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George Soulié de Morant - Compendio de La Verdadera Acupuntura China

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COMPENDIO

DE LA VERDADERA

ACUPUNTURA CHINA

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G. SOULIÉ DE MORANT

COMPENDIO

DE LA VERDADERA

ACUPUNTURA CHINA

Versión española de

Andrés Palafox

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Edición original:

PRECIS DE LA VRAIE ACUPONCTURE CHINOISE © 1964, Mercure de France

Primera edición española, 1984 © EDITORIAL ALHAMBRA, S. A.

R. E. 182

28001 Madrid. Claudio Coello, 76

Delegaciones:

08008 Barcelona. Enrique Granados, 61 48014 Bilbao. Iruña, 12

18009 Granada. Pza. de las Descalzas, 2 15005 La Coruña. Pasadizo de Pernas, 13 28002 Madrid. Saturnino Calleja, 1 33006 Oviedo. Avda. del Cristo, 9

38004 Santa Cruz de Tenerife. General Porlier, 14 41012 Sevilla. Reina Mercedes. 35

46003 Valencia. Cabillers, 5

50005 Zaragoza. Concepción Arenal, 25 Mexico

Editorial Alhambra Mexicana, S. A. Avda. División del Norte, 2412 03340 México, D. F.

n c 02060220

ISBN: 84-205-1011-4

Depósito legal: M. 26734-1984

Ilustraciones: G. Soulié de Morant Cubierta: Estudio Enlace

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INDICE GENERAL

Capítulos Página

PRÓLOGO ... 9

PRESENTACIÓN DEL TEXTO CASTELLANO ... 11

1. La acupuntura en Europa ... 13

2. ¿Qué puede curar la acupuntura? ... 17

3. Los puntos: «Tsiue» ... 19

4. Los meridianos: «Tsing» ... 21

5. La circulación de energía ... 25

6. La energía: «Tsri» ... 29

7. La energía y la enfermedad, plenitud o vacío ... 33

8. Los pulsos chinos ... 37

9. Tonificar o dispersar ... 43 10. Las agujas ... 47 11. Las moxas ... 53 12. Los masajes ... 55 13. La enfermedad ... 57 14. El enfermo ... 61

15. Relaciones entre los órganos ... 63

16. La personalidad ... 67

17. Algunas enfermedades ... 69

18. Los puntos indispensables ... 81

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PROLOGO

Por múltiples razones, entre las que no son menores las razones del corazón, me proporciona una gran alegría este trabajo de ANDRÉS PALAFOX.

Ante todo, a causa de mis recuerdos; de mis gratos recuerdos de España y de los lazos afectivos que me ligan a ese noble país. En mi larga permanencia allí durante los años sesenta, pude apreciar —aparte la buena acogida de sus gentes y la salvaje belleza de las cosas— la ayuda y los consejos amistoso del doctor SILVERIO PALAFOX, pionero entre los médicos naturistas, neohipocráticos, en una época en la que yo osaba abrir una consulta de Acupuntura en el hospital de San Luis de los Franceses, en Madrid, y en la cual, por primera vez en España, me atreví a defender ante la Facultad de Medicina de Madrid —bajo la dirección del prestigioso profesor LAÍN ENTRALGO— una tesis doctoral sobre la historia de la Acupuntura.

Bastantes años después, tuve la satisfacción de poder confirmar a ANDRÉS PALAFOX —hijo de SILVERIO— en su empeño por los caminos de la Acupuntura, aconsejándole como viático el pequeño compendio de SOULIÉDE MORANT, cónsul que fue de Francia, y «médico chino» que introdujo realmente la Acupuntura en Occidente por los años treinta.

Otra de las razones importantes de mi satisfacción atañe precisamente a la obra misma, de la que ANDRÉS PALAFOX ha sabido realizar una excelente y fiel traducción en lengua castellana, pues el Compendio de la verdadera Acupuntura china, de SOULIÉDE MORANT, es, en efecto, uno de los monumentos del arte de las agujas a pesar —o a causa— de su reducido tamaño. Pues concentrado en él «lo esencial» —los noventa puntos fundamentales, sus indicaciones y su modo de empleo—, es como un potente faro en el mar de los innumerables escritos sobre la cuestión, que ha permitido y permitirá a numerosas generaciones de médicos emprender y proseguir su trabajo eficaz y serio para el mayor beneficio de los enfermos, sin riesgo de perderse en los dédalos de una filosofía medievaloide, de empantanarse en las ciénagas del detalle y del comentario, o de encallar por el contrario, ridículamente, en las orillas de la facilidad. No podemos dejar de lamentar que tantos charlatanes se hayan amparado en la Acupuntura —víctima de su propia eficacia... y del esnobismo— para hacer de ella un comercio, y que demasiados autores, en un afán de gloria a bajo costo, hayan inundado el mercado con múltiples obras que no hacen más que plagiar, sin haberlos entendido bien, a los autores tradicionales,

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presentándonos una acupuntura de supermercado, al alcance de todos, descarriada y ridícula, o, por el contrario, una acupuntura mal asimilada, pretenciosa, hermética y cargante, reservada a una élite que pone cara de haberla entendido. A Dios gracias, el gran mérito de ANDRÉS PALAFOX consiste en haber hecho resurgir con toda modestia un texto fundamental, seguro, concreto, claro, práctico y desmitificador, en el que podrán apoyarse los médicos —tanto los de sensibilidad oriental como los de espíritu crítico occidental— deseosos ante todo de ejercer un arte honesto en la línea de los grandes antecesores chinos, línea ininterrumpida gracias a G. SOULIÉDE MORANT, a sus alumnos, a sus discípulos y sus herederos, a los que ANDRÉS PALAFOX tiene ya el honor de pertenecer.

Dr. BERNARD LEFEVRE

Miembro de la Asociación Científica de los Médicos Acupuntores Franceses (París)

Miembro de honor de la Sociedad Española de Médicos Acupuntores (Madrid)

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PRESENTACIÓN DEL TEXTO CASTELLANO

La Acupuntura china ha sido analizada y revisada en Occidente durante los últimos cincuenta años, de forma que ya empezamos a tener algunos datos científicos para su aplicación y la explicación de sus efectos. No obstante, para quien quiera ponerse al día en este tema, es imprescindible conocer antes la tradición, donde están resumidas las experiencias del pueblo chino desde los comienzos de su historia.

Es lamentable que en España la medicina convencional no quisiera, ni quiera aún, reconocer el gran valor terapéutico de la Acupuntura —no es éste el lugar de preguntarse por qué—. Al amparo de este indiferencia médica se ha desarrollado una piratería, con el abuso de la Acupuntura por quienes, en algún caso sin ser médicos ni conocerla suficientemente, han descubierto en ella una abundante fuente de recursos económicos.

Estos «acupuntores», aprovechando la falta de información, se han lanzado a una carrera frenética para captar al público. Y es así como han florecido los libros y libritos sobre el tema, en los que no se aporta nada a los que desde hace años están publicados fuera de España. Cada uno es «autor» del suyo propio, pretendiendo aparecer a los ojos ingenuos del público como un maestro.

Es así, también, como este pequeño y fundamental libro —que fue la cuna de la Acupuntura en Occidente, sin que haya perdido vigencia por ello— ha permanecido, como tantos otros, sin traducir, al castellano, dado que la traducción es una tarea menos brillante, y que el autor, por otra parte, simplifica aquí, hasta donde puede, lo que, siendo complicado, otros complican aún más ante los ojos de los no iniciados, para deslumbrar. Así, el respeto que tengo por la Acupuntura, como médico que la conoce y practica como recurso terapéutico, me ha movido a su traducción.

He procurado ser absolutamente fiel al autor, superando la tentación inevitable de «mejorar» algún párrafo o parágrafo. Asimismo, he respetado las transcripciones de los nombres chinos, que deben leerse por tanto «a la francesa». En consecuencia este libro es, frase por frase, el célebre compendio del precursor SOULIÉ DE MORANT.

ANDRÉS PALAFOX BOGDANOVITCH

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CAPITULO

1

LA ACUPUNTURA EN EUROPA

Antes de publicar la exposición completa y voluminosa que preparo sobre la acupuntura, con traducciones precisas de textos chinos, referencias y citas*, me decido a contestar a las peticiones de los numerosos médicos y a dar aquí lo esencial del método, los puntos principales, y la manera de tratar algunas enfermedades frente a las que Europa se encuentra más desarmada.

