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El rol de la testosterona en la toma de decisiones riesgosas

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(1)

Universidad de los Andes

Facultad de Ciencias Sociales

Departamento de Psicología

EL ROL DE LA TESTOSTERONA EN LA TOMA DE DECISIONES RIESGOSAS

Trabajo de grado para optar al título de

Psicólogo

Christian Camilo García López

Bajo la dirección de William Jiménez

(2)

Tabla de contenido

Introducción ... 3

Toma de decisiones ... 4

Factores determinantes del riesgo ... 8

Testosterona y riesgo ... 14

Metodología ... 19

Participantes ... 19

Medidas ... 20

Medición de riesgo ... 20

Medición de la percepción y actitud hacia el riesgo ... 20

Medición de la proporción 2D:4D ... 21

Procedimiento ... 22

Resultados ... 23

Hipótesis 1 ... 23

Hipótesis 2 ... 26

Hipótesis 3 ... 27

Hipótesis 4 ... 29

Discusión de los resultados ... 30

Conclusiones ... 31

Referencias ... 32

Anexo 1. Lista de tablas ... 35

Anexo 2. Lista de figuras ... 36

(3)

Introducción.

Todos estamos familiarizados con la toma de decisiones, es algo que realizamos a

diario. También tenemos familiaridad con las dificultades que se nos presentan en este

proceso: algunas decisiones son más difíciles que otras, y algunas decisiones entrañan más

riesgos que otras. A pesar de esta familiaridad, la caracterización sistemática de los factores

que diferencian las decisiones riesgosas de las no riesgosas, escapa todavía una definición

precisa (Hastie, 2001). Los esfuerzos en este sentido se han enmarcado en el estudio de la

toma de decisiones desde la economía, lo que ha implicado un énfasis en las consecuencias

financieras y en la caracterización probabilística de las decisiones. En este contexto, la

investigación en psicología tiene aún mucho por hacer. En primer lugar, brindar una

caracterización de riesgo que haga justicia al carácter multidimensional de este constructo

(Weber, Blais, y Betz, 2002). En segundo lugar, a partir de reconocer nuestra naturaleza

biológica, determinar cuáles son los factores biológicos que tienen una influencia

significativa en la toma de decisiones. Por último, la psicología está llamada a ligar los dos

elementos anteriores, es decir, a describir y explicar cuál es la relación entre los

determinantes biológicos de la toma decisiones en el caso en que estás implican riesgo.

El presente trabajo presenta una contribución en este sentido. El objetivo general es

determinar la relación entre los niveles de testosterona y la toma de decisiones bajo riesgo.

Existen numerosas investigaciones acerca de esta relación (Apiacella, y otros, 2008; Coates

& Herbert, 2008; Garbarino, Slonim, & Sydnor, 2010; Sapienza, Zingales, & Maestriperi,

2009) pero los resultados que han arrojado son contradictorios. Mientras, Garbarino,

Slonim y Syndor (2010) encuentran que las personas que se ubican en los extremos de los

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otro lado, Sapienza, Zingales y Maestriperi (2009) descubrieron que los niveles de

testosterona prenatal se encuentran correlacionados negativamente con la toma de

decisiones riesgosas. Una de las posibles razones para este desacuerdo puede deberse al tipo de operacionalización de “riesgo” en estas investigaciones, ligado a la caracterización

del espacio probabilístico de la decisión. En el presente trabajo se indagará por la

verisimilitud de tal hipótesis, y se presentará una forma alternativa de investigar la relación

entre testosterona y toma de decisiones, a saber, utilizando una tarea que no ha sido

utilizada antes en este contexto (Columbia Card Task), que consideramos permite capturar

mejor la idea de riesgo.

La introducción al trabajo experimental está dividida en cuatro partes. En la primera

se presentan las nociones básicas de toma de decisiones desde la economía, así como la

noción de riesgo implicada allí. En la segunda, se presentan los factores que tienen efectos

documentados sobre la toma de decisiones con riesgo, haciendo especial énfasis en los

hallazgos sobre testosterona. En la tercera parte de esta sección se presenta además un

análisis crítico de esta evidencia que permitirá identificar los problemas metodológicos que

se han presentado en trabajos anteriores y por qué el uso del Columbia Card Task y de la

escala DOSPERT pueden ser una mejor opción para evaluar riesgo. Por último se

plantearán las hipótesis de la presente investigación.

Toma de decisiones.

Tradicionalmente, la toma de decisiones se puede dividir en tres grandes tipos

(Hastie, 2001). Puede tratarse de una decisión sin riesgo, en la cual se conocen las opciones

(5)

general la persona escogerá la opción que le genere más placer o menos castigos, según su

conocimiento y experiencias previas. Por ejemplo, si la persona tiene sed y sus opciones

son agua o un café caliente, la persona preferirá el agua, que es por lo general y según sus

experiencias previas lo que le quitará la sed. Por otro lado, tenemos las decisiones con

riesgo, en las cuales a pesar de conocerse los posibles resultados, no existe certidumbre de

su ocurrencia, que puede darse con una cierta probabilidad conocida de antemano. Por

ejemplo, en el caso de jugar cara o sello por un premio de 50,000 pesos, usted sabría que la

probabilidad de ganar es de 1/2. Ahora considere un juego alternativo; puede ganar 50,000

pesos si logra sacar el as de picas en un solo intento; en este caso la probabilidad de que

esto ocurra es de 1/52. Si usted tuviera que escoger entre ambos juegos, seguramente

escogería el primero, pues la probabilidad de ganar es más alta, es decir, es una decisión

con menor riesgo que la del juego de la baraja. Por último, se encuentran las decisiones

bajo incertidumbre, las cuales como su nombre lo indica se debe a que no se conoce la

distribución probabilística de los posibles resultados, debido a que existen variables

externas que lo hacen impredecible; sin embargo se puede ir accediendo a un posible

resultado a medida que se va recogiendo información (Weber & Johnson, 2009). Por

ejemplo, se podría tener un estimativo del valor de las acciones de Ecopetrol para el día

viernes, pero no el valor exacto que vayan a tener.

