Masculinidad : una visión desde los hijos predilectos de la modernidad
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(3) Resumen. La investigación que tienes en tus manos busca sacar a la luz la comprensión de lo masculino que tienen un grupo de jóvenes habitantes de Santiago. Las características de este grupo determinan y explican las razones por investigarlo. En pocas palabras, estamos hablando de jóvenes entre 20 y 29 años, que han disfrutado de una buena situación económica en sus familias, lo que les ha permitido cursar o estar cursando la carrera que ellos eligieron. Así mismo, son jóvenes culturalmente activos, sus espacios de reunión suelen ser de la música, el cine, el teatro. Políticamente, estos jóvenes tienden a identificarse con una visión de izquierda, aunque ninguno de ellos milita ni participa activamente de organización política alguna. Nuestra investigación asume a este grupo como parte de la vanguardia cultural y por ello, hipotéticamente asumimos que en este grupo es posible encontrar luces que permitan explicar y comprender los cambios en las formas en que se vive y se comprende la masculinidad. La técnica utilizada para recoger la información de este grupo, fueron los grupos focales, pues permiten acercarnos al discurso de sentido del grupo. En nuestra aproximación teórica al problema, vemos como, por efectos de los cambios sociales que significó la modernidad, ya no se puede hablar de una masculinidad sino que solo de un “modelo hegemónico de masculinidad” que, si bien mantiene ciertas constantes a través de diferentes culturas, es siempre una nueva interpretación de éste. Así mismo, revisamos como los procesos propios de la modernidad, como la individualización, el ingreso de la mujer al mundo publico (estudios y trabajo) y la desestructuración de la familia tradicional, ponen en jaque al sujeto en general y muy particularmente a los hombres, por cuanto socava un orden de las cosas que se construía a su alrededor. Por ultimo, concentramos la atención respecto de la realidad latinoamericana. Allí, revisamos las investigaciones más relevantes hechas a este respecto y damos cuenta de las particularidades de nuestra región, esto es, la distancia entre el discurso masculino, aun muy apegado al modelos. 3.
(4) hegemónico de masculinidad, y las practicas concretas, en donde los hombres reconocen cambios significativos en los roles de género.. Así, llegamos a los resultados de nuestra investigación de campo, en donde partimos por analizar la perspectiva macro de nuestros entrevistados, su juicio de la historia y de Chile respecto del desarrollo de las relaciones de género. Siguiendo con esta perspectiva macro, abordamos a los hombres y las mujeres como estereotipos, vemos como aquí nuestros entrevistados dan cuenta de la fuerza con que el modelo hegemónico de la masculinidad esta inserto también en ellos mismos. Sin embargo, al apelar a una dimensión más personal, a una mirada hacia adentro, hacia su propia forma de vivir la masculinidad, encontramos el otro lado de la moneda. Allí, vemos como en este grupo la búsqueda por una nueva forma de leer lo masculino, es también una búsqueda que ellos emprenden por su propio interés, es decir, es una búsqueda personal y de sentido, y no solo una consecuencia obligada de los cambios sociales.. Para terminar, concluimos que no podemos hablar aun del surgimiento de una nueva masculinidad, sino que a lo que asistimos es una muerte lenta y dolorosa del modelo hegemónico. Éste cambio se ve con claridad en el grupo investigado, cuando damos cuenta de una realidad muy particular de éste, a saber, nuestro grupo vive la masculinidad con dos exigencias doble vinculantes. En primer lugar, el contexto social. y, muchas veces también. familiar, aun le exigen ser el macho fuerte e insensible del modelo antiguo. Pero, por otro lado, sus propias convicciones y el mundo mas íntimo que los rodea (especialmente las mujeres) lo impulsan hacia un mundo que antes les estaba prohibido, el mundo de las emociones, los afectos, la aceptación de las propias debilidades. Todo esto, nuestros entrevistados lo califican como una incertidumbre, como un espacio incierto en el que habita el hombre de hoy. Esta incertidumbre, es por lo tanto, la característica mas particular de nuestro grupo de jóvenes y, al mismo tiempo, puede ser una clave para comprender el panorama que se nos presenta y el que puede presentársenos, en lo que respecta a la situación de género en nuestro país.. 4.
(5) Dedicado a:. Las mujeres, a las propias y a las ajenas. O mejor dicho: a las que cada uno de los hombres llevamos dentro y a las que tienen la suerte de llevarlo también por fuera.. 5.
(6) Índice 1. Introducción (o el porque de todo esto) .......................................................... 7 1.1 Presentación del problema y sus relevancias ........................................... 8 1.2 La hipótesis y sus razones ........................................................................ 9 1.3 La elección metodológica ........................................................................ 10 1.4 Como sigue lo que sigue… ..................................................................... 10 2. Antecedentes Teóricos. (o la constatación científica de una pregunta abierta) ............................................................................................................. 12 2.1 ¿Qué es la modernidad? ......................................................................... 12 2.2 Modernidad e Identidad ........................................................................... 13 2.3 Las Identidades de Género ..................................................................... 15 2.4 Identidad masculina................................................................................. 19 2.5 Hombres en América Latina, ¿qué cambia con los cambios? ................. 22 2.6 ¿Crisis o simple redefinición de la masculinidad? ................................... 25 3. Análisis de la información recolectada (o, al fin, la visión de los hijos predilectos) ....................................................................................................... 27 3.1 El Ghetto bajo la lupa…........................................................................... 27 3.2 Una mirada a la historia y a Chile ............................................................ 29 3.3 Los hombres y las mujeres, una mirada a la generalidad… .................... 31 3.4 Ser hombre: una mirada hacia adentro ................................................... 34 3.5 El camino recorrido y el por recorrer ....................................................... 40 4. Conclusión (o la incertidumbre que se reparte) ............................................ 45 Bibliografía ....................................................................................................... 49 Anexo Metodológico ......................................................................................... 52 Pauta de Preguntas focus ............................................................................. 56. 6.
(7) Introducción (o el porque de todo esto). Lo que tienes en tus manos es el resultado de una investigación sociológica respecto de la masculinidad en un grupo de jóvenes santiaguinos. Sin embargo, por sobre todas las cosas, lo que estás leyendo es una consecuencia del interés antiguo e inherente de quien escribe, una pregunta que comenzó siendo muy personal y que, cual bola de nieve, se demostró vigente e influyente también en otros hombres. Por lo tanto, antes de revisar la amplia literatura existente y de analizar los resultados de la investigación de campo, quiero compartir mis propias preguntas que me impulsaron a buscar en el conocimiento sociológico las respuestas que pasaremos a revisar en el desarrollo de esta investigación. Esto, porque al poner de manifiesto mis preconcepciones respecto del problema el lector puede orientar sus propias interpretaciones Desde mi condición de joven, hombre y heterosexual me ha sido siempre difícil comprender, compartir y asimilar el estereotipo que a estas categorías corresponde. La fuerza de este estereotipo la he vivenciado siempre como algo lejano. Ni el actuar y la influencia de mis padres ni el de mi grupo de pares, ha tenido correlación significativa alguna con ese hombre-macho con que el resto de la sociedad (entiéndase medios de comunicación, discursos públicos, instituciones socializadoras) pretende que nos identifiquemos. Sin embargo, poco a poco la vida nos lleva a enfrentarnos con nuevos mundos, nuevas persona, nuevas culturas y esto, sumado la formación sociológica y su experticia para mirar los fenómenos desde un ángulo, al menos objetivable, me enfrentó a una realidad algo inesperada: Las antiguas estructuras identitarias masculinas eran tan viejas como permanentes en sus efectos, de hecho están vivas, influyendo y determinando la sociedad en que vivimos.. 7.
