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UNIVERSIDAD DE MÁLAGA

DEPTO. DE MEDICINA PREVENTIVA Y SALUD PÚBLICA E HISTORIA DE LA CIENCIA

TESIS DOCTORAL

EPIDEMIOLOGÍA DEL PIE PLANO EN LA POBLACIÓN PREESCOLAR DE MÁLAGA

Mª de la Concepción Pérez Romero de la Cruz

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INDICE

1.- Introducción... 1

2.- Revisión doctrinal... 5

2.1.- Evolución intraútero de los miembros inferiores... 6

2.2.- Biomecánica del pie... 11

2.3.- Biomecánica de la bóveda plantar... 16

2.4.- La Marcha en el niño... 19

2.5.- Pie plano: estudio clínico... 22

3.-Objetivos... 51

4.- Material y Método... 53

5.-Resultados...63

5.1.- Epidemiología descriptiva... 64

5.2.- Epidemiología Analítica... 78

5.3.- Análisis Multivariante... 89

6.-Discusión...98

7.- Conclusiones... .110

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1. INTRODUCCIÓN

Cuando iniciamos los primeros pasos en la especialidad de

Rehabilitación, con esa fe e ilusión que se tiene de residente, creyendo que

todo tiene una explicación científica y lógica y que con nuestros estudios se

podía tratar todo, tomamos contacto por primera vez con los pies planos de

los niños. Ibamos de la mano de nuestro gran amigo y maestro el Dr. Jaime

Cots Noguera en la unidad de ortopedia infantil del Servicio de

Rehabilitación del Hospital Carlos Haya, ubicado entonces en el Sanatorio

18 de Julio. El Jefe de aquel Servicio era el Dr. Vidal Carralero Melero, el

cual impulsó, con gran esfuerzo, la Rehabilitación en Málaga.

Eran muchos los niños que veíamos a diario y más aún los padres

que consultaban angustiados por “los andares” o por notarle al niño la falta

de puente. Las consultas se incrementaban en verano, ya que la familia

observaba la huella en la arena de la playa y evidenciaban la planicie.

En un principio, seguíamos la escuela de Viladot, A. y tratábamos

esos pies planos laxos desde los 2 años y medio con plantillas, unas veces

blandas y otras de cazoleta de polietileno según la intensidad del valgo del

talón que presentara el niño, que por supuesto iban metidas en un calzado

ortopédico.

Aprendimos así mucho sobre plantillas, tomábamos los moldes e

incluso estuvimos en una ortopedia aprendiendo todos los pasos

necesarios para su confección.

Pero a pesar de ello unos niños evolucionaban bien y otros no, incluso

había niños que se quitaban las plantillas y también evolucionaban bien.

En una ocasión nos desplazamos unos días al Servicio de Rehabilitación

del Hospital Ramón y Cajal de Madrid y comprobamos que ellos seguían

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todos los niños que consultaban y las llevaban y al parecer los resultados

eran similares a los nuestros.

Esto nos llenó de dudas, ¿qué era el pie plano? ¿cuáles de todos los

pies que veíamos era realmente plano? ¿cuáles debíamos de tratar y

cuáles no? ¿cuál era la edad ideal para iniciar un tratamiento ortopédico?

¿cuánto tiempo se debía mantener ese tratamiento?.

En una primera búsqueda bibliográfica encontramos que MORLEY, A.

en 1957 ya dudaba de la utilidad de las plantillas y posteriormente, en la

misma línea, WENGER, D.R. en 1989, escribió un artículo que fué muy

polémico en sus días, autores como SCHEFFLER, N. M., DRIGGS, G. K.,

KITCHEN, B. F., FOWLER, A. H., HACK, M., RIECKEN, C., GOULD, N.,

SHAVELSON, D., HENGER, D. R., LIEBER, R., MAULDEN, D., SPECK, G.

o MORGAN, D. escriben en 1990 unas cartas sobre dicho artículo en “The

Journal of Bone and Joint Surgery”.

Comenzamos pues una nueva andadura en el tratamiento del pie

plano infantil.

No recetábamos plantillas ni calzado ortopédico a casi ninguno pero

los revisábamos con más frecuencia para confirmar la evolución.

Fué muy dura la batalla con los padres que no se resistían a esperar

impasibles la evolución, sobre todo, si el pie plano se acompañaba de

valgo de talones o rodillas, recurvatum, genu varo o cualquier otro tipo de

alteración del aparato locomotor.

Muchos de nuestros niños dejaron de venir por la consulta para

continuar sus tratamientos con los podólogos.

En 1993 nuestro amigo y compañero Dr. Felipe Martín Jiménez

defendió su tesis doctoral “Estudio Epidemiológico del pie plano en la

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comprobar como la disparidad de definiciones sobre el pie plano laxo

infantil persistía, así como los distintos criterios de tratamientos. El Dr.

Martín hacía un estudio a 1.181 niños de edades comprendidas entre los 4

y los 13 años, de Málaga capital y provincia, encontrando un total de 32

pies planos, de los cuales 24 tenían entre 4 y 5 años de edad y tan sólo 4

de 12-13 años. También encuentra 24 niños con más de 5º de genu valgo y

pie plano.

Estos datos no servían para niños más pequeños, puesto que en

nuestra consulta diaria veíamos muchos más pies planos infantiles y

alteraciones de los ejes de los miembros inferiores, lo que nos llevó a

pensar ¿qué pasaba por debajo de la edad de los 4 años?. Hicimos una

búsqueda bibliográfica y comprobamos que había muy pocas publicaciones

actuales sobre el pie plano en general pero muchas menos sobre el niño de

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(8)

2.1. EVOLUCION DE LOS MIEMBROS INFERIORES INTRAUTERO

Durante la gestación, el feto, en su desarrollo, se ve obligado a

colocar sus extremidades inferiores en la posición que mejor le permita

adaptarse al útero según las dimensiones y el tono del mismo.

Los miembros se desarrollan según una secuencia proximodistal. La

simple observación procedente de la embriología descriptiva parecía

demostrar que los miembros se desarrollaban según una ordenación

distal-proximal, es decir, que la porción por la que se inicia el muñón de un

miembro representa el material de los dedos, a los que se añadiría el pie,

pierna, muslo y cíngulum. La embriología causal ha demostrado todo lo

contrario, la secuencia proximodistal en el crecimiento y diferenciación de

los miembros.

Durante la cuarta semana y sobretodo al inicio de la quinta crece el

esbozo del miembro; la individualización del pie aparece como la

extremidad caudal, despuntada, de dicho esbozo. El pie embrionario en

estos momentos se caracteriza por la disposición digital en forma de

abanico de forma que cada pie mira al opuesto quedando entre sus

superficies plantares el cordón umbilical. (GENIS, J.Mª. 1970).

A la 5ª semana, el embrión mide alrededor de 12 mm, astrágalo y

calcáneo se encuentran situados uno junto al otro y en prolongación con la

tibia. Las futuras articulaciones subastragalinas y seno del tarso se hallan

entre ambos elementos esqueléticos. Habrá de realizarse movimientos de

rotación y de traslación en estos elementos, hasta situarse en posición

definitiva, movimientos que continuaran en el periodo postnatal y que son

debidos a los cambios que sufren posicionalmente el astrágalo y calcáneo,

que de estar dispuestos en paralelos, han de sufrir desplazamientos hasta

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Al inicio de las 6 semanas cóndilos femorales y cuello femoral están

situados en el mismo plano frontal. Los pies están dispuestos sagitalmente;

el futuro borde tibial, preaxial del miembro, está en situación rostral y el

borde que será fibular, postaxial, es caudal. Ambos pies suelen estar en

contacto por las plantas llamándose “pies rezadores”.

Durante gran parte de ese período, el pie, está en línea con la pierna,

no existiendo talón, por lo que la disposición es en equino-varo.

Posteriormente (42 dias, 23 mm) comienza la dorsiflexión y

angulación del tobillo, debido a que se va acentuando el desplazamiento

del calcáneo bajo el astrágalo y el progresivo crecimiento de la fíbula. El pie

presenta los mayores grados de addución y varo y a la vez va

desapareciendo el equinismo. Esta posición de equino-varo-aducción,

también llamada “embrionaria”, se mantiene hasta cerca de los 45 mm (3º

mes) y aunque va desapareciendo lentamente, el pie en ligero equino-varo

se mantiene hasta el nacimiento en muchas ocasiones, en otras, el varismo

va descendiendo hasta un grado 0 (a los 100 mm.) y aumenta el valguismo

a una posición normal a las veinte semanas (50mm) (GUILLEN,P.1981).

