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Dios es vida 06
La obra de la justicia es paz
Susanne Engler
Muy a menudo solemos cantar que todos nuestros pecados fueron limpiados para siempre con la sangre de Cristo, pero ¿somos realmente conscientes de esto o nos cargamos con pensamientos de condenación y culpa de vez en cuando a causa de los errores y fallos que cometemos a diario?
La Palabra de Dios dice que no hay condenación para aquellos que están en Cristo.
En esta serie estamos tratando el tema de que Dios es vida, y junto con esa vida, Él nos ha dado su paz, su justicia y su libertad.
¿Experimentamos verdaderamente esa libertad o nos sentimos esclavizados por pensamientos de derrota y frustración?
Hemos sido justificados para siempre
Cuando tenemos revelación de lo que significa la justicia y la libertad que Cristo nos otorgó no volvemos a colocarnos a nosotros mismos bajo el yugo de la esclavitud del pecado. No somos esclavos del pecado ni de la opinión de los demás.
La revelación de la justicia divina, alcanzada por medio de la completa obra de Cristo a nuestro favor, contribuye a aumentar la paz en nuestras vidas.
El ser humano de por sí desea tener paz interior ¿verdad? Nosotros, los creyentes, podemos gozar de esa paz en medio de todos los desafíos que nos presenta la vida diariamente. Estamos posicionados en la justicia divina y esta seguridad nos permite mantenernos firmes en medio de los avatares de la vida y su paz inunda todo nuestro ser.
En Isaías 32:17 leemos:
La obra de la justicia será paz, y el servicio de la justicia, tranquilidad y confianza para siempre. (LBLA)
2 Aquí dice claramente que la paz es obra de la justicia. De allí pues, la importancia de saber que estamos fundamentados en la justicia divina.
En Isaías 45:8 encontramos lo siguiente:
Destilad, oh cielos, desde lo alto, y derramen justicia las nubes; ábrase la tierra y dé fruto la salvación, y brote la justicia con ella. Yo, el SEÑOR, todo lo he creado. (LBLA)
De acuerdo a la Palabra de Dios, nos encontramos en el tiempo de la lluvia tardía. Este pasaje nos habla de la bendición que desciende de los cielos, sólo debemos estar dispuestos a recibirla.
Cuando somos realmente conscientes de lo que significa la justicia divina tenemos paz. El mundo actual se mueve a un ritmo completamente acelerado y, a veces, el estrés y el nerviosismo se apodera de nosotros. En esos momentos, deberíamos detenernos para agradecer a Dios por la obra completa de Cristo, y como resultado, su paz habrá de inundar todo nuestro ser.
Cuando tenemos revelación de la justificación que tenemos en Cristo, nuestra alma es transformada. Cabe recordar que el alma es el sitio donde se anidan nuestra mente, nuestra voluntad y nuestros sentimientos. La Biblia nos dice que hemos sido vestidos con el manto de justicia.
En gran manera me gozaré en el SEÑOR, mi alma se regocijará en mi Dios; porque Él me ha vestido de ropas de salvación, me ha envuelto en manto de justicia como el novio se engalana con una corona, como la novia se adorna con sus joyas. Isaías 61:10 (LBLA) Este manto nos protege de todas las cosas que vienen a atacar nuestro cuerpo y nuestra mente.
La justificación que Cristo nos otorgó equivale a estar delante de la presencia de Dios sin ningún tipo de sentimiento de culpa porque el problema del pecado fue solucionado en la cruz.
Por medio de la justificación fuimos hechos aceptos delante del Padre y somos amados por Él incondicionalmente. Tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Uno de mis pasajes favoritos es el de Romanos 1:16 y 17:
Porque no me avergüenzo del Evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego. Porque en el Evangelio la justicia de Dios se revela por fey para fe; como está escrito: MAS EL JUSTO POR LA FE
VIVIRÁ. (LBLA)
Personalmente creo que todavía no alcanzamos a aplicar plenamente la profundidad de la obra del Evangelio en nuestra vida diaria. El Evangelio siempre nos revela la justicia divina. La misión del Espíritu Santo es recordarnos siempre nuestra posición de justicia en Cristo. Él no vino para revelar nuestros pecados, pues, eso lo sabemos por nosotros mismos. Incluso la gente que no tiene a Cristo sabe cuando ha hecho algo malo.