(8) 1.1 Presentación del problema y sus relevancias Como veremos, las formas en que estas comprensiones de la masculinidad determinan la sociedad es un espacio abierto de discusión sociológica. La perspectiva a la que aquí adscribimos señala la innegable realidad de que no podemos hablar de una masculinidad sino que de distintos tipos de masculinidad. Sin embargo, estos distintos tipos de masculinidad pueden entenderse como interpretaciones diferentes de lo que la teoría ha llamado “masculinidad dominante” o “modelos hegemónico de masculinidad.” De este modo, el foco de esta investigación es sacar a la luz la manera en que los jóvenes entrevistados comprenden lo que significa ser hombres hoy. A estas alturas es innegable que la manera en que la sociedad comprende lo que significa ser hombres ha cambiado profundamente desde un tiempo a esta parte. Los hombres parecemos estar en un espacio incierto en donde no sabemos qué roles nos corresponden a nosotros ni sabemos qué roles queremos cumplir nosotros, ni menos sabemos el rol que las mujeres quieren que cumplamos. Este cambio se manifiesta de maneras muy distintas. En muchos lugares es simplemente una realidad soterrada, algo así como un secreto a voces, en tanto el hombre perdió su lugar de privilegio en las prácticas, es decir ya no es el único dueño del espacio publico ni el proveedor solitario de la casa, pero lo mantiene a nivel de discurso. Esta situación, según muchos investigadores, puede explicar los crecientes niveles de violencia a la que los hombres sometemos a nuestras familias. En otros lugares, especialmente el primer mundo, la situación está mas cerca de haber llegado a un equilibrio, es decir, las relaciones de género son más igualitarias aun cuando siempre quedan resabios del modelo antiguo, además de la influencia de lo que se ha llamado “el dividendo del patriarcado” que será explicado más adelante, pero que se entiende por si solo. Indudablemente, nuestra sociedad se inscribe dentro del primer grupo, así lo demuestran las investigaciones y así también lo demuestra el simple sentido común. De manera que, investigar la manera en que comprenden la masculinidad un grupo particular de jóvenes, no sólo permite adentrarnos en el centro de la problemática en nivel teórico, sino que también nos entrega información fresca respecto del actual estado de las cosas. Además, todas las investigaciones hasta ahora realizadas en Santiago han pretendido un mayor 8.
(9) rango de representatividad, es decir, han buscado dar cuenta de una visión más general y compartida de los hombres. La intención, y al mismo tiempo, creo que el aporte, de este estudio, es que focaliza la mirada en un grupo en particular que no había sido estudiado nunca antes en lo que a masculinidad se refiere. Un grupo que definiremos con precisión más adelante, pero que por ahora adelantamos, consideramos de “vanguardia” en lo que a cambios culturales se refiere.. 1.2 La hipótesis y sus razones Ahora bien, como dijimos, la investigación no pretende dar cuenta de la forma en que entienden lo masculino los jóvenes de Santiago. Muy por el contrario, el estudio se centra en un grupo que a grandes rasgos pueden ser definidos como. jóvenes. de. familias. pudientes,. progresistas. en. lo. político. y. mayoritariamente laicas en lo religioso. El lector se preguntará el por qué de esta elección y las razones constituyen el centro de la hipótesis de investigación, esto es, que en este grupo de jóvenes se puede esperar la existencia de una masculinidad alejada del modelo dominante de ser hombres que,. por. estos. días,. sigue. muy. presente. en. nuestras. sociedades. latinoamericanas. Además, hipotéticamente nos atrevemos a pensar que esta nueva forma de entender lo masculino, si es que la hubiera, está no sólo relacionada con las necesidades económicas, razón por la que se explican gran parte de los cambios en la masculinidad en nuestra región, sino que también por una búsqueda individual y de sentido. Las razones de este supuesto pueden resumirse en lo siguiente: estamos hablando de un grupo culturalmente vanguardista, que ha recibido una educación privilegiada y profundamente marcada por los valores de la modernidad. Además, los padres de esta generación, ya han iniciado un cambio de los roles de género, por ejemplo, la mayoría de las madres de nuestros entrevistados trabajan actualmente y lo hicieron cuando sus jóvenes eran niños. Por ultimo, estos cambios de roles de los cuales nuestros jóvenes son herederos no estuvieron únicamente motivados por necesidades económicas sino también por una búsqueda legítima, especialmente de la madre, por vivir en simetría y conseguir la realización personal de ambos.. 9.
(10) 1.3 La elección metodológica La investigación se enmarca dentro de la tradición cualitativa y el trabajo de campo fue realizado entre los meses de septiembre y diciembre del 2004. La técnica de recolección de la información fueron los Grupos Focales o Focus Group, pues estos permiten acercarse al discurso de sentido de los grupos. El Focus Group, es una técnica cualitativa de recolección de información de tipo exploratoria que consiste en realizar entrevistas colectivas y semiestructuradas sobre un tema específico a un pequeño número de personas, con características e intereses homogéneos; estas además se encuentran dirigidas por un moderador entrenado. El valor principal de un Focus Group se logra de la interacción de la dinámica de grupo, es decir la idea de que la respuesta de una persona es capaz de convertirse en estímulo para otra, con lo que se genera un intercambio de respuestas con mejores resultados que si el mismo grupo hubiera hecho su contribución independiente.. 1.4 Como sigue lo que sigue… De manera que, lo que intentaremos primero, es dar resumida cuenta del conocimiento acumulado respecto de la identidad masculina, los procesos que la fundan y la determinan así como los cambios que, desde el contexto o desde la propia definición identitaria, permiten hablar de un cambio de la masculinidad e incluso llegar a hipotetizar respecto de la formación de una nueva forma de comprender la masculinidad. Sin embargo, para hacerlo debemos primero situar histórica y teóricamente nuestra problemática, pues son los profundos cambios impuestos por la modernidad y su desarrollo los que fundan un nuevo cuestionamiento sobre las identidades individuales y, por medio de ellas, de las identidades sociales como lo son las de género. De modo que, nuestra primera labor, será resumir las características de la modernidad que llevan a los individuos a cuestionarse su propia identidad y por lo tanto, también las implicaciones de su identidad de género.. Luego abordaremos, resumidamente, la identidad de género como concepto de la sociología. Allí veremos que los procesos a través de los cuales se construye. 10.
(11) la identidad de género han sido satisfactoriamente esclarecidos en la literatura y, sin embargo, la consecuencia de los cambios en los contenidos de esos procesos abre preguntas dignas de ser investigadas. A continuación, nos internaremos en el conocimiento producido respecto a la manera en que se ha comprendido la o las identidades masculinas. Aquí la intención es aproximarnos a aquellas características que se presentan como una constante en los diferentes estudios de masculinidad para poder comprender a cabalidad cual es el contenido de esa “masculinidad dominante.” Ya acercándonos al final de nuestra revisión teórica, nos concentramos en las investigaciones que hablan de los hombres en América Latina, allí centramos la mirada en las particularidades de nuestra región y en las consecuencias de éstas. Por último, abordamos la discusión respecto de si la masculinidad está en crisis o simplemente está pasando por un proceso de redefinición. Aquí, entramos en la discusión respecto de las causas de estos cambios y comprobamos los importantes consensos a nivel latinoamericano a este respecto.. Llegamos, finalmente, a los resultados de nuestra investigación de campo. Sin embargo, antes de presentarlos, nos encargamos de caracterizar con mayor precisión. el. universo. muestral. de. la. investigación.. Describimos. las. características del grupo investigado para poder comprender mejor el análisis de la información que le sigue. Allí, nos concentraremos, primero en la interpretación de los propios actores respecto de la historia y nuestro país en relación con lo masculino, para luego sacar a la luz la visión que tienen respecto de los hombres y mujeres en general. Para finalizar, ingresaremos en la visión más propia de este grupo, abordaremos la relación que tienen con su condición de hombres, cómo lo comprenden y la vivencian, para luego adentrarnos en sus historias y reseñar la manera en que han construido su masculinidad, además de la visión “ideal” que de ella tienen.. 11.
