“Tormenta Tropical”
Melissa Good
Avisos estándares:
No necesito ninguno para esta historia. Todos los personajes son míos. (risa) Probablemente debería avisar del uso de mi propia compañía, pero no lo haré a menos que la tentación sea demasiado grande, y he llamado al gran jefe "Les". Uops... Lo hice, pero cualquier parecido con alguien real es coincidencia. (el verdadero es una de las personas más encantadoras que jamás he conocido, de veras) .
¿Qué es esto?: Esto es una historia Uber. (Oooo… ¡lo de Uber!) Tienes una descripción física general de las dos chicas de la historia que te recordará a la de dos viejas amigas que todos conocemos bien, pero eso es todo. El periodo temporal de este Uber es ahora mismo y el lugar es Miami, Florida.
¿Por qué Miami? Bueno, vivo aquí. No sólo vivo aquí, sino que he vivido aquí durante treinta años. Eso significa que conozco todas las tontas peculiaridades de la zona y, ya que voy a darle un intento a esto de Uber, también podría no presionarme de más investigando un área que no conozco. (¿Verdad? Verdad.)
El mundo que mis queridas Uber habitan es mi mundo personal - no es que sea el amo del calabozo ni nada tonto semejante, sino que trabajo para una compañía llamada EDS y hacemos Tecnologías de Información - sobrepasamos en IS a otras compañías y absorbemos sus propios recursos de IS y personal. En otras palabras, somos los EDS "Borg" - serás asimilado - Resistirse es inútil. (No estoy inventándome esto) Los dos personajes trabajarán y actuarán, sin embargo, en una área que yo no tocaría ni con un palo de diez pies - así que no son autobiográficos. Yo realizo asistencia técnica y de red - permanezco apartada del objetivo comercial de EDS, porque ese es un fin que no te podrás quitar de encima y no en un sitio agradable, si sabes lo que quiero decir.
Esto no es específicamente EDS, aunque he intentado mantener el sabor de nuestra jerarquía… y toda la tontería que a veces va detrás del funcionamiento de una corporación megalítica. Las descripciones de nuestros centros de computadoras, sin embargo, son ficticias, junto con cualquier nombre de personas
involucradas, y de las diversas localizaciones de oficinas, con la excepción de Plano. EDS tiene allí su cuartel general.
Fisher Island, el lugar donde vive Dar Roberts, es un lugar real. Trabajé allí. Aunque las descripciones son de hacia 1990 - se ha construido mucho desde entonces, con más condominios y esas cosas. Todos los lugares, restaurantes, calles y aceras son reales. No vi ninguna necesidad de inventarlos cuando Miami es un lugar lo bastante colorista en vida real sin tener que inventármelos. Es una especie de tributo a mi ciudad - porque sucede que realmente me gusta esto.
Dar y Kerry no son super espías, ni agentes secretas, ni renegadas de ningún tipo. No están huyendo de la ley, ni tomando el control de países del tercer mundo (aunque EDS rige unos cuantos) ni nada parecido. Podrías encontrar sus vidas aburridas… eso no puedo evitarlo... no va a haber un montón de persecuciones en coche, ni peleas con pistolas, aunque esto es Miami y somos una ciudad bastante dura, así que cualquier cosa puede pasar.
Es sólo una historia sobre dos personas que se conocen bajo circunstancias muy normales y sucede que cambian la vida la una de la otra.
Notas de traducción:
Las tres primeras partes fueron traducidas por Encarnación López Partes 11 y 12 colaboraron Zaida Serrano (11) y Verillo (12). Todo lo demás Asrials
Índice de términos:
*_* - las palabras entre asteriscos estaban en español en el texto original.
EDS - abr. de Electronic Data System (Sistema electrónico de datos).
Borg - Raza alienígena de la serie Star Trek: The Next Generation, caracterizada por absorber, a la fuerza, a otras razas.
IS - abr. de Information Services (Servicios de información). Skyline - la silueta de los rascacielos.
SBU - abr. de Single Business Unit (Unidad de negocios). CEO - abr. de Chief Executive Officer, (Director ejecutivo).
EEOC - abr. de Equal Employment Opportunity C. - regulación que prohibe la discriminación por sexo, color, raza, religión, etc.
Hacker - pirata informático.
Cracker - pirata informático destructivo.
Cajas de larga distancia - Cajas negras que duplican los tonos telefónicos y posibilita a los hackers efectuar llamadas de larga distancia sin pagarlas.
VP - abr. de Vicepresidente.
OPA - abr. de Oferta pública de adquisición, operación bursátil de absorción de una empresa por otra.
Quince años - Celebración del quincuagésimo cumpleaños que es tradicional en las familias cubanas de allí.
MIS - abr. de Management Information Systems. Carrotas - Spanglish para zanahorias.
MTC - abr. de un departamento de EDS.
Dilbert - viñetas cómicas, del estadounidense Scott Adams, en que se retrata ácidamente la vida cotidiana de las empresas.
Pingüinos desnudos - referencia a prácticas en Internet de perversiones sexuales.
ETA - abr. de Estimated Time of Arrival, tiempo estimado de ejecución. Cruella DeVil - el personaje malvado de la película de Disney 101
Dálmatas.
Happy hour - hora en la que las bebidas alcohólicas cuestan menos en los bares.
DC - abr. de District Columbia, referencia para diferenciar la capital, Washington situada en DC, del estado de Washington.
VIP - abr. de Very Important Person, categoría bajo la cual se te dispensa un tratamiento privilegiado.
Nacional - aeropuerto nacional de Washington DC.
IAD - jerga aérea para identificar al aeropuerto de Washington DC. Query - pregunta al sistema.
IRS - abr. de Internal Revenue Service - la gente de impuestos. ATM - abr. de Automatic Teller Machine - cajero automático.
AAA - abr. de Triple A, American Automobile Association - mandan asistencia y grúas.
Orgid - abr. de Organizational Identifier, identificador organizativo.
Geeks - algo así como patéticamente bueno en algo, en este caso la informática.
Primera Parte
La alarma continuó suavemente, conduciendo a la soñolienta figura tendida sobre la cama de agua hacia el despertar. Un largo brazo se extendió y palmeó el pulsador del despertador, entonces regresó a su sitio, aunque la penumbra del pre amanecer se reflejaba en claros ojos que ya estaban abiertos y mirando fijamente el blanco mate del techo.
El condominio estaba tranquilo, los minúsculos clics y siseos que señalaban la máquina del hielo en la cocina y el suave zumbido del reciclador central de aire eran los únicos sonidos que perturbaban la oscuridad, salvo la suave respiración de la ocupante de la cama. Al fin, esa respiración se extendió en un suspiro y el estático colchón se agitó mientras una alta figura salía de la cama, y pasaba del
pulido suelo de madera de teca al de mármol, salmón pálido, del cuarto de baño. La luz parpadeó, causando un gemido audible, entonces el agua corrió por el seno de mármol, salpicando ruidosamente mientras impactaba en la cálida piel.
La víctima terminó enjugando el exceso de agua con una toalla suave, entonces encaró su reflejo. "Buenos días." Ojos azul claro, en un rostro angular de altos pómulos, le devolvieron la mirada, enmarcado por moreno cabello hasta el hombro que, justamente ahora, estaba en desordenados mechones sobre una frente alta y fuerte. La voz era un cálido contralto, ligeramente ronca del sueño, y los labios que formaron la palabra se fruncieron en una sonrisa irónica cuando no obtuvo respuesta.
La luz del cuarto de baño se extendía por el suelo de madera y guió su camino mientras la alta mujer se movía a través de la alcoba y seguía a la sala de estar, pisando las suaves alfombras Berber, esparcidas sobre azulejos cerámicos de cálido tacto, y terminaba en la cocina.
Otro "flick" y la apagada iluminación se encendió, trayendo a la vida el brillante azul y blanco del cuarto, reflejándose apagadamente en los azulejos azul real y en la ondulada superficie de los blancos electrodomésticos. Sólo el frigorífico resultaba fuera de lugar - era de acero inoxidable, como convenía a sus orígenes comerciales.
En el poyo, al lado de una bruñida máquina de café y una batidora muy usada, estaba una terminal de ordenador, oscura, salvo por un parpadeante sobre en la esquina inferior derecha. "Encendido," le dijo, "Correo."
"Correo," respondió obedientemente. "Dar Roberts, seis mensajes, dos urgentes."
"Lee." Bostezó y se movió hacia la máquina de café, pulsando el botón de encendido y observando como el lento chorro de agua impactaba los fondos, preparados de la noche antes. Al fondo, la computadora pacientemente leía sus mensajes.
