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Sahara y España

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El Sahara y España

Claves de una

descolonización pendiente

José Ignacio Algueró Cuervo

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Cuadernos del Magreb

Directora de arte: Rosa Cigala

Control de edición: Ricardo A. Guerra Palmero

Primera edición en Ediciones Idea: 2006

©De la edición:

Ediciones Idea, 2006

© Del prólogo:

José Luis Rivero Ceballos, 2006

©Del texto:

José Ignacio Algueró Cuervo

Ediciones IDEA

• San Clemente, 24 Edificio El Pilar, 38002, Santa Cruz de Tenerife.

Tel.: "922 532150 Fax: 922 286062

• León y Castillo, 39 - 4º B 35003 Las Palmas de Gran Canaria Tel.: 928 373637 - 928 381827 Fax: 928 382196

[email protected] www.edicionesidea.com

Fotomecánica e impresión:

Impreso en España - Printed in Spain.

ISBN: 84-96640-31-0 Depósito Legal: TF-855-2006

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por medio alguno, ya sea electrónico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo y expreso del editor.

A la memoria del coronel Diego Aguirre, quien dedicó buena parte de su vida al Sahara, y hoy reposa en Tifariti, capital de la esperanza.

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Prólogo

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José Ignacio Algueró Cuervo .,¿;;;;_

Reflexionemos todavía.

Pongamos en la balanza el momento y los medios que mejor se acomodan a nuestro plan. Si esto fallara, si la torpeza llegara a traicionar nuestro propósito, fuera mejor no intentarlo. Así pues, nuestros planes deben tener otros en la reserva, de mayor eficacia, en caso de que fracasemos ... iEsperad! Dejad que piense ...

[William Shakespeare, Hamle4

En el drama de Shakespeare, el Rey prepara la trampa que se supone resultará mortal para Hamlet e incluso se dota de una segunda opción. Hamlet también había previsto estratégicamen- te el engaño conducente a la venganza por la muerte de su pa- dre. Del mismo modo, la historia nos enseña que la capacidad de reflexión, la organización de las estrategias y tácticas alternati- vas, que tienen por objeto hacer máximo el interés de los sujetos en conflicto, con frecuencia conducen a la tragedia colectiva. En Hamlet, el deseo de satisfacer los intereses individuales, por justos o deleznables que nos parezcan, guía a la muerte a los contendientes y a algunos otros «que pasaban por allí». Algunos siglos después, el «dilema del prisionero» nos ha hecho reflexio- nar sobre las condiciones de la cooperación en casos de conflic- tos de intereses. La realidad, en cambio, muestra lo poco que hemos aprendido y que las pasiones son imposibles de dominar, incluso cuando sabemos que nos pueden llevar a la destrucción.

De ahí que, siglos después, sigamos acudiendo a Shakespeare para explicarnos algo de nosotros mismos.

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~ El Sahara y España

El libro que tengo el honor de prologar, sobre el denominado

«conflicto del Sahara Occidental», nos enseña que el tal conflicto podría desembocar en una tragedia al «estilo Hamlet». No me gusta abusar de las grandes frases para augurar tragedias, así como huyo de la euforia y de los triunfalismos con motivo de la resolución de algún conflicto. Pero la experiencia indica que todos los conflictos terminan y, en general, con la solución más evidente. En muchas ocasiones, sin embargo, el coste del proceso de convencimiento mutuo que conduce a la resolución es casi siempre alto y, en gran parte, inútil. Una actitud racional aconse- ja ahorrar costes y, si se pueden evitar todos, mejor. Entre otras razones porque sabemos que el coste suele recaer sobre los más vulnerables ante la vida.

En el caso del conflicto del Sahara Occidental hay muchos intereses en liza. Unos, ideológicos y políticos; otros, económi- cos; quizás también religiosos. Por otra parte, como siempre que hay un conflicto internacional. Nada nuevo, aunque, ¿qué intereses desencadenan los procesos que los otros alimentan?

La tentación es recurrir a un análisis tipo LEGO en el que cada pieza tiene encaje perfecto en el todo. El problema es que el LEGO tiene identidad porque siempre es sí mismo, no cam- bia, no tiene historia ni la tendrá.

. Pero la realidad política y social no se ajusta bien al LEGO.

Los pueblos construyen y deshacen constantemente sus intere- ses, entre otras razones porque no existe un único interés en el seno de las sociedades, sino intereses plurales, y algunos de ellos en conflicto. En el LEGO no hay piezas sin encaje, mien- tras que en la realidad cada pieza es como es, tenga o no enca- je con otra. Tampoco sobran piezas, ni siquiera cuando no forman parte del modelo construido. Así que no existe una ingeniería de lo social.

Las sociedades no tienen identidad o, mejor dicho, constru- yen y destruyen identidades constantemente. Es un continuo en el que, por cierto, nadie puede garantizar la dirección del vec- tor de progreso. No ha nacido quien conozca las oscuras inten- 12

José Ignacio Algueró Cuervo ,¿;;;_

ciones de Clio, incluso pudiera ser que a estas horas haya sido despedida como diosa, sin derecho a indemnización, ni presta- ción de la seguridad social.

Si estos análisis deterministas conducen a una visión estáti- ca, que queda superada de inmediato por la realidad futura, busquemos una forma de reflexión que nos permita conocer mejor los procesos. No puede ser otra que la revisión de los hechos históricos enmarcados en las tendencias de su tiempo.

Esta es la principal aportación del libro que nos ocupa.

El autor ha hecho el trabajo de ofrecer una «Visión históri- ca» del conflicto. Por tanto, ha recorrido el camino y, de paso, nos ha guiado. Desde este momento, desde que vea la luz este trabajo, el análisis del conflicto estará situado en otro nivel:

habrá trascendido del nivel periodístico, del análisis de los intereses económicos, de la visión de las estrategias militares, de la lucha por la influencia en esta zona del mundo ... Ahora tenemos al alcance una visión compleja y diacrónica de lo que pasa y ha pasado en la región continental que está a pocos kilómetros de las Islas Canarias. Este es un mérito impagable del texto cuya lectura se propone. Además, para un ciudadano del mundo de hoy, el libro tiene otros ámbitos de interés.

Pensemos desde la perspectiva de un ciudadano de la Unión Europea que vive en las Islas Canarias. Como es conocido, las Islas Canarias son consideradas por la Unión Europea como una de las regiones ultraperiféricas, según el artículo 299.2 del Trata- do CE. Condición ésta que se recoge en el proyecto de nuevo Tratado que ha dado en conocerse como «Constitución». Tal consideración viene a identificar hechos bien patentes: las Islas Canarias, junto a Reunión, Martinica, Guadalupe, Guyana, Azo- res y Madeira, son regiones de la Unión Europea alejadas del territorio continuo comunitario y fronteras en África y América.

Además, tienen problemas derivados de su pequeña dimensión, de su geografía en algunos casos, de su clima en otros, de su dependencia económica de la producción de un número reducido de bienes y servicios en todos.

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..:::::ii... El Sahara y España

He visto desde hace años cómo esta simple consideración producía una sonrisa cargada de sarcasmo en muchas personas

«generalmente bien informadas». Siempre he interpretado esta actitud, puede que me equivoque, como un deseo de esquivar la evidencia de que las Islas Canarias son un enclave geográfi- co, político y económico, de la Unión Europea en el Océano Atlántico, situadas a unos ciento treinta kilómetros del Sahara Occidental en su punto más cercano. Es una reacción que iden- tifica uno de nuestros principales déficit el nivel cultural, en- tendiendo por cultura la capacidad de reflexión.

