DEDICATORIA Al barrio de Montserrat.
A mi abuela, Juana Adamo. Ojalá mis nietos me recuerden igual.
A la extraña representación de La Virgen en Pekín. Patricia Luján Libertini.
PRÓLOGO
Una casa en el barrio de Montserrat es la única que se conserva en la cuadra con su construcción de origen,
formando parte del acervo histórico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
Data aproximadamente del año 1800 y la extraña mujer que la compra decide llamar a un equipo de arqueólogos para que investigue la historia de la muda mansión, la que luego desaparece de manera misteriosa.
La casa en su interior se encuentra en ruinas.
Para saber qué hicieron sus antiguos habitantes debían realizarse excavaciones en dos pozos de desperdicios que han quedado en el fondo de la misma.
Los arqueólogos que se encontraban trabajando en el lugar, al descubrir que quien los había contratado había desaparecido, dieron parte a la policía.
En la investigación del caso se descubre que la flamante compradora no adquirió esta finca de forma casual.
En los restos de la casa situada en Salta 245 se origina la mística historia de nuestra protagonista que, sin saberlo, se habría conectado con su pasado.
Develando una vida kármica, Margarita Adamo guardará el secreto de una misteriosa imágen descubierta de manera mágica, hasta devolverla a su lugar de orígen.
Para llegar a las raíces de esta historia, la oficial que investiga, también historiadora, recorre pasajes de nuestro país en épocas de transición en las que Buenos Aires tiene una mezcla de dejà vu y modernismo propios de los tiempos
intentando parecerse a una Europa en todo su esplendor.
La colonización de nuestra tierra determinó un estilo en Buenos Aires y el paso de extranjeros ha dejado una marca religiosa y cultural que se ve reflejada en este relato.
La cultura China no es ajena, dado que se trata de la principal protagonista.
La historia de una Virgen milenaria, LA VIRGEN DE PEKIN, cuya verdadera aparición no revela demasiados datos que los que puedan tejerse en esta novela policial histórica.
ÍNDICE
PROLOGO- 3
1-CAPÍTULO I- La mujer, la historia y el amor. 6
2-CAPÍTULO II- ¿Quien era Felicitas Gómez? 18
3-CAPÍTULO III-Diario de excavaciones…13/11/2005 22
4-CAPÍTULO IV-Diario…20/11/2005 32 5-CAPÍTULO V- La niña Blanca 38 6-CAPÍTULO VI-La magia y la niña 50
7-CAPÍTULO VII-Los negros de Montserrat 62
8-CAPÍTULO VIII-La fiebre y la sanadora 85
9-CAPÍTULO IX- Informe oficial 98
10-CAPÍTULO X- La leyenda budista y la caja… 105
11-CAPÍTULO XI-Diario… 3/12/2005 120
12-CAPÍTULO XII-La religión y educación en china 124
13-CAPÍTULO XIII-Buenos Aires enferma 136 14-CAPÍTULO XIV-El lecho de los Dioses… 143
Capítulo I
“La mujer, la historia y el amor”
El comienzo de este relato transcurre en la División homicidios del Departamento Central de la Policía Federal Argentina.
La Oficial Gómez, Directora en jefe de esa área, se encontraba en su despacho recibiendo al jefe del Centro de Arqueología Urbana de la Facultad de Arquitectura de la Ciudad de Buenos Aires, quien se acercó a denunciar la desaparición de Margarita Adamo, dueña de una finca de la calle Salta 245.
El profesional explicó entonces, que se encontraba junto a su equipo en la dirección citada, efectuando unas excavaciones de investigación, a pedido de la dueña del lugar.
Notó entonces que ésta no pasaba por allí hacía más de una semana ni atendía el teléfono de su domicilio habitual ni tampoco su celular, llamando esto su atención.
Al suponer que algo anormal estaba sucediendo algo anormal, decidió hacer la denuncia citada.
La oficial Gómez, además es historiadora y para iniciar la investigación, se presentó en el lugar de las excavaciones, la vieja casona de referencia, donde encontró el diario personal de la desaparecida al borde del pozo de excavación.
En este diario, su dueña contaba una historia mágica que merecía la pena ser investigada.
INFORME: Desaparición de la dueña de la vivienda ubicada en la calle Salta al 245 del barrio de Montserrat, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
SUJETO: Margarita Adamo.
REPORTA: Felicitas Gómez- Directora del equipo de investigación de homicidios del Departamento Central de la Policía Federal.
Reporto en este informe, que se ha presentado el Sr. Antonio García, miembro del equipo del Centro de Arqueología Urbana de la Facultad de Arquitectura de Buenos Aires, quien denunció la posible desaparición de la Srta. Margarita Adamo, quien le solicitó un trabajo en su recientemente adquirida finca ubicada en la calle Salta 245, del barrio de Montserrat, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Dejo por sentado haber encontrado un diario de puño y letra con firma de Margarita Adamo, contando sus experiencias desde el momento en que decide llamar al Centro de Arqueología Urbana de la Facultad de Arquitectura de Buenos Aires para la observación y excavación de los pozos de la propiedad en busca de indicios de condiciones de vida de los habitantes que pasaron por esa morada.
Habiendo sido comprobada la veracidad de los hechos descriptos en el diario, paso a transcribir testimonios:
Diario de excavaciones de Margarita Adamo
2 de Noviembre, 2005.
“Me encuentro en el sótano de mi nueva casa. Es una vieja construcción de la calle Salta, en el Barrio de Montserrat, Buenos Aires. Aquí todavía quedan vestigios de una época pasada.
La casa data de 1880 aproximadamente y aunque fueron modificadas su fachada e interiores con agregados de distintos estilos que la mano del hombre fue incorporando de época en época, el sótano conservó su piso original de arcilla en un lado y parte de cemento alisado, que se agregó luego pero que no cubrieron los viejos pozos de desechos que existían desde la anterior construcción, allá por 1850.
Compré la propiedad el año pasado y supe entonces que me aguardaba un secreto que de alguna manera me sería develado.
Las paredes dejaban bastante que desear. El paso del tiempo y el mal cuidado de los anteriores dueños, habían hecho estragos difíciles de recuperar, pero nunca imposibles.
Me encantan las construcciones de época. Paso horas de mi día observando los detalles que no fueron mejorados o modificados. Sus veredas, ventanas, dinteles… imagino que habrán visto en sus años pasar a tanta gente, tanta historia.
Suelo tener una costumbre, la llevo a cabo aunque el dueño de casa me vea, tengo debilidad por las puertas de madera. Siento que me acercan a alguien que alguna vez vivió ahí y las tocó, poso mis manos en ellas un rato. La madera guarda esa calidez que encierra la vida de un árbol. Siento que se comunica conmigo y hasta es posible que le envíe un mensaje a aquel que vivió allí recientemente; me acerca a un retazo de tiempo atesorado en sus vetas.
En esta casa hay algo, una energía que hace que aún lo feo y desvencijado se vea hermoso, una luminosidad especial y una calidez incomparable.
