HISTORIA DE LA ESCUELA Y DEL SISTEMA EDUCATIVO
ESPAÑOL EN EL CINE
Miguel Ángel Novillo López, Juan Esteban Rodríguez Garrido
Universidad Antonio de Nebrija
Si tuviéramos que realizar un pacto de mínimos, podríamos afirmar que la imagen se ha convertido en un elemento clave para representar a la sociedad y para entender el modo en el que esa sociedad se ha visto y se ve a sí misma.
Desde mediados del siglo XX se ha venido incrementando considerablemente el empleo de la imagen ofrecida por el cine como fuente auxiliar de la Historia. No obstante, en ocasiones la imagen aportada por el cine ha quedado ajustada a una serie de patrones e influencias de carácter sociopolítico e ideológico más acordes con los momentos en que las películas fueron rodadas. Todo ello no ha provocado sino que en varias ocasiones se reproduzcan continuamente tópicos erróneos, anacronismos, tergiversaciones y errores de diversa índole.
Ahora bien, ¿de qué realidad es el cine auténtica imagen? La pregunta del cineasta Jen-Luc Godard permite confirmar que la realidad ofrecida por el cine aporta una primera imagen del pasado, a modo de imitación y no de reflejo, cuya fidelidad con la auténtica realidad, que no llegaremos a conocer de manera absoluta, varía en función de la veracidad de la documentación empleada, de la subjetividad de los autores y del contexto político, social, económico y cultural que lo rodea (Novillo, 2011).
Las películas poseen un valor didáctico añadido, pues en realidad son un medio muy popular con el que muchos tienen su primer, y muchas veces único, contacto con el pasado. Muestra de ello es que cada vez se hace más frecuente que el individuo reconstruya la imagen de un acontecimiento o época por medio del cine –el cine permite la reconstrucción de determinados acontecimientos y procesos que de otra forma no seríamos capaces de comprender.
El uso del cine como recurso didáctico siempre es una herramienta útil bien recibida por los alumnos, quienes a través de las producciones cinematográficas pueden acercarse a diferentes contenidos de las asignaturas de sus planes de estudio de forma amena y directa, a la vez que, desde una perspectiva docente, no sólo representa un medio de información a tener presente –en consonancia con lo estipulado en el RD 1105/2014–, sino también versátil, ya que el cine abarca prácticamente cualquier etapa formativa y con alumnos con diversa capacidad de análisis. Por consiguiente, la imagen se convierte en un elemento de reflexión en el aula. El cine no es sino cultura popular y, por consiguiente, los temas y las tramas pueden ser llevados a las aulas como elemento reflexivo y, por ende, orientador de comportamientos (García Amilburu, 2010: 39). Además, el cine es un espacio en el que el alumno es capaz de desenvolverse con facilidad debido a que, como norma general, está acostumbrado a su lenguaje, a entenderlo y a interpretarlo; ofrece una gran cantidad de elementos socioculturales útiles para el proceso de enseñanza y aprendizaje (Rodríguez Martín, 2006).
El cine muestra una imagen de la educación que refleja desde la influencia del poder político a las características de una sociedad, las estructuras decisivas en la formación, o el tipo de escuela existente. Por esta razón, las películas resultan ser un vehículo muy oportuno para conocer cómo era la enseñanza en una época determinada, y permiten al espectador reflexionar sobre el pasado para conocer el recorrido realizado hasta el presente y poder asimilar los retos futuros.
El tema que nos ocupa en las siguientes páginas, el reflejo de la escuela y del sistema educativo español en el cine, no queda exento de una primera aproximación a través del material audiovisual. Si bien el subgénero “cine educativo” no es de los más populares o difundidos, si cuenta con una serie de dignísimos ejemplos que, además de ser notables películas, cuentan con el aliciente añadido de incluir elementos suficientemente fidedignos y realistas, capaces de convertirse en un punto de inicio necesario que, a modo de introducción, represente la base fundamental para un posterior desarrollo más detallado.
