SALMOS. PROGRAMA No Salmos 34 & 35

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Texto completo

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PROGRAMA No. 0657

SALMOS

Salmos 34 & 35

En el estudio de hoy, amigo oyente, vamos a considerar el Salmo 34. Vamos a avanzar un poco más rápido de lo que lo hemos estado haciendo, porque si no lo hacemos así, entonces vamos a pasar demasiado tiempo en este libro de los Salmos. Ahora, no podemos encontrar un lugar mejor que éste para demorarnos, pero el asunto es que tenemos que recordar que estamos yendo a través de toda la Biblia, y vamos a terminar este estudio, Dios mediante, en cinco años.

Ahora, éste es un Salmo del cual tenemos una explicación como parte del texto inspirado al mismo comienzo. Allí dice “Salmo de David, cuando mudó su semblante delante de Abimelec, y él lo echó, y se fue.” Y creemos que este es un buen lugar para ilustrar algo que los críticos han utilizado para desacreditar la Palabra de Dios, y por lo cual han provocado que muchas personas de poca instrucción bíblica se hayan apartado del creer en la integridad y la infalibilidad de las Escrituras. Lo que aquí se menciona nos hace recordar de algo que ocurrió realmente en la vida de David. Si nosotros lo pudiéramos hacer, regresaríamos al capítulo 21 del Primer libro de Samuel y leeríamos los versículos 10 al 15; allí se relata que Saúl estaba persiguiendo a David, y este joven David se encontraba huyendo para poder salvar su vida, y él se estaba ocultando en una cueva en la montaña tratando de huir de este rey. El se encontraba en esa región desértica cerca

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del mar Muerto, y no hay muchos que pueden sobrevivir en esa zona. Si usted puede visitar ese lugar se dará cuenta que ese no es un lugar para que uno ande por allí por sí solo. David sabía eso, y él pudo sobrevivir en ese lugar desértico. ÉL fue capaz de ocultarse de Saúl.

David se cansó mucho de este tipo de vida, y su fe se hizo muy débil y muy tenue, y finalmente pensó: “bueno, yo voy a ser destruido”, y entonces se dirigió a la tierra de los filisteos, él penetró en esa zona hacia el oeste. Así es que David llegó al lugar de los filisteos y el rey de ellos lo recibió, pero alrededor de ese rey se encontraban aquellos que le decían, “Cuidado, David no es tu amigo. Tú tienes que recordar que en su tierra la gente decía, Saúl mató a sus miles y David a sus diez miles. Y recuerda también que él fue quien mató a nuestro gigante, y queremos decirte que cuando él mató a Goliat, él destruyó muchas de nuestras defensas. El no es nuestro amigo”. Así es que David vio que se encontraba en un gran peligro, y él fingió haberse vuelto loco, y actuaba de una manera que era completamente demente. En aquellos días la gente tenía cierta superstición acerca de la demencia. Uno no destruía a los locos, sino que los echaba del lugar, y esa es la razón por la cual uno encuentra a personas como ese hombre que se menciona allá en el Nuevo Testamento que se encontraba entre las tumbas y que era endemoniado, lo trataban como si estuviera loco. Y David entonces, fingió estar loco, y esa fue la única forma por la cual él pudo salvar su vida. En esa oportunidad Dios lo libró, y él regresó a su tierra, ocultándose en la cueva de Adulam, y pensamos que al hallarse en la seguridad de esa cueva, David dijo: “Yo debería haber confiado en Dios”. Y este Salmo, entonces, es producto de esa situación.

Ahora, si nosotros leemos la información que tenemos, nos daremos cuenta que allí dice que el rey se llamaba Aquis, y aquí se nos dice que era Abimelec. En esto se basan los críticos para decir que esta declaración es muy obvia y que este no es un Salmo inspirado

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de David; dicen una cosa y otra, y que aquí tenemos un error en la Biblia. Tenemos que darnos cuenta de que Abimelec era un título real, y no era el nombre propio del rey, su nombre propio era Aquis. Encontramos la misma situación en Egipto, donde cada rey de Egipto se llamaba Faraón, pero ese no era el nombre propio del rey. Toda la gente lo llamaba faraón, y lo mismo ocurría entre los amalecitas donde cada gobernante se llamaba Agag, este era un título real como Faraón y como César entre los romanos. Cada uno de ellos tenía su propio nombre, así es que, en este Salmo, como ya hemos dicho, los críticos tratan de tomar ventaja en un cosa como esta, y lo único que hacen es confundir a los jóvenes y a aquellos que están recién aprendiendo algo. Un joven dijo en cierta ocasión: “yo creo en la inspiración de las Escrituras, pero aquí encuentro un error”. Bueno, no es ningún error, sino que es falta de conocimiento de nuestra parte. Cuando usted cree que encuentra un error en la Biblia, amigo oyente, recuerde, el problema no está en la Biblia, sino que el problema está en usted. Ese es el problema con las cosas que ocurren en el día de hoy entre los críticos de la Biblia. Tenemos entonces que David escribe este Salmo, y dice en la primera parte del versículo 1:

