ACTITUDES ÉTICAS
SOFISTAS
En el siglo v a.C., en plena efervescencia democrática Ateniense, aparecen los Sofistas, maestros ambulantes -o mejor «profesionales» de la enseñanza...- desarraigados, forasteros en todas las Polis, sabios que venden su saber, por lo que merecerán la dura calificación de Platón: «Prostituidores del espíritu». Enseñan, cobrando a los jóvenes pudientes saberes enciclopédicos, arrinconando las abstractas discusiones de los filósofos anteriores sobre la Física (Cosmología) para introducir nuevos problemas: antropología, lingüística, derecho, política. Critican las costumbres, la religión, las instituciones e introducen en la sociedad el relativismo al enseñar el discurso doble, o sea: saber discutir el Sí y el No de una misma cuestión.
Sin embargo, la valoración global es positiva: Grecia era un conjunto de ciudades-estado (Polis con Constituciones distintas, nada menos que 72 según Aristóteles) y había que reafirmar los valores de cada ciudad.
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1. El punto de partida es el conflicto entre las leyes de la naturaleza y las leyes de cada Polis (physis versus nomos). 2. La solución sofista es Relativista: hay cosas que son «justas» por naturaleza, y hay cosas que son «justas» por la ley.
3. Derecho, Estado, Sociedad, Ley, Moral, ¿qué son? La respuesta es muy simple: un pacto entre ciudadanos, 0 sea: depende en qué Polis estés. Protágoras, sofista importante, acuñará el lema que les caracteriza: «El hombre es la medida de todas las cosas». El hombre es la medida y de él depende toda moral: Homomensura.
4. La virtud (areté) no es algo interior, sino la «habilidad» con que el sofista -o su alumno candidato a la erótica de¡ poder., persuade a sus conciudadanos para que acepten unas razones que él sabe presentar como buenas para la Polis: la virtud es el éxito político o social.
Atenas, pequeña ciudad-estado, era una democracia radical: los ciudadanos adultos y varones -excluidos niños, mujeres y esclavos...no sólo tenían el derecho a hablar en la asamblea, sino que era para ellos un deber: discutir, escuchar y decidir. Incluso, ante los jueces, en caso de juicio, debían defenderse por sí mismos, jamás por boca de otros. El dominio de la palabra constituía la mejor garantía para vivir en comunidad, para defender derechos propios y extraños, para «escalar», para medrar.
Los sofistas, en su mayoría extranjeros, excluidos del derecho de ciudadanía, no podrán hablar en la asamblea, pero se resarcirán haciéndolo por boca de sus alumnos. Su triunfo social será su más profunda satisfacción personal. «Eu legein», el «buen discurso», «saber hablar bien» como sinónimo de poder.
SOCRÁTICOS
Sócrates, filósofo de todos los tiempos, que presumía de ser «ateniense, griego y hombre». Se dedicó a discutir, preguntar, dialogar (la mayeútica) y a incordiar. Le llamaban el tábano y logró que le acusaran por corruptor de los jóvenes e introducir nuevos dioses. Era un socavador. Fue el primero que planteó cuestiones como qué es la justicia, el deber, la ley. Por vivir en tiempo de los sofistas, por hablar de temas similares -aunque de distinto modo-, por poner eq cuestión los principios intocables de las buenas costumbres es confundido como el peor de los sofistas y condenado a beber la cicuta en el año 399. Demócrata convencido, acepta las leyes, las instituciones y algo mucho más duro: la condena de sus compatriotas, prefiriendo morir «por la ley» que huir en contra de su conciencia. Sócrates es el primer mártir - aunque no el último- por sus ideas. ¿Un iluso?, ¿un hombre íntegro?, ¿un incordiante?; pero, ¿dónde está la frontera entre un mesías y un provocador?
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1. La auténtica sabiduría consiste en conocer las verdades absolutas y eternas por medio de la inducción. Por ejemplo: si veo cosas bellas, hombres y mujeres guapos, llegar a la esencia, o sea, conocer qué es la belleza.
2. Las leyes de una polis son sagradas, divinas porque son manifestaciones de la justicia: «Yo digo que lo que es legal, es justo». Por tanto, las leyes naturales y positivas están en el mismo plano.
3. El valor de las leyes, pues, no proviene de los ciudadanos sino de ese carácter sagrado, divino, aceptado y reconocido por mi propia conciencia. La ley busca el bien general y cuando alguien viola esta ley, busca su bien particular: «violar una ley es siempre una injusticia» y la ley hay que cumplirla siempre, aunque nos cueste la vida, porque lo exige la razón.
4. La virtud es «la perfección del espíritu hasta el máximo, no el logro de dinero o de poder». Reside dentro de uno mismo, por eso proclama la supremacía de los derechos y deberes de la conciencia.
5. Quien obra según la luz de su conciencia, obra correctamente. La nitidez intelectual coincidía con la rectitud ética. «Saber» equivale a «ser» bueno (intelectualismo socrático), por eso, acuñará la primera de todas las tesis optimistas: no hay hombres malos, sino simplemente ignorantes.
6. Para encontrar esta verdad, que anida dentro de uno mismo desde el nacimiento -o desde «antes»...- hay que ayudar, no enseñar. Ayudar con la dialéctica, o método de preguntas y respuestas, con las que el hombre que no sabe «da a luz» (mayeútica) a la verdad dentro de sí, «¿no sabéis que mi oficio es ser comadrón como el de mi madre?»
7. Así, el hombre se libera de sus malos deseos y pasa a ser un ciudadano respetuoso con las leyes de su Polis: La verdad como ley. La democracia como ideal asumido: «Conocer la ciencia que nos hace buenos hombres y, por tanto, buenos ciudadanos».
ARISTOTÉLICOS
Aristóteles, uno de los pensadores más influyentes de la Filosofía occidental, vive en Grecia en el siglo IV a.C. Tras haber frecuentado durante muchos años la Academia platónica, abrió en Atenas su propia escuela: el Liceo.
El pensamiento de Aristóteles es el propio de un pensador que ha reflexionado profundamente sobre el problema del «vivir bien». Constata que todos los hombres se proponen la obtención de un bien (teleología) y no uno cualquiera, sino siempre el mejor: la
felicidad. El hombre virtuoso es el que logra el equilibrio entre deseos contrapuestos. Dos son las obras importantes dedicadas al tema: Ética a Nicómaco y Ética eudemia.
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1. El universo es un todo ordenado y jerarquizado. El hombre, ser plenamente natural, participa de la vida vegetativa, animal y posee, él solo, la que le distingue de¡ resto: la intelectual.
2. La moral es específica del hombre: no es ni divina, ni animal.
3. La primera pretensión del hombre es la búsqueda del placer (eudemonismo) que le proporcione la felicidad. Para conseguirlo, hacen falta unas condiciones objetivas (corporales, anímicas, materiales: ni un enfermo, ni un indigente pueden ser totalmente felices...).
4. Para ser feliz cada cual debe cumplir con su fin (el cuchillo es «bueno» si corta). El hombre es «bueno» si se ajusta a su parte, a su condición superior: «ser racional».
5. La virtud consiste en buscar el «término medio» entre dos extremos, viciosos ambos: uno por defecto, otro por exceso. La prudente moderación es la virtud por excelencia.
6. La felicidad deberá obtenerse dentro de la polis, en solidaridad con los demás de ahí que la política sea un complemento de la ética, «el hombre es un animal político», o sea, social por naturaleza.
CÍNICOS
Sócrates no llegó a definir la virtud en concreto. Ello motivó que sus seguidores -él negó siempre tener discípulos...- la interpretaran a su manera. Entre esos destaca Antístenes, fundador de la escuela de los Cínicos (del griego “kynos”, perro, perruno), llamados así por sus extravagantes maneras de vivir: austeros hasta la mendicidad, «pasando», de usos, de costumbres y de convenciones sociales, un anticipo de los «pordioseros místicos» tan de moda en tiempo de los hippyes. El más famoso de ellos -todos en el siglo iv a.C.- vivía en un tonel, buscaba hombres con linterna en el mercado y a pleno sol, satisfacía sus necesidades donde le apetecía: era Diógenes. Otro, Crates de Tebas, abandonó su familia y riquezas para ir por el mundo mendigando. Entre sus filas aparece Hiparchía, la mujer «sabia», la primera mujer filósofa que aparece en los libros.
