“AGRADECIMIENTOS”
“Para M.S.G, que me regaló la idea de escribir este libro”, esta dedicatoria como otras es al mismo tiempo un agradecimien- to. Es de Gustavo Díaz González y Johana Rincón González, quienes me dieron mucho apoyo con el primer libro que hice “Una Vida”.
Sumario
“AGRADECIMIENTOS” ... 7
“CAPÍTULO 1”
“La casa” ... 11
“Capítulo 2”
“Algo ocurre” ... 25
“Capítulo 3”
“Luego del clímax” ... 37
“Capítulo 4”
“¿Qué pasa?” ...45
“Capítulo 5”
“Paranormal” ...51
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“Capítulo 6”
“Otra vida” ...59
“Capítulo 7”
“La guerra” ...65
Capítulo 8
“El ataque” ... 77
“Capítulo 9”
“Las leyendas” ...93
“Capítulo 10”
“Amenazas” ... 107
“Capítulo 11”
“La habitación” ... 113
“Capítulo 12”
“El encuentro” ... 127
“Capítulo 13”
“Se acabó” ... 139
“CAPÍTULO 1”
“La casa”
Milena y Johann comenzaron a vivir juntos en una casa de alquiler, donde antes se hacían brujerías, rituales y se hablaba de un embrujo en la casa. La casera siempre actuaba de ma- nera extraña, era muy observadora, en el barrio se decía que leía tu vida con tan solo mirarte a los ojos. Muchos hechos paranormales o extraños pasaron en esa casa, pero Milena y Johann no lo sabían, tuvieron que experimentarlo por ellos mismos y lo descubrieron.
Johann no creía en esas cosas, pero le tenía respeto mien- tras que Milena sí que creía que existía todo ese rollo, espíritus y brujerías. Ambos tenían razón en parte. A Milena no le gus- taba nada esa casa, se escuchaban ruidos por la noche y la casa estaba en malas condiciones, su perro Janchi, ladraba y aullaba por las noches a una pared, un día decidieron pintarla y cuan- do lijaron la pared se vio claramente un símbolo de satanismo,
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como que se hacían rituales en esa habitación. Milena comen- zó a dejar de comer, solo bebía café, Johann se preocupaba por ella y intentaba hacer todo para calmarla, pero no podía.
Pronto se descubriría que Milena tenía una depresión, esta- ba muy delgada llegando a pesar tan solo cuarenta kilogramos.
Johann no sabía que más hacer, se sentía culpable por no po- der ayudarla, hacía todo lo que podía para distraerla de su pasa- do bastante doloroso, entonces hacía todo, incluido salir todos los días a comer algo por fuera, al cine, todo lo que sea para que ella olvidara sus problemas, pero luego él no tenía dinero para el bus e iba a trabajar caminando, todo por verle una sonrisa a Milena. Una noche mientras Milena estaba en casa con Janchi, en el sofá recostada viendo la televisión, escuchó que alguien le llamaba desde dentro de la casa, ella sólo pensó que era Johann que habría venido antes de trabajar, pero no, no era Johann.
Se levantó del sofá, teniendo ya en mente como defender- se ya que esa voz que no paraba de decir “Milena, ¿¡MILENA!?
Amiga” claramente no era de Johann, podría ser un ladrón, pen- só. Milena camina hacia detrás ya que la cocina estaba en el mis- mo salón (salón-cocina) coge un cuchillo, llama por teléfono a su padre Fernando eran las tres de la madrugada su padre dijo:
- Enciérrate en la habitación y di en voz alta “voy a llamar a la policía”, llamaré a tu novio. - Fernando.
-De acuerdo, sí, llamaré a la policía. - Milena siguiendo los pasos que decía su padre.
Milena corre por el pasillo hasta llegar a su habitación con Janchi, (Janchi era de raza peligrosa en España, Pitbull america- no terrier mezclado con sabueso de Posavac Hound) Janchi en
todo momento estaba algo nervioso alterado como las demás noches con la pared, pero esta vez se ponía delante de las pier- nas de Milena, queriendo protegerla de algo que Milena no veía.
