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La igualdad de género como antídoto contra la pobreza

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os Objetivos del Milenio (ODM), primer conjunto de objetivos compartidos para combatir la pobreza, cuentan con un con-senso sin precedentes a nivel internacional. Todos ellos están interrelacionados y se refuerzan entre sí.

Este artículo pretende analizar la situación en la que se encuentra el Objetivo del Milenio 3, que aboga por “promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer”, como una de las herramientas para luchar contra la pobreza. Si se ha elegido este objetivo es porque existen sóli-das pruebas de que la igualdad entre sexos y la autonomía de la mujer constituyen vías para alcanzar otros ODM, entre ellos: la enseñanza pri-maria universal, reducción de la mortalidad de los niños menores de cin-co años, mejora de la salud materna y reducción de la la probabilidad de contraer el VIH. Además, el aumento de la igualdad entre géneros lleva a la reducción de la pobreza y promueve el crecimiento directamente a través de la mayor participación de la mujer en la fuerza de trabajo, la productividad y las ganancias, así como también indirectamente a través de los efectos positivos en el bienestar de los niños.

Por otro lado, este objetivo se concreta en una meta: eliminar las de-sigualdades entre los sexos en la enseñanza primaria y secundaria, pre-feriblemente para 2005, y en todos los niveles de la enseñanza antes de que termine 2015. Los cuatro indicadores oficiales que se utilizan para medir el grado de cumplimiento y avance en la consecución del tercero de los objetivos (ODM3) son:

ECONOMÍAEXTERIOR. Núm. 55. Invierno 2010-2011

Elena Valenciano es secretaria de Política Internacional y Cooperación del PSOE y portavoz en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados.

contra la pobreza

Elena Valenciano

El acceso a empleos de alto nivel aún está lleno de obstáculos para las mujeres, aunque gracias a los sistemas de cuotas van ganando peso político. La proporción global de parlamentarias al-canzó su récord histórico en 2010: un 19% de los escaños del mundo están ocupados por ellas.

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– Relación entre niñas y niños en la educación secundaria y superior. – Relación entre las tasas de alfabetización de las mujeres y los hom-bres de edades comprendidas entre los 15 y los 24 años.

– Proporción de mujeres entre los empleados remunerados en el sector no agrícola.

– Proporción de puestos ocupados por mujeres en el Parlamento nacional.

Situación en que se encuentran los indicadores del ODM3

La matrícula de las chicas en todos los niveles de escolaridad ha au-mentado significativamente, pero persisten las brechas de género en las tasas de alfabetización. A grandes rasgos, podemos decir que los países en desarrollo, como conjunto, se están acercando a la paridad de género en las matrículas en educación primaria y secundaria, pero la diferencia sigue siendo muy alta, en detrimento de las mujeres, en la educación universitaria.

La proporción de matrículas de chicas en la educación primaria y secundaria ha aumentado mucho en los últimos años, llegando en 2008 a 96 niñas por cada 100 niños inscritos en educación primaria, y 95 niñas por cada 100 niños en educación secundaria, según datos de las Nacio-nes Unidas de 2010.

Sin embargo, la meta de eliminar las desigualdades de género en to-do el munto-do para 2005 no se ha alcanzato-do, y aún quedan grandes retos por conseguir, especialmente en las regiones de Oceanía, África Subsa-hariana y Asia Occidental.

El acceso a la universidad se mantiene todavía muy desigual para ambos sexos, especialmente en el África Subsahariana y en Asia Meri-dional. En estas regiones, solo 67 y 76 niñas por cada 100 niños, respec-tivamente, están inscritas en la educación terciaria. Además, las tasas de finalización de estudios universitarios también tienden a ser inferiores entre las mujeres que entre los hombres.

Una de las causas de esta desigualdad de acceso a la educación es la pobreza, con todas las consecuencias que genera. Las mujeres y las chicas que habitan en los países más pobres del planeta son a menudo forzadas a caminar durante largas horas para buscar agua, o no van a la escuela por las deficientes condiciones de salubridad de éstas. Además, las actitudes y prácticas culturales de muchos países en desarrollo, lle-van a matrimonios precoces –con aislamiento de las niñas– y a embara-zos que les impiden asistir a la escuela, por lo que abandonan su educa-ción mucho antes de lo deseado. La educaeduca-ción secundaria es especialmente importante para el empoderamiento de las mujeres, pero

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en los hogares más pobres cerca del doble de las chicas en edad de se-cundaria están fuera de la escuela en comparación con sus coetáneas más ricas.

Por lo que respecta a la alfabetización, se observa que los progresos en materia de matrícula escolar con el tiempo han redundado en tasas más altas de alfabetización de los jóvenes de entre 15 y 24 años, tal co-mo señala el segundo indicador del ODM3. Sin embargo, todavía persis-ten brechas de género, pues de los casi 137 millones de jóvenes analfa-betos del mundo en 2007, el 63% era femenino, según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). En cuanto a la relación

de alfabetización mujeres-hombres, fue más baja en las regiones del África Subsa-hariana, el norte de África y Oriente Pró-ximo y en Asia Meridional.