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1. La vida del sabio debe seguir los dictados de la naturaleza. Una vida sencilla, frugal, adaptada como la de los animales, la vida de un perro. Pero lo natural es difícil.
2. El cínico, por tanto, no se guiará por las convenciones, usos y costumbres sociales o legales (¡aparecen los primeros «objetores» legales de la historia y, sobre todo, los primeros «contraculturales» ... D, sino por la virtud natural: ¡Vivir según la naturaleza! 3. Porque la meta del sabio es la «autosuficiencia», el autogobierno, la autarquía, ¡se basta a sí mismo y se conforma con lo que tiene! 4. Y así conseguir el dominio de los sentidos, el control de los deseos y el desarraigo de una tierra, de una patria: «Él es ciudadano del mundo» («cosmopolítés» es el término inventado por Diógenes). No creen en banderas personales, ni en patrias ni en raíces. Necesitan de horizontes abiertos para poder vivir.
Cómo vivían los Cínicos
“Observando en cierta ocasión a un ratón que correteaba, por debajo de su mesa sin rumbo fijo, sin buscar lecho para dormir, sin temor a la noche, sin preocuparse de nada de lo que los humanos consideran provechoso, descubrió el modo de adaptarse a las circunstancias. Encargó a uno que le buscase una choza para vivir, pero como éste se demoraba se alojó en un barril del Metron. Observando en cierta ocasión a un niño que bebía con las manos, arrojó lejos de sí el cuenco que llevaba en la alforja, diciendo: «Un niño me superó en sencillez.» Asimismo se deshizo de la escudilla cuando vio que otro niño, al que se le había roto el plato, recogía las lentejas en la cavidad de un pedazo de pan. Una vez, mientras tomaba el sol, Alejandro Magno deteniéndose frente a él, le ofreció:
-Pídeme lo que quieras.
-Oue te apartes, pues me quitas el sol.
Estaba en cierta ocasión pidiendo limosna a una estatua. Preguntado por qué lo hacía, contestó: -Me ejercito en fracasar.
Interrogándosele sobre qué edad era la más apropiada para el matrimonio, opinó: -De joven, aún no,- de viejo, ya no.
Interrogado sobre cuál era el mejor vino contestó: -El de los demás.
A quien le dijo:
-Muchos se ríen de ti, contestó: -Pero yo me tomo en serio.
Al recriminársele por comer en la plaza pública, contestó: -Es que aquí es donde he sentido el hambre.
Al regreso de los juegos olímpicos se le preguntó si había visto mucha gente: -Mucha gente sí, pero hombres muy pocos.
Censurándole algunos el hecho de frecuentar lugares inmundos contestó: -También el sol visita muladares y no se ensucia.
A un muchacho afeminado que le había planteado una cuestión no quiso contestarle si antes no se desnudaba y mostraba si era hombre o mujer.
En un banquete algunos le echaron huesos, como si fuera un perro. Diógenes, comportándose como un perro, orinó allí mismo. Hiparchía, fue también atraída por estas doctrinas. Prendada de las virtudes de Crates, desdeñó a todos sus pretendientes, indiferente a la riqueza, noble origen y compostura: Crates lo era todo para ella. Amenazó incluso con suicidarse si no le permitían el
matrimonio con Crates. Sus padres suplicaron a éste que hiciera desistir a la muchacha y él hizo lo que pudo, y al no conseguirlo, se puso de pie, se despojó de toda su ropa ante ella, diciéndole:
-He aquí el esposo, he aquí sus posesiones,- decide, pues no podrás ser mi compañera si no eres capaz de compartir mi vida.
Decidió, en efecto, la muchacha; adoptando su mismo modo de vida, su mismo vestido, cohabitaba con él, iba siempre en su compañía”.
Diógenes Laercio: Los cínicos, ed. de R. Sartorio; Ed. Alhambra, 1985. Madrid.
Las enseñanzas de los Cínicos
“Afirmaba que el equipaje debía ser tal que, en caso de naufragio, pudiera nadar con él. Sostenía que la virtud es cosa de obras y que no precisa gran profusión de palabras,- que el sabio es autosuficiente, pues posee todos los bienes de los demás hombres ... que el sabio no debe vivir según las leyes preestablecidas, sino según la ley de la virtud.
Repetía de continuo que hay que tener cordura para vivir o cuerda para ahorcarse. Enseñaba a servirse por sí mismos, contentarse con una comida frugal y agua sola,- les hacía ir con el pelo cortado al rape, sin adorno alguno, sin túnica, descalzos y en silencio, cuando salían a la calle, la mirada puesta en sí mismos. Preguntándole por qué se le llamaba «perro», «perruno» (kynos), contestó,
-Meneo la cola a los que me dan algo, ladro a los que no me dan y muerdo a los malvados. Preguntándole uno de dónde era, contestó:
-Soy ciudadano del mundo”.
Diógenes Laercio: Los cínicos, o. c.
EPICÚREOS
Helenismo: Una época y un estilo cultura¡ que viene inmediatamente después de la desaparición de los grandes filósofos griegos. A Sócrates le hereda Platón, a éste Aristóteles, pero éste ya no tiene herederos. Ni Atenas. Alejandro Magno intenta crear un gran imperio, pero con su prematura muerte, desaparece no sólo su imperio, sino la Atenas de la democracia, de la filosofía, del arte.
El ciudadano, sin su Polis, marco de seguridad, se siente huérfano, desconectado. El sabio helenista buscará su salvación en la individualidad. Un honesto y decoroso ¡sálvese quien pueda! seguirá a las grandes teorizaciones atenienses. B. Russel los define así: «La Filosofía ya no es la antorcha con que se iluminan unos cuantos buscadores intrépidos de la verdad, sino la ambulancia que sigue la ruta de la lucha por la existencia y recoge a los débiles y heridos.»
Sin embargo, a pesar de sus humildes pretensiones, estas Escuelas éticas menores -epicúreos, estoicos y escépticos- han sido punto de referencia para muchas vidas. Epicuro de Samos deja su patria, pequeña isla del mar Egeo, y tras un «viaje de estudios» por la Jonia, se instala en Atenas donde, con otros amigos, funda la legendaria Escuela del jardín. Jardín, que para algunos, como Farrington, no pasaba de ser un humilde huerto de verduras y frutales, para otros, lugar de orgía continua («cerdo de los jardines de Epicuro»), o para los más, un hito en el modo de vivir. Epicuro, con raíces estoicas, intentará vivir serenamente, buscando siempre lo que le produzca mayor placer. Sabia tentativa que le ayudó a superar valientemente los dolores del mal de piedra que le aquejó en sus últimos años de existencia.
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1. El objetivo de nuestras vidas es la consecución del máximo placer. 2. Por tanto, debe ser equiparable hombre virtuoso y hombre feliz.
3. Pero no todo el mundo está de acuerdo en qué consista la felicidad. Ni, mucho menos, en lo que produzca más placer.
4. Para Epicuro, el único placer que es totalmente satisfactorio es aquel que satisface las mayores aspiraciones humanas; o sea, el placer intelectual.
5. Hasta aquí hay ciertos puntos comunes con los eudemonistas aristotélicos. Sin embargo, Epicuro exigirá algo más. Para ser completa nuestra posesión y uso de la felicidad, deben dejarnos en completa libertad. No existe predeterminación ni en el universo (el hado, el destino preconizado por Demócrito), ni en ninguna de las fuerzas internas o externas que nos rodean.
6. Ello le obliga a hacer un profundo análisis en el motivo de máxima preocupación para el hombre: el temor y refutación de las causas que lo provocan.
7. Para librarnos del dolor («aponía»), físico o mental, propone el cuádruple remedio (tetrafarmakon):
-el temor a los dioses no debe inquietarnos porque éstos, si es que existen, no se preocupan de las cosas y asuntos de los hombres;
-no hay que temer a la muerte porque, mientras vivimos, ella no existe para nosotros, y cuando morimos no tenemos vida para «sufrirla o sentirla»;
-no debemos temer al azar o destino, cuya existencia pone en duda, por lo menos, decantándose por la indeterminación; -y no debemos sufrir por las necesidades naturales y los males, porque ambos son fáciles de -evitar o satisfacer.
