Hans Urs von Balthasar
Hans Urs von Balthasar
**Wer ist ein Christ? Wer ist ein Christ? **
http://www.merc
http://www.mercaba.org/FICHAS/CRISTIaba.org/FICHAS/CRISTIANO/quien_es_criANO/quien_es_cristiano.htmstiano.htm
Aparen
Aparentemetemente, la nte, la pregupregunta nta "¿Qui"¿Quién én es es criscristiano?tiano?" " parecparece e tenetenerr un
una a rerespspueueststa a sesencncilillala. . PePero ro cucuanando do los los "e"espspececiaialiliststasas" " y y loslos creyentes de a pie se la plantean, brotan innumerables cuestiones creyentes de a pie se la plantean, brotan innumerables cuestiones que la hacen enormemente compleja. Y sin
que la hacen enormemente compleja. Y sin embargo, el cristiano deembargo, el cristiano de cada época se ha visto urgido a dar su respuesta. Balthasar nos cada época se ha visto urgido a dar su respuesta. Balthasar nos invita también a nosotros a ello.
invita también a nosotros a ello.
CONTENIDO CONTENIDO 1.
1. Pequeñas escaramuzasPequeñas escaramuzas.. Una pregunta sutil
Una pregunta sutil Penoso aislamiento Penoso aislamiento
Por la estadística, a la ética Por la estadística, a la ética El peso de los muertos El peso de los muertos El crepúsculo de las i
El crepúsculo de las imágenesmágenes
Reflexiones sobre lo controlable y lo
Reflexiones sobre lo controlable y lo insospechadoinsospechado 2.
2. De espaldas a Dios, o crítica de la tendenciaDe espaldas a Dios, o crítica de la tendencia
La ambigüedad de lo necesario La ambigüedad de lo necesario Tendencia a la B
Tendencia a la Bibliaiblia Tendencia a la l
Tendencia a la liturgiaiturgia Tendencia a la e
Tendencia a la ecumenecumene Tendencia al «
Tendencia al «mundo secular»mundo secular» 3.
3. Dios ante nosotros, o ¿quién es cristiano?Dios ante nosotros, o ¿quién es cristiano?
Directament
Directamente al e al núcleonúcleo ¿Cómo concordar lo
¿Cómo concordar lo discordante?discordante? El punto central
El punto central La alianza y el «sí» La alianza y el «sí»
Esto lleva más lejos de lo que piensas Esto lleva más lejos de lo que piensas El
El evevaangngeelilio o ssólólo o es es bubueena na nonotiticicia a paparra a eel l popobrbre. e. PPrrimimaado do de de lala contemplación
contemplación El sentido de l
El sentido de la afirmación «de una vez para siempre»a afirmación «de una vez para siempre» ¿Quién es cristiano mayor de edad?
¿Quién es cristiano mayor de edad? Existencia en misión
Existencia en misión
El amor, forma de la vida
El amor, forma de la vida cristianacristiana ¿Qué significa
¿Qué significa «practica«practicar»?r»? 4.
Cómo sirve un cristiano al mundo
Cómo sirve un cristiano al mundo y cómo no. Una única apuesta, a pesar dey cómo no. Una única apuesta, a pesar de todo
todo
Una Iglesia que se humilla Una Iglesia que se humilla
La oración, la esperanza y la profanidad La oración, la esperanza y la profanidad
Pequeñas escaramuzas Pequeñas escaramuzas
Una pregunta sutil Una pregunta sutil
¿Quién es capaz de responder a todos esos jóvenes que a menudo hoy se ¿Quién es capaz de responder a todos esos jóvenes que a menudo hoy se siguen haciendo preguntas? Ellos miran la realidad que les envuelve y no siguen haciendo preguntas? Ellos miran la realidad que les envuelve y no pu
puededen en popor r memenonos s de de prpregegununtatar r cocon n su su cacararactctererísístitica ca dedescscononfifiananzaza sistemática. Y, en algunas cosas, tal vez no les falte razón. Pues, por ejemplo, sistemática. Y, en algunas cosas, tal vez no les falte razón. Pues, por ejemplo, los que se denominan cristianos, ¿en qué se basan para autocalificarse así? los que se denominan cristianos, ¿en qué se basan para autocalificarse así? ¿Tal vez en la costumbre, en la tradición, en lo que aprendieron de memoria ¿Tal vez en la costumbre, en la tradición, en lo que aprendieron de memoria durante los años de instrucción religiosa? Pero ¿cuál es el fundamento de todo durante los años de instrucción religiosa? Pero ¿cuál es el fundamento de todo esto? ¿Qué criterio justifica la tradición, el catecismo, la práctica sacramental? esto? ¿Qué criterio justifica la tradición, el catecismo, la práctica sacramental? ¿El evangelio? Sin embargo, el evangelio ve las cosas de una forma bien ¿El evangelio? Sin embargo, el evangelio ve las cosas de una forma bien distinta.
distinta.
Por otro lado, hay que buscar la mediación del magisterio de la Iglesia. Pero Por otro lado, hay que buscar la mediación del magisterio de la Iglesia. Pero con frecuencia resulta difícil, pues nos enfrenta directamente con los orígenes. con frecuencia resulta difícil, pues nos enfrenta directamente con los orígenes. En
En esese e momomementnto o es es cucuanando do cocomemenznzamamos os a a mimirararnrnos os ununos os a a ototroros s coconn des
desconconfiafianza nza y y empempieziezan an ententre re nosnosotrotros os las las ineinevitvitablables es disdisputputas as sosobre bre lala pretensión del clero de conocer perfectamente la intención del Fundador, de pretensión del clero de conocer perfectamente la intención del Fundador, de interpretarla de forma ortodoxa y
interpretarla de forma ortodoxa y de imponérsela a las conciencias.de imponérsela a las conciencias.
Pero, como toda interpretación lleva la impronta de la época a la que se dirige Pero, como toda interpretación lleva la impronta de la época a la que se dirige -¿y quién puede reprochárselo?-, es inevitable que, al cambiar el espíritu de la ¿y quién puede reprochárselo?-, es inevitable que, al cambiar el espíritu de la época, cada una de las interpretaciones defendidas con tanto énfasis pierdan época, cada una de las interpretaciones defendidas con tanto énfasis pierdan act
actuaualidlidad ad y y paparezrezcacan n irreirrelevlevantantes, es, esqesquemuemátiáticacas s o o incinclusluso o molmolestestas. as. EsEs entonces inevitable el que muchas doctrinas se vean como mera «ideología» entonces inevitable el que muchas doctrinas se vean como mera «ideología» de un tiempo y
de un tiempo y que sea imprescindible un nuevoque sea imprescindible un nuevo aggiornamento.aggiornamento.
H
Haay y qquuiieennees s aaddmmiriraan n hhoonneessttaammeenntte e lla a ppeerreennnne e ««ccaappaacciiddaad d ddee rejuvenecimiento» de la Iglesia; otros lamentan en privado que unas doctrinas rejuvenecimiento» de la Iglesia; otros lamentan en privado que unas doctrinas defendidas tenazmente durante tanto tiempo sean abandonadas, arrumbadas, defendidas tenazmente durante tanto tiempo sean abandonadas, arrumbadas, des
desmanmantelteladaadas s cocomo mo eleelemenmentos tos susuperperfinfinos os o o babastistioneones s antanticuicuadoados. s. JusJustoto entonces aflora con más sutileza, si cabe, la pregunta:" ¿Dónde está en entonces aflora con más sutileza, si cabe, la pregunta:" ¿Dónde está en definitiva el criterio? Como lo histórico es tan movedizo, la mirada retrocede, definitiva el criterio? Como lo histórico es tan movedizo, la mirada retrocede, más inquisitiva, a los orígenes: ¿Dónde se encuentra el fundamento roqueño más inquisitiva, a los orígenes: ¿Dónde se encuentra el fundamento roqueño que permita contestar de modo inequívoco la
que permita contestar de modo inequívoco la pregunta «quién es cristiano»?pregunta «quién es cristiano»? Y si la pregunta no me urge personalmente, me apremia al menos el entorno. Y si la pregunta no me urge personalmente, me apremia al menos el entorno. Si soy padre, mi hijo quiere saber, y no puedo fingir que estoy enterado y Si soy padre, mi hijo quiere saber, y no puedo fingir que estoy enterado y engañar su conciencia. Si soy profesor, abuso de mi autoridad vendiendo a los engañar su conciencia. Si soy profesor, abuso de mi autoridad vendiendo a los alumnos cosas por las que no puedo poner la mano en el fuego. Si soy alumnos cosas por las que no puedo poner la mano en el fuego. Si soy compañero o colega, el amigo o enemigo que está junto a mí exige una compañero o colega, el amigo o enemigo que está junto a mí exige una
Cómo sirve un cristiano al mundo
Cómo sirve un cristiano al mundo y cómo no. Una única apuesta, a pesar dey cómo no. Una única apuesta, a pesar de todo
todo
Una Iglesia que se humilla Una Iglesia que se humilla
La oración, la esperanza y la profanidad La oración, la esperanza y la profanidad
Pequeñas escaramuzas Pequeñas escaramuzas
Una pregunta sutil Una pregunta sutil
¿Quién es capaz de responder a todos esos jóvenes que a menudo hoy se ¿Quién es capaz de responder a todos esos jóvenes que a menudo hoy se siguen haciendo preguntas? Ellos miran la realidad que les envuelve y no siguen haciendo preguntas? Ellos miran la realidad que les envuelve y no pu
puededen en popor r memenonos s de de prpregegununtatar r cocon n su su cacararactctererísístitica ca dedescscononfifiananzaza sistemática. Y, en algunas cosas, tal vez no les falte razón. Pues, por ejemplo, sistemática. Y, en algunas cosas, tal vez no les falte razón. Pues, por ejemplo, los que se denominan cristianos, ¿en qué se basan para autocalificarse así? los que se denominan cristianos, ¿en qué se basan para autocalificarse así? ¿Tal vez en la costumbre, en la tradición, en lo que aprendieron de memoria ¿Tal vez en la costumbre, en la tradición, en lo que aprendieron de memoria durante los años de instrucción religiosa? Pero ¿cuál es el fundamento de todo durante los años de instrucción religiosa? Pero ¿cuál es el fundamento de todo esto? ¿Qué criterio justifica la tradición, el catecismo, la práctica sacramental? esto? ¿Qué criterio justifica la tradición, el catecismo, la práctica sacramental? ¿El evangelio? Sin embargo, el evangelio ve las cosas de una forma bien ¿El evangelio? Sin embargo, el evangelio ve las cosas de una forma bien distinta.
