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Estrategias colectivas de satisfacción de necesidades

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Academic year: 2020

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(1)FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DEPARTAMENTO DE CIENCIA POLÍTICA Y RELACIONES INTERNACIONALES MAGISTER EN GOBIERNO, POLÍTICAS PÚBLICAS Y TERRITORIO. “Estrategias colectivas de satisfacción de necesidades”. Memoria para optar al grado de Magíster en Gobierno, Políticas Públicas y Territorio. Estudiante Ernesto Eduardo González Navarrete. Director de Trabajo de Graduación Natalia Evelyn Hernández Mery. Profesor Informante Cristian Marcelo Leyton Navarro. Santiago, Chile, Enero 2018.

(2) FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES DEPARTAMENTO DE CIENCIA POLÍTICA Y RELACIONES INTERNACIONALES MAGISTER EN GOBIERNO, POLÍTICAS PÚBLICAS Y TERRITORIO. “Estrategias colectivas de satisfacción de necesidades”. Memoria para optar al grado de Magíster en Gobierno, Políticas Públicas y Territorio. Estudiante Ernesto Eduardo González Navarrete. Director de Trabajo de Graduación Natalia Evelyn Hernández Mery. Profesor Informante Cristian Marcelo Leyton Navarro. Santiago, Chile, Enero 2018 1.

(3) A Pilar, Martin Pescador y Juan Valiente tres personas, tres navegantes que se aventuran conmigo sin el astrolabio. 2.

(4) AGRADECIMIENTOS. En primer lugar, mis profundos agradecimientos a la Fundación Nacional para la Superación de la Pobreza, institución que junto con haber posibilitado esta oportunidad de formación académica, ha sido un espacio de continuo crecimiento, tanto personal como profesional. Es en ella donde he tenido la oportunidad de trabajar con personas profundamente comprometidas con el desafío de superar pobreza en nuestro país. En segundo lugar, quisiera agradecer a Mauricio Rosenbluth, compañero de trabajo y amigo, a quien debo gran parte de los aprendizajes que he podido obtener en mi trabajo diario, los cuales han motivado el desarrollo de esta investigación. A Leonardo Moreno, por el apoyo constante y la experiencia ganada. A mis compañeros del área de Propuestas País, tanto del área central como de regiones, quienes desarrollaron muchos de los trabajos que he utilizado en el desarrollo de mi investigación, y que en las diferentes instancias de discusión han sido un aporte fundamental. A Natalia, quien me guio en un campo disciplinar que para mí es nuevo, con paciencia y lucidez, sin exigir los chocolates que siempre prometí. A mis colegas, por su presencia y calidez. A mi madre, mi padre y hermanos, siempre, por la infancia que me brindaron en la lejana Patagonia: ¡¡Hagamos de la vida una cosa placentera, la frente bien altiva y el cuerpo con vigor!! A Maricarmen Silva Mandujano, a quien olvide de agradecer en mi primer trabajo de titulación, cosa que me prometí no hacer si se daba la oportunidad de realizar un nuevo desafío académico. Han pasado diecisiete años… nunca es tarde. ¡Gracias! Finalmente, a mi almohada, por el silencio en los tiempos del cólera…. 3.

(5) CONTENIDO RESUMEN.................................................................................................................................... 5 I.. INTRODUCCIÓN ............................................................................................................ 7. II.. PROBLEMATIZACIÓN ................................................................................................ 11. III.. DISCUSIÓN TEÓRICA ................................................................................................ 19. 3.1.. El ámbito de la acción colectiva ......................................................................... 19. 3.2.. Vulnerabilidad y estrategias................................................................................. 24. IV.. OBJETIVOS ................................................................................................................... 35. 4.1.. Objetivo general ...................................................................................................... 35. 4.2.. Objetivos específicos ............................................................................................ 35. V.. METODOLOGIA ........................................................................................................... 36. VI.. RESULTADOS Y HALLAZGOS ................................................................................ 39. 6.1.. Atributos del sujeto ................................................................................................ 39. 6.2.. Atributos del Contexto........................................................................................... 65. 6.3.. Estrategias ................................................................................................................ 73. 6.4.. Síntesis ...................................................................................................................... 81. VII.. CONCLUSIONES ......................................................................................................... 83. 7.1.. La noción de un sujeto colectivo ........................................................................ 84. 7.2.. Factores que condicionan el desenlace de las estrategias identificadas 87. 7.3.. El rol de la estructura de oportunidades .......................................................... 90. 7.4. Consideraciones finales: Limitaciones del estudio y preguntas emergentes ........................................................................................................................... 93 VIII.. BIBLIOGRAFIA ............................................................................................................. 95. VIII.. ANEXOS ....................................................................................................................... 100. 4.

(6) RESUMEN. La presente investigación buscó describir y analizar estrategias de satisfacción de necesidades, específicamente aquellas que son realizadas en forma comunitaria, es decir, en el marco de sistemas que emergen de las relaciones que establecen los individuos, los cuales, en este trabajo se interpretan como un sujeto de carácter colectivo1. Se puso, asimismo, especial énfasis en los factores que condicionan el desenlace de dichas estrategias, los cuales no solamente tienen que ver con los atributos. que posee el sujeto que realiza dichas. estrategias, sino que también aquellos que forman parte de su contexto. Este último se entiende como una estructura de oportunidades que condiciona la utilización de recursos por parte de un sujeto, sea este de carácter individual o colectivo.. El supuesto que subyace a esta propuesta tiene que ver con la valorización del rol que cumple el entorno comunitario en la satisfacción/insatisfacción de las necesidades humanas, sobre todo a nivel local, donde las políticas sociales se despliegan en forma concreta mediante una oferta programática que no visibiliza dichos aspectos. La investigación, de tipo cualitativa exploratoria y descriptiva, se basó en el análisis documentos de sistematización donde se analiza la experiencia de trabajo del Programa Servicio País, el cual corresponde a un modelo de intervención cuyas metodologías están dirigidas al trabajo con niveles de agrupación que trascienden el subsistema individual. Esta situación favoreció la identificación y análisis de las estrategias que dichos grupos despliegan para. 1. Entendido este último como una estructura organizacional que despliega un operar para el logro de uno o varios objetivos. Las propiedades de dicha estructura, de carácter emergente, no se explican solamente a partir de los atributos que presentan los individuos. Así, y entendiendo una estrategia como un modo o practica para hacer frente a un problema determinado, el sujeto es conceptualizado acá en términos del nivel de agrupación que se construye para ejecutar dicha práctica. En este sentido, una persona, la familia, o un grupo más amplio, pueden efectivamente constituirse en niveles operativos susceptibles de análisis.. 5.

(7) satisfacer sus necesidades, permitiendo establecer una primera línea de reflexiones. Por otro lado, los casos sistematizados comprenden zonas tanto urbanas como rurales, donde además fue posible identificar, a partir del marco de interpretación que propone el enfoque de Activos, Vulnerabilidad y Estructura de Oportunidades (AVEO)2, los elementos que subyacen a dichas estrategias, tanto en términos de su estructura como de funcionamiento.. Los hallazgos de este estudio muestran la existencia de estrategias que implican la actuación de un sujeto que emerge a partir de la interacción entre individuos, el cual, sin ser una estructura estable e invariante, permite, principalmente a través de las potencialidades que surgen de la utilización del capital social que pueden generar, ampliar el horizonte de posibilidades de enganche a la estructura de oportunidades.. Sin embargo, el análisis de los desenlaces de dichas estrategias, si bien se traducen en modificaciones positivas en el nivel de bienestar de las personas, tanto en la dimensión objetiva como subjetiva, muestra que su sostenibilidad en el tiempo no está garantizada. Esto, dado que existen una serie de obstáculos, tanto al interior del sujeto identificado, como del contexto en el cual se desenvuelven, donde el Estado juega un rol preponderante en tanto institución que media entre las personas y las esferas que dan forma a la estructura de oportunidades.. Se abren, finalmente, una serie de interrogantes que son susceptibles de abordar en estudio futuros. Lo anterior, con el objetivo de avanzar hacia el reconocimiento de las estrategias colectivas y del sujeto que las despliega, en tanto niveles donde las políticas públicas pueden complementar su acción.. 2. Propuesto por Rubén Katzman (2001). 6.

