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I7 Q 1 Í J ü l i

i

EN PROGRESO.

FIN Di; LA LEGISLATURA DK 18 3 4 -

L A I N T E R V E N C I O N ,

Y a se fueron á sus casas los legisladores españoles. Los ¡tiren- lores de la maquina legislatña de i834 la guardaron justamente el tiem po necesario para cubrirla de sangre y cuando ya no cabia una pizca m a s , la tiraron co m o un instrumento gastado.

I d , id a vuestros h o g ares, contad vuestras h azañ as, enum erad los beneficias que habéis dejado a! p u e b lo , haced valer vuestra servilidad á toda prueba que se mantuvo firme hasta ver el u l­

timo punto de ignominia á que debía conducir. Y v o s o t r o s , p u e ­ b lo s , acordaos co m o vuestros antecesores acogieron á los dipu­

ta d o s , tales co m o los de i834, J guardaos de consentir se repita sem ejante farsa legislativa, e nvile ciendo la dignidad que para todo corazon sano debe acom pañar la idea de representación nacional.

Q u e se nos indique una sola mejora de esta época si es que se ha realizado a lg u n a , que cu alquier ministro absoluto no hubiera podido poner en practica sin necesidad de C o rtes! R e g e n e r a r l a n ac ió n , levantar de cimiento un edificio social co m o dijo el hipó­

crita discurso de a b e r tu ra , eso es lo que no puede en nuestros tiempos ningún m in istro, lo que solo pued e la fuerza de la nación soberana concentrada en sus representantes y de esta m isión, las C o rtes españolas de i b54 podian tener ni aun la ¡dea mas su p er­

ficial? esas C o rles cuya mem oria quedará en la historia del pays c o m o un m onum ento insigne de estupidez? Pues paraque los llam ó el g o b ie rn o ? Para e ngañar al pueblo y dar una apariencia de legalidad popular a sus iniquidades; — esla misión las Corte s la han cum plido á toda satisfacción.

P o r q u e encarnizarse tanto contra los hom bres que al fin tocan mas de cerca al pueblo que esos palaciegos q u e , dueños de todo poder, los seducen ó am edrentan? S i , contra las falsas represen­

taciones nacionales es preciso encarnizarse en a d ela nte , ellas son las que han h e c h o , las que hacen todo el m a l , los ministros no tienen mas encargo que c o m p la c e r á la c o r t e , |y á su proprio e g o ís m o , pero que los diputados del p u eb lo presten la sanción del pueblo á los m ism os abusos para c u y o remedio el pu eb lo les perm ite usar de su p o d e r soberano , que lo» mismos que están «*

(2)

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•E: una verdadera representación, ni un a ver- W~ E ¿ capaz de co rregir aquella ruando alguno vez

—- cam ino recto. Las villanías y los absurdos E: pos falsamente llamado» representativos son o ceso ácia al absolutismo y no los esfuerzos

— irzos que el 1 :<s llaman anirq u ia, pero que

¿ E la naturaleza del espirito h u m a n o , co m o tn_r ^ ar el paso á otro orden de cosas donde la JE ficción y el poder sera fuerte porque m ar-

se ones de la libertad.

05 EE robio eterno á los procuradores españoles :E íeblo ni una sola libertad han em pezado por E 1 contraidas por el despotismo y han aca- E in tervención estrangera.

t. acaso está decre tada? las C orles no se han ecisamente para no haber de tratar con

constantemente el ministerio c u y o s m alo?

parar en el pedimento de interven ción ? m p u n em ente las representaciones forjadas cuartel general? Q u i e n , cuando se trató

nistros de su gestión, sustituyó primero á » na cuestión palaciega votando un nuevo

gobierno y denigrativo del p u e b l o P Q u i e n ficio estuvieron amortiguados los á n im o s , i apariencia á la propuesta i n v e st ig a c ió n , pes.tion de humanidad que nada podía pro- lion p olítica, á pesar de las patentes c o n ­ fío? Las Cortes llevan pues á la par del la responsabilidad de haber pedido iuter- ta no sa verifica , no será culpa suya . y si lo todo lo que le conviene confidencial- o se lia atrevido á com unicárselo o íiu a l- in asenso en forma l e g a l , no ha sido por jue estaba bien cierto de no encontrar,

•rías desde donde el pueblo los hubiera 'i los hubiera podido llam ar desde el día rania nacional al despotismo d o m e stic o , c ie rtam ente el dia en que viéndose ve n - despotismo estrangero hu b iera conocido

- o ----—

ssen ¡os gr a n de s p a t r i o t a s , los ge fes de la r r o s, los G a l i a n o s , y A r g u e l l e s ; los q u e se co— zr: íqjl icidos ! As i se d es e ng añ ar á el m u n d o ,

— ra d es eng añ ar lo .

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en toíla su extensión ios efectos deí régimen que Sus procuradores le han ¡>rocura<to.

No ¡>o lomos separarnos de esta sesión sin notar ia peregrina 1 o - gica explayada por el insigne orador y poeta que según dijo el Diario de los debates se ele vó en aq u el m o m e n to sobre si m is m o ! P rim ero habió de la responsabilidad de los m in istro s, diciendo que era necesaria p a r a --- la estabilidad del trono y que estaba pro n ­ to á cometerse a e ila , pero añadiendo e n s e g u i d a que esas respon ­ sabilidades no se hacen efectivas sino cuando se quiere desahogar un sentimiento de encono y re ncor hacia los ministros. Esto tra ­ ducido en un lenguaje mas claro y justificado por todo lo o c c u r - r¡ i o durante el régimen del estatuto real, quiere decir : N osotr os los ministros del [ r o ñ o , no ten em os que mirar p o r las garantías del pu eb lo sino por las del trono y co nsentim os que si los a nar­

q u ista * se ponen alguna vez en la cabeza de cavilar sobre los a c ­ tos del g o b ie rn o , su inania de desfacer tuertos se cebe mas bien en nosotros que en el t r o n o , pero m e jo r fuera ¡ era la estabilidad del trono que nunca se metiesen á cavilar y que dejasen en paz al trono y á sus ministros.

Eu lo que toca á la in te rv en ció n, kabiendo hecho m arch ar por delante la frase acostnmbiada que no permitiría que los estrangeros se mezclasen en los asuntos del pays, hizo al abrigo de esta cabeza de columna una co ntram archa, insinuando que no dejaría de v a ­ lerse de los auxilios estrangeros que los tratados le daban derech o de invocar. Cual es la naturaleza de tales auxilios y en que co n ­ siste la co o p e ra ció n , que se ha sustituido A la v o z mal sonante de in te rv en ció n , lo verem os l u e g o , porque nos pro ponem os de desen­

trañar esl't cuestión de auxilio estrangero bajo lodos sus aspecto*.

Y por comenzar con un hecho p o s it iv o , acordémonos desd e luego que la entrada de tropas esirangeras en España ha sido p e ­ dida ele c tiva m en te; y que ha sido pedida sin autorización de las cortes. Acordémonos también que la sabia c onstitución del año 12, con presencia del trastorno social, causado p o r el p ro ce d er anti­

nacional del gobierno que hizo al estrangero arbitro de la nación española, ha psohibido e presamente el paso de tropas estrangeras sin consentimiento de la representación nacional. Sin pararnos en la estúpida é insolente arrogancia de los que á tan corta distancia de épocas desprecian las lecciones de la historia , nosotros que no co n oc em o s mas base legal del gobierno español que la constitución, diremos sin rebozo que los ministros han obrado como T r a id o r es a la nación , diremos mas , que la T r a ició n no existiría menos si las Cortes hubiesen dado su consentimiento , porque siendo servi­

doras d é l a legitimidad y no garantes de la soberanía nacional, no estaban facultadas para semejante permiso, Reflexionénlo bien los sofistas (pie sordos á la desmentida que reciben á cada m o m e n ­ to de la ew dencia de los hechos, pretenden imperturbables que la soberanía del pueblo no es mas que un sonido v a c i o , sin apli—

cat ión en la p> litiea positiva.