Sé que algo emocionante me espera, por eso decidí hacer una investigación mediante una excavación.
Para esto decidí hacer un llamado a alguien especializado. Llegué una mañana, unas semanas después de haber puesto todos mis papeles al día y sentí que desde el sótano algo o alguien me llamaban y descubrí entonces que el piso del lugar estaba virgen.
La tosca que lo cubría era original, nada se había hecho en años y conservaba dos pozos de desperdicios abiertos a inicios de la construcción, que serían todo un tesoro para cualquier arqueólogo.
Un sentimiento de paz y belleza me invadía, cuando un destello brotó de uno de ellos confirmando que algo importante se encontraba allí dentro.
Mi asombro fue cosa de un momento. Debo admitir que era como si ya hubiese sabido que allí enterrado había algo maravilloso.
Llamé sin dudarlo a una dependencia del Gobierno de la Ciudad para que me guíen en los pasos a seguir conduciéndome hasta la facultad de Arquitectura con el Centro de Arqueología Urbana; ellos al otro día pasarían a ver.
Yo no podía esperar, pero otra cosa no me quedaba, así que me dispuse a llevar a cabo otras tareas.
Al otro día, por la mañana recibí al grupo de profesionales. Observaron todo, desde la puerta hasta llegar al sótano y los dejé trabajar tranquilos, pero no podía dejar de mirar, como un chico con juguete nuevo.
Dispusieron los trabajos, me pidieron los planos, les di unas copias que se llevaron y quedaron encantados, confirmando el inicio de tareas para la próxima semana. ¡Cuánto tiempo! Pensé. Pero todo lo bueno lleva mucho, me dije sin dudar (a mí todo me cuesta el doble).
Sea lo que sea, malo no sería y al menos averiguaríamos la historia del lugar.
Mientras tanto, hice lo posible para llegar a parte de la historia del lugar hurgando entre libros y anotaciones. Esta casa no existía cuando se produjeron las invasiones inglesas, mucha historia se escondía en sus cimientos. El nombre del barrio de Montserrat es de origen Catalán. El barrio se inicia con el asentamiento de los colonos de esas tierras, seguidores de la milagrosa virgen morena, “la Moreneta”que se encuentra en Catalunya.
Guerras civiles y monarquías interrumpidas son parte de la historia de esas tierras.
Se dice que los catalanes llegaron a nuestro país a partir del 1800, pero bien se sabe que la iglesia de Montserrat data de 1769 así que se estima el verdadero arribo registrado en los censos realizados entre los años 1744 y 1887 y los oriundos de Cataluña, que no serían más de 20 por aquel entonces, se encontraron aquí con otros primos de otros pagos con los que no siempre se llevaron del todo bien, los andaluces.
El barrio es el más rico en monumentos históricos, la historia es Montserrat y todo lo que el barrio tiene, refleja la de nuestro país.
El primer trazado de Buenos Aires lo hizo Juan de Garay desde la Plaza Mayor el 11 de Junio de 1580, en la segunda fundación de la ciudad.
Estaba organizado en un cuadrilátero de 15 por 9 manzanas. Frente a la plaza se reservó una cuadra para el primer Adelantado, lugar al que no le prestó nada de atención, pues quedó abandonado por tanto tiempo que los vecinos del lugar lo llamaron “El hueco de las ánimas” pues allí eran arrojados toda clase de desechos, animales muertos, cadáveres, etc.
Ahora en ese lugar se encuentra la Casa Central del Banco Nación (su diseño original fue para el funcionamiento del Teatro Colón, pero era tan lujoso que no pudo tener el mantenimiento necesario y con las debidas reformas se convirtió en lo que hoy es el banco).
El fuerte se hallaba donde hoy está la Casa de Gobierno y a su alrededor, la Catedral, el Cabildo, la Pirámide de Mayo, etc.
La primera casa que fue construida en el hueco de Montserrat en 1790 y tuvo como dueño a Raimundo Mariño.
Esta se construyó para ocupar el terreno vacío a pedido de los vecinos cansados de los concurrentes a las pulperías, de los animales que poblaban la zona y de las carretas.
Las chacras, donde estaban las quintas, en las afueras de la ciudad, eran propiedad de los vecinos del centro y más allá, estaban las estancias, donde se criaba el ganado mayor, para abastecer a la población.
Casualmente mi abuela Juana Adamo, nació en Saavedra, en un viejo casco de una de las chacras de verdura que existían en esa época.
Cuando mi abuela vivía en esas tierras, todavía se cultivaban verduras en ellas. Ella me contaba que cuando era pequeña, hasta su adolescencia, toda la familia trabajaba la noche completa limpiando lechuga en grandes fuentones ubicados en el patio cubierto con tinglado de chapas y cuando hacía mucho frío, los niños y las mujeres continuaban con el trabajo en la bañera de la casa. Esa huerta forma parte de mi herencia como así también una estancia, ambas ubicadas en las afueras de la Ciudad. El episodio del pozo en la casa de la calle Salta es uno entre tantos a los que ya estoy acostumbrada.
Tengo de tanto en tanto algunas señales, sensaciones. Puedo predecir el futuro sin saberlo pensando que se trata
A nadie le digo, sin embargo, que veo en sus hombros recargada a “La Parca”.
A veces, cuando alguien toma su viaje sin regreso, algún amigo o pariente, pasa a despedirse de mí. Ya sé, soy rara. Pero así soy.
He intentado infructuosamente aprender el significado de las cartas del tarot de memoria sin ningún resultado. Sin embargo puedo leerlas y he adivinado exactamente el futuro inmediato de una persona.
Se que hay algo para mí que aguarda aparecer en su momento.
Mi religión es más por obligación que por elección, la católica. Pero hace algunos años me ha llamado la atención el misticismo y la metafísica del Budismo en una de sus ramas como así la ley de atracción. Todo tiene relación con todo.
Volviendo a lo anterior, aseguro que puedo contactarme con aquellos que alguna vez pasaron por la tierra.
Mi experiencia más fuerte se ha producido en dos iglesias y en un par de cementerios.
El primero en la iglesia de la Santa Cruz, donde se produjo la desaparición de personas en la etapa de la dictadura militar, en San Cristóbal y otro en la iglesia de Montserrat. Una mañana me acerqué al primer templo para conocerlo, dado que estaba escribiendo una historia que ligaba con las madres de plaza de mayo y una religiosa francesa que
fueron sorprendidas y secuestradas por Astiz en ese lugar y se encuentran enterradas allí.
Al ingresar por una puerta lateral dado que la iglesia se encontraba cerrada, me dieron permiso a acceder al ala central.
Entré y me quedé sola. Una paz y luminosidad extraordinaria envolvía el sector.
La iglesia es tan pequeña que consta nada más que de eso, un ala central con unas cuantas filas de bancos y un balcón donde se ubica un antiguo órgano.
Entré y me senté luego de haber recorrido brevemente el pasillo central.
