SALUD MENTAL
La Calidad de Vida es un factor a tener en cuenta en
los actuales modelos de gestión de la Calidad. La
salud física y mental es una de las dimensiones de
la calidad de vida, aspecto clave a considerar en
una adecuada Gestión de persona.
El disfrutar la vida y el bienestar personal es un reto en
que la sociedad actual está empeñada. Hoy, la
jerarquía de valores de la juventud incorpora entre los
primeros valores el de "pasarlo bien", junto a otros
tradicionales, como son los del trabajo y la familia.
Es importante tanto la calidad de los años que se vivan,
como la cantidad de años que, de hecho, gracias a los
adelantos médicos y tecnológicos se ha logrado
(Echeburúa, 1993).
Salud y trabajo son dos aspectos estrechamente
relacionados: un buen estado de salud permite el
adecuado desarrollo de la actividad laboral y constituye
la base para conseguir el bienestar en el trabajo; el
Cambio en el ámbito laboral, permite desarrollar
nuestras capacidades físicas e intelectuales, aunque
también constituye una fuente de riesgo para la salud.
Como
importantes
trastornos
derivados
de
determinados trabajos en la Organización se han
subrayado el estrés y el burn-out. Hemos añadido la
trabajoadicción. Son altos los costes en salud para el
individuo que producen estas disfunciones, pero no lo
son menos para la Organización en que él está
integrado.
La traducción de estos trastornos se realiza en forma
de,
Rotación.
Bajo rendimiento físico y psíquico.
Errores. Fallos de Calidad.
Accidentes dentro y fuera del trabajo.
Absentismo por baja.
Conflictos y tensiones.
Fatiga y cansancio.
Enfados.
Desconfianza, etc.
Estos conceptos tiene un alto coste económico y un
coste personal, más importante aún.
Invertir en la orientación de las necesidades de la
Organización en este ámbito, prevenir y resolver
problemas antes de que sean irremediables es una de
las facetas que le conviene a la empresa cubrir.
No estamos hablando de tratamientos individualizados,
solamente, sino, sobre todo, nos referimos a
intervenciones de tipo grupal y organizativo. Murphy
(1988) diferencia tres niveles en la intervención en este
aspecto:
Intervención Primaria para reducir al mínimo
los agentes de estrés.
Intervención Secundaria para manejar el
estrés.
Intervención Terciaria para asistir a los
Desde el punto de vista organizativo hay que actuar a
nivel cultural (raíces del árbol) desde el momento en
que se elige una estrategia determinada. Hay que tener
en cuenta y actuar sobre los Valores , creencias
básicas y convicciones de la Organización. Hay que
trabajar sobre los estilos de liderazgo y mando, sobre
el clima, la comunicación interpersonal y la gestión de
la información (tronco del árbol), con el fin de que todos
los individuos implicados en el Cambio reciban el
feed-back que necesitan para sentirse personas inteligentes.
Más específicamente podemos centrarnos en los
siguientes aspectos afectados por los Cambios:
A la hora del Reclutamiento y Selección de
personal tener en cuenta, junto a los perfiles
de Competencias exigidos por el puesto, la
capacidad de resistencia al estrés que
genere el puesto, las dotes de negociación y
flexibilidad en las relaciones interpersonales.
Analizar la carga y nivel de exigencia de
cada puesto para obviar los aspectos
estresantes o, al menos, prevenir y proteger
a las personas que deban desempeñarlo.
Recoger en los estudios de necesidades de
formación, no sólo conocimientos, sino
también Competencias interpersonales y
sociales que fortalezcan el clima y la
convivencia.
Hacer seguimiento de las carreras y
preparándolos profesional y personalmente
para hacer frente a los estresores que
pueden
tener
puestos
de
mayor
responsabilidad.
Preparar a los mandos para que ejerzan sus
funciones
como
verdaderos
líderes,
evaluando y apoyando a los colaboradores
en el logro de sus objetivos.
Atender de manera específica a los grupos
de riesgo que puedan existir, como son,
recién ingresados, embarazadas, mayores,
etc.
Facilitar un descanso racional, adecuado a
cada tipo de actividad antes, durante y
después de la jornada laboral.
A nivel personal, ya que la implicación y el compromiso
de las personas es un requisito ineludible para el éxito
del Cambio, debemos trabajar para lograr personas:
Que piensen positivamente. El Cambio es
progreso.
Que respeten la personalidad y las ideas de
los demás. Cada uno somos un sistema que
funciona bajo claves distintas.
Que se toleren los errores. Hay que evitar y
solucionar errores, no hay que buscar
culpables para penalizarlos.
