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Tema 3.Reinado de Isabel II..1833-1868

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1.

CARACTERÍSTICAS GENERALES DE LA POLÍTICA HASTA

1868.

LA SOCIEDAD ESPAÑOLA EN EL SIGLO XIX

Los nuevos criterios de diferenciación social

LA liquidación del antiguo Régimen tuvo como consecuencia lógica e inevitable, la desaparición de la sociedad estamental. Los privilegios de la nobleza y el clero fueron suprimidos, y se impuso la igualdad legal y jurídica. A cambio, la nobleza vio reconocidos sus derechos de propiedad sobre los antiguos señoríos, que en muchas ocasiones eran harto dudosos, y el sistema fiscal, ya hemos visto que era “generosos” con los pudientes. A partir de ahora el único criterio de desigualdad social es el de la riqueza, la propiedad y la riqueza como pilares y fundamento del orden social o incluso político.

LA burguesía y la nobleza. Los estratos pequeño burgueses o clases medias.

En la cima de la sociedad social aparecen la burguesía y la nobleza como clase dominante. Ante todo y sobre todo, en un país agrario como España las clases dominantes se definen como terratenientes, el pilar de su riqueza y posición social es la tierra. A la nobleza como clase terrateniente se unió la burguesía inmensamente beneficiada por las sucesivas desamortizaciones. Ambas clases , tras las turbulencias revolucionarias se mezclan, se fusionan a partir de varios procedimientos: los matrimonios donde se unen el dinero burgués y el abolengo nobiliaria, la presencia en consejos de administración de empresas, el control político del Estado. LA nobleza aburguesa su fortuna-asimila las formas de propiedad de la burguesía- y la burguesía ennoblece sus maneras- aspiración y obtención de títulos nobiliarios otorgados por el rey. La liquidación del señorío por la ley de 1837 reconoció a los señores la plena propiedad sobre unas tierras sobre las que antes como mucho tenía el derecho a cobrar unas rentas. A partir de ese momento la nobleza y los terratenientes en general pudieron imponer sobre los campesinos unas condiciones cada vez más duras, elevando las rentas o desahuciándoles a capricho. Los pleitos desesperados que presentaron los campesinos fueron sistemáticamente denegados por una justicia al servicio de los terratenientes. A este núcleo duro , que podemos definir como de capitalismo agrario, con sus posesiones repartidas preferentemente en el centro y el sur del país, debemos unir a la burguesía industrial catalana, y a finales de siglo la burguesía industrial y financiera vizcaína. Muy importante hasta 1898 es el núcleo de capitalistas cubanos, cuyo control de los negocios de la opulenta economía cubana les convierte en un lobby poderoso y envidiado con capacidad política, a veces decisiva. Por otra parte, el proceso de crecimiento de las grandes ciudades, sobre todo Madrid, provocaron un auge espectacular de la construcción y la actividad inmobiliaria, donde se crearon grandes fortunas (Ejemplo: Marqués de Salamanca). Todos ellos constituirán lo que a finales de siglo se llamó Bloque Oligárquico de poder.