Las conclusiones parciales aquí presentadas se desarrollarán detalladamente en trabajos de mayor extensión contrastados con información real, con lo que el estudio del sistema educativo español ganará en profundidad y valor investigador.
En las siguientes páginas realizaremos una revisión de la aparición de la escuela española y de sus características en algunas de las producciones cinematográficas españolas. En este sentido, presentamos, entre otras, las características del profesorado, de los alumnos y de los contextos escolares. Asimismo, realizamos referencias a los distintos niveles educativos en los que se desarrolla la acción y las diferencias por género que aparecen en los filmes.
Si solicitamos a los espectadores habituales del cine español qué imagen tienen de la escuela a través del cine, muy probablemente se verían obligados a realizar un complejo ejercicio de memoria preguntándose en primer lugar en qué películas aparece a escuela de manera significativa, y seguramente podrían citar con más facilidad películas de otras nacionalidades en las que la escuela o los agentes educativos tienen mucha mayor presencia (Mondelo, 2007: 100).
En términos generales, la escuela no es un tema de interés para el cine español como lo pudieran ser otros. Empero, uno de los aspectos más relevantes y significativos es el hecho de que la mayor parte de las producciones cinematográficas españolas en las que aparece la escuela se sitúa temporalmente en los años de la II República, la posguerra española o en los tiempos inmediatamente anteriores a la Democracia –sirvan como ejemplos La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999), You’re the one (José Luis Garci, 2000), La mala educación (pedro Almodóvar, 2004) u Obaba (Montxo Armendáriz, 2005).
En La lengua de las mariposas la escuela se contempla más como un lugar de severos castigos y de valor instrumental que como un lugar de carácter integral y humanista. El maestro, don Gregorio, interpretado por Fernando Fernán Gómez, encarna el ideal del maestro republicano en el que la escuela ha de representar un hogar donde el niño pueda vivir su infancia y sean además, un espacio donde conozca el juego, el trabajo y el amor (Millán, 1983). Ir a la escuela es sinónimo de aprender, de conocer y de vivir, conceptos que en la actualidad han revertido de manera negativa en el espacio educativo. La escuela ya no se concibe como
un espacio donde e maestro es un represor, sino un guía o tutor educativo que ayuda y ofrece la oportunidad a los alumnos de que disfruten del conocimiento (Holguín, 2003). El momento culminante de esta educación roussoniana será cuando el maestro les lleve a campo, siguiendo aquella máxima de que “el mundo entero es su campo de enseñanza” (Millán, 2003). La película muestra cómo la escuela, por sí sola, no tiene la fuerza suficiente como para transformar la realidad, y los alumnos deben aprender a valorarlo en un análisis consciente y atento de las claves de la película.
El florido pensil (Juan José Porto, 2002) no deja de ser una sátira de la educación de la posguerra, entre los años cuarenta y sesenta en los que se desarrolla la acción. El film narra la infancia del autor del libro original, Andrés Sopeña, cómo era su día a día en la escuela y en el pueblo, poniendo el acento en el sistema educativo nacional-católico. El autor rememora, desde la actualidad, sus recuerdos, y a través de estos se presenta un contexto y un modo de concebir el mundo, la sociedad y una España “de glorias florido pensil”, tal y como se recogía en el himno nacional de la época. La religión en sus más extremas y ridículas formulaciones era una parte fundamental de la educación en esta época. El catolicismo ocupaba un papel primordial en la educación ordinaria. En el aula no podían faltar los símbolos que aludían a la religión, como el crucifijo y la imagen de la virgen. Además, destacaba siempre el retrato del caudillo en el centro de la pared frontal, encima de la pizarra, objetos que debían presentar cada aula por imperativo. Las escuelas estaban separadas por géneros. Los contenidos que tenían que aprender los alumnos estaban totalmente controlados –en Historia sólo se impartían aquellos contenidos que favorecían al régimen y el aprendizaje era totalmente memorístico–. Para manejar el orden y la disciplina se empleaban castigos físicos y también psicológicos. Se observa claramente cómo la escuela no estaba hecha para que los educadores y los alumnos pensasen, sino para que obedecieran y repitieran.
