LECTURAS
Serie Filosofía
DIRECTOR Folla DUQUE
C..aiqJier l«ma dt �ltrl. distn�. COI'Iunacül �lic-.a o U'!Mbma.ci6n
de esta_ .... _ ... -... b .. -de ... -""' ... _.
o6o p!'I!Sb ,a la ley Ooñpse a CEI),'O ltdJo [s¡¡aid dt-�·
,..lñf.CEd:ro.ort) $1 nects�tt fotGalJÑ.a• o tSCantar a ¡611 fra�nt:o de ts:ta obra
Q FELIPE MAltTiNEZ MARZOA, 20If
C ABADA EDITORES, S. L. 20I4
Calle del Gobernador, 18 28014 Madrid
\\�'"'.a badaed i tore.s. com
disei'lo SABÁTICA
producción CUADALUPE GISBERT
ISBN 978-84-16160-16-7
lBIC HPCD
depósito legal M-30644-�014
preimpresión EscA.Rou L�cztssKA
impresión PUNTO VERDE, S.A.
FELIPE MARTÍNEZ MARZOA
Polvo y certeza
.... -o « o ¡;¡ o ;!
-•
•
1
PRÓLOGO
Nos hemos acostumbrado a emplear
el término
<<modernidad>>. Ello ha sido, en mi
caso, no por refe
rencia a alguna definición, aunque
sí como conse
cuencia de algo que se constataba a propósito
de varios
fenómenos pertenecientes en principio
a campos
diversos; por una parte cierto tramo de
la historia de la
filosofía en cuyo centro abisal está Kant
(cf. mis traba
jos sobre él desde 1986 hasta hoy)
y que abarca hacia
un lado por de pronto a Leibniz y Hume
y, según :mi
interpretación actual, también a Spinoza,
en un senti
do más problemático a Descartes, y
hacia el otro lado el
Idealismo, Marx y yo creo que también
Nietzsche; por
otra parte está <<lo civil>> (la sociedad civil,
el concepto
8 POLVO Y CERTEZA
de derecho a ella vinculado); también la ciencia en un sentido que fue a su vez motivo de averiguación. Estos diversos fenómenos no pudieron ser aclarados sin que ello a la vez vinculase esencialmente unos con otros de entre ellos mismos, y, por lo tanto, se estableció que constituyen unidad con independencia de si hay o no una fórmula definitoria única.
Ocurre que, sobre la base de <<modernidad>>, entró alguna vez y se mantuvo luego, en escritos del
que ahora suscribe, la expresión <<tardomodernidad>>. Pudo parecer que se trataba sólo de eludir los <<post->>
( <<postmoderno>>, <<postmetafísico
»).
términos que, en efecto, evito. Era eso y sigue siéndolo, pero lamanera de hacerlo resulta no ser inocente, porque la
caracterización de la modernidad misma era ya la de algo tardío y secundario, de manera que la anteposi ción de <<tardo->> tampoco puede ser meramente una especificación cronológica.
Había algo que procedía de la pedante denomina ción <<cuestión del ser>> y en lo que, por nuestra parte y hablando en especial de la Grecia clásica y arcaica, identificábamos ya unos con otros fenómenos en prin cipio diversos: la cuestión del decir excelente, el pro yecto
nómos-pólis,
el intercambio <<interno>>, etcétera. La modernidad resultó ser esa <<misma>> cuestión sólo1
1
PRÓLOGO 9
que producida sobre un horizonte determinado por las consecuencias de que la <<misma>> ya se hubiese planteado alguna vez, con lo cual ya no podía ser la <<misma>>. Este carácter tardío de la modernidad ha resultado tener que ver con que algo en lo que encaja la denominación <<tardomodernidad>> haya de ser algo muy peculiar. Insistamos en que, en efecto. responde a ese nombre y no a <<post->> alguno. Por ejemplo: el concepto fuerte de estructura sólo es posible sobre base moderna, <<aunque>> (o quizá en concordancia con que) sea el concepto que permite sospechar lo <<otro>>
(precisamente como otro, no absorbiéndolo en una concepción de <<la historia>> o algo así); otro ejemplo:
la cuestión por la que la lógica y la matemática tardo modernas son puestas en marcha es sustentada por una (por fin explícita) mala lectura de Kant, mala lec
tura cuyo mérito (el mérito de su explicitación) es que obliga a fijarse y a intentar leer bien lo que ha sido mal leído.
Es quizá el caso que todo esto puede haber dado entre nosotros (tardomodernos) un mayor interés a la modernidad <<ascendente>>, la que llega precisamente hasta Kant, la cual es menos <<históricamente>> abar cante o reconciliante, quizá por eso mismo más capaz de dejar ser (quizá no para ella misma, sí para nosotros)
IO POLVO Y CERTEZA
lo otro como otro. Pero el hecho de que en la presente tirada escrita se dedique más espacio a Spinoza que a otros se debe sólo a que de ese fllósofo el autor de estas líneas no había publicado antes su interpretación, cosa que sí había hecho en medida considerable para Leib niz, Hume y sobre todo Kant.
�gu.nos tramos de este libro son revisiones y amphac1ones de textos que se habían dado a conocer a través de una web.
BARCELONA, JUNIO 2014
1.
SER
Y FINITUDAdmítase provisionalmente que toda cuestión lo es porque se busca (es decir: se presupone que ha de haber) una delimitación: es-o-no-es esto-o-aquello; incluso si se admite que la opción pudiera no ser bina ria, la cuestión sigue siendo poner en diferentes sitios y distinguir entre ellos, por lo tanto delimitar; incluso la aspiración al reconocimiento de lo otro es aspiración a distinguir entre lo uno y lo otro. Admítase, pues, que un nombre para lo siempre ya supuesto es el de finitud, el de delimitacic?n; se supone que hay límites y se trata de encontrarlos; saber es saber-por-dónde-cortar.
Lo que acabamos de indicar adquiere especial rele vancia en el momento en que l a marcha de las cosas ha conducido a una situación en la que la cuestión del
!2
POLVO Y CERTEZAlímite, la cuestión referente a dónde empieza algo y
termina algo, en qué consiste que precisamente en ese
punto algo empiece y algo termine, se ha planteado
ella misma porque algo ha roto con la obviedad de que
en efecto sea aquí o allí donde algo empiece y algo ter
mine. Esbocémoslo en unos términos marcadamente
provisionales: el vínculo de todo con todo, sinónimo
de que lo ente en general sean causas de efectos y efec
tos de causas, es a la vez vínculo de nada en particular
con nada en particular y, por lo tanto, de nada con
nada; el vínculo de todo con todo es, pues, lo mismo
que el irremediable aislamiento de cada contingencia
singular; es simplemente el continuo en el que en
ningún punto comienza nada ni termina nada. Con lo
cual hay que empezar de
nuevo
e
n
cuanto
aplantearse
en qué consiste entonces el que haya, sin embargo,
límites que sean precisamente los que sean, en qué
consiste que lo sean; a que haya límites y a que éstos
sean los que son no podemos, en efecto, renunciar,
salvo que pudiésemos renunciar a que haya en general
cosa o ente, o simplemente a que <<haya�; pues una
cosa o un ente o algo que hay no es sino una delimita
ción válida, un <<desde aquí hasta aquí>>.