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mentalidad. Son pequeños propietarios cuyos negocios son amenazados por el desarrollo capitalista, pero también se trata de una burguesía “intelectual” de abogados, profesores, médicos, boticarios, etc. Su posición social depende más de su formación intelectual en un país de analfabetos que de sus parcos ingresos. En general se trata de clases satelizadas que giran en torno a las clases dominantes o tratan de acercarse al pueblo con muchos reparos. Podemos distinguir una pequeña burguesía conservadora, frecuente en las pequeñas ciudades muy influenciada por la Iglesia, que la utilizará para sus proyectos políticos. En las grandes ciudades y ciertas zonas del Levante, abunda una burguesía laica, en muchas ocasiones ferozmente anticlerical, de la que saldrán las bases sociales de proyectos políticos republicanos o incluso socialistas. LA clase obrera española, la inmensa mayoría de la sociedad está constituida preferentemente por campesinos. La situación del campesino era distinta según la zonas del país, aunque el denominador común era la pobreza. En el norte había sobrevivido una clase de pequeños propietarios, que no por eso tenían una situación económica envidiable. Lejos de ello sus dificultades económicas no dejaron de aumentar, aunque la propiedad les garantizaba un mínimo vital En el Centro y el sur el predominio de la gran propiedad terrateniente llevó a la generalización de una masa de millones de jornaleros, sin tierra, o como mucho propietarios de aperos y animales de labranza (yunteros). Fueron los grandes perjudicados de las desamortizaciones. El exceso de mano de obra rural en otros países había sido absorbido por la industria y las ciudades, pero en España el escaso desarrollo de este sector lo impidió, El exceso de oferta laboral sobre la demanda creó una situación de baja continua de los salarios, que en muchos casos ni siquiera garantizaban un mínimo vital. En estas condiciones no es de extrañar que el campo español fuese un auténtico polvorín, con revueltas continuas y constantes. La pobreza consolidó en muchas zonas el ya viejo fenómeno del bandolerismo, en realidad una forma de protesta campesina de tipo antisocial La respuesta de la clase dominante fue en una única dirección: la represión pura y dura. En 1844 se crea la Guardia Civil con el objetivo de combatir el bandolerismo y la delincuencia en el mundo rural, pero sobre todo para mantener a raya a las masas campesinas. Desvinculados de sus destinos, atrincherados en casas cuartel que asemejan fortines, era más que un cuerpo policial, un ejército de ocupación para mantener los intereses de los propietarios. Todo esto les hizo ser singularmente odiados.

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CONDICIONES PREVIAS DEL FUNCIONAMIENTO POLÍTICO

La palabra clave es inestabilidad. No se logró crear un sistema político que funcionara adecuadamente, a plena satisfacción de la mayoría social. La forma en que se construyó el liberalismo en España, excluyó o marginó a la mayoría de la sociedad que en el mejor de los casos no se benefició y en el peor fue notablemente perjudicada. Por otra parte, el raquítico desarrollo del capitalismo en España tenía como consecuencia, la debilidad de las clases sociales modernas que se desarrolla al amparo de éste. El liberalismo español tiene una carencia y un problema de cimentación: la falta de una amplia base social que le permita funcionar sin sobresaltos.

Los agudos desequilibrios sociales y la debilidad a todos los niveles de los estratos pequeño burgueses o de clases medias hacían inviable una democratización, mientras no se creen unos mecanismos eficientes de control de la democracia. Para las masas populares, la democracia y sus instituciones (derecho al voto, parlamentarismo, constitución, etc) no eran un fin en sí mismo, sino un medio para conseguir mejoras de vida Los escasos y tímidos intentos de democratización llevaban a las masas populares a demandar mejoras significativas en sus condiciones materiales de vida, que resultaban inaceptables para las clases dominantes, que cortaban de raíz los experimentos democratizadores, volviendo a un liberalismo excluyente, sólo apto para la minoría pudiente. El pueblo era movilizado como fuerza de choque o simple “carne de cañón” por medio de unas promesas que luego eran simplemente incumplidas. La violenta reacción de las masas era respondida sin contemplaciones por las autoridades. En estas circunstancias, el recurso a la fuerza era siempre el “argumento” decisivo para la conservación del orden social burgués.

Aunque legalmente y teóricamente, se vive en un régimen constitucional (con un montón de proyectos constitucionales, ninguno de los cuales, por otra pàrte, tuvo continuidad), en muchas ocasiones, el funcionamiento constitucional queda suspendido por medio de los muy frecuentes estados de excepción, en los cuales la autoridad militar tiene plenos poderes, con lo que con todo rigor se puede hablar de dictadura militar encubierta con una fachada constitucional. El liderazgo y la influencia decisiva de los militares se explican por estas circunstancias, y los hombres fuertes de la política española hasta finales del siglo XIX son los generales o espadones: Narváez, Espartero, Prim, Serrano. Todos ellos aportaran una fuerte dosis de autoritarismo, contenido en la fórmula poco democrática de ordeno y mando.

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Los partidos políticos

De las divisiones y enfrentamientos dentro de las filas liberales, acabaron emergiendo dos grandes partidos que dominaran la vida política durante esta época. Moderados y progresistas. No se deben entender a estos partidos como los de la actualidad, maquinarias políticas muy complejas y profesionalizadas, necesitadas de cuantiosos recursos. Se trata de agrupaciones muy laxas, semejantes a un club social, con una disciplina muy débil y con amplios personalismos y camarillas Las demás fuerzas políticas son muy débiles y su implantación es muy irregular. Caso aparte es el carlismo, derrotado en la Guerra civil, pero que conserva una gran fuerza y evidentes apoyos populares.