El diario tle los debates y otros de su calaña de dentro y fuera

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LW \ n

( ?- )

c o n t a d o irías intim o con el p u e b l o , le lingaii traició n, e>a es una felonía im perdonable y que hubiera y a arianeado de miz toda fe en la virtud del régimen re p re se n ta tivo , si no se supiera que hasta ahora no ha existido una verdadera represen tación , ni un í ver­

dadera acción popu lar capaz de co rreg ir aquella cuando alguno vez quisiera desviarse del c a m in o recio. Las villanías y los absurdos co m e tid o s por esos cuerpos falsamente llamados representativos son los que preparan el retroceso acia al absolutismo y no los esfuerzos de los patriotas, esfuerzos que ellns llaman an ifq-uia, pero que son tan fundados en la naturaleza del espíritu h u m a n o , co m o necesarios para a segu rar el paso á otro orden de cos is donde la libertad no será ya una ficción y el poder sera fuerte porque m a r­

chará bajo las inspiraciones de la líberiad.

Maldición pues y oprobio eterno á lo.s procuradores españoles que sin asegu rar á su pueblo ni una sola libertad han em pezado por echarle todas las cargas contraidas por el despotismo y han aca­

bado con som eterlo á la intervención estrangera.

Pero la intervención acaso está decretada? las Cortes no se han cerrado e x abrupto pre cisamente para no haber de tratar con ellas esa cue tío n ?

Y quien ha sostenido constantemente el ministerio c u y o s m a los m a ne jo s han venido á parar en el pedimento de i n te rv e n c ió n ? Qu ien ha dejado pasar im punem ente las representaciones forjadas en los conciliábulos del cuartel general? Q u i e n , cuando se trató de tom ar cuenta á los ministros de su gestión, sustituyó primero á la cuestión patriótica una cuestión palaciega votando un nuevo m e nsage aprobativo del gobiern o y denigrativo del p u e b l o ? Q u i e n despues que con este artificio estuvieron amortiguados los á n im o s , y pasando con eng añosa apariencia á la propuesta i n v e st ig a c ió n , se ciñó m eram ente á la cuestión de humanidad que nada podia p ro ­ ducir, sin tocar á la cuestión p olítica, á pesar de las patentes c o n ­ tradicciones del m in iste rio ? Las Cortes llevan pues á la par del gobiern o la vergüenza y la responsabilidad de haber pedido inter­

ve n ció n e str a n g e r a ; si esta no sa verifica , no será culpa suya , y si el ministerio co m u n icand o todo lo que le conviene confidencial­

m ente á los D ip u tad o s, no se ha atrevido á com un icárselo oficial­

mente y e x ig ir ds ellos un asenso en forma l e g a l , no ha sido por miedo á uoa resistencia que estaba bien cierto de no encontrar, sino de m ied o ñ lux g a ler ía s desde donde el pueblo los hubiera llamado T r a id o r e s , co m o los hubiera podido llam ar desde el dia en que vendieron la soberanía nacional al despotismo d o m e stic o , y co m o lo hubiera hecho ciertam ente el día en que viéndose ven­

dido á la política de un despotismo estrangero hu b iera conocido

( i ) Y era prec is o q u e fuesen ¡os gr a n de s p a t r i o t a s , los ge fes de la o p o s i c i o n , Sos u lt r a e x a lt a d o s , los G a l i a n o s , y A r g u e l l e s ; los q u e se diesen p o r satisfech os y c o m p í l e n l o s ! As i se d es e ng añ ar á el m u n d o , q u e bastante liemos d ic h o pa ra d es eng añ ar lo .

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en toda su extensión los e fe c to sd e l régimen (fue sus procuradores le lian jiró cu ra ilo.

No ¡)o Jemos separarnos de esta sesión sin notar ¡a peregrina l ó ­ gica explayada por el insigne orador y poeta que según dijo eí Diario de los débales se elevó en aquel m o m e n to sobre si mismo ! Pe imero habió de la responsabilidad de los m in istros, diciendo que era necesaria p a r a --- la estabilidad del trono y que estaba p ro n ­ to á someterse a e lla , pero añadiendo en seguida que esas re spon ­ sabilidades no se hacen efectivas sino cuando se quiere desahogar un sentimiento de encono y re ncor hacia los ministros. Esto tra ­ ducido en un lenguaje mas claro y justificado por todo lo o c c u r - ri o durante el régimen del estatuto real, quiere decir : N osotr os los ministros del t r o n o , no ten em os que mirar p o r las garantías del pu eb lo sino por las del trono y co nsentim os que si los a n a r - c/utstox se ponen alguna vez en la cabeza de cavilar sobre los a c ­ tos del g o b ie rn o , sn inania de desfacer tuertos se cebe mas bien en nosotros que en el t r o n o , pero m e jo r fuera ¡ era la estabilidad del trono que nunca se metiesen á cavilar y que dejasen en paz al trono y á sus ministros.

Fu lo que toca á la in te rv en ció n, habiendo hecho m archar por delante la b ase acostumbrada que no permitiría que los estrangeros se mezclasen en los asuntos del pays, hizo al abrigo de esta cabeza de columna una co ntram archa, insinuando que no dejaría de v a ­ lerse de los auxilios fes ira ligeros que los tratados le daban de rech o de invocar. C u al es la naturaleza de tales auxilios y en que co n ­ siste la co o p era ció n , que se ha sustituido la v o z mal sonante de in terven ción , lo vere mos l u e g o , porque nos pro ponem os de desen­

trañar esl't cuestión de auxilio estrangero bajo lodos sus aspecto*.

Y por comenzar con un hecho p o s it iv o , acordémonos desd e luego que la entrada de ¡ropas esirangeras en España ha sido p e ­ dida e fectiva m en te; y que ha sido pedida sin autorización de las cortes. Acordémonos también que la sabia constitución del año 12, con presencia del trastorno social, causado p o r el p ro c e d e r anti­

nacional del gobierno que hizo al estrangero arbitro de la nación española, ha p:ohibid o e presamente el paso de tropas estrangera»

sin consentimiento de la representación nacional. Sin pararnos en la estúpida é insolente arrogancia de los que a tan corta distancia de épocas desprecian las lecciones de la historia , nosotros que no co n oc em o s mas base legal del gobierno español que la constitución, diremos sin rebozo que los ministros han obrado como T r a id o r es a la nación , diremos mas , que la T r a ic ió n no existiría menos si las Cortes hubiesen dado su consentimiento, porque siendo servi­

doras de la legitimidad y no garantes de la soberanía nacional, no estaban facultadas para semejante permiso. JReflexionenlo bien los sofistas (pie sordos á la desmentida que reciben á cada m o m e n ­ to de la e \ ¡l e n r i a de los hechos, pretenden imperturbables que la soberanía del pueblo no es mas que un sonido v a c i o , sin apli­

cación en la pi litiea po.-itiya.

