NUM MADRID, -28 DE FEBRERO DE \8Í>8. AÑO 11.
L A K I - . l l i
-llabl.i, espida ¡e.il, ii<tbla al co- la/ou de lu marido : esas miradas luyas me están diciendo <|ue a! ün crees.
— l.a lias herido en lo mas vivo, Se- bastian : ,, no sabes acaso i|ue >'s'y muda '
Sebasíian después de una corta ora- ción hizo con su mano de-echa la se- ñal de la cruz, sobre la boca de Zoé y la d i j o :
— Habla Zoé : ¡, crees .'
— O e o en el señor J e s u c r i s t o , re- plicó la mnda con \o/, clara y lirmi- y cayó ¿i los pies lie Selasl¡3u.
(Kl cardenal Wiseman. — Kabiola ) I
i hay alguna cosa que disculpe en la mujer el atrevimiento de es- cribir para el público, es seguramente la bue- na intención conque debe hacerlo.
Y no creáis, lecto- res míos, que yo con- sidero una culpa en mí sexo el dedicarse á las tareas literarias : si abrigase esta persua- sión no escribiría yo, porque sobre la gloria diese ai -— - que con mi pluma pu- ri« .. .lc<nizar está mi ambición de otro renombre; el w. Vale mas, á mi modo de ver, llevar la , aunque desnuda de coronas, que incli-
e , »jo aunque ceñida de laureles, pues si bien (lob|n/lr"Us i'ébiles creerían que el peso de la gloria la s¡eir) cubriéndola de púrpura, la voz de la conciencia,
sUeñn ''"> nie gritaría sin cesar y me robaría el
Aj¡ i fil soSi(!fr(,.
bnen'.f""!si la mujer necesita escribir guiada por una
"'•'lición , mi para <lisculp<ir una talla , sino para
fc r° » s «SvC|a a/ ': o u l 0 y l l l s o í r o s d o s q u e s e g u i r á n d e d i c a d o s * la E-- 'c o- m o i ! ' " ' ' " ' - ' f s l ;" ! cn V1111O1":"I||S rtB l:l V a l e r i a e r i l i r o -
' d e Vicios y V i r t u d e s , que, á la s a z ó n e s c r i b e la a u t o r a .
•le
escusar un atrevimiento: que, tal considero el esponer al público, casi siempre, exigente, los sentimientos del alma.
Yo soy la primera en conceder que la mujer debe con- cretar su talento y su poesía al cuidado de, su casa y al embellecimiento de la existencia de su esposo y de sus hijos; pero si entre ellas nace alguna con tan rico caudal de imaginación y actividad que le sobre aun, después de emplear el que requiere el cumplimiento de sus deberes; si su corazón, demasiado ardiente, ó su cabeza, demasiado volcánica, ó su juventud, dema- siado solitaria, necesitan mayor pasto que la generali- dad, ¿por qué ha de privársela de un desahogo ó d i s - tracción que á nadie ofende y que puede enseñar algo, ó servir de algún consuelo á las demás mujeres?
Y no creáis tampoco que la palabra enseñar encierra gigantescas y ridiculas pretensiones; que muy prove- chosas lecciones puede dar una mujer , sin mas que te- ner corazón, á aquellas criaturas que le tienen dormido por su naturaleza , desgarrado por la desgracia, ó en- durecido por el desengaño: yo aspiro á probar si sé e n - señar á creer en este artículo; porque el creer es uno de los mayores beneficios de la vida.
Y, no obstante, para enseñar á creer se requiere únicamente tener fe; esa fe que tiene por morada una alma tierna y un corazón sano, únicas cosas que yo po- seo ; porque habéis de saber que yo nada sé; nada, ni aun el idioma de allende el Pirineo; ni aun aparentar siquiera la instrucción que no poseo ni quiero poseer:
nací cantando como los pájaros : aprendí á leer antes que á hablar; aprendí á escribir por instinto, y aburrí á todos los maestros que me dieron porque yo nunca be querido saber nada.
Mi preceptor ha sido Dios ; mi maestra su Madre; mi aya la naturaleza; mí pasante el corazón ; mi consejero la conciencia; mi único libro la virtud.
Nunca hago cosa alguna que me fatigue ; pero todo lo bueno me agrada : la pluma me es muy ligera ; tan li- gera comola aguja; cuando manejo la primera, canta mi corazón y ella es su eco fiel: cuando manejo la se- gunda, canta mi boca y mi corazón late contento y feliz.
Me agradan las galas, lascinlas, las llores: la virtud me parece linda y adornada con gracia y coquetería.
Tengo fe. en todo: en el cariño de mí esposo y de mi familia ; en la amistad de mis amigos ; en la indulgencia del público, hasta en la probidad de mis editores. Por eso no padezco , y la pureza de mis creencias no debe equivocarse cin el egoísmo: yo no creo por comodidad:
mi convencimiento es ese sentimiento tan hermoso qi;e basta el mundo descreído apellida buena /'..-
El mundo, ¡i pesar de todo, es justo; porque nmía es tan dulce, tan consolador, tan bello , tan bueno , el lili, cumo la fe.
¡ La Ke ! ¡ Bendita sea!
Esta hermosa hija del cielo me hace mucho bien para (jue yo no la acoja con amor en mi corazón.
Sin ella no habria en el mundo sentimiento alguno bueno ni honrado : ni aun mundo habria.
La Fe es el origen del amor de los esposos; del cariño de los hermanos; de la pasión de los amantes; de la tierna simpatía á que damos el nombre de amistad.
La Fe nos ofrece una vida de eterna ventura , y hasta alcanzarla nps da valor para sufrir las penas de este valle de lágrimas.
La Fe ha llenado de santos mártires el cielo y de santas vírgenes los conventos del mundo.
La Fe os la luz purísima que ilumina las almas; el rayo de sol que alumbra la noche tenebrosa de la duda
; '¡Oh ¡¡Bendita sea la Fe!
Cuando las cuerdas de mi lira hayan perdido algo de su flébil juventud, y tengan fuerza para lanzar acordes ' sonoros; cuando posea la armonía vigorosa que ha m e - nester para cubrir las infinitas voces que ahora decla- man contra ella , entonces he de consagrar el mas gran- dioso de mis himnos á la Fe !
Entre tanto la be levantado un altar en mí corazón,
| y ella, agradecida, no me abandona un solo instante:
la horrible duda jamás hace su presa en mí, porque huye pavorosa y aterrada á la vista de mi hermosa com- pañera.
Por eso creo en el amor y en la virtud.
Por eso mí alma se recrea con la vista de un rayo de sol, con oír el canto de un pájaro, con aspirar el perfu- me, de una llor.
La Fe eterno manantial «le vida, pone patente la bon- dad de Oíos, la dulce ternura de su madre y regocija al corazón que late, tranquilo y sin remordimientos alejan- do de él las zozobras y temores.
Si alguna maldad hiere mis ojos, la Fe esliendo d e - lante ile mi asombrada vista sus blancas alas y me son- rie dulce y apacible para que no penetre en mi alma la amargura del primer desengaño.
Ell b l ig p go
Ella sabe que el primero trae
liento y la desgracia ! en pos de sí "I desa-
EL MUSEO UNIVERSAL.
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aquí loque dice Eugenio l'i'lli'lan (Misil l'rufesitm del ihMX
ligente ; creer , es el medio de ser para su espíritu : su e-'piritu vive únicamente creyendo, y ademas, porque habiendo nacido libre, tiene, en virtud de. esta liber- tad, una parte de acción en su destino. Debe, pues, conocer, aunque sea en parle, ese destino para arreglar á él su conduela. De aquí la necesidad de una creencia.
¿Quién eres? ¿Por qué existes? ¿De dónde vienes? ¿A dónde vas? Me aquí el enigma que , desde Job á Pro- meteo, y desde Prometeo basta Fausto, la humanidad está continuamente resolviendo.»
«¿Pero qué garantía tiene el hombro de poder encon- Inir su solución? Una sola, portemos responder, y le
i d h l l l El f d b
estandartes de Marte y de Relona son mas valerosas ; los gentiles que atribuían á Orfeo una lira divina, á Diana un amor contemplativo y melancólico, a Júpiter una justicia inmutable y que esperaban en los Campos Eli- seos, tienen para mí un espírilu mas elevado que vos-
—ulil hombre necesita creer porque ha nacido inte- oíros ; porque vosotros nada creéis, y por consiguiente ! 1 nada esperáis: abominando del mundo, no queréis dejarle porque nada veis mas allá que os compense los mezquinos placeres que, os ofrece. ; gaslais prema- turamente el cuerpo en los desórdenes y no veis escrita en la celeste techumbre esa bendita palabra que el Eter- no escribe con estrellas : ¡ GI.OIUA !