(12) 2. Antecedentes Teóricos (o la constatación científica de una pregunta abierta). El camino para comprender las diferentes formas de masculinidad en nuestros tiempos debe, necesariamente, explicar por qué hoy debemos hablar de masculinidades y no de una masculinidad. Aunque parezca un poco recursivo para quienes acostumbran a leer sociología, la explicación de este camino no puede sino comenzar con los cambios que significaron la modernidad. Una vez hecho un breve recorrido por lo que es la modernidad y por cómo, quizás sin quererlo, ésta influye en la necesidad de replantearse las identidades, estaremos en condiciones de concentrarnos en lo masculino propiamente tal, adentrarnos en la literatura al respecto y enfocándonos espacialmente en el conocimiento latinoamericano que se ha generado. 2.1 ¿Qué es la modernidad? La modernidad es un período histórico que aparece, especialmente, en el norte de Europa, al final del siglo XVII y se cristaliza al final del siglo XVIII. Conlleva todas las connotaciones de la era de la ilustración, que está caracterizada por instituciones como el Estado-nación, y los aparatos administrativos modernos. Tiene, por lo menos, dos rasgos fundamentales que todos los teóricos enfatizan. El primero es la autorreflexidad. Giddens y Habermas quieren decir con esto que la modernidad es ese primer momento en la historia donde el conocimiento teórico, el conocimiento experto, se retroalimenta sobre la sociedad para transformar, tanto a la sociedad como al conocimiento. Eso con la era de la información ha llegado a niveles insospechados. Las sociedades modernas, distinguiéndolas de las tradicionales, son aquellas sociedades que están constituidas y construidas, esencialmente, a partir de conocimiento teórico o conocimiento experto. Para dar un ejemplo, la diferencia estereotipada entre sociedad tradicional y sociedad moderna. En la sociedad tradicional, —un grupo étnico en el Amazonas hace 30 o 40 años—, las normas que rigen la vida diaria son generadas endógenamente a través de relaciones cara a cara, en el día a 12.
(13) día, históricamente. En las sociedades modernas las normas que rigen la vida cotidiana, que determinan cómo significamos, cómo interpretamos, cómo vivimos nuestra vida, no están producidas a ese nivel de la relación cara a cara, sino que están producidas por mecanismos impersonales, que parten del conocimiento experto en relación con el Estado. La segunda característica de la modernidad que Giddens enfatiza es la descontextualización, que es el despegar, arrancar la vida local de su contexto, y que la vida local es cada vez más producida por lo translocal. Por eso muchos movimientos sociales hablan de resituar la vida local en el lugar. Giddens dice que la globalización no es una etapa nueva, distinta a la modernidad; no hay posmodernidad, eso, para él, son invenciones de algunos filósofos. Insiste en que estamos todavía dentro de la modernidad, que la globalización simplemente es una radicalización y universalización de la modernidad. La modernidad, aclara, ya no es solamente un asunto de los países modernos occidentales europeos, sino que, precisamente, la globalización. ocurre. cuando. la. modernidad. logra. universalizarse,. globalizarse. Lo que quiere decir es que, en gran medida, el control de occidente sobre la modernidad se debilita, precisamente porque ya occidente ha alcanzado a abarcar todo el resto del planeta.. 2.2 Modernidad e Identidad Sin embargo, hay una característica muy propia de la modernidad que permite comprender con claridad cómo ésta afecta al tema que nos convoca, es decir, la identidad masculina. De hecho, si hay algo evidente hasta para los ojos del sentido común, es que la modernidad viene acompañada de un proceso de individualización, en donde cada uno de nosotros ha restringido su mirada y su preocupación hacia lo propio, lo individual.. La narración que propone Ulrich Beck para entender esta creciente presencia de la dimensión individual en la vida social ayuda a lograr una visión coherente del problema. Sin embargo, hay que señalar que la realidad que este autor está. 13.
(14) mirando corresponde a una realidad algo distinta a la que nosotros nos enfrentamos a diario en América Latina. El autor parece inscribirse entre quienes piensan que la modernidad es una e igual en todas partes y la realidad latinoamericana lo desmiente, aun cuando, desde su perspectiva, esto puede ser entendido como parte de un camino que llega a un mismo destino. Sin perjuicio de lo anterior, el análisis de Beck es clarísimo en demostrar como el proceso de individualización termina por poner en cuestión las propias identidades de los sujetos y de ahí, sus comprensiones de género. En primer lugar, señala Beck, una contraparte básica de la aparición de lo que él denomina “la sociedad del riesgo” es la posición central que tienden a ocupar los individuos en los procesos sociales, lo que el autor llama un “proceso de individualización”. Esto ocurre porque el individuo toma distancia de los lazos de clase y de las situaciones sexuales de hombres y mujeres. De lo primero, acaso un ejemplo interesante es la capacidad de los jóvenes para plantear un tipo de identidad que efectivamente no se restringe a los condicionamientos de clase o de género. Pero se trata además de identidades que reivindican un fuerte sentido de la experiencia individual. Los cambios en la organización de las familias son otro factor clave en la explicación de Beck. Sostiene que la sociedad industrial tuvo como requisito paradójico, cual es, que se mantuviera un orden doméstico premoderno. El modelo del hombre trabajando y la mujer que se quedaba en la casa para hacerse cargo de la crianza de los hijos, un componente esencial para la reproducción de la fuerza de trabajo, se apoyaba en un supuesto casi feudal de considerar las diferencias de nacimiento como relevantes para la división del trabajo. De esta manera, nacer hombre o nacer mujer marcaba los límites y posibilidades para desenvolverse en la división del trabajo. Esto cambió definitivamente con el acceso de las mujeres a la educación, en especial a la educación superior. La igualdad de condiciones desde el punto de vista del mercado profesional trajo como consecuencia que el orden familiar dejara de ser visto como una forma natural de la existencia. El peso del factor consensual en la vida familiar adquirió cada vez mayor importancia y representa una de las explicaciones históricas más plausibles a la actual búsqueda masculina de una identidad de género más acorde con la realidad. Beck advierte, eso sí, que las mayores perspectivas de libertad individual significan también una mayor 14.
(15) exposición a las angustias. Y las búsquedas solitarias suelen ser más difíciles que la simple adquisición de un ideal colectivo como se hacía antaño. El caso de las identidades de género es paradigmático en este sentido.. Durante el siglo pasado, fueron las mujeres quienes iniciaron ese proceso de búsqueda. Motivadas por la evidente posición de desigualdad e injusticia en que se encontraban, surgieron movimientos feministas que pretendían reivindicar el lugar de la mujer en sociedad, así como instalar en el discurso público y en las prácticas de Estado, la absoluta igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Esta búsqueda es, por lo tanto, una consecuencia “no deseada” de la modernidad, en tanto se sostiene en los propios valores que ella inculca para cuestionar el orden que la misma modernidad impone. Se puede decir con propiedad que los efectos concretos de la lucha feminista están directamente relacionados con la actual pregunta respecto del lugar del hombre. No sólo porque la mujer “ingresa” en el mundo público, con todo lo que ello implica, sino que también porque es la misma mujer (las parejas, las madres, las hermanas) las que comienzan a demandar un hombre distinto. Todo esto hace que los hombres, unos más que otros, comencemos a preguntarnos por nuestra condición en tanto tal. Esta pregunta individual, al igual como sucediera con el feminismo, fue recogida por las ciencias sociales, tematizada como problema e investigada como objeto de estudio. A continuación pasaremos a revisar parte de ese conocimiento, especialmente el producido en América Latina.. 2.3 Las Identidades de Género La primera labor fundamental para comprender y acercarse al conocimiento respecto de la o las masculinidades, es abordar lo que entendemos por identidades de género, pues sólo entonces comprenderemos la diferencia entre la hombría (la condición de ser un “macho humano”) y la masculinidad (la comprensión social que se ha construido a partir de la hombría). Norma Fuller es quizás, una de las investigadoras mas prolíficas en nuestra región en lo que identidades de género se refiere. Para Fuller, la identidad de género corresponde al sentimiento de pertenencia al sexo femenino o. 15.