Mi cabeza se llenó de imágenes tratando de pensar lo que aquél día había pasado en la reunión donde fueron sorprendidas las madres secuestradas.
Sentí entonces con asombro la presencia de una muchedumbre sentada a mi alrededor haciendo rechinar los bancos de oscura y vieja madera, pero…estaba sola. En la iglesia de Montserrat, que da sobre la Avenida Belgrano, donde al ingresar se emplaza la réplica de la virgen Morena, encontrada en una cueva del monte en Catalunya, noté que había mucha muerte flotando en el aire.
Casi nunca es feliz el hecho de presentir algo. Supe la muerte de mi abuela al llegar en la madrugada del 1º de enero de 1984 a la casa, donde yo también vivía. Vi su presencia al fondo del pasillo de entrada, pero no quise
alertar para que no piensen que estaba loca, pues ella y mi abuelo se encontraban ya dormidos.
Una amiga que hacía años no veía, se conectó conmigo cuando falleció. Pensé en ella sin motivo alguno, recordé las imágenes de nuestro viaje de egresadas cuando lavaba los platos e inmediatamente me llamaba mi madre para contarme sobre su muerte. Supongo vino para despedirse. Tampoco es fácil contar algunos acontecimientos que no llego muchas veces a comprender y quedan en el olvido. Pero son parte de mi vida y no tengo ni idea se irán incrementando con el correr del tiempo. Espero que a quien se lo cuente no crea que la locura me ha invadido por completo.
Eso sí, debo decir que los santos que he elegido o mejor dicho, las vírgenes, son de mi atenta devoción, combinando algo así como la convivencia pacífica de dos religiones, la Católica y el Budismo. También soy respetuosa y creyente de los ángeles.
Sé que son seres de luz que si interpretan nuestros pedidos cumplen la demanda al pie de la letra.
Con respecto a lo que sucederá en mi nueva casa, la excavación será en una semana como dije. Para esa fecha tengo que tener en claro al menos costumbres de la época de construcción, situación política, etc. para dejar registro de ello.
Será como un agasajo a quienes vivieron en esta mansión y dejaron su historia en los pozos a excavar, disculpándome por develar sus secretos”.
(INFORME):
Veamos entonces:
La posible desaparecida, era una mujer joven, de unos 30 años, que decidió comprar una casa venida a menos, no sabiendo con qué propósito, tal vez simplemente como inversión, en el barrio de Montserrat, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Margarita Adamo era una mujer que no necesitaba trabajar, pues había recibido una herencia de dinero cuantiosa, unas quintas en Saavedra y una hacienda en las afueras de Buenos Aires.
Manejó bien sus inversiones como para darse ciertos lujos y tener un buen pasar.
Sin apremios económicos, se enamoró de una casa abandonada a su suerte, podría decirse histórica, en el barrio de Montserrat, el que siempre fue de su agrado y la compró.
Su vida era simple y no tenía demasiados sobresaltos ni momentos dignos de ser contados.
Gustaba leer muchos libros de historia y ciencias ocultas. Pero lo más destacable es que poseía un poder de la videncia no desarrollado del todo.
Heredado de su abuela, ella tenía un don, vía el futuro y el pasado de la gente y también podía leer su alma con solo ver sus ojos o una fotografía.
Sabía cuando una persona era buena o mala o qué intenciones tenía.
Ella sabía sobre cualquiera pero no sobre sí misma. Nada sobre su futuro.
Nació en una familia católica practicante. Pero para ir a las clases de catecismo había que atraparla, pues lo cierto es que no estaba muy de acuerdo con la enseñanza y no entendía tanta seriedad en la cosa.
Así que comenzó ya adulta a practicar Budismo.
De alguna manera esto cambió sus estados mentales acercándola a un nivel de visión más allá de lo habitual, conectándola con un universo de posibilidades.
Por esto no fue casual que comprara la casa de la Calle Salta 245.
Ella comenzó a tener visiones pasadas que tal vez pertenecían a su vida anterior, sin saberlo.
Y poco a poco se fue acercando a la verdad, con la ayuda de aquellos que hacía mucho tiempo, muchos años, deseaban llegar a algo que ella descubrió en esa casa y que algún día tenía que ser restituido a su dueña original.
Al parecer este hallazgo hizo que cambie la vida de esta mujer por completo.
Informe: Felicitas Gómez. Historiadora, investigadora. División Homicidios, Departamento Central Policía Federal Argentina.
Capítulo II
¿Quién era Felicitas Gómez?
La casa tiene una imponente fachada, ventanas de madera y una puerta inmensa del mismo material que a pesar del tiempo se conservan bastante bien.
El frente cuenta con ornamentos de la época que dan un aire colonial y sobresale al ser la única casa que quedó en pie de esas características.
Solo alguien como Gómez investigaría con tanta meticulosidad, encontrando datos que de otra forma quedarían en el olvido.
Ella era además profesora de historia Argentina. Estudió en la Universidad de Buenos Aires y se recibió con el mejor de los promedios de su promoción.
Tenía 45 años y llevaba a cabo su desempeño dentro de la Policía Federal desde hacía 10 aproximadamente.
Antes dictaba clases en colegios secundarios y primarios. La historia argentina fue su fuerte y debilidad.
Decía que la historia es un secreto por descubrir y no solamente lo que se cuenta en las aulas.
En su informe, la oficial Gómez contaba que este caso tenía una trama histórica importante, comprendida entre los años 1810 – 1860-
Pero también se veían involucrados dos países, Francia y China, con culturas absolutamente distintas a la nuestra y entre sí.
Por cierto, la vida de Gómez no era demasiado entretenida y este episodio vendría a traer algo de movimiento a su rutina diaria.
“El recorrido histórico de nuestro país puede parecer, a simple vista, llano y aburrido (decía la oficial) pues los contenidos de estudios que se dictan en las escuelas son bastante pobres. Pero si los alumnos fueran incentivados, morirían por saber cada día más.
Se pueden descubrir facetas verdaderamente importantes si se sabe donde buscar, que es lo que importa”.
Ella siempre creyó que brindar los elementos necesarios para generar la curiosidad en el alumnado era más importante que escuchar una lección de memoria.
Volviendo al perfil de la policía, se trataba de una mujer recatada, soltera, que dejó de lado su vida personal para dedicarse de lleno a una pasión, la historia.
Estuvo enamorada, aunque no solía hablar mucho de eso, aunque se notaba en sus ojos un dejo de tristeza cuando pensaba en silencio.
Cuando joven viajó a Chile, donde fue a tomar unos cursos para ampliar una investigación para la Universidad en la que trabajaba.
Allí conoció a otro investigador. Era un hombre interesante, bien parecido y de buen carácter que inmediatamente la
Aunque él ya no estaba enamorado de su mujer, en la decisión final eligió por sus hijos, volvió con su esposa y ahí terminó todo.
Con Gómez se escribieron cartas un tiempo y luego ella desistió pues era más el dolor que el placer al responder. Así que nuestra investigadora se abocó exclusivamente a su trabajo sin más vida que ello.
