoma en las de segundo grado.
Quemaduras
Se consideran quemaduras las heridas producidas por el fuego, la electricidad, la fricción, las sustancias cáusticas, los gases irritantes o las radiaciones.
Las quemaduras conllevan un alto riesgo de infección, que varía en función del tamaño de la superficie lesionada. La gravedad de la quemadura depende de su extensión, profundidad, localización, de la edad de la víctima y de la existencia o no de una dificultad respiratoria en el paciente.
Existen dos tipos de clasificación de las quemaduras: según su profundidad y según su extensión. Según su profundidad, las quemaduras pueden ser:
• De primer grado: son las que afectan a la capa superficial de la piel (epidermis), causan dolor y picor, y provocan la aparición de un eritema (enrojecimiento de la piel). Pueden producirse, por ejemplo, por una exposición excesiva al sol. • De segundo grado: son aquellas quemaduras que afectan directamente al
teji-do conjuntivo de la piel (dermis) y, aparte del enrojecimiento de la piel, tam-bién provocan la aparición de flictenas o vesículas (ampollas) llenas de líqui-do exudativo. Son líqui-dolorosas, puesto que afectan a las terminaciones nerviosas y causan hipersensibilidad al frío. A su vez, estas quemaduras pueden dividir-se en superficiales (dividir-segundo grado superficial) y profundas (dividir-segundo grado profundo).
• De tercer grado: son las que alcanzan el tejido celular subcutáneo (hipoder-mis), pudiendo afectar a los músculos, a los nervios e, incluso, a los vasos san-guíneos. Presentan un color blanco nacarado o negruzco y no producen dolor porque las terminaciones nerviosas han sido destruidas. A su vez, también, pueden dividirse en superficiales (tercer grado superficial) y profundas (tercer grado profundo).
PARA CALCULAR FÁCILMENTE EL PORCENTAJE DE SUPERFICIE QUEMADA, SE CONSIDERA QUE LA PALMA DE LA MANO DE UN ADULTO EQUIVALE APROXIMADAMENTE A UN 1% DEL TOTAL DE LA SUPERFICIE CORPORAL
La extensión de una quemadura es determinante para estimar su gravedad. Para calcular de manera aproximada el porcentaje de una quemadura con respecto al resto del cuerpo se puede utilizar la regla de Wallace, también conocida como “de los nueve”, en la que la cabeza y el cuello representan el 9% del total del cuerpo humano (en los niños, la cabeza representa un 18%); el tórax y el abdo-men el 18% (9% cada uno); la espalda el 18%; las extremidades superiores el 18% (9% cada una); las extremidades inferiores el 36% (18% cada una; en los niños, al ser más cortas en relación con el cuerpo, un 14% cada una) y los geni-tales representan el 1% restante.
Para facilitar el cálculo del porcentaje de la superficie quemada, se considera que la palma de la mano de un adulto equivale aproximadamente a un 1% del total de la superficie corporal. Según su extensión, una quemadura se considera leve si la superficie quemada es inferior al 15% de la superficie corporal total (el 10% en el caso de los niños y ancianos), moderada, si la quemadura comprende entre un 15 y un 49%, y grave, si comprende más de un 50%, pudiendo llegar a ser mortal. (Figura 2)
Congelaciones
Se denomina congelación a la lesión producida por la acción del frío. Pueden pro-ducirse bien por causas ambientales, como la nieve o el viento, o bien por causas orgánicas, como la desnutrición o el estado de choque.
Los síntomas de la congelación incluyen: enfriamiento gradual del organismo, dis-minución de la sensibilidad de la piel, fatiga, paso vacilante y debilidad muscular, somnolencia y alteración de la conducta y, en ocasiones, desvanecimiento, taquip-nea o bradiptaquip-nea.
Las congelaciones pueden clasificarse en dos tipos, dependiendo de la acción pro-vocada en el cuerpo humano:
• Congelaciones locales: son aquellas que afectan tan sólo a una parte del cuer-po. Dependiendo de su profundidad, se distinguen las de primer, segundo y ter-cer grado.
• Congelaciones generales: se conoce como “síndrome general de congelación” o hipotermia y aparece como resultado de la acción del frío sobre la totalidad del cuerpo humano, cuando el organismo pierde más calor del que puede generar.
Heridas
Una herida puede definirse como una pérdida de continuidad en la piel, provoca-da por un traumatismo, propiciando así la comunicación del interior del organis-mo con el exterior.
Una de las funciones de la piel es la de actuar como barrera protectora. Las heri-das rompen esta barrera y aumentan el riesgo de infección. Aunque el organismo
dispone de recursos para la reparación de la piel, a veces, por la magnitud o por la gravedad de la herida, es necesario recurrir a los profesionales sanitarios. Las heridas se suelen clasificar según el agente que las causa:
• Incisas: son causadas por la acción de un objeto cortante. Suelen ser largas, poco profundas, con los bordes limpios, perfectamente definidos y muy sangrantes, debido al corte de los vasos sanguíneos.
• Punzantes: son las provocadas por objetos alargados, como unas tijeras. Suelen ser profundas y con los bordes bien definidos.
• Contusas: son las causadas por un fuerte golpe o por el roce con una superficie rugosa, en las que se rompen los capilares de la piel y pueden formarse hema-tomas. Los bordes son irregulares, favoreciendo la aparición de infecciones. • Por abrasión: son superficiales, aparecen después de desprenderse algunas de
las capas superiores de la piel a causa de una caída deslizante o de una que-madura por fricción. En consecuencia, la zona afectada puede llegar a quedar en carne viva. Este tipo de heridas puede propiciar la entrada de cuerpos extraños que provoquen alguna infección. Son comunes en el mundo del ciclismo.
• Por desgarro: son las producidas al arrancarse tejidos de la piel, generalmente con una máquina. Muestran gran irregularidad y separación en sus bordes, lo que las convierten en un importante foco de infecciones. Las más graves pue-den provocar amputaciones.
