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hallazgos arqueológicos
Odlanyer Hernández de Lara y
Daniel Schávelzon
, editores
CASA DEL
En la ciudad de Buenos Aires muchos creerán que no
ha quedado nada bajo el piso, por la construcción
indiscriminada de torres, o por las modificaciones
constructivas en general que colman gran parte de la
ciudad. Algunos pensarán en los famosos túneles, que
efectivamente existen, pero no constituyen ni siquiera
la mayor parte del potencial del subsuelo porteño.
Casa del V
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rey Linier
s: hallazgos arqueológicos
Eva Bernat | Flavia Zorzi | Francisco Girelli | Horacio Padula Mariana Boveda | Mario Silveira | Patricia Frazzi | Ricardo Orsini
ODLANYER HERNÁNDEZ DE LARA
DANIEL SCHÁVELZON
(EDITORES)
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ODLANYER HERNÁNDEZ DE LARA
DANIEL SCHÁVELZON
(EDITORES)
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ALLAZGOS
A
RQUEOLÓGICOS
Daniel Schávelzon, Eva Bernat, Flavia Zorzi, Francisco Girelli, Horacio Padula, Mariana Bóveda, Mario Silveira, Odlanyer Hernández de Lara, Patricia Frazzi, Ricardo Orsini
Hernández de Lara, Odlanyer
Casa del Virrey Liniers: hallazgos arqueológicos / Odlanyer Hernández de Lara y Daniel Schávelzon. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Aspha, 2014.
148 p. : il. ; 20x14 cm.
ISBN 978-987-45321-0-7
1. Arqueología. 2. Patrimonio . I. Schávelzon, Daniel II. Título CDD 930.1
Fecha de catalogación: 27/12/2013 Diseño y diagramación:
Odlanyer Hernández de Lara
© Los autores, 2014. Aspha Ediciones
Virrey Liniers 340. 3ro. L. (1174)
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Telf. (5411) 4864-0439
[email protected] www.asphaediciones.com.ar
P
RESENTACIÓN
os arqueólogos de la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico trabajan desde hace años en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, lugar en el cual, a la in-certidumbre propia de la exploración arqueológica, se suma la dificultad del acceso al suelo en un ámbito urbano tan densa-mente poblado. Esta particularidad, que puede parecer desalen-tadora, ha sido tomada por estos profesionales como un desafío.
Hace cuatro años, con el traslado de nuestra sede a dos edificios patrimoniales dentro del área de emplazamiento colo-nial de la Ciudad, su compromiso se redobló con el proyecto de una labor arqueológica cuidadosa y de largo plazo en el lugar en que se desenvuelven cotidianamente las demás actividades de la Dirección.
A sabiendas de que los resultados de cualquier investi-gación son provisorios y sujetos a revisión, optaron por compar-tir con el público el fruto de las primeras exploraciones en el sitio conocido como Espacio del Virrey Liniers. A modo de anticipo, volcaron en este libro información fresca, entregando algunas de las piezas con las que se construye el rompecabezas de nuestro patrimonio. Y lo que es aún mejor, contagian su entusiasmo por una tarea que recién empieza, tarea que nos comprometemos a profundizar, sistematizar y poner a disposi-ción de todos.
Liliana Barela
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REFACIO
a arqueología, entendida como una ciencia social, tiene el compromiso de comunicar a la sociedad los resultados de las investigaciones que realiza sobre los sitios arque-ológicos, no solamente porque en la mayoría de las ocasiones es la misma sociedad la que financia los estudios que se realizan, sino también porque el patrimonio arqueológico es de dominio público, lo que implica que las actuaciones sobre él conlleven al compromiso social de compartir lo que se conoce nuevo. Esta difusión científica constituye una de las principales vías para que todos conozcan la importancia del pasado y cómo este se preserva a lo largo del tiempo, aún en lugares insospechados. Ello contribuye además a que se preparen legislaciones más efectivas, actualizadas y coherentes con las particularidades del patrimonio de cada lugar. Pero para legislar, primero hay que investigar, para poder conocer lo que se quiere preservar.
En la ciudad de Buenos Aires muchos creerán que no ha quedado nada bajo el piso, por la construcción indiscriminada de torres, o por las modificaciones constructivas en general que colman gran parte de la ciudad. Algunos pensarán en los famo-sos túneles, que efectivamente existen, pero no constituyen ni siquiera la mayor parte del potencial del subsuelo porteño.
La historia de la ciudad se conserva, en alguna medida, a través de la cultura material, o sea, en un sinnúmero de obje-tos que conforman una parte del registro arqueológico. A través de estos objetos, de sus relaciones contextuales y con la ayuda de la información histórica documental (como planos, postales, fotos y otras fuentes), los investigadores interpretan el pasado. Estas historias, que en muchos casos han quedado en el olvido,
pasan a formar parte de nuestro presente, de nuestra memoria, y enriquecen sobremanera nuestra identidad.
Por todo esto es que se comenzaron las investigaciones en el patio de lo que actualmente es la sede de la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico, ya que si se quería investigar el pasado de la ciudad desde la arqueología, pues ¿qué puede ser mejor que comenzar por nuestro patio?
Las tareas de excavación se llevaron a cabo gracias a la colaboración de muchas personas. Por ello, debemos agradecer a todos los que ayudaron en tan arduo trabajo, especialmente a muchos estudiantes de la carrera de antropología con orienta-ción en arqueología de la Universidad de Buenos Aires, pero también a varios estudiantes de arquitectura que se acercaron a ofrecer sus conocimientos y tiempo libre para aportar a esta historia que hemos logrado culminar gracias a todos ellos.
Durante el transcurso de los trabajos, mientras se iban realizando los diversos hallazgos, se fueron escribiendo notas que tuvieron el objetivo de ir informando de las novedades que hubo, para que el público interesado no tuviera que aguardar al final. Ello fue motivado además por la cantidad de personas que se fueron acercando a visitar la Casa de Liniers, o los que veían las noticias que aparecieron en varios medios de comunicación. Así, podían acceder a las novedades de la excavación y darle seguimiento a los trabajos realizados.
Este pequeño libro es precisamente la compilación de muchas de esas notas, escritas exclusivamente con el ánimo de comunicarlas a un público amplio, que muchas veces no maneja ciertos términos técnicos. Claro está, estos textos son avances que, en algunos casos, pueden haber cambiado un poco, o mu-cho, pero en alguna medida muestra parte del dinamismo de una excavación en una ciudad.
CASA DEL VIRREY LINIERS
interactuar con ese pasado que también les corresponde, ayu-dando así a que se rescate el patrimonio cuando está en riesgo. Odlanyer Hernández de Lara
Casa del Virrey Liniers:
Arqueología e historia de un inmueble
porteño
Daniel Schávelzon, Odlanyer Hernández de Lara y Ricardo Orsini
as excavaciones arqueológicas en el inmueble conocido como Casa del Virrey Liniers (Venezuela 469) han apor-tado un importante conjunto de evidencias materiales para ahondar en el conocimiento de la vida cotidiana de Buenos Aires, en un contexto que se remonta hasta el siglo XVII.