(8) I.. INTRODUCCIÓN. Nuestro país ha tenido avances importantes en materia de Superación de la Pobreza asociada a los ingresos. Desde los años 90 a la fecha, los indicadores de pobreza han mostrado una tendencia sostenida a la baja 3 que da cuenta de un periodo activo de políticas sociales que han surtido efecto sobre las expresiones más duras de ésta (FSP, 2010; 2013). Si bien desde la perspectiva del ingreso se ha reducido notablemente la pobreza, los datos indican que el número de hogares y/o personas afectados por ésta es mayor que el mostrado por los estudios convencionales; en este sentido, las encuestas longitudinales disponibles (Panel CASEN) muestran que, para el período comprendido entre los años 1995 y 2006, aproximadamente un 35% de la población ha sufrido situaciones de pobreza, cosa que revela que existen estratos sociales que, sin ser pobres en un momento determinado, "viven fragilidades económicas que los hacen altamente vulnerables a los riesgos" (Hardy, 2014, pág. 5).. Existe un amplio consenso en que, dentro de los factores que dan cuenta de muchas situaciones de pobreza y vulnerabilidad, es posible identificar prácticas institucionalizadas que, al fomentar procesos de segregación y segmentación, han traído como consecuencia el aislamiento social de los pobres (Katzman R. , 2001)4. Así las políticas de vivienda social, la segmentación educativa y la segregación laboral promueven el confinamiento de las personas en situación de pobreza, imposibilitando la integración social (Rodriguez & Sugranyes, 2005; Segovia, 2005). En este sentido, la dificultad de desplegar estrategias de. 3. En 1990 existían alrededor de un 40% de personas que vivían en situación de pobreza, situación que contrasta con el 13,7% medido para el año 2006. En fechas posteriores el cambio de metodología no permite la comparación de las series. En la serie ajustada del periodo se registra igualmente una disminución, desde un 29,1% registrada al año 2006 a un 11.7% el 2015. La situación cambia si se mira la medición de pobreza multidimensional, donde los datos, para el año 2015, revelan que alrededor del 20% de la población tiene carencias en alguna de las dimensiones medidas (Salud, Vivienda, Trabajo y Educación) 4 Mayor información respecto de estas prácticas se pueden encontrar en Sabatini, Francisco & Brain, Isabel. (2008). La segregación, los guetos y la integración social urbana: mitos y claves.EURE (Santiago), 34(103), 5-26.. 7.

(9) desarrollo deriva finalmente en un sentimiento de malestar que compromete seriamente la convivencia social (Katzman R. , 2001). Asimismo, se ha argumentado que esto viene a ser consecuencia del proceso de modernización actual, cuya dinámica ha traído como resultado que "Los individuos pierden aquel enraizamiento en el tejido social que les permite explicitar y codificar las relaciones de reconocimiento recíproco y construir lazos de integración social" (Lechner, 2000, pág. 4). Si se piensa esto en términos de debilitamiento del capital social, esto es, de la desaparición de lazos y prácticas de cooperación, se puede decir que también están en juego las funciones que este cumple; esto es, además del control social y la creación de confianzas, la posibilidad de resolver conflictos y la movilización/gestión de recursos comunitarios (Durston, 2000). En general, las políticas de superación de la pobreza que se han implementado en los últimos 30 o cuarenta años se basan en una concepción de un sujeto beneficiario carente, de carácter pasivo y que debe resolver sus necesidades en el nivel individual/familar (FSP, 2013; SEN 2003), desconociendo con esto las potencialidades y capacidades de movilización de recursos que se dan en personas y comunidad (Filgueira, 2001; Katzman & Filgueira, 1999; MaxNeef, Elizalde, & Hopenhayn, 1998). En este sentido, es importante destacar la orientación que han tomado las políticas públicas en los últimos años, cuyos mecanismos específicos de focalización y oferta programática plantean un modelo de relación con el Estado en el que se invisibilizan los atributos relacionales, restringiendo con esto las posibilidades de desarrollo de estrategias para la Superación de la pobreza.. Lo anterior hace relevante la necesidad de modificar el esquema de relaciones con individuos, familias y comunidades por parte del Estado, lo cual en términos programáticos se traduce en el tránsito hacia “esquemas de trabajo colectivo que favorezcan la cooperación mutua y trasferencia horizontal” (FSP, 2013, pág. 17) . Para esto, se hace necesario, en primer lugar, identificar, y reconocer, que tipo de estrategias despliegan los individuos para resolver, en forma asociativa, sus 8.

(10) necesidades. La presente investigación se planteó como objetivo de investigación. Identificar y describir prácticas colectivas de satisfacción de. necesidades, desplegadas por personas en situación de pobreza para la satisfacción de necesidades. El estudio, de naturaleza cualitativa, descriptiva y exploratoria, se centró en el análisis de documentos de sistematización que resumen la experiencia de la Fundación para la Superación de la Pobreza en materia de intervención social, cuyos modelos y enfoques permiten dar cuenta de la existencia de este tipo de esquemas o estrategias. Para tal efecto, se utilizó como principal enfoque de interpretación el marco de Activos, Vulnerabilidad y Estructura de Oportunidades, cuyas categorías de análisis facilitan el análisis de la dinámica asociada a las estrategias que despliegan individuos y comunidades para hacer frente a las problemáticas que les afectan. De esta manera, se plantean los elementos generales sobre los cuales es posible analizar otro tipo de experiencias y en otros contextos. En este sentido, se trata de avanzar hacia "la creación de las bases para formular proyectos que puedan ser asumidos colectivamente, revalorizando la cooperación y la solidaridad sin las cuales es imposible avanzar en cohesión social" (Hardy, 2014, pág. 11).. El presente trabajo de investigación consta de 7 secciones. Los primeros tres capítulos se centran en orientar el foco de estudio, donde se presenta la problemática a estudiar. y se sientan las bases conceptuales que guían la. presente tesis, específicamente la exposición del enfoque de análisis que se utilizó para el análisis de los casos estudiados. En este caso, desde los enfoques expuestos se sugiere que, dado un contexto en el cual paulatinamente las políticas públicas han ido transitando hacia un enfoque estrictamente individual/familiar para abordar las problemáticas en el Chile Actual, aparecen estrategias que, dado su potencial de revalorización del actuar colectivo, se muestran como una dimensión que debe ser considerada para avanzar hacia una arquitectura de políticas que también centren sus esfuerzos hacia la integración social, cuestión que se juega en alternativas que promuevan el fortalecimiento del capital social que subyace a dichas estrategias. 9.

(11) Las siguientes dos secciones se centran en abordar el análisis de dichas estrategias, tomando como caso de estudio la experiencia que la fundación para la superación de la pobreza ha tenido respecto del trabajo con dichos esquemas, esto es, con la aparición de sujetos que tiene la potencialidad de actuar en términos colectivos.. Finalmente,. se. esbozan. algunas. reflexiones. que. sugieren. algunos. lineamientos a ser tomados en cuenta, tanto para futuros estudios, como para modelos interventivos que se centren a un nivel de carácter comunitario.. 10.

(12) II.. PROBLEMATIZACIÓN. La desigualdad y la exclusión que experimentan amplios sectores de la sociedad chilena ha incubado un creciente malestar social, el cual se ha expresado -a veces en forma explosiva- en la aparición de movimientos sociales regionales, estudiantiles, gremiales, etc. Asimismo, las demandas que estos han puesto como foco de su acción apuntan a problemas que atañen a grupos cada vez más amplios (PNUD, 2015) y que también implican un cuestionamiento de las formas en que la sociedad, en el marco de un modelo de desarrollo de inspiración neoliberal5, define el esquema de relaciones que se dan entre las instituciones, el mercado y las personas y/o colectivos (Lechner, 2000).. Dichos modelos no solo se expresan en una determinada política económica sino que además implican la generación de orientaciones que guían la implementación de políticas sociales, las cuales buscan corregir distorsiones generadas por los mecanismos de mercado que excluyen a determinados sectores sociales (Illanes, 2004). Es aquí donde el Estado juega un rol importante en términos de asegurar una adecuada distribución y asignación de recursos, además de una función de estabilización de las condiciones marco-económicas sobre las que se desenvuelve del subsistema económico (Chamorro, 2013).. Respecto de las políticas sociales que se pueden asociar a un determinado proyecto de desarrollo, tanto su diseño como reformulación se realizan en escenarios en los cuales estos mismos (los modelos) muestran signos de agotamiento en términos de capacidad de adaptación institucional, la cual puede estar también aparejada con fenómenos de desarticulación social que obligan a dar cuenta de las problemáticas emergentes que no pueden ser abordadas por la estructura existente (Illanes, 2004). En el caso de chile, durante el siglo XX e inicios del XXI, se pueden identificar por lo menos tres modelos de desarrollo que 5. En el caso chileno, cabe destacar que este modelo ha sido paulatinamente matizado con la aparición de enfoques y políticas orientadas a la integración social y a la equidad.. 11.

