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PP22, La Magia

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Ediciones MATHESIS

Los Propósitos Psicológicos,

Serge Raynaud de la Ferrière

Propósito Psicológico XXII: La Magia Traducción: Hugo Vidal Obregón

Edición Internet Numerada.

Todos los derechos reservados. © 21 de marzo, 2006

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PROPÓSITOS PSICOLÓGICOS

Serge Raynaud de la Ferrière

Libro XXII

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LA MAGIA

El período de finales de Diciembre no puede dejar insensibles a los pueblos de Occidente. No es la Navidad festejada solamente en su aspecto vulgar y material, sino aun todo el misterio que va unido a la llegada del Cristo Jehsú; porque de todos modos son numerosos los que realizan el verdadero sentido de la conmemoración del nacimiento de un Mesías.

En el diario católico “El Voto” del mes de enero de l958 (Francia), se puede leer: “La luz resplandeciente de Belén es la fulgurante estrella de los Magos, que viene en esta época de Navidad y de Epifanía a calentar nuestra fe, a orientar nuestros corazones hacia las realidades sobrenaturales de nuestra redención, a consolidar, en definitiva, las razones de nuestra esperanza y de nuestra caridad”.

Esa luz de Belén encierra un gran símbolo, que es ante todo la fuerza magnética del Lugar, como epicentro predestinado a recibir la Fuerza de Arriba, simbolizada por la estrella entrevista por los Magos. Esa “estrella”, que ha sido objeto de tantos comentarios, podría ser un planeta, quizás Venus dispuesto como un signo en un lugar muy especial del cielo, o un cometa indicador de un acontecimiento importante; o, muy simplemente, podría ser una imagen simbólica figurada, para dar a entender que los Iniciados habían establecido un “horóscopo”, o buscado con la ayuda de la Astrología el advenimiento que desde hacía largo tiempo estaba previsto: la llegada de un Instructor.

En fin, Iniciados, Maestros, Maestría, Magisterio… en una palabra “Magia”… El Gran Arte Sagrado, la Ciencia Suprema de la “Matesis”,

entendida como dominio de las tesis, el Magisterio, la Magia, se manifestaba a plena luz para servir de punto de partida a esa mitología cristiana. Los 3 Magos, emblema de los 3 Grandes Colegios Iniciáticos de Europa, Asia y África, se presentaron cargados de oro, incienso y mirra; de manera que ese Triple-Magisterio reunido en ese lugar del Cercano Oriente, situado justamente en la encrucijada de esos 3 continentes, simboliza también por sus atributos, las 3 Grandes Ciencias Superiores: la Alquimia, la Astrología y la Magia.

La Astrología es la Ciencia de arriba, es el estudio del cielo y la influencia del cosmos sobre el hombre; la Magia es la Ciencia de aquí abajo, es el control que puede ejercer el ser humano sobre los elementos; y la Alquimia, que no solamente hace posible la transmutación de los metales, es la Ciencia que reúne al principio de abajo con el principio de arriba, en el sentido de la Gran Obra Espiritual. 1 2 3 4 5

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La Astrología, simbolizada por el incienso, tendría como emblema a Saturno, pero está muy bien simbolizada por nuestra Tierra que está estrechamente ligada con ese planeta: todo evento sobre la Tierra se encuentra bajo la acción directa de Saturno, desde la función clorofílica, pasando por cada comida que viene a ser producto de un crimen, hasta la eterna “lucha por la vida”, el “struggle for life” de los sajones, que se encuentra también bajo la influencia saturnina. Por otra parte, la Astrología está en función directa de un punto de vista especialmente terrestre (en razón de la visión “geocéntrica” en Astrología, contrariamente a la visión “heliocéntrica” empleada en Astronomía). Ésta Ciencia de los astros encara sobre todo la influencia que tienen los planetas, las estrellas y la orientación del cielo sobre nuestra Tierra.

La Magia está simbolizada por la mirra y tiene como emblema a la Luna, ya que toda su obra se ejerce precisamente bajo nuestro satélite y las fuerzas desplegadas son proyectadas en el astral o mundo sub-lunar. Por otra parte, los mismos lugares donde se realizan las operaciones, tienen a menudo la forma de creciente lunar, como lo podemos ver en nuestras explicaciones sobre un lugar mágico de los Druidas, en el Libro II de la serie de “Los Grandes Mensajes”.

La Alquimia, simbolizada por el oro, tiene como emblema al Sol. Se sabe que la transmutación de los metales consiste en transformar el plomo en oro, en hacer con el “vil metal” el “metal sublime”, aquel trabajo simbólico de los alquimistas del medioevo. Acabamos de decir “trabajo simbólico“, ya que si en la búsqueda del precioso metal, su fabricación artificial fue operada por algunos (como lo hemos visto ya en nuestros Propósitos precedentes V y VII) no es menos cierto que la verdadera Obra de la Alquimia radica de hecho en una transmutación psíquica, en una transformación de las fuerzas físicas en poderes espirituales. Todo como en el sistema Yoga, donde se trabaja sobre sí mismo de la manera que fue señalada: “…es preciso que nazcáis de nuevo”. Se trata de la subida de “Kundalini” a través de los “chakras”, es decir, la fuerza que vitaliza los centros nervo-fluídicos y proporciona el equilibrio de las glándulas. O, si se prefiere, es el paso de la energía sexual, que reside en el plexo inferior, simbolizado por el plomo, que va a sublimarse en la glándula pineal, simbolizada por el oro. En el lenguaje de los Yoghis es la transmutación del “Muladhara Chakra” al “Sahasrara-Padma”, el Lotus de los mil pétalos. Para los Qabbalistas es el paso de “Malcuth” a “Kether”, es decir, del “plomo” (Saturno) al “oro” (Sol).1

El autor H.B. de Niza lo dice muy bien en ese artículo para un diario católico: “…calentar nuestra fe, orientar nuestros corazones hacia las

1 Hemos dado ya esas correspondencias en el número X de estos “Propósitos Psicológicos”.

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realidades sobrenaturales…”, pero quizás él no da a comprender, como nosotros, los valores simbólicos. Por otra parte, quizás él mismo no comprende toda la amplitud de esa “redención”, vista no tan sólo teológicamente sino por métodos más concretos.

Sin embargo, prosiguiendo su artículo que ha titulado “La Luz que nosotros buscamos”, el autor profundiza filosóficamente un hecho interesante: “La escritura lo dice, la Liturgia y la Epifanía lo afirman: ‘hoy, en el Jordán, el Cristo ha querido ser bautizado por Juan a fin de salvarnos’. Y cuando el Concilio de Trento nos enseña que el bautismo cristiano ha nacido de aquel bautismo por el cual Jesús santificó las aguas del Jordán, supone una idea profunda traída a la luz por los Padres griegos: la recapitulación de toda la Humanidad en el Cristo. Es todo el viejo Adán quien es sumergido.”

Hemos estudiado ya la diferencia entre el bautismo católico y el rito primitivo tal como fue practicado, por ejemplo, por los Mandeos, como lo hemos visto en el Propósito No XI. La costumbre de sumergirse en el agua de

los ríos, que todavía practican numerosas sectas cristianas, es muy antigua. También hemos hablado de esos “baños” en los ríos sagrados de la India, donde los peregrinos no solamente van a “lavarse” de sus pecados, sino a practicar ciertas ceremonias que han estado en uso desde hace milenios, como la de cosechar el agua donde se ha bañado un Santo”, un “Mahatma” o un “Yoghi”. El Concilio de Trento aceptó esta concepción al reconocer que Jesús santificó las aguas del Jordán, lo mismo que en Oriente, donde el agua es considerada sagrada y preciosamente conservada cuando un “sanyasinn” la ha tocado.

“Es todo el viejo Adán quien essumergido”.

Evidentemente, estamos por nuestra parte enteramente de acuerdo: es todo el viejo Adán, toda la Humanidad que es así santificada, siempre que el género humano comprenda el hecho y conciba su “extracción” de una línea directa y pura de Adán, primer “Avatar” de Dios. Adán es el Arquetipo mismo de todos los demás Avatares que son también, espiritualmente, sus extracciones directas por el conducto astral. Jehsú el Cristo, el Mesías, el Avatar… es la emanación de Abraham, de Noé, de Adán, y, como dice San Juan, “él es Hijo de Dios” (“Hic est Filius Dei“).

