(o la incertidumbre que se reparte)
La conclusión primera y más evidente, es que no sólo la literatura, sino también el grupo entrevistado, reconocen la vigencia de un momento particular en lo que a la identidad masculina se refiere. Con diferencias, los distintos autores reconocen distintos grados de cambio en la manera en que se entiende, o bien se vive, la condición de hombre.
A estas alturas, nadie niega que este cambio tiene mucho que ver con los movimientos feministas y sus logros concretos en el funcionamiento social. Tanto a nivel académico como en la vida diaria, el feminismo produjo una revolución en lo que respecta al género que aún estamos lejos de determinar en sus alcances. Por de pronto, lo evidente, es que no sólo puso en jaque el orden social, familiar, político y laboral sino que también parte importante de cómo los hombres nos entendemos a nosotros mismos.
Todo esto da cuenta de una realidad insoslayable, cual es, que los cambios que comienzan a sospecharse en las identidades masculinas parecieran no tener un origen propio, es decir, se presentan como un proceso que el hombre ha debido llevar a cabo, más que como algo que ha querido hacer. Esto, desde una perspectiva macro es innegable. Y es esta realidad, quizás, la que explica otra verdad indesmentible, al menos en el concierto latinoamericano. En nuestra región, si bien la masculinidad como concepto ha cambiado, pues se han derribado las bases prácticas que la sostenían, aun persisten discursos muy apegados a una forma antigua de comprenderla o bien, a lo que denominamos “el modelo hegemónico de masculinidad.” Estos discursos revelan una cierta ambigüedad, un cierto desconcierto de qué es lo que significa ser hombres, sin embargo, desde la mirada macro este desconcierto no es explícito, de modo que no pasa de ser una sospecha del observador de segundo orden. Veremos, más adelante, cómo en el grupo investigado este desconcierto se explicita y se transforma en el rasgo más característico de la interpretación de lo masculino en ellos.
Antes, nos hacemos cargo de un supuesto que esta investigación asumía como una realidad y que, a decir de los entrevistados, puede comprenderse como tal. Esto es, que el grupo investigado representa un Ghetto juvenil muy particular.
Ellos mismo estaban concientes de estas diferencias y ellas, en parte, fundaban esa incertidumbre de la que ya hablamos pero que profundizaremos. Estas particularidades, si bien algunas veces incomodas, eran vividas como un privilegio, como una realidad que se les legó y que asumen y comparten.
Pero concentrémonos en esa sensación de incertidumbre, pues aquí está la clave para entender las complejidades de la forma en que estos jóvenes comprenden o intentan comprender lo masculino. Para sacar a la luz esta incertidumbre es necesario dar cuenta de dos realidades paralelas. La primera es evidente, y señala que nuestros entrevistados han crecido en un país en donde el modelo de masculinidad dominante es fuerte y extensamente repartido. Nuestros entrevistados no están exentos de aquella visión, ellos mismos reconocían caer en ciertas actitudes propias de ella. Pero mas allá de eso, lo interesante es dar cuenta de que este “esquema” mental está inserto no solo en sus vidas, sino que también en el mundo que los rodea y por tanto, en parte de lo que este les pide que sean.
Sin embargo, también hay otra realidad y quizás la fuerza en que esta existe en quienes fueron nuestro foco de investigación, representa no sólo la mayor particularidad del grupo, sino también el más importante hallazgo de esta investigación. Esta realidad habla también de una búsqueda personal por encontrar una suerte de integridad que incluye una visión que ellos calificaron como “femenina” respecto de su manera de ser hombres, y, además, de una exigencia que le hace su mundo más intimo (sus parejas, sus madres, sus hermanas) porque así sea. De manera que, concluimos con total certeza, que en nuestro grupo de investigación sí hay una búsqueda individual y de sentido por reinterpretar y recomprender lo masculino. Pero, con la misma fuerza, tenemos que señalar que esta búsqueda no es sólo personal sino que esta acompañada de una exigencia que le hace quienes lo rodean, especialmente las mujeres de su círculo.
De modo que, esa incertidumbre, esa posición incierta en que nuestros entrevistados decían sentirse ellos y como conjunto los hombres, no es más que la colisión de estas dos realidades coexistentes. Crecieron con un mensaje de superioridad, disfrutaron del “dividendo del patriarcado,” creyeron que ser hombres era una ventaja, pues muchas veces así lo veían en los medios de comunicación e incluso en sus propias familias. A poco andar se dieron cuenta
que esto involucraba ciertos deberes, ciertos roles que de acuerdo al modelo le correspondían a los hombres, los aceptaban muchas veces de mala gana. Y comienzan a sentir que esas actitudes no le son propias, que no quieren ser el macho, que no se sienten tal. Al mismo tiempo, se dan cuenta que hay un mundo que no se les había permitido demasiado, puesto que como dice el dicho “los hombres no lloran.” Llegado el momento del amor, su contradicción tienen su máxima expresión. Ahí, en esa relación, se les pide las dos cosas, se les pide el macho, el que conquista, el que invita y al mismo tiempo se les exige el sensible, el capaz de internarse en las emociones.