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Partido progresista. En general agrupa a sectores de las clases medias, junto a grupos muy concretos de la Burguesía terrateniente, como los bodegueros andaluces debido a intereses económicos (el librecambio orientado a la exportación de vinos a Gran Bretaña) durante cierto tiempo arrastró a sectores obreros de las grandes ciudades, a los que siempre decepcionó profundamente. Sus puntos políticos principales son: la Soberanía nacional, el sufragio censitario, pero con un censo más bajo que el de los moderados (200 reales), la idea de la libertad y las libertades aunque con mucha demagogia y retórica. Partidarios de una política religiosa más laica. Sus principales líderes son, como entre los moderados los militares: Baldomero Espartero, y más adelante Juan Prim.

En esta época el partido que permanece más tiempo en el poder es el Moderado, por amplia diferencia. Se puede decir que el reinado de Isabel II se presenta por largos periodos de dominio moderado (Con actuaciones preferentemente políticas), salpicado por breves paréntesis progresistas (De aportaciones económicas como desamortizaciones, leyes de crédito, etc).No obstante, las diferencias entre ellos no son tanto ideológicas, sino de los intereses materiales de grupos de influencia para un sector muy amplio de la burguesía española, cuyas fuentes de ingresos dependían de el acceso preferencial al presupuesto público, grupos de comisionistas, puros y duros, que vivían del saqueo de los recursos públicos. Esto explica la ferocidad inaudita que existía no sólo entre los partidos, sino dentro de ellos, donde las camarillas, las intrigas y los transfuguismos estaban a la orden del día.

Los demás partidos políticos, minoritarios, estaban completamente excluidos del acceso al poder. Los demócratas, escisión de los progresistas, se distinguen por pedir el sufragio universal y sus líderes más conocidos son Rivero y Orense. Los republicanos a esta reivindicación unen la de un régimen republicano. Atraen a sectores sociales urbanos, de pequeños propietarios y trabajadores frente a las arbitrariedades de las autoridades, lo que a la larga se presentará como una contradicción insalvable. Dentro de los republicanos su líder más distinguido será Emilio Castelar, orador torrencial, pomposo y vacuo de tendencia cada vez más autoritaria y conservadora.

Caso aparte es el Carlismo. Nunca constituyó un partido político, sino un movimiento muy difuso, con la coherencia ideológica que le daba la cuestión dinástica, pero sobre todo la influencia del clero, auténtico vertebrador y movilizador de las amorfas masas campesinas que componían el núcleo social del carlismo. De hecho la reactivación del carlismo siempre coincidía con periodos conflictivos en las relaciones entre la Iglesia y el Estado liberal, mientras que su letargo era el resultado del acuerdo entre ambas instancias. Era un movimiento de indudable apoyo popular, e incluso se comentaba que si las elecciones en España hubieran sido limpias, y los carlistas se hubieran presentado a las elecciones las habrían ganado. En todo caso el carlismo optó siempre preferentemente por la vía insurreccional, aunque con el paso del tiempo se abrió paso una tendencia de participación electoral, representada por teóricos como Vázquez de Mella, Aparisi Guijarro o Manterola, pero siempre secundaria, ante los irresistibles deseos de “echarse al monte”. Su ideología era muy simple, basada en un catolicismo ultra y fanático (“haya santo temor de Dios y todo lo demás vendrá por añadidura” Carlos VI). Más tarde, curiosamente hubo algunos intentos de acercarse al liberalismo más conservador y moderado.

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Grabado donde se representa el “abrazo de Vergara” que puso fin a la Primera guerra Carlista.

