AGUJEROS NEGROS DE LA MENTE
Claves de salud psíquica
Prólogo de Luis López-Yarto
Diseño de colección: Luis Alonso
José Luis Trechera Herreros, 2005
EDITORIAL DESCLÉE DE BROUWER, S.A., 2005 Henao, 6 - 48009 BILBAO
Impreso en España - Printed in Spain ISBN: 84-330-2032-3
Depósito Legal: BI-2849/05 Impresión: RGM, S.A. - Bilbao
w w w. e d e s c l e e . c o m
i n f o @ e d e s c l e e . c o m
Ilustraciones: Mª. Guadalupe Medinilla Montenegro
©
©
©
ción, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de propiedad intelectual. La infracción de los derechos mencionados puede ser consti-tutiva de delito contra la propiedad intelectual (arts. 270 y sgts. del Código Penal). El Centro Español de Derechos Reprográficos (www.cedro.org) vela por el respeto de los citados derechos.
Índice
Prólogo: Luis López-Yarto... 11
Introducción... 13
PRIMERA PARTE: ¿QUIÉN ESTÁ CUERDO?... 17
1. ¿Estoy mal? ¿Cuándo acudir al psicólogo?... 19
2. El eslabón perdido: ¿El homo sapiens actual?... 31
3. ¿Por qué somos como somos? El arte de amargarse la vida... 39
4. Atrapados en la historia: El peso del pasado... 59
SEGUNDA PARTE: LA RELACIÓN TERAPÉUTICA: ¿CÓMO AYUDAR SIN HACER NI HACERME DAÑO?... 69
5. Falsas relaciones de ayuda... 71
6. El “darse cuenta”... 81
7. Aprender del fracaso... 89
8. Los chantajes afectivos... 99
9. “Es imposible no comunicar”... 107
10. La inteligencia emocional: ¿Moda o necesidad?... 117
TERCERA PARTE: EL CONTEXTO FAMILIAR... 129
11. Mitos familiares... 131
12. Amor de padres... 141
CUARTA PARTE: PSICOPATOLOGÍAS COTIDIANAS... 161
14. Autoestima versus narcisismo: La tentación de mirarse el ombligo... 163
15. Ansiedad y estrés: El agobio que bloquea e inutiliza... 173
16. El miedo a la libertad... 185
17. Fundamentalismo: La negación del otro... 193
18. Mi hijo no se droga, sólo bebe... 203
19. La ludopatía: Cuando jugar no es un juego... 215
Prólogo
Hace años algunas librerías neoyorkinas añadieron una estantería a las con-vencionales. Junto a la que exhibía el título Psychology, colocaban una rotulada
Pop Psychology. Los libreros sabían que habían dado con un señuelo para más
de uno. Los lectores, por su parte, comenzaron a dividirse en detractores y defensores de los que ahora llamamos libros de autoayuda.
José Luis Trechera abandona sus agujeros negros en manos del lector, como el que confía un arma en manos de un soldado torpe, porque cree que con ella puede manejarse en algunas situaciones de la vida. Pero él sabe muy bien que es un arma pequeña y frágil, si se compara con la tarea para la que está desti-nada. Y sonríe con indulgencia. Estamos ante un libro de ayuda psicológica, pero no ante un libro de psicología pop. Porque la psicología pop puede ser gra-ciosa, pero no es capaz de la sutileza del sentido del humor.
La actitud humorista sabe del valor y la profundidad de las cosas. Podría-mos decir que sabe de la seriedad y el respeto con el que hay que contemplar el mundo exterior nuestro que nos cobija y el mundo interior nuestro que cobija-mos. Pero la actitud humorista conoce bien las dimensiones abarcables del mundo exterior, y lo diminuto de nuestro pequeño corazón, arrastrado, como una gota más, en la procesión de humanos que es la vida. Y por eso la actitud humorista se embarca en la vida y en sus problemas con hondura, porque sabe que merecen la pena, pero sonríe a la vez, porque conoce que nada es absoluto y nada merece la pena del todo.
“Los agujeros negros de la mente” comienzan con una metáfora ya en el títu-lo. Una metáfora que es como un juego en el que la psicología se pone al lado de la astrofísica, una de las más solemnes ciencias actuales, para reírse un poco junto a ella de sus mutuas agudezas y sus mutuas impotencias. ¿Queréis saber algo de lo que quiere decir el enfermar, y el sanar? No va a ser fácil, pero tam-poco imposible. Habrá que convocar a los sabios antiguos, a los magos del
pen-samiento y de la literatura, a los filósofos y a los fabulistas. No podremos olvi-dar a los cuentacuentos. Pero tampoco a los grandes orientadores de la Psicolo-gía actual. Todos tienen algo que decirnos, y nos lo van a decir.
Kurt Lewin, en una cita que bien puede ser de las más repetidas de los últi-mos tiempos, dijo para la posteridad que lo más práctico en psicología era una buena teoría. Que nadie se engañe con las innumerables –y seductoras– citas de este libro. Estas citas son como los refranes de Sancho en el Quijote, que ocul-tan casi siempre el rostro de Cervantes. Y Cervantes sonríe al ver cómo, a tra-vés de la sabiduría comprimida de los refranes, ha ingerido el lector las dosis enormes de humanismo que él quería transmitirle. Que nadie se engañe con las citas, digo, porque no son ellas (con toda su densa sabiduría) las que mantienen la sustancia teórica del conjunto. “Los agujeros negros de la mente” se mantie-nen sobre una base de teoría psicológica muy coherente. Administra, como sin advertirlo, exposiciones amablemente claras y sucintas del cognitivismo, del psicoanálisis, de la psicología de la gestalt, de la psicología humanística. El autor juega a hablar de lo que sabe muy bien, proporcionando una muy prácti-ca teoría, como le hubiera gustado a Lewin. Así hace fácil lo difícil.
¡Qué osadía, colocar el intento de Mehrabian por someter a las leyes de la psicometría un concepto complejo y rebelde, como es el de la empatía, junto a la parábola del padre, el hijo y su burro! Nada hay más práctico en psicología que una teoría, es verdad. Y, añade el autor sin decirlo: si se sabe formular con un serio sentido del humor.
Claro que, al final de cada capítulo, el lector va a encontrar innumerables ins-trumentos, en forma de cuestionarios, historietas, hojas de registro personal, como una invitación a la reflexión y al autodiagnóstico. Frecuentemente, tras estos instrumentos figura una frase como ésta: “¿Qué reacción le provoca esta historia?” (y en este momento se supone que el lector hace una pausa reflexiva). Al final de estas líneas tengo el deseo de formular una pregunta semejante: ¿Le provoca curiosidad este prólogo? No haga pausa. Comience ya la lectura.
Introducción
“Caer en un agujero negro se ha convertido en uno de los horrores comunes de la cien-cia ficción, pero estos fenómenos ya pueden ser considerados realidades científicas”.
Desde la infancia nos ha llamado la atención la grandeza e inmensidad del Universo. Vivir la experiencia de contemplar las estrellas en una noche despe-jada, aparte de ser un espectáculo estético inigualable, es una magnífica cura de humildad. Sin embargo, es sorprendente la escasez de datos de los que realmente disponemos sobre el Cosmos. Así, siempre nos ha intrigado la idea de los “agujeros negros”. ¿En qué consistían? ¿Por qué se denominaban “negros”? ¿Se podría quedar alguien atrapado y entrar en una situación de “no retorno”?
La misma sensación la hemos experimentado cuando nos relacionamos con las personas a través del asesoramiento psicológico. Intentar comprender al ser humano es una tarea apasionante. Tras una serie de años en contacto directo con “el alma que sufre”, no nos dejamos de sorprender con las miserias y gran-dezas de las personas y permanentemente se intuyen y vislumbran zonas o “agujeros negros” a los que resulta difícil acceder. Igualmente, nos interpela la pobreza de conocimientos para explicar esos procesos cognitivos. No en vano, durante siglos todo lo relacionado con la salud mental ha estado rodeado de un cierto misterio o halo enigmático. No es raro que incluso hoy en día sea campo abonado para todo tipo de supersticiones y “pócimas mágicas” de supuestos videntes o gurús que se presentan como salvadores para solucionar cualquier problema que tenga que ver con lo que popularmente se describe como “estar mal de los nervios”.