Moderado aumento de la proporción de asalariadas en sectores distintos de la agricultura. Globalmente, la proporción de mujeres asalariadas en sectores

indus-triales y de servicios ha ido aumentando lentamente desde 1990 hasta al-canzar el 41% en 2008. No obstante, todavía persisten grandes diferen-cias en el sur y oeste de Asia, y en el norte de África, donde solamente el 20% de los trabajos remunerados fuera del sector agrícola son ocupados por mujeres y un 32% en el África Subsahariana.

Pero no nos podemos centrar solo en las cifras de empleo, sino también en la calidad de los trabajos. Incluso cuando las mujeres tie-nen trabajos remunerados no agrícolas, suelen estar peor pagadas y te-ner menor seguridad social y financiera que sus compañeros. Así, las mujeres siempre ocupan empleos más vulnerables, caracterizados por salarios inadecuados, baja productividad y condiciones laborales por debajo de los estándares aceptados, especialmente en el oeste de Asia y en el norte de África, donde las oportunidades para las mujeres son las peores de mundo.

En este contexto, no debemos olvidar que la crisis financiera global ha destruido millones de trabajos en todo el mundo. Y a pesar de que ta crisis no ha diferenciado entre sexos, el hecho de que las mujeres es-tén desproporcionadamente representadas en los trabajos temporales, en la economía informal, así como que ocupen muchos puestos en las industrias manufactureras orientadas a la exportación, hace prever que las tasas de desempleo de las mujeres en los países en desarrollo serán superiores a las de los hombres.

Con un 56,3%,

Ruanda es el país

con mayor

proporción de

legisladoras del

mundo

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Asimismo, el acceso a empleos de alto nivel todavía está lleno de obstáculos para las mujeres de gran parte del planeta, pues solo uno de cada cuatro altos directivos o cuadros de alto nivel son mujeres.

Las mujeres van ganando peso político gracias a los sistemas de cuo-tas. La proporción global de mujeres en los parlamentos ha ido crecien-do a ritmo constante, aunque lento, alcanzancrecien-do su récord histórico del 19% en 2010. Esto representa un gran aumento respecto a 1995, cuando solamente el 11% de escaños en los parlamentos de todo el mundo esta-ban ocupados por mujeres. Sin embargo, estos datos están todavía muy lejos del objetivo de llegar al 30% de mujeres en puestos de liderazgo que se planteó en 1995, y más lejos aún de la paridad de género que pide el ODM3.

Tras las elecciones parlamentarias de 2008 y 2009 se obtuvieron grandes avances en el África Subsahariana, donde el 29% de los escaños elegidos fueron para mujeres, trasladando la media regional hasta el 18%. Así, es importante señalar que, con un 56,3%, Ruanda es desde 2008 el país con mayor proporción de legisladoras del mundo, seguido de Suecia (44,99% en 2010) y Suráfrica, con el 44% tras las elecciones de 2009. Igualmente, se han constatado buenos avances en América Latina y el Caribe: en Bolivia, por ejemplo, se ha elegido a más de un 40% de mujeres para la Cámara Alta, elevando la media regional al 23%.

En el extremo opuesto, todavía existen 58 países que cuentan solo con un 10% o menos de legisladoras y nueve parlamentos donde no hay ni una sola mujer (Comoras, Estados Federados de Micronesia y Ara-bia Saudí).

En este sentido, se ha comprobado cómo los sistemas electorales, los sistemas de cuotas y otras acciones positivas llevadas a cabo por los partidos políticos, siguen siendo la clave para el progreso de las mujeres en su representación política. Así, a lo largo de 2009 la proporción me-dia de mujeres elegidas en elecciones parlamentarias alcanzó el 27% en aquellos países que aplicaron este tipo de medidas, mientras donde no se llevaron a cabo, las mujeres solo alcanzaron el 14% de representación parlamentaria. Los datos también muestran cómo las mujeres son elegi-das en mayor medida bajo sistemas de representación proporcional que con sistemas mayoritarios.

Pero a pesar de todos estos logros, todavía hay cuatro hombres por cada mujer en los parlamentos de todo el mundo.

Los avances para lograr una mayor representación de las mujeres en el poder ejecutivo son todavía más lentos que en el poder legislativo. En 2010 solo nueve de los 151 jefes de Estado (un 6%) y 11 de 192 jefes de gobierno (otro 6%) elegidos eran mujeres. Asimismo, el 16% de los

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putos de rango ministerial está ocupado por mujeres y solo en 30 países es-tas ocupan más del 30% de las carteras ministeriales. Las regiones donde todavía queda mucho por avanzar en este terreno son el norte de África, el oeste de Asia, el Caribe y Oceanía.

Qué se ha hecho bien en materia de igualdad de género

La situación anteriormente descrita muestra que a pesar de la lenti-tud y la escasez de los avances, existen motivos para pensar que los dife-rentes actores internacionales comprometidos con la consecución de los ODM están trabajando en el buen camino.