Un poco de historia del inmueble
El inmueble que en la actualidad se conoce como la Ca-sa del Virrey Liniers fue construido en 1788. Su frente colonial parece guardar su aspecto original, a pesar de la historia cons-tructiva que ha transcurrido detrás de ese muro frontal que da sobre la actual calle Venezuela. Su devenir, a pesar de aparente quietud de su frente, fue lo suficientemente amplio como para detenernos en los pocos años que el ex Virrey lo usara como morada. Durante los primeros años del siglo XIX, el edificio fue adquirido por Martín Simón de Sarratea, quien tenía su residen-cia en la misma manzana pero con frente sobre la calle Defensa y por cuyos fondos se terminaron vinculando con esta construc-ción y con una tercera con frente sobre Bolívar 462, donde ins-talará sus oficinas dedicadas a cuestiones mercantiles. Fue para estos años, entre 1806 y 1809, que Santiago de Liniers, yerno de
Sarratea, habría vivido allí, en su momento político de mayor relevancia1.
Fotografía del frente del edificio hacia 1920 (Fuente: Archivo General de la Nación)
Hacia 1860, en el catastro de la ciudad realizado por el ingeniero Pedro Beare, el inmueble aparece ubicado en la calle Venezuela con el número 63, propiedad de doña Celedonia Garay. El registro de 18 habitaciones en planta baja, donde re-sidían 57 personas, muestra que la propiedad había pasado a utilizarse como residencia colectiva. El 78% de los habitantes eran de procedencia española, que convivían con algunos argen-tinos, en varios casos hijos de extranjeros, un par de italianos y un francés.
CASA DEL VIRREY LINIERS
Vista actual de la fachada de la denominada Casa del Virrey Liniers
Es interesante destacar que la mayoría de estas personas se encontraban en edad laboral (entre 20 y 34 años), casi todos hombres solteros. Estos se ocupaban, entre otras cosas, como herreros, torneros, fonderos, talabarteros, carpinteros, sastres, escribientes, comerciantes, tallistas, dependientes, zapateros, peluqueros y un cocinero.
En cambio, las mujeres, en ningún caso, aparecen con profesión, lo que se corresponde con las características de la sociedad decimonónica, donde las mujeres estaban más asocia-das a la crianza de niños y el cuidado de la casa.
Por su parte, la edificación con frente a la calle Defensa ya no aloja en ella a los Sarratea, ni a sus descendientes, para eso debemos hacer ingreso por Bolívar 462, donde aún la familia es propietaria del lote en el que en algún momento habían asentado allí una de sus actividades mercantiles, y que para los años ´60 se ve como los Biedma, los Monasterio y los Estrada,
descen-dientes por línea directa de Santiago de Liniers y de Tomasa Josefa de Sarratea se hacen presentes entre sus dos plantas2. Y a
partir de aquí la historia se vuelve circular, y cuando volvemos a Venezuela 469, observamos que de los días de inquilinato, de patios populosos y niños correteando, se da paso en pocas déca-das más a los dominios de la Familia Estrada, cuando son inte-grados sus muros como parte estructural de la editorial homó-nima que se estaba gestando (Lima 2005).
La gente cambió, y los espacios también; como se apre-ció, el edificio sufrió numerosas modificaciones hasta esta el presente, el actual patio volvió a serlo sólo desde hace 30 años; hasta allí un tinglado encerró durante cien años un sector que fue a través de los años utilizado como imprenta, oficinas, de-pósito y sala de conferencias. Los muros de los tiempos de Li-niers también fueron cayendo o bien alterados a nuevas necesi-dades.
CASA DEL VIRREY LINIERS
Pirámide de población de los habitantes de la casa en 1860
Detalle del catastro de Pedro Beare, donde se observa la planta de la casa hacia 1860, con el número XVI
Y así llegamos a 1942, año en que el edificio es decla-rado Monumento Histórico Nacional, hasta el 2010 en que es adquirido por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para instalar allí a la Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico. Un año después, surge a partir de este organismo esta iniciativa de practicar prospecciones arqueológicas en el lugar, decisión que intenta aplicar una nueva herramienta metodológi-ca y teórimetodológi-ca que nos permita integrar a los conocimientos histó-ricos adquiridos durante décadas, el aporte desde lo arqueológi-co en la arqueológi-construcción de nuevas inferencias e interpretaciones de los restos materiales y estructuras que allí se hicieran presen-tes.
El contexto arqueológico
La excavación arqueológica en el inmueble comenzó con una serie de sondeos en el patio, con la finalidad de lograr una primera aproximación en un sector donde, de acuerdo a las fuentes cartográficas e históricas, el perímetro se había modifi-cado a lo largo de los años. Se realizaron cinco asignaciones de cuadrículas de 1 x 1 metros seleccionadas de manera aleatoria en primera instancia y dirigida de acuerdo a la intensidad de hallazgos en dos sectores del patio. Estas cuadrículas fueron ampliadas a trincheras a partir del potencial de los espacios excavados, lo que implicó la detección de un muro de ladrillos en el sector oeste del patio.
A partir de ese momento, se decidió excavar un área abierta, para lo cual se plateó un área de 8 x 5 metros, que luego se extendió en forma de trinchera (con una extensión de 5 m de largo y 1m de ancho, lo que completó los 13 m de largo total del patio). Esto permitió identificar un conjunto de unidades estratigráficas que dan cuenta de la complejidad del espacio
CASA DEL VIRREY LINIERS Plano de la ex cav ac ión arque ol óg ic a, re al izado por Fl ore nc ia C asan ov a 6 7 9 13 44 39 31 38 43 47 52 21 22 23 5 20
Vis ta de una part e de la ex cav ac ión en el se ct or oe st e de l pat io
CASA DEL VIRREY LINIERS
Uno de los espacios de mayor potencial correspondió a la u.e. 28, denominada también como rasgo 7, que se ubicó en la esquina noreste de la excavación. En este lugar se halló un conjunto de evidencias en una pequeña depresión del terreno que parecía indicar un contexto secundario, con evidencias que parecen corresponder al siglo XVII. Esta concentración se ex-tendía por debajo de uno de los muros.
La puerta de la casa de Liniers
Francisco Girelli
a puerta de entrada es una de las partes de la casa de indudable originalidad que pertenecen al periodo colo-nial y que se ha conservado casi sin alteraciones durante sus más de 200 años. Se trata además de unas de las pocas puer-tas de ese período que sobrevivieron en la ciudad.
La arquitectura civil de Buenos Aires durante el siglo XVIII y principios del XIX se caracterizaba por sus fachadas austeras y de composición muy simple, cuyos frentes blancos y apaisados solo se veían interrumpidos por modestas pilastras. Lo distintivo y encantador lo aportaban sus rejas y puertas. Es-tas puerEs-tas aunque no variaban mucho entre sí, presentaban una imagen distinta entre el interior y exterior. Hacia afuera destaca la combinación de tableros salientes de distintas formas, mien-tras que hacia adentro lo hacen los rebuscados herrajes de hierro forjado, tan propios de la tradición española.
Las puertas coloniales de Buenos Aires y otros lugares del territorio argentino, noroeste y Córdoba principalmente, fueron de gran interés en los relevamientos realizados en la década de 1940 por la Dirección Nacional de Arquitectura (ex MOP) y la Comisión Nacional de Monumentos. Vicente Nadal Mora quien trabajaba como dibujante para la Sección Monu-mentos Históricos fue el encargado de realizar muchos de estos relevamientos y publicarlos luego, como es el caso de su trabajo titulado “Puertas de Buenos Aires Colonial” (Nadal Mora, 1946b)1.
1 Del mismo autor y sobre las puertas coloniales existen otros trabajos, ver:
Nadal Mora, 1943; Nadal Mora, 1946a.