Así, por otra parte, mediante este pequeño volumen el público podrá distinguir entre los médicos que practican la acupuntura habiendo estudiado en las fuentes, y los que ante el gran desarrollo del método pretenden aplicarla sin haberla estudiado, ya sea fiándose honestamente de la sugestión, ya menos honestamente de la ignorancia de su clientela o incluso del poder de la publicidad.

Habiéndolo estudiado en China desde el año 1901, he sido el primero en el mundo blanco en introducir en Francia, hace ya seis años, el Método de las Agujas y las Moxas. Y así Europa y América, que no tenían sobre ello sino nociones confusas, han podido por fin practicarlo y las experiencias se han multiplicado. Los éxitos se han reafirmado. Ya no es posible ignorarlo.

Hay que reconocer que si al principio el doctor PAUL FERREYROLLES no me hubiera sacado lo que yo había aprendido en China, Europa seguiría aún en la ignorancia a este respecto.

Yo, cónsul, sinólogo y literato, no me hice médico chino sino por la sorpresa ante los maravillosos éxitos obtenidos con medios tan pobres, y lo hice sin otro pensamiento que estudiar un arte que a mis ojos era casi milagroso. De vuelta en Europa, el escepticismo que encontré me impidió hablar en seguida.

Pero es sobre todo gracias a los doctores MARCEL y THÉRÈSE MARTINY, como, bajo un control estrictamente científico, ha podido realizarse el estudio de la auténtica acupuntura china, reafirmándose, sin falsearse hacia la aplicación ciega de fórmulas incomprendidas, con resultados inciertos o temporales.

Desde entonces, el doctor FLANDIN, del Hospital Bichat, y sus internos Mm. MACÉDE LÉPINAY y GALLOT, utilizando mis documentos y lo que les trasmitía el doctor

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FERREYROLLES, han sometido el método a la severa experimentación de la Facultad. Han comunicado sus éxitos y sus fracasos a nuestras grandes sociedades de sabios.

Los doctores J. LANDOW SKI, BARISHAC, PORET, M. LAVERGNE, SAUVAGEOT, BONNET-LEMAIRE, etc., han obtenido gracias a este método curaciones a menudo sensacionales.

Algunos médicos intrépidos, tras la lectura de mis artículos o los de algunos adeptos, han intentado con éxito curas inesperadas.

Otros, ante el éxito del método, han pretendido haberlo inventado ellos, sin haberlo estudiado ni siquiera superficialmente.

Es hora de precisar y de reunir las nociones dispersas en múltiples documentos, de modo que las experiencias desarrolladas durante tantos siglos en China, que es un tercio de la humanidad, no se vuelvan inutilizables por la incomprensión de sus principios directores, y que los investigadores honestos y conscientes puedan tener un método más para sanar a sus enfermos.

  

Pero se pensará, ¿cómo es posible que haya pasado tanto tiempo hasta ser conocida en Europa? ¿Cómo ha hecho falta que fuese un sinólogo y no uno de nuestros doctores el que la haya dado a conocer?

Primeramente hay que decir que no era ignorada. Los misioneros y, sobre todo, los sabios jesuitas de la Misión Científica de Pekín, en el siglo XVII, refieren sus maravillas y describen los grandes puntos.

Pero el dogmatismo del espíritu humano siempre ha impedido integrar una fórmula nueva que obligue a modificar las posiciones tomadas mental y materialmente. PASTEUR fue maldito antes de ser deificado. El radio en un principio fue negado. La homeopatía no es enseñada aún en la Facultad.

A pesar de que las nociones transmitidas por los misioneros fueron restringidas, el doctor BERLIOZ, de Tours (padre del músico), y el doctore JULES CLOQUET, profesor en la Facultad de París, decidieron, hacia 1825, tratar enfermos con agujas. Pero, en su ignorancia, no hacían acupuntura; no era acupuntura china lo que aplicaban, ya que clavaban agujas muy largas hasta los órganos y las dejaban colocadas durante veinte y treinta horas. El estudio de sus experiencias es, sin embargo, instructivo. Pero lo cruento del tratamiento, a pesar de éxitos interesantes, puso pronto fin a la moda del doctor CLOQUET, conocida durante varios años.

La verdadera acupuntura china fue desconsiderada con motivo de esta falsa presenta-ción. Europa dejó de interesarse, a pesar de que, en 1863, el cónsul DABRY publicó un importante trabajo sobre la medicina china, dando una idea ya más precisa de la acu-puntura.

Para estudiar el verdadero método debían reunirse una serie azarosa de condiciones: primero, el conocimiento y el uso de la lengua hablada; después, el de la lengua escrita, que es muy diferente de la lengua hablada; por otra parte, era necesario un diccionario

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chino-europeo de términos médicos, que no existe más que por mi trabajo y en manuscrito. Había también que conocer la etiqueta china bastante a fondo para no herir susceptibilidades tan grandes como las de uno de nuestros maestros a quien se dirigiese un hotentote ignorante de nuestra lengua y de nuestras costumbres.

Nuestros médicos enviados a China para enseñar nuestros métodos no sabían el chino. Ellos fueron para enseñar y no para aprender. ¿Podían ellos, sin perder el prestigio y la dignidad, ponerse bajo la enseñanza de un maestro indígena, incluso si éste consentía en instruirles?

Fue necesario que, presentado por los misioneros a los que pertenecía el hospital que visitaba, viese realizarse verdaderos milagros ante mis ojos. El médico chino consintió en instruirme y facilitarme los libros necesarios. Más tarde, como juez de la Corte Mixta de Shangai, encontré en la dirección sanitaria un excelente acupuntor que terminó de instruirme. Así fue como, siendo sinólogo, obtuve el poder ejercer en China, y pude transmitir a la ciencia francesa una variedad de reflexoterapia que no había sido estudiada todavía.

  

En China, desde el siglo XXVIII a. de C., época siguiente al descubrimiento del cobre, parece haber sido conocido y puesto a punto el método. Ya se conocía la circulación de la sangre, el papel del bazo, etc. Y desde entonces el estudio nunca ha sido interrumpido. Los libros aparecidos de siglo en siglo han sido conservados. Tengo la colección.

Japón había adoptado el arte médico chino desde la antigüedad. En 1884 se fundaron facultades de medicina a la europea. Nuestro arte tomó en seguida una gran expansión. Los sabios japoneses alcanzaron un renombre considerable.

Sin embargo, el público japonés, a medida que nuestra medicina se convertía preponde-rantemente en quirúrgica, dudaba cada vez más de ella, tanto por su salud como por su economía. Vacunas, sueros, inyecciones de efectos desconocidos, radiografías, operaciones para lo que antiguamente tenía tratamiento. De este modo se vuelve cada vez más a la acupuntura.

Los clínicos se daban cuenta de que muchas enfermedades ante las que nuestro arte está desarmado se podían curar instantáneamente con acupuntura. En consecuencia, emplearon ésta cada vez más.

Los sabios a la europea estudiaron entonces el método de las agujas según nuestros principios científicos. Los resultados fueron confirmados y en parte explicados.

Hoy día este gran movimiento se afianza cada vez más. La acupuntura adquiere un gran predominio. Ilustres sabios, como los doctores SAVADA, NAKAYAMA, FUJII, etc., dirigen su estudio.

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CAPITULO

2

¿QUE PUEDE CURAR LA ACUPUNTURA?

El verdadero ámbito de la acupuntura es el problema funcional, opuesto a las lesiones orgánicas, que precisan de cirugía u otros métodos.

Sin embargo, se constatan muy a menudo grandes mejorías, incluso en el caso de lesiones o de problemas causados por éstas. Y esto sin que la lesión orgánica sea mejorada. Pero la curación completa y definitiva que debe esperarse en el problema funcional puro, no debe ser esperada cuando hay un sustrato orgánico. Hasta tal punto, que la existencia de este último se descubre casi siempre mediante una búsqueda paciente, una vez que ha sido aplicada la acupuntura en buenas condiciones y la mejoría obtenida no ha durado más que algunas horas o algunos días.

Sobre los órganos internos es posible, y de uso frecuente, estimular o frenar su función. El hígado puede, en algunas horas, o bien activarse en caso de atonía, o bien calmarse en caso de irritación o de congestión. También ceden la taquicardia o la bradicardia. El estómago y los intestinos pueden ser modificados notablemente en su funcionamiento. Los riñones y la vesícula se deceleran o son activados.

Algunos órganos obedecen fácilmente, siempre, y de forma definitiva: esto ocurre con el hígado. Otros, en embargo, son menos fáciles de encarrilar en el buen camino. Entre ellos, los riñones, que son los más recalcitrantes.