Otros tipos de heridas, menos habituales, son las calificadas como “heridas especiales”: • Mordeduras.
• Las producidas por asta de toro. • Las de arma de fuego.
• En colgajo.
• Por arrancamiento. • Las mixtas.
Las heridas, según su gravedad, pueden clasificarse como leves (que sólo afectan a la capa externa de la piel) y graves (que afectan a las capas más profundas, pudiendo alcanzar los órganos internos).
Hemorragias
Se considera hemorragia a la salida más o menos abundante de sangre por rotu-ra accidental o espontánea de los vasos sanguíneos.
La gravedad de las hemorragias varía en función de la cantidad de sangre y la rapidez con que salga por la herida; las hemorragias superiores a 1 L de sangre en los adultos y a 1/2 L en los niños son consideradas muy peligrosas y provocan un estado de choque. Si la hemorragia supera los dos litros y medio se producirá la muerte, prácticamente, en el acto.
Las hemorragias pueden clasificarse de dos formas diferentes, según su carácter y según el tipo de vaso sanguíneo roto.
Según su carácter, pueden ser:
• Externas: la sangre sale a través de una herida visible.
• Internas: la sangre queda retenida en las cavidades interiores del organismo. Se detectan por sus síntomas: pulso rápido y débil, respiración acelerada y super-ficial, palidez, sed y obnubilación.
• Exteriorizadas o mixtas: la herida se produce en el interior del organismo, pero la sangre fluye al exterior a través de los orificios naturales (por ejemplo, por la nariz o el oído).
Según el vaso sanguíneo roto, las hemorragias se clasifican en:
• Arteriales: la sangre procede de una arteria, es roja y sale al exterior a borboto-nes, coincidiendo con el pulso. Se trata de una hemorragia muy peligrosa, puesto que, con cada contracción cardiaca, se pierde una cantidad importante de sangre. • Venosas: la sangre procede de una vena rota, es de color rojo oscuro y sale al
exterior de manera continua.
• Capilares: la sangre procede de la rotura de vasos capilares, sale de forma continua por pequeños puntos sangrantes, situados en toda la extensión de la zona lesiona-da. Este tipo de hemorragias también es conocido como “hemorragia en sábana”.
Fracturas y luxaciones
Otro tipo de urgencias que se detallarán en este capítulo son las fracturas y las luxaciones (Figura 3).
Fracturas
Se conoce como fractura a la interrupción de la continuidad, es decir, la rotura, de un hueso, ya sea total o parcial.
Las causas son muy variadas, desde un golpe fuerte y seco a una sobrecarga en una parte del cuerpo.
Existen diferentes tipos de fractura que debes conocer:
• Completas: son aquellas en las que el hueso se rompe en todo su grosor, divi-diéndose en dos o más fragmentos. Dentro de las fracturas completas podemos distinguir diferentes tipos:
• Subperiósticas: son aquellas en las que el periostio (membrana de tejido conectivo que recubre los huesos) permanece intacto.
• Cerradas o simples: no se produce lesión alguna de partes blandas internas, siendo el mismo hueso la única parte afectada.
• Abiertas o complicadas: se producen cuando la rotura del hueso produce una herida que comunica con el exterior, provocando de este modo una hemo-rragia externa.
• Conminutas: se trata de fracturas completas en las que el hueso se rompe en diversos fragmentos, convirtiéndose así en una de las más complicadas de tratar. • Incompletas: el hueso no llega a fracturarse totalmente. Entre estas fracturas
pueden destacarse:
• Fisuras: son grietas en la superficie del hueso que no llegan a provocar una rotura.
• Fracturas en tallo verde: se producen especialmente en niños. Uno de los extremos rotos del hueso no pierde el contacto.
Luxaciones
Se entiende por luxación la separación de un hueso del lugar que ocupa en una articulación, produciéndose una distensión o rotura del ligamento. Puede ser cau-sada por un fuerte golpe o por una contracción o distensión brusca de los múscu-los relacionados con dicha articulación.
SIGNOS DE COMPROMISO VITAL EN ADULTOS, NIÑOS Y
LACTANTES
Los signos de compromiso vital son la pérdida del conocimiento, la falta de respi-ración y la ausencia de pulso (de este último síntoma, hablaremos ampliamente en el capítulo de la toma de constantes vitales).
Pérdida del conocimiento
La pérdida del conocimiento es un estado de inconsciencia, en el cual una perso-na es incapaz de responder a otras persoperso-nas y a otros estímulos a su alrededor; a menudo se le llama “coma” o “estado comatoso”.
Hay otros cambios que pueden ocurrir a nivel de conciencia de la persona sin que-dar ésta inconsciente o antes de queque-dar inconsciente. En términos médicos, estos cambios se denominan colectivamente “alteración del estado mental” o “cambio en el estado mental” e incluyen: confusión, desorientación o estupor repentinos. La pérdida del conocimiento y cualquier otro cambio súbito en el estado mental debe tratarse como una emergencia médica.
Una forma fácil de verificar el estado mental de una persona que está despierta, pero menos alerta de lo usual, es hacerle algunas preguntas simples como “¿cómo se llama?”, “¿qué día es hoy?”, “¿cuántos años tiene?”... Si la persona no sabe o responde incorrectamente, entonces su estado mental está disminuido.
Nombres alternativos
Primeros auxilios en caso de pérdida de la conciencia; Primeros auxilios en caso de coma; Cambios en el estado mental; Alteración del estado mental.
Consideraciones generales
Estar dormido no es lo mismo que estar inconsciente, ya que una persona que está dormida responde a ruidos estridentes o a sacudidas suaves, pero una persona inconsciente no lo hace. Además, una persona inconsciente no puede toser ni
aclararse la garganta, lo cual puede obstruir las vías respiratorias y ocasionar la muerte. De nuevo, la pérdida del conocimiento o el cambio súbito en el nivel de conciencia debe ser tratado como una emergencia médica.