Su labor en la Policía comenzó de una manera muy especial. En una oportunidad una persona muy importante de la provincia de Buenos Aires, mezclada en círculos de política, masonería y poder, fue secuestrada.
Para la investigación necesitaban a alguien con más conocimientos que los habituales.
Entonces solicitaron el promedio de los egresados del profesorado de historia de la U.B.A.
El caso quedó en manos de la persona que tenía más alto puntaje, obviamente ella.
Y así fue que se quedó en la Policía a seguir su carrera. La oficial Gómez entonces, haría posible que la desaparición de la Srta. Margarita Adamo tenga un informe especial.
Las carpetas que en su archivo quedan guardadas, son verdaderas novelas históricas ricas en investigación e informes que de tanto en tanto son consultadas y leídas con especial interés por todos en el Departamento.
Capitulo III
Diario de excavaciones de Margarita Adamo
13 de noviembre, 2005
Comenzaron los trabajos.
Los minuciosos profesionales no querían perder detalle. Llegaron muy temprano, el entusiasmo era compartido. La verdad es que no sé si ellos estaban esperando como yo encontrar algo más que rezagos de la vida de los que alguna vez fueran los habitantes de esta casa.
Siempre se espera encontrar un tesoro escondido, pero lo que no se sabe es qué cosa, hasta un pequeño peine puede serlo.
Yo soy de las que gusta quedarse mirando las vidrieras de los anticuarios, observando hasta el más mínimo detalle de un espejo o de cualquier pequeño objeto. Pero sinceramente, no tengo piezas de vieja data en mi casa. Simplemente porque pienso que no sé a quien pudieron haber pertenecido y por ende es imposible saber la carga que el objeto tiene.
Pueden haber sido de una excelente persona, o tal vez todo lo contrario.
O también puede haber sido de alguien que murió en condiciones extrañas, asesinado, o simplemente de una grave enfermedad. Todo eso conlleva a que el elemento tenga distintas connotaciones con respecto a su origen y
La verdad, nadie que se acerque a estos lugares con la finalidad de obtener un objeto de preciada edad, piensa en estas cuestiones. Yo sí.
Una vez visité uno de los negocios del Pasaje la Defensa, una vieja casa acondicionada para tal fin ubicada en Defensa casi San Juan, San Telmo, ciudad de Buenos Aires, donde encontré vestidos bordados de época de la colonia, muñecas de porcelana, etc.
Mirando todo el escaparate, me detuve en un vestido de novia amarillento, de raso bordado con finos hilos plateados y perlas en lágrimas colgando de su corsage. Sé que lo reconocí como si en otro momento me lo hubiese puesto.
Me vi con él mirándome al espejo y me asusté tanto que salí corriendo.
Nunca más quise ver ropa antigua. Me sucedió algo similar con una antigua muñeca de yeso y tela. Así que dejé la visita esos lugares desde hace tiempo.
Volviendo a la casa de Salta 245, el que fue su dueño desde 1880 hizo demoler la vieja finca quién sabe por qué causa. Para las excavaciones los profesionales bajaron al sótano y enmarcaron el piso en lo que comúnmente se llama cuadrícula, que delimita el sector a explorar. El pozo principal tiene una boca de 2,50 metros de diámetro y no sabemos aún su profundidad.
La excavación comenzó pieza a pieza a medio metro del piso y la primer parte del relleno es material de
construcción, así que puede preverse que aquí funcionó un corralón o quizá sean los restos de la anterior demolición del interior la casa que aquí se emplazaba.
Es un trabajo pesado que demandará no menos de un mes de tareas y las sucesivas capas descubrirán los secretos de los antiguos habitantes del predio o al menos a qué se dedicaron.
Una tarde, cuando el grupo se había retirado, me quedé en el lugar con mi termo, cebándome unos mates.
La verdad, no puedo decir que me sentía sola, ciertamente parecía como que varias personas se encontraban, incluyéndome, en derredor de la boca del pozo, donde se había dispuesto una escalera para el ascenso y descenso del mismo, mirando hacia el interior como queriendo ver algo más. Pero allí nadie estaba…
Presté atención pero nada se veía salvo escombros aún por remover, las piezas más valiosas ya las habían retirado, aunque suponíamos faltaban varios metros.
Un destello , una luminosidad se apoderaron del cuarto. Decidí entonces hacer una expedición, por primera vez, sola al interior del pozo.
No quería que lo noten, así que lo haría muy cuidadosamente.
Sufro de vértigo y a decir verdad no puedo subir o bajar más de cuatro escalones, pero esta vez valdría la pena el sacrificio.
En verdad, sentí una extraña sensación. Me apresuré a buscar lo que sentí ya había encontrado, separé algunas piedras, unas grandes, otras pequeñas y debajo allí estaba. Una bonita caja de madera con incrustaciones de oro, un dragón en su tapa y un cierre sencillo, opacada por el paso del tiempo y las condiciones en que se encontraba. Mediría aproximadamente 25 cm. de largo por 10 de ancho.
Salí con ella al exterior, pues la asfixia se apoderaba de mí. Pero quería enterarme de qué se trataba y además no mostrársela a nadie, era solo para mí
Así que tomé la caja, apagué las luces y me fui tan rápido y nerviosa que apenas tuve cuidado de cerrar las puertas. Pero necesitaba salir, llevármela conmigo. ¿Qué tendría dentro? No iba a saberlo hasta que llegara a mi departamento.
Hubiese querido tener con quien compartir el hallazgo. Pero no, estaba sola.
Tan sola que apenas podía con mi emoción y los latidos acelerados de mi corazón que delataban mi delito.
Sé que cualquier error podría producir una pérdida cuantiosa. Pero a mí el dinero realmente no me interesaba. Sabía perfectamente que lo que allí dentro había me pertenecía de alguna manera. Era desde ese momento mío. Solo mío.
En ese instante caí en la cuenta que alguien me había estado observando desde hacía varios días.
Me esperaba al retirarme de mi domicilio y me acechaba al llegar a la casa.
Esa tarde no fue una excepción. Solo que la ansiedad fue mayor y le resté importancia al hecho.
Ya en mi habitación coloqué la pequeña cajita sobre la cama en la que había previamente tendida una sábana limpia y sentí que debía ser la más hermosa, bordada en hilo de seda blanco con apliques de puntillas de algodón.
Apoyé la cajita y la observé por unos instantes, la limpié cuidadosamente. Las incrustaciones de oro eran tan bonitas pero la madera de la caja estaba reseca y necesitaba unas manos de aceite de lino, tarea que llevaría a cabo luego de abrirla y ver su contenido. Había sido de una niña, estaba segura, los rastros de una feminidad diseñada especialmente para una pequeña estaban implícitos. Decidí abrir la caja, despacio, muy despacio. Estaba increíblemente entera, hermosa. Parecía sellada, pero no. Luego de un rato de pelea logré soltar la cerradura sin llave, tan solo un pasador de un ojo. Y luego vino la lucha por levantar la pequeña tapa.