Es indudable (pie tenéis una alma puesto que vuestro cuerpo está animado: es forzoso que el alma busque una creencia como dice Pclletan; no rechacéis esa sed de encontrarla: ¡ ab ! ¡no la rechacéis! May uu ser, mas grande que vosotros , que os dio la vida, que os la qui- tará, (pie os ha dado hijos, padres, amor y aféelos;
¿Quien ilió regocijo á los padres por la muerte de sus 1111 o s ?
Solo ese sagrado fanal que alumbra los ojos del alma, para que, erea en otra vida mejor: solo la Fe obra tan admirables prodigios: solo la Fe pone dulces sonrisas en
labios de los que padecen.
VI.
basta: el deseo que tiene de hallarla. El afán de buscar pues bien, ese ser se llama Dios, y puesto que en su no es en nuestra alma mas que la anticipación de la ver- ' -1- ' -'-: '- K-' : '•'•'"' dad. La soberana armonía no se engaña á sí misma: no
ha dado la aspiración á nuestra alma como el cebo de un engaño. Por todas partes donde ha puesto la sed, ha puesto al lado la fuente ¿Quién puede admitir un 1110 mentó que Dios señala la verdad al presentimiento para escondérsela á la razón? Entonces no seria Dios , seria su propio mentir. Habría encendido en nosotros un de- seo que seria un suplicio: hubiera hecho de nuestro mas sublime instinto uu inlierno. Semejante hipótesis es impía, no merece ni aun la refutación. Decirla es r e - futarla.»
Vosotros, los que afectáis no creer en muta, para cor- rer desenfrenados de estravío en estravío : vosotros los que no queréis dique alguno para vuestras pasiones:
vosotros, seréis á quienes el mundo llama con su culto lenguaje despreocupados, no podréis menos de convenir en el fondo de vuestra alma, en que Eugenio Pelletan tiene razón, porque todos vosotros, hastiados de los va- cíos goces de la vida, habréis buscado un mas olla en vuestro destino: ¿qué os ha contestado entonces vuestra razón oscurecida por las nieblas de los goces materiales?
¿qué os ha respondido vuestra conciencia , ese juez in- visible, pero rígido y severo?
Es bien seguro que vuestra razón deprimida, y vuestra fuerte conciencia, han batallado encarnizadas en el fondo mismo de vuestras almas; mas si ha quedado la victoria por la primera ; si esa razón estraviadá os ha
bondad os hizo conocer la dicha, no creáis su generosidad tan falsa suponiendo (pieos la da como un incompren- sible meteoro : el que dotó de alma al lmmbre ; el que lia puso en ella instintos de gloria y de ambición; el que o - formó su corazón para el amor, es uu ser cariñoso y be- nélico, y este ser, todo verdad y grandeza, no debe, decir en vano al hombre : ¡cree ¡/ espera en mi!
—¿Dónde, están esas palabras? me preguntáis: mi- rad al sol que os calienta con sus rayos: á la luna que os hace ver mayor belleza en el rostro de la mujer á quien amáis; mirad á ese cielo que. atrae á vuestra alma y la llama á s í , como llama el padre á un hijo que ve lejano : bajad después la vista á la tierra : ¿ no creéis en la lidelidad de vuestra esposa? ¿ó en la le de vuestra amante? S i ; porque, de lo contrarióla mataríais, lleva- dos de vuestras pasiones sin freno ; pues bien , el que os dio en el corazón de esa esposa ó de esa amante un tesoro de amor y do consuelo, os ama y vela por vuestra felicidad en una región demasiado elevada para vuestros ojos.
Nunca busquéis la evidencia, vosotros, los que íle-
La Fe es tan consoladora como benéfica : ella nos hace conliar en todos cuantos nos rodean : nos hace ver eu toda su grandeza el amor de los padres; nos hace creer en la tidelidad, en la nobleza, en el amor, porque la Fe está rodeada de una corte de hermosas criaturas que se llaman creencias: estos seres tienen alas, como los án- geles, y cuando hay algún mortal tan desgraciado que despide á la Fe de su alma , la Fe vuela al cielo, seguida de sus aladas é inocentes compañeras.
Dios mismo , al bajar al mundo para hacerse hombre y morir por nosotros , trajo consigo á la Fe : ella curó á
¡os tullidos, dio vista á los ciegos, habla á los mudos y alimento á los hambrientos, y aunen nuestros días pu- diéramos ver muchos milagros operados por la Fe.
La Fe está siempre entre nosotros, sin pedirnos re- compensa, y aveces sin que la conozcamos: la Fe con que, ama un hombre triunfa casi siempre de la incons- tancia de su amada: la Fe en el estudio vence las (filicul- tades que este ofrece á una inteligencia limitada; late en el tálenlo; abre, al que la abriga, un porvenir mas ó menos lisonjero , mas ó menos lejano; pero siempre consolador : la Fe en la ciencia del médico cura á mu- chos enfermos de sus dolencias, y hasta la F e , en los principios políticos, lia sido provechosa, pues si bien ha hecho inlinilas victimas, estas han espirado con la sonrisa en los labios, como los mártires del cristianis- mo, ó arrastran una vida de privaciones y destierro, pacientes y resignadas como Job.
No despidáis, pues , á la F e , y los que no la abriguéis en vuestras almas, llamadla presurosos; no podéis ele- j gircompañera mas benélica y generosa: yo la conozco
b i h d i h j á h b
j g p y g y
seeis ser felices: la evidencia no es la Fe ni aun se ase- j bien; pues, como ya os he dicho , jamás me ha aban- meja á ella : la evidencia, si yo supiera pintar, os la re-
trataría seca, anciana, angulosa , con el rostro duro y demacrado, con la boca irónica y hundida, con la vista torva y penetrante.
La Fe os la pintaría ciega aunque con los ojos muy rascados , abatidos v hermosos : su ligura seria la de una licho que no hay nada mas allá de este mundo, ¿qué jñña medrada y hermosa: su boca inocente y risueña:
d ? oi flices con los goces que él os -•-- ' • - >--- — - -- -.>.... i - _..i...,. ,..
os queda? ¿sois acaso felices con los goces que él o proporciona? La grandeza de vuestro espírilu ¿no se abate hasta desear la muerte y el no ser? ¿No teme e n - tonces vuestro cuerpo el entrar en la tumba para vol- verse polvo? ¿No se empeña otra lucha nueva entre el espíritu y la materia; aquel anhelando divar un mundo donde no cabe , esta aferrándose á un mundo que la h a - laga mas que la nada del sepulcro?
¡ Desdichados , que no tenéis fe,! Vuestra breve y em- ponzoñada existencia solo puede ser una cadena de do- lores! ¿Quién os consuela cuando la muerte os arrebata el padre, la esposa ó el hijo? ¿A dónde, volvéis los ojos turbios de dolor? ¿A los que quedan ? ¡ A y ! ¡ Esos han de morir laminen ! ¿A sus sepulcros? Sus losas nada os dirán : ¡ solo guardan elocuentes frases para los ojos del alma ! Los que creen en su inmortalidad acuden á pos- trarse ante las tumbas y ven en el rayo de sol ó de luna, que va á quebrarse, en ellas, el alma que amaron y que ha descendido del cielo para que. consuele la suya !
IV.
La Fe tiene tiernas supersticiones que consuelan : las llores que brotan en la sepultura de un niño despiden para su madre un reflejo de la risa de aquella criatura a quien tanto amó! En su perfume cree aspirar el hálito del ser que voló desde su regazo al cielo; cree ver en su blancura la imagen de la frente purísima en que tantas veces apoyó sus labios, y el murmullo de los ci- preses del cementerio e s , á sus oidos, la voz de su hijo que canta dulcemente en su tumba !
El amor es la poesía de, la religión : la Fe es su bene- licio : los pueblos mas poéticos son los que. mas fe tienen:
ved á los musulmanes adorando á Alá; á los indios lla- mando a\(!ra>idc Espíritu; veda las jóvenes del Mísi- sipí colgando entre las ramas de los almendros en ñor, las cunas «MI que yacen- los cadáveres de sus hijos porque dicen (pie sus almas suben al cielo entre el aroma de las llores.
No quisiera hablar aquí de la bárbara idolatría roma- na tan exhausta de poesía y suavidad ; pero tampoco me decido á no dar á conocer que los mas crueles perse- guidores de los cristianos , Diocleciano, Calerio y Ma- ximiano Hercúleo, tenían fe en sus dioses, fe idólatra y fanática pero grande y poderosa, pues alcanzaba á ahogar todos los instintos del hombre, lodas sus afec- ciones: nadie ignora que se vieron prefectos y empera- dores que. sacrificaron á su fe, basta sus propios hijos.