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El dicho según el cual el hombre es una mujer que se ignora y la mujer un hombre que se ignora, se debe al hecho conocido de que prácticamente todo ser de un sexo definido tiene su complemento en el otro. Pero, mejor todavía, que esa concepción de las “almas gemelas”, es evidente que el ser humano es doble: macho y hembra, positivo y negativo; así el método de los Yoghis consiste justamente en “fusionar” en sí mismos las dos polaridades para hacer brotar la Luz, lo que confirma la teoría del Yang-Yinn de los chinos…, etc.

Pero no nos dejemos llevar demasiado pronto hacia esas consideraciones. Jesús (el “Hijo e Dios”) construyó un método espiritual activo, pero fracasó en su misión de construcción positiva; en cambio el “Hijo del Hombre” se manifiesta positivamente por una acción concreta en el mundo material, pero sin renovación espiritual, sino conservando la espiritualidad tradicional para el total cumplimiento de la Misión Crística.

Recordemos que el Cristo Jehsú, el Avatar de la Era de los Peces, se manifestó durante esa época “negativa” de cierre de los Colegios Iniciáticos y fue crucificado. Mientras que el “Hijo del Hombre”, el Avatar de la Era de Aquarius, el Cristo Rey, simbolizado en el zodíaco por el Aguador, que es el signo del Hombre, será glorificado en esta época “positiva” de apertura de los Colegios Iniciáticos.

Digamos aún que el centro electromagnético del globo, que se encontraba en los Himalayas durante toda nuestra Edad, daba una fuerza positiva a la espiritualidad con sus santuarios establecidos en el Tíbet (en Asia Central), mientras que esa región quedaba prácticamente negativa en el plano material. En la Nueva Edad (Era de Aquarius), es la Cordillera de los Andes la que recibe los efluvios electrotelúricos, viendo crecer su potencial material y debilitarse sus fuerzas espirituales constructivas. Las polaridades son en cierta manera separadas cada vez de un punto al otro, con una inversión que sigue el curso de las Eras haciendo las grandes realizaciones en un plano en detrimento del otro. Esas dos polaridades existen pues en todas partes, desde Dios (No-Manifestado y Manifestado), pasando por el Universo (pues los planetas son pasivos o activos), llegando hasta los hombres.

Veamos, por ejemplo, cómo comprende Alfred Adler las bases biológicas sexuales. Ese médico de Viena se opone a la concepción de su maestro Sigmund Freud. Si para Freud la idea central reside en la polaridad principio del placer – principio de la realidad, para Adler se trata de la polaridad inferioridad – superioridad. Hay, por ejemplo, dos puntos en que el hombre se siente inferior a la mujer y sin seguridad: no tiene jamás la certeza absoluta de su poder sexual y tampoco de su paternidad”. Constatación que nos recuerda a las antiguas sociedades matriarcales donde el hombre no era más que un huésped tolerado, e indispensable solamente como fecundador. Jung no rechaza las teorías de

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Freud y Adler, simplemente las amplifica; las profundiza y extrae nuevas concepciones.

Ana Teillard, en “Aporte de Freud y sus colaboradores”, escribe sobre Jung: “Él concebía la importancia de la sexualidad en la vida del hombre, tanto como la de la voluntad de poder, pero se apoya en el papel esencial del espíritu. Hay hombres con esposa he hijos que viven una vida sexual normal, tienen un triunfo social satisfactorio y sin embargo están atormentados por un vacío, sus vidas no tienen sentido, ellos no se han realizado”. Si Freud quiere curar la miseria sexual y Adler la miseria social, Jung ataca la miseria psíquica y espiritual del ser humano. Para Freud y Adler, la superioridad del hombre es un dato “a priori” que jamás ha sido puesto en duda. Para Jung, el hombre es profundamente diferente de la mujer, pero no superior, puesto que descubre las mismas posibilidades en el psiquismo femenino. Sin embargo, la vía que conduce a la mujer a la realización de sí misma o individuación, es diferente de la del hombre.

Es así que para apuntalar nuestras teorías expuestas ya hace tiempo en nuestros libros, tomaremos textualmente el siguiente pasaje de Ana Teillard: “La individuación es lo contrario de un “individualismo” egoísta y comporta en cada quien una reconciliación de sus polaridades “masculina - femenina”, así como de sus polaridades “consciente - inconsciente”.

Para comprender esto, es preciso explicar un punto de vista central de la psicología Jungniana: el “Anima - Animus”. Un ser humano no es solamente hombre o mujer, sino que lleva en sí mismo los dos sexos. Pero, este es un hecho que Freud ha confirmado solamente desde el punto de vista fisiológico, subrayando sobre todo su lado negativo: el deseo irrealizable de la niña de poseer un miembro viril y no solamente un rudimento de éste. En cambio Jung acentúa el lado psicológico de la cuestión. Los elementos masculinos que posee la mujer y que condicionan en parte su psiquismo y su carácter, le son dados en un estado más inconsciente que sus componentes esencialmente femeninos. Su espíritu batallador incluso porfiador, su ambición, su lógica a menudo deficiente, pueden evolucionar gracias a una toma de consciencia y ser integradas en la totalidad de su psiquismo. Los elementos de ese complejo autónomo reciben el nombre de “Animus” y aparecen en los sueños bajo la forma de personajes masculinos, pero que se van transformando en el curso de un tratamiento psíquico realizado según el método de Jung.

La mujer tiene así una tarea maravillosa de reconstrucción de la personalidad para alcanzar su armonía, con la posibilidad de un resplandor social o de una creación. Pero un punto nuevo e importante, es que también el hombre se encuentra ante una tarea del mismo orden, pero en un sentido inverso: debe tomar conciencia de su feminidad inconsciente, de su “Anima”, es decir, de su emotividad, su intuición, su lado no racional, a menudo desaprobado y

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escondido por él, e integrar ese aspecto de sí mismo para llegar a su plenitud. La masculinidad sin feminidad que la complete y dulcifique no produciría mas que un bruto; la feminidad sin elementos pertenecientes al dominio del logos , como el intelecto y la voluntad, no sería mas que una parcela pasiva de la naturaleza, incapaz de realizar otra actividad que su función biológica. Los dos sexos tienen un deber de orden social y creador en el mundo, pero a ambos les incumbe también una tarea interior: su realización individual, ya que no se trata solamente de la unión entre los dos sexos, fuente de dicha, sino de la unión interior de las dos polaridades fundamentales en cada uno.

He ahí un escrito serio, y no hay más que revisar los textos de Jung y muchos otros libros que tratan sobre la materia2, para darse cuenta que la

cuestión sexual no sólo es muy seria, sino que en un orden de espíritu psicológico habría mucho que ganar si se difundieran sus mejores aplicaciones sociales y culturales, aunque generalmente un cierto pudor idiota impide hablar libremente de sexualidad fuera de las esferas especialmente versadas en sexología. Así, lo que acabamos de exponer deja entrever inmediatamente las posibilidades de la magia sexual, pero en eso quizás sería más útil una mejor educación, con el fin de establecer un método que podría ser generalizado para el mayor bienestar de los seres.

Cuando se habla de magia sexual, muchos piensan en una especie de magia “negra” (!!), pero si es cierto que tales prácticas permiten desplegar las fuerzas hacia algunas malas acciones, no es menos verdadero que permiten liberarse de ellas, y así perfeccionarse en dominios diferentes de espiritualidad superior. Sin embargo, no se debiera creer que es suficiente saber que esos fenómenos existen para poder experimentarlos de inmediato… El hecho de conocer, por ejemplo, que el acoplamiento en ciertas condiciones puede conducir a una sublimación de las fuerzas, no basta para obtener resultados, ya que sin un conocimiento profundo de todas las partes de la Ciencia mágica, la práctica queda sin efecto. Además de un saber excepcional y una disciplina de largos años, muchas otras cosas deben ser tomadas en consideración, pues hay

2 Las obras y autores son tan numerosos que no se sabe a cuáles citar para no hacer

solamente alusiones, sino para exponer seriamente las posibilidades concernientes a la magia sexual a través de los todos tiempos y pueblos. Pero hoy día, gracias a explicaciones autorizadas de hombres de ciencia, como Krafft-Ebing en su libro “Psycopathía sexualis”, 1869, ya no se ignoran los resultados. Podemos citar otros trabajos serios como los de Salomón Reinach y Fernand Fleuret en “La iniciación sexual y la evolución religiosa”, o las obras de Gordon, así como también el “Tratado de Historia de las Religiones” de Mircea Eliade, entre otras obras de ese autor. Hay que consultar igualmente a Westerrmarck en su

“Historia del matrimonio” y a Strominger en su “Psicofisiología sexual”; también hay estudios bajo títulos como “Los ritos secretos del ubangui” de Vergiat; “Vida sexual en

Africa negra”, escrita por D.P. de Pedrals; “Sociedades secretas de los misterios” escrita por Briem, “la vuelta al mundo de un sexólogo” escrita por Magnus Hierschfield... En fin, habría que mencionar a Delobson, Castiglioni, Culwick, J. Fabrón, F.E. Wiliams, Welster, René Portier y sobre todo a Magnien y aún a Simone de Beauvoir en “El Segundo Sexo”.

