• No se han encontrado resultados

Protocolo de la sesión del 01 de Octubre de 2014 ( 32)

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Protocolo de la sesión del 01 de Octubre de 2014 ( 32)"

Copied!
6
0
0

Texto completo

(1)

1

Universidad del Valle Departamento de Filosofía

Seminario Temático: “Naturaleza y Espíritu”. Husserl Ideas II Profesor Julio César Vargas

Primer Semestre de 2012 Martes, 18-21 horas

Protocolo de la sesión del 01 de Octubre de 2014 (§32)

La sesión anterior estuvo dedicada por completo a la lectura y comentario del §32 de Ideas II. En este parágrafo Husserl quiere delimitar aún más la región de la realidad con respecto a lo anímico y lo material. A la exposición del concepto general “Realidad sustancial”, como sustrato de propiedades que se manifiestan en ciertos estados reales en su respectiva referencia causal a determinadas circunstancias, le sigue, por tanto, una diferenciación fundamental de las concreciones pertenecientes a los dominios particulares de lo material y lo anímico. En lo fundamental, esta diferenciación consiste básicamente en llevar hasta las últimas consecuencias la analogía entre la cosa material y el sujeto anímico. Si recordamos, es precisamente a partir de esta analogía que se logra comprobar mediante el análisis descriptivo que lo material y lo anímico, la materia y el alma, son dominios u ontologías regionales del género realidad y que hay una configuración aunque especifica común para ambas. La analogía es a propósito del tema de la manifestación de propiedades reales en estados que en un caso o en otro son expresión de la unidad de lo material o la unidad de lo anímico; ella opera sobre la base de entender la cosa y el alma como unidad de propiedades reales, cósico-materiales y anímico-personales, que son expresión de rasgos de carácter, particulares, referidos a la concreción de una personalidad anímica o a la unidad de la cosa material. La analogía hace patente cierta legalidad o regulación fija entre las propiedades reales del sustrato y los correspondientes estados reales y posibles que son la manifestación de las propiedades, las maneras de comportamiento que en el caso de lo anímico remiten al sujeto-yo. Esta legalidad se rige por la causalidad que impregna las circunstancias y la variabilidad de los estados anímicos en donde se comporta el yo, pero también está sometida a las circunstancias reales, al entrelazamiento y la “causalidad sustancial” (p. 165) que se establece en la referencia de una cosa real a otra.

(2)

2

La primera diferencia fundamental entre la realidad material y la anímica radica en una diferencia de grado con respecto de la dependencia en la que inevitablemente algo real se encuentra con otro algo real en sus particulares circunstancias, es decir, una diferenciación de grado de las “causalidades reales” (p. 165) que determinan lo anímico-material. Reparemos en lo siguiente y es que si «materia» y «alma» son predicables del género «realidad sustancial» hay necesariamente preguntas que se presentan como escollos que han de resolverse a condición del éxito del análisis. Se ha mostrado que el análisis describe la realidad anímica como un sustrato de propiedades y como vida que en “la unidad sustancia-real” (p. 159) se (proto) manifiesta en el transcurso continuo de los estados anímicos que remiten a la unidad monádica de un nexo de experiencias pertenecientes a la esfera inmanente del yo anímico. Pero el análisis, al proceder en la descripción de las características fundamentales de la realidad anímica mediante una relación analógica con la realidad material sin distinguir entre la realidad animada y la realidad vital en general, debe, en primera medida, en esta empresa de la delimitación de la región de lo anímico, mostrar que el conjunto entero de las leyes de la causalidad, “el sistema de la causalidad” (p. 100) a que está sometida la realidad sustancial-material, no interfieren de manera semejante ni en modo ni grado en la unidad de la vida anímica. El gran escollo radica en explicar las diferencias radicales de la causalidad y la sustancialidad en lo que respecta a la esfera de la realidad, que puede ser material o anímica. Hay que tener en cuenta que la exigencia de una diferenciación fundamental de la causalidad que impera en las ontologías regionales que constituyen la realidad (lo anímico y lo material) es la consecuencia de haber llevado hasta el límite la analogía entre la cosa material y el sujeto anímico. Si la causalidad es la “idea constitutiva para la naturaleza material” (p. 165), y si materia y alma se co-pertenecen esencialmente al “concepto de realidad formal-general” (p.164), entonces, hace falta señalar de qué modo es posible determinar la realidad de lo anímico conforme a esta idea constitutiva que impera en la realidad material. En el intento de aclarar esta cuestión Husserl dirá que tratándose de lo anímico es más recomendable hablar de una “cuasinaturaleza y una cuasicausalidad” (Anexo XII, §3, p. 399). Según parece, la realidad anímica a diferencia de la realidad material no está sometida por la regulación de la causalidad psicofísica, es decir, por las “causalidades de especie típica” (p.106) y las reglas condicionantes a que se somete lo cósico material como realidad