Una cuestión fundamental es la de la alternancia en el poder de los dos grandes partidos. Esta nunca se hizo por la vía electoral, sino empleado al ejército, el llamado Pronunciamiento. El sufragio restringido nos da la clave para entender esta anomalía. Ambos partidos proponen un modelo censitario, pero difieren en la cantidad del exigida para el censo. Cuando los moderados gobiernan con su ley electoral excluyen del derecho al voto a la inmensa mayoría de los votantes progresistas, con lo que tienen asegurado el triunfo. LA implantación de los progresistas y su censo da derecho al voto a una amplia mayoría de votantes que preferentemente votan a los progresistas. Si no bastaba el censo, desde el poder se emplean todas las presiones y coacciones posibles para garantizar el triunfo del partido gobernante. Las elecciones en esta época son un puro trámite, una farsa: el gobierno que las convoca las gana, no sirven para cambiar el partido de gobierno. Sólo quedaba una salida, la del Pronunciamiento militar. El pronunciamiento toma su nombre de un documento así llamado, donde el ejército se “pronuncia”, es decir, se declara a favor de un partido , o en contra de e otro. A continuación de esto, pueden ocurrir dos cosas: el resto del ejército se declara a favor del pronunciamiento y este triunfa o no. El Pronunciamiento no es técnicamente un golpe de Estado, ya que no se suspende la actividad política parlamentaria, ni se implanta una dictadura, sólo cambia el partido del gobierno. No obstante, hay que decir que en raras ocasiones los pronunciamientos triunfaban por sí mismos; era necesario acudir a la incomoda movilización popular con los problemas que esto conllevaba.

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El ejército en España se dedicaba a funciones eminentemente internas. LA irrelevancia internacional del país, tras los desastres de la Guerra de la Independencia y la emancipación de las colonias americanas orientó a las fuerzas armadas a unas tareas de mantenimiento del orden social y político interno: defender los intereses de las clases propietarias en tareas de orden público, junto con la guardia civil. Se formaba por medio del sistema de reclutamiento universal, las quintas, de las que existía la llamada redención en metálico, sólo accesible para los más pudientes. Esto y su papel al servicio de las clase dominante explican la impopularidad y el antimilitarismo reinante en las clases populares. Tenía enormes problemas internos; existía un exceso de oficiales, ya que las guerras civiles del siglo XIX se solucionaban reintegrando a los oficiales del bando perdedor con la misma paga y graduación. El exceso de oficiales consumía el presupuesto e impedía una modernización del material Las fuerzas armadas, por otra parte fueron una institución de gran eficiencia para el ascenso social. Los generales, llave de la situación política se integraron en la élite social por medio de matrimonios encumbrados (o amoríos ilícitos con la reina de turno), integración en los consejos de administración en las grandes empresas (Su influencia política decisiva, era muy útil en todos aquellos negocios que necesitaban los favores estatales para prosperar).

La Corona y su papel en la vida política

La reina Isabel II en un retrato clásico de corte, pomposo y superficial de Winterhalter

En España, muy pocas fuerzas políticas, y eso en épocas muy tardías, plantearon una organización política republicana que era además muy escasa en el resto del mundo. La monarquía constitucional, aunque concedíera amplios poderes al monarca se concebía como un poder equilibrador, arbitral y moderador, una institución, en definitiva, por encima de los intereses de los partidos. En el caso de España, y en este reinado, en concreto estas expectativas se vieron por completo defraudadas.

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María Cristina de Borbón como su hija Isabel II, dejaron mucho que desear como gobernantes y su impopularidad fue en aumento- atizada por ciertas fuerzas políticas- , lo que al final las costó el trono a ambas. Muy conservadoras y reaccionarias, su liberalismo era de pura conveniencia ante la amenaza de los pretendientes carlistas, y aun así trataron de llegar a acuerdos con ellos, siempre impedidos por las fuerzas liberales. Su formación dejaba mucho que desear a todos los niveles y para empeorar las cosas se rodearon de una corte de turbios personajillos, fanáticos e ignorantes como los religiosos Padre Fulgencio (Confesor del rey consorte Francisco de Asis) Padre Claret y la famosa Sor Patrocinio, la “monja de las llagas”, que daban un aire esperpéntico a toda la corte (Valle Inclán la llamó “La corte de los milagros”). A ello se debían unir los numerosos amantes de la Reina Isabel y el enriquecimiento escándaloso de la Reina Madre y su marido, el duque de Riansares en torno al cual giraban multitud de corruptelas. Todos ellos aprovecharon su cercanía a la reina para medrar, saquear las arcas públicas, y sobre todo promover todo tipo de turbias maniobras políticas. Desde la corte se quitaban y se ponían ministros y presidentes del gobierno de la manera más frívola y caprichosa. El dogma moderado de la soberanía compartida y las amplias atribuciones que concedía a la Corona llevó a la reina Isabel II a favorecer descaradamente a los moderados, enajenándose progresivamente al resto de las fuerzas políticas, que llegaron a la conclusión que su acceso duradero al poder pasaba por derribar a la reina.