La investigación de toma de decisiones bajo riesgo, ha sido abordada

principalmente desde el punto de vista económico. Una teoría sobre la toma de decisiones

bajo riesgo, la cual sale desde la perspectiva económica, es la teoría del valor esperado

(VE), la cual consiste en la media de los posibles resultados ponderada por su respectiva

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promedio. Por ejemplo, si la persona tiene la opción de ganar 10,000 pesos de forma segura

o ganar 50,000 pesos con una probabilidad esperada de 1 a 3. Según la VE, la persona

optará por la segunda opción ya que el valor esperado de esta es de 16,666 (50,0003 ≈ 16,666) comparado con los 10,000 de la primera opción. La segunda teoría, es la teoría de

la utilidad esperada (UE), la cual se refiere a que las personas tienden a escoger la opción

que más beneficios le genere. Tomando el ejemplo anterior, una persona que se guiara por

la UE escogería los 10,000 pesos, ya que los podría ganar de forma segura. Siguiendo este

modelo de investigación, una persona adversa al riesgo escogería la opción de los 10,000

pesos seguros en vez de arriesgarse por los 50,000 en una apuesta, ya que obtendría un

beneficio pequeño, pero de forma segura (Weber, Blais, y Betz, 2002).

Por supuesto, esta noción de riesgo es muy restringida y no captura aquello que

intuitivamente se entiende por riesgo. Desde el punto de vista psicológico, el riesgo se ha

concebido como un constructo más complejo que el desempeño de una persona frente a

tareas de apuesta o de inversión. Weber, Blais y Betz (2002) han identificado tres

componentes del riesgo y cinco dimensiones en las que se puede presentar el riesgo.

El primer componente del riesgo es la actitud que tenga la persona hacia éste. Es

decir, si llega a participar en una actividad riesgosa o no. Por ejemplo, si se le pregunta a

una persona si sería capaz de apostar su salario diario en un casino; si la persona, presenta

una actitud negativa hacia el riesgo no llevaría a cabo esa acción; pero una persona, con una

actitud positiva hacia el riesgo en efecto participaría en esta. El segundo componente,

consiste en la percepción que tenga la persona respecto al riesgo. En otras palabras, si la

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mencionado, una persona con una alta sensibilidad al riesgo, diría que la situación es muy

riesgosa. Por el contrario, si presentara una baja sensibilidad hacia el riesgo, la persona no

consideraría que esa acción sea riesgosa. El tercer componente del riesgo, hace referencias

a las posibles ganancias que podría obtener en determinada situación; teniendo en cuenta el

ejemplo anterior una persona podría considerar si una situación es riesgosa o no por los

posibles beneficios que le traería realizar dicha acción. Entonces, una persona con una

sensibilidad al riesgo mayor, podría no participar en una situación si considera que el riesgo

percibido no alcanza a sopesar los posibles beneficios de esta. Por el contrario, una persona

con una baja sensibilidad al riesgo, participa activamente en esa situación si considera que

le puede traer mayores beneficios. Esto genera: una correlación positiva entre la actitud

hacia el riesgo y los posibles beneficios, una correlación negativa entre la percepción y

actitud hacia el riesgo y una correlación negativa entre la percepción del riesgo y los

posibles beneficios (se muestra un resumen de la información en la tabla 1). Por ejemplo,

una persona adversa al riesgo presentaría una alta sensibilidad, una actitud negativa al

riesgo y considera que tendría pocos o ningún beneficio, por lo que sería menos propensa a

involucrarse en situaciones riesgosas. Por otro lado, una persona que sea predispuesta al

riesgo tendría una baja sensibilidad y una actitud positiva hacia el riesgo y pensaría que el

participar en una situación riesgosa le puede traer muchos beneficios, por lo que se vería

más atraída a participar de situaciones riesgosas (Weber, Blais, y Betz, 2002 ; Blais y

Weber, 2006; Weber & Johnson, 2009).

Weber y otros (2002) identifican, además, cinco dimensiones de la vida cotidiana en

las que el riesgo se presenta: recreativa, de salud/seguridad, ética, social y económica (la

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hacia el riesgo en estas cinco dimensiones Weber y colaboradores crearon la escala

DOSPERT (Weber, Blais, & Betz, 2002): Algunos ítems de muestra de la escala se

muestran en la tabla 2. Durante la validación de la prueba encontraron que por lo general

los hombres tienden a ser menos adversos al riesgo en los dominios económicos,

recreativos, salud/seguridad y ético, es decir presentan una baja sensibilización y una

actitud positiva hacia el riesgo. Por otro lado las mujeres parecen presentar una menor

aversión al riesgo en el dominio social (Weber, Blais, y Betz, 2002).

Tabla 1.

Resumen de los componentes del riesgo por tipo de persona.

Tipo de persona Componente del riesgo

Persona adversa al

riesgo Persona riesgosa

Actitud Negativa Positiva

Percepción Alta sensibilidad Baja sensibilidad

Posibles beneficios

Pocos o ningún

beneficio Muchos beneficios

Existe un fuerte contraste entre la concepción económica y la psicológica del riesgo.

Mientras la primera, se centra únicamente en la toma de las decisiones riesgosas frente a un

contexto económico, usando principalmente tareas de inversión, la segunda, trata de

abordar otros contextos presentes en la vida cotidiana de las personas, además de evaluar la

percepción y la actitud hacia los eventos riesgosos.

Factores determinantes del riesgo.

Tanto la percepción al riesgo como la toma de decisiones riesgosas se encuentran

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ejemplo, existen factores psicologicos como la presencia de un trastorno de ansiedad

generalizado o el estado de ánimo del participante. Mueller, Nguyen, Ray y Borkoveck

(2010) tomaron 47 participantes, 20 participantes en su grupo control y 27 personas con

trastorno de ansiedad generalizado. Se les pidió a los participantes recaudar la mayor

cantidad de dinero en el test de IOWA y en un IOWA invertido (el cual en vez de presentar

ganacias constantes y perdidas de vez en cuando, presentaban perdidas constantes y

ganacias ocasionalmente). Se encontró que las personas que presentaban un transtorno de

ansiedad generalizado, tuvieron un aprendizaje mas rápido de cuáles eran las barajas mas

seguras, comparado con el grupo control, tanto para el test de IOWA como para el test de

IOWA invertido. De igual manera, las personas con trastorno de ansiedad generalizado

tuvieron un mejor desempeño y escogían más cartas de las barajas ventajosas para ambos

test comparado con el grupo control. Lo que lleva a la conclusión de que las personas con

trastorno de ansiedad generalizado, parecen estar motivadas más por las ganacias a largo

plazo que por mitigar las perdidas de corto plazo.

