VI. RESULTADOS Y HALLAZGOS
6.1. Atributos del sujeto
En la totalidad de los casos seleccionados fue posible la identificación de un sujeto de carácter colectivo que, a través de la movilización de los recursos que maneja en tanto grupo, despliega estrategias para satisfacer sus necesidades y/o fortalecer sus capacidades. No obstante lo anterior, se observó asimismo que existe variabilidad respecto del tipo de individuos que lo conforman, el tipo de contingencia que enfrentan, el grado de consolidación del grupo y la forma en que se originan.
6.1.1.- Nivel de agrupación
En los casos seleccionados se identificaron diversos niveles de agrupación de individuos, cuyos atributos presentan un número bastante considerable de combinaciones según sexo, edad, pertenecía a pueblos originarios y tipo de agrupación (Anexo 5).
40 Al examinar dichos grupos puede observarse que la aparición de esquemas que se basan en la actuación a dicho nivel no necesariamente descansa sobre un tipo particular de individuo ni tampoco desemboca en una agrupación que responde a un tipo estándar de formalización, jerarquización y modo de organización. Esta variabilidad se da incluso en aquellas situaciones en las cuales el propósito que subyace a la acción de tipo colectiva puede considerarse similar, situación que da cuenta del alcance que tiene la historia previa del tejido social existente, la cual se encuentra condicionada por las particularidades que se dan en cada uno de los territorios en los cuales el grupo se desenvuelve17.
El punto anterior es relevante si se considera que, en general, los programas sociales, además de focalizar de manera preferentemente individual a sus “beneficiarios”, en los pocos casos en los que incorporan acciones orientadas a fortalecer la asociatividad de individuos, lo hacen orientadas a un tipo de desenlace – generalmente la formalización- que no necesariamente responde a la manera en la que los individuos se agrupan en forma natural, estos es, en base a las identidades que construyen en su devenir como esquema grupal.
“La imposición de instancias artificiales -y transitorias- de organización en el proceso de negociación, obliga muchas veces a una reconfiguración de las relaciones históricamente construidas, desarticulando con esto los mecanismos de consenso que, en forma natural, suelen activarse cuando la escala de los impactos afecta a la comunidad en su totalidad” (CBB, pág. 105)
En segundo lugar, en general todos los grupos analizados se encuentran en un nivel intermedio entre el nivel familiar y aquel que se puede entender generalmente como el comunitario. En este sentido, no se puede hablar de esquemas de acción o despliegue de estrategias que comprendan la totalidad de individuos que forman parte de una unidad territorial administrativas18 sino que más bien se trata de subgrupos que, de acuerdo a la existencia de elementos
17 Es el caso, por ejemplo, de los sindicatos de pescadores artesanales estudiados en Cochamó
y el de las Comunidades Apícolas de Alhue, dos tipos de organización diferentes que buscaban, entre otras cosas, un mismo propósito; a saber, desplegar prácticas económicas para aumentar sus ingresos en el marco de mantención de una identidad históricamente construida.
18 Es más, en algunos casos, como por ejemplo en el de Alhue, las agrupaciones estaban compuestas por
41 aglutinantes, como por ejemplo el compartir practicas altamente vinculadas a la identidad o un sentido, deciden actuar de manera colectiva. En los casos en los que se observó un mayor grado de agrupación, en términos de cantidad de individuos que lo componen, el elemento aglutinante tuvo que ver más bien con una práctica cuyo propósito fue el de amplificar una demanda específica ante una contingencia cuyo grado de afectación es amplio, pero que no necesariamente se mantuvo en el tiempo en tanto esquema de actuación.
“Hemos sido, en muchas ocasiones, las voces de nuestro pueblo cuando éste lo ha requerido, como esa vez que entonamos nuestros versos en contra de la instalación de la cárcel en Alhué; o también cuando hemos querido concientizar sobre el cuidado del medio ambiente”. (Testimonio citado. CAL, pág. 25)
En este sentido, es relevante destacar que, en el análisis de los casos estudiados, aparecen diferentes razones que dan cuenta del nivel de agrupación que puede darse. Los más relevantes que pudieron ser identificados tienen que ver con: (i) las prácticas de focalización; (ii) las características del problema que enfrentan estos grupos, y (iii) la preexistencia de lazos sociales que favorecen la aparición de esquemas colectivos.
El primer elemento que es necesario tomar en cuenta respecto del nivel de agrupación tiene que ver con el hecho de que la mayoría de los casos seleccionados se despliegan en el marco de procesos interventivos en cuyo diseño se intenciona explícitamente la búsqueda de grupos, donde el sujeto colectivo surge de un proceso en el cual los individuos van haciendo suyo un problema que, además de ser sentido, trasciende el nivel individual. En este punto, es relevante destacar que se trata de mecanismos de intervención que consideran procesos de diagnóstico participativo donde lo que se busca es “construir” un sentir grupal a partir de las experiencias individuales de los participantes, muchas de las cuales, cabe destacar, devienen de elementos que comparten en común.
