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LA CRÍTICA DE KANT A LA METAFÍSICA.

1.El problema de la cientificidad de la metafísica: ¿es posible la metafísica como ciencia?

En relación a la metafísica, Kant solo contempla la posibilidad de una metafísica “natural”, ala que denomina en latín “metaphysica naturalis” que es una tendencia inevitable de la razón a plantear preguntas que no puede responder, de hecho dice “la metafísica, conocimiento enteramente aislado que se levanta por encima de lo que enseña la experiencia”. ¿Qué quiere decir con estas palabras? Que la “naturaleza ha castigado a nuestra razón con la tendencia inevitable a plantear preguntas que no puede responder”; así pues, la razón plantea preguntas, pero no caben respuestas. Esta es la diferencia esencial entre las ciencias y la metafísica. Pues en las “ciencias”, es decir, en la matemática y la ciencia natural (física) hay unanimidad y progreso entre sus partidarios y se contienen juicios sintéticos a priori. Sin embargo en metafísica no se contienen esos juicios sintéticos a priori. Si nos fijamos en un juicio como “el mundo tiene un origen en el tiempo” que es el ejemplo que pone de juicio típico de la metafísica, al que se refiere en la Introducción de la “Crítica de la razón pura”, entonces vemos que no es posible (como analizará en la segunda parte de la dialéctica trascendental, en las antinomias) decidir si el mundo es eterno o tiene un origen en el tiempo. Y si nos fijamos en el juicio “Dios existe”, este juicio es analítico, ya que pretende deducir la existencia (predicado del juicio) del mero concepto por análisis del mismo, en todo caso, la experiencia no presenta la existencia de Dios sino que el argumento (ontológico) pretende extraer esa existencia del concepto de Dios.

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Veamos, Locke se ha referido a la idea de “sustancia” como una idea “desconocida”. Hume, también decía del “yo”, de la “existencia”, de la “causa” que son “ficciones de la imaginación”, en definitiva son ideas cuyo origen no se halla en la sensación ni en la reflexión que son las únicas fuentes del conocimiento para los empiristas, por ello señalan que su origen es desconocido. Si nos fijamos en Aristóteles, concede realidad (ontológica) a la sustancia, como el sustrato o sujeto de los accidentes, y entiende que hay distintas clases de causa (material, formal, eficiente, final, etc.) pero Kant identifica estos conceptos: sustancia o causa, con conceptos puros del entendimiento. Por eso, no pueden hallarse (como pretenden los empiristas) en la experiencia. Y ello porque Kant señala que aunque “el conocimiento comienza en la experiencia, no todo él procede de ella” pues el conocimiento resulta de lo “dado a la experiencia y lo puesto por el sujeto”; es decir, lo que procede de la experiencia, lo empírico (a posteriori) y lo que precede a la experiencia (a priori, ya se trate de las intuiciones puras, espacio y tiempo, y de las categorías que son los conceptos puros del entendimiento). Estas categorías, son condiciones del conocimiento de los fenómenos; una vez el “objeto de experiencia” es intuido, podemos aplicarle categorías para conocerlo intelectualmente. Entonces, el uso de estas categorías es “discursivo” porque media la intuición del objeto empírico (intuición empírica) y se presupone la “intuición pura” (espacio y tiempo) como condiciones de toda intuición empírica (acerca de cualquier objeto empírico particular).

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presenta fenómenos asociados y en un orden de sucesión – anterioridad y posterioridad-y al aplicarle la regla del pensar que es la categoría de “causa” puedo concebir como una “ley científica” esa relación y establecer que el enunciado “los metales se dilatan con el calor” es válido en todos los casos sin excepción. La categoría de causa permite pues, concebir “leyes en la ciencia natural”, leyes impuestas por la razón y que no se extraen de la experiencia, ya que la ley vale para todos los casos comprendidos en ella, incluso para los que no han sido observados u otros que puedan presentarse en el futuro. Por tanto, la categoría de “causa” explica la posibilidad de que en la “ciencia natural” existan “leyes científicas” o regularidades no extraídas de la experiencia, aun cuando la experiencia suministre los fenómenos, y el orden de sucesión de las representaciones (mediando la síntesis de reproducción de la imaginación y la segunda analogía de la experiencia, que se refiere a la sucesión como condición para aplicar la categoría de causa-efecto a los fenómenos según un orden de anterioridad y posterioridad que los fenómenos presentan).