ETAPAS

4. B. Moderados y progresistas durante la minoría de Isabel II: el estatuto real y la constitución de 1837. La Regencia de María Cristina de Borbón (1833-1840) Los intentos fracasados de organizar la vida política.

En esta etapa las instituciones liberales se gestan en medio de una Guerra civil contra el carlismo y de las divisiones internas dentro de las propias filas liberales entre los que defienden un liberalismo raquítico, reducido a la mínima expresión y los que proponen profundizar en los cambios, lo que no quedará más remedio que hacer ante la amenaza del carlismo intransigente, que rechaza cualquier posibilidad de acuerdo, que fuerza a una movilización popular y de recursos. Esta dinámica explica las convulsiones no sólo de esta etapa, sino de buena parte del siglo XIX.

Una primera medida relevante de cara al futuro fue la reorganización administrativa llevada a cabo por el ministro Javier de Burgos, que creó la actual organización provincial española. Tomando como base el sistema francés de prefecturas y su organización centralista se divide el país en 50 provincias, encada una de lasa cuales se coloca al mando de una autoridad nombrada por el Gobierno central (Primero se llamará Jefe Político, luego gobernador Civil), con un planteamiento netamente centralista de control desde el poder central que con el paso del tiempo fue muy contestado. Para crear las provincias se tuvieron en cuenta criterios como el de transporte (No emplear más de un día de viaje desde el punto más alejado de la provincia) económico (Compensar zonas de secano con otras de vega).

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conjunto de reglas para convocar las cortes, inspiradas en el antiguo régimen, pero adaptadas a los nuevos tiempos. Tenían dos cámaras, llamadas “Estamentos”, el de próceres y el de procuradores. En el de próceres figuraban como representantes natos y hereditarios los grandes de España, mientras que sus otros miembros – obispos y notables- eran vitalicios y de designación real. Los procuradores debían acreditar una renta propia anual de 12000 reales y se elegían de forma indirecta y muy restringida. El rey los podía cesar cuando quisiera, aunque antes de un año debería de volver a convocarlos. Las facultades de la institución se reducían a votar los impuestos y a discutir las cuestiones que el monarca les propusiese, lo que les daba una función meramente consultiva.

Tan miope proyecto fue desbordado por unas calamitosas condiciones políticas, con un carlismo momentáneamente victoriosos, sólidamente asentado en sus bases vasconavarras y con numerosas partidas operando por todo el país. La desastrosa marcha de la guerra y el malestar político se unieron para dar lugar a nuevos conflictos, en forma de revueltas populares que demandaban mayores libertades, la constitución de 1812, y que llevaron a la caída de Martínez de la Rosa y su sustitución por Toreno, en un gobierno donde el hombre fuerte era Mendizábal, triunfador de los negocios en Gran Bretaña y del que se esperaba que arreglara la calamitosa situación de la Hacienda. Al final Mendizábal acabó siendo el Presidente del gobierno. Calmó a las masas prometiendo una reforma del Estatuto, se llamó a una nueva quinta para reforzar el ejército y en ello tuvo el apoyo de Gran Bretaña, Francia y Portugal. Pero sobre todo, la gran medida fue la desamortización eclesiástica. A lo que ya hemos dicho de esta medida podemos añadir dos apuntes más. El primero su éxito notable en el tema de la reducción de la deuda pública, y si los problemas reaparecieron fue debido a la gestión de gobiernos sucesivos. En segundo lugar, debido a que también se desamortizaron bienes inmuebles de las ciudades, la fisionomía urbana sufrió un cambio espectacular. Se tiraron muchas iglesias y monasterios, otras se acondicionaron para diferentes usos públicos.

Las intrigas cortesanas acabaron con el gobierno Mendizábal. La vuelta al conservadurismo fue cortada en seco por la combinación del pronunciamiento de los sargentos de la Granja, que obligaron a la Reina Regente a jurar la constitución de 1812 y, sobre todo, por una serie de revueltas populares. Se convocaron unas cortes constituyentes que redactaron un nuevo texto constitucional, la constitución de 1837. Pese a los deseos populares se llegó al típico acuerdo de conveniencias de progresistas y moderados, con más elementos de los segundos que de los primeros. Se limitaba el derecho al voto por cuestiones de fortuna, con el peregrino argumento de eliminar de la vida política a los brutos y los ignorantes. Se establecían dos cámaras con un senado de designación real.