El bazo y la vesícula biliar, en fin, de los que los métodos occidentales de exploración no permiten más que conocer malamente su actividad, tienen funciones fácilmente verificadas y reguladas por el método del pulso y de las agujas.

Por otra parte, para el organismo las agujas son auténticas soberanas. Ceden instantá-neamente las algias de todo tipo, y (si no hay lesión) ceden definitivamente los pinchazos hechos en los puntos indicados las contracturas, incluso crónicas, se relajan casi siempre. Es incluso posible reforzar la fuerza muscular.

Las enfermedades microbianas, que se pensaría quedan al margen de este campo de acción, ceden, sin embargo, con una rapidez inconcebible. Los chinos, con este método, curan incluso en algunas horas el cólera.

Los órganos de los sentidos son también mejorados. Está fuera de toda duda que algunas sorderas y numerosos problemas oculares han sido mejorados mediante las agujas.

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Pero esta cuestión me era mal conocida, y todavía está en estudio. No es posible aún asegurar los resultados.

El porcentaje de curaciones obtenidas varía según las afecciones. Algunas alcanzan el 90 por 100, como las algias, enfermedades del hígado, contracturas, problemas nerviosos del corazón, etc. Los riñones no dan más del 60 por 100. La vejiga, más del 75 por 100. Pero todavía harán falta numerosas observaciones antes de que pueda afirmarse si los fracasos son debidos a la impotencia del método, o a la insuficiencia de aquél que lo aplica.

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CAPITULO

3

LOS PUNTOS: «TSIUE»

Los puntos son, respecto del método, lo más fácil de constatar, lo más material. Su existencia no podría ser negada. El enfermo puede encontrarlos por sí mismo. Por sí mismos también constituyen un importante descubrimiento de fisiología y de terapéutica. Aunque los puntos empleados según fórmulas pueden dar resultados, utilizarlos así es no conocer ni practicar el método; es no obtener más que éxitos inciertos o de corta duración.

En efecto, para encontrar rápidamente los puntos dolorosos es indispensable conocer el pulso; y esto es más indispensable aún para determinar la profundidad y la duración de la punción, y las condiciones del efecto a obtener. Para comprender los puntos y retener su acción de otra manera que por la simple memoria ciega, no podemos prescindir de los meridianos y de la hipótesis de la circulación de energía.

El hecho material, insoslayablemente constatado, es que cuando hay disfunción de un órgano interno, y solamente en este caso, algunos puntos del revestimiento cutáneo se vuelven sensibles e incluso dolorosos al tacto. Esta sensibilidad cesa cuando la función ha vuelto a la normalidad. Esto, cada uno puede constatarlo sobre sí mismo o sobre otro.

Estos puntos apenas tiene 2 mm de diámetro. Se puede presionar a 5 mm de ellos sin despertar reacción alguna. Pero cuando se los toca, los ojos del enfermo parpadean. Se observa una sensación especial que a menudo es comparada al moratón de una contusión reciente. La intensidad de esta sensación, en afecciones análogos, está en relación con la nerviosidad del sujeto.

Estos puntos están situados en varias líneas (véase Meridianos).

Cada órgano despierta la sensibilidad de una linea de puntos y no de otra.

Esta acción centrífuga se utiliza para controlar el diagnóstico, ya que la sensibilidad de algunos puntos permite afirmar la disfunción del órgano al que responden.

Pero los puntos tienen también una acción centrípeta. Actuando sobre ellos de determinadas maneras (véase Tonificar o Dispersar) se puede modificar la función del órgano con el que están en relación. Los chinos, para esta acción, utilizan las agujas, o las moxas, o los masajes. El estudio de estos medios es una parte importante del método.

Se ha observado incluso que en casos de dolores neurológicos o musculares, eran siempre los mismos grupos de nervios o de músculos tomados conjuntamente cada vez;

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y que estos grupos estaban en las líneas de puntos. Se ha observado también que el órgano en relación con la línea tocada era casi siempre afectado al mismo tiempo que el grupo. De ahí el doble medio de tratamiento: o bien local, por los puntos centrales del dolor, o a distancia (más eficaz y duradero), mediante los pulsos rectores del órgano enfermo.

Se ha constatado, en fin, que, en cada línea, unos puntos tenían efectos especiales sobre el órgano, cualquiera que fuese la manera de atacarlos. Así, hay:

1.º Los puntos aceleradores, para tonificar el órgano.

2.º Los puntos frenadores, para calmar, «dispersar», el órgano.

3.º Los puntos «fuente», que regularizan el órgano, ya esté acelerado, o decelerado. 4.º Los puntos «de asentimiento», que fortifican sin acelerar y calman las

inflamaciones.

5.º Los puntos «heraldos», etc.

Los japoneses han añadido los «puntos maestros», ya sea de los órganos, ya sea de los problemas.

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CAPITULO

4

LOS MERIDIANOS: «TSING»

Cuando habiendo pinchado o comprimido los puntos de un gran número de enfermos se ha comprobado que una buena parte de ellos, en el momento de la presión, declaraban sentir que «algo» pasaba, y, sin conocer nada del método, indicaban, sin embargo, con el dedo, el recorrido de «ese algo que pasa», siguiendo exactamente las líneas de puntos, indicando siempre en el mismo sentido el trayecto de «algo», estamos forzados o admitir la existencia de lo que los chinos han llamado «meridianos», por analogía con las líneas Norte-Sur del globo terrestre.

Estas líneas, sin embargo, no son perceptibles en todos los pacientes. Cuanto más domine el entrenamiento de la vida física, hay menos probabilidades de percibirlos. Los blancos, civilizados desde hace menos tiempo que la humanidad del Extremo Oriente, son menos sensibles que éstos.

Negar la existencia de estos meridianos, bajo el pretexto de que no se constatan de golpe, sería anticientífico. Es más, esto comprometería seriamente el feliz manejo de las agujas.

En efecto, sin el meridiano, no se puede concebir la relación de los puntos con el órgano; no se puede comprender y utilizar la hipótesis de la circulación de energía; no se puede admitir la existencia del pulso.

Hay que precisar que las líneas de puntos no están constituidas por un alineamiento imaginario de puntos, sino que existen en realidad. Esto puede verificarse mediante el hecho de que pinchando sobre una línea, pero fuera de los puntos, se observa que se obtienen resultados, ciertamente débiles, pero reales. Resultados que no dan, además, los pinchazos hechos a la derecha y a la izquierda de los meridianos.

Estos meridianos suscitan la objeción, para los anatomistas (mejor dicho sería los necropsistas, ya que no estudian más que el cadáver), de que no siguen ningún camino materialmente conocido: arterias, nervios, venas, etc.

Uno solo de entre ellos, el del corazón, recuerda un trazado bien conocido en Europa: el del algia braquial en la angina de pecho; trazado además admitido en clínica, pero inexplicado en anatomía y fisiología.

Así, pues, cada órgano corresponde a una línea de puntos en el revestimiento cutáneo. A lo largo de esta línea circula, siempre en el mismo sentido, «algo».

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Estos meridianos se dividen en dos grandes grupos: aquellos que circulan sobre la «cara externa» de los miembros, y que son designados como iang «solar» o «externo, expuesto al sol», y los que siguen la cara interna de los miembros, que son llamados inn «lunares, internos, umbríos».

Cada uno de estos grupos se divide en dos. Tenemos, así, los iang de las manos, sobre las caras externas de los miembros superiores, y los iang de los pies sobre las caras

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externas de los miembros inferiores; los inn de las manos y los inn de los pies, sobre las caras internas de dichos miembros.

La lista es la siguiente:

1.º Bazo, cara externa:

Meridiano de intestino delgado: cheou traé iang. Meridiano de tres calentadores: cheou chao iang. Meridiano del intestino grueso: cheou iang ming. 2.º Bazo, cara interna:

Meridiano de pulmones: cheou traé inn.

Meridiano de envoltura del corazón y sexualidad: cheou tsiue inn. Meridiano de corazón: cheou chao inn.

3.º Miembro inferior, cara externa: Meridiano de vejiga: tsou traé iang.

Meridiano de vesícula biliar: tsou chao iang. Meridiano de estómago: tsou iang ming. 4.º Miembro inferior, cara interna:

Meridiano de hígado: tsou tsiue inn.

Meridiano de bazo y páncreas: tsou tsiue inn. Meridiano de riñones: tsou chao inn.

A estos doce meridianos, algunos autores (notoriamente ROA CHEOU PO-JENN, en el siglo XII, apoyándose en el Ling-Tchrou, del siglo XXVIII a. de C.) Añaden dos líneas mediales, una sobre la cara anterior del tronco, que termina en la boca; la otra sobre la cara posterior del tronco y de la cabeza, acabando en el maxilar superior.