Expresión de lo que hemos dicho sobre delimita
ción o finitud y ser es el término
certitudo.Significa, en
1. SER Y FINITUD
13
efecto, la de-finición; ni siquiera está en la palabra
misma, pero sí en cuál es el momento en
elque llega al
terreno ontológico, el que se trate de delimitación
concebida como problema que se plantea al darse por
sentada una i-lirnitación. La noción (en principio car
tesiana) de la
extensiose genera por el hecho de que se
reconoce un isomorfismo total (y, por lo tanto, en el
fondo una identidad) entre lo aritmético y lo geomé
trico, que son los dos ámbitos
en
los que se encuentra
certitudo.
El concepto
extensiocomporta que las cualida
des sensibles sólo podrían estar perfectamente conoci
das en el momento en que se las hubiese traducido a
algo del tipo de posiciones y movimientos de unos
puntos con respecto a otros, y esto se reconoce como
lo mismo que lo aritmético por la
víade que, elegido
un sistema de referencia o sistema de coordenadas,
cualquier punto de un plano es un par ordenado de
números y cualquier punto del espacio es un trío
ordenado de números, de manera que cualquier figu
ra es una dependencia entre variables-número que se
cumple para to
_
do
s
los puntos de la figura y sólo para
esos.
De los pensadores de los que aquí y ahora tendre
mos que ocuparnos, sólo Leibniz entra a discutir (o a
delimitar en cuanto a significado y alcance) en el
pro-POLVO Y CERTEZA
pío plano aritmético-geométrico el isomorfismo al
que nos hemos referido. Si el isomorfismo fuese pro
clamable sin más como total, es decir, si fuese cierto
que él ha de alcanzar a todas las relaciones que pudie
sen definirse, entonces no podría ocurrir que en
determinadas cuestiones los modos más potentes de
calcular sobre la
extensio
remitan, por un lado, a opera
ciones con números en las que éstos no pueden ya ser
interpretados como distancias geométricas y, por otro
lado, a relaciones que lo so
n
.
entre figuras y que no
pueden ser expresadas en términos de relaciones entre
números; y, sin embargo, lo uno y lo otro es lo que
sucede, respectivamente, con el cálculo infinitesimal y
con la
ana
Jy
sis situs;
de todos modos, ambos son procedí
mientas de cálculo cuya validez consiste en definitiva
en su potencia para tratar problemas que lo son en
lae.rtensio,
y, por lo tanto, lo que acabamos de constatar
no sería argumento si no lo fuese en contexto con filo
sofemas leibnizianos de carácter más general de los que
aún hemos de hablar.
Ya que no la relativización interna (intra-aritméti
co-geométrica) del isomorfismo, otra vía de cuestio
namiento del concepto de la
extensiosí es común a
direcciones de pensamiento en otros aspectos contra
puestas. El que se trate de posiciones y movimientos de
1. SER Y FINITUD
15
puntos unos con respecto a otros exige que tenga sen
tido decir que el punto que se encuentra en tal posi
ción en cierto momento es <<el mismo>> punto que en
otro momento se encuentra en tal otra, lo cual implica
atribuir al punto alguna identidad cualitativa, por así
decir independiente con respecto a sus relaciones de
extensio,
y, por lo tanto, presuponer; para la propia
definición de esas relaciones (posición y movimiento
de un punto con respecto a otro), cualidades del tipo
de aquellas que precisamente habrían de traducirse a
relaciones de
extensio.El círculo vicioso revela la aporía
inherente al concepto de una facticidad secundaria o
mediada, esto es, de una facticidad que, sin embargo,
sea algo a lo que se llega <<a través de>>. Por eso el argu
mento tiene un papel tanto en la posición que preten
de no recaer en facticidad alguna como en aquella otra
para la cual, ya que ha de haber facticidad, ésta debe ser
la facticidad fácticamente fáctica; lo primero es la posi
ción de Leibniz, lo segundo la de Hume.
Adentrémonos ya un poco en el punto de vista
(sobre el que, de todos modos, habremos de volver)
que hemos caracterizado como el de la evitación de la
facticidad. La validez, la empleabilidad como noción,
el carácter de idea (de
res,de
ens)de la presunta idea (o
pro-16
POLVO Y CERTEZAceso de
resolutio-compositio
acerca del cual no tenemos
manera alguna de establecer que en momento alguno
haya llegado por uno y/o el otro lado a su final. Así
queda establecida la hiperpotencia (casi habría que
decir: la infinita potencia) de la tautología en Leibniz.
Falta lo suyo para que se encuentre
unmotivo (Kant lo
encontrará) por el cual valga la pena considerar un
tipo de decir (se lo llamará, en Kant, <<juicio analíti
co») en el cual «A es A>> será por definición admitido
(sería mucho decir que será «verdadero>>, pues la
vaciedad semántica de la cópula en este tipo de decir
excluye en cierta manera la cuestión de <<verdad>>,
mientras que en el
A est A
de Leibniz la cópula es
semánticamente plenísima, hiperbólicamente plena,
hasta el punto de envolver
algo que nunca
lle
ga a estar
por completo legitimado). Así puede Leibniz decir que
en
A estA
está todo, que todo enunciado verdadero ha
de basarse en un
A estA.
Donde el <<ha de>> comporta
incluso algo más que la parte de exclusión de la factici
dad en la que hasta aquí hicimos hincapié; al menos
dos cosas más: (a) la referencia a algo así como un
conocimiento que <<sería>>, que no es el que tiene
lugar, ni siquiera como meta infinitamente lejana;
ocurre más bien que la noción de ese conocimiento es
lo que da sentido al término
res
en una posible
conti-•
1. SER Y FINITUD
I7
nuación de la definición de verdad como
adaequatio
inte-1/ectus et rei;
nada especialmente extraño, pues, a fin de
cuentas, en filosofía en general no se llama (no es
posible llamar consistentemente) <<conocimiento>> al
proceso (fáctico) de <<la mente>>, sino a la validez; el
conocimiento es, pues, ser; y , por otra parte, (b) el
que de ese saber que no es el que tenemos podamos y
debamos, sin embargo, hablar significa que lo que sí
tenemos de él es un cierto meta-saber (quizá deba
decirse que, si aquel saber es ser y, por lo tanto,
pl]jsis,
entonces lo que sí tenemos es una cierta
<<metafísi
ca>>), y, en efecto, ese meta-saber lo tenemos porque
está implicado en el meta-saber que hay acerca de
aquel saber que sí tenemos. Ahora ya no se trata de
proceso alguno del que pretendamos
seguir
siquiera
un tramo; pero es indudable que de lo dicho se sigue
una noción (meta-noción) de en qué consistiría el
final en la dirección de la
compositio,
el constructo satu
rado, al que ya no se puede añadir nada sin entrar en
incompatibilidad, el
concretum,
en definitiva la
substantiaen Leibniz.
La
potencia hiperbólica que hemos empezado (sólo
empezado) a percibir en la tautología en Leibniz es
característica de este pensador en particular. En cam
bio, la potencia a secas (la no vaciedad) de la tautología
r8
POLVO Y CERTEZAes común antes de Kant.
N
a die piensa en principio en <<juicios analíticos>> kantianos. Tampoco Descartes mismo; sus <<verdades eternas>> no pueden ser juicios analíticos, y el que no puedan serlo está implicado en que pueda pensárselas como <<creadas>>, así como tam bién en que puedan, en el momento pertinente de laduda y de la manera pertinente, quedar bajo caución; la implicación, desde luego, no es recíproca; cabría pensar que ni son creadas ni dudables sin por ello pensar que son juicios analíticos, pero no que son crea das y sometibles a caución siéndolo, pues no habría ni qué crear ni de qué dudar, ya que la cópula analítica es semánticamente vacía; dicho sea de paso: la cauciona bilidad de esas verdades en cierto momento de la duda
(en los términos en que se produce)
ysu condición de
<<creadas» son dos expresiones de lo mismo.