Mientras tanto la Guerra Carlista tomaba poco a poco un nuevo giro. En primer lugar el apoyo popular a la causa del pretendiente empezó a flaquear cuando sus tropas, faltas de recursos, empezaron a esquilmar a los campesinos. La división en los mandos del carlismo llevó a una política errática que tuvo actuaciones espectaculares como las llamadas “expediciones reales” que llegaron a las puertas de Madrid, pero sin resultados sustanciales. En 1939 las cosas iban de mal en peor ante las ofensivas del ejército liberal que levantaron el sitio de Bilbao. El abrazo de Vergara puso fin a la Guerra, aunque todavía hubo que eliminar a las muy activas partidas carlistas del Maestrazgo al mando de Cabrera.

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La conservadora política liberal llevó a la caída de la Regenta María Cristina en 1840, por una acción combinada de pronunciamiento militar de Espartero, el héroe del momento, vencedor del carlismo y auténtico-por el momento- héroe popular y de revuelta popular muy fuerte en las grandes ciudades de Madrid y Barcelona. La impopularidad de la Regente desembocó en la pérdida de apoyo, incluso de los más moderados dentro del ejército, que la dejaron caer cuando ya no era útil. El pretexto del movimiento había sido la muy restrictiva ley de administraciones locales, que ponía todo el poder en manos del gobierno Central. Espartero, lejos de atender las peticiones de las masas, liquidó las juntas revolucionarias para evitar las peticiones más sociales de las masas. En realidad, el acceso al poder de los progresistas fue un simple cambio de guardia, y Espartero no fue sino una de tantas decepciones de unas masas de trabajadores urbanos, de organización incipiente, pero todavía muy dependientes del progresismo burgués. Espartero fue proclamado Regente, en lo que no era sino un cambio de guardia, aunque las intrigas de la exiliada exigente se tradujeron en intentos de pronunciamiento como el de Diego de León.

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exilio.

5. DESARROLLO INSTITUCIONAL Y CAMBIOS POLÍTICOS DURANTE EL REINADO DE ISABEL II (1843-1868)

El general Ramón María de Narvaez, conocido como el “espadón de Loja” líder del partido moderado y uno de los hombres fuertes de la política isabelina

La década moderada (1844-1854).La constitución de 1845.

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los más pudientes. El auténtico hombre fuerte del partido no es otro que un general Ramón María de Narváez, el “Espadón de Loja”, aunque en muchas ocasiones la presidencia del gobierno recae en otros dirigentes del Partido como González Bravo, que inauguró esta etapa.

LA creación de la “Guardia Civil” en 1844 por el Duque de Ahumada, cuerpo militarizado para mantener el orden público es una medida genuina del concepto del orden moderado. Aunque el pretexto de su existencia fue la lucha contra el endémico bandolerismo su auténtico objetivo era mantener la estructura de la propiedad recién creada por la revolución burguesa como lo prueba el lema “Defender el orden social, las personas y la propiedad.

La vida política se organizó en torno a la constitución de 1845. En ella se reconocían todos los puntos de la ideología doctrinaria. Soberanía compartida entre las cortes y la corona y a esta última se le concede además potestad legislativa más la capacidad de nombrar y cesar a los ministros El sufragio muy restringido ya que se establece un censo muy alto de 400 reales, el doble del anterior, aunque se reducía a 200 en el caso de los individuos con estudios universitarios (“capacidades”). Con esta medida el censo electoral pasaba de 600000 electores a 100000 en un país de alrededor de 15 millones de habitantes. Para ser elegido se exigía 12000 reales de renta anual. Con esta ley electoral, el gobierno en el poder, que convocaba las elecciones se aseguraba una cómoda mayoría y sólo por la violencia (pronunciamiento más revuelta popular) perdía el poder. Las libertades se restringían, la de imprenta (o de expresión), permitiendo el control de lo que se publicaba.

