Hetairai and Qiy
a
n: The Art of Seduction
Tsampika-Mika PARASKEVA
BIBLID [0544-408X//1696-5868]. (2010) 59; 63-90
Resumen: El presente estudio examina las similitudes y diferencias entre dos figuras femeni-nas: las hetairas, prostitutas de alto rango en la Grecia antigua, y las qiyan, esclavas cantoras en el mundo árabe medieval. Ambas están caracterizadas por un físico privilegiado, unas dotes artísticas extraordinarias y una preparación intelectual insólita para las mujeres de sus respec-tivas épocas. Las semejanzas de ellas inducen a conjeturar sobre una posible influencia de la
hetaira en la qayna —como parte del conjunto de influencias que la cultura griega ejerció en el mundo árabe medieval— o, en todo caso, a establecer una comparación entre ambas figu-ras.
Abstract: Analyses the the similarities and differences between two female figures: the hetai-rai, prostitutes of high status in ancient Greece, and the qiyan, singing slave-girls in the me-dieval Arab world. Both figures are characterized by a privileged physical appearance, a series of extraordinary artistic qualities and an unusual intellectual education compared to that of the women of their respective periods. The comparison between both characters lead to some speculation about a possible influence of the hetaira on the qayna —as part of the influences the Greek culture exerted on the medieval Arab world.
Palabras clave: Mujeres griegas. Hetairas. Mujeres árabes. Esclavas cantoras. Qiyan.
Key words: Greek Women. Hetairai. Arab Women. Singing Slave-Girls. Qiyan.
INTRODUCCIÓN
El contacto entre el mundo árabe y el mundo heleno ha producido, a lo largo de la historia, distintas influencias. Entre todas ellas, como es obvio, las que más fáciles resultan de detectar, desde la lejanía cronológica, son las relacionadas con los sabe-res científicos que fueron adoptados por el mundo árabe medieval mediante un pro-ceso voluntario y absolutamente consciente. Las traducciones de obras de los grandes científicos del mundo griego, que constituyeron la base de las ciencias árabes —de-nominadas “ciencias extranjeras”— son el ejemplo por excelencia de ese proceso realizado casi in vitro.
Frente a esa transmisión premeditada y altamente controlada, es de suponer que habría influencias que se ejercían de un modo más espontáneo, a través de un
proce-1. En los casos en los que hay referencias a aquellas qiyan que por su edad se salen del estereotipo de la muchacha joven y bella, lo que se comenta no es su físico, sino su arte y su función de transmisoras de la tradición musical.
so de transmisión realizado in vivo, debido al contacto físico del mundo árabe con las culturas que lo rodeaban. Esas influencias son las más difíciles de precisar, pues están relacionadas con distintos usos y costumbres, y no con saberes de los que resi-den en las escrituras. Parte de esta problemática parece que forma la cuestión de la posible asociación entre la figura de la hetaira y la de la qayna (singular de qiy
a
n). El objetivo fundamental del presente trabajo es establecer una comparación com-pleja entre estas dos figuras más allá de los estereotipos de la qayna como cantora y la hetaira como prostituta. En este proceso de comparación subyace la intención de ver en la figura de la qayna una posible influencia de la hetaira. Sin embargo, es de aclarar que el presente estudio se ha realizado con plena conciencia de que las reflexiones sobre dicha cuestión difícilmente pueden rebasar los límites de lo hipoté-tico.Por lo que respecta a las fuentes consultadas, se ha hecho una selección de obras significativas, entre las cuales destacan:
1. Sobre las qiy
a
n: a) La Risa
lat al-qiya
n (La epístola de las esclavas cantoras) de al-Îahi. z. b) El Kit.a
b al-Aga
n
(El libro de las canciones) de AbÅ l-FaraÏ al-Isfah. an.c) Las mil y una noches. d) Las Mur
ÅÏ
al-dahab (Praderas de oro) de al-Mas‘Åd. e) El libro del brocado de al-Wašša’.2. Sobre las hetairas: a) El discurso Contra Neera, atribuido al orador Demóstenes. b) Los Diálogos de las cortesanas de Luciano de Samósata. c) La Cena de los erudi-tos (o Banquete de los erudierudi-tos) de Ateneo de Náucratis.
Por último, decir que quien ha realizado este estudio es consciente de lo difícil que es aportar nueva información sobre las dos figuras en cuestión, pues ambas están sumamente estudiadas. La humilde aportación del presente trabajo, por lo tanto, con-siste en comparar y estudiar de manera conjunta a hetairas y qiy
a
n, arrojando luz sobre todas sus dimensiones, de modo que los datos obtenidos de fuentes y bibliogra-fía puedan conducir a unas conclusiones coherentes y, en la medida de lo posible, novedosas.1. LA IMAGEN DE LA QAYNA A TRAVÉS DE LAS FUENTES LITERARIAS 1.1. Descripciones físicas
cuali-2. Hilary Kilpatrick. Making the Great Book of Songs: Compilation and the Author's Craft in AbÅ l-Faraj al-Isbah. an's Kitab al-aghan. Londres: RoutledgeCurzon, 2003, p. 52.
3. Las referencias de carácter encomiástico están fundamentalmente relacionadas con las esclavas canto-ras de alto nivel. Lejos de ellas, no es difícil imaginar que las esclavas que pasaban la vida en las tabernas cantando y bailando, o incluso prostituyéndose, no tendrían un físico tan prodigioso como las que convivían con califas y personajes de alto rango.
4. Al-Îahi. z. . The Epistle on Singing-girls of Jahiz. Trad. y ed. A. F. L. Beeston. Warminster: Aris and
Phillips, 1980, cap. 47, p. 31.
dades físicas naturales se aúnan los adornos y trajes más exquisitos. Algunas fuentes árabes revelan cuáles eran las preferencias de las esclavas cantoras y de qué manera trataban de conseguir sus caprichos estéticos. En todo caso, la preocupación sobre su imagen física no era sólo suya; sus dueños se preocupaban igualmente por su ima-gen. Entre ellos, había fundamentalmente dos tipos: los que las compraban y poseían por sentir hacia ellas amor, atracción o admiración, y los que las compraban y ven-dían como un producto comercial, procurando sacar de ellas el mayor provecho posi-ble.
Los primeros tenían interés en cuidar la imagen de las esclavas por dos motivos: primero, para que a ellos mismos les resultasen atractivas, y segundo, porque en sus atavíos se reflejaba la clase social y el refinamiento del propietario. En cuanto al se-gundo tipo de dueños, es obvio que, si cuidaban la imagen de las esclavas, era para poder venderlas antes y a mejor precio.
Aparte del hecho de ser esclavas, lo que también determinaba la apariencia de las qiy
a
n era su condición de cantoras. Hilary Kilpatrick, a través de su estudio del Kita
b al-Aga
n
, observa que la cualidad de zarf, palabra que en lengua árabe designa el. refinamiento y la elegancia en la manera de vestir y comportarse, la poseían todos los músicos, mujeres y hombres, sobre todo en la época abasí2. La imagen de las escla-vas cantoras, en general, está caracterizada por una belleza física natural, envuelta en los adornos y vestimentas más vistosos.Las qiy
a
n quedan reflejadas en fuentes y estudios como un sinónimo no sólo de cantoras de voces prodigiosas o conocedoras de una infinidad de artes y ciencias, sino también de mujeres espectacularmente bellas3. La belleza era en ellas no sólo un encanto personal, sino un instrumento más de su profesión. Sin ella quedaría muti-lado el complejísimo conjunto de placeres que éstas ofrecían, al no incluirse entre ellos el agrado de la vista. Al-Îahi. z, basándose en esa particular “sinonimia” entre. qayna y mujer bella, considera el efecto que la qayna produce a la vista como uno de los tres placeres relacionados con ella, siendo los dos restantes los referidos al oído y el tacto4.5. Elisa Mesa Fernández. El lenguaje de la indumentaria. Tejidos y vestiduras en el “Kitab al-Agan” de AbÅ l-Faraj al-Isfah. an. Madrid: CSIC, 2008, p. 274.
6. La autora utiliza los vocablos singer y entertainers, lo que lleva a pensar que habla de ambos sexos. Aun así, hay que decir que ese tipo de insinuaciones suelen referirse a las cantoras.