(16) masculino, sin que esta pertenencia de derive necesariamente de la anatomía sexual de las personas, sino que más bien del conjunto de comprensiones sociales respecto de las identidades de cada género. Esto no implica que Fuller pase por alto la importancia de la anatomía sexual en la definición identitaria de género, de hecho ella misma reconoce, siguiendo lo planteado por Lamas, que si hay algo que distingue a la identidad de género de otras identidades sociales es que la experiencia de nacer con una determinada anatomía sexual es un hecho que determina para siempre la identidad subjetiva. Sin embargo, como se encarga de aclarar la extensa compilación editada por Carol C Gould, (1997) la comprensión de las identidades de género debe partir por diferenciar el género del sexo, es decir, la desbiologización de la condición de género, de lo contrario la relación jerarquizada entre géneros se presenta como algo natural cuando no lo es. Respecto de esto, Pierre Bourdieu en “La dominación masculina”(1998) hace un trabajo notable para desentrañar cómo una construcción social como el género se presenta profundamente arraigada en las conciencias como para ser concebida como algo natural en nuestra cultura. Allí se busca mostrar cómo la humanidad ha confundido la “historia en naturaleza” en lo que a las relaciones de género se refiere y las incluye dentro de una gama de polaridades, en donde masculino y femenino remiten a otras relaciones binarias asociadas, a saber, fuerte - débil, duro – suave, publicoprivado, etc. A partir de esta oposición simbólica incorporada a manera de identidades sexuales, el autor habla de dos distintas relaciones con el cuerpo que están en la base de las relaciones con los otros, con el tiempo y con el mundo, y que se constituyen por lo mismo en dos aparentes sistemas de valores. Señala que estos sistemas de oposiciones funcionan simbólicamente por su capacidad para traducirse en prácticas, en gestos que funcionan por sí solos, es decir, en un principio práctico que se muestra de manera explícita y se combina con otras oposiciones. Bourdieu plantea que las oposiciones fundamentales del orden social, tanto entre dominantes y dominados como entre dominantes-dominantes y dominantes-dominados, están siempre determinadas sexualmente "como si el lenguaje corporal de la dominación y de la sumisión sexuales hubiera. 16.
(17) proporcionado al lenguaje corporal y verbal de la dominación y de la sumisión sociales sus principios fundamentales".1 Con esto, el autor sitúa la cuestión del género como un principio de dominación basada en las oposiciones sexuales, en las que los componentes biológicos son indistinguibles de su dimensión simbólica, y como el modelo básico de toda dominación social. En estos planteamientos, Bourdieu realiza, sobre las oposiciones sexuales, el vínculo entre género y clase social: “La relación con el cuerpo se especifica según el sexo y según la forma que reviste la división del trabajo entre los sexos en función de la posición ocupada en la división social del trabajo [...] y la oposición así especificada recibe a su vez unos valores diferentes según las clases, es decir, según la fuerza y el vigor con lo que la oposición entre los sexos es ahí afirmada, en las prácticas o en los discursos [...] y según las formas que debe revestir el compromiso inevitable entre el cuerpo real y el cuerpo legítimo [...] para ajustarse a las necesidades inscritas en la condición de clase.”2. Bourdieu, incluso va más allá, al señalar que esta comprensión binaria determina la relación entre los sexos al suponer la división fundamental entre masculino y femenino (división que en la realidad concreta no demuestra ser tan simple, ni dicotómica) ésta sienta las bases para que el deseo erótico se construya a partir de las comprensiones culturales que de cada sexo se tienen. Así, esta división “crea, organiza, expresa y dirige el deseo masculino como deseo de posesión, como dominación erotizada, y el deseo femenino como deseo de dominación masculina, como subordinación erotizada”3. Por otra parte, Fuller resalta la naturaleza arbitraria de la identidad de género en tanto esta se construye socialmente y las personas están obligadas a someterse a estas comprensiones culturales. Para explicar esta arbitrariedad, Fuller utiliza los conceptos de Buttler según los cuales la identidad de género se estabiliza a través de la actuación y el repudio. La actuación 1 2. es el. Bourdieu, El sentido práctico, Madrid, Taurus, 1991. Pag.122-123 Ibid., pag. 123.. 17.
(18) mecanismo por medio del cual los individuos vivencian, reiteran y asumen las formas obligatorias de ser, actuar y sentir de cada sexo, mientras que el repudio es la forma que utilizan los individuos para marcar las fronteras de lo que no son, es decir, lo abyecto, lo que no se debe ser de acuerdo a lo que se es. En palabras de Jorge Larraín uno pudiera interpretar que la actuación es la reacción de los sujetos frente a los otros significativos, mientras que el repudio es la sensación que despiertan los otros de oposición.. Por otra parte, la configuración de las identidades de género es esencialmente histórica y social, por tanto, susceptible de cambios. Así, las identidades de género son una construcción social separada de la condición sexual, es decir, la condición sexual es la diferencia natural entre los sexos y sin embargo, las diferencias entre los géneros también son percibidas como naturales siendo de naturaleza social e histórica. Además, como lo señalan Fuller y Bourdieu, la configuración de las identidades de género no sólo determina a los sujetos sino que por medio de ellos a la sociedad en su conjunto, pues legitima un orden de las cosas, una forma de distribuir el poder material y simbólico en la sociedad. Así, el actual estado de las identidades de género sienta las bases para una valoración de lo masculino por sobre lo femenino y desde ahí se fundan, no sólo desigualdades evidentes en el acceso a bienes, sino que también en la libertad de cada cual para ejercer su autonomía. Esta desigualdad da pie, según Fuller, a una constante reproducción de otras jeraquizaciones arbitrarias ya sea de clase, de etnia, religiosas, etc. Anthony Giddens, reconoce esta situación, pero presenta una mirada algo más optimista al señalar que la humanidad está viendo el surgimiento de una nueva sexualidad, lo que denomina como “sexualidad plástica”, que al desconectarse de la función reproductiva de las relaciones eróticas puede transformarse en un hecho fundante de una nueva relación entre los sexos y terminar así con lo que llama una cultura “falocéntrica.”. 3. Pierre Bourdieu, La domination masculine, París, Du Seuil, 1998, pag. 27. 18.
(19) 2.4 Identidad masculina. El aporte del psicoanálisis a la comprensión de los fenómenos de género es tan amplio como polémico. Más allá de las discusiones teóricas, lo cierto es que esta teoría aporta importantes claves para comprender cómo la identidad masculina se conforma y cómo esta misma conformación está sustentada en un orden de género jerárquico. Evidentemente, desde una perspectiva sociológica, los postulados psicoanalíticos carecen de validez metodológica pues son meramente especulativos. Sin embargo, como veremos, la dirección en que apuntan los argumentos está íntimamente relacionada con la forma en que la sociología ha comprendido el problema de la identidad masculina, de manera que una revisión muy breve puede ser interesante para comprender lo que sigue. A modo muy grueso, el psicoanálisis comprende la conformación de la identidad de género como un proceso profundamente marcado por dos circunstancias: el hecho de nacer con una determinada anatomía sexual, en donde lo que realmente trasciende es la presencia o no del pene y las relaciones afectivas con la madre, con cuya imagen el niño está obligado a dejar de identificarse para pasar a imitar la figura del padre.. Por otra parte, la idea de que masculinidad se adquiere está presente en todos los estudios de masculinidad. Mas allá de los procesos psicológicos que determinan la identidad masculina, resumidos por Norma Fuller en “Identidades masculinas” (ver capitulo “La constitución de la identidad masculina). es. interesante cómo, especialmente la masculinidad, es comprendida como algo a lo que los niños y adolescentes deben aspirar a conseguir. Según Gutmann son innumerables los ritos, conscientes o no, que en distintas culturas determinan el acceso a “ser hombres”. Sin embargo, en lo que casi todos los autores están de acuerdo es que la masculinidad, por sobre todas las cosas, se construye en base a la oposición frente a lo femenino, lo abyecto, el otro de oposición. Michel Kimmel, por ejemplo, argumenta que la masculinidad es una construcción social cambiante pero ligadas por una constante: la oposición a las mujeres y la minorías sexuales. Desde la perspectiva psicoanalítica, el hecho de que las mujeres se configuren con tal fuerza en lo abyecto, se basa en la obligación masculina de renunciar al amor original de la madre y a partir de allí, bloquear todo rasgo que 19.