2.
EXISTENCIA. SPINOZA,
l.HUME
Habíamos recordado que la palabra certitudo, condición o carácter de certum, significa <<ser>>, puesto que su propio e ineludible significado léxico es el de defini
ción y discernimiento, digamos: ser lo que se es y no lo que no se es, ser y no no-ser. Si el protagonismo de una palabra con esta potencia comporta a la vez una marcha en la que parece en definitiva estarse tratando de un <<ser>> que no es el único que alguna vez ha fun cionado, quizá �i siquiera el único que en esa misma marcha está operando, ello no se debe necesariamente a incoherencia alguna; puede, por el contrario, ser el reconocimiento de que la <<cuestión del ser>> no deja el <<ser>> tal como éste <<naturalmente>> tiene lugar.
20
POLVO Y CERTEZAA
lacertitudo
pertenece tanto el <<que (ello) es>> como el <<qué es (ello)>>, siendo <<ello>> locertum.
La interde pendencia de ambos aspectos (hace falta un <<qué>> para que l a pregunta <<si es o no es>> tenga sentido, y tiene que ser para serA
o B o C) se extiende a: cuestión sobre qué es el <<que es>>, por ejemplo: ¿basta, para que haya un <<que es>>, con esa noción de <<ser>> vinculada al mero hecho de que haya un <<qué es>>?; en otras palabras, el <<ser>> de lacertitudo
(<<qué es>> 1 <<que es») ¿es ya el <<ser>> sin más, el tener lugar, el que, eso de lo que se trata, <<lo hay>> (de hecho la expresión académica habitual es <<existe>>, pero ¡cuidado!, eso no saldrá gra tis)?; el que haya un <<qué es>> (el <<que es>> del «qué es>>) ¿constituye ya <<ser>>? En todo esto parece estarse preguntando si la ontología de lacertitudo
remite de algún modo también a fuera de ella misma, si eljuego del <<que es>> y el <<qué es>> agota todo lo referente a <<tener lugar>>, <<haberlo>>, <<existir>>.Con la cuestión de la quizá insuficiencia de la
certi
tudo
en sí misma, de su posible remitir a algún <<ser>> fuera de ella, tienen que ver en Descartes ciertos des doblamientos; el ámbito que en principio no es el de loscerta
oincerta,
sino el de lacertitudo
oincertitudo
misma, sin embargo, se constituye a su vez en cosa, lares cogi
tans,
siendo así que las nociones de laertensio
y lares
2. EXISTENCIA. SPINOZA,I. HUME
21
extensa
(esta última como res en cuanto que en el ámbito de laextensio
ya no hay esta cosa y aquella y la otra cosa, sino que el problema de la discreción queda abierta mente planteado) habían surgido precisamente de la aplicación del rasero de lacertitudo
(cuestión de qué tie ne que pasar con un contenido para que quede consti tuido encertum).
La cuestión de la finitud de la noción decertitudo
asumirá la figura de hasta qué punto lace
rtitudo
pasará a pertenecer a lacogitatio
y hasta qué punto a eso que tiene el carácter decertitudo
(a saber: en lacogi
tatio)
hay una correspondencia ... no diremos que en laextensio,
puesto que laextensio
misma es un producto conceptual de la exigencia (en lacogitatio)
de lacertitudo,
por lo tanto no en la
extensio,
sino ... <<en sí mismo>> o algo así. Pero el que ese <<en sí>> resulte a su vez inter pretado según cierta ontología no se debe sólo a que no hay en general percepción sin una preontología implícita, la cual de entrada es la que (habría que ver en cada caso por qué) es obvia, sino también a que, en efecto, la ontología moderna no puede surgir de cual quier situación .precedente, sino sólo de alguna deter minada. Detengámonos un poco en esto.Es bastante reciente en la época que nos está ocu pando el que pueda hacerse en filosofía un uso estric tamente substantivo de la palabra causa. Ciertamente la
-22
POLVO Y CERTEZApalabra misma es gramaticalmente un substantivo, pero
el hecho de que en el latín filosófico de la Edad Media
fuese necesario añadir o sobreentender en cada caso
una especificación terminológica
(causa materialis, Jormalis,efficiens,
finolis)
refleja que
el substantivo mismo debe suimportancia filosófica al hecho de haber sido en su día
adoptado como traducción de algo,
aítion,
aítios, aitía,que en griego es un adjetivo, respondíendo esta pecu
liaridad gramatical a que no hay, ni siquiera para una
cosa determinada o acontecer determinado, algo que
sea «la>> causa o <<el>> aítion, digamos <<a secas>> o simpli
citer,sino que, para una cosa dada o un acontecimiento
dado, esto o aquello es
aítion
en razón de tal o cual papel
que desempeña en aquel acontecer o ser-cosa, mientras
que lo otro o lo de más allá lo es por tal otro papel que
tiene en lo mismo, etcétera.
Lapropia gramática a la
que acabamos de referirnos indica que la situación
medieval es de tránsito. El paso de lo uno a lo otro es
motivado por lo teológico, entendiendo por tal
tanto la
transcendencia como el hecho de que ésta no pueda
tener lugar sin transgresión de ella misma'. Ya se ha
Cf. mis libros Distancias (capítulos 13, 14 y 15) e Interpretaciones (capi
tulo 8 y siguientes).
2. EXISTENCIA. SPINOZA, l. HUME
23
expuesto otras veces2 cómo esto comporta
unconcepto
de lo que acabamos de llamar <<causa a secas>> y, por lo
tanto, una concepción de lo ente en general como cau
sas de efectos y efectos de causas, noción de ser para
cuya expresión se recurre a dar un sentido ontológico
general a una palabra latina que nunca lo había tenido
(y que incluso, como verbo, nunca había servido de
exégesis para
esseen contexto alguno, ni siquiera en el
de ausencia de predicado nominal); la palabra es
exsis tereo
exsistentia. Loente como causas de efectos y efectos
de causas preludia o apunta a: vínculo de todo con
todo, por lo tanto: uno-todo; con lo cual estamos
recordando que la transgresión-de-la-transcendencia
inherente a la transcendencia misma no es sino el que
el lado de
lo
verdadero, puesto que es lo verdadero, ha
de ser en verdad todo y, en consecuencia,
yani es lado
alguno ni es transcendente. Por otra parte, vínculo de
todo con todo es: vínculo de nada en particular con
nada en particular, por lo tanto de nada con nada: no
hay trayectorias determinadas de vínculo, luego no hay
vínculo; tal como corresponde a uno-todo, en ningún
punto empieza ni termina nada; no hay límites
24
POLVO Y CERTEZAvantes o esenciales, o sea, no hay cosas (pues una cosa no es sino una delimitación relevante); lo cual es como recordar que lo verdadero, al haber cumplido con su carácter de tal absorbiendo su otro lado y así haber dejado de tener un otro, ya tampoco es ello mismo lo verdadero ni hay, por de pronto, verdadero ni no-ver dadero. Lo que todo esto por de pronto significa es
que la situación está madura para que de nuevo se pre gunte en qué podrá consistir eso de verdad o validez o ser o ... como haya de llamarse. La palabra
certitudo,
carácter o condición de certum, significa <<ser>>, pues su ineludible significado léxico es el de definición y dis cernimiento, ser lo que se es y no lo que no se es, ser yno no-ser. Que certitudo representa de entrada el nuevo planteamiento ontológico, posibilitado por
la situa
ción cuyos rasgos acabamos de esbozar, se confirma por el hecho de que el propio desarrollo de la cuestión de la certitudo descubre Oo que no es ningún defecto, s�
no todo lo contrario) algunos de aquellos rasgos; c1taremos por el momento dos. Primero: ya la e.xtensio cartesiana, concepto constituido empleando la exigen cia de certitudo, es el de un en principio ilimitado a propósito del cual se pregunta en qué puede consistir que en él puedan constituirse límites (no tenemos que entrar ahora -pues Descartes no es ahora nuestro
2. EXISTENCIA. SPINOZA, l. HUME
25
asunto- en por qué la
e.xtensio
ha de substantivarse como res extensa y -lo que quizá es lo mismo- ha de contrapo nérsele una res cogitans). El segundo de los dos rasgos aludidos es el que la ontología inmediatamente prece dente sea la decausa
yexsistentia
también en el sentido de que son precisamente esos dos conceptos los que desdela nueva ontología se tratará de ... ¿recuperar?, ¿reab sorber?, ¿reducir? La propia palabra
certitudo,
por cuanto significa de-finición, de-limitación, nos recuerda que una ontología es siempre una teoría de lo fmito; y ni siquiera hacía falta esa palabra para recordárnoslo, pues el propio verbo <<ser>> significa inelu diblemente ser lo que se es y no lo otro, significa lími te. Esto tiene importancia ahora en dos niveles; uno es sin más lo que acabamos de decir: que ser significa finitud. El otro tiene que ver con la especial proble maticidad que ello adquiere por el hecho de que la situación de partida sea aquella cuya descripción ahora hemos esbozado hablando de i-limitación y de que el problema ha pasado a ser el de cómo es posible que en ella se constit�yan límites, en algún punto empiece algo y termine algo, es decir: haya cosa (s). El discurso que desde ahí se está gestando (digamos quizá: el dis curso moderno) habitará siempre en la paradoja (inherente a él) de que, por una parte, no es posible
•
POLVO Y CERTEZA
librarse de que <<finito>> sea el término positivo y, por
otra parte, ese mismo discurso parezca no poder evitar
el dar a <<finito>> y <<limitado>> la connotación de
<<imperfecto>>.