(13) se han caracterizado por el peso relativo que tiene el Estado respecto de los subsistemas social y especialmente económico, lo que deriva también en diferentes orientaciones respecto de las políticas sociales implementadas (Schkolnik & Bonefoy, 1994; Ocampo, 2004)6.. A partir de los años noventa, con la vuelta a la democracia, si bien no se produce un cambio de modelo propiamente tal al esquema subsidiario creado en la Dictadura, se introducen “matices” o correcciones orientadas a mejorar la calidad de vida de las personas (en un marco intensificación de un proyecto económico que profundizó las privatizaciones y los mecanismos de apertura económica) que implica un mayor énfasis respecto del Estado en tanto promotor del bien común, aun cuando en ningún caso se tradujo en una vuelta a políticas de inspiración más universal (Schkolnik & Bonefoy, 1994). En materia de asignación de recursos, para el periodo 1990-2009 se dio prioridad para los sectores más necesitados, focalización que se materializó más bien en transferencias monetarias, muchas de ellas de carácter condicionado, hacia los sectores más necesitados. (Arellano, 2011). No cabe duda de que el actual modelo de desarrollo ha sido exitoso en lo económico y ha mostrado avances en lo social. Sin embargo, el complejo proceso de transformación que esto ha implicado, sobre todo respecto de la estructura y el rol del estado, ha desembocado también en cambios respecto de lo que se entiende por lo público y lo privado. Actualmente, se asiste a un escenario donde se han ido estableciendo formas privadas de concepción y ejercicio de lo público, lo cual obviamente desemboca en una redefinición de la relación del estado con la sociedad civil que termina afectando la manera en que se incorpora a los ciudadanos en la toma de decisiones (Escobar, 2004; Cunill, 2012).. El proceso de modernización presenta entonces una paradoja, donde, en palabras de Norbert Lechnner "el buen desempeño de los indicadores 6. Políticas Pre-universales, Universales, Subsidiarias e integradoras.. 12.

(14) macroeconómicos y macrosociales no conlleva necesariamente un sentimiento de seguridad en la población" (Lechner, 2000, pág. 2). Según el mismo autor, esta paradoja se expresa, principalmente en el miedo a la exclusión, el debilitamiento de las identidades colectivas y la pérdida de los referentes habituales (grupo, nación, escuela, empresa).. En general, varios autores han situado este malestar en el desajuste que se da entre lo individual y lo colectivo, donde se desatiende el hecho de que el ser humano, en tanto individuo, también se construye en las relaciones sociales y en el vínculo (Lechnner, 1999). El proceso de individualización, impulso que también se expresa en los derechos sociales, tiende entonces a “sustituir una ciudadanía social fundamentada sobre el carácter colectivo de las necesidades históricamente construidas, por una progresiva gestión de los riesgos. Donde la responsabilidad es de las víctimas y el bienestar no es tanto un derecho como una oportunidad en la cual los individuos deben competir en forma estrictamente individual” (Adelantado & Scherer, 2008, pág. 6). En este marco, sólo de forma muy reciente el tema de la cohesión social ha comenzado a formar parte de las prioridades de los gobiernos latinoamericanos (Hardy, 2014), cosa que no ha sido fácil. El Estado, en el marco de un modelo subsidiario7 que favorece el rol del mercado como proveedor de satisfactores (educación, vivienda, salud, etc.) promueve políticas hiperfocalizadas que centran su atención en la búsqueda de los más pobres, y además de manera atomizada a personas y familias. Al crear beneficios y programas solo para pobres, es decir, que no contribuyan a la integración social con otros segmentos de la sociedad, se recrea la segregación, situación que repercute en el marco de relaciones con los individuos y comunidades (Delamaza, 2011; FSP, 2013).. 7. El principio de subsidariedad implica concentrarse en aquellos sectores que no pueden satisfacer sus necesidades a través del mercado. De esta manera, el estado focaliza su acción en estos sectores y asume que el mercado sigue siendo el mejor asignador de recursos y prioridades (Schkolnik & Bonefoy, Una propuesta de tipología de politicas sociales en Chile, 1994). Estos sistemas son propios de estado de bienestar residual o liberales (Esping Andersen, 1989). 13.

(15) Las políticas públicas se despliegan en un campo complejo caracterizado por una creciente multiplicidad de actores que interactúan en un marco de asimetrías de poder, donde éstas (las políticas), también son productoras de subjetividad por cuanto participan configurado las relaciones sociales en el ámbito público y el privado (Giorgi, 2006) (Sandomirsky, 2010). Si nos enfocamos a mirar la orientación que han tomado las políticas sociales en los últimos 30 años, existe algún grado de consenso en que han contribuido a erosionar la cohesión social, promoviendo una oferta programática centrada casi exclusivamente, como se ha mencionado, en el individuo (o en el grupo familiar) y en desmedro de estrategias colectivas que, dado su potencial de fortalecimiento del tejido social comunitario, pueden contribuir a diversificar el repertorio de posibilidades de satisfacción de necesidades humanas (FSP, 2010). Asimismo, las políticas focalizadas trasmiten un estereotipo de las personas en pobreza como sujetos carentes y pasivos, desconociendo el hecho de que las personas son un agente que “actúa, se irrita y corre en respuesta a las políticas orientadas a eliminar la pobreza” (Sen, 2003, pág. 556).. Lo anterior es relevante a nivel local, donde las políticas sociales se despliegan en acciones específicas. En este sentido, la descentralización de la acción estatal hace necesaria la reconsideración del rol de los gobiernos locales en la implementación de estas políticas, donde toma importancia el considerar “la política social como parte de la experiencia de la vida diaria de las personas. Para las personas de escasos recursos, esto incluye la diversidad de formas de relación social que la implementación de políticas fomenta” (Roberts, 2001, pág. 15) .. En el caso chileno una buena parte de la política social es implementada a nivel local por los municipios, donde la relación entre el Estado y las personas también se manifiesta a través de los mecanismos de acceso a la oferta (beneficios). Si bien los municipios usan sistemas variados para hacer esto, históricamente se han apoyado en el uso de la Ficha de Protección Social para. 14.