¿A (pié deidad saorilicais vosotros, ateos de nuestro siglo .' ¿A quién rendís culto? Los persas que adoraban á un elefante y le servían de rodillas, son para mí mas comprensibles que. vosotros. Los druidas que consagra- ban sus vírgenes al culto de la luna son mas simpáticos á mí corazón: las legiones romanas que. tremolaban los
sus formas lozanas y redundas, con esa robustez en- cantadora de la adolescencia.
Si yo supiera pintar á la Fe , la amaríais todos.
De la Invidencia huiríais espantados.
V.
para el infor-
donado.
Ella ha endulzado lodos los sinsabores de mi vida;
ella murmura sin cesar á mi oído palabras de consuelo;
va conmigo á todas partes, se reclina en mi lecho , re- coge mis oraciones de mañana y noche para llevarlas á los pies de Dios; ella enjuga mi llanto con sus alas, y me oculta, estendiendo sus inocentes palmas ante mis ojos, todos los desengaños del mundo.
Siempre, lleva de la mano á la Paz-, que nació con ella: la negra discordia huye bramando de furor déla mansión que ambas ocupan : la desesperación no hinca jamás su rabioso diente en el seno que las cobija, por- que la Fe y la Paz. le delieinlcn valerosamente de sus ataques, y hasta acompañan al sepulcro al que las ama y las abriga.
Yo he rogado á Dios (pie, cuando me llame á sí, cierre la Fe. mis ojos con el Mieño eterno : le lie rogado tam- bién que. la Paz estienda sus alas sobre mi sepulcro^, y bá pocas noches q u e , en medio de un hermoso sueno, se. me aparecieron la Fe y la Paz asidas de la mano, en- vueltas en diáfanos mantos y coronadas de, estrellas, } me. dijeron , de parte de, Dios , que había llegado mi su- plica a los pies de su escelso trono.
¡ Su infinita misericordia me asegura de que la veré Madrid ."> il.' folircru (le |X.'iN.
M A I I I A I U ; I . P I I . A U . S I M I I Í S DK MARCO.
No hay m,is que un escuil tunio: la Fe.
Veda la madre que pierde al hijo único que era todo su amor: veilla velar su agonía , cerrar sus ojos y depo- sitarle, un su sepulcro: la Fe le. presta resignación y es- peranza de encontrarle en uu mundo mas dichoso para no separarse, ya de él en toda la eternidad.
Ved á la hermosa joven que encierra en un claustro los días mas bellos de su juventud: la Fe la hace que desee otro esposo mejor que los que el mundo le ofrece.
Ved á la hermana de la caridad , ese tipo de. la abne- gación y del heroísmo : la Fe, la sostiene en sus fatigas y en sus penosos deberes : ¿quién sino la Fe podia obli- garla á sacrificar su existencia al alivio de la humanidad doliente?
No, no hay un solo sufrimiento, por hondo que sea, por incurable, que parezca, que, no le sane ó le endulce la Fe.
Lfi prueba mas eficaz que tenemos de lo (pie alcanza
la F e ; la que mas debe convencer al que no se obstine l.. .. ....o .... ,
en cerrar completamente los ojos del alma á la luz (pie, consideración de la historia, asi en el presente siglo,) pueda disipar las tinieblas que la oscurecen, á la refle-
xión que basta á refrenar las pasiones que la emponzo- ñan ; el mas sublime ejemplo de la grandeza de nuestra religión, es la constancia que los primeros mártires del cristianismo han ofrecido á los siglos venideros. Ahí te- néis á Santa Inés, niña de trece años, é hija de padres gentiles convertidos por ella, que muere sonriendo de- gollada bárbaramente á los pies del prefecto Tértulo:
allí tenéis á Santa Cecilia, doncella de diez y seis abri- les, ciega y mendiga, que espira á la primera vuelta de las ruedas del potro, sin angustias, sin dolores, y cantando dulcemente : allí tenéis á San Pancracio, j o - ven de diez y ocho años, que muere en el aiifil.eiil.ro de liorna al clavarse en su garganta las garras de una pan-, lera, y que. deja la vida sonriendo graciosamente al tri- buno Sebastian, que pronto debe también seguirle en el martirio: ahí tenéis al mismo Sebastian que espira oscuramente asaelado, sin testigos, en el parque.de.
Adonis: ahí tenéis á la santa niña Emereuciana que muere á pedradas, mientras ora en las catacumbas: ahí tenéis, en lili, á San Casiano, que rinde el postrer aliento á manos de sus discípulos en la misma escuela que. regenta , y sin dejar escapar una queja , sin dejar de cantar las alabanzas del Eleruo.
¿Quién sino la F e , pudo dar tal fortaleza á los niños y á los ancianos? ¿Quién estancó el llanlo de las madres?
Pir.NATLLU.
Grandes son los títulos que Zaragoza presenta á i d i d l h i i i l t iglo cuyos fecundos acontecimientos se ha asociado con in- marcesibles triunfos, como en las edades mas anliguaS
en donde ha brillado por su valor y su cultura.
Metrópoli de una e.stensa comarca cuya organización política fue u,i modelo de sabiduría y buen sentido,}
cuyas conquistas se esteodieron allende los mares hasta el Asia misma ; teatro del martirio religioso que con v
lor arrostraron aquellos innumerables creyentes , i|lS"
pirados a.l pié. del primer altar que elevó el mundo María; asiento de, la poesía brillante de los trovadores, y del lujo deslumbrador de. la edad inedia; oficina la&G- riosn en donde el arte de, (¡ullemberg, sorprendido e su mismo nacimiento, produjo multitud de c u r'o s o f Si ¡z
bros que registra en sus anales la bibliografía; cuna je de esa gran miríada de repúblieos, jurisconsultos, ratos y eminentes varones de la ciencia y de la gu er ^ que todavía se pronuncian con respeto; baluarte' independencia cspaño'a; ciudad maravillosa en I111"" ' e n sieron los ojos Augusto, Carlo-Magno y Ñapóle""
quien tantas glorias pasadas se recuerdan y '' porvenir se adivina, en quien la naturaleza I",IS" .. „,, elementos de prosperidad, y en quien 'il '1IS acumulado tan merecidos laureles; esa es ^'ll''"",''||On>
En esa ciudad afortunada vino á suceder á ' ' " ' , ' ^ ¡ i bres distinguidos por su varia literatura, el Y'1 ' Europa conocido don liamon Pignalelli.
en ti" ric«
tanto*
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EL MUSEO I N I VERSAL.
Nació OH 18 do abril do \~'M (1 ) , do la ilustro copa je los condes ilo Fílenles , siendo sus padres don Anto- nio I'igualolli, principo del Sacro imperio , y doña María Francisca de Moneayo. heredera do los listados rio Fuen- tes, Mora y Coscojuol, anillos grandes do Kspaña de nrinicrn clase ; los cuales, libados en vínculos de paron-
¡ppeo y amistad con algunas familias de las mas distin- guidas ilo Italia, cutre ollas el cardonal don Antonio pi"iiatelli, le enviaron á aquel país do las ciencias y las artes, cuando aun no contaba diez años do edad. El l u - cimiento conque hizo sus esludios en el colegio clo- mentino lie Roma, y las pruebas literarias á que fue sometido nulo el Papa, le granjearon una reputación extraordinaria, y lo facilitaron muy pronto el premio de tan precoces disposiciones , que lo fue una canonjía en la metropolitana de Zaragoza ( 2 ) , cargo tanto mas honorífico para Pignalolli, cuanto que le era confiado á los dio/, y nueve años de su edad, y leerá otorgado con las palabras mas afectuosas que permiten los documen- tos cancillerescos.
Igual benévola disposición encontró Pignalelli en la universidad do Zaragoza, en donde recibió sus títulos literarios de una manera basta entonces desconocida.
Admitidos á incorporación los cinco años de estudios canónicos que hahia ganado en el colegio clemenlino, recibió en Zaragoza el bachilléralo en G de febrero de (735, siendo su padrino el catedrático de vísperas, don JOPÓ I.acruz , y sus examinadores los sf ñores Lisa y Roa. Dispensóle después el consejo uno de los dos años que se exigían para investirse do la licenciatura, y el rector le hizo gracia del otro y de los intersticios y conclusiones de e s t a t u t o , pudiendo presentarse á los ejercicios el dia 1.° de a b r i l , en que eligiendo el primer pique , disorló de offilio legati: en el dia siguiente fue aprobado con todas las calidades en los dos grados de licenciado y doctor ( q u e , cerno es sabido , se han reci- bido consecutivamente y sin nuevo esluriio basta la publicación del plan de 184o), y so verificó la votacior en público usin que sirva de ejemplar en atención á las distinguidas circunstancias que concurren en el exami- nando.
