HISTORIA Y COMPROMISO
AguStí AlCoberro
Universitat de Barcelona
Nacida en la posguerra en una familia de vencidos, Eva Serra consiguió hacerse un lugar en un mundo que hasta entonces había sido mayoritaria- mente masculino con las herramientas del talento y del trabajo. Se espe- cializó en la época considerada la cenicienta de la historiografía catalana:
los siglos modernos. Y construyó un relato nuevo, que pone de relieve la importancia de este periodo en la formación de la identidad nacional y las caractarísticas esenciales de la sociedad catalana contemporánea. Pero nunca fue una académica encerrada en una torre de marfil. Al contrario, expresó su compromiso político permanente con la libertad de Cataluña y la justicia social, motivo por el cual militó en partidos y organizaciones independentistas y padeció tortura y prisión. La lección que nos enseña es clara: la objetividad y el rigor histórico no se construyen desde una apa- rente neutralidad, sino desde la consciencia del compromiso.
Algunos de estos valores sin duda los aprendió de su padre, Josep de Calassanç Serra i Ràfols, arqueólogo y pieza clave de la Escuela de Bar- celona, organizada en torno a Pere Bosch i Gimpera, pero también persona- je decisivo en la reconstrucción de Estat català después de la derrota del 6 de octubre de 1934. Eva y su hermana Blanca le dedicaron recientemen- te un sincero y documentado homenaje en el artículo «Repressió, represà- lies i represa en l’arqueologia catalana (de 1939 fins a final de la dècada de 1940)», publicado en 2013.1
1. SerrA, Eva; SerrA, Blanca. «Repressió, represàlies i represa en l’arqueologia catalana (de 1939 fins a final de la dècada de 1940)». Butlletí de la Societat Catalana d’Estudis Històrics, XXIV (2013), págs. 101-123.
Serra se licenció en 1967 y se formó en el mundo editorial. Entre otras actividades, participó activamente en la redacción de la Gran Enciclopèdia Catalana (una tarea entonces absolutamente titánica). Como ella misma explicó años después:
A la meva universitat Pierre Vilar no existia. Les meves universitats foren els Estudis Universitaris Catalans, on Ferran Soldevila em va donar a conèixer Pierre Vilar, i l’editorial Salvat, on Ramon Garrabou em va facilitar el co- neixement de tot el debat sobre la transició [del feudalisme al capitalisme].2 Inició su vida académica como profesora en la Universitat Autònoma de Barcelona en 1970, donde impartió clases hasta que, en 1975, se incor- poró a la Universitat de Barcelona. En esta institución permaneció hasta su jubilación, con la excepción del período 1991-1997, en el que ejerció en la Universitat Pompeu Fabra. Durante años estuvo vinculada también a la Universitat Catalana d’Estiu. Además, en 2002 se incorporó a la Sec- ción Históricoarqueológica del Institut d’Estudis Catalans.
En su primer libro, La guerra dels Segadors (1966),3 publicado en una colección de divulgación de la editorial Bruguera, los hechos de 1640 eran la tesis central, y constituyeron un tema recurrente a lo largo de su poste- rior trayectoria de investigación. Serra lo retomó, como veremos, desde perspectivas diversas (económicas, sociales y juridicopolíticas), buscando una interpretación global. Otro eje esencial de sus trabajos fue el deseo de recuperar la historiografía de la etapa republicana, liquidada con la derro- ta de 1939. Como señaló Núria Sales en el prólogo de la edición de su tesis doctoral, uno de los grandes méritos de Serra fue «el pont que ha resta- blert entre la historiografia universitària barcelonina postvicentiana i la historiografia catalana d’abans de la guerra, ja sigui barcelonina o local, universitària o no, laica o eclesiàstica».4
El campo catalán de los siglos xv-xviii
Eva Serra leyó su tesis doctoral, elaborada bajo la dirección de Emili Giralt, en abril de 1978. La tituló La societat rural catalana del segle xvii.
2. SerrA, Eva. Pagesos i senyors a la Catalunya del segle xvii. Baronia de Sentmenat, 1590-1729. Barcelona: Crítica, 1988, pág. 17, n. 4.
3. SerrA, Eva. La guerra dels Segadors. Barcelona: Bruguera, 1966.
4. SAleS, Núria. «Pròleg». En SerrA, Eva: Pagesos i senyors a la Catalunya del segle xvii. Baronia de Sentmenat, 1590-1729. Op. cit., págs. 7-15.
Sentmenat, un exemple local del Vallès Occidental, 1590-1729. Tuvo que esperar diez años para poder realizar la edición completa, acompañada de generosos apéndices, en la entonces recién estrenada colección Sèrie General de la editorial Crítica; se tituló Pagesos i senyors a la Catalunya del segle xvii. Baronia de Sentmenat, 1590-1729. Como ella misma explica en la introducción:
[...] la idea originària en iniciar-ne les recerques era trobar un material per abordar el tema de la Guerra dels Segadors. Tenint en compte que Elliott feia un tractament bàsicament polític del tema, la meva intenció era fer una aprox- imació social i econòmica. En definitiva, pretenia aclarir la hipòtesi dels orí- gens agraris de la revolta catalana.5
Ya en los capítulos iniciales, la tesis cuestionaba la interpretación que Jaume Vicens Vives había hecho de la Sentencia Arbitral de Guadalupe (1486), la cual entendía como una victoria remensa. Eva Serra afirmaba que «la revolució agrària del Xv ha de ser interpretada més en termes de revolució pagesa que no pas de revolució estrictament remença» y desta- caba «el caràcter antifeudal de les guerres i el caràcter d’eina de recom- posició del sistema feudal de la sentència».6 La originalidad de este enfo- que, y el interés de la documentación en la que se fundamentaba, justifican la publicación, en 1980, en la revista Recerques del artículo «El règim feudal català abans i després de la Sentència Arbitral de Guadalupe», un texto que ha sido objeto de diversas reediciones y que suscitó un amplio debate historiográfico.7
No es exagerado afirmar que la tesis doctoral de Eva Serra marca un decisivo punto de inflexión en la historia agraria de la Cataluña moderna.