LAS CAUSAS MÁS COMUNES DE LA PÉRDIDA DE
CONOCIMIENTO O DESMAYO SUELEN SER LA DESHIDRATACIÓN, UN NIVEL BAJO DE AZÚCAR EN LA SANGRE O
PRESIÓN SANGUÍNEA BAJA
Causas
La pérdida del conocimiento puede ser producto de cualquier enfermedad o lesión importante, así como de la drogadicción o del consumo de alcohol. La pérdida del conocimiento breve o desmayo suele ser causada por deshidrata-ción, un nivel de azúcar bajo en la sangre o por presión sanguínea baja temporal; sin embargo, puede también ser causada por una enfermedad cardiovascular o neurológica seria. El médico determinará si es necesario hacer exámenes para veri-ficar la presencia de estos trastornos subyacentes.
Entre otras causas de desmayos, se incluye un esfuerzo intenso durante el proce-so de defecación, tos vigorosa o hiperventilación.
Los síntomas de la pérdida de conocimiento son:
• Falta de respuesta; es decir, la persona no se despierta si le hablan, tocan o esti-mulan de cualquier otra manera.
• Pérdida del conocimiento, que puede ser breve y temporal (desmayo) o pro-longada. • Desorientación. • Somnolencia. • Estupor. • Mareo. • Palpitaciones. • Dolor de cabeza.
Ausencia temporal de la respiración
La respiración que se hace lenta o se detiene, por cualquier causa, se denomina “apnea”, la cual puede aparecer de vez en cuando o ser temporal. Esto tiende a ocurrir con la apnea obstructiva del sueño. La apnea prolongada significa que la persona ha dejado de respirar y también se denomina “paro respiratorio”.
Nombres alternativos
Disminución o detención de la respiración; Ausencia de la respiración; Paro respi-ratorio; Apnea.
Consideraciones generales
La apnea prolongada (paro respiratorio) es un trastorno potencialmente letal que requiere de primeros auxilios y atención médica inmediata. Si una perso-na con cualquier tipo de apnea se pone de color azul, presenta convulsiones, se debilita o permanece adormecida o inconsciente, se debe buscar atención médica.
Son muchas y diferentes las razones por las que se puede presentar un cuadro de apnea, las causas más comunes en bebés y niños pequeños son, por lo general, muy diferentes de las causas en los adultos. En los bebés y niños pequeños, la cau-sa más común de paro cardiaco (ausencia de latidos cardiacos efectivos) es el paro respiratorio; mientras que en los adultos, generalmente ocurre lo contrario, el paro cardiaco conduce al paro respiratorio.
Causas comunes
Las causas comunes de la apnea en bebés y niños pequeños abarcan: • Nacimiento prematuro. • Bronquiolitis. • Neumonía. • Ahogamiento. • Retención de la respiración. • Convulsiones. • Meningitis. • Encefalitis.
• Reflujo gastroesofágico (acidez). • Asma.
Las causas comunes de la apnea en adultos abarcan: • Apnea obstructiva del sueño.
• Ahogamiento.
• Sobredosis de drogas; en especial drogas como el alcohol, los analgésicos, nar-cóticos, barbitúricos, anestésicos y otros depresores.
• Paro cardiaco.
Otras causas de apnea son: • Ahogamiento inminente.
• Lesión de la cabeza o del tallo cerebral. • Latidos cardiacos irregulares (Arritmias). • Trastornos metabólicos.
• Trastornos del sistema nervioso.
MÉTODOS Y MATERIALES DE PROTECCIÓN DE LA ZONA
En numerosas ocasiones, la emergencia se origina en una vía pública como con-secuencia de un accidente de tráfico. Es de suma importancia la información reci-bida antes de llegar. Ya en el lugar, el equipo analizará la situación, mediante una rápida inspección visual, y establecerá las medidas de seguridad pertinentes para evitar más colisiones o posibles atropellos al personal del equipo durante las maniobras de rescate y estabilización de los heridos. Lo habitual es que el cen-tro de coordinación envíe a la escena del siniescen-tro a ocen-tros equipos de asistencia, como bomberos, Guardia Civil, policía... y sean estos dos últimos cuerpos los que se encarguen de la señalización y de la “distribución” del tráfico. Sin embargo, en ocasiones, es la ambulancia medicalizada la primera en llegar y en disponer las primeras medidas. Si es necesario, se solicitarán refuerzos de todo tipo al cen-tro de coordinación.En algunas situaciones es conveniente sacar fotografías de la escena (si es posible) para averiguar posteriormente el mecanismo lesional. La ambulancia (o el primer vehículo de intervención que llegue) debe estacionarse a una distancia de 15 m del accidente, con una inclinación hacia la mediana de la vía, con respecto al sen-tido de la marcha, de 30 a 35° y una proximidad al arcén adecuada, de manera que no permita el paso de vehículos por el mismo.
Es necesario crear una zona operativa señalizada con conos, así como mantener la ambulancia con la máxima señalización luminosa, tanto de día como de noche, para alertar al resto de conductores. Si el accidente ocupa todos los carri-les de una vía (de dos o varios carricarri-les), ya sea total o parcialmente, es preciso cortar totalmente la carretera o autopista, incluyendo el arcén más alejado del accidente, ya que éste también puede constituir un punto de peligro para quie-nes intervienen. Estas normas pueden variar en función de otros riesgos añadi-dos. Siempre que sea posible, se debe bajar de la ambulancia por el lateral más cercano al accidente, manteniéndose en la “zona de intervención” o “zona de seguridad”.
MEDIDAS DE AUTOPROTECCIÓN PERSONAL
Cuando proporcione primeros auxilios, es importante que se proteja a sí mismo de heridas o infecciones. Antes de atender a un herido, una regla básica consiste en comprobar que la situación es segura. Tenga presente que la infección puede ser un riesgo en heridas menores.