Por esto, desde hace ya algún tiempo, cuando señalo las características fundamentales de la economía de las Islas Cana- rias, digo que es una región alejada del territorio continuo de la Unión Europea, algo que ya es un hecho bien aceptado desde la perspectiva comunitaria, pero añado ... y cercana al territorio continuo de África occidental. Con esto quiero significar que si es una realidad para las Islas Canarias, con ventajas y proble- mas, estar alejadas de uno de los grandes mercados más ricos del mundo, también lo es el ser frontera en uno de los extensos territorios más pobres.

Me gustaría que se prestara atención a una expresión que he empleado: «ser frontera en». Hay una diferencia radical entre los territorios comunitarios, continentales o insulares, que son frontera «con África» y las regiones ultraperiféricas que son «frontera en» África y América. Andalucía, por ejemplo, es frontera con África, las Islas Canarias son frontera «en África», como Reunión, y tanto como Martinica, Guadalupe y Guyana son fronteras «en América». La diferencia radical entre las dos realidades es que las relaciones de lejanía-cercanía implican distinta consideración de los problemas, pero también posibili- dades futuras nada despreciables.

Este libro nos invita a cambiar la perspectiva popular y po- co ilustrada, y supone una llamada a la sensatez, porque es de personas sensatas reconocerse en el medio para poder actuar en consecuencia. De suerte que el relato, por cierto, extrema- 14

José Ignacio Algueró CueNo .JC.,,.

damente ágil, de los hechos históricos que determinan el pre- sente, se convertirá en indispensable para cualquier europeo que quiera profundizar en las relaciones Europa-África occiden- tal. Es este un mérito relevante porque hay que recordar que el interés de la Europa comunitaria por las relaciones con África va en aumento y se concreta en diferentes iniciativas.

Dos de ellas tienen especial interés para las Islas Canarias. La Unión Europea pondrá en marcha a partir de 2007 el programa denominado «Gran Vecindad», destinado a la cooperación con las regiones frontera de territorios no comunitarios. Las Islas Canarias han sido identificadas por el 111 Informe sobre la Cohe- sión Económica y Social de la Unión Europea como una región de especial tratamiento en este programa. El segundo proyecto de interés es la creación de una zona de libre comercio en el África occidental que mantendrá, a su vez, un tratamiento especial en distintos ámbitos con la Unión Europea. También en este segun- do caso las Islas Canarias son consideradas como una región especialmente interesada en estos acuerdos y la Comisión Euro- pea ha llamado la atención sobre la importancia de las opiniones canarias. Parece evidente que una gran parte del éxito de estos programas dependerá de una resolución del conflicto considera- da por las partes como «legítima».

Sigamos pensando como un ciudadano europeo que vive en las Islas Canarias y preguntémonos ahora qué efectos ten- dría el desarrollo de la región del África occidental que está junto al Archipiélago. Hemos señalado que uno de los condi- cionantes de la economía de las Islas es, junto a su alejamiento de los grandes mercados del continente europeo, su pequeña dimensión. La pequeña dimensión en economía es un condi- cionante porque limita la capacidad para aprovechar la tecno- logía existente en el mercado. En la mayoría de las actividades económicas, la tecnología permite reducir costes unitarios con un alto nivel de producción y mercados suficientemente gran- des para absorberla. Así que mercados pequeños implican costes mayores que no pueden competir ni siquiera contando 15

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~ El Sahara y España

con la barrera protectora de la distancia. Esto es lo que deno- minarnos la dificultad para el aprovechamiento de las econo- mías de escala.

El mercado de las Islas Canarias ha ido creciendo a gran ve- locidad en los últimos años. La población y la renta han creci- do, también el número de turistas creció considerablemente hasta el 2000. Pero sabernos que este crecimiento tiene un límite determinado por las dimensiones absolutas del territorio y relativas por la protección medioambiental. Así que la expan- sión del mercado puede estar en el continente próximo. Si hay crecimiento económico y de la población en el África continen- tal próxima, las Islas Canarias podrán intensificar las relaciones económicas y habrá ventajas para ambas regiones. Más aún, las Islas Canarias pueden colaborar en el impulso institucional y económico de la zona. De nuevo la condición es que exista seguridad. Sin seguridad no hay mercados, ni hay inversión con riesgos aceptables.

El desarrollo del turismo en la costa próxima a las Islas Ca- narias con frecuencia se percibe corno una amenaza. Proba- blemente, el número de turistas que visitan las Isla no pueda superar los doce millones al año que se alcanzaron a finales del siglo pasado. Pero sí podernos explorar nuevos deseos de los clientes combinando acciones y ofreciendo programas más amplios con el África continental.

No se agotan aquí las posibilidades. Sigamos reflexionando.

Las Islas Canarias fueron núcleo de intercambio comercial con las regiones próximas del continente africano. Antes incluso de la incorporación de las Islas a la Corona de Castilla en el siglo XV, el Archipiélago favoreció y se favoreció del transporte de mercan- cías con África. La reconversión del transporte marítimo y los flujos comerciales hicieron que Canarias perdiera esa función en la división internacional del trabajo tras la crisis de los setenta del siglo pasado. Pero, desde finales de los noventa, las cosas han cambiado. Por razones que no vienen al caso, las Islas pueden de nuevo convertirse en un centro de distribución y logística del 16

José Ignacio Algueró Cuervo .,&;..

transporte marítimo. Las regiones próximas a Canarias del África continental podrían beneficiarse de esta posibilidad, puesto que los puertos de las Islas gozan de condiciones para ~I transporte a gran escala que no tienen los del continente. El flu10 de mercan- cías además, no se limita al tradicional Norte-Sur o Sur-Norte, sin~ que se amplía al Sur-Sur desde país~ e.orno Brasil o C~i~a que están alcanzando altos niveles de crecrrnr~nto y exportacron.

Sin embargo, parece evidente que la estabrhdad es de nuevo condición indispensable.

No sólo las mercancías fluyen entre las regiones. También las personas lo hacen, mientras los desequilibrios de renta. sean tan enormes. Porque ya se ha dicho, las personas no tienen raíces, tienen cerebro y piernas para construirse una vida mejor en donde sea posible. El desarrollo de la región del África con- tinental próxima no parará durante mucho tiempo la emigra- ción al continente europeo. Debemos pensar que el desarrollo de África no es cuestión ni de corto, ni de medio, ni de largo plazo, porque muchos millones de personas malviven .Y ~uer~n todos los días. No ocurre así por casualidad: muchas rnst1tuc10- nes y prácticas deben cambiar, no sólo en África, sino también en el resto del mundo, para que los niveles de bienestar disua- dan a la población de la posibilidad de emigración. Ahora bien, cuanto antes empecemos a cambiar las instituciones funda- mentales, mejor. Más ocasiones tendremos para equivocarnos y rectificar. Las Islas Canarias pueden aportar conocimientos sobre el diseño y funcionamiento de las instituciones democrá- ticas fundamentales, sobre las condiciones para la existencia de mercados o sobre la satisfacción de las necesidades prefe- rentes, tales corno sanidad, educación, vivienda. Simplemente, nos hemos equivocado antes y podemos evitar que otros ca~­

gan en los mismos errores, asl que pueden tener la oportuni- dad de cometer otros.