La edad parece ser un determinante clave de la actitud que tenga la persona frente a

situaciones de riesgo. Figner, Weber, Mackinlay y Wilkening (2009) encontraron que las

personas entre los 17 y 21 años de edad parecen presentar una mayor inclinación hacia el

riesgo que personas de mayor o menor edad. Esto se ve reflejado en las conductas

riesgosas, que pueden empezar en la adolescencia, como por ejemplo tabaquismo, consumo

de sustancias psicotrópicas, conductas recreativas riesgosas (manejar de forma imprudente),

conductas sexuales riesgosas o verse involucrado en situaciones violentas (Steinberg,

2008). Que estas conductas riesgosas se vean incrementadas principalmente en la

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hormonas sexuales, como la testosterona, las cuales comienzan su pico de producción

durante la pubertad y van modificando la conducta de la persona en diferentes entornos

sociales (Steinberg, 2008). Segundo, es la falta de desarrollo del córtex prefrontal, el cual

sirve como un control comportamental y emocional, el cual termina su proceso de

desarrollo entre los 18 y los 21 años de edad (Sisk y Zehr, 2005).

Tabla 2.

Ítems de muestra de la escala DOSPERT

Dimensión Ítems de muestra

Social

Recreación

Salud/seguridad

Ética

Económica (apuesta)

Económica (inversión)

Admitir que tus gustos son diferentes a los de tus amigos.

Acampar en un lugar desierto, lejos de la civilización.

Tener relaciones sexuales sin usar condón.

Presentar el trabajo de otra persona como si fuera tuyo.

Apostar el sueldo de un día en el resultado de un deporte (fútbol, baloncesto etc.).

Invertir el 5% de tu salario anual en la bolsa de valores donde hay riesgo (puedes ganar o perder más del 30% de la inversión).

Nota: los ítems son evaluados en una escala Likert de 1 a 7, y dependiendo de la dimensión que se está preguntando se cambia la escala de medición.

Otro factor es el género. Se ha encontrado que los hombres son más propensos a

realizar conductas riesgosas que las mujeres. Por ejemplo, Stanton y Liening (2011)

encontraron que las mujeres tienden a ser más adversas al riesgo en el test de IOWA. Al

igual, Sapienza, Zingales y Maestripieri (2009) encontraron que los hombres tienden a

tomar más decisiones riesgosas que las mujeres en una tarea de apuesta. El que los hombres

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especies animales, los machos compiten entre sí para llamar la atención de las hembras,

esto puede llevar a la realización de conductas más notorias o arriesgadas (luchar contra el

macho alfa de una manada) para mostrar sus capacidades con el fin de reproducirse (Ronay

& Hippel, 2010).

Como se dijo, los hombres tienden a tomar más decisiones riesgosas que las

mujeres, especialmente durante la adolescencia. Estas conductas pueden ser debidas a

factores biológicos, los niveles de testosterona y la actividad de ciertas regiones corticales

(especialmente el córtex prefrontal). La testosterona, la cual es una hormona esteroidea de

la familia de los andrógenos, producida en ambos sexos, aunque se produce en mayor

cantidad en el hombre que en la mujer (Apiacella, Dreber, Campbell, Gray, Hoffman y

Little, 2008). Existen varias conductas influenciadas por la testosterona. Por ejemplo, la

conducta reproductiva, la agresión, la conducta dominante, la competitividad, entre otras

(Apiacella, y otros, 2008; Coates & Herbert, 2008; Figner, Weber, Mackinlay, &

Wilkening, 2009; Garbarino, Slonim, & Sydnor, 2010; Ronay & Hippel, 2010; Sapienza,

Zingales, & Maestriperi, 2009; Stanton, Liening, & Schultheiss, 2011; Stanton, y otros,

2011).

La testosterona se presenta en el ser humano de dos formas básicas: De manera

activacional y organizacional. La testosterona activacional (TA), corresponde a los niveles

de testosterona endógena que presenta la persona en su cuerpo y la cual modifica la

actividad de ciertas células encefálicas para facilitar el comportamiento de la persona en

diferentes contextos sociales, aunque no sean perdurables y su actividad sea casi inmediata

(Garbarino, Slonim, & Sydnor, 2010; Sisk & Zehr, 2005). Estos niveles de testosterona

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pareja sexual, ganar en una competencia (estos dos aumentan los niveles de TA; Coates &

Herbert, 2008; Ronay & Hippel, 2010); el tener hijos disminuye los valores de TA, tanto en

hombres como en mujeres (Gray, Kahlenberg, Barrett, Lipson, & Ellison, 2002; Barrett, y

otros, 2013). De igual forma, el estar en una relacion afectiva, ya sea formal o informal,

disminuyen los niveles de testosterona en los hombres (Burnham, y otros, 2003). Estos

valores de TA también se pueden ver afectados por el tiempo en el que se evalué, por

ejemplo, se pueden ver afectados por los ritmos circadianos o circanuales o debido a los

cambios hormonales producidos durante el ciclo menstrual en las mujeres (Maes, y otros,

1997; Barrett, y otros, 2013). Por otro lado, se encuentra la testosterona organizacional

(TO), la cual hace referencia a los niveles de testosterona que presenta la madre durante su

periodo gestacional, la cual está modificando el desarrollo del cuerpo y del Sistema

Nervioso Central (SNC) de la cría de forma permanente (Garbarino, Slonim, & Sydnor,

2010; Sisk & Zehr, 2005).

La TA parece inhibir zonas del corteza cerebral asociadas al autocontrol,

específicamente en el córtex ventral medial del prefrontal (CVMPF) la cual está

involucrada en el procesamiento de las recompensas y castigos; al igual que actúa en la

formación de una retroalimentación somato sensorial, lo que ayuda en el proceso de

aprendizaje para la evitación de castigos (Bechara, Damasio, Damasio, & Anderson, 1994;

Ronay & Hippel, 2010). Otra área cerebral, que al parecer, se inhibe por medio de la acción

de la TA es la corteza orbitofrontal (COF). Cuando esta corteza presenta una baja actividad,

se encuentran conductas relacionadas con una búsqueda de recompensas mayores y una

menor sensibilidad a los castigos (Stanton, Liening, & Schultheiss, 2011). De igual forma

(13)

límbico y la COF, lo que finalmente conlleva a una baja actividad de la COF (Stanton,

Liening, & Schultheiss, 2011).