Prevención contra infecciones
La prevención de la infección cruzada (infectarse o transmitir gérmenes a un herido) es una parte importante de la asistencia. Tiene una importancia especial en heridas abiertas. Medidas sencillas como lavarse las manos y usar guantes de un solo uso, propor-cionan una protección adecuada. Existe un riesgo de infección por virus de trans-misión sanguínea como el de Hepatitis B o VIH, pero sólo se transmiten por con-tacto sanguíneo directo: por ejemplo, si la sangre de una persona infectada entra en contacto con la suya a través de un corte.
No hay ninguna evidencia de que este virus se transmita durante una reanimación.
Normas de prevención contra la infección cruzada
Estas normas de prevención le ayudarán a evitar con eficacia la propagación de una infección.
• Si hay instalaciones disponibles, lávese las manos a fondo con agua y jabón antes de atender al herido.
• Cuando proporcione asistencia, use siempre guantes protectores de un solo uso. Si no tiene, pida al herido que él mismo se tape la herida o protéjase con bol-sas de plástico limpias.
• Tápese cualquier herida o rascada en las manos con apósitos impermeables.
• Si la hemorragia es abundante, protéjase usando bata y gafas de plástico.
• Evite tocar una herida o cualquier parte de ropa que haya estado en contacto.
• Durante la asistencia intene no respirar, toser o estornudar sobre una herida.
• Vaya con cuidado de no cortarse con vidrio o pincharse con alguna aguja que se encuentre sobre el herido o a su lado.
• Si dispone de protector o máscara, úselo durante la reanimación.
• Tire los residuos a un lugar seguro.
Tratar con residuos
Una vez acabada la asistencia, deshágase de los residuos para evitar infecciones. Deje los elementos manchados y los guantes en una bolsa de plástico o en una bol-sa para residuos biológicos (amarilla).
Para los objetos puntiagudos, como agujas, habría de utilizar un contenedor de plástico llamado biocontenedor. Cierre la bolsa o depósito de manera segura y eti-quéterl para advertir de que contiene residuos médicos.
BOTIQUÍN DE PRIMEROS AUXILIOS
La función de los botiquines en la realización de los primeros auxilios puede ser vital para la recuperación del enfermo; un botiquín perfectamente equipado pue-de salvar la vida pue-de la persona que haya sufrido un accipue-dente.
De todas formas, recuerde que el concepto de “primeros auxilios” se aplica a los cuidados de urgencia que se proporcionan al accidentado en un primer momen-to, hasta que un equipo sanitario cualificado pueda hacerse cargo de él.
¿Sabía usted que no sólo los hospitales y demás centros sanitarios deben disponer de un botiquín completo?
Es lógico suponer que los centros de asistencia médica disponen de botiquines bien equipados para la práctica de primeros auxilios, pero debe usted saber que, por ejemplo, todos los autobuses tienen la obligación de tener a bordo un botiquín con los productos y materiales necesarios para poder atender una urgencia.
Además, es muy recomendable tener uno en cada domicilio particular, para tra-tar los pequeños accidentes domésticos, tales como quemaduras leves, cortes o golpes.
Un botiquín es un mueble o maleta donde se guardan cierto número de medica-mentos y apósitos que, en conjunto, sirven para un objetivo determinado. Por lo tanto, el botiquín de urgencias estará preparado para atender, precisamente, las situaciones de urgencia más comunes.
Un antídoto universal es una sustancia que neutraliza los efectos venenosos de otra, compuesta por una solución de una parte de sulfato de hierro en dos partes de agua con magnesia.
El botiquín en el domicilio
Aunque se necesita un cierto nivel de conocimientos para la administración y utilización de medicamentos e instrumentos, es aconsejable que cada domicilio particular disponga de un botiquín bien equipado para poder atender posibles urgencias.
Cualquier caja de plástico, de madera o de metal puede convertirse en un buen botiquín doméstico, siempre que contenga lo necesario. La caja, que debe ser manejable y fácil de transportar, deberá tener un cierre seguro para evitar que los niños la abran (los botiquines contienen productos peligrosos que deben mante-nerse fuera del alcance de los niños).
El botiquín debe colocarse en un lugar seco y fresco; ha de evitarse colocarlo en la cocina o en el baño, para mantenerlo apartado de cualquier fuente de calor o humedad, y todos los habitantes de la casa deben conocer su ubicación.
ES IMPORTANTE MANTENER EL BOTIQUÍN EN UN LUGAR FRESCO Y SECO DE LA CASA Y QUE TODOS LOS HABITANTES CONOZCAN SU UBICACIÓN
El botiquín debe ser revisado periódicamente para retirar y sustituir los productos caducados o gastados. No deben guardarse fármacos de uso habitual, puesto que el botiquín está destinado al tratamiento de urgencias imprevistas.
Contenido de un botiquín doméstico: Material de curas:
• Gasas estériles (en sobres de 4 ó 5 unidades). • Un paquete de algodón hidrófilo.
• Agua oxigenada. • Alcohol de 70°.
• Un antiséptico (clorhexidina o povidona yodada). • Esparadrapo hipoalergénico de papel y de tela. • Tiritas de varios tamaños.
• Vendas elásticas y de gasa orillada de varios tamaños, con imperdibles para fijarlas. • Una venda de gasa para improvisar un cabestrillo.
Medicamentos:
• Pomada o compresas especiales para quemaduras.
• Pomada antiinflamatoria para golpes y pomada antihistamínica para picaduras.
Otros materiales: • Termómetro.
• Tijeras de puntas redondeadas. • Pinzas pequeñas.
• Guantes estériles desechables. • Jabón líquido y cepillo para las uñas. • Bolsa de goma para hielo o agua caliente.
Es muy importante también que el botiquín doméstico disponga de un completo manual de primeros auxilios, así como los teléfonos del centro hospitalario más cercano, del médico titular y de un servicio de evacuación y transporte de heridos. Es también aconsejable que en el botiquín figure el teléfono de los bomberos, el de la policía local y el de información toxicológica.