El operar del programa, común a la mayoría de los casos seleccionados en términos de diseño, implica en este sentido un ejercicio de focalización que, aun
42 no estando suficientemente formalizado, orienta al interventor a la búsqueda de un sujeto social, cosa que implica, en primer lugar, la capacidad de identificar la noción de frontera o limite, sea este de carácter territorial, económico o sociocultural.
“Esto último es un elemento central, pues de lo que se trató, en gran parte, fue de recomponer el tejido social a través de un oficio compartido por todos, pero vivido de forma individual“. (CAL, pág. 13)
“La voluntad colectiva, muy perseverante, de estas familias, y la claridad que tenían respecto a las amenazas que los afectaban, facilitó al programa la construcción de una intervención a largo plazo: “Servicio País se empieza a transformar en un catalizador, un facilitador de las claridades o de los objetivos que la propia pesca artesanal se iba trazando” . (CCO, pág. 22)
Ahora bien, en este ejercicio, las fronteras del sujeto, al ser difusas y dinámicas, son difíciles de establecer, siendo imprescindible la participación de los propios afectados para la definición de dichos límites. Es en el diagnóstico, por lo tanto, donde es posible visibilizar - y “co-construir”- un sujeto de carácter colectivo, el cual descansa generalmente en un tipo de tejido social pre existente que se busca en aquellos segmentos de grupos organizados y líderes locales que operan como fuerza aglutinante a nivel social, es decir, que poseen, en mayor o menor grado una representación de sí mismos en tanto colectivo que facilita la construcción de imaginarios comunes.
“De este modo y como antesala al problema de intervención, lo cierto es que la focalización de los dos territorios dentro de la Ligua: Valle Hermoso y Placilla, se priorizan por razones generales como la de conformar una junta de vigilancia del agua, pero que en un sentido más significativo, tiene argumentos de fondo, tal como la experiencia institucional del programa: la articulación ante temas conflictivos, y la vocación por trabajar y problematizar funcionamientos y derechos que las comunidades consideran centrales y no pueden realizarse como tal en dichas circunstancias”. (CLL, pág. 9)
Por otra parte, cabe destacar que el ejercicio de focalización, en tanto proceso relevante para la construcción de un sujeto de carácter colectivo, no responde solamente al diseño formal que se establece para éste, sino que también a aquello que los propios individuos, de acuerdo a sus propósitos, establecen. En
43 estos casos es la práctica discursiva19 con los individuos aquella que permite identificar las fronteras o límites del sujeto grupal, situación que es, en términos de enfoque, diametralmente opuesta a los mecanismos de focalización individual, donde el sujeto y sus fronteras quedan fijadas de antemano en un diseño estándar y poco pertinente.
“Al no considerar la pertinencia territorial y cultural en el sistema de subsidios habitacionales post terremoto y en otros subsidios anteriores, las viviendas construidas no se ajustan al entorno vital tradicional de una comunidad que vive la cosmovisión mapuche y que conserva una forma de vivienda ancestral- tradicional coherente con su identidad, territorio físico y cultural. Este contraste con los patrones constructivos de una vivienda social estándar genera tensión, y visibiliza políticas sociales poco pertinentes, poco permeables y poco adaptables al contexto cultural de Alto Biobío” (CAB, pág. 6)
De esta manera, el nivel colectivo, en este tipo de programa, se obtiene a través de un esquema que, sin llegar a ser formal en su totalidad, combina mecanismos de focalización de tipo categóricos y autoselección. A través del primero se selecciona un territorio donde se dan ciertas características que lo identifican como prioritario para el programa de intervención20, mientras que en el segundo, si bien no existe un criterio a priori para la definición de los eventuales beneficiarios, el diseño intenciona un ejercicio de convocatoria donde, dependiendo del costo de oportunidad para la persona, se produce el ingreso al programa (Coady, Grosh, & Hoddinott, 2004)21. Este elemento hace importante
19“Las cosas sólo pueden ser distinguidas, definidas, categorizadas y nombradas a partir de rasgos objetivos
observables desde el punto de vista del observador externo, que es el de la tercera persona. Tratándose de personas, en cambio, la posibilidad de distinguirse de los demás también tiene que ser reconocida por los demás en contextos de interacción y de comunicación, lo que requiere una “intersubjetividad lingüística” que moviliza tanto la primera persona (el hablante) como la segunda (el interpelado, el interlocutor) (Habermas, 1987, II, p. 144). Dicho de otro modo, las personas no sólo están investidas de una identidad numérica, como las cosas, sino también —como se verá enseguida— de una identidad cualitativa que se forma, se mantiene y se manifiesta en y por los procesos de interacción y comunicación social (Habermas, 1987, II, p. 145)”. (Gimenez, 1997, pág. 11)
20 Esta focalización se realiza a través de un sistema multicriterio que, junto con establecer variables de tipo
territorial, considera juicios cualitativos que prospectan la viabilidad de la intervención en un territorio determinado.