La ambición metodológica e interpretativa de la historiadora y su ingen- te capacidad de trabajo dieron lugar a una obra modélica, que incorpo- raba una gran cantidad de información estadística, un cuidado estudio del sistema legal vigente y una aproximación a la realidad cotidiana del campo catalán en la época moderna. Sobre estas bases, Eva Serra descri- bía las formas de resistencia payesa en la Cataluña moderna, aportaba interesantes datos acerca de la evolución de la producción, la productivi-
5. Ibídem, pág. 18.
6. Ibídem, págs. 45-46.
7. SerrA, Eva. «El règim feudal català abans i després de la Sentència Arbitral de Guadalupe». Recerques, 10, 1980, págs. 17-32. El artículo fue reproducido, entre otros sitios, en vilAr, Pierre (dir.). Història de Catalunya, vol. viii: Antologia d’Estudis Històrics.
Barcelona: Edicions 62, 1990, págs. 150-166.
dad y los precios agrarios, y señalaba la evolución de la estructura de clases, fundamentada en la «erosió de la renda feudal» y en la «diferen- ciació social al si de la pagesia». Así, la historiadora concluía que «la guerra dels Segadors té arrels agràries de doble sentit, resistencialisme antifeudal i resistencialisme antifiscal pagès [...] —una i altra prou difícils de separar».8
La Revolución de 1640 (y la ruptura austracista de 1705/1713) Sin abandonar el interés por la historia agraria, a partir de la década de 1990 la historiadora hace un importante giro en su investigación, que la acerca a la historia política e institucional. El punto de inflexión en este cambio se encuentra en la obra colectiva de 1991 La Revolució catalana de 1640, que ella dirigió y que Crítica publicó de nuevo con ocasión del 350 aniversario de aquel acontecimiento.9 En la obra colaboramos diversos historiadores jóvenes, que nos reconocíamos como discípulos de la auto- ra, y también historiadores ya consagrados, como Núria Sales y Josep M.
Torras i Ribé.
En respuesta a las interpretaciones anteriores de los hechos de 1640, y muy especialmente a La Revolta dels catalans, de John Elliott, Eva Serra cuestionaba la validez de las conceptualizaciones historiográficas plan- teadas hasta entonces, que repartían «patents de “revolucions modernes”
o de “revoltes resistencialistes”, segons si es consideraven més o menys reeixides», y que procedían de «arrelats malentesos com la identificació del progrés amb el poder, o de la modernitat amb la força militar». Fren- te a estos planteamientos, Eva Serra definía el episodio de 1640 como una revolución política:
La rebel·lió de 1640 no fou ni una fronda aristocràtica més o menys cortesana, ni una mera jacquerie local, ni una revolta aristocràtica provincial. La con- vocatòria dels Braços Generals —les anomenades Corts de Pau Claris— re- flecteix una notable força unificadora revolucionària i una sòlida dimensió social i política nacional. [...] Possiblement a imitació d’Holanda, les institu- cions catalanes prenen una renovada embranzida el 1640. La vitalitat d’unes
8. SerrA, Eva. Pagesos i senyors a la Catalunya del segle xvii. Baronia de Sentmenat, 1590-1729. Op. cit., pág. 406.
9. SerrA, Eva (dir.). La Revolució catalana de 1640. Barcelona: Crítica, 1991. En esta obra colectiva participan Xavier Torres, Joaquim M. Puigvert, Jordi Olivares, Agustí Alcoberro, Jordi Vidal, Núria Sales, Josep M. Torras i Ribé y Joaquim Albareda.
estructures socials en transformació poden explicar-ho. La societat catalana es reconeixia a si mateixa per raons socials, polítiques i culturals, no pas historicistes.10
En los años siguientes, la autora pudo profundizar en esta interpre- tación, que también ha contado con los estudios de Antoni Simon i Ta- rrés.11 Debemos mencionar, en este sentido, la edición en 1995 por parte de la historiadora y de Xavier Torres de dos volúmenes de Escrits polí- tics del segle xvii, que reproducen algunos de los textos fundamentales de aquella ruptura.12
La profundización en el gran conflicto político-militar del siglo Xviii
y en sus consecuencias la acercaron también al estudio de las causas, la formación de bandos, el pensamiento político y el papel de las instituciones en la guerra de Sucesión (dos momentos de ruptura, 1640 y 1705/1713) entre los que Serra encuentra notables paralelismos. Este aspecto fue planteado primero en 2001, en el trabajo «El pas de rosca en el camí de l’austriacisme», publicado en una obra colectiva dirigida por Joaquim Albareda.13
Entre las aportaciones más significativas en esta línea debemos des- tacar «Una alternativa nacional sota l’aparença de conflicte dinàstic», de 2005, la conferencia de clausura del primer gran congreso celebrado en ocasión del tricentenario de 1714, en la que la historiadora analizaba las bases teóricas del austracismo;14 y La potencialitat democràtica de la Ca- talunya històrica, conferencia que leyó en el Saló de Cent del Ayuntamien- to de Barcelona con ocasión de la Diada Nacional de 2015,15 en la que definía el carácter moderno y la tendencia democratizadora de las insti- tuciones abolidas por el Decreto de Nueva Planta.
10. SerrA, Eva. «Introducció». En SerrA, Eva (dir.): La Revolució catalana de 1640.
Op. cit., págs. vii-iX.
11. Mencionan especialmente: Simoni tArréS, Antoni. Els orígens ideològics de la Re- volució Catalana de 1640. Barcelona: PAM, 1999; y Pau Claris, líder d’una classe revolu- cionària. Barcelona: PAM, 2008.