Fig. 1. Relevamiento de la puerta y detalles de los tableros, por V. Nadal Mora
La que estamos estudian-do en esta oportunidad es una puerta de calle del tipo compuesta, de cuatro hojas, denominadas “puertas con portillo” (Nadal Mo-ra, 1946a: 96). Una puerta doble mayor toma la dimensión total del vano y otra de menor escala, ubi-cada dentro de aquella, sirve para el uso constante. Ambas puertas rematan con un dintel recto.
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
El sistema de bisagra empleado en esta y otras puertas coloniales es el del gozne. Se componen de una parte fija al marco y otra móvil ubicada en la hoja. La parte fija es un perno que sirve de enchufe, atraviesa una arandela de apoyo, sale por la parte inferior de esta y termina en forma aplanada como un corazón, clavada al marco. La parte móvil en este caso pertene-ce al grupo de alas onduladas, es una planchuela forjada com-puesta por dos S reflejadas, de clara inspiración vegetal. Las alas van sujetas con clavos de sección cuadrada, y en el centro se refuerza con un clavo de mayo tamaño que atraviesa total-mente la puerta y se remacha sobre la planchuela, quedando visible su cabeza circular hacia el exterior.
La puerta hoy
Si bien es para destacar que el estado de conservación actual de la puerta es muy bueno considerando su edad, ha su-frido una serie de intervenciones, con algunos agregados y otros
Fig. 4 . Si gnos de la ub ic ac ión de l l lam ador y re const ru cc ión de su pos ibl e forma
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
faltantes, que han alterado su aspecto. Algunas de estas son producto de 200 años de uso pero otras, como ya veremos, nun-ca debieron ocurrir.
1- En el sector derecho de la hoja mayor se reconocieron una serie de signos que parecen indicar la falta de una pieza o herraje posiblemente original. Por la ubicación y forma de lo que sí había quedado, vimos que podía tratarse de un llamador que en algún momento fue reti-rado (Fig. 4). No debe de extrañar esa ubicación, encon-tramos llamadores en el margen derecho de la hoja ma-yor en otros edificios del período: Casa de Bartolomé Mitre, San Martin 336; Casa de Manuel Alejandro Obligado, Chacabuco 157 (demolida, actualmente en el Museo de Luján); Casa de Graña (Ciudad de Salta). 2- Algunos cambios fueron introducidos con los arreglos
propios del uso durante tantos años, en la Figura 5 se aprecia como en realidad resultaron remiendos poco cuidados. La innumerable cantidad de capas de pintura no logro taparlos todos y se observa la ubicación de la cerradura primitiva, hoy desaparecida.
Fig. 5. Detalle de las intervenciones modernas 2, 3 y 4
3- La eliminación de la cerradura original implicó la in-corporación de un nuevo sistema de cierre, se ve como se optó por la incorporación de un pasador moderno que nada tiene que ver con los demás herrajes.
4- La modificación más importante fue el anulado del sis-tema de doble puerta a través de la incorporación des-afortunada de 4 flejes de acero atornillados a la parte posterior de cada hoja.
Bibliografía
Furlong Cardiff SJ, Guillermo (1946), Artesanos Argentinos
durante la dominación hispánica, Huarpes, Buenos Aires.
Nadal Mora, Vicente (1943), La Arquitectura Tradicional de
Buenos Aires: 1536-1870, Edición del Autor, Buenos Aires.
Nadal Mora, Vicente (1946a), Estética de la Arquitectura
Colo-nial y PostcoloColo-nial Argentina, El Ateneo, Buenos Aires.
Nadal Mora, Vicente (1946b), “Puertas del Buenos Aires Colo-nial”, en revista Estudios Nº405, Enero de 1946, Academia literaria del Plata, Buenos Aires, pp. 26-57.
Muros y más muros:
la complejidad arquitectónica
Odlanyer Hernández de Lara
as excavaciones arqueológicas suelen comenzar por
la realización de sondeos exploratorios, que aportan
una primera visión de la estratificación del
subsue-lo y le permiten a subsue-los arqueósubsue-logos organizar una estrategia
de abordaje de los sitios a investigar. En el caso que nos
ocupa, la llamada Casa del Virrey Liniers, no fue distinto.
Los trabajos comenzaron con una serie de sondeos que
luego se convirtieron en trincheras, para intentar recabar
algún indicio que orientara el estudio, ya que los planos
con los que contamos no poseen tanta información como
nos gustaría.
Uno de los temas complicados era que el actual
pa-tio de la casa tiene un piso de lajas modernas apoyado en
una carpeta de cemento, que a su vez descansa sobre otra,
de entre 15 y 30 cm de hormigón. No hace falta explicar el
trabajo físico que conllevó remover esas primeras capas…
Por suerte, luego tuvimos la oportunidad de utilizar un
rotopercutor eléctrico que nos facilitó el trabajo. Esta es
una de las “limitantes” de la arqueología urbana, que casi
siempre conlleva al uso de herramientas no tradicionales
en el portafolio del arqueólogo.
El caso es que en uno de esos sondeos detectamos
lo que luego corroboraríamos: la primera pared de
ladri-llos; un muro de 80 cm de ancho. A partir de ahí la
exca-vación se hizo extensiva, abriendo un área considerable
que nos permitió observar horizontalmente la distribución
arquitectónica. Muro tras muro, cada vez se complejizaba
más la interpretación del espacio.
El análisis de los muros nos ha permitido ir
expli-cando, al menos en parte, los distintos momentos
construc-tivos del inmueble. Es así como hemos identificado al
me-nos tres momentos, que parecen extenderse desde el siglo
XVIII hasta el XX, aunque la exactitud cronológica no es
tan evidente.
Vista de la excavación donde se pueden observar los
mu-ros encontrados en la primera etapa de trabajo
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
momento de lo que sería la etapa más temprana del
in-mueble, con una cronología que, tentativamente, sería del
siglo XVIII, o quizás anterior.
Una parte de esta estructura fue demolida, lo que
modificó la distribución interna de la casa, agregándose
los muros numerados como u.e. 5, 6 y 20. El muro 6 sería
el último de los construidos en ese momento, en el cual se
agregó un revoque que cubrió, por un lado, parte de los
muros 5, 6 y 7. Contemporáneamente se le aplicó revoque
a una parte del muro demolido (u.e. 47), lo que constituye
uno de los aspectos que nos permitió interpretar la
demoli-ción del muro anterior como consecuencia de la
agrega-ción de los nuevos, aunque esto no funcionó en todos los
casos.
Un detalle importante fue detectar, al abrir un área
nueva de excavación -ampliando la ya excavada-, los
res-tos del muro denominado u.e. 52 que corría paralelo al
muro 5, lo que iba contra toda lógica constructiva. A eso
se suma la diferenciación de ambos muros por las
tipolog-ías de construcción. El muro 52 parece haber estado
co-nectado con el 47, que fue afectado por la demolición que
produjo la interrupción.
Lo que parece cierto es que hubo una construcción
anterior que fue modificada, utilizando los muros que ya
existían para agregar nuevos ambientes. Pero también esta
sufrió modificaciones. Al parece en el siglo XX se
cons-truyó una pared (u.e. 21 y 23) que separa el actual patio de
la casa en una sección que falta por estudiar con mayor
profundidad.
En este momento también se modificó la pared
Oeste, donde aparece una interrupción en la continuación
del muro con ladrillos del siglo XX.
Vista de una interrupción que parece ser del siglo XX. En
la esquina, se observa la confluencia de dos muros
distin-tos, uno del siglo XVIII y otro del XX
Por si fuera poco, la existencia de la Imprenta
Es-trada se hizo notar en este espacio, donde se construyeron
varias columnas de hormigón armado para soportar un
techo, aparentemente para utilizar todo este espacio que
hoy es patio, como un lugar de trabajo. En uno de los
pri-meros sondeos ya nos habíamos encontrado con una de
estas columnas y luego con otra, pero esta vez su
cons-trucción había roto uno de los muros antiguos.