Milena se arma de valor y abre puerta de la habitación... No hay nada. Se escuchaban unos pasos tenebrosos, asomó su ca- beza por la puerta y miró el pasillo oscuro de la casa, las luces estaban apagadas, no se veía a nadie ni a nada, pero los pasos se seguían escuchando, cada vez más cerca. Milena se estaba co- menzando a agobiar. Cuando se dio cuenta sentía la sensación de que alguien la observaba fijamente, ella miraba para todos lados, pero la oscuridad de la noche no permitía que Milena viera demasiado, se dejaron de escuchar los pasos, justo cinco segundos después, se escuchó un portazo. Era Johann, acababa de llegar de trabajar:
- ¿Qué pasa? ¿Estás bien? Tu padre me llamó diciendo de un ladrón o algo así. - Johann.
- Yo no, no sé, ¿Qué le pasa a esta casa? -Milena.
- ¿Qué tiene que ver eso ahora? ¿Estás bien? -Johann.
- Johann, mi amor, no hay ladrón, hubo algo que me ob- servaba, lo sentí, si no hubieses llegado, seguramente quería hacerme daño. - Milena.
- ¿Qué dices? Anda vamos a dormir que ambos tenemos sueño, mañana se ve todo con claridad. - Johann.
-Johann, ¿no me crees? Te estoy hablando en serio, se lo que sentí, escuché mi nombre, tu no estabas para decirme nada.
-Milena.
-Okey, lo que tu digas, vamos a dormir. - Johann.
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-Vale Johann, no me crees, pero pronto lo harás, esto va a empeorar, lo conozco. - Milena.
- ¿Cómo que lo conoces? -Johann.
-Ah, no sé. - Milena.
Johann se cambia la ropa, Milena cerró los ojos y rezó en silencio, mentalmente.
Ella sabía algo que Johann no, pero no era momento de decirlo.
Fernando llamó por teléfono a Milena, para preguntarle cómo estaba todo, entonces Fernando escuchó la palabra “bru- ja”, Milena sintió un escalofrío y de nuevo la sensación de que está siendo observada, solo le estaba diciendo a su padre que su casera era una bruja, y que tenía una foto de la vecina. Fer- nando respiró hondo y dijo:
- Cielo, te voy a contar una historia de un amigo mío.
-Fernando.
Fernando comenta que tenía un amigo que trabajaba en el cementerio hace muchísimos años, su amigo llamado Pablo si- gue trabajando en el cementerio Pablo le contaba a Fernando las historias que le sucedían trabajando ahí.
Pablo le contó a Fernando que no tenía miedo de trabajar donde trabajaba ya que lleva trabajando desde que tenía die- ciséis años, les perdió el miedo a los muertos a los cadáveres y a pasar noches trabajando solo y escuchar ruidos, pero había algo que, si le atormentaba siempre que iba a trabajar, simple- mente, la brujería. Pablo explica que también se encarga de las cremaciones, dice que los huesos no se queman por lo tanto los tritura hasta que queden polvo, una vez dejo el polvo de
los huesos en una caja de la sala de cremaciones para que al día siguiente fuese todo entregado a la familia del difunto, o cuando fue a buscar la caja, estaba vacía, y no fue la única vez que sucedió, hasta que se dio cuenta que eran las/los brujas/
os y satánicos quien se los quitaba para desearle el mal a los demás o hacer rituales.
También cuenta que se ha encontrado con diferentes ras- tros de brujería, cabezas de marrano con las que se suele utili- zar para invocar al demonio de la destrucción, la muerte, Lu- cifer y Satanás, la enfermedad; pescado relleno con una cinta con nombres para hacerle un amarre a alguien y pasar el resto de la vida con ella. También se ha encontrado con gallinas o gallos muertos, pues lo utilizan los santeros/as para lograr un deseo que ambicionan (ya sea bueno o malo).
Entonces Milena con voz entrecortada preguntó a su padre Fernando:
- ¿Por qué me cuentas eso papá? Crees que pasa algo. - Milena.
Fernando respira hondo y dijo:
-Solo lo digo para que sepas las señales de la brujería y que sepas como defenderte porque eres fuerte, tanto como persona como de bruja. -Fernando.
- ¿Cómo que de bruja? -Milena.
- Okey, tranquilízate cielo, tu abuelo iba a ser cura, pero e enamoró de la abuela, como seguía amando a Dios decidió ser un líder en una religión cubana, porque sabes que tu abuelo era cubano y se hizo brujo por eso cuando una vez te pusiste muy enferma y no sabíamos que te pasaba ni el medico tam- poco, te llevábamos con abuelo, él te curaba, formas parte de