Así, pues, la transcendencia, que no es posible sin
la transgresión de ella misma, ha exigido que se intro
duzca, incluso para dentro de lo finito, una noción de
causa que conducirá al concepto de causa totalis (que no
es causa <<de todo>>, sino causa a secas, simpliciter, de
aquello de lo que es causa), y así lo ente ha pasado a ser
causas de efectos y efectos de causas, y es para el <<ser>>
así entendido para lo que la palabra ex-sistere, ex-sistentia,
adquiere (cf. ex nihilo, extra causas, extra nihilum) el prota
gonismo ontológico que antes no tenía. Aún falta lo
suyo para que se haga valer en todas sus consecuencias
el que el así establecido vínculo de todo con todo, por
serlo de todo con todo, lo es de nada en particular con
nada en particular, es decir, de nada con nada. Por de
pronto, el que el planteamiento certitudo sólo haya sido
posible desde esa situación hace que el problema sea el
de la relación entre, por una parte, el <<ser>> de <<que
es>> y <<qué es>> y, por otra parte, el existir, o, si se pre
fiere decirlo así, entre la ontología de la certitudo y la
ontología de la causa y la existencia; abreviadamente: el
problema de ser y existencia.
Lasfilosofías de Leibniz,
2. EXISTENCIA. SPINOZA, I. HUME
27
Spinoza y Hume son los tres grandes intentos de res
puesta.
De los tres es Leibniz quien más lejos lleva la distin
ción de ser y existencia y, por lo tanto, quien mayor
rendimiento conceptual obtiene de la necesidad de, de
todos modos, reunir uno de los términos con el otro.
Aquí mismo tiene su lugar lo ya esbozado en nuestro
capítulo
1a propósito de la separación de la noción
leibniziana de ser frente a toda facticidad; podemos,
en consecuencia, adaptar aquel esbozo a lo que ahora
mismo nos concierne sin más que añadir, continuan
do desde el punto al que allí llegamos, algunos pasos
más. De la imposibilidad de extrínsecos con respecto a
la substantia se sigue la noción de <<mundo posible>> (y
nótese que esta noción se autodenuncia en su propio
nombre como meta-noción, pues en ningún caso
podría el <<mundo>> mismo ser el possibile, sino que
habría de serlo cada una de las res -inclusive substantiae
que hay <<en>> él) o, lo que es lo mismo, la meta-rela
ción (que no se establece, sólo se habla de ella) de
coro posibilidad, la cual da sen ti do a que de lo ens lo
uno pueda ser <<más>> o <<menos>>
ens<<que>> lo otro,
y entonces exsistens es lo que está en
elnivel de maxime ens.
En cambio, ni en Spinoza ni en Hume tiene la
conexión de ser y existencia que ser pro-ducida, pues
,....
POLVO Y CERTEZA
en ambos la conexión es inmediata, y la diferencia entre ellos concierne únicamente a la exégesis o des cripción de esa inmediatez. Vayamos con Spinoza (de entrada se nos parecerá mucho a Leibniz, pero ense guida veremos que no). Tenemos el saber que tene mos, del cual inevitablemente se supone que siempre será en alguna medida adecuado y en alguna medida inadecuado; si podemos decir esto, es porque pode mos decir en general algo acerca de nuestro mismo saber aun sin por ello tener más saber que el que tenemos y porque este meta-saber incluye ciertos reconocimientos acerca de cómo sería un saber que fuese plenamente adecuado (nótese <<sería>> y <<fue se>>, modo gramatical irreal); ahora bien, puesto que
<<plenamente adecuado>> aquí no quería decir sino plena presencia de la cosa, el hablar de eso plenamen te adecuado ya no es hablar de conocimiento, sino de cosa (ya no teoría del conocimiento, sino ontología), o, dicho de otra manera, estamos haciendo justicia a la evidencia de que no es posible hablar consistente mente sin entender por <<conocimiento>> no el que tengamos ciertas representaciones, sino el que esas representaciones sean válidas, o sea: a que «conoci miento>> significa validez (significa, pues, ser) y la medida en que el conocimiento es eso que hemos
lla-2. EXISTENCIA. SPINOZA, l. HUME
29
mado <<adecuado>> no es sino la medida en que es conocimiento. Según esto, el orden de dependencia Y producción en aquel saber que sería plenamente ade
cuado es orden de producción y dependencia en el ser, es orden causal; y, si
exsistentia
tiene que ver concausa
en los términos ya indicados (recordarextra causas
et extra nihilum),
entonces lo que acabamos de decir hace que no podamos reconocer en ser otro sentido que el de existencia ni en existencia otro sentido que el de ser. En Spinoza no hay lo <<meramente posible» salvo como «abstracto>> en el sentido de lo insuficiente mente determinado por insuficiencia del conoci miento (no es ello lo meramente posible, sino que somos nosotros los que no sabemos lo bastante bien a qué nos estamos refiriendo).Tendremos que volver sobre lo que acabamos de decir de Spinoza, pero nos interesa ahora introducir algo de Hume ... Comencemos por decir que la supues
tamente tan conocida crítica humeana referente a la noción de causalidad se basa en un razonamiento metafísico estFicto cuyos pasos y condicionamientos queremos ahora recordar. Hume ha empezado por distinguir entre dos maneras o puntos de vista desde los cuales se pueden considerar en general <<relaciones de ideas>>; los llama el «natural>> y el <<filosófico>>; en
POLVO Y CERTEZA
alguna otra parte hemos traducido estos dos adjetivos por <<fenoménico>> y «fenomenológico>> respectiva mente. Todas las relaciones que aparecen en la lista <<natural>> aparecen también en la <<filosófica>> (con variación de significado correspondiente a la diferen cia entre los conceptos de una y otra lista), pero no ocurre lo recíproco, es decir: hay relaciones que sólo están en la lista <<filosófica>>. Una de estas últimas es la.
