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PLENITUD O VACÍO

CAPITULO 10 LAS AGUJAS

Entre los medios empleados por el «Método de las agujas y las moxas» para actuar sobre los puntos vueltos sensibles, el más importante es la aguja. Constituye de hecho la verdadera «acupuntura» (acus: aguja; punctura: pinchazo).

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Las agujas que se usan en China y en Japón son de formas variadas. Las gentes de Extremo Oriente son de espíritu libre, sin dogmatismo, y siempre más atentos a las realidades que a las enseñanzas oficiales. Cada uno se hace, por tanto, fabricar sus agujas según sus ideas, las condiciones de uso y las observaciones hechas.

En los libros antiguos se describen nueve agujas de diferentes formas. Actualmente se utilizan muchos modelos. La simple aguja de coser, fina y con aleación de cobre duro, es muy utilizada. También se hacen fabricar varillas puntiagudas por los dos extremos y con un canalón en el medio que permite sujetarlas para hundirlas dándoles a la entrada y a la salida un movimiento de torsión. En Japón, para evitar el dolor, se utilizan hilos de plata y oro provistos de una cabeza, que se hunden con la ayuda de un tubo apoyado sobre la piel.

El doctor FUJI incluso ha inventado y puesto en el comercio, con gran éxito, un aparato muy práctico que permite a uno mismo pincharse y suprime enteramente cualquier sensación desagradable de pinchazo.

Ciertos autores chinos estiman que la forma con dos puntas actúa mejor que cualquier otra para evacuar al exterior el fluido humano, la energía en exceso. Faltan todavía los instrumentos para verificar el hecho, que muy bien podría existir, incluso sin que nuestras percepciones, demasiado toscas, lo distingan.

El grosor de las agujas aumenta su efecto, pero también aumenta, incluso más, el dolor, y no permite alcanzar las profundidades necesarias.

De hecho, las experiencias hechas aquí han llevado a preferir una forma de alfiler, con una cabeza más pequeña, de 22 mm de longitud y una sección de 6/10 mm como máximo. La cabeza es cómoda para no pincharse al introducir la aguja en pieles endurecidas por la energía, y para sacarla cuando la piel, crispada por la energía, la retiene como una pinza

metálica. La cortedad es cómoda, por una parte para no asustar a los niños, y por otra para que la aguja dejada en el sitio durante unos minutos no corra entre las carnes por su peso.

El metal, en la medida de lo que es posible juzgar, tiene su importancia. Los ensayos hechos con numerosos metales en estado puro han mostrado que, como dicen los chinos, había una diferencia en el efecto de los metales rojos o amarillos (iang) y los grises o blancos (inn). Los primeros excitan más, los segundos tienen un efecto calmante más pronunciado, pero el cobre rojo (así como todos los metales, excepto el oro y la plata) se oxidan instantáneamente al contacto con la carne: se ennegrece. El acero amarillea, y pronto queda azulado. Hay que pasarlos a menudo por papel esmerilado.

1. Estas experiencias de aleaciones han sido hechas y se continúan bajo la atención de M . SOUTEYRAND, Las experiencias han llevado a detenerse en dos aleaciones. Cobre y oro para los casos de vacío en que es necesario excitar. Palta y cinc, o plata y cromo para calmar.1

Estos metales tienen además un poder bactericida muy superior al del acero o al del platino.

Las agujas macizas y lisas no dejan lugar al microbio para agarrarse. Es suficiente mojarlas en alcohol, o limpiarlas en alcohol, para destruir cualquier germen. Con ellas hay una seguridad que no conoce la aguja hueca hipodérmica.

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Las agujas están consideradas como más potentes que las moxas, pero más difíciles de manejar. Por otra parte, las agujas están menos indicadas que las moxas, porque son más difíciles de utilizar con éxito para las personas con energía agotada, convalecientes, débiles, viejos, niños. También son difíciles de aplicar a las enfermedades por humedad o vacío. Por el contrario, son excelentes en las enfermedades por exceso, contracturas, sobreexcitación, enfermedad con fiebre o inflamación, etc.

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Para pinchar hay que tender al enfermo, o al menos hacerle sentar. Estando de pie algunas personas débiles corren el riesgo de un malestar o un desmayo.

No hay que pinchar tras una hemorragia; tampoco cuando el enfermo está muy fatigado, ni en ayunas, ni después de una comida fuerte, ni cuando hay gran tempestad o tormenta con mucha lluvia: ni tampoco cuando hay shock. El resultado sería muy débil, o simplemente causaría un malestar pasajero.

Para los enfermos crónicos el tiempo cálido y despejado y la estación de verano dan los mayores éxitos.

Se calma la aprensión física y los rechazos involuntarios fingiendo pinchar varias veces sin hacerlo.

Es posible disminuir el dolor dando masajes sobre el punto con la punta del dedo; haciendo toser en el momento del pinchazo se disminuye también el dolor. Respirando rápidamente varias veces seguidas antes del pinchazo se obtiene el mismo efecto.

Algunas personas (una sobre mil, si se quiere) tienen una sensibilidad cutánea tal que este tratamiento les supone un sufrimiento. Entonces hay que actuar con las finas agujas japonesas. Por término medio el efecto es desagradable, pero no doloroso. Y un gran número no siente nada.

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El número de pinchazos por sesión varía, se sobreentiende, según el estado del enfermo. En principio un pinchazo basta para un órgano afectado. Si no hay respuesta inmediata, constatada por el pulso correspondiente, un segundo pinchazo simultáneo y del mismo sentido en la fuente dará el resultado que se busca.

Para los músculos es necesario un pinchazo por cada región muscular a tratar, por tanto, varias agujas en general.

Para las neuralgias, neuritis, etc., un pinchazo por cada parte de miembro o de cuerpo interesada; por tanto, de una a cinco agujas.

Si acribillamos al enfermo corremos el riesgo de enturbiar los efectos, de provocar un cansancio perjudicial al tratamiento, en lugar de una relajación favorable.

Siendo la idea que los diversos problemas pueden depender de una causa única, se recomienda atacar primero esta causa aisladamente; el resto puede ceder por sí mismo. Se ve mejor lo que se hace si se actúa así y en varias sesiones.

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El número de sesiones depende por una parte de la complejidad y antigüedad del caso, y por otra, de las reservas de energía del enfermo.

Un único órgano afectado desde hace poco tiempo puede ser curado en una sola sesión. Igualmente una ciática simple y reciente.

Si hay varios órganos afectados y no puede discernirse cuál es el que ha complicado a los otros, serán necesarias sin duda dos o tres sesiones. Las mismas si el enfermo está agotado. Para la segunda sesión y la siguiente se recomienda alcanzar la culminación de la mejoría obtenida. Es mejor no recomenzar antes del tercer día.

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La profundidad de los pinchazos varía según el punto, la antigüedad de la enfermedad, y la nerviosidad del enfermo.

Desde 1 mm en los dedos, alcanza de 5 a 6 mm en los muslos, y no supera en nada los 3 ó 4 mm por término medio.

La profundidad debe ser mayor para las enfermedades crónicas, y para los enfermos más físicos que intelectuales.

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