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Bendeciré a Jehová en todo tiempo; (Sal. 34:1)

Cuando usted está en dificultades, cuando usted está desanimado, cuando usted está derrotado, – y así es como se encontraba David, – uno comienza a sentirse muy decaído, muy desanimado. Él estaba corriendo, corriendo, corriendo, y parecía que esto nunca llegaría a un fin. Y él comienza a desanimarse. Él pensaba: “Quizá alguno de estos días alguien me mate”. Pero ahora dice aquí en el versículo 1, escuche usted:

1

Bendeciré a Jehová en todo tiempo;

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Amigo oyente, yo por lo general no tengo ningún problema en alabar a Dios en un día hermoso, en un día cuando brilla el sol, cuando las cosas están saliendo a mi manera. Pero, ah, es muy diferente cuando las cosas están siendo difíciles para mí. Pero escuche lo que David dice aquí en estos dos primeros versículos, de este Salmo 34:

1

Bendeciré a Jehová en todo tiempo;

Su alabanza estará de continuo en mi boca.

2

En Jehová se gloriará mi alma;

Lo oirán los mansos, y se alegrarán. (Sal. 34: 1-2)

Escuche ahora lo que él dice en el versículo 3, es una declaración muy importante:

3

Engrandeced a Jehová conmigo,

Y exaltemos a una su nombre. (Sal. 34:3)

Habíamos pensado poner este versículo en el membrete de A Través de la Biblia. Nos gusta que se una a nosotros en exaltar el nombre del Señor, porque encontraremos en uno de los Salmos de que la Palabra de Dios y el nombre de Dios son casi lo mismo. Los dos son importantes. Nosotros queremos esparcir la Palabra de Dios porque engrandece al Señor. A mí me gusta decir con el Salmista, aquí en el versículo 3:

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3

Engrandeced a Jehová conmigo,

Y exaltemos a una su nombre... (Sal. 34:3)

...espariendo la Palabra de Dios en el presente. Ahora David dice en el versículo 4:

4

Busqué a Jehová, y él me oyó,

Y me libró de todos mis temores. (Sal. 34:4)

En los primeros tres versículos David no tiene otra cosa sino alabanzas. Y aquí tenemos un coro de Aleluya. Ahora él da la causa, la razón de su alabanza; leamos otra vez el versículo 4:

4

Busqué a Jehová, y él me oyó,

Y me libró de todos mis temores. (Sal. 34:4)

¡Qué maravilloso! Veamos ahora el versículo 5:

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Los que miraron a él fueron alumbrados,

Y sus rostros no fueron avergonzados. (Sal. 34:5)

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6

Este pobre clamó, y le oyó Jehová,

Y lo libró de todas sus angustias. (Sal. 34:6)

¿Puede usted, amigo oyente, decir eso hoy? Ah, yo le agradezco a Dios por la forma en que Él me ha guiado. Y estoy seguro que usted también lo puede hacer, amigo oyente. Ahora, el versículo 7 dice:

7

El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen,

Y los defiende. (Sal. 34:7)

Esa es la primera mención que tenemos de los ángeles del Señor. Y hablando francamente, habrá solamente una vez más en la que el ángel del Señor será mencionado, sin entrar en mucho detalle el día de hoy, porque ya hablamos de esto en el libro de Josué, el ángel del Señor es Cristo mismo antes de su encarnación. Usted no ve al ángel del Señor cuando llega al Nuevo Testamento porque Él ya ha sido hecho hombre y ya no es un ángel, Él es un hombre. Y cuando Él apareció en el Antiguo Testamento, creemos que Él era el Señor Jesucristo. Pues bien, Él dice aquí en el versículo 7: 7El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende. Y el Señor Jesucristo dijo, “nunca te abandonaré ni te dejaré.” “He aquí estoy con

vosotros siempre, hasta el fin de los siglos.” Escuchemos ahora su invitación. David dice: “Si usted no cree que esto es verdad” – entonces el versículo 8, dice:

8

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Dichoso el hombre que confía en él. (Sal. 34:8)

Ah, feliz el hombre. No hay nada igual al confiar en el Señor, y esta es una invitación. Ahora, David había estado en esa cueva, y él era un hombre a quien le gustaba hacer cosas al aire libre, era un hombre que estaba acostumbrado a lo áspero, y él había visto esto. En la primera parte del versículo 10, leemos:

10

Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; (Sal. 34:10)

Él había visto a esos leoncillos, con hambre, deseando tener algo para comer, y sin embargo, Dios tuvo cuidado de ellos. Luego dice, en el versículo 10 en su segunda parte:

Pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien. (Sal. 34:10)

Permítanos decirle, amigo oyente, que si un león puede cuidar a sus propios leoncillos, Dios puede cuidar de usted y de mí también. ¿No es eso maravilloso? Eso es lo que David aprendió por experiencia. Yo estoy tan cansado del cristianismo de hoy que es sólo bueno para el servicio del domingo por la mañana, el cantar la doxología, y con eso se termina para muchas personas en la actualidad.

El autor de estos estudios bíblicos el Dr. J. Vernon McGee refiere que le agradó en gran manera leer lo que cierto hombre de la ciudad de San Francisco, en California, describió en cierta ocasión. Fue una de las cosas más lindas – decía él –que alguien le pudiera haber dicho. Este señor escribió: “Usted no parece estar hablando detrás de una ventana de vidrio de color”. Bien, decía el Dr. McGee, gracias a Dios por eso. Debo decir que no hay nada malo en hablar desde un lugar así. Pero espero que no haya parecido que procediera de un lugar así. A mí me

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gustaba hacerlo como si procediera de un lugar común, del mercado, del colegio, del taller, de la oficina.” Ahora, este hombre David dice: “he hallado que esto es cierto. Lo he experimentado yo mismo”. Ahora, “Gustad, y ved que es bueno Jehová.” Y pasando ahora al versículo 13, de este Salmo 34, leemos:

13

Guarda tu lengua del mal,

Y tus labios de hablar engaño. Salmos 34:13

¡Cómo necesito aprender eso yo, amigo oyente! Quizá usted también lo necesite. Bueno, ahora es mejor que sigamos adelante. Leamos el versículo 15, ahora:

15

Los ojos de Jehová están sobre los justos,

Y atentos sus oídos al clamor de ellos. (Sal. 34:15)

Dios dice que Él escucha y contesta las oraciones. No nos venga a decir que Él no lo hace, porque sí que lo está haciendo, amigo oyente. Y El sabe también cómo decir “No.” Ahora, en el versículo 16, leemos:

16

La ira de Jehová contra los que hacen mal,

Para cortar de la tierra la memoria de ellos. (Sal. 34:16)

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en alabar un pecador bajo y vil, que ha abandonado a su esposa e hijo, y quien luego, después de vivir en el pecado, de haber cometido toda clase de crímenes, robos, asesinatos, y todo lo demás, regresa a su hogar. Allí encuentra que su pequeño hijo está muy enfermo. Y este hombre se hinca de rodillas al lado de la cama y hace una oración. Y cuando él hace eso, uno puede escuchar los lloriqueos de la audiencia, porque la gente llora cuando ve algo así. Pero, amigo oyente, eso nos hace dar vueltas al estómago. ¿Sabe por qué? Dios dice: Yo no escucho la oración de un hombre como ese. Usted no tiene ningún derecho, mi amigo, de ir ante Dios y pedirle ninguna otra cosa sino una sola. Tiene que decirle: “Señor, sálvame.” Y usted no tiene ni siquiera que pedirle perdón. No es necesario que usted le pida eso, Él tiene perdón en abundancia para usted. Todo lo que usted tiene que hacer es confiar en Cristo, y Él automáticamente le perdonará. Lo que Él en realidad está diciendo es lo siguiente: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo. Esto es maravilloso, podemos decir de paso. Permítanos ahora destacar una o dos declaraciones más en este Salmo. En el versículo 18 podemos leer:

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Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón;

Y salva a los contritos de espíritu. (Sal. 34:18)

O sea, aquel que está dispuesto a tomar un lugar de humildad, y se acerca como pecador a Él y confía en Él. No como ese pecador vil que se arrodilló y oraba por su hijito enfermo. Si él acepta a Cristo, y reconoce su pecado, y si recibe a Jesucristo, entonces Dios lo escuchará. Ahora, usted no está libre de dificultades, no interesa quien sea usted; escuche lo que dice aquí el versículo 19:

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Pero de todas ellas le librará Jehová. (Sal. 34:19)

Este Salmo es tan maravilloso, y es citado bien y es citado mal, como usted puede apreciar.