8. Superados los temores, podremos enfrentarnos con los deseos que son las ataduras M espíritu. Por eso, son mejores los placeres pasivos -los que van acompañando a los actos naturales, por ejemplo, la salud- que los que él llama activos porque hay que ir hacia ellos para encontrarlos.
9. Sin embargo, a la hora de la elección, se inclina por la amistad como el máximo placer, y rechaza sin titubeos el matrimonio y la política como germen de deseos y apetencias insaciables.
10. El sabio epicúreo es aquel que ha llegado a conquistar la imperturbabilidad (ataraxia) del espíritu y la tranquilidad del cuerpo (aponia).
Carta a Meneceo
(invitación a filosofar)
“Que ninguno por ser joven vacile en filosofar, ni por llegar a la vejez se canse de filosofar. Pues no hay nadie demasiado adelantado ni demasiado retrasado en lo que concierne a la salud de su alma. El que dice que el tiempo de filosofar no le ha llegado o
le ha pasado ya, es semejante al que dice que todavía no ha llegado o que ya ha pasado el tiempo para la felicidad. Así que deben filosofar tanto el joven como el viejo,- éste para que, en su vejez, rejuvenezca en los bienes por la alegría de lo vivido- aquél para que sea joven y viejo al mismo tiempo por su intrepidez frente al futuro. Es, pues, preciso que nos ejercitemos en aquello que produce la felicidad, si es cierto que, cuando lo poseemos, lo tenemos todo y, cuando nos falta, lo hacemos todo por tenerla”.
(¿Hay que temer a los dioses?)
“Practica y ejercita todos los principios que continuamente te he recomendado, teniendo en cuenta que son los elementos de la vida feliz. Antes de nada, considera a la divinidad como un ser incorruptible y dichoso -tal como lo suscribe la noción común de la divinidad- y no le atribuyas nada ajeno a la incorruptibilidad ni impropio de la dicha. Piensa de ella aquello que pueda mantener la dicha con la incorruptibilidad. Porque los dioses, desde luego, existen- el conocimiento que tenemos de ellos es, en efecto, evidente. Pero no son como los considera la gente, pues ésta no los mantiene conforme a la noción que tienen de ellos. No es impío el que desecha los dioses de la gente, sino quien atribuye a los dioses las opiniones de la gente.
Pues no son prenociones, sino vanas presunciones los juicios de la gente sobre los dioses, de donde hacen derivar de los dioses los mayores daños y beneficios. En efecto, familiarizados continuamente con sus propias virtudes, acogen a sus iguales, considerando extraño todo aquello que no les sea semejante “.
(Temor a la muerte)
“Acostúmbrate a considerar que la muerte no es nada para nosotros, puesto que todo bien y todo mal están en la sensación, y la muerte es pérdida de la sensación. Por ello, el recto conocimiento de que la muerte no es nada para nosotros hace amable la mortalidad de la vida, no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque suprime el anhelo de inmortalidad.
Nada hay terrible en la vida para quien está realmente persuadido de que tampoco se encuentra nada terrible en el no vivir. De manera que es un necio el que dice que teme la muerte, no porque haga sufrir al presentarse, sino porque hace sufrir en su espera: en efecto, lo que no inquieta cuando se presenta es absurdo que nos haga sufrir en su espera. Así pues, el más estremecedor de los males, la muerte, no es nada para nosotros, ya que mientras nosotros somos, la muerte no está presente y cuando la muerte está presente, entonces nosotros no somos. No existe, pues, ni' para los vivos ni para los muertos, pues para aquéllos todavía no es, y éstos ya no son. Pero la gente huye unas veces de la muerte como de¡ mayor de los males, y la reclama otras veces como descanso de los males de su vida”.
(¿Existe el destino?)
“Hemos de recordar que el futuro no es nuestro pero tampoco es enteramente no nuestro, para que no esperemos absolutamente que sea, ni desesperemos absolutamente de que sea”.
(Control de los deseos)
“Y hay que calcular que, de los deseos, unos son naturales y otros vanos. Y de los naturales, unos necesarios, otros sólo naturales. Y de los necesarios, unos son necesarios para la felicidad, otros para el bienestar de¡ cuerpo, otros para la vida misma”.
(Efectos beneficiosos del filosofar)
“En estos pensamientos y los análogos a éstos ejercítate, pues, día y noche, sea para ti mismo, sea con alguno semejante a ti, y nunca -despierto ni dormido- serás turbado,- vivirás como un dios entre los hombres. Pues en nada se parece a un ser mortal el hombre que vive entre bienes inmortales”.
Epicuro: «Carta a Meneceo y Máximas capitales», pp. 24-35, Editorial Alhambra, 1985, Madrid.
ESTOICOS: ¡Domínate y aguanta!
Este era el lema de los Estoicos, los filósofos que explicaban sus doctrinas en el Pórtico («estoá»). Zenón, su fundador aparece en Atenas seis años después que Epicuro fundara su Jardín. Sus teorías tuvieron éxito, incluso siglos más tarde y entre las clases sociales más dispares: un esclavo como Epitecto, un filósofo cortesano y español, Séneca, y un emperador romano: Marco Aurelio.
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1. El universo está animado por un principio o Razón Universal: «Un solo mundo, una sola Razón común a todos los seres». 2. La razón universal cuida de todo, es ley providente que prescribe y describe el despliegue del cosmos. El destino es, a veces, trágico pero racional. El hombre como parcela de este destino universal, vivificado por un principio director, es guía y parte de la razón.
3. La virtud consiste en vivir según esta razón (naturaleza común), conformándose a sus dictados.
4. Su libertad es necesidad racional (ni mecánica ni instintíva). Es libre si se obra de acuerdo con su propia naturaleza.
5. La virtud consiste en actuar en consonancia con la naturaleza, o sea, con la naturaleza en su totalidad -razón universal-, lo mismo que con su naturaleza propia, cuyo distintivo es la razón.
6. El medio para obtener la virtud es el ejercicio de la voluntad para abstenerse del placer y soportar el dolor: «Abstine et sustine». La vida como lucha («agón») para suprimir las pasiones y los deseos porque incitan al placer que es desorden, insatisfacción.
7. El hombre sabio, así, es libre porque ha actuado conforme a su naturaleza que por ser racional le exige seguir siempre el bien superior. Sólo el ignorante es esclavo de sus pasiones y es ignorante porque no conoce la razón universal.
8. Su filosofía queda reflejada en sentencias, algunas muy populares: «El dolor es soportable cuando es pequeño; cuando es excesivo, ya no se siente». «La pobreza es siempre llevadera; más pobre se es al nacer». «La muerte, en el instante de presentarse, es imperceptible por su brevedad». «Cada vena de nuestro cuerpo es una vía de liberación». «Abstine et sustine».
ESCÉPTICOS
El nombre de Escépticos procede de «sképsis»: investigación, indagación crítica para revelar el error de todas las doctrinas dogmáticas. Dudar, aquí y siempre, no es una actitud negativa, pasiva, sino todo lo contrario: se duda porque se está en camino. Dudar es sinónimo de buscar. El iniciador de esta escuela es Pirrón de Elis, hombre inquieto, que se enroló en el ejército llegando hasta la India, donde conoció a los gimnosofistas: hombres sabios, mitad monjes, mitad sabios, célebres, austeros, mendigos místicos. Los romanos, sobre todo con Sexto Empírico, revivirán el escepticismo.
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1. El sabio escéptico, al examinar las razones que pretenden explicar el mundo y el hombre, no le satisfacen, por lo que se refugia en la duda.
2. La posición correcta, es la abstención: no hablar de nada como cierto (afasia), ni emitir juicios (epojé): nada se puede definir, ni afirmar, ni predecir, pues cualquier juicio puede sernos causa de perturbación: «No digamos nunca: esto es; sino: esto parece». 3. Los «tropos» o motivos de la duda son cinco: 1) La relatividad de las opiniones que hacen discutible todo principio. 2) Ninguna demostración llega al principio último. 3) Toda sensación es subjetiva. 4) Toda premisa es forzosamente hipotética. 5) Demostrar la capacidad de la mente humana basándose en la misma, es un círculo vicioso.