La región lleva demasiado tiempo sin resolver los conflic- tos. Como en Hamlet, todos los protagonistas quieren imponer sus intereses y urden estrategias y tácticas continuas fundadas 17

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..:::::... El Sahara y España

en la no-cooperación y el conflicto. Así que la tragedia se desa- rrolla diariamente, porque en la realidad política, económica y social, nunca cae el telón. Sin embargo, la cooperación abriría puertas a un futuro mejor. ¿Podría ofrecer Canarias las condi- ciones de proximidad-alejamiento y discreción suficientes para iniciar la cooperación de todos los agentes sobre este complejí- simo problema?

El poeta Abdellatif Laabi decía el pasado julio, en un artícu- lo publicado en El País. «Si Marruecos está enfermo hoy del Sahara, tal vez emprenda a través de este último su curación».

Es posible que podamos decir del Sahara Occidental que está enfermo de Marruecos, Mauritania y Argelia. Y lo mismo de estos dos últimos países respecto a los demás de la zona. La curación pasa por el reconocimiento de la enfermedad y, en muchos casos, el reconocimiento colectivo es la mejor de las terapias. A partir de ahí, nada fortalece más la voluntad para tomar las medidas pertinentes que estar convencidos de que la vida será mucho mejor una vez superada la enfermedad.

En los últimos días de abril se han producido dos noticias relevantes. El indulto de todos los presos saharauis por Moha- med VI, previo a la prórroga por seis meses de la presencia de Naciones Unidas, tras un informe de Kofi Annan, secretario general de la ONU, al Consejo de Seguridad, en el que se reco- rtoce que no se puede invitar a las partes a negociar el plan de autonomía porque supondría reconocer la soberanía de Ma- rruecos sobre el territorio. Parece que entramos en un nuevo periodo en el que habrá más de lo mismo, pero después de todo, es posible, siempre es posible, que algo cambie. ¿Qué trascendencia tienen los hechos anteriores? Algo parece estar cambiando.

El libro que el lector tiene en sus manos identifica los ava- tares de una larga historia que han impedido el desarrollo de un pueblo. Este texto nos enseña los distintos condimentos que han ido formando este pésimo guiso. Formas de gobierno difícilmente justificables a principios del siglo XXI, patriotismos 18

José Ignacio Algueró Cuervo .,;::;..

que interesadamente mezcla~ sent!mie~tos con verd~de~ a medias, oportunismos de vanos estilos, intereses econom1cos que trascienden al ámbito de la in~uencia política, qué pode- mos decir de España, y todo en medio del subdesarrollo.

Esperemos que los procesos conducentes a más democr~cia en la zona, la definición de formas ~e Estado que per~1tan combinar la estabilidad macroeconóm1ca con mayores niveles de equidad personal y territorial, el desarrollo de la coo~era­

ción política, económica y social, permitan avanzar hacia el objetivo que realmente importa: que las ~ersonas pue~an disfrutar del progreso y vivir con niveles de bienestar seme1an- tes a los de los países más desarrollados en todos los lugares.

Canarias, 2 de mayo de 2006 José Luis Rivera Ceballos

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Introducción

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José Ignacio Algueró Cuervo ~

El 9 de noviembre de 1975, con Franco a las puertas de la muerte, el rey Hassan 11 ordenaba la retirada de la llamada Marcha Verde del interior del Sahara Occidental. La noticia fue presentada ese día por el telediario del Régimen corno una claudicación del monarca marroquí ante la inutilidad de su arriesgada apuesta. Sin embargo, pocos minutos después, en un instituto de Gijón, un agudo catedrático de Historia advertía a sus alumnos: «No se crean la noticia. Si Hassan 11 ha ordena- do la retirada es porque está seguro de que España le entrega- rá el Sahara». La firma, cinco días después, de los llamados Acuerdos Tripartitos de Madrid, confirmó aquella aseveración e hizo que surgiera de mi adolescente indignación el auto- cornprorniso de llegar a averiguar qué se escondía detrás de aquella manipulación informativa y de aquella traición a los compromisos adquiridos con los habitantes de lo que, para los españoles, era la provincia de Sahara.

El primer fruto de aquel compromiso se concretó a finales de junio de 1999 con la defensa, en la sede central de la UNED en Madrid, de una tesis doctoral. Cuatro años después, y con el patrocinio del Gobierno de Canarias, veía la luz El conflicto del Sahara Occidental, desde una perspectiva canaria, publicación en la que incidía especialmente sobre la influencia recíproca entre el Archipiélago y el desértico territorio.

Agotada la tirada de aquella obra, son muchas las razones que hacían aconsejable una adaptación y revisión de la misma.

Así, la plena actualidad del conflicto; su permanente interfe- rencia en las relaciones de España con el Magreb; la aparición

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~ El Sahara y España

del levantamiento ciudadano conocido como intifada saharaui, la posibilidad de que se reinicie una guerra a poco más de cien kilómetros de las costas de Fuerteventura; la permanente sali- da de pateras desde las costas del Sahara ahora ocupado por Marruecos, etc.

He aquí, pues, un estudio que no sólo aporta claves para co- nocer el origen del conflicto del Sahara Occidental y su desarro- llo, sino que incide especialmente en las consecuencias que de él se han venido derivando para España, para los contendientes, y para el equilibrio en el Magreb; un libro que pretende contribuir a un mejor conocimiento del auténtico problema de fondo, el que nos dará luz sobre una hipotética solución del conflicto: por qué no ha sido posible hasta la fecha concluir la descolonización del Sahara Occidental.

La obra se presenta, así, dividida en tres partes. En la pri- mera de ellas se hace una descripción del territorio y de sus habitantes, para analizar después las causas que determinaron la presencia española allí, su posterior colonización, y el traza- do definitivo de sus fronteras, con especial referencia al papel impulsor ejercido por el Archipiélago Canario.

En la segunda se analiza el complejo proceso que desembocó en la entrega del territorio a Marruecos y Mauritania. ¿Existió disparidad de intereses dentro del Gobierno español?, ¿qué cartas jugaron sus miembros más destacados?, ¿valoró España adecuadamente la capacidad política de Hassan 11?, ¿qué conse- cuencias tuvo para el proceso la censura que desde el Gobierno trató de imponerse sobre su desértica provincia?, ¿cuál fue la posición del entonces Príncipe de España en el proceso descolo- nizador?, ¿cuál fue realmente la actitud de los Estados vecinos y de las grandes potencias? Son interrogantes que se tratará de despejar aquí, concluyendo la exposición con un análisis de las graves consecuencias que para Canarias tuvo la salida adoptada.

En la tercera parte se analiza, en todas sus vertientes, la evolución del conflicto desde 1976 hasta 1982, poniendo espe- cial interés en cuestiones como: la transformación de un exiguo 24

José Ignacio Algueró Cuervo .,¿;;;;_

pueblo de nómadas en una república socialista en el exilio; la factura pagada por España por su incorrecta descolonización del Sahara; la utilización de la causa saharaui en la lucha por las libertades; o la relación entre el auge del nacionalismo canario y el devenir del contencioso del Sahara.

En el epílogo se recoge de forma somera la evolución del proceso de autodeterminación entre 1982 y la actualidad, incluyendo, eso sí, todos aquellos acontecimientos de especial significación ocurridos en estos años, y finalizando con la refe- rencia a la posible evolución que podría tener el conflicto.