Cuando en las películas españolas aparece la escuela lo hace como un escenario al que no se le dedica especial atención y que forma parte casi circunstancial de la trama. No obstante, existen algunas excepciones tales como ¡Arriba Hazaña!
¡Arriba Hazaña! describe la rebelión protagonizada por los alumnos de un internado religioso contra los castigos y la disciplina impuestos por los docentes. Se trata de un film donde aparecen los estereotipos relacionados con los castigos físicos, los docentes religiosos y distintos tipos de alumnos: el pelota el cobarde, el abusón, el negociador o el que se vale de sus propios medios para lograr sus fines.
F.E.N. narra cómo dos antiguos alumnos de un internado de escolapios aprovechan las vacaciones estivales en las que el centro educativo está cerrado para retener a los religiosos en una especie de secuestro y tratarlos del mismo modo a como fueron tratados ellos cuando eran alumnos.
Es en las películas de este tipo donde aparecen varias muestras de enseñanza represiva, vejaciones o castigos físicos y psicológicos violentos, como por ejemplo en La mala educación. En este film se presenta al maestro religioso como alguien sin la más mínima vocación docente que basa la enseñanza en la disciplina sin reparos, que con sus castigos no busca la justicia, sino el escarmiento y la humillación, y entre los cuales siempre se encuentra algún pederasta.
Si realizamos un visionado de la filmografía existente, podemos distinguir personajes que ejercen la actividad docente desde diferentes perfiles (Zaplana, 2005):
-El profesor abnegado.
-El profesor apático.
-El profesor comprometido.
-El profesor manipulador.
-El profesor que lucha constantemente contra la violencia en las aulas.
-El gran profesor.
-El profesor mentor.
-El profesor cándido, incompetente y bufón.
El hecho de que en el cine español se registren muy pocos personajes principales dedicados a la docencia es lo que explica que nos movamos más en el terreno del estereotipo que en el del arquetipo, que requiere de mayor desarrollo, por lo que
resulta complejo categorizar a los docentes de los filmes españoles en la clasificación (Obiols, 2011). Existen, no obstante, excepciones, como por ejemplo, los maestros de La lengua de las mariposas o You’re the one, que podrían encuadrarse en la categoría de profesor mentor.
Como norma general, en los filmes españoles los docentes aparecen tanto impartiendo clase como en aspectos de su vida personal, lo que nos muestra que son más bien tímidos y solitarios, que buscan que la enseñanza resulte agradable, que no someten a sus alumnos a castigos físicos y que emprenden iniciativas extraescolares como salidas al campo o realizar representaciones teatrales.
Por lo que respecta a la figura del profesor innovador, no podemos dejar pasar desapercibida Vivir es fácil con los ojos cerrados (David Trueba, 2013), film que narra la historia de un docente que en la España de los sesenta enseña inglés con las canciones de los Beatles. Juan Carrión, interpretado por Javier Cámara, el profesor que inspiró la película, supo motivar y captar el interés de sus alumnos en una ápoca en la que el valor dado al aprendizaje del inglés era prácticamente nulo. El profesor inició un método que hoy siguen muchos docentes, esto es, enseñar inglés a través de las noticias y de la música.
En la mayoría de las producciones cinematográficas, el profesor es el protagonista por antonomasia, si bien en el caso de las mujeres pueden aparecer desempeñando el mismo trabajo, pero generalmente como compañeras (Obiols, 2011).