7. Shirley Guthrie. Arab Women in the Middle Ages. Private Lives and Public Roles. Londres: Saqi Books, 2001, p. 117.
En cuanto a las vestimentas de las esclavas cantoras, habría que decir que éstas diferían de aquellas de las mujeres libres. La mayoría de las noticias revelan su gusto por los colores y telas más llamativos, lo que hace suponer que en su manera de ves-tir habría ciertos detalles que permives-tirían reconocer su identidad artística. Elisa Mesa Fernández, en su exhaustivo estudio sobre la indumentaria en el Kit
a
b al-Aga
n
, apunta que “en cuanto al atavío de las cantantes, hay datos para pensar que era carac-terístico de su profesión”5. En términos generales, las fuentes revelan que entre las qiya
n predominaba un gusto por los ropajes y adornos más exuberantes, al igual que su determinación a la hora de exigir lo que ellas mismas preferían.Según Guthrie, la ostentación de los artistas6 era especialmente criticada por los piadosos. Dada la inmoralidad que se les atribuía, esas vestimentas podían verse co-mo un pago por favores sexuales7. Respecto a ello, habría que pensar que algunas de esas acusaciones podrían corresponder a hechos reales. Si esas mujeres se compraban y vendían como objetos, el verse empujadas a actuar con el mismo cinismo con el que se compraban y vendían, parece una consecuencia absolutamente natural. Cabe imaginar que las qiy
a
n tendrían exigencias materiales tanto con sus amantes como con sus dueños y parece que cuanto más distinguidas, mayor el grado de satisfacción de sus caprichos estéticos. En cuanto a las demás, lo más probable es que se tuvieran que conformar con las vestimentas que el gusto de sus dueños imponía sin tener la libertad de expresar sus deseos.1.2. Cualidades intelectuales, artísticas y éticas
En la mayoría de las fuentes, las dotes artísticas e intelectuales de las qiy
a
n están tratadas con el máximo aprecio y admiración. En cambio, las referencias a sus rasgos éticos y a su carácter son de una diversidad sorprendente, marcada de igual manera por los elogios más elevados o por las críticas más cáusticas.Respecto a las dotes artísticas de las qiy
a
n, se podrían destacar los siguientes pun-tos: en la era preislámica su figura solía estar asociada sólo a la música, al canto y, en ocasiones, al baile. A partir de la época de los califas ortodoxos su formación empezó a completarse con otras artes y ciencias, hasta que en la era abasí las qiya
n bien formadas llegaban a ser mujeres verdaderamente sabias. Aparte de cantar yto-8. Sobre el teatro de sombras no he encontrado ninguna referencia en las fuentes que he consultado. Este arte es mencionado por Shiloah en: Amnon Shiloah. Music in the World of Islam: A Socio-Cultural Study. Aldershot: Scolar Press, 1995, p. 75.
9. Al-Îahi. z. . The Epistle ..., cap. 53, p. 35. Tanto al-Îahi. z como al-Wašš. a’ describen con detalle varias
prácticas que las qiyan utilizaban para seducir. Cf. Al-Îahi. z. . Op. cit., caps. 48-51, pp. 31-34; al-Wašša’.
El libro del brocado. Traducción, estudio e índices de Teresa Garulo. Madrid: Alfaguara, 1990, cap. 20, pp. 147-149.
10. Al-Îahi. z. . Op. cit., cap. 47, pp. 30-31.
car varios instrumentos a la perfección, tenían una gran capacidad para componer y memorizar versos o canciones; dominaban a la perfección la lengua árabe y la retóri-ca, fueran de origen árabe o no; tenían conocimientos de filosofía y astrología; cono-cían distintas ramas de las ciencias de la religión y sabían recitar el Corán; hacono-cían teatro de sombras8 y juegos malabares; bailaban y sabían contar infinidad de historias las cuales memorizaban, al igual que hacían con los versos.
Aparte de las habilidades mencionadas, las qiy
a
n dominaban otro arte más: el de la seducción. Al-Îahi. z deja entender que la seducción y el flirteo están estrechamen-.te vinculados al proceso de formación de las qiy
a
n y a la figura de sus maestros. És-tos, aparte de formarlas como cantoras y músicas, les transmitían con su conducta ese arte, sin el cual no podrían desenvolverse en los ambientes en los que estaban obliga-das a vivir9.En términos generales, en cuanto a las referencias a los rasgos éticos y el carácter de las qiy
a
n, se podría decir que son de tal diversidad que no permiten llegar a una conclusión sobre cuáles son las características predominantes. Lo que más bien pre-domina en las historias a través de las cuales se puede apreciar su lado ético son los contrastes. Las qiya
n se presentan tan fieles y leales como engañosas, tan desdeñosas y altaneras como humildes, tan compasivas como interesadas y faltas de sensibilidad; aunque eso sí: sin que nunca se cuestione su alto nivel de inteligencia y saber estar.1.3. Placeres y sentimientos
Como ya queda expuesto en los apartados anteriores, las características por las que las qiy
a
n eran tan solicitadas y valoradas son tres, a saber: su arte, su belleza físi-ca y su intelectualidad. Estas cualidades hacían de ellas una fuente de placeres y sen-timientos. Al-Îahi. z dedica un apartado de su epístola sobre las esclavas cantoras a.los placeres que ellas producían. La oración-clave de dicho apartado es característica de todo el conjunto de afirmaciones hiperbólicas que en distintas obras encontramos sobre ellas: “Dan al hombre una combinación de placeres que ninguna otra cosa en la faz de la tierra puede dar”10.
11. Jean Claude Vadet. L’esprit courtois en Orient dans les cinq premiers siècles de l’Hégire. París: Maisonneuve et Larose, 1968, pp. 223-224.
12. Ibídem.
Aparte de los placeres de los sentidos, las qiy
a
n inspiraban todo tipo de sentimien-tos y emociones, los que movían el alma y el espíritu de quien llegaba a conocer sus encantos. Esos sentimientos no siempre eran de un carácter positivo. Hay muchas historias que hablan de envidia, celos y desprecio. Pero entre todos los sentimientos hay un punto en común: que eran movidos por los mismos motivos que podían pro-ducir la admiración y el amor más extremos.Entre todos los sentimientos que aparecen en las historias relacionadas con las qiy
a
n, los más característicos son el amor y el tarab, término referido a la emoción. que mueven con su arte. Amor y tarab, en algunas escenas se pueden distinguir con. claridad, pero, en otras, parecen fundirse y formar un solo sentimiento, complejo y homogéneo, de manera que es imposible decidir si lo que lleva el tarab al extremo. es un sentimiento amoroso que nace antes del placer que da la música o si el amor que sienten los hombres por las qiya
n es fruto de ese éxtasis espiritual que produce su música. Respecto a esa complejidad emocional, Jean Claude Vadet, refiriéndose al contexto de la corte abasí, dice que el tarab es “el hermano gemelo del amor” y. que la mejor manera de experimentarlo, en ese contexto, era en compañía de una es-clava y una copa de vino11.En cuanto a los matices de los sentimientos amorosos que las qiy
a
n inspiraban en los hombres, es de imaginar que éstos serían de diversa índole, desde el deseo sexual más pasajero hasta el amor más firme y arrollador, por el que un hombre podía llegar a perder su fortuna o, incluso, su misma vida. Y respecto a cómo ellas mismas expe-rimentaban el amor, las noticias son muy diversas. Unas veces se presentan como mujeres faltas de sentimiento que actúan sólo según sus intereses materiales, y otras, como seres apasionados que se entregan al amor de manera espontánea mostrando la humildad y fidelidad más elogiables.En el seno de la música árabe, el tarab, ese “hermano gemelo del amor” —según. la caracterización de Vadet12—, es, en general, la emoción que produce la música. Según la definición de Amnon Shiloah, tarab es “la emoción movida en el alma del. oyente, al igual que los diversos efectos de ésta”. Sobre el uso del término, el mismo autor afirma que en sus orígenes hacía referencia a “la emoción producida por la fina recitación de un hermoso poema” y que, más tarde, llegó a aplicarse tanto a los mientos producidos por la música como a la música misma. El abanico de los
senti-13. Amnon Shiloah. Music in ..., p. 16. 14. J. Lambert. “Tarab. ”. Encyclopédie de l’Islam
2, vol. IX, pp. 227-228.
15. He seguido este esquema clásico por considerar su funcionalidad respecto a los objetivos del presente trabajo. Aun así, habría que decir que muchos autores cuestionan esta distinción entre oikos y polis, propo-niendo, en su lugar, unos análisis basados en los conceptos de lo privado y lo público. V. más sobre dicha problemática en Marilyn Katz. “Ideology and «The Status of Women» in Ancient Greece”. History and Theory, vol. 31, núm. 3 (1992), pp. 84-85.
mientos es muy amplio, “desde el placer más sutil hasta la excitación más intensa o, incluso, el éxtasis”13.