La TO modifica la estructura del cuerpo y del SNC; estos cambios corporales se

pueden evidenciar en la diferencia entre las longitudes del segundo y del cuarto dedo de las

manos, conocido como la proporción 2D:4D. Debido a que durante el embarazo estos

dedos presentan receptores para estrógenos y testosterona, al igual que las bases genéticas

que comparten los miembros distales y el aparato urogenital (Lutchmaya, Baron-Cohen,

Raggatt, Knickmeyer, & Manning, 2004; Bailey & Hurd, Finger, 2005). Cuando la

proporción entre el segundo (índice) y cuarto dedo (anular) es cercana o mayor a 1, se

asume que durante el período de desarrollo intrauterino de la persona existieron niveles más

altos de estrógenos que de testosterona. Se ha documentado, que en hombres con una muy

baja proporción de 2D:4D, es decir que durante su periodo gestacional estuvieron expuestos

a altos niveles de testosterona, presentan un buen desempeño en tareas visuoespaciales,

exhiben buena habilidad atlética, mayor agresión (Bailey & Hurd, Finger, 2005) y

dominancia (Bailey & Hurd, Finger length ratio (2D:4D) correlates with physical

aggression in men but not in women, 2005; Brañas-Garza & Rustichini, 2011); también se

ha encontrado cierta relación entre trastorno por déficit de atención e hiperactividad con

una baja proporción 2D:4D en varones (Martel, Gobrogge, Breedlove, & Nigg, 2008). Por

otro lado personas con una alta proporción de 2D:4D, es decir que durante su periodo

gestacional estuvieron expuestas a bajos niveles de testosterona, pueden presentar una

fluidez verbal mayor y problemas emocionales (Lutchmaya et.al, 2004). La TO también

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hipotálamo, del tálamo y en áreas cerebrales, principalmente del córtex prefrontal (Purves,

Augustine, Fitzpatrick, Hall, Lamantia, McNamara y Williams, 2004).

A pesar de que la relación entre testosterona (tanto activacional como

organizacional) y riesgo se ha estudiado intensamente en los últimos años, no existe un

consenso definido acerca de la relación entre ambas. De hecho la evidencia es

contradictoria y diversa. A continuación se presentarán algunos de los trabajo más

relevantes en esta área y se discutirán sus resultados.

Testosterona y riesgo.

La TA actúa casi que de forma inmediata sobre el comportamiento de las personas,

en ciertos escenarios. Cuando los niveles de TA se ven aumentados significativamente, el

desempeño en una determinada tarea (montar patineta) en hombres heterosexuales se ve

mejorada ante la presencia de una mujer atractiva, comparado cuando tienen en frente a un

hombre, pero también aumenta la toma de decisiones riesgosas (maniobras riesgosas en la

patineta), de igual forma la actividad en el CVMPF se ve disminuida. Esto se debe, a que

ante la presencia de una mujer atractiva, los hombres van a mostrar más habilidades

atléticas para aumentar sus posibilidades de apareamiento (Ronay & Hippel, 2010). De

igual forma, cuando un deportista gana una competencia sus niveles de testosterona

endógena aumentan, lo que genera un aumento en su autoconfianza, por lo que en la

próxima competencia probablemente estará más motivado y tomará más riesgos para

lograrlo y si llegará a ganar de igual forma sus niveles de testosterona endógena seguirían aumentando; esto es conocido como el “efecto del ganador”. Para comprobar este efecto

(15)

monitorearon durante 8 días consecutivos de trabajo. Descubrieron que en los días en los

que los corredores de bolsa presentaban sus niveles de TA más altos, presentaban niveles

de ganancias mayores comparados con otros días, aunque, es claro que no es posible

establecer una relación causal Apiacella y otros. (2008), en una tarea de inversión,

encontraron una relación positiva entre los niveles de TA y riesgo, donde los hombres con

altos niveles de TA tienden a ser más arriesgados en una tarea de inversión monetaria, la

cual consistía en darles $250 a los participantes y ellos tenían que invertir la cantidad de

dinero que quisieran; si la inversión salía negativa perdían la cantidad invertida, pero, si

llegaban a ganar se les multiplicaba la inversión inicial que hubieran realizado por 2,5. Es

necesario resaltar, que aquellos participantes que invirtieron todos los $250 presentaban

niveles de TA significativamente más elevados que los otros participantes.

En otro experimento realizado por Sapienza, Zingales y Maestripieri (2009), en el

cual estos autores compararon los niveles de TA en hombres y en mujeres en una tarea de

apuesta, encontraron que las mujeres tienden a ser más aversivas al riesgo que los hombres.

Aunque, sus resultados arrojaron una correlación negativa entre TA y aversión al riesgo

para hombres y mujeres, lo que quiere decir, que entre más niveles de TA presentara la

persona, más propensa es a tomar decisiones riesgosas.

Por otro lado, también se ha observado que las personas cuyos niveles de TA se

encuentran en los extremos positivos y negativos tienden a ser neutras ante el riesgo

(Stanton y otros, 2011); mientras que participantes cuyos valores de TA se encuentran

cercanos a los valores medios, tienden a ser adversos al riesgo; usando una tarea de

preferencia de riesgo y otra de preferencia frente a la ambigüedad. La primera tarea

(16)

presentaba una ganancia segura y la otra opción presentaba otra ganancia aunque tenía una

probabilidad de 25%, 50% o 75% de llevarse esa ganancia o de no llevársela. En la segunda

tarea, de preferencia de ambigüedad, consistía en 35 ensayos, en los que se le presentaban

al participante 2 opciones para su elección, una opción presentaba una ganancia segura y la

otra opción tenía una ganancia, pero no se sabía la probabilidad de ganar o de perder al

elegir esa opción (Stanton y otros, 2011).

La relación entre la TO y la toma de decisiones riesgosas al igual que la de TA es

todavía incierta. Por un lado Garbarino, Slonim y Syndor (2011) evaluaron cómo la toma

de decisiones riesgosas, usando una tarea de lotería, se veía relacionada con la proporción

2D:4D en 152 participantes. Observaron que al comparar la proporción 2D:4D entre

hombres y mujeres, las personas tendían a presentar una menor aversión al riesgo cuando se

encontraban en los extremos de los valores de 2D:4D. Por otro lado, en un experimento

realizado por Sapienza, Zingales y Maestripieri (2009) se encontró una correlación positiva,

pero no significativa, entre los valores de la proporción de 2D:4D y la aversión al riesgo en

una tarea de lotería, aunque cuando se analizó por sexos se encontró que solo para las

mujeres existía una relación significativa. Por el contrario, Apiacella y otros (2008), no

encontraron una correlación significativa entre la proporción 2D:4D, de ambas manos, y

riesgo en una tarea de inversión (descrita anteriormente), en hombres.