Desde las Naciones Unidas, en su informe reciente de septiembre de 2010, se destacan tres ejemplos de acciones que han funcionado para avanzar hacia la meta del ODM: el programa de ayudas económicas para que las chicas cursen la educación secundaria en Bangladesh (dinero que se da directamente a las chicas y sus familias para cubrir las tasas de matrícula y otros costes a condición de que se matriculen en la es-cuela secundaria y se mantengan solteras hasta los 18 años); el progra-ma Generosidadde México, que premia con un “sello de igualdad de gé-nero” a aquellas empresas privadas que consigan determinados estándares relacionados con la igualdad (contratación, ascensos, lucha contra el acoso sexual en el trabajo) y, por último, la instauración de las cuotas de género en el Parlamento de Kirguizistán, que pasó de no tener ni una mujer parlamentaria en 2005 a contar con un 25,5% de participa-ción femenina en 2008.

Por su lado, la Unión Europea, como proveedor del 60% de los flujos de ayuda global, se ha mostrado siempre implicada con el progreso sos-tenible de los ODM en la escena internacional. Para ello, en 2005 se dotó del Consenso Europeo para el Desarrollo, y en 2008 de la Agenda de la UE para la acción en los ODM. Respecto al ODM3, la Comisión Europa señala en su informe de abril de 2010, como ejemplo de logro, el apoyo al desarrollo del Convenio para la Eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres (CEDAW en inglés) en Suazilandia, ra-tificado por su gobierno en 2004.

También desde el gobierno de España –cooperación española– se ha trabajado de manera comprometida en la consecución de los ODM, y en concreto con una apuesta clara por la igualdad entre hombres y muje-res, principalmente a través de la Agencia Española de Cooperación In-ternacional para el Desarrollo (Aecid). El sustancial aumento de los fon-dos de cooperación española a actuaciones para la igualdad y en tofon-dos los ámbitos de los últimos años, así como la estrecha colaboración con los países con los que se coopera, han consolidado unas políticas de

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gé-nero que están demostrando su eficacia. Benefician a millones de muje-res en todo el mundo, permitiéndoles poner en marcha negocios, recibir educación y mejorar su acceso al empleo, así como asegurar su presen-cia en los espacios políticos y públicos.

La apuesta por la igualdad de género y por la consecución del ODM3 en la política de desarrollo del gobierno de España, se ha visto reflejada a nivel cuantitativo con un aumento presupuestario en el área de género que pasó del 3,26% en 2004 al 8,68% en 2008 del total de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Es decir, de 50 millones de euros en 2004 a 299 millones en 2008. A nivel geográfico, América La-tina fue el continente que más recursos concentró en materia de géne-ro (más de 190 millones de eugéne-ros), seguido de África (más de 180 mi-llones de euros) y Asia. Para ello se combinan instrumentos de carácter bilateral, multibilateral y multilateral, haciendo un esfuerzo por integrar el enfoque Género en Desarrollo (GED) y la efectividad de la ayuda, teniendo en cuenta los principios de la Declaración de París, coordinando las acciones con otros actores de la cooperación internacional.

Retos hacia la consecución del ODM3

A pesar de que todos los avances descritos en cuestiones como edu-cación, empleos remunerados no agrícolas y participación de las muje-res en la esfera política son alentadomuje-res, éstos no deben ocultar la grave-dad de la situación en materia de igualgrave-dad de género y su directa relación con la pobreza. Debemos tener muy presente a qué retos nos enfrentamos para dotarnos de los instrumentos adecuados y seguir avanzando hacia la consecución de los ODM.

Compartimos la idea, avanzada por algunos estudios, de que los indi-cadores oficiales del ODM3 no son suficientes para seguir todos los pro-gresos logrados en materia de igualdad entre géneros y de autonomía de las mujeres. Conviene analizar también los avances o retrocesos en ma-teria de salud, o los desequilibrios en el acceso a los recursos producti-vos, entre otros…

Aunque no se contemplen como indicadores oficiales, también es importante no olvidar el análisis y las actuaciones para combatir la vio-lencia de género, y una de sus más lacerantes derivaciones como el co-mercio sexual. No habrá igualdad de género ni autonomía de las muje-res, mientras millones de ellas sigan siendo víctimas de sus parejas o de las redes de explotación sexual en cualquier rincón del mundo.

La discriminación por razón de género es una de las más graves e in-justas, y la más global. Su combate es moralmente obligatorio, el éxito

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en su erradicación, crucial para el progreso humano y el desarrollo sos-tenible. Pero este combate no solo beneficia a las mujeres, sino también a los niños y niñas, pues está comprobado que la igualdad de género y el bienestar de la infancia están intrínsicamente relacionados. Cuando las mujeres tienen el poder de liderar sus vidas plenamente y de forma pro-ductiva, los niños y sus familias prosperan. Los niños y niñas con ma-dres escolarizadas tienen al menos dos veces más de probabilidades de completar la escuela primaria, que aquellos cuyas madres no han tenido acceso a la educación básica.

El camino hacia el cumplimiento del tercer ODM es ineludible. Si lo logramos, habremos cambiado en gran medida el futuro del mundo en desarrollo, y la vida de millones de mujeres.

Referencias

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