El diario de los debates y otros de su calaña de dentro y fuera

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de eoiiántudonnl. P u es hososlros Ies haremos itn m om e nto el ¡a-*

v o r de raciocinar sobre la suposición de un gobiern o co nstitucio­

nal, no fingido sino verdadero. Nadie negará que h a y una diferen­

cia enorm e entre esta clase de go biernos y los absolutos, d iferen­

cia que se pudiera esprim ir con la sola oposicion de las dos pala­

b ras: los p u eb los y los rej es. En el gobierno legitimista y ab solu ­ to los pueblos no tienen que ver ni quien los gobierna ni co m o los go b iern a, el trono tiene una existencia propia, independiente, c u ­ yas necesidades y conveniencias son la regla de todos los intereses;

esta es la verd adera legitim idad y co m o no reconoce otro arbitro en el interior de cada re y n o sino á si misma ; asi tampoco lo re - noce en las cu estiones esteriores. N o solo el rey es dueño de dis­

p o n e r de su estado por abdicación 6 testamento, de invoca r auxilio estrangero y em plearlo según su a n t o j o , sino cuando ios deposi­

tarios de l¡y legitim idad están en querella unos con o tros, lo que sucede todos los dias á pesar de la infalibilidad de su derecho di­

vino, la legitimidad de los otros reyes se cree autorizada á e sco g er el partido que le parece mas legitimo ( siempre se usa esta palabra aunqu e sea para cubrir la p u r a conveniencia ) : sin que el pueblo de quien se trata pueda tener una opiniou sobre la suerte que le está reservada. En el sistema constitucional verd adero es todo lo c ontrario, allí el pueblo es el que tiene una existencia propia y los intereses suyos son los que sirven de regla suprema, por que si no hu b iera pueblo no hubiera gobierno y la existencia de este solo se funda en una co nveniencia de a q u e l ; por otra parte si cada pueblo recon oc e estasm axim as para si mismo, las debe reconocer también para los o tros, sopeña de caer en contradicción consigo m i s m o ; asi resulta que los pueblos se respetan mutuamente y no se m e ­ zclan los unos en los asuntos de los otros, si no son llamados p o r una v o z verd aderam ente popu lar y en cum plimiento de ln le y ge­

neral de fraternidad fortificada tal vez por tratados especiales. N o ­ sotros no conocem os m ed io entre estos dos sistemas y co m o los tronos llaman crim en de alta traición todo lo que inf.inge sus pri­

vile gios, pudiéram os dar el mismo nom bre á todo lo que es su b ­ versivo de los dere chos imprescriptibles de! pueblo. Sin em bargo él uso general ha consagrad o esa voz de traición mas especial­

m e nte á la acción de los que venden los intereses nacionales al es­

t r a n g e r o , por que un sentimiento natural nos dice que los males inte riores de una nación pueden hallar remedio en el seno de ella misma, pero que el influjo del estrangero nunca pued e o brar en otro Ínteres que en el del estrangero in fluyente , y que por consi­

gu iente llam ar á un vecino fuerte y organizado á m e ter paz en una nación desorganizada y privada de sus recursos es entregarla c o n las manos y los pies alados á la voluntad del p rim e ro ; asi en los actos de política interior, aunque desastrosos y dignos de todo v i t u p e r i o , aun se admite la posibilidad de error, pero quien e na- ge na un derecho, un Ínteres nacional en favor de un estrangero es ge n eralm ente reputado por traidor. Resolver la cuestión de in­

terve n c ió n estrangera y sobre todo de interven ción a r m a d a , nos parece una cosa tan ardua y de tunta transcendencia que no la qui-

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m

siesemos ve r confiada ni aun á la representación nacional ordina­

ria aunqu e ve id a d era; creem os que en este caso seria preciso usar fie piecauciones extra o rd in a ria s; pero abrogarse esla facu lta d unos diputados intrusos (i )n o seria m a s q u e una insigne traición.

Es verdad que los solistas políticos han inventado un tercer sistema según el cual sin necesidad de buscar una regla suprem a, basta reconocer como un hecho practico la coexistencia de los tro­

nos y de los p u e b lo s , teniendo cada una de estas dos partes sus atribuciones propias ( evitando la voz de derechos) ; mas ó menos bien combinadas, y marchando de este m odo el poder publico p or una especie de ley de necesidad derivada de las circu nstancias sin saber precisamente á que termino l le g a r á , porque en este sis­

tema lodo es efecto de hecho , sin curarse del d e re c h o , que sin em bargo nunca dejará de invocar el mas fuerte porqu e tiene en su mano e l interpretarlo. C o m o aquí todo es un puro hecho (2 ), si p o r casualidad en el establecimiento de un gobierno los que co ntribuyeron á el se olvidaron de poner un pequeño articulo sobre el paso de tropas estrangeras, claro es que id gobierno tiene la facultad de permitirlo , y aun de invocarlo , porque , no es el quien debe hacer marchar la sociedad y á quien incum be en c i r ­ cunstancias urgentes suplir de hecho las lagunas que han quedado en el derecho public o?

A estas consecuencias funestas c o n d ú ce la negación de una regla su p re m a, la negación de la soberanía del p u eb lo ; todo ese sistema bastardo que quiere escatimar al pueblo todo el poder no es mas que una traición y con lodo derecho daremos este nombre á un acto qi;e encierra en sí mas especíalm enle los caracteres de trai­

ción como ya lo dejamos indicado.

Si se admiten co m o justas estas ideas, que diremos de las re ­ presentaciones que salieron del cuartel general de Valdes ech ando bravatas contra los ana rtju iU as y pidiendo contra el ene m ig ó arm ado auxilio estrangero? INTo conoció el señor general que en el aclo mismo nadie era mas anarquista que el? En un regirnen verd ade­

ramente l i b e r a l , que en ninguna profesion desconoce el estado prim ario de ciudadano, concebim os que la fuerza arm ada, no co m o (al, pero c o m o una clase de ciudadanos esprese una opinion po lí­

tica ; pero en el sistema de la legitimidad bastarda ó del constitu­

cionalismo b astard o, co m o quiera el señor V a ld es, á quien sirve

(1) Y a hemos dicho en otra parte porque los llamamos intrusos : les falta el mandato de derecho y han abusado del mandato de hecho que tenian.

(2) E! establecimiento del gobierno actual de España es una de las muestras menos equivocas de ese constitucionalismo de hecho. Pre­

guntamos á esos corifeos altaneros del ministerio que era lo que pudieran haber contestado á cualquier diputado que al abrirse las cortes hubiera protestado en nombre de la nación y déla constitución jurada por ella?

Pero habiendo metido miedo á esos cobardes, cod el golpe violento e j e ­ cutado la noche antes, fácil ¡es íue de;de entonces á los ministros inter­

pretar el derecho,

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é l , co m o permito en su exercito esas deliberaciones y aun desti­

t u y e al que se avergüenza de tomar parle en ellas i ) ? Era acaso delito pensar que huí ¡era sido mas hoourificn batir ;i los carlistas que estaban delante que á los anarquistas que existían o no e x i ­ lian en la lejana capital (a) ?

T an desesperada estaba la situación del general ^ al les cuando firmó á t ¡da priesa la petición de socorro estrangero ? !No lema 4 o ,o o o hom bres todavía y todas las plazas fuer es y sobre todo no tenia á la espalda el ardiente am or de lodos los Españole.1! al Esta­

tuto real y á sus insignes defe n sores?

H a b lem o s serio. Las fuerzas n u m é ric a s , la posesión de ¡ lazas, la abundancia de m e d io s, los recursos casi intactos de todo el resto de España eran todavía tan evidentemen te en favor de! gobierno de-la reyna, que todo otro gobierno hubiera confiado sacar partido con solo m e jo rar algunos resortes. Los estrangero» m is m o s , que v e n las cosas de lejos y á bulto no pueden compreherider ese re­

pen tino grito de alarma y por eso la Inglaterra lia sabido diestra­

m e n te va lerse del pretesto que el casus fcederisaun no ha llegado.

L o que no sabe la In glaterra 6 de lo que se desentiende es la total ausencia de disciplina militar y de zelo c í v i c o , porque lia habido un estudio en descuidarlos, el gobiern o lo sabe, pero s a b e tam­

bién que es im poten te para remediarlo, y por eso quiere ge ndarm es estrangeros que le ayuden á gobernar.