Ambas experiencias explican el por qué del título del libro. Salvando las dis-tancias, podríamos establecer algunas comparaciones entre los “agujeros negros” del universo y la mente humana. Según los científicos un “agujero negro” es una región del espacio-tiempo de la cual ni siquiera la luz puede escapar debido a la enorme intensidad de su gravedad. ¿Qué podríamos resal-tar respecto a ambos “agujeros negros”?
• Presentan una impresionante capacidad para retener toda la materia
conte-nida en su interior. Muchos conflictos psicológicos cobran tal fuerza e
intensidad que consumen todas las energías de la persona que los sufre.
• No son fáciles de observar desde el exterior. Son “tan negros” que no pueden
captarse a simple vista o con un telescopio, y sólo se pueden “sentir” los efec-tos gravitacionales producidos por su enorme masa. No hay áreas orgánicas
o físicas en la que podamos ubicar los trastornes mentales, pero si somos conscientes de sus consecuencias. Quizás no dispongamos actualmente de la tecnología adecuada.
• A su vez, absorben cualquier objeto con masa que caiga en su campo
gravita-cional. Las personas con problemas psicológicos están tan
ensimisma-das que hacen que todo gire a su alrededor y pueden “succionar” como “vampiros emocionales” a todos aquellos con los que se relacionan. • Presentan una gran dificultad para poder emitir la luz. Los sujetos que
piden ayuda psicológica tienen graves problemas para expresarse y salir fuera de sí.
• En el interior de un agujero negro el espacio y el tiempo desaparecen. El reloj
se detiene y las leyes de la naturaleza no rigen. Hay individuos que viven
“atrapados en historias personales”. Así, algo que ha ocurrido hace muchos años puede seguir actuando en el presente.
A lo largo de estas páginas pretendemos exponer de manera breve y sencilla las reflexiones y prácticas que hemos ido elaborando a través de nuestras expe-riencias con distintos colectivos. Muchas de estas ideas se han ido “fraguando” tanto en la relación terapéutica como en charlas, cursos o seminarios y espe-cialmente en las colaboraciones de la Revista Diálogo Familia-Colegio. Con la experiencia acumulada queremos ofrecer un material que sea útil y le sirva a todos aquellos que pretendan arriesgarse en la apasionante aventura del cono-cimiento y mejora personal.
Frente a un contexto social que a veces presenta un horizonte que tiende a crear “zonas de no retorno” similar a la de los “agujeros negros”, la obra quie-re animar a afrontar la vida con esperanza. De ahí que se planteen pistas e ins-trumentos –cuestionarios, escalas o ejercicios–, que posibiliten alternativas y ayuden a “aclarar” e “iluminar” las zonas oscuras. No hay tarea más ardua pero más gratificante que responsabilizarse de la existencia y convertirse en el pro-tagonista principal de la propia vida.
Somos conscientes de que vivimos en “tierras de penumbra” y que estamos en tiempos de cierta desazón y de búsqueda de seguridades fáciles y cómodas. Sin embargo, nunca como hoy la vida hay que ir a buscarla. Cada día nos abre a múltiples experiencias que pueden ser posibilidades enriquecedoras de encuentro personal y de maduración. Cada mañana hay que comenzar a cami-nar de nuevo, aprender a respirar y asumir el riesgo de vivir en sociedad. Concluimos haciendo nuestra una frase atribuida a Lutero: “Incluso aunque
Primera Parte
¿QUIÉN ESTÁ CUERDO?
“Ahora queremos unos cuantos locos. ¡Miren adónde nos han llevado los cuerdos!”.
¿Estoy mal?
¿Cuándo acudir al psicólogo?
1
“La mayoría de los hombres llevan sus vidas en callada desesperación”. (H.D. Thoreau)
“El 90% de lo que sabemos sobre el cerebro humano lo hemos aprendido en la últi-ma década”.
Para bien –sobre todo de los profesionales de la salud mental– o para mal, la Psicología está de moda. Hoy más que nunca determinados términos propios del entorno psicológico han pasado a ser de uso general: “Antonio tiene una cri-sis de ansiedad”, “Isabel está atravesando una depresión”, “Los Pérez van a un psicólogo para ver si salvan su relación de pareja”, “Pedro acude a un grupo de terapia”…
¿Qué nos pasa? ¿Nos sentimos débiles y por tanto más necesitados de ayu-das externas? o quizás, ¿gracias a un mayor nivel cultural, hemos descubierto nuevos procedimientos para madurar y afrontar mejor las situaciones adversas de la vida? No es raro que dentro de un contexto cultural de profundas tradi-ciones religiosas, algunos, en tono irónico, describan la situación como si la dis-minución del uso del confesionario haya sido proporcional al aumento de las consultas psicológicas.
El tema no es superfluo o para tomarlo a broma. Somos uno de los países con mayor nivel de consumo de psicofármacos. ¿Estamos tan mal psicológicamen-te? Si es así, ¿cuándo deberíamos acudir a un profesional de la salud mental?
1. ¿QUÉ HAY QUE ENTENDER POR ALTERACIÓN PSICOLÓGICA?
“Una definición de la “locura” sería querer repetir el mismo comportamiento una y otra vez y esperar resultados distintos”.
Es imposible hablar de algo “anormal” si no se realiza la comparación con un referente que se considera adecuado y que se plantea como norma. En la práctica, se suelen utilizar diversos criterios para establecer la normalidad en una conducta:
1. La norma estadística. Según este postulado se entiende que algo es anor-mal cuando se desvía de la media general de la población. Ahora bien, la apli-cación de tal criterio no es tan sencilla. Por ejemplo, un pigmeo con una altura de 1,80 cm sería desproporcionado respecto a la media de la tribu. Sin embar-go, ¿se podría enfocar como una “alteración” y por tanto, habría que establecer algún tipo de tratamiento que lo condujera a la “normalidad”? No olvidemos que muchas personas “excéntricas” han sido posteriormente consideradas como genios o transformadores sociales. Por ejemplo, Gandhi, San Francisco de
Asís o V. Van Gogh. R. W. Emerson decía que “si un hombre no marcha al ritmo de
la tropa es que quizás esté escuchando a otro tamborilero”.
2. Desviación respecto al funcionamiento ideal. Este enfoque tiene en cuen-ta la consideración de la normalidad en el hecho de responder o cumplir ple-namente la función propia de un determinado sujeto u órgano. Es decir, alguien se consideraría como normal si funcionara adecuadamente en relación con un ideal.
En la práctica esta distinción plantea serios interrogantes. Así, una persona con un cociente intelectual (C.I.) de 200 habría desarrollado al máximo su capa-cidad intelectual, sin embargo sería un “anormal” respecto al común de los mortales. Al mismo tiempo, desde este planteamiento se podría cuestionar si la salud existe como tal o más bien es un ideal al que aspiramos. Por ejemplo, el 90% de la población tiene caries y no es deseable mantener esa situación. De ahí que A. Huxley afirmara que “la investigación de las enfermedades ha avanzado tanto
que cada vez es más difícil encontrar a alguien que esté completamente sano”.
3. Criterio sociológico. Sería adecuado lo establecido conforme a un deter-minado entorno cultural. Sin embargo, ¿una cultura tiene derecho a erigirse en canon de la normalidad? Tenemos como ejemplo determinadas tradiciones cul-turales que se cuestionan en la actualidad: esclavitud de niños o la marginación de la mujer. ¿Hasta qué punto hay que respetar ciertas prácticas que van contra la propia dignidad humana?
Así se explica que surgiera en nuestro contexto un movimiento contracultu-ral, la Antipsiquiatría, que ha cuestionado el concepto de salud mental como pro-pio de una cultura que en sí misma está enferma. ¿El trastorno mental no sería la liberación de una sociedad neurótica y alienada? R. Laing llega a afirmar que los esquizofrénicos son como “la luz que empezó a romper a través de las grietas de
nuestras mentes demasiado cerradas”.
A su vez, la mera “adaptación” a la sociedad en que se viva no es un signo de normalidad. Por ejemplo, en una sociedad esclavista el “superadaptado” puede ser alguien “más enfermo” que el que se rebela y protesta ante esa situa-ción. No está muy lejos en el tiempo el ejemplo de Nelson Mandela y sus años de presidio.