Bien, llegamos ahora, al Salmo 35. Tenemos aquí un Salmo que escribió David, y él lo hizo durante los días de su persecución por parte del rey Saúl. Éste, acompaña al Salmo anterior, y también se puede colocar junto a éste, esa porción del Primer libro de Samuel, capítulo 24. Aquí tenemos una apelación poderosa a un Dios justo, para que ejecute juicio sobre los enemigos de Dios y de los que persiguen a Su pueblo justo. Hay aquellos que gustan decir: “Bien, esta no es la clase de oración que debería estar en los labios de un creyente”. Y el Señor Jesucristo nunca hablo de esa manera. Él, en cierta ocasión, mencionó una parábola acerca de una viuda que fue ante el juez y le dijo: “Hazme justicia de mi adversario”. Ese juez se demoró mucho en hacerlo, pero finalmente lo hizo. El Señor Jesucristo dijo: ¿Ustedes creen que Dios se tardará en responderles, que no tiene corazón como este juez? No, Dios tiene gracia, es maravilloso. Y luego el apóstol Pablo nos dice: No os venguéis vosotros mismos. Poned todas las cosas en las manos del Señor. Mía es la venganza, dice el Señor, yo pagaré. Usted y yo, amigo oyente, no tenemos que tomar venganza en la actualidad. Tenemos que poner estas cosas en las manos de Dios. Eso es algo de lo que Él se ocupa. Y, amigo oyente, Él va a hacer las cosas mucho mejor de lo que usted o yo podemos hacerlas. Hablando honradamente, debo decir que yo he entregado a varias personas al Señor, en situaciones así. Ahora, si yo lo hubiera hecho a mi manera, pues, le hubiera dado un buen golpe en la nariz, eso lo digo honradamente. Pero, el Señor me dice: no lo vayas a golpear en la nariz, porque entonces tú estarás haciendo mal; tú debes confiar en Mí, mía es la venganza, Yo pagaré, dice el Señor. Simplemente debemos poner esto en las manos del Señor. Y yo creo que el Señor lo castigará. Debemos decir de paso, amigo oyente, que necesitamos aprender a andar en Su camino. Tal vez usted piensa que esto está fuera de orden. Nosotros creemos que posiblemente usted y yo somos los que estemos fuera de orden.

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Este es un gran Salmo, y vamos a tomar algunas partes que son muy destacadas en este Salmo imprecatorio. David estaba en dificultades, él estaba huyendo de Saúl. En el capítulo 24 del Primer libro de Samuel, Saúl le dijo a David, cuando éste perdonó su vida: “Yo sé que tú

llegarás a ser rey. Yo sé que Dios te ha dado el reino, y tú eres más justo de lo que soy yo”. ¿Entonces por qué no lo trajo Saúl de regreso? Él no lo hizo regresar. ¿Quiere escuchar lo que David dijo en su oración? Leamos los Versículos 4 y 5, de este Salmo 35:

4

Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida;

Sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal intentan.

5

Sean como el tamo delante del viento,

Y el ángel de Jehová los acose. (Sal. 35:4-5)

David los quería entregar al Señor también, como bien puede apreciar. Aquí tenemos la segunda mención del ángel del Señor, y estas son las únicas dos menciones del ángel. Lo vimos en el Salmo 34 y ahora lo tenemos aquí en este Salmo 35. Veamos ahora, los versículos 6 al 8:

6

Sea su camino tenebroso y resbaladizo,

Y el ángel de Jehová los persiga.

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Sin causa cavaron hoyo para mi alma.

8

Véngale el quebrantamiento sin que lo sepa,

Y la red que él escondió lo prenda;

Con quebrantamiento caiga en ella. (Sal. 35:6-8)

Esto parece demasiado extremo. Es una oración imprecatoria, y creemos que no es consistente con lo que tiene que hacer un creyente en la actualidad; nosotros no tenemos que hacer esto, cuando Él nos ha dicho que tenemos que poner las cosas en Sus manos. Pero si usted y yo lo hacemos, de alguna manera u otra Dios no va a tomar venganza, y Él hará las cosas sin ser vengativo, como puede ver. El lo hará en justicia, en rectitud, y en santidad. Usted puede entregar las cosas en las manos de Dios, y Él va a hacer que las cosas salgan de una manera correcta, podemos decir de paso. Este es un gran Salmo, y un gran solaz para el alma del hombre. Escuchemos ahora lo que dice David después de hacer esa oración. Leamos los versículos 9 y 10, de este Salmo 35:

9

Entonces mi alma se alegrará en Jehová;

Se regocijará en su salvación.