Una cuestión interesante que no podemos obviar:
los muros fueron construidos casi en su totalidad con
la-HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
baldosas y parte de tejas que también se utilizaron en la
construcción de los muros. El único caso en el que se
ob-servan muchos ladrillos completos es en el muro 6, lo que
da una idea de la complejidad de la interpretación de los
arreglos arquitectónicos, sean grandes o chicos.
El hallazgo
de una higa de piedra negra
Daniel Schávelzon
a arqueología no encuentra El David ni la Gioconda. Es obvio. Pero en estos días y gracias al buen ojo de Odly se encontró una pequeña, mínima, casi imperceptible “higa”. Algo chiquito, negro y sucio, pero que nos significa la apertura a un mundo olvidado, escondido por el peso de la gran historia nacional. Las higas eran -y siguen siendo- pequeñas manitos de piedra dura y brillante con el dedo pulgar entre el segundo y el tercero.
Foto de la higa de piedra tallada.
(Foto P. Frazzi. La escala marca cada cuadrado un centímetro)
La higa es un símbolo africano que llegó a América jun-to con los esclavos pero también fue común entre los españoles, ya que curaba llevándola cerca del dolor. Se supone que absorb-ía la energabsorb-ía negativa (la New Age de la época). Fueron habi-tuales en los siglos XVII y XVIII y romperlo significaba que habían causado efecto, es este caso. El mal principal era el “de ojo” y para eso se la colgaba de una cadenita del cuello.
Higa actual completa
Hemos encontrado muchas cosas en esta excavación in-cluso de plata, pero esta presencia de la esclavitud, la enferme-dad, la importancia de lo minúsculo, y el buen ojo del arqueólo-go, nos dice mucho más que grandes cerámicas hermosas. Co-mo dice Saramago, las piedras hablan, hay que saberlas oír. Por lo general eran hechas en Asturias y en Yorkshire donde hay
Un plato de mayólica portuguesa
Flavia Zorzi
na vez más, los trabajos arqueológicos en el sitio Casa de Liniers nos llevan a comunicar un interesante hallazgo. En esta ocasión, se trata de un plato bastante completo de mayólica datado entre 1600 y 1650.
La mayólica es un tipo de cerámica con esmalte a base de estaño que comenzó a producirse en Europa a partir de la ocupación morisca del territorio español. Su utilización como vajilla de mesa tuvo un período de auge entre el siglo XVI y la segunda mitad del siglo XVIII, cuando comenzó a ser reempla-zada por la loza industrial.
Plato de mayólica portuguesa de 1600-1650 hallado en las excavaciones
Esta pieza exhibe en superficie interna un patrón deco-rativo en color azul cobalto, que emula la porcelana oriental. En el campo de las paredes, hay motivos en forma de helecho que se posicionan en cartuchos independientes, tomando una dispo-sición típica de las producciones chinas del período Wang Li de la dinastía Ming. El medallón central del plato está formado por un diseño sencillo también de inspiración oriental. Se las cono-ce en la arqueología americana como Ichtuknee Azul sobre
Blanco y, de acuerdo a investigaciones recientes, se trataría de
una producción portuguesa. Constituye una variedad de mayóli-ca muy popular y difundida, que representa el éxito que la com-binación de pautas estéticas orientales y europeas tuvo en toda Europa y las colonias durante la primera parte del siglo XVII.
En Buenos Aires no son frecuentes los hallazgos de piezas de este tipo con tan alto grado de integridad y en un con-texto tan bien definido. Por ello, este pequeño plato en el sitio Casa de Liniers resulta particularmente relevante para la ar-queología histórica de la ciudad.
Conservación y restauración de un
plato de mayólica Ichtuknee azul
sobre blanco (1600-1650)
Patricia Frazzi
ada objeto o conjunto de fragmentos hallados en un con-texto arqueológico es un caso único para la conservación y restauración.
Las particularidades de cada contexto, las marcas de uso y los factores postepositacionales que entran en contacto con los artefactos les dan características específicas. En lo refe-rente al sedimento de esta excavación, se realizaron pruebas para comprobar la presencia de cloruros y para medir el pH, dando un resultado negativo en el primer caso y 6,5, es decir casi neutro en el segundo, teniendo en cuenta que 7 es neutro, dentro de la escala que va del 1(ácido) a 14 (alcalino).
En este caso, los fragmentos de esto plato fueron armados luego de haber sido limpiados y secados para su identificación.
La limpieza consistió en un lavado con agua corriente con cepillos de pelos suaves para poder retirar el sedimento que estaba muy adherido, especialmente en los sustratos más poro-sos. El secado se realizó sobre rejillas plásticas y en un ambien-te inambien-terno para evitar la evaporación brusca del agua absorbida.
Luego de separar todos los fragmentos de mayólica de la excavación se comenzaron a buscar coincidencias para un posible remontaje. La forma, el diseño y el color fueron factores determinantes para juntar todas las partes de este objeto. La adhesión se comenzó luego de agotar todas las posibilidades entre los fragmentos encontrados en un mismo sector de la ex-cavación.
Lavado de los fragmentos
CASA DEL VIRREY LINIERS
Plato presentado según diámetro calculado por su sector circular
Plato montado en soporte de espuma de polietileno y cartón corrugado plástico
Una vez pegadas las partes que coincidían se observó que se contaba aproximadamente con un 40% del plato y que se hallaba dividido en tres partes, el de mayor tamaño consta de 12 fragmentos adheridos, le sigue el de cuatro y por último un ties-to suelties-to.
Se decidió no hacer reintegro de faltantes según el crite-rio de tener por lo menos un 60% del artefacto para poder enca-rarlo. En su defecto, se montó el plato en un embalaje de espu-ma de polietileno calada con la forespu-ma de las tres partes antes mencionadas siguiendo la frecuencia del diseño con el fin de poder reconstruir visualmente la forma completa. Se realizó una caja de cartón corrugado plástico como soporte rígido, rotulada con el nombre del sitio arqueológico y una pequeña imagen del plato restaurado para una fácil identificación, sin necesidad de abrir el embalaje.
Se realizó una ficha técnica donde se describen los pa-sos realizados, las metodologías y materiales utilizados, como así también las recomendaciones de conservación preventiva para la preservación del objeto.
Se agradece la colaboración de María Lila Madambashi, alumna de la carrera de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Universidad del Museo Social Argentino.
Una ficha de juego
fabricada en un plato de mayólica
Odlanyer Hernández de Lara
os juegos acompañaron desde antaño al ser humano y con ellos llegaron también los juguetes, que han sido, en muchos casos, los que permiten a los arqueólogos inferir la existencia de determinador juegos, a veces documentados históricamente y otras veces no tanto.
Ficha de juego hallada en la Casa de Liniers. Anverso: con mo-tivos decoramo-tivos en azul y el punto de apoyo de la
“pata de gallo”
Ficha de juego hallada en la Casa de Liniers - Reverso: en blanco con la otra marca de la “pata de gallo”
Un artefacto muy habitual en todo el continente ameri-cano, asociado con los juegos, muchas veces en grupos subal-ternos (como esclavos, soldados, etc.), han sido unos discos trabajados manualmente a partir de fragmentos de cerámica de todo tipo, desde mayólicas hasta lozas finas, pasando por las cerámicas utilitarias.