La obra se completa con el inventario de fuentes utilizadas, debidamente ordenadas por su naturaleza y contenido para facilitar su consulta. El lector o la lectora interesados en consul- tar la mayor parte de los acuerdos, tratados, resoluciones, etc.

a los que se hace referencia, puede encontrarlos en la tesis del autor, depositada en la Biblioteca de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED, en Madrid.

Los testimonios personales adquieren un protagonismo sin- gular por las características de los entrevistados y por los va- cíos de información que, en algunos casos, llenan. Especial agradecimiento merece el testimonio de D. Santiago Carrillo, quien, a diferencia de muchos protagonistas directos, prefirió la respuesta a una pregunta comprometedora antes que el siem- pre socorrido silencio.

Los materiales bibliográficos y hemerográficos provienen de diversos centros de investigación franceses y canarios, así como de un modesto archivo periodístico personal.

Ante el riesgo de olvidar la mención de alguna de las perso- nas que han contribuido a que este trabajo sea una realidad, he optado por expresarles de forma personal mi más profundo agradecimiento. No obstante, quisiera dejar constancia expresa de mi gratitud a D. Francisco Pomares, de Ediciones Idea, quien desde el primer momento acogió con entusiasmo esta obra y se comprometió a ponerla al alcance de toda persona interesada en

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~ El Sahara y España

un conflicto tan cercano y, al mismo tiempo, tan poco conocido como el saharaui.

En cuanto a la dedicatoria, es el pago a una deuda de grati- tud contraída con el coronel de Artillería D. José Ramón Diego Aguirre (q.e.p.d.). Destinado en el Gobierno General del Saha- ra, fue testigo de excepción de la entrega del territorio, y se convirtió en estudioso y defensor de la causa saharaui. Como historiador, me resolvió cuantas dudas le planteé, dando mues- tras de notable generosidad. Como persona comprometida, decidió que sus restos reposaran en Tifariti, capital de la zona del Sahara Occidental liberada de la ocupación marroquí, y donde muchos viejos saharauis acuden cuando ven cercano el fin de sus días.

J.1.A.C.

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Primera parte:

El largo proceso colonizador

(S. XV-1956)

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José Ignacio Algueró Cuervo .¿;;;_

EL MARCO GEOGRÁFICO Y EL ELEMENTO HUMANO

El Sahara Occidental es un territorio situado en la costa noroeste de África, aproximadamente entre los 28º y los 21 º de latitud norte, y los 8° y los 17° de longitud oeste, con una extensión máxima de 800 Km de norte a sur, y 580 Km de este a oeste. Limita al norte con Marruecos -450 Km-, al noreste con Argelia -40 Km-, y al este y sur con Mauri- tania -1.600 Km-. La costa de la antigua colonia española, con una longitud de 1.206 Km, dista un centenar de Km de la isla canaria de Fuerteventura, en su punto más cercano.

La superficie del Sahara Occidental quedó definitivamente delimitada en 1958. Desde entonces, se han dado -incluso con carácter oficial- diversas medidas, que van desde los 266.000 a los 288.000 Km2(1

).

La zona norte del antiguo Sahara Español se conoce como Saguia el Hamra («Acequia Roja»), y está atravesada por un cauce del mismo nombre que tiene una longitud de 450 Km, y que se llena de agua excepcionalmente, al igual

· La primera cantidad es sistemáticamente repetida por la ONU desde 1975. Hasta esa fecha, el organismo internacional consideraba la segunda. Por su parte, el ministro Castiella cifró la extensión en 280.000 Km1 (Washington, 1960).

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..:::::... El Sahara y España

que ocurre con otros cauces (uadi.fJ. La zona sur recibe el nombre de Río de Oro2

FIGURA 1 -SUCESIVAS DELIMITACIONES DEL SÁHARA ESPAÑOL

~s.fNANA :18/JG-/900,

f!illJ /?10 DE OH() : DESDE 1900.

mm

/o/AllllUECQS: 1900-1904.

~ HAllllUECOS: 1904-12 Y SEKJA

ELB lfAllllUECOS: 1912-58 E /!'NI ..

. Tomad? de: CORDERO TORRES, JOS( MARIA: Fronteras Hispánicas. Geografía, H1stona, O¡plomacia y Administración, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1960, p. 432

' Para la RASO, estas regiones son cuatro: Saguia el Hamra, Zemmur Adrar Sutuf y Tiris. Vid. MINISTERIO DE INFORMACION y CULTURA DE LA RASO: La Re;ública Arabe Saharaui Democrática. Pasado y presente, Argel. 1982, pp. 8-9.

30

José Ignacio Algueró Cuervo

.c..

El conjunto del territorio podríamos definirlo como una gran planicie árida, que va elevándose suavemente desde la costa hacia el interior. La monotonía paisajística la rompen algunas alineaciones montañosas, muy erosionadas, que contrastan con las

sebjas,

depresiones que, si llueve, se convierten por efecto de la evaporación en depósitos de sal.

Es más frecuente la extensión pedregosa o rocosa (hamada) que la arenosa (er!}J, cubierta ésta última por las caracterís- ticas dunas. Los oasis constituyen una rareza.

Por lo que se refiere a la costa, es un acantilado conti- nuo de unos 40 m de altitud media; su único refugio natural es la bahía de Río de Oro3

El contraste de temperaturas entre el día y la noche, la es- casez de lluvias, y la acción del viento son rasgos distintivos del clima del Sahara Occidental. En la costa la temperatura se ve suavizada por la corriente de retorno del circuito del Golfo y por el viento alisio del noreste; en la hamada, sin embargo, el termómetro alcanza con frecuencia los 50º. El cielo despe- jado y la atmósfera limpia posibilitan un calentamiento inten- so y un enfriamiento rápido del suelo -no existe una capa de vapor de agua aislante y reguladora-, base de la notable amplitud térmica y de la consiguiente erosión.

Llueve escasa e irregularmente en otoño e invierno. El régimen de vientos se completa con el temido

siroco,

tam- bién llamado irif¡; que levanta nubes de arena y suele venir cargado de electricidad; contra él sólo cabe la mayor inac- ción que sea posible4

3 Vid. CORDERO TORRES, JOSt M•: fronteras hispánicas. Geografía e Historia, Diplo- macia y Administración, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1960, pp. 423-425.

4 Vid. MARIÑAS ROMERO, GERARDO: El Sahara y la Legión, Editorial San Martín, Madrid, 1988, p. 21.

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~ El Sahara y España

La escasez de agua en superficie contrasta con la abun- dancia de agua subterránea. El Servicio Minero y Geológico español descubrió en 1965 en las proximidades de Villa Cisneros una inmensa bolsa de agua subterránea apta para el consumo humano, cuya extensión superaría los 500 Km2

El territorio del Sahara Occidental está surcado por una red de pozos acuíferos que, con una profundidad escasa -entre 2 y 45 m-, ha constituido tradicionalmente un recurso de primer orden para la supervivencia de los habitantes del desierto.

La insuficiencia de aguas superficiales, el rigor de las temperaturas y las condiciones de la escasa tierra existente -excesivamente arcillosa y rica en sales minerales sódicas- condicionan la flora y la fauna existentes.