"Urgente. Enviado por John Dierhdohl. Hora: 4:32AM.
Eh, Dar, el trato de Associated Synergenics se cerró... pasaron la diligencia tarde anoche, así que necesitamos tener allí una escuadra pirata. Que suerte para mí, es tu terreno - hazme saber cómo va el pillaje y saqueo, ¿de acuerdo? John D."
"Mmm..." Dar se dio la vuelta y se puso contra el poyo, cruzándose de brazos. "No está mal… no está mal… Siguiente."
"Urgente. Enviado por Lou Draefus. Hora: 2:53AM.
Dar - han entrado los presupuestos preliminares - contamos con tu talento para hacerlos cuadrar. Llámame cuando entres en la oficina. Duks."
"Maldición..." La alta mujer alta suspiró. "Dukky, sabes que detesto los presupuestos... sólo dame un condenado número y lo cuadraré... no me hagas discutir toda la mañana sobre cuántos bolígrafos asignar al maldito SBU."
"¿Desea enviarla, la contestación?" inquirió la computadora, habiendo cogido su palabra clave. Dar verificó la transcripción de lo que acababa de grabarse. "Envía."
"Gracias," contestó el ordenador. "El siguiente mensaje…" siguió adelante, revisando materias más corrientes mientras ella cogía un cuenco y le echaba cereales, después abría el frigorífico y ponía el cuenco bajo el dispensador de leche, escuchando el agradable crujido mientras el líquido se infiltraba en los secos copos. Aplicó una cuchara a su desayuno y se reclinó contra el poyo mientras los mensajes terminaban. "Sólo seis... no está mal."
La computadora pitó. "Llega petición de reunión, Vídeo, Les. A"
Dar maldijo silenciosamente por lo bajo, entonces suspiró. "Adelante." Una luz apareció en la pequeña cámara ovoidal encima del monitor y una ventana de imagen se abrió en la pantalla, mostrando la querúbica y redonda cara de un hombre en la cincuentena, vestido inmaculadamente a rayas grises, con una corbata azul oscuro perfectamente anudada alrededor de su grueso cuello. Sus manos estaban dobladas sobre el escritorio de caoba delante de él y, cuando sus ojos fueron a su propia pantalla y la vieron, una sonrisa asomó en sus rasgos paternales.
"Vaya... esta es la forma en que me gusta empezar mi mañana... Dar Roberts en ropa interior." El Presidente del Consejo rió satisfecho.
Dar meramente continuó comiendo y sólo le lanzó una mirada. "Acabas de romper el EEOC, Les... algún día vamos a tener que hacer algo contigo." Era broma y ambos lo sabían. El EEOC estaba estrictamente incorporado en la compañía, a cierto nivel. Una vez que lo sobrepasas, te conviertes en 'uno de los chicos' y se espera que con ello desarrolles una gruesa piel. Dar, como
vicepresidenta corporativa, estaba más allá de ese nivel, así que tenía que aguantar todo el tiempo comentarios sobre su aspecto del escalafón superior. Afortunadamente, consideró, al menos eran cumplidos. Había oído los crueles comentarios dirigidos hacia unas pocas de las otras ejecutivas senior… sobre todo a Eleanor Evans en Finanzas, que estaba combatiendo un problema de peso entre otras cosas.
Les se rió entre dientes. "Puedes hacerme cualquier cosa que desees, corazón... en cualquier momento. Sólo llama a Julie y haz que te dé cita, ¿de acuerdo?"
La alta y morena mujer cruzó las piernas. "Cuidado, Les… tu edad, tienes que vigilar el corazón... no creo que pudieras manejarme." Este tipo de duelo verbal era algo que casi disfrutaba con el CEO... y sospechaba que él también.
El presidente sonrió abiertamente. "No te preocupes... tomaré con antelación un batido de Viagra." Entonces se aclaró la garganta. "Bueno... basta de diversión, aunque estoy disfrutando la vista y la conver… ese trato de Associated," ahora sus ojos avellana se pusieron serios y casi rapaces, "lo necesito al cincuenta por ciento, Dar."
Dar dejó de masticar durante un instante y le miró fijamente. "¿Cincuenta? ¿Quieres también continuar haciendo negocios o sólo armar bronca?" La compañía adquiría cuentas ofreciendo exceder su negocio a un menor costo. Cuando se hacían cargo, dependía de Dar y otro ejecutivos de su nivel destripar los recursos que habían adquirido y encontrar una manera de lograr ese costo, el método usual era recortar personal, que siempre era el gasto más grande en el campo de los IS. Del diez al veinte por ciento era su promedio, aunque Dar era famosa por forzar el tope y había logrado un treinta y cinco por ciento en sus últimas dos cuentas. "Si es bronca... simplemente haré volver a mis mastines y lo olvidaré."
Les agitó su cana cabeza, "Lo necesito, Dar… tenemos la junta de accionistas en dos meses y tengo que anunciar tres cuartos antes de eso... con el presupuesto como está y ese fiasco con United Telecom, o me das Associated al cincuenta por ciento o no vamos a mostrar un crecimiento de dos dígitos y sabes lo que eso significa." Le lanzó una sonrisa. "Vamos... sé que puedes hacerlo... y, cuando lo hagas, tengo una pequeña sorpresa para ti."
Dar suspiró. "Basta de sorpresa, Les, ¿eh? La última vez casi me mataste cuando me hiciste conducir aquí ese condenado coche GM."
"Tch, tch… gruñona esta mañana, ¿no?" El CEO se rió. "No... es mejor que eso… lo prometo."
"Veré lo que puedo hacer," Dar suspiró.
"Esta es mi pirata preciosa… sabes, Dar... eres tan buen ejemplo para todos los demás..." Les se retrepó y la consideró. "Menudo prototipo eres... hermosa, saludable... masticando tus granola..."
Dar le echó un vistazo a la caja azul de cereales, con el tigre rojizo esgrimiéndole una cuchara, y sonrió. "Oh sí."
"Tienes que ir a Plano uno de estos días y enseñar a mi esposa algunos de tus trucos."
"Detesto Plano, Les," comentó Dar, terminando su cuenco y poniéndolo en el fregadero de acero inoxidable, después se volvió y cogió una taza para su café.
El CEO sonrió abiertamente. "Te perdonaré el decir eso sólo por esta encantadora vista del trasero, Dar."
Dar alzó su taza y le lanzó una irónica mirada. "Encantador verte a ti también, Les."
"Cincuenta por ciento, Dar," el hombre mayor declaró, con un saludo. "Nos vemos."
La pantalla se oscureció. "Fin de reunión," suspiró y observó a la computadora cerrar la sesión. "Feliz lunes," murmuró mientras tomaba su taza y abría la puerta corredera de cristal que llevaba al balcón de la segunda planta. El viento venía del este, lanzando atrás su cabello y contra su cuerpo la camiseta. Dejó su taza sobre una mesita de piedra y fue a la barandilla de piedra, apoyándose en ella y mirando por encima del malecón de rocas a la extensión interminable del océano Atlántico.
El aire estaba lleno de sal y pesado con humedad, y lo inhaló, permitiendo que la familiaridad la sosegara mientras escuchaba el rítmico sonido del oleaje contra el arrecife de coral, que constituía la base de la isla sobre la que estaba. Al este el horizonte había ganado una línea gris, repujada de nubes por encima del mar todavía oscuro, y estaba tan silencioso que podía oír el suave resonar de los barcos amarrados en cercano puerto deportivo. Una gaviota se abatió por encima de la cabeza, sus plumas agitando el pesado aire mientras sobrevolaba el coral, buscando comida.
Dar se estiró y recogió su taza, colocando sus manos alrededor de la superficie cerámica y tomando un sorbo de la sabrosa y acerba bebida. Disfrutaba
la paz de la mañana temprana, sobre todo aquí en Fisher Island, donde el tráfico no existía y, si no volvías la cabeza a la izquierda para ver el largo skyline de Miami Beach, podías imaginar que estabas en alguna parte del Caribe, viendo el amanecer.
Su condominio era una casa en niveles, compartiendo una sección con otros cuatro residentes en la orilla oriental externa de la isla pequeña. Los muros exteriores estaban reforzados con acero y cemento, pulcramente diseñado y ajardinado para simular elegante adobe, pero cumpliendo los vigentes reglamentos contra huracanes como era obligatorio en el Condado de Dade, Florida. Fisher Island era una comunidad exclusiva, ofreciendo grandes residencias frente al océano a aquéllos que podían permitirse el lujo de pagar precios increíbles por ellas. Dar había heredado la suya, afortunadamente, habiendo visto los precios por ellas y encontrando difícil creer que alguien se gastase tres millones de dólares por lo que equivalía a un apartamento. Incluso un apartamento real, realmente encantador, con cinco dormitorios, tres baños y una magnífica cocina que raramente usaba.