Y la Casa de Liniers no se queda atrás. En otra de estas notas, se dan a conocer dos discos de cerámica que parecen haber sido utilizados como tapas de botijas. Ahora hemos halla-do una tercera pieza, pero esta vez confeccionada a partir de un fragmento de plato de mayólica, que debió formar parte de los variados juegos de azar de la época. En una de las caras de la
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
gallo”, que no eran más que unos objetos utilizados para poder separar (y no se pegaran) las vasijas durante su cocción para el esmaltado.
Fichas de juego de Santa Fe La Vieja, siglos XVI-XVII (Museo de Cayastá)
Una botija de aceite de Portugal
Daniel Schávelzon
urante las excavaciones se ha hecho un pequeño pero significativo hallazgo entre los cientos de fragmentos cerámicos. Ya hemos visto que el conjunto es de los siglos XVII y XVIII, con mayor presencia de objetos de finales del XVII aunque gran parte de las construcciones son del XVIII tardío. Pero en el estado actual del trabajo es aún prematuro asegurar nada, de ahí que cuando hay objetos que tienen una fecha de manufactura precisa es de gran utilidad para estar se-guros de lo que estamos diciendo.
Pico de la botija de aceite de oliva
Se encontró un pico de una botija de aceite de oliva, va-sijas típicas ibéricas de uso cotidiano desde la conquista hasta la mitad del siglo XIX. La diferencia entre este y los otros encon-trados aquí y los muchos que hay en la ciudad, es que este pare-cería ser de origen portugués y su fecha es bastante exacta:
1625. Y esto es más que importante de refrendar cada día por-que la suposición de la fecha de la casa era de la época, preci-samente, del Virrey Liniers o de la familia que se la alquiló, los Sarratea.
Izquierda: botija hallada en Nagasaki según Y. Kahuaguchi 2011. Derecha: una vasija similar encontrada en Mombasa en un naufragio de 1697 según M. Marken 1994, ambas de posible
origen portugués
Carta cronológica de los perfiles de los picos
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
La bibliografía en el mundo no es mucha para este tipo de objetos, pero por suerte toda coincide; y es un origen y una fecha más que interesante para la ciudad de Buenos Aires y para estar a pocos centímetros del piso de la casa actual.
Bocas de botijas
Ricardo Orsini
as botijas son un tipo de contenedor de material cerámi-co de gran provecho cerámi-como utilitario. Eran característicerámi-cos por su volumen en un contexto comercial desde los pri-meros años de la colonización del nuevo mundo. Su cuerpo es de forma globular y algo cónico, de base curva, y boca estrecha y un gran labio que reemplazaba la ausencia de asas y su volu-men se ajusta al tamaño de la mano para su fácil Asidero. (Sánchez, 1996)
Su utilidad más frecuente estuvo destinada al transporte marítimo, aunque luego cobra importancia en asociación a acti-vidades fuera del mar ya que el alto costo de producción de estos contenedores determinó que muchos “se volvieran a lle-nar”, o bien que los fragmentos se emplearan en la construc-ción de bóvedas en iglesias para lograr una mejor acústica o para preparar el contrapiso en viviendas particulares y en edifi-cios civiles como aislante de la humedad” (Sánchez, 1996).
Ejemplar N° 2 Ejemplares N° 3 y 4
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
Los estudios de estos contenedores suelen concentrarse en los cuerpos y otros detalles dado que las bocas responden más a especialización de talleres que a cuestiones cronológicas o tipológicas (Chisvert Jiménez y de Amores Carredano, 1995). No obstante, remitiéndonos el análisis de las bocas llevado a cabo por Marken, estaríamos frente a un segmento cronológico ubicado entre los siglos XVI y XVIII.
Imagen que guardaría relación con la boca del ejemplar N° 2 propia del siglo XVI
Ejemplares N° 3 y 4
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
Ejemplares pertenecientes a la clasificación presentada por Fernando de Amores Carredano y Nieves Chisvert Jiménez con los cuales podrían guardar vinculación los ejemplares N° 3 y 4
El ejemplar N° 1 -ya analizada- correspondería a un contenedor de origen portugués con fechado probable en 1625.
El ejemplar N° 2, por su parte guardaría relación con el Tipo A (Estilo Temprano 1500 - 1575) de Goggin, cuya manu-factura es propia del siglo XVI.
Los ejemplares N° 3 y 4, por último y también remi-tiéndonos a las tipologías antes mencionadas corresponden a la variante B (Estilo Medio 1580 - 1780) cuyas características distintivas son su menor capacidad, y la de presentar un cuerpo más rechoncho (Jiménez y de Amores Carredano, 1995).
En relación al análisis morfológico, el diámetro externo de las bocas es de 10 cm, con un diámetro interno de 5 cm en los tres ejemplares, mientras que la altura entre cuello y boca en la boca N° 2 es de 3,5 cm, y en las N° 3 y 4 es de 3 cm.
Bibliografía
Chisvert Jiménez, Nieves y Fernando de Amores Carredano (1995), “Tipología de la cerámica común bajomedieval y mo-derna sevillana (SS SV – XVIII)”, Rabat, Marruecos. Institut National des Sciences de L´archéologie et du Patrimoine. Goggin, John M. (1960), “The Spanish Olive Jar. An
introduc-tory study”. En Papers in Caribbean Anthropology. Yale University Publications in Antropologhy, New Haven. Marken, Mitchell W. (1994), Pottery from Spanish Shipwrecks
1500 – 1800). Gainsville. University Press of Florida.
Sánchez, José María (1996), “La cerámica exportada a América en el siglo XVI a través de la documentación del Archivo General de Indias. Parte I: Materiales arquitectónicos y con-tenedores comerciales”. Universidad de Sevilla, Departa-mento de Historia del Arte, Laboratorio de Arte 9.
Un tortero de hilar de cerámica
rústica
Daniel Schávelzon
sta semana tuvimos un nuevo hallazgo entre todo lo en-contrado en la excavación: un tortero de hilar. Puede parecer nimio, modesto, hasta insignificante un tortero roto hecho de la cerámica más burda que había, un fragmento de vasija rota. Pero por eso es importante: no sólo -creo- es la primera vez que se encuentra uno, pese a que es tan común en los sitios rurales donde se hilaba lana diariamente -lo que nunca imaginamos que se hacía en la ciudad-, en la mejor tradición indígena. Si no también porque en el siglo XVIII fue perdiéndose esa manufactura al irperdiéndose modernizando los sistemas de hilar -valga a rueca de madera-, o luego comprando la lana o hilos en carretes importados. Lógicamente en las comunidades margina-les del país aun se sigue hilando, en nuestro noroeste es común ver mujeres haciéndolo mientras caminan o llevan a pastar a las llamas.
Tortero colonial de hilar hecho de hueso encontrado en Ca-yastá (siglos XVI-XVII)
El tortero o volante o fusaiola, era una pieza redonda que, con un agujero en el centro por donde pasaba un delgado palo de madera, giraba constan-temente transformando la lana en un hilado que podía usarse para tejer. El tamaño del tortero
y su peso determinaba la veloci-dad de giro y por lo tanto del grado en que los hilos se ajusta-ban entre sí, siendo el resultado más o menos rígido o delgado.
En la vecina Cayastá (Santa Fe La Vieja) hay cientos, pero los que hemos visto son hechos en mayólicas españolas, o más raro, en hueso, no en cerá-micas rojas. Nuevamente ratifi-camos en un objeto doméstico el fechamiento del sitio que esta-mos excavando.