A partir del 4º mes el fémur debe angularse para acercar las rodillas al

abdomen por la presión de las paredes uterinas mientras que las cabezas

femorales permanecen fijadas a un anillo pelviano inmóvil.

Como consecuencia, aparece la torsión anterior o anteversión del

cuello femoral que forma un ángulo hacia delante respecto a los cóndilos

de unos 15 grados, e irá aumentando en los meses siguientes hasta

alcanzar unos 40 grados al nacimiento.

La tibia, a su vez, también se ve sometida a esfuerzos torsionales

durante el desarrollo fetal. Las rodillas flexionadas sobre el tronco hacia

fuera mientras que los pies se adaptan dirigiendo las puntas hacia dentro.

El resultado es una torsión tibial interna que alcanza los 2 grados al

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Durante los primeros años de vida del niño, la sedestación, gateo y

marcha, van a modelar las torsiones que presentaban los segmentos óseos

a su nacimiento, hasta alcanzar los valores adultos alrededor de los 9 años

(WESELEY, M.S. 1981) (KLING, T.F.1983) (STAHELI, L.T. 1985).

En la evolución postural del niño, se modifican el tono y la dirección

de fuerzas de la musculatura del miembro inferior. Así, con el paso de los

cuatro puntos de apoyo (gateo) a los dos puntos (bipedestación) aparece la

lordósis lumbar, y con ella la puesta en tensión del músculo psoas que

hasta entonces era la principal fuerza anteversora de la cadera (LE

COEUR, P. 1977), y que a partir de ahora actuará sobre el cuello, en la

porción anterior de su base, corrigiendo la excesiva anteversión que

presentaba al nacimiento .

Algunos autores (CRANE, L.1959), han defendido que los hábitos

posturales durante la infancia como la sedestación con las piernas en “W”,

también llamada por los anglosajones “T.V. position”, actuarían según la ley

de Wolf, aplicando presiones anómalas sobre el fémur y la tibia, que se

verían forzados hacia la anteversión del cuello femoral y la rotación externa

de la tibia. WESELEY afirma que sobre unos ligamentos capsulares

hiperlaxos actuarían los hábitos posturales perpetuándo la anteversión

femoral que existía al nacimiento.

SOMMERVILLE, señala en este sentido que en la evolución y

modelaje de las torsiones de tibia y fémur, no solo influye la adaptación

postural sino que la presencia de factores anatómicos adversos en la

cadera, como es la excesiva estrechez y tensión capsular, frenaría la

corrección de la anteversión neonatal, persistiendo lo que él denomina la

“Alineación fetal”.

De hecho, este autor afirma que los vicios posturales no son causa

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puede sentarse con piernas en posición de “W”, el niño con anteversión

excesiva en el cuello femoral, los vicios posturales en todo caso, actuarían

frenando la corrección de la alineación fetal persistente. Esto último

tambien lo afirma BRUCE, R.W. en 1996.

La extremidad inferior en desarrollo se comporta como una cadena

cinética en la que las torsiones sucedidas en los eslabones superiores, van

a condicionar torsiones compensadoras en los inferiores (MONTAÑEZ, E.

1990).

De esta forma un fémur con anteversión excesiva, al tener limitada la

rotación externa en la cadera, coloca al miembro inferior en rotación interna

con respecto a la línea de progresión del individuo, durante la fase

oscilante y de apoyo del paso. Esto produce una marcha con puntas hacia

dentro, frecuente en los niños durante los primeros años de la vida

(STAHELI, L.T. 1986) .

La tibia, en un intento compensador, sufre una torsión externa entre

los 5 y los 7 años de edad (SHARRARD, W. 1977) de forma tal que entre

los 7 y los 9 años, la marcha infantil pasa a ser similar a la del adulto, al

establecerse las torsiones definitivas (OGG, J. 1963).

Pero no todas las extremidades inferiores reaccionan de la misma

manera ante las torsiones sucedidas en los segmentos proximales. LERAT,

J.L. (1982), afirma que la alineación torsional del miembro inferior no puede

ser considerada como una adaptación automática en todos los individuos,

sino que sobre un factor hereditario, actuarían factores mecánicos que

provocarían una adaptación individual de las torsiones. Posteriormente

afirma que el morfotipo heredado puede ser modificado por la actividad, en

particular la deportiva (LERAT, J.L. 1989).

La anteversión femoral aumentada no siempre va compensada de

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1983) incluso se ha demostrado que el aumento en la anteversión en la

porción proximal del fémur, no condiciona necesariamente una torsión

interna de su porción distal (YOSHIOKA, Y. 1987).

Algunos autores señalan el interés de la rotación en la rodilla y de la

detorsión submaleolar que tiene lugar a nivel de la articulación

tibio-tarsiana. MOYEN, B. (1982) hace un estudio dinámico y estático de 62

pacientes con rotación tibial externa y observa que, con menos de 30º de

rotación y más de 45º el pie compensa y aparece plano, pero entre 30º y

45º no detectan ninguno.

Independientemente, en el plano frontal, las rodillas van a tener un

ángulo que irá cambiando durante el crecimiento, en los primeros años de

la vida, es el ángulo fémoro-tibial el responsable del genu valgo o genu

varo, según este ángulo se abra hacia fuera o hacia dentro

respectivamente. De este modo el recién nacido presenta un genu varo de

10º-15º (ángulo fémoro-tibial), que irá desapareciendo, haciéndose nulo

entre los 12 y 18 meses de vida (CAHUZAC, J.P. 1993). Este ángulo irá

virando a un genu valgo máximo de 10º-15º, para unos autores entre los 3

y 4 años (GREENE, W.B. 1996) (HEATH, C.H. 1993) y para otros un valgo

máximo de 6º-7º entre los 2 y 3 años (STAHELI, L.T. 1986).

Posteriormente, el valgo irá desapareciendo hasta los 8 años para

unos (CHENG, J.C.Y. 1991) (CAHUZAC, J.P. 1993) y hasta los 11 años

para otros (GREENE,W.B. 1996) (HEATH, C.H. 1993). Cualquier

persistencia de estos ángulos a edades distintas de las mencionadas

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2.2. BIOMECANICA DEL PIE

El pie, por su situación distal en el miembro inferior, constituye el

elemento de contacto del cuerpo con el suelo en la inmensa mayoría de las

actividades motoras humanas. Sus funciones principales son el apoyo y la

canalización de las cargas que el mismo conlleva hacia segmentos más

proximales del organismo.

La estructura del pie es enormemente compleja y consta de múltiples

elementos óseos, musculares y ligamentosos que le confieren sus

características mecánicas y aunque las vamos a revisar someramente, es

el conjunto de todas ellas, actuando al unísono las que hacen funcionar el

pie.

Una de las principales peculiaridades de la unión entre la tibia y el pie

es la transferencia de las fuerzas de soporte del cuerpo, verticales, a un

sistema de apoyo horizontal. Las articulaciones tibioastragalina y

subastragalina realizan esta función. El astrágalo, ubicado bajo el eje de la

tibia, conecta las cargas verticales soportadas por esta, con las estructuras

del pie, permitiendo su movimiento relativo tridimensional a través de sus

dos articulaciones de ejes no paralelos ya mencionadas.

El pie está formado por varias articulaciones con distintos sentidos de

movimientos, pero no vamos a describir el concepto anatómico de cada

una de ellas ya que lo que nos interesa es cómo actúan en su conjunto.

Este conjunto de articulaciones con ayuda de las rotaciones de rodillas

equivale a una articulación con tres sentidos para orientar la bóveda plantar

en todas las direcciones y adaptarla a las irregularidades del terreno

(KAPANDJI, I.A. 1977).

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-Eje transversal que pasa por los dos maleolos y permite la

flexo-extensión del pie.

-Eje longitudinal de la pierna, continuación del eje de la misma y

permite los movimientos de abdución y addución.

-Eje longitudinal del pie, que permite a la planta mirar hacia dentro o

hacia fuera, son los movimientos de supinación y pronación.

La movilidad del pie se debe a una serie de articulaciones intrínsecas

entrelazadas por elementos activos y elásticos. Las articulaciones más

relevantes son la subastragalina, la mediotarsiana y la metatarsofalángica.