"Gracias, tía May," brindó por su fallecida, pero muy amada tía, con su café. May Roberts había sido algo así como la sensación en la familia, casándose con cuatro hombres y enterrándoles a todos, todo mientras incrementaba su considerable cuenta bancaria. Había comprado el condominio como inversión y lo alquilaba ocasionalmente, pero se lo había legado a su sobrina a su muerte correctamente figurándose que era mejor que Dar viviera allí, que en 'ese horrible Grove.'.
Había costado algo acostumbrarse, después de varios años de residir en mitad de la ecléctica comunidad artista al sur, pero Dar había decidido finalmente que le gustaba la isla. Sólo era accesible por ferry, aquí podía alejarse de la ciudad y pasar tiempo en silenciosa soledad sin peleas, delitos e incluso vecinos ruidosos.
Los apartamentos de tres millones de dólares tenían gruesos muros.
Las cuotas de mantenimiento eran ultrajantes y justificadas por todas las ventajas de la isla, pero era menos que la renta que había estado pagando en el Grove y no le remuneraban mal, así que... funcionaba. Se encontró disfrutando un estilo de vida que nunca antes había considerado probar e incluso se divertía observando a los personajes de clase alta, que poblaban la isla en sus extraños rituales sociales.
El sol volvió el horizonte de rosa coral y el mar lentamente cambió de negro tinta, a gris oscuro palpitante, a profundo y rico verde ante sus ojos. La corriente
costera estaba ligeramente agitada, interrumpiendo la superficie con ondas, y tomó una inspiración de aire marino con sentido del placer. "Bueno, hora de moverse." Terminó su café, después se deslizó por las puertas de cristal, pasando de la cálida humedad al helado aire acondicionado con un minúsculo escalofrío. El suelo de azulejos resultaba frío contra sus pies desnudos y fue rápidamente al armario, tirando la camiseta y cambiándola por su ropa de ejercicio, que consistía en un par de calzones para correr y un cómodo top deportivo. Se recogió el cabello atrás y lo ató con una cinta, después se sentó para ponerse las zapatillas, tirando de los cordones y anudándolos con dedos eficaces. "No creo que a tu esposa le gustasen mis secretos, Les," comentó irónicamente para sí, "involucran sudor y a montones."
Con un suspiro, se irguió y caminó al pequeño armario justo dentro del dormitorio donde surgían las escaleras y se agachó dentro para sacar un juego de pesas de muñeca y tobillo, que se aplicó cuidadosamente. Entonces se deslizó por los escalones y abrió la puerta delantera, cerrándola con llave detrás de ella mientras salía al pequeño porche fuera del condo. Una docena de escalones conducían al suelo, proporcionando al edificio un aparcamiento bajo tierra, y lo eludió por debajo, terminando en el camino que serpenteaba hacia el agua.
La isla era de una milla de diámetro y de forma redondeada, y había hecho su hábito circundarla cuatro veces, lloviese o hiciese sol, incluso en los aguaceros subtropicales que a veces proporcionaba Miami. Con un suspiro, empezó a correr y se dirigió fuera del camino.
Paralela al Atlántico, al principio, continuando frente a condominios arracimados muy parecidos al de ella. La arquitectura era suavemente mediterránea, con techos de tejas y muros de estilo adobe, y los edificios parecían fundirse con los alrededores. El ajardinamiento, rico con arbustos tolerantes al salitre, estaba pulcramente arreglado y perfectamente podado, y podía ver donde se estaban plantando lechos de flores invernales para dar un poco de variedad a la escena.
Una vez pasados los condos, estaba moviéndose frente al club playero, con su restaurante de estilo rústico y la pequeña, si bien prístina playa de arena blanca, que lo bordeaba. Las tumbonas ya estaban colocadas, los chicos de la playa quitaban la arena de su superficie y los morenos trabajadores le lanzaron un familiar hola mientras pasaba.
Entonces subió a hacia el muelle de coral y pasó la vieja mansión, una vez poseída por los Vanderbilt, que albergaba el restaurante principal y la barra del club, su coralina piscina de agua salada brillaba a la luz del alba. Los pavos reales
vagaban por la cubierta de la piscina y se encrespaba cuando ella pasaba, emitiendo un ocasional grito sobresaltado que hendía el aire a extraños intervalos.
Más condos a continuación, entonces el triple puerto deportivo, en esta época del año atestado de barcos que se mecían suavemente sobre las olas. Algunos eran veleros, sus velas enrolladas bajo cubierta, y algunos eran grandes yates a motor, realmente barcos, que tenían múltiples cubiertas de pulida caoba.
La parte de atrás de la isla no era tan glamurosa, ya que encaraba la larga serie de malecones que constituían el Puerto de Miami, donde comercio de todo el Caribe y América del Sur anclaba enormes chalupas y naves de carga, y filas de enormes descargadores resonaban suavemente en la brisa, aún inactivos.
Eso llevaba al lado que encaraba Government Cut, el principal canal de embarque del puerto, donde los ferrys para coches tenían que cruzar para llegar al terminal de la vía McArthur. También era la entrada principal para toda nave de crucero y, mientras Dar rodeaba la esquina, se encontró corriendo con el Sovereign of the Seas, una de la más grandes ciudades flotantes, que estaba saliendo del puerto.
Todo era familiar, todo parte de su rutina. Para cuando dio su cuarta vuelta, el Sovereing estaba humeando por el canal y el sol se atisbaba por encima del horizonte, pintando el cielo en melocotones y cremas, mientras las nubes colgaban sobre el océano. Dar enlenteció mientras terminaba donde empezó y, mientras se detenía y paseaba despacio para enfriarse, un muchacho de cabello rubio pasaba rozando con un carro de golf, las palabras Beach Club blasonadas en el frontal de fibra de cristal. "Buenas, Carlos," dijo entre respiraciones.
"Buenas, Srta. Roberts." El muchacho saltó fuera, alisando pulcramente su camisa de lino blanco de manga corta y alzando una taza suavemente humeante de una bandeja en el asiento delantero. "Aquí tiene."
Dar le lanzó una media sonrisa y tomó la taza de café con leche. "¿Cómo logras cronometrarlo tan exactamente?"
El muchacho sonrió. "Yo no, señora... es usted… como un reloj, seis cuarenta y cinco, aquí está," hizo una pausa. "A menos que esté lloviendo, por supuesto, y entonces es a las seis cincuenta y cinco."
La mujer alta se rió y tomó un sorbo de la bebida. "Mm… montones de azúcar y nata… justo como me gusta." Felicitó al trabajador, que esbozó en respuesta una rápida reverencia. "Gracias." Empezó a subir los escalones, mientras él se volvía y regresaba a su carro, girando el vehículo diestramente y volviendo al camino. Carlos era estudiante de preparatoria de medicina, llegando a entrar en una
de las facultades locales esperándola a primera hora y yendo a las clases de la tarde. Era un chico amistoso, local, como lo eran la mayoría de los trabajadores de día, y a Dar le gustaba mucho. Se tomaba un esfuerzo extra en averiguar cosas de sus clientes regulares, y Dar ciertamente lo era, lo que les gustaba y se los daba, sin preguntas.
Terminó el café mientras caminaba sin ruido por el condo, quitándose la ropa y abriendo la ducha. Quince minutos después estaba secándose el cabello y poniéndose el traje de falda gris entallada y blusa negra que había escogido llevar, abrochándose los puños y dejando abierto el botón superior qué exponía la delgada cadena dorada que sostenía un diminuto osito, su única joyería salvo por los clavos de diamante puestos discretamente en sus orejas.
Código de vestuario de la compañía. Nada de colgantes.
Dar le echó a su reflejo un vistazo, pasando sus dedos por el pulcramente cortado y cardado cabello para fijarlo, y agregando el más leve toque de maquillaje. Su piel ya estaba bronceada por el sol, legado de una vida en el subtrópico y detestaba el enredo de ponerse y quitarse esa substancia, así que era un poco de brillo, una sugerencia de sombra de ojos y eso era todo.
De todas formas nadie lo notaba nunca... admitió irónicamente. Su rasgo más llamativo eran sus ojos azul claro, cuando la mayoría de la gente esperaba unos avellana o castaños acorde con su coloración. Algunos sospechaban que usaba lentes de contacto de color, otros especulaban abiertamente sobre que tuviera irlandeses o daneses en alguna parte de su ascendencia hispana.