El botiquín de viaje
Los botiquines deben estar presentes en los medios de transporte, ya sean públi-cos o privados. El transporte público (autobuses, trenes y taxis) tiene la obligación de disponer de un botiquín perfectamente equipado y, además, los conductores deben tener conocimientos de primeros auxilios (Figura 4).
El botiquín es útil siempre que se sepa utilizar su contenido. No olvide nunca la máxima de que, en un accidente, es mejor no hacer nada que hacerlo mal.
Recuerda
Figura 4. El botiquín de primeros auxilios para llevar en un automóvil particular, puede consistir
en un recipiente que cierre herméticamente y que sea fácil de abrir. En la tapa puede poner claramente las palabras “primeros auxilios” e, incluso, añadir una lista de lo que contiene.
El autobús es uno de los transportes públicos con mayor número de usuarios; por este motivo es importante que disponga de un botiquín, para hacer frente con garantías a cualquier accidente o situación de emergencia.
El botiquín del autobús debe ser perfectamente manejable y transportable, ade-más de estar situado en un lugar de fácil acceso para el conductor; debe revisar-se de forma periódica para sustituir los elementos caducados o gastados; también debe tener un cierre hermético (sin llave, para facilitar un rápido acceso), que impida que los niños puedan abrirlo.
Es conveniente, en algunos casos (como en viajes de largo recorrido, por ejem-plo), que los pasajeros conozcan la ubicación del botiquín. Otros medios de trans-porte, como el tren, el metro, el avión o el taxi, también deben incluir necesaria-mente en su equipamiento un botiquín de características similares al que se inclu-ye en el autobús.
Finalmente, todo turismo de uso privado debería contar también con un botiquín médico bien equipado; especialmente en trayectos largos, los turismos de uso pri-vado y taxis deben llevar un botiquín de primeros auxilios con los componentes siguientes:
• Guantes desechables (de un solo uso). • Algodón hidrófilo.
• Apósitos y gasas estériles. • Un collar de protección cervical. • Esparadrapo y tiritas.
• Tijeras. • Pinzas. • Imperdibles.
• Una goma elástica (de unos 150 cm de largo y de 5 a 10 cm de ancho) para la práctica de torniquetes.
• Una máscara. • Bicarbonato sódico.
En el resto de medios, al tratarse de transportes de mayor envergadura y, en con-secuencia, con mayor capacidad, los botiquines pueden ser más amplios y conte-ner más elementos como:
• Un cojín hemostático.
• Pomadas para picaduras y golpes. • Vendas de diversos tamaños.
• Algunos fármacos, como analgésicos o antipiréticos. • Jeringuillas, etc.
Pero no sólo los medios de transporte deben disponer de botiquines. También han de estar presentes en todos los centros de trabajo (desde los pequeños nego-cios familiares hasta las más grandes multinacionales), en las escuelas y, en gene-ral, en cualquier lugar en el que se reúna mucha gente (salas de fiestas, estadios deportivos, etc.).
Dichos botiquines estarán dotados, como mínimo, de los siguientes materiales: • Agua oxigenada.
• Povidona yodada. • Tul engrasado.
• Pomada para quemaduras. • Gasas estériles.
• Vendas (como mínimo, dos de 5 x 5 cm y dos de 10 x 10 cm). • Esparadrapo.
• Tiritas.
• Un torniquete o goma para hacer compresión.
• Guantes estériles de un solo uso (un mínimo de dos pares). • Pinzas y tijeras.
• Pomada antiinflamatoria.
• Analgésicos (paracetamol y ácido acetilsalicílico).
Como puede usted imaginar, tan importante es que el botiquín esté bien equipa-do como que cuente también con un completo manual de primeros auxilios. Un buen uso del material del botiquín puede ser vital para controlar una situación de emergencia hasta la supervisión o intervención de un médico.
Habrá podido apreciar la importancia que tienen los primeros auxilios. Evidentemente, todos los profesionales sanitarios deben tener conocimientos de cómo realizarlos, pero el ideal es que toda la población sepa cómo actuar ante una situación de emergencia.
PRIORIDADES DE ACTUACIÓN CON MÚLTIPLES VÍCTIMAS.
MÉTODOS DE TRIAJE SIMPLE
En un accidente con múltiples víctimas, el orden de atención se establece según las prioridades de asistencia, que se basan en los distintos niveles de urgencia; para ello, debe realizarse una clasificación de los accidentados en función de la
gravedad y el peligro que presenten, de modo que se asigna un orden de prefe-rencia a los heridos, estando siempre en los primeros puestos los de mayor grave-dad. Debe respetarse siempre esta escala de prioridades, por lo que, por ejemplo, no debe socorrerse en primer lugar a la víctima que más se queje o más gritos pro-fiera, puesto que puede no ser quien más lo necesite. Para determinar el orden de prioridades, debe realizarse una evaluación urgente y rápida de los diferentes accidentados, comprobando, en primer lugar, los aspectos siguientes: si sus vías respiratorias permanecen abiertas, si existe latido cardiaco y respiración espontá-nea, si hay hemorragia abundante y si está consciente o no.
En el caso de que se observe alguna o varias de las cuatro primeras circunstan-cias, el accidentado tendrá prioridad de asistencia. En caso contrario, el herido podrá ser atendido con posterioridad (aunque no más de seis horas después del accidente).
Para la realización de la clasificación de los accidentados en función de su grave-dad, existe un código de colores para establecer la prioridad de asistencia de los heridos; se trata de unas tarjetas en las que debe figurar, si se conoce, el nombre de la persona atendida, la prioridad y un esquema de las lesiones sufridas. Se establecen los siguientes colores para las tarjetas:
• Roja: se utiliza para las prioridades absolutas, es decir, para aquellos casos en los que la víctima necesite una actuación inmediata por estar en peligro de muerte. La tarjeta roja implica asistencia en un tiempo máximo de 5 minutos y una eva-cuación inmediata del herido; se aplica a los accidentados que presentan un esta-do de emergencia vital, como parada cardiorrespiratoria, insuficiencia respirato-ria aguda, hemorragias importantes (superiores a 1 L de sangre), heridas toráci-cas o abdominales abiertas, quemaduras profundas, estado de coma profundo, estado de choque severo y traumatismos craneoencefálicos.