(16) focalizar o establecer órdenes de prelación entre los potenciales beneficiarios. 8 Respecto de esto último, cabe preguntarse si, tal como se ha argumentado, las prácticas de focalización utilizadas en Chile a través de esta ficha tienen un efecto sobre las personas y comunidades, así como también en el grado en que hacen visibles los recursos asociados a las comunidades a las que pertenecen. Estudios cualitativos dan cuenta que la aplicación de este instrumento ha generado un malestar sobre las personas, “erosionado los sentimientos de filiación de los afectados con la sociedad de la que forman parte” (FSP, 2013, pág. 8). Entre los elementos que conforman dicho malestar podemos nombrar; i) la incapacidad de capturar la complejidad inherente a las situaciones de pobreza por las que atraviesa un individuo; ii) la estigmatizada caracterización que los mecanismos hacen de las personas, asociada fuertemente a carencias y donde la posesión de ciertos activos es castigada; y iii) la invisibilización de las prácticas colectivas que usualmente se despliegan para hacer frente a situaciones de pobreza 9 (FSP, 2012). Lo anterior no significa negar la importancia que tiene la consideración de las características individuales y familiares, donde gran parte de las posibilidades de satisfacción de necesidades se juegan en este nivel y por lo demás se constituyen en recursos que pueden ser movilizados en un nivel más colectivo. Sin embargo, se hace necesario también poner en el debate las posibilidades de contar con. 8. La ficha de protección corresponde a un instrumento utilizado para identificar, caracterizar y estratificar a la población, con el fin de que se focalicen las acciones y prestaciones sociales ejecutadas y coordinadas por distintos organismos del Estado (Schkolnik & Bonefoy, 1994). Actualmente está ficha ha sido sustituida por el sistema de apoyo a la selección de usuarios, uno de cuyos componentes corresponde al Registro Social de Hogares, una base de datos que combina información administrativa proveniente de diferentes fuentes oficiales. Una de las diferencias con la ficha de protección social radica en que mucha de la información no es reportada directamente por las personas. Por otro lado, el nuevo sistema se basa en la clasificación socioeconómica (CSE) del hogar, que se diferencia de la Ficha en que se calcula en base a los ingresos reales de las personas y no en su capacidad generadora de ingresos. Estudios cualitativos realizados durante el año 2016 en relación a las percepciones de la puesta en marcha de este nuevo sistema, han revelado que los malestares asociados a la antigua Ficha de protección social siguen estando presentes. 9 “Se reconoce que la pobreza no es una cuestión únicamente individual o familiar, sino que también tiene que ver con las posibilidades y limitaciones locales (geográficas, de recursos productivos, de transporte y dotación de servicios, etc.,), por lo que no basta actuar sobre las limitaciones y carencias a nivel individual o familiar” (Raczynsky, 1995, pág. 223).. 15.

(17) políticas y programas que promuevan el involucramiento activo de las comunidades afectadas por situaciones de pobreza, y que contribuyan además a desactivar los efectos subjetivos que las políticas y programas producen en ésta. En este sentido, se trata de volver a valorizar los esquemas de carácter colectivo como estrategias viables de superación de la pobreza; donde se hace necesario incorporar, al nivel local, espacios que permitan la asociación entre individuos (Rodriguez A. , 2013). Algunas evidencias apoyan lo anterior, mostrando que una relación flexible y cooperativa entre los administradores y la población local se constituye en un factor de éxito de las iniciativas de desarrollo local, donde la creación de capital social es vista como la clave para el desarrollo comunitario (Roberts, 2001). Asimismo, existe evidencia empírica que muestra que las personas en situación de pobreza manejan complejos portafolios de activos, dentro de los cuales se encuentran aquellos de naturaleza colectiva (Moser, 1998).. Lo planteado no está exento de dificultades. Generalmente las prácticas de esta naturaleza no siempre son visibilizadas con fuerza en los discursos de las personas que se encuentran en situación de pobreza, las cuales tienden a naturalizar lo individual y lo familiar como responsable de la generación de situaciones de pobreza y por lo tanto también de las estrategias de solución (FSP, 2010). Asimismo, las experiencias documentadas sobre iniciativas que incorporan criterios de cogestión en América Latina, presentan dificultades no menores, debido a factores que tienen que ver con el grado de manipulación de la participación ciudadana, desarrollo de prácticas clientelares, aparición de elites al interior de las organizaciones de base, sesgo hacia grupos con mayor capacidad de negociación, etc. (Rodriguez A. , 2013) (Tanaka & Trivelli, 2002). En esta misma línea, experiencias que han utilizado mecanismos de focalización comunitaria para el acceso a redes de protección social, si bien reportan ventajas que tienen que ver con una mejor información respecto de las necesidades de la comunidad, mayor capacidad de monitoreo y mayores posibilidades de potenciar. 16.

(18) el capital social, advierten sobre la posibilidad de incrementar los conflictos al interior de las comunidades (Conning & Kevane, 2003).. Lo anterior nos remite a considerar que el abordaje de las situaciones de pobreza, cuyas personas que las viven resultan ser las más afectadas, se constituye en un desafío de equidad e integración social, donde el fortalecimiento de las relaciones entre individuos es clave para desactivar los elementos que distorsionan el marco de relaciones entre individuos e instituciones. En este punto, el poder, entendido como capacidad de tener un dominio mayor sobre el propio futuro, se distribuye en forma muy desigual. Para el logro de lo anterior es clave la redefinición del rol que juega el Estado respecto del reconocimiento de los niveles de asociación locales y la posibilidad de estos de generar estrategias para superar los problemas que los afectan. Sin embargo, a pesar de los importantes avances que se han realizado en la materia, aún subsisten brechas que lo impiden: "La actual Ley N° 19.418 de Juntas de Vecinos y Organizaciones Comunitarias (1996) presenta las mismas debilidades de la promulgada por la dictadura en 1989: no reconoce la escala de vecinal - territorial, promueve la fragmentación de la organización vecinal y estimula la competencia por los recursos públicos y no le devuelve la representatividad sobre un territorio, quitándole legitimidad y contenido político. Por otro lado, la Ley 20.500 de Participación Ciudadana en la Gestión Pública, no reconoce ni propone ningún mecanismo de participación en la gestión pública a nivel barrial–vecinal y tampoco lo hace la ley Orgánica Constitucional de Municipalidades". (Consejo Nacional de Participación Ciudadana y fortalecimiento de la Sociedad Civil, 2017, pág. 33). En este sentido, la acción del Estado, si bien se constituye en una instancia que facilita el acceso a oportunidades, al desplegarse en un escenario en el que el mercado asume roles crecientes en tanto elemento ordenador, puede constituirse en un riesgo cuando los planes e instrumentos que utiliza influyen en “la estructuración de nuevas relaciones sociales y en. la constitución de. identidades” (Candia, 1998, pág. 102). Este riesgo puede incluso provocar efectos contra intuitivos, por ejemplo, al considerar la manera en que se incorpora la participación en las decisiones de política pública:. 17.

(19) ".../el desarrollo de mecanismos de participación ciudadana desde el Estado no necesariamente estimula la organización social, sino que puede devenir en desarticulación del tejido social y/o fortalecimiento de las asimetrías en la representación social, redundando en el debilitamiento de la sociedad civil". (Escobar, 2004, pág. 104).. No obstante lo anterior, la evidencia que aporta la experiencia de trabajo de la Fundación para la Superación de la pobreza, específicamente a través de los estudios de caso realizados en el marco de los procesos inteventivos que implementa, sugieren que es posible, aun en un contexto en el cual el Estado promueve una oferta individual, considerar la posibilidad de fortalecer estrategias que promuevan la integración social a través del fortalecimiento del Capital social comunitario, donde subsisten redes que son capaces de movilizar los recursos que ponen a disposición las personas que comparten desafíos comunes.. En. este caso, lo anterior descansa sobre la existencia de prácticas donde es posible un actuar de esta naturaleza, donde es relevante el poder analizar las posibilidades que tienen para constituirse en una alternativa que complemente el actuar del estado en materia de pobreza y vulnerabilidad. El presente trabajo de investigación pretendió justamente identificar dichas prácticas, para lo cual se planteó abordar las siguientes preguntas de investigación: ¿Qué estrategias de naturaleza colectiva despliegan las personas para la satisfacción de necesidades? ¿Cuáles son los factores relevantes que condicionan el éxito de iniciativas centradas en fortalecer las capacidades comunitarias?. 18.