4. Incapacidad para situarse ante la realidad. La persona con cierta pato-logía psicológica distorsiona la realidad. Es verdad que en algunos momentos todos podemos tener una confusión, sin embargo aquí se resalta el hecho de que la dificultad para captar lo externo pueda ser causa de problemas para el sujeto.
La diferencia entre distintos trastornos psicológicos, como la neurosis de la psicosis, va a radicar en esta variable. El neurótico mantiene una relación deformada con la realidad, pero es consciente de tal situación. Por ejemplo, alguien que tiene miedo a volar en avión o a subirse a un ascensor, lo recono-ce, aunque se siente incapaz para solucionarlo. Sin embargo, el psicótico rompe con su entorno y vive “su propia realidad”. Así, puede oír voces o ver figuras que no existen realmente, pero que sí tienen sentido en su “mundo” particular.
5. Experimenta un malestar subjetivo.La persona se siente mal y a disgusto consigo misma y con su contexto. El sujeto realiza comportamientos o tiene pensamientos que producen consecuencias psicológicas desagradables, que le paralizan y bloquean, y por ello, son indeseables.
Este criterio sería válido para los que así lo expresaran, pero existen situa-ciones en que alguien realiza comportamientos extraños y se siente muy feliz y a gusto. Como ejemplo, recordemos el personaje de Hannibal en la película El
silencio de los corderos.
6. Pérdida de control y desadaptación. El individuo puede presentar com-portamientos que anulen su autonomía y pongan en peligro su vida o la de los demás. Por ejemplo, un drogadicto o una joven anoréxica experimentan tal des-control que realizan actos que van contra su propia existencia.
Si algo queda claro, es la dificultad para distinguir lo que sería un compor-tamiento anormal. En esta línea, diversas investigaciones han cuestionado incluso el diagnóstico de distintos especialistas sobre unos mismos sujetos. Así, se ha demostrado cómo un actor que se hace pasar por enfermo mental es eva-luado de manera diferente según el especialista que lo describa.
2. ¿QUÉ ES LA SALUD MENTAL?
“La salud mental se caracteriza por la actitud para amar y crear, por una exis-tencia sin vínculos incestuosos, por un sentido profundo de la identidad basado en una experiencia personal de sí mismo en tanto que sujeto y agente de sus pro-pios potenciales, por la captación de la realidad interna y externa a sí mismo; es decir, por el desarrollo de la objetividad y de la razón”.
(E. Fromm)
Cada profesional de la Psicología insistirá en distintos rasgos para resaltar el concepto de salud mental. Desde nuestra experiencia clínica a modo de decá-logo, destacaríamos los siguientes:
Decálogo para una buena salud mental
1. Capacidad para quererse a sí mismo, a los otros y al entorno que le rodea.A veces por un falso concepto de humildad, llegamos a ser el “peor enemigo de uno mismo”. Si no nos aceptamos y queremos, difícilmente podremos aceptar y querer a los demás, ya que iremos buscando en los otros lo que echamos en falta en nosotros y podríamos caer en situaciones de dependencia, sumisión, manipulación o utilización mutua. No lejos de esta idea está el precepto evangélico que afirma: Ama a tu prójimo como a ti mismo.
2. Aceptar sin destruirse las distintas frustraciones de la vida.Sólo se madura cuando se van integrando las adversidades de la existencia. Elegir supone “renunciar” a algo. Una persona madura no lo ve como una limitación sino como un valor o expe-riencia positiva. Soy libre para no hacer aquello que creo que no me ayuda a crecer. 3. Adaptación o flexibilidad ante las diversas circunstancias o contextos.Alguien
inse-guro se percibe bloqueado o “formateado” y cualquier situación extraña le perturba y provoca malestar. La persona madura se abre a nuevas experiencias y aquello que aparentemente es una amenaza lo convierte en una oportunidad.
4. Eficiencia.El ser humano debe tener un funcionamiento eficaz, bien físico, social o intelectual. Es fundamental experimentar que lo que se realiza tiene cierta utilidad o se hace con algún sentido.
5. Creatividad.Aún dentro de la rutina el sujeto tiene la sensación de que realiza sus actividades de manera original o con su sello personal. Se caracteriza por la capaci-dad de asombro y de gozar con las experiencias cotidianas. La persona creativa des-pliega espontaneidad, curiosidad e iniciativa.
6. Armonía interior.Se ha de procurar la ausencia de conflicto y lograr una integración de todas las habilidades. Siempre podemos mejorar, pero estar a gusto consigo mismo es el punto de partida para avanzar, ya que de lo contrario se “escapará” de la realidad y se buscarán “soluciones mágicas”.
7. Sentido positivo de la vida. Capacidad para disfrutar con cada tarea, dimensión lúdica, sentido del humor o ironía no agresiva. La persona madura es capaz de reír-se de sí misma. Es la actitud contraria al reír-sentimiento de culpa. La culpa bloquea e inutiliza al sujeto y “pide” un castigo para resarcir la situación. De ahí que alguien atrapado por la culpa se niegue a disfrutar o aceptar un mínimo de felicidad en su existencia.
8. Comunicación y relación social. Debe potenciar una interacción positiva con los demás. Ha de tener capacidad para establecer relaciones profundamente amorosas e íntimas con unas pocas personas.
9. Sentido de trascendencia.Abierto a algún tipo de vivencia de lo inabarcable, bien explícitamente religiosa o no. Por ejemplo, el sentido de la fraternidad, la identifica-ción con el género humano, la solidaridad, la justicia, la naturaleza, etc.
10. Capacidad de autonomía.El ser humano no es una “marioneta, un mero reflejo de sus circunstancias, sino que puede controlar su entorno. Tiene iniciativa propia y actúa con independencia frente a los demás o ante las condiciones sociales.
3. ¿CUÁNDO ACUDIR AL PSICÓLOGO?
“La salud mental es la adaptación de los seres humanos al mundo y al otro con el máximo de eficacia y de felicidad. No solamente el rendimiento, o nada más que una cierta satisfacción, o la virtud de someterse de buen grado a las reglas del juego, sino todo esto a la vez. Es la aptitud de mantener un humor igual, una inteligencia alerta, un comportamiento que consigue cierta consideración social, una disposición de carácter favorable”.
(K. Menninger)
Todos somos fincas manifiestamente mejorables, siempre podemos profundizar, mejorar y descubrir algo nuevo. Muchos, con tiempo y dinero, no paran de intentarlo. Así, conocemos casos que parecen estar abonados al Colegio de Psicólogos ya que pasan periódicamente por diversos terapeutas, buscando la “pócima mágica” para resolver su existencia. Otras muchas personas puede que lo necesiten y no se lo plantean. De ahí que surja la pregunta, ¿cuándo sería conveniente acudir a un profesional de la Psicología?
Teniendo presente lo descrito en las páginas anteriores y dejando a un lado los casos de pérdida de control de la realidad y en los que hay que actuar más directamente desde fuera, resaltaríamos como criterio básico para plantearse una atención psicológica la experiencia de malestar subjetivo. Tenemos que ser
partidarios de la felicidad, sin embargo, cuando nos inunda la impotencia, la
des-gana, el desánimo, la desidia, o su contrapeso, un hiperactivismo desmesurado, y todo ello va acompañado de desaciertos o fallos en nuestras relaciones socia-les, puede ser una llamada de atención para plantearnos una confrontación psi-cológica.
Otra pregunta clave es ¿a qué profesional acudir? He aquí algunas falacias que nos pueden aportar algo de luz:
Falacias sobre la relación terapéutica
• “La terapia tiene que englobar un número determinado de sesiones o un tiempo largo”.La primera entrevista debe servir para crear un marco terapéutico adecua-do a cada individuo. Cada situación personal es distinta y no es el sujeto el que se tiene que adaptar al enfoque teórico del terapeuta sino éste a cada paciente. A veces, unos pocos encuentros pueden ser suficientes. Sería cuestionable el criterio de establecer las mismas fórmulas para todos o caer en los análisis interminables. Por ejemplo, ¿acudiríamos a un sastre que confeccionara el mismo traje a todos sus clientes?