• Amarilla: también llamada tarjeta de primera urgencia, se asigna a los casos en que el accidentado necesita una atención inmediata, aunque su vida no corra peligro inmediato (el peligro aparecerá en caso de sufrirse demora en la asis-tencia). Se asigna una tarjeta amarilla a los accidentados que presenten patolo-gías urgentes no graves, como el estado de choque o coma, fracturas y heridas abiertas, politraumatismos, traumatismos vertebrales o craneoencefálicos seve-ros -en pacientes conscientes-, quemaduras de segundo grado, etc.
• Verde: se asigna a las urgencias sin prioridad, esto es, a aquellos casos en que la vida del paciente no corre ningún peligro. La tarjeta verde se asigna a los
accidentados que sufren una patología leve no urgente, como fracturas meno-res cerradas, heridas y quemaduras de poca consideración, estrés psíquico, etc. • Negra: esta tarjeta se asigna a aquellos accidentados desahuciados, no recupera-bles o cadáveres. Se usa la tarjeta negra en caso de traumatismo con pérdida de masa encefálica, lesión vertebral grave, quemaduras superiores al 40% y en heri-dos mayores de 60 años con lesiones graves, accidentaheri-dos con lesiones mortales o cuando se ignore el tiempo que ha durado una parada cardiorrespiratoria. Debe asistirse, primero, a los accidentados a los que se les asigne una tarjeta roja, por presentar los síntomas más graves; luego han de ser atendidos los heridos seña-lados con una tarjeta amarilla y, por último, los accidentados con tarjeta verde. A los heridos a los que se les haya asignado una tarjeta negra se les procurará todo el bienestar posible, hasta que su situación se vuelva irreversible de forma definitiva o hasta que el personal sanitario se haga cargo de ellos.
En los casos de accidente con un sólo herido, debe establecerse también la priori-dad de asistencia de las diferentes heridas que haya podido sufrir, es decir, si un accidentado presenta diversas contusiones, por ejemplo, la ausencia de respira-ción espontánea y una fractura abierta de tibia y peroné, los primeros auxilios se dirigirán, primero, a la recuperación de la respiración, luego se procederá a la inmovilización de la fractura y, en último lugar, al tratamiento de las contusiones, atendiendo primero las lesiones más graves.
SIGNOS Y SÍNTOMAS DE URGENCIA
Un accidente, por su propia definición, puede ocurrir en cualquier momento y lugar. Sus consecuencias abarcan desde un sencillo corte en un dedo hasta la muerte del afectado.
¿Quién puede atenderle? Lo más lógico sería acudir a un centro sanitario, pero, como puedes suponer, no siempre es posible este desplazamiento (Figura 5). Por esto, es necesario un conocimiento profundo de los primeros auxilios, para atender al herido hasta que puedan hacerlo los profesionales.
Se conoce como urgencia a toda situación que requiera una asistencia médica de forma inmediata (en un tiempo no superior a seis horas una vez producido el per-cance o accidente).
Figura 5. Ante una
urgencia, tras mantener la calma y tranquilizar a la víctima, hay que pedir ayuda de forma urgente.
Pueden distinguirse dos tipos de urgencia:
• Real:es cuando se produce una o varias alteraciones que ponen en peligro, de forma inmediata, la vida o las funciones vitales de la víctima.
• Figurada: es la situación de urgencia provocada por una o varias alteraciones sin importancia o por una situación de estrés.
Debe introducirse, en este punto, el concepto de emergencia, que puede conside-rarse una situación de urgencia muy grave en la que la víctima corre un peligro inmediato de muerte (si no se trata correctamente una situación de emergencia, el accidentado puede morir en menos de una hora) o en la que sus funciones vita-les pueden verse seriamente alteradas.
Pueden distinguirse tres tipos distintos de emergencia:
• Extrema: también llamada “emergencia absoluta”. Se da en aquellas situacio-nes que precisan una asistencia inmediata, puesto que la vida del accidentado está en serio peligro.
• Primera emergencia: a pesar de no tratarse de situaciones mortales, si no se atienden con la rapidez y la corrección adecuadas puede sobrevenir la muerte.
• Segunda emergencia: no supone peligro de muerte para el accidentado y el tra-tamiento y la evacuación del herido pueden demorarse, aunque nunca más de seis horas.
VALORACIÓN DEL NIVEL DE CONSCIENCIA
Como has podido apreciar en los anteriores apartados, los primeros auxilios son muy a menudo una cuestión de vida o muerte, en la que la correcta evaluación del estado del accidentado puede significar tanto como la posterior aplicación de los cuidados. Entre los parámetros que hay que tener en cuenta, encontramos el estado de consciencia, que no sólo proporciona información sobre el grado de daño que ha sufrido el enfermo, sino que también modifica las pautas que hay que seguir al hacerse cargo de él.
En este apartado explicaremos los diferentes grados de consciencia y las causas que pueden provocar una pérdida de la misma.
La conciencia es el conocimiento intuitivo o reflexivo que el individuo tiene de sí mismo y de sus cambios, del medio que lo rodea y de sus modificaciones; mientras que el término conscien-te alude al individuo que siente y piensa con conocimiento.
Un ser humano está en estado consciente cuando siente y piensa con conocimien-to o conciencia.
Existen diferentes grados de alteración de la consciencia, dependiendo del esta-do que presente el accidentaesta-do en el momento de recibir los primeros auxilios: • Vigilia: en este estado, el afectado se encuentra con los ojos abiertos,
perfecta-mente consciente y responde a los estímulos externos.