Lambert —que se basa en una definición de Shiloah similar a la que se ha consul-tado para este trabajo, pero extraída de otra obra— da un paso más allá y, entre los distintos matices del tarab, contempla también la posibilidad de la muerte como una. manifestación extrema de la emoción14.
La mayoría de las anécdotas que revelan los efectos que tenían las actuaciones de las qiy
a
n están dedicadas a los sentimientos más fervientes y apasionados. Eso no puede, por supuesto, eliminar la hipótesis paralela de que habría actuaciones que fun-cionarían como un complemento de menor importancia en los festines de la alta so-ciedad, según el momento o según el valor de los artistas invitados. Pero a ellas, y eso lo deja claro la lectura de las fuentes, no fue dedicada mucha tinta.Las noticias sobre el tarab revelan que en ese mundo lleno de placeres, en cuyo. centro vivían las esclavas cantoras, había un fondo espiritual considerable. A través de la música se buscaba la elevación del espíritu y, junto con ella, la catarsis. A esta última sólo se puede llegar por el camino de lo trágico y quizá sea por ello que el
.
tarab presentase, con tanta frecuencia, matices de pura tragedia. Buscar el tarab era. buscar la catarsis, y si el precio de ésta era la pérdida de la cordura, o la misma muer-te, había que pagarlo por igual. Las qiy
a
n, aparte de ofrecer placeres y diversión, eran un instrumento vivo de catarsis; un instrumento a cuyos pies podían rendirse los personajes más ilustres.2. LA HETAIRA Y EL CONTEXTO DE LA POLIS
Para cualquier estudio relacionado con la mujer en la antigua Grecia es fundamen-tal la comprensión de la antítesis entre el espacio del oikos (casa u hogar), destinado a las actividades femeninas, y el de la polis (la ciudad-estado de la antigua Grecia), regido exclusivamente por los hombres15. Al grupo humano que constituía el oikos, aparte de los esposos y los hijos legítimos de éstos, pertenecían los esclavos y tam-bién las concubinas del kyrios: el esposo, padre de familia y señor de todos los bienes del oikos, incluidos los esclavos. Y si bien no se consideraba legítimo que la esposa
16. Las concubinas podían ser hetairas o no.
17. Según la percepción más tradicional de los términos, las pornai son las prostitutas de baja condición, mientras que las hetairas son conocidas por su alto nivel intelectual y económico. Ambos términos se anali-zarán más adelante.
18. Estos datos son más bien relativos a la sociedad ateniense. Cf. Claude Mossé. La mujer en la Grecia clásica. Trad. Celia María Sánchez. Madrid: Nerea, 1990, pp. 54-87; Sarah B. Pomeroy. Diosas, rameras, esposas y esclavas. Trad. Ricardo Lezcano Escudero. Madrid: Akal, 1987, pp. 97-111.
19. Claude Mossé. Op. cit., p. 99.
mantuviese relaciones sexuales con los esclavos, en el caso del esposo no ocurría lo mismo. Los hombres casados tenían derecho a tener relaciones con sus esclavas de servicio (doulai), sus concubinas16 (pallakai) y también con hetairas y pornai17. Los hijos que las esclavas y concubinas tenían con sus amos crecían en la misma casa que los hijos de la esposa legal, pero eran considerados ilegítimos y no siempre tenían derecho a la herencia de su padre18.
La mujer libre, por lo tanto, vivía encerrada en la intimidad del oikos y allí “su función consistía en asegurar la transmisión del patrimonio por la procreación de hijos legítimos, y la conservación del mismo mediante una buena gestión de los asun-tos domésticos”19. Sin embargo, había mujeres que se libraban de ese aislamiento y que circulaban por los espacios públicos con una mayor libertad. Éstas podían ser las esclavas que realizaban determinadas tareas fuera del oikos, las mujeres humildes y las prostitutas. Estas últimas, fueran de la clase que fueran, no sólo tenían acceso a la polis como transeúntes huidizos, como era el caso de las mujeres de clase baja y las esclavas, sino que desempeñaban en ella un papel mucho más constante.
Si la mujer respetable servía a la polis de manera indirecta, a través del cuidado del oikos, la prostituta era aquella persona que, con su presencia femenina en la polis, independientemente de sus servicios sexuales, llenaba el vacío de la ausencia de las mujeres recluidas. Aparte de ello, el interés de la prostitución en la Grecia antigua reside en el hecho de que muchas de las mujeres que se prostituían, o que eran con-ducidas a la prostitución, aparte de sus artes amatorias, ofrecían a la polis —se en-tiende que a los hombres de la polis— sus charlas de alto nivel, sus silogismos filo-sóficos, su música, sus juegos de acrobacia y un sinfín de artes, las que podían resul-tar tan placenteras como el eros comprado o quién sabe si incluso más.
2.1. La prostitución femenina en la antigua Grecia
Hoy en día contamos con numerosos estudios sobre la prostitución en la antigua Grecia. En ellos aparecen diversos criterios para la clasificación de los distintos tipos de prostitutas. Entre ellos, el más fiable parece ser el relacionado con la diferencia entre las prostitutas públicas y las prostitutas privadas.
20. Para todo lo relativo a esta primera clase, véase Andreas Lentakss. r porneia (La prostitución). T. 3 de la tetralogía O er©tas stsn archaia Ellada (El amor en la antigua Grecia). Atenas: Kastani©tss, 2000, pp. 32-154.
21. Ibídem, pp. 155-233. De esta clasificación sólo falta lo relativo a la prostitución sagrada, a la que Lentakss dedica un capítulo aparte. En términos generales, la prostitución sagrada consistía en la prestación de servicios sexuales en determinados lugares sagrados a cambio de una serie de recompensas materiales, en forma de dinero o valiosos regalos. Dichos servicios se prestaban en beneficio del templo y, por consi-guiente, de la divinidad a la que estaba dedicado.
22. Se trata del capítulo 5, titulado “The Hetaira and the Porns”. Cf. Leslie Kurke. Coins, Bodies, Games and Gold. Princeton: Princeton University Press, 1999, pp. 175-219.
23. Ibídem, p. 178.
Andreas Lentakss, en su monografía sobre la prostitución en la Grecia antigua, sigue esta distinción. La conclusión a la que se llega al leer los capítulos correspon-dientes de la obra es que la diferencia fundamental entre las dos clases era que las públicas eran esclavas y vivían encerradas en prostíbulos20, mientras que las privadas podían ser libres, libertas o esclavas que ejercían su profesión en lugares y circuns-tancias distintos, según su status y características particulares.
Como es obvio, los tipos de prostitutas que pertenecían a esta segunda clase eran muy diversos, entre los cuales el autor distingue cuatro: 1) Las prostitutas baratas que ejercían su profesión en la calle. 2) Las que frecuentaban las tabernas. 3) Las que fre-cuentaban los baños públicos. 4) Las que frefre-cuentaban los festines y symposia y en-tretenían a los symposiastai o comensales con sus artes, su conversación y sus servi-cios sexuales. Éstas podían ser las tañedoras de aulos (las aul
s
trides —o aulétridas, en su adaptación al castellano—), las danzarinas (orchs
strides), una especie de jugla-resas o cómicas que realizaban juegos mímicos y de entretenimiento (las llamadas mimades) y las hetairas21.2.2. Características principales de las hetairas
Para el estudio de la figura de las hetairas se utiliza, muchas veces, la oposición entre los términos hetaira y porn
s
(en plural, pornai). Leslie Kurke, en su obra Coins, Bodies, Games and Gold, dedica un capítulo a este binomio y a las verdades y mitos que lo acompañan22. Kurke afirma que, según la percepción tradicional de los términos, la diferencia entre hetairas y pornai reside en una cuestión de status:“La hetaira es una 'cortesana' o 'amante', normalmente mantenida por uno o dos hombres sólo, a quienes sirve de compañera en los symposia y otras diversiones atendiendo, asimis-mo, a sus deseos sexuales. La porns, en cambio, es la prostituta corriente de la calle o aquella que ocupa los prostíbulos, la que ofrece sexo, a cambio de un pago, a una larga y anónima clientela”23.
24. En el texto original “flute-girls”. Seguramente, traducción del término aulstrides (tañedoras de aulos). 25. Ibídem, pp. 178-179.