Dar deseó que encontrasen algo más interesante sobre qué especular, pero todo valía en los cotilleos de oficina. Suspiró y recogió su cartera, colgándola de su hombro, entonces se dirigió hacia su automóvil.
Esperó hasta que hubieron cargado el Lexus LX470 en el ferry antes de llamar a la oficina, retrepándose en el asiento de cuero y esperando que su secretaria contestara.
"Oficina de Dar Robert, ¿en qué puedo ayudarle?" la voz de María, de preciso acento castellano, salió del altavoz celular montado en el salpicadero.
"Buenas, María," comentó Dar, observando las olas de Government Cut impactar sobre la baja cubierta del ferry.
"*Dios mío*, Dar... la mitad de la tierra ya está aquí buscándote... ¿pasó algo este fin de semana?"
"Pasó Associated Synergenics," explicó la alta mujer, "Los chicos tienen las pelotas revolucionadas."
"Tch… aie, ninguna sorpresa," María rebuscó algunos papeles. "Tengo aquí tres carpetas con toneladas de cosas dentro y una pila de mensajes telefónicos para ti."
"Genial," suspiró Dar. "Déjame esta tarde para Synergenics y convoca una reunión de personal del equipo de contabilidad preliminar para las diez a.m., ¿de acuerdo?" Eso arrojaría su horario por la ventana de la decimocuarta planta en la que estaba su oficina. "Esto está que arde, Les está encima."
"Ayeyiyi…" María hizo algunas rápidas anotaciones. "Tenías cita con el doctor esta tarde." Su voz tenía un toque suavemente reprendedor.
"Cancélalo," contestó Dar y consiguió el esperado silencio. "No puedo evitarlo, María… una revisión puede esperar unos días, esto no puede." De todas formas los dolores de cabeza que habían motivado la cita habían menguado durante el fin de semana y, con algo de suerte, se quedarían así durante algún tiempo. "No te preocupes... me lo tomé con tranquilidad este fin de semana... me siento genial."
"Llamaré a esa *secretarita* de tus doctores y conseguiré otra cita," contestó María obstinadamente.
"De acuerdo," cedió Dar. "Tengo que despedirme... necesito llamar a Mark." "Oy." Incluso a través del teléfono, Dar pudo sentir a su ayudante girando los globos oculares. "Dile que por mí está bien, Dar... basta de conejitos rosa en mi pantalla, ¿de acuerdo?"
La alta ejecutiva sofocó una risita "De acuerdo… hablo contigo en un rato." Desconectó y marcó otro número, mirando ociosamente como el ferry se acomodaba en su embarcadero. El teléfono sonó dos veces, entonces contestó una voz bronca. "¿Sí?"
"¿Quién d... oh... uh... sí. Cierto... lunes por la mañana… quién más estaría llamándome a las siete treinta... hola, Dar."
"Necesito Synergenics, Mark." Dar soltó su freno de aparcamiento y guió el Lexus 4x4 por la plancha metálica, mientras los trabajadores portuarios lavaban el automóvil con agua para quitar el rocío salino del océano. "Ahora."
"Au... por amor de Cristo… ¡Dar, estaba cerrado la puñetera noche pasada!" "Tengo reunión allí esta tarde y necesito la info, Mark... entra y consíguela, sin quejas," le dijo secamente al gerente de servicios de información. "Tienen un sistema de mierda... no debiera costarte más de quince minutos entrar, si tu reputación depende de ello."
Mark Polenti había sido, en sus años más jóvenes, hacker cracker. Es decir, hacía incursiones en los sistemas informáticos y rompía los códigos de seguridad tales como las cajas de larga distancia . Ahora servía como parte del equipo avanzado de Dar, que entraba y conseguía información sobre una adquisición, información que la nueva cuenta normalmente no quería que Dar tuviera. Cosas como informes de personal, reclamaciones de accidente laboral, estadísticas de seguros… cosas que necesitaba para basar sus decisiones de corte y recorte. Sólo la gente buena con bajo coste de mantenimiento sería candidata para la transición y ese tipo de información normalmente era retenido.
Por buenas razones. Pero el trabajo de Dar era incorporar la nueva cuenta en la infraestructura tan económicamente como fuera posible, de aquí el hacer la cuenta tan rentable como fuese posible. Era una fórmula simple y confiaba en su habilidad de desviar el trabajo de la nueva compañía a las agencias existentes dentro de la corporación, por tanto los recién llegados resultaban superfluos. Aunque nunca lo veían de esa manera... la veían atacando como un tiburón circundando a un pez indefenso, e intentaban esconderse en cualquier rincón o rendija en que pudieran para escapar de sus dientes.
Nunca lo lograban. Tenía la habilidad de despojar los recursos hasta el hueso y de recortar una operación con una velocidad de relámpago que le había ganado una justificada reputación de decisiones salvajes y precisas. Era lo que la había catapultado a su posición de VP
Aún no le había fallado nunca y no tenía intención de empezar con este, especialmente dado que Synergenics era local, sus oficinas estaban justo en Kendall Drive y podía llegar a ellos sin tener que enviar el equipo previamente por
aire. "Continúa, Mark... necesito los preliminares para cuando llegue a la oficina." "¿Dónde estás?" preguntó el jefe de los IS, un rápido repiqueteo transmitiéndose junto con su voz.
"McArthur, a punto de pasar Star Island."
"Tch, tch, tch... estás enlenteciéndote, Dar… estoy dentro... tengo la base de datos, ¿en que impresora la quieres?" Un definido tono petulante flotó a través de las ondas.
Dar se rió entre dientes. "Mark el Tiburón… eres todo un caso. AdminP2 estará bien."
"Ok… enviando… tío, esta seguridad es una mierda... no me sorprende que estos perdedores fueran absorbidos." El murmullo se mezclaba con pulsaciones. "¡Oh... bueno, no me sorprende… Novell 3.11… oh, tío... y gateways inseguras… Jesús, Dar.. ¡ni tan siquiera tienen un puñetero cortafuegos!"
"Patético," estuvo de acuerdo Dar, "¿Quién es responsable de este desastre?" Más teclear, "Un… bueno, aquí asumiré, porque nunca sabes, pues una señora de nombre Kerry Stuart," la informó Mark, "Hmm… hmm... hmm... hm... ah... ajá... asunción de bingo... ooo… hm… eh, Dar… es mona."
Dar giró los ojos y suspiró. "Corta, Mark…"
"Mm… mona... rubia, bonitos ojos verdes… Jesús... es sólo una puñetera cría… Veintiséis… no casada… nada por parte médica… oh espera... je... tuvo una prueba de embarazo justo después de la Navidad del año pasado... negativa…"
"Mark…"
"De acuerdo... de acuerdo… titulación en IS por la Estatal de Michigan... es de algún sitio en el quinto pino... último trabajo para Edutech como su coordinadora regional en ese terreno… oh, eh... el Senador Stuart es su padre."
"Hm… ¿sí?" inquirió Dar, mientras giraba a la avenida Brickell y se dirigía al sur hacia la alta elevación que alojaba la compañía. "Ha estado cortejando la oficina de Troy por contribuciones… recuerdo oír a Lou quejándose de eso." Metió al Lexus en el estacionamiento y por la puerta de seguridad, cabeceando al guardia
mientras abría para ella. "De acuerdo... ¿puedes darme también una carpeta de ella?"
Una risita desde el teléfono. "¿Las gaviotas te cagan el parabrisas? Seré encantador... y le agregaré una foto a color."
"No es necesario, Mark… ésa es más tu línea," avisó la ejecutiva.
"¿Quién dijo que estaba haciéndolo por ti?" se rió satisfecho el jefe de IS. "Adiós."
Dar se carcajeó suavemente mientras entraba en el sitio y apagaba el automóvil, agarrando su maletín y echando una breve mirada en el espejo retrovisor antes de salir y cerrar con llave el coche. "Otro día, otra matanza," le comentó a un gato que pasaba, que le lanzó una mirada y se fue a escape.
***
"Van a despedirnos a todos," declaró Charles, por sexta vez en cinco minutos. "Mi primo trabajaba para Allied cuando ellos se hicieron cargo, así que olvídalo… estamos fritos." Estaba sentado en el pequeño escritorio de su cubículo, con los auriculares colgando de su cuello y una taza de styrofoam en la mano.
"Eso no lo sabes," protestó Elaine, echando una mirada a su panel telefónico, que tenía varias luces parpadeando. "Quién sabe... quizá sea mejor… quizá ahora podamos conseguir bolígrafos," agitó un cubilete de su escritorio, lleno de instrumentos de escritura, "en lugar de tener que ir a los bancos a robarlos."