• Obnubilación: el afectado mantiene los ojos abiertos pero existe tendencia a perder momentáneamente el conocimiento; además, está desorientado y mues-tra cierta indiferencia a los diferentes estímulos.
• Sopor: el afectado se encuentra dormido y sólo logra cierta lucidez momentá-nea mediante estímulos verbales (sopor superficial) o mediante estímulos dolo-rosos (sopor profundo).
• Coma: el afectado está inconsciente y no responde a ningún tipo de estímulo. Existen, a su vez, diferentes grados de coma, desde el coma momentáneo, del que el accidentado puede recuperarse en breves instantes, hasta el estado de muerte cerebral, irreversible, por no existir actividad en el cerebro.
La falta de sangre y oxígeno en los órganos vitales puede ser producida por diferentes alteraciones del sistema circulatorio que, en más de una ocasión, dejarán al afectado inconsciente.
Las causas que pueden provocar una pérdida de la consciencia son:
• Causas que afectan directamente al cerebro: son situaciones en que el cerebro sufre daño de forma directa, generalmente por heridas o golpes en la cabeza. • Causas que limitan el aporte de sangre y oxígeno al cerebro, de manera que deja de realizar sus funciones. Las lipotimias o los infartos de miocardio pro-vocan este tipo de limitación.
• Causas que provocan una compresión del cerebro: al hacer presión sobre el cerebro, se produce una disminución de la irrigación sanguínea. La meningi-tis puede provocar una compresión cerebral.
• Alteraciones químicas de la sangre: ciertas sustancias (veneno, drogas, etc.) pueden provocar una disminución del oxígeno en la sangre.
• Alteración del funcionamiento del cerebro: ciertas dolencias, tales como con-vulsiones o ataques epilépticos, pueden afectar las funciones propias del cerebro provocando una pérdida del conocimiento.
TOMA DE CONSTANTES VITALES
La respiración
La frecuencia respiratoria normal es de 16 a 20 rpm (se cuenta como “respiración” a la suma de inspiración y espiración). El aumento de dicha frecuencia, o taquip-nea, se produce de manera fisiológica tras el ejercicio o la excitación; igualmen-te, la permanencia en alturas considerables o en grandes profundidades acelera el ritmo respiratorio.
La bradipnea, o disminución de la frecuencia respiratoria, se presenta fisiológica-mente durante el sueño. Patológicafisiológica-mente, se da con intoxicaciones por opio, bar-bitúricos, alcohol, ácido carbónico, ácido cianhídrico, estados de choque, etc. La disnea es la dificultad para respirar. Desde que la respiración deja de ser un reflejo inconsciente para convertirse en un acto consciente empieza la disnea. Dado que la respiración normal depende de muchos factores, son muchas tam-bién las posibles causas de disnea: la falta de oxígeno en el aire, la falta o escasez de hemoglobina en la sangre, la obstrucción de las vías respiratorias, etc.
Pulso: manera de apreciarlo y datos que suministra
El pulso es la trasmisión a todas las arterias del organismo del impulso cardiaco sistólico, esto es, la contracción del corazón. Por ello, puede ser apreciado en cual-quier parte del cuerpo en que exista una arteria cerca de la superficie de la piel y, mejor aún, si descansa sobre el plano duro de un hueso.
La arteria más utilizada para valorar el pulso es la radial, localizada en la parte externa de la cara anterior de la muñeca. También puede explorarse en la caróti-da, a ambos lados de la garganta. Otros puntos utilizados para valorar el pulso son las arterias temporales, sobre las sienes; la femoral, sobre las ingles, y la poplí-tea, en el hueco de la cara posterior de la rodilla.
Por la facilidad de su localización y por su importancia, al informarnos sobre la irrigación sanguínea cerebral, el pulso carotídeo es el que debemos valorar prio-ritariamente en una situación de primeros auxilios. Este pulso se debe buscar a la altura de las arterias carótidas, situadas superficialmente a ambos lados de la línea media del cuello.
El auxiliador procederá de la siguiente forma:
Se colocará al lado de la víctima, situará los dedos índice y medio en la línea media del cuello (a la altura de la laringe) y, deslizándolos unos dos centímetros a uno de los lados, presionará con los dedos suavemente, intentando localizar de este modo el pulso.
Conviene señalar que no se deben palpar ambas carótidas a la vez, puesto que si se interrumpe o dificulta el paso de sangre al cerebro, puede ponerse en peligro al herido.
GENERALMENTE, LA ARTERIA UTILIZADA PARA VALORAR EL PULSO ES LA RADIAL, QUE SE LOCALIZADA EN LA PARTE EXTERNA DE LA CARA ANTERIOR DE
LA MUÑECA.
Aunque son tres las características del pulso -a saber, frecuencia, ritmo y ampli-tud-, a nosotros nos interesa fundamentalmente la primera. La frecuencia normal del pulso es muy variable en un adulto sano. En reposo suele ser de 60 a 80 pul-saciones por minuto, con variaciones que oscilan entre las 44, en individuos robus-tos y entrenados (Ej.: Miguel Indurain), y las 90 ó 100, en sujerobus-tos más débiles o nerviosos, así como en niños.
El aumento de frecuencia se denomina taquicardia: de manera fisiológica se pre-senta tras el ejercicio, la excitación nerviosa o las comidas abundantes. De forma patológica, la fiebre, un choque traumático, hemorragias, infarto de miocardio, entre otras, desencadenan la taquicardia.
El pulso lento se denomina bradicardia, que, desde un punto de vista fisiológico, se manifiesta durante el sueño y en atletas en reposo. Si es muy lento (inferior a 40 pulsaciones por minuto), debe hacernos pensar en una lesión cardiaca (sobre todo si el individuo sufre desvanecimiento o disnea) o cerebral (en los traumatismos de tipo craneoencefálico).