12. Editados por el Institut Universitari d’Història Jaume Vicens Vives y Eumo ed. El primer volumen, a cargo de Xavier Torres, publica la Notícia de Catalunya de Francesc Martí i Viladamor; el segundo, a cargo de Eva Serra, reproduce Secrets públics, de Gaspar Sala, y otros textos.
13. AlbAredA, J. (ed.): Del patriotisme al catalanisme: societat i política (segles xvi-xix).
Vic: Eumo, 2001, págs. 71-104.
14. SerrA, Eva. «Una alternativa nacional sota l’aparença de conflicte dinàstic». En Actes del Congrés L’aposta catalana a la Guerra de Successió (1705-1707). Barcelona:
Generalitat de Catalunya – Museu d’Història de Catalunya, 2007, págs. 509-518.
15. El texto se publicó dos veces en L’Avenç; primero, en el núm. 418 (diciembre de 2015, págs. 26-37), y después, en el núm. 441 (diciembre de 2017, págs. 44-57).
Las instituciones catalanas modernas: Corte General, Diputación del General
El estudio de las instituciones, en especial la Corte General y la Diputa- ción General, ha constituido la principal línea de investigación de la au- tora en los últimos quince años. En un ámbito poco estudiado por la historiografía tradicional, y casi negligido después de 1939, Serra se pro- puso hacer aflorar una documentación ingente y hasta entonces inédita.
Para esta tarea contó con el apoyo de un buen número de discípulos, que han dedicado muchas horas de trabajo en la confección de ediciones sis- temáticas y, en muchos sentidos, modélicas.
La edición de los dietarios o actas de las Cortes ha contado con el apoyo institucional del Departamento de Justicia de la Generalitat de Cataluña y, posteriormente, también, del Parlament de Catalunya, en el marco de la colección Textos Jurídics Catalans. Los cuatro primeros vo- lúmenes que vieron la luz se referían a la Cort General de Montsó (1585):
Montsó-Binèfar. En concreto: el Procés familiar del Braç Reial, el Procés del Protonotari (2001), el Procés familiar del Braç Militar y el Procés fami- liar del Braç Eclesiàstic (2003).16
En la introducción del primero de los volúmenes, Eva Serra denuncia- ba el abandono de los estudios parlamentarios de los siglos Xvi y Xvii que se había producido en toda Europa a partir de la década de 1960, debido a «l’assimilació unívoca de la monarquia a l’estat modern». Y añadía:
El nacionalisme d’estat ha impregnat fins a tal extrem la història dels segles Xvi
a Xviii que ha assimilat, sense embuts i en exclusiva, monarquia amb poder públic. En canvi, les institucions parlamentàries o municipals han hagut de passar una i altra vegada pel sedàs d’una crítica que només hi sabia veure oligarquies i velles aristocràcies enquistades. Això fins a l’extrem que un conde-duque de Olivares ha pogut ser defensat com un gran estadista mo- dern, en contrast amb homes de la magistratura pactista com un Pau Claris o un Joan Pere Fontanella.17
16. Corresponden a los volúmenes 18, 19, 20 y 21 de la colección Textos Jurídics Catalans.
El equipo de edición se hallaba formado por Josep M. Bringué, Pere Gifre, Gerard Marí, Miquel Pérez Latre y Joan Pons. A partir del volumen siguiente se añadieron Manuel Güell e Imma Muxella.
17. SerrA, Eva. «Introducció». En SerrA, Eva (coord.): Cort General de Montsó (1585).
Montsó – Binèfar. Procés familiar del Braç Reial. Barcelona: Departament de Justícia, 2001, Colección Textos Jurídics Catalans, vol. 18, págs. i-v.
De nuevo, pues, una referencia precisa a la Revolución de 1640. En esta línea, Eva Serra planteaba el marco teórico y los objetivos de una empresa especialmente ambiciosa y, ahora, en gran parte exitosa:
L’equip que ha assumit aquesta edició de les Corts catalanes del 1585 té el con- venciment que la història moderna europea en general i la de Catalunya en particular, ha patit, a excepció del cas d’Anglaterra, el flagell de l’abandonament de les institucions parlamentàries en benefici de privilegiar la història políti- ca de la monarquia en atorgar només a aquesta patent de modernitat. Avui, però, ja sembla totalment inacceptable una història de Catalunya dels segles Xvi
i Xvii sense un coneixement i un reconeixement de l’activitat de les Corts.
Las referencias a la Corte General de Montsó se cierran con los An- nexos i índex, esborrany del procés familiar del Braç Reial, documentació complementària i índex (2010).18 En los años siguientes, aparecen La Jun- ta General de Braços de 1713, l’ambaixada Dalmases i altra documentació (2008),19 Cort General de Barcelona (1705-1706). Procés familiar del Braç Eclesiàstic (2014)20 y Cort General de Barcelona (1705-1706). Procés fami- liar del Braç Militar (2016).21
En paralelo, Eva Serra publica artículos sobre el funcionamiento de la Diputación del General, que muestran aspectos hasta entonces desconocidos de la institución, y altamente interesantes. Esta línea se inicia con la presen- tación de la comunicación «Diputats locals i participació social en les bolles de la Diputació del General (1578-1638)» en el III Congrés d’Història Moder- na de Catalunya (1993), organitzado por el Departamento de Historia Mo- derna de la Universitat de Barcelona y dedicado a las instituciones catalanas en los siglos Xv-Xviii.22 En este y otros trabajos posteriores, Eva Serra puso de relieve la vigencia de la institución hasta 1714 y su capacidad para ampliar su representatividad social y territorial, sus competencias y sus ingresos.