distinta.
Por otro lado, hay que buscar la mediación del magisterio de la Iglesia. Pero Por otro lado, hay que buscar la mediación del magisterio de la Iglesia. Pero con frecuencia resulta difícil, pues nos enfrenta directamente con los orígenes. con frecuencia resulta difícil, pues nos enfrenta directamente con los orígenes. En
En esese e momomementnto o es es cucuanando do cocomemenznzamamos os a a mimirararnrnos os ununos os a a ototroros s coconn des
desconconfiafianza nza y y empempieziezan an ententre re nosnosotrotros os las las ineinevitvitablables es disdisputputas as sosobre bre lala pretensión del clero de conocer perfectamente la intención del Fundador, de pretensión del clero de conocer perfectamente la intención del Fundador, de interpretarla de forma ortodoxa y
interpretarla de forma ortodoxa y de imponérsela a las conciencias.de imponérsela a las conciencias.
Pero, como toda interpretación lleva la impronta de la época a la que se dirige Pero, como toda interpretación lleva la impronta de la época a la que se dirige -¿y quién puede reprochárselo?-, es inevitable que, al cambiar el espíritu de la ¿y quién puede reprochárselo?-, es inevitable que, al cambiar el espíritu de la época, cada una de las interpretaciones defendidas con tanto énfasis pierdan época, cada una de las interpretaciones defendidas con tanto énfasis pierdan act
actuaualidlidad ad y y paparezrezcacan n irreirrelevlevantantes, es, esqesquemuemátiáticacas s o o incinclusluso o molmolestestas. as. EsEs entonces inevitable el que muchas doctrinas se vean como mera «ideología» entonces inevitable el que muchas doctrinas se vean como mera «ideología» de un tiempo y
de un tiempo y que sea imprescindible un nuevoque sea imprescindible un nuevo aggiornamento.aggiornamento.
H
Haay y qquuiieennees s aaddmmiriraan n hhoonneessttaammeenntte e lla a ppeerreennnne e ««ccaappaacciiddaad d ddee rejuvenecimiento» de la Iglesia; otros lamentan en privado que unas doctrinas rejuvenecimiento» de la Iglesia; otros lamentan en privado que unas doctrinas defendidas tenazmente durante tanto tiempo sean abandonadas, arrumbadas, defendidas tenazmente durante tanto tiempo sean abandonadas, arrumbadas, des
desmanmantelteladaadas s cocomo mo eleelemenmentos tos susuperperfinfinos os o o babastistioneones s antanticuicuadoados. s. JusJustoto entonces aflora con más sutileza, si cabe, la pregunta:" ¿Dónde está en entonces aflora con más sutileza, si cabe, la pregunta:" ¿Dónde está en definitiva el criterio? Como lo histórico es tan movedizo, la mirada retrocede, definitiva el criterio? Como lo histórico es tan movedizo, la mirada retrocede, más inquisitiva, a los orígenes: ¿Dónde se encuentra el fundamento roqueño más inquisitiva, a los orígenes: ¿Dónde se encuentra el fundamento roqueño que permita contestar de modo inequívoco la
que permita contestar de modo inequívoco la pregunta «quién es cristiano»?pregunta «quién es cristiano»? Y si la pregunta no me urge personalmente, me apremia al menos el entorno. Y si la pregunta no me urge personalmente, me apremia al menos el entorno. Si soy padre, mi hijo quiere saber, y no puedo fingir que estoy enterado y Si soy padre, mi hijo quiere saber, y no puedo fingir que estoy enterado y engañar su conciencia. Si soy profesor, abuso de mi autoridad vendiendo a los engañar su conciencia. Si soy profesor, abuso de mi autoridad vendiendo a los alumnos cosas por las que no puedo poner la mano en el fuego. Si soy alumnos cosas por las que no puedo poner la mano en el fuego. Si soy compañero o colega, el amigo o enemigo que está junto a mí exige una compañero o colega, el amigo o enemigo que está junto a mí exige una
información mayor aún que el discípulo al profesor. Y no es tan fácil engañarle. información mayor aún que el discípulo al profesor. Y no es tan fácil engañarle. Si no me interrogo yo mismo, queda claro que los demás me obligan a hacerlo. Si no me interrogo yo mismo, queda claro que los demás me obligan a hacerlo.
Penoso aislamiento Penoso aislamiento
La situación del cristiano interrogado e interrogante es de una soledad sin La situación del cristiano interrogado e interrogante es de una soledad sin precedentes. Siempre hubo, hasta ahora, un punto
precedentes. Siempre hubo, hasta ahora, un punto de conexión para el diálogode conexión para el diálogo religioso. Había al menos un fondo común de total fiabilidad,
religioso. Había al menos un fondo común de total fiabilidad, y sólo se debatíany sólo se debatían diferencias secundarias. La situación de Pablo en el Areópago después de su diferencias secundarias. La situación de Pablo en el Areópago después de su paseo matinal por los templos y santuarios de Atenas, nos parece envidiable. paseo matinal por los templos y santuarios de Atenas, nos parece envidiable. Sus
Sus intinterlerlocuocutortores es eraeran n «mu«muy y relreligiigiosoosos»: s»: veíveían an la la divdiviniinidad dad en en todtodos os loslos rincones del universo y, además, no tenían el menor reparo en creer con rincones del universo y, además, no tenían el menor reparo en creer con mayor o menor certeza en distintas revelaciones y admitir los cultos estatales. mayor o menor certeza en distintas revelaciones y admitir los cultos estatales. A
A Pablo Pablo le le basta basta con con revelar revelar al al «Dios «Dios desconocido» desconocido» y y presentar presentar la la muerte muerte yy resurrección de Cristo como elemento diferencial respecto a
resurrección de Cristo como elemento diferencial respecto a los otros cultos.los otros cultos. Más tarde tuvo que habérselas con Roma, y el encuentro fue muy duro;
Más tarde tuvo que habérselas con Roma, y el encuentro fue muy duro; pero elpero el triu
triunfo nfo llellegó gó relrelatiativamvamentente e proprontonto. . Y Y posposterteriormiormentente, e, el el diádiáloglogo o relreligiigiosooso du
durarantnte e la la EdEdad ad MeMedidia, a, el el ReRenanacicimimienento to y y el el BaBarrrrococo, o, la la IluIluststraracición ón y y elel Idealismo, hasta el siglo pasado, se produjo dentro del marco del diálogo Idealismo, hasta el siglo pasado, se produjo dentro del marco del diálogo paulino en el Areópago.
paulino en el Areópago.
Tomás de Aquino discute con los judíos y los «paganos» (en realidad, con el Tomás de Aquino discute con los judíos y los «paganos» (en realidad, con el Islam): un presupuesto común es la creencia básica en la divinidad como algo Islam): un presupuesto común es la creencia básica en la divinidad como algo distinto del mundo; otro, el carácter personal de Dios y su revelación por medio distinto del mundo; otro, el carácter personal de Dios y su revelación por medio de uno o varios profetas
de uno o varios profetas históricos.históricos.