4. La meta a conseguir es la felicidad considerada como tranquilidad ante los sucesos de¡ mundo exterior y la imperturbabilidad como equilibrio interior (ataraxia).
La duda como medio para obtener la “ataraxia”
“Ellos (los escépticos) sostienen que nada es bueno o malo en sí. Pues, si existiera una cosa así, sería buena o mala para todos igual como la nieve es fría para todo el mundo. Pero como no hay nada que sea igualmente bueno o malo para todos, luego no hay nada que sea bueno o malo en sí mismo. En efecto, o bien todo lo que uno encuentra bueno, hay que juzgarlo o no. Y por otra parte, no es posible llamarlo todo bueno, ya que la misma cosa es juzgada buena para uno (por ejemplo, el placer para Epicuro) es juzgada mala por otro (por ejemplo Antístenes). Sucede, pues, que la misma cosa es a la vez buena y mala. Así, pues, si no consideramos bueno aquello que es llamado así por alguien, será necesario que discutamos y valoremos las distintas opiniones, lo que tampoco nos es posible hacer por idénticas razones. Luego, no sabemos qué es el bien en sí ( ... ).
En fin, los escépticos dicen que el bien supremo está en la
du-da, a quien sigue como su sombra, la tranquilidad. Pues dicen que no buscan ni rehúyen lo que está en ellos por naturaleza, y todo aquello que no depende de nuestra naturaleza pero nos alcanza por necesidad, no podemos evitarlo, como el hambre, la sed, el tener trío, la necesidad. No hay ningún razonamiento capaz de suprimir estas cosas ( ... ).
Nosotros elegimos o rechazamos según las costumbres, por las razones expuestas. Nuestra elección es, pues, simplemente asunto de costumbre”.
Diógenes Laercio: Vida, doctrina y sentencias de los filósofos ilustres
TOLERANTES
La Ilustración es la corriente cultural que recorre Europa (con matices importantes en cada nación) a lo largo del siglo xviii-xix conocido como el Siglo de las Luces y la principal dinamizadora de la Revolución Francesa. Los ilustrados, autodenominados «savants» (sabios) pretenden racionalizar (o sea: hacer más humanos) la naturaleza, el hombre, la sociedad: «todo lo que es racional es real y todo lo real es racional» (Hegel). Es «la mayoría de edad» de la Humanidad (Kant) y se nos invita a un reto espectacular: «´Sapere aude» («atrévete a pensar»).
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1. El universo es una perfecta máquina de relojería regida por leyes exactas y perfectas.
2. La razón es capaz de conocer estas leyes y dirigir el mundo, cuyo funcionamiento no depende de causas exteriores (ni magos, ni dioses) sino de la fuerza de esta razón que es autosuficiente: Toda trascendencia es negada o puesta en paréntesis.
3. El hombre debe luchar para desterrar todo temor religioso (repulsa total de la intolerancia), oscurantismo y al mismo tiempo buscar un orden más justo (más racional).
4. La virtud, el comportamiento moral M «savant», es seguir los impulsos de la naturaleza, dejándose llevar por las fuerzas instintivas. Una fe inmensa en la bondad natural M hombre natural corrompido por y en la sociedad (léase cultura). Época de «hombres buenos aunque salvajes», «naturalmente sanos» y de búsqueda de pueblos primitivos «aún» sin malear. Robinsón Crusoe como ideal.
5. A partir de ahora se escribirán con mayúscula: progreso, razón y libertad y en minúscula los «dioses» del pasado. Una religión natural al margen de todo dogma y revelación (Deísmo).
La intolerancia debe considerarse como un mal
“La coerción hará del hombre un hipócrita si es débil, y un mártir sí es valeroso. Débil o valeroso sentirá la justicia de la persecución y se indignará por ella. Todo medio que excite el odio, la indignación y el desprecio, es impío. Todo medio que despierte las pasiones y que se encamine a objetivos interesados, es impío. Todo medio que tendiese a sublevar a los hombres, a armar a las naciones y a empapar la tierra de sangre es impío. Es impío querer imponer leyes a la conciencia, regla universal de las acciones. Hay que iluminarla y no constreñirla. Los hombres que se engañan de buena fe, deben ser compadecidos, nunca castigados. No hay que atormentar ni a unos ni a otros. En un Estado intolerante, el príncipe es el verdugo a sueldo del sacerdote”.
KANTIANOS
«Dos cosas llenan de admiración y respeto mi ánimo: el cielo estrellado sobre nosotros y la ley moral dentro de mí.» Con estas palabras -que han servido de epitafio sobre su tumba el gran filósofo Kant declaraba sus dos grandes preocupaciones intelectuales: la posibilidad de la Ciencia; la crítica de toda metafísica -Crítica de la razón pura- y la justificación de¡ hecho moral -Crítica de la razón práctica.
En Kant se consuma la separación entre Ética y Religión, por un lado, y Ética e interés, por otro. 0 sea, se «marca el campo» entre morales autónomas y heterónomas y se establecen «las reglas del juego». La ética de Kant es además la transposición de una teoría a una conducta personal vivida con absoluta ejemplaridad: Un hombre obsesivamente ordenado, escrupuloso cumplidor de sus deberes, profesor exigente sobre todo consigo mismo, con profundas convicciones metafísicas, todo ello en un cuerpo delgado, menudo, cuasi-etéreo,
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1. El punto de partida es la respuesta a la cuarta ¡de las famosas preguntas que formula Kant: ¿Qué podemos hacer?
2. La Ética, la Religión, la Metafísica no son vanalidades gratuitas de la mente humana sino exigencias de la facultad humana superior: La Razón.
3. Y esta razón postula de una manera universal, categórica y necesaria el deber.
4. El deber es «la necesidad de una acción por respeto a la ley», o sea, sometimiento a la ley, al deber, no por los bienes que pudiera reportarnos (éticas materiales), sino por el respeto a sí misma: el deber por el deber, imperativos categóricos (éticas formales). 5. Hay otros imperativos que también determinan a la voluntad, pero son hipotéticos (externos y condicionados), cuyo campo es la vida práctica pero no la moral.
6. Los imperativos categóricos son inapelables, u sales y necesarios, No emanan del sentimiento individual sino de la razón en su función práctica que impone al hombre responsabilidades porque es libre e inmortal.
7. Tres son las acciones posibles en la conducta humana: • las contrarias al deber;
• las conformes al deber, • las hechas por el deber.
Sólo estas últimas son el objeto de la moral. Una moral, por tanto, que se fija en la forma, en la intención del sujeto, no en el tipo de acción llevada a cabo.
Razón práctica
“Todas las cosas naturales obedecen a leyes. Solamente el ser racional tiene la facultad de actuar según la representación de las leyes, es decir, siguiendo principios, esto es: posee voluntad. Ya que para derivar las acciones de las leyes se requiere raciocinio, la voluntad resulta no ser otra cosa que la razón práctica...
Todos los imperativos se expresan mediante un deber (deber de ... ), y con ello muestran la relación de una ley objetiva de la razón con una voluntad que por su condición no es determinada necesariamente por esa ley (un constreñimiento). El imperativo dice que será bueno hacer o dejar de hacer algo, por el hecho de que se le muestre que es bueno hacerlo”.
Formulación de los imperativos categóricos
El imperativo categórico es, pues, sólo uno y éste es:
-Obra sólo según aquella máxima de la que al mismo tiempo puedas querer que se convierta en norma universal.
-Obra de tal manera que trates si . empre a la Humanidad, sea en tu persona o en la de otro, como un fin, y que no te sirvas jamás de ella como de un medio
M. KANT: Fundamento de la metafísica de las costumbres, p. 58, Aguilar, 1973,
UTILITARISTAS: La vida es un negocio
El utilitarismo nace en Inglaterra a caballo de los siglos xviii-xix recibiendo fuertes influencias de la Ilustración: El progreso, ideal de los ilustrados, toma cuerpo con la creación de industrias y medios para mejorar las condiciones materiales de los hombres en todos los sentidos: La felicidad concebida como bienestar, satisfacción de necesidades. Ideas muy de acuerdo con el espíritu liberal y eminentemente práctico de los ingleses, propulsores de los partidos liberales y de la primera revolución industrial. Ideología de¡ burgués próspero que está convencido de que al buscar su propio interés creando bienes útiles, logra el bienestar de[ resto de los hombres.