Debemos tener en cuenta que su discurso de recepción como miembro de la Sección Histórico-Arqueológica del Institut d’Estudis Catalans versó sobre el tema de las Cortes catalanas como fuente directa de información.23
18. Colección Textos Jurídics Catalans, vol. 22.
19. Ibídem, vol. 29.
20. Ibídem, vol. 30.
21. Ibídem, vol. 31.
22. Las actas de este congreso se publicaron en Pedralbes. Revista d’Història Moderna, 13, 1993, vol. i, págs. 259-274.
23. Les Corts catalanes, una bona font d’informació històrica. Discurs de recepció com a membre numerari de la Secció Històrico-Arqueològica de l’Institut d’Estudis Catalans pronunciat el 27 de novembre de 2003. Barcelona: Institut d’Estudis Catalans, 2003.
Además, junto con Josep Capdeferro estudió el origen, las competen- cias, la composición y el funcionamiento del Tribunal de Contrafacciones de Cataluña, una institución prácticamente desconocida hasta ahora. Lo ha hecho mediante las obras El Tribunal de Contrafaccions de Catalunya i la seva activitat (1702-1713) y Casos davant del Tribunal de Contrafaccions de Catalunya (1702-1713), ambas publicadas en la colección Textos Jurí- dics Catalans (2015).24 El tribunal, de composición paritaria entre los jue- ces nombrados por la Corona y los nombrados por la Diputación del General, tenía que resolver los conflictos planteados entre ambas institu- ciones o derivados de la actuación de sus funcionarios, de manera que constituía una institución excepcional en el marco del derecho público europeo.
Por último, con la colaboración de un eficaz equipo de discípulos, Eva Serra coordinó también la edición de Els llibres de l’ànima de la Diputació del General de Catalunya (1493-1714), publicado en dos volúmenes en 2015.25 El documento recoge la lista de aspirantes admitidos para la elec- ción como diputados u oidores de la Generalitat de Cataluña desde la introducción del método insaculatorio (sorteo) hasta la abolición de la ins- titución. Se trata, por tanto, de la instantánea de una clase dirigente du- rante más de dos siglos, que permite constatar también los elementos de continuidad (vinculados a la estirpe o a las relaciones clientelares) y de rup- tura (especialmente visibles en las coyunturas de 1640 y de 1705).
Historiografía y divulgación
Como ya se ha mencionado, Eva Serra ha realizado un esfuerzo ingente de recuperación de la historiografía y de los historiadores catalanes an- teriores a la derrota de 1939, pero también de lectura y de análisis de los más próximos a su generación. Así, entre otros, ha dejado retratos inte- resantes de Ferran Soldevila (1994, 1995),26 Antoni Rovira i Virgili (2000),27
24. Volúmenes 34 y 35, respectivamente.
25. SerrA, Eva (coord.). Els llibres de l’ànima de la Diputació del general de Catalunya (1493-1714). Barcelona: Institut d’Estudis Catalans, 2015, 2 vols. El equipo de edición estaba formado por Jordi Buyreu, Núria Florensa, Sílvia Jurado, Eduard Martí, Miquel Pérez Latre y Eduard Puig.
26. SerrA, Eva. «Ferran Soldevila vint anys després». El Contemporani: Revista d’His- tòria, 2, 1994, págs. 15-21; «Ferran Soldevila: la persona i l’historiador». Butlletí de la So- cietat Catalana d’Estudis Històrics, 6, 1995, págs. 9-17.
27. SerrA, Eva. «Antoni Rovira i Virgili, historiador». Jornades dedicades a l’escriptor Antoni Rovira i Virgili. Valls: Cossetània, 2000, págs. 145-166.
Joan Fuster (2002),28 Ferran de Sagarra i de Siscar (2005),29 Emili Giralt (2009),30 Víctor Ferro (2009),31 Jaume Vicens Vives (en especial, 2010 y 2011),32 y de su padre, Josep de Calassanç Serra i Ràfols (2013).33 También ha propuesto un valioso balance sobre la historiografía catalana contem- poránea (1989).34
Debemos destacar asimismo que a lo largo de su carrera profesional la historiadora ha publicado una treintena larga de reseñas bibliográfi- cas, y algunos excelentes balances, como el dedicado a la bibliografía sobre las Cortes catalanas (2007).35 Desde esta páginas se puede mencio- nar su participación activa en el comité de redacción de Índice Histórico Español.
Serra participó activamente en numerosas iniciativas y publicaciones de carácter colectivo dirigidas a un público más amplio, consciente de la importancia de la divulgación histórica y de las obras de síntesis. Lo hizo en la Història de Catalunya, de la editorial Salvat (1978), la primera obra de quiosco en fascículos dedicada a nuestro pasado, en la cual redactó el capítulo «Resistència de Catalunya i decadència castellana: la guerra de Separació».36 Más adelante, con Xavier Torres, se hizo cargo de la coor- dinación del volumen dedicado a los siglos Xvi y Xvii de la Història. Po-
28. SerrA, Eva. «D’avui estant: la vigència de Fuster com a historiador». L’Espill, 10, 2002, págs. 47-59.
29. Ferran de Sagarra i de Siscar: semblança biogràfica. Conferència pronunciada davant el ple per Eva Serra i Puig el dia 21 d’octubre de 2004. Barcelona: Institut d’Estudis Catalans, 2005.
30. SerrA, Eva. «Emili Giralt i Raventós (1927-2008)». Estudis Romànics, 31, 2009, págs. 661-663.
31. SerrA, Eva. «Víctor Ferro en el record». Revista de Dret Històric Català, 9, 2009, págs. 29-32.
32. SerrA, Eva. «Vicens Vives i el pactisme». En CASAlS, A. (coord.): Revisió històrica de Jaume Vicens Vives. Cabrera de Mar: Galerada, 2010, págs. 135-160; «Vicens Vives: un intent de visió global», Recerques, 63, 2011, págs. 9-20.