Que se aborden los problemas desde el
principio, con autonomía para encontrarles
una solución.
Que se traten los conflictos cuando
emergen, no cuando ya no se puede más.
Que en el propio éxito tienen mucho que ver
otros, ya que la Organización es un sistema
y nosotros piezas de ese sistema.
Beneficios del Cambio
Se ha hablado de consecuencias negativas del
Cambio. Podríamos dedicar mucho más espacio a los
beneficios que reporta el Cambio, sin embargo hemos
dado por hecho la realidad y la necesidad del Cambio
desde el principio.
La propuesta de Cambio en la Organización, en el peor
de los casos viene a solucionar una situación que iría a
peor, a nivel global. Esta suerte es inseparable de la
del individuo.
Cuando el Cambio organizativo se plantea como
mejora, como desarrollo, que suele ser en la mayor
parte de los casos, las personas pueden ganar,
Una nueva actividad. El Cambio brinda al
individuo la oportunidad de aprender y
desarrollarse profesional y humanamente.
Una oportunidad de tener y poner en
práctica nuevas ideas, de dominar un
nuevo medio.
Un enriquecimiento en las relaciones
interpersonales. Muchos Cambios crean
nuevos vínculos con otros miembros del
grupo
o
de
la
organización
que
complementan, amplían y enriquecen las
relaciones existentes.
Una identidad personal. Las nuevas
funciones suelen conferir un estatus más
vivo, ya que el Cambio da oportunidades de
alcanzar nuevos retos.
Un sentido de utilidad. Con ocasión de
que el éxito del Cambio depende, en parte
de nosotros, tenemos la ocasión de
sentirnos útiles y de contribuir mediante
nuestra contribución a la mejora de la
Organización y más allá de la Organización
a la sociedad.
Una última llamada
La promoción de la salud en el ámbito de la
organización es un aspecto fundamental.
Contribuirá, como se ha insistido
a un mayor rendimiento en el trabajo,
a una menor conflictividad laboral,
a un menor absentismo,
a una mayor satisfacción personal durante
Estamos en una sociedad en que una gran parte de la
vida se pasa en e! trabajo. Es muy importante cuidar
las condiciones laborales, de manera que se fomenten
conductas positivas y adaptativas.
La salud en el trabajo se caracteriza por un grado
razonable de armonía entre las facultades, las
necesidades y las expectativas del trabajador, por un
lado, y las exigencias y oportunidades del entorno, por
otro.
El concepto de salud mental en el trabajo hace
referencia al bienestar personal durante el desarrollo
de una actividad laboral. Asimismo, se incluye la
influencia que el desempeño profesional tenga en el
comportamiento posterior fuera de! mismo, así como
los aspectos externos al ámbito laboral que influyen de
alguna manera en el bienestar de la persona durante la
actividad laboral (Fernández-Montalvo, 1999)
Salud
mental:
fortalecer
nuestra
respuesta
Abril de 2016
Datos y cifras
La salud mental es algo más que la ausencia de trastornos mentales.
La salud mental es parte integral de la salud; tanto es así que no hay salud sin salud mental. La salud mental está determinada por múltiples factores socioeconómicos, biológicos y
medioambientales.
Existen estrategias e intervenciones intersectoriales eficaces y rentables de promoción, protección y restablecimiento de la salud mental.
La salud mental es un componente integral y esencial de la salud. La Constitución de la OMS dice: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.» Una importante consecuencia de esta definición es que considera la salud mental como algo más que la ausencia de trastornos o discapacidades mentales.
La salud mental es un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar de forma productiva y de contribuir a su comunidad. En este sentido positivo, la salud mental es el fundamento del bienestar individual y del funcionamiento eficaz de la comunidad.
La salud mental y el bienestar son fundamentales para nuestra capacidad colectiva e individual de pensar, manifestar sentimientos, interactuar con los demás, ganar el sustento y disfrutar de la vida. Sobre esta base se puede considerar que la promoción, la protección y el restablecimiento de la salud mental son preocupaciones vitales de las personas, las comunidades y las sociedades de todo el mundo.
- Determinantes de la salud mental
La salud mental individual está determinada por múltiples factores sociales, psicológicos y biológicos. Por ejemplo, las presiones socioeconómicas persistentes constituyen un riesgo bien conocido para la salud mental de las personas y las comunidades. Las pruebas más evidentes están relacionadas con los indicadores de la pobreza, y en particular con el bajo nivel educativo.
La mala salud mental se asocia asimismo a los cambios sociales rápidos, a las condiciones de trabajo estresantes, a la discriminación de género, a la exclusión social, a los modos de vida
poco saludables, a los riesgos de violencia y mala salud física y a las violaciones de los derechos humanos.