Una hilandera en Europa usando el mismo sistema
Creemos que el volante nunca llegó a ser usado; que se rompió cuando se estaba perforando el agujero central, desde abajo, lo que parece indicar la forma de la rotura con lascas del lado opuesto y golpes desde abajo.
regio-Objetos recortados
de tinajas coloniales
Daniel Schávelzon
n todas las excavaciones de Buenos Aires que se han hecho en sitios que contienen objetos anteriores a cerca de 1850, es habitual encontrar unos objetos redondos hechos con fragmentos de vasijas o platos rotos. Tienen gene-ralmente entre tres y siete centímetros y los bordes ligeramente trabajados para darles su forma. Se usaban con tres funciones: fichas de chaquete las menores, tapas de tinajas las mayores y torteros de hilar las que tienen un agujero central como una que mostramos en una nota anterior. Las dos encontradas en la Casa de Liniers son una proveniente de una tinaja colonial y la otra de una teja de techo.
Dos fragmentos de cerámicas redondeados para ser usados como tapas de botijas
No son nada extraño, era parte de la cocina y la rutina cuando no había otra cosa con que cerrar una botija, esas vasijas redondas que llegaban desde Sevilla en su mayoría con aceite fino. Y esa debió ser la función de la que aquí mostramos.
Fichas de juego de Santa Fe la Vieja, siglos XVI-XVII (Museo de Cayastá)
Pero… siempre hay algo que no tiene explicación (o es difícil de hallar): un gran fragmento cortado de forma rectangu-lar. Es cierto que hay otros objetos cerámicos que han sido re-cortados con funciones desconocidas, o que imaginamos, como las bases de los platos cuando se rompían los bordes y se ponían sobre el fuego para usarlos como si fueran una “plancha” mo-derna, y muchas otras que en los años hemos ido comprendien-do, pero ¿rectangular? Porque eso no es natural, nada se rompe solo en ángulo recto, no existen en la naturaleza. Y al menos tres lados son notablemente rectos y paralelos. Queda como otra
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
Fragmento de una gran tinaja cerámica de manufactura regio-nal, con engobe color natural, recortado con forma casi
Grupo de tejas especiales
Daniel Schávelzon
urante las excavaciones hemos encontrado, entre cerá-micas y objetos diversos que mantienen las ideas cen-trales de que se trata de un contexto doméstico de los siglos XVII tardío y XVIII, cinco fragmentos de tejas que resul-taron muy peculiares, o al menos no recordamos haber visto nada igual en Buenos Aires. Y por cierto que tejas se han estu-diado varias decenas de miles, siendo todas del tipo español tradicional, perfectamente homogéneas y reconocibles, hasta que aparecen las que son diferentes. Recordemos que las tejas francesas, planas e industriales, son típicas de la segunda mitad del siglo XIX. En esta misma excavación hemos encontrado varios centenares de fragmentos, pero estos dos son diferentes.
Una de ellas parecería ser una teja “de cumbrera”, es decir la que va en la parte superior del techo dividiendo las dos
aguas, es decir la colocada en línea en la parte más alta. De allí
su peculiar forma de paredes curvas pero hacia arriba, no hacia abajo como toda teja. No está demás aclarar que en una teja, por más fragmentada que esté, es muy sencillo saber cuál es el lado de arriba y cuál el de abajo: como se hicieron en moldes de madera -no son hechas en los muslos como es tradición soste-ner, ya que el nombre viene por la forma y no por tener miles de esclavos quietos por semanas con las piernas levantadas mien-tras se seca la cerámica-, lo de abajo tiene el desgaste de la ma-dera, es rugoso, con arena que sobresale y líneas curvas del agua escurrida (lo llamamos piel de vieja, aunque suene feo). Arriba se las terminaba con una maderita que alisaba formando planos angostos y largos y los bordes se recortaban, por lo que queda lisa.
Foto 1. Teja de tipo española con protuberancia vertical al centro
La segunda teja es normal pero tiene una protuberancia en el extremo más ancho, hacia arriba. Es posible que haya sido usado para sostener algo, pero no otra teja salvo para evitar que se deslizaran por una tormenta, ya que por su propia forma la teja -más angosta arriba, más ancha abajo- no puede correr una sobre otra y así fueron inventadas. ¿Para qué era ese muñón peculiar? No lo sabemos y si bien no es una grave pregunta, es un pequeño interrogante que se suma al otro.
Lo que sí resulta interesante es que ambas se encontra-ron en un pozo de basura casi plano, típico de la época como ya hemos probado al igual que Flavia Zorzi en su excavación en Bolívar 375 y de la misma cronología. Y dentro de ese pozo, que pasa por debajo de los muros del XVIII de la casa de Li-niers, estaban estos dos fragmentos junto a otros normales.
Entenderlo así, fuera de contexto, es aun más difícil, pero de todas formas resultan dos casos diferentes a lo conocido quizás
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
Foto 2. Teja peculiar con dos paredes que se curvan hacia fue-ra (en la foto se la ve invertida)
Foto 3. Molde de madera para el secado de tejas de cerámica (cortesía Museo del Ladrillo CTIBOR)
Acerca de un ladrillo vitrificado
Daniel Schávelzon
esde que se iniciaron las excavaciones en Buenos Aires se han venido encontrando tejas y ladrillos que presen-taban rasgos de extrema exposición al fuego, producto de la manufactura manual en hornos de baja tecnología. Ya Hernandarias era “maestro texero”. Este proceso produce la vitrificación de la cerámica al llegar a temperaturas mayores de las necesarias para un simple ladrillo, por lo que toma ese as-pecto vidriado color gris o sutilmente verde muy oscuro.
Fragmento de un ladrillo vidriado por exposición al calor exce-sivo procedente de la excavación, siglo XVIII tardío
En algunos casos anteriores planteamos que las tejas, que era lo habitual de hallar, pudieron ser usadas como elemen-to decorativo y no haber sido vistas como defectuosas tal como las entendemos hoy, sino por el contrario, como algo de mayor valor. Recordemos que el color era usado y apreciado en tiem-pos coloniales y las pinturas eran de mala calidad, se deslava-ban con las lluvias y era imposible mantener un tono por mucho tiempo. Estos ladrillos o tejas, si se encontraban en cierta canti-dad, pudieron servir de adorno, cosa que aun no podemos de-mostrar pero que una vez más parecería que tenemos otro dato.
Ladrillos modernos vitrificados por el calor (gentileza del Museo del Ladrillo Ctibor)
En la excavación de la casa de Virrey Liniers, en un contexto más antiguo que el de esa casa, encontramos parte de
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
interior: justo en su punto. Puede ser casualidad o no. La cara gris no tiene restos de cal, como si no hubiese sido parte de un muro o cimiento, como que ese lado hubiese quedado expuesto. ¿Los maestros constructores cuidaban estos detalles en las vi-viendas porteñas? Una interesante pregunta se abre a partir de ese peculiar ladrillo fragmentado. Y lo sigue otra pregunta más acerca del viejo tema del color en la arquitectura colonial, esa que el Neocolonial de 1930 nos hizo imaginar cómo blanca con molduras amarillas, absurdamente.
Objetos recortados rectangulares de
tinajas coloniales
Daniel Schávelzon
n una nota anterior habíamos mostrado como curiosidad la presencia en la excavación de algún objeto recortado de vasijas o platos más antiguos, para ser usados en algo diferente al original. Eso parecería ser bastante común en el mundo colonial y cuando no había tantos elementos y herra-mientas como en el mundo moderno: uno se arreglaba con lo que podía.