26. V. “Porns” y “pernsmi”. En J. B. Hofmann. Etymologikon lexikon tss archaias ellsnikss ( Dicciona-rio etimológico del griego antiguo). Trad. Ant©nios Papanikolaou. Atenas: s. e., 1974, pp. 339 y 320, res-pectivamente.
27. En su versión masculina, hetairos, la palabra tiene el mismo significado. Hetairoi (en plural) se lla-maban también los compañeros de los symposia. V. hetaros (vocablo que posteriormente dio lugar a hetai-ros, masculino de hetaira). En. J. B. Hofmann. Op. cit., p. 108. La letra “h” en las transliteraciones de las palabras hetairos y hetaira simboliza el espíritu áspero que lleva la letra epsilon, equivalente a la “e” latina. En griego clásico -'#+ y -?'. Dicho fenómeno no existe en griego moderno, por lo que el título de la monografía de Andreas Lentakss sobre las hetairas se ha transliterado como Oi etaires (Las hetairas). 28. Como el espacio geográfico que hoy denominamos Grecia antigua estaba dividido en poleis (plural de polis, la ciudad-estado), ser extranjero en una polis griega podía significar simplemente tener como lugar de origen la polis colindante.
29. Un dato sumamente curioso al respecto es que, muchas veces, las hetairas introducían a sus mismas hijas en el oficio.
Kurke apunta que ambos términos suelen utilizarse indistintamente en las fuentes, por lo que resulta difícil distinguir con claridad los límites entre el status de las hetai-ras y el de las pornai. Tanto unas como othetai-ras podían ser libres o esclavas, al igual que podían depender de un proxeneta o ejercer su profesión de manera libre. La auto-ra añade que, además de las prostitutas que recibían las denominaciones citadas, ha-bía un gran número de “mujeres de un status incierto” como podían ser las flautis-tas24, las acróbatas y las danzarinas que actuaban en los symposia, hecho que genera la siguiente pregunta: “Cuando ellas ofrecían servicios sexuales (lo que es obvio que hacían con frecuencia), ¿eran hetairas o pornai?”25.
Los dos términos, porn
s
y hetaira, llevan ya de por sí, por su etimología, una car-ga semántica que marca una división cualitativa entre ellos. El primero proviene del verbo perns
mi, que significa “vender”, por lo que porns
26 es la mujer que se vende, sin márgenes de interpretaciones paliativas. En cambio, hetaira significa, literalmen-te, “amiga” o “compañera”27.A pesar de los muchos matices que tenía el término en sí, y a pesar de que no to-das las hetairas vivían y actuaban de la misma manera, por motivos metodológicos resulta conveniente enfocar a lo que fue el prototipo de hetaira de alto nivel, cuyas características eran, más o menos, determinadas: Las hetairas solían ser extranjeras28. Empezaban su vida siendo libres o esclavas, pero de esta última condición podían librarse con los años comprando su libertad.
Las jóvenes destinadas a ese oficio solían ser elegidas por sus cualidades físicas. Recibían una alta formación desde una edad muy temprana, normalmente en las casas de aquellas hetairas que por su avanzada edad ya no podían dedicarse alhetairein, que es como se llamaba el ejercer el oficio de la hetaira29. Esa primera formación,
30. Claude Mossé. Op. cit., p. 68.
centrada fundamentalmente en los buenos modales y las artes amatorias, se completa-ba con clases de filosofía, música, mímica y otras artes, al igual que con el contacto con los intelectuales que frecuentaban los symposia o con los que convivían de ma-nera ocasional o permanente.
Ese fenómeno de la convivencia, fuera por cortos o largos períodos de tiempo, sólo es característico de las hetairas. Mientras que las pornai hacían una especie de “trabajo a destajo”, las hetairas ofrecían plenamente su presencia conviviendo con los hombres, acompañándolos a los symposia, a los viajes de comercio y hasta a las expediciones militares. El precio de su compañía solía ser tan alto que muchas de ellas llegaban a ser dueñas de grandes fortunas.
Cuanto más altas eran sus cualidades físicas, intelectuales y artísticas, más alto el nivel de vida que alcanzaban al lado de los hombres ilustres, hecho que les concedía unas libertades absolutamente excepcionales para las premisas sociales y éticas de la polis. Claude Mossé afirma que las hetairas “eran las únicas mujeres verdadera-mente libres de la Atenas clásica”30.
3. COMPARACIÓN ENTRE HETAIRAS Y QIY`N
Hetairas y qiy
a
n, aun siendo dos figuras que pertenecen a épocas y ámbitos geo-gráficos distintos, comparten muchos rasgos entre sí. Entre ellos son de destacar dos: su intelectualidad y la fuerza de su presencia dentro de determinados espacios públi-cos, a los que sus coetáneas no solían tener acceso. Estas características son impor-tantes, sobre todo, porque constituyen una especie de cordón umbilical que une a las dos figuras, pero, también, por ser elementos diferenciadores entre ellas y las demás mujeres de sus respectivos ámbitos culturales y geográficos.Pero entre hetairas y qiy
a
n no sólo hay semejanzas. Para llegar a considerar inte-resante u oportuna la comparación entre dos objetos, antes hay que dar por supuesto que entre ellos, aparte de rasgos comunes, hay diferencias. Si no, la comparación no tendría sentido. Aun cuando lo que se quiere destacar es la semejanza, las diferencias no se pueden ignorar. Por lo tanto, en el presente apartado, la comparación se basará tanto en las similitudes como en las diferencias, indistintamente.3.1. Descripción física de ambas figuras
Por lo que respecta a las descripciones o representaciones físicas de ambas figu-ras, lo primero que observa quien intenta abordarlas es que en el caso de las qiy
a
n contamos sólo con fuentes textuales, mientras que el estudio de las cualidades físicas31. En las descripciones de los especialistas que acompañan los recipientes de cerámica, casi siempre se habla de hetairas y nunca de pornai, lo que Andrew Dalby pone en tela juicio, señalando que es impreci-so atribuir al artista una intención que la obra no siempre revela. Cf. Andrew Dalby. “Levels of Conceal-ment: The Dress of Hetairai and Pornai in Greek Texts”. Womens Dress in the Ancient Greek World. Ed. Lloyd Llewellyn Jones. Londres: Duckworth, 2002, p. 112.
de las hetairas se puede basar en testimonios textuales, escultóricos y pictóricos. En el primer caso, la ausencia de fuentes no textuales se debe a las prohibiciones que la religión musulmana impone respecto a las representaciones iconográficas.
En cuanto a las muestras escultóricas, habría que decir que éstas permiten abordar sólo la imagen más prototípica de la hetaira. Lejos de la escultura, imágenes de he-tairas encontramos sobre los distintos tipos de recipientes de cerámica de la época, las cuales revelan más sobre su actitud que sobre su físico, debido a las particularida-des técnicas del arte vascular. En este tipo de representaciones las hetairas aparecen conversando, recibiendo regalos o dinero, regateando el precio de sus servicios, hi-lando, escanciando vino, bebiendo, bailando y tocando música, o participando en escenas eróticas. El carácter de estas últimas puede ser desde muy sutil y sugerente hasta absolutamente explícito, es decir, puramente pornográfico; nunca mejor dicho, puesto que el término “pornografía” deriva del étimo porn
s
31.Antes de proceder a la comparación, habría que hacer una observación respecto a la figura de la hetaira en las fuentes textuales y en las fuentes iconográficas. Entre unas y otras parece que hay un cierto contraste: en las muestras iconográficas aparece siempre una imagen prototípica —sea más cercana a la realidad, como es el caso de las esculturas, o más lejana, como es el caso de las pinturas esquemáticas del arte vascular—, mientras que en las fuentes escritas las referencias son de muy diversa índole y pueden oscilar desde el elogio hasta la caricaturización.
Este contraste es un elemento que, a su vez, genera otro contraste a la hora de es-tablecer una comparación entre hetairas y qiy
a
n. Ambas figuras comparten las carac-terísticas de la elegancia sofisticada y la belleza, pero sólo en lo que respecta a su imagen más prototípica. Lejos de esta última, y enfocando a las fuentes escritas, se puede decir que la imagen de las hetairas, a diferencia de aquella de las qiya
n, apare-ce menos idealizada en las fuentes.Como ya hemos visto en el apartado dedicado a las qiy
a
n, la hermosura era una característica imprescindible a la hora de considerar si eran dignas de ser compradas y de recibir una alta formación. Lo mismo ocurría con aquellas niñas o jóvenes que empezaban su vida como esclavas y que eran comparadas con el objetivo de ser ins-truidas como hetairas. En el discurso Contra Neera se dice de la proxeneta Nicáreta —la que había comprado siete niñas para convertirlas en hetairas y explotarlas—32. Demóstenes [atribuido a]. Contra Neera. En Discursos privados II. Intr., trad. y notas José Manuel Colubi Falcó. Madrid: Gredos, 1983, p. 290.