Pero no se da ninguna rama de comunicación entre estas dos líneas y los doce meridianos, mientras que si se dan ramas de comunicación entre ambas líneas, y de los doce meridianos entre ellos.

Estas doce líneas formarían una circulación menor al lado de la mayor.

Los meridianos iang se llaman así, no solamente porque están situados en la cara externa iang, sino también porque responden a órganos que se llaman iang en razón de su contacto con el exterior iang: estos son los «órganos taller» o de elaboración, que transforman los elementos externos en energía y en sangre. En la muñeca, los pulsos son superficiales, iang.

Los meridianos inn están situados sobre las caras internas. Responden a los «órganos tesoro», que hacen circular y purifican la sangre inn. En la muñeca sus pulsos están en profundidad, inn (véase Órganos).

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CAPITULO

5

LA CIRCULACIÓN DE ENERGÍA

La circulación de energía no es fácil de probar materialmente. Se apoya en el hecho de que en los meridianos, ese «algo que pasa» constatado por muchos enfermos, circula siempre en el mismo sentido. Es decir:

Para los meridianos iang (cara externa) del miembro superior, subiendo de la mano al centro; por lo tanto, centrípetamente. Para los iang del miembro inferior, descendiendo de la cabeza a los pies; siendo por tanto centrífugos.

Para los meridianos inn (cara interna) del miembro superior, descendiendo del tronco hacia la extremidad de las manos; por tanto, centrífugamente. Para los del miembro inferior, subiendo de los pies a la cabeza; siendo por tanto centrípetos.

Un meridiano centrípeto se enlazará con un meridiano centrífugo, y éste de nuevo con otro meridiano centrípeto. Iang con iang, inn con inn, alternativamente, formando así una circulación ininterrumpida, de la que desde el siglo XXVIII a. de C. se intenta medir la velocidad y la longitud.

Sería muy largo escribir todos los trabajos mediante los cuales antiguamente se había llegado a reconocer, no solamente el cielo así formado, sino también las horas en que, a lo largo de una vuelta diaria completa, cada meridiano y cada órgano disfrutan de una actividad mayor; horas en las que, por otra parte, el frenaje tiene su máximo efecto, mientras la aceleración es más fácil de obtener en la hora que sigue a este máximo.

Que esta circulación exista, o que no sea más que una hipótesis de trabajo, no impide que ella rinda a la acupuntura unos servicios, de los que no se podría prescindir sin privarnos de un elemento que permite obtener los éxitos más numerosos y más regulares. Sólo mediante ella se comprende cómo, por ejemplo, excitando el intestino delgado o el bazo se puede obtener una acción sobre el corazón. Y recíprocamente, por el corazón, sobre el bazo o el intestino delgado; órganos entre los que las intercorrelaciones no son, sin embargo, evidentes.

Hay que hacer notar que las horas (Che) equivalen a dos de las nuestras, y que no son exactamente iguales entre ellas.

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Es de destacar que la energía alternativamente desciende el miembro superior y lo remonta; desciende el miembro inferior y vuelve a subirlo, y después desciende el miembro superior y lo remonta nuevamente; un iang y un inn en cada miembro.

Pulmones, cheou traé-inn. De 3 a 5 h. (hora inn).

Intestino grueso, cheou iang ming. De 5 a 7 h. (hora mao). Estómago, tsou iang-ming. De 7 a 9 h. (hora tchrenn). Bazo-páncreas, tsou traé-inn. De 9 a 11 h. (hora se). Corazón, cheou chao inn. De 11 a 13 h. (hora ou).

Intestino delgado, cheou traé-iang. De 13 a 15 h. (hora oé). Vejiga, tsou traé iang. De 15 a 17 h. (hora chenn).

Riñones, tsou chao inn. De 17 a 19 h. (hora iou).

Envoltura del corazón, cheou tsiue inn. De 19 a 21 h. (hora siu). Tres calentadores, cheou chao iang. De 21 a 23 h. (hora rae). Vesícula biliar, tsou chao iang. De 23 a 1 h. (hora tse).

Hígado, tsou tsiue inn. De 1 a 3 h. (hora tchreou). Y volviendo a los pulmones de 3 a 5 h.

Esta circulación y estas horas de energía máxima se utilizan:

1.º Para actuar con más fuerza sobre los órganos. En efecto, se obtiene una acción frenadora más fuerte en las horas de energía máxima, y una acción aceleradora más enérgica en las dos horas que siguen a las dos horas de energía máxima.

2.º Al margen de estas horas de energía, para actuar sobre un órgano mediante sus vecinos. Así, cuando sea débil el corazón mientras que bazo, páncreas e intestino delgado están activos, se fortificará el corazón excitando bazo-páncreas y frenando intestino delgado. Si el corazón es demasiado activo, por el contrario, se frenará frenando bazo-páncreas y activando intestino delgado. Es la teoría de «la madre y el hijo» (que está explicada en el capítulo Relaciones entre los órganos), y de la que hay múltiples experiencias que la confirman, sin explicarla todavía.

  

Se ha visto que además de doce meridianos existen dos líneas mediales, enlazadas entre sí, pero no con los doce meridianos. Formarían, por tanto, una pequeña circulación de energía separada de la grande, de la de los doce meridianos.

Como está recomendado dirigirse a estas líneas cuando los meridianos responden mal, parece lógico admitir que tengan comunicaciones directamente con los órganos. La línea anterior (vaso de la concepción, Jenn mo) posee, en efecto, acción sobre tres aparatos: respiratorio, digestivo y genito-urinario. La línea posterior (vaso gobernador, Tou mo) actúa sobre la fuerza física, moral y mental (cerebro, médula espinal).

Para el paso de energía de un meridiano a otro, se ha constatado (y a menudo es posible hacerlo sobre personas agudas, sensitivas):

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1.º Si se presiona sobre un punto cualquiera de un meridiano vuelto sensible, y se sigue el recorrido de ese «algo» que pasa, se distingue cerca de la extremidad del miembro una horquilla, con una punta que continúa la terminación del meridiano, y la otra que termina en la prolongación de otro meridiano, que es precisamente el acoplado para el pulso y para las relaciones entre los órganos.

Así es, por ejemplo, como mediante pequeñas presiones en el hueso del codo, en el punto Tchre-tsre (hueco interno del tendón del bíceps, sobre la arteria), sentimos una respuesta a lo largo de la cara anterior del antebrazo, y a partir del pulso radial una horquilla de la que una rama sigue la cara palmar hacia el ángulo ungueal pulgar, lado índice; mientras que la otra rodea hacia la cara dorsal y vuelve por el meridiano del intestino grueso, desde el ángulo ungueal externo del índice.

Esta constatación, fácil en algunos casos, muy difícil en otros, ha provocado experiencias múltiples y ha permitido determinar para cada meridiano el punto en que parte la energía, y el punto inicial del meridiano al que se acopla.

Estos pasajes son los emisores regulares del flujo de energía de un meridiano hacia aquél con el que está acoplado. Están indicados en los dibujos de los meridianos.

2.º Se ha comprobado, además, que actuando sobre un cierto punto de cada meridiano, cuando este meridiano está demasiado lleno, se provoca una bajada de tensión en este meridiano, y un aumento proporcional en aquél con el que está acoplado.

La percepción en el pulso es inmediata. Se nota igualmente en los órganos cuando es posible hacerlo.

Esta verificación no es siempre fácil, ya que a menudo puede explicarse de otra forma. Así, con una vesícula biliar llena, dolorosa, y un hígado átono, si pinchamos en el punto Koang ming (5/14 del maléolo externo a tuberosidad anterior de la tibia, sobre el borde anterior del peroné), el enfermo acusa pronto la sedación de su dolor de vesícula. Se comprueba una igualación de los dos pulsos, vesícula e hígado, y a partir de este momento el hígado funciona y la vesícula se deshincha.

Esos puntos de pasaje y los canales que los ligan al meridiano acoplado se llaman lo, o lo-mo, término empleado para todos los vasos secundarios y canales de retorno, venas, etc.

Cada meridiano posee un punto y un vaso secundario de este género; las dos líneas mediales tienen uno cada una. Existe uno suplementario que hace comunicar todos los meridianos entre ellos, parece que actuando fundamentalmente sobre la circulación sanguínea.

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LA ENERGÍA: «TSRI»

Los antiguos se preguntaron que era este «algo» que se sentía correr por los meridianos. Le llamaron energía tsri.