Hemos visto, pues, cómo la metafísica es posible como ciencia en cuanto “teoría del conocimiento intelectual de los fenómenos mediante categorías o conceptos puros que el entendimiento aplica a los objetos de la experiencia para convertirlos en fenómenos, y conocerlos intelectualmente”. En cuanto la Analítica (primera parte de la Lógica trascendental) explica la tabla de categorías, y cómo estas poseen un uso discursivo aplicándose a los objetos de la experiencia una vez han sido intuidos pos la sensibilidad bajo la condición del espacio y el tiempo, cabe hablar de metafísica en cuanto conocimiento intelectual de los fenómenos mediante la aplicación de conceptos puros del entendimiento (tales como “sustancia”, “existencia”, “causa”, etc.). Asimismo, la categoría de causa-efecto permite concebir leyes en la ciencia natural y explica cómo es posible la física como ciencia.

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relación (sustancia-accidente, causa-efecto, comunidad de acción o interacción) en otras síntesis más amplias, subsumiendo las categorías de relación en conceptos puros de la razón que no son otros que las ideas de: alma, mundo y Dios. Pero, es evidente que estas ideas no corresponden a objeto alguno que pudiera ser conocido por la experiencia. Así pues, debemos matizar en qué consiste la tarea de la crítica:

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especulativo de la razón que lleva a la ampliación del uso práctico guarda relación con lo que Kant denomina tarea negativa de la crítica. Pues, la policía, escribe, por impedir la violencia no puede decirse que no preste un servicio positivo, permitiendo “que los ciudadanos se dediquen a sus asuntos en paz y tranquilidad”, escribe. De la misma manera, entendiendo el sentido del ejemplo que hemos visto, pretende decir que la razón al frenar la pretensión de la razón de ir más allá de los límites del conocimiento posible, desmonta los argumentos sobre la sustancialidad, simplicidad e inmortalidad del alma, sobre la existencia de Dios (crítica a los argumentos ontológico, cosmológico, etc.) si bien plantea en la Crítica de la razón práctica la justificación de los denominados “postulados” de la razón práctica, que son exigidos para hacer posible la acción moral y que no son otros que la libertad, inmortalidad del alma y existencia de Dios.

Veamos, en buena medida la Crítica de la razón pura plantea cómo se produce la lógica de la ilusión. Es decir, cómo la razón “aislada de la experiencia” pretende traspasar las fronteras que delimitan el territorio de la experiencia posible y adjudicarse un territorio propio. Esto es posible porque la razón de forma “ilícita” pero “inevitable” construye “prosilogismos dialécticos” o “falaces”. Esto significa que a partir de juicios de relación (categórico, hipotético y disyuntivo) construye premisas más generales, de donde deducir esos juicios. Pero estos prosilogismos dialécticos equivalen a las ideas de la razón, las ideas de alma, mundo y Dios. Kant en la dialéctica realiza una crítica a la psicología racional, la cosmología racional y la teología trascendental. A través de las tres partes de la dialéctica: los paralogismos, las antinomias y la crítica a las pruebas de la existencia de Dios. De este modo, llega la razón a producir la idea de un sujeto de determinaciones no determinado por otra cosa; la síntesis de los fenómenos en la idea de mundo, y la síntesis de todos los objetos del pensamiento en general en la idea de Dios, que representa la totalidad de lo real, la idea de absoluto (lo que denomina “omnitudo realitatis”).

