• No se han encontrado resultados

presencia (por lo tanto en definitiva ser), la presencia (el ser) comporta ahora un elemento de neutralidad

76

POLVO Y CERTEZA

tión del determinar y el depender (la cuestión de potencia o poder) queda incorporada a la cuestión del ser, con las consecuencias que se han visto y otras.

En algunas otras exposiciones la comprensión del ser como potencia o poder había aparecido vinculada con algún otro muy determinado fenómeno. Decimos <<fenómeno>> en un sentido de esta palabra que esta­ ríamos dispuestos a defender tanto desde Husserl

como desde Heidegger, hasta tal punto que de ese fenómeno se dio también en su día lo que desde esos mismos autores llamaríamos una fenomenología. El fenómeno se llamó <<la sociedad civil», y la fenome­ nología se denominó <<la economía política>>, que no es el nombre de una disciplina, sino el de un movi­ miento intelectual . Para decir qué es lo designado con esos nombres, podemos seguir en la línea de valernos de conceptos de la filosofía del siglo XX y esbozar lo que llamaríamos un <<sistema axiomático>> , que quizá pudiera serlo incluso en sentido estrictamente forma­ lista. Sin tratar de agotar esta última cuestión, establez­ camos, sin embargo , unos

.AI-A5,

axiomas con los cuales y con la mención del tipo de reglas de inferencia que sería inherente al sistema axiomático podemos pretender que quede definida tanto la sociedad civil como la tarea de la economía política. Sea Al un

8. LO CIVIL

77

número ilimitado (es decir: siempre finito, pero que puede ser tan grande como se quiera) de comparecien­

tes participantes en el juego; sea A.2. que a los tales no se les presupone, ni a todos ni a unos u otros de ellos, pertenencia a comunidad o colectividad alguna; sea

A3

que cada uno de ellos porta contenidos que pueden ser cualesquiera, pero que son en cada caso y momento unos determinados; sea

A4

que cada uno de los parti­

cipantes tiene necesidades (apetencias, deseos) que pueden ser cualesquiera, pero que en cada caso y momento son unas determinadas; sea

A5

que no hay limitación de principio alguna para que los participan­ tes se intercambien entre sí sus contenidos de acuerdo con las respectivas aportaciones y apetencias.

A

un sis­ tema axiomático pertenecen

no sólo

unos axiomas,

sino también unas reglas de inferencia; ocupémonos ahora de esto. <<Construir>> es un concepto, kantiano

en principio, que comporta lo siguiente: la definición de un concepto por lista de notas (en la que se basan los juicios analíticos) no garantiza que un objeto sea posible; el paso -a que lo sea es la cuestión de construi­ bilidad; aquellos juicios que implican cuestión de

construibilidad son sintéticos. En el sistema axiomáti­ co que esbozamos, las reglas de inferencia desempeña­ rían el papel de la cuestión de construibilidad, y las

8o

POLVO Y CERTEZA

aspectos anunciados. Con la construcción, en el mis­ mo trecho argumentativo, se presenta no sólo cómo la cosa es, sino también cómo ella, en virtud de ese mis­ mo ser, tiene que aparecer para ella misma; de la dife­ rencia entre lo uno y lo otro formulemos ahora sólo aquello que mejor nos permite mantener para este momento de nuestra exposición el carácter más bien meramente alusivo (a cosas desarrolladas en otras par­ tes): algo que es (que, en la propia construcción mar­ xiana, para el <<nosotros>> investigador aparece como)

exigencia del tener lugar de la sociedad civil, aparece para la propia sociedad civil (y también ello es exigen­ cia de ese tener lugar) como el ser de las cosas mismas. Dada la inmediata sospecha de muy central conexión hegeliana que esta fórmula suscita, no nos abstengamos

de decir (confirmando tanto la dependencia como la distancia, pero sin repetir aquí lo ya dicho en otras partes) lo siguiente: si en un Marx más joven la rela­ ción con Hegel (dependencia y discrepancia) es cons­ ciente, pero superficial y convencional, ahora en cam­ bio, en la etapa a la que ahora nos estamos refiriendo, hay una dependencia-y-a-la-vez-distancia de la que no nos consta que sea consciente y de la que, en cambio, sí detectamos que afecta al fondo de la cuestión. De nue­ vo para no repetir, hagamos ahora una especie de tra-

8. LO CIVIL

8r

ducción <<intuitiva>> : ¿qué significa eso de poner como el ser de las cosas mismas lo que es condición del tener lugar de la propia figura que lo pone?, ¿falacia autojustificatoria?, quizá, pero también es cierto lo siguiente: una formación que, los criterios o patrones de medida que pone, los pone no como suyos, sino como de la cosa misma, a la vez está admitiendo ser juzgada ella misma según esos criterios, está dejando que se le escapen de las manos. Por ejemplo: en el pre­ sente capítulo hemos vinculado al fenómeno <<socie­ dad civil>> el tipo de igualdad que en el capítulo

4

se defmía como constitutiva de lo jurídico en cuanto tal; esa igualdad aparece corno independiente de su actual vinculación y perteneciente al ser mismo de las cosas en la medida en que se la hace reposar en <<la igualdad natural>> de <<los humanos>> ; por otra parte, aquella misma igualdad, en cuanto implicada en la universali­ dad inherente a la noción de garantía, aparecía ya en aquel capítulo en relación con cierta evolución del sig­ nificado del término <<democracia>> , evolución que ya está cumplida en el Marx maduro al que ahora nos estarnos refiriendo, en el cual, a la vez, todavía no han surgido las posteriores especificaciones manipuladoras del significado del término y sí hay, en cambio, adjeti­ vos de carácter metadiscursivo referentes al modo de

POLVO Y CERTEZA

uso del mismo: así, democracia <<vulgar>> es el uso

teleológico, contrapuesto al crítico (al que aquí hemos

llamado de patrón de medida o de criterio); de hecho,

Marx reprocha a sus compañeros de partido el que

ellos no asuman de manera íntegra y consecuente la

exigencia de la <<república democrática� .

9.

TRES APÉNDICES

I

Una cosa como lo que ahora se acaba de llamar <<repú­

blica democrática>> se pudo, según exposiciones ya

hechas, fundamentar (¿exactamente como qué?,

¿como necesidad?, ¿como exigencia?, ¿de qué tipo lo

uno o lo otro?) desde Spinoza

o

desde Kant. Del pri­

mero, al respecto, hemos hablado aquí mismo (capítu­

lo 4). De Kant vale lo ya anteriormente dicho

5•

Puede,

pues, preguntarse si, en cuanto a qué es lo que se fun­

Documento similar