• “No puedo tomar ninguna decisión sin confrontarla antes con mi terapeuta”.Un buen profesional es aquel que intenta crear cuanto antes un contexto de autonomía y no fomenta la dependencia. El objetivo es que el sujeto vuele con sus propias alas lo antes posible. De ahí que haya que tener cuidado con todo tipo de muletas (fár-macos, seguimientos terapéuticos, grupos “sectarios”, etc.) que mantienen la situa-ción de dependencia. A su vez, el sufrimiento psicológico puede tender a crear un estado de “protección o victimización” del sujeto que lo padece. Freud hablaba del beneficio secundario de la enfermedad. Romper ese círculo vicioso es uno de los pasos previos e imprescindible para que se empiecen a afrontar los problemas.
• “Gracias a tal profesional, me he ‘curado’”.No debemos olvidar que el centro de la terapia es la persona que pide asesoramiento. Las sesiones no deben ser la pro-yección del narcisismo o engreimiento del terapeuta. El psicólogo no es un gurú o guía espiritual que tiene la verdad absoluta y “salva” a los que a él acuden, sino el que ayuda para que los sujetos confronten y puedan ser conscientes de su realidad. Así como el que posibilita el desarrollo de habilidades para que los pacientes pue-dan por ellos mismos situarse de manera distinta.
• “Es necesario escarbar en mi pasado para conocer mejor mi presente”.No todo el mundo necesita remover el pasado. El objetivo no es hurgar en las heridas sino cons-truir. Las sesiones no deben servir para satisfacer los “deseos detectivescos” del terapeuta. Lo fundamental es ofrecer pistas para interpelar o cuestionar al sujeto y desarrollar recursos para afrontar determinadas situaciones o contextos.
• “Si no pagas tal cantidad, no lo valoras”.Todo profesional tiene derecho a vivir dignamente, pero no es razonable cargar sobre lo económico el peso del efecto tera-péutico. Es curioso que algunos terapeutas insistan en la necesidad de respetar un precio mínimo en las sesiones y no se cuestionan plantear un tope máximo. Parte de la mala imagen pública sobre el quehacer psicoterapéutico viene de la expe-riencia vivida por algunos que tras largos tratamientos psicológicos, el único bene-ficio lo recibía el psicólogo en su cuenta corriente.
Tenemos derecho a ser protagonistas de nuestras propias vidas. Es verdad que nos encontramos con un libro en el que las primeras páginas han sido escri-tas por otros, pero he ahí nuestra responsabilidad para continuar y elaborar el guión que queramos. A lo largo de ese camino podemos tener situaciones en las que amigos o profesionales de la salud nos puedan asesorar. Sin embargo, la construcción del relato ha de tener nuestro sello personal y por mucho riesgo que plantee, es una responsabilidad que nos pertenece y no debemos descargar en los demás.
ANEXOS
“Hay personas que tienen tanto miedo a la muerte que son incapaces de empezar a vivir”. (H. Van-Dyke)
1. Cuestionario sobre salud mental (CSM)1
Responda a las siguientes preguntas según haya sido su situación personal en las últimas semanas. Recuerde que no hay una respuesta mejor que otra, sino que lo importante es describir su estado de bienestar actual. Conteste según el siguiente criterio:
1: Nunca 2: Casi nunca 3: Casi siempre 4: Siempre
1. ¿Se siente constantemente agobiado/a y en tensión? 1 2 3 4 2. ¿Padece cierto malestar físico –dolor de cabeza, náuseas, dolores en el
pecho, problemas gastrointestinales...– y no encuentra causas biológicas? 1 2 3 4 3. ¿Experimenta la sensación de que no tiene sentido su vida? 1 2 3 4 4. ¿Se percibe incapaz para tomar decisiones? 1 2 3 4 5. ¿Presenta fuertes oscilaciones y cambios de humor? A veces sin ánimo,
fatigado/a y otras veces lleno de energía y superactivo/a 1 2 3 4 6. ¿Las preocupaciones le hacen conciliar mal el sueño? 1 2 3 4 7. ¿Tiene el pensamiento de que vale poco como persona? 1 2 3 4 8. ¿Se siente incapaz de disfrutar de las actividades cotidianas? 1 2 3 4 9. ¿Tiene la sensación de que está “anestesiado/a” o insensible ante la
realidad externa? 1 2 3 4
10. ¿Se experimenta de alguna manera infeliz o deprimido/a? 1 2 3 4
11. ¿Suele perder la confianza en sí mismo/a? 1 2 3 4
12. ¿Tiene la sensación de que no puede superar sus dificultades? 1 2 3 4 13. ¿Se siente como “ausente” o incapaz de involucrarse en actividades? 1 2 3 4 14. ¿Le inunda una sensación de intranquilidad sin causa aparente y que
le bloquea en sus actuaciones? 1 2 3 4
15. ¿Experimenta cambios súbitos en su vida? ¿Se percibe irritable,
agitado/a, agresivo/a? 1 2 3 4
16. ¿Se siente incapaz para hacer frente a sus problemas? 1 2 3 4 17. ¿Se observa ensimismado/a y encerrado/a en sí mismo/a? 1 2 3 4 18. ¿Le es difícil concentrarse en las actividades que realiza? 1 2 3 4 19. ¿Se le han pasado por la cabeza ciertas ideas de hacerse daño
o autodestructivas? 1 2 3 4
20. ¿Se siente cansado/a y apático/a? ¿Le resulta “pesado” el vivir? 1 2 3 4
Evaluación
El objetivo de la prueba es ser consciente de la orientación o tendencia que se puede presentar respecto a la salud mental.
Sume las puntuaciones elegidas y compárelas con el siguiente baremo:
Puntuación Nivel de desajuste mental
60-80 ¡Peligro! ¡Cuidado! Tiene que intentar cambiar la situación. Plantéese algún tipo de ayuda psicológica 40-60 Preste atención si la tendencia es a puntuar alto 20-40 Nivel bajo. Manténgase así y potencie hábitos de salud
mental sanos
2. Auditoría interna: “Las patas de la mesa”
“Un hombre no puede hacerlo bien en un área de la vida, si está ocupado hacién-dolo mal en otra. La vida es un todo indivisible”.
(M. Gandhi)
Objetivo
Comparamos a la persona madura con una mesa equilibrada de seis patas. Para que se mantenga estable es necesario que los soportes sean robustos y propor-cionados. Si están desajustados es más fácil que no sostengan bien el peso que se coloque encima.
¿Cuáles son las “patas” o áreas fundamentales de nuestra existencia? Describimos las siguientes:
• Profesional. ¿Cómo se experimenta la dimensión profesional? Se refiere a todo lo relacionado con la realización personal en una actividad. No necesariamente tiene que ser el trabajo, puede incluir también el estudio o la atención del hogar. Lo fun-damental es que se viva con sentido la tarea que se lleve a cabo.
• Familia. ¿Cómo se sitúa ante la familia? Engloba las experiencias y relaciones con la familia de origen y con la estructura familiar que se va construyendo.
• Afectividad. ¿Cómo se expresa e implica afectivamente? Abarca la expresión de emociones y sentimientos, así como la dimensión sexual de la persona.
• Social. ¿Cómo se relaciona con el entorno? ¿Participa en grupos? ¿Es sensible a la realidad externa?
• Ocio. ¿Cómo se organiza el tiempo libre? ¿Qué tipo de aficiones o inquietudes apa-recen?
Procedimiento
Tienes a tu disposición 100 unidades, ¿cómo las distribuirías según el peso o la importancia que le das a las distintas áreas en tu estilo de vida?
Si pudieras escribir una “carta a los Reyes Magos” ¿Cómo te gustaría “redis-tribuir” esas áreas?
Teniendo en cuenta los resultados de la columna de Diferencias, ¿qué tendría que mejorar?
AREAS ¿Cómo es en la ¿Cómo me gustaría Diferencias
actualidad? que fuera?
Profesional Familia Afectividad Social Ocio Proyecto TOTAL 100 100
¿Estoy mal?
29
MAIOR
(¿Qué valores quiero potenciar en mi vida?)
El eslabón perdido:
¿El homo sapiens actual?
2
“Paréceme que todos los tiempos vuelven y que nosotros los hombres siempre somos los mismos”.
Nos encontramos en un fenomenal atasco una plácida mañana de sábado. No sabe-mos que habrá pasado ya que no es día de mucho tráfico. Con el objetivo de pasar el tiempo, observamos los coches que nos rodean. A nuestra derecha tenemos un gran todoterreno con la familia a bordo. Detrás un utilitario con una pareja ya mayor. A nuestra izquierda, un joven en un deportivo despampanante. Unos escu-chan música, otros hablan, el resto observa el entorno o duerme. De pronto, ocurre un hecho que altera la tranquilidad imperante. Un grupo de motoristas, se va intro-duciendo entre los coches, forman un gran escándalo, se saltan los semáforos, etc. ¿Cómo reaccionan los ocupantes de los automóviles? Algunos los insultan, otros realizan gestos obscenos, el conductor de más edad se baja del coche dando gritos e intenta golpearlos.¿Son las mismas personas? ¿Por qué actúan así?