Presión arterial: Información que aporta
La presión arterial, también conocida como tensión arterial, es la presión que ejer-ce la sangre contra las paredes de las arterias. Depende de la energía de la activi-dad del corazón, la elasticiactivi-dad de las paredes arteriales y el volumen y viscosiactivi-dad de la sangre.
La presión máxima se produce cerca del final del latido de expulsión del ventrícu-lo izquierdo del corazón, llamada “presión máxima” o “sistólica”. Ésta refleja el
volumen de sangre circulante. Su descenso puede deberse a una pérdida de san-gre masiva, caso del choque.
La presión mínima se produce en la parte final de la diástole ventricular, llamada “presión mínima” o “diastólica”. Este tipo de presión va a reflejar el diámetro de las arterias, su descenso se debería a la dilatación de las mismas y viceversa. Debemos de tener en cuenta que, a la hora de aplicar unos primeros auxilios, no nos va a ser posible medir la presión arterial, debido a que se requieren unos medios materiales de los que se va a carecer. En estas situaciones, nos interesará conocer aquellos signos y síntomas que nos van a indicar su alteración en deter-minadas circunstancias.
Coloración del rostro
Dentro de la normalidad, existe una gran variación entre unos individuos y otros, por lo que se refiere a la coloración de la cara y de toda la piel del cuerpo. No obstante, en los estados patológicos, las alteraciones de la coloración, aprecia-das con objetividad, pueden sernos muy útiles para el diagnóstico.
TERMINOLOGÍA MÉDICO-SANITARIA
Además de los conceptos de “pulso”, “tensión arterial”, “respiración” y “colora-ción” del accidentado, es asimismo importante también conocer otros conceptos previos a la valoración del accidentado, que son los signos y los síntomas:
Signos y síntomas
SÍNTOMA: manifestación de una alteración orgánica o funcional apreciable sola-mente por el paciente. (Ej.: el dolor.)
SIGNO: manifestación de una alteración orgánica o funcional apreciable tanto por el paciente como por un observador. (Ej.: convulsiones, deformación de un miembro...)
Esto es, los síntomas son subjetivos, mientras que los signos son objetivos. Ambos nos van a proporcionar información sobre el estado del herido. Para conocer los síntomas, es necesario recurrir al interrogatorio, mientras que para conocer los signos usaremos la exploración, esto es, inspección y palpación.
La inspección permite apreciar, mediante observación, el estado general del heri-do, el color de su rostro, la deformidad de un miembro fracturaheri-do, la
importan-cia de una quemadura, etc. Mediante la palpación, podemos apreimportan-ciar la frecuen-cia y regularidad del pulso, el dolor localizado en una contusión, etc.
Finalmente, ciertos datos de exploración solamente podremos obtenerlos median-te el empleo de aparatos auxiliares, tales como el median-termómetro, para medir la median- tem-peratura, o el esfigmomanómetro, para la presión arterial.
SECUENCIAS DE ACTUACIÓN SEGÚN EL PROTOCOLO ILCOR
El Comité Internacional de Enlace sobre Resucitación (ILCOR)) se formó en 1992 para unificar los protocolos de reanimación cardiovascular y cerebral.Sus objetivos son:
• Proporcionar una plataforma de discusión y coordinación en todos los aspectos acerca de la reanimación cardiopulmonar y cerebral.
• Impulsar la investigación científica.
• Ofrecer información y educar en la reanimación cardiopulmonar y cerebral.
ILCOR editó las primeras guías CPR en el 2005, revisando sus protocolos en el 2005, siendo la próxima revisión en el 2010. En la guía, ILCOR detalla el algoritmo de la animación cardiovascular en adultos y en niños (esquemas siguientes).
Comprobar consciencia
Inconsciente
Gritar pidiendo ayuda
Abrir via aérea
Comprobar si respira durante 10 seg.
Comprobar pulso entre 5 y 10 seg.
Posición de seguridad SI
Continuar ventilando y comprobar pulso cada minuto
Masaje cardíaco externo alternando con ventilaciones 2:15 Ventilaciones
n
n
n
n
EXISTE NO EXISTEn
n
n
n
EstimularAbrir via aérea
Comprobar ventilación
Realizar 5 ventilaciones
Comprobar pulso (10 seg. máximo)
Continuar 1 ventilación / 5 compresiones 100 comp/min Posición de seguridad SI VENTILACIÓN INEFICAZ Volver a abrir vía aérea y ventilar nuevamente 5 veces. Si no ventila,
tratar obstrucción de vía aérea.
Iniciar masaje
n
n
n
n
NOn
n
n
Algoritmo de RCP básico recomendado por el ILCOR para adultos
• Los primeros auxilios son aquellos que se realizan en un primer momento y de forma rápida en caso de una enfermedad de brusca aparición o de un accidente, hasta que la víctima pueda recibir la asistencia específica necesaria por parte de los profesiona-les sanitarios.
• En casos en que la persona que presta los primeros auxilios no tenga los conocimien-tos adecuados, debe seguirse la máxima que dice: es mejor no hacer nada antes que hacerlo mal. Una incorrecta realización de los primeros auxilios puede empeorar seria-mente el estado del herido.
• Los primeros auxilios no se fundamentan en principios religiosos, caritativos o mora-listas, pues, si bien no los desempeña, cobra su base más sólida en principios de estric-ta justicia social, en la idea de servicio al hombre por su condición de persona.
• Los tipos de accidentes más frecuentes son: contusiones, quemaduras, congelaciones, fracturas, luxaciones, hemorragias y heridas.
• Los signos de compromiso vital son la pérdida del conocimiento, la falta de respira-ción y la ausencia de pulso.
• Para determinar el orden de prioridades debe realizarse una evaluación urgente y rápida de los diferentes accidentados, comprobando en primer lugar los aspectos siguientes: si sus vías respiratorias permanecen abiertas, si existe latido cardiaco y respiración espontánea, si hay hemorragia abundante y si está consciente o no.