Proclamando la Buena Nueva
El Kérux de Dios
Lectura del Evangelio según San Mateo (27,11-55)
Forma Breve. 11 Jesús compareció ante el gobernador, y éste comenzó a interrogarlo. Le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús contestó: «Tú eres el que lo dice.» 12 Los jefes de los sacerdo-tes y las autoridades judías lo acusaban, pero Jesús no consacerdo-testó nada. 13 Pilato le dijo: «¿No oyes todos los cargos que presentan contra ti?» 14 Pero Jesús no dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió mucho.15 Con ocasión de la Pascua, el gobernador tenía la costumbre de dejar en libertad a un con-denado, a elección de la gente. 16 De hecho el pueblo tenía entonces un detenido famoso, lla-mado Barrabás. 17 Cuando se juntó toda la gente, Pilato les dijo: «¿A quién quieren que deje libre, a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?» 18 Porque sabía que le habían entregado a Jesús por envidia.
19 Mientras Pilato estaba en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese hombre porque es un santo, y anoche tuve un sueño horrible por causa de él.»
20 Mientras tanto, los jefes de los sacerdotes y los jefes de los judíos persuadieron al gentío a que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. 21 Cuando el gobernador volvió a preguntarles: «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?», ellos contestaron: «A Barrabás.» 22 Pilato les dijo: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Cristo?» Todos contestaron: «¡Crucifícalo!» 23 Pilato insistió: «¿Qué ha hecho de malo?» Pero ellos gritaban cada vez con más fuerza: «¡Que sea crucificado!» 24 Al darse cuenta Pilato de que no conseguía nada, sino que más bien aumentaba el alboroto, pidió agua y se lavó las manos delante del pueblo. Y les dijo: «Ustedes responderán por su sangre, yo no tengo la culpa.» 25 Y todo el pueblo contestó: «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» 26 Entonces Pilato
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LECTIO DIVINA
DOMINGO DE RAMOS (CICLO A)Elaborado y diseñado por el Licdo. Orlando Carmona. Ministro de la Palabra.
Publicación Bíblica Semanal. Paginas Web:
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13 de Abril del 2014
Proclamando la Buena Nueva
El Kérux de Dios
les soltó a Barrabás. Mandó azotar a Jesús y lo entregó a los que debían crucificarlo.
27 Los soldados romanos llevaron a Jesús al patio del palacio y reunieron a toda la tropa en tor-no a él. 28 Le quitaron sus vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. 29 Des-pués le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinos y en la mano dere-cha le pusieron una caña. Doblaban la rodilla ante Jesús y se burlaban de él, diciendo: «¡Viva el rey de los judíos!» 30 Le escupían en la cara, y con la caña le golpeaban en la cabeza. 31 Cuan-do terminaron de burlarse de él, le quitaron la capa de soldaCuan-do, le pusieron de nuevo sus ropas y lo llevaron a crucificar.
32 Por el camino se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús. 33 Cuando llegaron al lugar que se llama Gólgota (o Calvario), o sea, «calavera», 34 le dieron a beber vino mezclado con hiel. Jesús lo probó, pero no lo quiso beber. 35 Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. 36 Luego se sentaron a vigilarlo.
37 Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el motivo de su condena, en el que se le-ía: «Este es Jesús, el rey de los judíos.» 38 También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
39 Los que pasaban por allí lo insultaban; movían la cabeza 40 y decían: «¡Vaya! ¡Tú que des-truyes el Templo y lo levantas de nuevo en tres días! Si eres el Hijo de Dios, líbrate del suplicio y baja de la cruz.» 41 Los jefes de los sacerdotes, los jefes de los judíos y los maestros de la Ley también se burlaban de él. Decían: 42 «¡Ha salvado a otros y no es capaz de salvarse a sí mismo! ¡Que baje de la cruz el Rey de Israel y creeremos en él! 43 Ha puesto su confianza en Dios. Si Dios lo ama, que lo salve, pues él mismo dijo: Soy hijo de Dios.» 44 Hasta los ladro-nes que habían sido crucificados con él lo insultaban.
45 Desde el mediodía hasta las tres de la tarde todo el país se cubrió de tinieblas. 46 A eso de las tres, Jesús gritó con fuerza: Elí, Elí, lamá sabactani, que quiere decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» 47 Al oírlo, algunos de los presentes decían: «Está llamando a Elías.»
48 Uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre y la puso en la
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Proclamando la Buena Nueva
El Kérux de Dios
en la punta de una caña para darle de beber. 49 Los otros le decían: «Déjalo, veamos si viene Elías a salvarlo.» 50 Pero nuevamente Jesús dio un fuerte grito y entregó su espíritu.
51 En ese mismo instante la cortina del Santuario se rasgó de arriba abajo, en dos partes. 52 La tierra tembló, las rocas se partieron, los sepulcros se abrieron y resucitaron varias personas san-tas que habían llegado ya al descanso. 53 Essan-tas salieron de las sepulturas después de la resu-rrección de Jesús, fueron a la Ciudad Santa y se aparecieron a mucha gente. 54 El capitán y los soldados que custodiaban a Jesús, al ver el temblor y todo lo que estaba pasando, se llenaron de terror y decían: «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios.»
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La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén nos pide a cada uno de nosotros
coheren-cia y perseverancoheren-cia. Ahondar en nuestra fidelidad para que nuestros propósitos no
sean luces que brillan momentáneamente y pronto se apagan.
ORACIÓN: ¿Qué le digo?
