Odlanyer Hernández de Lara, Horacio Padula, Eva Bernat y Ricardo Orsini
na temática escasamente abordada en la arqueología de la ciudad de Buenos Aires es la referente al estudio del material lítico. En la arqueología histórica porteña es frecuente hacer hincapié en los artefactos de cerámica, vidrio o incluso los metales, pero las rocas suelen ocupar un lugar me- nos privilegiado, tal vez por su escasa presencia en los contex- tos excavados1. A ello se suma la ausencia de la “piedra” como
materia prima en las cercanías de la urbe, lo que implicó que otros recursos fueran más utilizados para las construcciones, aunque poco a poco se comenzó a traer desde diversos lugares. Al parecer, las rocas provenientes de Europa, como lastre de las embarcaciones, fueron las primeras utilizadas. Luego comenzar- ían a explotarse las canteras de la Isla Martín García. Pero tam- bién llegaron de Uruguay y hacia la segunda mitad del siglo XIX se sumó la zona de Tandil.
En el caso de los trabajos arqueológicos llevados a cabo en la Casa del Virrey Liniers, una de las piezas encontradas de este material fue un bloque de grandes dimensiones que alcanza un peso de 48 kilogramos. La roca fue hallada en la cuadrícula F-1, en un contexto de relleno que parece haber sido producto de alguna modificación del subsuelo, ya que se pudo observar
1 Recientemente se exploró esta temática en un texto dedicado en exclusivo a
ello, de la autoría de Daniel Schávelzon (2013): Lítica histórica. La piedra en
Buenos Aires en los siglos XVI al XX, usos y tecnologías, Buenos Aires:
Aspha Ediciones.
U
un corte intencional del sedimento que parece delimitar un es- pacio concreto, así como la destrucción del muro contiguo.
La roca en el contexto de excavación, cuando fue descubierta
A pesar de encontrarse en un contexto secundario, que nos dificulta conocer más la historia de vida del objeto, es inte- resante abundar en sus características, lo que sí puede aportar algo de información para intentar definir su lugar de origen. La roca tiene algunos lados que parecen estar formatizados e inclu- so uno de ellos tiene huellas de desgaste.
La consulta a la geóloga especialista Dra. Sonia Que- nardelle, del Departamento de Ciencias Geológicas (Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Ai- res), confirmó que corresponde a una roca ígnea (granito rosa- do) que, por sus características, no vendría de la Isla Martín
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
Vista de una parte del área de excavación donde está señalado el lugar del hallazgo de la roca
La falta de información o la “no información”, también puede aportar a la arqueología. El hecho de conocer que la roca no proviene de la Isla Martín García nos proporciona una posi-
ble cronología y también algunas posibilidades de su origen2.
La Isla Martín García fue uno de los primeros lugares explota- dos como cantera para abastecer a la naciente urbe porteña. En cambio, la zona de las Sierras Septentrionales de Tandilia fue explotada mucho después, por un simple motivo: era territorio indígena. Hasta la denominada “Conquista del Desierto” que incorporó esta región a la nueva nación, no se comenzó a explo- tar con sistematicidad, con la gran ayuda del ferrocarril. Ello implica que si la roca encontrada proviene de Tandilia, entonces su cronología corresponde a la segunda mitad del siglo XIX, lo que perfectamente coincide con el contexto excavado, teniendo en cuenta que en ese sector se hallaron objetos hasta del siglo XX, mezclados con ladrillos del XVIII. No obstante, otra posi- bilidad es que haya venido de Córdoba, otro de los sitios donde se explotaron canteras desde muy temprano.
Dos vistas de la roca que mide 36cm en su lado más largo. Cada sección de la escala tiene 25cm
En cuanto a su funcionalidad, las hipótesis que manejá- bamos eran en esencia dos. Por una parte, la idea de que pudiera haber formado parte de la pavimentación de alguna calle de la
HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS
ciudad, teniendo en cuenta que desde 1780 se había intentado efectivamente empedrar la primera calle de Buenos Aires (Bolí- var). Y aunque existían varios tipos de empedrados, el más bur- do y barato, denominado empedrado bruto, que utilizaba rocas de cualquier forma y tamaño y era asentado sobre arena de río, no llegaba a emplear piedras de este porte. ¡Son casi 50kg! Aunque se llegaron a utilizar baldosones de 40cm de ancho y hasta 2m de largo3, estos eran formatizados a partir, usualmente,
de la llamada piedra de Hamburgo, que llegaba como lastre. Por otra parte, la segunda hipótesis, que creemos más factible, es que se hubiera utilizado como parte de algún ci- miento, donde luego se asentarían las hiladas de ladrillos que levantarían los muros de los inmuebles. Si bien esto no es muy común que se encuentre en Buenos Aires, en una reciente exca- vación arqueológica en la Iglesia de San Ignacio de Loyola se hallaron los cimientos de una sección demolida del templo con rocas de semejante tamaño y algunas aún mayores4, dispuestas
con un aparejo de conchillas, que pudo compararse con los ci- mientos de uno de los muros perimetrales de la iglesia y coinci- dieron a la perfección. Esta era una técnica muy utilizada por los Jesuitas, pero en Buenos Aires era más complicado de apli- carla, precisamente por la distancia de la que había que trasladar las piedras.
Pero, en el caso de haberse utilizado como cimiento, ¿cómo llegó esta roca hasta aquí?, considerando que en ninguno de los muros hallados se utilizó este tipo de cimentación y el hecho de no constituir un objeto de fácil movilidad. Podría haberse traído como relleno para ese sector, donde se encontra- ron muchos fragmentos de ladrillos sueltos, revoques de pare-
3 Para más información sobre el tema de los empedrados y otros usos de las
rocas en Buenos Aires, consultar el libro de Daniel Schávelzon: Arqueología
histórica de Buenos Aires. La cultura material porteña de los siglos XVIII y XIX. Editorial Corregidor, Buenos Aires, 1991.
4 Las rocas encontradas en la Iglesia de San Ignacio son de un tipo distinto al
encontrado en la Casa del Virrey Liniers. En ese caso corresponden a una roca metamórfica (anfibolita), que podría provenir de la Isla Martín García.
des (incluso algunos con restos de pintura) y hasta una tapa de hierro del siglo XX. Lo cierto es que sigue siendo una incógni- ta; lo que sabemos es que es algo distinto, poco usado en Bue- nos Aires y que implicó mucha inversión de trabajo para traerla, de cualquier parte que sea. La conformación de la ciudad en la colonia y luego con la república conectó muchos lugares, más o menos distantes, en busca de materias primas u objetos que para la sociedad porteña fueron exóticos, aunque ello no los hacía inalcanzables.
Francisco Girelli, Horacio Padula y Ricardo Orsini, durante la extracción de la roca