10

Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú,

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Y al pobre y menesteroso del que le despoja? (Sal. 35:9-10)

David era un hombre muy pobre en esa ocasión. Usted recordará, que aquellos que tenían deudas, aquellos que estaban en dificultades, aquellos que estaban descontentos se acercaban a David en aquel día; él era como un tipo de “Robin Hood”, aun cuando la persona que escribió ese libro “Robin Hood”, tomó la idea de la vida de David, digamos de paso. Y fue en esa ocasión cuando David comenzó a formar su ejército, pero es simplemente un muchacho pobre, huyendo del rey el que aquí tenemos. Y luego se nos dice algo muy interesante, pasemos al versículo 16:

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Como lisonjeros, escarnecedores y truhanes,

Crujieron contra mí sus dientes. (Sal. 35:16)

Ellos no solo hicieron eso, sino que se burlaron de David. Ahora, esta clase de gente era como los bufones de la corte, ellos eran contratados para que divirtieran a los huéspedes en algún banquete. Y ellos entraban y eran bastante hipócritas en la forma en que actuaban. Y esta gente llegaba y se burlaba de David por haber huido, por estarse ocultando del rey, y por no luchar contra él. Ellos decían que él podía derrotar al gran gigante Goliat, pero que ahora le temía al rey Saúl. “Como lisonjeros, escarnecedores y truhanes, “ - Y amigo oyente, ellos todavía están por aquí en la actualidad, y uno los puede encontrar aun en las iglesias. Hemos estado en la iglesia por mucho tiempo, y no estamos en contra de ella, pero nos encontramos hoy en una posición desde donde podemos decir algunas cosas acerca de aquellos que están en la iglesia hoy. Y eso daña el testimonio de la iglesia en la actualidad. La iglesia, amigo oyente, es la esposa de Cristo. Dios aún tiene un propósito en la iglesia, y alguien necesita hacer hoy un poco de limpieza dentro de la iglesia. Nosotros no debemos juzgar al mundo, pero debemos

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juzgar las cosas que están dentro de la iglesia, y hay mucho de esto dentro de la iglesia hoy. Ellos ponen en ridículo a los hombres de Dios, mienten acerca de ellos, y están haciendo esto de una manera tan piadosa, y son burladores hipócritas en realidad. Son los bufones en la corte de Dios hoy, ridiculizando a los hombres de Dios, y eso es verdad.

Este es un gran Salmo, debemos añadir. Y pasamos ahora al Salmo 36, y no vamos a entrar en muchos detalles en éste, ya que aquí tenemos en el mismo comienzo del Salmo que se nos presenta un cuadro de los malvados. Y vemos que tendremos que esperar hasta nuestro próximo programa para poder tratar esto. Uno aquí puede apreciar un cuadro del corazón humano. Todos nosotros tenemos un corazón malvado. Usted quizá no quiera creer esto, pero todos tenemos un corazón malvado. Y vamos a observar ese corazón en nuestro próximo programa, al leer este Salmo 36, porque aquí se nos dice en el primer versículo, escuche usted:

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La iniquidad del impío me dice al corazón:

No hay temor de Dios delante de sus ojos (Sal. 36:1)

Lo que está diciendo es esto: “La maldad habla al malvado en lo íntimo del corazón”. ¿Qué es esto de la maldad del malvado? Amigo oyente, esa es la vieja naturaleza que usted y yo tenemos, la naturaleza adámica, esa naturaleza pecaminosa, la carne que está en todos nosotros. El Señor Jesucristo ya había dicho, “Lo que sale del corazón del hombre...” En el Antiguo Testamento Jeremías dijo, “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso.” Debemos decir, amigo oyente, que todos tenemos problemas del corazón, y que Dios tiene el remedio, para los problemas que nos aquejan. Pero vamos a tener que esperar hasta nuestro próximo programa para ver esto. Por hoy, vamos a detenernos aquí. Al despedirnos, deseamos que las bendiciones del Señor reposen sobre usted ahora y siempre!

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