La realidad cotidiana no deja de plantearnos situaciones parecidas a la des-crita más arriba: los aficionados de un determinado club golpean y casi linchan a los simpatizantes del equipo contrario; unos jóvenes se ceban a palos con otros por que les “han mirado” mal o alguien recibe una puñalada ya que no le ha dado fuego a quien se lo ha pedido.
Quizás nos ayude a comprender la historia inicial y situaciones parecidas, la explicación que sobre la historia del Cosmos realizó el astrónomo Heinrich Siedentopf. Dicho autor reduce toda la evolución del universo a un solo año cronológico, a un llamado “año modelo”. En este esquema, un segundo equi-valdría a 160 años en tiempo real, una hora a 600.00 años y una semana a 100 millones de años. Es decir, lo que habría durado en total 5.000 millones de años –según estimaba el autor–, toda la evolución del universo desde su origen como una niebla difusa hasta su estado actual, constituiría ahora el año modelo:
• En el primer minuto, el universo surgiría como una bolsa de gases.
• Durante el mes de Enero esa bolsa se descompondría en millones de distintas gotas gaseosas. Una de esas estrellas sería el Sol.
• A finales del segundo o tercer mes se formarían los planetas, entre ellos la Tierra. • En Abril se constituirían la corteza terrestre y los océanos.
• Entre Junio y Agosto ya se verían formas muy sencillas de materia viva.
• En Noviembre aparecerían más seres vivos, de algunos se encuentran en la actua-lidad ciertos restos fósiles. A finales de Noviembre la vegetación se expandiría sobre la Tierra.
• A principios de Diciembre, el mundo animal emergería desde las profundidades del océano.
• Durante las Navidades, el 25 y 26 de diciembre, se extinguirían los grandes saurios que habrían reinado durante una semana sobre la Tierra. Las aves y los mamíferos se desarrollarían en un solo día.
• El 31 de diciembre alrededor de las 23 horas, comenzarían a poblar la Tierra los pri-meros homínidos, por ejemplo el “hombre de Pekín”. El “hombre de Neandertal” viviría diez minutos antes de la media noche, y la actual raza humana, el “homo sapiens”, aparecería durante la última glaciación, 5 minutos antes de fin de año. • La historia de la humanidad, lo que llamamos Historia Universal, ocuparía
sola-mente los últimos treinta segundos del año modelo.
¿Qué nos puede aportar este modelo explicativo? En realidad, no estamos tan lejos de nuestros orígenes. Pongamos un ejemplo: hace 10.000 años, un minuto del modelo, o sea, 250 generaciones si calculamos una diferencia de 40 años entre cada generación, los hombres comenzaron a constituir la llamada civilización, nuestro mundo artificial.
No debemos olvidar que ese “eslabón perdido” está dentro de nosotros. Nuestra naturaleza primitiva no sólo recuerda todo lo vivido desde el naci-miento, sino también la época prehistórica cuando el hombre, armado única-mente con palos y piedras, tenía que sobrevivir en la selva dominada por ani-males salvajes. El inconsciente es mucho más viejo que la conciencia racional y se comporta en el siglo XXI tal y como lo hacía naturalmente en la selva hace 10.000 años.
1. CARACTERÍSTICAS DE ESE “HOMBRE PRIMITIVO” O “ESLABÓN PERDIDO”
“El hombre no es ángel ni bestia y, desgraciadamente quien quiere hacer de ángel hace de bestia”.
(B. Pascal)
1.1. El “eslabón perdido” es vanidoso y ambiciona “rango”
“Replicó la serpiente a la mujer: ‘De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como
dioses, conocedores del bien y el mal”.
(Gen 3, 4-5)
La gran tentación humana se basa en el ansia por superar la limitación de “la finitud”. En definitiva se anhela el ser como dioses, es el deseo de omnipotencia, de ser único, imprescindible y dominador. Somos vanidosos, queremos resaltar y destacar sobre los demás. Cada sujeto se siente henchido en sí mismo, dentro de su burbuja de cristal se percibe especial y de ahí que busque la admiración y reconocimiento de su entorno.
Se suele afirmar que sólo sobre el papel hay iguales. Cada sujeto se siente dife-rente. Incluso entre personas de igual categoría profesional o académica, ni una sola de ellas se considera similar a las demás. A algunos se les mira desde abajo y a otros los observamos desde arriba.
¿Por qué determinadas personas que se consideran jerárquicamente supe-riores se ponen nerviosas cuando un colaborador se permite hacerles esperar? ¿Por qué se pelean científicos cultos y educados sobre quién ha publicado el pri-mer artículo o cuál es el nombre que tiene que ir encabezando la firma de un trabajo? ¿Por qué somos capaces de realizar un adelantamiento peligroso con el fin de situarnos al frente? ¿Por qué aceleramos bruscamente para salir antes que nadie en la rampa de un semáforo? ¿Por qué intentamos no hacer cola ante cualquier ventanilla? ¿Por qué nos agrada tener tal modelo de coche, pertene-cer a determinados clubs sociales o vivir en privilegiadas zonas de la ciudad?
Alguien que tenga que coordinar equipos de trabajo y no sea sensible a esta variable o incluso crea que son “nimiedades”, no es raro que se sorprenda de lo susceptible, insatisfechos y “difíciles de llevar” que son sus colaboradores. De ahí que sea fundamental, adaptarse a cada uno y reconocerle su valía y dimen-sión particular. Ya decía Aristóteles que la justicia era “darle a los iguales lo igual
y a los desiguales lo desigual”.
1.2. El “eslabón perdido” es agresivo
“Homo lupus homini”. (Hobbes)
Aparte de la ambición de rango, también el instinto agresivo desencadena una gran actividad en el ser humano. La agresividad no tiene en sí que ser algo negativo. Si somos capaces de utilizar esa carga emocional con un talante posi-tivo, se reorientará la actividad del individuo hacia fuera y se impulsará la com-petencia, no provocando la destrucción del otro sino la superación propia, y la consecución de logros personales.
Por eso, el coordinador de un grupo hará bien dando “aliento” a ese instin-to, orientando la agresividad natural de sus colaboradores. El que sepa hacerlo, dirigirá un equipo “dinámico”, es decir, activo hacia fuera. En él, el individuo sirve con toda su energía a la organización, y ésta ayudará también al individuo al darle la oportunidad de “descargar” su agresividad. Un grupo organizado de tal manera funciona como un equipo deportivo triunfante.
1.3. El “eslabón perdido” se siente inseguro y tiene miedo
“En un crudo día invernal, los puercoespines de una manada se apretaron unos contra otros para prestarse mutuo calor. Pero, al hacerlo así, se hirieron recípro-camente con sus púas y hubieron de separarse. Obligados de nuevo a juntarse por el frío, volvieron a pincharse y a distanciarse. Estas alternativas de aproximación y alejamiento duraron hasta que les fue dado hallar una distancia media en la que ambos males resultaban mitigados”.
(Schopenhauer)
Este sujeto que se imaginaba omnipotente, en realidad es un diosecillo que tiene
los pies de barro. Toda su aparente seguridad se viene abajo en un momento y se
siente vulnerable e inseguro. El “eslabón perdido” conoce su debilidad y se expe-rimenta limitado y frágil y por ello, no es raro que actúe de manera desconfiada. Dominado por el miedo, es un escéptico que sólo espera lo peor de todo.
Por miedo somos capaces de realizar conductas insospechadas. Se tiene miedo ante el futuro, miedo a las “consecuencias” de nuestros actos y omisio-nes, miedo a lo desconocido o miedo ante “el hombre primitivo” de nuestros semejantes.
Miedos del “eslabón perdido”
• Por miedo a las consecuencias nos sometemos, y somos incapaces de rebelarnos. • Por miedo ante el futuro incierto nos agarramos a todo tipo de prestaciones o
seguridades.