Si nos fijamos en el movimiento de flexo-extensión, hay que

considerar el punto de partida para efectuar cada movimiento, este punto

se toma cuando el pie está formando un ángulo de 90º con el eje de la

tibia, podemos decir que son los 0º. A partir de ahí se considera flexión

dorsal o simplemente flexión del tobillo a la aproximación del dorso del pie

a la pierna y tiene un ángulo aproximado de 20º desde el punto 0; se

considera flexión plantar o extensión cuando se aleja y suele ser de unos

40º de recorrido articular. La mayor parte de este movimiento se realiza en

la articulación tibioastragalina, y en los últimos grados del arco, interviene

la mediotarsiana y la articulación de Lisfranc (MARTIN, F. 1993)

(SANCHEZ-LACUESTA, J. 1993). No todos los autores utilizan la misma

terminología, en cuanto a flexión y extensión, incluso algunos como

GIANNESTRAS, N. (1979) y WIRHED, R. (1989) emplean el término

flexión a la flexión plantar y extensión a la flexión dorsal. REGNAULD, B.

(1986) prefiere referirse solo a flexión dorsal y flexión plantar y eludir los

términos de flexión o extensión, esta terminología suele ser la habitual en la

actualidad.

Básicamente, siete músculos actúan como flexores plantares, el

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común de los dedos, peroneo lateral largo y peroneo lateral corto. El sóleo

y los gemelos, funcionalmente agrupados como triceps sural, cubren, en

teoría, un 93% de la capacidad total de la extensión (flexión plantar) del pie,

frente al 7% restante, a cargo de los otros músculos.

Los principales músculos anteriores a la articulación del tobillo y por

tanto flexores dorsales, son el tibial anterior, el extensor común de los

dedos del pie y el extensor largo del dedo gordo. La mayor capacidad

dorsiflexora (ó simplemente flexora) la posee el tibial anterior.

El pie tiene también otros movimientos, que son la abdución y

addución que se producen alrededor del eje vertical de la pierna, en el

primer caso se aleja del plano del cuerpo y en el segundo se acerca. La

abducción y la aducción pasiva se consiguen moviendo la parte anterior del

pie en dirección hacia fuera y adentro respectivamente, mientras que el

talón es mantenido en una mano y el empeine es movido por la otra. Como

término medio hay 10º de abducción pasiva y 20º de aducción. Este

movimiento debe tener lugar en el plano de la planta del pie.

(GIANNESTRAS, N.J. 1979). Cuando el pie se mueve alrededor del eje

longitudinal orienta la planta hacia dentro (supinación) o hacia fuera

(pronación). Los movimientos de abducción y aducción se asocian a

movimientos de pronación y supinación. De estas asociaciones surgen los

movimientos de inversión (aducción + supinación) que generalmente se

acompaña de flexión plantar del pie y rotación interna de la rodilla, y

eversión (abducción + pronación) que se asocia a la flexión dorsal del pie y

la rotación externa de la rodilla. Los movimientos de pronación o supinación

puros solo se llevan a cabo a nivel de la articulación subastragalina y se

conocen con el nombre de varo o valgo del talón.

El movimiento del calcáneo bajo el astrágalo al que se supone fijo, se

efectúa de forma simultánea en los tres planos del espacio. En la inversión

del pie la tuberosidad anterior del calcáneo con la carilla articular anterior

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pie), aducción y supinación. Para la eversión se utilizan los mismos

movimientos pero en sentido inverso (KAPANDJI, I.A. 1977).

Además de estos movimientos existen otros de menor amplitud, así

interviene la articulación subastragalina en la extensión del pie

produciéndose un bostezo a nivel de las carillas articulares anteriores y en

la flexión en las posteriores, (LELIEVRE, J. 1982).

Los músculos de acción inversora son el tibial posterior, tibial

anterior, flexor largo del dedo gordo y sóleo, siendo el más potente en este

movimiento el primero. Los músculos de acción eversora son el peroneo

lateral largo, peroneo lateral corto, extensor común de los dedos y extensor

largo del dedo gordo siendo los más potentes para este otro movimiento los

dos primeros.

En la inversión el escafoides se desliza sobre la cabeza del astrágalo

hacia atrás y hacia dentro y al mismo tiempo bascula acercando su

tubérculo al maleolo interno y descendiendo su extremo externo. El

cuboides es arrastrado por los movimientos del escafoides sobre la carilla

de la tuberosidad anterior del calcáneo desplazándose hacia abajo y

dentro. En la eversión se produce un movimiento inverso al descrito.

El retropié posee las articulaciones subastragalina y mediotarsiana

(ó de Chopart) que forman un conjunto funcional cuyo papel es adaptar y

orientar de forma correcta la bóveda plantar. La subastragalina, conecta el

astrágalo y el calcáneo y permite la inversión y eversión del pie. La

mediotarsiana consta de las articulaciones astrágaloescafoidea y la

calcáneocuboidea, que contribuyen a la absorción del impacto del antepié

al producirse el contacto completo del pie con el suelo.

En la inversión del pie el escafoides arrastra al cuboides hacia dentro,

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debajo del astrágalo, el seno del tarso se abre al máximo y la

subastragalina se entreabre arriba y fuera.

En la eversión el cuboides se desplaza externamente y hacia atrás,

arrastra al escafoides que deja al descubierto la parte superointerna de la

cabeza del astrágalo, el calcáneo se coloca por fuera y detrás de la cabeza

del astrágalo, se cierra al máximo el seno del tarso y la subastragalina

posterior se entreabre atrás y dentro.

Las articulaciones intercuneanas y de Lisfranc. Al ser artrodias

realizan movimientos de muy escasa amplitud. Las articulaciones

intercuneanas tienen discretos movimientos en sentido vertical tanto en el

plano transversal como en el longitudinal modificando con estos

movimientos la curvatura transversal o longitudinal de la bóveda plantar.

A nivel de Lisfranc el 2º y 3º metatarsianos son casi inmóviles y es el

primero el que presenta mayor posibilidad de movimiento.

En conjunto, a nivel de Lisfranc se producen pequeños movimientos

que permiten ascender o descender las cabezas de los metatarsianos.

También en las torsiones del pie la bóveda se estrecha en sentido

transversal porque las cuñas y las bases de los metatarsianos se unen en

la cara plantar y se separan en la cara dorsal.

Las articulaciones metatarsofalángicas e interfalángicas. Las

primeras permiten la acción de rodadura del pie sobre ellas. Tienen un

predominio de la extensión lo que es fundamental para la biomecánica del

paso. Las falanges constituyen una zona de soporte adicional que estará

en función a las necesidades de estabilidad. Encontramos un grado de

recorrido articular desde los 90º de extensión a los 50º de flexión. También

hay un movimiento de lateralidad de los dedos aunque con menor amplitud

(18)

2.3 BIOMECANICA DE LA BOVEDA PLANTAR

Una de las características que definen al hombre, desde el punto de

vista filogenético, es precisamente la disposición y conformación estructural

de los distintos componentes del pie. Así, podemos afirmar que la aparición

del arco longitudinal es específico del hombre; pero es que además la

bóveda plantar es un dato que define la característica racial del individuo.

Una bóveda es una estructura curvada dotada de cohesión y de

rigidez. El pie sin embargo está articulado, es moldeable y adaptable.

Gracias a sus cambios de curvatura y a su elasticidad puede adaptarse a

las irregularidades del terreno y transmitir al suelo los impulsos y el peso

del cuerpo. Es un amortiguador indispensable para la atenuación de la

caída del cuerpo sobre el pie en su contacto con el suelo por lo que las

alteraciones que aumentan disminuyen sus curvaturas afectan

severamente el curso de la marcha e incluso la simple bipedestación.

En la bóveda plantar distinguimos clásicamente tres arcos:

El arco anterior formado entre los dos puntos de apoyo anteriores

que son las cabezas de los metatarsianos 1º (que descansa en el suelo a

través de los sesamoideos) y 5º , solo es demostrable en descarga ya que

en bipedestación desaparece y actualmente se acepta que el antepié

reparte su carga entre las cabezas de todos los metatarsianos. Por ello la

existencia de este arco ha sido cuestionada por numerosos autores

(PEREZ, A. 1974) (GIANNESTRAS, N.J.1979). Incluso algunos autores

piensan que este arco es una subdivisión artificiosa de la bóveda plantar,

en cuanto que representa la parte anterior de esta última (VALENTI, V.

1979).