Las verificaciones que han llevado a reconocer la existencia, los movimientos y las diferencias de intensidades de la energía, son las siguientes:

1.º El flujo, en los meridianos, que no corresponden ni a las arterias, ni a las venas, ni a los nervios, ni a los conductos linfáticos; de «algo» que no era ni la sangre, ni el fluido nervioso, ni la linfa. Era cómodo y lógico dar un nombre a este algo.

2.º La reacción cutánea a la punción. Si la aguja entra y sale sin ninguna resistencia, la vitalidad es débil, el pronóstico sombrío. Si entra fácilmente pero es pronto atrapada, como apretada por una pinza metálica, y retirarla es posible con gran esfuerzo, la vitalidad es grande, el pronóstico favorable. Si, en fin, es extremadamente difícil hacerla entrar, el dolor es extremo, la piel parece cuero curtido, la nerviosidad es grande, hay que calmarla antes de poder actuar.

Era lógico atribuir estas diferencias a grados de intensidad de «algo» que anima el cuerpo y a lo que se llamó energía.

El nombre empleado, tsri, representa el vapor que levanta la tapa de una marmita puesta al fuego, y que se aplica a todas las fuerzas aparentemente inmateriales: electricidad, vapor, etc.

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Habiendo reconocido la existencia y los diferentes grados de una energía en los seres vivos, los antiguos chinos, prácticos, buscaron en seguida la forma de manejarla para comprender mejor su naturaleza.

Comprobaron en seguida que había diferencias en las respuestas cutáneas a las agujas según la calidad y la cantidad de la alimentación, y según el calor y la actividad de los seres. Concluyeron primeramente que la energía procedía de la transformación (de la degradación) de los alimentos en el estómago, como lo hacía en parte también la sangre. Observaron después, y clasificaron, los alimentos según la cantidad de energía suministrada por ellos, trabajo que les llevó a reconocer que los alimentos no

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desarrollaban todos en los seres vivos la misma forma de energía. Unos daban más actividad física, otros más actividad mental.

Ahora bien, el desarrollo del físico corresponde a un refuerzo de los pulsos profundos inn, que reflejan los órganos inn, representados por los meridianos inn. El desarrollo mental supone, pro el contrario, un refuerzo del iang, representado por los pulsos superficiales y los órganos iang.

Una escuela importante de sabios admite desde entonces la hipótesis de trabajo de dos formas inn y iang de energía. Inn en profundidad, en la sangre y los órganos controladores y distribuidores de la sangre, de la vida física (corazón, pulmones, bazo, hígado, riñones). Iang en superficie y en la vida de relación, mental tanto como material, transformadora de los alimentos y de las materias (estómago, intestinos, vejiga, vesícula biliar), transformadora también de los estímulos externos en reacciones, pensamientos, decisiones, actos.

Otra fuente de energía aparece en el aire y en la respiración; las funciones respiratorias transforman el aire, liberando energía en el cuerpo con esta transformación; degradación análoga a la de los alimentos, y distinta también, por la cualidad misma del aire y sus componentes. Degradación que aumenta el calor y la actividad si se acelera, y que enfría y debilita si es decelerada.

El fenómeno multiforme de la excitación sexual, por fin, hizo reconocer que la frecuentación, aunque fuera sin contacto, de dos seres, se seguía de un aumento notable de su energía. Este hecho aparece tan importante, que una escuela hizo admitir la hipótesis de una tercera forma de energía, la energía sexual tsing, que sería la verdadera potencia motriz de los seres, y la verdadera forma de energía.

Incluso se comprueba un aumento de la temperatura y la actividad mediante la excitación sexual; o bien de una deceleración por la privación de relaciones con los seres apropiados, y es necesario que sean apropiados, ya que la diferencia de producción de energía es considerable según la calidad (más que según la cantidad) de lo que podría llamarse el alimento sexual. Este último, en efecto, debe provocar el apetito sexual para producir su efecto.

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Los antiguos observaron, por otra parte, variaciones de energía notables en cantidad o en calidad en un mismo individuo según que pasase del invierno y el frío al calor del verano: animales que hibernan, plantas que pierden sus hojas, o actividad sexual estival de los animales, desarrollo de las plantas. El invierno es la energía inn, que tiende al reposo; el verano la energía iang, que tiende a la actividad. En verano las agujas actúan con mucha más facilidad.

Se observó que según los períodos lunares, las agujas tenían más o menos acción: la luna llena disminuye el efecto, actúa, por tanto, desfavorablemente sobre la energía, le vuelve a uno soñador, etc.

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El tiempo sombrío inn y la noche, las horas soleadas y el día iang actúan de manera opuesta sobre los efectos de las punciones. No hay que pinchar en tiempo de mucha lluvia, de tormenta, o de fuerte viento: la energía está como congelada, circula mal.

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Estas últimas relaciones de la energía humana con las estaciones, con los períodos lunares, con el sol, llevaron a concluir que el sol vivifica; activa la inteligencia y la vida sexual, es el iang. La luna, el frío, la noche, desvitalizan el iang; pero permiten el descanso, la calma, el inn. Habría una relación entre la energía humana y el universo, tierra, sol, luna, astros.

Las teorías sobre este tema fueron múltiples. Todas se relacionan con esa ley universal del inn-iang, que es considerada por chinos y japoneses como dominando todo, y de la que el estudio y las aplicaciones han llenado millares de volúmenes y de vidas enteras de estudios y de experimentación.

Esta ley del inn-iang es, sobre todo, una ley de relatividad, de oposición entre los contrarios, pero en movimiento. El inn no existe, sino por comparación con el iang. Hay una transformación constante.

La gente de Extremo Oriente no puede admitir la idea europea de una oposición irreductible entre espíritu y materia. La materia, inn, es para ellos espíritu, iang, sólo que de otra forma; es decir, que puede volverse iang. Así, el estómago transforma la materia inn en sangre inn y energía iang.

Es el movimiento, la tendencia, la dirección, más que el estado, lo que les interesa. PLATÓN les parecería alguien que descuida lo esencial de la cuestión: el movimiento, la vida.

Estiman así que lo que se nos aparece como el presente está constituido, para unos, de un simple recuerdo de un pasado inmediato, y para otros, en parte de una previsión incesante de un futuro inmediato. Pero el tiempo no se para, y nuestro pensamiento, si no es siendo instantáneo, es falso para ellos, ya que, al estar todo en perpetua transformación, no se puede hablar de un estado. Vemos lo que ha sido, ya que no podemos ver lo que es, pues el tiempo que nos lleva percibirlo en el cerebro lo convierte en lo que ya ha sido percibido, lo cual no es lo mismo.

Pero haría falta mucho estudio y muchos ejemplos para explicar claramente esta ley del Inn y el Iang, cuyo uso es, sin embargo, imprescindible (véase el capítulo Las Enferme-dades).

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LA ENERGÍA Y LA ENFERMEDAD,

PLENITUD O VACÍO

De observaciones hechas sobre las diferentes intensidades de la energía, y las relaciones reveladas entre el estado de un órgano enfermo y la intensidad de energía de este órgano y la del enfermo, debía, lógicamente nacer la idea de que la enfermedad era un desequilibrio de la energía, por exceso o por defecto, en uno o en varios órganos, con ruptura del equilibrio entre inn y iang; plenitud o vacío.

El Sou-oenn (del Nei-tsing; siglo XXVIII a. de C., citado por el Ta tch. II, pág. 20) escribe:

«Los cientos de enfermedades nacen todas y todas se manifiestan por plenitud o vacío. La importancia de distinguir entre plenitud o vacío es, por tanto, tal, que no hay nada más admirable para las agujas.»

Estos dos términos, cuyo sentido parece claro a primera vista, son en la práctica bastante difíciles de distinguir, y lo serían mucho más sin la ayuda de los pulsos.. El estudio de estos últimos es indispensable para asegurarse del exceso o de la insuficiencia ya sea de un órgano o del organismo.

Esta noción es indispensable conocerla bien. Permite curaciones imposibles sin ella. En realidad, estos dos términos son, como inn y iang, relativos y en oposición y movimiento; relativos al conjunto, y el uno con el otro.

El Nei-tsing (Ta tch. II, pág. 20) los opone sin definirlos por separado:

«Plenitud o vacío, es ser o no ser, antes y después, conservar o agotar, llenarse o vaciarse, adquirir o perder.»

En la práctica se manifiestan por signos, que pueden ser intensos y muy distintos, o bien poco intensos y apenas diferenciables.