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1. El hombre es un ser que debe realizarse dentro de una sociedad.
2. La sociedad es un conjunto de individuos a los que hay que proporcionar idénticas oportunidades según el principio de mayor felicidad: «Las acciones son buenas en la medida en que aumentan la felicidad de¡ mayor número posible.»
3. Virtud, pues, se identifica con bienestar. La felicidad consistirá en la presencia del placer y ausencia del dolor siguiendo la escala de la Aritmética de los placeres: intensidad, duración, proximidad y seguridad.
4. Esta búsqueda del placer-bienestar comienza por uno mismo sin que deba confundirse con egoísmo, ya que con la consecución de intereses particulares, se crea el bienestar colectivo.
5. El objetivo final es lograr una sociedad de hombres libres (liberalismos) y felices que al proporcionar los medios (utilitarismo) comunicarán entre sí bienestar, incluso sin saberlo.
El principio de utilidad
La naturaleza ha colocado al hombre bajo el gobierno de dos dueños soberanos: el dolor y el placer. Sólo ellos pueden indicar lo que debemos hacer, así como determinar lo que haremos. A su trono están ligados tanto el criterio de lo justo como de lo injusto, como cadena de causas y efectos. Nos gobiernan en todo lo que hacemos, decimos y pensamos...
El principio de utilidad reconoce esta sujeción y la asume para fundar el sistema cuyo objeto es crear felicidad mediante la razón y el derecho.
Por el principio de utilidad se entiende aquel que aprueba o desaprueba cualquier acción según la tendencia que muestre en aumentar o disminuir la felicidad de aquel cuyo interés esté en cuestión- o, en otras palabras, según promueva la felicidad o se oponga a ella.
J. BENTHAM: Introducción a los principios de la moral y de la legislación, cap. 1. sec.
Escala «aritmética de los placeres»
Todo problema moral consiste, pues, en calcular bien su interés. Es preciso pesar los placeres y dolores, aumentar el placer, disminuir el dolor. La vida es un negocio; la mora¡, consiste en hacer ganancias y queda reducida a una cuestión de aritmética: «el bien es el ingreso, el mal, el gasto».
La virtud, es pues, simplemente, un hábito de hacer bien las cuentas que proviene de esfuerzos anteriores y hace las ganancias más fáciles. Una vida conforme a la moral es una especulación afortunada; una vida inmoral, una vida desafortunada.
Se puede buscar a la vez la propia felicidad y la felicidad de todos,- el fin de la actividad humana y cada hombre en particular es la mayor felicidad M mayor número.
J. LECLERC: Las grandes líneas de la filosofía moral, Ed. Gredos, Madrid.
MARXISTAS
Cuando el joven Marx recibe el encargo de escribir unos artículos para una revista y descubre la problemática social de los leñadores y viñadores del Rhin, despierta del sueño Hegeliano: No son las ideas, el espíritu, la razón la que guía al hombre sino la materia, las condiciones económicas. No existe el hombre ideal hegeliano sino el hombre concreto, individual que trabaja, sufre, está tratado injustamente, o sea: vive «alienado», vendido, prostituido. A cambio de un mísero jornal, debe entregar lo único que tiene: su trabajo. Esta es la inversión total del idealismo hegeliano y que se conocerá como el materialismo histórico, naciendo así una teoría cuyo objetivo es, primero interpretar la realidad y, segundo, transformarla por la revolución.
Hoy, a más de un siglo de distancia, volviendo la vista atrás ' podemos ver que el marxismo se ha hecho realidad en las vidas y pueblos de media humanidad, aunque no ha suprimido las miserias que denunciaba, ni ha superado las contradicciones, ni ha acertado en todas las soluciones que prometía.
Pinceladas para un retrato
1. La materia es el único principio, la única realidad. Todo lo demás (espíritu, mundo sobrenatural, dioses) o no existe o es producto de esta materia.
2. Esta materia está en continua evolución, progresión, es dialéctica. Conocer sus leyes es dominarla. Saber es poder, por eso cuando se conozca las leyes físicas y sociales dominará la naturaleza y la sociedad.
3. El hombre es el eslabón más perfecto de esta materia y el único capaz de tener conciencia de esta evolución.
4. Sin embargo, el hombre concreto no está tratado como el ser más perfecto sino que en la sociedad «el hombre es explotado por el hombre» siendo reducido a las relaciones sociales (tesis VI sobre Feuerbach) determinadas por su posición respecto a los medios y modos de producción: «El hombre es, según el trabajo que realice o los medios de producción que posea».
5. La economía es, pues, la estructura básica de la sociedad. Sobre ella descansan las supraestructuras: ideologías, política, moral, derecho. 0 sea: las creencias, normas, ideas, instituciones son fruto de la posición social, de la propiedad que se tiene.
6. La moral burguesa es una forma de sancionar un estado de cosas que favorece a la clase dominante. Es una moral concreta, de «clase».
7. Y la moral marxista proclamará la necesidad de liberarse contra todo tipo de explotación-alienación: contra la alienación del trabajo; contra la alienación religiosa: «la religión es el opio del pueblo»; contra la explotación político-social.
8. La revolución se constituye como el medio único de liberación de la clase obrera, en actitud solidaria: «Obreros de todo el mundo, unios», para conseguir el paraíso marxista: sin Estado, sin clases sociales y sin propiedad (materialismo histórico): De cada uno según sus posibilidades, a cada uno según sus necesidades.
VITALISTAS : Más allá del bien y del mal
Si en su primera fase es un filósofo «a martillazos» que rompe con unas normas anquilosadas, en una segunda indica cuál debe ser el ideal moral propio del superhombre. Su pretendido nihilismo se convierte en el primer paso de un nuevo edificio.
A Nietzsche se le ha llamado el «filósofo de la sospecha» por haber denunciado una moral tradicional que escondía el regreso M hombre a conformismos muy poco morales ajenos al hombre de la tierra: moral de renuncia en aras de un futuro escatológico incierto. Y la tierra es lo único firme donde el hombre puede sostenerse: «Hermanos, permaneced fieles a la tierra».
Pinceladas para un retrato
2. En el curso de la historia han dominado corrientes negadoras de la vida, por culpa del racionalismo (Sócrates/Apolo) y de¡ cristianismo judaico (moral de resentidos). De la negación de esta moral, «Dios ha muerto», saldrá la transmutación de nuevos valores. Suprimido el transmundo queda el espacio vacío que ha dejado Dios.
3. Los nuevos valores: grandeza, desmesura, alegría del vivir: «Yo creería sólo en un dios que supiera bailar», el superhombre como anuncio detrás del último hombre: la revalorización de todos los ideales que le han sido arrebatados.
4. La fuerza que dirige la marcha ascendente es la voluntad de poder, «la voluntad de acumular fuerzas».
5. La virtud ya no es «una renuncia» sino «una fuerza para», una moral de élite, que está por encima «del bien y del mal», capaz de perdurar hasta el fin de los
tiempos: « Lo que quieras, quiérelo con toda tu fuerza y de manera que quieras también su eterno retorno». Eterno retorno hacia adelante y hacia atrás, Saturno autodevorándose. Nada vale la pena, sino el instante que es eterno: «Quédate en el instante fecundo y creador».
6. Si el reto de la Ilustración fue el «atrévete a pensar», Nietzsche no quiere quedarse atrás: ¡Atrévete a gozar!
De camello a león, de león a niño
“Os indicaré las tres metamorfosis del espíritu- el espíritu en camello; el camello en león y, finalmente, el león en niño. Muchas cargas pesadas hay para el espíritu; para el espíritu paciente y vigoroso en quien domina el respeto. Su vigor reclama la carga pesada, la más pesada. El espíritu pesado pregunta: «Qué hay de más peso» v se arrodilla como el camello y quiere una buena carga: «Qué hay de más pesado», pregunta el espíritu fuerte: «Dilo, ¡oh héroe!, a fin de que cargue con ello sobre mí y mi fuerza se alegre» ¿Acaso esto no es humillarse para hacer sufrir a su orgullo, hacer brillar su locura para cambiar en amarga burla su sabiduría?... ¿alimentarse de las bellotas y de¡ heno de¡ conocimiento Y sufrir el hambre en el alma por amor a la verdad?... ¿amar a quien os desprecia y tender la mano al fantasma cuando quiere asustaros? Todas estas pesadas cargas echa sobre sí el espíritu vigoroso y así como sale corriendo el camello hacia el desierto apenas recibe su carga, él se apresura a llevar la suya.