• Por miedo e inseguridad nos mostramos “insaciables”. El hombre primitivo es un “ávido glotón”, que añorando la época de las cavernas, no desperdicia ninguna ocasión para llenarse el estómago hasta reventar. Su “voracidad” es insaciable, quiere almacenar provisiones, “quiere tenerlo todo”.
• Por miedo nos dejamos chantajear material y emocionalmente.
• Por miedo tendemos a ser gregarios y sólo se realiza un comportamiento cuando lo hacen también los demás.
• Por miedo, preferimos la seguridad de la manada que volar en solitario.
El miedo muchas veces puede más que el ansia de rango. El miedo inhibe, paraliza la capacidad de decisión, crea resentimiento y discordia. A menudo, desa-ta desa-también agresiones de naturaleza incontrolable. Los hombres atormendesa-tados por el miedo “estallan”. No es raro, observar actuaciones irreflexivas: insultar e inclu-so agredir a los seres queridos. Quizás como consecuencia de ese mismo miedo se realice una descarga de agresividad contra aquellas personas que tenemos más cerca y ante las que aparentemente podemos sentirnos más fuertes.
2. ¿QUÉ PODEMOS HACER? ¿CÓMO TRABAJAR ESE “ESLABÓN PERDIDO”?
“El hombre es tan sólo una caña, la más débil de la naturaleza, pero es una caña que piensa”.
(B. Pascal)
• Es fundamental no ignorarlo y ser conscientes de su existencia. El ser humano es también racional, generoso y educado. Sin embargo, no presenta ningún problema trabajar con esas dimensiones humanas. Por el contrario, relacionarse con el “esla-bón perdido”, intentar pretender que esas fuerzas adormecidas se pongan al ser-vicio de un fin justo y racional, es tarea delicada. De ahí que si nos proponemos dirigirnos a ese “eslabón perdido”, tenemos que saber cómo se comporta, lo que le interesa, con qué le podemos despertar y activar.
• Debemos saber gratificar y satisfacer las necesidades más primarias y básicas de cada sujeto: alimentación, bebida, protección física, sexualidad, afecto o seguridad psicológica. Nunca hay que dar por supuesto tal tipo de necesidades. En situacio-nes límite ese “eslabón perdido” puede entrar en funcionamiento y dar lugar a reacciones eminentemente viscerales. Por ejemplo, en catástrofes o situaciones de escasez aparece la dimensión más básica de “ese hombre primitivo”.
• Sin embargo, no sólo de “pan vive el hombre” y es necesario reforzar otras varia-bles también humanas, tales como el sentimiento de aprecio personal, el reconoci-miento y la valoración propia, la apertura hacia lo externo o la dimensión social y afectiva.
Queramos o no, tenemos que convivir con nuestros “eslabones perdidos”. De ahí nuestra responsabilidad para crear entornos humanos y con niveles altos de calidad de vida. No en vano, somos lo que repetimos. La excelencia humana y profesional no es un acto, sino un hábito. Nuestra labor cotidiana nos hace pro-tagonistas y nos compromete a una mejora continua. Como afirma un prover-bio chino:
“Que las aves de la preocupación y la inquietud revoloteen sobre tu cabeza no lo puedes cambiar. Pero que construyan nidos en tu pelo, eso sí lo puedes evitar”.
ANEXOS
“Homo sum, humani nihil a me alienum puto”.
(Terencio)
1. Análisis DAFO Personal Objetivo
Ponerse en contacto con la propia realidad, si no nos conocemos difícilmen-te podremos cuestionarnos cambiar algo. No olvidemos que somos “el peor juez
y el peor verdugo de uno mismo”. El análisis DAFO puede ayudar a evaluar
nues-tra situación actual. Procedimiento
1. Realizamos la descripción de las distintos componentes del DAFO. Podemos utilizar la hoja de Análisis DAFO personal que se presenta a conti-nuación.
Nos centraremos en cuatro variables:
• Fortalezas. ¿Cuáles son nuestros puntos fuertes? Aquello que nos gusta y con lo que estamos contentos.
• Debilidades. ¿Cuáles son nuestros puntos débiles? Lo que nos desagrada y nos resulta incómodo.
• Amenazas. ¿Qué vislumbramos como peligroso en nuestro entorno debido a nues-tra forma de ser? ¿Qué nos puede hacer daño desde fuera?
• Oportunidades. ¿Qué intuimos como posibilidades de desarrollo en nuestra situa-ción actual?
2. Podemos comentarlo con alguien que nos conozca bien y escuchar su parecer.
Agujer os ne gr os de la mente MAIOR ANÁLISIS DAFO PERSONAL FORTALEZAS DEBILIDADES AMENAZAS OPORTUNIDADES
¿Por qué somos como somos?
El arte de amargarse la vida
3
“Veo lo solo que me encuentro cuándo cierran la cancela. Y es que no son los de adentro,
los locos son los de afuera, dónde nadie está contento”.
“Los ojos ven sólo aquello que la mente está preparada para comprender”. (H. Bergson)
¿Qué nos pasa? Pocas veces como hoy, el hombre dispone de avances técnicos para llevar una alta calidad de vida y, sin embargo, los hechos demuestran otra realidad. Por ejemplo, los medios de comunicación nos facilitan el contacto en tiempo real con alguien que está a miles de kilómetros de distancia y sin embar-go, el ser humano cada vez está más solo. No es raro, observar como abundan las “desestructuraciones” individuales: estrés, depresiones o drogodependencias.
Desde la perspectiva psicológica se piensa que ese “malestar” también ha sido adquirido. El hombre ha ido aprendiendo a agobiarse y construye un esti-lo que convierte esti-lo cotidiano en insoportable y esti-lo trivial en desmesurado. Situación que aún siendo “perjudicial” no deja de tener su técnica y ser un auténtico “arte”. Entrecomillamos lo de perjudicial, ya que no hay costo sin beneficio, y si se mantiene un comportamiento “anómalo”, es que, en el fondo, tiene sus gratificaciones
1. ESTRATEGIAS QUE UTILIZAMOS
“Ten cuidado con tu manera de interpretar el mundo porque es tal como tú lo interpretes”.
(E. Heller)
A lo largo de nuestra vida empleamos determinadas estrategias para afrontar la realidad que van conformando diferentes comportamientos. Todos tenemos la necesidad de estructurar el mundo y de darle sentido. Cada uno, desde su situación personal, intenta acercarse a la realidad. Al mismo tiempo, somos estructurados por ese mundo.
1.1. Elaboración distorsionada de la realidad
“Lo que molesta a las personas no son las cosas mismas, sino su opinión sobre las cosas, por lo que cuando estemos molestos o irritados no nos permitamos nunca culpar a los demás, sino más bien a nosotros mismos, es decir a nuestras propias opiniones”.
(Epícteto)
Ante una determinada situación o estímulo es normal que cualquier perso-na pueda emitir uperso-na respuesta. Sin embargo, el ser humano no es un mero ente pasivo y no hay una relación causal entre el estímulo y la respuesta, sino que la conducta que se emita dependerá de la elaboración interna que se realice.
El proceso lo podemos sintetizar en el siguiente esquema:
Gráfico 1. Elaboración distorsionada de la realidad
Podemos distinguir los siguientes elementos:
• Estímulos o situación. Es el condicionante que inicia el proceso. Algunas situacio-nes parece que son de partida preferibles –por ejemplo un premio o una gratifica-ción–, sin embargo, se podría afirmar que en sí los estímulos son “neutrales”. • Elaboración interna. El estímulo va a ser “filtrado” y dependiendo de las “claves
de interpretación” que empleemos se dará una respuesta u otra. Por tanto, hay que ser conscientes de esas herramientas de interpretación que generalmente se basan en determinados pensamientos distorsionados o dogmas psicológicos.
Si en nuestro modo de proceder tienen “caldo de cultivo” determinados “filtros mentales”, por ejemplo, excesiva inseguridad, baja autoestima, sentimientos de inutilidad, visión polarizada de la realidad, percepción catastrofista o negativis-mos, no sería raro que con esas “gafas” nuestra “construcción” de la realidad sea negativa. A su vez, si a lo largo de nuestra historia hemos interiorizado “ideas erró-neas” como que “tengo que ser amado y aprobado por todos”, “debo agradar siempre”, “es necesario ser competente y capaz de culminar con éxito todas las empresas”, “no puedo cometer ningún fallo”, es “lógico” que elaboremos una determinada realidad.