33. Cf. Andreas Lentakss. Oi etaires (Las hetairas). T. 4 de la tetralogía O er©tas stsn archaia Ellada
(El amor en la antigua Grecia). Atenas: Kastani©tss, 1999, pp. 23-40.
que era “hábil en reconocer la belleza natural de las niñas pequeñas, entendida, ade-más, en criar y educar con destreza, una mujer preparada en esta técnica y que había reunido medios de vida con estos oficios”32.
Las muestras de admiración de la belleza, tanto de las qiy
a
n como de las hetairas, son numerosas en las fuentes. Aun así, habría que insistir, una vez más, en la idea de que no todas las jóvenes que se encontraban implicadas en estos oficios eran de un físico tan prodigioso como el que corresponde a las referencias más encomiásticas. Pero, a pesar del hecho de que dicha observación se pueda aplicar a ambas figuras, los contrastes que aparecen en las fuentes escritas no afectan de igual manera a hetai-ras y qiya
n.En el caso de las fuentes griegas, el contraste más característico es el formado por el binomio “juventud-vejez”, acompañado por las respectivas connotaciones de flore-cimiento y decadencia. La mayoría de las referencias a la hetaira privada de los do-nes de la juventud y la belleza son de carácter satírico, y la insistencia en criticar los defectos físicos es una constante en las fuentes.
En cuanto a los rasgos más característicos de la estética de las hetairas, Lentakss destaca las joyas, los ropajes vistosos, el maquillaje, los tintes de cabello, las pelucas, los peinados extravagantes y las cintas para decorarlos, las prendas que sujetaban el pecho o las nalgas, los postizos para distintas partes del cuerpo y los tacones altos33. Respecto a este mismo tema, la gran diferencia entre hetairas y qiy
a
n es la visión de los autores a la hora de comentar los distintos trucos estéticos. En el caso de las hetairas, los comentarios suelen ser sumamente sarcásticos, hasta tal punto que pare-cen ser producto de una intención de ridiculizar a las mujeres, confiriendo a sus tru-cos de estética la condición de engaños. En cambio, este tipo de información sobre las qiya
n no lleva ninguna carga emocional.Más allá de lo emocional o ideológico, hetairas y qiy
a
n parecen compartir ciertas características. La primera está asociada a una cuestión de status: tanto entre las pri-meras como entre las segundas, aquellas que más cerca estaban del prototipo de la prima inter pares eran de una elegancia que, la mayoría de las veces, no se podía distinguir de aquella de las mujeres nobles o libres. Respecto a las menos distingui-das, parece que los elementos que caracterizan a ambas figuras son el gusto por lo vistoso y una apariencia que es, de alguna manera, característica de su profesión.34. Dalby estudia los niveles de dicha costumbre entre las distintas clases de prostitutas en el mundo griego en Andrew Dalby. “Levels of ...”, pp. 111-124.
Esa apariencia es, por supuesto, distinta en hetairas y qiy
a
n. Lo que hace que la manera de vestir y adornarse de las esclavas cantoras resulte llamativa son —sobre todo— los colores vivos, las telas abundantes y rebuscadas, y las joyas. En cambio, el aspecto de las hetairas podía tener todo eso más cualquier elemento que pudiera provocar la atracción sexual de los hombres, como era la costumbre de dejar al des-cubierto ciertas partes del cuerpo34.Concluyendo, pues, se podría decir que las descripciones de las qiy
a
n son siempre de un carácter decoroso, “aptas para todos los públicos”, como diríamos hoy en tér-minos cinematográficos, mientras que la imagen de las hetairas parece estar dirigida a un público de adultos, por eso de que unas veces van vestidas y bien vestidas; otras, tapadas con las más sugerentes transparencias; y otras, desnudas como Afrodita sur-gió del mar.3.2. Hetairas y qiy
a
n en las artes amatorias y escénicasComo las hetairas son, fundamentalmente, conocidas como las prostitutas de lujo de la antigüedad griega, y como la característica principal de las qiy
a
n es su condi-ción de cantoras, en principio se podría pensar que las artes amatorias corresponden a las primeras y las artes escénicas a las segundas. Sin embargo, cuando las dos figu-ras se estudian de una manera más profunda, resulta más que obvio el hecho de que esta visión esquemática no represente de manera absoluta la realidad.En cuanto a cómo y dónde se ejercían las artes de hetairas y qiy
a
n, resulta sor-prendente comprobar distintas coincidencias. Entre ellas consta la semejanza de los ambientes a los que se las suele asociar, es decir, los symposia (plural de symposion) en el caso de las hetairas, y los maÏa
lis (plural de maÏ
lis) en el caso de las qiya
n. La palabra symposion está compuesta por la preposición syn (con) y el sustantivo posis (la acción de beber), lo que revela que en sus orígenes fue una reunión entre amigos en la que se compartían los placeres del vino, de la música y de la buena conversa-ción.Si se quisiera hablar del symposion de una manera generalizada, se podría decir que éste era una especie de banquete celebrado por hombres distinguidos de la ciu-dad que, aparte del vino y la música, podían compartir opiniones políticas, conversa-ciones filosóficas y placeres sexuales: con efebos,hetairas, aulétridas u otras jóve-nes de las que exponían sus habilidades artísticas en los symposia.
35. Respecto a ellas, las escasas excepciones de las que tenemos noticia conciernen a mujeres vinculadas con los círculos filosóficos, las que podían ser hetairas o no. Cf. Joan B. Burton. “The Function of the Sym-posium Theme in Theocritus’ Idyll 14”. Greek, Roman and Byzantine Studies, 33 (1992: Fall), pp. 232-235. 36. Cf. Celia del Moral. “Las sesiones literarias (maÏalis) en la poesía andalusí y su precedente en la literatura simposiaca griega”. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos. Sección Árabe-Islam, 48 (1999), p. 265. La idea de emprender el presente estudio surgió durante una conversación con la Dra. del Moral sobre el artículo que acabo de citar, por lo que le debo mi más sincero agradecimiento.
37. Cf. Julio Cortés. Diccionario de árabe culto moderno: árabe-español. Madrid: Gredos, 1996, pp. 178-179, raíz “Ï-l-s”.
38. Para la evolución del concepto a lo largo del tiempo, v. AA.VV. “Madjlis”. Encyclopaedie of Islam2, vol. V, pp. 1027-1080 (especialmente I. In Social and Cultural Life, pp. 1031-1033); Celia del Moral. Op. cit., pp. 259-260.
39. Es de imaginar que no todos los eventos en los que participaban las hetairas y las qiyan eran simposia
y maÏalis propiamente dichos. Aun así, aun cuando se trataba de reuniones algo alejadas de estos prototi-pos, parece que la atmósfera y algunos contenidos podían ser iguales.
Siendo éstas las características del symposion, es obvio que las mujeres respeta-bles no podían acceder a él35. Lo mismo ocurría con los ma
Ïa
lis. Celia del Moral, que ha estudiado las diferencias y semejanzas del symposion y el maÏ
lis, señala que en ambos tipos de reunión “los participantes eran todos del sexo masculino” y que “sólo en muy raras ocasiones le estaba permitido a una mujer participar en la reunión al mismo nivel que los comensales”. En lo que se refiere a la presencia femenina en los maÏa
lis, la autora menciona: a) a las esclavas que servían el vino, b) a las qiya
n, y c) —a modo de ejemplos de excepción— casos como los de la poetisa granadina.
Hafsa al-Rak. Åniyya y la princesa Wallada de Córdoba, quienes, por su nivel social
e intelectual, se movían con cierta libertad en este tipo de eventos36.