Nosotros estamos de acuerdo con que en la bipedestación se produce

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entre estas y el calcáneo. En descarga, la existencia del arco transversal

anterior está clara, y está mantenido por el ligamento intermetatarsiano, por

el fascículo transverso del Abductor del primer dedo y por el músculo

Peroneo lateral largo. Este arco se continua hacia atrás con la bóveda

metatarsal, que arranca desde el apoyo metatarsal hasta la articulación de

Lisfranc.

Está formado por el ligamento transverso del metatarso.

Los músculos que mantienen esta curvatura transversal son el

Abductor del dedo gordo, que forma la cuerda del arco, el Peroneo lateral

largo (que actúa en los tres arcos) y las expansiones plantares del Tibial

posterior.

El arco externo, de longitud intermedia entre el arco anterior y el

interno, se forma entre la tuberosidad posterior del calcáneo y la cabeza del

5º meta. Comprende tres piezas óseas: el quinto metatarsiano, el cuboides

y el calcáneo que apoya con la tuberosidad posterior. El arco externo es

mucho más rígido que el interno, esta rigidez se debe a la gran potencia del

ligamento calcáneo-cuboideo plantar y el calcáneo-metatarsiano. Gracias a

esta rigidez es capaz de transmitir el impulso motor del Triceps, también se

diferencia en que toma contacto con el suelo a través de las partes

blandas.

Los elementos musculares activos de este arco son el Peroneo lateral

corto, Peroneo lateral largo y Abductor del quinto dedo que forma la

verdadera cuerda de este arco ( FERNANDEZ, J.M. 1990).

El arco interno es el más alto y largo y se forma entre la tuberosidad

posterior del calcáneo y la cabeza del 1º metatarsiano. Comprende este

arco cinco piezas óseas que son de delante a atrás: el primer metatarsiano

cuya cabeza es la única que descansa en el suelo, el primer cuneiforme

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suelo, el escafoides hueso clave en la bóveda, el astrágalo, que recibe los

impulsos del peso del cuerpo a través de la tibia y los distribuye al resto del

pie y el calcáneo que contacta en el suelo. Este arco conserva su normal

concavidad no solo gracias a los ligamentos y a los músculos que lo tensan

sino también a la forma de cada hueso en si mismo (LELIEVRE, J.1982).

Los ligamentos plantares reunen las cinco piezas óseas, pero los que más

actúan son sobretodo el escafoideo inferior y

calcáneo-astragalino. Los músculos actúan como verdaderos tensores, los que

mantienen la bóveda son el Tibial posterior (inversor por excelencia),

Peroneo lateral largo (baja la cabeza del primer meta y es pronador), Flexor

propio del dedo gordo (sustentador del calcáneo), Flexor corto del mismo

dedo, el Abductor (que actua como cuerda acortando los extremos) y la

porción oblicua del Adductor.

El soporte de la bóveda plantar se consigue gracias a unos

fenómenos activos y otros pasivos. Entre los primeros resulta fundamental

la contracción muscular, despreciada por muchos autores en el

mantenimiento de la bóveda plantar o al menos relegada a un papel

insignificante (GOMEZ, L. 1973) (NUÑEZ, M. 1986) mientras que para

otros la acción muscular resulta fundamental en el mantenimiento de dicha

bóveda .

Aunque existe una indudable estabilidad pasiva en el mantenimiento

de la bóveda plantar y que en estudios realizados sobre cadáver

(FERNANDEZ-MEDINA, J.M. 1990) una vez desprovisto el pie de toda su

musculatura hay que aplicar una considerable presión para aplanar la

bóveda, también se ha comprobado que en la poliomielitis, la eliminación

de grupos musculares inversores del pie producen un pie plano paralítico

(QUEIPO DE LLANO, A. 1966) por tanto pensamos que ambos elementos

activos y pasivos son importantes en el mantenimiento de la bóveda

plantar. Así, coincidimos con la afirmación de que aunque para mantener la

bóveda plantar son imprescindibles la forma característica de sus huesos y

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juegan también un importante papel, pues actúan de ligamentos activos

(SMITH-AGREDA, J.M. 1984).

GOMEZ PELLICO (1973) tras estudio electromiográfico de los

elementos activos de la bóveda plantar, afirma que hay individuos capaces

de soportar su bóveda plantar en ortostatismo sin necesidad de ayuda

muscular, salvo a mayor solicitación de peso; otros si la necesitan. Los

músculos que más intervendrian serían el abductor del primer dedo y el

flexor corto plantar.

Numerosos estudios han demostrado que si bien el pie del recien

nacido parece plano, se debe a que es muy carnoso, pero en realidad

todos sus huesos se disponen en la misma estructura arqueada en que

están en el adulto.

STAHELI, L.T. (1987) estudia la huella plantar de 441 individuos

normales niños y adultos y comprueba que el arco plantar se desarrolla en

los 5 primeros años de la vida, afirmando que su ausencia en estas edades

es debida en parte a la laxitud ligamentosa que presenta el niño y en parte

al aumento de la grasa plantar.

2.4. LA MARCHA EN EL NIÑO

En el desarrollo de los movimientos del niño, lo más importante es la

consecución de la locomoción bípeda independiente. El niño ha de

aprender a coordinar su cuerpo, con un gran número de segmentos, contra

la fuerza de la gravedad, para poder moverse libre y con eficacia, de un

lugar a otro.

La bipedestación no es un hecho espontáneo aislado, sino que es un

(22)

incoordinados de las extremidades, se continua con el gateo, apoyando los

pies por su parte interna y posteriormente consigue el equilibrio en

bipedestación y la marcha que inicialmente será cogido y alrededor de los

12 a los 18 meses será independiente.

Las diferencias esenciales entre la marcha del niño y la del adulto

son:

Menor oscilación durante el ciclo de la marcha en el niño: llamamos fase de oscilación aquella en la cual el pie se halla en el aire, al

tiempo que avanza, como preparación para el siguiente apoyo.

Menores longitud de paso, velocidad y mayor cadencia. La longitud del paso es la distancia medida en la dirección de progresión, que

separa el apoyo inicial del pie derecho del apoyo inicial del pie

izquierdo. La velocidad de la marcha es la distancia recorrida por el

cuerpo en unidad de tiempo. Se define cadencia como el número

de pasos ejecutados en un intervalo de tiempo, siendo su unidad

más comunmente aceptada el paso por minuto.

Mayor anchura relativa del apoyo en el niño: la separación lateral entre los apoyos de ambos pies, normalmente medida entre los

puntos medios de los talones, es la anchura del paso, anchura del

apoyo o base de sustentación.

Realización del contacto inicial con el pie completo, en lugar de con el talón.

Escasa flexión de rodilla en la fase de apoyo del niño.

(23)

Ausencia de movimientos de oscilación con los miembros superiores recíprocamente (SUTHERLAND, D. 1966 Y 1980).

A lo largo del proceso de maduración del niño, estos aspectos

evolucionan hasta su forma adulta. Puede decirse que el patrón de marcha

adulta se alcanza hacia los siete años, aunque hay algunas variables que

dependen del crecimiento y de su estatura, como es la longitud de la

zancada, velocidad y cadencia (SANCHEZ-LACUESTA 1993).

La duración relativa de la fase de oscilación (fase en la que el pie está

en el aire) es menor en niños pequeños que en adultos, con lo que se hace

mínimo el apoyo sobre un solo pie, evitándose así la posición más

inestable.

En 1980, Sutherland et al. analizaron la evolución de la anchura del

apoyo en proporción a la anchura de la pelvis. El coeficiente resultante

disminuye con la edad, desde un 70% a la edad de un año hasta un 45%

entre los tres años y medio y los siete . En el adulto el índice es algo

inferior al 30%.

La longitud de la zancada o distancia entre dos apoyos consecutivos

del mismo pie, y la velocidad de marcha son menores en el niño y esto se

explica por su menor estatura, SUTHERLAND et al. (1988) encontraron

una estrecha relación entre la longitud de la zancada y la altura del niño,

que resultó similar a la del adulto.

El contacto inicial se realiza mediante el pie completo, en lugar de con

el talón. A diferencia del patrón adulto, el tobillo se encuentra en flexión

plantar justo antes del contacto.

La rotación externa del miembro inferior en edades muy tempranas

queda reflejada, en particular, en el ángulo del paso. Según

SANCHEZ-LACUESTA, J (1993), el valor de esta variable es de unos 12 grados tras el

(24)

negativo puede aparecer durante los primeros pasos del niño, pero para él

su presencia posterior se considera anormal. Para STAHELI, L.T. (1989) lo

más frecuente, es esto, pero no considera patológico la rotación interna en

los primeros años del niño. Igualmente VALENTI, V. (1987) considera que

una marcha en rotación externa persistente puede ser motivada por un pie

plano.