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peligros para la salud tanto física como mental, como, por ejemplo, los famosos “choques de regreso” conocidos por los ocultistas en general y por los magistas en particular; y si los efectos mágicos contrarios no siempre acarrean la muerte, son numerosos los que podrían ser víctimas de la locura. Por otra parte, las prácticas de magia sexual y de la verdadera Magia en general, deben ser sometidas a leyes bien establecidas y solamente los grandes Iniciados, (aún con muchas precauciones) pueden permitirse riesgos en esos dominios tan especiales.

Un médico que dio mucho que hablar en el siglo XIX, primeramente en un círculo muy restringido de iniciados y después en todos los medios ocultistas, es el Dr. Pascal Beverly Randoph, quien decía un poco como axioma emblemático… “La fuerza mágica más grande de la Naturaleza, es el sexo”. El había comenzado sus estudios iniciáticos en la Sociedad Secreta “H.B. of L.” (Hermétic Brotherhood of Luxor) que tenía su sede en Boston. Pero después, en 1870, fundó, junto con los Doctores Fontaine y Bergevin, su propio Colegio Iniciático bajo el nombre de “E. B.” (Eulis Brotherhood). El grupo se dedicaba a estudios muy esotéricos.

Mme. H. P. Blavastky, viendo en el Dr. Randolph un serio competidor, puesto que atraía a sus mejores alumnos, lo combatía violentamente. La señorita Helena P. Hahn se había casado a la edad de 17 años con el General Nicéforo Blavastky, pero una vez viuda y desamparada en la vida, se había interesado rápidamente en las ciencias ocultas. Ella había dejado su Rusia natal en 1873 para venir a París y en seguida a Nueva York, donde conoció al Coronel Olscott en 1874, un periodista que le fue de la más grande ayuda. Helena Petrovna Blavastky había intentado ya fundar una sociedad de espiritismo durante un viaje a Egipto, pero de inmediato comprendió que los Estados Unidos eran mucho más favorables para ese género de explotación, y fue con su amigo, el ex-Coronel, que ella formó una asociación a la que declaró bajo el nombre de “Sociedad para el estudio de los fenómenos metapsíquicos”, pero que se convirtió más tarde en la “Sociedad Teosófica”. La dirección fue remitida a la Señora Anie Besant que había sido durante 10 años la amiga de Bradlaugh, el apóstol del ateísmo en Gran Bretaña.

El Dr. Randolph, por su lado, no veía la explotación de un gran público sino más bien la formación de una élite de personas a las que él iniciaba muy minuciosamente. Sus escritos como “Asrotis”, “She”, “Magh-Thesor”, “Dhoula-Bella”, “Master Passion”… son del género de novelas, mientras que sus tratados como: “Espejos Magnéticos”, “Las relaciones con los muertos”, “Misterios Anseiréticos” y “Los secretos íntimos de los misterios de Eulis”, son más profundos. El proclama, a lo largo de todos sus escritos, la enseñanza de “no echar perlas a los puercos”.

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Al principio sus manuscritos fueron confiados a personas dignas de fe, pero después su colección pasó a otras manos y fue eso lo que permitió conocer su tenor. Hoy en día ya no constituyen un secreto, pues no solamente que ya no existe el grupo esotérico del Dr. Randolph, sino que incluso algunos han publicado y difundido sus textos, hasta el punto que desde hace algunos años una casa editora de París, Guy le Prat, ha divulgado su sistema bajo el título “Magia Sexualis”, basado sin embargo en el manuscrito del 2do grado de iniciación de la escuela esotérica “E.B.” Pero, aún cuando se ha señalado aquello de “no deis margaritas a los puercos”, creemos un deber dar aquí lo principal para quienes no tuvieran todavía conocimiento de ese importante trabajo.

Los “Misterios de Eulis” reposan en la polarización de los sexos en la Esfera Superior, mientras que los “Misterios Anseiréticos” constituyen su aplicación en la esfera material. Esas son las fuerzas positivas y negativas que actúan en todas las cosas (como ya lo hemos estudiado y profesado desde siempre) y es sobre éstas que se basa Randolph para establecer su método práctico. Esas polaridades, alto - bajo, caliente - frío, espiritual - material, etc… son aplicadas por el Maestro del Colegio “E. B.”, principalmente en lo que concierne al hombre y la mujer. El hombre es positivo en el plano físico y negativo en el plano mental, y la mujer es negativa en el dominio material y activa en el psiquismo. Tal es, para Randolph el principio-base de toda la magia, sobreentendida en su aspecto de magia sexual práctica.

Los actos operatorios pueden hacerse de dos manera: a) intelectualmente, es decir sin alegría; b) sensualmente, en el amor. Este último es el método que va a desarrollar el Dr. Randolph a través de toda su enseñanza, pues lo ve como la base del Misterio de la “Maha-Kaligua”, la Ciencia de la edad Vieja: la corriente mental que se encuentra en el paroxismo en el momento de la eyaculación, tanto en el hombre como en la mujer.

Uno encuentra evidentemente las pruebas en todas las Tradiciones. El Tantrismo Tibetano lo enseñaba ya desde hace milenios. Los Egipcios simbolizaban ese principio con sus obeliscos, emblema fálico por excelencia, conocidos desde la más alta Antigüedad. También los Druidas han dejado prueba de ese conocimiento con sus menhirs (piedra vertical) como símbolo del sexo masculino, y sus dólmenes (piedra horizontal) como símbolo del sexo femenino. Más evocadoras aún son las estatuas chinas o las esculturas de la India, cuyos detalles no dejan duda de que se trata de posiciones de parejas en operaciones de magia sexual.

El sistema de Randolph reposa sobre 3 principios elementales: volencia, decretismo y posismo. Pero, habría que agregar lo que se llama “tirauclarismo” para seguir así un sistema bien establecido: tésis-antístesis-síntesis y, finalmente, la Matesis. 27 28 29 30 31

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El Dr. Randolph llama “volencia” al arte de dominar en todas las circunstancias las fuerzas mentales, magnéticas y psíquicas y de ejercer sus diversas capacidades a voluntad, sin cansancio nervioso. Se trata de ejercitarse poco a poco, como en los métodos orientales, valiéndose de un disco blanco con un punto negro en el centro, en el cual es preciso fijar la vista durante 60 segundos, después durante 2 minutos, 3, 4 etc…para luego, desviando la vista del disco, verlo reaparecer al lado en el muro sucesivamente hasta 7 veces.

El “decretismo” es, según el mismo autor, la posibilidad de intimar las órdenes, de insertar en otros los deseos, los pensamientos, los sentimientos… También consiste en la posibilidad de crear entidades, lo que constituye la cualidad de potencia positiva del ser humano y sin la cual es imposible hacer el “Bien” (o el “mal” igualmente).

El “posismo” es la ciencia del gesto, en el cual se trata de colocarse en ciertas posiciones necesarias para que la cosa se realice. Es preciso estudiar delante de un espejo, durante 5 minutos o más, los efectos a producir: sonreír para atraerse la simpatía, hacer muecas para imponer el terror, etc… Después de un mes de práctica bastará solo un minuto, pero a veces un tiempo aún más corto será suficiente para prepararse a “operar”.