La vegetación se sitúa principalmente en las zonas húme- das de los uadis, oasis y depresiones. La presencia de aves se ve favorecida por el hed10 de que el Sahara Occidental consti- tuye una importante vía de migración de estos vertebrados.

Entre las especies más comunes destacan: la avutarda, el cuervo del desierto, la gaviota, el búho y la lechuza, el aves- truz y la gacela -diezmados durante la colonización-, el arrui, la ·hiena, el chacal, el zorro y el lince5 Roedores y reptiles diversos completan el inventario.

Étnicamente, la población del antiguo Sahara Español es árabo-bereber, con cierta presencia de elementos negros. Es el resultado del contacto de invasores árabes, llegados en diversas oleadas a partir del siglo VII, con pastores bereberes, para dar lugar a una población que «conserva del mundo originario bereber costumbres, estructuras sociales y ciertos

s Vid. MINISTERIO DE INFORMACIÓN y CULTURA DE LA RASO: op. cit., pp. 16-18.

32

José Ignacio Algueró Cuervo .itt::..

rasgos de carácter y de moral, y adoptó de los árabes la len- gua, la moral, la escritura, la religión y la cultura»6

Desde la introducción del camello por los bereberes zene- tas, hacia el siglo 111, hasta la intensificación de la colonización española a comienzos e la década de los 60 de este siglo, el saharaui fue un pueblo nómada, conocido como los hijos de las nubes por su continuo deambular en busca de pastos tras las lluvias, o como los hombres azules, en alusión al tinte que sueltan sus ropas, y que preserva su piel de los efectos del sol.

Perfectamente adaptado a las condiciones del desierto, ha de ser sobrio en su alimentación, vestido y menaje.

Posee excepcionales dotes de orientación, reconoci- miento, rastreo y caza; cuida como a su más preciado bien al camello y al restante ganado, y cuando las po- see, a sus armas. El saharaui tiene un sentido del honor compatible con la indemnización de las ofen- sas, incluso sangrientas. Practica la hospitalidad. Es valeroso y respeta los deberes colectivos de amistad o enemistad, a veces «salpicada con venganzas». El tipo físico medio de los saharauis se caracteriza por talla media, enjuto, rasgos aquilinos con facciones finas ... y pelo encrespado1

' Cf. lAZRAK, RACHID: le contentieux teritorial entre le Maroc et l'Espagne, Dar el Kitarb, Casablanca, 1974, p. 58.

J Cf. HERNANDEZ PACHECO, FRANCISCO y CORDERO TORRES, Jost M': El Sahara español, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1 %2, pp. 117-118.

Para un estudio comparativo de las poblaciones saharaui, marroquí y mauritana, vid. DIRECCIÓN GENERAL DE PROMOCIÓN DEL 5AHARA E INSTITUTO DE ESTUDIOS AFRICANOS:

El Sahara como unidad cultural autóaona, CSIC, Madrid, 1975, p. 36.

Para conocer las similitudes entre saharauis y mauritanos en distintos planos, vid.

TATON, ROBERT: «Le Sahara Occidental vu du coté mauritanien», en la Mauritanie mobtlisée, Europe Outremer, Nº 574, noviembre de 1977, pp. 5-15.

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~ El Sahara y España

Socialmente, la familia jugaba entre los habitantes del Sa- hara un importante papel, favorecido por la extraordinaria dureza de la vida en el desierto. Su idioma es el

hassanía,

un dialecto de probable origen beduino-maqui! de fondo árabe, que recibe su nombre de Hassan Ben Abdelhadi, pariente de Ali, yerno de Mahoma8

Hasta mediados del presente siglo, los saharauis no usaron la moneda, organizándose a base de «una econo- mía de seres vivos y objetos transportables muy curiosos:

las cabezas de ganado, los esclavos y el número de

/atinas

(tiendas de campaña, vivienda típica) eran la cifra de la riqueza; el signo, objetos de cocina, joyas o vestidos fá- cilmente transportables» 9

Cuantificar una población de nómadas es de por sí em- presa difícil. Si a ello añadirnos las intenciones políticas, que han llevado a España a minimizar durante mucho tiempo el número de autóctonos, a éstos a aumentarlo después consi- derablemente, y a los países vecinos a exagerar el número de refugiados saharauis en su territorio, convendremos en la necesidad de acercarnos a las cifras con la lógica reserva. Las más próximas a la realidad, no obstante, son las facilitadas por el censo efectuado por España en el otoño de 197410• Sus datos más significativos serían los siguientes:

8

Vid. MARIÑAS ROMERO, GERARDO: op. cit., p. 195.

9

Cf. DIRECCIÓN GENERAL DE PROMOCIÓN DEL SAHARA ... : op. cit., p. 25.

'°Vid. BARBIER, MAURICE: Le conflit du Sanara Occidental, L'Harmattan, París, 1982, p. 14.

34

José Ignacio Algueró Cuervo .Jt:::;..

' Población Saharaui Varones 1 Mujeres 11

73.497 38.336 l 35.161

Sedentarizada: 81, 9%

Principales núcleos:

-El Aaiún (28.499) -Smara (7 .295)

Villa Císneros (5.413) Nómada: 18,9%

Principales tribus:

-Erguibat -Ait Lahsen

-lzarquién -Arosien

-Ulad Delim -Ahel Berikallah

-Ulad Tridarin

Población civil española Varones 1 Mujeres

-20.126 12.702 1 7.424

.

Fuente: VILLAR, FRANCISCO: El proceso de autodeterminación del Sanara.

Fernando Torres, editor, Valencia, 1982.

En cuanto a los recursos naturales puede afirrna~se con rotundidad -y tendremos ocasión de demostrarlo mas a?e- lante- que una de las claves del devenir del Sahara ha sido la desproporción entre los inmensos recursos na:urales. que encierra y la escasa población que acoge. Segun se iban alumbrando -{) se constataban po;ibilidad,es de alumb~ar­

las diversas riquezas del territorio, este sufna las embes~1das

de la metrópoli, de las gran?es pote~cia.s o ~e sus vecinos~

ávidos de unas materias primas de md1scut1ble valor eco

nómico y estratégico. . , bl

La ganadería es la más tradicional ocupaoon del pue o saharaui Se centra sobre todo en la oveja, la cabra. y el

amello . Los

hijos de las nubes

han recorrido durante

s1~los

e · - d dos en un peregrinar

el territorio acampanan o a sus gana '

" El Resumen Estadístico del África Española de 1958 recogía la ~ifra d~ 11~.SC~

. p CO F y CORDERO TORRES, J. M•: op. Cit., p. . saharauis (SIC) (HDEZ. ACHE ' . . (ARO BAROJA JULIO:

análisis riguroso de la sociedad saharaui puede encontrarse en , Estudios saharianos, Ediciones Júcar, Madnd, 1990.

(18)

~ El Sahara y España

incesante en busca de pastos e intercambios comerciales. El aprovechamieno de los animales es integral, incluyendo leche, carne, cuero, piel, grasa, estiércol, etc.