2.5 PIE PLANO: ESTUDIO CLINICO

Hay muchos cuadros clínicos en la infancia que pueden dar el aspecto

de un pie plano como son el pie plano congénito por astrágalo vertical

(SALO, J.M. 1992) (DRENNAN, J.C. 1995) y el pie plano contracto por

sinóstosis ósea del tarso etc., pero el que hemos estudiado, es el pie plano

laxo infantil que presenta unas características distintas a los otros sobre

todo en lo que respecta a su tratamiento.

El pie plano laxo infantil ha sido estudiado por múltiples autores,

conviene recordar como lo definen algunos de ellos:

-Para COURRIADES, H. (1973), el pie plano es la expresión de un

hundimiento de uno o de los dos pilares del arco interno que son el primer

metatarsiano y el calcáneo.

-VALENTI, V. (1973) al referirse al pie plano habla de una detorsión

de las articulaciones plásticas del pie con valgo del talón, supinación del

antepié y traslación hacia abajo y hacia dentro de la cabeza del astrágalo

con un desplazamiento hacia fuera del escafoides y del antepié astragalino.

-BENSAHEL, H. (1974) y posteriormente REGNAULD, B. (1986),

definen el pie plano de una forma muy simple, diciendo que es un

(25)

-Para DENIS, A. (1974) el pie plano valgo laxo infantil seria la

deformación que resulta de la imposibilidad del niño a mantener la

curvatura de su pie en bipedestación.

-Sin embargo, TRAINA, G. (1974) lo define como una desviación en

valgo del calcáneo asociada a una flexión plantar y desviación medial del

astrágalo y por tanto abductus del antepié.

-LEMOINE-DUBOIS, M. (1976) considera este tipo de pie como una

afección banal bilateral frecuente en la infancia que se caracteriza por una

pérdida de la curvatura del arco interno cuando el pie está en carga,

aunque dicha curvatura pueda reaparecer en descarga. La única condición

indispensable para considerarlo según esta autora sería que el pie debe

ser reductible.

-VILADOT, R. (1979) lo define como una deformidad en valgo del

retropié asociada generalmente a un hundimiento de la bóveda plantar.

-LELIEVRE, J. (1982) estima que para que se constituya un pie plano

estático, son necesarias dos condiciones, una es el valgo del calcáneo y

otra la hipotonía de la planta, pero también afirma rotundamente que pie

plano no es sinónimo de hundimiento plantar.

-MARTIN, F. (1993) considera el pie plano como una pronación del

retropié produciendo un valgo superior a los 7 grados y un abductus del

antepié de más de 5 grados en relación con el retropié,

independientemente del aplanamiento o no de la bóveda plantar.

-VILADOT, R. (1996) lo define como una pérdida del arco interno

acompañado de un valgo de talón y lo compara a una hélice que se

desenrosca estando su centro a nivel de las articulaciones

(26)

-DELAGOUTTE, J.P. (1997) lo define como un aplanamiento de la

bóveda plantar longitudinal asociada a una “rotura” medial en el sentido de

una abducción mediotarsiana.

Esta variedad de definiciones que coloca al pie plano laxo desde el

simple aplanamiento del arco plantar a la introducción del valgo como

factor a considerar o el abductus del antepié, e incluso algunos autores a

las torsiones del esqueleto, seria una de las causas de la disparidad

existente a la hora de presentar los distintos estudios sobre la prevalencia

del pie plano. La disparidad de definiciones pueden modificar los conceptos

y considerar lo que para unos es plano para otros normal.

ETIOLOGIA

Hay múltiples causas que pueden originar un pie plano y según estas

se obtiene una clasificación. Vamos a tomar por parecernos más clara y

sencilla la propuesta por VILADOT, R. (1979):

Pie plano por alteraciones óseas: congénitas, postraumáticas, secundario a enfermedades óseas y yatrogénicas (CHEN,V.S.

1997).

Pie plano por alteraciones musculoligamentosas: pie plano laxo infantil, pie plano por sobrecarga ponderal (SOMCHAI, B.Sc. 1994)

(BOHEMENT, K. 1996) por alteraciones endorinas, secundario a

artritis reumatoidea, afecciones generalizadas que modifican la

elasticidad.

Pie plano por alteraciones neuromusculares: retracción del tendón de Aquiles, secuelas poliomielíticas, parálisis cerebral, miopatías,

(27)

(MEYERSON, M.S. 1996) (GAZDOG, A. R. 1997), pies zambos

hipercorregidos.

Nuestro estudio se centra en el pie plano laxo infantil también llamado

pie plano esencial, que se puede considerar como el más frecuente

(TROTT, A.W. 1982). Supone la pérdida del sistema de equilibrio que

mantiene la bóveda plantar, por insuficiencia primaria, endógena de su

aparato de sostén. Es pues un hecho constitucional familiar, a menudo los

padres cuentan que fueron tratados por pies planos en su infancia, y es

frecuente encontrar varios individuos de una misma familia con esta

afección. La afección es más frecuente en el sexo masculino y casi siempre

es bilateral.

No podemos hablar de una etiología propiamente dicha ya que el pie

que nos ocupa es el pie plano esencial, pero sí se puede hablar de unos

factores etiológicos que inciden en un pie que en descarga tiene bóveda

plantar y que la pierde en la bipedestación.

Cualquier alteración en la normalidad de los elementos óseos o

ligamentosos y musculares pueden hacer ceder la resistencia de la bóveda

favoreciendo la aparición del pie plano (NATIELO, O.B. 1974). La

existencia de un escafoides accesorio, al retrasar la inserción del tibial

posterior y modificar su brazo de palanca, haciendo más ineficaz su papel

de mantenedor de la bóveda, puede favorecer su aparición (MUELLER,

T.J. 1991).

También la obesidad podría ser factor predisponente de esta afección,

para algunos autores, al descompensar la capacidad de mantenimiento de

la bóveda que está preparada para soportar un peso inferior al que le

proporciona el niño obeso, hay autores como TORULF, W. (1997) que no

(28)

La laxitud ligamentosa que suele ser familiar y leve aunque puede

esconder patologías graves como es el Ehlers-Danlos.

El piso duro y liso, unido al calzado, muchas veces antifisiológico,

hace que el niño no utilice su musculatura plantar, mantenedora en parte

de la bóveda, y aparezca una insuficiencia muscular (SACHITHANANDAM,

V. 1995). Pero el factor etiológico más importante es la retracción del

tendón de Aquiles que al flexionar plantarmente el pie lo mantendría en

equino, y con el peso del cuerpo se produciría una pequeña flexión dorsal

del antepié con respecto al retropié a nivel de la mediotarsiana con la

consiguiente desaparición de la bóveda (THYS, R. 1975).

Tenemos que tener en cuenta que el pie plano no es un ente aislado,

sino que es un segmento más de un sistema. Cualquier anomalía de este

sistema, puede dar lugar a otra anomalía que intente compensar la

primera. Este es el caso de los trastornos rotacionales de la extremidad

inferior (STAHELI, L.T. 1986).

Hay tres cuadros que nos encontramos con más frecuencia en

relación al pie plano y las alteraciones rotacionales, el primero de ellos es

la marcha con las puntas hacia dentro, esto suele ser debido a un pie plano

valgo, a un pie laxo, a un metatarso varo, a un trastorno rotacional de la

tibia o a la anteversión del cuello femoral (VALENTI, V 1979).

El segundo de los cuadros es un pie plano compensador que intenta

compensar la rotación del miembro inferior con una pronación del retropié.

El pie no presenta rasgos patológicos, se observará un aumento de la

rotación interna de las caderas con disminución de la rotación externa, las

rótulas estaran orientadas internamente.

La anteversión de caderas puede ser compensada mediante una

(29)

triada dificil de tratar que está formada por anteversión de caderas, genu

valgo y pie pronado.

El tercer cuadro sería la marcha con las puntas hacia fuera. La

anteversión de las caderas que origina el aumento de torsión interna

femoral, puede ser compensada por una rotación tibial externa.