Como norma general, las profesoras que aparecen en las películas ejercen su profesión en pequeñas escuelas rurales –el mundo rural tenía en Joselito a su principal representante, mientras que la élite social lo encontraba en Rocío Dúrcal–. Contamos con numerosos ejemplos en Bienvenido Mr. Marshall (Luis García Berñanga, 1953), Calabuch (Luis García Berlanga, 1956), El espíritu de la colmena (Víctor Erice, 1973), El amor del capitán Brando (Jaime de Armiñán 1974) u Obaba (Montxo Armendáriz, 2005).
Presentan mejor carácter que los maestros y no suelen aplicar castigos físicos. Suelen mostrar un carácter más sosegado y, en múltiples ocasiones, dado a que el magisterio se impartía por separado donde era posible, sólo se imparten clase
a niñas, generalmente más tranquilas que los niños. Tampoco son figuras maternales, sino que parecen tomar su actividad con poco entusiasmo, como una profesión más.
La voz en off de Fernando Rey en Bienvenido Mr. Marshall nos aporta una excelente descripción de la maestra en la presentación del famoso pueblo Villar del Río: “La señorita Eloísa es muy mona, muy buena y muy lista y aún está soltera, a pesar de lo cual, aunque sea primavera, multiplica siempre sin equivocarse”.
Un dato que resulta llamativo es que, mientras los maestros tienen familia, no ocurre lo mismo con las maestras. En la película El sur (Víctor Erice, 1983), podemos ver como la madre de la protagonista indica que fue maestra, lo que nos hace pensar que abandonó forzosamente su trabajo al casarse. Por consiguiente, en el caso de las mujeres el magisterio se considera una ocupación que se mantiene hasta el matrimonio, lo que durante la posguerra ocurría con la práctica totalidad de los trabajos desempeñados por mujeres, por muy cualificadas que estuvieran.
Un aspecto que también llama la atención, desde una perspectiva actual, es el hecho de que las maestras, a las que se les presume la misma formación que a los maestros, no forman parte de las denominadas fuerzas vivas, es decir, no participan en la toma de decisiones que afectan a la colectividad y se ven claramente apartadas al desempeño de su trabajo, que igual pudiera ser el de ama de casa. Como mujeres no tienen ningún peso social, sólo ser tratadas con un poco más de respeto que el resto de sus congéneres, relegadas solamente a trabajos manuales.
En suma, las mujeres no aparecen como protagonistas de películas de temas docentes más que en una exigua minoría y en roles extraordinariamente estereotipados (Loscertales, 2015).
Una película que no podemos olvidar es El amor del capitán Brando (1974), en el que Aurora, una maestra recién llegada a un pequeño pueblo cercano a Segovia, interpretada por Ana Belén, vive una relación especial con un alumno de doce años cansado de su vida. En este film el contraste entre la España que quiere
renacer y la España que está anquilosada en el conservadurismo se transmiten a través de los protagonistas.
Como norma general, la presencia de alumnos mayores responde a que la acción se desarrolla en internados o en escuelas rurales –al haber sólo una en el pueblo, los alumnos están mezclados sin distinción de edad, si bien en bastantes ocasiones, y si el pueblo era lo suficientemente grande, se procede a la separación de sexos–. Tradicionalmente, la visión de la escuela rural, en manos de civiles frente a los internados religiosos, es mucho más amable. Nadie esperaba que los niños de las escuelas rurales llegasen a ser personas especialmente cultas, pues con un mínimo de alfabetización lingüística y matemática era más que suficiente.
Por otro lado, también se han filmado varias películas sobre niños o adolescentes marginados como 7 Vírgenes (Alberto Rodríguez, 2005).
También contamos con películas protagonizadas por universitarios o preuniversitarios, o aparece alguno de sus profesores con mayor o menor definición. Nueve cartas a Berta (Basilio Martín Patino, 1966), Muerte de un ciclista (Juan Antonio Bardem, 1955), Margarita se llama mi amor (Ramón Fernández, 1961) o Pasa la tuna (José María Elorrieta, 1960) transcurren en contextos universitarios. Otra producción que toma como contexto el ámbito universitario es Tesis (Alejandro Amenábar, 1996). En cualquier caso, no se reconocen elementos directamente relacionados con el currículo o con el ejercicio docente, sólo es el entorno en el que transcurre la acción que podría haber sido perfectamente reemplazado por cualquier otro.