También hay factores de la personalidad y psicológicos específicos que hacen que una persona sea más vulnerable a los trastornos mentales. Por último, los trastornos mentales también tienen causas de carácter biológico, dependientes, por ejemplo, de factores genéticos o de desequilibrios bioquímicos cerebrales.
- Promoción y protección de la salud mental
La promoción de la salud mental consiste en acciones que creen entornos y condiciones de vida que propicien la salud mental y permitan a las personas adoptar y mantener modos de vida saludables. Entre ellas hay una serie de acciones para aumentar las posibilidades de que más personas tengan una mejor salud mental.
Un ambiente de respeto y protección de los derechos civiles, políticos, socioeconómicos y culturales básicos es fundamental para la promoción de la salud mental. Sin la seguridad y la libertad que proporcionan estos derechos resulta muy difícil mantener un buen nivel de salud mental.
Las políticas nacionales de salud mental no deben ocuparse únicamente de los trastornos mentales, sino reconocer y abordar cuestiones más amplias que fomentan la salud mental como la incorporación de la promoción de la salud mental a las políticas y programas de los sectores gubernamental y no gubernamental. Además del sector de la salud, es esencial la participación de los sectores de la educación, el trabajo, la justicia, el transporte, el medio ambiente, la vivienda o la asistencia social.
La promoción de la salud mental depende en gran medida de estrategias intersectoriales. Entre otras formas concretas de fomentar la salud mental se pueden mencionar:
las intervenciones en la infancia precoz (por ejemplo, visitas a domicilio a las embarazadas, actividades psicosociales preescolares y ayuda nutricional y psicosocial conjunta a las poblaciones desfavorecidas);
el apoyo a los niños (por ejemplo, programas de creación de capacidades y programas de desarrollo infantil y juvenil);
la emancipación socioeconómica de la mujer (por ejemplo, mejora del acceso a la educación y concesión de microcréditos):
el apoyo social a las poblaciones geriátricas (por ejemplo, iniciativas para hacer amistades y centros comunitarios y de día);
los programas dirigidos a grupos vulnerables, y en particular a las minorías, los pueblos indígenas, los migrantes y las personas afectadas por conflictos y desastres (por ejemplo, intervenciones psicosociales tras los desastres);
las actividades de promoción de la salud mental en la escuela (por ejemplo, programas de apoyo a los cambios ecológicos en la escuela y escuelas amigas de los niños);
las intervenciones de salud mental en el trabajo (por ejemplo, programas de prevención del estrés);
las políticas de vivienda (por ejemplo, mejora de las viviendas);
los programas de prevención de la violencia (por ejemplo, la reducción de la disponibilidad del alcohol y del acceso a las armas);
los programas de desarrollo comunitario (por ejemplo, iniciativas de colaboración ciudadana y de desarrollo rural integrado);
la reducción de la pobreza y la protección social para los pobres; legislación y campañas contra la discriminación;
promoción de los derechos, las oportunidades y la atención de las personas con trastornos mentales.
- Atención y tratamiento de trastornos de salud mental
En el contexto de los esfuerzos nacionales por desarrollar y aplicar políticas relativas a la salud mental, es esencial, no solo proteger y promover el bienestar mental de los ciudadanos, sino también satisfacer las necesidades de las personas con trastornos de salud mental.
En el último decenio ha mejorado considerablemente el conocimiento de lo que hay que hacer en relación con la creciente carga de morbilidad derivada de trastornos mentales. Existe un corpus cada vez mayor de pruebas científicas que demuestran la eficiencia y la buena relación costo-eficacia de intervenciones cruciales para abordar trastornos mentales prioritarios en países con diferentes niveles de desarrollo económico. Entre las intervenciones costoeficaces, viables y asequibles se pueden mencionar:
tratamiento de la epilepsia con medicación antiepiléptica;
tratamiento de la depresión con psicoterapia y, en casos moderados y graves, antidepresivos (genéricos);
tratamiento de la psicosis con medicamentos antipsicóticos más antiguos y apoyo psicosocial al paciente;
aplicación de impuestos a las bebidas alcohólicas y restricción de su disponibilidad y comercialización.
También existe una serie de medidas eficaces para prevenir el suicidio, prevenir y tratar trastornos mentales en niños, prevenir y tratar la demencia y tratar los trastornos relacionados con el consumo de sustancias. El Programa de acción para superar la brecha en salud mental (mhGAP) ha elaborado directrices basadas en la evidencia para que los no especialistas puedan identificar y atender mejor una serie de trastornos mentales prioritarios