33. Junto con el artículo mencionado en la nota 1, véase también: Josep de C. Serra i Ràfols: semblança biogràfica. Conferència pronunciada davant el ple per Eva Serra i Puig el dia 8 d’abril de 2013. Barcelona: Institut d’Estudis Catalans, 2013.
34. SerrA, Eva. «Una aproximació a la historiografia catalana: els antecedents».
Revista de Catalunya, 26, 1989, págs. 29-46; y «Una aproximació a la historiografia catalana:
el nostre segle». Revista de Catalunya, 27, 1989, págs. 43-55.
35. SerrA, Eva. «Butlletí bibliogràfic sobre les Corts Catalanes». Arxiu de Textos Catalans Antics, 26, 2007, págs. 663-738.
36. Vol. 4, págs. 75-103. El director editorial de la obra era Josep M. Salrach, y el coor- dinador del volumen, Joaquim Nadal. Eva Serra tomó el concepto guerra de separación de la Història de Catalunya de Ferran Soldevila, reeditada en 1962, pero modificó sustancial- mente su caracterización en el título del capítulo. El capítulo XXX de la obra de Ferran
lítica, societat i cultura dels Països Catalans dirigida por Borja de Riquer (1997),37 y redactó diversos capítulos. También coordinó el volumen de- dicado a la Edad Moderna de la Història Agrària dels Països Catalans.38 Ha realizado un importante esfuerzo de carácter divulgativo. Pode- mos destacar, en este sentido, su tarea como redactora de la Gran Enci- clopèdia Catalana (que requeriría un estudio específico), los numerosos artículos publicados en L’Avenç y el apoyo que siempre dio a la revista Sàpiens, además de su participación en numerosas iniciativas vinculadas a la enseñanza de la historia.
Soldevila se titulaba «La temptativa de desnacionalització violenta i l’alçament de Cata- lunya».
37. Publicado por Enciclopèdia Catalana. El volumen 4, que coordinó con Xavier Torres, se titulaba «Crisi institucional i canvi social, segles Xvi i Xvii».
38. SerrA, Eva; SAlrACh, Josep M. (coords.). Edat Moderna, vol. 3. En girAlt, Emili (dir.): Història Agrària dels Països Catalans. Barcelona: Fundació Catalana per a la Recerca, 2008.
EN LA CATALUÑA CONTEMPORÁNEA:
UNA HISTORIOGRAFÍA DEL PERÍODO DESPUÉS DE LOS TRATADOS DE BAYONA
ArielA houSe
Universitat de Barcelona
RESUMEN
Este artículo hace una aproximación a la historiografía dedicada a la frontera estatal en Cataluña después de los tratados de delimitación de Bayona (1856-1868). Está organizado en torno a tres ejes temáticos: la Comisión Internacional de los Pirineos, institución bilateral heredada de las negociaciones de Bayona; los Pirineos como lugar de paso durante las guerras de la primera mitad del siglo xx; y la implantación del régimen franquista en la frontera a partir de 1939. Se trata de una historiografía dispar y todavía reducida. Con la excepción de algunas obras sobre el paso de la frontera durante la Segunda Guerra Mundial, hay más artículos o capítulos que libros enteros.
La tendencia a ver la frontera pirenaica como estable es un factor que explica la poca atención que ha recibido de los historiadores de la época contemporánea, pero la au- sencia de conflictos bélicos entre Francia y España permite examinar de otro modo las relaciones entre el Estado, la frontera y las comunidades que viven cerca de esta.
Palabras clave: fronteras, Pirineos, relaciones franco-españolas, Segunda Guerra Mundial, franquismo, control de fronteras.
ABSTRACT
This article deals with the historiography of the French-Spanish border in Catalonia since the Treaties of Baiona (1856-1868) that demarcated the boundary line, focusing on three topics: the International Commission of the Pyrenees, a bilateral institution
that emerged from the Baiona negotiations; the Pyrenees as a place of passage during the wars of the first half of the 20th century; and the establishment of the Franco regime at the border, starting in 1939. The historiography of the Pyrenean border in this pe- riod remains limited in scope and number. With the exception of books about the border during the Second World War, most studies are short articles or book chapters.
Because the Pyrenean border is seen as stable, it has not received much attention from historians of modern Europe. However, the lack of wars involving both France and Spain in this period allows the relationship between the state, the border, and border- land communities to be examined in a different light.
Keywords: borders, Pyrenees, French-Spanish relations, Second World War, Fran- co regime, border control.
ArielA House
Es doctora en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona. Ha defendido recientemente la tesis doctoral «El control de la frontera estatal a Catalunya, 1958-1978», dirigida por la doctora Queralt Solé. Trabaja sobre el control policial, la documentación de viaje que autorizaba el paso legal y el paso clandestino de la frontera. Originaria de Estados Unidos, es licenciada por el Smith College (Massachusetts) y cursó el máster de Estudios Históricos en la Universidad de Barcelona.
En 2016, en el número 129 de la presente revista, Patrici Pojada reivindi- caba la importancia de los siglos Xvi, Xvii y Xviii en la configuración de las fronteras en Europa.1 La época moderna, especialmente el siglo Xviii, constituye el bloque más completo de la historiografía de la frontera es- tatal en Cataluña. Algunos libros sobre los orígenes y consecuencias de la división de Cataluña entre las coronas francesa e hispánica toman como punto de partida la firma del Tratado de los Pirineos en 1659, o bien se remontan a la alianza franco-catalana de 1640 contra la Monarquía His- pánica. Otros autores han hecho estudios de larga duración que empiezan en períodos anteriores de la época moderna y llegan hasta el siglo XiX. Peter Sahlins, para el caso de la Cerdaña,2 y más recientemente el geógra- fo Joan Capdevila, para todo el Pirineo, siguen la evolución de la fronte- ra entre España y Francia desde 1659 hasta los tratados de Bayona (1856-
1. PoJAdA, Patrici. «Una historiografia de les fronteres a l’època moderna a través d’alguns casos ibèrics». Índice Histórico Español, 2.ª época, núm. 129, 2016, págs. 51-76.
