EJERCICIO DEMOCRÁTICO EN LA ESCUELA PÚBLICA: UN CAMINO A PERCORRIR
(Indicación Acceso a una Educación primaria inclusiva, equitativa y de calidad) Expositora: Eloisa Helena Mello/ Doctoranda en Educación - Universidad Tuiuti
del Paraná - Brasil – [email protected] Resumen
Este trabajo discute la gestión democrática de la educación, relacionándola con la gestión de clases. Por medio de investigación bibliográfica se percibe que la gestión democrática garantizada en la legislación, a veces se encuentra estancada en el cotidiano escolar, principalmente en la clase. Se considera que el capitalismo en el estado brasileño estimula la competitividad, la individualidad valorando relaciones de poder en la gestión escolar. Hecho que respalda la urgencia en reevaluar políticas de gestión, para que la comunidad escolar sea sujeto y los alumnos protagonistas de su propia historia. Se defiende la democratización de la escuela pública, valorizando la participación, el diálogo, extendiendo este ejercicio democrático a las clases. Palabras clave: gestión democrática, clase, participación.
Introducción
En el mundo actual proliferan muchos discursos acerca de la gestión educativa y de su ejercicio en el seno de la escuela. Es un principio constitucional que garantiza y resalta el acceso y la permanencia de los alumnos en la escuela con el deber de ofrecer a todos sin ninguna distinción, una enseñanza de calidad y gratuita en las instituciones públicas de enseñanza en todo el territorio nacional.
La cuestión problema que surge en este bojo es: ¿de qué manera es posible garantizar la gestión democrática en la clase? ¿Cómo sería posible? Esta lucha teórico-práctica entre lo que es ley en confrontación con la realidad de la comunidad escolar puede ser garantizada. El objetivo es discutir la democracia en la escuela como un proceso permanente de autonomía y emancipación. En este sentido el camino utilizado es la investigación bibliográfica.
En esta estera, la gestión de escuela, en sociedad bajo los auspicios del capitalismo mundial y competitivo, que prima por resultados y ganancias en todos los sectores, en una perspectiva neoliberal de desmonte de la participación en los espacios públicos, también adentra la educación según una complicada política mundial que vincula las prácticas de democratización de la escuela en la precaria búsqueda de resultados cuantitativos en el proceso de oferta de la enseñanza. Esta es la realidad concreta que se convierte en un mote para la educación y, que urge
ser superado, porque la democracia por este sesgo competitivo del mundo actual se vuelve también otra técnica de gobierno, de búsqueda del consentimiento sin la participación calificada de las instancias colegiadas en las decisiones de la escuela, factor que se extiende en las prácticas pedagógicas de los profesores. Es necesario romper con la pseudodemocracia en la escuela. Es un discurso vacío, una de las trampas más latentes, en la que un discurso de participación colectiva en la educación "oculta" la exclusión o la inclusión subalterna.
El proceso de democratización de la educación, de su acceso, permanencia y calidad para todos sin ninguna distinción, debe ser garantizada a los diferentes y para todos, hombres y mujeres, incluyendo alumnos con dificultad de aprendizaje. El actual programa democrático para implantar por la gestión no cuestiona el tipo de subjetividad que está siendo formado con la escolarización obligatoria también presentada como derecho de todos.
Así, se puede decir que el trabajo en el interior de la escuela desde la perspectiva democrática contribuye a la mejora de la enseñanza. Se apunta en la perspectiva de re politizar el espacio público para que la comunidad de funcionarios, profesores, padres y alumnos en un esfuerzo colectivo ocupen su lugar en la escuela.
Desarrollo
El lugar privilegiado donde, de hecho, la gestión ocurre en su ejercicio continuo es la escuela, que se presenta como el escenario para la implementación del principio de la gestión democrática de la educación. Es en este escenario que Oliveira (1997), piensa sobre la escuela y explica que ella puede ser concebida como un núcleo de la gestión.