El término ma
Ï
lis proviene de la raíz “Ï-l-s”, asociada, principalmente, a la acción de “sentarse”. Aunque desde el punto de vista estrictamente formal la palabra indica el lugar donde dicha acción se realiza, el término tiene muchas acepciones, las más significativas de las cuales son aquellas de “consejo”, “tribunal”, “asamblea”, “reu-nión”, “sesión”, “sala de conferencias, de reuniones, de audiencias”37. La evolución del término desde la época preislámica hasta hoy comprende reuniones de distintos propósitos, pero el tipo de maÏ
lis que aquí nos concierne es aquel que se suele tradu-cir como sesión o tertulia literaria38.Visto el panorama general de ma
Ïa
lis y symposia, habría que recordar que ambos tipos de reunión se regían por una atmósfera de erotismo. Este último, en el caso del symposion se manifestaba de una manera más explícita, la que podía llegar a lo pura-mente sexual, mientras que en los maÏa
lis el erotismo impregnaba el ambiente como un aura invisible39. La decisión, pues, de hablar de artes amatorias en el presente tra-bajo se debe precisamente a esa coincidencia y no al hecho de que las hetairas fueran unas expertas en estas materias por su condición de prostitutas.40. A pesar de que la obra de Ovidio pertenezca al mundo romano, aquí se ha considerado oportuno utili-zarla —como una especie de apoyo teórico— por su valor universal. Cf. Ovidio. Arte de amar. Remedios de amor. Intr., trad. y notas Juan Luis Arcaz Pozo. Madrid: Alianza, 2000.
41. Cf. Hilary Kilpatrick. Making the ..., p. 52.
42. Fuentes textuales y no textuales. El arte vascular, por ejemplo, aporta información valiosa sobre las distintas prácticas sexuales e incluso sobre los objetos implicados en ellas como olisbos, recipientes de aceite, etc.
43. V. más en F. Gabrieli. “Adab”. Encyclopédie de l’Islam2
, vol. I, pp. 180-181. 44. Cf. Julio Cortés. Diccionario de ..., pp. 12-13, raíz “a-d-b”.
Por lo que respecta al término “artes amatorias”, es de señalar que el uso que aquí se le asigna es el mismo que de él hace Ovidio en su Ars Amatoria, es decir, el que comprende cualquier práctica concebida para facilitar el éxito en las relaciones amo-rosas40. Las artes amatorias de Ovidio coinciden, en muchos puntos, con aquellas que ejercían hetairas y qiy
a
n, sobre todo en lo que se refiere a los buenos modales y la elegancia. Recordemos que Kilpatrick, a raíz de sus estudios sobre el Kita
b al-Aga
n
, observa que una de las características de las cantoras y los músicos era la cualidad de zarf, el cumplimiento de las reglas del saber estar.41. En cuanto a las hetairas, las
fuentes dejan también constancia de sus modales refinados.
Hetairas y qiy
a
n eran igualmente hábiles en el ejercicio de las artes amatorias. Aun así, habría que insistir, de nuevo, en el hecho de que los autores que escriben sobre las esclavas cantoras guardan siempre un cierto decoro, de manera que los lec-tores actuales podemos saber mucho sobre su vida amorosa, pero nada sobre su vida sexual. En cambio, en el caso de las hetairas, las fuentes42 nos dan a conocer hasta los más mínimos detalles de sus encuentros íntimos, a veces presentados de manera absolutamente obscena.Pero hetairas y qiy
a
n no sólo dominaban las artes amatorias. Tanto unas como otras eran dueñas de una cultura poco accesible a las demás mujeres de sus respecti-vas épocas. Dicha evidencia sugiere la comparación entre dos conceptos: adab, res-pecto a las qiya
n, y paideia, respecto a las hetairas. El término adab designaba, ori-ginariamente, las reglas del buen comportamiento. Éstas fueron enriqueciéndose a lo largo del tiempo hasta dar lugar a un adab caracterizado por unos modales de cor-te aristocrático, acompañados por una considerable carga de conocimiento. Dicho conocimiento estuvo siempre tan centrado en las letras, que hoy en día el término ha llegado a utilizarse, mayoritariamente, en su acepción de “literatura”43.La figura clásica del ad
b (el “dueño” del adab), por lo tanto, era la del hombre cuya definición encaja perfectamente en todo el conjunto de las acepciones que Julio Cortés asigna a la palabra en su diccionario: “educado, de buenos modales, culto, escritor, hombre de letras”44. El uso de la palabra “hombre”, aquí, no representa la45. La obra más clásica sobre la paideia en el mundo griego es el exhaustivo estudio que Werner Jaeger realizó sobre el tema a principios del siglo pasado. La obra se editó por primera vez en alemán en 1933. V. traducción al castellano en Werner Jaeger. Paideia: Los ideales de la cultura griega. Trad. Joaquín Xirau (libros I y II); y Wenceslao Roces (libros III y IV). México: Fondo de Cultura Económica, 1957.
46. McClure basa su análisis sobre la paideia de las hetairas en estas habilidades. De su estudio se puede deducir que la implicación de las hetairas en la filosofía se puede demostrar con certeza, mientras que sobre sus producciones poéticas la información con la que contamos es de menor claridad. Cf. Laura K. McClure.
Courtesans at Table. Gender and Greek Literary Culture in Athenaeus. Nueva York: Routledge, 2003, cap. 3 “The Witticisms of Courtesans and Attic Paideia”, pp. 79-105.
ecuación tradicional que iguala a “hombre” con “ser humano”, ya que udab
a
’ (plural de ad
b) —podríamos decir que “oficialmente reconocidos”— sólo podían ser los hombres. Pero eso ocurría según las formas establecidas por la androcracia. En su esencia, la cultura estaba impregnada de las aportaciones de la mujer.La qayna no sólo era una mujer que se dedicaba a seducir o a entretener a los hombres con sus habilidades artísticas. En realidad, las qiy
a
n más cultivadas eran dueñas de una cultura tan vasta que obliga a que hoy en día las clasifiquemos entre los exponentes del adab de su época, aunque sea de un adab “no oficial”.En el mundo heleno, el equivalente del término adab es el concepto de paideia, la educación fundamentalmente centrada en lo que hoy llamaríamos “humanidades” o, incluso, “cultura general”45. Esa visión humanista de la educación está vinculada a la concepción de la polis griega como comunidad que vive en continua búsqueda de la aret
s
, el estado de perfección de los individuos y de los valores por los que és-tos se rigen.En cuanto a las hetairas, su paideia se puede apreciar a través de sus habilidades retóricas, poéticas y filosóficas46. Éstas se manifiestan por medio de un lenguaje ca-racterizado por genialidades de todo tipo: citas de obras dramáticas y filosóficas, in-geniosos juegos de palabras y un sentido del humor siempre avispado y casi siempre escabroso.
Retórica, poesía y filosofía formaban también parte de la preparación de las qiy
a
n. Paideia y adab se reflejaban en la elocuencia de hetairas y qiya
n de igual manera. El arte de la conversación, dominado tanto por unas como por otras, constituía uno de los puntos más valorados de su personalidad.Por lo que respecta a las artes escénicas, es obvio que, en términos esquemáticos, éstas están más ligadas a la figura de las qiy
a
n, cuya función principal era aquella que correspondía a su condición de tañedoras de instrumentos y cantoras, aunque habría que recordar que podían también dominar otras artes como el baile, los juegos mala-bares y el teatro de sombras. Sin embargo, no hay que olvidar que las hetairas esta-ban también implicadas en estas mismas artes. Aparte de las hetairas más destacadas47. Literalmente el término significa “prosaico” (en oposición a “poético”), o “el que va a pie” o “peatón” (originariamente, en oposición a quien iba a caballo). Donnegan recoge la acepción del término como apela-tivo de las hetairas: “pezai hetairai, mere courtezans, who do not disguise their trade by being also musi-cians as the aulstrides”. (Los términos subrayados son transliteraciones de palabras que en el original apare-cen en griego.) V. “Pezos”. James Donnegan. A New Greek and English Lexicon. Boston: Gray and CO, 1841, p. 972.
48. Literalmente, “creadoras de maravillas”.
49. Cf. Laura K. McClure. Courtesans at ..., pp. 21-22; Hans Herter. “Il mondo delle cortigiane e delle prostitute”. Le donne in Grecia. Ed. Giampiera Arrigoni. Roma: Laterza, 1985, p. 375.
50. Cf. Laura K. McClure. Op. cit., p. 21.
—a las que solemos imaginar sentadas al lado de los hombres más ilustres de la polis hablando de filosofía y disfrutando de los deleites del vino y del eros—, no se puede ignorar el hecho de que, en los symposia, las representaciones de las artes escénicas las llevaban a cabo mujeres que en las fuentes reciben, con mucha frecuencia, el nombre de hetairas.