Este es el ejemplo mas plausible de por qué podemos denominar esta incertidumbre como dos exigencias “doble vinculantes” o bien el problema de nuestros jóvenes como un problema de doble vínculo. Eso, llevado a lo social también funciona, al hombre hoy se le exige dos actitudes, que siempre le enseñaron que eran opuestas, y que por lo tanto, le cuesta una enormidad no considerarlas como tal. No en vano, nuestros entrevistados dibujaron al hombre ideal como aquel que puede equilibrar estas dos exigencias, difícilmente encontraremos una prueba mas fehaciente de que la búsqueda de este equilibrio es la características principal del hombre de hoy, al menos de quienes conforman el grupo investigado.
Ahora bien, ¿que importancia social reviste esta comprensión casi antropológica de la manera en que un grupo de jóvenes comprende la masculinidad?
Dos ideas fundamentales. La primera está íntimamente relacionada con esta sensación de incertidumbre que hemos encontrado en los jóvenes y que, si bien en ellos puede ser más evidente, en distintos grados es compartida por los hombres en general. Comprender que los hombres estamos en una posición incierta, pues el mundo que nos habían dibujado cambió en el transcurso de nuestras propias vidas, es fundamental para comprender una infinidad de problemas sociales que pueden tener su origen aquí. Desde la violencia intrafamiliar hasta la forma en que los jóvenes viven la sexualidad y pasando, quizás incluso, por la indiferencia social y política de los jóvenes. Una real comprensión de la perplejidad que significa no saber cual es tu rol en la sociedad y estar, por primera vez, obligado a descubrirlo por ti mismo, parece no sólo útil sino que fundamental a la hora de pretender abordarlos.
La segunda idea está íntimamente relacionada con la anterior y con la naturaleza de nuestro foco de investigación. Ya hemos señalado que se trata de un grupo que de alguna manera puede ser considerado “ de avanzada”. Comprender, por ejemplo, que parte importante de la angustia que estos jóvenes viven reside en una exigencia de doble vinculo que le hace su pareja, es fundamental a la hora de pensar la educación y las políticas de asistencia familiar. Esto, porque si comprendemos que los hombres no hemos sido educados para abrirnos a los sentimientos, para participar en las tareas del hogar y no sólo eso, sino que se nos ha señalado (y en muchos ámbitos, se nos sigue señalando) que esas cosas no nos corresponden, podemos ver con claridad una parte del problema. Si a esto le sumamos que nuestras propias mujeres muchas veces nos exigen al hombre que su educación le señaló debían buscar, aquel hombre proveedor, fuerte e incansable, podemos comprender cómo esta incertidumbre se está produciendo desde muy temprano y cómo los agentes socializadores tienen un rol importantísimo que jugar en ello.
Por ultimo, se hace necesario concluir que, al menos en América Latina, estamos muy lejos de poder hablar de un nuevo modelo hegemónico de masculinidad. Incluso, con las particularidades del grupo investigado, a lo que asistimos es mas bien una pequeña muerte, algo anunciada, del antiguo modelo. Sin embargo, sospecho que para que nazca el nuevo modelo, tendremos que pasar unas cuantas generaciones de mártires, buscando entre lo que queda y lo que aparece de nosotros mismos.
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Anexo Metodológico
Ya hemos señalado que la investigación es de carácter cualitativo y que el principal instrumento de recolección de datos fueron los grupos focales. Corresponde aquí detallar las etapas y las decisiones metodológicas que fueron construyendo el estudio. Para ello es necesario apelar a la tradición teórica que sustenta la metodología que esta investigación utilizó, ésta es, la fenomenología. Esta decisión, en pocas palabras, se relaciona con la naturaleza de esta misma, en tanto la fenomenología apela a la esencia de la experiencia de los sujetos entrevistados. Pretende llegar al discurso subjetivo aquel que contiene las comprensiones personales, las experiencias individuales. De modo que, para este caso resulta particularmente útil para dar cuenta las formas en que parte de los jóvenes viven y comprenden la masculinidad. Por ello, explicaremos las decisiones tomadas de acuerdo a la metodología fenomenológica, es decir, de acuerdo a los pasos que esta misma sugiere al momento de investigar.
Debemos partir señalando que las raíces de la fenomenología hay que situarlas en la escuela de pensamiento filosófico de Husserl (1859-1939). Según Husserl, la tarea de la fenomenología es construir a la filosofía como una ciencia rigurosa, de acuerdo con el modelo de las ciencias físico-naturales, pero diferenciándola de éstas por su carácter puramente contemplativo. De ahí, la teoría sociológica y psicológica hacen su propia interpretación y establecen las diferencias fundamentales respecto de otras tradiciones metodológicas, entre las cuales destaca: el énfasis sobre lo individual y sobre la experiencia subjetiva: La fenomenología es la investigación sistemática de la subjetividad (Bullington y Karlson, 1990 en Tesch, 1990).