ANÁLISIS DE LA PREVALENCIA

No son muchos los autores que hablan de una prevalencia clara del

pie plano laxo infantil, algunos estudian la influencia de determinados

factores en dicha prevalencia (SACHITHANANDAM, V. 1995) pero del pie

plano en general, habiendo datos imprecisos y sobre todo dispares.

Lo que si es cierto es que todos los médicos que trabajamos con el

niño en crecimiento tenemos la experiencia de lo frecuente que es en la

clínica diaria, la mayoría de las veces, más como motivo de consulta que

como patología de verdad.

Ya MORLEY, en 1957, realizó un estudio en niños y observó que la

prevalencia en niños de 18 meses era del 97%, mientras que en niños de

10 años era del 4%. Encontramos autores como FERGUSON, A. (1979)

que afirma "que se trata de una afección muy frecuente" y no precisa el

porcentaje concreto, tampoco lo precisan clásicos en el estudio del pie

como son GIANNESTRAS, J. (1979), VILADOT, A. (1979), LELIEVRE, J.

(1982) o MANN, R. (1987). Incluso TROTT, A.W. (1982) dice que los niños

afectados de pie plano laxo deben ser una “legión”.

Sin embargo encontramos autores como STEWART, S. (1970), que

habla de una prevalencia del 10% de la población, COURRIADES, H.

(30)

12,3%. Nos sorprende el trabajo de BROOKS,M. (1991) que realiza un

muestreo en 221 niños de 18 meses constatando que el 93% había sido

diagnosticado de pie plano. En este estudio ya se agrupa la muestra en

una edad muy concreta.

12,5% y los de 12-13 años son el otro 12,5%.

Estamos de acuerdo con MARTIN, F. (1993) cuando justifica esta

disparidad de cifras con tres causas fundamentales:

Algunas estadísticas consideran pie plano todo aquel que tiene la huella plana y otras excluyen todos aquellos cuadros citados que

no se corresponden con un pie flexible.

Disparidad en las distintas clasificaciones según la intensidad del pie plano.

La prevalencia del pie plano varía según la edad de la muestra.

Mayor uniformidad existe en la prevalencia por el sexo, para

BASTOS, F. (1950) es más frecuente en el sexo masculino en una

proporción de 3 a 1; CORTES, J.M. (1954) cita en su casuística una

preferencia de 5 a 1, MARTIN,F. (1986) cita que en niños operados, la

relación es de 1,4 a 1.

En cuanto a la prevalencia del tratamiento quirúrgico, en esta afección

GARCIA, G. (1989) nos habla del 2,1%. VILADOT, R. (1996) considera

excepcional el tratamiento quirúrgico, solo el 1-2% de los casos.

(31)

Es similar en todos los pies planos, independientemente de su

etiología. Existen unas alteraciones que afectan tanto al retropié como al

antepié; en cuanto a la primera, en bipedestación, hay una listesis

permanente del astrágalo sobre el calcáneo, favorecida por la elasticidad

del ligamento interóseo. El astrágalo se desplaza hacia abajo, delante y

dentro. El calcáneo se halla equinizado, debido a la retracción del tendón

de Aquiles, y en abducción. La expresión clínica de estas alteraciones es el

valgo de talón. En lo que respecta al antepié, se encuentra supinado, como

mecanismo de compensación a la pronación del retropié, esto hace que en

los casos graves, el primer metatarsiano esté más elevado que los demás.

El desplazamiento hacia delante de la cabeza del astrágalo, empuja al

escafoides y secundariamente a toda la columna interna del pie. La

insuficiencia musculotendinosa, ligamentosa y aponeurótica contribuyen a

la desestabilización del arco interno.

VILADOT, R. (1996) lo explica mediante un símil mecánico que seria

una hélice que se desenrosca, cuyo centro estaría situado a nivel de las

articulaciones astrágalo-escafoidea y escafo-cuneana en el pie plano laxo

(32)

EXPLORACION CLINICA

Lo primero que debemos tener en cuenta antes de iniciar la

exploración es que el pie es el segmento terminal del miembro inferior,

relacionado de forma armónica con todo el aparato locomotor, por tanto no

estamos ante un pie aislado. El examen del mismo deberá prestar atención

a todos esos segmentos del aparato locomotor (GONZALEZ, L. 1991).

Seguiremos las lineas clásicas de la historia pediátrica en la

anamnesis. El motivo de la consulta puede ser variado, lo más frecuente es

que la familia no le aprecia el arco o "puente", pero también consultan por

alteraciones en la marcha y caídas frecuentes.

El interrogatorio lo comenzaremos por los antecedentes familiares que

puedan referirse a todo el aparato locomotor y a continuación los

personales desde el embarazo y parto ya que nos podrían aclarar la

existencia de un sufrimiento fetal causa de pequeñas espasticidades

muchas veces inadvertidas por su escasa significación. Seguiremos

investigando sobre el desarrollo madurativo del niño (cuando inició la

sedestación, el equilibrio en bipedestación y la marcha). Interrogaremos

sobre los hábitos más significativos, posición al sentarse y durante el sueño

y si sus aficiones habituales son de carácter sedentarias o activas.

También nos interesaremos por el suelo que suele pisar, si es liso o

irregular y por último las enfermedades que haya padecido.

Tras el interrogatorio, hacemos caminar al niño calzado y

observaremos el tipo de marcha y si está deformando el zapato.

A continuación con el niño desnudo se comprueba si hay alguna

asimetría en la espalda, si las escápulas están a la misma altura e igual de

(33)

dismetría de miembros inferiores o una escoliosis lumbar; con la maniobra

de Adams, que es la flexión del tronco con brazos extendidos y manos

juntas, constatamos la presencia o no de giba y si la columna está o no

alineada.

También veremos si las caderas y las rodillas están o no en extensión

y mediremos el ángulo que forma el muslo con la pierna (genu valgo o

varo) así como la situación de la rótula (centradas o desviadas a dentro o

fuera) lo que nos avisará de posibles alteraciones rotacionales (STAHELI,

L.T. 1989). Invitaremos al paciente a caminar descalzo obsevando si hay

claudicación, puntas de los pies hacia dentro o hacia fuera, y valgo o varo

de calcáneo (BRUCE, R.W. 1996).

Con el niño en decúbito exploraremos la movilidad de las caderas y

mediremos las rotaciones en prono para valorar el grado de anteversión del

cuello femoral. Se medirá la movilidad de las rodillas, la extensión nos

puede manifestar una hiperlaxitud, y en decúbito prono el ángulo muslo-pié,

con las rodillas en flexión de 90º que nos puede mostrar la existencia de

una alteración de la rotación tibial (ALEXANDER, I.J. 1992).

Ahora sí pasamos a la exploración del pie comenzando con el

paciente en sedestación para comprobar si en descarga hay bóveda

plantar, mediremos la movilidad del tobillo especialmente la flexión dorsal

que se hará con el pie en inversión para fijar la mediotarsiana, la rodilla en

extensión hace que los gemelos limiten el recorrido articular, y en flexión,

aumenta el arco de recorrido al actuar en contra exclusivamente el músculo

sóleo, ya que los gemelos pierden su tono.

Determinaremos también la movilidad subastragalina, sujetando el

talón, lo llevaremos en valgo y varo. Valoraremos la supinación y pronación

del antepié así como la abdución y addución del mismo (AYCART, J.

(34)

Se realizará el balance muscular de la musculatura extrínseca e

intrínseca del pie. Se invita al paciente a levantar el talón del suelo con la

rodilla en extensión y flexión evaluando así la fuerza muscular de músculos

sóleo y gemelos independientemente. Mediremos la fuerza del músculo

tibial anterior, oponiendo una resistencia a la dorsiflexión inversión; a la

inversión en extensión para el músculo tibial posterior; a la eversión en

extensión para los músculos peroneos; a la flexión de los dedos para los

músculos flexor corto y lumbricales; a la flexión aislada de las

interfalángicas fijando las metatarsofalángicas para los músculos flexores

largos; a la extensión para los extensores y pedio; a la separación de los

dedos para los interóseos dorsales, abductor del 1º y 5º y por último a la

aproximación de los dedos para los músculos interóseos plantares y

adductor del 1º (DANIELS, L.).

Sobre el podoscopio (RUIZ, M.L. 1996), en bipedestación,

valoraremos la huella plantar que la clasificaremos bien como VILADOT,

A. Jr. (1979) o bien como la escuela italiana de VALENTI, V. (1987).

El primero considera que es normal cuando la anchura mínima del

apoyo externo es la mitad de la máxima anchura del apoyo del antepié.