Destaca que, a partir de la década de 90, las reformas educativas en Brasil pasan por significativas transformaciones a nivel Federal, Estadual y Municipal. Son en realidad reformas educativas anunciadas como administrativas. En su mayoría las reformas están de acuerdo con los compromisos asumidos por Brasil en la Conferencia Mundial de Educación para Todos, realizada en marzo de 1990, en Jontiem en Tailandia, y también de los acuerdos provenientes de la Declaración de Nueva Delhi, en diciembre de 1993, para atender a la demanda de universalización de la enseñanza básica.
Según Oliveira (1997), la propuesta tanto de la conferencia de Jontiem como de la declaración de Nueva Delhi, convergen a nuevos modelos de gestión de la enseñanza pública. La idea tiene como base la descentralización, la flexibilidad, la participación en la administración de recursos y de responsabilidades.
En la gestión de la educación la flexibilidad administrativa puede ser percibida por la desregulación de los servicios y en la descentralización de recursos que coloca a la escuela en una posición de núcleo del sistema. Estos modelos obtienen resultados mejores para la educación, que puedan ser medidos y cuantificados estadísticamente y alcanzados por medio de innovaciones en la organización del trabajo y en la gestión escolar (OLIVEIRA, 1997).
La gestión democrática de la educación presente en la Constitución de 1988, por sí sola no garantiza su efectividad, porque posibilita innumerables interpretaciones que no siempre garantizan un proceso democrático. La lectura que se hace de gestión y de democracia puede variar mucho debido a los proyectos en disputa y algunos modelos de gestión que se presentan como democráticos por tener una mayor participación, son tomados como ejemplos sin que en realidad hayan incorporado los segmentos sociales y su representatividad.
Por lo tanto, el que parece ser una democracia puede ser aún peor y ocultar en su discurso formas autoritarias de gestión. La descentralización de las tomas de decisiones puede representar la retirada de las responsabilidades del Estado hacia la educación y la inserción de las empresas privadas en este sector. El cambio de posición en el Ministerio de Educación (MEC) de ejecutiva para supletiva y redistributiva puede ser el espacio que falta para una inversión del mercado sobre la educación por la vía de la privatización (OLIVEIRA, 1997).
Bruno (1997), subraya que la escuela tiene un papel fundamental en la formación de los individuos para la producción, principalmente, ante las nuevas exigencias del mundo del trabajo que cada vez más busca un trabajador preparado, que tenga la capacidad de pensar y actuar, satisfactoriamente, frente a esta nueva estructura empresarial donde el disciplinamiento de la estructura psíquica es muy importante para poder explotar la capacidad de pensar del trabajador. Por lo tanto, la educación no puede permanecer sólo como reproductora de capital como quiere el capitalismo en la sociedad actual. Esta es una razón que justifica la crisis de tantos
sistemas educativos en todo el mundo que empiezan a reestructurarse debido a esta visión de la educación como una mercancía y que necesita ser racionalizada.
La mejora de la calidad de la educación va más allá de las reformas curriculares, trabaja con creatividad promoviendo nuevas formas de organización del trabajo escolar que no sean sólo contrarias al modelo contemporáneo de organización y de ejercicio del poder, sino que apunte alternativas posibles de ser realizadas. Acciones prácticas con lazos de solidaridad que se concreten por medio del trabajo colectivo en la búsqueda de la transformación social (OLIVEIRA, 1997).
Teixeira (1997), alerta que uno de los problemas educativos graves puede estar centrado en la idea de que en Brasil no hay un criterio adecuado para que una persona pueda dirigir la escuela con competencia, cualquier persona puede ser director de escuela, aun sin formación para desempeñar este papel que es de suma importancia para la calidad de la enseñanza prestada.
Se percibe que el gestor de la escuela es un elemento clave para la implementación del proceso de gestión. Su formación aparece como un presupuesto indispensable ante una perspectiva de transformación, con serio compromiso humano y social que objetiva alcanzar la mejora de la calidad de vida para aquellos que depositan en la educación pública la única esperanza de un futuro mejor. Ferreira y Aguiar en sus investigaciones afirman que la gestión de la educación:
Es la administración que se hace en acción en la clase, por contener "en germen" el espíritu y el contenido del proyecto político pedagógico que expresa, democráticamente, los compromisos y el norte de la escuela por la gestión de la enseñanza, la gestión de la clase, de la gestión de las relaciones, de la gestión del proceso de adquisición del conocimiento, pues la escuela y la clase están interconectadas de todas las maneras (FERREIRA, AGUIAR, 2001: 310).