La fenomenología busca conocer los significados que los individuos dan a su experiencia, lo importante es aprehender el proceso de interpretación por el que la gente define el mundo y actúa en consecuencia. El fenomenólogo intenta ver las cosas desde el punto de vista de otras personas, describiendo,
comprendiendo e interpretando. Es por ello, que ésta tradición calza con las pretensiones de conocimiento de nuestra investigación, pues permite apuntar hacia esos significados individuales que conforman una comprensión subjetiva de lo masculino.,
El método fenomenológico y por tanto, esta investigación, se desarrolla en las siguientes fases:
La fase de descripción, supone partir de la experiencia concreta y describirla de la manera más libre y rica posible, sin entrar en clasificaciones o categorizaciones, pero trascendiendo lo meramente superficial. Al reflexionar sobre los acontecimientos, situaciones o fenómenos, se pueden obtener distintas visiones: la del investigador, la de los participantes, la de los agentes externos. Se trata de obtener toda la información posible desde diferentes perspectivas y fuentes, incluso cuando son contradictorias. Para esta etapa, la remisión bibliográfica fue fundamental y por ello quiero agradecer las recomendaciones de Teresa Valdés, guía de esta tesis, además de una eminencia en la temática de género.
La fase de estructuración, a partir de la reflexión, el investigador intenta captar las estructuras del hecho, actividad o fenómeno objeto de estudio, y las relaciones entre las estructuras y dentro de las mismas. Es el momento de encajar las piezas del puzzle, establecer las categorías y las relaciones existentes entre ellas. A esta etapa correspondió la redacción de un documento llamado “estado del arte”, es decir, una articulación del conocimiento acumulado respecto de la masculinidad, que concuerde con la aproximación epistemológica de este estudio.
La fase de constitución de significados, aquí el investigador profundiza en el examen de la estructura, centrándose en cómo se forma la estructura de un fenómeno determinado en la conciencia de los individuos. De manera que, en esta etapa ya fue posible comenzar a trabajar en la pauta de preguntas para el focus. Esta pauta tiene una estructura particular, que esta relacionada con la manera en que se ha estudiado este fenómeno antes. En las anteriores etapas se hizo evidente que la comprensión de lo masculino estaba intrínsicamente relacionado con lo femenino. De hecho muchos autores
señalan que lo realmente propio de la masculinidad es lo no-femenino. De este modo, la pauta comienza con un intento por diferenciar los géneros para dar una entrada más simple y cotidiana a la conversación. Una vez realizado esto, nos enfocamos en el hombre como estereotipo, dejamos la comparación, e intentamos adentrarnos en los hombres en general. Por ultimo, apelamos a las experiencias individuales e intentamos descubrir si estas tienen relación con lo dicho antes, todo, para establecer cual es la cercanía entre el modelo hegemónico de masculinidad y la comprensión de nuestros entrevistados. Demás está decir que esta pauta fue flexible, es decir, no sé siguió al pie de la letra, sino que de acuerdo al fluir de la conversación. La pauta será presentada mas adelante.
La fase de suspensión de los juicios, mientras se recoge la información y el investigador se va familiarizando con el fenómeno objeto de estudio, se trata de distanciarse de la actividad para poder contemplarla con libertad, sin las constricciones teóricas o las creencias que determinen una u otra forma de percepción. Durante esta etapa se realizaron los dos focus grupos que sostienen la investigación. En estos focus participaron 12 jóvenes de entre 20 y 29 años, que cumplían con los siguientes requisitos: Estaban o habían cursado estudios superiores, estos estudios fueron íntegramente costeados por sus padres. La situación económica nuca había sido una limitante seria en la consecución de sus objetivos importantes (entiéndase, qué y dónde estudiar, el lugar en que crecieron, etc.) Además, entre los participantes no habían militantes de partidos políticos, ni acérrimos seguidores de alguna religión. Si bien, políticamente, la mayoría se identifica con sectores de izquierda, éste no fue un prerrequisito sino mas bien una realidad determinada por las anteriores características. Los Grupos focales fueron dirigidos por quien habla, además de grabados en sonido y transcritos a computador
La fase de interpretación, aquí se trata de sacar a la luz los significados ocultos, se trata de extraer de la reflexión una significación que profundice los significados superficiales y obvios presentados por la información acumulada a lo largo del proceso. Para hacerlo, la trascripciones fueron transformadas a
formato RTF de modo de poder ser analizadas en el programa computacional de análisis cualitativo QSR, en Vivo. Este programa permite codificar con facilidad la información, estos códigos se agruparon en las dimensiones analizadas, a saber: Una mirada a la historia y a Chile; Los hombres y las mujeres, una mirada a la generalidad; Ser hombre: una mirada hacia adentro; y El camino recorrido y el por recorrer.
La fase de redacción, esta fase correspondió a la articulación de los resultados de la investigación de campo y la literatura revisada al respecto. Lo que se intenta aquí es dar cuenta, de manera clara y precisa, las razones que impulsan el estudio, los antecedentes que sobre el tema existen y los