La gran sala era más ruidosa que de costumbre, la mayoría del personal estaba ocupado hablando sobre la fusión, a la que se referían realmente como una OPA hostil. Associated Synergenics era una compañía de unos doscientos empleados, dedicados a proporcionar soluciones de software y hardware a la industria hostelera. Tenían un núcleo de programadores e ingenieros que diseñaban sistemas para restaurantes y hoteles, para administrar sus puntos de venta, su
contabilidad y otras áreas donde se usaban computadoras para mantener registro y análisis. Por supuesto, también tenían un grupo de personal de asistencia para contestar preguntas y un pequeño departamento de técnicos de hardware, que instalaban el equipo y salían para proporcionarle asistencia.
Eran locales, en el área de los tres condado de Dade, Broward y Palm Beach, que proveía los suficientes clientes para alcanzar un lento crecimiento comercial y todos habían sido muy optimistas acerca de este año, especialmente después de haber conseguido un gran contrato con supermercados Publix, el mayor minorista de comestibles del estado de Florida.
Y ahora esto. Todos estaban furiosos. Era como si todo su duro trabajo fuera a ser tragado por esta monolítica compañía, que no se preocupaba por ellos y, ciertamente, no se preocupaba por los clientes había tenido tanto cuidado en atraer y retener. No parecía justo, de veras.
Charles sorbió el contenido de su taza, entonces se sentó con un gruñido y se puso los auriculares. "Supongo que es mejor al menos pretender trabajar… de todas maneras, ¿dónde infiernos están todos?"
Lana, una alta y delgada morena que se sentaba al otro lado de su cubo levantó la vista. "Gran reunión… el jefazo les llamó arriba a todos hace una hora... supongo que para darles las malas noticias," sus ojos se enfocaron en algo, "Uh, oh... ahí vienen..."
Todos se volvieron, mientras las puertas al frente del centro de asistencia se abrían y un grupo de gerentes entraban, iba desde el gerente de asistencia, Ray, a la programadora jefe, Susan. Todos ellos parecían muy torvos. La última era Kerry Stuart, que se apoyó contra la cerrada puerta durante un instante, antes de enderezar sus hombros e indicar con la cabeza a todos que se movieran delante de ella.
A los veintiséis años, Kerry parecía apenas lo bastante mayor para ser gerente junior. Era de estatura media y tenía una figura delgada, con piel ligeramente morena que contrastaba con su rubio cabello y los ojos verdes. Su cara tenía la estampa de la inocente juventud, que desmentían sus seis años de experiencia en dirección de IS y con frecuencia sorprendía a la gente con su profundo conocimiento del negocio y su habilidad manejando conflictos.
Ahora mismo se subió cuidadosamente a la mesa de la impresora, al fondo de la gran sala, y alzó una mano. Dado que todos allí ya estaban mirándola, consiguió el efecto pretendido y las voces se suspendieron de inmediato. "Ok,
chicos... escuchad," tenía una voz pura, pero estaba temblando un poco y todos pudieron verlo.
El silencio se hizo y ella se detuvo, mientras uno de los programadores trotaba hasta ella y le daba un pequeño micrófono. "¿Esto f… oh, supongo que sí." Kerry se aclaró la garganta, su voz repentinamente magnificada. Salieron cabezas de las oficinas que rodean la gran área central con curiosidad. "Ok… estoy segura de que ya todos sabéis que partir de anoche, fuimos oficialmente comprados." Hizo una pausa y tomó una inspiración. "Algunas de las personas que pertenecen a esa compañía van venir por aquí, empezando esta tarde, y creo que todos sabemos que vamos a ver algunos cambios."
Un sordo murmullo se alzó y Kerry levantó una mano para calmarlo. "No sé qué tipo de cambios, ni lo que van a hacer, ni lo que eso realmente significa para ninguno de nosotros, simplemente tendremos que esperar y ver. Lo que voy a pediros que hagáis es que simplemente continuéis haciendo vuestro trabajo y cuidéis de nuestros clientes. No sobreactuemos hasta que sepamos lo que realmente está pasando."
"Prepara ya tu curriculum vitae," profirió una voz en tono hastiado.
"Apuesto que encuentran alguna forma de no darnos beneficios durante seis meses," salió otro, "si se molestan en conservar a alguien."
"De acuerdo... vamos, gente… sólo esperemos a ver qué pasa," Kerry declaró de nuevo. "Eso es todo lo que tengo… si viene uno de ellos por aquí, sed encantadores, responded a lo que pregunten y simplemente mantengámoslo guay." Le dio el micrófono al programador y cautelosamente bajó de la mesa, sonriéndole a Ray, que la sostuvo por el codo para impedirle caer. "Gracias." Siguió hacia el extremo de la gran sala, atravesando el pequeño laberinto de oficinas hasta que alcanzó la suya, enterrada en la esquina de la parte de atrás. La mayoría de los gerentes la habían seguido hasta allí, obviamente queriendo tener unas palabras en privado con ella, pero levantó una mano mientras entraba en su santuario. "Dadme unos minutos, chicos, ¿ok? Id por café, revisad el correo-e o algo."
"Llama a mi cazador de talentos," resopló Susan, agitando su plateada cabeza castaña. La baja y rechoncha programadora se acercó furtivamente hasta su diminuta oficina, llena hasta el techo con copias impresas.
Kerry les observó dispersarse, antes de entrar en su propia oficina y rodear el escritorio, sentándose en su silla y poniendo la cabeza en las manos.
Que desastre. Y todo había estado yendo tan bien, además. Con un suspiro, se retrepó, dejando caer sus manos sobre los muslos enfundados en vaqueros, el tejido le recordó uno más de los cambios que tendrían que enfrentar, como Robert Mayabera le había advertido esa mañana. Códigos de vestuario.
"No creía que lo habíamos hecho tan mal," dijo con sobresalto, cuando Robert le dio las noticias. "Creía que eran tan sólo rumores."
El fundador de la compañía, un bajo y belicoso inmigrante cubano, había puesto sus inmaculadas manos sobre su escritorio. "*Chica*, no hiciste nada malo, ¿ok?" Sus ojos castaños habían estado un poco tristes. "Se redujo a dinero, eso es todo, me hicieron una oferta, como se dice en las películas, que no pude rechazar." Había alzado una mano. "Tengo seis hijos, todos llegando ahora a la edad donde tengo que celebrarles los *quince* años y automóviles y universidad y adoro la compañía, pero la compra, amiga mía, la compra me permite hacer lo correcto por mi familia."
"No... Robert... yo no…" Kerry había suspirado. "No te acuso... yo sólo… éramos como una familia para nosotros, aquí."
"*Chica*, lo sé." Robert se había levantado y rodeado su escritorio, tirando de sus pantalones para sentarse sobre el brazo de la silla de Kerry y poner una mano sobre su hombro. "Les digo cuan genial eres, a cada oportunidad. Hiciste un trabajo fantástico con todo, realmente lo revolviste aquí el pasado año, todo eso… dales la oportunidad de verlo."
"No me preocupo por mí," la joven directora había declarado tranquilamente. "Robert... esta gente trabaja muy duro... no creo que a esos tipos vaya a importarles eso... creo que simplemente van a entrar aquí y hacernos pedazos."
"Eh… vamos ya... esperemos a que el barco se hunda antes de empezar a pensar en ahogarse, ¿ok?" Le dio golpecitos en la mejilla. "Déjame ver esa cosa de Michigan... ¿qué es, un tejón?"
Kerry sonrió un poco ante eso. "Un carcayú."
"¿Qué tipo de un animal es ese para una facultad? Es ridículo." Estaba intentando alegrarla con la vieja discusión.
"Mejor que un caimán," contestó respetuosamente, el alma mater de él había sido la Universidad de Florida, en Gainesville. Entonces suspiró y se puso en pie. "Ok... mejor voy a decírselo al personal... aunque estoy segura de que ya lo han oído."
Y lo habían oído, pensó Kerry mientras jugaba con una taza en su escritorio, echando un vistazo a su pequeña oficina. No era mucho, unos cuantos archivo, una planta en cada esquina de las que cuidaba obsesivamente, una foto de Michigan en invierno sobre una pared y su revuelto escritorio, con su apartada computadora.
Aunque era suyo, ganado con obstinada determinación y sus propias habilidades, no comprado por su padre, o dado a cambio de algún favor. Estaba orgullosa de eso y orgullosa de estar al cargo de este diverso grupo de gente, incluso si eran a veces enfurecedores y los programadores nunca cumplían las fechas tope y tenía que seguir regañando a los supervisores para que mantuvieran bajos sus tiempos de respuesta.