2. SAhlinS, Peter. Boundaries: The making of France and Spain in the Pyrenees. Berke- ley: University of California Press, 1989, 351 págs.
1868).3 Capdevila examina el proceso de deslinde de toda la frontera pirenaica, la mayor parte del cual se decidió en las negociaciones de Ba- yona. El objetivo de este artículo es hacer una aproximación a la historio- grafía sobre la frontera estatal en Cataluña después de los tratados de límites. La tendencia a ver la frontera pirenaica como estable es, sin duda, un factor importante que explica la poca atención que ha recibido por parte de los historiadores de este período en comparación con otras fron- teras europeas. Pero la ausencia de conflictos bélicos que enfrentaran a los dos estados no debería desincentivar la investigación. Al contrario, permite examinar desde otro ángulo las relaciones entre el Estado, la frontera y las comunidades que viven cerca de esta.
La historiografía de la frontera estatal en Cataluña después de 1868 es dispar y todavía reducida, lo cual se verá reflejado en este artículo, que está organizado en tres apartados en torno a tres ejes temáticos que permiten considerar las aportaciones de diferentes autores. Aquí no se pretende hacer una recopilación exhaustiva de toda la información disponible, sino una aproximación a los aspectos estudiados por autores que han enfocado sus investigaciones en la frontera pirenaica, especialmente en trabajos publica- dos en los últimos 25 años. Después de los tratados de Bayona, las relaciones bilaterales entre dos Estados que no están enfrentados permiten institucio- nalizar la frontera común, notablemente en la forma de la Comisión Inter- nacional de los Pirineos, que será el tema del primer apartado. Otra cuestión son las guerras que involucran, al menos oficialmente, solo a uno de los dos Estados. Estas provocan flujos de personas que las autoridades del Estado del que huyen quieren evitar y ante los que tendrán que reaccionar las au- toridades del vecino Estado. La reacción de estas autoridades dependerá de la coyuntura política y la importancia cuantitativa de los movimientos. El tercer apartado está dedicado a la posguerra española, cuando el recién instaurado régimen franquista busca consolidarse en la frontera. Las res- tricciones impuestas desde arriba continuarán alterando la vida de la po- blación fronteriza durante unos años después de finalizar el conflicto euro- peo y las incursiones más importantes de la guerrilla antifranquista.
Pojada empezaba su artículo con un examen de la evolución del tér- mino frontera, que en la época moderna no se definía exactamente de la misma manera que hoy en día. En este trabajo, la definición es la actual:
el límite entre dos Estados. El punto de partida es, precisamente, el des-
3. CAPdevilAi SubirAnA, Joan. Historia del deslinde de la frontera hispano-francesa:
del Tratado de los Pirineos (1659) a los tratados de Bayona (1856-1868). Madrid: Instituto Geográfico Nacional, 2009, 206 págs.
linde de la frontera y la colocación de mojones para marcar la línea fijada por los tratados de Bayona. No obstante, hay que tener en cuenta no solo el límite entre los territorios de ambos Estados, sino también la zona fronteriza, que adquiere una definición oficial represiva cuando se trata de limitar la circulación.
Institucionalizar la frontera común: la Comisión Internacional de los Pirineos
El control de la frontera en el siglo XX heredó de las negociaciones de Bayona instituciones bilaterales que de alguna manera continuaron el trabajo de la comisión de deslinde. Joan Capdevila trata los mecanismos para garantizar el mantenimiento de los mojones fronterizos y resolver futuras cuestiones respecto al trazado de la frontera que se instituciona- lizaron a partir de la década de 1870 en el epílogo de su estudio sobre el deslinde de la frontera.4 Considera que el deslinde pretendía resolver con- flictos entre comunidades vecinas. No desapareció la conflictividad local después de 1868, pero los tratados de Bayona resolvieron muchas cuestio- nes: «uso y aprovechamiento de pastos, agua, pesca, propiedades dividi- das por la frontera, paso de personas, etc.».5 Para Capdevila, fue la mo- dernización de Francia y España lo que obligó a ambos Estados a crear mecanismos de cooperación para tratar nuevas cuestiones, en la forma de comisiones mixtas, de las cuales la más antigua es la Comisión Interna- cional de los Pirineos. Esta comisión nació a raíz de unos incidentes en la bahía de Hondarribia. En 1875, mediante canje de notas, se acordó encar- garle la resolución de cuestiones respecto al servicio aduanero y la inter- pretación de los convenios de límites. En 1887, una serie de tres canjes de notas estableció que las competencias de la comisión se extendieran a toda la frontera pirenaica y que los gobiernos de ambos Estados tuvieran que aprobar los acuerdos a los que llegara. La sede de la comisión se mantuvo en la zona fronteriza hasta 1927, pero veinte años después se convirtió, según Capdevila, en «un organismo de las administraciones centrales que se hacen ayudar por funcionarios regionales o por Comités técnicos mixtos».6 Aun así, debería preguntarse hasta qué punto el traslado a Ma- drid o París de las reuniones afectó realmente el funcionamiento de la
4. Ibídem, págs. 165-169.
5. Ibídem, pág. 166.
6. Ibídem, pág. 167.
comisión, ya que había sido desde el principio una institución de carácter estatal.