(3)

3

sustancial. En la realidad anímica impera una cuasicausalidad que solo se puede caracterizar como ley de motivación. Motivación no debe confundirse con causalidad aunque ciertamente deba tomársela como una modalidad de ésta. La motivación nos habla, más bien, de cómo están enlazadas las vivencias en relación a nóemas o unidades de sentido. Se trata, una vez más, de intencionalidad. El sentido como correlato de la vida, de la vida anímica como una corriente de conciencia1. Vida cuyo ser no es sustancial, contrariamente a las cosas materiales a que deben corresponder las efectuaciones de sentido, y por tanto no tiene un “en sí”. El flujo de la vida anímica y la vida en sí misma no consiste en un ser sustancial homologable al de la cosa material. “El alma no es una unidad esquematizada” (p. 398), y aun cuando no lo sea de manera activa se comporta

funcionalmente como un sustrato de propiedades, quiéralo o no, como unidad de

“facultades espirituales” (geistigen Vermögen, p. 162). La realidad del alma no consiste en un mero índice, en una χ para la manifestación de propiedades que están reguladas conforme circunstancias y determinadas por la idea constitutiva que rige en lo material como una “relación de dependencia funcional o legal” (p. 171). Nada que sea expresión de lo anímico responde a las exigencias que imponen las leyes de existencia causal en juego con la vida a través del cuerpo en la materialidad de la realidad sobre la cual “acaecen” las efectuaciones de esta unidad de lo anímico. La vida anímica es esencial, es una unidad infragmentable pero estratificada, partida y distribuida, administrada más bien, en “facultades” que transitan entre lo activo y lo pasivo, es decir, entre las dos modalidades del intelecto: el agente (noûs poietikós) y el paciente (noûs pathetikós) por decirlo de forma tradicional. Esta unicidad del alma obedece a una esencia que le es propia y “que precede a todas las causalidades en las que esté entrelazada” (p. 399).

Esto hay que revisarlo en detalle pues hay aquí un escollo difícil de resolver con la unidad de lo anímico en una esencia y su necesaria estratificación en partes o facultades. Si hay una tal esencia del alma, que se comporta en sus estados como un estrato que se manifiesta mediante propiedades reales de modo peculiarmente diferente a como sucede la “protomanifestación mediante matizaciones” (p. 170) de la cosa material, entonces, la

1 Vida que además pertenece a un yo idéntico que se prolonga como unidad de los actos yoicos-anímicos a

través del tiempo, y que produce efectos en la realidad material y que a su vez es afectado por ella. Es la vida que se expresa como un ser persistente, como unidad anímica que en cuanto tal se manifiesta en estados o modos de comportamiento mediante propiedades que son un complejo de unidad de nexos causales.

(4)