La segunda metamorfosis se cumple en el más solitario de los desiertos: aquel espíritu se transforma en león, pretende conquistar la libertad y ser amo de su propio desierto. Busca aquí su u timo dueño, quiere ser el enemigo de este dueño como es el enemigo de su último dios: quiere luchar contra el dragón para alcanzar la victoria. ¿Cuál es el dragón a quien el espíritu no quiere seguir llamando ni dios ni amo? tú debes» se llama el gran dragón. Pero el espíritu de¡ león dice: «Yo quiero». tú debes», le acecha al borde del camino, reluciente de oro, bajo el caparazón de mil escamas y sobre cada escama luce en letras doradas: tú debes». Brillan sobre sus escamas valores de mil años y el más poderoso de todos los dragones habla de esta guisa: «Todo lo que es valor brilla sobre mí»... Así habló el dragón. Hermanos míos, ¿para qué necesita el espíritu el león? No es suficiente el animal robusto que se abstiene y es respetuoso? Todavía no puede crear el león valores nuevos, pero sí tiene poder para hacerse libre para la nueva creación. Hacerse libre, oponer una divina negación, incluso el deber; tal es hermanos míos, la tarea para la que el espíritu necesita al león. La más terrible conquista para un espíritu paciente y respetuoso es la de conquistar el derecho a crear nuevos valores. En verdad, éste es para él un acto feroz, el acto de un animal de presa. En otros tiempos amaba el «tú debes» como su más sagrado bien, ahora le es necesario encontrar la ilusión y lo arbitrario, incluso en este bien, el más sagrado, para que realice a costa de su amor la conquista de la libertad: para sernejante rapto es necesario un león.
Más, decidme, hermanos míos, ¿qué puede hacer un niño que no pueda hacer un león?, ¿por qué es preciso que un león raptor se convierta en niño? El niño es inocente y olvida; es una primavera y un juego, una rueda que gira sobre sí misma, un primer movimiento, una santa afirmación. ¡Oh hermanos míos! Una santa afirmación es necesaria para el juego divino de la creación. Quiere ahora el espíritu su propia voluntad; el que ha perdido el mundo quiere ganar su propio mundo”.
TEORÍAS ÉTICAS
SOFISTAS
En el siglo v a.C., en plena efervescencia democrática Ateniense, aparecen los Sofistas, maestros ambulantes -o mejor «profesionales» de la enseñanza...- desarraigados, forasteros en todas las Polis, sabios que venden su saber, por lo que merecerán la dura calificación de Platón: «Prostituidores del espíritu». Enseñan, cobrando a los jóvenes pudientes saberes enciclopédicos, arrinconando las abstractas discusiones de los filósofos anteriores sobre la Física (Cosmología) para introducir nuevos problemas: antropología, lingüística, derecho, política. Critican las costumbres, la religión, las instituciones e introducen en la sociedad el relativismo al enseñar el discurso doble, o sea: saber discutir el Sí y el No de una misma cuestión.
Sin embargo, la valoración global es positiva: Grecia era un conjunto de ciudades-estado (Polis con Constituciones distintas, nada menos que 72 según Aristóteles) y había que reafirmar los valores de cada ciudad.
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1. El punto de partida es el conflicto entre las leyes de la naturaleza y las leyes de cada Polis (physis versus nomos). 2. La solución sofista es Relativista: hay cosas que son «justas» por naturaleza, y hay cosas que son «justas» por la ley.
3. Derecho, Estado, Sociedad, Ley, Moral, ¿qué son? La respuesta es muy simple: un pacto entre ciudadanos, 0 sea: depende en qué Polis estés. Protágoras, sofista importante, acuñará el lema que les caracteriza: «El hombre es la medida de todas las cosas». El hombre es la medida y de él depende toda moral: Homomensura.
4. La virtud (areté) no es algo interior, sino la «habilidad» con que el sofista -o su alumno candidato a la erótica de¡ poder., persuade a sus conciudadanos para que acepten unas razones que él sabe presentar como buenas para la Polis: la virtud es el éxito político o social.
Atenas, pequeña ciudad-estado, era una democracia radical: los ciudadanos adultos y varones -excluidos niños, mujeres y esclavos...no sólo tenían el derecho a hablar en la asamblea, sino que era para ellos un deber: discutir, escuchar y decidir. Incluso, ante los jueces, en caso de juicio, debían defenderse por sí mismos, jamás por boca de otros. El dominio de la palabra constituía la mejor garantía para vivir en comunidad, para defender derechos propios y extraños, para «escalar», para medrar.
Los sofistas, en su mayoría extranjeros, excluidos del derecho de ciudadanía, no podrán hablar en la asamblea, pero se resarcirán haciéndolo por boca de sus alumnos. Su triunfo social será su más profunda satisfacción personal. «Eu legein», el «buen discurso», «saber hablar bien» como sinónimo de poder.
SOCRÁTICOS
Sócrates, filósofo de todos los tiempos, que presumía de ser «ateniense, griego y hombre». Se dedicó a discutir, preguntar, dialogar (la mayeútica) y a incordiar. Le llamaban el tábano y logró que le acusaran por corruptor de los jóvenes e introducir nuevos dioses. Era un socavador. Fue el primero que planteó cuestiones como qué es la justicia, el deber, la ley. Por vivir en tiempo de los sofistas, por hablar de temas similares -aunque de distinto modo-, por poner eq cuestión los principios intocables de las buenas costumbres es confundido como el peor de los sofistas y condenado a beber la cicuta en el año 399. Demócrata convencido, acepta las leyes, las instituciones y algo mucho más duro: la condena de sus compatriotas, prefiriendo morir «por la ley» que huir en contra de su conciencia. Sócrates es el primer mártir - aunque no el último- por sus ideas. ¿Un iluso?, ¿un hombre íntegro?, ¿un incordiante?; pero, ¿dónde está la frontera entre un mesías y un provocador?
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1. La auténtica sabiduría consiste en conocer las verdades absolutas y eternas por medio de la inducción. Por ejemplo: si veo cosas bellas, hombres y mujeres guapos, llegar a la esencia, o sea, conocer qué es la belleza.
2. Las leyes de una polis son sagradas, divinas porque son manifestaciones de la justicia: «Yo digo que lo que es legal, es justo». Por tanto, las leyes naturales y positivas están en el mismo plano.
3. El valor de las leyes, pues, no proviene de los ciudadanos sino de ese carácter sagrado, divino, aceptado y reconocido por mi propia conciencia. La ley busca el bien general y cuando alguien viola esta ley, busca su bien particular: «violar una ley es siempre una injusticia» y la ley hay que cumplirla siempre, aunque nos cueste la vida, porque lo exige la razón.
4. La virtud es «la perfección del espíritu hasta el máximo, no el logro de dinero o de poder». Reside dentro de uno mismo, por eso proclama la supremacía de los derechos y deberes de la conciencia.
5. Quien obra según la luz de su conciencia, obra correctamente. La nitidez intelectual coincidía con la rectitud ética. «Saber» equivale a «ser» bueno (intelectualismo socrático), por eso, acuñará la primera de todas las tesis optimistas: no hay hombres malos, sino simplemente ignorantes.
6. Para encontrar esta verdad, que anida dentro de uno mismo desde el nacimiento -o desde «antes»...- hay que ayudar, no enseñar. Ayudar con la dialéctica, o método de preguntas y respuestas, con las que el hombre que no sabe «da a luz» (mayeútica) a la verdad dentro de sí, «¿no sabéis que mi oficio es ser comadrón como el de mi madre?»
7. Así, el hombre se libera de sus malos deseos y pasa a ser un ciudadano respetuoso con las leyes de su Polis: La verdad como ley. La democracia como ideal asumido: «Conocer la ciencia que nos hace buenos hombres y, por tanto, buenos ciudadanos».
ARISTOTÉLICOS
Aristóteles, uno de los pensadores más influyentes de la Filosofía occidental, vive en Grecia en el siglo IV a.C. Tras haber frecuentado durante muchos años la Academia platónica, abrió en Atenas su propia escuela: el Liceo.