La actividad de Pignatelli. no menos que sus conoci- mientos científicos y económicos, tuvieron ocasión de desplegarse desde que el rey le lunibró en ) 7 6 t , r e g i - dor del famoso Hospicio, conocido con el nombre de Renl casa de Misericordia. Fueron allí incalculables las me- joras que llevó á c a b o , el orden que introdujo en todas las dependencias, las rentas que aumentó sobre las que vaposeia el establecimiento, la transformación que le hizo sufrir bajo su entendida dirección. Nuevos talleros, nuevas industrias, nueva educación , y para que en todo cambiara de semblante aquel vasto edificio; basta la parte material fue reconstruida por completo d e s - de 1777 , recibiendo la elegante y grandiosa forma con que hoy es admirada de cuantos ¡o contemplan (.'i).
Prescindiendo del elogio que á nosotros nos moroco esa hermosa fábrica , en donde todo corresponde á la elevación del proyecto: prescindiendo de las demás obras arquiteclónieas que á l'ignalolli se deben, como la del Palacio arzobispal, modelo del buen guslo italiano (y oigámoslo asi) cardenalicio ; dos cosas debemos señalar en lo tocante á sus trabajos sobre la casa de Miseiicor- dia: la una el pensamiento civilizador de, abrir escuelas para formar la inteligencia y el corazón de aquellos s e - res desvalidos á quienes recoge en su próvido amor la sociedad ; la otra el pensamiento económico de alzar una plaza para la lidia de los toros, cuya o b r a , que produce Una de las mas pingües y saneadas rentas á la c a s a , se eropaz.ó en los últimos dias de junio do, 1764 , y se l,er- JJ)!"ó antes del 8 de. setiembre del mismo a ñ o , en cuyo J™ se inauguró con una función apropiada á su ries- Tambioii le debió señalados favores la escuela de pín- jwa, qm¡ ya gozaba entonces de cierto crédito, y que
¡lasta cierto punió ya hahia fundado lo que en un fra- njo moderno se ha'venido á llamar escuela aragonesa, J corno Pignatelli tuviese un gusto esquisito en Indas as bellas artes, y su casa hubiese sido el asilo de ollas, asi como un su hermano su Mecenas , pareció muy opor- tuno el nombramiento que en él so hizo (1771) do pro- Mente de la junta prcpaiatoria para la creación de la Academia, hoy floreciente, de San L u i s , la cual no se
uró ed d
y , ,guró en verdad . hasta 1703 , si bien los estudios so
•Drieron el año 1778 en casa del conde de Fuentes, y u ,?,"? 1784 en la famosa de la infanta, notable por su
wJilsimo pati,, ejecutado en 1550.
País í 'o s cargos que ejerció con gran provecho del
§0 (v "e sde el año 1770, fue id de censor perpetuo de la cia ecoiiómica , y para quien conozca la importaii- Se d i'"'u e "í l c'eron aquellas corporaciones, á quienes déla )C " '•' progreso industrial y aun político que dicci r n a s •'''"'""Indas naciones recibió no sin contra—
'spír'l" " ! " ? ' " ' l'í'ís , ese cargo será una prueba mas del naie||ju c ¡ v'lizador y filantrópico que distinguía á P i g - '°r |)or"!Ví'rSÍ<'i"' ''l'1'1 ; i r'a ''' I | I V" 'i s" frenle como rec-
espacio di? cin<;(i a ñ o s , que fueron los academi-
!í¡ s"!'
1,le:S!''' i .hiendo
-oi|uia d(> S.in CM.
Idrif! y NIIIK) |i(i>csioii en IS <U\ m;ii- l:i ohra l'nc p o s t e r i o r á la m u e r t e ilt'
eos de 1702 á (¡:t. de 1782 á S i , y de 1701 á 0.1. acerca de. lo cual nos dilataremos algún ianlo por lo mismo de andar en ello muy diminuios ó inexaclos los biógrafos de l'ignalolli.
Kl cargo de rector era ya conocido con el nombre de maestro mayor en I Í77, y después en i GTKi adoptó el que hoy conserva todavía ; pero la provisión do ese em- pleo padeció algunas alteraciones, pues hacia Hi7 I el redor saliente presentalla una lerna á los consiliarios y estos la sometían á una junta de dos compromisarios por facultad; en l(¡7(¡ los candidatos se sacaban de las dig- nidades y canónigos de la iglesia metropolitana, lo cual continuó basta IS.'t.'i ; en 1G8-Í so estableció la costum- bre de nombrar vico-rector do aquellas calidades y e n - trar como rector, pasado un año, que era el término do ambos cargos.
l'ignatelli juró por primera vez. de vico-rector el 2,1 de octubre de 1701 , y de r e d o r los dias 1S do octubre de 1702, 1782 y 1701.
En estos diversos períodos de su redorado, sin enu- merar otros pormenores , en que también reveló Pigna- telli la actividad y dolos tic- gobierno que le distinguían, se adicionaron los estatuios, sodio mayor intervención en los negocios económicos al gofo de la escuela , se puso mas saludable rigor en la asistencia de cátedras y academias, so aumentaron las alhajas de la capilla , se sostuvieron contra la ciudad (que tenia el protectorado de la Universidad), varias cuestiones de etiqueta, las cuales no conciliarias al promedio de los años académicos de 1782 y 1783, produjwon las continuancias de Pig- natelli por un año mas, no siondo posible la nueva jura sin el concurso del ayuntamiento ( í ) .
Pero en donde cabe decir que desplegó este hombro estraordinario cuantas facultados intelectuales y mora- les poseía, es en la magnífica obra del canal imperial, una voz nombrado su protector en 1772. Databa el ca- nal airtiguo desde el año 1520, cuando reinaba en Espa- ña el rey Carlos I, cuya memoria se conserva en el pa- lacio de su nombre, situado sobre el lugar en que toma- ba sus aguas aquella acequia de riego, que en tiempo de Pignatelli se hallaba ya inutilizada. Con la regene- ración económica iniciada en el siglo pasado despertó en España la actividad conslructora y se pensó de nuevo en el canal de Carlos V, encomendándose por sus tra- bajos en 1708 á la compañía de Badidi, la cual había de ejecutarlos en el espacio de ocho años: ñ a s , si bien se comenzaron las obras en 1770 previo un emprésti- to que se contrató en Holanda, los ingenieros Pin y Sánchez fioort , el primero de los cuales había dirigido el lamoso canal de Languedoc, desaprobaron absoluta- mente los trabajos de Krayenhoff, y esto motivó la estin- cion de aquella compañía, en cuyo estado so llamo á Pignatolli á quien se revistió de las mus amplias facul- tades para proceder en todo como se lo aconsejara su buen juicio.
La descripción fai ullaliva rio esa obra colosal. sohr>
sor desproporcionada á nuestros conocimientos en la ma loria daria demasiada ostensión á osle articulo, y ;itn le desviaría de su índole puramente biográlica; pero no pueden pasarse en silencio al mencionar esa obra g i - gantesca, ni la atrevida presa que. lunriariaá muy poca distancia sobre el canal antiguo, corta vertiealinenle la corriente del Khro y distrae para el canal el agua nece- saria, no sin (pie hasta su construcción, que duró algu nos años sufriese basta sesenta avenidas; ni la her- mosa y estonsa fábrica que proporciona al canal el pns<
por el Jalón, cerca de (irisen; ni las esclusas rio. Cas:
Blanca en las cercanías de Zaragoza, en donde el desni- vel es eslraordinario ; ni las dimensiones mismas di lodo el canal q u e , si cada día mas angosto, era á si apertura de mayor latitud que el-rie Languedoc; ni la belleza de, los edificios y fíaseos repartidos por el liocal, Torrero y Casa Blanca; ni la dirección, en general a d - mirable, conque, se, procedió á los desmontes y perfora- ciones.
Las obras puedo decirse que, empezaron en 1772, y el dia 10 de agosto de 1700 fue de mucho regocijo, por- rino en él so colocó delinitivanienle la úllima piedra en a presa del liocal, comunicándose el suceso con fecha 20 il conde rio Floridahlaiica , por cuyo conducto recibió Pignatolli una real urden en eslromo lisonjera que lle- va la dala del 27. También el pueblo premió con esa oca- sión la inteligente constancia .le, Pignatelli por medio de varias manifestaciones, distinguiéndose entre ellas as composiciones poéticas que por entonces circularon.
Muyen breve, después de terminada y como quiera que ya se hubiese trabajado incansablemente por lodo el trayecto, las aguas descendieron magostuosamenle hasla Zaragoza, incrcdiilorum conviclioni et, vialorum commodo, según él mismo hizo grabaren el frontispi- cio de una fuente construida al intento en Casa Blanca.