Se había sentido como si estuviera logrando algo, especialmente cuando habían ganado el nuevo contrato y los representantes de Publix le habían dicho a Robert que era principalmente porque se sintieron muy cómodos tratando con ella.
Uou. Eso le había hecho sentir genial… había salido esa noche con unos amigos y lo había celebrado, por primera vez en meses, en Dave and Busters y había terminado ganando bastantes tickets para hacerse con un enorme oso panda de peluche.
Ahora era sólo otra de los cientos de miles de empleados de la nueva compañía. Nada especial. De hecho, probablemente se rieran de sus credenciales o encontraran algo en su actuación que no les gustara y la apartaran de su puesto. Y entonces, ¿qué? Papá sólo la estaba dejando quedarse aquí porque podía mostrarle su ascendente carrera, apuntando sus crecientes responsabilidades.
Un fallo en eso y la llamaría a casa.
Inspiró y se frotó los ojos. "Vamos ya... piensa positivo," se recordó. El teléfono sonó y pulsó el botón del altavoz. "Aquí Kerry."
"Ker, soy Alex." Era Alejandro Cruz, su jefe de MIS. "Tengo a una *puta* al teléfono exigiendo que le dé acceso."
es de ellos, simplemente dale acceso... probablemente puede conseguirlo de todas formas... no queremos empezar a ser obstruccionistas."
"*Jefa*, ok, les doy transferencia del servidor de correo y marchando un dial de buzón de correo y preparo una cuenta de administración para ellos... ¿qué más?" "Eso debiera mantenerles ocupados un rato," Kerry suspiró, "intentaré establecer algunas reglas básicas con quienquiera que llegue aquí después del almuerzo... quizá serán razonables."
"*Mierda*," resopló Alex.
"No me digas tampoco lo que es eso, ¿ok?" exhaló la directora. "Pero en Michigan diríamos... 'esto apesta'."
Pasó las siguientes horas poniendo las cosas en orden, estudiando las últimas estadísticas que su sistema informativo había generado y limpiando su bandeja de entrada. Tenía la cabeza inclinada sobre la última revisión de actuación cuando un leve golpe vino de la puerta. Levantó la vista para ver a Ray Ramírez allí de pie, sosteniendo una refresco en la mano. "Oh... hola."
"¿Almuerzo?" El alto y desgarbado supervisor técnico levantó una oscura e inquisitiva ceja. "He oído que tienen *pico de gallo* en el *café*."
Kerry puso una cara. "Eu." Soltó su tarea y se estiró, trabajando un nudo de su espalda. "Dos años y pensarías que ya me habría acostumbrado a esa cosa… pero cada vez que lo como, voy derecha a dormir bajo mi escritorio." Agitó un bolígrafo. "Además, no tengo realmente hambre."
"Vamos, vamos… no les permitas derrotarte, Kerrisita… venga, te traeré *flan*, sé que te gusta," engatusó Ray, agitando las cejas invitadoramente.
Sonrió, pero negó con la cabeza. "No, gracias... quizá mañana, ¿ok?" Abrió su cajón y sacó una bolsa de zanahorias en miniatura. "Además, lo traje."
"Te crecerán orejas gachas uno día de estos," rió el hombre moreno, "Tú y tu pequeñas carrotas." Suspiró. "¿Estás segura?"
Asintió. "Sí... vete, sal de aquí por un rato... probablemente te necesitaré cuando se presenten esos tipos."
prometió, entonces se fue de la puerta.
Kerry miró pensativamente la puerta, entonces suspiró y dejó el bolígrafo, volviendo de nuevo los ojos hacia su evaluación y apoyando la cabeza en una mano. ¿De todas formas de qué servía? Las evaluaciones no valdrían nada para los recién llegados.
Un suave golpe la interrumpió de nuevo. "Mira, Ray... te dije..." Alzó la vista, ligeramente irritada, entonces se detuvo.
Había una desconocida en su umbral. Una mujer alta y de piel dorada, con cabello de medianoche, la miraba, el delgado cuerpo colocado contra el umbral en una postura de confiada arrogancia. Kerry pestañeó y miró de nuevo, y fue capturada por los ojos más azules, más claros que jamás había visto, que taladraban justo a través de ella con una ráfaga de fría intensidad y un extraño, casi obsesionante vislumbre de algo familiar. "Um… lo siento... pensé que era otra persona." Logró decir débilmente poniéndose en pie.
La mujer se quitó del umbral y entró, soltando una gruesa cartera de cuero en la silla de las visitas y tendiendo una mano. "Dar Roberts." La voz era grave, agradable y parecía retumbar en sus orejas y, cuando se movió para tomar la mano de la mujer, la alcanzó un suave olor de perfume almizclado mezclado con el cuero.
"Kerry Stuart." Tomó la mano de la mujer más alta y la estrechó, sintiendo la fuerza en ella mientras la mujer devolvía el apretón. "¿Es usted... um…" hizo una pausa, "quiero decir, ¿es del nuevo cuartel general, ¿verdad? Lo siento... debo parecerle algo tonta... no estaba esperando a nadie hasta después del almuerzo."
Dar la estudió silenciosamente durante un instante. "Sí... lo soy... supongo que mi almuerzo no coincide en nada con el suyo," contestó fríamente, "Lo siento." "Oh... cierto," contestó Kerry torpemente. "Bueno... está bien, porque yo... yo ya terminé el almuerzo… pero mi personal todavía está fuera. ¿Qué.. quiero decir, puedo darle café o algo?"
"No, gracias... tengo cosas planeadas," contestó rápidamente la alta mujer, "Simplemente empecemos… no tomará mucho tiempo." Se movió al escritorio. "Siéntese." Dar observó a la joven volver alrededor de su escritorio y sentarse, poniendo los antebrazos en la superficie y mirándola con una mezcla de trepidación y curiosidad.
Había brevemente estudiado la foto que Mark tan amablemente le había proporcionado, pero la estática impresión personal no daba indicación de la gentil presencia que la mujer proyectaba, o de la clara firmeza de sus ojos, cuyo color increíblemente igualaba el océano que Dar veía por su ventana cada soleada mañana. También había algo familiar en ella, que Dar no podía precisar realmente. Aunque no había tiempo para eso. Se sentó en la silla de las visitas. "Sabe por qué estoy aquí, ¿verdad?
Los dedos de Kerry retorcieron un trozo de cinta de embalaje. "Sé que se están haciendo cargo... realmente no nos han dicho mucho sobre lo que va a pasar, no."
Dar maldijo silenciosamente, tomando nota mental de enviar un correo haciéndole un nuevo agujero en el culo a quienquiera que estuviera en el equipo de cuenta de este grupo. "Estaban sup... bueno," alzó una mano, "no voy jugar o andar con rodeos. El resumen es que lo que compramos fue su negocio."
La rubia inspiró. "Ok… pero qué significa eso… informamos a gente distinta... o quiere que las cosas se hagan diferente... tengo informes..."
Una mano le impuso silencio. "Significa que estamos interesados en los servicios que están proporcionando. No en cómo los proporcionan o en quién los presta," contestó firmemente. "No hay nada que hagan aquí que no podamos hacer mejor y más barato, eso es todo el asunto."
Kerry la miró fijamente. "¿Qué está diciendo?" preguntó suavemente. "Está diciendo que no nos necesitan, ¿es eso?"
Fríos ojos azules encontraron el suyos. "Sí."
"No puede simplemente entrar aquí y despedir a todos... hemos estado haciendo esto durante años... no puede reemplazarnos simplemente así," protestó la directora.
"Sí, puedo," contestó Dar, "es lo que hacemos." Gesticuló hacia la puerta. "Tengo un grupo de programación en Huntingdon, un grupo de asistencia justo al oeste del aeropuerto que puede recoger sus llamadas y una división de instaladores de hardware que ya trabaja para mí." Se puso de pie y rodeó el respaldo de su silla, apoyándose contra ella. "Su gente es ineficaz, se toman dos días por enfermedad cada tres semanas, la mitad de ellos llega tarde todos los días, sus programadores no han cumplido una fecha tope en dos años y ha recibido dieciocho reclamaciones
de accidente laboral en los últimos cuatro meses."
Silencio. Kerry sólo miraba la superficie de su escritorio y se concentraba en respirar. Su pecho dolía por el súbito, inesperado ataque, cuando se dio cuenta de que no tenía respuesta para los cargos. Sabía que eran verdad, pero era una buena plantilla... era buena gente... sólo un poco perezosa a veces, como todos. Sus ojos viajaron al perfil de halcón que la observaba y sintió una silenciosa desesperación. No todos. No más. "Supongo que John tenía razón," dijo finalmente, con silenciosa derrota.