(20) III.. DISCUSIÓN TEÓRICA. 3.1.. El ámbito de la acción colectiva. Las políticas públicas, al basarse en una visión de pobreza que pone su mirada exclusivamente en los ingresos y en las carencias, donde además no se reconocen adecuadamente los niveles de asociación que pueden desplegarse, construye un sujeto social más bien de carácter pasivo y que debe ser atendido por la caridad pública o privada (Dagnino, Olvera y Panfichi, 2006; Sen 1998). Esta forma de construcción, que deriva en definitiva de la manera en que se clasifica a las personas que viven situaciones de pobreza, puede producir además estigmatización, afectando el autorespeto y la consideración social de los individuos (Sarmiento & Arteaga, 1998).. Lo anterior, como ya se ha. argumentado, genera un malestar subjetivo sobre las personas (FSP, 2013). Este costo psicosocial se da con mayor fuerza en aquellos programas cuya unidad de análisis es el individuo o la familia, que para acceder a un beneficio deben reconocerse como pobres, lo cual puede generar sentimientos de humillación (Raczynsky, 1995).. En general, los programas sociales se plantean como base el abordaje de un problema determinado, lo cual implica el tener cierta claridad respecto de cuál es ese problema y cuáles son las causas que lo producen. Desde este punto de vista, las actuales políticas sociales tienden a homologar los problemas exclusivamente en base a las carencias materiales (Candia, 1998), descuidando otras dimensiones que son igualmente importantes a la hora de definir una situación de pobreza. En efecto, el ingreso se ha utilizado como medida sintética de la pobreza, bajo el supuesto que un nivel de ingresos permite asegurar la satisfacción de las necesidades básicas de las personas. Según este enfoque, gran parte de las estrategias para combatir la pobreza se centran en esta dimensión (FSP, 2010; MIDEPLAN, 2002). Hoy en día, sin embargo, se reconoce que la pobreza no solo tiene que ver con la disponibilidad de ingresos, asociada 19.

(21) fundamentalmente a las tenencias, sino que también abarca otras dimensiones de la existencia humana donde están implicadas las posibilidades de ser de alguna manera, poder hacer aquello que se estima valioso; y estar o desenvolverse en contextos en los cuales esto sea posible. Así, la pobreza es considerada hoy como un fenómeno multidimensional, donde no solo se reconoce la multiplicidad de formas en las que se expresa y explica, sino que también se hace distinción de las dimensiones existenciales que son afectadas y el nivel al que se da; esto es los subsistemas que viven una experiencia de pobreza en un determinado momento: el individuo, la familia y la comunidad (FSP, 2013).. En general, este último nivel es el que recibe menos atención por parte de los planificadores y tomadores de decisiones, cosa que invisibiliza la relevancia que tiene en tanto espacio donde es posible un ejercicio más amplio de satisfacción de necesidades, principalmente a través del despliegue de prácticas cuyo operar requiere una acción de varios individuos y/o familias. Esto último, implica el reconocimiento de un sistema que trasciende esos niveles y que, en su despliegue efectivo, es posible identificar un sujeto de carácter colectivo.. Son diversos los aportes que permiten hablar de necesidades que son satisfechas a través de prácticas que se realizan a nivel grupal, los cuales parten distinguiendo entre necesidades y formas de satisfacción de estas. En el planteamiento desarrollado por Manfred Max-Neef, por ejemplo,. las. necesidades humanas son presentadas como invariantes y finitas, esto en relación a la cultura o la época en que estas se expresan. En este caso, lo que cambia a través del tiempo y de las culturas es la manera o los medios utilizados que se utilizan para su satisfacción. Para explicar esto se introduce el concepto de satisfactores, es decir, las prácticas, sistemas o modos de realizar una necesidad. De acuerdo a esto, el autor propone una clasificación de necesidades de acuerdo a una matriz10 que combina dos categorías; a saber, las existenciales 10. Ver Anexo 1. 20.

(22) (Ser, Tener, Hacer y Estar) y las de tipo axiológico: Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad. (MaxNeef, Elizalde, & Hopenhayn, 1998, pág. 57). El contenido interno de dicha matriz es la que define la manera en que cada cultura selecciona los satisfactores mediante los cuales se satisface una necesidad: “Uno de los aspectos que define una cultura es su elección de satisfactores. Las necesidades humanas fundamentales de un individuo que pertenece a una sociedad consumista son las mismas de aquel que pertenece a una sociedad ascética. Lo que cambia es la elección de cantidad y calidad de los satisfactores, y/o las posibilidades de tener acceso a los satisfactores requeridos”. (Max-Neef, 1998, p. 42).. En general, dos son los aportes relevantes que muestra este enfoque. En primer lugar, no se puede hablar de un solo tipo de pobreza. El asociar la pobreza a los ingresos restringe las posibilidades de actuar para superarla. Desde este punto de vista, y tomando como base la matriz de necesidades propuesta por el autor, se puede hablar de diferentes pobrezas, donde además es posible identificar la generación de patologías, cuyo combate generalmente se aborda en un nivel individual o de pequeños grupos. Con esto, se desconoce que muchas de esas patologías se dan efectivamente a un nivel colectivo (Max-Neef, 1998). En segundo lugar, las necesidades no son sólo carencias sino que también representan potencias en la medida que comprometen, motivan y movilizan a las personas. Desde esta perspectiva, se puede visualizar que el espacio de satisfacción de necesidades no solo se juega en el espacio individual, sino que también hace referencia a los colectivos en los cuales de desarrolla el individuo.. Por otro lado, los aportes del economista Indio Amartya Sen, si bien se sitúan en el nivel individual respecto de la satisfacción de necesidades, introducen distinciones que son relevantes para apoyar la idea de que la participación y la vida en comunidad forma parte de las necesidades básicas del ser humano. En 21.

(23) este caso, el autor parte por criticar una visión utilitarista del bienestar, en la cual los conceptos de utilidad y la dimensión del ingreso son centrales (Sarmiento & Arteaga, 1998). En este sentido, para Sen, la pobreza trasciende la dimensión de los ingresos, los cuales deben ser considerados como un medio y no un fin en sí mismo ( (MIDEPLAN, 2002). De esta forma, se define la pobreza como una “falla de las capacidades para alcanzar las realizaciones básicas de la vida más que la imposibilidad de satisfacer necesidades básicas o percibir un nivel bajo de ingreso” (Sarmiento & Arteaga, 1998, pág. 6). En este sentido, la existencia se considera como un conjunto de funcionamientos que tienen que ver con estados o acciones que el individuo realiza. Ejemplos de funcionamientos son estar bien alimentado, tener buena salud, no padecer enfermedades evitables,. tener. dignidad, participar en la vida de la comunidad, etc. (Sen, 2002). En dicho marco, los funcionamientos son considerados como logros, es decir, aquello que las personas consiguen ser o hacer (Urquijo, 2014) y que determinan en definitiva la calidad de vida de las personas (Cejudo, 2007) “El nivel de bienestar depende, por tanto, del nivel de buen funcionamiento, es decir, el grado en que una persona puede hacer o ser las cosas que tiene razones para valorar, por ejemplo, en qué grado puede estar libre del hambre o en qué medida puede participar en la vida de una comunidad, y así sucesivamente. El concepto de “capacidad” se refiere a la libertad o a las posibilidades de una persona para lograr el bienestar en este sentido.” (Naciones Unidas, 2004, pág. 7). El enfoque de capacidades evidencia además la existencia de recursos y potencialidades en las personas y/o comunidades en situación de pobreza. Por una parte, el enfoque hace referencia a las habilidades de la persona para lograr un funcionamiento valioso (saberes, actitudes, etc.). Sin embargo, también contempla las oportunidades que ofrece el contexto para que dichas habilidades se desplieguen. De esta manera se descentra la discusión de la caracterización de la pobreza basada exclusivamente en situaciones individuales o dependientes de las personas o sujetos.. Ahora bien, al hablar de satisfactores en tanto prácticas en las cuales se movilizan ciertos recursos para satisfacer necesidades o para desplegar 22.