Cuando logré mi cometido, un fulgor iluminó la habitación como si el sol hubiera salido.
La luz cesó al poco tiempo, entonces me acerqué para ver en su interior.
Me encontré con una pequeña estatuilla muy graciosa, de una Madre con su hijo en brazos. Sus rasgos y sus ropas
eran de origen asiático.
El ropaje no había perdido ni color ni brillo. Estaba como si la hubiesen hecho ayer. La seda que la cubría era de colores blanco, amarillo, verde y rojo, con inscripciones en negro y bordados en oro de un gusto exquisito. El material del que estaba hecha tenía una similitud con la porcelana, pero su rostro, el del niño y las manos de ambos parecían piel real. Los ojos tanto de la madre como del niño eran de Cristal.
De un color negro profundo, de ellos salían destellos de luz que rebotaban en las paredes del cuarto.
Me calcé los anteojos para ver más de cerca el fenómeno. En los ojos de la virgen se reflejaba mi imagen, pero eso solo sucede con la córnea y los cristalinos humanos, que reflejan de forma veraz a la persona que se encuentra frente a ellos.
Tomé una pequeña linterna, con la que observé el iris como cuando se revisa a un paciente y lo proyecté en los ojos negros de la imagen. Al alumbrarlo el iris pareció contraerse como uno real, cómo si se tratara de un ojo verdadero, pero además descubrí la imagen pequeña de un hombre como dibujado en su fondo.
Un hecho imposible de realizar por la mano de un artista dada la perfección de la misma.
La dejé dentro de la caja nuevamente con cierto temor y me aparté al punto de no perderla de vista, como con miedo que desaparezca, que se esfume de la nada.
Yo mucho no sé, o mejor dicho, prácticamente nada de cómo buscar el origen de lo que tenía entre mis manos. Pero no iba a dárselo a nadie porque sentía que a mí estaba destinado.
La dispuse sobre un pequeño escritorio que tengo para realizar algunas manualidades de vez en cuando y le apliqué con esponja unas manos de aceite de lino, la cual comenzó a darle vida y brillo dejando ver una hermosa veta en la madera de color oscuro con líneas claras.
Busqué un lugar seguro en mi cuarto el que mantuve con las persianas bajas.
En el piso por suerte, había hecho construir una trampa debajo del entablonado de la pinotea que no se notaba, siguiendo el dibujo de los listones. Eso lo aprendí de mi abuelo, un italiano que solía esconder todo en lugares secretos.
Allí quedó entonces, guardada hasta nuevo aviso.
Comienzo una ardua tarea que me deparará varias horas de mi día. Averiguar el origen de la pequeña estatuilla y algo más si era posible.
Su historia debe ser tan lejana que quien sabe qué pueda saber con exactitud realmente. De qué se trataba o a quien perteneció.
Una rara sensación me invade. Yo ya la ví, ví esta estatuilla. Es decir, me sucedió lo mismo que con el vestido
de novia y la muñeca. Y me dio temor. Siento que la reconozco, que conviví con ella y ahora estoy rescatando. Me es familiar, sé en lo profundo que tuve una relación muy directa con ella y no fue en fotos de ningún libro, sino con esta estatuilla en sí.
Alguna vez toqué, la cuidé y la odié también, no sé por qué. Estoy segura que me esperó oculta todo este tiempo, allí escondida en ese pozo.
Y esa casa también, por eso la compré. En realidad, fue una inversión. Había cobrado un dinero a raíz de mi divorcio, otro tanto que tenía ahorrado y decidí que algo tenía que hacer con todo eso.
Fui directamente sin desviarme a Montserrat a buscar una propiedad y la compré.
Ésta es más bien una casa la que debería demolerse pues no admite refacción alguna.
Su precio no fue bajo, pero la fuerza que me llevó a comprarla fue especial.
Una llamada de mi yo interior. Fue verla y decir sí, es esta. Por eso siento estar emparentada con ella. Pero ya nada me asombra a estas alturas.
Sé que he llegado hasta acá por algo o para descubrir la historia de alguien.
Al parecer no soy la única que lo siente. La persona vestida de gris viene observándome hace días, estoy muy segura de ello.
Me encuentro sola y desde ya que sola habré decidido qué hacer con todo esto.
Así que cualquier decisión será importante y decisiva al respecto. Pero todo tiene que ser rigurosamente estudiado y evaluado sin perder el hilo. Sé que hay una historia que desea ser descubierta y al parecer aquí he llegado para eso. En fin, espero tener la inteligencia suficiente para encontrar el significado.
Por ahora, debo esperar hasta mañana. Soñaré con dragones y princesas asiáticas”.
*La historia de la excavación de los pozos de desperdicios fue tomada de la original realizada en la calle Salta 769 donde funciona la librería “El Subsuelo de las Musas”
Capítulo IV
Diario de excavaciones de Margarita Adamo
Origen de la estatuilla - 20 de noviembre, 2005 “Lo más lógico es que comience por la parte más sencilla. Aunque esto de sencillo no tiene nada.
Necesito averiguar el año en el que fue enterrada la cajita para saber quien pudo haber vivido aquí y quien pudo haber sido dueño o dueña de la reliquia. Al menos acercarme de algún modo a la fecha.
Por lo que puedo saber, dado el tiempo transcurrido de los trabajos de excavación, es bastante antigua y no sé si aventurar que se trata de los primeros dueños de la propiedad.
Por la mañana he recibido al grupo de excavaciones. Me acomodo tranquila en una esquina lejos de la cuadrícula dispuesta a tomar unos mates.
Debo disimular, pero mis nervios y la posibilidad que se den cuenta que estuve mirando dentro y tomé el tesoro en mi poder ahora, son más grandes.
Los profesionales continúan su tarea en forma meticulosa. Me quedo un rato y consigo sonsacarle a uno de ellos la fecha posible de hasta donde llegaron con la excavación y me dicen que 1860 o 1870 aproximadamente y tengo razón, data de la primera época del inmueble.
Entonces voy hasta la biblioteca a buscar información. Allí no me alcanzan ni el tiempo ni los libros.
Leer ha sido mi pasión oculta, no puedo decir que siempre la he practicado. Pero cuando uno se encuentra en la necesidad de averiguar, busca hasta donde no hay.
Consigo entonces llegar después de mucho investigar hasta la dueña de la propiedad primitiva, Magdalena Villalba, quien tenía una hija, llamada Margarita, como yo, vaya coincidencia, o no.
La Sra. Villalba vivió antes de 1860 en esa casa. Era dueña de casi un cuarto de manzana dividida en dos enormes lotes a los que podía ingresarse tanto por la calle Alsina como por Salta.
Allí había entonces dos construcciones, ambas de una planta. Una en forma de “L” y comprendía 5 habitaciones que daban al frente por Salta.
La casa tenía 8 ventanas con rejas y en el centro un zaguán. Detrás de ésta había otra construcción de menor tamaño donde se supone se ubicaban las habitaciones para la servidumbre y la caballeriza.