Mas aun no satisfecha con oslo la noble ambición de Pignalelli, todavía ejecutó varios proyectos encamina- dos á prolongar la navegación basta el Océano mismo (por el puerto de l.arerio), lo cual hizo presente al rey en una luminosa osposieion y al público en uno de los opúsculos debidos á su pluma, pudiendo verosímilmente
1 i ) Mav 'iiiicii a s e g u r a i;uc el c l a u s t r o ilr- la I n i v o r s i d a d tratií d.' p e r p e t u a r l e e n <•! r e d » ailn ; p e n i e s t o «'> s o i i m n a n a i n v ü j n s f m i l . v aiiui|ue a s e g u r a d o |tnr un e s c r i i o r c o n t e m p o r á n e o , csla d e s n u d o de c o m p r o b a n t e s olirkiles. - Kl m i s m o a u t o r s u p o n e f a l s a m e n t e ijiie f u e l i e s anos r e d o r , IMIU de c ' l o s el de ITlül.
asegurarse que, si en breve no nos le arrebatara la muer- to , tal vez hubiera realizado la unión de, ambos mares, acudiendo á la canalización del L'bro , en que ya por entonces so pensaba.
Como escritor público no es lícito, en fe, de verdad, citar á Pignalelli , ni parece que era esa su verdadera vocación, como quiera que le inclinaban mas sus estu- dios y aun su carácter á la ejecución do grandes obras que a las especulaciones teóricas; pero, asi y todo, sus obras literarias, en que resplandece siempre el espíritu práctico del hombre filantrópico y científico, se elevan á doce, según la descripción bibliográfica que. de ellas hace el erudito Latassa, consistiendo por lo mas en dis- cursos , disertaciones y memorias científicas. Para la Academia de Madrid trabajó en 1778 una oración sobre la Excelencia de las artes , y para la sociedad aragonesa una elocuente Oración con motivo de su dignidad cen- soria , un Tratado sobro la obligación en que lodos os- laban de fomentar aquellas corporaciones y un discurso sobre las Ventajas de la nareijacion del Ebro contra las objeciones que suscitaron en 1738 los ingenieros Lana y Roriulfo. Los demás escritos se relieren todos á los canales Imperial y de Tauste, ya contestando á varios reparos, ya describiendo las obras efectuadas, ya manifestando el orden de la navegación, ya elevando al monarca de su propia real orden la Navegación //
plan comprensivo de la comunicación del mar Océano en el canal imperial de Aragón.
En cuanto á sus prendas esleriores y de carácter, Pig-
| nalelli era recio de complexión y de estatura elevada, J refiriéndose de él que mandó hacer las puertas interio- res del Hospicio de Misericordia á la medida do su e s - talura: su carácter era firme , constante, y aun temoso, acerándolo todavía mas las contrariedades que le susci- taron la envidia y la ignorancia. Se cuenta de él que, no solo se espuso en las obras del canal á todo lina- je de peligros, sino que trabajó á veces por sí propio con el ardor de un jornalero: también se dice que rio tal modo aterró á los ladrones y moralizó á los traba- jadores, q u e , colocando después sobre los árboles y bancos de sus hermosos paseos algunos objetos de va- lor, nadie osó tocar ni uno solo: de boca en boca ha pa- sado asimismo hasta nosotros la inflexihilidad conque hizo poner la cadena á uno de sus agudos operarios que.
aludiendo á ciertas muchachas muy del gusio de Pig- j nalelli y llamadas por sobrenombre las Chispas, le dijo cuando le vio cerca rio la fragua : «Señor, retírese V. S.
que estas no son como las del Coso :» es, en fin, conoci- dísimo el arranque despótico en que prorumpió , pun- zado por los sarcasmos conque ora saludada cada ave- nida del Ebro (.cuando no de otra suerte, la prosa ha <!••
construirse con cabezas de navarros.»
En lo mas ferviente de su entusiasmo, y cuando aun so prometían tanto de su elevada capacidad las ciencias, la industria y el comercio, sobrevino á Pignatelli una muerlo todavía prematura el domingo . 0 rio junio do !70.'!á las dos rio la lanío. Universal fue el dolor como lo hahia sido la admiración : grande el sentimiento como el afecto: amargas las lágrimas como oran dulces las esperanzas que , aun terminado el canal, se alimen- taban.
Los honores fúnebres que á su memoria se consagra- ron prueban con evidencia el indistinto aprecio que á lodos había merecido en vida, por su carador personal y por su nada común inteligencia. Durante su vida se vio investido ce.n los diferentes cargos y honores do príncipe riel Sacro Imperio, canónigo rio. la metropoli- tana do Zaragoza , r e d o r de la Universidad, caballero pensionado de la orden (le Carlos III (el mismo año de su institución), regidor perpetuo de la casa de Miseri- cordia, censor perpetuo de la Sociedad araaonesa, socio de la vascongada, académico de honor de la de Ma- drid, sumiller de cortina con ejercicio y visitador riel arciprestíirio de Belchite, sin otros cargos honoríficos que obtuvo en comisiones del servicio público. A su muerte el conde de Sástago su sucesor pidió y obtuvo permiso para elevar un monumento á su memoria; y esto, que por entonces quedó malogrado, aunque no dejó de ser respetable, la suscricion reunida (á juzgar por la Universidad, que prometió por su parte 0,000 rea- les), es lo que al cabo ha de realizarse durante el presen- te año, si bien con mas modestas proporciones de lasque, tienen otros monumentos de semejante naturaleza. El que, va á elevarse en la Gloríela fue inaugurado el dia fj rie loviembre de 1857 por S. A. la serenísima duquesa de Montpensier, infanta de España, y si bien sencillo en su forma y construcción , va á soportar una estatua co- losal do, tres metros, (pie. actualmente está fundiendo
?,n París el conocido K. Durand, fundidor de arles en bronce, sobre el modelo que. lia ejecutado con singular icierlo el aventajado escultor don Antonio I'alao, á la isla de los mejores relralos (pie de. Pignalelli se con- servan (!¡); no debiendo omitir nosotros por nuestra
(Tí) l.os i|iie hoy e x i s t e n son d o s al ó l e o de.cue.rjH» e n l e r o y taina-- o natural , el u n o e n la rasa (le .Misericordia , p i n t a d o á linos del s i - lo a m e r i o r por don A l e j a n d r o Martínez , y el oteo en las olie.inas del
•; I , e j e c u t a d » en m i l por don N a r c i s o S n l a u a , y d o s p a l i a d o - e n h r e , el m e j o r de los c u a l e s fue p o p u l a r i z a d o e n iKill por I.
nruril. p e r i o i ü c o l i i e r a r i o de Z a r a g o z a : p a r e c e ([lie liuho o í r ya, o r i g i n a l , sefciiu s e d i c e , d e los d o s ineiicionadus, v ilesile i u e ^ "
i» q u e rcüa!» ;i la l'iiivc-rsidad don .1. .Marlin d e Coicocclioa c n IT.ir, ijue fue c o l o c a d o en el l e a t r u i n . i v o r , e n t r e o t r a s ra/.oues por rc- escular al primer recít/r qiw huh'ni ¡atícenlo ni vi dúii tic xa rct-
l
EL MUSEO UNIVERSA!..
parto el mas franco elogio en favor de la di- putación provincial quedo sus fondos habrá de distraer sobre unos 210,000 reales (t\) para la construcción de la obra , en favrr del gobernador civil en aquella sazón, don José Osorio, á cuya activa resolución se de- bo en mucha parlo la ejecución del trabajo.
y en favor del director del canal don Jaco I m González Arnao, que en calidad de lal > de ingeniero gefe del distrito, ha prestado al pensamienío loda su inteligente coopera- ción.
Zaragoza, pues, á quien no han falla.lo hombres ilustres, ni gloriosas hazañas. >
que lia carecido siempre de un solo monu- mento en que perpetuarlas á la posteridad verá alzarse en 1858 el primer monumento de, sus glorias, y este monumento será con- sagrado al inmortal Pígnatelli.
liEKÓNIMO l?OR*o.
VALENCIA.
l ' l t . H I V Y TORRKS HK S L K R 4 N O S .
La entrada mas grandiosa é imponente que ofrece Valencia en el ámbito de sus murallas, es sin disputa la puerta de Ser- ranos. Precedida de su magnífico á la par que sólido puente sobre el Turia , y dandi' frente al N. se abre anchurosa, flanquea-la de dos gigantescas torres, cuya severa ar- quitectura noescluyede! todo la coquetería gótica, como si quisiese dulcificar al espec- tador la triste idea del cautiverio de que es teatro, y dorar las cadenas que se ar- rastran en su recinto. Las torres son cár- cel pública.