<<contrariedad», y el motivo de que esté sólo entre las <<ftlosóficas>> es contundente: no se trata de que haya en caso alguno una idea que sea la contraria de otra, sino que se trata de una relación interna a cada idea y
que como tal se encuentra en todas y cada una de ellas, a saber: entre que eso (recuérdese que la idea es el contenido-quid) lo haya y que no lo haya, que se encuentre y que no se encuentre. El que esta relación no lo sea entre ideas distintas, sino algo inherente a cada idea, significa por de pronto que el existir no añade ni quita nada al quid, que la idea de <<A existen te» es ni más ni menos que la idea de A y que la exis tencia no pertenece ni más ni menos a unas ideas que a otras. Hasta aquí, en lo que se refiere a <<no añade ni quita nada>>, etcétera, todo está también en Leibniz, e incluso debe destacarse que en el camino argumentati vo de este último de esse a exsistere desempeña un papel
2. EXISTENCIA. SPINOZA,I. HUME
3I
central el que la existencia no puede pertenecer ni más ni menos a una idea que a otra ni diferenciar una idea de otra ni añadir ni quitar nada al quid. Pero sigamos con Hume, llamando ahora la atención sobre cierta particularidad de las ya aludidas listas de «relaciones de ideas>>. Algunas de las relaciones
allí recogidas son
tales que su presencia se sigue necesariamente de la presencia de las ideas entre las cuales se dan (es incluso el caso de la ya citada <<contrariedad>>, aunque atípica mente, esto último en el sentido de que basta en cada caso una idea, que además puede ser cualquiera); de las relaciones que no tienen esa característica, al menos algunas tienen, en cambio, la (en cierto modo recí proca) de que su presencia requiere la de ambas ideasrelacionadas.
De
hecho sólo hay en la lista una rela ción, a saber, la de causa-efecto, que, no teniendo la primera de las dos características citadas, tampoco tiene la segunda. Esto último significa que una relación causa-efecto, si en verdad estuviese establecida, habría de permitir, dado uno de los términos, afirmar el otro sin esperar a su efectiva presencia; dicho de otra mane ra: una relación tal permitiría un razonamiento con conclusión de existencia; y no puede haber tal razona
miento, pues ya hemos visto que ninguna idea contie ne especificación de existencia, por lo cual nunca
-32
POLVO Y CERTEZApodría la conclusión de un razonamiento comportar tal especificación.
La <<reducción a absurdo>> contenida en la argu mentación precedente concierne a la posible certeza de conexión causal determinada alguna, y precisamente eso, el que ninguna determinada conexión causal pue de poseer certeza, es en Hume pieza esencial de que opere el principio general de causalidad o, si se prefie
re llamarlo así, el vínculo de todo con todo; éste, en efecto, puesto que lo es de todo con todo, no puede serlo de nada en particular con nada en particular y, por lo tanto, lo es de nada con nada; nada refutaría mejor el vínculo de todo con todo que el hecho de que cupiese atribuir certeza a alguna determinada trayecto ria de vínculo en particular; el uno-todo es, él mismo, a la vez la irremediable soledad de cada puntual con tingencia.
Así, pues, la identidad inmediata de ser y existir está vinculada en Hume a la dimensión ontológico-general del factor causa-efecto, la misma que impide que tra yectoria causal particular alguna pueda tener certeza. Coincidente con esto es el que la pertenencia inme diata de la existencia a cualquier idea (o sea: la no per tenencia a ninguna en particular) sea idéntica con la pertenencia de idea a impresión (el siempre ya haber
2. EXISTENCIA. SPINOZA,I. HUME
33
dejado atrás la impresión) y que sea dentro del posible retorno al territorio impresión sobre la base de idea (�impresiones de reflexión,;.) donde se diseña (<<pasiones indirectas>> y en ellas el elemento estructu ral
cal
mpassion)
algo que tiene que ver con el reconocí miento del vínculo general y la consiguiente distancia.3.
SPINOZA,
11Los cuestionamientos o relativizaciones del concepto o ámbito
extensio
que hasta aquí han aparecido en nuestraexposición
proceden de Leibniz y/o de Hume; no de Spinoza. Quizá esto se deba al diferente papel queextensio
desempeña en unos y otros y la consiguiente diferencia entre las condiciones que se espera que el concepto cumpla. En Leibniz,extensio
como ámbito de cosas, deres,
no es (como tampoco en Spinoza) un ámbitoal
que unas cosas perteneciesen y otras no, sino más bien (en Leibniz) un nivel de conocimiento (deresolutio-compositio
en Leibniz) de las cosas en general, nivel del que (en Leibniz) demostramos (metacogniti vamente) que no es el último, sin que esto impida quePOLVO Y CERTEZA
en cierto sentido sí sea el último que cognitivamente
alcanzamos. En Spinoza, como veremos, ocurre a la
vez (a) que cualquier cosa (en cualquier nivel de ade
cuación del conocimiento acerca de ella) es extensa y
(b) que ninguna cosa (en ningún nivel de adecuación
del conocimiento que de ella se tenga) es sólo extensa.
Preparatoriamente, en orden a llegar a exponer en
su momento lo que ahora acabamos de anunciar,
recordemos el problema de la delimitación en el con
tinuo tal como se planteaba en el comienzo mismo de
nuestra presente exposición (capítulo
I).
Admitamos,
de momento como mero recurso lógico <<en abstrac
to>>, que una de las fórmulas que han servido para algo
así en la historia del pensamiento es la de que el conti
nuo sean al menos dos (o, que sepamos, dos, o dos de
los que podamos hablar) y que reconozcamos como
límite relevante en cada uno de los dos lados aquel
cuyo traspasamiento no pueda hacerse sin algún cam
bio también en el otro lado, o sea: que sólo deba con
siderarse cambio en un lado aquel que comporte cam
bio en el otro3• Ahora bien, el que aquí aparezca,
además de la
extensio,algo que quizá sin la extensio fuese a
3 Cf. mi libro La soledad y el circulo. capítulo 1.
3. SPINOZA, 11
37
su vez un continuo, se entenderá por las consideracio
nes que a continuación haremos.
La vieja identidad de conocer y ser-capaz-de
habérselas-con es susceptible de una reinterpretación
según la cual el habérselas-con lo es tanto más cuanto
más es capacidad de hacer con la cosa tanto x como lo
contrario de x; tanto más presente es la cosa cuanto
menos se depende de ella y menos sentido tiene hablar
de orientaciones intrínsecas a ella: cuanto más se
conoce, menos se depende, o sea: más determinante se
es; cuanto más presente la cosa es, menos obliga, es
decir: más es dominada. Según esto, ningún fin u
objetivo es inherente, el conocimiento no determina
fines, esto es: no hay fines, pues no hay nada que sea
cognitivamente reconocible como fin.
Esta consideración, incluso ya por sí sola, introdu
ce en la cuestión de los límites en la extensio algo nuevo.
Consideremos un ejemplo, de momento sin prejuzgar
sobre si se trata de un ejemplo cualquiera o de algo
más. Yo mismo soy un ente en la extensio, un cuerpo.