(20) pueda ser entendido como femenino por el entorno (entiéndase, sensibilidad, fragilidad, emotividad, debilidad, miedo etc.). El hombre aprende así, según Josep Marqués, a minimizar las diferencias con sus pares y ampliarlas con respecto a las mujeres. Este proceso de socialización, le permite desde muy temprano reconocer la masculinidad como un privilegio, no sólo por la importancia que los niños reconocen tiene el padre en el hogar, sino que también en muchos casos por el orgullo de la madre de que su hijo sea varón. Sin perjuicio de lo anterior, el mismo autor da cuenta de que en la masculinidad coexisten dos mensajes a veces contradictorios: el primero es tranquilizador, en tanto le señala al niño que el sólo hecho de nacer varón le da privilegios. Sin embargo, un segundo mensaje lo compele a demostrar su hombría, constituyéndose en un mensaje inquietante, pues supone un riesgo.. A partir de este riesgo y de la negación original de parte de si mismo (sus características entendibles como femeninas) la sociología ha buscado comprender entre otras cosas la violencia física y simbólica constante de los hombres hacia las mujeres. De hecho, Giddens habla de que esta fragilidad e inseguridad en las que se funda la identidad masculina habían estado camufladas en el reinado del patriarcado, donde el dominio del hombre sobre la esfera pública, la justificación biológica del orden de género, la división sexual del trabajo y la distinción entre mujeres casables y mujeres deseables, habían permanecido como estructuras básicas de la sociedad.. David D. Gilmore en “Hacerse hombre, concepciones culturales de la masculinidad”. concluye, luego de haber estudiado quizás el más amplio. universo muestral en un estudio sobre masculinidad, que no hay una identidad masculina universal. A esta conclusión han arribado también gran parte de los autores que se han dedicado a investigar al respecto. La masculinidad se vive de manera distinta, se comprende socialmente y por tanto se manifiesta de acuerdo a su entorno. Sin embargo, el mismo Gilmore, a continuación habla de tres exigencias morales comunes en casi todas las concepciones de lo masculino, cada una aunque en distintos grados, estaba presente en las 20.
(21) diferentes culturas. Gilmore denomina esta triada como el varón “preñador, protector, proveedor”, aquel que debe procrear con la mujer, proteger y cuidar a los que de él dependen y mantener a la familia. Estas exigencias se vivencian de manera distinta en las diferentes culturas, pero en casi todas remiten a una masculinidad que se ejerce en la acción y que, por lo tanto, esta sujeta al conflicto y a la derrota.. La literatura respecto a la masculinidad es variada y heterogénea. Mientras algunos autores concentran su mirada en los rasgos comunes que los hombres compartimos, otros reconocen la imposibilidad de hablar de una masculinidad sin apelar al contexto y tiempo histórico en los cuales se inserta. Sin perjuicio de lo anterior, la literatura hasta ahora revisada tiende a configurar una suerte de tipo ideal de hombre, en donde los patrones son los mismos pero se traducen en la realidad de maneras diferentes. Esto funda los conceptos de “masculinidad dominante” o “modelos hegemónico de masculinidad”, donde se quiere dar cuanta de estas “constantes”, sin hablar de una misma forma de vivir la masculinidad, sino que de ciertas características transversales. Así, además de la tríada presentada por Gilmore, en general la identidad masculina está asociada a ciertos valores, los cuales son destacados de manera diferente por los distintos autores y que aquí intentaremos resumir brevemente. En primer lugar, la identidad del hombre suele estar relacionada con la fortaleza física y a través de ello, con la violencia o la amenaza de ésta. El hombre debe estar dispuesto a utilizar la violencia si la situación lo amerita. Esto lleva a una segunda característica importante, cual es la represión del miedo y con ello, de todo sentimiento que involucre algún grado de debilidad, fragilidad o susceptibilidad. El hombre también debe ser calculador, intelectualmente preparado, pero por sobre todo, debe ser trabajador, responsable, valiente y competitivo.. 21.
(22) 2.5 Hombres en América Latina, ¿qué cambia con los cambios?. El panorama identitario respecto de los hombres en nuestra región no es muy distinto al descrito más arriba. En general se puede afirmar que el hombre en América Latina mantiene rasgos de esa masculinidad dominante que viene legada por el patriarcado. Quizás es en esta región en donde lo que Conell denominó “el dividendo del patriarcado” es más evidente. Puesto que, más allá de las interpretaciones individuales de lo que significa ser hombre, la cultura latinoamericana está profundamente marcada por un entendimiento “machista” de las relaciones de género. Esto hace que, muchas veces sin pretenderlo, esta misma cultura se reproduzca, favoreciendo finalmente a los hombres y relegando a las mujeres a un segundo plano. La modernidad en América Latina, por lo tanto, tiene ciertas particularidades interesantes de resaltar en lo que a identidades de género se refiere. La primera, y quizás mas importantes, es que en la región no se ha desmoronado por completo el concepto tradicional de familia. Aun cuando las mujeres han salido a trabajar, esto no ha producido necesariamente una nueva relación de géneros en el hogar. De ahí que muchos autores hablen de “la doble jornada laboral” de la mujer, puesto que, especialmente en nuestra región, deben trabajar fuera de la casa y mantener el hogar funcionando por sí solas. Otras particularidades de la modernidad latinoamericana que, aunque de manera mucho más indirecta, afectan el orden de género son las señaladas por Morandé en lo que a la importancia de la religiosidad popular se refiere. Esto no sólo afecta en tanto la moral cristiana es profundamente conservadora y reticente a los cambios, sino que también en que en su propia ética los roles de género están asignados de una manera particular, dejando el mundo de la reproducción para la mujer. Desde el sentido común, la explicación más plausible de porque en América Latina la situación de género sigue siendo muy desigual es que en la región simplemente tenemos menos historia moderna y por tanto los cambios vienen con “retraso.” Sin duda esta es una explicación muy simplista e insuficiente puesto que desde ya es discutible que la modernidad sea posible sin la existencia de los “rezagados” y por tanto, estaríamos condenados a seguir siéndolo. Además, la propia historia se. 22.
(23) encarga cada tanto de demostrar que no avanza en línea recta y menos hacia un punto común y determinado. Sin embargo, al menos culturalmente, vemos cómo cada día más las ideas e incluso las modas, se tardan menos en llegar a nuestras tierras. Sin duda, esta ideas llegan primero a un grupo muy reducido (grupo que por lo demás será el foco de esta investigación) sin embargo, a partir de este grupo se expanden al resto de la sociedad. Sin perjuicio de lo anterior, y quizás por la misma razón, existen muchas y muy buenas investigaciones respecto de lo masculino en nuestra región. Autores como Norma Fuller, Teresa Valdés, Sonia Montesinos, Mara Viveros, José Olavarría, Mattthew C. Gutmann, han hecho importantes aportes empíricos y teóricos a la comprensión de los fenómenos de cambio y estancamiento que la identidad masculina viene sufriendo en la región. A este respecto, existe variada literatura en el contexto latinoamericano y, con diferencias, la mayoría suele caracterizar un tipo de “masculinidad hegemónica” bastante similar en tanto patrón cultural aunque, obviamente, con diferentes formas de manifestarse. Norma Fuller, por ejemplo, en su investigación publicada en 1997 “Identidades Masculinas” muestra una concepción del hombre fundada en la fuerza física, el control de las emociones, una sexualidad hiperactiva y el repudio a lo que denomina “una femineidad contaminante.” Como vemos, la masculinidad pareciera fundarse bajo los mismos parámetros en nuestra región que en el resto de la literatura al respecto.. El chileno José Olavarría, quien tiene innumerables publicaciones respecto de los procesos identitarios en Chile, sus ritos, sus normas y obligaciones, llega a un punto que es muy particular de la región. Si bien es cierto, en sus investigaciones se hace evidente la triada, preñador, protector, proveedor propuesta por Gilmore, también se muestran las complejidades propias de nuestra cultura. En su libro “¿Hombres a la deriva?”( 2001) se caracteriza a un varón muy apegado al rol tradicional en su discurso o en lo que Connell llamaría “la ideología de género” pero en las prácticas, en el diario vivir, reconocían cambios, para bien o para mal. En general, esta disyuntiva se. 23.