(24) capacidades, se hace importante identificar cuáles de estos se derivan de un nivel colectivo. En este punto resultan relevantes los conceptos derivados del enfoque de capitales, el cual se plantea como un marco explicativo de la pobreza que se sitúa en el análisis de las causas de ésta (FSP, 2013). De acuerdo a éste, una situación de pobreza se produce por una fragilidad respecto de los capitales que se pueden identificar en un individuo o una comunidad (FSP, 2013) y que, en términos generales se pueden categorizar como el capital humano, el capital social y el capital físico. Estas tres nociones se definen a partir del concepto de capital, el cual tiene la capacidad de traducirse en el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas desde dos dimensiones interrelacionadas. Por un lado, los capitales se pueden traducir en bienestar y, por otro, en mejores ingresos.. Para efectos del análisis de los esquemas o satisfactores de tipo colectivo toma sentido el concepto de capital social, cuyas primeras nociones se remontan a la década de los 80 (MIDEPLAN, 2002). En general, este concepto hace referencia a aquellos recursos, de naturaleza intangible, que se derivan de la posesión de una red de relaciones de reconocimiento mutuo (Bourdieu, 1985); las cuales pueden estar asociadas también a las organizaciones sociales, las normas y la confianza (Putnam, 1993). Por su parte, Durston comenta que el término capital social hace. referencia a las normas, instituciones y. organizaciones que promueven la confianza, la ayuda recíproca y la cooperación, donde los beneficios que pueden derivarse de su utilización tiene que ver con la producción de bienes públicos y la constitución de organizaciones de base efectivas (Durston, 2000):. Asimismo, el mismo autor plantea que, en el marco del debate entre el origen individual o colectivo de dicho capital, lo relevante de este concepto es que visibiliza el contexto social más que el individual. De esta forma, este tipo de capital se deposita -y por tanto deriva de- en las relaciones sociales que emergen de la interacción entre individuos (Serrano, 2002; Durston, 2000). Ahora bien, No 23.

(25) obstante lo anterior, y de acuerdo al grado de consolidación y alcance respecto de su utilización, es posible reconocer dos tipos diferentes de capital social: "El capital social individual consta del crédito que ha acumulado la persona en la forma de reciprocidad difusa que puede reclamar en momentos de necesidad, a otras personas para las cuales ha realizado, en forma directa o indirecta, servicios o favores en cualquier momento en el pasado. Este recurso reside no en la persona misma sino en las relaciones entre personas. El capital social colectivo o comunitario, en cambio, consta de las normas y estructuras que conforman las instituciones de cooperación grupal. Reside, no en las relaciones interpersonales diádicas, sino en estos sistemas complejos, en sus estructuras normativas, gestionarias y sancionadoras" (Durston, 2000, p.21).. En términos de los beneficios que la utilización de este capital tiene para la red que lo genera, cuya consideración es muy relevante a la hora de valorizar esquemas colectivos que se sostienen en él, se pueden nombrar el control social, la creación de confianzas, la resolución de conflictos y la movilización y gestión de recursos comunitarios (Serrano, 2002; Durston, 2000). De esto, finalmente, es que resulta relevante la implementación de esfuerzos cuyo foco este puesto en “inversión orientada a la institucionalización de las relaciones grupales” (Bourdieu, 1985), elemento que puede incorporarse al indagar respecto de las posibilidades de implementación de propuestas interventivas que movilicen, o generen, este tipo de capital; esto es importante si se considera que las políticas sociales verán dificultado el logro de sus objetivos sino se considera la participación activa de los actores locales (Candia, 1998) (Roberts, 2001). 3.2.. Vulnerabilidad y estrategias. El vínculo entre capital social y pobreza se ha desarrollado en el marco de una doble preocupación: por un lado, se constata que la pobreza no es solo un asunto de carencias materiales sino que también de potencialidades donde el capital social se constituye en un factor relevante que las potencia. En segundo lugar, es este el motivo por el cual los organismos multilaterales han comenzado a relevar el concepto de activos de los grupos pobres para superar su condición o para evitar caer en situaciones de mayor vulnerabilidad (Moser, 1994; Banco Interamericano, 1999; Banco Mundial, 2000; Rabotnikof, 1999). 24.

(26) Desde el punto de vista de la definición de pobreza que se utilice para conceptualizar la realidad en que viven personas y comunidades es posible identificar una serie de elementos que hacen referencia a la existencia de necesidades, que si bien son de carácter individual, pueden ser resueltas en el marco de un ejercicio comunitario que activa y pone en funcionamiento los recursos de que dispone el colectivo. Lo anterior va ligado al reconocimiento de problemáticas de pobreza que trascienden la dimensión del tener, visibilizan las capacidades de individuos y comunidades y actúan poniendo en funcionamiento las redes y recursos que surgen de la interacción entre individuos.. Lo anterior hace necesario, sin embargo, de un marco conceptual donde sea posible no solo dar cuenta de la heterogeneidad de la pobreza sino que además se hagan visibles las prácticas que despliegan los individuos, sea en el marco de estructuras individuales o colectivas, para satisfacer sus necesidades.. Dentro de los marcos conceptuales disponibles, el enfoque de vulnerabilidad es útil para el análisis de la pobreza tomando en cuenta sus dinámicas (Cruz Castillo, 2014). En este sentido, aparece como un enfoque que intenta superar la dicotomía existente entre las definiciones de pobreza. exclusivamente. cuantitativas y aquellas que consideran los aspectos subjetivos como fundamentales para dar cuenta de las complejidades asociadas a las problemáticas de pobreza (Moser, 1998) (Katzman & Filgueira, 1999). "Entre los avances que el enfoque de vulnerabilidad muestra por sobre el de pobreza podemos mencionar su carácter dinámico, que da lugar a una mirada más amplia e integral de los fenómenos sociales. Los indicadores al estilo necesidades básicas insatisfechas (NBI) o línea de pobreza (LP) resultan en clasificaciones dicotómicas y estáticas, que describen atributos de personas, familias u hogares, pero no dan cuenta de los procesos causales por los cuales se llegan a tales situaciones. Complementar el enfoque de pobreza con el de vulnerabilidad permite capturar aspectos multidimensionales de los cambios en las condiciones de vida de los grupos más desfavorecidos, y de esta forma se alcanza una mejor comprensión de los procesos por los cuales la gente se mueve dentro y fuera de la pobreza" (Golovanevsky, 2007, pág. 21).. 25.

(27) El termino de vulnerabilidad, para efectos de este trabajo, se entenderá como la probabilidad de experimentar un descenso en el nivel de bienestar y/o funcionamientos socioeconómicos (habitar, educarse, trabajar) de manera más o menos permanente, a nivel de personas, hogares o comunidades. Dicha probabilidad, además, se conceptualiza como la resultante de varios factores, relativos al sujeto, al contexto en el que se desenvuelve y las características del evento o siniestro que enfrenta11 (FSP, 2013).. Distintos son los usos metodológicos que se pueden dar al concepto de vulnerabilidad, uno de los cuales tiene relación con la noción de estrategias que las personas utilizan para salir de la pobreza, concepto que está incluido dentro del enfoque de Activos, Vulnerabilidad y Estructura de Oportunidades (AVEO)12 (Golovanevsky, 2007) y que implica dar cuenta de los arreglos domésticos, comunitarios y económico-laborales que se utilizan para hacer cundir los escasos recursos (Serrano, 2002, pág. 1).. Dicho enfoque, junto con relevar la existencia de recursos, contempla dos premisas básicas. En primer lugar, el nivel de vulnerabilidad de un hogar está condicionado por la capacidad de controlar activos, esto es, de los recursos requeridos para aprovechar las oportunidades que brinda el medio. En segundo lugar, la dinámica de dichos recursos y la variabilidad de la estructura de oportunidades, en términos de las posibilidades de acceso, trae como consecuencia cambios en el nivel de vulnerabilidad (Katzman & Filgueira, 1999). 11. El evento en este caso no necesariamente tiene que ver con algo que sucede en forma puntual y producto de causas naturales. 12 Dicho enfoque, en el marco de este trabajo, se utilizara más bien como un marco interpretativo que facilita la identificación de los elementos que subyacen al reconocimiento de estrategias de tipo colectivos. Lo anterior, dada la dificultad que acarrea la medición objetiva de algunos de los elementos que implica. Por otra parte, cabe destacar que, si bien se centra específicamente a nivel de hogares, no excluye que, por lo menos para un análisis de tipo cualitativo sobre las estrategias que se despliegan para la satisfacción de necesidades, el sujeto pueda ser también de tipo colectivo. Lo anterior por cuanto la noción de recursos y activos presente en el enfoque considera también el origen social de algunos de ellos; a saber, el capital que surge de las redes de cooperación y solidaridad entre individuos y hogares. Asimismo, si bien muchos de los recursos son de posesión y control de las personas y hogares, su despliegue puede también darse a nivel comunitario.. 26.