Fragmento proveniente de una gran tinaja de manufactura regional, con engobe color natural, recortado con forma casi
rectangular de 10 cm de largo
Pero nos llamó la atención que hubiese algún fragmento recortado de manera rectangular. No parecía ser algo exótico, demasiado diferente, aunque no supiéramos para que se la usó, pero con la continuidad de la excavación hemos encontrado otros diferentes tamaños y materia prima, en diversos sitios y sin relación entre sí salvo que viene de la misma excavación. Al menos por ahora no le encontramos sentido aunque no hemos podio investigarlos en detalle.
Pequeño fragmento (3,5 cm) recortado de una vasija española del siglo XVII.
Ahora debemos sumar un fragmento de cerámica con cubierta verde, típica del siglo XVI español, casi única en Bue-nos Aires, de gran peso y grosor y un pequeño recorte de poco más de 3 cm de largo de un contenedor de los usados en forma habitual en el siglo XVII.
re-HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
cerámicos que han sido recortados con funciones desconocidas, o que imaginamos, como las bases de los platos cuando se rompían los bordes y se ponían sobre el fuego para usarlos co-mo si fueran una “plancha” co-moderna, y muchas otras que en los años hemos ido comprendiendo, pero ¿rectangular? Porque eso no es natural, nada se rompe en ángulo recto sin el accionar humano, no existe en la naturaleza. Y al menos tres lados son notablemente rectos y paralelos. Queda como otra incógnita más de este interesante sitio del pasado porteño, quizás el estu-dio del desgaste de los bordes nos lleve a entender una posible actividad que se hiciera en el sitio de la que nada sabemos.
Un fragmento de gran tamaño (10 cm) extraído de una tinaja española de vidriado exterior verde, posiblemente en origen del
siglo XVI
La polémica sobre los fragmentos rectangulares de cerámi-cas coloniales
Tras la publicación de la Nota 14 de esta serie (2012), en la que presentamos varios fragmentos de cerámicas colonia-les cortadas de manera rectangular y sin un uso que siquiera
pudiéramos imaginar, se levantó gran polémica entre los inves-tigadores. Resultaba intrigante que algo que alguna vez vimos como curiosidad ahora era habitual y en cerámicas fechadas desde el siglo XVI hasta el XVIII y muchos opinaron y nos hicieron llegar posibles interpretaciones. Lo intrigante no era sólo la forma inusual si no que casi todas tenían diferentes ta-maños y proporciones, entre 3 y 10 cm de largo y eran de todo tipo de material cerámico, sea vidriado o no. Y si bien las piezas redondas que tanto se conocen ya en la arqueología histórica sabemos que se usaban como fichas de juego o tapas de botijas según su tamaño, estas rectangulares son por cierto extrañas.
Tinaja española del tipo de la cual se obtuvo el fragmento su-perior (Museo Arqueológico de Jerez, España)
sur-HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
“Esta mañana hago una exploración como una le-gua al Este de esta pueblo (Carmen de Patagones) y descubro sobre una barranca un paradero indio, donde recogí fragmentos de flechas, cuchillos, etc. De piedras; pero lo más curioso que en este paraje recojo algunos trozos de gres cuadrados artificial-mente, probablemente para servir como piedras de afilar”1.
Lamentamos que esta inteligente idea de nuestros viejos y sabios observadores no sea aplicable en estos casos, ya que si bien eso podría ser factible para el gres, material de grano en extremo fino y delicado, no es igual para estas cerámicas de grano grueso e irregular. Por otra parte, si hubiesen sido usadas de esa manera tendrían marcas de desgaste por abrasión lo que no es el caso. Hubiera sido lindo darle la razón a Ameghino, pero esta vez no fue el caso. Seguimos esperando otra hipótesis inspiradora ya que los contextos no dan explicaciones para esto sucedido en los finales del siglo XVII e inicios del XVIII. De todas formas es útil la idea perdida entre textos poco frecuenta-dos ya, para quienes tengan este tipo de objetos en épocas en que el gres sea habitual, especialmente desde los inicios del siglo XIX.
Cabe destacar que una de estas piezas encontradas, la más antigua al menos por el materi9al, sí tiene signos claros de haber sido desgastada sobre sus cuatro caras, pero es una abra-sión hecha para formatear el objeto, no por uso, ya que un cu-chillo rebaja primero los bordes y luego el interior, lo que ve-mos en cualquier piedra de afilar antigua o moderna. Otra fue también regularizada por abrasión pero de manera expeditiva y sobre una superficie plana. De todas formas habrá que agudizar las observaciones en todas y cada una de estas piezas. Estamos
1 Florentino y Carlos Ameghino, Reseñas de la Patagonia: andanzas,
penu-rias y descubrimientos de dos pioneros de la ciencia, Ediciones Continente,
cada vez más convencidos que algunas son algún tipo de un instrumento de trabajo muy simple y que el mercado no ofrecía.
La cerámica indígena
en la Casa del Virrey Liniers
Mariana Boveda
El espacio que hoy ocupa la Ciudad Autónoma de Bue-nos Aires, estuvo habitado por comunidades con un modo de vida diferente al actual. El mismo marco geográfico, físico y ambiental, como escenario o condición, fue parte de otro paisa-je, de otro territorio.
Esas y nuestras existencias no resultan de un supuesto determinismo ambiental, ni cultural. Los desarrollos se com-prenden mejor si se abordan en términos de escalas espacio-temporales y unidades de análisis acordes a la problemática de estudio.
El estudio de la materialidad nos ofrece la posibilidad de tratar de aproximarnos a otras formas valiosas de existencia humana y aprender de ellas.
A través del trabajo de campo realizado por esta Direc-ción de Patrimonio e Instituto Histórico en la Casa del Virrey Liniers, se pudo recuperar una importante variedad de artefactos (en vidrio, metal, cerámica) y restos óseos y malacológicos. Entre los materiales cerámicos se hallaron restos de fragmentos de mayólicas, cerámicas rojas de tradición hispana y cerámica indígena. De esta última, se identificaron 17 fragmentos que corresponden a una misma vasija, de la que se pudo remontar el 50%. Esta constituye una vasija abierta, o cuenco, con borde evertido y restos de un asa. Presenta una base continua sin pie, con un punto de tangencia vertical interno y otro punto de in-flexión al ser vista de perfil (Balfet, et al. 1992). El espesor de sus paredes es de 0,7cm. La coloración de la pasta es oscura y el tratamiento de la superficie presenta decoración unguicular.
Todas estas características son compartidas con cerámicas recu-peradas en otros contextos, como Casa Escurra con un contexto fechado hacia 1590 ± 70 años (Schávelzon 2001).
Fig. 1. Cerámica indígena remontada
En otro conjunto de tiestos cerámicos recuperados se observan características presentes en la cerámica de la región rioplatense y en el litoral argentino, conocidas como cerámicas rojas de tradición regional, grupo cerámico indígena Buenos Aires Cepillado, cuya antigüedad, se estima ronda los siglos XVII y XVIII (Schávelzon 2001).
En términos generales, ambos tipos mencionados, tanto la vasija como los tiestos, se pueden describir como una cerá-mica utilitaria de bajo costo. Estas cerácerá-micas presentan decora-ciones de tradición indígena, aunque es difícil de establecer su
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
Fig. 2. Fragmentos de cerámica Buenos Aires cepillado
Los documentos e investigaciones históricas señalan que grupos Guaraníes habitaban la Ciudad de Buenos Aires junto con los descendientes europeos (en su mayoría de origen español). Esta información nos presenta un desafío interesante:
cómo interpelar a la materialidad sin asignar una adscripción cultural a los restos cerámicos recuperados solamente a partir de lo expuesto en los documentos.