Termino dicha puerta de dos grandes car- reteras de Cataluña y Aragón, y especial- mente de la serranía deTeruel, á los habi- tantes de esta es deudora de su denomina- ción. La necesidad de ensanchar la ciudad por aquella parte, y dar un desahogo á la plétora de población que se hacia sentir en su estrecho recinto desde los primeros años que siguieron á la conquista, obligó á abrir dicha puerta ya en tiempo del rey conquis- tador; pero fas famosas torres no se co- menzaron á levantar hasta el año I 3 W , el í ile enero, y caminando con lentitud vinie- ron á terminarse el año mismo que coneluy ó la fábrica del Miguelete ó campanario de la catedral, es decir, en 1418. I'n capricho del arquitecto quiso marcar el paso de su genio en aquella grandiosa masa enn ui:;i
( t i } K ! p i T s n ¡ n i , • * ! ! ) | n a : n i ! i \ < > t u r i l i1 I Í . U ' H I . ! M > - .
rúbrica de nueva especio, enclavando en el torreón de la izquierda al salir de la ciudad dos sillares, la mayor y la mas pequeña de toda la obra ; singularidad que podrá pare- cer pueril; pero que bien se puedo disimu- lar al que , émulo de los titanos , supo ele- var aquellas inmensas moles, y ataviarlas con una gracia que no se creyera del crea- dor de un monumento, que solo respirn grandeza y severidad.
Cada una de las torres présenla un exá- gono irregular, cuyos lados mayores dan a la parte interior de la ciudad. Separadas ambas por una distancia de algunos metros, únelas un cuerpo de edilicio, en cuyo cen- tro se abre la puerta. A un tercio de eleva- ción desde el suelo , un delicado boniou formado de una especie de eslabones, enrre abrazando ambas torres y el cuerpo ¡nler- modio. Los matacanes,.que en osla clase de edilicios acostumbran coronar el remate, como se ve en las puertas de Cuarto y Nue- va, aquí se desarrollan á dos tercios de ele- vación , y sobre ellos suben aun los tor- reones un tercio mas, terminando en al- menas. El espacio que medía entre el bordón y los matacanes en el lienzo que une las torres , se halla decorado en su totalidad con delicada xed de adornos góli- cos, donde la vista descansa agradable- mente. Sol" encima de la puerta se obser- van tres ventanas una sobre otra, colocadas concierta regularidad. En las de las torres se consultaron sin duda las exigencias de la distribución interior, sin contar con las del ornato y simetría. Asi es que las pocas que hay, especialmente en el torreón de Id derecha, parecen colocadas á la ventura, y no dejan de chocar á vistas acostumbrada»
á la regularidad y armonía.
El puente de Serranos primitivo, se fa- bricó en 1349: pero en I3o7 una avenida impetuosa lo destrozó; aunque construido ile madera . descansaba sobre estribos de piedra. A pesar de existir una junta deno- minada de Muros y valladares , croada de muy antiüno , especialmente para la cons- trucción de malecones y demás obras diri- gidas á corlar y prevenir lns daño? produ- cidos por las inundaciones del Turia, fui1
tal la incuria conque desempeñó su come- tido, que hasta bien entrado el siglo XVI.
es decir, hasta l.'illi, no se dio principioal que hoy existe, y que fue acabado en Í">I8, on el vireinafo de don Alvaro de Aragón, duque de Segorbe. El puente es de cante- ría y descansa sobre nueve lulísimos arco?
iW medio punto, con sus pretiles, lajnma- ies v escullera*. Su longitud es de tfil
l'l I U I \ \ T 0 R R F ~ T>i: S K U R V M X K \ V A I . K N C I A .
EL MUSEO UNIVERSAL. 29
I i l l > A S I ' E I ' i . i M I E V A .
varas castellanas, \ su laliluil <!e In ' 2 Hace pocos unos se lovaiilarnii aceras de losa» para los peones á ambos lados del puente , las cuales se, prolongan liasla locarla puerta, atravesando la plaza ó avenida, con gran comodidad y descanso de estos, señaladamente en tiempo de lluvias, l'ara completar la reseña de esla no- lablc entrada di; la ciudad del Cid , añadiremos que. á ambos lados se estienden dos deliciosos paseos enlre la muralla y el río, el uno mas largo que llega liasla
«puente y Portal Nuevo, y el otro mas corto, que alcanza hasla el pu.'nle y puerta de la Trinidad.
I ' A S C L W . 1*1:111:7.
POMPFAV.
A doce millas de. Ñapóles, al pió del Vesubio , en las deliciosas playas donde, desagua el S a n i o , se levantan
as imponentes r u i n a s rio P o m p e y a . La civilización a n - .'gua está escrita en s u s p i e d r a s : las c o s t u m b r e s y las 'iistituciones todas del m u n d o latino aparecen como' r e - partas en sus dobles murallas y vastos anfiteatros, su .) a s i'l c a y su foro , sus casas y sus ancbas vías c u b i e r - 'asne sepulcros en s u s m á r g e n e s .
W historia de, esa ciudad se pierde en la noche de
»s tiempos. F u n d á r o n l a , según S l r a h o n , los óseos, o e u - aronla sucesivamente los elruscos y los pelasgos , d o - ten'an""l a m i l s l n n l c l o s s a m n i l a s- l'crleneció al lin á la bló ''e l r i'') p r> Y Pa s" ;' formar parle de los p u c -
( f l,11 1? lenian en Capua su metrópoli. Fue célebre ya . d misma antigüedad; mas no por sus hazañas, sino ["'fsiifomercio y riqueza.
m a,,a-".e" l a guerra de. los cartagineses conlra los 10-
•Mar -J° ''' I""1'"1"',1" Aníbal. Quiso en las luchas de N O V Í V ^ '1'1 r o s's l'r ;l s i'a> >' I""'1 vencida y saqueada, b e c h r ' i " ' " " ' " n "n "l r" li^nipo á descolgar sus armas.
v¡v¡cl a ll o r Augusto municipio y por Nerón colonia,
n '>az ;l ';i s n l" l| r a '1(' s" '; magislrados , \ no lardo tal''"" "M V ('n'; i l'( > r o emporio. Las olas del Mediterráneo ,]„ l ' ''oloiices sus muros, numerosas naves ocupaban
"^•'tniuo S1, puerto.
osS]>arec¡ó, sin embarco en dias, esa colonia famo-
;l el aiio (Í:I de la era cristiana , cuando ya un '' terremoto destruyó su basílica \ su foro, é hizo '' sobre sus cimientos la ciudad entera. Sus Im-
bihinles h u y r o i i aterrado», liorna dudo sobre »i debía o no permitir la restauración de POUIM.YA.
La permitió después de largos debates en el senado:
no quiso dar importancia á sus presentimientos. Para mal de los pompeyanos otorgó tan funesto permiso. Los temblores DO se repitieron en algunos años: la ciudad volvió á recobrar sus moradores y á vivir sin temor ar- rullada por las aguas del mar y las del Sanio, lisia- ba completamente olvidada de su primera catástrofe, cuando un dia del año 7!' se inflama de repente el Vesu-
bic y en medio de torbellino* de, humo s luego VUMIIl.:i sobre Pmnpeya y las demás ciudades de sus alrededores torrentes de materias volcánicas y sacude sobre ella los fragmentos de piedra pómez que cubrían sus ver- lienles. Se intenta en vano la fuga. Horren los habilau- tesá guarecerse eu el mar; mas pocos ó ninguno logran salvar la vida. Mueren unos ahogados por el humo, otro.- aplaslados por las piedras que caen coinoespeso granizo sobre su cabeza. La tierra toda tiembla, el Mediterráneo, como rechazado por la tierra, retrocede con espanto- sos rugidos dejando cubierta de peces la playa. La lir/
del sol no puede vencer las densas tinieblas que cierran el horizonte.
Duró la erupción I res dias , dias sin duda de los nia- aciagos que ha registrado la historia. Vivían en ello.»
los dos Punios. Ambos, llevados del amor á la ciencia, quisieron ver por sus ojos tan raro y tremendo espec- táculo, y fue el uno víctima de su buen celo, hallóse el otro en grave riesgo de perder la vida. Murió el ma- yor al dejar Stabía arrollado por un turbión de fuego \ azufre; creyó el otro morir en la campiña de Mesina, donde envuelto el pueblo en la oscuridad mas profunda y sofocado por la ceniza y el humo, se despedían tierna- mente unos de oíros y ya invocaban, ya maldecían á los dioses. No necesitamos hoy apelar á la imaginación para trasladarnos á tan apartadas y lúgubres escenas:
en las carias de ese mismo I'linio vienen reproducidas con colores que buscaríamos inútilmenle en nuestra fantasía.