La articulación jurídica del Estado se completó con la promulgación del Código Penal, donde se establecían delitos, penas y cumplimiento con el criterio de proporcionalidad. El Código civil, promulgado en 1851 y vigente hasta 1995, tenía como objetivo “la tutela de propietarios, la garantía de la libre disponibilidad de la propiedad individual y la protección de la libre iniciativa económica privada”, es decir giraba gran parte de él en torno a la propiedad que se aplicaba a herencia, matrimonio, etc.

Tema fundamental en la década Moderada fue la reconciliación del Estado liberal con la Iglesia, que se tradujo en la firma del concordato de 1852 (Concordato: acuerdo que firman la Santa Sede y un Estado soberano, en el que se regulan las relaciones entre ambos). En los años previos a la firma del concordato, la Iglesia presionó de todas las maneras al Estado, por ejemplo con una nueva revuelta carlista (Revuelta de los Matiners o 2ª Guerra Carlista), muy fuerte en la Cataluña rural. Las intrigas cortesanas también influyeron lo suyo. Pero en realidad la causa del concordato es la utilidad para la burguesía gobernante, de una institución que predica la resignación y la obediencia entre los más pobres a los que ofrece un consuelo espiritual en la otra vida, a cambio de los padecimientos en este mundo. En el concordato, la Iglesia reconocía las desamortizaciones como un hecho consumado, aunque se interrumpían las que todavía no se habían efectuado (De hecho se habían detenido en 1845). A cambio el Estado se compromete a sufragar los gastos de mantenimiento del clero, se le daba una posición de privilegio en el sistema educativo, se reconocía como religión oficial y única autorizada en el culto público y se permitía recomponer sus bienes económicos.

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En los últimos años el conservadurismo se reforzó cada vez más con leyes como la que preveía la creación de un Senado Hereditario de grandes de España, a los que se garantizaba su rango por medio de la resurrección del mayorazgo.

La oposición política, al principio sumida en la más pura impotencia empezó a levantar cabeza a partir de 1848 y se combinó con nuevas fuerzas sociales de carácter obrero , sobre todo en Cataluña y campesinos. La prosperidad económica se rompió hacia 1853. Por un lado estallaron crisis de subsistencias que dieron lugar a revueltas tanto en el campo como en las ciudades. Por otro lado, el exceso de especulación, dio al traste con muchas compañías, sobre todo ferroviarias, que tenían conexiones con el poder político. Los escándalos de corrupción que salpicaron a los moderados se combinaron con los enfrentamientos internos para desgastar a los gobiernos, lo que unido a las intrigas de la Corte, provocaron una gran inestabilidad política.

5. C. El Bienio Progresista y los gobiernos de la Unión LiberaL. (1854-1856)

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a la que se convierte en dócil instrumento del poder y anulando la abolición del impuesto de consumos. En el nuevo panorama político, Se advierten dos hombres fuertes, O´Donnell y Espartero, que se agrupan en un nuevo partido, la Unión Liberal confluencia de parte de progresistas y moderados conservadores. En las nuevas elecciones se autorizó el voto a 500000 votantes.

El debate de la nueva constitución- que nunca se promulgó- estuvo marcado por la cuestión religiosa. El Estado se obligaba a mantener el culto católico, pero establecía la libertad de creencias religiosas, lo que provocó la ruptura con el Vaticano y un amago de la Reina para no firmar que al final se resolvió con la petición de un grupo de diputados de dejar el trono vacante. Al final, la libertad de cultos no se aplicó. Se implantó un sufragio censitario, aunque ampliado, rechazando la propuesta demócrata de sufragio universal.

El debate constitucional se desarrollaba en un entorno de aguda crisis económica, provocada por la subida espectacular de los precios de los alimentos (La Guerra de Crimea, que bloqueaba las exportaciones rusas y fomentaba las exportaciones españolas a costa del consumo interno). La crisis de la Hacienda hizo imposible la abolición de los consumos. La idea de Madoz de aplicar un impuesto a las rentas más altas le obligó a dimitir. La consecuencia fue un recrudecimiento de la conflictividad social, en el campo y en las ciudades, que se xpresó en hechos como las Asociaciones obreras y la primera Huelga General de la historia de España, la de 1855, y que fue reprimida sin contemplaciones.