(24) observa en muchos estudios de la realidad latinoamericana respecto de la masculinidad y representa quizás lo mas particular de nuestra región. En sus trabajos realizados en Santiago se caracteriza a un hombre que comprende la masculinidad como un “bien”, una condición que le entrega poder, deberes y derechos. Entre lo primeros, el hombre en tanto tal, siente que debe ser leal y responsable, moralmente irreprochable, digno y solidario, de lo contrario sería un poco hombre. Además el hombre debe saber controlar sus emociones, ser fuerte físicamente, valiente, arriesgado y prudente cuando lo amerite. Entre los derechos, el hombre por el sólo hecho de serlo, siente que es libre, dueño de la calle, del espacio público, autónomo para relacionarse con otros, a diferencia de la mujer. Sus impulsos son tan incontrolables, que tiene derecho a querer poseer y penetrar a cuanta mujer quiera. En general, la investigación saca a la luz el “deber ser” masculino, lo que denomina como las bases de la masculinidad dominante, y con ello demuestra la fuerza con que este modelo se arraiga en nuestro país.. Una primera impresión da para pensar que la situación respecto del orden de género no ha cambiado nada o, al menos, no a la velocidad que el resto de las estructuras sociales. Lo que se hace evidente a partir de los estudios publicados por Olavarría es que en gran parte de la población el discurso sobre masculinidad es básicamente el mismo de siempre. Sin embargo, es en el estudio de ese mismo discurso en donde Olavarría alcanza a descubrir el otro lado de la moneda, es decir, el de las prácticas. Es allí en donde, no sólo los entrevistados advierten una brecha, pues son ellos mismos los que señalan que la forma en que entienden lo masculino no tiene mucho que ver con la realidad concreta, sino que la propia literatura es más heterogénea en el abordaje de esta problemática. Mas allá de las polémicas, parece evidente que las prácticas sociales han cambiado a mayor velocidad que los discursos en lo que respecta a los roles de género en nuestra región. Esta suerte de distancia entre las formas de comprender el hombre y las realidades concretas en las que el varón está ejerciendo su condición, parecen fundar parte de lo que la literatura ha llamado la crisis de la masculinidad.. 24.
(25) 2.6 ¿Crisis o simple redefinición de la masculinidad? La pregunta corresponde quizás a una de las polémicas más actuales de la literatura respecto del género y del hombre en particular. Nadie parece negar que la masculinidad está en un proceso de cambio, pero ¿se trata de una crisis? ¿Podemos esperar como resultado de esa supuesta crisis el surgimiento de una nueva masculinidad hegemónica? ¿Qué determina la crisis, si la hubiera, el contexto de la modernidad, el ingreso de la mujer a la vida publica, las necesidades económicas o es la propia masculinidad la que pretende liberarse de su peso y reinventarse? Son muchas las preguntas y las respuestas. Sin embargo, dentro de la literatura latinoamericana, una vez más, parecen haber importantes puntos de acuerdo. Este acuerdo se funda quizás en una constatación que ya abordamos, esta es, que las prácticas en que se ejercen los roles de género parecen cambiar antes que los discursos en los cuales se construyen. De este modo, en general, la literatura de la región se inclina a pensar que son las condiciones materiales las que están determinando un proceso de cambio en los roles de género y que, para muchos es prematuro hablar de una masculinidad en crisis. Estudios como los de Norma Fuller “Identidades masculinas” (1998) y de José Olavarría “hombres: identidad y violencia” (2001) apelan a las variables del contexto social, económico y político para explicar los cambios ocurridos en la identidad masculina. Este último, por ejemplo, hace una profunda revisión de la relación entre el contexto macrosocial del Chile de la dictadura y los cambios ocurridos al interior de las familias en términos de roles de género. En general, Olavarría da cuenta de la influencia de las reformas políticas y económicas en la construcción de los roles de género. Procesos como la flexibilización del mercado laboral, la desarticulación de los movimientos sociales, la reducción del tamaño del Estado y la eliminación de las políticas de asistencia pública basadas en las familias nucleares, tuvieron para el autor, enormes repercusiones en las identidades de géneros y en particular en la masculina. El hombre, por ejemplo, a partir de ahí no sólo comparte la vida pública con la mujer, sino que ve cómo sus espacios de homosociabilidad se ven disminuidos. En términos muy generales, para Olavarría es ahí en donde se funda un nuevo 25.
(26) cuestionamiento de lo subjetivo, es decir, la pregunta que los hombres se hacen a sí mismos respecto de la masculinidad viene determinada por las condiciones del contexto social, en tanto, los roles que el hombre comprendía como propios y constitutivos de identidad han cambiado. El hombre ya no es el único proveedor y muchos ni siquiera pueden aspirar a serlo, las relaciones dentro del hogar han cambiado, pues la estructura que señala a la mujer como la encargada de lo privado y al hombre de lo público se desmorona a pasos agigantados, incluso los espacios de participación publica y política se han deslegitimado. Es así como, para Olavarría, con el cambio de las bases materiales sobre las que se construye la masculinidad, esta entra en crisis en tanto construcción social. Aun cuando, en el mundo de la subjetividad la masculinidad parece no estar en crisis, pues los hombres sienten que los cambios producidos son externos y los perciben como un problema de adaptación a las expectativas del otro. Olavarría sostiene que la construcción social de los roles de género sí está en crisis, pues cambió el orden material que la sustentaba. Esto, eso sí, no implica que el patriarcado esté en crisis, sino que sólo el orden de los factores. En “¿Hombres a la deriva? (2001) el mismo Olavarría profundiza en las consecuencias de esta crisis en la vida subjetiva de los hombres a partir de la pérdida de los referentes de la masculinidad dominante “el hombre ya no es la persona irremplazable, no es la ley indiscutible dentro del hogar. El destino que les suponía ser hombre adulto ya no está asegurado. Los cambios culturales y sociales los afectan, se tornan difusos los límites que lo conforman. Se pierde la exclusividad y con ello los recursos de poder.”4. 4. José Olavarría, ¿Hombre a la deriva? Flaccso- Chile, 2001. Pag. 121. 26.