La revisión de la literatura no permite tener una conclusión firme respecto al papel

que tiene la testosterona en la toma de decisiones riesgosas. Mientras unos autores exponen

una relación entre estas dos de forma positiva, otros sostienen que es inexistente o no

(17)

Esta discrepancia entre los resultados puede ser debido a varios factores. Primero,

en los experimentos realizados en toma de decisiones bajo riesgo, solo se ha tenido en

cuenta la dimensión económica del riesgo, ya sea en apuesta o en inversión. Segundo, por

lo general durante estos experimentos no se tiene en cuenta factores externos, diferentes a

los niveles de testosterona, que pueden afectar la toma de decisiones, como la edad y la

presencia de trastornos psicológicos. Tercero, las tareas utilizadas para medir riesgo, en los

experimentos de Coates y Herbert (2008) y Apiacella y otros (2008), aunque efectivas,

están siendo afectadas por otras variables externas, como lo es el movimiento del mercado,

no sólo local sino también mundial y variables personales a la hora de realizar la tarea (e.g.

montar patineta) respectivamente, de igual forma estos experimentos sólo presentan una

relación entre testosterona y riesgo para los hombres. Por otra parte, aunque las tareas en

los experimentos de Stanton y otros (2011), Sapienza, Zingales y Maestripieri (2009) y

Garbarino, Slonim y Syndor (2011) sean más fáciles de operacionalizar, no se sabe con

certeza en qué medida sirvan para medir riesgo en la vida diaria, ya que las opciones en este

tipo de tareas de apuestas no les brinda a los participantes demasiada información para

tomar una decisión y algunas pueden presentarse de forma sesgada.

El presente estudio, se centra en uno de los problemas que puede estar ocasionando

la discrepancia entre los resultados de testosterona y riesgo: la tarea que permite la

operacionalización del riesgo. En este estudio planteamos el uso del Columbia Card Task

(CCT), una tarea que permite capturar algunas características de la toma de decisiones bajo

riesgo en la vida diaria, sin renunciar a una metodología de registro y observación estricta.

El CCT consta de 24 sesiones y con 32 cartas por sesión, donde unas cartas dan ganancia y

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ganancias y pérdidas van cambiando en cada sesión. Esta tarea se puede presentar de dos

modalidades, la versión fría y la versión caliente. En la versión fría, los participantes no

eligen una a una las cartas, sino que se les presenta una fila con números de 1 a 32, en la

que el participante elige cuántas cartas desea, pero el programa elige estas cartas. Por

ejemplo, le da click en el botón de 10 (eso quiere decir que en esa ronda voltearía 10

cartas), puede resultar todas en ganancia o la quinta carta sale en pérdida y no se cuentan

las otras 5. En la versión caliente, el participante elige una a una la carta y decide si quiere

o no parar. La principal diferencia entre estas dos versiones son las respuestas emocionales

que se puedan presentar al escoger las cartas: en la versión caliente se tiene una

retroalimentación emocional a la hora de escoger una carta positiva o negativa, al igual que

ver su resultado a medida que va eligiendo cartas; lo que no pasa con la versión fría ya que

el participante ve sus resultados una vez a terminado el experimento. Este aspecto es clave

para representar de forma adecuada lo que pasa en la vida diaria. Al cambiar la cantidad de

cartas negativas, las pérdidas que se pueden presentar y las posibles ganancias, al elegir una

carta va aumentando las probabilidades de elegir una carta negativa, pero a la vez de

aumentar sus niveles de ganancia. Entonces, el número de cartas elegidas por los

participantes puede ser un indicador de toma de decisiones riesgosas dependiendo de los

factores mencionados anteriormente. La versión caliente de esta tarea podría solucionar el

problema de la falta de información que existe en las tareas de apuesta o de riesgo, ya que

el participante sabrá cuantas cartas negativas están presentes, sus posibles pérdidas y

ganancias, además de parar la partida si decide hacerlo (Figner, Weber, Mackinlay, &

(19)

En el presente estudio, se espera encontrar una relación positiva entre los niveles de

testosterona y riesgo, medida mediante el CCT. Se espera que las personas, tanto hombres

como mujeres, con altos niveles de TO, escojan más cartas en el CCT. A sí mismo, se

espera que aquellas personas con una proporción 2D:4D menor, presenten una mayor

actitud frente al riesgo en el DOSPERT. De igual forma, se espera que los hombres

presenten una actitud positiva y una percepción menor del riesgo en la escala DOSPERT

para las dimensiones de salud/seguridad, recreacional, ética y económica, y que las mujeres

puntúen más alto, para estas escalas, en la dimensión social del riesgo. Por último, se espera

que las personas que se encontraban en una relación emocional, a la hora de realizar el

experimento, hayan escogido un menor número de cartas en el CCT.

Metodología.

Participantes.

Para calcular la muestra a usar y obtener un poder estadístico mínimo de 0.9 se

realizó un análisis de los trabajos realizados por Garbarino, Slonim y Syndor (2010);

Figner, Weber, Mackinlay, Wilkening (2009) y Stanton, Liening y Schultheiss (2011). Con

base en esto se concluyó que la muestra mínima a usar para obtener un poder estadístico de

0.9 era de 90 participantes. La muestra final estuvo conformada por 99 participantes (49

hombres y 50 mujeres), todos estudiantes de la Universidad de los Andes entre los 20 y los

25 años de edad (M= 21.67: DS=1.47). Se buscó voluntarios para el experimento por

medio de charlas informativas en clases y por otros medios (redes sociales, charlas

(20)

Medidas.

Medición de riesgo.

Para medir el nivel de riesgo de los participantes, se usó la versión caliente del

Columbia Card Task (CCT), esta tarea creada por Figner, Mackinlay, Wilkening y Weber

(2009) consiste en 24 sesiones y en cada sesión el participante encuentra con 32 cartas,

organizadas en una cuadricula de 4x8, las cuales se dividen en dos, las buenas que al ser

elegidas dan ganancias (10 o 30 puntos) y las negativas (1 o 3) las cuales al ser elegidas le

produce al participante perdidas (250 o 750 puntos) además de parar la sesión. Entre cada

sesión se va cambiando las ganancias, el número de cartas negativas y las posibles pérdidas.

Al finalizar las 24 sesiones se le presentan al participante tres tablas que muestran sus

puntajes obtenidos en cada sesión y tres botones que van pasando los números de la sesión

de forma aleatoria y rápida, al darle click en un botón muestra una sesión y dependiendo

del puntaje del participante se le paga el total de lo recogido en las tres rondas

seleccionadas. Normalmente las medidas que se toman son: el número de cartas elegidas en

cada ronda, si la persona decidió parar la ronda o por el contrario escogió una carta

negativa, el pago en cada ronda y el posible pago en la totalidad de la tarea (Ver figura 1).