Si la cabra se asocia con ciertos agasajos, es el camello el animal que ha llenado la vida y ha servido para identificar al saharaui hasta hace tres décadas (intensificación de la colonización española). El camello ha sido base del trans- porte por el desierto, moneda de cambio, dote en las bodas, elemento insustituible en el cumplimiento de sentencias, materia prima en la fabricación de unas

jaimas

que se here- dan de padres a hijos, y vehículo del guerrero. Sólo la utili- zación de vehículos todo-terreno fue capaz de restar prota- gonismo a este animal, capaz de estar tres meses sin beber cuando está en reposo, y de beber más de cien litros de una sola vez para saciar la sed acumulada12

Si la ganadería ha sido tradicionalmente la principal fuente de riqueza del habitante del Sahara, la pesca ha sido la primera justificación de la llegada de europeos a la costa del territorio, atraídos por la riqueza del llamado banco canario-sahariano, asentado en una prolongación submari- na, cuyo borde dista de la costa unas 60 millas13 •

El inventario de especies sería prolijo: citemos entre los crustáceos la langosta y el bogavante, y entre los peces, la corvina y la sama. Para dar una idea de la importancia de este banco pesquero, baste el dato de que en 1978 su producción anual por Km2 estaba evaluada en 1 O Tm, sobre

ll Vid. MAR/ÑAS ROMERO, GERARDO: op. cit., pp. 103-108.

"Ibídem, p. 161.

36

José Ignacio Algueró Cuervo .&:..

una superficie de 150.000 Km2 en la que habitarían 190

14

espeoes comunes .

El grado de explotación del banco pesquero ha evolu- cionado desde la primitiva pesca practJCada por los lmra- guen y Chnagla saharauis a la explotación intensiva prac- ticada por los modernos barcos factoría, que son capaces de recoger en tres meses 250.000 Tm de pescado Y de

, 15

crustaceos .

A la importancia política de la riqueza icti~lógica de l~s

costas del Sahara Occidental tendremos ocas1on de refenr- nos más adelante.

Es el fosfato la principal riqueza reconocida del Sahara Occidental. Utilizado fundamentalmente en la fabricación de abonos químicos, básico, por tanto, para aumentar la. produc- ción agrícola, la importancia estratégica ~e este ,m1~eral es incuestionable, mientras que su importancia econom1ca que- daba supeditada a su siempre inestable precio en el mercado internacional16

Investigaciones realizadas en los años cuarenta por el ingeniero español Manuel Alia Medina permitieron el des- cubrimiento, dentro de una importante área fosfatera, y a unos 100 Km al sureste de El Aaiún, del yacimiento de Bucraa con una extensión de 230 Km2 y un tenor del 75 al 80%

d~

fosfato tricálcico. Su fácil explotación

y

sus inmen- sas reservas -evaluadas inicialmente en 1. 700 millones de

" Vid. AsSIDON, ELSA: •lnventaire et explotátion des richesses économiques•, en VARIOS: Sahara Occidental.- Un peuple et ses droits, Coloquio de Massy, 1-2 de abril de 1978, L'Harmattan, París, 1978, p. 35.

"Ibídem, pp. 34-35.

" Baste indicar que el precio medio en dólares de cada Tm exportada por Marrue- cos fue de 48 en 1973, 217 en 1974, 261 en 1975, y 149 en 1976 (citado por ASSIDON, ELSA: Sahara Occidental, un enjeu pour le Nord-Ouest africain, Ed.

Maspero, París, 1978, p. 138).

(19)

~ El Sahara y España

tonelad~s, y estimadas posteriormente en 3.400 millones-

convierten en uno de los yacimientos fosfateros más importa~'.es del ~undo,

que explica que su puesta en

e.~plotac1~n supus~era

un impulso decisivo para la coloniza- c1on espanola del interior del Sahara Occidenta111

~on

mínimos los datos contrastados que existen sobre las riquezas

q~e

alberga el subsuelo del Sahara Occidental,

fo~fatos

excluidos.

A_~artir

de 1960, España concedió per- misos a once co~panias extranjeras para hacer prospeccio- nes en s.u ~o.lon1a en busca de petróleo; oficialmente se

l~graron

1nd1c1os en 27 puntos, pero sin interés comercial18 Sin embargo, vari.as voces de expertos en la materia se

ha~

lev~ntado

defendiendo la existencia de petróleo explotable tesis que ven~ría a apoyar el hecho de que las concesione~

se .hayan continuado en años sucesivos, incluso con el terri- torio ocupado ya por Marruecos 19

Está contrastada la existencia de un yacimiento de hierro en Agracha, co~ una cubicación de unos 20 millones de t?ne!adas de

m1~~ral

con una importante proporción de t1tani?, .10 que d1f1culta su explotación y le resta interés econom1co2

º.

El

Serví~~º Mi~ero

y Geológico español pudo haber reve- lado, tamb1en a finales de los 60, la presencia de uranio y cobre, aunque sin evaluar21

:: Vid. ASSIDON, ELSA: «lnventaire et explotation ... », op. cit., p. 38.

Vid. INSTITUTO DE ESTUDIOS AFRICANOS: La acción de España en Sáhara CSIC

Burgos, 1971, p. 26. ' '

"Así, el ingeni~ro marroquí Abraham Serfaty, que trabajaba para el Ministerio de Minas de su pa1s en 1969, afirmaría que «una estructura petrolera gigante había sido delimitada por Esso, Y lo esencial de la capa se situaría en el Sahara Occiden-

;:1~. Segun ASSIDON, ELSA: «Inventarie et explotation ... », op. cit p 37

11 Vid. INSTITUTO DE ESTUDIOS AFRICANOS: op. cit., p. 26. ., . . Vid. ASSIDON, ELSA: «Inventarie et explotation ... », op. cit., p. 38. 38

José Ignacio Algueró Cuervo ~

ANTECEDENTES HISTÓRICOS Y SUCESIVOS ACUERDOS CON MARRUECOS

El interés por descubrir lo que había

plus ultra

de las co- lumnas de Hércules (estrecho de Gibraltar) se remonta con toda probabilidad a los orígenes de la Historia. El miedo a traspasar la mítica frontera había mantenido el noroeste africano protegido de la curiosidad de quienes tenían los medios técnicos para acceder a él. Sin embargo, si damos crédito al relato titulado

Periplo de Hannón,

este cartaginés había navegado a mediados del siglo IV a. C. a lo largo de la costa africana hasta la isla de Cerné, cuya ubicación ha sido objeto de conjeturas22

Durante la Edad Media, el lógico atractivo por lo des- conocido se vio frenado por leyendas como la del

mar tenebroso.

No obstante, al llegar el siglo XIII, la prosperi- dad económica de algunas ciudades del Mediterráneo, asentada en una base mercantil, favoreció que genoveses, catalanes, mallorquines, etc. se lanzasen a una explora- ción presidida por la escasez de medios técnicos y en la que solían estar presentes el interés por abrir nuevos mer- cados y el propósito evangelizador23 A finales del siglo XIV, la captura de esclavos y el

descubrimiento

del banco pesquero canario-sahariano acabaron completando el inventario de alicientes para acercarse a la zona.

n Vid. DIAZ DEL RIBERO, FRANCISCO: El Sahara Occidental. Pasado y presente, Gisa Ediciones, Madrid, 1975, p. 9 y MARlf-lAS ROMERO, GERARDO: op. cit., p. 23.

13 El Papa Clemente VI constituyó en 1344 las Islas Canarias como reino, haciendo uso de la capacidad que lo asistía por tratarse de tierras habitadas por infieles, según el criterio imperante entonces. Vid. LADERO QUESADA, MIGUEL ÁNGEL: «Con- quista y colonización», Historia 16, año VIII, Nº 85, mayo de 1983, p. 16.