Elaborado y diseñado por el Licdo. Orlando Carmona. Ministro de la Palabra 3
Tú eres, Oh Cristo, el Rey de Gloria. Entra en mi corazón de la manera que entraste a Jerusalén, manso y humilde. Con palmas de gozo te recibo y te alabo. Enséñame a ser un verdadero creyen-te, no de los que te siguen por complacer a la gencreyen-te, como los judíos que después de recibircreyen-te, al cabo de unos días decidieron crucificarte. En esta Semana Mayor, enséñame a amarte Señor, y vivir con auténtica piedad el sufrimiento de tu humanidad.
CONTEMPLACIÓN: ¿Cómo interiorizo el mensaje? MEDITACIÓN ¿Qué me dice el texto?
Hoy la Iglesia entera conmemora el Domingo de Ramos, que constituye la puerta de la semana santa. La en-trada triunfal de Jesús en Jerusalén marca, en cierto sentido, el fin de lo que Jerusalén representaba para el antiguo testamento, y señala el principio de la plena realización de la nueva Jerusalén. Desde este momento Jesucristo insistirá sobre la destrucción de la Jerusalén terrenal, hablará de su juicio, de la que ha de ser la Jerusalén futura. De ella nacerá la Iglesia, ciudad espiritual que se extenderá por todo el mundo cual signo universal de la redención futura.
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LECTURA ¿Qué dice el texto?*****
Contemplemos las palabras del pueblo cuando dijo a Pilato «¡Que sea
crucifica-do!». Hoy también crucificamos a Jesús con nuestras malas acciones y falta de
amor.
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ACCIÓN: ¿A que me comprometo?► A ser un verdadero creyente que riegue amor y bondad a todos. ► A creer en Dios aun en los momentos más difíciles de nuestra vida
LA COLUMNA DE SAN AGUSTÍN
Elaborado y diseñado por el Licdo. Orlando Carmona. Ministro de la Palabra 3 Imitemos el ejemplo de la pasión
del Señor
Cristo quiso padecer por nosotros. Dice el apóstol Pedro: Padeció por vosotros dejándoos un ejem-plo para que sigáis sus huellas (1 Pe 2,21). Te enseñó a padecer y te enseñó padeciendo él. Poca cosa serían sus palabras, si no las hubiese acompa-ñado con el ejemplo. ¿Cómo nos enseñó, hermanos? Pendía de la cruz y los judíos se ensañaban contra él; estaba sujeto con ásperos clavos, pero no perdía la suavidad. Ellos se ensañaban, ladraban en torno suyo y le insultaban cuando estaba colgado. Como a un sólo médico puesto en el medio, ellos, locos fu-riosos, le atormentaban por todas partes. Él estaba colgado, pero sanaba. Padre -dijo- perdónales, por-que no saben lo por-que hacen (Lc 23,34). Pedía y, con todo, pendía; no descendía, porque iba a convertir su sangre en medicamento para aquellos locos fu-riosos. Como no pudieron resultar vanas las pala-bras suplicantes del Señor ni su misericordia que las escuchaba, puesto que al mismo tiempo que eleva súplicas al Padre las escucha con él, después de la resurrección sanó a los dementes que había tolerado en la cruz. Ascendió al cielo, envió al Espíritu San-to.
Pero después de resucitado no se manifestó a todos, sino sólo a los discípulos, para no dar la impresión de que quería burlarse de quienes le habían procura-do la muerte. Era más importante enseñar la humil-dad a los amigos, que echar en cara a los enemigos la verdad. Resucitó y de esta forma hizo más de lo que le pedían, no desde la fe, sino en burla, cuando le decían: Si es Hijo de Dios baje de la cruz (Mt 27,40). Quien no quiso descender del madero,
resu-resucitó del sepulcro. Subió al cielo y desde allí envió al Espíritu Santo; llenó de él a los discípulos, corrigió a los temerosos y les dio confianza. El pa-vor de Pedro se convirtió repentinamente en forta-leza para predicar. ¿De dónde le vino esto al hom-bre? Busca a Pedro presumiendo, y le hallarás ne-gando; busca a Dios ayudándole, y hallarás a Pedro predicando. Por un momento tembló su flaqueza para vencimiento de la presunción, no para destruc-ción de la piedad. Lo llena del Espíritu Santo, y convierte en valeroso predicador a aquel presuntuo-so a quien había dicho: Me negarás tres ve-ces. Pedro había presumido de sus fuerzas; no del don de Dios, sino de su libre voluntad. Le había dicho: Iré contigo hasta la muerte (Mt 26,33-35). Había dicho en su abundancia: No me moveré nun-ca jamás. Pero el que por su propia voluntad había dado vigor a su hermosura, retiró su rostro y aquel quedó lleno de turbación (Sal 29,7-8). El Señor, dijo, apartó su rostro: manifestó a Pedro al mismo Pedro, pero luego le miró y afianzó a Pedro sobre la Piedra.
Imitemos, pues, hermanos míos, el ejemplo de la pasión del Señor en cuanto podamos. Podremos, si le pedimos ayuda; no adelantándonos como el pre-suntuoso Pedro, sino yendo tras él y orando como Pedro, ya restablecido. Poned atención a lo que di-ce el evangelista cuando Pedro negó al Señor tres veces: Y el Señor le miró, y Pedro se acordó (Lc 22,61). ¿Qué significa: Le miró? En efecto, el Se-ñor no le miró al rostro como para recordárselo. La realidad es otra. Leed el evangelio. El Señor estaba siendo juzgado en el interior de la casa cuando Pe-dro era tentado en el atrio. Por tanto, el Señor no le miró con el cuerpo, sino con su majestad; no con la mirada de los ojos de la carne, sino con su soberana misericordia.