(28) En términos generales, lo anterior significa que, por un lado, las personas son capaces de manejar los recursos que posee para alcanzar un objetivo, aun cuando no es posible, por el otro, que pueda controlar efectivamente las variables del entorno, entre las cuales se encuentran incluidos los arreglos institucionales que el Estado despliega para abordar las problemáticas de pobreza. Este punto es fundamental dentro del enfoque, pues implica también la idea de que el individuo o comunidad no es totalmente responsable de la situación en la que se encuentra. Existen también prácticas institucionalizadas que impiden que este pueda movilizar efectivamente sus recursos.. El concepto de estrategia que implica este enfoque es particularmente útil para el análisis de las situaciones de pobreza. En Latinoamérica, particularmente durante los años 70 y 90, se realizaron una serie de estudios que buscaron indagar la forma en que los hogares vulnerables hacen frente a contextos adversos que ponen en riesgo su bienestar. Lo anterior a nivel rural (Hintze, 1996) como a nivel urbano, para analizar los complejas dinámicas de movilidad social en contextos de segregación socioespacial, educativa y laboral (Katzman R. , 2001).. La mayoría de dichos estudios se centran en el reconocimiento de que las personas y hogares, con el objeto de hacer frente a contextos adversos, manejan mezclas complejas de activos que pueden ser gestionados a nivel individual , familiar y comunitario; donde es especialmente importante su acumulación, en cuya dinámica intervienen tanto oportunidades como obstáculos (Moser, 1998). Es justamente el conocimiento de dicho portafolio de activos, así como también las practicas que los combinan y acumulan, aquello que facilita modelos de intervención que fortalezcan el uso productivo de los recursos de que disponen los hogares y familias13 en situación de pobreza (Hernandez, 2012).. 13. Que en el marco de este trabajo se amplía también a comunidades. 27.

(29) El enfoque contempla asimismo una serie de distinciones conceptuales que, en conjunto, dan cuenta de la existencia de dichas estrategias, donde además se contempla un análisis micro, relativo al sujeto, sea este individual o colectivo, que controla recursos y activos; y un análisis macro, que se refiere a las condiciones del contexto en el que se desenvuelve dicho sujeto (Katzman & Filgueira, 1999):. 3.2.1. El sujeto. El punto de partida de este enfoque es el reconocimiento de que el sujeto utiliza recursos, cuya naturaleza dependerá del nivel al que es considerado (individual, familiar, comunidad)14. En general, en el enfoque AVEO se considera recursos todo aquel bien o práctica, tangible o intangible, que controla el sujeto (Katzman & Filgueira, 1999). En este sentido, se pueden nombrar como recursos el. capital financiero, capital humano, experiencia laboral, nivel educativo,. composición y atributos de la familia, capital social, participación en redes y capital físico (Filgueira, 2001). El enfoque asimismo hace una distinción respecto de los recursos disponibles, identificando a un subconjunto de estos, cuya movilización permite aprovechar las oportunidades que ofrece el entorno, ya sea para elevar su nivel de bienestar o para mantener el existente ante una situación de amenaza (Katzman & Filgueira, 1999)15. En este sentido, cuando un recurso es utilizado para engancharse a una estructura de oportunidades, se constituye en un activo; por ejemplo, una habilidad presente en una persona se constituye en activo si esta se utiliza para generar ingresos, aprovechando las oportunidades de mercado que se generan en el entorno (el caso de una mujer artesana que obtienen. 14. Si el sujeto es de carácter más colectivo, sea un hogar, una organización o una comunidad, cambian las consideración sobre las cuales se definen los recursos y el entorno de esta. Por ejemplo, en la comunidad, un tipo de recursos serían las familias, en tanto atributos del grupo que pueden ser movilizados para aprovechar las oportunidades del entorno. El entorno, en este caso, tiene relación con todo aquello que rodea a ese grupo, en términos de oportunidades que pueden ser aprovechadas colectivamente. 15 Los autores, asimismo, cuando hablan de bienestar se refieren a un nivel de calidad de vida propio de la vida moderna.. 28.

(30) ingresos a través de la venta de productos de lana). En el caso de un grupo o colectivo, los lazos de confianza existentes se constituyen en activos cuando son movilizados para generar un mayor poder de negociación, cuyo despliegue, por ejemplo en un proceso de intermediación frente a un conflicto, tiene un desenlace que se expresa en una ampliación de oportunidades.. No existen catálogos exhaustivos de activos que controlan los sujetos, sino más bien categorizaciones que actúan como constructos que permiten luego su identificación. Dichas categorías se basan en la noción de capital, expuesta anteriormente, y que tiene como criterio de agrupación la naturaleza del recurso; a saber, físico, financiero y social (Katzman & Filgueira, 1999) (Golovanevsky, 2007). Por último, existe otra distinción dentro del enfoque y que tiene relación con aquello que puede obstaculizar la dinámica de movilización y activación de los recursos por parte del sujeto. Se trata de barreras de tipo material o no material, que impiden el aprovechamiento y la acumulación de activos (Katzman & Filgueira, 1999). En este caso, las deudas, la existencia de algún miembro del hogar que sufre una enfermedad grave, las relaciones desiguales que puede darse en el sujeto analizado, etc. se pueden constituir en barreras para que las personas desplieguen estrategias efectivas de movilización y activación. de. recursos.. La identificación de los pasivos es relevante por cuanto permite visibilizar, al analizar las estrategias que los diferentes tipos de sujeto despliegan, aquellos puntos críticos en donde es posible una intervención orientada a fortalecer las posibilidades de enganche con la estructura de oportunidades. 29.

(31) 3.2.2. El Entorno. Una de las novedades introducidas por el enfoque AVEO, a diferencia del marco inicialmente propuesto por Moser para el análisis de la vulnerabilidad, tiene relación con la consideración de las condiciones que presenta el entorno del sujeto respecto de las posibilidades que tiene para activar los recursos de que dispone.. En este sentido, el enfoque reconoce un entorno en el cual se despliegan oportunidades de diferente naturaleza a las cuales se puede enganchar. Asi, se define que dichas oportunidades se presentan en términos de "probabilidades de acceso a bienes, a servicios o al desempeño de actividades que inciden sobre el bienestar de los hogares, ya sea porque permiten o facilitan a los miembros del hogar el uso de sus propios recursos o porque les proveen recursos nuevos" (Katzman & Filgueira, 1999).. Por otro lado, dichas oportunidades, al considerar que se trata de rutas de acceso a mayores niveles de bienestar, están íntimamente ligadas entre si; es decir, cuando se accede a determinados bienes o servicios, a su vez se abren posibilidades de acceso a otras oportunidades que antes no estaban, por decirlo de alguna manera, disponibles (Filgueira, 2001).. Las oportunidades que ofrece el entorno provienen de tres fuentes básicas; a saber, el Estado, el Mercado y la Sociedad Civil, donde asimismo se pueden dar diferentes configuraciones de acuerdo al peso relativo que tiene cada una de estas fuentes respecto de las otras. En este sentido, toma especial relevancia, tal como se ha mencionado en párrafos anteriores, que en el actual modelo de desarrollo se visualiza un creciente dominio que el mercado ejerce sobre los otros dos elementos que estructuran las oportunidades del entorno: "Este posicionamiento privilegiado de las instituciones del mercado las facultan para definir tanto las estructuras de oportunidades que conducen al. 30.