El soldado español viv e y simpatiza con el pueblo mas que en n in g ún otro re y n o ; el despotismo de Fernando adoctiinodo por los

«strangeros trató de aislarlo y nunca lo pudo conseguii , el soldado

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( i ) H e m o s su b id o q u e esta su ert e a lc a n z ó e n t r e ot ro s á los b ri g a d ie r e s P e ó n y A l d a m a , P a t r i o t a s fir mes. H e m o s sa bi do tam bién q ue jim io et Sr.

don Evarisio San y jig w l , a q u e l q u e en e! a ño de i 83o d i j o , q u e jam as e n t r ar ía en E s p a ñ a c o n b a y o n e t a s fr a n c e s a s ; es vi-r<lad q u e e n t o n c e s e n t r a r o n c o n los p a tr io tas V i ^ o . V á le le s , d e P a b l o ((.liap alanga r ra q u e p e rd i ó la v i d a ), y C a y u e l a , f r a n c e s e s , pa triot as lie J u l i o , q u e se o l r e - c ie r o n al se r v ic io d é l a lib ert ad en ,',spañi. d é l o s cu al es p e r e c ie ro n u n o s , y fu e ro n h eri dos o í r o s ; y h o y se trata d e c o n t e n e r lo , (ei-vores de la li b e r ta d p a r a t r a n q u i l i z a r e ! j u s t o m e d i o . Y este Do't Evaristo es el in i- m o q u e, liabi - e n d o s i d o , nada m en os q u e m in is tro de Esta do se hizo tan c e l e b r e p o r la re spuesta á las N ot as . O h t é m p o r a ! O m o r e s ! O t ie m p o d e los m o r o s ! C e d ia ble de S an M i g u e l ! ! ! P. M. d e V.

( 3 ) L a ú n ic a d is c u l p a q u e p o d r á d a r e s , q u e ha o b l a d o d e c o n c i e r t o c o n el g o b i e r n o y en p a r t i c u l a r c o n su am ig o y pa is ano T o r e n o á q u i e n re sp et a m u c h o , y ta m b ié n c o n su s p ais anos p o r o tro e s t i l o , los ll a m a d o s A m e r i c a n o s q u e están aho r a tan en v o g a , sin d u d a p o r q u e se s u p o n e n h a b i t u a d o s á un régi m en de p a lo s q u e los fa rs antes d e M a d r i d qui e r e n a p l i c a r i g u a lm e n t e á Ca rli st as y P a tri o tas . L o q u e s e n t i m o s por el S r . V a ld é s es el co n t r a s t e e n tr e su a c ti tu d h ero ica c u a n d o a! d e s p e d i r s e d e la re y n a j u r ó co n e s p a d a d e s e n v a in a d a y m an o t e n d i d a , c u a l o tro ca b a l l e r o a u d a n t e , d e d a r fin co n el p r e t e n d i e n 'e y la a c ti tu d h u m i l d e , q u e h a b r á tom ado sin d u d a al firm ar el p e d im e n to de in t e r v e n c i ó n . L e p r o m e t e m o s de n o d e c i r n a d a á n u e s t r o a m i g o d e B u i d e o s , el d e la c a r i c a t u r a .

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gu arda allí también mas que en otras partes ciertas relaciones con el oficial, á qu ien'h a dado m uc has vece s pruebas asombrosas de desinterés y de lealtad O ye pues y toma fiarte en las discusiones que agitan al pueblo, es testigo de las disensiones y de las deb ili­

dades de sus gofes, á veces se une con los sargentos contra los ofi­

c ia les , pero estos están seguros de convencerlo si ellos mismos tienen convicción y probidad Esto se ha experim entado en m u ­ chos regimientos despues del año i 8 a o y al tiempo de la invasión estrangera todo el exercito estaba pronto á d efe nder de cididam ente la constitución. Se dice que el soldado español es in d isc ip lin ad o , pero se ha olvidado ya la memoria de los antiguos tercios españoles hasta ¡a batalla de Hocroi, y también el estado brillante de las tro ­ pas antes de 1808, y en los años 11 , ¡ a , i3 y 14 £e la: guerra de independencia? y el exercito de la Tsla? En Mima las causas socia­

les y politicas que modifican el espirito publico influyen en E s - pana m u y sensiblemente en la moral del soldado. N o negaremos que las faltas puramente m ilitares, el servicio mol hecho, echen á p erder la disciplina. La in e sp e rie m ii de m uchos oficiales j o ve n e s era ciertamente un m a l, aunque el numero desproporcionado de las victimas de esta clase dejan á lo menos su honor bien puesto.

Las campañas inútiles, que al principio se empren dieron con m e­

dios poco adecuados á la situación p olítica, comenzaron ya á fa­

tigar y aburrir al soldado. Tero cuando se desm oralizó el exercito completamente fue bajo el mando de los últimos dos generales en g e f e , desde que á las desgracias militaies y á la immoralidad de algunos ge fes se añadió la persecución de los patriotas, el régim en de espionage, y la transcendencia que necesariamente tuvie ron en los cu ni;: o* de Navarra los suceesos de Madrid, en los cuales c o n ­ stató el gobiern o que querría sostener su infausto sistema á costa de la sangre de los pueblos y del sollad o . Si hubiese una verdadera justicia entre los h o m b r e s , cuanto mas merecieran m o rir de un balazo ó en un patíb ulo, los que fríamente v por una tem a de su terquedad prolongan los sacrificios de tantas victim as, que los que se ven obligados á defender con las armas en la m a n o 'e s e sistema que les repugna, ó los infelices que hacen alguna tentativa d e sg ra­

ciada para ro mper el y u g o que los aniquila!

Asi se perdió la España en i S a3 y asi-se perderá en 1835 si los patriotas no se levantan con tiempo para salvarla. C u an to se aplau­

dió al gobiern o p o r haber puesto en acción á los p atriotas, á los em ig ra d o s, á los exaltados co m o se llam aban, pero nosotros que conocía m os la historia de la época constitucional y las c a te g o ­ rías (1) d é l a emig ra ción, nosotros no pudim os desechar funestos

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(t) Nos valemos de estn espresion porque durante la emigración se usó con demasiada frecuencia por los agentes de los gobiernos estrángeros que afedahan despreciar la morralla revolucionaria v no tratar en sus con­

ciliábulos sirio con los emigrados Aecategorh es decir con los aristoCraias que perdieron la coust tueion. Nos abstenemos por ahora de indica?

nombres,

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( s )

p resentim ie ntos n i impedir que trasluciesen eq nuestras p u b l i c a - c io nes.

P o r lo que pasa en la nación nos explicamos lo que pasa en el

« xercito . C o m o puede haber unidad de espíritu , exaltación mora l sn este, sino la hay en aqu ella? El estatuto rea! fundado en una base d esp ótica, a rm a d3 siempre con el veto omnipotente contra todo sintonía de vitalid ad , destituido del Ínteres que al menos le darían una administración prospera y fecunda de mejoras p alp a­

b le s , no reúne los votos ni de una sola poblacion española, sus enco mio s se han refugiado en los papeles p a g a d o s , en las adula­

ciones de las municipalidades im popu lares, en los ecos c o n c e r ta ­ dos de los cofrades de! g o b ie rn o , en los aplausos estúpidos de algunos babiecas de Madrid que se pagan de una sonrisa y de un manto de armiño. El gobiern o y sus satelites p o r mas que se den el ayre de aristocracia son los palias de la sociedad , porque for­

m an en medio de ella un corro exclusivo y que p o r otr i parte no están en contacto con nadie mas que con aquellos que pueden atraer con el aliciente de un interés personal. Se ha oido una sola excla­

m ación espontanea de viva el estatuto real? se lia gritado , sí, m u ­ chas veces, viva la rey 11a Isa b e l, viva Cristina, y no se cree o fe n ­ derla con decir viva la c o n stitu c ió n , porque la opinión p u b li c a , suponiendo ú la re yna la buena vo lontad de dar la libertad á la E s p a ñ a , co n o c e también que la constitución, y a nacionalizada en el p a y s , es el m e jo r m edio para e llo ; el pueblo cree pues, con ra­

zón ó sin e ll a , que la r e y n a , bien aconsejada, hubiera firmado la constitución lo mismo que el'estatuto, pero que, m u g er y estran­

g e r a , hn tenido que fiarse de los hom bres que la rodeaban, y co m o la naturaleza de la vida palaciega y del r e g ím e a m onárquico ,trae consigo el inco nveniente de no dar acceso sino á las clases sep a­

radas del p u e b l o , aun se le tiene lastima á la re yna de haberse visto entregada á esa raza cuyos consejos no pueden m enos de perderla co m o demasiado lo muestran y a los aco ntecimientos ( t ) . P e r o es natural que el pueblo 110 quiera ser siem pre un m udo tes­

tigo de los desastres públicos, y que quiera hace r penetrar su vo z hasta el interior de esas m ansiones mysteríosas donde se encierran co n los re yes la falsía y el e g o ís m o ; como lo pued e hacer, e stá n ­ dole cerrada toda via l e g a l , sino por medio de asonadas? y si las asonadas recaen siempre sobre su propia c a b e z a , en vez de d e s­

pertar en las entrañas reales el sentimiento del deber y del a m o r al p u eb lo , las asonadas es preciso que sef vuelvan r e v o lu c io n e s , y que por la fuerza quiten de enmedio los que se ponen entre el trono y el p u e b lo . — F eliz aun el trono si no se ha perdido la fe en él y si no se lo lle v a el torren te de la desesperación popular.