Ahora bien, quizá en todo caso, pero desde luego a la
luz de lo ahora dicho, por <<yo como cuerpo>> no cabe
entender aquello que <<ocupa>> en determinado
momento determinada porción de <<espacio>>, sino
más bien la parte que soy o el papel que desempeño en
•
•
POLVO Y CERTEZA
el acontecer del mundo físico, digamos: en qué soy
determinante y en qué soy dependiente en lo que se
refiere a ese acontecer,
minivel de potencia o de poder
o de dominio. Sentemos a este respecto algunas tesis.
Lo primero es que, en efecto, por todo lo hasta
aquí dicho de ella, la
extensio
(la
reducción a
extensio)
es el
modo de entender la cosa (o al menos la primera
expresión del modo de entender la cosa) que se corres
ponde con la reinterpretación del habérselas en el sen
tido de potencia y dominio, y en ello están incluidas
las aporías que plantea (y que reclamarán -como ya se
�a empezado a ver- ulteriores desarrollos), como el
que no haya en la cosa misma un de suyo por-dónde
cortar, una identificación de puntos, etcétera.
Es entonces lo segundo el que, en la reinterpreta
ción del conocimiento que se está introduciendo y a la
cual pertenece también el concepto de la
extensio,
ésta
hace par con otra secuencia de determinaciones o,
meJor dicho, con la misma vista de otra manera, a
saber: ya no como la secuencia de las cosas, sino como
la secuencia del pensamiento o del conocimiento: la
cogitatio.
Es de la máxima importancia (y sea ello lo tercero)
que la noción de un nivel de potencia o nivel de poder
o de dominio es, en virtud de lo dicho sobre la
rein-3. SPIHOZA. 11
39
terpretación del ser-capaz-de-habérselas-con, válida
de una sola vez e idénticamente para el ente del que se
trate (el ejemplo -de momento- era yo mismo) visto
en el lado de la
extensio
o en el de la
cogitatio.
Es el ente
mismo el que es un
quantum
de potencia, la cual por un
lado será potencia cognitiva, por el otro potencia cor
pórea. Volveremos sobre de qué tipo es este
quantum.
En todo caso, ha de tratarse de un
quantum,
sin que val
ga la especialización cualitativa, pues la concepción de
lo ente vinculada a poder y dominio, de la que estamos
hablando, es incompatible con la irreductibilidad de
las diferencias cualitativas.
La fórmula que estamos exponiendo obliga a exten
der a toda cosa la dualidad de
extensio
y
cogitatio,
pues no
hay cosa (límite) de otro modo que por la indicada
coimplicación de los dos lados. Hay al menos dos
maneras de hablar habituales a este respecto; una,
cuando se adopta el punto de vista del propio conoci
miento fáctico, decir <<la cosa>> y <<mi idea de la
cosa>>; otra, adoptando (metacognitivamente) el punto
de vista de lo q1,1e sería el conocimiento plenamente
adecuado, decir: la cosa como cuerpo y <<la mente>> o
<<el alma>> de la cosa. Esto lleva a decir que toda cosa
<<es animada>>, y, si se añade que <<en grados diver
sos>> , no hay que entender grados de animidad frente
•
•
POLVO Y CERTEZA
a alguna otra magnitud que permaneciese constante,
sino que la locución se refiere a la gradualidad de lo
ente mismo, idénticamente en un lado y en el otro. Es
claro, pues, que yo mismo no soy el único ejemplo,
aunque sí lo que pudiéramos llamar el ejemplo sisté
mico, es decir: aquel cuya validez como ejemplo es
inseparable de la validez del sistema mismo. Salvo lo
que esto tiene de comparación entre valideces, de ello
no se sigue caracterización alguna del tipo de validez
del ejemplo ni del tipo de validez del sistema, pues esta
última no puede, por definición, pertenecer ella
mis
ma a uno u otro de los tipos de validez definibles den
tro del sistema. Por otra parte, la peculiaridad que aca
bamos de atribuir a la validez del ejemplo se refiere
únicamente a validez de su condición de ejemplo;
aparte está el hecho de que para Spinoza (y sobre ello
volveremos) el conocimiento de una cosa (incluido el
de mí mismo) es siempre en una u otra medida inade
cuado.
Volvamos ahora a la cuestión de la potencia como
quantum.
Recordemos que lo es a la vez e idénticamente
en cuanto potencia cognitiva y en cuanto potencia cor
pórea. Así, pues, la referencia metacognitiva, esencial
para el sistema, a un conocimiento que sería plena
mente adecuado es la referencia a la potencia infinita .
3. SPINOZA.II
41
¿Qué es <<potencia infinita>>? Por tal ha de entenderse
la capacidad de actuar con cualquier nivel o grado de
potencia. Si la potencia infinita dejase fuera de ella
misma, por finitos frente a lo infinito, los diversos
niveles de potencia, entonces no sería la potencia infi
nita, sino la infinita impotencia: nada podría, porque
todo poder algo sería finitud.
Lapotencia
infinita es la
capacidad de actuar con uno u otro u otro nivel de
potencia; en cuanto que actúa con uno determinado,
es, por ejemplo, yo; incluso el hecho de que esta refe
rencia a mí mantenga el carácter de razonamiento sub
specie
aetemitatis
tiene, por lo que enseguida diremos, un
valor fenomenológico, a la vez que, ciertamente, pone
de manifiesto que falta aún aquí algo esencial para que
estemos llegando a la consideración de lo ente finito.
4.
SPINOZA,
111La cosa o el ente (es decir: el finito) del que en cada
caso se trate será una presencia del tipo
extensio
(esto es:
en el ámbito infinito de la
extensio)
y una presencia del
tipo
cogitatio
(esto es: en el
ámbito infinito de la cogita
tio).
La
extensio
y lacogitatio
como tipos de presencia en
general (como ámbitos infinitos) son atributos (los dos
atributos de los que podemos hablar) de la misma
yúnica substancia. En el caso de cada cosa o ente, se
puede hablar de un modo finito del atributo
extensio
y
de un modo finito del atributo
cogitatio,
pero el hecho
de que sólo haya lo uno porque hay lo otro y viceversa
(punto central de la fórmula) sugiere hablar simple
mente de un modo finito y
de la presencia del mismo
44
POLVO Y CERTEZAVayamos ahora con lo dicho (final del capítulo 3)
de que el concepto de un
quantum
incluido como parte
intensiva (es decir: intrínseca) en la potencia infinita
no es suficiente para que estemos hablando de una cosa
o de un ente, esto es: de un «modo finito>> .
Que yo estoy-aquí ocurre ahora, y el que ocurra
ahora es en principio independiente de que ocurra o
no en algún otro momento (es decir: la dependencia
entre lo uno y lo otro, si la hay, tendrá que demostrarse
en concreto). En cambio, que yo ahora-estoy-aquí
ocurre sin más; soy en todo caso aquel o aquello que en
el
ahora definido en la fórmula está en el aquí definido
en la fórmula; estoy inequívocamente señalado por ese
ahora-ser-aquí. Centrémonos ahora exclusivamente en
las dos
maneras de referirnos
amí; la primera de ellas
es la referencia al modo finito, pues es la referencia a
algo que, ciertamente, puede ser considerado
sub specie aetemitatis,pero que no es eterno; la segunda, en cam
bio, es esa consideración
sub
specie aet
emita
t
i
sa cuya posi
bilidad acabamos de referirnos. Lo mentado en la
segunda referencia es llamado a veces por Spinoza mis
mo la <<esencia del modo finito>> (a saber: la del modo
finito en cuestión, en el ejemplo: yo mismo) o incluso
añadiendo a <<esencia>> algún adjetivo que distingue
frente a otros usos de la misma palabra. Aquí
manten-4. SPINOZA, 111
45
dremos lo de <<esencia>> porque preferimos emplear
una terminología que, aun con retoques, proceda del
propio Spinoza; pero debemos insistir en dos preven
ciones;
la
primera es que (contra lo que pudiera hacer
pensar la palabra <<esencia>>) no se ha producido dis
tanciamiento alguno frente a lo que en su momento
expusimos de la spinoziana identidad inmediata entre
ser y existencia; la <<esencia>> de un modo finito es tan
existente como el modo finito mismo, y lo es ella mis
ma, como tal <<esencia>>; y, segunda prevención, tam
poco tiene aquí <<esencia>> nada que ver con <<idea>>; el
modo finito tiene siempre presencia en el atributo
extensio,
y la esencia del modo finito no es ni más ni
menos «física>> que el modo finito mismo.