Hay, finalmente: 1.º, una plenitud o un vacío del organismo entero (los pletóricos o los anémicos, los excitados o los deprimidos); 2.º, una plenitud o un vacío de uno o varios órganos (excitación o atonía, inflamación o frío); 3.º, una plenitud o un vacío de una parte del organismo, o de un músculo (contractura o debilidad, hinchazón o prurito, etc.); 4.º, vacío o plenitud de inn (sangre: congestionados o anémicos), o de iang (sobreexcitados o deprimidos).

Una misma enfermedad puede tomar dos aspectos energéticamente opuestos. Así, hay una miopía de ojos muy abiertos, iang de plenitud: y una miopía de ojos hundidos, medio

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cerrados, inn de vacío. Hay la gota del pobre que no bebe vino y no come carne, y la gota del rico que ha vivido demasiado bien. Hay incluso, según los japoneses, un cáncer inn y un cáncer iang, de plenitud o de vacío, etc.

El fracaso es seguro si se dispersa una enfermedad por vacío, o si se tonifica una enfermedad por plenitud. Y sin los pulsos se actúa al azar en este punto.

De una forma genera, las oposiciones son las siguientes:

Plenitud Vacío

1.º Pulso amplio, o duro, o rápido, o en exceso.

1.º Pulso pequeño, débil, lento o en déficit. 2.º Calor, enrojecimiento. 2.º Frío, palidez.

3.º Dolores agudos o sordos. 3.º Insensibilidad, entorpecimiento. 4.º Respiración enérgica, amplia, rápida. 4.º Respiración débil, corta, lenta. 5.º Sobreexcitación mental. 5.º Depresión mental.

6.º Actividad. 6.º Cansancio, pereza. 7.º Hinchazones. 7.º Prurito.

8.º Contracturas. 8.º Pérdida de fuerza. 9.º Constipación. 9.º Diarrea.

Cada órgano tiene sus signos particulares de plenitud o de vacío, que es útil estudiar para acelerar y precisar el diagnóstico, pero que sería demasiado largo enumerar aquí. Por otra parte, el estudio de los pulsos informa a este respecto.

El equilibrio entre inn (sangre() y iang (energía), que asegura la salud, puede romperse, ya que se trata de relatividad, inicialmente en provecho del inn, ya sea por un exceso de inn o por un vacío de iang; después en provecho del iang, ya sea por un exceso de iang o por un vacío de inn.

Importa por tanto definir bien las plenitudes o los vacíos de uno y otros. Ya que el Nei-tsing, escribe (Ta tcha. II, pág. 23):

«Cuando energía y sangre no están en armonía, los cientos de enfermedades nacen con todas sus formaciones.»

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Plenitud de energía (iang) Vacío de energía (iang)

1.º Calor externo. 1.º Frío externo.

2.º Solidez de forma, delgadez con fuerza. 2.º Gordura con palidez, forma blanda. 3.º Pulsos y respiración rápidos, después

respiración entrecortada, tos.

3.º Pulsos y respiración lentos, débiles. 4.º Todos los pulsos del lado derecho más

amplios y duros que los normales del lado izquierdo.

4.º Todos los pulsos del lado derecho más pequeños y blandos que los normales del lado izquierdo. Pulso lento, flojo, amplio. 5.º En ambas muñecas, los pulsos superficiales

más fuertes que los pulsos normales profundos.

5.º En ambas muñecas, los pulsos superficiales más débiles que los pulsos normales profundos.

6.º Dolores agudos o sordos. 6.º Hormigueo.

7.º Transpiración escasa. 7.º Transpiración abundante.

Plenitud de sangre (inn) Vacío de sangre (inn)

1.º Vasos sanguíneos llenos, duros. 1.º Vasos sanguíneos vacíos, blandos. 2.º Calor y enrojecimiento en manos y pies. 2.º Extremidades frías.

3.º Frescor en lo alto. 3.º Cabeza roja. Frío en lo bajo. 4.º Frío interno, con piel normal. 4.º Calor interno, con piel normal.

5.º Robustez con fuerza. 5.º Delgadez con debilidad, tez gris-negra. 6.º En ambas muñecas los pulsos profundos

más fuertes que los pulsos superficiales normales.

6.º En ambas muñecas los pulsos profundos más flojos que los pulsos superficiales normales.

7.º Todos los pulsos del lado izquierdo más fuertes que los del lado derecho normal.

7.º Todos los pulsos del lado izquierdo más débiles que los del lado derecho normal.

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LOS PULSOS CHINOS

El conocimiento de los pulsos es indispensable en acupuntura.

Es de una gran ayuda para cualquier otro método médico, ya que permite, en algunos instantes, darse cuenta del estado de actividad de cada órgano interno, y percibir aquél o aquellos en los que la inflamación, o la atonía, causan los problemas que padece el enfermo.

Permiten, además, asegurarse del estado de órganos para los que la medicina europea tiene pocos medios de exploración, en particular el bazo y la vesícula biliar.

Por los pulsos se sabe qué órgano está afectado, qué meridiano tiene por tanto puntos dolorosos que explorar o excitar, e incluso qué puntos son los más afectados; así como saber previamente si hace falta tonificar o sedar el órgano. Se puede también, apoyándose en la teoría de las relaciones entre los meridianos y los grupos de músculos, aprender a rectificar los problemas musculares dirigiéndose al órgano que los causa.

Los japoneses, cuyos sabios experimentados en las ciencias occidentales han retomado el estudio y la práctica de la antigua medicina importada de China en otros tiempos, la han comprendido tan bien que se han dedicado a la construcción de aparatos que permiten registrar separadamente cada uno de los pulsos chinos. El aparato del doctor Morita sería el mejor hasta la fecha. Pronto vamos a poder estudiarlo en París.

En Europa, entre los diferentes médicos a los que he transmitido lo que yo sabía de la cuestión, muchos de ellos lo utilizan corrientemente. Comparando su diagnóstico a lo chino con las constataciones hechas por nuestros instrumentos, encuentran no solamente un acuerdo constante, sino incluso indicaciones más precisas, que les facilitan a menudo su tarea en los casos difíciles.

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En el estudio de los pulsos hay que distinguir dos grados.

Primeramente está la discriminación entre plenitud y vacío de un órgano. Después está el reconocimiento de la enfermedad que afecta a ese órgano.

La primera parte está al alcance de cualquier persona, médico o no, que tenga una memoria y un tacto medios.

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La memoria ayuda al pequeño esfuerzo necesario para recordar el emplazamiento de los pulsos, y al esfuerzo un poco mayor que representan las relaciones del estado de los órganos con el aspecto de los pulsos, pero para esto interviene la inteligencia. Si se sabe, por la exploración europea, que un hígado, por ejemplo, está agrandado y duro, y se ha constatado, como es de rigor, que el pulso especial del hígado es grueso y duro; si se sabe que un hígado es pequeño y átono, y se ha encontrado e pulso del hígado pequeño y flojo, la inteligencia permite rápidamente darse cuenta de todas las relaciones entre el estado del

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órgano y el aspecto del pulso que lo refleja. Una corta experiencia basta para reconocer si una vesícula está atascada, o repleta de cálculos, o átona; si hay constipación (no tratada) o diarrea; si los órganos genitales están atascados, contraídos o inactivos, etc.

De la observación atenta de dos personas que sufren de un mismo órgano, una por exceso y otra por deficiencia, se hace uno rápidamente idea de la variación de aspecto del pulso correspondiente al órgano, según la plenitud o la insuficiencia.

Por los pulsos podemos reconocer la plenitud o el vacío, y esto está al alcance de todos; es un conocimiento esencial.

Para llegar a distinguir las diferentes enfermedades de un órgano, hace falta ya más experiencia. Pero cuando uno ha tomado metódicamente el pulso propio de un órgano afectado y se ha podido, gracias a nuestros métodos, comparar su aspecto según la actividad energética con el funcionamiento del órgano por sí mismo, se acaba por alcanzar diagnósticos más precisos.

Pero esta segunda parte del estudio de los pulsos no será tratada de momento. Basta, y es fácil, aprender a distinguir plenitud o vacío, y esto es lo esencial.

  

El conocimiento de los pulsos no ha salido enteramente conformado del cerebro de un solo hombre. Los chinos han tenido la decencia de reconocer siempre que sabrían poco sin los trabajos y las observaciones de sus predecesores. Por otra parte, China es mucho más grande que Europa, y las investigaciones se han desarrollado a lo largo de muchos siglos, con diferentes progresos según diferentes lugares. Nunca ha habido una escuela única. Por lo tanto, no hay un conocimiento único y dogmático sobre los pulsos.