4

investigación que parte de las propiedades manifiestas en la cura de la perfecta captación de lo anímico podrá prescindir “de todo lo anímico-causal” (p. 399), precisamente porque se supone que esta esencia puede captarse por sí misma como un sustrato inalterable en un registro arquitectónico que es en parte independiente de aquel otro estrato del alma en que tiene lugar la co-alteración y el entrelazamiento entre sucesos anímicos y sucesos reales, por demás en referencia causal a circunstancias y en “relación de dependencia funcional o legal” (p. 171). Esto quiere decir que un estrato del alma tiene injerencia en la realidad material a través del cuerpo, esto es, que hay sucesos anímicos que tienen consecuencias en la realidad, en la physis en sentido amplio, solo porque el alma, tomada como una realidad que se protomanifiesta en sus respectivos estados, queda vinculada en co-pertenencia esencial a la realidad material como parte no independiente de un todo general que es la realidad sustancial, en un estrato que queda “condicionalmente referido a circunstancias corporales en la naturaleza física” (p. 171); recordemos la insistencia de Husserl en afirmar que causalidad y sustancialidad “no son anexos externos” (p. 163). Ahora, en este estrato se logra una determinación de lo anímico con respecto al término común “realidad” que comparte con lo cósico-material, en esa medida, la realidad anímica es tal solo por cuanto se constituye a través de la realidad material del cuerpo que la funda. Pero esta concreción de lo anímico, a la vista palpable como un sustrato sustancial “existente” (Seiendes), como una unidad “en sí” sometida a la causalidad y la dependencia circunstancial, pertenece al flujo mismo en que por esencia consiste la vida anímica. La vida anímica es “por necesidad esencial” una existencia (Seiendes) que consiste en ser una unidad fluyente, una realidad que se (proto) manifiesta en el devenir fluyente y en la alteración de los estados y sus respectivas propiedades como “FORMA DE LA EXISTENCIA ANIMICA” (p. 172), precisamente, como unidad esencial que persiste en la variabilidad de las circunstancias y que no queda del todo captivada en un estado de vivencia por ser “una realidad que constantemente se altera” (p. 172).

Así se ha delimitado un poco más el asunto de las diferencias de la realidad anímico-material, aunque el punto clave con respecto a la exposición por parte de Husserl de las diferencias entre causalidad y motivación sigue estando esquiva porque con lo dicho hasta el momento lo único claro es que mínimamente esta forma esencial de lo anímico es ya por definición “infragmentable”, no esquematizable, ni en relaciones causales de

(5)

5

dependencia, pero que en un registro más…. un estrato de esta forma esencial a priori se concreta como una existencia mundana, cabe decir, real “sólo en cuanto entrelazada psicofísicamente” (p. 399). Como se nota, aún queda por definir la diferencia fundamental entre estas dos regiones de la realidad y los correspondientes estratos del alma y su doble modalidad de patencia y latencia. A esto han de añadirse las dificultades que sobrevienen tras la descripción mereológica y estratificada de lo anímico, pues como se ha señalado a la infragmentabilidad del alma le es correlativa una estratificación o una diferenciación en partes que pueden luego fraccionarse; partes no independiente de la unidad anímica que manifiestan propiedades en estados concomitantes y se comportan en vivencias que se destacan singularmente desde la unidad del flujo anímico y se disponen en la legalidad de la mudabilidad vinculante de los estados a la conciencia total. No solo se supone la infragmentabilidad del alma sino también de la unidad de la pluralidad de los nexos monádicos en que consiste el flujo de la vida anímica, como se dijo en el protocolo anterior, de los tramos de vivencias reales y posibles que se ordenan según el carácter de las propiedades manifiestas en nexos vinculados a una conciencia de unidad a donde vienen a darse intuitivamente las propiedades anímico-personales que se manifiestan en sus vivencias correspondientes como rasgos de carácter personales. Este recurso a la unidad del alma lo aprovecha Husserl muy bien para tomar distancia de las doctrinas que abordan la cuestión de lo anímico aludiendo a una teoría de las partes. Y la no claridad con respecto a la diferenciación entre la teoría fenomenológica de los estratos y las “antiguas doctrinas de las partes del alma” se debe únicamente a las dificultades que implica responder por el cómo de la constitución de unidades a través de estratos. Se había anotado en el protocolo anterior que responder a la cuestión de lo anímico en clave mereológica implica una gradación de lo anímico en términos de sus funcionalidades, que debe corresponderse a los diversos estados de vivencias en sus múltiples modos y ordenes de conciencia, es decir, estratos del alma que corresponden a estratos de conciencia; a esta correspondencia se añade lo siguiente: “lo que en cuanto múltiple es inherente a la unidad PLENA del alma es el respectivo ESTADO TOTAL DE CONCIENCIA” (p. 172). Totalidad que consiste en un nexo fluyente de estados activos que hace posible la manifestación del yo-anímico como la unidad singular que se mantiene en el cambio y en la alteración de las propiedades anímicas y las disposiciones singulares de cada estado. Este yo anímico necesariamente debe ser un