• Respuesta.La conducta o reacción que llevemos a cabo. Podemos distinguir dos componentes:
– Racional. El pensamiento que queda. ¿Qué idea permanece?
– Emocional. Las reacciones emocionales que provoca. ¿Qué sentimientos? ¿Qué sensaciones se van acumulando?
No es raro, que todo el proceso se “autoalimente” con sentimientos de culpa y negativi-dad que van a seguir reforzando la elaboración distorsionada de la realinegativi-dad.
Gráfico 2. Ejemplos de elaboración de la realidad
2. PESO DEL PASADO1
“Nihil novum sub sole”.
Se tiene la creencia de que las experiencias pasadas durante la infancia o las “historias” vividas a lo largo de la existencia hacen imposible que podamos ser de otra manera. Es verdad, que vamos fraguando un proyecto propio en inte-racción con nuestro entorno personal, familiar y social. Somos fruto de una his-toria de condicionamientos, pero hemos de aceptar que no estamos necesaria-mente modelados. Sería reconocer una predeterminación que negaría toda posibilidad de cambio.
Al llegar a este mundo nos dan un libro con un gran número de páginas en blanco. No hay por qué seguir ningún plan definido por otros, ni repro-ducir lo que alguien hubiese escrito. Los primeros capítulos han sido redac-tados desde fuera, por ejemplo por los padres o la sociedad. Puede que a lo
1. Lo desarrollaremos más detenidamente en el capítulo nº 4: “Atrapados en la historia: el peso del
mejor no gusten mucho. Sin embargo, nada obliga a continuar escribiendo la vida como ellos la empezaron. Pasemos la página. Empecemos a redactar “hoy”nuestra historia.
3. ANULACIÓN DE LOS SENTIMIENTOS Y DESARROLLO DE UNA SEXUALIDAD “DESCAFEINADA”
“Cuando a alguien no se le da una salida, se fabrica una ventana”.
Se dejan a un lado los afectos. No “sirven” ya que sólo importa lo “efectivo” y funcional. Los “otros” pasan a ser un número, una ficha. Interesa la producti-vidad, realizar cosas, “consumir” experiencias. Se potencia el hombre
unidimen-sional. No es raro que se busquen sucedáneos para “sentir”, por ejemplo el
alco-hol o las drogas.
En esta perspectiva, se desarrolla una sexualidad descafeinada, reducida a lo genital. En el contexto social actual nos invade una cierta “sexolatría”. El sexo se ha extrapolado. Se ha convertido en obsesión. De la pregunta existencial to
be or non to be hemos pasado a la de to bed or non to bed (acostarse o no
acostar-se). No podemos negar que ésta encierra en sí una actitud ante la existencia. Se experimenta como una conquista del mundo actual el que el sexo esté desli-gado de la procreación y que posteriormente éste mismo sexo no esté unido a lo afectivo, que sea vivido como una mera descarga fisiológica, como una libe-ración de tensión. Una experiencia más en nuestro afán de acumular expe-riencias.
Desde esta dinámica “se hace el amor” –no se ama– como se hace un cruci-grama. No interesa ni conocer el nombre de la otra persona, ya que ello podría implicar algún nexo afectivo. En la práctica es muy difícil permanecer “neutral” cuando hay detrás de un mero cuerpo-objeto, nombre y apellidos. Es el drama de los protagonistas de la película El último tango en París: “No quiero saber tu
nombre, dijo él con tono amenazante y mirándola a los ojos. Ni tú tienes nombre propio ni yo tampoco. Ni un solo nombre aquí. ¡De ninguna manera!”.
Autores que no pueden ser tachados de moralistas han profundizado en el carácter alienante que puede tener esta vivencia de la sexualidad. Marcuse se refería a la desublimación represiva, como una información y estandarización de la sexualidad tendente a reducirla a mercancía, a atribuirle una función de obje-to de consumo. En definitiva, a un proceso de manipulación sexual que no sería más que una consecuencia de la explotación económica.
La sexualidad no es únicamente una suma de actos sexuales. Caeríamos en el criterio del pragmatismo y productividad de las sociedades consumistas. El hombre es algo más que puro instinto. El ser humano no está programado por ciclos destinados a la procreación. La sexualidad es la gran posibilidad que tenemos para el encuentro con los otros. Nos empuja a abrirnos y a salir de nosotros mismos.
Ante la actitud de vivir el sexo desvinculado del amor y la ternura podemos afirmar que no hay verdadero orgasmo fisiológico sin orgasmo afectivo. Es el amor maduro el que por naturaleza es orgásmico pues se da como entrega absoluta y en la aceptación incondicional del otro. El origen de muchas neurosis actuales no está tanto en no tener de hecho relaciones genitales, como en no poder tener-las de manera plenamente humana.
Eric Fromm plantea varias causas para explicar esta situación:
a) Insistencia en ser amado y no en amar. Para muchos el problema es cómo lograr que se les ame, cómo ser dignos de amor. Para ellos es fundamental, tener la absoluta nece-sidad de ser amado y aprobado por casi todas las personas de su entorno. Cada uno empleará las “herramientas” de que disponga: atractivo físico, tener éxito profesional o prestigio social.
Esa necesidad de ser amado encubre la mayoría de las veces sentimientos pro-fundos de desprecio de sí. Mientras concentra su energía en intentar conseguir el afec-to de los demás, no la utiliza, sino rara vez, en su propia persona o en empezar a amar-se él mismo. De esa forma sigue ansiosamente dependiente de su entorno ya que nunca podrá ser satisfecha. Necesariamente siempre habrá alguien que no nos ame, o que creamos que no nos aprecia.
Recabamos siempre en el concepto de autoestima. Si alguien se valora ya que se cree un “buen padre”, un “buen médico”, un “buen estudiante” ¿Qué ocurrirá cuan-do no pueda ejercer su actividad profesional? ¿Qué pasará cuancuan-do un hijo se “desma-dre”? ¿Qué sucederá si ese examen no se aprueba? No hay una necesidad vital de que nos amen siempre y en todas partes. Hay que empezar por aceptarse de forma realis-ta, sin exigir razones específicas, sino únicamente por estar ahí, porque existimos. Ahora bien, si uno no se ama difícilmente podré amar a alguien. De lo contrario irá proyectando en los demás sus carencias o frustraciones. No otra cosa expresa el pre-cepto evangélico: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
b) El amor no es un objeto sino una facultad. El problema del amor no es de un “objeto” que debe encontrarse sino el de una facultad que debe ser desarrollada. A veces se deja “aparcado” como si fuera algo superfluo hasta que aparece el “objeto” –hombre o mujer– en el que creemos descubrir ese amor. Si falla no es raro escuchar expresiones como que “el amor no existe”.
El amar se convierte en una “asignatura pendiente”. Un paciente nos decía: “He dedicado mi vida a prepararme para ser un gran profesional, triunfar, situarme… la amistad, los sentimientos los dejé a un lado. He fracasado en lo que es más importante”. El amor no se
improvisa. Toda nuestra vida es un desarrollo de las actitudes amorosas: donación, gratuidad, respeto… En un momento de esa historia puede aparecer alguien que dina-mizará y potenciará ese amor. El auténtico amor no termina en un objeto determina-do sino que se irradia hacia otros: hijos, convivencia o compromiso social.
c) Confundir la experiencia inicial de “enamorarse” y la situación permanente de “estar enamorado”.No es raro ver a las parejas que empiezan con una gran necesidad de fusión, de estar juntos, de conocerse plenamente. En general, se considera esa intensi-dad del apasionamiento como una prueba de la fuerza de su amor, cuando sólo mues-tra el grado de su soledad interior. El amor maduro se caracteriza por la creatividad y donación de la relación de pareja. Lejos de provocar “auto-clausura”, enriquece a los dos y les da solidez.
4. CONSOLIDACIÓN DEL COMPORTAMIENTO
“El hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse”. (J. Ortega y Gasset)
Fruto de la utilización de esas herramientas se perpetúa un comportamien-to “anómalo”, Destacamos dos aspeccomportamien-tos:
• El beneficio secundario de la enfermedad. No se puede negar el estatus de “privi-legio” que establece una enfermedad, especialmente si ésta es un “trastorno men-tal”, ya que puede aportar un “gran poder” al que la posee. Para muchos, desen-cadenar una “crisis histérica” es el mejor medio para tener a toda la familia a su alrededor. No es raro encontrar en la práctica clínica estas situaciones, bien provo-cadas por el sujeto o mantenidas por la propia estructura familiar, que de esa forma ya tiene un chivo expiatorio con el que justificar su mal funcionamiento como familia. Así un “hijo problemático” puede ser una magnífica tapadera de desave-nencias conyugales.