21 Este mecanismo es el que no se encuentra formalizado en el diseño, aun cuando se encuentra
intencionado en las orientaciones técnicas programáticas. De acuerdo a esto, y dado que finalmente los grupos que se conforman para trabajar en la intervención muchas veces responde a la voluntad de los individuos o grupos por participar, no se encuentra establecido a priori el sujeto colectivo con el cual se trabaja.
44 el estudio de las racionalidades que entran en juego al constituirse prácticas de tipo colectivo22, donde se dan tanto razones instrumentales, como por ejemplo, ampliar el beneficio individual, como más sustantivas, como una mayor valorización de lo colectivo en tanto elemento donde se construye una identidad23. No obstante lo anterior, ambos tipos igualmente influyen en el nivel de agrupación con el cual se trabaja.
Los mecanismos antes expuestos, por otra parte, igualmente implican errores de focalización24. Al centrarse en niveles intermedios o sub-grupos, sigue existiendo la posibilidad de no incluir a individuos, u otros grupos, que siendo afectados por problemas similares, no guardan vinculación, o se encuentran en tensión, con aquellos que son convocados. Esto ocurre especialmente cuando se trabaja con dirigentes en forma exclusiva:
“…/deja en evidencia la necesidad de que al trabajar en fortalecimiento organizacional, esto se realice con perspectiva de largo plazo, pensando en el recambio dirigencial, potenciando a los socios y bases. Es común encontrarse con organizaciones donde son los dirigentes quienes asumen todas las responsabilidades, por tanto adquieren los mayores aprendizajes, como también cuando se trata de instancias de vinculación con la estructura de oportunidades son ellos quienes participan en función de su cargo, viviendo ellos estas experiencias” (CGA, pag.16)
Respecto de la inclusión de grupos que, eventualmente, no “cumplirían” con los requisitos para entrar a un programa determinado, las evidencias aportadas del análisis de los estudios indican que la naturaleza del mecanismo mediante el cual se convoca y “selecciona” a los grupos, al ser más bien abierto y voluntario, minimiza los errores de este tipo. En efecto, al constituirse grupos que construyen en conjunto un problema en el marco de un diagnóstico, se garantiza el que todos aquellos que participan tengan directa relación con él. No obstante lo anterior, igualmente se observa que, por lo menos en un nivel inicial de la intervención,
22 En el marco de este trabajo no se plantea dicho análisis.
23 Coleman aborda el tema del capital social desde la teoría de la acción racional. Señala que el individuo
se comprometerá en acciones asociativas o colectivas porque ellas reportan un beneficio concreto para él (Serrano, 2002)
45 una gran cantidad de grupos son convocados, muchos de ellos con una relación indirecta respecto del problema que se aborda, con lo que se pueden dar este tipo de errores. Asimismo, al interior de estos grupos se pueden generar tensiones que se expresan en sentimientos que terminan cuestionando el ingreso de individuos, o grupos de ellos, al esquema de trabajo colectivo. Este fenómeno ocurre con mucha fuerza cuando el propósito de la acción colectiva tiene una componente económica, donde pueden producirse fenómenos de escalamiento cuyos desenlaces suelen tener efectos diferenciales a nivel individual, o donde, en el marco de un conflicto, existen intereses divergentes. Lo anterior, se puede dar con mayor énfasis cuando los mecanismos de convocatoria de programas conforman grupos que no necesariamente tienen lazos fuertes en común.
“Por último, a la hora de definir cómo se dividirían las ganancias, se decidió entre todos que los beneficios serían entregados a cada organización de acuerdo a la productividad de cada uno, es decir no dividiendo las ganancias en partes iguales. Este hecho, a juicio de los apicultores, sería desventajoso para las productoras de mermeladas pues ellas venden solamente una vez en la temporada, mientras que los apicultores podían envasar, guardar y arrendar el espacio a otros apicultores. Esto generó una importante tensión que se agudizó justamente cuando Douglas Tompkins arrendó la sala de cosechas, pagándole a la cooperativa por su uso, lo que terminó rompiendo la sociedad entre ambos grupos, pues “Las abejitas trabajadoras” encontraban injusto que ese dinero no fuera dividido”. (CAL, pág. 16)
En resumen, los mecanismos de focalización grupal, que además tienen un componente de autoselección que no se ubica en un momento previo a la implementación del programa, cosa que si se da en los mecanismos de focalización individual/familiar, corren igualmente el riesgo de incluir/excluir grupos o individuos que terminan por poner en riesgo la sostenibilidad de las practicas colectivas desplegadas.