Y quienes son los que se creen con fuerza para contrarrestar los gritos y las necesidades de toda una nación — de toda una nación de cim os porque no h a y mas que carlistas o constitucionales en

(1 ) L o s vivas h a n e n m u d e c i d o ; — el p u e b lo se ca ns a de g ri ta r viv a u a n d o él m u e r e !

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España — qnienes son? Un G ilb la s , hecho arcipreste ríe la bolsa y presidente de los b aile s, un Donquíjote re s u c ita d o , rodeado de algunos prosélitos tan mentecatos como é l , unos cuanlos farsantes que hacen la comedia de representar el pueblo, cuando nada re ­ pre senta n, ni aun a si m i s m o s , porque la m a y o r parte no tiene ninguna convicción del sistema que sostienen; una turbamulta de hambrientos y de e m ple ad o s, enfin uno» pocos pusilánimes que creen deber hacer este sacrificio á las circunstancias. Con estos elementos aplicados ü un sistema por si nulo, dominados ademas por las influencias estrangeras dirigidas en diferentes s en tid o s, es m u y iacil de explicar co m o el gobierno se hace á si mismo la jus­

ticia de conocer que es incapaz de sacar jam as partido de los ¡in­

mensos recursos de la nación y que lo unico que pued e p roducir es.una disolución social, en la cual, lomando los partidos populares su vitalidad nacional, el justo medio desaparecería sin que nadie notase siquiera su ausencia. P o r eso se ha llamado al auxilio e s - tr a n g e r o ; pero por esa misma razón se deja conocer que esta lla­

mada coop era cion seria un verdadero .yugo impuesto á España por medio de 100,000 bayonetas y de una ocupacion general y p r o ­ longad a y por esa misma razón decim os verdad cuando e-ta ape­

lación a l a fuerza estrangera la llamamos'tra ició n . La cuestión ha llegado A unos términos que toda intervención de otro g o b ie r n o para perturbar los negocios de España, en <1 momento en que van á tomar su curso natura!, impedido hasta ahora por las arterias de una facción apoderada del m a n d o , seria un verdadero acto de hostilidad contra la nación.

Se ha hablado de una ocupación parcial, co m o por exem pio de algunas plazas. Si las guarniciones estrangeras de estas plazas han de mantenerse perfectamente neutrales entre todos los partidos', permitiendo á todos o á ninguno el paso de tropas, mnniciones, dinero, etc. su abandono sería mas perjudicial que útil á la causa de los crislinos y estos no podrían disculpar ni aun con el pretexto de la conveniencia de su gobierno In fe!on in de haber entregado las plazas españolas á una potencia estrangera cu ya política , ers una época de tantas vicisitudes y donde nada es de derecho sino todo de h e c h o , deberá naturalmente depender de circunstancias difíciles de preever. Si ai contrario las guarniciones han ,'e a yu d ar á la defensa del gobierno español contra todos y cualesquiera de sus e n e m i g o s , quien no vé que entonces estarán expuestas á las hostilidades del partido que domine el país, sea carlista ó constitu­

cional, y que tendría las plazas co m o bloqueadas ? Y sí se reflexiona que el gobie rn o quiere y necesita ser ayu dad o 110 solo en un p u n to , sino en todo el re y n o , pronto se disipará es» ilusión de una o c u ­ pacion m u y limitada. Creem os que el gobiern o francos nunca la ha te n id o ; y el papel ministerial de España, la abeja, pide poco cuando desea la entrada — « rapida c o m o un rayo» — de 60,000 franceses, á no ser que dé y a por entendidos los refuerzos succe- sivos que seria menester.

Hasta aqui lle^ámos y aun nos quedaba m uc ho que decir, e xplayand o mas algunas ideas que liemos indicado en nuestro fo -

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lleto a nterior, c u a n d o supimos que se habla de cidido, mas pronto de lo que se e re n . que á lo menos por ahora., no se inte rv endría;

en seguida c o r r i e r i¡ las voces de un cambio de política en el g o ­ bierno de M a d rid , el cual por la gracia del conde Toreno y co n ­ tan d o con el ca mpo de M allen . á quien por de pronto había querido p re sc ib ir con d icione s, debería abandonar el c in em a de la resis­

ten cia y ponerse ;'i la cabeza di 1 progreso. Pero lo que desde luego em p e zó á ocu p ar un lugar en la atenciou p u b lic a , fue la actitud posible del partido co n stitucional, tratado i.asta ahora con 1111 si­

len cio a fe ctad o ; y lá prueba de la importancia q u e d e repente a d ­ quirió es que el Diario de los Debales no tardó en abrir contra él su c a m p a ñ a de acostum bra da mentira y calumnia, mientras los diarios liberales y la Nueva Minerva, org ano de una fracción considerable de la oposicíon parlament i ría , parece que quieren tomarlo bajo su p ro te c c ió n .

N o hall mos m o tivo para borrar lo que habíam os escrito sobre la in te r v e n c i ó n , es decir s bre una cuestión que aun se rep ro d u ­

c í a bajo varías formas y en diferentes circunstancias, seguiremos pues exam inando los asuntos de nuestra patria bajo el aspecto que presentan en este m om ento.

Aun no conoc em os e l.efecto que producirá en España ía noticia de haberse rehusado la intervención francesa. Uno de los a rg u ­ m e nto s que empleaba el Diario de los Debates para aconsejarla era la reflexión, que una vez p e d i d a , su denegación daría un g o lp e mortal á la consideración del gobiern o de Madrid. No co m p re ­ b e n d e m o s en efecto corno este ultimo se ha e spuesto á un desayre tan grave, porque semejantes demandas no se liai.- n sino cuando se está de acuerdo con la respuesta. Si la diplomacia de los srs.

M artínez de la llosa y T o re n o no ha entendido bien la instrucción previa que recibió de la Túllerias y q u e , si estamos bien infor­

m a d o s , solo demostraba una buena disposición para mas a d elante;

si aquella diplomacia ha querido forzar la alano á esta; si cir­

cunstancias nueva.', han dado á la contestación otro giro que el que se e s p e r a b a , — todo eso no nos atrevem os á de sen m ara­

ñarlo. La consideración de! gobierno de M a d rid , con nosotros y los que piensan corno nosotros no podía perder nada; antes la tenia lan perdida que fuimos los primeros á anunciarle que su ancla de esperanza bien podía faltarle; si á otros los ha cogido de susto este c o n tr a t ie m p o , poca lastima m e re c en ; lo m irarem os co m o un justo castigo si los corifeos del Estatuto real de todos los pasos verg onzosos que debían servir para a po y a r y justificar su estraña d e m a n d a , no han sacado otra cosa sino p recisam ente la v e rg ü e n z a; — ojalá que con esta operación se les c aiga á algunos la espesa catarata que les cubre la vis'a. Estamos ciertos que los tales go bernantes darían algo p orq u e lo hecho no estuviese h e c h o ; p u e d e ser que al Sr. Valdes le manden ahora ser v a lie n t e , co m o antes le mandaron ser fanfarrón y después hu m ild e y lam entable, pero y a es tarde, y también es tarde si cuentan con el auxilio de legiones estrangeras.