(20)

~ El Sahara y España

Los avances técnicos en la navegación y la emergencia de dos potencias marítimas como Portugal y Castilla van a hacer que en el siglo XV se asista a una auténtica carrera no exenta de enfrentamientos, entre ambos reinos peninsu~

lares. Los escenarios de la misma serán el Magreb, las islas atlánticas y la ruta hacia Guinea24 •

El extraordinario papel jugado por las Islas Canarias en el devenir del Sahara Occidental hace suponer que la pre-

~encia

española en el segundo hubiera sido muy distinta, o incluso no se hubiera producido, si en el siglo XV no se hubieran conquistado aquéllas.

Fue el impulso evangelizador al que hacíamos referencia más arriba el que hizo que la Santa Sede bendijera la conquis- ta de las islas de Lanza rote ( 1402) y Fuerteventura ( 1408) por parte del caballero normando Jean de Bethencourt, quien en 1402 se había convertido en vasallo del rey Enrique 111 de Castilla. Estas islas, como más tarde ocurriría con las de El Hierro y La Gomera, pasaron a ser señoríos (de Bethencourt Niebla, Casaus y Peraza, respectivamente). En 1477, Diego

d~

Herrera, casado con Inés Peraza, cedería a los Reyes Católicos el derecho de conquista de las islas mayores (Gran Canaria, La .Palma y Tenerife). La rivalidad con Portugal y la dificultad de la conquista (orografía más compleja y mayor población de nati- vos) hacían aconsejable la intervención de la Corona. No obs-

t~nte,

la conquista no se haría con el envío directo de tropas, sino «asentando

capitulaciones

con eclesiásticos y capitanes encargados de llevarla a efecto>>21

La conquista de Gran Canaria se inició en 1478, y se vio favorecida por la conversión al cristianismo del

guanarteme

" Ibídem, p. 16.

11 Ibídem.

40

José Ignacio Algueró Cuervo .JC..

( ) Tenesor Semidán, que sería rebautizado Fernando rey ,

1 .

Guanarteme en honor al Rey Cato 1co. . ,

Alonso Fernández de Lugo conqu1stana La Palma e~

ocho meses en 1492.

ti

mismo, tras vender esclav~s abon- genes en la Península, ?~tuvo los fo~dos ~ecesanos para dominar Tenerife, propos1to que hana _r~~lrdad e~ 1496, quedando desde esa fecha todo el Arch1p1elago bajo sobe-

ranía española. , .

Para entonces, las disputas con Portugal hab1an .sufrido una evolución importante. El Tratado de Alca~o~?s, firmado en 1479, había puesto fin a la guerra de suces1on castell~­

no-portuguesa iniciada en 1~75. Por ~I: Portugal reconocra a Isabel 1 como reina de Castilla y adm1t1a los derechos de la corona castellana sobre Canarias. Por su parte, los ~eyes

Católicos tuvieron que reconocer a Portugal la conqurs:a Y colonización de la costa occidental de África y de las islas de Madeira, Azores y Cabo Verde. El tratado fijaba en cabo Bojador (costa del Sahara Occidental) el límite sur de la

expansión castellana. , . .

Las disputas hispanos-lusas reaparecenan tras el viaje de Colón en busca de las Indias, y encontrarían un nuevo marco de referencia en la firma el 7 de junio de 1494 d~I

Tratado de Tordesillas, que concedía pleno dominio a Ca~~1-

lla entre Messa y cabo Bojador, condicionando la expans1on al sur de dicho cabo26

El interés por la conquista de las Islas Canarias esquivan- do la oposición portuguesa iba a ~or:er paralelo al deseo de acercarse a las costas vecinas de Afnca. Ya en 1449, Juan 11

de Castilla decide desligar el gobierno de Canarias del de la

" Por este tratado, se fijaba una nueva línea de Norte a Su~, al Oest~ de Cabo Verde. Todos los territorios situados al Oeste de ella pertenec1an a Castilla, mien- tras que los ubicados al Este pertenecían a Portugal.

(21)

...:::... El Sahara y España

costa africana, otorgando mediante Real Cédula de 8 de julio al duque de Medina Sidonia «la mar e tierra desde el cabo de Guer (Agadir) hasta la tierra alta e cabo Bojador, con todas las pesquerías e con la tierra adentro». Sin embargo, volcado en la política peninsular, el noble no utilizó la concesión27 •

Diego García de Herrera consigue en la confirmación que en 1468 le hace Enrique IV de Castilla de su señorío sobre las Canarias se incluya «la Mar Menor, en las partes de la Berbería». Construirá allí la torre-factoría de Santa Cruz de Mar Pequeña, que se convertirá en realenga «tras su reconstrucción en 1496 por el gobernador de Gran Cana- ria, Alfonso Fajardo»28, y que resistirá la hostilidad periódica de los nativos hasta su definitiva desaparición cuando aún no se había cumplido el primer tercio del siglo XVI.

Santa Cruz de Mar Pequeña se vio legitimada por Portu- gal cuando este país firmó con España, en 1509, el Tratado de Cintra, que reconocía a ésta el derecho a establecerse en una reducida franja costera del litoral del Sahara29El encla- ve constituiría también el primer nexo sólido entre Canarias y lo que sería el Sahara español.

Que desde la fortaleza de Santa Cruz de Mar Peque- ña, cuando no desde Canarias, las huestes hispanas realizaron incursiones sistemáticas y cabalgadas puni- tivas en el noroeste de África, ya fuera para «tener a

17

et. MORILLAS, JAVIER: Sahara Occidental. Desarrollo y subdesarrollo, El Dorado, Madrid, 1990, p. 34.

" Cf. VILLAR, FRANCISCO: El proceso de autodeterminación del Sahara, Fernando Torres. editor, Valencia, 1982, p. 32.

" Este encorsetamiento llevaría al historiador Antonio Rumeu de Armas a hablar de la acción española en África en términos de «operación frustrada> (citado por MORALES LEZCANO, VICTOR: «Canarias y el noroeste de África. Un esbozo de sus relaciones», La Gaceta de Canarias, año 11, N° 6, p. 43).

42

José Ignacio Algueró Cuervo ..&::..

raya» al infiel musulmán, o para hacer cautivos entre las tribus bereberes de la costa occidental del Sahara, es un hecho probado ... Habría que tener en cuenta, además, el contingente de esclavos negr?s.capturad.os por negreros ibéricos, desde la base log1st1ca ~anana,

para satisfacer la demanda de fuerza de trabajo bara- ta generada en los menester~s .~omé~ticos de la capa señorial y hacendada del arch1p1elago .

La profundización de la labor ~~scubrid?r~ y colon.i~ado- en América haría que la conex1on con Afnca se m1t1gara

~~rante

el siglo XVI. Incluso el comercio de las Islas .cana- rias con los reinos de España se resiente. La. pesca, sin em- bargo, se mantuvo, aunque a finales del siglo XVI ya no existían factorías en el litoral.

En su defecto, los patronos canarios desembarcaban regularmente a lo largo del litoral saha~iano, c~m­

biando con los pobladores... azúcar, harma, aceite, arroz, té, ropas, mantas, madera y abalorio.s diversos, por ganado, pieles, losas de sal y en partJCular con- chas y orchilla ... Con toda tranquilidad. faenaban en aquellas aguas, secaban el pescado en t1~rra, levanta- ban campamentos provisionales donde mv~r~aban y reparaban embarcaciones y redes, s~ aprov1s1onaban de agua carne y leche; se desenvolv1an en una pala-

, 31

bra con plena libertad .