Por lo general, exceptuando a las hetairas de alto nivel, todas aquellas mujeres que se dedicaban a entretener a los hombres con sus artes en los symposia eran, en unas ocasiones, consideradas pornai, y en otras, hetairas. Aun así, parece que el ma-yor peso de esta cuestión recae sobre el segundo término. Como prueba de ello sírva-se la existencia del término pezai hetairai, el que sírva-se refería a las hetairas que ejercían de simples acompañantes frente a aquellas que desempeñaban una función artística. En cambio, en el caso de las pornai no contamos con matices terminológicos de este tipo. Los detalles de esta cuestión terminológica, a la vez que conceptual, son los que quedarán expuestos a continuación.
En cuanto a su función en los symposia, las hetairas se dividían en dos clases: las pezai (en singular, pez
s
)47, las que no estaban instruidas en ningún arte en concreto, y las que sí se dedicaban a una actividad artística determinada. Estas últimas recibían distintas denominaciones según su “especialidad”. La mayoría de ellas eran mousour-goi (músicas, en general), aunque también podían ser cantoras, mimades (las que rea-lizaban juegos mímicos), orchs
strides (danzarinas) y thaumatopoioi48 (juglaresas o realizadoras de números de acrobacia). Entre las músicas, las más célebres eran las auls
trides (aulétridas o tañedoras de aulos), aunque tenemos también noticia de ta-ñedoras de otros instrumentos como las tympanistriai, sambykistriai y krotalistriai (tañedoras de tambor, de sambuca y de crótalos, respectivamente)49. Pero es más: algunos de estos términos, los que revelaban una función artística concreta, muchas veces iban acompañados por el término hetaira, como, por ejemplo, orchs
stris hetai-ra50.51. “Potencialmente” significa que no todas las hetairas y no todas las qiyan estaban dotadas de una formación tan compleja como la que corresponde a un prototipo descrito desde la teoría.
52. V. más en Charles Pellat. “Kayna”. . Encyclopaedia of Islam
2, vol. IV, pp. 853-857. 53. Cf. Hilary Kilpatrick. Op. cit., p. 49.
54. Mientras que sobre la carga semántica de la palabra qayna nada se puede decir con certeza, el término Ïariya muganniya significa literalmente “esclava cantora”.
El estudio de la complejidad que caracteriza a las funciones artísticas de la hetaira genera la necesidad de explicar por qué la qayna no se ha comparado con alguna de las figuras dedicadas exclusivamente a la música, como podían ser las aulétridas. La respuesta es que, en el presente trabajo, cada una de las dos figuras principales que se comparan se ha concebido como un todo que abarca todos los rasgos que poten-cialmente podrían caracterizar a una hetaira o a una qayna51. Este posicionamiento se debe a la intención de abordar a hetairas y qiy
a
n en su dimensión de mujeres de características excepcionales respecto a la falta de formación y libertad que regía la vida de sus respectivas coetáneas, y para ello, sólo podría ser válida una aproxima-ción global de la cuestión, los últimos matices de la cual se tratarán en el siguiente apartado.3.3. Hetairas y qiy
a
n frente a frente: últimos puntos de comparaciónEn este último apartado se expondrán algunos puntos de interés que hasta ahora no han sido analizados de manera conjunta. El primero de ellos es la cuestión termi-nológica. Respecto al término hetairas, ya se ha hecho mención a la problemática que acompaña a su uso. En cambio, en el caso de lasqiy
a
n, el uso del término no ha sido analizado.La palabra qayna no es la única que designa a las esclavas cantoras; y es más: cuando se utiliza, no siempre implica la condición de esclavitud, aunque sí es cierto que eso ocurre la inmensa mayoría de las veces. Los términos que se utilizan en las fuentes árabes para hacer referencia a las cantoras, esclavas o no, son varios. En la época preislámica las cantoras podían ser tanto esclavas como libres y había muchos términos para designarlas52, mientras que, a partir de la aparición del Islam y del ini-cio de las conquistas territoriales, la norma cambió.
Kilpatrick apunta que, salvo en épocas tempranas, las cantoras eran esclavas, aun-que, en algunas ocasiones, podían conseguir su libertad53. Las esclavas cantoras, a partir del siglo I de la era islámica, fueron llamándose, fundamentalmente, qiy
a
n oÏ
awa
r
muganniya
t (plural deÏa
riya muganniya)54. De manera esquemática, se po-dría decir que el primer término suele remitir a una clase más alta de esclavas canto-ras, mientras que el segundo sugiere una condición más humilde. Aun así, la realidad55. La mayor parte de la información de la que hoy en día disponemos está relacionada con Atenas.
es que no siempre hay una correspondencia firme entre los dos términos y las carac-terísticas de las mujeres a las que designan.
La complejidad del uso de los términos qayna y
Ïa
riya muganniya parece que constituye una especie de paralelismo con la cuestión del uso de los términos hetai-ras y pornai. Como una hetaira y una porns
no siempre se pueden distinguir de ma-nera tajante, una qayna y unaÏa
riya muganniya tampoco. Eso hace, pues, que volva-mos a lo referido al final del apartado anterior: hetaira y qayna se han tomado como dos referentes de corte genérico por motivos metodológicos y no por constituir dos clases de características rígidamente definidas.En relación con la condición social de hetairas y qiy
a
n, hay que insistir en el he-cho de que las primeras solían ser libres o libertas, sobre todo cuando se trataba de las más distinguidas entre ellas, mientras que las segundas eran esclavas con escasas posibilidades de conseguir su libertad. Las hetairas, en el caso de que fueran escla-vas, podían comprar su libertad después de obtener los medios materiales necesarios ejerciendo el hetairein, o conseguirla con la ayuda de alguno de los hombres con quienes se relacionaban. Ese hecho de conseguir la libertad a través de la estrecha relación con un hombre, ocurría también en el caso de las qiya
n, sobre todo cuando dicha relación daba lugar al nacimiento de un hijo.Dado el alto precio tanto de las hetairas como de las qiy
a
n, los hombres que se relacionaban con ellas —“alquilándolas”, en el primer caso, y comprándolas, en el segundo— eran de un cierto status social. Muchas veces, tanto unas como otras de-bían su fama precisamente a su relación con un hombre distinguido. Sin embargo, habría que pensar que, para que ello pudiera ocurrir, los hombres distinguidos debían haber solicitado antes la compañía de esas mujeres, lo que no hacían por caridad sino por valorar sus altos méritos.Estos últimos, como ya ha sido señalado en varias ocasiones, consistían en una serie de cualidades que, en su conjunto, constituían un fenómeno insólito para las sociedades en las que vivieron las hetairas y qiy
a
n más destacadas. Sus cualidades físicas, intelectuales y artísticas se ponían al servicio de la polis griega55 y las cortes árabes en épocas en las que las mujeres vivían encerradas en sus gineceos, en el sen-tido más universal de la palabra, formasen éstos parte de los oikoi (plural de oikos) atenienses o de las casas y los palacios árabes.En el mundo árabe, si bien las relaciones sexuales con las esclavas y concubinas estaban socialmente admitidas, no ocurría lo mismo con la prostitución, puesto que
56. Véase la aleya correspondiente del Corán: “Que los que no puedan casarse observen la continencia hasta que Dios los enriquezca con Su favor. (...) Si vuestras esclavas prefieren vivir castamente, no las obli-guéis a prostituirse para procuraros los bienes de la vida de acá. (...)”. Cf. El Corán. Ed. Julio Cortés. Bar-celona: Herder, 20059, 24:33, p. 377.
57. Cf. “prostituir”. En Diccionario de la lengua española. Real Academia Española. Madrid: Espasa Calpe, 199221, t. 2, p. 1681.
58. V. “pr©stitu©”. En Charlton T. Lewis. An Elementary Latin Dictionary. New York: American Book Company, 1890.
la religión musulmana prohíbe este tipo de prácticas56. Ahora bien, el hecho de que la prostitución no fuera admitida “oficialmente”, no significa que no existiese.