(27) 3. Análisis de la información recolectada (o, al fin, la visión de los hijos predilectos). La revisión teórica nos ha entregado las bases para abordar lo que es el centro de este estudio o, al menos, el espacio en donde pretende ser un aporte. Esto es, la revisión de la información levantada desde un grupo de jóvenes santiaguinos pertenecientes a un grupo social muy determinado o lo que en algún articulo Teresa Valdés llamó un Ghetto juvenil. Lo que intentaremos es dar cuanta de la forma en que estos jóvenes vivencian su masculinidad, es decir, la manera en que ellos enfrentan su condición de hombres. Sin embargo, la primera labor será caracterizar este grupo, pues se hace necesario explicar sus particularidades para entender, no sólo la información que aquí será presentada, sino que también el interés por investigarlo. 3.1 El Ghetto bajo la lupa… El grupo investigado, como todo grupo humano, no es conjunto homogéneo. Sin embargo, podemos apelar a ciertas características que permiten al lector comprender de quienes estamos hablando. En primer lugar, los jóvenes investigados, de entre 20 y 29 años, pertenecen a familias pudientes, han tenido la suerte de tener sus necesidades satisfechas y llevar su vida de acuerdo al ritmo que ellos y sus familias han deseado. Sin ser parte de lo que denominamos la oligarquía tradicional chilena, estos jóvenes pudieran ser inscritos dentro de lo que se llamaría la burguesía nacional si aquello existiera realmente. Hay que señalar que todos los entrevistados tuvieron la posibilidad de cursar estudios superiores e incluso, la gran mayoría de ellos, sin la necesidad de créditos ni trabajos paralelos. Así mismo, la educación primaria la cursaron en colegios privados o bien en subvencionados de gran prestigio como el Instituto Nacional o el San Ignacio de Alonso de Ovalle.. Aun así, no debe entenderse que el universo de este estudio son los jóvenes ricos de Santiago. Con esto quiero insistir en que los jóvenes investigados no pertenecen a las familias tradicionalmente terratenientes y acaudaladas de este país, sino que se encuentran en un amplio sector que puede ser considerado el que le sigue en la escala social. 27.
(28) En Chile, sin embargo, los sectores de ingresos medios altos son amplios y han aumentado notablemente en los últimos años. Por lo que se hace necesario especificar aún más el universo de esta investigación. Para hacerlo, recurrimos a una categoría que puede ser interpretada con connotaciones políticas, pero que no necesariamente debe serlo en este caso. Los jóvenes investigados, vienen de familias progresistas. ¿Que significa esto? Que han pertenecido a un mundo social en donde la apertura hacia los cambios existe, con distintos niveles, pero existe. De hecho, los padres de nuestro universo muestral, son lo que podríamos llamar la generación heredera de los grandes sueños ideológicos de los 60 y 70. Nuestros jóvenes no tienen una preocupación especial por la política, pero sí una visión interesada del mundo, sus problemas y sus injusticias. Aunque con excepciones, la gran mayoría no practica ninguna religión a pesar de que algunas familias los han bautizado y educado en la fe cristiana. En definitiva, nuestra mirada está centrada sobre un grupo de jóvenes que, de alguna u otra manera, pueden ser visto como de “vanguardia”, especialmente en lo cultural. Este es, quizás, el mayor punto de encuentro de este Ghetto, son grandes. consumidores. de. cultura,. y. mediante. esta. canalizan. sus. preocupaciones sociales, es decir, no han renunciado al sueño de sus padres de cambiar el mundo, pero desconfían de la receta política para hacerlo. Pareciera ser que creen más en el cine, la música, el teatro, etc. como herramientas de cambio.. Revisar, por lo tanto, la visión de lo masculino que tienen estos hombres jóvenes y heterosexuales, puede ser muy interesante, aunque suene pretensioso, a la hora de proyectar el camino que la identidad del género masculino puede tomar en los próximos años. De manera que ahora nos corresponde adentrarnos en esta visión, concentrándonos primero en la interpretación de los propios actores respecto de la historia y nuestro país en relación con lo masculino, para luego sacar a la luz la visión que tienen respecto de los hombres y mujeres en general. Para finalizar, ingresaremos en la visión más propia de este grupo, abordaremos la relación que tienen con su condición de hombres, cómo los comprenden y la vivencian, para luego. 28.
(29) adentrarnos en sus historias y reseñar la manera en que han construido su masculinidad, además de la visión “ideal” que de ella tienen.. 3.2 Una mirada a la historia y a Chile Lo primero que cabe señalar respecto de la opinión de nuestros actores es que para ellos las formas de entender lo masculino está cambiando y por lo mismo, la manera en que ellos la comprenden está en relación con ciertos procesos que, en su interpretación histórica, ha determinado que lo masculino este buscando una nueva forma de interpretarse. Ciertamente, no fueron muy precisos en la determinación de dichos procesos, pero sí dibujaron un mapa que, a grandes rasgos, no es muy distinto al ya expuesto en los antecedentes teóricos. De hecho, durante las conversaciones, la lucha de la mujer por ganar espacios de igualdad surgió reiteradamente como explicación posible para el actual estado de las cosas. “Yo creo que el por qué tiene mucho que ver con la liberación de la mujer, porque al verse obligada a cumplir funciones del hombre puede empezar a requerir cosas del hombre que…es como “al yo estar haciendo las cosas que hacía él, ahora tu también sé como antes tenía que ser yo”” “Quizás han habido más cambios en las mujeres que en el hombre. Ahora pasa más que las mujeres te dicen vamos para allá, quizás antes era más que el hombre tenía que invitar a la mina. Yo creo que el cambio va más por el lado de ellas que por el del hombre (24 años, recién egresado de Ingeniería). No hay dudas de que esta explicación fue la más recurrida. Sin embargo, otros apelaron más a una convicción que podríamos llamar de “fe” en el sentido de que para ellos es la propia historia la que se encarga de equilibrar los desequilibrios. El orden jerárquico de los géneros es, según los entrevistados, uno de ellos y por lo mismo les parece “natural” que las diferencian se acorten y la igualdad se imponga.. 29.
(30) “Todos se dieron cuenta de que eran igualmente machistas o feministas de cierta manera y empezaron a buscar una unificación de eso y se empezó a hablar de la aceptación, de la integración de un sector a otro y eso yo creo que es algo más moderno.”(25 años, cursando construcción civil y basquetbolista profesional) “A lo que voy es que también hay una evolución. más circular, el mundo. cambia pero no linealmente y antes hubo matriarcado y después machismo, nos soy historiador y no cacho esto, pero esa es mi visión que el mundo cambia y se tira para allá y se tiró tanto para allá que se tira un poco para acá.” (23 años, actor) “Yo creo que ha ido cambiando más como humanidad de poder ser más libres hacerla más natural. La masculinidad hay que desarrollarla en cada uno a más que te inculquen patrones arbitrarios.” (24 años, estudiante de música). Sin perjuicio de lo anterior, los entrevistados se encargan ellos mismos de reconocer que pertenecen a un grupo privilegiado en donde estos cambios comienzan a hacerse patentes. De hecho su juicio respecto de Chile en general es muy categórico. Calificativos como “conservador,” “retrógrado”, ”machista” fueron recurrentes a la hora de calificar a Chile respecto de la igualdad de género. “Yo creo que esto es valido para nuestra experiencia, pero si hablamos de Chile, la mayoría de la gente sigue siendo super machista y la cosa ha cambiado super poco.” (24 años, actor) “Yo creo que hay un rollo que en Chile en general está todo muy retrogrado, le falta mucho, le falta mucho para avanzar todavía, muy subdesarrollado en el tema de igualdad de género” (24 años, estudiante de música). Es interesante señalar cómo, los mismos entrevistados, concuerdan con un supuesto que está en la base de esta investigación, cual es que el grupo entrevistado es muy particular en lo que a su comprensión de la masculinidad se refiere, puesto que ellos mismos señalan que en Chile la gran mayoría de 30.
(31) los hombres se comprende a si mismo como quien es el depositario de un poder por sobre la mujer. De hecho, la presunción de que en las clases sociales mas bajas la situación respecto del género no es muy distinta que en el grupo social más pudiente de este país (la oligarquía tradicional) fue una idea repetida. En este sentido, los entrevistados creen que, por diferentes razones, la gran mayoría de nuestro país sigue inmerso en una comprensión muy cerrada de lo que son las relaciones de género y esto se acentúa en los dos extremos de la escala social. “Eso pasa sólo en un grupo chico, porque los con mas plata están perdidos en la tontera y los de menos están obligados a marcar roles mucho más estrictos.” (25 años, cursando construcción civil y basquetbolista profesional). 3.3 Los hombres y las mujeres, una mirada a la generalidad… Lo primero que llama la atención en las opiniones de los entrevistados, es la dificultad inicial que encuentran para definir rasgos distintivos entre hombres y mujeres. En general, las conversaciones a este respecto tardaron un tiempo en soltarse, como si hubiera cierto resquemor a marcar fronteras para cada uno de los géneros y más aún cuando se trataba de ingresar en las diferencias entre ellos. De este modo, el primer dato relevante es que los entrevistados encuentran dificultades a la hora de definir qué significa ser hombres y es sólo en la contraposición con las mujeres donde encuentran las ideas básicas que les permiten ir generando una distinción. “El Hombre de hoy no cabe dentro de un saco nosotros estamos cambiando en 10 años de más arriba, están en otra.” (23 años, recién egresado de Sociología). De manera que lo que intentaremos a continuación es dar cuenta de ese mapa que se dibujó durante los grupos focales y lo haremos del mismo modo como se generó, como una oposición entre características masculinas y femeninas.. 31.