(32) bienestar como los requerimientos que deben satisfacer las personas para aprovechar esas estructuras" (Katzman & Filgueira, 1999, pág. 10).. Al entender que entre estas tres esferas se establece una interacción dinámica, cabe esperar que en dicha en estructura los requerimientos o exigencias para el acceso sean también variables, lo cual plantea el problema del ajuste que tienen que hacer los sujetos para engancharse en forma adecuada. En este sentido, por ejemplo, los cambios tecnológicos y la modificación de los patrones de producción paulatinamente van planteando mayores cualificaciones a aquellos que desean acceder a una fuente laboral, lo cual se constituye en una barrera que puede impedir que los recursos de los sujetos puedan efectivamente constituirse en activos. En esto se plantea una paradoja. El mercado, en tanto elemento central dentro del ordenamiento social, introduce una dinámica que contribuye a aumentar la incertidumbre respecto de lo laboral, dimensión que históricamente se constituía en la principal ruta de acceso al bienestar por parte de las personas y hogares: "En la esfera individual, las consecuencias de estos cambios se observan en la reducción de la capacidad de un número creciente de personas para organizar su vida presente y para proyectarse al futuro. Estos efectos son comprensibles si se tiene en cuenta que con el avance de la división del trabajo y el decaimiento de las instituciones primordiales (la familia y la comunidad) el mundo laboral se fue convirtiendo en el ámbito privilegiado a través del cual las personas vinculaban sus esfuerzos con logros que tenían significación social, que cimentaban su autoestima, y que les permitían alcanzar el rol adulto, integrarse en la sociedad, desarrollar una identidad y obtener los ingresos con los cuales participar en el mundo del consumo. En el nuevo contexto, el mundo del trabajo pierde su centralidad como articulador de identidades, como constructor de solidaridades a través de las asociaciones profesionales y también de ciudadanía, en la medida que el enriquecimiento y la ampliación de los derechos ciudadanos estuvieron estrechamente vinculados a las formas de participación en el mercado laboral y al funcionamiento de las organizaciones que de allí emergieron" (Katzman & Filgueira, 1999, pág. 11).. Lo anterior pone en evidencia el necesario rol del estado en tanto sistema de instituciones que actúa como un dispositivo regulador de las dinámicas que se establecen entre. los tres componentes de la estructura de oportunidades,. actuando también como agente que provee de oportunidades; ya sea facilitando un uso más eficiente de los recursos disponibles, regenerándolos o proveyendo nuevos activos (Filgueira, 2001). 31.

(33) Sin embargo, este rol está lejos de ser efectivo; la progresiva reducción de las instituciones estatales, que implica también un deterioro de los mecanismos por los cuales el estado puede proveer o facilitar rutas de acceso a mayores niveles de bienestar, se encuentra también condicionado por las barreras que el mismo impone; en efecto, el proceso de modernización del estado, donde paulatinamente la gestión se realiza con criterios de racionalidad económica y no necesariamente de manera descentralizada, ha implicado que los sujetos, sean estos colectivos o individuales, tengan crecientes dificultades para acceder a las oportunidades que ofrece el entorno. Muchas veces la posibilidad de actuación en esquemas colectivos de satisfacción de necesidades se ve dificultada al no existir un adecuado reconocimiento de dichos niveles como unidades que tienen capacidad de actuación efectiva y vinculante.. 3.2.3. Estrategias y contingencia. El análisis que plantea el enfoque a partir de la consideración de los atributos que posee el sujeto (recursos, activos y pasivos) y las oportunidades que ofrece el entorno en términos de rutas de acceso que pueden estar obstaculizadas por la existencia de barreras que esta estructura impone, permite ampliar el enfoque hacia el análisis de las estrategias que se despliegan para alcanzar mejores niveles de bienestar.. Usualmente dichas estrategias, entendidas como modos particulares de articulación de activos y oportunidades para el logro de una meta de bienestar o un funcionamiento social (FSP, 2013) se activan cuando el sujeto se enfrenta a situaciones de contingencia que son difíciles de contrarrestar y que no necesariamente corresponden a eventos puntuales o catastróficos. Como hemos visto,. al considerar que las situaciones de pobreza se caracterizan por. dificultades para satisfacer necesidades y/o desplegar capacidades en contextos relacionales donde las personas y comunidades ven vulnerados sus derechos y se encuentran sometidos a mecanismos que los excluyen, se puede pensar que 32.

(34) las condiciones en las que se ven obligados a vivir se constituyen en sí mismas un evento que amenaza, de forma más o menos permanente y latente, su bienestar.. Sin embargo, al hablar de estrategias también se está tomando en consideración la idea de que en dichas situaciones coexisten carencias con potencialidades, estas últimas, posibilitando el despliegue de prácticas que buscan mantener o aumentar el bienestar.. De acuerdo a lo anterior, es importante también considerar que, aun cuando los individuos, familias o comunidades pueden establecer mecanismos de movilización y activación de recursos, el desenlace puede ser diferente, identificándose al menos tres tipos de estrategias (FSP, 2010). En primer lugar, se encuentran aquellas que tienen un carácter porecarizante, se decir, donde las respuestas desplegadas se transforman en una pérdida progresiva del bienestar. En este punto, se puede hablar de estrategias en cuyo despliegue se generan satisfactores inhibidores o destructivos (Max-Neef, Elizalde, & Hopenhayn, 1998).. En segundo lugar, se pueden nombrar aquellas de carácter adaptativas, es decir, que desembocan en un mantenimiento de la situación preexistente a la amenaza, y que mantienen en algún grado una vulnerabilidad ante la persistencia de una amenaza. En este grupo pueden estar por ejemplo, estrategias basadas en una precaria inserción laboral.. Por último, cuando el desenlace se traduce en un aumento del bienestar, se puede definir que la estrategia es de tipo promocional; es decir, deviene en un aumento de las capacidades del sujeto y por lo tanto en la ampliación de las rutas de bienestar a las que pueden acceder; donde además es posible visualizar un mayor grado de autonomía en términos de un creciente dominio sobre sus 33.

(35) propios activos y una mayor capacidad de incidir en las estructuras de oportunidades que ofrece el entorno.. Son justamente este último tipo de estrategias las que, según las evidencias, facilitan los esquemas colectivos en personas y comunidades en situación de pobreza, los cuales, al ver aumentados su recursos, sobre todo los que emergen de la interrelación entre los individuos que componen el grupo, amplían el campo de oportunidades disponibles.. Se ha sostenido anteriormente que, en el ejercicio de satisfacción de necesidades, los individuos y hogares no solamente despliegan recursos de forma individual; esto aun considerando que es efectivamente en el primer nivel donde finalmente se traduce la satisfacción de la misma o la verificación de que se logró un funcionamiento valioso. El considerar lo anterior no limita que el análisis de las estrategias se sitúen tomando como base un sujeto de carácter colectivo, más aun considerando que este tipo de estrategias, sobre todo cuando se dan en contextos de pobreza, pueden ampliar el campo de oportunidades existentes.. 34.

(36) IV.. OBJETIVOS. 4.1. . Objetivo general Identificar y describir prácticas colectivas desplegadas por personas en situación de pobreza para la satisfacción de necesidades.. 4.2.  . Objetivos específicos Identificar y describir los factores que promueven la aparición de estrategias de tipo colectivo. Caracterizar los elementos que facilitan o dificultan el desenlace de dichas estrategias.. . Describir el rol que juega la estructura de oportunidades.. 35.

(37) V.. METODOLOGIA. La investigación se abordó a través de un diseño de tipo cualitativo, exploratorio-descriptivo. Lo anterior dado que se centra en examinar y describir algunos tipos de estrategias de carácter colectivo, con el fin de identificar los factores que condicionan su grado de logro. La metodología cualitativa es particularmente útil al analizar realidades en las cuales “Los objetos no se reducen a variables individuales, sino que se estudian en su complejidad y totalidad en su contexto cotidiano” (Flick, 2002, pág. 19).. Por otra parte, este tipo de metodologías se presentan particularmente útiles cuando los atributos analizados son difíciles de capturar a través de variables de tipo cuantittativos. En este caso específico, conceptos como el Capital social y aquellos elementos derivados del enfoque AVEO no aportan todo su potencial interpretativo a través de una operacionalización numérica. Más bien, la utilidad de dichos enfoques radica en el potencial que tienen para la comprensión de una realidad determinada, donde el criterio de representatividad se juega no tanto en la cantidad de los casos analizados como en. la saturación de elementos. relevantes para su análisis.. Ahora bien, si bien esta investigación no contempla un trabajo en terreno propiamente tal, se pretende, a través del análisis documental (fuentes secundarias) posicionar el objeto (las estrategias) en relación al contexto en el que se han implementado, es decir, considerando la estructura de oportunidades a las que se acoplan.. Para. lo. anterior. se. escogieron. documentos. de. sistematización. correspondientes a 9 casos de intervenciones en los cuales el Programa Servicio País trabajo en conjunto con organizaciones a nivel local. Lo anterior, dado que el modelo de intervención se plantea una actuación a dicho nivel, a través de un 36.

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