3 Este pasaje que acabamos de considerar habla del Evangelio de la gracia, el cual nos revela nuestra posición de justificación la cual recibimos por la fe en Cristo. La justicia divina nos proporciona vida, y dicha vida revitaliza nuestro cuerpo físico y renueva nuestra mente. La salvación no tiene que ver solamente con nuestros pecados, sino también con nuestra forma negativa de pensar aferrada a los errores del pasado.
Cuando somos conscientes de lo que realmente significa la salvación nos damos cuenta que este es un proceso continuo. Al escuchar la Palabra del Evangelio de la gracia estamos siendo constantemente salvados, limpiados, purificados y renovados.
Habíamos dicho que la justicia divina nos concede paz. A menudo, los desafíos de la vida diaria hacen que nuestra mente se agobie con pensamientos de intranquilidad y esto nos impide ver las cosas con claridad. Sin embargo, precisamente cuando recordamos que hemos sido justificados, encontramos la paz que necesitamos.
La obra de Cristo ha sido perfecta y no tenemos que hacer nada de nuestra parte para alcanzar justificación. A pesar de haber sido justificados, caemos y fallamos una y otra vez, pero esto no nos hace perder nuestra posición.
Cuando confesamos que somos la justicia de Dios estamos confesando al mismo tiempo la perfecta obra de Cristo a nuestro favor.
El verdadero arrepentimiento es quitar nuestros ojos de los pecados y dirigirlos hacia la gracia divina.
Cristo pagó el precio por nuestra paz. En Isaías 53:4 y 5 leemos:
Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo,
nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados. (LBLA)
Esta paz, de la cual nos habla la Palabra de Dios, no depende de las circunstancias. A menudo, nos encontramos en medio de situaciones donde todo a nuestro alrededor parece estar moviéndose de un lado a otro, pero, precisamente en esos momentos es cuando podemos descansar en la paz de Dios. Naturalmente que no podemos obviar determinadas situaciones, pero, aún a pesar de ello, entramos en la paz divina y todo se aquieta en
nuestro interior y también a nuestro alrededor. Podemos aprender a practicar esto en todas y cada una de las situaciones que intentan abrumar nuestro diario vivir.
Otro pasaje maravilloso acerca de la justicia divina lo encontramos en Isaías 54:10 al 14:
Porque los montes serán quitados y las colinas temblarán, pero mi misericordia no se apartará de ti, y el pacto de mi paz no será quebrantado —dice el SEÑOR, que tiene compasión de ti…
Mientras meditaba sobre este pasaje pensé en lo que podría significar eso de que nuestras montañas aquí en Suiza fueran quitadas o removidas de lugar, y que aun así yo pudiera estar disfrutando la paz divina. Lógicamente que esto es más bien un simbolismo, pero si
4 somos sinceros, muchas veces las circunstancias a nuestro alrededor son tan adversas que aparentar ser montañas que se mueven. Precisamente en esos momentos es cuando Dios nos asegura su perfecta paz. Prosigamos con la lectura de este pasaje, en el versículo 11 dice:
…Oh afligida, azotada por la tempestad, sin consuelo, he aquí, yo asentaré tus piedras en antimonio, y tus cimientos en zafiros. Haré tus almenas de rubíes, tus puertas de cristal y todo tu muro de piedras preciosas. Todos tus hijos serán enseñados por el SEÑOR, y grande será el bienestar de tus hijos...