(32) En primer lugar, hay que señalar que gran parte de los entrevistados acude a diferencias que ellos mismos explican como naturales y a través de estas, a otras diferencias que se derivan de las primeras. Así, la mayor fortaleza física masculina sirvió como explicación para otras diferencias que, según ellos, se derivan de ésta. En este sentido, fueron muchos los que explicaron la tradición de que sean los hombres los que salgan a trabajar por una cuestión histórica, aludiendo a que los hombres siempre fueron los que tuvieron que salir cazar pues eran físicamente más aptos para ello. Esta disparidad física, según ellos, sustenta también ciertos roles del hogar. “Pero yo creo que parte de una huevá natural, que es como que una cosa física del hombre que era capaz de ir y cazar un animal y no la mujer.” (24 años, recién egresado de Ingeniería) “Yo creo que en las cosas motrices, en los deportes, en todo lo que requiere un esfuerzo físico, somos definitivamente mejores que las mujeres. Y no es que sean flojas pero no tienen los mismos reflejos, aunque obvio que hay excepciones. Eso es como la diferencia más notoria, porque todo el resto depende más de la persona.” (25 años, cursando construcción civil y basquetbolista profesional). Sin embargo, a poco andar comenzaron a surgir otro tipo de diferencias que ya no tenían un sustento material para explicarlas. Respecto de estas nos detendremos en profundidad, sin embargo, es muy interesante señalar de antemano. que. estos. juicios. siempre. fueron. muy. cautos,. es. decir,. constantemente los entrevistados manifestaron la dificultad de hacerlos, en la medida que eran diferencias muy generales y muchas de ellas, los entrevistados las percibían más que como tendencias sociales, como una realidad que ellos viven a diario.. La idea más recurrente a este respecto fue el supuesto de que el hombre tiende a ser más racional en diferentes aspectos de su vida. La racionalidad la entienden como una capacidad para resolver problemas prácticos así como 32.
(33) una suerte de frialdad que les permite enfrentar situaciones con más calma que el común de las mujeres.. “Yo creo que el hombre es más capaz de separar los ámbitos de su vida, yo creo que si un hombre le pasa algo malo entre el ámbito de su vida es capaz de desenvolverse en los otros de buena manera. En cambio, cuando a las mujeres les pasa algo malo, yo creo que eso malo le empieza afectar en los otros ámbitos de desempeño, como que el hombre es más capaz de separar las distintas esferas.” (22 años, estudiante de psicología) “( la diferencia)Es lo que hemos dicho, prácticos, yo creo, es lo más claro…que funcione, que no sea bonito, pero que funcione.” (26 años, estudiante de medicina). Otras características también fueron mencionadas como propias de la mayoría de los hombres y por tanto, parte de lo que se podría llamar la masculinidad, aun cuando, está dicho, los propios entrevistados manifestaban ciertas dudas en que tal cosa existiera patentemente. Entre estas características, las más recurrentes tienen que ver con una suerte de impulsividad que hace que el hombre tienda a caer en placeres u otras distracciones muy fácilmente. En este sentido,. los. hombres. respecto. de. las. mujeres. parecen. ser. más. despreocupados, es decir, más susceptible a cometer errores, puesto que, según los participantes, las mujeres tienen más conciencia de los riegos y de las consecuencias de sus actos. “Yo creo que, en rasgos generales, los hombres son como mucho más despreocupados. Ellos van más a la vida, siempre están haciendo cosas, como la pichanga, que son menos "importantes." Los hombres juegan, no sé, son muchos más pendejos. Las mujeres son mucho más serias al momento de hacer las cosas.” (24 años, actor). 33.
(34) “Para mí la cosa es que la mujer tiene mucho más sentido común que el hombre, ella sabe las consecuencias, claramente, de todas sus acciones.” (25, diseñador gráfico). Esta misma capacidad para anticipar los problemas es, según los entrevistados, la base de una capacidad que muchos le reconocieron inmensamente superior a las mujeres, esto es, el trabajo en equipos, la capacidad para mantener cohesionado un grupo. “Ellas saben, o el lado femenino del ser sabe, por ejemplo, integrar un grupo, tienen esa visión como grupal, como de mamá, esa visión como de lo "mater", de que integran las ideas, de que saben ver el sentido, que es más visionaria, sabe proyectar más el sentido en lo que puede ir algo” (23 años, actor) 3.4 Ser hombre: una mirada hacia adentro Llegamos así a lo que es el centro de esta investigación. Lo que aquí intentaremos es dar cuenta de la manera en que nuestros entrevistados se comprenden así mismos como hombres. Ya hemos explicado con largueza las particularidades del foco de esta investigación, ahora corresponde adentrarnos en la comprensión de lo masculino en este grupo para dar cuenta de una visión y para sentar las bases de una comprensión de ésta.. Para hacerlo, seguiremos el mismo orden que ha guiado el desarrollo de esta tesis, es decir, partiremos por la manera en que ellos vivencian los cambios que se vienen desarrollando en la humanidad respecto del género. Primero haremos una revisión de los cambios sociales que los propios actores han sentido como relevantes en sus vidas. Luego abordaremos las consecuencias particulares que estos cambios están teniendo en las historias de nuestros entrevistados.. Está dicho que parte importante de los entrevistados tiene un juicio del desarrollo histórico y que mediante él explican gran parte de los cambios en cuanto a géneros se refiere. De hecho, un entrevistado fue muy claro en resaltar que estos cambios están inmersos en un proceso mayor.. 34.
(35) “Yo creo que va ligado con la libertad actual, no solamente a través de los roles masculinos y femeninos sino que, en general, de todos los roles o los arbitrarierismos de cómo tener que actuar frente a la vida, ahora se ha dado cada vez más libre y natural, cada uno forja su vida con las escalas de valores y desee. Pero siento que nuestra generación es eso, está la libertad del construir nuevos roles. (23 años, recién egresado de Sociología) “Uno cacha que es el paso a seguir. Porque de alguna manera es el hombre el que permitió que la mujer estuviera en igualdad de condiciones socialmente y no sólo porque ella lo exigía, sino porque también muchos hombres se dieron cuenta de que era necesario de que trabajaran y todo. (24 años, recien egresado de ingeniería). Sin embargo, es interesante señalar aquí que cuando la conversación se circunscribía sólo en los propios entrevistados, es decir, cuando más que un juicio general se quería a puntar a la experiencia de cada uno, los factores que impulsaban el cambio en ellos mismos también estaban relacionados con una búsqueda personal, con una inquietud que muchos calificaban como natural, dados los cambios en la esfera social. “Es que yo creo que el hombre no es completo si no tiene la parte de la sensibilidad, o sea, de alguna manera el hombre también busca y necesita esa parte mas femenina.” (24 años, actor) “En ser hombre también hay una búsqueda intrínseca de tu lado femenino y eso es natural.” (23 años, actor). Esta búsqueda se sustenta, según los entrevistados, en una manera distinta de enfrentar las relaciones de género. Si bien resaltan que a su juicio esta manera de abordarlas no es necesariamente lo común, es sí la manera en que ellos las vivencian.. 35.
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