Se podía acceder por el 245 de Salta o por el 249, donde se encontraba el ingreso de los carruajes, hoy playa de estacionamiento en la esquina de Salta y Alsina.
La casa era la tradicional “tipo chorizo” donde es posible que antes de ser demolida en su interior por su posterior dueño en 1880, se haya convertido en conventillo como casi todas las de la zona. Pero de esto no hay registro. Lo que queda de aquel entonces son tan solo los pozos, uno ubicado en el fondo, coincidente con una de las medianeras actuales y con lo que fueran las habitaciones
correspondiente a la casa propiamente dicha, donde estamos excavando.
De todas maneras, pienso que tal vez la Sra. Villalba no gozaba de una muy buena posición, porque hacer un pozo de agua era muy costoso en aquel entonces y dados los inconvenientes de la época para conseguir agua potable puedo llegar a esa conclusión. Me confunde el hecho de la existencia de una dependencia específica para los sirvientes, además caballeriza y entrada de carruaje. Esto haría desestimar el que la dueña de la finca fuera pobre. Por suerte la peligrosidad de los pozos ubicados en las medianeras fue subsanada de alguna manera por los dueños posteriores, quienes construyeron un nuevo pozo de desperdicios y ahora sí un aljibe.
Ya tenía parte de mi historia. Al menos sabía quien había vivido allí por aquel entonces.
La coincidencia del nombre de la niña de la casa y el mío me llamó poderosamente la atención.
Ahora me tocaba encontrar algún registro de los habitantes de la zona para tener alguna idea más sobre quienes eran, qué vida tenían, si eran de recursos, si no lo eran y si por esa razón es que nada hay de sus historia pues si eran pobres, para qué gastar hojas en contar algo tan cotidiano.
Sobre ello solamente puedo encontrar algo en los datos de los censos tanto de 1744 como de 1887, aunque la primera fecha es muy antigua.
Tal vez ubique algún dato importante en la iglesia más cercana o en el cementerio de aquella época, La Recoleta.
La fachada de la casa se conserva original de la última modificación, en 1880.
Se pueden ver sus hermosas ornamentaciones, el balcón, la puerta y ventanas de madera que aunque descuidadas dejan ver su valor por su conservación a través de los años. La sociedad de fomento del barrio de Montserrat le ha otorgado el premio a una de las viviendas mejor conservadas y puede observarse esta acotación en una cerámica pegada al lado izquierdo de la puerta.
El interior estaba venido a menos, prácticamente destruido, no sé la razón.
Casa original de Salta 245, entre Moreno y Alsina. Aún se conserva la fachada de la época. En la Esq. De Salta y Alsina está la playa de estacionamiento. Hasta allí
Es posible que una de las razones haya sido que el descuido y el paso del tiempo hayan hecho estragos en ese entonces y el nuevo dueño haya decidido que quería algo mejor o quizás, después de la epidemia de fiebre que se abatió sobre Buenos Aires por 1871, tuvo la idea de deshacerse de los vestigios.
Aquí en Buenos Aires no había piedra, no abundaba la madera y llovía casi todos los días. Por eso el ingenio del hombre al contar con elementos como abundante barro y paja, hizo que las primeras construcciones fueran de adobe, una mezcla inteligente de estas dos cosas tan rudimentarias.
Pero ese fue el agravante para que estas humildes moradas no sobrevivan al paso del tiempo, contando con la ayuda de las hormigas y los roedores que abundaban. Ya más luego, las viviendas fueron mejoradas, pero continuaron siendo de corte modesto aún perteneciendo a familias de la alta sociedad.
En la época de la colonia, las casas eran adornadas con bonitas telas por cortinas, espejos de Venecia, porcelana de París, cubiertos de plata de Madrid, cristalería fina, tapices de Lima o México.
Se notaba una marcada influencia romana, griega y árabe en la construcción, heredada de la cultura del sur de España.
La intimidad del hogar era resguardada por encima de todo, pues desde afuera solo se veía la fachada de ladrillo o yeso, la importante puerta de madera de la entrada y las ventanas con rejas, el zaguán característico y más allá las
habitaciones para recibir visitas, pasando la puerta cancel que daba al patio.
Generalmente los dormitorios daban a otro patio y los cuartos de los sirvientes se amontonaban en uno de los lados.
Bueno, el momento de abandonar la historia hasta el día siguiente había llegado. Ya la hora había pasado y debía ir a mi casa aunque no quería.
El misterioso hombre vestido de gris estaba alerta y me observaba. Creo que ya no le importaba que yo me diera cuenta, pero tampoco yo sabía qué hacer.
Hasta ahora no parecía peligroso pero uno nunca sabe. Al menos no es normal y ya es mucho.”
Capítulo V
Un poco de historia:
Buenos Aires del 1800
“La Niña Blanca”
“Margarita cruza la Plaza Mayor en la silla de manos del gobernador del Río de la Plata. Los negros que transportan
la caja, entre las varas esculpidas, caminan muy despacio, como si llevaran en andas una imagen religiosa, no sea
que el lodo salpique el atavío de la niña.”
Manuel Mujica Lainez Las reverencias- Misteriosa Buenos Aires
Dice Dominga:
-"Es la hora, Martino se ocupará de organizar a los muchachos para el traslado.
¡Preparen la silla! ¡Ya las campanas llaman a misa!
¡Justina!: la ropa de la niña está en la dependencia de planchado, andá y empezá a cambiarla que no llegamos”.
La criada negra, Dominga, encargada de los menesteres y atavíos de la niña Margarita y de ordenar los quehaceres de la casa, ocupa a los sirvientes en sus distintas tareas.
Hay misa a las 13.00 y la niña no puede faltar. La misa es como una reunión de sociedad. Allí se encuentran todos los que tienen que estar.
Las personas humildes, los criados, los viajeros, los políticos, gauchos etc. Van a misa muy temprano, cuando recién amanece. Pero la misa de sociedad en la Catedral, a
donde concurre la más alta aristocracia es a las 13.00 los domingos.
La carreta de paseo está ataviada especialmente para la ocasión. Poco se economiza en los arreglos. Desde el tapizado de Marruecos a los almohadones de Almudena, blancos y con puntillas de algodón, semejantes a una nube recién bajada del tercer cielo.
La niña Margarita no solo era muy mimada, estaba cuidadosamente esculpida en mármol de carrara. Sus vestidos eran todos blancos, no existía otro color en su ropaje salvo el luto para el duelo y su cabello siempre era adornado primorosamente con cintas de seda. Era cual la flor que le daba nombre, simple y delicada, no hacía sin embargo ostentación de riqueza alguna. Ella y su madre viuda tenían una vida recatada y se ocupaban de los niños desvalidos. No le faltaban pretendientes, pero curiosamente ella prefería el sacrificio y sumisión.
No era monja de clausura pues había ciertas libertades que las tenía reservadas para sí de algún modo pues deseaba conservar su soltería hasta la vuelta de su amor, Esteban, que estaba en Madrid siguiendo sus estudios de literatura.