Será posible que el gobierno llevase el desprecio do la n a c i ó n ,

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Su propria degradación á ta! estremo hasta ponerse en paraleló con todos los gobiernos mas tiránicos y co rro m p id os, com o el de C a r t á g o , <¡e Persía , del bajo im p e r io , qoe jamas han podido p a ­ sarse de m ercenarios eslranger.is? Ku verdad quien se acuerda lo que fue C arlágo , y lo que es 1 oy el gobierna de la bolsa de Madrid no eslrañará que ambos icngan los mismas ideas. E ch a d , banquero* , ■(.' 'had nuevos millón s en ese abismo siempre abierto,, conducid mercenarios para defender vuestros empréstitos contra los anatemas del pre te ndiente, dejad á un lado la brava nación española i ) , sin duda no es valiente, sin duda no vale ella los pocos auxilios que necesita para armarse y que teneis que centu­

plicar para enganchar aventu rero s, sin duda esa mezcla confu sa de todas las naciones del oib e sin principio ni ob eto no es la anar­

quía , pero si lo seria la constitución 6 las Juntas p ro vin cia le s;

sin duda la nación española que para vosotros tan poco v a l e , es sin e m bargo buena para chuparle la sangre y posee en vuestra im a ­ ginación tesoros inagotables para pagar todos los absurdos v todas las co dic ia s; llam ad , cuando veáis el ningún fruto de vuestros esfuerzos ridiculos ;■ tardíos, llamad al orador saltimbanqui : al conde de J o re no , pavaque os consuele con la nueva frase , que también los ba nquero s pagan Io$ desaciertos de los pueblos — de banqueros á rct^-s lia diferencia hoy es poca y en verdad que no se sabe cuales de ‘-os («os son los reyes verdadaron.

La legión de África — bien puede ser que desembarque en C á d iz , Alican te, o mas bien en Barcelona, donde está L ia u d e r , el h om bre (’ c. confianza de los alindo* ; no servirá de m u c h o contra los carlistas, pero puede hacer el servicio de policía en esos pueblos q u e anhelan puf libertad ! — Los aventureros b e lg a s , in g le se s, irlandeses, o : -. ; es verdad que se han batido bien bajo las ordenes de Don P e d r o , pero eran en minoría ni lado de una fuerza n acio n al, eran moralizados ¡:or un objeto d gno de hombres libres y por la presencia de un caudillo que vivirá en .a historia, y sin e m b a r g o , cuanto tesón , cu ar ta prudencia era menester para utilizar sus ser­

vicios y e vit..: desorden es!

C o n o c em o s otra clase de a u x i lí a n o s , pero ios unos se desdeñan d e s e r v i r á una bandera tan equivoca y tan su c ia , y los otros aunque por co m prom iso se prestasen á e ll o , estamos c ie rto s, p o r mas que se aparente otra c o s a , que en la lista de ios aux ilia re s, parecida a las reseñas de Virgilio y H o m e ro , no figuran sino por arle p o é t i c a , porque son demasiado liberales para fiarse de e llos, tan cierto estamos de e s o , que si vemos entrar lo s Portu gu eses p o r E s p añ a, les aco nseja re mos que lomen sus medidas para no ser desu nidos, desmoralizados y saciilicados.

Pero sí no se puede contar con ninguno de esos auxilios , no marchará Don Carios a Madrid ! — Vosotros para quienes la na-

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( i ) Si los m er c en a r io s c o m b a t e n por\n nac ió n , son su p e rf in o s , si c o m ­ bat en contra ella es una t r a i c i ó n emp lea: 1 s.

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( )

cíon no e x is te , debeis suponer eso. — Pero la Francia podrá c o n - senlirlo ? — Y que tendría eso de particular p a r le tcrujís q ú i c o u r i? No se restablecería la ley sálica? No se pudiera h a cer un c a s a m i e n t o ? N o aplaudiría la santa alianza ? No su afianzaría la p a z eu rop ea ? N o quedaría la España y aun la F rancia seg ura de

« e s o s patriotas que hacen c o n d ic io n e s , mas peligrosos que los e n e m i g o s , » según dice el corresponsal del Diario de los Debates ? Aun queda un recurso. Tan tas vece s se ha embobado la gente c o n apariencias liberales y nunca ha faltado ese m e d io ; pues pro­

bém oslo todavía. Precisam e nte aqui en Madrid tenem os p r e p a ­ rado un peq u e ñ o com ité que hasta ahora no ha dado señal de

•vida ; ahora llegó su h o r a ; pongase en com unicación con los p atriotas del ca m po de M a lle n , para decirles que p id a n a lu rey n a instituciones mas liberales; aqui está el conde de T ore no que si el poeta Martínez de la Rosa ha estado de parto seis m e s e s , a q u e l politico bien sabrá dilatar el parlo hasta diez u once para m e te r despues en el m undo un engendro parecido al primero ; e n ­ tretanto ve a m o s si á cu enta de esperanzas, y aunque sea á cosía de algunas realidades de poco v a l o r , podem os p one r en c ir c u la ­ c ió n la san gre y las monedas de los Aragoneses y oíros bu enos c o m o ellos.

Co n fe s am os á nuestros lectores que h a y poca dignidad en este e s t i l o , observación que nos lisonjeamos no haber m erecid o otras v e c e s , pero quien es capaz de continuar el contacto con una s e n ­ tina y m antene rse p uro?

D esen gáñen se todos esos fabricantes de institucionas bastardas y co nvénzanse de la inutilidad de sus ensayos. La España no es un p ay s de re glam entos como la F ra n cia o la Prusia , no se gobiern a allí con ordenanzas redactadas en la solitud de un bufete ó en el co nciliábulo de algunos e g o ís ta s ; se gobiern a con instituciones sancionadas por la fuerza de la costum bre 6 por la exaltación de un sentimiento nacional. La libertad era antigu a en España y rio su cum bió sino á la exaltación del p oder , debida á los snccesos estraordinarios desde Fernando el Catolico hasta Felipe I I ; aun asi era preciso que el fanatismo que entonces pasaba por r e lig ió n , fascinase los ánimos. El despotismo se arraigó y se sostu vo á su v e z co m o un habito ¡>l parecer inestinguible. La libertad exaltará otra vez los ánim os cu ando se derrame en suficiente cantidad para qu e pued a hacerse sentir de las masas y eso hoy dia no es posible, sino por aquellas aplicaciones practicas c u y a suma se com prend e bajo la denom inación de soberanía del pueblo. Solo animado por un Ínteres mora l, p o r una pasión si se quiere , se sujeta al Español á aquella disciplina civil que en otros países se logra por una a d ­ m inistració n m u y arreglada desde largo tiem p o y por la multitud de intereses positivos inherentes á los pueblos industriosos y llenos de necesidades.

El e ntusiasm o de la libertad no es pues una fiebre co m o dice el diario de los debates , sino una necesidad moral y por co nsi­

guiente una fuerza para un pueblo que siente con dem asiada v i v e z a para jam as apreciar cr. algo el frío y necio pedantism o de a q u e l

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diario; es precisó destruir ese entusiasm ó cotrtó sticcedió en la ultima época constitucional, para que el absolutismo se entronizo con la facilidad de entonces. El diario citado dice que ese e n ­ tusiasmo no produce mas que trágalas y excesos pero no es capaz de suministrar ni 20000 voluntarios para defender la libertad y el sistema representativo. No se acuerda ya el diario délos debates*

de lo que costó para destruir la constitución en i8a5 ? Era preciso- que precediesen todos esos golpes mortales dados al espíritu p u ­ blico , de que hem os hecho mención en uno de nuestros folletos

anteriores, era preciso que hubiese un rey traidor, ministros ne­

cios, y generales vendidos para dispersar ¿inutilizar 100000 hom- bien dispuestos á defender la constitución y 200000 volu ntarios que otro gobiern o hubiera podido ai mar á la espalda de a q uellos.