Así, pues, lo que ahora acaba de aparecer como la
esencia del modo finito es aquello de lo que al final del
capítulo 3 decíamos que no podía ser todavía el modo
finito mismo, porque con ello permanecíamos dentro
de una derivación
sub specieaeternitatís.
Se lo caracterizó
allí como
quantum
de potencia y, en relación con la
potencia infini�a, se le asignó el papel de lo que luego,
ya en este mismo capítulo, se resumió en el concepto
de parte intensiva (intrínseca, no yuxtapositiva). Se
trata en todo caso de un quantum, es decir, de algo que
sólo tiene lugar como empeño por un más frente a un
POLVO Y CERTEZA
menos; un nivel o grado, y precisamente uno determi
nado, no puede sostenerse sino como ese empeño
(conatus).
Y
en esto ya sí hay secuencia, durar, momen
tos, per-manecer, partes extensivas, donde lo de
«extensivas>> no tiene nada en particular que ver con
la
extensio
en el sentido técnico spinoziano, sino que
quiere decir yuxtapositivas, esto es, algo que puede
haber tanto en la
cogitatio
como en la
extensio.
El
conatus
es
el durar perteneciente a lo que
sub specie aetemitatis
es un
quantum
determinado.
Según esto, el carácter de
quantum
determinado es
consistente con que cada acontecer que acontece en
eldurar de la cosa (en el ejemplo: en mi durar) pueda
ser considerado desde el punto de vista de si es
aumento o disminución de potencia, ya que el
quantum
de ésta sólo tiene lugar en el empeño por un más
frente a un menos. Bajo esta consideración, lo que
acontece en mi acontecer es en cada caso un
affectus,
a
saber: uno de aumento o uno de disminución. Por
otra parte, también todo lo que acontece en el durar
puede ser considerado desde el punto de vista de si en
ello (en cada acontecer) uno es determinante o
dependiente, lo cual, como ya hemos visto, es idéntico
con en qué medida el conocimiento que se tiene es
adecuado o inadecuado (conocimiento adecuado es
4. SPINOZA, 111
47
potencia, idénticamente cognitiva y corpórea, mien
tras que inadecuación del conocimiento es impoten
cia, también idénticamente cognitiva y corpórea); des
de este punto de vista, lo que acontece en el durar
queda dividido en
actio
y
passio.
Esta división puede, en
el nivel de las definiciones nominales, cruzarse con la
que hemos establecido a propósito de
affectus,
pero
entonces una de las cuatro casillas queda vacía, pues no
se entiende cómo podría la
actio
ser disminución de
potencia; la
passio,
en cambio, sí puede ser tanto .�n
a
.ffe
ctus
de aumento (y entonces el tipo de
passio
e�
laetltra)
como uno de disminución (y entonces la
passw
es del
tipo
tristitia).
Seguiremos aún por algún tiempo en el terreno del
durar y el
conatus.
La potencia de la que venimos
hablando es la condición de determinante frente a la
de dependiente, y el
conatus
es el empeño por un más
frente a un menos de potencia en este sentido; por lo
tanto, no puede ser empeño en algo determinado que
hubiese sido representado por el conocimiento; no
hay <<fin>> . Así, pues, en el encuentro entre unos y
otros, no puede suponerse contenido común alguno,
ya que ni siquiera puede suponerse contenido alguno
individual, ni siquiera por mí mismo por lo que se
refiere a mí mismo, pues mi conocimiento de mí
mis-POLVO Y CERTEZA
mo, como mi conocimiento de cualquier cosa o ente, es siempre en alguna medida inadecuado; sé metacog nitivamente, sistémicamente, filosóficamente, en qué consiste en general mi empeño (estamos tratando de exponerlo), pero permanezco en conocimiento inade cuado en cuanto a dar a eso una concreción perceptiva. Esto es la interpretación que desde la fórmula que estamos presentando podemos dar a la tesis hobbesiana de que la orientación volitiva queda confiada a las pasiones (recuérdese que ahora la pasión es la medida en la que el conocimiento es inadecuado) y que al conocimiento sólo le queda el cálculo de estrategias. En todo caso este punto de intertraducibilidad con Hobbes es suficiente para que también en Spinoza el reconocimiento de la ilimitada diversidad e imprevisi bilidad de los siempre accidentales objetivos comporte el del interés de cada uno en poder hacer cálculos,
<<contar con>>, y, en cuanto a qué sea lo que pueda y haya de estar garantizado (con lo que <<se pueda con tar»), el que, según hemos dicho, no puedan supo nerse contenidos del interés deja como posible
quid
de la garantía únicamente la garantía misma, esto es, que esté garantizado aquello sin lo cual nada podría estar garantizado; garantía, sea la que fuere y sea de lo que fuere, significa que hay cuestiones en las que, dadas'· SPINOZA, I I I
49
!feterminadas condiciones, habrá de darse tal resulta do; significa, pues, regla, es decir, el estatuto lógico de universal; y ese mismo estatuto es selectivo en lo que se refiere a qué cosas pueden o no pueden permitirse y qué cosas pueden o no pueden prohibirse; pues no cualquier cosa cumple la condición de que el que yo la haga sea compatible con que bajo las mismas condicio
nes pueda cualquier otro, si quiere, hacerla, o, lo mis mo dicho de otra manera, constituye una condición bastante restrictiva (y sin embargo, o quizá precisa
mente por ello, definición nominal de lo jurídico) el que haya identidad estricta entre la obligación que a mí se me impone y la garantía que recibo de que también a cualquier otro bajo las mismas condiciones le será
eficazmente impuesta
lamisma
ob
li
gaci
ón; es de esemismo estatuto de universalidad del que deriva la exi gencia de un poder con el que ningún otro pueda medirse; etcétera. Debemos ahora reflexionar sobre una característica lógica del proc·eso que hemos segui do. En efecto, cada uno es un caso irreductiblemente singular (¡nada de igualaciones!) hasta tal punto que precisamente la irreductible singularidad es la cosa menos singular que hay, pues es lo que todos tenemos en común y, por lo tanto, ella misma el universal ; el derecho igual no es sino el igual derecho a la
desigual-50
POLVO Y CERTEZAdad; en todo caso, es cierto que hay aquí un vuelco, una ruptura con la situación de partida, una abs-trac ción. La misma no-inmediatez es también lo que se expresa en que haga falta un <<pacto>> entre cada uno y cada uno de los demás (esto es: la situación civil no se da por sí y sin más) y en que el poder con el que nin gún otro pueda medirse tampoco se encuentra ahí, sino que es pro-ducido por el pacto, por lo cual no puede ser él mismo parte pactante en el pacto. Todo esto ocurre incluso en el caso de que el órgano sobera no, el poder constituido en el pacto, esté integrado por todos a igual nivel; aun así, ese soberano no es tal porque esté ahí y sean todos, sino porque se constituye en el pacto; tal es ya la exigencia de Hobbes cuando
incluye la <<democracia>> entre las figuras que
puedeadoptar la situación civil; requiere, sin embargo, una atención especial por parte de Spinoza el evitar que el <<todos>> transmita un regusto inmediatista debido a que todos son simplemente todos los que hay, ni más ni menos, y así ocurre que por una parte el democra tismo vulgar y por la otra el absolutismo regio tengan en común precisamente lo más importante', a saber:
que ambos son inmediatistas, esto es, que ambos pien san que hay algo así como una soberanía <<natural>> y un titular <<natural>> de la soberanía, difiriendo sólo
4. SPINOZA, 111 5I
en quién es ese titular. Ni Spinoza ni Hobbes son inmediatistas y. por lo tanto, ni el uno de ellos puede ser absolutista ni el otro puede ser demócrata vulgar. Si. Spinoza consigue rehabilitar el término <<democra cia>>, es porque a la vez el modo en que se toma la referencia semántica a <<todos>> está cambiando, des plazándose en el sentido de que ese <<todos>> páse a significar en primer término la universalidad que hemos encontrado vinculada a la noción de garantía.