Pie plano 1º: cuando hay un aumento del apoyo externo pero sin llegar a contactar el borde interno en sus mitades anterior y

posterior.

Pie plano 2º: cuando ya existe contacto entre antepié y talón por el borde interno pero queda una zona lacunar en medio de la bóveda

sin apoyar.

Pie plano 3º: desaparición completa de la bóveda plantar.

Pie plano 4º: la anchura de apoyo a nivel del mediopié es mayor que en el antepié.

(35)

Pie cavo 1º: disminución de la anchura de apoyo externo pero existiendo contacto externamente entre antepié y talón.

Pie cavo 2º: desaparece el apoyo externo del pie pero nacen de talón y antepié dos prolongaciones laterales como si quisieran

unirse.

Pie cavo 3º: el apoyo se reduce a antepié y talón exclusivamente.

Valenti, considera:

Plano 1º: cuando aparece una ampliación del apoyo externo de la huella.

Plano 2º: cuando el ancho del apoyo externo llega al borde interno.

Plano 3º: cuando el apoyo externo sobrepasa el interno y se hace convexo.

El apoyo de los dedos aparecerá en la huella normal. Nos fijaremos si

hay cualquier deformidad en los mismos (THOMPSON, G.H. 1995).

También mediremos en el podoscopio el valgo o varo del talón en

relación a la pantorrilla con la bipedestación y en puntillas.

Por último nos fijaremos en la tensión de la fascia plantar y en la piel

(36)

EXPLORACION COMPLEMENTARIA

En muchas ocasiones hace falta recurrir a unas pruebas para

concretar el diagnóstico y orientar la terapéutica, así como para disponer

de unos datos objetivos que nos permitan el seguimiento real de la

evolución de la enfermedad.

Han sido propuestas múltiples exploraciones complementarias en el

estudio del pie plano, como son la podografía, tomografías,

radiofotopodograma, cineradiología, incluso la fotocopia del pie (SMITH,

J.T. 1991) o un método mucho más caro como es la Resonancia Nuclear

Magnética (DAVIDSON, R.S. 1996) pero aunque el estudio con ellas

resulte interesante, solo describiremos el fotopodograma y las radiografias

ya que la experiencia demuestra que son suficientes para conocer la

evolución del pie en tratamiento (ROCHERA, R. 1981).

El fotopodograma: Se toma un papel fotográfico y se expone a la luz,

a continuación se pincela la planta del pie a explorar con revelador

fotográfico y se coloca sobre el papel, estando el paciente en la posición

erecta normal durante 30 segundos. Queda así impresionada la huella

plantar. Se sumerge en un baño de fijador durante 10 segundos, cuya

finalidad es que no se deteriore con el tiempo, se lava con agua y se deja

secar (VILADOT, A. 1954).

Radiografías: Son numerosas las proyecciones descritas como

podemos apreciar por ejemplo en el atlas de radiología del pie de

MONTAGNE, J. 1980, pero no nos vamos a detener en ellos ya que las

habituales lateral y dorsoplantar en carga nos parecen suficientes para la

valoración de los ángulos.

También hay multitud de posibles ángulos y lineas a medir, nosotros

(37)

parecernos más fáciles y fidedignos: en la Rx lateral en apoyo, el ángulo de

divergencia astrágalo-calcáneo (valor normal 30º+ - 5º), astrágalo-primer

meta (máximo 10º), y calcáneo-suelo (mínimo 15º). En la proyección

dorsoplantar al apoyo, podemos medir el ángulo de divergencia

astrágalo-calcáneo (valor normal de 15º a 30º), ángulo astrágalo-calcáneo-quinto metatarsiano

(normal 0º). De todas formas pensamos igual que JORDA, E. (1983) que el

valor de estos parámetros radiológicos es relativo y por tanto la única

imagen válida del pie del niño es la clínica sobre el podoscopio, hay que

tener en cuenta que no suele ser la misma persona la que hace la

radiografía, y que el niño no suele colaborar a la hora de la colocación para

hacersela. CUADROS, M. (1975) afirma que no existe correlación entre el

pie plano clínico y radiológico. Incluso MOSCA, V.S. (1996) no encuentra

ningún estudio serio que correlacione la huella plantar y la radiología en el

mismo pie, en un número determinado de personas ni su evolución.

CLINICA Y DIAGNOSTICO

El pie plano laxo infantil es por definición asintomático.

Como ya hablamos en la exploración, los motivos de consultas que

con más frecuencia recogemos en la anamnesis son la falta de arco

plantar detectada por los familiares, las caídas frecuentes y la marcha

anómala del niño, los padres pueden referir fatiga frecuente o que en el

terreno deportivo no pueden competir con sus amigos. Rara vez consultan

por dolor en los pies, al caminar (WILKINS, K.E. 1988) o dolores irradiados

a piernas y rodillas.

Un hundimiento plantar unido a una pronación del retropié

acompañada o no de abductus del antepié, en un pie reductible y si es

preciso con el estudio radiológico descrito nos llevará facilmente al

(38)

Sobre el podoscopio en bipedestación se observa la disminución o

perdida del arco plantar en distintos grados según la gravedad de la

afección y que aparecerá en descarga. Es importante comprobar la

reductibilidad del pie plano. Para ello debemos ordenar al niño que se

coloque a espaldas del explorador y de puntillas, y por lo general

desaparece el valgo de talón y se excava la bóveda plantar. También

valoraremos la imagen de apoyo del talón, una forma ovoide nos hará

sospechar una posible retracción aquilea. A veces incluso podemos

observar en la cara interna del pie los resaltes óseos del maleolo interno,

cabeza del astrágalo y tubérculo del escafoides.

El antepié se situa en una abdución con respecto al retropié de más

de 5º, aunque puede verse también addución del metatarso sobretodo del

primero con marcado valgo del calcáneo (GROISO, J. 1973).

En la parte posterior se aprecia un valgo de más de 7º.

Son frecuentes las alteraciones de los ejes del miembro con un

aparente pie plano que puede ser compensador de las mismas por lo que

no necesitaría tratamiento. El valgo aislado de la rodilla puede provocar

una pronación del retropie. La anteversión del cuello femoral y la rotación

interna de la tibia también pueden provocar un pie plano compensador.

Hay que hacer caminar al niño descalzo y calzado, los niños con pie

plano marchan en rotación externa, pero no es infrecuente que al pie plano

se asocie un aumento de la anteversión femoral, favorecidas por

alteraciones posturales que hacen caminar al niño en rotación interna.

(VILADOT, R. 1996).

Por último le haremos el test de extensión pasiva del primer dedo

estando el niño en bipedestación, aparecerá el arco plantar y una rotación

externa de la tibia. (ROSE, G.K. 1985).

(39)

Pero lo primordial será el diagnóstico diferencial con :

Pie convexo congénito.- es irreductible, presenta equinismo del

escafoides y luxación dorsal del escafoides.

Pie plano astrágalo vertical.- parecido al anterior pero no tiene

luxación escafoidea y puede ser parcialmente reductible.

Pie plano contracto.- irreductibles total o parcialmente, suele ser

doloroso y tiene varias etiologías (artritis, lesiones degenerativas o

posttraumáticas, sinóstosis tarsales solo demostrables por radiología).

Pie plano paralítico.- presentes en enfermedades como la

poliomielitis, espina bífida o parálisis cerebral se caracteriza por los

desórdenes neuromusculares.

Pie plano secundario a alteraciones del eje del miembro.- como son el

genu valgo o la anteversión del cuello femoral de los que ya hemos

hablado.

PRONOSTICO

Si buscamos en la literatura el pronóstico es contradictorio. Ya

MORLEY,A. en 1957 hace un estudio de niños de 2 a 10 años y

comprueba que el 97% de los niños de 2 años tenían el pie plano pero solo

un 4% lo tenían con 10 años y las plantillas ortopédicas no alteraban su

evolución natural.

Posteriormente, MEARY,R. en 1969, estudia 100 pies planos

estáticos en niños pequeños de los que 65 se corrigieron entre los 5 y los 6

(40)

ellos dolorosos, por lo que tampoco es partidario del tratamiento ortopédico

precoz.

Por el contrario, LANG,G. en 1979 y ROCHERA, R. en 1981

consideran importante el tratamiento de estos pies, manteniendo la

congruencia ósea normal ya que si no se hace, durante el crecimiento el

pie se adapta a la nueva situación y se hace irreductible.