H o y mismo, hay una sola provincia ¿excepción de las sublevadas q'kie no se hiciess cargo de dar fin con los carlistas en su territorio y de em biar miles de combatientes al teatro de la guerra , si se le dejara la mano libre ? En cuanto al trágala, es una canción de que h ab la el diario de los debates sin c on oc erla , una canción que ha salido del seno del pueblo sin que se sepa su autor, inventada tal ve z por algún ciego romancero y por lo mismo popular, una caución ¡no­

cente y que jamas ha servido de señal á escenas sangrientas co m o la Marsellesa á la que no por eso quitamos su mérito ; sepa el s r.

diarista que no son los tragalistas losque han perdido la E spaña, sino los aristócratas co m o él, que dándose e la y re de pulcros afe c­

taban llamar tragalistas á los del partido popular, pero y a Ies hem os ajustado las cuentas , y si el sr. diarista no lee lo que escribimos tam p o co nos im porta. En cuanto á defender la libertad y la rep re­

sentación nacional, solo'el diario de los debates, el constitucional y otros sem ejantes son capaces del absurdo de dar este nombre al cuasi — gobierno del estatuto real y aunque el diarista nos riña por m iestio/Jcssim isinoyar que queremos ó todo ó n ad a , no p o r eso variaremos nuestra opinion : que entre la legitimidad d i­

nástica y la legitimidad nacional, entre el derecho del trono y la soberanía del pueblo no hay medio y que ademas los pueblos n u n ­ ca están m e jo r dispuestos á admitir una plena libertad que cuando acaban de sacudir las cadenas de la esclavitud.

C o m o es preciso que estemos en todo encontrados . el opti­

mismo que nos aconseja el diario de los debates lo profesaremos nosotros precisamente en aquellas cosas donde él adopta el pessi- mismo. Lejos pues de desesperar de la suerte de nuestra patria, estamos ciertos, ciertisimos, de que, aun cuando Don Carlos lle ­ gase á establecerse en la capital, los constitucionales tienen fuerza suficiente para sostenerse en las provincias y preparar el triunfo definitivo de la buena causa. A pesar de que el mal gobiern o ha viciado el espíritu publico en algunas parles (1) y ha dado m a rg e n

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(1) Como por exemplo en la provincia de Santander, que al principio estaba no solo en buen sentido sino exaltada por el nuevo gobierno,

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tVqne la gran m a s a , cu rad a de su f an a tism o , pero aun indecisa se convierta aqni o alli de n u ev o á la fe del absolutismo , nos a t r e - m os i'i ase gu rar que la libertad cuenta en todas las provincias e x­

cepto las provincias sublevadas ( i ) , la Mancha y una parte de Castilla, con la mayoría de los habitan tes, y no es de olvidar que los aman tes de la libertad, los que han soltado la Pías leve prenda de sus buenas inclinaciones ya no tienen que í rlear solo por su opinión sino por su vida y hacienda. í-stablezca.-e un cenlro euer- giuo que levante las masas, ó hágase eslo parcialmente en las p r o ­ vin cias, en uno y otro caso hay trescientos mil libera es de armas tom ar que servirán de escudo á otr.is tantas familias c o m p r o m e ­ tidas y arrastraran iras si el resto de los habitantes. Barcelona y T a r r a g o n a , A lic an te , C artagena y a o i z , la P o ru ñ a y Santoña no son plazas que pueda e xp u g n a r el poder 'e Don Carlos. ¡Ni t e m e ­ m os !a divergencia de opin io n es, p orq u e la constitución del año

12, aunque es una bandera ya conocí a y reconocida que ha sal­

vado la España dos veces de la anarquía en la que se caería si en el m o m e nto misino de una crisis se quisiesen introducir diferentes t eo rías, la cnn-tilu ion decimos no se opone á ninguna modifica­

ción que el nuevo imj ulso, partiendo proluibíeaietite d é l a c ir c u n ­ ferencia y no del c e n lr o , traería naturalm ente con sig o, antes c r e e ­ m o s que el sistema federal es el mas e d i t a d o á la España 2) ; y p o r consiguiente, aunque algunas provincias proclamasen sus fu e ­ ros, y oirás, principalmente C á d iz , la constitución , 110 habría im ­ posibilidad de entenderse despues de establecida una delegación central

Otra objecion se nos hará y quizás no sin fu ndam ento . Las p o ­ tencias del Norte no se han opuesto abiertamente á la interven ción franc esa, pero imitando e l t x e m p l o de la Gran-iSretaña en varias ocasiones y espe talmente en el negocio de la invasión proyectada de 11 ¡spano-Á meriea ( 1 8 3 ^ ) . se han reservado obrar en lo s u cce sivo según las circunstancias E sto, junto con las demas dificultades de la intervención bastó para conte ner al gobiern o francés. Pero los cálculos de la política no pueden detenerse aqui lin Francia se ha hecho ya tradicional el e je rc ic io de una especie de protecciori ó de influjo permanente en la Península (3) , y esto mismo agrava el

p e r o e n d o n d e el C a r l i s m o ha e m p e z a d o porfin á h a c e r a lg u n o s p r o ­ greso s. E l p o c o e x i lo de las co n s p ir ac io n e s ca rl is ta s mas bien d eb id o al buen e s p ir it o d é l o s hab it an tes q u e a l c n i d a d o tlel g o b i e r n o p - u e b a q u e la E s p a ñ a de 1 8 35 no es la de >81! Ni aun e n t o n c e s era lo q u e se dec ia , p e r o c o m o en b s gu e r ra s n o a lb o r o ta mas q u e el pa rt id o v e n c e d o r y el v e n c i d o ó ind le re n le tiene q u e estarse c a l l a d o ; se a p r o v e c h a r o n los sate lites del d es p o t is m o pa ra d ar á los aliu llidus de lo» s u y o s mas i m p o r t a n c i a d e la q u e m e r e c í a n .

(1) A u n en esca p a rte ha y m u c h o misterio y a u n no se sa be la ultima palabra d e Z u i n a l ica r egu y.

(■¿) V é a s e n u es lr o fo11•. lo : g a ra n li a s de la nació n española.

( 3) A u n los diario s l i b e r a l e s , c o m o el N a c i o n a l , no q u ie r e n d e s p r e n ­ der se d e esa pr et en si ó n y aun la q u is ie ran e x t e n d e r s o b r e todos los

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delito de los que pidieron la interven ción. No podiendo exe rc e r ese influjo con el justo medio de E spaña, quien asegura que el gabinete de ¡as Tuilerias no halle algún dia mas provechoso pro teg er, pues que «*s p reciso proteger a lg o , al absolutismo de a cu erd o con las pote nciasdel Norte ? Quien asegura , si Don Carlos se establece en Madrid 6 tan solo en h u rg o s , si sus agentes diplomáticos están adm itidos en las cortes absolutistas de Europa , si por otra parte los patriólas levantan el e.-t.mdarle d é l a revolu ción que entonces será verdadera , quien asegura que no haya otro congreso de V e r o n a , y que la W a n d a no se haga por segunda vez la execu lo ra de las deci-iones de la S anta-A lian zn ? S o se habla y a de la ad m i­

sión de un agente de Don C a llo s en P a r ís , 110 de o fic io , pero o f ic io s a m e n t eno se dice que l'a lle y ra n d que á los ochenta años sentiría morir sin perder otro de sus protegidos, está ya empeñado en ponerse de acuerdo con Yí ellington para trasladar la alianza francesa de la rama /ernarniina a la rama C arlina? C o m o resistirán p ues los Liberales á las fuerzas de Don Carlos y de Luis F elip e juntas ? — No querem os b o y entrar en detalles cuya utilidad p ra c­

tica es aun m u y incierta , pero debemos declarar desde h o y que ni ese peligro nos a m e d ren ta, que tenemos otra probabilidad que la de 'i pro mete r por algún tiempo mas á la constitución de m orir por ella , » como dice irónicamente el Di,trio de los D eb ates, y que mostrando los liberales energía y dignidad desde los prim ero s pasos , las cortes europeas meditarán mucho antes de llev ar a ele cto una tema que pudiera ser la chispa electrica de la guerra de Los p u e b lo s contra los r ey es.