La paz de Dios alcanza también a nuestros hijos. Con plena confianza, podemos proclamar la paz divina sobre ellos, tanto cuando son pequeños y todavía se encuentran bajo nuestro cuidado, o cuando son grandes y ya se han ido del hogar para hacer su propia vida.
Esto también es válido para nuestros hijos espirituales, aquellos creyentes nuevos en la fe. El versículo 14 dice:
…En justicia serás establecida. Estarás lejos de la opresión, pues no temerás, y del terror, pues no se acercará a ti. (LBLA)
Todos nuestros temores desaparecen cuando somos conscientes de la posición de justicia que tenemos en Cristo.
Estamos rodeados de la justicia divina, ella va delante de nosotros y cubre nuestras espaldas. ¡Seamos conscientes de esa realidad!
El enemigo trata siempre de atacarnos con condenación y preocupación, y habrá de buscar constantemente la oportunidad para intentar devorarnos, pero, Jesús vino a traernos vida, y vida en abundancia (ver Juan 10:10) y cuando estamos fundamentados en esa verdad él no nos puede alcanzar.
La manera de mantenernos firmes es protegiendo nuestro corazón de aquellas cosas
negativas que oímos y vemos a nuestro alrededor. Demasiado a menudo tendemos a hablar y/o repetir aquello que no nos favorece.
Muchas veces me encuentro en situaciones donde no sé más que hacer o que decir, y pronto me doy cuenta, que la mejor solución es elevar mis pensamientos hacia la obra completa de Cristo agradeciéndole por las soluciones que tiene preparadas para mí.
Cuando aprendemos a apropiarnos de las promesas divinas ellas nos llenan de vida. Dichas promesas dejan de ser meramente palabras escritas y se convierten en vida.
El Señor nos insta a animarnos unos a otros ¿verdad?, pues, la mejor manera de hacerlo es por medio de su Palabra. A menudo tendemos a hablar más de los problemas que de las promesas divinas. El Señor siempre tiene soluciones preparadas, permitamos que Él se encargue de nuestros problemas.
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La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (LBLA)
La paz de Dios es una paz firme y duradera y no se puede comparar con la que intenta ofrecernos el mundo.
Cuando los discípulos, después de la muerte de Jesús, se habían escondido a causa del temor, Él se aparece en medio de ellos y les dice ¡paz a vosotros!
El Señor desea que tengamos su paz en todo momento y situación. Independientemente si tenemos una lucha en nuestros pensamientos o un problema en nuestros cuerpos, cuando la paz de Dios inunda nuestros corazones sus efectos positivos se expanden por todo nuestro cuerpo y mente.
Y esta paz también se proyecta al entorno que nos rodea.
A veces, tenemos contacto con personas nerviosas y alteradas, las cuales no conocen a Cristo, y tenemos la oportunidad de poder transmitirles el testimonio del Evangelio por medio de la paz de Dios que inunda nuestros corazones.
Shalóm
En 2 Reyes capítulo 4 encontramos la historia de la mujer sunamita, quien vivía en una casa junto a su marido y a su hijo. En el piso superior de aquella casa, ellos le prepararon una habitación al profeta Eliseo para que cada vez que él pasara por allí pudiera descansar. La Biblia nos relata que habiendo muerto su pequeño hijo, ella subió y lo puso sobre la cama del profeta, cerró la puerta detrás de él y salió. Luego llamó a su marido y le dijo: Te ruego que me envíes uno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al hombre de Dios y regrese.
Los versículos 25 y 26 nos dicen lo siguiente:
Y ella fue y llegó al hombre de Dios en el monte Carmelo. Y sucedió que cuando el hombre de Dios la vio a lo lejos, dijo a Giezi su criado: He aquí, allá viene la sunamita. Te ruego que corras ahora a su encuentro y le digas: "¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido? ¿Le va bien al niño?" Y ella respondió: Bien. (LBLA)
Debemos tener en cuenta que su hijo acababa de morir, sin embargo, ella responde que le va bien.