En 1985, RODRIGUEZ, J. hace un estudio sobre el pronóstico del pie

plano infantil, colocando al niño de puntillas valora la movilidad del talón y

los clasifica en Dinámicos, cuando el talón se coloca en varo de 30º;

Hipodinámicos cuando queda en linea tibial y Adinámicos si persiste en

valgo. Según esta clasificación los primeros evolucionan espontáneamente

a la normalidad, los segundos deberán ser vigilados y los terceros son los

suceptibles de tratamiento.

BROOKS, M.H. en 1991 considera la retracción aquilea como factor

que ensombrece el pronóstico. HOFFINGER (1996) también plantea la

evolución natural del pie plano y en el mismo año, VILADOT, R. (1996)

considera que se resuelve de manera espontánea en pocos años o con

ayuda de plantillas y rehabilitación.

Incluso MOSCA, V.S. (1996) nos habla de muy buen pronóstico ya

que considera el pie plano flexible como una variante fisiológica de la

normalidad.

A nuestro entender, la mayoría de los pies planos curan solos, pero

hay que tenerles un seguimiento prolongado para detectar los que no lo

hacen. No se deben de tratar ortopédicamente los que van acompañados

de alteraciones rotacionales (STAHELI, L.T. 1985) (VILADOT, R. 1996) ni

(41)

Pero algunos tendrán problemas en la adolescencia, por tanto lo

importante es detectar lo más precozmente posible cuales son los de mal

pronóstico y someterlos a tratamiento.

TRATAMIENTO

Como hemos visto en capítulos anteriores, no hay un criterio unánime

para efectuar el tratamiento, ni qué paciente se debe tratar, ni en qué

momento se debe comenzar. VOLPON, J.B. (1994) mide la huella plantar

de 672 niños desde recién nacidos hasta los 15 años y comprueba que el

crecimiento más rápido se tiene en los tres primeros años de vida habiendo

después un crecimiento más homogéneo hasta los 12 años.

MORLEY, A. en 1957 encuentra que el 97% de un grupo de niños de

2 años de edad tenían los pies planos y solo un 4% persistió a los 10 años,

por tanto el resto se corrigió espontáneamente y no precisaron tratamiento.

La mayoria de los autores están de acuerdo en no corregir los pies

planos secundarios a trastornos rotacionales, ya que cualquier tipo de

ortésis encaminada a corregir el pie, descompensará todo el segmento

superior, pudiendo producir extratorsiones tibiales, luxaciones de rótula y

persistencia o empeoramiento de la anteversión del cuello femoral.

Analizaremos los distintos métodos de tratamiento del pie plano:

Métodos Preventivos

Consisten en una serie de medidas simples y de fácil consecución

aplicadas en edades tempranas.

La prevención más importante a tener en cuenta sería el caminar

(42)

PH sobre los efectos del calzado en 1.555 niños indios y en 745 que nunca

los llevaron (STAHELI, L. T. 1994).

Pero para caminar descalzo por terreno irregular, en nuestro mundo

de asfalto, es imprescindible el uso de calzado. Este calzado por tanto

deberá reunir unos requisitos para que ayuden en la marcha al niño y no le

produzcan problemas:

Será flexible, que permita la movilidad de los dedos, y con puntera amplia a ser posible de forma cuadrada y sin forzar las puntas de

los dedos.

Hecho de material que permita la transpiración.

No inmovilizará la articulación subastragalina, permitiendo la buena movilidad del tobillo. (VALENTE, V. 1987) (SAURA, J.

1993).

Tacón simétrico.

De poco peso. Bonitos para los niños y de buen precio para los padres. (STAHELI, L.T. 1994).

Otras medidas preventivas son:

-No poner al niño a caminar demasiado pronto, alargando en lo

posible la fase de gateo.

-Evitar que duerma en decúbito prono (postura de rana).

-Desarrollar la marcha en terreno irregular (arena, césped, etc.).

-Realización de ejercicios con los pies a modo de juego para

desarrollar su musculatura: coger objetos con los dedos, marcha de

(43)

Métodos ortopédicos

Son esencialmente ortésis y zapatos. Las ortésis son artificios

vinculados al calzado, capaces de modificar el asentamiento de los pies y

la forma del paso (VALENTI, V. 1979) (VALENTI, V. 1987).

Según su acción se dividen en correctivas y de compensación y

según su colocación en el zapato, fijas y móviles.

Ortésis correctivas:

Modifican de manera estable y definitiva una situación patológica. Su

uso es limitado en el tiempo y suelen cumplir su función en la infancia.

Ortésis de compensación:

Reequilibran el asentamiento del pie aquejado de malformaciones

anatómicas o disarmonías funcionales irreversibles. Podemos decir que no

corrigen sino que mantienen la posición lo más anatómica y fisiológica

posible. Su uso es permanente y no interesa en el pie plano laxo infantil.

Ortésis fijas:

Van unidas al calzado de forma inamovibles, aplicadas al tacón y

suela. Entre las aplicadas a la suela la que nos interesa es la cuña

pronadora, que debe elevar el cuboides y transversalmente se extiende

hasta la mitad de la suela, sin superarla.

Entre las fijas al tacón nos interesa: la cuña varizante que se aplica a

la mitad medial del tacón y variza el calcáneo, y el tacón de Thomas que es

(44)

en el miembro que apoya y si se coloca de forma invertida se consigue una

rotación externa en el apoyo.

Ortésis móviles:

Son artefactos extrínsecos al calzado que se introducen y pueden

luego suprimirse y sustituirse a voluntad. El instrumento fundamental es la

plantilla, que es una pieza que se pone en contacto con la planta del pie en

el interior del zapato y modifica la disposición de las estructuras del pie

durante la carga.

La plantilla para que sea efectiva debe ser hecha a la medida del pie a

tratar, mediante un molde de escayola para cada pie y para cada enfermo y

con las correciones precisas hechas durante el fraguado (corrección del

arco plantar). Nunca se forzará la corrección.

No hay un tiempo estandar para el recambio de las plantillas, se ha

hablado de periodos comprendidos entre los 6 y los 12 meses, pero lo

cierto es que la plantilla debe estar perfectamente adaptada al pie del niño

y se debe cambiar cuando ya no lo esté. Del mismo modo que no se puede

medir de forma estándar el crecimiento de los pies de un niño, no podemos

predecir cuando se recambiarán.

Nosotros cuando prescribimos unas plantillas, le instamos a los

padres para que vengan con el niño el día que se las den para comprobar

que están bien adaptadas y después se revisan periódicamente.

Hay contrariedad en cuanto al uso de las plantillas en el pie plano laxo

infantil, para algunos autores es importante el diagnóstico precoz y el

tratamiento con plantillas ortopédicas, (GIANNESTRAS, N.J. 1979)

(45)

Para otros autores las plantillas son efectivas para el tratamiento del

pie plano infantil siempre que se acompañen de un programa de ejercicios

y rehabilitación. (NIEDZIELSKI, K. 1993) (VILADOT, R. 1996).

DELAGOUTTE, J.P. 1997. Opina igual que los anteriores pero cree que

son más efectivas en el pie del adolescente o en el pie sintomático.

TROTT, A.W. 1982. Dice que hay dos grupos claros de autores que

hablan del pie plano laxo infantil, los partidarios de tratamiento ortopédico y

los partidarios de la evolución natural, pero que desgraciadamente ninguno

de ellos posee los datos necesarios para establecer una terapia en

particular. Para este autor es importante explorar la laxitud del niño como

dato base para instaurar tratamiento con plantillas.

CAPASSO, G. en 1993 es partidario de aplicarlas exclusivamente a

pies planos de 3º.

NIEDZIELSKI, K. 1993. Estudia 469 niños prescolares y escolares

durante 3 años y los divide en dos grupos, uno tratados con ejercicios y

plantillas y otro sin tratar y obtiene mejores resultados en los primeros.

Hay autores como MOULIES, D. 1993 que las admiten para dar

confort en la marcha.

Para otros no influyen en la corrección natural del pie plano.

WENGER, D.R. 1989. Hace un estudio prospectivo a 129 niños en

edades de 1 a 6 años diagnosticados de pies planos infantiles y los divide

en 4 grupos. El primer grupo era control. El segundo grupo los somete a

tratamiento con calzado ortopédico. Al tercer grupo les pone una copa en

talón y al cuarto grupo les pone plantillas. El estudio duró tres años y

obtuvo el mismo resultado en los cuatro grupos. Por tanto concluye que el

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