Para la investigadora, gestión viene (del latín gestio-onis) y su significado es el acto de gestionar, la manera de administrar, mostrar la dirección es organización, por lo tanto, significa tomar decisiones. Una gestión de la educación bien organizada y democrática interfiere en el aprendizaje y en el futuro de los alumnos de la escuela. La gestión escolar desempeña un papel decisivo que influye directamente en las oportunidades sociales y del trabajo, porque ella revela en su forma de organización colectiva su carácter que podrá excluir o incluir. Por eso hay que caminar hacia la calidad de la educación, considerando al alumno como sujeto de
aprendizaje, rescatando la función social de la educación. Así, la gestión, unifica lo que está esprayado, interconectando la escuela y las clases en todos los sentidos.
La gestión de la educación pone en práctica las directrices de la política educativa que apuntan lo que es necesario hacer, para desarrollar e identificar el tipo de hombre que necesitan ser formados. Son las prácticas de gestión de la educación que subsidian las políticas públicas en las relaciones sociales. La gestión se convierte en un eslabón práctico, de toma de decisiones sobre las políticas y las demandas de la escuela desde una perspectiva de emancipación humana.
En esta, Ferreira y Aguiar (2001), examinan las nuevas determinaciones socioculturales y perciben que éstas apuntan hacia un nuevo significado de gestión, que exige nuevos posicionamientos en la forma de organización de la escuela. La sociedad se ha presentado inestable y abre un abanico muy grande para las incertidumbres y suscita una reacción en la búsqueda de la creatividad, en el sentido de encontrar posibilidades y algunas certezas.
En ese sentido, los cambios en curso cobran que la escuela traduzca las nuevas exigencias, para resultar en una formación "más humana" y "ciudadana". Así, la gestión está al servicio de la formación humana y de la humanización de la formación. Este es el significado del ejercicio democrático en la gestión de la educación que objetiva la humanización. La humanización se da cuando la educación no se desvía del crítico camino de la verdad hacia la reapropiación de nuestra dignidad, en la perspectiva de construir un mundo más armonioso y menos discriminatorio (FERREIRA, AGUIAR, 2001).
En este sentido, se entiende que la participación en la gestión democrática de la educación contempla a los profesionales de la educación, a la comunidad escolar, incluidos los alumnos, a la elaboración del proyecto pedagógico, a la autonomía pedagógica y administrativa que se constituyen en los elementos fundantes en la administración de la educación.
La gestión se entiende como toma de decisiones colectivas responsables de la organización y dirección de la escuela en el sentido de impulsarla para alcanzar sus objetivos que se destinan a la promoción humana, con la responsabilidad de garantizar la calidad de la educación. Se lamenta que durante muchos años la educación se basó en formas estrictamente racionales, técnicas y mecánicas que hoy ya han sido superadas, siendo hoy un consenso que la gestión democrática
puede contribuir en la efectivización de una educación emancipadora. No obstante, se entiende que el combate al tecnicismo y su correlato, la humanización de la gestión todavía tiene mucho que hacer para que la gestión democrática tenga de hecho la participación colectiva con la afirmación y efectividad de sus principios fundamentales: el proyecto político-pedagógico y la autonomía de la escuela. Es necesario reforzar estos valores por la participación en la gestión de la educación.