En cuanto al “tirauclarismo” es sacar en claro, es el poder de evocación que permite corresponder con los ausentes, con los muertos, con las entidades invisibles, etc… pero que consiste sobre todo en ser amo de su poder mental para “sacar en claro las ideas”, hacer nítida la claridad en sus pensamientos y resolver el problema inmediatamente. Este último estadio, es el principio que prepara para la Gran Obra, que se resume sobre todo en la reconstrucción del mundo visible e invisible. Es así que se lleva a efecto la célebre operación de los “cuadros vivientes”, es decir, la operación de poner en vida un cuadro, una escultura, etc… los personajes figurados regresan a la existencia por un instante con el fin de servir de intermediarios entre los dos mundos y ayudar al Mago en sus trabajos, búsquedas, operaciones, etc.

En fin, la magia sexual tiene diversos fines; pero Randolph resume esa Ciencia en 7 objetivos principales:

1. Cambio de “voltios” y otras condensaciones fluídicas;

2. Regeneración de las fuerzas, de la energía vital, reforzamiento del poder magnético;

3. Producción de influencias magnéticas en vista de una sumisión del hombre a la mujer o de la mujer al hombre;

4. Refinamiento de las potencias o de los sentidos en general;

5. Determinación, a voluntad, del sexo del niño a concebir, o reforzamiento de las capacidades cerebrales o corporales.

6. Provocación de visiones sobrehumanas, espirituales y sublimes;

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7. Realización de los proyectos y de los deseos precisos del Operador y esto no importa en qué orden.

He ahí, brevemente, la enseñanza del colegio esotérico “Eulis Brotherhood”, particularmente a partir del segundo grado de iniciación.

La enseñanza de Randolph entraba en los detalles prácticos de ese método, enseñando a los adeptos las posiciones indispensables en el acoplamiento del hombre y de la mujer con un fin mágico. La edición francesa de “Magia Sexualis” presenta inclusive esbozos esquematizados para indicar la manera de operar el acto sexual, ya sea para corregir las capacidades, o bien para proyectar influencias hacia el exterior sobre personas escogidas o sobre las esferas superiores; aumentar las fuerzas para “deshechizar” o descargar a una persona de las fuerzas del mal, o bien, para influir sobre una persona a distancia o a la misma persona que está practicando la operación, y toda la gama de prácticas mágicas para el acercamiento de los sexos en un acto que no tiene nada del coito habitual, pero donde se encuentran condensadas fuerzas supra-normales por el conocimiento de una concentración especial en el momento del orgasmo.

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Regresemos, pues, a los principios elementales de la Magia, ya que para abordar la “magia sexual”, o cualquier otro departamento de la Magia, a la cual se le agrega siempre un calificativo, es preciso antes que todo estudiar la Magia en sí. Además de los estudios preliminares sobre ocultismo en general: simbología, astrología, leyes de concordancia, reglas de analogía, Qabbalah, Arqueometría, etc… es preciso un estudio y una larga documentación para pasar a la Magia práctica, pues las ceremonias exigen un gran conocimiento de todas las ciencias: matemática, física, química, biología, etc…

Se debe pasar al estudio indispensable de obras tales como las de Stanislas de Güaita, Eliphas Levi, Fabre D’ Ollivet, St. Ives de Alveydre, J-M. Ragoon, E. Schuré, René Guenón, y tantos otros ocultistas de gran clase; y estudiar también los clásicos, como las obras de Santo Tomás de Aquino, de Alberto-el-Grande, Erasmo, Van Helmont, Paracelso, Agrippa y aún las de Platón, Pitágoras, Aristóteles y de todos los Sabios de la Antigüedad, para no hablar más que de la literatura occidental, mientras que serían justamente los textos de Oriente los que sería preciso analizar más.

Repitámoslo, la Magia práctica pide preliminarmente conocimientos generales de física, química, matemáticas, y con ellas, naturalmente, las ciencias abstractas que prosiguen hacia la metafísica, la metapsíquica y el ocultismo en general. Independiente de toda religión, la Magia no es ni cristiana ni luciferina; no es budista, ni shivaísta, ni judaica, ni islámica, aunque evidentemente las religiones la hayan poseído en el curso de los siglos. Es preciso pues despojarla del sectarismo y presentarla primeramente en su estado puro con su TESIS, enseguida con su parte histórica que se manifiesta como su ANTITESIS, después con su filosofía para hacer una SINTESIS y, finalmente, con su mecanismo para obtener la MATESIS, la cual es entonces la verdadera “Ciencia Oculta” que constituye la “Magia” tal como debería comprenderse.

Hay cuatro partes de la Magia práctica: -las materias utilizadas;

-los lugares y protecciones; -el ritual;

-las Fórmulas.

La Magia es la acción del hombre sobre un plano SUPRA-TERRESTRE. Es normal que se trate de un equilibrio a establecer entre el macrocosmo y el microcosmo: leyes de analogía, reglas de concordancia, fusión de las dos polaridades, etc.

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El Macrocosmo se extiende en los tres planos: Físico-Astral-Divino. El Microcosmo se extiende en tres cuerpos: material-astral-espiritual. El Plano Físico de la Naturaleza es el cuerpo material del hombre, el Plano Astral de la Naturaleza es el Alma en el hombre, y el Plano Divino se manifiesta en el hombre por el Espíritu. Así relacionamos:

FÍSICO ASTRAL DIVINO

La Manifestación Regla de Operación La Teurgia

Tierra Luna Sol

La Forma El Pensamiento La Obra

Las cuatro razones preliminares de la ceremonia operatoria son: Videncia, Salida en Astral, Evocación y Acción sobre un Tercero. En la Videncia, no se trata, para el verdadero magista, de darse a una vaga predicción en beneficio de personas curiosas, sino más bien de calar los misterios del espacio y del tiempo con finalidades de investigación científica. La Salida en Astral puede operarse por medio de una liberación del psiquicón, o por la proyección del neumaticón hacia lugares o personas que necesitan ayuda. La Evocación no debe comprenderse como el simple intento de contacto con los espíritus por los médium. En la verdadera Magia se trata de comandar a los Genios Superiores con el fin de asistir al género humano en su penosa evolución. En cuanto a la Acción sobre una persona, se lleva a cabo generalmente para asistirla en su elevación espiritual.

Esas operaciones requieren una “maestría” (término que proviene de magia y magisterio) que permite entrar en relación con las Fuerzas de la Naturaleza. Se sabe que los 4 elementos tradicionales poseen sus Genios: el Fuego las Salamandras; el Aire las Sílfides; el Agua las Ondinas; y la Tierra los Gnomos. Los cuentos de hadas están llenos de esas historias de pequeños espíritus y que sin embargo no están denudadas de todo fundamento.

Las ceremonias mágicas demandan el empleo de materias que sería inútil detallar aquí: brasas, resinas, piedras, agua astral, metales… No obstante, podríamos decir una palabra sobre los metales, ya que estos se encuentran en relación directa con la Alquimia Espiritual. Se trata, naturalmente, de transpolarizar por lo que es preciso recordar por ahora las bases de la Alquimia ordinaria. Será preciso pues conocer la densidad (peso de un dm. cúbico), el punto de fusión (en grados centígrados), y la tenacidad (peso bajo el cual se rompe un hilo de 1mm. de sección). Como ayuda memoria mencionemos:

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Mercurio (líquido); Plomo (2 Kgs.); Estaño (3 Kgs.); Oro (27); Plata (30); Cobre (41); Hierro (64). La conductividad calorífera y eléctrica es de una escala de 1.000 para el Oro; de 973 para la Plata, para el Cobre (890); el Hierro (374), el Estaño (303) y el Plomo (179).

En Alquimia hay 3 especies de calidad: Nobles (Oro y Plata), los Semi-Perfectos (Estaño, Plomo y Mercurio), los Imperfectos (Cobre y Hierro). Hay igualmente 3 “principios” cuyos nombres (azufre, mercurio y sal) no se refieren a los cuerpos conocidos que se designan comúnmente con ellos. Aquí se trata, pues, de los principios tradicionales de la Alquimia, cuyas cualidades son:

Azufre = coloración y sonoridad Mercurio = maleabilidad Sal = unir el Azufre al Mercurio.