De acuerdo al texto original hebreo, dicha expresión equivale a la palabra SHALÓM, la cual significa literalmente paz.
En otras traducciones está expresado en la siguiente manera:
Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y dile: ¿Tienes paz? ¿Y tu marido, y tu hijo? Y ella dijo: Paz. (NRV2000)
La palabra SHALÓM es también sinónimo de bienestar, salud, prosperidad, y provisión entre otras muchas cosas más.
6 Cuando ella se decide ir a visitar al profeta de Dios, su marido le pregunta:
(23) ¿Por qué vas hoy a él? No es luna nueva ni día de reposo. Y ella respondió: Quédate en paz.
Y luego, en el versículo 26, vuelve a aparecer también la palabra paz.
En esa situación tan difícil ella pone su confianza en la palabra SHALÓM, la cual además de paz involucra bienestar en general.
Cuando el profeta se percibe de lo sucedido, va hasta el lugar donde está el niño. Los versículos 33 y 34 dicen lo siguiente:
Y entrando, cerró la puerta tras ambos y oró al SEÑOR. Entonces subió y se acostó sobre el niño, y puso la boca sobre su boca, los ojos sobre sus ojos y las manos sobre sus manos, y se tendió sobre él; y la carne del niño entró en calor(=recobró la vida) (LBLA)
Al decir paz (SHALÓM), aquella mujer, había estado confesando la victoria de antemano.
En este gráfico podemos observar la palabra escrita en letras hebreas. Como sabemos, cada letra del alfabeto hebreo tiene un significado particular.
Cabe recordar que el hebreo se lee de derecha a izquierda. Por lo tanto, la primera de las letras es SIN, y esta representa provisión.
7 La segunda letra es LÁMED, y es representada por un cayado pastoril. Esta letra nos habla de Jesús quien es nuestro buen pastor. Él es quien nos otorga provisión.
La tercera letra es la VAU, y es representada por un clavo y nos habla de la muerte de Jesús en la cruz.
Y por último, encontramos la letra MEM, que es representada por el agua. Jesús es nuestro buen pastor, que nos otorga la provisión por medio de su obra en la cruz, y fuentes de agua viva brotan desde su presencia.
¿No es interesante que esta palabra SHALÓM tenga un significado tan profundo? El idioma hebreo contiene maravillosos tesoros escondidos.
La palabra SHALÓM nos habla también de abundancia. Dios tiene infinitas posibilidades de solución para nuestros problemas. Él nos salva en cada una de las situaciones difíciles en que nos encontremos.
Mientras meditaba en el profundo significado de esta palabra, vinieron a mi mente las palabras del Salmo 23. En el mismo momento, el Espíritu Santo me impulsó a considerar también las palabras del Salmo 22.
Allí es descripto el plan de salvación. En el versículo 31 leemos acerca de la justicia divina:
Vendrán y anunciarán su justicia; a un pueblo por nacer, anunciarán que Él ha hecho esto. (LBLA)
La obra de la cruz ha sido consumada y por medio de ella tenemos la justicia divina. Puesto que hemos sido justificados, podemos entrar en la paz divina y confiar que, si el Señor lo promete, nada nos habrá de faltar.
Si bien estos versículos son muy conocidos, esta combinación de los dos Salmos produjo en mí una gran revelación. Te invito a considerar conmigo al Salmo 23:
El SEÑOR es mi pastor, nada me faltará. En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce. Él restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de su nombre. Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento. Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos; has ungido mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa del SEÑOR moraré por largos días. (LBLA)
Resumen:
Podemos estar confiados en la provisión divina y descansar en su paz pues el Señor mismo es el garante de ello.
Oración:
¡Gracias Jesús por tu obra completa en la cruz a mi favor! ¡Gracias por saber que tú has solucionado el problema del pecado, el cual me separaba del Padre, y ahora he sido
8 justificado delante de Él! Deseo experimentar tu paz cada día y en todas las circunstancias de mi vida. Amén.
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