La escuela necesita convertirse en un campo de construcción de la participación, formando el sujeto participativo, y ese movimiento culmina en la clase. La Ley de Directrices y Bases de la Educación Nacional (LDB - 9394/96), al exigir la participación de la comunidad en la gestión y, sobre todo, en la elaboración de la propuesta pedagógica de la escuela, está retomando el ideario puesto en la Constitución Federal de 1988. En la Constitución, en su inciso XXXIII del Art. 5º. se tiene que todos tienen derecho de acceso a informaciones de interés individual, colectivo o general. Esto asegura el derecho a la transparencia y aumenta la posibilidad de control popular. La participación en órganos colegiados de las diferentes categorías de trabajadores también está asegurada. El artículo 206 asegura que "la enseñanza se imparte sobre la base de los siguientes principios: VI- gestión democrática de la enseñanza pública, en la forma de la ley".
Por otra, la concepción de democracia presente en la constitución se encuentra comprometida con la visión representativa de la misma, cuando en su inciso único del art. 1, enfatiza que "todo poder exhalar del pueblo, que lo ejerce por medio de representantes electos o directamente, en los términos de esa constitución" (Brasil, 1988). Debe recordarse que la propia noción de representatividad es cuestionable, porque puede no representar de hecho la colectividad.
La democracia como principio se articula al de la igualdad al proporcionar, a todos los integrantes del proceso participativo, la condición de interlocutor válido. Como método, debe garantizar a cada uno de los participantes igual poder de intervención y decisión, creando mecanismos que faciliten la consolidación de iguales posibilidades de opción y acción ante los procesos decisorios. (ADRIÃO, CAMARGO, 2001: 77).
Para reflejar la gestión de la escuela hay que hacer una incursión sobre el modelo de democracia que ancla el poder en las instancias de toma de decisión.
En la democracia representativa puede ocultar un sistema del tipo disfrazado, manteniendo las élites que se alternan en el poder. Esto se convierte en una especie de violencia moral contra la legítima participación popular, porque está configurada en una forma de dictadura de las élites que sólo cambian de puestos, pero continúan poniendo el cabestro en la población trabajadora. Con respecto al principio democrático de la gestión de la escuela dice Cury:
La gestión democrática como principio de la educación nacional, presencia obligatoria en instituciones escolares, es la forma no violenta que hace que la comunidad educativa se capacite para llevar a término un proyecto pedagógico de calidad y pueda también generar "ciudadanos activos" que participen sociedad como profesionales comprometidos y no se ausente de acciones organizadas que cuestionan la invisibilidad del poder (2005, p.17).
La reconstrucción del espacio público puede ser realizada por la gestión democrática que puede promover una reconfiguración del actual modelo democrático de participación en las tomas de decisión hoy presentes en la escuela, de manera que ese proceso sobrepase los muros de la escuela y puedan significar cambios en la comunidad de forma más integral. Al mismo tiempo, que aún eso sea una lucha en el campo de la interpretación de cómo viabilizar una supuesta garantía constitucional directora del proceso de construcción democrático de la educación pública brasileña.
Esto es, aún queda mucho que hacer, para que la gestión en la práctica sea democrática, pero el camino ya está siendo recorrido y, lo más importante, es el hecho de tener amparo legal. Alerta para superar las formas que perjudican la participación de la comunidad en los espacios escolares, porque urge calificar la participación de la comunidad en la escuela de forma que ésta se extienda en la clase, revirtiendo el proceso de aprendizaje orientado hacia la competitividad y el individualismo, de forma a garantizar el respeto al alumno como sujeto, capaz de conocer e intervenir en su realidad.
El espacio escolar en la perspectiva humana
En la historia de la humanidad, la escuela es el lugar donde se inicia el proceso de socialización. Además de la familia e iglesia, la escuela se convierte en un importante medio de formación del sujeto. Al estudiar la historia se percibe diversas concepciones de escuelas, estas sujetas a la política de estado del
momento que se vive, así como la intencionalidad de estas. Sin embargo, todos comparten la misma premisa que la escuela es el espacio del aprendizaje. En ese aprendizaje puede considerarse que ésta posee múltiples determinaciones.