Desde tales premisas elaboran Roger Bacon, Ramón Llull y Nicolás de Cusa Desde tales premisas elaboran Roger Bacon, Ramón Llull y Nicolás de Cusa su
sus s didiálálogogos os rereliligigiososos os coconcncililiaiadodoreres, s, a a vevececes s mumuy y rerespspetetuouososos. s. ElEl Renacimiento continúa los contactos. Recurre a la Antigüedad y reflexiona Renacimiento continúa los contactos. Recurre a la Antigüedad y reflexiona so
sobrbre e nunuevevos os hehechchos os de de hihiststororia ia de de la la rereligligióión n quque e se se vavan n cocononocicienendodo gradualmente; pero considera el cristianismo como la forma suprema y más gradualmente; pero considera el cristianismo como la forma suprema y más bella de las religiones de la humanidad, porque es evidente la superioridad bella de las religiones de la humanidad, porque es evidente la superioridad absoluta de la revelación de Cristo.
absoluta de la revelación de Cristo.
La Ilustración piensa fundamentalmente lo mismo, aunque desplaza el acento La Ilustración piensa fundamentalmente lo mismo, aunque desplaza el acento y contempla las religiones del
y contempla las religiones del mundo como producto de la mundo como producto de la «predisposición» del«predisposición» del se
ser r huhumamanono; ; pepero ro esesta ta prprededisispoposisiciciónón, , al al seser r ununa a de de lalas s poposisibibilidlidadades es oo «facultades» del hombre, es objeto de una crítica progresiva, primero filosófica «facultades» del hombre, es objeto de una crítica progresiva, primero filosófica y más tarde histórico-científica: si el hombre «puede» ser religioso, podrá y más tarde histórico-científica: si el hombre «puede» ser religioso, podrá también enfrentarse a su Dios, y -será posible demostrar cómo las imágenes también enfrentarse a su Dios, y -será posible demostrar cómo las imágenes de Dios se ajustan a las necesidades cambiantes del ser humano y a las de Dios se ajustan a las necesidades cambiantes del ser humano y a las etapas de su desarrollo; por lo mismo, una vez alcanzada la mayoría de edad, etapas de su desarrollo; por lo mismo, una vez alcanzada la mayoría de edad, el hombre podrá llegar al convencimiento de que él mismo se fabrica los ídolos el hombre podrá llegar al convencimiento de que él mismo se fabrica los ídolos para satisfacer su tendencia a amar y adorar, su sentimiento de justicia, su para satisfacer su tendencia a amar y adorar, su sentimiento de justicia, su anhelo de una vida feliz
anhelo de una vida feliz después de la muerte.después de la muerte.
Pero semejante «casa de muñecas» no sirve ya para el hombre en su mayoría Pero semejante «casa de muñecas» no sirve ya para el hombre en su mayoría de edad. Y, en efecto, el hombre constata que cabe pasar de la religión, y de edad. Y, en efecto, el hombre constata que cabe pasar de la religión, y pasar muy bien. El ser humano, una vez que se ha recuperado a sí mismo, pasar muy bien. El ser humano, una vez que se ha recuperado a sí mismo,
parece incluso que avanza más rápido y seguro. A una persona razonable no parece incluso que avanza más rápido y seguro. A una persona razonable no se le ocurre ya rezar; la era de la contemplación ha pasado, estamos en la era se le ocurre ya rezar; la era de la contemplación ha pasado, estamos en la era de la acción: el ser humano no sólo administra su mundo, sino que se de la acción: el ser humano no sólo administra su mundo, sino que se administra a sí mismo y hace de sí lo que quiere.
administra a sí mismo y hace de sí lo que quiere.
Y tú, cristiano, ¿dudas aún en adoptar el nuevo ritmo de una humanidad que Y tú, cristiano, ¿dudas aún en adoptar el nuevo ritmo de una humanidad que dispone de sí misma? Entonces has optado contra la lógica de la historia dispone de sí misma? Entonces has optado contra la lógica de la historia universal; no es que te lances bajo sus ruedas, es que las ruedas ya han universal; no es que te lances bajo sus ruedas, es que las ruedas ya han pasado por encima de ti. En la Antigüedad -en los filósofos paganos y en los pasado por encima de ti. En la Antigüedad -en los filósofos paganos y en los cristianos- todo se enfocaba a la «conversión» (vuelta,
cristianos- todo se enfocaba a la «conversión» (vuelta, epistrophéepistrophé), al giro), al giro
desde el mundo a Dios. Hoy necesitamos todos, también tú, que has mirado desde el mundo a Dios. Hoy necesitamos todos, también tú, que has mirado durante tanto tiempo, demasiado tiempo, en dirección a Dios, un giro inverso, durante tanto tiempo, demasiado tiempo, en dirección a Dios, un giro inverso, una vuelta radical: conversión al mundo1. ¿No entra esto dentro de tu propia una vuelta radical: conversión al mundo1. ¿No entra esto dentro de tu propia lóg
lógica ica criscristiatiana? na? ¿N¿No o fuefueron ron envenviadiados os los los priprimermeros os disdiscípcípuloulos s de de vuevuestrstroo Fundador al mundo entero? Te contradices al pretender quedar parado cuando Fundador al mundo entero? Te contradices al pretender quedar parado cuando todos avanzan.
todos avanzan.
El cristiano mira en torno, desconcertado: se le ha desprendido algo que lo El cristiano mira en torno, desconcertado: se le ha desprendido algo que lo envolvía como un manto cálido y protector, y se siente desnudo. Se siente un envolvía como un manto cálido y protector, y se siente desnudo. Se siente un fósil de edades pretéritas.
fósil de edades pretéritas.
Por la estadística, a la ética Por la estadística, a la ética
Al
Al desaparecer desaparecer la la religión, religión, desaparece desaparece automáticamente automáticamente la la forma forma de de éticaética basada en ella. Desaparece, por una parte, aquella ética que se inspira total o basada en ella. Desaparece, por una parte, aquella ética que se inspira total o primordialmente en la idea de justicia y sanción eterna: pero el ser humano, o primordialmente en la idea de justicia y sanción eterna: pero el ser humano, o es moral en sí mismo o no es moral en absoluto; obrar por el premio o el es moral en sí mismo o no es moral en absoluto; obrar por el premio o el ca
caststigigo o es es momoraralmlmenente te amambibiguguo; o; al al memenonos, s, no no es es momoraralmlmenente te pupuroro.. Desaparece, por otra parte, aquella ética superior que practica el bien imitando Desaparece, por otra parte, aquella ética superior que practica el bien imitando al Bueno por antonomasia: como Dios nos brinda la existencia, como Dios al Bueno por antonomasia: como Dios nos brinda la existencia, como Dios hace salir el sol, generosamente, sobre buenos y malos, seamos agradecidos hace salir el sol, generosamente, sobre buenos y malos, seamos agradecidos y seamos también generosos.
y seamos también generosos.
Pero ¿que pasaría si no existiera Dios? ¿No permanecería esa generosidad en Pero ¿que pasaría si no existiera Dios? ¿No permanecería esa generosidad en la esencia del hombre? ¿No nos induce ya a ello el reino animal, al que sólo la esencia del hombre? ¿No nos induce ya a ello el reino animal, al que sólo superamos por una forma superior de autonomía? ¿No hay que diferenciar, superamos por una forma superior de autonomía? ¿No hay que diferenciar, además, entre esa pretendida generosidad, por una parte, y un sano y natural además, entre esa pretendida generosidad, por una parte, y un sano y natural «querer ser uno mismo», un amor a sí mismo y una autoayuda, por otra, que «querer ser uno mismo», un amor a sí mismo y una autoayuda, por otra, que es elemental en el viviente infrahumano? Entonces, lo ético podría situarse en es elemental en el viviente infrahumano? Entonces, lo ético podría situarse en el justo medio entre el egocentrismo y el altruismo. El hombre no necesita de el justo medio entre el egocentrismo y el altruismo. El hombre no necesita de una referencia a Dios, ni de una revelación específica para reparar en cosas una referencia a Dios, ni de una revelación específica para reparar en cosas tan elementales.
tan elementales.