El acceso a la tarea se hizo mediante la web, en

https://vlab.decisionsciences.columbia.edu/collaboration/cct_hosted/admin/login.php.

Medición de la percepción y actitud hacia el riesgo.

Para obtener una escala base de la percepción y la actitud hacia el riesgo se usó la

escala DOSPERT creada por Weber, Blais y Betz (2002), la cual mide la percepción, la

(21)

cinco diferentes dominios: salud/seguridad, recreacional, ética, social y económica

(dividida a su vez en apuesta e inversión). La escala se compone de 30 preguntas en escala

de Likert de 1 a 7. Seis preguntas hacen alusión a la dimensión social, seis preguntas miden

la dimensión ética, seis miden la dimensión recreacional, seis a la dimensión

salud/seguridad y la dimensión económica es evaluada en seis preguntas, tres miden la

dimensión económica ligada a las apuestas y tres miden la parte de inversión económica. Se

hizo uso de una traducción usada recientemente en una investigación sobre percepción de

riesgo en adolescentes (Blais & Weber, 2006).

Figura 1. Imagen de la versión caliente del CCT”

Medición de la proporción 2D:4D .

Para tener una medida exacta de la longitud de los dedos, se le pidió a los

participantes que se quitaran los anillos y demás artículos externos en sus dedos y colocaran

sus manos completamente apoyadas sobre un scanner, con los últimos cuatro dedos

(22)

por DeBruine (2004) se calcula la proporción 2D:4D. Se calculó la longitud del segundo y

del cuarto dedo de ambas manos, desde el pliegue proximal (aproximadamente a la altura

de la parte más distal del metacarpo) hasta la punta de estos (Ver figura 2).

Figura 2. Ejemplo de manos escaneada. Las líneas muestran como se realizó la medición de la proporción 2D:4D”

Procedimiento.

El procedimiento se realizó de forma individual. Primero, se les explicaba de

manera verbal en qué consistía su participación en la investigación. Una vez dicho esto, se

les entregaba dos copias del consentimiento informado, una la firmaban y la devolvían (la

cual era firmada posteriormente por el investigador a cargo). Posteriormente, se registraba

la longitud de sus dedos con el scanner, una mano a la vez. Después, se les presentaba el

DOSPERT y se les explicaba que las primeras 10 preguntas eran para obtener datos

demográficos y otros datos que pudieran servir para la investigación; y que las 30 preguntas

en cada hoja eran iguales, lo que cambiaba era la escala de medición (actitud y percepción). MANO DERECHA MANO IZQUIERDA

D4 D2 D2 D4 LONGITUD

(23)

Una vez terminado el DOSPERT, se les explicó el CCT y se les dijo que dependiendo de su

puntaje en esa actividad se les iba a dar una recompensa (e.g. un dulce).

Resultados.

La exposición de los resultados se realiza mediante un examen sistemático de las

hipótesis, apoyado por los análisis estadísticos correspondientes.

Hipótesis 1.

Con el fin de establecer si los niveles de TO influyen en la cantidad de cartas

elegidas en el CCT, se realizaron tres tipo de análisis: regresión lineal, correlación bilateral

y análisis de varianza de un factor intersujetos (agrupando los valores de la proporción

2D:4D en 4 grupos); para todos los análisis se realizaron tres pruebas: una con ambos sexos

y otras dos diferenciando por sexos. Tomando el promedio de la proporción 2D:4D de

ambas manos, como la variable independiente, y el promedio de elección de cartas en el

CCT, como variable dependiente. Los análisis estadísticos se realizaron con un nivel de

significancia de 0.05.

Los resultados con regresión lineal, no muestran una relación clara entre riesgo y

testosterona cuando se incluyeron ambos sexos β=-0.17; t(98)=-1.067; p=0.868 con un 𝑅2 < 0.01. Cuando se realizó el mismo análisis, únicamente para las mujeres se encontró que el 𝑅2 al ser de 0.073 explicaría solo el 7% de la variabilidad y no es estadísticamente significativo, aunque se presenta una relación positiva β=0.270; t(49)=1.942; p=0.058.

Para los hombres, se encontró una relación negativa, aunque los resultados no fueran

(24)

elección de cartas β=-0.232; t(48)=-1.633; p=0.109; la proporción 2D:4D solo predice el 5% de la variabilidad para la elección de cartas para este sexo con un 𝑅2 de 0.054.

Al analizar las variables descritas anteriormente, por medio de correlaciones

bilaterales, se encontró que para el total de los participantes no se presentó una correlación

significativa (rs= -0.30; p=0.768). Cuando se analizaron los datos únicamente de las

mujeres, se encontró una correlación positiva estadísticamente significativa (rs(48)= 0.299;

p=0.035). Por otro lado, los hombres presentaron una correlación estadísticamente

significativa de carácter negativo (rs= -0.285; p=0.047). La información de las

correlaciones y de las regresiones lineales se muestra resumida en la Figura 3.

Figura 3. Comparación entre la proporción 2D:4D con el promedio de cartas elegidas en el CCT, discriminado por los sexos”

(25)

Para las ANOVAS, se dividieron a los participantes en 4 grupos (proporción de TO

alta, media alta, media baja y baja) dependiendo de los valores de TO que presentaron: el

primer grupo (proporción alta), estaba conformado por personas cuya proporción de los

dedos estuviera entre 0.890 a 0.929; el total del grupo fue de 14 participantes (4 mujeres y

10 hombres). El segundo grupo (proporción media alta), estaba conformado por 34

participantes (15 mujeres y 19 hombres), la proporción de los dedos estaba entre 0.930 y

0.959. El tercer grupo (proporción media baja), se componía de 25 participantes (15

mujeres y 10 hombres) cuya proporción de los dedos estaba entre 0.960 y 0.989. El último

grupo (proporción baja), estaba conformado por personas cuya proporción de dedos

estuviera entre 0.990 y 1.1; este grupo estaba conformado por un total de 26 participantes

(16 mujeres y 10 hombres).

Al realizar la ANOVA con ambos sexos y suponiendo que se cumple el principio de

la homogeneidad de varianzas (𝐿3,98)= 0.693; 𝑝 = 0.558), no se encontraron diferencias significativas entre los grupos de la proporción 2D:4D y la elección de cartas (𝐹(3,95) = 1.816; 𝑝 = 0.149; 𝜂2 = 12.152). ni para los hombres considerados por separado (𝐹(3,95)= 1.657; 𝑝 = 0.190; 𝜂2 = 10.914). Por otro lado, para las mujeres sí se

encontraron diferencias estadísticamente significativas (𝐹(3,95)= 4.585; 𝑝 = 0.007; 𝜂2 = 25.063). Se empleó como estadístico de contraste post hoc la diferencia significativa de

Tukey. Se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre el grupo con la

proporción 2D:4D de 0.930 – 0.959 (M=7.34; DS=2,85) y el grupo de 0.960 y 0.989

(M=9.84; DS=1.84) (p=0.023),es decir, entre las proporciones alta y media alta; y entre el

(26)

entre las proporciones media baja y baja. Este patrón parece apoyar la hipótesis de

Garbarino y otros (2010) al respecto.