Se los simboliza de la siguiente manera:, por un triángulo y una pequeña cruz bajo su base (azufre); por un círculo atravesado con una línea horizontal (sal); y el “mercurio” es designado por un símbolo muy conocido, consistente en un círculo sobremontado por un medio circulo en creciente y una pequeña cruz bajo el circulo.

Es sin duda útil recordar que los metales en química están designados por los mismos símbolos que los planetas en astronomía, y esto, por la simple razón de que los astrólogos conocían las relaciones directas que existen entre los astros, los metales, las glándulas endocrinas, los sonidos, etc… Hemos dicho ya suficientemente que el Oro está en la misma vibración que el Sol y la glándula pineal, la cual corresponde también al domingo, etc… La Plata en la misma vibración que la Luna, la glándula pituitaria, el lunes, etc… El Hierro vibra con Marte en el cielo, el bazo en el cuerpo, el día martes en la semana, etc… El Azogue con el planeta Mercurio, la tiroides, el miércoles, etc… El Estaño está simbolizado por Júpiter y corresponde a la glándula suprarrenal derecha, relacionada también con el plexo prostático, con el svadhistana-Chakra en el sistema Yoga y con el jueves en la semana, etc… El Cobre tiene el mismo símbolo que Venus (una pequeña cruz sobremontada por un circulo) ya que siempre está en juego la ley de analogía que lo hace corresponder con el plexo cardiaco, la glándula timo, el anatha-chakra, el emblema del 4to grado iniciático (Gurú); está en paralelismo con Tiphereth en el Árbol Qabbalístico y con el viernes en la semana, etc… El Plomo corresponde a Saturno , siguiendo siempre con la misma aplicación en todos los dominios, será análogo a la glándula suprarrenal izquierda y al plexo sexual, y estará en relación directa con el muladhara-chakra, el sábado, etc…

En fin, para terminar, demos la relación de las cualidades de los 3 “principios” citados más arriba: Azufre, Mercurio y Sal.

Oro = mercurio y azufre puros y fijos.

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Plata = mercurio puro y casi fijo, asimismo el azufre. Hierro = mercurio impuro y fijo, azufre impuro y no-fijo. Estaño = mercurio puro y volátil, azufre de la misma calidad Cobre = mercurio impuro e inestable. Asimismo el azufre. Plomo = mercurio y azufre impuros e inestables.

Habría mucho que decir sobre las composiciones de todo aquello que es necesario en la Magia operatoria, pero el material, los atributos, los emblemas empleados, etc… se encuentran detallados en todos los textos de divulgación para tal uso y no parece útil referirlos ahora.

La Magia puede sintetizarse por una serie de palabras y si cada una no permite sino resumir toda una preparación, una disciplina o un conocimiento, ofrecen ya una primera idea de los elementos básicos que hay que hacer entrar en línea de cuenta. No podemos analizar todos estos términos, pero es fácil comprender las funciones que cada uno de ellos define:

Sobriedad, respiración, soplo, masticación, continencia, atletismo, deporte, artes, ciencia, filosofía, didáctica, psicología, aflojamiento, relajamiento, meditación, concentración, suspensión del pensamiento, suspensión de la respiración, dominio de los latidos del corazón, captación del “prâna”, ayuno, limpieza moral y física.

Otros elementos son: incienso, mirra, nardo, laurel, yagé, peyote, verbena, hierba doncella, mirto, basilisco, cera, grasa, ungüento, carbón de madera, cenizas, agua lustral, círculos de protección, limaduras metálicas, aceite, pergamino, tinturas, varilla atractiva, madera, espada disolvente y repulsiva, tejidos, metales.

Dominación y maestría de los elementos, elementarios, elementales. Imantar, seducir, atraer, concentrar las fuerzas radiantes magnéticas: las “inferiores” son comandadas, las “superiores” son imploradas, meritadas, conciliadas y todas son dirigidas hacia una acción eficaz en vista de progresar, evolucionar, ascender, aumentar sus mejores fuerzas, abatir sus bajos instintos y sus viles deseos.

La Magia, no menos que la Astrología o la Alquimia, no son religiones o creencias, sino sistemas de realización individual que permiten al hombre una toma de posesión de su verdadera misión sobre la tierra. Es por eso que los 3 Magos, simbolizando esos 3 sistemas, han venido a deponer sus emblemas a los pies de un niñito en un pesebre, pero que se convertiría (y esos Iniciados lo sabían) en el Gran Instructor de una Era.

La Astrología no es una cosa en la cual se cree o no se cree, porque ella ES una Ciencia que es preciso estudiar y no rechazar o aceptar sin saber. Ella traspasa, por otro lado, el marco de la documentación corriente, y al mismo

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título que un estudio científico, propone un método práctico susceptible de servir a fines benéficos para la evolución espiritual. Ella no exige las matemáticas, la geografía o la historia con un fin solamente intelectual, sino para establecer bien una base de conocimientos por razones más elevadas.

La Alquimia ¿es necesario repetirlo? no es solamente una química elemental como algunos han querido verla. Cierto, ella servía antaño para lo que nuestra física y sobre todo nuestra química actual pueden hacer hoy, pero además de esas búsquedas misteriosas, ella permitía un trabajo de renovación psíquica, una transmutación de las facultades hacia principios superiores; es de ahí que ha provenido su lenguaje simbólico.

Al mismo título que los sistemas Yoga y Qabbalah, que son las dos grandes Tradiciones de la Fuente Iniciática, la Alquimia y la Astrología son independientes de las razas, religiones o épocas. Ahora bien, si se acerca, por una parte, el sistema Yoga al conocimiento de la Alquimia en su forma superior de Gran Obra de Transmutación espiritual, y se acerca, por otra parte, el sistema de la Qabbalah a la Astrología, la cual en su octava suprema de Astrosofía se convierte en la Arqueometría, es preciso reconocer que la Alquimia y la Astrología son tan necesarias para la perfecta comprensión de la Yoga, como son indispensables para la realización del sistema de la Qabbalah.

En fin, es en este sentido que el “Magisterio”, esa “sublime maestría” que constituye la Magia, se convierte en el producto inevitable de la gran búsqueda de la Verdad. Es la gran transmutación consciente y gradual de la vida pasiva, carnal, animal, inferior, grosera, en una existencia espiritual desencarnada, desmaterializada, aligerada de las pasiones, depurada de los apetitos groseros y de los viles instintos. Un Alma fuerte, enriquecida de emociones puras, consciente, lúcida y dominadora del organismo físico; intuitiva, clarividente, meditativa, elevada, tendiente hacia la liberación de los deseos terrestres, hacia la suprema retirada, hacia el Plano de la perfecta Estabilidad.

Es preciso desligarse, a medida que las pruebas nos muestran la vanidad y la fugacidad de los bienes de este mundo, de todo aquello que obstaculiza nuestro vuelo, nuestra Sublime Evasión: amistades, amores mismos, dinero, reputación basada en el juicio del malevolente, del celoso, del envidioso; simpatías y relaciones más o menos interesadas, etc… Todo ello es irrisorio, transitorio, perecedero, fugitivo, efímero y no vale la pena retardar su Camino hacia la Liberación. Además, uno se deja distraer de la Vía Derecha y así prolonga sus pruebas, dolores, sufrimientos, decepciones, penas… Es preciso dejar a todos esos agitados, a todos esos ruidosos, a todos esos charlatanes, a todos esos apasionados de apetitos ilusorios. Hay que salir de esa atmósfera malsana que intoxica a los mejores “acorazados”. Cortar una a una todas esas ligaduras que nos retienen en el mundo del dolor. Abozalar nuestro animal, disciplinarlo, domarlo, dominar ese vehículo grosero que es nuestro cuerpo

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físico… mientras que nuestra Alma emotiva, verdadera, brilla sobre las cimas, contempla los horizontes iluminados, asciende a los cielos y penetra por las vías más sutiles en el dominio de la Inmortalidad.