• Al consolidarse un comportamiento “anómalo” no sucede sino que la solución se convierte en el problema. Una conducta absurda desencadena una espiral de com-portamientos más disparatados todavía. Se cae en la profecía que se cumple a sí misma. Una percepción equivocada de la situación suscita un comportamiento nuevo que acaba convirtiendo en verdadera la visión que originalmente era erró-nea. Se empieza a vivir “como sí” auténticamente fuesen reales los miedos o las angustias. Al poco tiempo será difícil distinguir lo que es real de la fantasía y se lle-gará a provocar la reacción que se temía.
5. PISTAS PARA UN CAMBIO DE ESTRATEGIAS
“Yo soy yo y mis circunstancias y si no salvo mis circunstancias, no me salvo yo”. (J. Ortega y Gasset)
1. La persona madura es la que es capaz de desplegar todos sus recursos disponibles y movilizar su energía vital.
2. La madurez es un proceso, no una meta, que pasa por la sucesiva integración de experiencias. Un proceso de encuentros y experiencias en los que aprendemos a ser persona integrando la realidad.
3. De ahí, la necesidad de aceptarse y aprender a responsabilizarse de lo que uno es. Se ha de potenciar el ser “crítico” de forma realista, y permitirse ser enjuiciado, poner-se en cuestión e interrogarponer-se.
4. Es propio de la madurez, la capacidad de soportar sin destruirse las inevitables frus-traciones de la vida. El niño depende casi totalmente de su entorno y se encuentra confinado en el presente y por ello, no acepta que se difiera la gratificación.
5. Es fundamental saber despedirse. No agarrarse al pasado. Saber decir adiós para poder decir hola. Saber fluir. No hipotecar el presente y el futuro por el pasado. 6. Hay que permitirse amar. Darse a los demás y optar por lo gratuito.
Respetando a adivinos y curanderos –cada cual se gana la vida como puede– es necesario afirmar que no existen soluciones mágicas. Somos nosotros los que tenemos que ser protagonistas de nuestra propia historia. Ya nuestros antepa-sados lo percibieron así:
“Cuentan que había un rey que lo tenía todo pero sin embargo, estaba triste. Los médicos, los sabios y los magos no daban con ninguna solución para curarle. Al final se presentó un adivino de lejanas tierras que dio con el remedio: ponerle la camisa de un hombre feliz. Salieron por todo el orbe conocido a la búsqueda de ese remedio. Pasado el tiempo, casi perdida la esperanza de encontrar a un hombre feliz, localizaron a uno, pero no pudieron cumplir la promesa porque des-graciadamente no tenía camisa”
ANEXOS
1. Dogmas psicológicos observados en la práctica clínica
“El modo que vemos el problema es el problema”. (S. Covey)
1.Necesito la aprobación de todo el mundo.
2.Tengo que agradar y caer bien a todas las personas importantes de mi entorno.
3.Necesito ser amado por todos.
4.Debo triunfar y tener éxito en las actividades que emprenda.
5.No tengo derecho a ser feliz y disfrutar de la vida.
6.Mi pasado es un lastre que me condiciona.
7.Me siento inútil e incapaz de afrontar las dificultades de la existencia.
8.No debes comprometerte con nadie ya que más tarde o más temprano te harán daño.
9.No expreses tus sentimientos. Expresar las emociones es de cobardes o refleja un comporta-miento infantil.
10.No te fíes de nadie. La gente es mala por naturaleza.
11.No te impliques en nada, qué sentido tiene si vas a fracasar.
a) ¿Me identifico con algunos de esos “dogmas psicológicos”?
b) Describe experiencias vividas en las que estén implicados algunos de esos dogmas psicológicos.
2. Cuestionario de creencias2
Responda a las siguientes preguntas según sea lo que más se presente en su experiencia personal. Recuerde que no hay una contestación mejor que otra, sino que lo importante es describir su modo de actuar. Conteste según el siguiente criterio:
1: Totalmente en desacuerdo 2: Más bien en desacuerdo 3: Más bien de acuerdo 4: Totalmente de acuerdo
1. Para ser una persona que vale la pena debo ser muy competente en
todo lo que hago 1 2 3 4
2. Mis emociones negativas son el resultado de presiones externas 1 2 3 4 3. Para ser feliz, debo tener la aprobación de todas las personas que
considero importantes 1 2 3 4
4. La mayoría de la gente que ha sido injusta conmigo es generalmente
mala persona 1 2 3 4
5. Algunas de mis maneras de actuar están tan sólidamente establecidas
que no podría cambiarlas nunca 1 2 3 4
6. Cuando algo parece que puede ir mal, es razonable que me preocupe
bastante 1 2 3 4
7. La vida debería ser más fácil de lo que es 1 2 3 4 8. Me molesta que algo que quiero que suceda, no ocurra 1 2 3 4 9. Parece más sensato esperar, que tratar de mejorar una mala situación
en la vida 1 2 3 4
10. Me molesta muchísimo no poder aclarar una duda 1 2 3 4 11. Muchas cosas de mi pasado están influyéndome tanto, que me
resulta imposible cambiar 1 2 3 4
12. Las personas que me aventajan injustamente deberían ser castigadas 1 2 3 4 13.Si existe la posibilidad de que algo malo suceda, es sensato
preocuparse 1 2 3 4
14. Es terrible cuando las cosas no salen de la manera que uno quiere 1 2 3 4 15. Debo seguir consiguiendo cosas para estar satisfecho conmigo mismo 1 2 3 4 16. Las cosas deberían ser mejores de lo que son en realidad 1 2 3 4 17. No puedo evitar sentirme así cuando todo va mal 1 2 3 4 18. Para ser feliz deben quererme todas las personas importantes para mí 1 2 3 4 19. Es mejor ignorar los problemas personales que tratar de resolverlos 1 2 3 4
20. Me disgusta tener dudas sobre mi futuro 1 2 3 4
2. Adaptado de MALOUFF, J. y SCHUTTE, N. (1986). “Development and validation of a measure of irra-cional belief”. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 54, 860-862.
Evaluación
El objetivo de la prueba es ser consciente de la orientación o tendencia que se puede presentar respecto a los dogmas psicológicos o pensamientos distor-sionados.
Sume las distintas puntuaciones elegidas y compárelas con el siguiente baremo:
Puntuación Nivel de creencias
60-80 ¡Peligro! ¡Cuidado! Existen creencias y pensamientos distorsionados
40-60 Preste atención si la tendencia es a puntuar alto 20-40 Nivel bajo o nulo de creencias o pensamientos distorsionados
3. Decálogo de “ideas irracionales” de A. Ellis
“Sólo es posible transformar la realidad viéndola de otra manera”. (F. Kafka)
1. Para ser feliz es necesario caerle bien a todo el mundo.
2. Si queremos sentirnos valiosos, tenemos que entender de todo y demostrar en todo momen-to que estamos a la altura.
3. Algunos sujetos son malos, infames y merecen el castigo y la reprobación social.
4. Es terrible que las cosas no marchen como uno esperaba.
5. Las desgracias se originan por causas ajenas a uno mismo y son inevitables porque todo está escrito.
6. Si existe la menor posibilidad de que ocurra algo malo, tenemos que estar constantemente preocupados, preparándonos para cuando suceda.
7. Es mejor escurrir el bulto que enfrentarse a las propias responsabilidades.
8. Todos necesitamos apoyarnos en alguien más fuerte en quien confiar.
9. Lo ocurrido en el pasado nos ha marcado para siempre y es, además, el determinante prin-cipal de nuestra conducta actual y futura.
10. Debemos vivir como nuestra las turbaciones de los demás y sentirnos muy preocupados por ellos.
11. Para cada problema “sólo existe una solución que es la mejor”. Cualquier otra forma de actuar será un error contraproducente.
a) ¿Me identifico con algunas de esas “ideas irracionales”?
b) Describe experiencias vividas en las que estén implicados algunos de esas ideas irracionales.