El Bienio se caracterizó pos sus aportaciones económicas. LA Ley de Sociedades de Crédito y de los bancos de emisión. La desamortización de Madoz afectó a los bienes municipales “de propios” y a lo que quedaba de la propiedad eclesiástica Dentro de los primeros se excluían los comunales, pero al ser difícil distinguir unos de otros, en muchos casos también se desamortizaron éstos. Se abandonó definitivamente la idea de dar la propiedad a los campesinos en beneficio del latifundio capitalista y de la creación de una agricultura comercializada y de un mercado nacional. Las consecuencias sociales fueron devastadoras: 1,7 millones de jornaleros de aumento con respecto a 1797, empeoró las condiciones de vida de los campesinos, al excluirlos del uso de bienes imprescindibles para sus economías domésticas como pasto, leña, etc. Se asistió en estos años a un aumento espectacular del uso de la beneficencia. LA ley de ferrocarriles, establecía unas condiciones que entre otras muchas cosas favorecía la especulación y los negocios sucios Al garantizar ayudas y subvenciones públicas, el negocio no estaba tanto en la explotación de las líneas, sino en su construcción

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O´Donnell

1856-1866. La Unión Liberal en el poder.

Tras dos años de gobiernos moderados manejados por la reina, se abre a partir de 1858 la etapa de los gobiernos de la Unión Liberal con O´Donnell como hombre fuerte.

Es una etapa de cierta estabilidad política, amparada por una recuperación económica y un auge de los negocios sin una base muy sólida, por otra parte. Tras muchos ministerios fugaces se llamó de nuevo a O´Donnell quien protagonizó el más largo gobierno del reinado, de 4 años. La Unión Liberal era un partido mixto donde se juntaron los “progresistas conservadores y los “moderados tibios”. Una vez más los militares como Serrano, Prim y el propio O´Donnell llevaban la voz cantante Contentó a todos estos sectores con cargos y prebendas para unos y con espectaculares ascensos obtenidos en guerras cómodas para otros.

Precisamente un aspecto singular fue el de las aventuras exteriores que buscaban reconstruir un imperio colonial, distraer sobre los problemas internos y dar prestigio al gobierno, y sobre todo contentar a los generales. En el primer caso los resultados fueron prácticamente nulos. Se intervino en Indochina en alianza con los franceses para conseguir tanto una base colonial como un enclave desde el que captar a inmigrantes chinos semiesclavos (coolies) para Cuba, lo que fracasó por la negativa de Francia. LA oposición franco-británica impidió crear una base colonial en el África Ecuatorial, con el objetivo, a su vez de capturar esclavos negros. La campaña en el norte de Marruecos (1866), se saldó con victorias fáciles y ascensos meteóricos para Prim y otros mandos, a costa de sufrimientos sin cuento de las tropas, auténtica carne de cañón, de una máquina ineficiente como el ejército español de la época. Los recursos del país se derrochaban en aventuras militares estériles Iglesia y cuarteles, mientras que las inversiones en infraestructuras, educación, etc eran raquíticas.

Crisis del sistema isabelino (1864-1868)

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ciertos círculos liberales (Sagasta, Prim) se habla de echar a la dinastía. Durante todos estos años, los progresistas, en concreto su líder más destacado Prim, desplazados por el poder intentan recuperarlo por medio de la fuerza militar, lo que les abocó a un seguro fracaso. Sólo una amplia coalición de fuerzas políticas (Republicanos, demócratas, clase obrera) se lo podía permitir. Precisamente en 1866 se firmará entre todas estas fuerzas políticas el llamado Pacto de Ostende, por el cual todos ellos se comprometen a luchar por un objetivo común: el derrocamiento de Isabel II y de sus apoyos moderados, sin entrar en más compromisos en torno al régimen político.

Narváez gobernó de forma dictatorial en una situación cada vez más conflictiva. Dos sucesos demuestran los problemas de este periodo. El pronunciamiento de los sargentos del cuartel de San Gil reprimido con una ferocidad inaudita. El escándalo de “El Rasgo” artículo de Castelar donde se demostraba que la reciente cesión de bienes de la corona a la Hacienda pública a cambio de un porcentaje del precio de venta,no era una acción desinteresada, sino una estafa a la nación. Su expulsión de la Universidad central dio lugar a la primera revuelta estudiantil de la historia de España. Ambos sucesos elevaron a cotas máximas el descrédito del sistema.

Referencias

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