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metafísica. Pues por metafísica, debemos, en la filosofía de Kant, entender según explica en el “giro copernicano” que a priori nada podemos conocer acerca del objeto (ya que se trata de lo dado a la experiencia, es lo empírico, a posteriori, lo que procede de la experiencia, etc.). Pero escribe Kant “si no adelantaremos más en las tareas de la metafísica” haciendo que sean los “objetos los que se conformen a la facultad de conocer”, es decir, si los objetos se rigen por la facultad de conocer, debemos concluir que a priori nada conocemos de los objetos, pero sí de los conceptos que aplicamos o imponemos a los objetos de la experiencia para poderlos conocer. Lo que coincide, escribe, con la “deseada posibilidad de un conocimiento a priori de dichos objetos”. Así pues, no es posible que el conocimiento, que el concepto se acomode a los objetos ni conocer la cosa en sí, aislada de las formas a priori que les aplicamos para conocerlos. Sin embargo, sí puedo saber qué conceptos o categorías aplico a los objetos para poderlos conocer intelectualmente, etc. Por consiguiente, la Crítica de la razón pura contiene, señala Kant una teoría trascendental de los elementos y una teoría trascendental del método. Pero el conocimiento de las formas a priori que aplico a los objetos para poderlos conocer limita nuestro conocimiento (según esa restricción del uso especulativo según la tarea negativa de la crítica) a los fenómenos (que resultan de la aplicación de dichas formas a priori a los objetos de la experiencia) y a los elementos trascendentales que les aplico para poder conocer los objetos de la experiencia; pues sabemos que un límite del conocimiento radica en los objetos de la experiencia, ya que siendo vacías o puras las formas a priori (de la sensibilidad y del entendimiento) que aplicamos a los objetos para poderlos conocer, estas se llenan de los datos que la experiencia (lo empírico) suministra; así pues, no otra cosa pueden conocerse que los objetos de la experiencia, pero gracias a la aplicación a estos de las formas a priori, para convertirlos en fenómenos (objetos de conocimiento).

2. Metafísica y ciencia.

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ha de ser analítico, pero el juicio científico debe ser sintético a priori, y el juicio “Dios existe” no es sintético a priori, pues la experiencia no añade nada a lo contenido en el sujeto). E igualmente el ejemplo al que se refiere en la introducción, que es “el mundo tiene un origen en el tiempo”, como hará ver la primera antinomia (en la dialéctica trascendental) no pude probarse ni que el mundo tenga origen en el tiempo (le antecedería un tiempo vacío, lo que es ilógico) ni que sea eterno, porque implicaría que una serie infinita debe haber transcurrido, cosa imposible. ¿En qué sentido podría hablarse de que la metafísica es posible? Para responder esta pregunta debemos reflexionar sobre el “giro copernicano” pues Kant dice que se plantea una “revolución en metafísica”, ¿cómo? Haciendo que en vez de girar el ejército de estrellas alrededor del espectador, dejando estático el ejército de estrellas y haciendo que sea el espectador el que gire. Y lo mismo que en astronomía Copérnico supuso una revolución en la concepción del universo, pasando del geocentrismo al heliocentrismo, en la teoría del conocimiento Kant se propone ser revolucionario, pues no es el entendimiento el que se acomoda al objeto, por el contrario, son los objetos los que se acomodan a los “conceptos (puros)” que el sujeto les impone para poderlos conocer. Como antes hemos dicho, a priori nada conozco del objeto empírico pero sí acerca de los conceptos por los que se rigen los objetos y que imponemos a estos (objetos) para poderlos conocer. Así pues, no tiene sentido el concepto tomista de verdad como adecuación del entendimiento a la cosa, sino que es por el contrario el objeto en sí mismo incognoscible y en todo caso, lo que varía son los datos que proporciona la experiencia (los objetos, colores, volúmenes, figuras) y lo invariable son las formas a priori, intuiciones puras y categorías que aplicamos a los objetos de la experiencia para convertirlos en “fenómenos” y poderlos conocer. Así pues, decíamos que conocemos lo que nos representamos de los objetos o lo que les imponemos, pero no conocemos nunca el objeto empírico aislado de las formas a priori (ya que las formas a priori son condiciones de posibilidad del conocimiento de dichos objetos).

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priori, pues un juicio del tipo “en todo cambio acción y reacción son iguales” o “en todo cambio la cantidad de energía permanece constante” es un juicio no solo experimental, sino además a priori, esto es racional, o sea, universal y necesario.

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Referencias

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