Recapacita además, colega cristiano, a ver si tus sublimes imperativos morales Recapacita además, colega cristiano, a ver si tus sublimes imperativos morales no resultan extraños al mundo porque, al igual que la ética de la antigüedad no resultan extraños al mundo porque, al igual que la ética de la antigüedad pagana, son una ética para «héroes» (tú los llamas santos), para las personas pagana, son una ética para «héroes» (tú los llamas santos), para las personas aristocráticamente superiores. Los teatros antiguos de verdadera categoría aristocráticamente superiores. Los teatros antiguos de verdadera categoría sólo presentaban a reyes, héroes y dioses (y el teatro cristiano, a mártires y sólo presentaban a reyes, héroes y dioses (y el teatro cristiano, a mártires y otros santos, amén de ángeles y congéneres). La plebe sólo podía aportar lo otros santos, amén de ángeles y congéneres). La plebe sólo podía aportar lo suyo en comedias indecentes donde, por cierto, los dioses y los hombres se suyo en comedias indecentes donde, por cierto, los dioses y los hombres se
engañaban mutuamente. Fue la mentalidad antigua, y duró demasiado tiempo engañaban mutuamente. Fue la mentalidad antigua, y duró demasiado tiempo en épocas cristianas.
en épocas cristianas. Só
Sólo lo popodedemomos s sasabeber r lo lo quque e el el seser r huhumamano no es es y y pupuedede e si si dedejajamomos s dede compararlo con esos ejemplares selectos, con esos ideales no alcanzables ni compararlo con esos ejemplares selectos, con esos ideales no alcanzables ni deseables para el hombre normal, y lo tomamos de una vez en forma realista, deseables para el hombre normal, y lo tomamos de una vez en forma realista, tal como es. El modo más simple de hacerlo es mediante la encuesta, el tal como es. El modo más simple de hacerlo es mediante la encuesta, el rep
reportortajeaje, , la la estestadíadístistica. ca. ParParece ece que que el el propromedmedio io obtobtenienido do sobsobre re la la basbasee inductiva más amplia, no sólo demuestra que la mayoría de la gente forma inductiva más amplia, no sólo demuestra que la mayoría de la gente forma parte de la
parte de la massa damnatamassa damnata, sino que es sumamente formal a su manera y, sino que es sumamente formal a su manera y
posee una «jerarquía de valores» sin necesidad de imponérsela desde fuera y posee una «jerarquía de valores» sin necesidad de imponérsela desde fuera y desde arriba. Y demuestra, además, que el que toma a
desde arriba. Y demuestra, además, que el que toma a la gente como es, lograla gente como es, logra mejores resultados que el que le impone diez o cincuenta mandamientos mejores resultados que el que le impone diez o cincuenta mandamientos desde cualquier alta montaña, sólo accesible a la
desde cualquier alta montaña, sólo accesible a la ética.ética.
También tú, colega cristiano, eres material de estadística. Un determinado También tú, colega cristiano, eres material de estadística. Un determinado porcentaje de la humanidad es supuestamente cristiano. Y una fracción de él porcentaje de la humanidad es supuestamente cristiano. Y una fracción de él es (más supuestamente aún) católica. Dejo en vuestras manos el confeccionar es (más supuestamente aún) católica. Dejo en vuestras manos el confeccionar una
una estestadíadístistica ca de de los los «v«verderdadeaderosros» » cricrististianoanos s y y catcatóliólicos cos quque e hay hay enentretre vosotros; yo desconozco los métodos que vais a emplear
vosotros; yo desconozco los métodos que vais a emplear para averiguarlo.para averiguarlo. ¿No
¿No basbasta ta la la estestadíadístistica ca parpara a estestablablececer er cieciertartas s nornormas mas de de cocondunducta cta dede validez universal y, por tanto, obligatorias, apoyadas por la policía si fuera validez universal y, por tanto, obligatorias, apoyadas por la policía si fuera preciso? ¿A qué viene toda la monserga del imperativo categórico a priori o de preciso? ¿A qué viene toda la monserga del imperativo categórico a priori o de un derecho natural igualmente a priori? Basta convenir en que el hombre, para un derecho natural igualmente a priori? Basta convenir en que el hombre, para convivir como ser biológico y racional con sus semejantes, ha de atenerse a convivir como ser biológico y racional con sus semejantes, ha de atenerse a ciertas reglas de juego y frenar los propios impulsos. En lo demás, liberalismo ciertas reglas de juego y frenar los propios impulsos. En lo demás, liberalismo y tolerancia. Se pueden proponer algunas religiones y algunos sistemas éticos y tolerancia. Se pueden proponer algunas religiones y algunos sistemas éticos a
a liblibre re eleeleccicción ón dedel l indindiviividuo duo miemientrntras as no no seasean n incincompompatiatiblebles s con con el el biebienn co
comúmún. n. La La lilibrbre e cocompmpetetenencicia a seseríría a veventntajajososa, a, a a la la lalargrga, a, papara ra totododos s loloss concurrentes. ¿Por qué? Porque ya es mucho ser persona decente, y ninguna concurrentes. ¿Por qué? Porque ya es mucho ser persona decente, y ninguna religión dispensa de esto; más aún, una religión se prestigiará más ante la religión dispensa de esto; más aún, una religión se prestigiará más ante la humanidad generando personas decentes: personas que realizan lo que los humanidad generando personas decentes: personas que realizan lo que los más llevan en sí como una imagen que les es grato
más llevan en sí como una imagen que les es grato encontrar en otros, aunqueencontrar en otros, aunque no consigan quizá realizarla ellos mismos.
no consigan quizá realizarla ellos mismos.
El peso de los muertos El peso de los muertos
La gente recuerda mal el largo pasado del cristianismo, pero mejor que el La gente recuerda mal el largo pasado del cristianismo, pero mejor que el propio cristiano que hoy desea empezar de nuevo y ser moderno entre los propio cristiano que hoy desea empezar de nuevo y ser moderno entre los modernos. Otros no están dispuestos a cargar con el peso de la tradición, o modernos. Otros no están dispuestos a cargar con el peso de la tradición, o sólo un poco: los muertos tuvieron su responsabilidad, nosotros tenemos la sólo un poco: los muertos tuvieron su responsabilidad, nosotros tenemos la nuestra; lo que ellos hicieron con la suya, a nosotros no nos afecta. El nuestra; lo que ellos hicieron con la suya, a nosotros no nos afecta. El protestante se siente poco lastrado por los quince primeros siglos cristianos: protestante se siente poco lastrado por los quince primeros siglos cristianos: «videant cónsules», es decir, «papae». El católico no puede sacudirse esta «videant cónsules», es decir, «papae». El católico no puede sacudirse esta historia; su principio sobre la tradición, aparte la interpretación que se haga de historia; su principio sobre la tradición, aparte la interpretación que se haga de ella, se lo prohibe. Esa misma Iglesia a la que él se adhiere, hizo u omitió ella, se lo prohibe. Esa misma Iglesia a la que él se adhiere, hizo u omitió cosas que hoy no se pueden aprobar; cabe achacarlo todo a la evolución de la cosas que hoy no se pueden aprobar; cabe achacarlo todo a la evolución de la conciencia humana, pero ¡qué connivencias no hubo entre lo secular y lo conciencia humana, pero ¡qué connivencias no hubo entre lo secular y lo eessppiirritituuaall! ! EEl l ccaattóólilicco o sse e vve e iimmppllicicaaddo o y y hha a dde e aassuummiir r ssu u ppaartrte e ddee
responsabilidad, le guste o no. El camino más sencillo sería quizá, además de hacer inmediatamente una confesión completa de los pecados, cargar las tintas lo más posible para ponerse a la altura de la dolorosa tragedia, como hace Reinhold Schneider. Lo que pareció lícito y quizá obligado bajo los papas medievales, parece imperdonable, pecado mortal, si nos colocamos directamente entre el evangelio puro y nuestra conciencia actual. En todo caso, algo diametralmente opuesto al espíritu y al código de Jesucristo. Bautismos forzados; tortura de herejes y autos de fe; noches de san Bartolomé; conquista de continentes a sangre y fuego para llevar, junto con el brutal expolio, la religión de la cruz y del amor; injerencias represivas y necias en problemas de una ciencia natural en progresión; proscripciones y destierros por orden de la autoridad religiosa, que actúa como autoridad política y quiere ser reconocida como tal: un sinfín de escándalos. No es agradable tener que cargar con una herencia cuyos crasos errores saltan a la vista.
Si esto ya es humillante, será mejor no arrojar piedras donde uno no puede defenderse. Habrá que recordar que Cristo anuncia al hombre un ideal absoluto que supera las exigencias absolutas de Yahvé a su pueblo, que estas exigencias pasan de un modo u otro a la potestad de los apóstoles y de la Iglesia, y que la administración de esta potestad por hombres pecadores y de pocas luces puede causar un daño incalculable. La solidaridad del cristiano actual con los muertos le compromete a reparar los errores pasados, que él tendrá que sobrellevar con paciencia y, en el fondo, hasta con gratitud. Quién sabe, en efecto, cómo se hubiera comportando él en las circunstancias del siglo IX o XIV.
El que lleva esta pesada carga puede consolarse pensando que lo malo se graba en la memoria con más facilidad que lo bueno, y que el bien que el cristianismo hace al mundo no se deja ver, o sólo muy indirectamente. ¿Quién puede contar y ponderar los actos ocultos de vencimiento propio que han impedido el mal, los actos de expiación y de amor desinteresado, el efecto de una oración callada y ardiente? ¿Quién conoce, fuera de Dios, las experiencias de los santos que, cruzando el cielo y el infierno, desde los lugares más recónditos, revolucionan ámbitos enteros de la historia, remueven montañas de culpa y han abierto un camino en lo que antes era intransitable? Dicho sea esto de paso y sotto voce, para recordar que el «debe» de la Iglesia no puede
cerrarse sin este «haber».