Necesitamos más investigaciones y cruzar distintas líneas de evidencia para poder indagar si fueron guaraníes u otros grupos indígenas, teniendo en cuenta que criollos y euro-peos también utilizaban este tipo de cerámica.
Bibliografía
Balfet, H., M. F. Fauver-Berthelot y S. Monzon (1992), Normas
para la descripción de vasijas. Centre d’ Études Mexicaubes
Et Centranéricaines (CEMCA). México.
Schávelzon, D. (2001), Catálogo de cerámicas históricas de
Buenos Aires (siglos XVI-XX) con notas sobre la región del Rio de la Plata. CD editado por la Fundación para la
Inves-tigación del Arte Argentino y Telefónica-FADU. Buenos Ai-res.
Sobre las cuentas de vidrio y de
cómo se encontraron
Odlanyer Hernández de Lara y Eva Bernat
na de las características de la arqueología que la mayor-ía de las personas suele tener muy presente es la minu-ciosidad y cuidado con el que se trabaja durante la ex-cavación, cucharín y pinceles mediante. Aunque esta aprecia-ción es cierta, en algunas ocasiones también pueden usarse otras técnicas, que dependen del contexto en estudio y de las pregun-tas de investigación, en algunos casos orientadas hacia la recu-peración de materiales muy pequeños. Lo cierto es que estas técnicas nos permiten hallar artefactos minúsculos que suelen pasar desapercibidos entre el sedimento, durante la excavación.
Cuentas de vidrio encontradas en la Casa de Liniers hasta el momento. Cada sección de la escala tiene 1cm, por lo que se
pueden ver las pequeñas dimensiones (entre 2 y 7 mm)
En esta ocasión, presentamos un pequeño grupo de cuentas de collar (ocho hasta el momento) que hemos
do en la excavación de la casa del Virrey Liniers. Estas cuentas, por lo general fabricadas en vidrio, oscilan entre los 2 y7 milí-metros, y aparecen en diversos colores como azul, verde, marrón y blanco, ya sean opacos o traslúcidos.
Las cuentas de vidrio fueron traídas en grandes cantida-des hacia América cantida-desde el siglo XVI, sobre todo para rosarios y collares, aunque también se utilizaron, en algunos casos, co-mo amuletos (ensartadas o cosidas a la ropa). Las que nos ocu-pan parecen haber sido ensartadas probablemente en algún tipo de collar, aunque dos de ellas pueden corresponder a un rosario. Algunas de las cuentas presentan desgaste en la parte del orifi-cio que nos permite inferir que fueron ensartadas.
Otra vista de las cuentas de vidrio encontradas en la Casa de Liniers
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
bajo el agua hasta que desaparezca la tierra y quede solo el ma-terial asociado a ella. A esto le sigue un paciente trabajo de búsqueda con lupas y pinzas, que nos permitió recuperar además de las cuentas, vertebras de pescado, escamas y semi-llas, entre otros restos muy pequeños.
Proceso de lavado del sedimento
Lo que queda para ser analizado con lupa, donde han apareci-do la mayoría de las cuentas y muchas otras evidencias de
Rompiendo vidrio
Daniel Schávelzon
a excavación dentro (o debajo, deberíamos decir) de la que se conoce como Casa del Virrey Liniers ha mostrado restos de los siglos XVIII e incluso del escurridizo XVII. Esto ha sido muy interesante por varios motivos algunos obvios en una ciudad tan destruida como Buenos Aires. Pero ha resul-tado un interesante ejercicio arqueológico el fechar el lugar a través de los materiales y no por técnicas físico-químicas, como el Carbono 14, porque consideramos que para estos fechamien-tos es más exacto el ojo y la experiencia que la máquina.
Los vidrios, o fragmentos de objetos hechos de vidrio, son un elemento que ayuda en mucho ya que marcan con preci-sión épocas, de fabricación al menos ya que su descarte pudo ser muy posterior. Pero al menos nos da fechas que, relaciona-das con su ubicación estratigráfica y los demás materiales, ayu-dan y mucho.
Lo que hemos en-contrado es:
Fragmentos de copas y vidrios del siglo XVII, los de la hilera de la derecha son de la segunda mitad del siglo XVIII
Vidrios siglo XVII e inicios del XVIII:
Se trata de fragmentos de floreros, jarras y vasos en ex-tremo delicados, soplados, color tierra muy claro, con burbujas en la pasta y brillo en superficie, formas complejas, curvas, evidencias del soplado sin molde alguno. Es lo que en su tiem-po se llamaba cristal aunque no lo fuese realmente. Por ahora representan el 41,09 % de lo encontrado.
Vidrio fines del siglo XVIII:
Se trata de vasos u objetos hechos en un vidrio de me-nor calidad, ya usando moldes para hacerle superficies curvas a los vasos, marcas de soplado, color transparente, pasta con poca burbuja, mayor calidad y menor belleza al masificarse el uso. Forman un 4 % del total.
Base del siglo XVIII comparada con una del XIX, nótese la marca central del soplado (Museo de Alta Gracia, Córdoba)
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
con divisiones internas forradas en tela (hay varios ejemplos en el Museo de Luján) en que entraba una botella en cada una, para protegerlas en el viaje. Las paredes son planas, el cuello muy bajo y el pico redondeado y simple para colocarle un capuchón de metal (no existía el corcho). Eran aun objetos de lujo.
Bases de botellas del siglo XVIII en Virrey Liniers
Estas botellas se remontan al siglo XVII pero por lo ge-neral esas son de colores claros, verde agua, aguamarina,
celes-te, azul claro. En este caso todas son del típico color llamado “negro” pese a que es realmente un verde muy oscuro producto de las impurezas y mala calidad de la pasta del vidrio; por lo general son siempre del fin del XVIII. Desaparecen cuando se industrializa el vidrio a gran escala y son reemplazadas por unas similares pero menores, las llamadas “de ginebra holandesa”, que son de la mitad de tamaño y con otro tipo de pico, ya para corcho. Son el 53,4 % de los vidrios hasta ahora contabilizados.
Pico de botella de los siglos XVII y XVIII (Excavaciones en Michelángelo, Buenos Aires), con marca del pico de estaño
Vidrio del siglo XIX
Al levantarse el piso de cemento que cubría los restos de cimientos antiguos se hallaron tres fragmentos de vidrio del siglo XIX. Si bien se hacían de manera industrial desde poco antes, por el contexto debieron entrar en la manufactura del piso mismo y hasta podrían ser del siglo XX. Se trata de parte de copas de vidrio de mala calidad, hechos en moldes. Representan
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
Fragmentos del cuerpo y hombro de botellas del siglo XVIII en Virrey Liniers
Espejos
Dos fragmento de vidrio plano de poco mas de 1 mm de espesor, cubiertos al parecer a de nitrato de plata (a comprobar), parecen provenir como es habitual en esos tiempos de espejos de pequeño tamaño. En este caso su forma debió ser cuadrada. Por cierto son más comunes en contextos del siglo XIX. Son el 0,3 % de lo excavado.
Espejo: dos fragmentos de la Casa del Virrey Liniers con su superficie reflejante posterior
Creemos de esta forma que los objetos de vidrio reafir-man el fechamiento y uso doméstico del sitio y su desarrollo en el tiempo, desde el siglo XVII a finales del XVIII, con intrusio-nes del XIX. Lógicamente estudios ulteriores, una vez comple-tada la excavación, permitirá llegar a conclusiones más exactas,