Quedó Pompeya enteramente sepultada bajo la ceniza) la piedra pómez del Vesubio. Llegóse á perder con el tiem- po hasta el recuerdo del lugar en que había florecido por tantos siglos. ¡ Qué de pueblos han pasado después con la mayor indiferencia sobre su ignorado sepulcro! Nada menos que por espacio de mil seiscientos sesenta y nueve años ha permanecido la ciudad en las entrañas de la tierra. Sus edificios estaban no destruidos sino soterra- dos : ni aun en los primeros siglos de su desgracia s>- acordó nadie de ir á sacarlos á la luz del dia. Parecen;, suelo de maldición aquel suelo : ¿n¡ cómo había de dejar de parecerlo si en el siglo II fue ¡i establecerse en él un pueblo que tomó el nombre de la ciudad y doscientos anos después tuvo la misma suerte?
No se. empezó á sospechar la existencia de Pompei,.
hasta el año 17ÍS. Unos labradores que estaban traba- jando en una viña á las orillas del Sanio , encontraron
1 algunos objetos, para ellos desconocidos, qu" revelaban
30 EL MUSEO UNIVERSAL.
la mano de siglos remólos. Sabedor del hedió el rey de Ñapóles, inundó hacer excavaciones, que en aquel m i s - ino uño dieron |ior resultado el deseubriniienlo del a n - lileatro y el de muchas lápidas en que se leía clara y distintamente, el nombre de Pompoya. Calles enteras fuen n luego apareciendo bajo la azada de los escavado- ivs: puertas , fuentes, teatros , templos , casas de hom- bres que lian dejado grande huella en la historia , esta- t u a s , bustos, hermas, muebles, pinturas, monedas, ricas alhajas de oro y plata. No ha llegado aun á su lér- mii;o la escavaeion después de mas de un siglo: ¡qué de largos y costosos sacrificios para descubrir lo que cubrió un volcan en dius! Hoy visita aquellas ruinas cualquier príncipe, y se desentierran aun á sus ojos ca- sas donde abundan alhajas de oro, utensilios de hierro y bronce y hasta madera y pan carbonizados.
Escitó naturalmente un entusiasmo universal el des- cubrimiento de Pompeya. Hacia ya tiempo que trabaja- ba Europa por descifrar la historia en los restos de los antiguos monumentos: concibió la esperanza de llenar un gran vacio en sus estudios desde que supo que toda una ciudad estaba en pié bajo capas de ceniza j piedra pómez.
Los mas insignificantes objetos recogidos en Pompeya, fueron materia de examen ; eruditos de todas las nacio- nes acudieron al pié del Vesubio para medir y analizar en sus menores detalles, cada edilicio que iba saliendo de su inmensa tumba. Conocíase antes mucho la vida pública de los antiguos, poco la privada ; fuese cono- ciendo después hasta su vida mas íntima. Existen á cen- tenares en f'ompeya casas aun enteras, don le cabe ver el modo cómo estaban distribuidas las familias, y las necesidades morales que satisfacían á la s(rubra de' sus dioses lares.
Estaba sentada Pompeya en una colina desde la cual dominaba una vasta llanura y se estendia hasta el mar, que han hecho retroceder después las erupciones del Vesubio. Ceñíanla y defendíanla dos murallas , puesta la una sobre la otra , armadas de torres y coronadas de al- menas. Daban entrada á la ciudad ocho puertas princi- pales ; atravesábanla dos vías que conducían la una á Ñola, y la otra á Nocera y Salerno. Estaban las calles todas empedradas de lava; casi todas, adornadas de fuentes de sencilla estructura. Eran las casas general- mente de dos, rara vez de tres pisos; tenían su frente revestido de un estuco duro, brillante, y con mucha frecuencia, de vivos colores. Terminaban muchas por una azotea que cubrían yerbas enredaderas, cuando no frondosas vides; presentaban en su parte inferior una ó mas entradas v algunas hermosos vestíbulos.
tan bellas n flexiones y conmovió tan hondamente su sombras envuelven el valle y van ganando las cuín, corazón de padre. En Pompeya fue visitado por Augusto i bres que apenas tifie el sol con su última luz ; la nm- César , (lúe deseaba obtener su protección contra Auto- ¡ jer es, repelimos, la que compone y canta esos sencillos
Tenían los antiguos por lo que permiten juzgar estas ruinas, la costumbre de pintar en lo esterior de sus ca-
nio. 1.a si nibra del grande orador latino parece proyec- tarse en ludas parles.
No está desenterrada aun su casa ; mas si la de su contemporáneo Saluslio. Vivió también en l'ompoya ese conciso y enérgico historiador de las guerias catilina- ria y uigurlina. lie la gueira eatirinaria I abia sido Ci- cerón uno de los principales héroes : I ucearon el des- canso bajo el cielo de una misma ciudad el héroe, y su cronista.
Ya la imaginación poblando de sombras aquellos in- habitados monumentos. Esparlaoo pasó por Pompo\a j en busca de Cosinio á quien esperaba sorprender en el : bario; Claudio permaneció en Pimpeya hasta la muer- ¡ te de su hijo Dniso: la familia Arria ocupó en Pompe)a desde el imperio de Augusto el ¡•nijiís Auiju^liis Ffh.r, cuyo primer dueño y fundador fue Marco Arrio D¡o- medes.
Exáltase, el viajero á la memoria de esos grandi s hombres , y recorre con entusiasmo hasta lo interior de los edificios [rivados. I n vestíbulo, un atrio, ui,a sala de audiencia, dos antesalas lateíales, un pequeño tem- plo , conocido entre los antiguos con el ni mbre de letra- I rium , constituyen la parle anterior, y por decirlo asi j pública de esos'ediiicios. I no cuno corredor conduce á ¡ otro patio. Abrense bajo las galerías de este patio el j comedero tricliiiium , el salón de conferencias, salas, j gabinetes, dormitorios para esposos, hijos y libertos, i Mas allá de este segundo atrio hay un jardín estenso: á un lado los liaros. No es raro ver 'en el jardín pórticos y otros salones para las renas del verano, y el canto y el baile. Ocupaba la familia la planta baja ; los pisos supe- riores servían generalmente para guardar los víveres.
Estaban licamente adornadas las ñ a s de esas e s - tancias. Estatuas y pinturas decoraban lo mismo los [ salor.es que las galerías de los atrios. Muebles delicada- mente cincelados , objetos , ya de bronce , ya de mar- fil, ya de oro y plata , embellecían las habitaciones mas modestas. Era opulenta la ciudad de Pompeya, y las artes, aun las mecánicas, habían llegado á un grado de perfección que solo cabe apreciar viendo las preciosida- des recogidas en esas mismas ruinas y custodiadas en los museos de Euroj a, principalmente en el de Ñapóles.
Es Pcmjieya un monumento vivo de la civilización antigua : podría serlo aun mas si oimo se ha desenter- rado la ciudad, se hubiese procurado conservarle todas
versos, (|ue se pierden como llores silvestres, en medio de aquellas soledades, en donde nacen, dan su perfume
y mueren ignorados. ' Ademas, la vida patriarcal, la vida pasada lejos de las ciudades, en caseríos apartados, en medio de una.
hermosa naturaleza y bajo un cielo mas hermoso toda- vía . son costumbres bastante puras, para hacer sentir al corazón con las mas sencillas emi ciónos , no podhin.
i darotra poesía popular que la que seadvierteen aquellos solitarios lugares.
I ¡Ah! los que aman, por :-u agreste sencillez, por |¡i inocencia que se oculta bajo sus pobres formas, muchas veces hasta por sus giros desenvueltos y sus palabras no muy bien sonantes, los que aman, repito, como yo les amo esos dulces cantares, que son á la poesía, lo niie al aire que rueda sobre los plantíos y las olas, los mil perfumes que recoge á su paso nos agradecerán que no la hayamos echado en olvido , que huyamos querido dar su puesto en donde es necesario que lo vaya teniendo, que hayamos cebado á la deidad desconocida una mirada, de amor, y arrojado al pié de ella las primeras ofrendas,
sus obras de arte.
Queda solo la ciudad al pié del Vesubio; ¿mas qué importa? Sube el viajero á lo alto del Odeon ó del sas el apellido de su familia , el de los magistrados bajo teatro trágico, desde donde está lomada la exacta pors- cuya salvaguardia se ponían , el símbolo de la profesión prctiva que aci mpañamos y recibe las mas grandes a que se dedicaban. Los colores del estuco, los de esos : impresiones al contemplar esas vastas ruinas bov poeli- geroghficos e inscripciones, la vegetación de las azoteas, i z a, ]a s p o r 0| n l l r a ,|(, |,,s S¡ , , |I 1 S v |a s |,,.¡sas que muí mu habían de dar á las calles un aspecto notable, sobre todo
si se estendian estas, como era común, entre monu- mentos de grandiosas líneas y magestuosas proporciones.