La pesada carga afecta también a la Iglesia actual, que intenta sin duda desembarazarse de trabas innecesarias, pero sólo puede realizar lentamente lo que muchos en ella y fuera de ella consideran necesario hacer. Y si las estructuras que han periclitado se desmoronan con relativa facilidad, ello no significa que lo otro, lo positivo, lo que hay que construir en su lugar, esté ya ahí como algo conocido, querido, decidido y acabado.
Mencionemos sin reparo lo más problemático, lo de más hondas raíces en esas estructuras: una decisión de consecuencias imprevisibles tomada tempranamente, sin duda responsablemente, pero que no es la única solución posible, ya que las ventajas cristianas de la solución opuesta, si se computan los elevados, altísimos sacrificios y pérdidas, son también incontestables: el
bautismo de los niños. El anticipo de la opción por Dios, valiente y definitiva, en estado de inconsciencia; el despertar de la razón y de la capacidad de elección ante un hecho ya consumado que se podrá ratificar o no: ¡ingente problema! Y más cuando la tradición popular, la inserción sociológica en una cristiandad envolvente, está desapareciendo o ha desaparecido ya del todo. También esto hay que sobrellevarlo.
El crepúsculo de las imágenes
Para el hombre sin Dios, las palabras de la cultura cristiana no hablan de Dios, o sólo muy débilmente. El mundo occidental alumbró y construyó sus obras más bellas desde el espíritu de la religión. Esto vale tanto para las obras clásicas de la antigüedad, que nacieron colectiva e individualmente del culto a lo divino, como para todas las creaciones originales de las épocas cristianas. Aún no se ha demostrado que la irreligión pueda producir grandes obras de
arte: Goethe dijo a Riemer: «Los humanos son productivos en poesía y en arte mientras son religiosos; después, se vuelven imitadores y repetidores, como nos pasa a nosotros con la Antigüedad, cuyos monumentos fueron productos de la fe y nosotros nos limitamos a copiar desde el ensueño y la fantasía». Ifigenia de Eurípides fue el drama de una obediencia casi delirante a Dios. La traducción de Schiller omite la conclusión teológica y le cercena así las raíces. La reelaboración del material por Goethe es el juego discreto de un humanitarismo aristócrata.
Si indagamos lo que las obras arquitectónicas, los poemas, las piezas musicales cristianas quieren notificar y decir sobre Dios a un contemplador, lector u oyente actual, la respuesta es: desde luego, no lo que ellos quieren decir. «Escucho el mensaje...»; no, no lo escucha; se limita a grabarlo en cinta; se limita a filmarlo. El cristiano puede sentir un desánimo que le haga dudar de los valores expresivos de la historia y ver ideologías en todas partes. ¿No fue todo eso un error? ¿No nos envuelve como un ridículo permanente?
¿Qué tiene que ver la elegante basílica romana con el cristianismo? Es un simple mercado, sin modificaciones de relieve. ¿Qué tiene que ver la románica Iglesia-castillo de la Edad Media con la indefensión de Jesús? ¿Qué tiene que ver el fáustico asalto al cielo del arte gótico con el «cercano a la tierra y manso de corazón»? Y (si pasamos de largo el Renacimiento, con silencio contenido) ¿qué tiene que ver el esplendor barroco con la cruz desnuda? Muchos se alegran de que al cristianismo le haya faltado la voz desde entonces: menos mal. El cristiano se avergüenza de su pasado cuando lo contempla con ojos de «hombre moderno». (Las hordas que recorren Europa presurosas y ciegas, de monumento en monumento, no entran ya en la cuenta: son termitas de la decadencia).
Pero el cristiano no debería avergonzarse. Tendría que saber distinguir entre la fe y su expresión. La fe puede ser infinita, si ama; la obra es finita. La fe puede ser intemporal, la obra es temporal. Y la obra contiene en sí una llamada y una dura exigencia de más fe. Como la santa barroca extática, de húmedos ojos entornados: ¿Te has abandonado a Dios de forma que él pueda poseerte como a ésa? Tú, que apenas puedes contener la risa cuando oyes hablar de
armonía, ¿has tenido, ni de lejos, el alma en disposición de reflejar la pureza de Palestrina o de Haydn?
No te hagas, cristiano, un descreído que ya nada ve, pues en dádiva has recibido los ojos de la fe. No te dejes dominar de extrañas ideologías sin fundamento. Afirma la libertad cuando te es fácil negarla. Sé libre entre el gozo permanente y la apertura a lo nuevo. Justamente porque eres una persona cristianamente libre que no necesita atarse a nada terreno, reconoce la libertad de tus hermanos de fe que son creativos, y también la libertad de todos los prosélitos y piadosos que confesaron como tú a Dios y reconocieron lo divino. No te dejes convencer de que la cristiandad antigua viviera de espaldas al mundo. ¿De dónde le vino, entonces, ese amor a las cosas y ese conocimiento de sus leyes secretas, un amor y un conocimiento muy superiores a los que pueda tener el hombre actual? ¿O crees en serio que los pequeños constructos abstractos del hombre actual tienen más contenido de mundo, son más fieles a la tierra y concrecen más con ella (con-creto) que las realizaciones de los grandes cristianos? ¿Quién conoce mejor al hombre en lo más íntimo: Villon y Grimmels-hausen o los fríos pornógrafos de hoy? A éstos déjalos estar, y no te dejes seducir por unos cristianos que quieren hacerte creer que sólo en esa pornografía se descubre al hombre en toda su «gravedad pecadora» y sin aderezos pagano-idealistas. [2]
Pero tampoco te resignes cuando lo auténtico y valioso brilla por su ausencia. «Sé vivir con estrechez», dice Pablo, «y sé tener abundancia; ninguna situación tiene secretos para mí» (Flp 4, 12). El cristiano tiene que saber contemplar ocasos a su alrededor sin que por eso se le ponga el sol. Puede ser pobre y estar con los hermanos espiritualmente pobres. Pero no puede negar su propia riqueza, la que generó todo lo bueno que éstos vendieron por un plato de lentejas. Y los ocasos le sumirán sin duda en las sombras, en eso que se suele llamar noche del mundo y eclipse de Dios. Pero le está vedado ponerse sombrío por supuestos motivos de compasión. «Hijos de Dios sin tacha en medio de una gente torcida y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo» (Flp 2, 15).
Reflexiones sobre lo controlable y lo insospechado
¿Puede ser relevante el cristiano? ¿Cómo? Estamos de nuevo ante la sutil pregunta del comienzo. Todos sienten que no podemos seguir así, que no es suficiente. Todos pueden mirar a su Iglesia con ojos extraños, desde fuera, como la ven los otros, y sobresaltarse de pronto. Como alguien que durante decenios hubiera transitado ante la fachada de su templo de toda la vida sin advertir nada anómalo y, de repente, un historiador del arte le hiciera notar lo resquebrajado y ruinoso que se encuentra todo y la necesidad que existe de renovarlo desde los cimientos, so pena de un derrumbamiento total. Es entonces cuando la realidad le abre los ojos. En ese preciso momento comienza a temer que le pueda caer la bóveda sobre la cabeza y pide una restauración general y urgente. El miedo le da alas y le infunde «ánimo» para un aggiornamento audaz. Y, como ocurre en las épocas en las que se toma
conciencia del valor que tiene la antigüedad artístico-histórica, propone con los expertos eliminar primero los aditamentos barrocos los innumerables
angelotes, volutas y nubéculas flotantes que sólo sirven para acumular polvo y carecen de la más mínima consistencia, porque se basan en el puro efecto, no responden al gusto actual y originan la mayor parte de los costes de la renovación; y por toda una serie de razones plausibles más. ¡Qué alegría cuando debajo de la suntuosidad removida aflora la espléndida rudeza románica con la que sintonizamos mucho mejor y, además, es mucho menos costosa en mantenimiento! Son las grandes alegrías de la renovación: se puede restaurar lo antiguo desmontando. Resulta tan maravilloso, que le hace creer a uno que es productivo, que puede construir destruyendo.
Porque, bromas aparte, ¿no es verdad que, en el ámbito cristiano, todo lo que sea construir ha da basarse en una consideración de los orígenes? Y caminando hacia atrás, como el cangrejo, podemos encontrarnos casi al azar, pero providencialmente, con el punto crucial de la Reforma protestante y, desmontando de paso los añadidos contrarreformistas, llegar a un entendimiento inesperado. Aunque los cristianos de hoy, en el fondo, no confiamos demasiado en nosotros mismos, sí podemos confiar en el espíritu protector de la marcha atrás y, mediante un generoso desmantelamiento de las formas de ayer y de hoy, descubrir unas estructuras mejores, incluso el fundamento roqueño del evangelio.