La escuela vinculada a los procesos de socialización es fruto de las contradictorias relaciones sociales. Para Campos (2013, p.12) "la escuela tiene el desafío de intervenir en el mundo, transformándolo por el diálogo". De esta forma cabe evaluar cómo la escuela está siendo vista por el alumno. Sería el alumno sólo un número para el profesor y para la escuela, o se entiende que éste es un sujeto capaz de aprender y comprender que es posible ser sujeto transformador de la realidad puesta. La gestión escolar entiende al alumno como sujeto de derecho, o mantiene la participación alienada de la comunidad escolar a fin de legitimar sus acciones autoritarias. Son tales cuestionamientos que urgen ser respondidos. Se defiende la democratización de la gestión en todos sus segmentos a ofrecer el aprendizaje significativo considerando al alumno como protagonista de ese proceso.
Se parte de la premisa que enseñar es un acto político con intencionalidad. El saber docente se hace en su práctica, donde es capaz de evaluar su acción y redimensionar su hacer pedagógico. En ese sentido es posible decir que el profesor también es gestor, es él que planea, organiza, dirige, evalúa el hacer docente, favoreciendo un ambiente de aprendizaje.
Campos (2013), considera que la gestión de la clase se hace en un nuevo enfoque de la observación sobre el terreno a por medio de la historia de vida, del contexto que se encuentran los alumnos. En este proceso, el diálogo es fundamental, la relación profesor alumno necesita basarse en el respeto, la cooperación y la colaboración.
Por este es necesario conquistar al alumno para que éste supere la perspectiva de escuela contendiste. Entenderse como sujeto respetado y capaz de ser oído es un ejercicio democrático en la gestión del clase. Es un ejercicio democrático que subsidia el aprendizaje significativo, en la perspectiva de la emancipación humana. Si pensamos en el estado puesto, capitalista, donde la individualidad y competencia son muelles propulsores de la hegemonía que considera el capital, se puede pensar que dejar al alumno ser sujeto de aprendizaje, no favorece las matrices puestas por el estado, tan poco directrices guiadas por documentos. En cambio, aunque a corto plazo no sea posible alterar tales
documentos, hay que pensar que el profesor como ser político tiene la responsabilidad de oportunidad la discusión, el enfrentamiento a tal realidad de modo a proponer la reflexión de los alumnos para que éstos sean osados y creen que aún es posible transformar su realidad, siendo sujetos de su propia historia.
Conclusión
Según Fernandes (1989), el desafío educativo es construir una escuela autosuficiente y autónoma capaz de transformar su ambiente. De esta forma la escuela es responsable de formar ese alumno participativo. Permitir que el contenido sea el principal elemento de la enseñanza del aprendizaje es multiplicar patrones capitalistas del hacer docente. Son alumnos alineados, clases fragmentadas, evaluaciones a gran escala como principal proceso de evaluación que permiten que la escuela sea un espacio de convivencia diaria aburrida, sin sentido para muchos.
Por otro lado, hay docentes que ejercen su oficio por el mero cumplimiento de su deber y alumnos que permanecen en las clases por presión de la propia sociedad discriminatoria. Las relaciones de superación entre la obligatoriedad de ser parte de ese proceso y la idealización que al concluir la etapa académica se obtendrá éxito en la vida. Son sueños de oportunidades iguales de trabajo en un mercado competitivo que favorece a pocos que tienen el capital y excluyen cada vez más lo que se esfuerza para conseguir una mejor oportunidad. Esos son los subsidios que emergen en un anhelo de transformación. Transformación posible para quien percibe ese proceso alienante y se atreve a cambiar su praxis en la lucha por un mundo más justo.
En este sentido, la gestión de la clase como ejercicio democrático del colectivo, la gestión escolar como articuladora de ese movimiento democrático son fundamentales para redimensionar la praxis y avanzar en la garantía de una calidad de enseñanza de la escuela pública, de forma que los alumnos se perciban como elemento principal de este proceso. Reiterando que el profesor también es gestor en su clase, el compromiso del director para que ese ejercicio democrático se extienda en el aprendizaje del alumno mientras sujeto es de extrema relevancia. Se entiende que la gestión democrática todavía es un camino por recorrer en las escuelas, y sólo es posible cuando se entiende que el diálogo debe permear todas las relaciones entre la comunidad escolar, con los diversos actores.
Bibliografia
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