Abundaban en Pompeya los monumentos públicos.
Ademas del Panteón , existían templos especiales dedi- cados á Júpiter, Mercurio, Venus é Isis. Había un vaslo anfiteatro, un espacioso foro, teatros, termas, y una gran basílica. Consérvanse ai,;: los masen escelenle e s - tado; han desaparecido solólos techos de los pórticos, y sido truncadas las columnas.
Es hoy imponente Pompeya. Reinan en calles y pla- zas la soledad y el silencio. Reinan la soledad y'el si- lencio en lo interior de las casas y los odilieíos. La , catástrofe, del año 7!) no puede menos de asaltar la me- j moria del viajero. Se cree aun oír los desgarradores
ran d u l c e m e n t e e n t r e los ramajes de s u s frondi s a s a r b o - ledas; al leí iler m a s allá la vista y d e s c u b r i r á la derecha el Vesubio y á la i z q u i e r d a el pueblo do T o n e dell'An
i d l á ill iiiinziala
raneo.
y q
Neniado alegremente E.
á orillas del Me Pi v MAIICAI.L.
POKSIA GAI.LIC.A C O I M I IV.
( ( o:X l l . M A I . I O V . )
Todas las cánliíjas como les llaman allí, se pueden i e-
Y.
A GAITA GALLEGA.
POIl III N Jl'A!S M A M K L P l X T O S .
Hace algún tiempo \ a , que ] or primera vez se publi- có en dialecto gallego un libro de poesías, destinado mas que á otra cosa á i!ar una muestra de la índole y carác- ter de aquel dialecto, á eslender el gusto hacia su es- tudio y á probar que aunque se halla hoy algún tantode- generado, olvidado, no p i r e s o se halla menos á projó- silopara espresartodas lasideas, todos lussentimientis todas las inspiraciones, del miíino modo que cualquier otro idioma literario.
No se conservaba en Galicia mas que los recuerdos i!e los antiguos trovadores, el padre Sarmiento, tiene aun boy, inéditas sus mil doscientas coplas de que hemos ha- blado \ a , nadie osaba masque mostrar pequeñas compo- siciones que su mismo autor empezaba por creerlas de escaso n érito, composiciones que se escribían como [or pasatiempo, como un tributo rendido á aquellas personas que tiene apego á las cosas de aquel j ais: nadie había pu- blicado un libro, nadie creía que se pedia aspirar al título de poeta escribiendo en aquel dialecto en que, había escri- to don Alfonso el Sabio, en aquel dialecto semejante, her- mano á aquella lengua en que cantó las grandezas de P(í- lugal, el mas grande de sus poetas, oriundo de nuestras montañas, el célebre Luis de Camoens, que tiene hoy su puesto al lado de Virgilio, fie Paulo y del Tasso.
Pero el señor de Pintos, persona entregada al estudio de nuestro dialecto , comprendió la necesidad de dar ''I primer paso , y publicó su libro.
Parece imposible, pero es la verdad, que de un dia- lcelo, tandulcc, tan rico en armonía y en voces, noesif- la no decimos, gramática, sino un mal diccionario que pudiese suplir aun cuando fuese de un modo imperfecto, á los viajes , á los estudios hechos con pérdida de tiem- po, á que tiene que enlregarse toda persona amante(¡e nuestra lengua provincial, pies nada mus cierto quo esta varía á cada paso, como los lrajes, como las cos- tumbres de una á olía comarca.
Comprendiendo el aulor de la (¡aila (¡aliena, la nece- sidad de dar cierto carador uniforme á los esludios lif- chos hasta ahora aisladamente , comprendiendo que )¡l
a yes de dolor de mil familias; sus acentos de desespera- ducir á dos clases, ó de sentimiento que son la niavoría, ¡ es tiempo que saliendo de nuestra proverbial apatía, ^ cion en medio de tinieblas, que no basta á disipar ;n
aun las lenguas de fuego que brotan del Vesubio. I os hijos no pueden salvar á sus padres, ni los padres á sus hijos. El heroísmo de Eneas es completamente estéril.
La implacable mano del destino pesa sobre todas las frentes Reunido ayer ese pueblo en el anfiteatro, c u - bría tal vez de, aplausos al gladiador que, aun en los ú l - timos instantes de su vida, procuraba cautivar por una bella muerte las simpatías de sus conciudadanos; hoy muere, y ve morir sin que fortalezca MI abatido espíritu un solo pensamiento.
Se ha de sentir sin fuerza el viajero para recorrer esa \ ciudad hoy desierta. Sido el amor á la ciencia y al arle puede irle distrayendo de tan penoso recuerdo. ¡ E s t á n magestuosa la arquitectura romana, sobre todo cuando le han dado su color los siglos, y está medio en ruinas por la mano de Dios ó de los hombres ! Lleva siempre el sello do un gran pueblo : desaparecen á primera visla bajo la impresión de, su grandiosidad sus muchas y muy graves faltas. Hasta los desiguales y mal tallados pedruscos de sus vías y sus calles hablan de la gran- deza del pueblo romano. ¡ Qué no nos han de decir sus suntuosos pórticos, los magníficos peristilos de sus tem- plos y las soberbias graderías de piedra de sus tea- tros !
Ya sumido el viajero en la conlomplacion de los monumentos, va evocando otros recuerdos que. los del pueblo del 7ít. Cicerón tenia en Ponipevi una de sus (limitas. A Pompe.) a ¡ha con preferencia á reparar MIS fuerzas, quebrantadas por |¡,s luchas políticas Kn Pom- peya se consoló de la pérdida de su hija , que le inspiró
ó las picantes que están en menor número. Senlimos no poder presentar para que se conozca la índole de ellas, mas que las siguientes que. recordamos en este momento.
Airiños , airiños , aires, Airiños da miña torra , Airiños , airiños, aires, Adiós que xa vou pra (da.
—Dame un beíxino?—nuil queiro?
—Dame un abrazo!—tampouco!
—Dame á niorte miña vida E dama poiufuiño á ponen Maruxiña donclie os olios?
liézalle á "-anta Lucía , Que dios abra pó la noile Que. cbos corre pó lo día.
Santo que oslas no cañizo Vola castañas abaixo Vota d' esas maduriñas Qu' cu as verdes non me bai.xo.
No queremos seguir ; los cantares se agolpan á nuos-
vaya publicando todo lo que á sus solas Irabaja cada i uno sin esperanzas de poder concluir su obra , para que í llegue tiempo en que pueda alguno reunir todos eses
• materiales esparcidos y hacer entonces lo que lodos de-
; sea ron con desgraciada fui luna, h¡i publicado e.se lito"0
i en que con el ejemplo, dando reglas, envolviéndolas COI)
| las galas de la poesía, es el primero que abre la senda, I de una manera digna, al estudio y cultivo de nuestro licr- I moso dialecto.
Como nosotros no juzgamos aquí mas qu» al poeta, vamos á presentarle tal como e s , no sin olvidar antes
! que su libro sin mas pretensiones que el de dará conocer el significado de muchas palabras (en riqueza de voces no tiene rival entre todos los que se dedican á escribir i on gallego), y de muchos giros, á ridiculizar los q>je
¡ desdeñan el lenguaje de sus abuelos, y que oyeron desrtfí la cuna, y á probar linalmente que este os capaz (|(í
adaptarse no solo á toda inspiración, sino también á t°"
das las formas y combinaciones métricas.
liasle, para sabor el poco aprecio que él duba á su !'•"
bro bajo el aspecto literario, tenor on cuenta que, 1° "i publicado bajo el anónimo, como fruto i\i'. los inoin<w~
tos de ocio (pie sus ocupaciones le dejan libre, coino la obra de un literato entregado por complot' Ira memoria, pero lodos ellos traen ese sello de dulzu- estudio. No era justo sin embargo esa especie dep
le lior- ra y terneza que, distingue los de aquellas poéticas c o -
marcas. ¿Cómo no ser asi?... la mujer allí, os la que compone en las largas veladas, mientras se dedica á las faenas domésticas , cuando á la hora de anochecer, se retira á su choza solitaria, cantando por aquellos sen- deros cubiertos de hojas v de silencio mientras las
Candad on que lo lialiia ili que si bien os cierto ipi la ¡nía q q
mucho campo á la imagina, ion del poeta, es en que aquellos cantos, como sucede en el (|ue-
á P t d l ti
ado al ocharlo al "mundo, JH'V-
I.JÍI MÍI
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; dedl- lo árido del asunto , es en que aquellos cantos, como sucede en el (|ue- . ca á Pontevedra, en que la inspiración y el sentiun.
l ti h d d t d s e e l sen, q p y lo, tienen ancho campo por donde estenderse, e
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