De cualquier forma (volveremos sobre esto más adelante), no es poco que estemos descontentos con la situación actual. Si no lo estuviéramos, los otros tendrían motivo para no creernos. Si cedemos por un momento a los atractivos de la estadística o, más exactamente, de aquellas estadísticas que nuestros obispos aconsejan consultar, el perfil del cristiano medio aparecerá claro y nítido. Estarán en el límite los que figuran como cristianos por la partida de bautismo, el entierro en cristiano y, quizá, la primera comunión o la confirmación infantil. Seguirá el gran número de cumplidores de pascua, que va superando lentamente al de los cumplidores del precepto dominical. A éstos se suman poco a poco los de perfil más borroso, definidos con términos como ayuno y abstinencia, prensa católica, impuesto eclesiástico y fidelidad al papa. Por encima de las denominadas «personas decentes» (como las otras), aumenta asimismo el número de los catalogados como cristianos por el cumplimiento de esas señales de tráfico que son los diez mandamientos: el sexto con gran ventaja, luego el cuarto, el segundo y el tercero, mientras que el quinto, el séptimo y el octavo son quizá, más que preceptos de Dios, normas que cualquier «persona decente» cumple, salvo en caso de necesidad. Mucho depende también del entorno cultural: en zonas rurales, ir a la iglesia puede ser un motivo de honor, lo mismo que el mantenimiento de un odio personal o familiar. También puede ser cuestión de honor el vivir en una fuerte y tenaz discrepancia con las opiniones del cura, reconociendo, eso sí, que «él entiende de lo suyo y yo de lo mío».
Este cuadro variopinto no sería el de «la media estadística» si la escala no se redujera hacia arriba, en la zona de los denominados cristianos fervorosos: los que intentan vivir un matrimonio auténticamente cristiano, asumir una oración verdaderamente personal en su vida, preocuparse con auténtico amor por los semejantes, sobre todo los pobres, abandonados y desvalidos; los que siguen con verdadero interés la labor misionera de la Iglesia, los que se consagran
como sacerdotes al servicio de la Iglesia y quienes viven en pobreza, castidad y obediencia según los consejos de Cristo.
Los que tienen el valor de ponerse bajo la luz del reflector, están más expuestos que los otros al examen inquisitivo. Nuestros queridos hermanos cristianos los golpearán con los nudillos de arriba abajo, por si algo en ellos suena a hueco. La pregunta «¿quién es cristiano?» no se formula con tanta severidad para los aludidos en primer lugar, ya que éstos suelen remitir, con cierta humildad, a los «especialistas» en cristianismo, aunque tampoco estén muy convencidos de ese saber especializado. El golpe de nudillos de los especialistas es temible, porque entonces ha de quedar claro, finalmente, quién es cristiano. Sin embargo, ahora se trata del núcleo. La cuestión se divide en varias preguntas parciales.
Primera.- ¿Quién está facultado y es capaz de identificar empíricamente al cristiano? ¿Puede hacerlo un no cristiano, por ejemplo? ¿Es posible (¿y por
qué no?) saberlo? ¿Según qué criterios?
Segunda.- ¿Quién está facultado y es capaz de identificar normativamente al cristiano? También aquí hay que preguntar por los criterios, leyes y requisitos
para contestar la pregunta. Nos asustamos con sólo reflexionar un poco: todo esto no está nada claro. No parece, por tanto, improcedente formular la pregunta existencial.
Tercero.- ¿Puede un cristiano averiguar por sí mismo si es cristiano y, en caso
de atreverse a afirmarlo, exponer las razones en que se apoya?
La pregunta «¿quién es cristiano?» sigue sin la profundización necesaria en la Iglesia actual, en medio de todos los ensayos de reforma. Lo cual significa que se está actuando como si la respuesta fuese conocida y sólo restara, partiendo de este conocimiento, adoptar las medidas necesarias. Significa, además, tomarse la libertad de denunciar como sospechosas de ideología las soluciones y pautas tradicionales del cristiano, y de juzgar estas pautas con un criterio que se utiliza sin previo examen. No es difícil dar con este criterio impensado, pero aparentemente obvio, porque fluye espontáneamente de las tendencias generales del cristianismo actual, tendencias bienintencionadas, celebradas por la multitud, pero necesitadas de una criba urgente.
De espaldas a Dios, o crítica de la tendencia
La ambigüedad de lo necesario
Está en marcha una revisión a fondo de todo el arsenal de la Iglesia. Como suele ocurrir en tales ocasiones, aparecen herrumbres en un arma vieja. La mancha visible lleva a descubrir otras menos visibles, y al final el arma entera y hasta el género de armamento resulta anticuado. Entonces vacían todo el almacén y diseñan el plan para un nuevo arsenal. Esto produce mucho movimiento, y cuando las cosas se mueven, hay aparentemente vida, iniciativa, proyectos. Ocurre ya en instituciones que no se distinguen por la agilidad de su funcionamiento. ¿Quién no ve que la mejora, el aggiornamento,
el estar au jour , up-to-date, es en líneas generales algo loable y que hoy, al
hilo de esta renovación, surgen obras positivas, muy importantes, incluso imprescindibles? Y los cristianos de hoy sienten un afán parecido al de las asistentas y amas de casa que hacen la limpieza de primavera con cierto instinto dionisíaco, aunque la fiesta amenace degenerar -sobre todo entre el clero joven- en verdaderas saturnales, donde todo lo que rompe el orden parece permitido y obligado, con tal de ser muy moderno y abierto.
En medio de esta «destrucción» creadora y de esta «vuelta» inspirada, no se necesita ser muy sagaz para preguntar por la reserva en oro que avala todo este papel moneda en circulación. Los cambios en la Iglesia han estado siempre ligados a la conversión, y cuanto más profunda sea ésta, más dolorosos serán los cambios. De otro modo se tratará presumiblemente de puro verbalismo. ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por nuestra reforma, no sólo en cosas que nos afectan poco -prestigio histórico, por ejemplo- sino que nos duelen en carne viva? ¿O creemos poder salir del paso, una vez más, con simples retoques? Parece, en efecto, que en todos estos asuntos adoptamos una fatal perspectiva donde sólo rige este principio: nada de «espléndido aislamiento», que con el tiempo resulta incómodo. Hay que apostar por los acercamientos, las fraternizaciones, los descensos de tronos y pedestales, las colegializaciones, las democratizaciones, facilitaciones y nivelaciones hacia abajo (nunca hacia arriba), por la máxima actualización hacia todo lo que aparezca hoy, mañana y pasado mañana.
¿Quién negará que estos descensos, este abandono de las viejas alturas, constituyen en muchos casos, quizá en la mayoría, la recuperación de algo largamente esperado, largamente pendiente, y que este cambio de sentido es lo originalmente evangélico, porque «el mayor entre vosotros» debe ser el servidor de todos, porque Cristo prohibió todos los títulos («maestro» o «padre», abbé, abas, papa, etc.) y él mismo, nuestro Señor, se rebajó a la
condición de siervo de todos? Si con este descenso se alcanza finalmente algo pendiente -con un retraso incomprensible-, podemos sin duda felicitarnos, aunque no dejemos de preguntar por qué razones se produce esta recuperación apresurada.
La Iglesia -se dice- debe estar al día para tener credibilidad. Si esto se toma en serio, significa que Cristo estaba al día cuando llevó a cabo su misión, una misión que fue escándalo y necedad para judíos y paganos, y murió en la cruz. Cierto que esto ocurrió en el momento justo, en el kairos del Padre, en la
plenitud de los tiempos, exactamente cuando Israel estaba maduro para desprenderse como un fruto, y los pueblos, maduros para recoger este fruto en su campo abierto. Pero Cristo nunca fue moderno, ni lo será, Dios mediante. Ni él ni sus discípulos Pablo y Juan pronunciaron una sola palabra por seguir la corriente política o gnóstica. La consecuencia obvia es que todos nuestros movimientos deben ir encaminados a erradicar los falsos escándalos, los escándalos no cristianos, para dar paso al verdadero escándalo, consistente en la misión de la Iglesia.
Tendríamos así algo parecido a un criterio para discernir los espíritus, esos espíritus que animan en el fondo la tendencia eclesial moderna. Y si los
cristianos toman alguna vez conciencia de que todas estas empresas muy concretas necesitan con urgencia de la crítica cristiana, precisamente por ser tan claras superficialmente, si advierten que tienen doble filo, que son ambiguas y quizá resultan peligrosas porque simulan contener lo «único necesario» y, tranquilizando la conciencia, esquivan la referida conversión, entonces habremos ganado lo principal. La crítica no es previa o posterior a las empresas de los cristianos, sino que incide en el núcleo de ellas. Las pone en cuestión permanentemente, preguntando si tienen a Dios delante, a la vista, o detrás, a la espalda.