La misma enfermedad es un desequilibrio, una desarmonía, una anormalidad que tiene a menudo una causa espiritual. El psicosomatismo es actualmente bien conocido y se sabe que el cuerpo físico es influido por el psiquismo. De todas maneras, es por algo que nuestro modo de vivir contra la naturaleza, no solamente afecta en el sentido de una mala adaptación a la pulsación cósmica psíquicamente hablando, sino aún en la manera de alimentarnos. El régimen carnívoro, la cocción, y sobre todo la grandísima cocción de nuestros alimentos, el desequilibrio de los elementos, las conservas, los excitantes, el sedentarismo, todo ello influye maléficamente en nuestro organismo. Sería preciso variar indefinidamente las fuentes, las cualidades y el origen de los alimentos. Deberemos regresar a una alimentación más natural, con legumbres crudas, frutos silvestres oleaginosos de los grandes árboles y algas marinas. Hemos hablado ya de esta última posibilidad entrevista por la ciencia y confirmada por recientes descubrimientos, los cuales permitirán al hombre futuro nutrirse y fortificarse gracias al consumo de algas. Incluso, mucho mejor aún, podríamos ir más lejos en esas consideraciones y prever que podríamos encontrar nuestra alimentación, no en el reino animal, ni siquiera en el reino vegetal, sino en el reino mineral.

Nada de eso sería imposible, y el Hombre podría regresar verdaderamente a su estado PURO, observando la ley fundamental de no cometer crímenes para alimentarse. Es un hecho bien conocido que los enemigos del vegetarianismo objetan siempre a quienes se alimentan de frutas y legumbres, que esos productos son tan vivientes como los animales, ya que nutrirse según el régimen vegetariano (que excluye los subproductos de los animales), es un crimen tan grande como comer carne. Por supuesto, los adeptos del naturismo responden que es preferible “matar” una coliflor o una zanahoria, que llevar al matadero un buey, un carnero o un puerco. Es cierto que más vale “cortar” la evolución de los vivientes del reino vegetal tendientes a convertirse en animal, que suprimir la evolución posible del animal hacia el estadio humano; pero sería aún más correcto tomar nuestra alimentación del reino más bajo, es decir, de los minerales, aunque podríamos nutrirnos incluso con la ayuda de los elementos.

Esa idea de alimentarse con los elementos ha sido objeto de investigaciones por parte de los Iniciados. Sin embargo, si se ha comprobado ya que el ser humano puede mantenerse gracias a la absorción del Agua y a la asimilación total del Aire por un lapso de tiempo bastante grande, es difícil prever en qué condiciones y con qué duración podría mantenerse así la Vida humana. En lo concerniente a los otros dos elementos, la Tierra y el Fuego, ninguna experiencia concluyente ha podido ser establecida.

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Se puede ver ahora que la Magia no es una simple creencia un poco supersticiosa, como muchos parece que lo pretenden. Si la baja brujería pide ya un conocimiento variado, como lo hemos visto, con mucha mayor razón cuando se trata de este Arte Sagrado Superior, comprendido en su verdadero sentido de “magisterio”. Los medios, tanto como los fines, son numerosos y se trata muy a menudo de transponer las fórmulas, los símbolos, etc., al plano en el cual se quieren estudiar las aplicaciones. El sabio matemático A. J. H. Vincent, escribió páginas interesantes sobre la música griega, con notaciones instrumentales idénticas a los caracteres del alfabeto qabbalístico llamado celeste; y eso fue lo que hizo posible penetrar en el terreno de la Teosofía de los sistemas: literario, musical, planetario, etc…

Regresemos a ese método de los Antiguos llamado Arqueometría, tan bien traído a la luz en nuestra época moderna por el arqueómetro, aquel instrumento del cual hemos citado a menudo los elementos y que ha sido presentado por St. Ives de Alveydre. La Arqueometría, (que sobre todo no debe ser confundida con la arqueología), consiste en la Ciencia Antigua de la medida, cuya aplicación se extiende sobre los diversos aspectos del saber humano: medida de los sonidos, de los colores, formas, etc. En fin, la Arqueometría, cuyo método permite establecer las relaciones que existen entre los planetas, los órganos humanos, las notas de la música, etc., etc. es una Ciencia indispensable para abordar la Magia.

Podemos constatar desde ahora, la suma de documentación que es necesario tener en cuenta para comprender los elementos de esa ciencia demasiado desconocida y rechazada únicamente por ignorancia. Los magistas no deben ser confundidos con los “magicianos” o con artistas de teatro, ilusionistas, prestidigitadores, etc. ya que al ocuparse de la Magia, con el ritual, las ceremonias, las operaciones, etc., los magistas son ante todo hombres de ciencia que tratan con los elementos físicos y químicos, pero en un orden que por todo ello debería calificarse de supra-normal, y no de “sobrenatural” en el sentido corriente de esa palabra comúnmente empleada.

El físico Esteilla estableció en julio de 1795, en París, una escuela de Magia. Esta escuela profesaba oficialmente sus cursos, por cuanto debía tratar con alumnos que por su parte eran ya espíritus muy avanzados y hombres con razonamiento científico. Igualmente Shroeder, el fundador de la “Rosa-Cruz Rectificada”, apodado a veces el Calgriostro de Alemania, había organizado ya en 1779 una escuela de Magia que se estableció en una Logia de Sarreburgo.

La verdadera Magia ha sido, pues, siempre reconocida por hombres llamados bien-pensantes, por seres preparados para los Altos Estudios y personas de gran saber. Jean Fernal, para no citar más que a éste, era católico y, como Ambrosio Paré o Cotta, admitía no solamente la brujería, sino también la

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Magia como una Ciencia de la maestría. El no tenía igual en Medicina en todo el siglo XVI y fue el primer autor de un tratado especializado de “patología”.

No todos los magistas, ni incluso todos los “Magos” han sido hombres de ciencia reconocidos, y sin embargo esos Altos Iniciados, que han hecho gala de una perfecta maestría en todas sus prácticas, han dado pruebas de un Saber muy extenso que los doctos sabios no han dudado en consultar. Por supuesto, son numerosos aquellos cuyo nombre no se encuentra en las facultades oficiales, o en las grandes Universidades donde hayan sido reconocidos con una mención especial como benefactores de la humanidad, pero no por ello es menos cierto que han contribuido ampliamente al avance del género humano.

El más conocido es sin duda Eliphas Levi, seudónimo del Abad Louis Constant, con su “Dogma y Ritual de la Alta Magia”. Otra de las obras más divulgadas es el “Tratado de Magia” de Papus, seudónimo del Dr. Encausse. Maestro de ocultismo, este médico francés ha fundado también instituciones de beneficencia para los enfermos y víctimas de la guerra. Muerto él mismo a continuación de la gran tormenta de 1914, fue el Supremo Dignatario del Rito de Menfis y Misraim y renovó el “Martinismo” en 1888, a la edad de 20 años. Pero el gran representante de la Escuela Ocultista francesa, en su departamento de Magia, es sin duda alguna Stanislas de Guaita, autor de numerosas obras muy esotéricas: “La Serpiente del Génesis”, “En el Umbral del Templo”, “Satán”, etc… desgraciadamente su familia se opuso a la reedición de sus libros después de su muerte, a la edad de 36 años. En fin, son muy numerosos aquellos que han contribuido a ampliar la visión sobre esa gran búsqueda de la Verdad, pero no podemos nombrarlos a todos aquí.

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Si por un instante orientamos nuestro pensamiento hacia aquello que es la Ciencia de hoy, haciendo abstracción de toda idea preconcebida, no podemos impedirnos de verla como una verdadera “Magia”… En efecto, los trabajos de los Antiguos eran tan “mágicos” para los profanos de aquellos tiempos, como lo son para el gran público de hoy los descubrimientos científicos. Descubrimientos acerca de los cuales se habla desde hace algunos años y sin embargo permanecen misteriosos, y esto, a pesar de las explicaciones detalladas que se han dado con el refuerzo de artículos en periódicos de gran difusión en la prensa internacional.

No es posible mencionar aquí a todos los sabios que han participado, de una manera u otra, en el avance de la Ciencia moderna. Sin embargo, Jean Perrin merece ser nombrado. Ese joven, agregado de la Escuela Normal de París, fue quien descubrió el electrón en 1895, lo que marca el inicio de la ciencia orientada hacia la física nuclear. Más tarde, Becquerel descubrió la radiactividad en sus experimentos con la sal de uranio en 1896. En fin, están Pierre y Marie Curie en 1898 y después el señor y la señora Joliot-Curie en 1934, etc… ¿No será eso una verdadera Magia… moderna!? Jaime Chadwick demuestra por primera vez, en 1932, la existencia del “neutrón”… y Enrico Fermi obtiene una transmutación nueva en 1938, sirviéndose de los “neutrones lentos” para bombardear núcleos de uranio. Ese experimento, que se expandió en Francia, Inglaterra y Dinamarca, hizo posible establecer que la acción de un neutrón sobre un núcleo de uranio provocaba su rompimiento en dos fragmentos de masa, proyectadas a velocidades enormes en sentido inverso la una de la otra, liberando así una inmensa energía: la fisión nuclear.