Òscar Jané ve en la Comisión Internacional de los Pirineos una ins- titución para la aplicación del «reconeixement mutu» entre los dos Estados como los únicos interlocutores válidos para tratar cuestiones relacionadas con la frontera.7 Jané considera que esta comisión es la con- tinuación de la Comisión Mixta de Delimitación que elaboró los tratados de Bayona, «tot i canviar de nom i de funcionament». Mantuvo su activi- dad, «segurament per fer front a les reticències locals i posar pau davant els conflictes reals creats per la “repartició” fronterera, per al seu més estricte control».8 Así pues, hay que ver la Comisión Internacional de los Pirineos como un instrumento de control en el que se encontraban repre- sentantes de ambas administraciones, que se reconocían mutuamente como competentes para decidir en conflictos que pudieran poner en duda los límites territoriales entre la soberanía de los dos Estados, fijados por los tratados de Bayona. La conflictividad fue continua antes y después de 1868. La importancia de las negociaciones de Bayona y de la Comisión Internacional de los Pirineos radica en el reconocimiento mutuo entre los dos Estados que se impone a las comunidades fronterizas: «s’està obligant el món local a reconèixer un únic poder polític de negociació: el ministe- ri, l’Estat».9
El historiador del derecho Jacques Poumarède reconstruye la evolu- ción de la Comisión Internacional de los Pirineos desde su fundación hasta 1900, con algunos apuntes sobre la historia posterior, en un trabajo elaborado a partir de documentación del Ministerio de Asuntos Exterio- res francés.10 Incluye una extensiva nota a pie de página que repasa la li- mitada bibliografía sobre la comisión que existía hace veinte años, que se ha ampliado posteriormente con los trabajos aquí citados. La primera reunión de la comisión tuvo lugar el 21 de abril de 1876. Durante los pri- meros años de su existencia trabajó para resolver conflictos sobre la na-
7. JAné, Òscar. «Identitats de frontera o la construcció de la frontera franco-espan- yola a Catalunya». En eSPino, Antoni; JAné, Òscar (eds.): Guerra, frontera i identitats. Ca- tarroja: Afers, 2015, págs. 193-208.
8. Ibídem, pág. 206.
9. JAné, Òscar. «Litigis locals: usos per a la definició fronterera. Alguns casos de la Cerdanya». En eSPino, Antoni; JAné, Òscar (eds.). Guerra, frontera i identitats. Op. cit., págs.
239-266.
10. PoumArède, Jacques. «Gérer la frontière: la Commission Internationale des Pyrénées (1875-1900)». En La frontière des origines à nos jours: Actes des journées de la So- ciété internationale d’Histoire du droit, Tenues a Bayonne, les 15, 16, 17 mai 1997, Presses Universtaires de Bordeaux, 1997, págs. 401-423.
vegación en las aguas de zona fronteriza del País Vasco. En enero de 1880, cuando todo apuntaba a la próxima disolución de la comisión, estalló un conflicto sobre los derechos de pesca en el Bidasoa. Fue un conflicto en la Cerdaña entre los vecinos de Llívia y Er en 1885, sobre un canal de irrigación, lo que provocó la extensión hasta el Mediterráneo de las com- petencias de la comisión, que hasta entonces había tratado exclusivamen- te el tramo más occidental de la frontera. Esta disputa en concreto se resolvió por otras vías diplomáticas, pero la transformación de un con- flicto local en un asunto diplomático llevó a la diplomacia francesa a pro- poner ampliar las competencias de la comisión. A principios del siglo XX
creció el número de miembros de ambas delegaciones de la Comisión In- ternacional de los Pirineos. Antes de 1914 se habían incorporado repre- sentantes de los ministerios de Agricultura, Obras Públicas y Guerra, lo cual manifiesta la diversificación de los ámbitos de trabajo de la comisión.
No obstante, entre el fin de la Primera Guerra Mundial y el comienzo de la Guerra Civil española, la comisión solo se reunió tres veces: en 1921, en 1927 y en 1934. Poumarède nota que, aunque la Comisión Internacional de los Pirineos se interesó por conocer la opinión de los vecinos de la zona fronteriza, nunca aceptó la incorporación de representantes regionales o departamentales a sus deliberaciones.
Un estudio completo sobre la Comisión Internacional de los Pirineos debería tener en cuenta diversos trabajos del geógrafo Jean Sermet (1907- 2003), que se pueden considerar a la vez una fuente primaria y secundaria.
El autor, profesor universitario en Tolosa, fue miembro de la delegación francesa de la comisión a partir de la reanudación de las reuniones en 1949. En 1968 publicaba, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores francés, un opúsculo de una veintena de páginas con motivo del centena- rio de los tratados de Bayona que también trata la historia de la comi- sión.11 Fue durante el franquismo cuando se produjo la ampliación más importante de la Comisión Internacional de los Pirineos, con la creación de diversas subcomisiones para tratar aspectos generales de las relaciones transfronterizas (intercambios de energía, asistencia mutua, veterinarios, creación de oficinas de controles nacionales yuxtapuestos en los puestos fronterizos) o problemas locales, como es el caso de las subcomisiones del lago de Lanós o del Garona superior.12 Sermet notaba que la actividad de la comisión más visible para el público a mediados del siglo XX era el
11. Sermet, Jean. Le centenaire des traités des limites et la commission internationale des Pyrénées. París: Imprimerie du Ministère des Affaires Étrangères, 1968. 21 págs.