No podemos hablar de una sistemática explo~ación del Sahara Occidental entre los siglos XVI y XVIII,

sin?

de .un

mantenimiento de la trabazón con España a traves, pnn-

" Ibídem, p. 43.

l1 Citado por MORILLAS, JAVIER: op. cit., p. 34.

(22)

..::::::lli.. El Sahara y España

cipalmente y como acabamos de ver, de los canarios. Sí se dieron, en cambio, «algunos viajes o estancias a veces forzadaS»32

La Corona española seguía considerándose con dere- chos en la costa del Sahara. Hacia 176633, el comerciante escocés George Glas pretendió fundar en dicha costa la factoría de Port Hillsboroug; fue a Canarias en busca de suministros, y allí resultó detenido y encarcelado por inten- tar usurpar unos derechos que España consideraba propios;

puesto en libertad, intentaría recuperar las riquezas deposi- tadas en su factoría, falleciendo víctima de la codicia de sus propios marineros.

Si durante los siglos ~ y ~I el marco de referencia para la presencia española en las costas occidentales del Sahara fueron los sucesivos acuerdos con Portugal, entre mediados del siglo XVIII y mediados del XIX lo serán tres acuerdos fir- mados con Marruecos: los de Marrakech, Mequinez y Tetuán.

En los límites, muchas veces imprecisos, señalados en estos textos; en los términos, a menudo intencionadamente confu- sos, que van a incluir, va a estar la base de buena parte de las argumentaciones que presenten Marruecos y España cuando . en 1975 traten de convencer a los jueces de la Corte de La Haya de la legitimidad de sus posiciones sobre el, entonces ya, problema del Sahara Occidental.

En respuesta a la no deseada presencia de portugueses y españoles en sus costas, durante los siglos XVI y ~11 Marrue- cos había ido forjándose como nación; a los

sadíessucederían

en el S. ~11 los

alauíes-dinastía

ésta que reina en la actuali- dad-, quienes, tras el brillante mandato de Mulay lsmail,

32 Cf. BARBIER, MAURICE: op. cit., p. 33.

'' 1764 según BARBIER, en op. cit.

44

José Ignacio Algueró Cuervo .,&;..

superarían sus querellas

sucesoria~

para llegar a fines .del

· lo ~111 con la autoridad del sultan asegurada. Ahora bien,

~

1

~asta

dónde se extendía esa autoridad? ¿Ue_gaba hasta las tierras de lo que luego sería el Saha:a .espano.1? Aparte, el primer documento oficial para la polem1ca esta fecha.do en 1767, en Marraquech. Es un tratado de paz y comercio q~e nació como respuesta a los deseos del rey Carlos 111 de Espana de que el sultán marroquí aut~ri~ase la instalación en la costa africana de una factoría que sirviera de apoyo. a los pescado- res canarios. En el artículo 18 del acuerdo se dice:

su Majestad Marroquí se abstiene de deli?~rar s~bre el establecimiento que Su Majestad Catollca quiere fundar al sur del ued Nun, pues no puede hacerse res- ponsable de los accidentes y de~gracías qu~ pudieran producirse, visto que su soberan1a no se extiende has.- ta allí y que las poblaciones errantes feroces que habi- tan este país siempre han causado daños a los cana- rios y los han reducido a cautividad34

El ilustre tratadista marroquí Rachid Lazrak sostiene que para bien interpretar el original d~I acuerdo hay que hablar de «dominio» y no de «soberania», lo que ha dado pie a los defensores de las tesis marr?quíes a man.tener que el sultán siempre tuvo la soberan1a sobre las tierras saharianas que luego ocuparía España, aunque no nece- sariamente el dominio35

En 1799 se firmó en Mequinerum el nuevo tratado de paz y comercio, que fue rubricado por un sultán distinto -Muley

34 Citado por LAZRAK, RACHID: op. cit., p. 45.

35 Citado por DIAZ DEL RIBERO, FRANCISCO: op. cit., p. 84.

45

(23)

~ El Sahara y España

Soliman- en nombre de Marruecos, y ya con Carlos IV en el trono de España. En su artículo 22 puede leerse:

Si algún navío español naufragase en el río Nun y su costa, su majestad marroquí, aunque no poseyendo la soberanía, promete sin embargo, en prueba de cuanto aprecia la amistad de Su Majestad Católica, emplear los medios más oportunos y eficaces para salvar y li- berar las tripulaciones y demás individuos que hayan tenido la desgracia de caer en manos de los habitan- tes de aquellos lugares36

La esencia de este tratado es la misma que la del ante- rior: el sultán reconoce que no controla a quienes habitan al sur del río Nun. El profesor Lazrak mantiene sus puntualiza- ciones, mientras que los defensores de la tesis oficial espa- ñola encuentran un argumento más en el hecho de que el sultán hable de «los habitantes de aquellos lugares», cuan- do, de ejercer una soberanía plena, lo lógico sería que hablara de sus súbditos37

Tendremos ocasión de volver sobre estas diferencias

\T)ás adelante. En cualquier caso, conviene tener presente que el río Nun dista bastante de los límites internacional- mente reconocidos del Sahara Occidental.

En la primera mitad del siglo XIX, Marruecos mantenía su independencia, con excepción de algunas plazas situadas en su costa mediterránea. Las grandes potencias se neutraliza- ban unas a otras. Gran Bretaña ejercía una gran influencia a través del comercio, y velaba para evitar el engrandecimiento de un país que ocupaba la orilla opuesta a Gibraltar.

" Citado por lAZRAK, RACHID: op. cit., p. 45.

"Vid. ibídem, p. 46.

46

José Ignacio Algueró Cuervo .te- En 1859, España construyó unos fuertes para defender ceuta de los frecuentes ataques de los rifeños; éstos inter- pretaron el hecho como un deseo de ampliar la ocupación, y los destruyeron. La respuesta española fue tan contunden- te como una declaración de guerra.

El conflicto concluiría con la firma el 26 de abril de 1860 del Acuerdo de Tetuán, por el que España ampliaba las zonas fronterizas de Ceuta y Melilla, además de recibir

«cerca de Santa Cruz de Mar Pequeña», un territorio sufi- ciente para la formación de un establecimiento de pesquería (artículo 8)38

Habría que esperar bastantes años para que esta última cláusula se hiciera efectiva, pese a que entre las potencias europeas había empezado a manifestarse lo que algunos historiadores han calificado como «una apetencia inusitada por el continente de las tinieblas»39

EL SOPORTE NECESARIO. AFRICANISMO Y COLONIZACIÓN

En efecto, si hasta 1875 la presencia europea en África se había limitado casi en exclusiva a enclaves costeros, el último cuarto del S. XIX va a ser testigo de un continente atravesado de parte a parte por quienes estaban sentando las bases de una auténtica colonización. Había un interés científico en estas expediciones -promovidas generalmente por sociedades geográficas-, al que se unió pronto un inte-

"Citado por Ru1z. JAVIER: «La tierra de los hombres azules», en Historia 16, Extra IX, Madrid, 1976, p. 58.

"Cf. MORALES LEZCANO, VICTOR: op. cit .. p. 43. Abolida la trata de esclavos, frutos y minerales eran codiciados por las potencias europeas.

47

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