El pensamiento de Aristóteles es el propio de un pensador que ha reflexionado profundamente sobre el problema del «vivir bien». Constata que todos los hombres se proponen la obtención de un bien (teleología) y no uno cualquiera, sino siempre el mejor: la felicidad. El hombre virtuoso es el que logra el equilibrio entre deseos contrapuestos. Dos son las obras importantes dedicadas al tema: Ética a Nicómaco y Ética eudemia.
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1. El universo es un todo ordenado y jerarquizado. El hombre, ser plenamente natural, participa de la vida vegetativa, animal y posee, él solo, la que le distingue de¡ resto: la intelectual.
2. La moral es específica del hombre: no es ni divina, ni animal.
3. La primera pretensión del hombre es la búsqueda del placer (eudemonismo) que le proporcione la felicidad. Para conseguirlo, hacen falta unas condiciones objetivas (corporales, anímicas, materiales: ni un enfermo, ni un indigente pueden ser totalmente felices...).
4. Para ser feliz cada cual debe cumplir con su fin (el cuchillo es «bueno» si corta). El hombre es «bueno» si se ajusta a su parte, a su condición superior: «ser racional».
5. La virtud consiste en buscar el «término medio» entre dos extremos, viciosos ambos: uno por defecto, otro por exceso. La prudente moderación es la virtud por excelencia.
6. La felicidad deberá obtenerse dentro de la polis, en solidaridad con los demás de ahí que la política sea un complemento de la ética, «el hombre es un animal político», o sea, social por naturaleza.
CÍNICOS
Sócrates no llegó a definir la virtud en concreto. Ello motivó que sus seguidores -él negó siempre tener discípulos...- la interpretaran a su manera. Entre esos destaca Antístenes, fundador de la escuela de los Cínicos (del griego “kynos”, perro, perruno), llamados así por sus extravagantes maneras de vivir: austeros hasta la mendicidad, «pasando», de usos, de costumbres y de convenciones sociales, un anticipo de los «pordioseros místicos» tan de moda en tiempo de los hippyes. El más famoso de ellos -todos en el siglo iv a.C.- vivía en un tonel, buscaba hombres con linterna en el mercado y a pleno sol, satisfacía sus necesidades donde le apetecía: era Diógenes. Otro, Crates de Tebas, abandonó su familia y riquezas para ir por el mundo mendigando. Entre sus filas aparece Hiparchía, la mujer «sabia», la primera mujer filósofa que aparece en los libros.
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1. La vida del sabio debe seguir los dictados de la naturaleza. Una vida sencilla, frugal, adaptada como la de los animales, la vida de un perro. Pero lo natural es difícil.
2. El cínico, por tanto, no se guiará por las convenciones, usos y costumbres sociales o legales (¡aparecen los primeros «objetores» legales de la historia y, sobre todo, los primeros «contraculturales» ... D, sino por la virtud natural: ¡Vivir según la naturaleza! 3. Porque la meta del sabio es la «autosuficiencia», el autogobierno, la autarquía, ¡se basta a sí mismo y se conforma con lo que tiene! 4. Y así conseguir el dominio de los sentidos, el control de los deseos y el desarraigo de una tierra, de una patria: «Él es ciudadano del mundo» («cosmopolítés» es el término inventado por Diógenes). No creen en banderas personales, ni en patrias ni en raíces. Necesitan de horizontes abiertos para poder vivir.
Cómo vivían los Cínicos
“Observando en cierta ocasión a un ratón que correteaba, por debajo de su mesa sin rumbo fijo, sin buscar lecho para dormir, sin temor a la noche, sin preocuparse de nada de lo que los humanos consideran provechoso, descubrió el modo de adaptarse a las circunstancias. Encargó a uno que le buscase una choza para vivir, pero como éste se demoraba se alojó en un barril del Metron. Observando en cierta ocasión a un niño que bebía con las manos, arrojó lejos de sí el cuenco que llevaba en la alforja, diciendo: «Un niño me superó en sencillez.» Asimismo se deshizo de la escudilla cuando vio que otro niño, al que se le había roto el plato, recogía las lentejas en la cavidad de un pedazo de pan. Una vez, mientras tomaba el sol, Alejandro Magno deteniéndose frente a él, le ofreció:
-Pídeme lo que quieras.
-Oue te apartes, pues me quitas el sol.
Estaba en cierta ocasión pidiendo limosna a una estatua. Preguntado por qué lo hacía, contestó: -Me ejercito en fracasar.
Interrogándosele sobre qué edad era la más apropiada para el matrimonio, opinó: -De joven, aún no,- de viejo, ya no.
Interrogado sobre cuál era el mejor vino contestó: -El de los demás.
A quien le dijo:
-Muchos se ríen de ti, contestó: -Pero yo me tomo en serio.
Al recriminársele por comer en la plaza pública, contestó: -Es que aquí es donde he sentido el hambre.
Al regreso de los juegos olímpicos se le preguntó si había visto mucha gente: -Mucha gente sí, pero hombres muy pocos.
Censurándole algunos el hecho de frecuentar lugares inmundos contestó: -También el sol visita muladares y no se ensucia”.
Diógenes Laercio: Los cínicos, ed. de R. Sartorio; Ed. Alhambra, 1985. Madrid.
EPICÚREOS
Helenismo: Una época y un estilo cultura¡ que viene inmediatamente después de la desaparición de los grandes filósofos griegos. A Sócrates le hereda Platón, a éste Aristóteles, pero éste ya no tiene herederos. Ni Atenas. Alejandro Magno intenta crear un gran imperio, pero con su prematura muerte, desaparece no sólo su imperio, sino la Atenas de la democracia, de la filosofía, del arte.
El ciudadano, sin su Polis, marco de seguridad, se siente huérfano, desconectado. El sabio helenista buscará su salvación en la individualidad. Un honesto y decoroso ¡sálvese quien pueda! seguirá a las grandes teorizaciones atenienses. B. Russel los define así: «La Filosofía ya no es la antorcha con que se iluminan unos cuantos buscadores intrépidos de la verdad, sino la ambulancia que sigue la ruta de la lucha por la existencia y recoge a los débiles y heridos.»
Sin embargo, a pesar de sus humildes pretensiones, estas Escuelas éticas menores -epicúreos, estoicos y escépticos- han sido punto de referencia para muchas vidas. Epicuro de Samos deja su patria, pequeña isla del mar Egeo, y tras un «viaje de estudios» por la Jonia, se instala en Atenas donde, con otros amigos, funda la legendaria Escuela del jardín. Jardín, que para algunos, como Farrington, no pasaba de ser un humilde huerto de verduras y frutales, para otros, lugar de orgía continua («cerdo de los jardines de Epicuro»), o para los más, un hito en el modo de vivir. Epicuro, con raíces estoicas, intentará vivir serenamente, buscando siempre lo que le produzca mayor placer. Sabia tentativa que le ayudó a superar valientemente los dolores del mal de piedra que le aquejó en sus últimos años de existencia.
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1. El objetivo de nuestras vidas es la consecución del máximo placer. 2. Por tanto, debe ser equiparable hombre virtuoso y hombre feliz.
3. Pero no todo el mundo está de acuerdo en qué consista la felicidad. Ni, mucho menos, en lo que produzca más placer.
4. Para Epicuro, el único placer que es totalmente satisfactorio es aquel que satisface las mayores aspiraciones humanas; o sea, el placer intelectual.
5. Hasta aquí hay ciertos puntos comunes con los eudemonistas aristotélicos. Sin embargo, Epicuro exigirá algo más. Para ser completa nuestra posesión y uso de la felicidad, deben dejarnos en completa libertad. No existe predeterminación ni en el universo (el hado, el destino preconizado por Demócrito), ni en ninguna de las fuerzas internas o externas que nos rodean.
6. Ello le obliga a hacer un profundo análisis en el motivo de máxima preocupación para el hombre: el temor y refutación de las causas que lo provocan.