Dar la miró, ligeramente desconcertada. La reacción usual a su discurso eran furiosas e indignadas protestas… no… "¿Razón sobre qué?"
Esos ojos como el mar se alzaron. "Están aquí sólo para violarnos."
La mujer más alta respingó interiormente, no esperando eso. "Esa no es forma apropiada de referirse a ello."
Kerry se encogió de hombros. "¿Qué va hacer, despedirme?" Inspiró. "¿Hay algo más que pueda hacer por usted, Srta. Roberts? Parece tener toda la información que necesita." Estudió el clip en sus manos. "Y tengo mucho papeleo con el que necesito empezar, supongo." Lo intentó, pero no pudo evitar un toque de ronquera en su voz y se negó a alzar la mirada y dar a la mujer mayor la satisfacción de ver cuanto la había trastornado.
Dar sintió una súbita punzada de vergüenza. Podía ver la angustiada tensión en los delgados hombros enfrente de ella y bajó la cabeza por un momento.
"Realmente no son tan horribles," dijo Kerry suavemente. "A nuestros clientes les gustamos… hacemos un buen trabajo... yo no… veo por qué necesitamos ser tirados como basura." Aún mantuvo su mirada en sus manos.
"Mire," Dar se encontró atípicamente sin palabras, "son negocios… no hay nada personal, ¿comprende?" La cabeza rubia se movió en un asentimiento, entonces levantó la vista, su rostro hermético y los cautos ojos verdes oscurecidos con silenciosa furia. "Tiene una semana… necesito una lista de su gente senior, para que así podamos arreglar sesiones con ellos para empezar a revisar exactamente lo que hacen, cuando y cómo lo hacen."
Kerry deglutió. "Está diciendo que quiere que entrenemos a la gente que va a quitarnos nuestros trabajos."
Dar la miró tranquilamente. "Sí."
La furia se disolvió en algo más y la mujer rubia apretó la mandíbula. "De acuerdo," soltó, sus dedos contrayéndose sobre el bolígrafo que había estado sobre su escritorio. "Veré qué puedo arreglar." Arreglar sacar a cada condenado de ellos de aquí antes de que puedan decirle nada a nadie, eso es.
"Quiere decirme que me vaya al infierno," comentó la mujer morena. "¿No?"
Kerry se lamió el labio inferior. "No, señora, no quiero. No fui educada de esa manera."
Dar se sentó de nuevo en la silla y se inclinó hacia adelante, ladeando la cabeza para mirar fijamente el inclinado rostro de Kerry. "Seguro que quiere," discrepó, "yo lo hice... cuando fuimos absorbidos en el '84."
Los ojos verdes se levantaron lentamente para encontrar los suyos. "Estas son personas, a las cuales está a punto de arrebatarles su sustento. No es divertido." "Y cualquiera de ellos le diría adiós alegremente, si el tipo de más abajo de la calle le ofreciera un pavo más la hora," contestó Dar. "Esto son negocios, Srta. Stuart... no es caridad."
La barbilla de Kerry se alzó. "Su gente no podrá hacer la mitad del trabajo que hace la mía," declaró rotundamente. "Así que cuando pierda todas estas cuentas, allí estaré riéndome."
Dar se retrepó, estudiándola. No había tenido este tipo de desafío en un mucho, mucho tiempo... la mayoría de sus cuentas eran recién licenciados en MIS, que se escabullían e intentaban apelar a su buen corazón, justo hasta darse cuenta de que no lo tenía. Una de sus tareas adicionales, además de despojar compañías, era encontrar nuevos talentos para la corporación. A veces, reflexionó, encontraba potencial en los lugares más raros. "De acuerdo… demuéstrelo," ronroneó, observando la sobresaltada mirada suavizándose en el joven rostro al otro lado del escritorio. "Puedo hacer esto por la mitad del presupuesto por el que actualmente están haciéndolo. Proponga un plan para hacerlo por eso, en una semana... y lo miraré."
Dar se encogió de hombros. "Su elección… ve, podemos minimizar los costes porque usamos un inferior máximo por cuenta... si tenemos a alguien que necesita asistencia, por ejemplo, simplemente les agregamos a la carga actual en el MTC y no tenemos que pagar renta, conexión telefónica, consolas... escritorios... toda esa mierda, de nuevo." Sonrió. "Usted no puede hacerlo." ¿Picaría el
anzuelo?
"No... pero eso significa…" Kerry se detuvo y exhaló. Tendría que marcharse gente. Era el mayor factor de coste, lo sabia. Mirando el hermético y helado rostro frente a ella, supo que esta condenada iceberg también lo sabía. Pero quizá podría salvar a algunos... merecía la pena el intento. "De acuerdo... sabrá de mí," le dijo fríamente.
Bueno, me odia. Dar suspiró. Una entre muchos. "De acuerdo… puede
enviarlo por correo-e -- para ahora debiera estar añadida a nuestra oficina de correo." Alzó su teléfono celular y marcó un simple código, sosteniéndolo junto a su oreja hasta que oyó una voz ruda al otro extremo. "Mark... ¿has acabado?"
Una corta risa corta pasó a través del teléfono. "Cerrado, inventariado, barriles, monos, secadores de pelo y la lista del último almuerzo de su contable." Le advirtió. "Correo dispuesto, servidores cerrados... ¿algo más que hoy pueda hacer por ti?"
"Gracias." Dar plegó el teléfono. "Tiene correo... dígale a su gente que no les hagan ningún cambio administrativo a sus servidores y puede esperar un equipo aquí mañana para empezar a revisar los procedimientos."
Kerry dobló las manos sobre su escritorio. "¿Cómo sabía todo eso sobre nuestras estadísticas de personal?"
Los ojos azul claro la alancearon. "Irrumpimos en la base de datos del servidor esta mañana y lo sacamos," Dar sonrió. "Su seguridad apesta... podía querer empezar su revisión por ahí." Sintió una sensación de silencioso triunfo, que se desvaneció cuando Kerry contestó su mirada con una de pétrea aversión.
"Nada personal."
"No," la rubia declaró tranquilamente. "Eso puedo verlo." Se puso de pie. "¿Le gustaría echar un vistazo?"
La última cosa que Dar necesitaba era el paseo de cortesía. Se recordó que tenía seis o siete conferencias telefónicas de las que cuidarse en la oficina, así que se quedó muy sorprendida cuando oyó a su voz contestando "Claro."
Kerry simplemente asintió y rodeó el escritorio, pasando una mano a través de su claro cabello y quitándoselo del rostro. Llevaba un par de pantalones vaqueros bastante cómodos y una camisa de encaje blanca, que mostraba un bronceado natural, que se pegó a su cuerpo mientras inspiraba profundamente. "De acuerdo... sígame."
***
Había sido, Dar meditó después, una tarde muy hostil. Tenía la sensación de que la voz se había propagado rápidamente, ya que solo habían llegado a la sala de programadores antes de empezar a recibir esas miradas como dagas de sus ocupantes. Medio esperaba que su coche estuviese rayado para cuando terminaron, pero al parecer nadie había deducido cuál era, nada sorprendente, dado que una camioneta deportiva LX470 apenas era lo que esperarían que condujese una VP de Operaciones.
La programadora jefe tenía posibilidades, concedió, si puedes sacarla de su concha lo suficiente para hablar de técnicas con ella, lo cual Dar hizo. Los gerentes de asistencia y de IS eran inútiles, y escuchar las conversaciones mientras pasaba, aparentemente abstraída, le había permitido coger al menos a dos individuos contándoles a los clientes completas mentiras y otros dos que estaban usando la oportunidad para hacer planes sociales. Stuart había oído ese último, Dar se dio cuenta, cuando había visto la mirada de desaliento en el rostro sorprendentemente expresivo de la mujer.
Kerry Stuart. Dar se retrepó contra el cuero y se permitió el lujo de unos minutos de tranquila reflexión. La chica no era tonta y tenía agallas... pero condenación, era inocente. No estaba realmente preparada para esto, pero con todo, había manejado la conmoción bastante bien, después de todo.
familiaridad… ¿compraban en el mismo sitio o algo así? No... Kerry vivía en Kendall, justo pasado Turnpike, en uno de los laberintos de apiñados arriendos suburbanos, frecuentado por oficinistas, del área. ¿Quizá bajaba mucho a la playa? No es que Dar pasara mucho tiempo en South Beach, pero bajaba allí de vez en cuando y se recorría el paseo.