La doctrina más extendida en la práctica, expuesta en gran parte en el I Sio jou menn, del siglo XVI (I, pág. 27, V), se debe a los primeros trabajos de OANG CHOU-ROU (siglo IV d. de C.), doctrina que finalmente ha sido controlada en Europa y que se emplea por muchos médicos parisinos, que es la siguiente:

Los pulsos chinos están situados, como los nuestros, en la arteria radial; pero lo que constituye nuestro pulso radial único está dividido en cada muñeca en tres regiones, siendo cada una: 1.º, entre puño y apófisis radial; 2.º, justo a nivel de la apófisis; 3.º, en el hueco proximal de la apófisis.

En cada una de estas tres regiones hay dos niveles. Posando el dedo con delicadeza se percibe un pulso digamos superficial. Apoyándolo netamente, sin aplastar la arteria, se percibe otro pulso digamos profundo.

En dos de estas regiones, en el brazo derecho, deben percibirse tres pulsos: uno superficial, un segundo medio y un tercero en profundidad.

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1.º Muñeca izquierda

I. Entre muñeca y apófisis:

En superficie: intestino delgado. En profundidad: corazón

II. Justo a nivel de la apófisis: En superficie: vesícula biliar. En profundidad: hígado. III. Proximal a la apófisis:

En superficie: vejiga. En profundidad: riñón.

2.º Muñeca derecha

I. Entre muñeca y apófisis:

En superficie: intestino grueso. En profundidad: pulmones. II. Justo a nivel de la apófisis:

En superficie: estómago. En nivel medio: páncreas. En profundidad: bazo. III. Proximal a la apófisis:

En superficie: tres calentadores (relaciones entre los órganos). En nivel medio: los vasos.

En profundidad: órganos sexuales; sexualidad.

Podemos palpar los pulsos ya sea abordando la arteria por el borde radial, ya sea abordándola por el borde cubital, con los dedos extendidos a través del antebrazo.

Esta última postura parece ser la que da más delicadeza de tacto, estando en contacto la yema de los dedos. La primera, por el contrario, no pone en acción más que la extremidad del dedo, que es menos sensible y más dura.

En todo caso es esencial adoptar una manera u otra para tomarlos, ya que no se perciben los pulsos exactamente lo mismo con una que con otra. En un trabajo que requiere el máximo de delicadeza en la percepción, diferencias, incluso mínimas, no deben descuidarse.

  

Para los aspectos de los pulsos así considerados las diferentes escuelas han multiplicado las denominaciones. Una, las más simples, describen veintiocho. Otras legan hasta cuarenta y siete, etc.

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Estudiando de cerca los diversos aspectos así descritos, no es imposible llegar a sus elementos constitutivos:

1.º Dureza-blandura: resistencia más o menos grande, o nula, al aplastamiento. 2.º Amplitud-no amplitud: altura más o menos grande, o nula, de la onda. 3.º Rapidez-lentitud.

4.º Regularidad-irregularidad: con diferencias de intensidad, o con paradas cada cuatro, diez o veinte latidos.

5.º Anchura-estrechez: siendo el pulso como un hilo o como una regla larga.

6.º Longitud-cortedad: siendo el pulso o bien como un punto, o como extendido desde un borde la región al otro.

7.º La forma: ya sea puntiaguda, o en perla, o en oliva, o dícrota, o enjarretado, etc. 8.º El movimiento: ya sea que parezca levantarse y cae en el sitio, o pasar de un borde

a otro, o desplazarse en longitud, u ondular. 9.ºEl emplazamiento: aquí o allá del normal.

En la práctica es esencial distinguir: la dureza que indica en cada órgano la plenitud con congestión y contracción hasta el bloqueo, de la blandura que indica la atonía o falta de fuerza con relajación.

La amplitud indica plenitud, pero con hiperactividad: la no amplitud indica atonía, hipoactividad.

La rapidez está, como para nosotros, en relación con la fiebre, el calor, la inflamación, pero del órgano. La lentitud indica frío, ausencia de vida.

La regularidad de los latidos indica una corriente continua de energía, un estado constante de fuerza, de equilibrio nervioso. La irregularidad de los latidos, es decir, las paradas o los pasos en falso ocasionales, indican un decaimiento; el vacío de energía, la falta de equilibrio nervioso.

La anchura o la estrechez están en función del potencial (no de la intensidad) de la energía. Un pulso ancho está en relación con un órgano físicamente poderoso, pero no forzosamente enérgico. Un pulso estrecho con un órgano débil físicamente, pero pudiendo ser intenso en energía. Longitud-cortedad dan aproximadamente las mismas indicaciones, pero en el sentido de descarga nerviosa rápida o lena, de crisis de irritación o bien situación mantenida.

La forma es ya más sutil, y puede por sí misma señalar enfermedades. Así, el pulso de los pulmones enjarretado debe hacer verificar si no hay bacilosis, etc.

El movimiento es igualmente observado sobre todo en la discriminación de enfermedades.

El emplazamiento es muy importante. En principio, más allá es un signo de exceso de energía, por tanto de plenitud. Más acá, atestigua una insuficiencia de energía, y por tanto vacío. Pero para muchos pulsos da indicaciones sobre la parte del aparto que está en disfunción. Así, un pulso duro del intestino grueso, y puntiagudo más allá, está en relación con una rectitis o con hemorroides; en cambio, más acá, está en relación con una

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apendicitis, o con inflamación del ciego, o con retención en ciego y colon ascendente. Un pulso de pulmones más allá indica que la parte superior de las vías respiratorias está afectada: puede haber rinitis o laringitis o traqueitis; más acá, en cambio, indica que son los bronquios terminales o los alvéolos los que están afectados.

Los pulsos chinos chocan en apariencia con nuestros conocimientos anatómicos o fisiológicos. ¿Es acaso esto una razón para negar un hecho, y tenemos la pretensión de que no se descubrirá nada después de nosotros?

Su existencia no podría negarse, dado que los médicos de París que lo han aprendido y lo utilizan obtienen con ellos diagnósticos siempre verificados. Los sabios japoneses no son soñadores, y sus instrumentos de registro no son sugestionables.

¿Pero cómo explicar esta relación entre las muñecas y los órganos? Las hipótesis emitidas por los médicos que han comprobado los hechos son ya numerosas: todavía ninguna ha podido ser pro bada. Sin duda, el porvenir verá descubrimientos sobre este tema y explicaciones satisfactorias, ya que un hecho bien constatado acaba siempre por encontrar una explicación buena o mediocre.

Cuando con el aparato de Morita, o los que los europeos construyan, se hayan hecho estudios prolongados sobre sujetos explorados con nuestros más seguros medios, será posible la puesta a punto de un método con una precisión completa.

Mientras tanto, su utilización mediante los dedos, es ya de una precisión bastante grande. Y es indispensable en acupuntura.

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TONIFICAR O DISPERSAR

Las verificaciones hechas sobre los puntos sensibles, los meridianos, la circulación de energía, la concepción de la enfermedad por exceso o insuficiencia de energía, debían lógicamente llevar a la idea de curar la enfermedad corrigiendo el exceso o la insuficiencia de energía constatada, ya sea «tonificando» o «dispersando».

Quizá pueda parecer que tonificar y dispersar hayan estado en el origen del método. En efecto, los textos más remotos de la alta antigüedad, es decir, de los neolíticos, mencionan que habían constatado cómo las ligeras quemaduras hacen enrojecer el cuerpo entero, activando la vida; y que las más ligeras heridas hacen palidecer, calman y relajan. Las prescripciones muy antiguas recomiendan las moxas para tonificar y la agujas para dispersar. Quizá observando que las quemaduras o los pinchazos con punzones de piedra (mencionados en el Nei-tsing) eran más eficaces en ciertas partes, se descubrieron los puntos, después los meridianos, después el método entero.

Desde la más remota antigüedad los chinos habían encontrado y desarrollado también la ley de biología de RUDOLPH ARNDT: «Las pequeñas excitaciones provocan la actividad vital, las excitaciones medias la aumentan. Las excitaciones fuertes la yugulan. Las excitaciones exageradas acaban con ella. Pero la excitación está proporcionada, grado a grado, con la excitabilidad del individuo.»

Aplicada a las agujas y a las moxas, la ley de Arndt, según las numerosas experiencias seguidas desde hace seis años en Francia, debería ser rectificada como sigue:

1.º Si se trata de acciones locales sobre los músculos, acción ejercida por puntos locales, una excitación ligera, rápida, bien por agujas o bien por moxas, aumenta la energía y la nutrición del músculo. Una acción prolongada debilita la energía y la nutrición del músculo.