T e n e m o s que decir algo de 1111 escrito que con m otivo de la in­

tervención ha circulado entre sus amigos un antiguo embajador de F rancia en España Mr. d ’H a rc o u rt. tomando la defensa de la suc- cesion y del gobicrno.d e Isabel II contra los escrúpulos que p u ­ diese ten erla Santa-A lianza, sin duda para evitar el inconveniente que las potencias del Norte mirasen la intervención francesa co m o una demostración en favor de los principios révolucionárioss Aunqu e esta clase de gentes hablan 1111 lenguage para nosotrria com pletam ente in a d m is ib le , es sin embargo curioso ver una muestra de él por donde se conocerá la naturaleza del justo medio y las contorsiones y gestos que tiene que hacer continuamen te para satisfacer una de sus necesidades innatas, la de no ponerse en contradicción con la leg itim id ad , sin lo cu al esta 110 le permitiría existir.

paises c o n s t it u c io n a le s del c o n t in e n t e y tam bién s o b re la I t a l i a , basta tal p u n to q u e ven de mal o jo la te nde nci a d e a lg u n o s p u e b lo s c o m o los d e la p e n ín su la y d e alentania acia la u n id a d n ac io nal. P e ro esle egoísmo antis o ci al no es n o c iv o sino á los misinos q u e e.-tan pos eídos d e el.

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Desptiés de una introducción sobre la validez de la lev de F e r ­ nando i TI tranquiliza á los santos aliados sobre el carácter del teg iine n ¡tetual, partiendo de la base sentada por su a m igo el M arque s de M iradores, ( á quien cita sin nom bra rlo , ) que el an­

tigu o re gilnen estaba fundado en la alianza del trono con el clero y el pueblo b a jo , y que el nuevo consiste en la alianza del trono con la aristocra cia, la única parte del pueblo que es ilustrada , — am ante del orden eso se entiende. — Estamos co nform es cuando d ic e que el partido teocrático no puede fundar un gobierno so lido, p ero cuando á la vista de lo que ha pasado de casi dos años á esta parte todavía se atreve ;'t decir que el trono es ahora el origen del p rogreso , el foco de las luces y la aurora de la libertad — cuando le achaca la regenera ción del pays y la fundación de un gobierno re presenta tivo acom odado i los usos y costum bre s del pays ; — no sabem os si al sr. C o n d e se le ha ido el juicio lo mismo que á su a m i g o ; pero los hechos pronto le darán, espera rn os, otra idea de los usos y costumbres del pays que ¿1 no ha visto sino por los aguje ros del p a la c io , y también los curará á ambos de sus ideas sobre el btifo pueblo que bien se podrá mostrar mas ele vado que el a lio pu eb lo que escribe ó aplaude sem ejantes libros

E n tresa carem os alguno:- argumentos de que se sirve el s r.C ond e para l a va r el gobiern o de. Isabel 1¡ de la mancha de revo lucionario.

Dice p u es que no se ha disputado sobre el principio monárquico mirado con una e.-pecie de idolatría por todos los Españole s c u y a re putación y c u y o nom bre vale algo y está garantido por a n ­ tecedentes honro sos. A esta grosería del sr. C o n d e hácia los que pudieran tener otra opinion le contestaremos solo con decirle que m iente : él mismo trata la constitución de 1812 de republicana y alega en favor del Estatuto real su diferencia de aquella ; pues b i e n , no negará el sr. C o n d e que la constitución c u e n t a , aun sin hablar del pueblo en g e n e r a l . muc hos partidarios mas honrados y en as puros que los renegados que ahora adhieren al Estatuto.

Nosotros nos heñios explicado bien claro sobre la rep ú b lica , y si nuestra vo z vale algo ó 110 vale nada, no es el sr Conde quien lo ha de d e c id ir , sino nuestros compatriotas á los que re co n oc em o s de buena gana por nuestros ju eces.

Dice también q u e el gobiern o actual ha cum plido todos los consejos y condiciones co ntenid as en las notas de la Rusia del 2 de m a y o 1821 y 26 nov. 18 2 2 , L os Españoles que saben los de­

nuestos pro feridos [entonces por ¡la Rusia contra la restauración con stitu cion al, los manejos diplomáticos que prepararon su ruina, el principio pro fesado en aquellas notas que las instituciones p a - raque sean buenas deben ser dadas por bondad de los reyes i se alegrarán m u c h o de saber que estamos gobernados a la R usa y se lo tendrán en cuenta al g o b ie rn o .

Los disturbios que ha habido en Madrid y algunos otros pueblos no ofuscan al C o n d e : dice que son efectos de la indisciplina que ha dejado la mala adm inistra ction anterior , e invoca leyes contra las sociedades secretas y que la cuchilla de la ley caiga sobre los m o to re s. — Q u e tigres son esos aristócratas tan p u l c r o s , sangre y

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siempre s a n g r e , — sangre del pueblo pnr cu yo s sufrimientos no tienen entrañas! y porque ha de pagar siempre el pueblo cuando no quiere soportar el y u g o ríe las teorias oligárquicas de sus o presores? Po rque la cuc hilla de la ley no ha de caer nunca sobre esos o lig a rc a s , que faltando á sus juram entos y siempre traidores á la causa popular cambian de gobierno co m o de zap ato s? S o cie ­ dades secretas no las h a y en España á e xcepción de las corrom pidas p or los hombres que h o y disponen de la vida y de la fortuna del p u e b l o ; ojalá que las h u b i e r a , adaptadas á la organización de los patriotas , porque contra un gobiern o sin base de derecho ni na­

cio n alid a d , enem ig o encarnizado de la imprenta y de las socie ­ dades p u b lic a s , es un medio legitimo de d e fen sa , un m edio legitim o de e xercer una acción que ningún gobiern o tiene derecho de prohibir.

T en em os que relevar una de las mas solem nes tonterías re p e ­ tidas sin cesar por los doctrinarios y también por el sr. C o n d e d’ Uarc ourt. El principio del gobierno actual de España, dice, es la soberania de la l e y , co m o si la ley se hiciese, se interpre tase , se executase y se variase de si misma. Precisamente en la dete rm ina­

ción de estas funciones consiste la naturaleza de los g o b ie rn o s; la obediencia á la l e y e s com ún á toda sociedad porque sin ella no p u ­ diera e x is tir, pero si la ley ha de ser la espresion de la voluntad de uno s o l o , ó de unos p o c o s , b de la voluntad g e n e ra l, esta es otra cuestión que no se resuelv e con atribuir á la ley que no es mas que una e m a n a c ió n , la soberania, es decir la fuente de donde debe emanar.

C u rio so es de ver como el señor de H arcourt despucs de dejar al gobierno de Isabel II mas blanco que una nieve de toda mancha re volu cio n aría, esplica la mala voluntad de las potencias que t o ­ davía no lo han reco nocid o. Cuen ta con este motivo que los e m ­ bajadores de estas polencias fueron los que determinaron la famosa revocación de la G r a n j a , representando á la reyna que la m ayoría de la nación española estaba á favor de don C arlos y que las cortes de E uropa no podrían ve r con indiferencia los males que resulta- rían de la obstinación de la reyna en querer sostener la succession de su hija. Pero como despues hubo una revocación de la re v o c a ­ ción, los embajadores chasqueados se vengaron en pintar todo con colores negro s para hacer v e r que ellos no se habían engañado en su c o n ce p to , pero que la intriga revolucionaria habia podido mas.

D e ah i las preocupaciones dictadas por el resentimiento de sus embajadores. Este pasage histórico no deja de enseñar alguna cosa. Aqui se ve que los diplomáticos del absolutismo saben to ­ mar en boca la voluntad de las naciones ; toman sobre si el inter­

pretarla é intervienen con no poco daño en los negocios interiores de ellas. P o r desgracia vem o s también que esta lección de poco ha servido á la reyria pues todavía confia mas en el apoyo estran­

gero que en su propia nación !

Para justificar la inte rvención francesa, dice el conde de H a r ­ court que la cooperacion no p ued e pasar á ser i n te rv e n c ió n ,y que ademas los m ism os santos aliados hau reconocid o en lo* c o n -

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