Hipótesis 2.

Para comprobar cómo los niveles de TO, están afectando la actitud de las personas

frente al riesgo en el DOSPERT; se realizaron tres ANOVAS (agrupado por los mismos

grupos de la proporción 2D:4D, utilizada en el análisis anterior), una con ambos sexos y

una para cada sexo por separado. Los análisis estadísticos se realizaron teniendo en cuenta

un nivel de significancia de 0.05. Al realizar el análisis de estas variables (entre ambos

sexos), no se encontraron diferencias significativas entre la proporción 2D:4D y los puntajes en el dominio de actitud en la dimensión social (𝐹(3,95)= 1.665; 𝑝 = 0.180; 𝜂2 = 0.789), recreacional (𝐹(3,95) = 1.146; 𝑝 = 0.335; 𝜂2 = 1.825), financiero/apuesta (𝐹(3,95)= 2.374; 𝑝 = 0.075; 𝜂2 = 5.604), financiero/inversión (𝐹

(3,95) = 2.374; 𝑝 = 0.099; 𝜂2 = 2.724) y salud/cuidado (𝐹

(3,95)= 1.70; 𝑝 = 0.172; 𝜂2 = 1.443). En la única dimensión que se encontraron diferencias estadísticamente significativas fue en la de

ética (𝐹(3,95) = 4.168; 𝑝 = 0.008; 𝜂2 = 2.899), suponiendo que se cumple la homogeneidad de las varianzas (𝐿3,98)= 1.504; 𝑝 = 0.218), se empleó como estadístico

de contraste post hoc la diferencia significativa de Tukey; la cual muestra diferencias

significativas entre el grupo de proporción alta (M= 3; DS=0.995 ) y el grupo de

proporción baja (M= 2.14; DS=0.567 )(p=0.013); y el grupo de proporción media alta (M=

2.742; DS=0.913 ) y el grupo de proporción baja (p=0.032). Esto indica que los altos

niveles de TO se relacionan con una menor aversión al riesgo en cuanto a la dimensión de

(27)

Cuando se realizaron los análisis estadísticos solo para las mujeres, solo se

encontraron diferencias significativas entre la proporción 2D:4D y la dimensión de ética (𝐹(3,95)= 4.049; 𝑝 = 0.012; 𝜂2 = 1.115), suponiendo que se cumple la homogeneidad de

las varianzas (𝐿3,98)= 1.258; 𝑝 = 0.30), se empleó la diferencia significativa de Tukey como estadístico de contraste post hoc; se aprecian diferencias significativas entre el grupo

de proporción de TO alta (M=3.277 ;DS=0.192) y el grupo con una proporción de TO baja

(M=2.156 ;DS=0.60) (p=0.007).

Cuando se realizó el análisis estadístico únicamente para hombres, No se

encontraron diferencias significativas en el DOSPERT para los hombres en función de la

proporción de los dedos.

Hipótesis 3.

Para comprobar en que dimensiones del DOSPERT se presentan diferencias en la

actitud y percepción del riesgo, para ambos sexos; se realizaron pruebas T para medidas

independientes, teniendo el sexo como variable independiente y los promedios de los

puntajes en las 6 dimensiones del DOSPERT (en cuanto a los componentes de actitud y

percepción del riesgo) como variables dependientes. Los análisis estadísticos se realizaron

teniendo en cuenta un nivel de significancia de 0.05.

Se encontraron diferencias significativas en el componente de actitud hacia el riesgo

en las siguientes dimensiones: Social, financiero/apuesta, salud/seguridad y ética. Para la

dimensión social, se aprecia una diferencia estadísticamente significativa entre los sexos (𝑇(97) = 2.068; 𝑝 = 0.041); las mujeres presentan una mayor actitud positiva hacia el riesgo (M=5.563; DS=0.650), comparado con los hombres (M=5.27; DS=0.717),

(28)

replicando estudios previos al respecto. Para la dimensión financiera/apuesta, se encuentra

una diferencia estadísticamente significativa (𝑇(97)= −3.352; 𝑝 = 0.01); los hombres presentan una actitud más favorable hacia el riesgo (M=2.952; DS=1.77), comparado con

las mujeres (M=1.946; DS=1.14). En la dimensión de salud/seguridad, se presentó una

diferencia estadísticamente significativa (𝑇(97)= −2.943; 𝑝 = 0.04); en la cual los hombres presentaron una mayor actitud positiva hacia el riesgo (M=4.193; DS=0.97),

comparado con las mujeres (M=3.66; DS=0.817). En la dimensión de ética, la diferencia

estadísticamente significativa (𝑇(97) = −2.431; 𝑝 = 0.017) mostró que los hombres presentan una mayor actitud hacia el riesgo en esta dimensión (M= 2.823; DS= 1.065),

comparado con las mujeres (M=2.40; DS=0.571).

En cuanto a la percepción del riesgo, se encontraron diferencias significativas entre

los sexos, con un sensibilidad mayor para las mujeres, en las dimensiones: Recreacional,

salud/seguridad y ética. En la dimensión recreacional, los análisis estadísticos mostraron

una diferencia estadísticamente significativa (𝑇(97) = 2.068; 𝑝 = 0.041) mayor para las mujeres (M=4.586; DS=1.077), en comparación con los hombres (M=4.10; DS= 1.233).

En cuanto a la dimensión de salud/seguridad, las mujeres presentan una mayor sensibilidad

al riesgo (M=4.99; DS=0.748), a diferencia de los hombres (M=4.578; DS=0.887); la prueba t indica una diferencia significativa (𝑇(97) = 2.496; 𝑝 = 0,014). En la dimensión de

ética se presentó una diferencia significativa (𝑇(97)= 1.989; 𝑝 = 0.049); donde las mujeres presentaron una mayor sensibilidad frente al riesgo ético (M= 4.87; DS=0.839), en

(29)

Hipótesis 4.