Se puede considerar que hemos entrado en la Edad “atómica” el 16 de julio de 1945, a las 5 horas y 30 minutos de la mañana, durante la explosión de la primera bomba atómica en el Estado de Nuevo México en los Estados Unidos, a 60 Km. de Alamogordo y a 200 Km. de Albuquerque. Damos los datos para los que deseen establecer el tema astrológico para ese lugar y hora, a fin de encontrar las huellas planetarias cuyas influencias han permitido tales realizaciones. Fueron varios los sabios que se reunieron en ese lugar para asistir a ese gigantesco experimento hecho con el fin de utilizar la energía encerrada en los átomos, y esto, con una cantidad de Uranio 235.

Así, la palabra “átomo”, que según la significación griega es lo que no se puede dividir, se vuelve caduca en nuestra época de progreso. El átomo, que es la materia considerada como un conjunto de energías condensadas, se reconoce actualmente como estando constituido por un núcleo de “neutrones” sin carga, y de “protones” positivos alrededor de los cuales gravitan los “electrones” negativos. El átomo es pues “neutro”, por compensación entre la electricidad positiva de su núcleo y la carga negativa de sus electrones satélites.

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Aunque se contaban 92 tipos de átomo, se han podido sumar otros, como el neptunio, el plutonio, etc…y actualmente nada indica que esa lista esté completa.

A pesar de los conocimientos que tenían los Antiguos en cuestión de átomos, fueron siempre lo bastante sabios como para no intentar aplicaciones que, aún cuando hubiesen podido hacerse con un fin benéfico, no habrían constituido menos un peligro para el género humano en vista de las consecuencias de esas emanaciones. Algunos tratados de Oriente han hecho mención de la composición de los cuerpos, de la desintegración posible de esas partículas, etc. Y, por otra parte, nada prueba que los Iniciados de la prehistoria no hayan hecho uso de experiencias como las que están en curso actualmente en los laboratorios y que pudieron haber sido la causa de esas catástrofes de hace miles de años.

Existen 92 elementos naturales3 y acabamos de mencionar otros que han

sido creados por el hombre, como esos cuatro nuevos elementos: neptunio, plutonio, amercium, curium… además de otros ocho cuya posible creación fue encarada teóricamente de inmediato. Así, nada deja prever que esas creaciones se detendrán y hoy día no es difícil imaginar las consecuencias que podría tener la liberación de esas energías. De manera que repitámoslo: nada impide creer que justamente los magistas de civilizaciones desaparecidas hayan intentado experiencias semejantes, con otros métodos y en otro sentido quizás. Esos conocimientos olvidados hace 10 o 15.000 años, sin duda reaparecieron hace 2.500 años con el filósofo griego Demócrito, quien declaró que el Universo estaba hecho de dos cosas: el Espacio y los Átomos. Se pretende a veces que la doctrina atómica habría pertenecido más bien a Leucipo pero, según Posidonio, la hipótesis de los átomos es de Mechus de Sidón, quien vivió más de mil años antes de Demócrito.

A continuación, el romano Lucrecio en su poema “Sobre la naturaleza de las cosas”, da la gran lección según la cual todo aquello que nos parece denso y sólido, está en realidad constituido por partículas enganchadas entre sí, mientras que las cosas líquidas y más fluidas, consisten en elementos dulces y redondos. Durante 1.500 años la teoría atómica quedó donde Lucrecio la había dejado, y es gracias a los Alquimistas del siglo XVI que se continuaron las investigaciones en ese sentido. Rama misteriosa de la Ciencia, la Alquimia estaba entonces muy avanzada y su meta principal era el descubrimiento de un elixir capaz de conservar eternamente joven al ser humano. Se trataba, ya

3 Hemos dado ya una lista detallada de esos elementos en nuestra obra: “Matesis de Psicología” (Libro VII de la serie de “Los Grandes Mensajes”).

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entonces, de una experiencia de utilización de la energía nuclear para el bienestar de la humanidad.4

Isaac Newton, con su Ley de Gravitación Universal, eclipsó un poco las teorías que exponía Robert Boyle en “The Skeptical Chymist”, en 1661, donde introducía los átomos en la química, pues Newton anunciaba ya uno de los grandes acontecimientos científicos en su libro sobre óptica en el que expone la siguiente pregunta: “Las pequeñas partículas de los cuerpos ¿no son ellas Poderes, Virtudes, Fuerzas, que pueden ejercer acciones a distancia… las unas sobre las otras para producir en gran parte el Fenómeno de la Naturaleza? Las atracciones de la gravedad, del magnetismo y de la electricidad llegan a grandes distancias y son perceptibles… pero pueden haber otras que actúan a distancias tan mínimas que, por eso mismo, escapan a la observación.”

El francés Lavoisier estableció, en 1870, una lista de 50 elementos e hizo mediciones muy interesantes de las cantidades incluidas en las combinaciones químicas. En fin, John Dalton, en 1802 , demostró que, por la manera en que se combinan, los elementos deben estar hechos de muy ínfimas partículas, pero en el siglo XVIII nada se había probado todavía, sino solamente que quizás el átomo “bien pudiera existir”. Faraday explicaba, en 1833, que los átomos transportaban una especie de carga eléctrica, pero eso no era suficiente para transformar el conjunto de la idea científica, y no fue sino en la segunda mitad del siglo XIX que algo apareció verdaderamente bajo una nueva forma, gracias a Mendeléiev. Es él quien arregló los elementos según sus pesos atómicos en los cuales podía estar basado un orden progresivo. La serie continua de los elementos fue dividida en segmentos, cada uno comenzando con un elemento químico similar. Esa fue la famosa Tabla de Mendeléiev, de la cual él no conocía en aquella época sino solamente 73 elementos. Las predicciones de este sabio se confirmaron casi todas exactamente, excepto las dos series anormales que tienen solamente relaciones muy aproximadas a los elementos: las llamadas “tierras raras” (elemento 57 a 71) y los elementos transuránicos (del 93 al 96) que alteraban en parte la perfecta regularidad.

No podemos continuar detallando la totalidad del proceso y los nombres de todos aquellos que han aportado su Saber en ese dominio. Contentémonos con citar a Avogadro, Ampere, Guy-Lussac, quienes sirvieron ciertamente de trampolín a la ciencia atómica en el siglo pasado, la cual se orientó definitivamente en la ruta actual de los conocimientos gracias al francés Perrin y a los otros sabios mencionados más arriba.

En fin, los átomos se asemejan al gran universo en pequeño: su núcleo central es semejante a un Sol alrededor del cual evolucionan los electrones,

4En nuestro texto VIII de la presente serie de “Propósitos Psicológicos” hemos hablado de la energía nuclear y de sus utilizaciones pacíficas, sobre lo cual un departamento de la Unesco se ocupa activamente. (ver también el No XIV de la colección “La Unesco y su Programa”).

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semejantes a los planetas. Esa similitud entre el microcosmo y el macrocosmo no puede, pues, dejar a la magia indiferente. Recordémoslo una vez más: los magos, y aún los magistas, no son adeptos de una religión o de una creencia cualquiera, sino que son hombres de ciencia en el concepto de una ciencia completa, de un Saber total, aplicable a la física, la química, la biología, la psicología, etc.