(6)

6

yo activo, que vive en sus actos, por tanto, agente con respecto a un estrato del alma y de la conciencia en que el intelecto como tal se comporta de manera pasiva. Sobre este punto Husserl no dice mucho, únicamente resalta que si se logra distinguir entre alma y sujeto anímico se habrá dado con un estrato fundamental de la realidad anímica. Se limita quejumbrosamente a manifestar que falta mucho por decir y que no se ha clarificado en lo fundamental las dificultades que sobrevienen si se incluye la noción de “yo” en esta diferenciación que se quiere establecer entre las dos regiones de la realidad. La descripción que lleva a cabo el análisis versa sobre la realidad general, en sentido más restringido se trata de una delimitación de lo anímico con respecto a la realidad material y no una exposición de “los difíciles problemas que lleva consigo el yo anímico” (p. 173).

De momento no nos interesa saber a qué tipo de problemas hace referencia Husserl, tan solo bástenos con señalar que en este parágrafo el análisis no suple la necesidad de una verdadera clarificación de la diferencia fundamental de lo anímico y lo material y mucho menos si se ligan todas la efectuaciones de lo anímico al yo y a fuerza tenga que suponerse la coincidencia indiferenciada de muchas cosas: de los estratos del alma y los respectivos niveles de conciencia del yo; de “la unidad plena del alma” y su respectivo “estado total de conciencia”, es decir, las unicidades correspondientes en que consisten los estratos del alma y los niveles de conciencia del yo; de los diferentes niveles de constitución de la variedad de la vida anímica en los diferentes ámbitos de la realidad; de todos los momentos de existencia concreta que remiten a la unidad infragmentable estratificada en que consiste el flujo de la vida del alma; del flujo de la vida anímica y la continuidad del nexo de conciencia donde el yo –anímico- se manifiesta, etc. Los últimos dos párrafos del parágrafo ayudan a comprender un poco mejor esta delimitación de lo anímico y lo material con respecto a las causalidades reales y las dependencias circunstanciales en que se encuentra aquel estrato del alma donde comparece el yo como una realidad, como la unidad sujeto-anímico y como parte no independiente de esa unicidad total y plena que es el alma. Se muestra que con respecto a circunstancias reales lo anímico tiene dependencias causales que se presentan en el estrato “psicofísico”, “ideopsíquico” y en el nivel intersubjetivo; son “dependencias fisiológicas” que tienen en correspondencia un “lado fisiopsíquico” coincidiendo ambas en una parte no independiente o un estrato real del alma.

Referencias

Documento similar

Proporcione esta nota de seguridad y las copias de la versión para pacientes junto con el documento Preguntas frecuentes sobre contraindicaciones y

que hasta que llegue el tiempo en que su regia planta ; | pise el hispano suelo... que hasta que el

dente: algunas decían que doña Leonor, "con muy grand rescelo e miedo que avía del rey don Pedro que nueva- mente regnaba, e de la reyna doña María, su madre del dicho rey,

E Clamades andaua sienpre sobre el caua- 11o de madera, y en poco tienpo fue tan lexos, que el no sabia en donde estaña; pero el tomo muy gran esfuergo en si, y pensó yendo assi

Habiendo organizado un movimiento revolucionario en Valencia a principios de 1929 y persistido en las reuniones conspirativo-constitucionalistas desde entonces —cierto que a aquellas

diabetes, chronic respiratory disease and cancer) targeted in the Global Action Plan on NCDs as well as other noncommunicable conditions of particular concern in the European

Ciaurriz quien, durante su primer arlo de estancia en Loyola 40 , catalogó sus fondos siguiendo la división previa a la que nos hemos referido; y si esta labor fue de

Las manifestaciones musicales y su organización institucional a lo largo de los siglos XVI al XVIII son aspectos poco conocidos de la cultura alicantina. Analizar el alcance y