Según la teoría, las personas que se encuentran en una relación afectiva presentan

menores valores de TA; de acuerdo con esto el promedio de cartas elegidas en el CCT por

estos participantes debería ser menor. Para determinar si esta hipótesis se cumple, se realizó

una regresión lineal tomando la situación afectiva de los participantes y la proporción

2D:4D, como variables independientes; y el promedio de cartas elegidas como la variable

dependiente. Los resultados muestran una relación estadísticamente significativa, entre los

participantes que se encuentran en una situación sentimental y la cantidad de cartas elegidas

en el CCT β=0.225; t(98)=2.265; p=0.026 con un 𝑅2𝑑𝑒 0,051. La figura 4 muestra, sin embargo, que se trata de una relación débil.

Figura 4. Relación entre la duración del vínculo afectiva y el promedio de cartas elegidas

(30)

Discusión de los resultados.

Según los resultados de la regresión lineal para ambos sexos, la elección de cartas

no es explicada por los niveles de TO. Por otro lado y teniendo en cuenta las correlaciones

realizadas, parece ser que en los hombres si se cumple la Hipótesis 1; es decir, a menor

proporción 2D:4D (mayores niveles de TO), los participantes tienden a escoger una mayor

cantidad de cartas en el CCT; estos resultados parecen relacionarse con los obtenidos por

Sapienza, Zingales y Maestripieri (2009). Por otra parte, en las mujeres pasa lo contrario, a

mayores valores de la proporción 2D:4D (menores valores de TO), las participantes

escogen en promedio una mayor cantidad de cartas durante el CCT.

En cuanto a la relación entre la proporción 2D:4D y la actitud frente al riesgo en el

DOSPERT; se puede observar que a mayores niveles de la proporción 2D:4D, las

participantes tienden a tener una actitud negativa hacia el riesgo en la dimensión de ética.

Es decir, a menores niveles de TO, las mujeres tienden a rechazar con más frecuencia el

riesgo de tipo ético.

Al analizar los resultados del DOSPERT, para las escalas de actitud y percepción

del riesgo, y el sexo; si se cumple en parte la hipótesis 3, ya que las mujeres tienden a

presentar una mayor actitud hacia el riesgo en la dimensión social, pero no en las otras

dimensiones. De igual forma, los hombres presentan una actitud positiva mayor en las

dimensiones financiera/apuesta, salud/seguridad y de ética. Estos resultados, son parecidos

a los encontrados por Weber, Blais y Betz (2002), durante la validación del DOSPERT. A

sí mismo, las mujeres presentaban una mayor sensibilidad al riesgo para las dimensiones de

(31)

riesgosas comparadas con las otras dimensiones. Por último, aunque pareciera que el estar

involucrado en una relación afectiva si disminuye la actitud hacia el riesgo, esta correlación

no es significativa.

En base a este trabajo, todavía no es concluyente la relación entre testosterona

organizacional y toma de decisiones riesgosas. Aunque, se replicaron hallazgos de otros

investigadores; por ejemplo, para los hombres se encontró una relación positiva entre

testosterona y la actitud al riesgo, como lo presenta Garbarino y otros (2010). Por otro lado,

las mujeres presentaron una mayor percepción del riesgo en casi todas las áreas del

DOSPERT. En base a estos resultados se puede entender que la actitud y la percepción al

riesgo están siendo mediadas por el género. Y en esta medida este estudio muestra

evidencia indirecta sobre la relación entre testosterona organizacional y riesgo.

Conclusiones.

Aunque este estudio mostrará una relación indirecta entre testosterona

organizacional y riesgo, tanto en la actitud como en la percepción hacia este, ya que en

promedio las mujeres presentan menores niveles de TO, comparando con los hombres. De

igual forma, existen variables externas que pueden estar afectando el desempeño de las

personas en las tareas que midan riesgo, como el estado de ánimo o la presencia de una

persona que les resulte atractiva sexualmente.

Continuando la línea de investigación de este proyecto, se plantea la idea de

recolectar valores de TA y medir los cambios fisiológicos (respuesta galvánica) asociados

(32)

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(35)

Anexo 1. Lista de Tablas

Tabla 1. Resumen de los componentes del riesgo por tipo de persona. ... 8

(36)

Anexo 2. Lista de Figuras

Figura 1.Imagen de la versión caliente del CCT ... 21

Figura 2. Ejemplo de manos escaneadas... 22

Figura 3. Comparación entre la proporción 2D:4D con el promedio de cartas elegidas en el CCT, discriminado por los sexos ... 24

Figura 4. Relación entre la duración del vínculo afectivo y el promedio de cartas elegidas ... 29

(37)

Anexo 3. Resumen

La toma de decisiones riesgosas ha sido en su mayoría estudiado desde el aspecto

económico. Desde la psicología es un constructo mucho más amplio que abarca otras

dimensiones presentes en la vida diaria (ética, social, salud/seguridad y recreacional), sin

dejar de estudiar la dimensión económica (Weber, Blais, y Betz, 2002). Aunque existen

diferentes variables psicológicas, biológicas, individuales y ambientales que afectan esta

toma de decisiones. Por ejemplo, la edad de los participantes (Figner, Weber, Mackinlay y

Wilkening, 2009), su estado de ánimo (Yuen y Lee, 2003) o los niveles de testosterona de

la persona Aunque, la relación entre testosterona y riesgo ha sido ampliamente estudiada,

todavía no se ha llegado a un consenso sobre la relación entre estas dos. La testosterona se

presenta de dos formas básicas. Primero está la testosterona organizacional, es aquella que

afecta el desarrollo del feto de forma permanente durante el periodo gestacional, estos

cambios son visibles a través de la longitud del segundo y del cuarto dedo de las manos,

conocido como la proporción 2D:4D. Por último, la testosterona activacional, es la

testosterona endógena que se encuentra en las personas y actúa de forma casi inmediata

sobre el comportamiento de las personas en diferentes contextos sociales. Ambas formas de

testosterona se han visto relacionadas con comportamientos como: la agresión, dominancia

y búsqueda de pareja sexual. Para relacionar los nivel de T y riesgo se calculó la proporción

2D:4D, se evaluó la actitud y la percepción hacia el riesgo, en seis diferentes dimensiones

por medio de un test llamado DOSPERT; y con una tarea de elección de cartas llamada

Columbia Card Task. Como análisis estadísticos se realizaron regresiones lineales,

correlaciones, ANOVAS y pruebas T para medidas independientes. Los resultados en esta

Referencias

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d) que haya «identidad de órgano» (con identidad de Sala y Sección); e) que haya alteridad, es decir, que las sentencias aportadas sean de persona distinta a la recurrente, e) que