Tener a Dios a la espalda significaría en el caso de los cristianos reformistas saber a qué atenerse sobre Dios y la revelación con su contenido y alcance, y sobre la Iglesia y los cristianos. Y armados de este saber, salir al encuentro del mundo, del mundo cristiano, del no cristiano y del anticristiano. El saber que invocan estas personas está asegurado y es suficiente, aunque obviamente sólo sea un saber sumario, reducido a algunos conceptos capitales. Pero la reducción se produce, legítimamente, de cara al encuentro con el mundo actual o, como suelen decir nuestros teólogos enfáticamente y con sonrisa cómplice (para que no se piense que expresan una tautología), con el «mundo mundano» de hoy. Saben a qué atenerse sobre Dios y la revelación, y la pregunta es para ellos simplemente: qué digo yo a mi hijo. Vienen de Dios y buscan el mundo secular. Tienen a Dios a su espalda; y al mundo, delante. No discuten que, para ser enviados por Cristo al mundo, han de permanecer un tiempo suficiente junto a él; pero entienden que esto ya lo han hecho. Están inmersos en la acción y suponen de buena fe, ante sí y ante los otros, haber concluido el período de contemplación. Y si la conciencia les recuerda ocasionalmente que la contemplación no expide ningún certificado de madurez, o que aún están inmaduros, reaccionan pronto con el lema «contemplativus in actione», que significa prácticamente que la persona activa ya es lo bastante contemplativa; no existe otra madurez o mayoría de edad que la acción.
Es el lema de muchos cristianos modernos, clérigos y laicos, de los que cabe sospechar que han tomado el nombre de «misión» como tatuaje evangélico para su huida de Dios. Así se manifiesta la gravedad de la crisis que sufre la tendencia actual de la Iglesia, colectiva e individualmente. Esta crisis no significa que la tendencia sea condenable como plan, movimiento y resultado, sino que debe someterse siempre al juicio cristiano, porque la claridad superficial viene a ocultar una ambigüedad de fondo: ir de Dios al mundo
puede ser una misión cristiana, misión cristiana en el mundo; pero puede ser
también una huida de Dios, miedo al escándalo de la cruz, traición a Cristo. Todas las cosas tienen su reverso; sólo Cristo está exento de él.
Tendencia a la Biblia
La orientación a la palabra de Dios se valora en el mundo católico actual como la más hermosa e inequívoca señal de esperanza, y no cabe duda de que lo es. Se da por supuesto que descorriendo todas las cortinas que impiden la visión de los orígenes cristianos -son cortinas todas las formulaciones
eclesiales, catequéticas y dogmáticas de la revelación-, alcanzamos la verdad de Dios y de Cristo.
El cristiano quiere, en este movimiento, «oír, ver y tocar» la «palabra de vida» ahora que se le permite, finalmente, hacerlo. Estamos desolados ante el oscuro pasado, en que tantas alambradas rodeaban el texto sagrado, en que el contacto con él podía producir el choque eléctrico de una excomunión, como el antiguo israelita podía morir si pisaba las estribaciones del Sinaí.
Hasta el muro milenario de la Vulgata ha cedido hoy, después de haber bloqueado tanto tiempo el acceso al texto original, cuando ya el trabajo de los humanistas había despejado el camino. Traducciones y comentarios se acumulan para satisfacer la necesidad de comprensión de aquellos que entran por primera vez en esta tierra prometida. Y la Iglesia tendrá que hacer sin duda todo lo posible por satisfacer este anhelo de la palabra y por mantenerlo despierto, sin olvidar que ella misma sólo comenzó a estudiar el texto bíblico según los principios de la crítica histórico-literaria moderna en colaboración con los investigadores extracatólicos y extra-cristianos.
No hay por qué contener la alegría por esta apertura. Pero la alegría queda empañada al constatar que el movimiento católico moderno en torno a la Biblia no obedece primariamente, como el de Lutero, a un anhelo básico de la palabra original de Dios, más allá de toda la escolástica y la enseñanza de la Iglesia, sino al reconocimiento de exegetas eminentes de que la ciencia bíblica católica no podía funcionar por más tiempo sin convertirse en ludibrio de todo el mundo científico.
Hasta época muy reciente había que pilotar la navecilla de una exégesis al día con infinito esfuerzo, sorteando las Escilas y Caribdis de las condenas de la Iglesia, para alcanzar finalmente la relativa seguridad de una investigación libre y objetiva. Sin duda, a medida que la ciencia salía al aire libre, el fuego oculto se convirtió para muchos en llama liberada; esto resultó estimulante y favoreció la investigación. A pesar de todo, no iban a olvidar totalmente lo humillante de los inicios: el tiempo que nos costó a los católicos desarrollar nuestro propio estilo cuando otros ya habían forjado el suyo mucho antes, fuera de nuestra Iglesia.
Y como todas las cosas tienen su reverso, salvo Cristo, la aparente claridad del movimiento bíblico tampoco queda sin sombras. Por una parte, el camino católico de vuelta a las fuentes no está exento de ambigüedades: entre las dos guerras mundiales, la consigna fue para muchos: vuelta a los padres de la Iglesia... remontando una (neo) escolástica academicista y estéril. Esta «primavera patrística» fue para muchos meramente estética; no fue lo bastante crítica para perdurar mucho tiempo.
Hoy estamos de nuevo, desde hace tiempo, en un otoño patrístico, pidiendo una «primavera bíblica»; y se tiende a poner bajo fuerte sospecha de ideología toda la tradición exegética, tanto la patrística (primero platonizante, luego constantiniano-politizante) como la escolástica; una actitud no muy diferente de la que mantiene Lutero cuando clama contra la «razón prostituta». Los
seguidores de esta tendencia no reparan lo bastante en que todo el que ejercita el pensamiento está ya filosofando, y el que no examina sus presupuestos mentales está más expuesto a una burda ideología; por ejemplo, la del «hombre moderno».
Por otra parte y en paralelo con esto, el camino católico de vuelta a los orígenes se encuentra con un camino protestante que deambula presuroso en dirección contraria: desde la Biblia regresa a la actualidad y considera al «hombre moderno» como horizonte y criterio, y la «filosofía moderna» (Heidegger) como instrumento hermenéutico. Lo que el «hombre moderno» puede comprender, aquello para lo que dispone de antenas, lo que le ayuda y él asimila religiosamente, es lo que debemos predicar; el resto hay que excluirlo por mítico.
Salta a la vista la ambigüedad de semejante posición, ya que puede significar lo peor y albergar luego un enfoque hacia lo mejor: lo peor, porque hace del «hombre moderno» (en realidad, un ente mítico) la medida de lo que la palabra de Dios puede y no puede decir, puede o no ayudar al ser humano; lo mejor, porque implica la invitación a vivir, pensar y apropiar toda la revelación de modo originario y nuevo para cada época. El rezagado camino católico no finaliza, pues, en un espacio virgen; le ocurre lo mismo que al pueblo de Israel cuando entró en Canaán: «En la tierra habitaba el cananeo». Esto no significa simplemente que hubo guerra de inmediato sino que, después de concertar la paz, la coexistencia con la población nativa se hizo mucho más problemática y hasta perniciosa.
Este revés inesperado en medio de una campaña triunfal de conquista no deja de ser saludable, porque obliga a todos a tomar la palabra de Dios como lo que es: llamada a una opción absoluta: el que no está conmigo, está contra mí; el que no siembra conmigo, desparrama. En una actitud de neutralidad científica se puede actuar, cuando más, al margen; y el que se demora demasiado en zonas marginales, parece eludir la opción o haberla hecho negativamente, y envolverlo todo en un aura de cientificidad.
Tendencia a la liturgia
También es cierto que el movimiento litúrgico es de lo más grato que ha ocurrido en la Iglesia. Abatió resistencias seculares; salvó lo que estaba arrumbado, hasta recuperar la juventud del cristianismo; comenzó a hacer evidentes, de nuevo, cosas que siempre debieran haberlo sido. Y el enderezamiento de la celebración litúrgica, un hecho aparentemente aislado, influye en toda la estructura eclesial y en la conciencia viva de la Iglesia como pueblo de Dios, cuerpo y esposa de Cristo. Al ser estimulado un nervio central, todo el organismo reacciona en sus miembros.
No es el clero, sino la comunidad, la Iglesia concreta reunida, la que celebra la Cena conmemorativa donde su Señor se hace presente e incorpora -en el sentido más originario del verbo- a los reunidos, los transmuta en el propio cuerpo. Pablo impuso un orden en la celebración (1 Cor 11-14, aunque no existe aún una liturgia ministerial). Este orden aparece realizado con especial
belleza en Ignacio de Antioquía -la comunidad rodeando a su obispo-, con un reparto más amplio de ministerios y roles, cuya diferenciación dependía de los carismas de la Iglesia.
Con el tiempo, la celebración litúrgica incluyó la homilía, que era una glosa e interpretación de la Biblia en lenguaje asequible al pueblo; la homilía venía a ser, de ese modo, una exégesis «obediente» y no una «plática» discrecional o un «sermón» sobre un tema cualquiera. Cuando la asamblea tuvo que abandonar la estrechez de una habitación privada, el recinto fue habilitado para la reunión de la comunidad en torno a la mesa del Señor, lo que afectó a su diseño arquitectónico, a la disposición de los asientos, del altar, del pulpito, de la pila bautismal, y a la ornamentación característica sugerente. ¿Quién no ve hoy que todo este proceso evolutivo nació de la reflexión sobre lo esencial de una verdad objetiva que habla por sí misma?