La era de la energía nuclear ha visto a los estudiantes alejarse poco a poco de la magia a fuerza de especializaciones, ya que en efecto, cada uno se acantona en un radio limitado del Saber, siendo cada vez más difícil abordar el terreno de los Altos Estudios de la Sublime Ciencia, y esto, debido precisamente al campo demasiado extenso de conocimientos indispensables que requiere esta última. Sin embargo, es un hecho que un método de Síntesis permite a los iniciados asimilar una suma de documentación enorme en un tiempo relativamente corto. Ese fue, en todos los tiempos, el trabajo de los Colegios Iniciáticos y de las Escuelas Esotéricas. Es inútil insistir en que semejantes Instituciones se abstienen muy bien de buscar aplicaciones científicas con una meta destructiva. Precisamente al contrario, se reservan las enseñanzas, a fin de no permitir a los ambiciosos servirse de éstas para intereses creados o ventajas personales. De ahí esos secretos celosamente guardados sólo para los discípulos, aquellos que han dado pruebas de sabiduría y no utilizan su maestría, la Magia, más que con el único fin de venir en ayuda de la Humanidad. Esperemos que nuestra Edad de la radiactividad vea triunfar el Bien.

Pero ¿qué es la radiactividad? Es la facultad que tienen ciertos cuerpos que, al desintegrarse átomo por átomo, emiten un rayo independiente de la luz natural; es la emisión luminosa de la radiación radiactiva, que proviene de la vibración, de las partículas “alpha” (llamadas también “helions” o “núcleos de helium”), de partículas “Beta” y de los rayos “gamma”. Son esas partículas “alpha” positivas, producto de la desintegración espontánea, las que forman el cuerpo radiactivo. Las partículas “Beta” constituidas por electrones son masas casi nulas. Se llama “período” el tiempo que tarda un cuerpo radiactivo en perder la mitad de sus átomos. Este, en efecto, emplea un gran número de radiaciones que emite sin cesar. Así, el período del radium es de 1.590 años, ya que eclosionando a razón de 36 billones de átomos por segundo, necesita 1.590 años para perder solamente la mitad de sus átomos. El período del Torium es de 13 billones de años, del Uranium 4.560 años, el período del polonium es de 140 días, del radón 3 días y 9 horas, etc… Es la pérdida de una partícula “alpha” de un cuerpo radiactivo la que forma el paso de un cuerpo a otro: transmutación. Nos encontramos a más de doscientos radioelementos desde el fenómeno de la radiactividad artificial descubierto en Enero de 1934 por los esposos Marie y Pierre Curie.

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No es necesario insistir sobre las consecuencias que pueden tener sobre el género humano todas las experiencias atómicas… Se comprenderá fácilmente que la “liberación” excesiva de esas fuerzas radiactivas ataca a todos los reinos de la Vida sobre nuestro planeta y que es justo el momento de recurrir a la Prudencia de todos los hombres de ciencia…

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Es tentadora la idea de colocar aquí, (como ya lo hemos hecho en otra ocasión, en nuestro libro “Misticismo en el Siglo XX”), un subtítulo en cabeza de capítulo. Este sería:

TA-KHAZÉ

Es la fórmula de llamada a lo Iniciados (“Ven y Ve”) como lo fue en la versión original del Apocalipsis, en el Cap. VI, vers. 14.

En efecto, no se trata de recurrir solamente a la Prudencia de los sabios, sino incluso a la ciencia de los Sabios, a esa Prudencia que los caracteriza, y esto, para continuar esos estudios en el sentido que nos hemos propuesto, a los cuales convidamos a todos los discípulos de la verdad.

Vamos pues a retomar el análisis de la Magia práctica, pero como este no es un “tratado”, reenviamos a los alumnos poco preparados a las obras elementales donde se encuentran las fórmulas corrientes para la fabricación de los utensilios, las composiciones detalladas de los atributos, etc…, para no hacer sino rápidamente una revisión de algunos elementos. Es por ello que recordamos aún antes de todo: “Ta-Khazé”. Esta fórmula es una “llave”, un “signo de agrupación”, “una palabra de pase” en cierta forma, en todo caso ese símbolo esconde ya grandes revelaciones.

La fórmula no es más que una “Introducción”, es decir que reclama otras explicaciones que justamente no son generalmente dadas. Lejos de ser una palabra que rompe los obstáculos del esoterismo, como ciertas palabras de pase de sociedades secretas, ésta no cumple más que una función de presentación entre “aquellos que saben”… Ella presenta a un personaje para situarlo inmediatamente en el dominio iniciático. Es, en suma, una carta de visita, y colocada al inicio de un escrito advierte que lo que sigue está compuesto por un Maestro hablando a sus alumnos, y esto con “escondites”, “rejas” y en fin “llaves” que sirven a una enseñanza esotérica.

Se comprenderá pues, inmediatamente, que no se trata de una conjuración o de una palabra sagrada como, por ejemplo, un mantram. En estos dos últimos se trata de la fuerza del Verbo, una forma de la magia del sonido. Los mantram son encantamientos, plegarias, palabras salmodiadas de una cierta forma después de una larga práctica para dirigir los efectos en el sentido deseado. Se trata de una vibración excepcional más que de la misma palabra. La conjuración es también un poco eso y en ella las palabras tienen su importancia, pero aún mal pronunciadas desde el punto de vista gramatical,

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deben ser dirigidas sobre todo por una entonación especial y una voluntad acompañando a la fórmula.

La conjuración es una fórmula de Magia para un efecto bien definido a obtener. Según el modo ceremonial se conjuran los Espíritus Superiores, los Genios, los Ángeles, los Arcángeles, etc… a fin de obtener la meta buscada. La conjuración se hace según un ritual tradicional conocido por los magistas, pero el sistema operatorio difiere según el dogma, por cuanto este proviene de las distintas Tradiciones hebraicas, islámicas, hindúes, tibetanas, etc… La conjuración no es una operación corriente de la magia práctica. En efecto, es una operación especial, un sortilegio donde el poder del verbo juega todo un papel, como en el mantram oriental. Un ejemplo de conjuración para atraer el amor de una persona sobre otra es: “Per Deum Vivum, per Deum Sanctum, un “tal” yo te conjuro de parte del Todopoderoso para ir a encontrar a una “tal” y que poseas su corazón y su espíritu a fin de que ella no pueda amarme más que a mí”.

Como lo hemos dicho ya, son las religiones las que han poseído la Magia en el curso de los siglos y por esto le han dado naturalmente fórmulas, oraciones, etc… Es por tanto muy normal encontrar en el Occidente, una magia proveniente del Judeo-Cristianismo occidental que está enteramente coloreada de latín y hebreo. Sin embargo sería inexacto creer que la Magia ha nacido en esa cultura, ya que las mismas bases se encuentran en la Magia del Tíbet, en la Magia de la India o en la Magia de los Negros de África, y, en cada caso, las fórmulas y las ceremonias se adaptan a los ritos usuales propios de esos pueblos.

De igual manera, no se puede hablar de una astrología caldea, sino que son los Asirios quienes han conservado y enseguida difundido esa ciencia. Sin embargo, sería preciso hacer aquí una nota para aquellos que ignoran que los “Caldeos” eran los Sabios (Prudentes) de Asiria, la casta letrada y sabia. Los Caldeos son los eruditos asirios que fundaron las principales academias de Babilonia, Borsippe, Sippara y Orchóe. Estaban divididos en cuatro clases bajo la dirección de un Jefe Supremo. La significación exacta de Chashdain o Chaldain es “Ancianos” o “Eminentes”, o mejor aún, significa “aquellos que conocen la naturaleza de las cosas”, de ahí que se les diera igualmente el nombre de “Caldeos” a los Astrólogos, que originalmente eran los “Sabios” en general. En efecto, los verdaderos astrólogos, tal como se les comprendía antaño, son aquellos que tienen conocimiento de todos los grandes problemas, pues la Astrología es la Ciencia del Macrocosmo y del Microcosmo. Siendo antiguamente una Ciencia de Síntesis (y aún hoy para los iniciados), ella dio a continuación nacimiento a los diferentes dominios científicos: astronomía, química, física, etc… Sus estudios abarcaban las matemáticas, las filosofías, la ciencia natural; inclusive es de la Astrología que ha nacido el arte de la medicina. La Caldea no era, propiamente hablando, un país, sino una región en

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Referencias

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(29) Cfr. MUÑOZ MACHADO: Derecho público de las Comunidades Autóno- mas, cit., vol. Es necesario advertir que en la doctrina clásica este tipo de competencias suele reconducirse

95 Los derechos de la personalidad siempre han estado en la mesa de debate, por la naturaleza de éstos. A este respecto se dice que “el hecho de ser catalogados como bienes de

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