En relación con las qiy
a
n, es de pensar que, a partir de la aparición del Islam, su identidad artística serviría para disimular las prácticas de prostitución. Por consi-guiente, en lo que se refiere a las qiya
n de baja condición, es probable que éstas si-guieran cantando, bailando y siendo prostituidas en las tabernas —al igual que lo hacían en la época preislámica— pero ocultando sus servicios bajo la máscara de las artes escénicas, estrategia que aun hoy en día se utiliza en algunos países.En este punto habría que aclarar que, lejos de las cantoras de los bajos fondos, el prototipo de la qayna clásica no suele asociarse a prácticas de prostitución. Aun así, a pesar de que las qiy
a
n de alto rango no fueran prostituidas en el sentido más literal de la palabra, lo cierto es que la forma en que se las trataba, no difería mucho de lo que en su esencia es la prostitución. Si prostituir significa “hacer que alguien se dedi-que a mantener relaciones sexuales con otras personas, a cambio de dinero”57, eso ocurría, indudablemente, en el caso de las qiya
n, pues las fuentes convergen en que su compra no sólo enriquecía la vida artística e intelectual de sus dueños sino tam-bién su vida amorosa y sexual.Aparte de la definición actual del término “prostitución”, es interesante prestar atención a su etimología. El sentido original del verbo pr
©
stitu©
era “exponer una cosa ante otra”, “exponer en público” o “exponer en venta”58, acciones a las que las qiya
n eran sometidas sin lugar a dudas. Las qiya
n, como producto de compraventa, no representaban sólo una figura artística sino un conjunto de identidades. La qayna era, al mismo tiempo, un “instrumento” de diversión, un elemento de ostentación, una compañera espiritual, una amante que amenizaba el lecho de su dueño y, en oca-siones, hasta una cómplice de los asuntos políticos de éste.Si en esta última oración cambiamos la palabra qayna por la palabra hetaira, vere-mos que las dos encajan perfectamente en el mismo esquema, excepto que, en el caso de la hetaira, el hombre con quien se relacionaba raras veces era su dueño. A todo lo referido en estos últimos párrafos subyace la intención de demostrar que, aunque las qiy
a
n no fueran prostitutas, en realidad tenían las mismas funciones que lashetai-ras, funciones que se vendían, en ambos casos, como cualidades de un producto ex-cepcional.
El hecho de ser dueñas de unas cualidades tan excepcionales para su época tenía como resultado que hetairas y qiy
a
n pudieran exponerse con mayor libertad que las demás mujeres en distintos actos sociales, por lo que ambas representan, de alguna manera, la “epifanía” de la mujer reclusa de sus respectivas épocas. Su presencia, con todas sus cualidades y funciones, se ponía al servicio de una sociedad regida por hombres que, al mismo tiempo que aprobaban la reclusión de algunas mujeres, pro-movían la “epifanía” de otras para goce y beneficio propio.Pero esa “visibilidad” de hetairas y qiy
a
n no sólo era conveniente para los hom-bres sino también para ellas mismas, pues les daba una cierta libertad de actuación, la cual utilizaban para mejorar la calidad de su vida en todos sus aspectos. Hetairas y qiya
n gustaban de la ostentación y la perseguían fervientemente. En el caso de las qiya
n, es interesante el hecho de que, aun siendo esclavas, poseían una serie de bie-nes los cuales seguían manteniendo en el caso de ser vendidas o regaladas. Entre esos bienes, los más mencionados en las fuentes son sus vestidos, joyas y esclavos, aun-que también se puede deducir aun-que poseían dinero, puesto aun-que muchas de ellas reci-bían un sueldo.Por lo que respecta a las hetairas más destacadas, los altos precios que ellas mis-mas asignaban a su compañía son legendarios. En las fuentes hay una insistencia en su ansia de enriquecimiento pero también en los contrastes que podían caracterizar su situación económica a lo largo de su vida: su condición humilde durante su infan-cia y primera juventud, su posterior enriquecimiento mediante el hetairein y, en mu-chas ocasiones, su vejez transcurrida en la más absoluta ruina.
La imagen rebajada de la hetaira envejecida y empobrecida no tiene una equiva-lencia en el mundo de las qiy
a
n, puesto que estas últimas, cuando envejecían, o se mencionaban como maestras de las distintas disciplinas artísticas que dominaban o, simplemente, pasaban a un segundo plano y no se mencionaban más, pero en ningún caso se las caricaturizaba por viejas. Otro motivo por el que tanto hetairas como qiya
n podían llegar a ocupar un lugar en las fuentes, independientemente de la ima-gen brillante de su juventud, es su condición de madres, sobre todo cuando sus hijos son fruto de su relación con hombres distinguidos.Concluyendo, se podría decir que, aunque parece innegable que las prestaciones de hetairas y qiy
a
n se adaptaban a las necesidades de una sociedad androcrática, eso no significa que ellas no tuvieran conciencia de su valor y que de ese valor no inten-taran sacar el mayor provecho. Tanto unas como otras, dentro de los márgenes de libertad en los que se podían mover, utilizaban todo el conjunto de sus cualidadescomo un aparato de supervivencia, o lo que es más, como un instrumento para abrir camino hacia el más alto bienestar.
4. CONCLUSIONES
Antes de resumir las principales semejanzas y diferencias de hetairas y qiy
a
n, ha-bría que recordar que el presente trabajo se ha basado, fundamentalmente, en las ca-racterísticas de la clase más alta de ambas figuras. Siguiendo esta referencia de sta-tus, sus semejanzas y diferencias podrían resumirse en los siguientes puntos: Las he-tairas eran, la mayoría de las veces, libres o libertas, y se conocen, principalmente, por su condición de prostitutas de lujo, mientras que las qiya
n eran esclavas altamen-te valoradas por sus habilidades en el canto y la música.A pesar de los contrastes que ocurren cuando las dos figuras son presentadas de una manera tan lacónica, en realidad ambas comparten todas las características que se acaban de mencionar por separado, puesto que tanto las hetairas como las qiy
a
n: 1. tenían habilidades artísticas; aunque las de las hetairas sean menos conocidas, 2. disfrutaban de una libertad poco frecuente entre las mujeres de sus respectivas épocas, por muy paradójico que ello suene en el caso de las qiya
n,3. tenían un precio por el que se podían conseguir como entes intelectuales y como amantes.
Examinando, pues, esta cuestión en su esencia, parece que la manera en la que se “prostituían” —en el sentido etimológico de la palabra, es decir, la manera en la que se exponían a la venta— era casi idéntica, pues lo que se vendía tanto de unas como de otras era su atractivo físico combinado con las propiedades intelectuales o/y artís-ticas más exquisitas; y en ambos casos era esa combinación la que atraía al amante-comprador y la que disparaba su valor, o su precio, mejor dicho.
La preparación intelectual de hetairas y qiy
a
n es, quizá, la característica más rele-vante de su personalidad y, posiblemente, la que les otorgaba el protagonismo del que disfrutaban en medio de unos ambientes regidos por la androcracia más absoluta. La intelectualidad de hetairas y qiya
n a la vez que podía ser utilizada como mero complemento de diversión por los hombres de pro, también podía inspirar en ellos los sentimientos más profundos, sobre todo cuando estaba acompañada por un físico privilegiado. Fuera cual fuera el fondo de su relación con los hombres, lo cierto es que sólo a través de esta última podían alcanzar un mayor o menor bienestar.En cuanto a la hipótesis de la posible influencia de la hetaira en la qayna, parece arriesgado sostenerla, a pesar de la gran cantidad de similitudes que hay entre las dos figuras y a pesar de que el mundo al que las qiy
a
n pertenecían recibió una fuerte in-fluencia de la cultura helena. A estas alturas, ya sobra decir que, cuando se habla deuna “influencia de la hetaira en la qayna”, se debe sobrentender que de lo que se trata es de la evolución de la qayna y no de su creación.
Como las qiy
a
n existían ya desde la época preislámica, y como su evolución ya había comenzado desde los primeros años de la era musulmana, cuando llegó la épo-ca abasí —que es en la que se consolidó la influencia griega— la qayna era ya una figura sumamente refinada, de características bastante definidas. Por lo tanto, parece que su evolución siguió, simplemente, el curso de la evolución de la primera socie-dad musulmana, desde unos esquemas tribales y nómadas hasta el refinamiento más absoluto de la vida palaciega, proceso en el que intervinieron diversos factores aparte de la influencia griega.Aun así, siempre se puede conjeturar que, quizá, en un momento dado, en la evo-lución de la qayna influyeron las costumbres helenas, en general, que no necesaria-mente la figura de la hetaira en concreto. Por último, sólo queda expresar la esperan-za de que el contenido de estas últimas líneas no anule el interés del presente trabajo; y es que, en el desarrollo del conocimiento humano, la conjetura y la hipótesis han sido siempre más creativas que la certeza.
Figura 1. Escena de symposion: Aulétrida entreteniendo con su música a un comensal
desnuda la hetaira Frine
Figura 4. Cabeza de la famosa hetaira Aspasia de Mileto, compañera de Pericles, quien tuvo una gran influencia en loscírculos políticos y filosóficos de la Atenas clásica
Figura 5. Escena de danza: hetaira bailando al son del aulos
Recibido: 17/03/2010 Aceptado: 23/06/2010