Las producciones cinematográficas españolas no han olvidado uno de los principales problemas que se registran en las aulas: el bullyng. En Bullyng
(Josecho San Mateo, 2008) se presenta a un adolescente que cambia de ciudad junto con su madre para comenzar una nueva vida. Su llegada a la nueva escuela parece favorable, ya que rápidamente destaca, si bien las circunstancias le reservan una cruel sorpresa, pues cuando traspasa las puertas del instituto no logra saber que se va a topar con una situación infernal como víctima de bullyng. La escuela y los educadores parecen ajenos a la situación que se vive, porque muchas de las acciones se producen fuera del centro educativo. Asimismo,
Cobardes (José Corbacho y Juan Cruz, 2008) tiene como argumento principal el acoso escolar a partir de la estigmatización de un adolescente pelirrojo, si bien esta situación se vincula con otro tipo de acosos propios de la sociedad, mostrándonos la violencia generalizada como trasfondo.
Finalmente, otra cuestión que también ha sido abordada en las producciones cinematográficas españolas ha sido la diferencia étnica y cultural presente en las escuelas. En Masala (Salvador Cano, 2007) José Coronado interpreta a un director de un instituto de un barrio de inmigrantes. Masala, que significa mezcla, no resulta ser sino un guiño a las diversas etnias y procedencias de los jóvenes estudiantes protagonistas de la película. Describe cómo es la educación hoy en día en algunos centros caracterizados por un elevado número de alumnos inmigrantes. En este caso, los adolescentes estudian en un instituto que va a ser cerrado y, ante esta delicada situación, la cohesión entre profesores y alumnos resulta decisiva.
Si bien es cierto que la escuela no es un tema prioritario para el cine español y que la imagen ofrecida no siempre es completamente objetiva, observamos cómo el cine puede ser empleado como un recurso más para conocer la historia de la escuela y del sistema educativo español. Vemos, por tanto, cómo el cine no es sino un elemento de reflexión constante que puede ser utilizado en el aula para la adquisición y desarrollo de competencias.
Referencias bibliográficas
Novillo, M.A. (2011). El cine y la imagen de Cayo Julio César: realidad o ficción.
Anatomía de la Historia, agosto 2011. Disponible en: http://anatomiadelahistoria.com/2011/08/el-cine-y-la-imagen-de-cayo-julio-cesar-realidad-o-ficcion/
García Amilburu, Mª. (2010). Cine y educación: la integridad del docente en
Emperor’s Club. Edetania, 38, 27-40.
Rodríguez Martín, J.R. (2010). La historia y la imagen de España del siglo XX a través del cine. Actas XLI, 305-313.
Millán, F. (1983). La revolución laica. De la Institución Libre de Enseñanza a la Escuela de la República. Valencia: Fernando Torres Editor S.A.
Modelo, E. (2007). Ajuste de cuentas. La Escuela en el cine español. Revista Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 21, 99-111.
Zaplana, A. (2005). Entre pizarras y pantallas: Profesores en el cine. Badajoz: Diputación Provincial de Badajoz.
Obiols, N. (2011). Profesores y adolescentes en el cine: Aproximación a alguna característica del rol docente transmitidas a través del cine. XII Congreso Internacional de Teoría de la Educación. Barcelona: Universidad de
Barcelona. Disponible en:
http://www.cite2011.com/Comunicaciones/Escuela/062.pdf
Loscertales, F. (2015). La mujer docente vista por el cine. Profesoras no oficiales: institutrices, preceptoras, educadoras especiales… Un estudio en 11 films.