Oh bueno. Se rindió, sabiendo que eventualmente le vendría. Su reloj zumbó
suavemente y le echó un vistazo, sorprendida de que ver que tarde era. Tamborileó sus dedos sobre el volante, entonces pulsó la consola del teléfono celular incorporado. Un momento después fue contestada por la cantarina voz de María. "Hola, María."
"Dar... ¿dónde estás?" Su secretaria bajó la voz.
"En mi automóvil, de regreso de Associated... ¿por qué?" contestó la ejecutiva con un toque de confusión. "Sabías donde estaba."
"Quédate lejos... quédate muy, muy lejos, *Dios mío*... un hombre empotró un camión en la sala de computadoras de abajo y destrozó todos los mandos del aire acondicionado," contestó María con un gemido. "Esto debe ser como un horno, Dar… mi cabeza se está asando."
La ejecutiva hizo una mueca. "Oh... chico," lo sopesó. "¿Al menos cerraron los servidores?" preguntó, entonces se palmeó en la cabeza. "Qué estoy pensando... María, sal de ahí antes que te desmayes."
"Aie... tengo mi pequeño ventilador, pero es como si me estuviera cociendo... tostándome," le dijo la secretaria, "Muchas gracias... empaquetaré mis cosas y estoy en camino."
"¿Algún ETA para restaurarlo?" preguntó Dar con un suspiro, mientras bajaba hacia la estatal 836, qué la llevaría a través de la ciudad hasta la oficina.
"No, no... están discutiendo... a quién culpar, eso es lo primero," María parecía disgustada, algo raro en la española.
"De acuerdo… llama lo primero mañana, María… no quiero que vengas si está todavía fuera de servicio, sólo empeorará," Dar decidió, mientras se frotaba las sienes. "Sal de ahí."
cálidamente. "Todos pueden besarme las... ¿cómo se llaman? Gachas."
Eso consiguió una sonrisa de la morena ejecutiva. "Gracias, María… es agradable oír eso tras salir de Associated... ahora mismo no les caigo demasiado bien." Su mente conjuró la mirada de despedida que había recibido de Kerry, que había estado tan llena de aversión como todas las que había tenido el infortunio de recibir en una temporada. Normalmente, no podría preocuparle menos, pero esa… "Como sea, buenas noches, María."
"Buenas noches, Dar... conduce con cuidado, por favor," le recordó la secretaria, "Hay locos por ahí fuera."
Dar sonrió calladamente. Era agradable, a veces, tener a alguien preocupado por ti, incluso si lo hacia como parte de su trabajo. "Lo tendré." Desconectó y se asentó para tratar con el tráfico, poniendo bajo un CD de New Age y frotándose el cuello para intentar aliviar el importuno dolor que se había desarrollado durante la conducción.
Kerry regresó a su oficina, después de ver partir a su desagradable invitada, y cerró la puerta. Permaneció silenciosamente en mitad del suelo un instante, entonces echó una mirada alrededor. Alfombra azul pálido, paredes gris claro, escritorio de conglomerado... no era gran cosa, pero…
"Trabajé tan duro por esto," susurró, sentándose en la silla de las visitas. "Condenación... esto no es justo." Dejó hundirse la cabeza en las manos, colocando los codos en los brazos de la silla.
El sonido suave de la puerta abriéndose detrás de ella. "¿Ker?" "Sí," contestó, no molestándose en moverse.
Un brazo se deslizó alrededor de sus hombros y alzó la vista, para ver la preocupada cara de Ray. "*Jefa*, no permitas que te deje así… échala fuera, la gran perra." Le dijo, frotando su cuello. "Menuda intimidante... creo que está emparentada con DeAlgo, de esa película de cachorros."
Una minúscula risa escapó de Kerry. "Ray... John tenía razón... quieren librarse de todos." Le miró. "Está dándome una oportunidad de proponer un plan... si puedo reducir el presupuesto a la mitad, lo considerará y quizá algunos consigan mantener sus trabajos, pero…"
Ray se puso las manos en las caderas. "¿Está dándote la oportunidad de hacer eso?" repitió, su voz sorprendida. "Eso es... nuevo por lo que sé... ¿cómo lograste que lo hiciera?"
Kerry hizo una pausa y lo pensó. "¿Lo es?" Su frente se frunció. "No lo sé... yo sólo… supongo que no fui muy agradable con ella y te creerías que eso la pondría furiosa, pero no... creo que le gustó." Le torció el gesto.
Él resopló. "Oh sí... parece de ese tipo," comentó sarcásticamente. "Veo el cuero y el látigo restallando alrededor, puedes apostar."
La directora suspiró. "No sé si puedo proponer algo que se acerque, pero voy a intentarlo, Ray… intentar salvar a tanta gente como pueda." Le lanzó una firme sonrisa. "Pero creo que mejor llamas a Mona de Recursos Alternativos... dile que podríamos tener algunas perspectivas para su consorcio."
"*Mañana*." Ray le dio golpecitos en el hombro. "Venga... vamos a bajar a Fat Tuesday y pasar la happy hour... ven con nosotros."
Un golpe. "¿Srta. Stuart?"
Levantaron la mirada. "Entra, Anita." Kerry observó a la baja y delgada contable apresurarse, sus brazos llenos de carpetas fuelle con copias impresas. "¿Son esos los papeles?"
"El presupuesto, sí, y la nómina, cuentas pagables y cobrables," contestó la mujer, poniéndolos en su escritorio. "¿Necesita algo más ahora mismo?" Se subió sus gafas con montura de cuerno y resopló. "Tengo que recargar la impresora si lo quiere..."
"No... gracias... esto me mantendrá ocupada un rato." Kerry le sonrió fatigadamente. "Vete, Ray... déjame empezar con estos papeles."
El hombre alto le guiñó. "No puedes hacer esto toda la noche... ¿por qué no simplemente empiezas descansada por la mañana?"
"Vete, sal de aquí," repitió Kerry, levantándose y yendo a su escritorio, donde empezó a separar varios informes. Iba a ser una larga, larga noche, podía verlo. "Espera… Ray, ¿puedes darme una caja de cartón?" No tenía ningún sentido sentarse aquí y hacer la revisión inicial. Su sofá sería mucho más cómodo.
El ferry estaba muy tranquilo mientras Dar se sentaba allí en solitario esplendor, su automóvil pulcramente colocado en el centro de la cubierta mientras el vehículo se mecía sobre las olas hacia la isla. El viento le estaba soplando en la cara, así que el sonido de los motores resultaba apagado, y descansó su martilleante cabeza contra la puerta mientras las negras aguas se deslizaban bajo la quilla.
Tenía calor, estaba exhausta y más que un poco harta, habido pasado las anteriores diez horas en un alto edificio sin aire acondicionado, haciendo lo que podía para conseguir arreglar las cosas. Lo cual era considerable, concedió, y, cuando finalmente intimidó a un contratista para obtener un panel del reemplazo e instalarlo a medianoche, la poca gente que quedaba en el edificio la había vitoreado y aplaudido.
Los tres, dos limpiadores y un guarda de seguridad, con sus uniformes pegados y empapados de sudor. Exactamente como estaba ella. Había enviado al resto del personal a casa y se quedó allí, manteniendo abiertas las puertas de emergencia de la decimocuarta planta para conseguir un atisbo de brisa húmeda en el lugar. Llamadas a los gerentes del edificio, a su propia sección de medios, a infraestructura porque los cierres de seguridad del panel habían saltado… sin resultados, así que finalmente llamó a los contratistas del edificio y tuvo al dueño al teléfono a las 10 p.m.
Gracias a Dios, sólo tenían un contrato de cinco años y estaba a punto de renovación. Ésa había sido suficiente amenaza para conseguir que moviera el culo y asumiera una parte, con cinco refunfuñantes técnicos. Su intensa mirada detrás de ellos había hecho el resto y, para la 1 a.m., una sorda vibración atravesó el edificio cuando las enormes unidades del tejado zumbaban a la vida.
Ahora eran las 2 a.m. y finalmente se iba a casa. El negocio seguiría como de costumbre mañana, sin interrupciones, y eso era lo importante, dado que no podían encender el gran servidor en cascada a menos que el aire funcionase. Había dejado una nota en su escritorio para encontrar una unidad de aire de reserva para la sala de computadoras, para la próxima vez. Suspiró y cerró los ojos, permitiendo que el aire acondicionado del Lexus le diese a plena potencia. Otro problema resuelto y estaba bastante segura de que nadie se lo agradecería mañana.
Salvo quizá las señoras de la limpieza, que habían aparecido tímidamente a la puerta de su oficina cuando le estaba gritando al contratista, llevando una jarra de frío té helado casero y una taza de plástico.