Ellos no se habían comprometido, pero fue imposible no jurarse amor eterno al momento en que el muchacho partiera de Buenos Aires rumbo a Europa. Se conocían de niños y sabían que algo los terminaría uniendo.
Esa mañana había amanecido soleada, pero la noche anterior el diluvio había hecho de las calles un desastre, de un barro impenetrable.
Los criados subían la silla de paseo al carruaje, una caja protegida con cortinas que caían desde su techo, con agarraderas de donde los cuatro sirvientes la tomaban para trasladarla desde la bajada de la carreta hasta la iglesia cruzando la Plaza Mayor del lado del Cabildo. Todo esto para que el vestido de la niña llegue y vuelva en condiciones impecables.
El perfume del jabón de lilas invadía la habitación.
Justina estaba bañando a la niña y preparándola para la salida. Un ritual diario muy interesante, cargado de erotismo, extraño para una mujer joven que no desea un hombre a su lado al menos en ese momento.
No es posible no tener vagos pensamientos en tales preparativos, no solo es cuestión de costumbres y coquetería, algo más pesa sobre la toalla que seca su cuerpo.
La niña tenía los cabellos largos y su color era negro azulado al igual que sus ojos. Su piel era de alabastro, dorada a la luz del sol y rosados sus pómulos en un estado virgen y sus labios henchidos de sangre, gruesos montículos que entreabiertos semejaban una rosa a punto de madurar y caer. De estatura mediana sus brazos y piernas estaban acordes con el largo de su cuerpo y sus manos parecían aves que volaban libres como sus pies, los que casi nunca calzaba en la casa. La gracia era simplemente su sinónimo, pero de tenor ingenuo que sostenía todos sus actos.
Justina la cambia lentamente ajustando las cintas del corsé nuevo de seda traído por su tía directo de Madrid.
Sus zapatos eran de organdí, exquisitamente bordados y con abotonadura de carey.
Lleva en su mano la mantilla de Valencia, estupenda, bordada sobre un tul de seda extremadamente frágil, con pequeñas margaritas que se unían a lazos en tono blanco y pastel y su abanico de carey terso, nacarado e inmaculado. Ningún detalle está tomado al azar, todo es elegido a diario en la salida de compras por la Recova Vieja donde están los mejores puestos y uno en especial, el que tiene piezas de contrabando y se vende a luz del día sin empachos.
Es la manera sencilla de encontrar los mejores atuendos que llegan de Europa.
Existen otros caminos para cosas más complicadas que esas, pero la niña Margarita es conocida ya en la Aldea y saben de sus gustos refinados, así que cuando entra algo que pueda saberse de su
agrado es apartado
inmediatamente y muchas veces enviado directamente a su domicilio de la calle Salta.
Margarita cursa sus estudios como pupila en la Santa Casa de Ejercicios Espirituales: Hijas del Divino Salvador, que está en Independencia 1190.
La fundadora fue una religiosa muy especial, María Antonia de Paz y Figueroa, que adoptó el nombre de Maria Antonia de San José, Beata profesora de la compañía de Jesús.
Siendo expulsados los Jesuitas de Buenos Aires por la corona española a manos de Carlos III, ella se encargó de ocupar ese lugar para continuar con el trabajo de la orden, antes que lleguen los Betlehemitas. Su existencia dejó un camino plagado de milagros que las hermanas de la congregación pensaban que no tendrían continuidad con la muerte de la Hna. María de San José, al menos hasta ese momento.
La niña Margarita había llegado a ese instituto por elección de su madre, pero seguro que esa fue la intención de alguna providencia.
Los antepasados de la niña se relacionaban con nombres como el de la Abadesa Marie Françoise o simplemente Sibille, una chamana sanadora francesa condenada a la hoguera en la época de la inquisiciòn.
Además Magdalena, madre de Margarita, había ocultado que su madre había sido una mujer de color.
Era muy común en épocas de esclavitud, que el patrón, el hombre blanco de la casa, tenga alguna relación con una de sus criadas predilectas.
Sin entrar en detalles, el mismo restaurador era padre de hijas naturales en una relación con su criada.
Es así que Margarita desciende de negros dando respuesta a muchas cuestiones con respecto a su comportamiento.
El carruaje llega a horario, casi a cinco minutos de comenzar la ceremonia. Los negros bajan la escalerilla y la caja para que la niña se acomode en su interior. Ya la ha visto el gobernador y se ha puesto a su lado esperando su aprobación ante tanta atención.
Este deja que las matronas hablen por lo bajo en un dechado de envidia que se trasluce en sus rostros desganados después de la elección del poderoso político. ¿Por qué no a ellas y sí la niña Margarita?
De todos modos, verán esta mañana de domingo otros partidos interesantes con seguridad los que habrán de estudiar y cautivar de las formas más variadas.
Las mujeres tienen ya vuelto de cabezas a San Antonio hace casi dos temporadas de verano y aún no surte efecto*.
Los negros sortean los pozos chapoteando el barrial cuidadosamente para no dañar los vestidos de la joven codiciada y llegan hasta la entrada donde el gobernador brinda su mano a la niña en gesto elegante. Ésta desciende del brazo de aquél quien la acompaña hasta la puerta de ingreso de mujeres para tomar posición en una de las filas de bancos reservada.
Ya hoy la liturgia se ha tornado pesada, densa, larga y acalorada dados los tiempos climáticos.
La Buenos Aires de casi fines de 1850 principios de 1860 es extraña y tiene una mezcla de deseos de modernismo y deja vù de lo colonial en su extravagancia.
monjes Recoletos en esos parajes, los primeros tranvías a caballo de la Cía. Anglo Argentina dando inicio a una revolución en el transporte de Buenos Aires y del país en sí que es reconocido en Europa como “La Capital del Tranvía”. En 1856 Edward Taylor construye el edificio de la Aduana y se crea el partido de Belgrano en la Ciudad.
En 1857 el primer ferrocarril del Oeste parte de la estación El Parque hasta La Floresta, haciendo un recorrido de 10 Km. Y en ese mismo año se crean el primer plan de pavimentación de las calles y se erige el Teatro Colón de Carlos E. Pellegrini donde antes se emplazara la vieja estación terminal del Ferrocarril del Oeste.
Ya en 1858 queda instituido el primer municipio y en 1859 el Hospital Británico.
Los tiempos avanzan y el crecimiento demográfico también, que pronto llegaría a ser de 160.000 habitantes, los que al producirse ya llegado 1870 el brote furioso de fiebre amarilla se verían reducidos de 200.000 a 60.000.
Pero ya en 1859 la fiebre vendría tempranamente desde Montevideo y se producirían los primeros casos que cobrarían 500 víctimas mortales.
Estamos a los inicios del año, es verano y escasea el agua potable, como siempre.
Los pozos o aljibes son costumbre pero muy difíciles de costear para aquellas familias no poseedoras de grandes recursos.