7. Para librarnos del dolor («aponía»), físico o mental, propone el cuádruple remedio (tetrafarmakon):
-el temor a los dioses no debe inquietarnos porque éstos, si es que existen, no se preocupan de las cosas y asuntos de los hombres;
-no hay que temer a la muerte porque, mientras vivimos, ella no existe para nosotros, y cuando morimos no tenemos vida para «sufrirla o sentirla»;
-no debemos temer al azar o destino, cuya existencia pone en duda, por lo menos, decantándose por la indeterminación; -y no debemos sufrir por las necesidades naturales y los males, porque ambos son fáciles de -evitar o satisfacer.
8. Superados los temores, podremos enfrentarnos con los deseos que son las ataduras M espíritu. Por eso, son mejores los placeres pasivos -los que van acompañando a los actos naturales, por ejemplo, la salud- que los que él llama activos porque hay que ir hacia ellos para encontrarlos.
9. Sin embargo, a la hora de la elección, se inclina por la amistad como el máximo placer, y rechaza sin titubeos el matrimonio y la política como germen de deseos y apetencias insaciables.
10. El sabio epicúreo es aquel que ha llegado a conquistar la imperturbabilidad (ataraxia) del espíritu y la tranquilidad del cuerpo (aponia).
ESTOICOS: ¡Domínate y aguanta!
Este era el lema de los Estoicos, los filósofos que explicaban sus doctrinas en el Pórtico («estoá»). Zenón, su fundador aparece en Atenas seis años después que Epicuro fundara su Jardín. Sus teorías tuvieron éxito, incluso siglos más tarde y entre las clases sociales más dispares: un esclavo como Epitecto, un filósofo cortesano y español, Séneca, y un emperador romano: Marco Aurelio.
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1. El universo está animado por un principio o Razón Universal: «Un solo mundo, una sola Razón común a todos los seres». 2. La razón universal cuida de todo, es ley providente que prescribe y describe el despliegue del cosmos. El destino es, a veces, trágico pero racional. El hombre como parcela de este destino universal, vivificado por un principio director, es guía y parte de la razón.
3. La virtud consiste en vivir según esta razón (naturaleza común), conformándose a sus dictados.
4. Su libertad es necesidad racional (ni mecánica ni instintíva). Es libre si se obra de acuerdo con su propia naturaleza.
5. La virtud consiste en actuar en consonancia con la naturaleza, o sea, con la naturaleza en su totalidad -razón universal-, lo mismo que con su naturaleza propia, cuyo distintivo es la razón.
6. El medio para obtener la virtud es el ejercicio de la voluntad para abstenerse del placer y soportar el dolor: «Abstine et sustine». La vida como lucha («agón») para suprimir las pasiones y los deseos porque incitan al placer que es desorden, insatisfacción.
7. El hombre sabio, así, es libre porque ha actuado conforme a su naturaleza que por ser racional le exige seguir siempre el bien superior. Sólo el ignorante es esclavo de sus pasiones y es ignorante porque no conoce la razón universal.
8. Su filosofía queda reflejada en sentencias, algunas muy populares: «El dolor es soportable cuando es pequeño; cuando es excesivo, ya no se siente». «La pobreza es siempre llevadera; más pobre se es al nacer». «La muerte, en el instante de presentarse, es imperceptible por su brevedad». «Cada vena de nuestro cuerpo es una vía de liberación». «Abstine et sustine».
TOLERANTES
La Ilustración es la corriente cultural que recorre Europa (con matices importantes en cada nación) a lo largo del siglo xviii-xix conocido como el Siglo de las Luces y la principal dinamizadora de la Revolución Francesa. Los ilustrados, autodenominados «savants» (sabios) pretenden racionalizar (o sea: hacer más humanos) la naturaleza, el hombre, la sociedad: «todo lo que es racional
es real y todo lo real es racional» (Hegel). Es «la mayoría de edad» de la Humanidad (Kant) y se nos invita a un reto espectacular: «Sapere aude» («atrévete a pensar»).
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1. El universo es una perfecta máquina de relojería regida por leyes exactas y perfectas.
2. La razón es capaz de conocer estas leyes y dirigir el mundo, cuyo funcionamiento no depende de causas exteriores (ni magos, ni dioses) sino de la fuerza de esta razón que es autosuficiente: Toda trascendencia es negada o puesta en paréntesis.
3. El hombre debe luchar para desterrar todo temor religioso (repulsa total de la intolerancia), oscurantismo y al mismo tiempo buscar un orden más justo (más racional).
4. La virtud, el comportamiento moral «savant», es seguir los impulsos de la naturaleza, dejándose llevar por las fuerzas instintivas. Una fe inmensa en la bondad natural M hombre natural corrompido por y en la sociedad (léase cultura). Época de «hombres buenos aunque salvajes», «naturalmente sanos» y de búsqueda de pueblos primitivos «aún» sin malear. Robinsón Crusoe como ideal. 5. A partir de ahora se escribirán con mayúscula: progreso, razón y libertad y en minúscula los «dioses» del pasado. Una religión natural al margen de todo dogma y revelación (Deísmo).
UTILITARISTAS: La vida es un negocio
El utilitarismo nace en Inglaterra a caballo de los siglos xviii-xix recibiendo fuertes influencias de la Ilustración: El progreso, ideal de los ilustrados, toma cuerpo con la creación de industrias y medios para mejorar las condiciones materiales de los hombres en todos los sentidos: La felicidad concebida como bienestar, satisfacción de necesidades. Ideas muy de acuerdo con el espíritu liberal y eminentemente práctico de los ingleses, propulsores de los partidos liberales y de la primera revolución industrial. Ideología de¡ burgués próspero que está convencido de que al buscar su propio interés creando bienes útiles, logra el bienestar de[ resto de los hombres.
Pinceladas para un retrato
1. El hombre es un ser que debe realizarse dentro de una sociedad.
2. La sociedad es un conjunto de individuos a los que hay que proporcionar idénticas oportunidades según el principio de mayor felicidad: «Las acciones son buenas en la medida en que aumentan la felicidad de¡ mayor número posible.»
3. Virtud, pues, se identifica con bienestar. La felicidad consistirá en la presencia del placer y ausencia del dolor siguiendo la escala de la Aritmética de los placeres: intensidad, duración, proximidad y seguridad.
4. Esta búsqueda del placer-bienestar comienza por uno mismo sin que deba confundirse con egoísmo, ya que con la consecución de intereses particulares, se crea el bienestar colectivo.
5. El objetivo final es lograr una sociedad de hombres libres (liberalismos) y felices que al proporcionar los medios (utilitarismo) comunicarán entre sí bienestar, incluso sin saberlo.
VITALISTAS : Más allá del bien y del mal
Si en su primera fase es un filósofo «a martillazos» que rompe con unas normas anquilosadas, en una segunda indica cuál debe ser el ideal moral propio del superhombre. Su pretendido nihilismo se convierte en el primer paso de un nuevo edificio.
A Nietzsche se le ha llamado el «filósofo de la sospecha» por haber denunciado una moral tradicional que escondía el regreso M hombre a conformismos muy poco morales ajenos al hombre de la tierra: moral de renuncia en aras de un futuro escatológico incierto. Y la tierra es lo único firme donde el hombre puede sostenerse: «Hermanos, permaneced fieles a la tierra».
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1. El universo es el lugar donde un conjunto de fuerzas se equilibran y desequilibran, sin principio ni fin.
2. En el curso de la historia han dominado corrientes negadoras de la vida, por culpa del racionalismo (Sócrates/Apolo) y de¡ cristianismo judaico (moral de resentidos). De la negación de esta moral, «Dios ha muerto», saldrá la transmutación de nuevos valores. Suprimido el transmundo queda el espacio vacío que ha dejado Dios.
3. Los nuevos valores: grandeza, desmesura, alegría del vivir: «Yo creería sólo en un dios que supiera bailar», el superhombre como anuncio detrás del último hombre: la revalorización de todos los ideales que le han sido arrebatados.
4. La fuerza que dirige la marcha ascendente es la voluntad de poder, «la voluntad de acumular fuerzas».
5. La virtud ya no es «una renuncia» sino «una fuerza para», una moral de élite, que está por encima «del bien y del mal», capaz de perdurar hasta el fin de los
tiempos: « Lo que quieras, quiérelo con toda tu fuerza y de manera que quieras también su eterno retorno». Eterno retorno hacia adelante y hacia atrás, Saturno autodevorándose. Nada vale la pena, sino el instante que es eterno: «Quédate en el instante fecundo y creador».