Lo anterior implica que siempre existe una suerte de transacción entre las coordenadas de homogeneidad/heterogeneidad del grupo que se “construye” a través de la intermediación del programa. Mientras el primer elemento puede asegurar una mayor cohesión, dado que a los individuos los une un atributo en común asociado a una identidad compartida (sea esta de naturaleza productiva, cultural, etaria, etc.), la introducción de diversidad tiende a favorecer el
46 escalamiento colectivo a través de la incorporación de nuevos, y distintos, recursos individuales que, en el marco del trabajo colaborativo, tienen una mayor velocidad de transferencia entre personas que tienen diferentes orígenes.
“Lo que se realizó en torno al consejo de desarrollo local de salud, el consejo de salud era un espacio súper relevante para poder articular y poder priorizar temáticas dentro de los espacios locales en materia de salud, porque el consejo está compuesto por distintos actores de la comunidad. Entonces así como pueden definir temas relevantes, también se pueden definir estrategias, acciones.” (Testimonio citado en CCA, pág. 17)
Sin embargo, es el desequilibrio que se puede generar entre estas dos coordenadas el que condiciona el nivel grupal que se despliega. En términos generales, esto quiere decir que un esquema que presenta un alto grado de homogeneización puede, junto con presentar un grado de cohesión importante, aumentar las probabilidades de desvincularse de otros grupos o actores que le permitirían una apertura hacia otras experiencias y capacidades. En el otro extremo, tenemos que un grupo muy heterogéneo puede derivar en dificultades de coordinación y establecimiento de mecanismos de consenso que igualmente ponen en riesgo la integridad del esquema desplegado. En este sentido, un desarrollo adecuado de los recursos que están disponibles en el marco de la red de interacciones de estrategias colectivas, se juega en una combinación adecuada de estas dos coordenadas, ejercicio que debe considerarse a la hora de identificar sujetos grupales susceptibles de desplegar estrategias en conjunto.
En segundo lugar, el análisis de los casos estudiados revela que, si bien el ejercicio de construcción del sujeto que despliega estrategias colectivas es relevante a la hora de especificar o construir un esquema de agrupación, estos también se producen en forma espontánea, es decir, sin la mediación de un programa. En estos casos, que fueron identificados en aquellos estudios consultados cuyo foco estuvo puesto en estudiar problemáticas territoriales y no el programa propiamente tal, se pudo constatar que un factor que favoreció el despliegue de estrategias grupales fue más bien el problema que los afectaba,
47 cosa que, cabe destacar, es igualmente identificable en aquellos casos en los que existe de por medio un proceso interventivo25
En todos los casos estudiados, dicho problema se caracterizaba por el grado de afectación o impacto que tiene sobre determinadas prácticas o satisfactores existentes en el territorio, donde es justamente el grado de amplitud de dicho impacto el que puede desembocar en un esquema grupal para enfrentarlo. Se trata de problemas que afectan en forma sistémica las prácticas a través de las cuales se relacionan los individuos en una comunidad, muchas de ellas de carácter consuetudinario. La naturaleza sistémica de dicho problema tiene que ver con que no solamente devienen en una crisis respecto de las dimensiones usualmente asociadas a las tenencias26 sino que sobre todo a aquellos que tiene que ver con el ser y el hacer de las personas, es decir, sentirse de una determinada manera y/o tener la posibilidad de seguir haciendo lo que se hacía. Asimismo, en muchos de los casos estudiados, los niveles de afectación de la comunidad traen aparejado un conflicto con actores que generalmente tienen mayor poder de incidencia sobre el territorio, situación que hace aún más deseable la acción conjunta.
En este sentido, tanto el nivel de afectación como el conflicto asociado ayudan a reforzar identidades de tipo colectivo, muchas de las cuales cristalizan en esquemas de acción que tienen como objetivo generar una manera de enfrentarlo. Cuando se trata de un problema que afecta principalmente la dimensión del tener, asociado generalmente a recursos que se controlan de manera individual, la probabilidad de aparición de esquemas grupales disminuye y generalmente el Estado co-adyuda interviniendo a ese nivel mediante la restitución total o parcial de lo perdido27. En cambio, cuando unido a una crisis
25 Como se dijo anteriormente, la construcción de un sujeto colectivo por parte del programa se hace a través
de una etapa previa de identificación de un problema determinado.