Magdalena Villalba, la madre de Margarita, ha quedado viuda hace ya tres años.
Sus sirvientes han sido su herencia, quienes conservaron alojamiento y trabajo a cambio de cama y comida.
Sin embargo, pocos saben de este hecho. La gente piensa que les ha quedado una cuantiosa herencia, pero no es la realidad.
Su hermana, casada con un poderoso personaje de la época dueño de una hacienda en crecimiento (como también el tráfico ilegal de materiales de construcción) es quien provee de ingresos monetarios a Magdalena y su hija.
Así que impedida de contar con dinero en efectivo, no ha podido hacer en su finca un aljibe, al igual que tantos otros habitantes de la ciudad.
Sus toneles de agua son repuestos por el aguatero que pasa por su puerta y da ingreso a su carreta por Salta 249.
La casa de Magdalena conserva un lujo prominente debido a que en su momento, el marido solía encargar objetos valiosísimos a los comerciantes que traían artículos de Europa.
Pero las riñas de gallo habían sido la perdición del hombre de la casa, que a escapadas de su mujer pasaba las tardes o noches en las tan mentadas tertulias malgastando la poca moneda que les quedaba.
Ciertamente solo poseían como propiedades una hacienda en las afueras de la ciudad y una quinta de verduras por Saavedra que fue una gracia no las haya perdido en una noche de apuesta...
De hecho Magdalena utiliza su apellido de soltera, pocas veces se nombra al de su esposo, como queriendo esconder ya de una vez y para siempre el pasado reciente.
Margarita también utiliza este apellido a pedido de su madre, aunque no es hija natural, pero no le interesa, su madre es y será una gran referente en la vida de la chica así que no es de importancia dar explicaciones y un punto y aparte dan finalización a cualquier pregunta que se plantee con respecto a esto si se la hicieren.
La misa continúa con la presencia del Presidente Mitre ubicado en el espacio principal destinado para el mismo. Al momento de las bendiciones del pan y del vino, un grito proveniente de unas escasas filas detrás de donde Margarita estaba ubicada, llama la atención de la concurrencia. El desmayo de una de las asistentes.
Una mujer bonita cae sobre el respaldo del banco delantero pesadamente, dejando sentir un estruendo que asustaría a cualquiera. Su marido intenta asistirla sin resultados, no responde y él solo atina a levantarla en brazos para sacarla. Margarita que estaba sentada en la punta de uno de los bancos se levanta rápidamente y corre hacia la salida interponiéndose entre esta y el hombre que lleva a su mujer en andas.
La niña toca la frente de la mujer un momento, concentrando su mente en el cuerpo caliente aún por la fiebre de la desmayada. La mujer vuelve en sí y en pocos segundos pide a su marido la baje al suelo para ir a sentarse como si nada. No presta atención al moretón ni al golpe en
su cara ni en la chorrera de sangre que queda en su vestido a causa de la caída.
El hombre la mira con sorpresa y se da cuenta que no sabe que le ha sucedido algo volviendo su mirada a Margarita que se encoge de hombros y retorna a su asiento.
El cura se ha quedado perplejo, con la ostia elevada a los cielos y se pone de rodillas agradeciendo a Dios de espaldas a la concurrencia para llamar la atención así el hecho pasa desapercibido sin éxito.
Ya la gente ha tomado conciencia que no es algo ni ordinario ni casual, pero no todos lo toman igual.
Es un día poco usual para la misa, con la presencia del Presidente, su comitiva, el Gobernador y los padres de Esteban, el amor de la niña que se encuentra en Europa. Las miradas se posan sobre la Niña Blanca que, como si nada hubiera sucedido, toma asiento en su lugar y prosigue rezando su rosario de cristal.
Es obvio que no ha de quedar así. Algo ha cambiado y no era el momento ni el lugar para que sucediera.
La Niña Blanca ha quedado en evidencia. Ella hace brujerías o milagros, algo hace. En nombre de Dios o del Diablo, es en nombre de alguien.
Pero Dios no hace a las casualidades. La casualidad es Dios cuando firma con seudónimo.
*
Algunas coincidencias: A la Margarita Adamo del 1800
le decían la “Niña Blanca”, mismo nombre que se le da a San La Muerte, o La Muerte o La Parca.
La Niña Blanca, la Santísima – también se le conoce como Señora de las Sombras, Señora Blanca, Señora Negra, Niña Santa, La Parca, La Flaca-
Originaria de México, es de dos metros de altura. Tiene la figura tradicional de la calaca del Día de Muertos, sólo que se le viste como virgen y santa con vestuarios de distintos colores, cada uno de los cuales tienen un significado especial.
De su cuello, vestido, guadaña, balanza, brazos y falanges -de metal- pen-den pulseras -de perlas, oro y plata
empotradas con piedras preciosas.
Sus promotores la presentan como una «entidad espiritual» que ha existido siempre, desde el principio de los tiempos hasta nuestros días, por lo que maneja una energía denominada «energía de la muerte», capaz de
materializarse en una figura, que concentra tanto la fuerza creadora como la destructora del universo.
Según ellos, el creyente en la Santa Muerte puede aprender a manejar esta fuerza, que emana de sus imágenes
consagradas, puesto que la Niña Blanca es una de las protecciones más fuertes que existen.
La gente hace este tipo de plegarias porque no se las pueden solicitar a Dios, a las vírgenes o a los santos.
* Se dice que las mujeres solteras, le piden novio a San Antonio, poniendo una estampita o estatuilla del santo cabeza para abajo.
Informe:
Felicitas Gómez. Historiadora, investigadora.
División Homicidios, Departamento Central Policía Federal Argentina
Capítulo VI
Siguiendo con la historia:
“La magia y la niña”
Margarita va corriendo hacia sus habitaciones. Ha llegado a los oídos de su madre el hecho infructuoso que ha dejado perpleja a la concurrencia en la Catedral durante la misa. No está bien, no está nada bien. ¿Qué dirá el Gobernador? ¿Qué las damas cuando vengan de tertulias?
Nadie sabía hasta ahora, pero ahora será difícil guardarlo en secreto pues ha dejado de serlo.
Los negros que han quedado en las casas ven pasar su figura blanca y miran a los otros que la llevaron hasta misa buscando una respuesta. Estos ponen cara de yo no sé y se encaminan a dejar la silla de paseo. Solo uno, Martino mira a Joaquina que se quedó parada en medio del patio retorciendo su delantal entre las manos.
-Ha sanado a una mujer frente a todos. ¡Esta niña! no sé qué haremos con ella.-
Como avecinando el enojo de la señora, Joaquina se lleva las manos a la cara y sale para la cocina seguida de Martino que está consternado porque han descubierto el secreto de la Niña Blanca.
Martino sabía bien de qué se trataba. Margarita había asistido a un nieto suyo cuando estuvo en convalecencia. La hija de Martino trabajaba en una casa de Los Altos de San Pedro Telmo. Tiene cuatro hijos en escalera de uno a seis años.