2.º Si se trata de acción a distancia sobre los órganos internos o los músculos, mediante puntos alejados de la región afectada (lo que es la verdadera acupuntura), una excitación rápida, ya sea mediante agujas ya sea mediante moxas, disminuye el exceso de energía y la nutrición del órgano o del músculo. Una acción prolongada aumenta la energía y la nutrición del órgano y del músculo.

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La acupuntura está de acuerdo con la ley de Arndt en cuanto a las excitaciones locales. Establece netamente lo contrario para las excitaciones a distancia. En éstas actúa otra ley. Indiquemos aún un hecho importante. Una misma excitación aplicada a órganos sanos o enfermos, no cambiará el órgano sano, pero tendrá una fuerte acción sobre el órgano enfermo. Europa sabe que un órgano enfermo es más fácilmente excitable, reacciona ante excitantes que no trastornan a un órgano sano.

He aquí una de las mayores garantías contra el error diagnóstico. Si el órgano excitado está sano, no responde. El organismo por sí mismo corrige los errores.

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Las investigaciones hechas para tonificar y dispersar han sido numerosas, puesto que hace tantos siglos que un tercio de la humanidad trabaja en la cuestión. Las indicaré en el tratado completo que estoy preparando. Aquí no puedo sino resumir lo que la aplicación del método ha permitido constatar en Europa.

Tonificar un órgano interno es activar su funcionamiento si es insuficiente y traerlo a la normalidad. Tonificar un músculo es aumentar su energía y su nutrición, restituirle la contracción fácil mediante la voluntad, ayudarle a volver a su talla normal momentánea-mente perdida.

Dispersar un órgano interno es decelerar su funcionamiento exagerado y llevarlo a la normalidad. Dispersar un músculo es descontracturarlo, o ayudarle a adelgazar volviéndolo a la normalidad.

Se puede tonificar o dispersar tanto mediante agujas, como mediante moxas, y mediante masajes.

Muy antiguamente se pensaba que las moxas tonifican mejor que las agujas. Todavía en nuestros días se las recomienda para los viejos y los niños. La idea es que el método se sirve de las reservas de energía del enfermo. Las agujas excitan, pero no aportan más que su metal. Las grandes moxas tienen como ventaja el poder energético del fuego, añadido al de la artemisa. De hecho, dan mejores resultados para tonificar a los exhaustos, a los ancianos, a los enfermos por insuficiencia, especialmente en invierno. Los japoneses estiman que su clima húmedo y frío favorece las enfermedades por vacío: emplean mucho las moxas, y las recomiendan especialmente para los reumatismos por vacío.

Para tonificar con la aguja, ciertos metales dan efectos un poco superiores. En China se estima que los metales amarillos o rojos son iang y excitan mejor el calor y la vida. De hecho, el cobre rojo para tonificar parece dar resultados superiores a cualquier otro. El oro, metal amarillo, es casi igual de eficaz.

El pinchazo tonificante debe ser prolongado si se trata de acción a distancia, o rápido si se trata de acción local sobre los músculos. Actúa más cuanto más profundo es. Profun-didad y duración deben estar proporcionadas a la antigüedad del mal, y al estado del enfermo.

Los masajes, para ser tonificantes, deben ser prolongados sobre el punto doloroso del meridiano, y hechos con la uña.

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Se puede dispersar con las moxas haciéndolas rápidas y ligeras. Pero para este caso la aguja es la soberana.

Algunos metales tienen una acción privadora muy fuerte, los metales blancos o grises sobre todo. La plata es el mejor. El acero, el cinc, el platino son algo menos eficaces.

La dispersión mediante masaje se consigue con una acción rápida y acariciante sobre el punto indicado del meridiano.

  

Se puede tonificar o dispersar los órganos, bien sea actuando directamente en los puntos del meridiano propio del órgano, o bien actuando indirectamente en puntos de los meridianos en relación con el órgano enfermo, según ciertas leyes.

Este último método indirecto resulta, a veces, indispensable. Y da siempre los resultados más profundos y duraderos. Pero las relaciones entre los órganos utilizadas no son siempre las descritas y explicadas por la ciencia occidental. Al margen de las relaciones anatómicas, hay que considerar, en efecto, relaciones de energía. Esta cuestión es tratada en el capítulo Relaciones entre los órganos.

Hay aún que considerar si la enfermedad es de la energía (iang) o de la sangre (inn). Si es de la energía, no es constante; se emplea el pinchazo a distancia. Si el mal está en la parte alta del organismo, se excita en la parte baja; si está en la derecha se excita a la izquierda, y recíprocamente, tonificando si hay vacío y dispersando si hay plenitud. Si la enfermedad es de la sangre (entonces es continua), se emplea más bien el método directo. Se obtiene un efecto suplementario dispersando un órgano en las dos horas en que la energía está al máximo en su meridiano; se tonifica más actuando durante las dos horas que siguen al máximo.

Estos son medios de aumentar el efecto de los pinchazos. En la práctica, generalmente, basta con tonificar un órgano en el punto de tonificación del meridiano, o con dispersar en el punto de dispersión. Y si el meridiano no responde, se actúa al mismo tiempo en el punto fuente.

El principio es armonizar y no combatir; se debe siempre tonificar primero los vacíos. La energía en exceso de las plenitudes es arrebatada así, sirviendo para llenar los vacíos. Si primero se dispersara, se correría el riesgo de enviar la energía hacia los órganos ya con exceso, o de que se desvanezca el enfermo.

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LAS AGUJAS

Entre los medios empleados por el «Método de las agujas y las moxas» para actuar sobre los puntos vueltos sensibles, el más importante es la aguja. Constituye de hecho la verdadera «acupuntura» (acus: aguja; punctura: pinchazo).

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Las agujas que se usan en China y en Japón son de formas variadas. Las gentes de Extremo Oriente son de espíritu libre, sin dogmatismo, y siempre más atentos a las realidades que a las enseñanzas oficiales. Cada uno se hace, por tanto, fabricar sus agujas según sus ideas, las condiciones de uso y las observaciones hechas.

En los libros antiguos se describen nueve agujas de diferentes formas. Actualmente se utilizan muchos modelos. La simple aguja de coser, fina y con aleación de cobre duro, es muy utilizada. También se hacen fabricar varillas puntiagudas por los dos extremos y con un canalón en el medio que permite sujetarlas para hundirlas dándoles a la entrada y a la salida un movimiento de torsión. En Japón, para evitar el dolor, se utilizan hilos de plata y oro provistos de una cabeza, que se hunden con la ayuda de un tubo apoyado sobre la piel.

El doctor FUJI incluso ha inventado y puesto en el comercio, con gran éxito, un aparato muy práctico que permite a uno mismo pincharse y suprime enteramente cualquier sensación desagradable de pinchazo.

Ciertos autores chinos estiman que la forma con dos puntas actúa mejor que cualquier otra para evacuar al exterior el fluido humano, la energía en exceso. Faltan todavía los instrumentos para verificar el hecho, que muy bien podría existir, incluso sin que nuestras percepciones, demasiado toscas, lo distingan.

El grosor de las agujas aumenta su efecto, pero también aumenta, incluso más, el dolor, y no permite alcanzar las profundidades necesarias.

De hecho, las experiencias hechas aquí han llevado a preferir una forma de alfiler, con una cabeza más pequeña, de 22 mm de longitud y una sección de 6/10 mm como máximo. La cabeza es cómoda para no pincharse al introducir la aguja en pieles endurecidas por la energía, y para sacarla cuando la piel, crispada por la energía, la retiene como una pinza

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metálica. La cortedad es cómoda, por una parte para no asustar a los niños, y por otra para que la aguja dejada en el sitio durante unos minutos no corra entre las carnes por su peso.

El metal, en la medida de lo que es posible juzgar, tiene su importancia. Los ensayos hechos con numerosos metales en estado puro han mostrado que, como dicen los chinos, había una diferencia en el efecto de los metales rojos o amarillos (iang) y los grises o blancos (inn). Los primeros excitan más, los segundos tienen un efecto calmante más pronunciado, pero el cobre rojo (así como todos los metales, excepto el oro y la plata) se oxidan instantáneamente al contacto con la carne: se ennegrece. El acero amarillea, y pronto queda azulado. Hay que pasarlos a menudo por papel esmerilado.

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1. Estas experiencias de aleaciones han sido hechas y se continúan bajo la atención de M . SOUTEYRAND, Las experiencias han llevado a detenerse en dos aleaciones. Cobre y oro para los casos de vacío en que es necesario excitar. Palta y cinc, o plata y cromo para calmar.1

Estos metales tienen además un poder bactericida muy superior al del acero o al del platino.

Referencias

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