El tema, sin embargo, no es tan diáfano. Esto se advierte ya en las personas de edad avanzada, que no pueden ni quieren hacerse al nuevo ordenamiento litúrgico; no se resisten a él únicamente por espíritu tradicional, sino porque echan de menos ciertos valores y ven a punto de desaparecer los que les eran más caros. ¿Qué echan de menos? El espacio espiritual de silencio en que envolvemos el misterio. ¿No acontece lo más inefable? ¿No se hace presente, más allá del espacio y de los tiempos históricos, el centro del tiempo, cuando el Hijo de Dios, cargado con el pecado del mundo, con mi pecado, herido por el rayo del juicio de Dios, desciende a la noche eterna? En este acontecimiento no hay todavía una «comunidad», hay todos estos átomos pecadores de los que yo formo parte. ¿Cómo puede la comunidad posterior, cuya luz se enciende en el relámpago de aquella tiniebla apocalíptica, cómo puede recordar la hora de su nacimiento, celebrarla como presente en la fe y en el sacramento, sin abismarse en profunda adoración?
¿Y dónde queda esta adoración en nuestras novísimas celebraciones litúrgicas? La fantasía del clero, en la creencia de que esa adoración es superflua o de que la Iglesia no es lo suficientemente adulta para rendirla, procura llenar de modo útil y con múltiples variaciones hasta los últimos rincones vacíos del tiempo. El ruido ambiental no cesa; cuando no se rezan oraciones o se lee e interpreta la sagrada Escritura, hay que cantar y responder. A veces hasta se recita y parafrasea el canon previamente, desde el pulpito, a través del micrófono.
No se olvide que casi nadie de los presentes ha tenido tiempo ni ocasión durante la semana para un recogimiento más profundo; que sus almas necesitan elevarse también personalmente y cobrar aliento en la celebración dominical; que Dios les habla sobre todo en el silencio; que el servicio de la palabra acoge la palabra de Dios -como anuncio y como oración-. Pero el acto de recepción, la afirmación personal en el silencio, es imprescindible si no se quiere que toda la siembra caiga sobre piedras y abrojos.
Es cierto que el culto divino bien celebrado genera |una especie de satisfacción compartida. El sacerdote está contento con la comunidad si ésta colabora; la comunidad está contenta consigo misma por haber solventado tan hermosa
celebración. La Iglesia contenta consigo misma, la autosatisfacción de la comunidad: eso es precisamente lo que solemos reprochar al culto pietista y protestante liberal. Habría que recordar los análisis maliciosos de Karl Barth,
juntando a Schleiermacher con el catolicismo -como cuerpo místico que se
rinde homenaje a sí mismo-, o las palabras inquietantes de Arnold Gehlen,
que inciden en lo mismo:
«Yo soy de los que opinan que Dios se ha humanado exageradamente en muchos corazones y que hay una nueva secularización que, esta vez, no pasa por la mundanización material, sino moral. La humanidad se convierte en sujeto y objeto de su propia glorificación, pero olvidando la religión cristiana del amor... La moral de los intelectuales, orientada a la circulación mundial de la conciencia, se produce... en dos formas: primero, después de la Ilustración, como ética solidaria, de carácter cismundano y progresista; segundo, como la referida celebración neocristiana donde la humanidad se homenajea a sí misma en nombre de Dios». [3]
Tendencia a la ecumene
La separación de las Iglesias es el gran escándalo público de la cristiandad y no tiene ningún género de disculpa en las causas o en los efectos (pérdida de credibilidad de la misión cristiana interior y exterior). Todo lo que ayude a reducir las distancias está en la línea de la voluntad salvífica de Dios. El avance en la idea de que es necesario hacer algo en este asunto para fundir los hielos perpetuos, desolados, sólo puede producirse por un milagro del Espíritu divino que, en su libertad, escucha las oraciones y lamentos de los cristianos en las distintas Iglesias.
Hagamos todo lo que esté en nuestra mano, sin atribuirnos nada a nosotros mismos, sino todo a la omnipotencia del Espíritu creador. Y ya que hemos empezado a esperar, sigamos enarbolando la esperanza frente a todas las derrotas y todos las imposibles, aún tan evidentes. Sólo el Espíritu de Cristo puede derribar los muros de separación, no nosotros con nuestra mejor voluntad, con toda nuestra sabia diplomacia teológica. Será bueno que miremos con gran desconfianza las ocultas ambigüedades de nuestros planes y los sometamos a la crítica de la palabra de Dios. La tarea no es fácil de cumplir: intentar todo lo que esté en nuestro poder, todo lo que promueva el espíritu de unión en Cristo, y evitar todo lo que sea forzar este espíritu por la vía puramente humana, «técnica» o «mágica».
La propuesta es obvia: destaquemos lo que une y dejemos de lado lo que separa. Esto podría tener sentido entre los evangélicos, que difieren más por un minus que por un plus, ese plus que nos achacan a nosotros, los católicos,
como un excedente no registrado en el mensaje puro del evangelio. Para los evangélicos, la dificultad está en entender que este plus católico forme parte del evangelio. Sería deber de los católicos, por tanto, lograr la transparencia en este punto y luego hacer la revisión correspondiente. Pero ¿cómo?
Cabe afirmar que todos los temas eclesiales, incluidas las verdades dogmáticas, son relativos, es decir, van referidos a lo que la revelación de Dios
en Cristo tiene de absoluto. El cuerpo es relativo a la cabeza; la eucaristía es relativa a la última cena y a la cruz; la madre es relativa al hijo; el purgatorio es relativo al juicio particular; sobre todo, el ministerio eclesial es relativo al sacerdocio de Cristo, y para sus titulares vale no menos que para los otros el dicho «uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos». Y todo dogma es relativo a la verdad revelada; el dogma trata de expresarla definiendo y compendiando válidamente el contenido, pero sin agotarlo.
Esta relatividad ortodoxa se manifiesta perfectamente, a nivel existencial, con los hermanos separados. Así, Juan XXIII vivió de modo impresionante, ante el
mundo entero, la relatividad del ministerio supremo de la Iglesia. Y todo concilio pone de manifiesto la relatividad ortodoxa de un dogma cuando lo sitúa en nuevos contextos sin deformarlo, al descubrir aspectos complementarios, moderar así su aparente carácter absoluto y sumergirlo en el río ondulante del pensamiento y del lenguaje humanos sobre la palabra de Dios. Y en nuestro tiempo, de modo no menos impresionante, la enseñanza sobre María queda inscrita en el marco global de la doctrina de la Iglesia.
Pero justamente este último ejemplo nos pone claramente ante la alternativa. ¿Qué significa aquí la relativización? ¿Con qué espíritu, con qué intención, con qué trasfondo mental es utilizada? ¿Se trata de hacer palidecer imperceptiblemente, incluso de escamotear, los dogmas marianos encendiendo otras luces más intensas, como las estrellas palidecen y se apagan al salir el sol? ¿Se admite así que nos hemos engañado, que amén de las imprudencias y excesos prácticos de una devoción unilateral y no ilustrada (algo que ninguna persona razonable discute), hemos desbarrado también en el campo teórico? Este sería el referido método de sustracción o nivelación. Es el método que, cuando se da por bueno, solivianta e inquieta los ánimos a este lado y al otro: a este lado, porque los propios católicos no entienden cómo puede la Iglesia abandonar lo que ha defendido con uñas y dientes durante siglos, durante milenios. Al otro, porque sabe demasiado a juego poco serio y diplomático, propio de un Vaticano metido en política. ¿No serán las buenas maneras algo puramente exterior, una trampa que se cierra de golpe cuando alguien se aventura a entrar?
No, esta segunda vía no se puede elegir con espíritu ecuménico. Hay que recorrer la primera hasta el final, porque es más ambiciosa y espiritualmente más exigente. Pero esto requiere de los católicos una doble labor teológica. Primero, la recepción auténtica de todos aquellos aspectos de la teología, la predicación y las formas de espiritualidad de los hermanos separados que pueden considerarse como expresión legítima (aunque diferente) de la revelación cristiana confesada en común. En la doctrina de la justificación, antaño manzana de la discordia, se ha producido ya, en buena medida, la necesaria reflexión, que es preciso llevar hasta el final. Segundo, lo mismo desde el otro lado: un examen de las propias posiciones, tan a fondo que podamos encontrarnos con las posiciones ajenas. Mas para ello se requiere un esfuerzo intelectual que no cabe esperar de todos, y menos del laico, pero cuyos pasos conceptuales y resultados tienen que ser accesibles en líneas generales a las personas de buena voluntad, de modo que todos entiendan la