•
5.
SPINOZA, IV
Que la identificación de conocimiento con ser-capaz
de-habérselas-con se produzca ahora en el sentido de
capacidad (tanto mayor cuanto mayor sea el conoci
miento) de hacer con la cosa tanto lo uno como lo
otro, de conocimiento como lo contrario de depen
dencia, como capacidad de determinar, etcétera, con
cierta hasta
lasinonimia con que el conocimiento ple
namente adecuado no lo sea en el sentido de adecuado
a ... , a saber: po.r patrón algo distinto del conocimien
to mismo; pues conocimiento plenamente adecuado es
sinónimo de potencia absoluta e infinita y, por lo tan
to, de no depender-de y no ser-medido-por. El
conocimiento adecuado tiene enteramente dentro de
54
POLVO Y CERTEZAsí mismo su propia validez. Ya antes de pasar a ocupar
nos en particular de Spinoza, a propósito, por ejem
plo, de Leibniz, fue lo que ahora estamos diciendo lo
que nos obligó a excluir del conocimiento adecuado la
facticidad; ello fue entonces mediante la noción de
una deconstrucción-reconstrucción en la que nunca
podía alcanzarse (aunque sí mencionarse en argumen
tación metacognitiva) punto del que pudiésemos estar
seguros de que terminaba el proceso por uno u otro
extremo. El carácter metacognitivo de la referencia al
conocimiento adecuado también está en Spinoza, y
también aquí vinculado a fórmulas de exclusión de la
facticidad; pero ahora con un matiz. La posición sisté
mica básica de Spinoza al respecto es que no tenemos
(ningún
finito, ningún
ente,
tiene)
co
n
o
ci
mient
oadecuado de, a su vez, ente (cosa, finito) alguno, y que,
en cambio, sí es adecuado el conocimiento que tene
mos en cuanto que tenemos nociones que no lo son de
cosa alguna, sino que tienen siempre el estatuto de
supuestas en el conocimiento de cosas, de cualesquiera
cosas o de unas u otras cosas; percepción que no es
temática, pero que quizá precisamente por ello no
podría ser sino adecuada. El término spinoziano para
el tipo de nociones a que acabamos de referirnos es
notio communis,
y al discurrir por notiones communes Spinoza
5. SPINOZA, IV
55
lo llama «razón>> y lo considera como un <<segundo»
tipo de conocimiento (el <<primero>> es la <<imagina
ción>> u <<opinión>>, el siempre inadecuado conoci
miento de cosas). El carácter de notio
commun ises el que
tienen, por de pronto, las nociones de los que hemos
llamado <<atributos>>, pues todo conocimiento de
alguna cosa, dado que siempre conoce bajo uno u otro
atributo, presupone (es decir: no tema tiza, en cierta
manera deja atrás, pero en efecto presupone) el atri
buto mismo.
Con lo que acabamos de apuntar acerca de la dife
rencia de estatuto entre, por una parte, las notiones
co
m
munesy, por otra, el conocimiento de cosas, en los tér
minos en los que de momento la hemos formulado,
tocamos una vieja cuestión, a saber, la de lo ya-supues
to que se atiene a su condición de tal, esto es, a su ya
haber-quedado-atrás. Nótese, en efecto, que se llama
<<segundo>> a lo que, sin embargo, en lo <<primero>>
está ya-supuesto. Es un antiguo punto con el que, sin
embargo, la modernidad tiene problemas, no ajenos al
papel que en ló moderno desempeña todo el complejo
conceptual que hemos presentado a través de la pro
blemática de un vinculo-de-todo-con-todo y nociones
conexas; pues, ya desde antes, viene siendo el que lo
ya-supuesto tienda a perder su condición de tal y de
POLVO Y CERTEZA
�guna manera se erija ello mismo en ente lo que da lugar a propensiones del tipo uno-todo.
En evidente parentesco con lo ya comentado a pro pósito de <<segundo>> y <<primero>> está el hecho de que, cuando se quiere pensar un conocimiento que partiendo de las
notiones communes
llegaría a las esenciasde los modos finitos, no se lo trata como cuestión de hasta dónde llega la <<razón>> o el <<segundo>>, sino que se lo llama <<tercero>>, con lo cual se subraya el carácter aporético, pues, si ese <<desde ... hasta ... >> fuese en efecto certificable, entonces, por definición nominal, no habríamos salido del <<segundo>>. En el concepto
notiones communes
se incluyen, además de lasnociones de los atributos mismos, también las de aquello que se
sigue de ellos
ylos acompaña necesaria
mente, esto es, de los <<modos eternos e infinitos>> de cada atributo; modo eterno e infinito <<inmediato>>
del atributo
e.xtensio
es motus et quies, mientras que asimismo modo eterno e infinito de la e.xtensio, pero <<media to>> (es decir: paso siguiente de la secuencia derivati va), es
facies totius universi.
Pues bien, por el otro extremo,¿qué carácter tienen las esencias de los modos finitos?; ya sabemos que no son ellas mismas modos finitos· '
pero tampoco se las incluye (al menos no expresamen-te) entre los modos eternos e infinitos (lo que
obliga-5. SPINOZA, I V
57
ría a postular una secuencia derivativa que llegase hasta ellas, ¿o estarían de algún modo incluidas en
facies totius
universi?).
Ciertamente la noción del <<tercer>> conocimiento desempeña un papel incluso sin que para ello haya de suponerse que tal conocimiento sea algo que alguna vez ocurra.
Y
no sólo porque se trate de una referencia imprescindible, sino también porque esa referencia envuelve un cambio del carácter lógico de los atributos mismos. Ahora el atributo esél
mismo esencia omnia barcante y, por lo tanto, presencia de una substanciaúnica; se transfiere el protagonismo a aquello de lo que el atributo es atributo. Pero precisamente por ello tampoco podrá ser la de
substantia
la primera noción, la que presida todo el sistema, pues, al mencionarse lasubstancia por así decir independientemente de uno u otro atributo, lo que queda como caracterización (o metacaracterización) de la substancia es una figura cuya posición inicial ha de ser destacada precisamente por el hecho de que se trata de algo que parece tener todas las características q.ue deberían impedir que fuese un pri mero. Dejemos ahora el carácter gramatical de núcleo más-complemento, cuando la condición de primero debe impedir que