12. Ibídem, págs. 18-19.
estudio de la apertura de pasos fronterizos. En Cataluña, la única novedad fue la compleción de la carretera del Coll d’Ares a mediados de los años sesenta. Más referencias al trabajo de la Comisión Internacional de los Pi- rineos se encuentran en los estudios que Sermet dedicó a las comunica- ciones transfronterizas.13 En la obra de este autor se patentizan las buenas relaciones entre los dos Estados. El período de máxima cooperación has- ta entonces empezó en plena dictadura franquista, una vez superada la coyuntura inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Estado y frontera durante las guerras de la primera mitad del siglo xx
El tema principal de buena parte de la bibliografía sobre la frontera en el siglo XX es el Pirineo como lugar de paso durante la Segunda Guerra Mundial. Los protagonistas son los refugiados o evadidos que huían de la Europa ocupada por la Alemania nazi. Las fuerzas de orden público o armadas de los dos Estados (y del ocupante nazi) encargadas de la vigi- lancia de la frontera son presentadas con más o menos detalle para ave- riguar hasta qué punto era eficaz el control y qué riesgos asumían los viajeros clandestinos. La Primera Guerra Mundial ha sido menos estu- diada. Controlar las fronteras es una de las funciones de cualquier Estado, pero cuando uno de los dos Estados que comparten una frontera partici- pa en una guerra, los objetivos del control no son los mismos a un lado y al otro. También influye la naturaleza del régimen político, si bien los Estados democráticos también pueden limitar la salida de los hombres en función del cumplimiento del servicio militar obligatorio. Este control se hace mucho más importante en tiempo de guerra.
Miquèl Ruquet ha llenado un vacío en la historiografía de la frontera en el siglo XX con su tesis, publicada más tarde como libro, sobre la deser- ción y la insumisión a través de los Pirineos Orientales durante la Primera Guerra Mundial.14 Examina el perfil de los desertores e insumisos, sus motivos y las estrategias que usan para pasar la frontera, entre otros aspec- tos de la cuestión. Para el estudio de la relación entre el Estado y la fronte-
13. Sermet, Jean. Les routes transpyrénénnes. Toulouse: Société d’Histoire des Com- munications dans le Midi de la France, 1965, 328 págs; y «Progrés et état actuel des rélations hispano-françaises à travers les Pyrénées». En Actas del Séptimo Congreso Internacional de Estudios Pirenaicos, Seo de Urgel, 1974. Número extraordinario de Pirineos. Jaca: Instituto de Estudios Pirenaicos – Consejo Superior de Investigaciones Científicos, 1976, págs. 23-63.
14. ruquet, Miquèl. Déserteurs et insoumis de la Grande Guerres sur la frontière des Pyrénées-Orientales. Canet de Rosselló: Trabucaire, 2009, 549 págs.
ra son especialmente interesantes las consideraciones que hace respecto a las limitaciones del control, que tienen causas geográficas y humanas, y los motivos de la baja tasa de deserciones. El Estado está representado en la frontera por funcionarios o soldados que, por motivos diversos, pueden resultar poco eficaces en el control de la frontera. Ruquet explica que los aduaneros, que desempeñaban un papel importante en la vigilancia de la zona, fueron criticados por los comisarios especiales por falta de rigor en la represión del paso clandestino. Muchos eran del departamento o eran occitanos casados con catalanas. Los gendarmes también recibieron críti- cas por falta de colaboración con los otros servicios de control y por poco celo en la detención de desertores. Los resultados obtenidos de la instala- ción de cordones militares en los pasos fronterizos decepcionaron a los comisarios especiales. Muchos de los soldados de los regimientos de infan- tería territorial eran del departamento o de departamentos vecinos: «Ils ne sont pas étrangers aux personnes qu’ils sont censés contrôler».15 Como los aduaneros, estos hombres, que en principio tenían que imponer el interés del Estado en controlar la frontera, se comportaban como vecinos de sus comunidades locales más que como agentes del Estado. Es más, algunos soldados territoriales, mayores que los hombres enviados al frente, eran analfabetos. En cuanto a las restricciones de circulación en el departamen- to fronterizo que se implementaron durante la guerra, tanto los alcaldes encargados de expedir salvoconductos como la población mostraban poco interés en el cumplimiento escrupuloso de las normas; era práctica exten- dida la expedición y la circulación con salvoconductos en blanco.
Para Ruquet, la baja tasa de insumisos y desertores durante la Prime- ra Guerra Mundial demuestra el éxito de la escuela francesa que se im- plantó a finales del siglo XiX. Aquí se ve claramente el poder del nacionalis- mo de Estado. A diferencia del siglo XiX, la deserción ya no era una práctica extendida en las comunidades rurales de Francia. Así pues, los esfuerzos para inculcar la adhesión al Estado en la nueva generación a través de la educación obligatoria crearon un clima en el cual la gran ma- yoría aceptó la llamada a filas. La organización del control de la frontera tenía muchas carencias, pero el mismo Estado había creado las condiciones para que no fuera tan necesario un control riguroso, al menos para evitar las deserciones. Aun así, en la zona fronteriza, el contacto con el otro lado, que incluía vínculos familiares, eclesiásticos, comerciales y de trabajo, per- mitía pensar fuera del marco del Estado francés. Ruquet cifra en dos mil los desertores e insumisos nord-catalanes, especialmente numerosos en los
15. Ibídem, pág. 453.
cantones de Prats de Molló y Sallagosa. Algunos de los insumisos eran emigrantes nord-catalanes que ya vivían en el Principado antes de la guerra.
Otro factor que complicaba el control de la frontera eran los trabajadores que se desplazaban desde el lado español, más necesarios que nunca para la economía nord-catalana ante la movilización masiva de hombres de na- cionalidad francesa. Gracias a la consideración de factores como este, el libro contribuye al conocimiento de la vida en ambos lados de la frontera a principios del siglo XX, además de la deserción durante la Gran Guerra.
El siguiente conflicto bélico que afectó la frontera pirenaica fue la Guerra Civil española. Jordi Rubió Coromina ha estudiado el éxodo de 1936 a través de los Pirineos.16 La frontera es mucho más protagonista aquí que en la historiografía del exilio de 1939, que ha sido más estudiado.
Según Rubió, hay que diferenciar entre los exilios carlistas del siglo XiX o el exilio republicano de 1939, que se producen cuando el bando de los vencidos todavía controla la zona fronteriza para facilitar la fuga, y el éxo- do de 1936, que obliga a las personas a esquivar la vigilancia de las fuerzas del Estado republicano o de los milicianos. El Estado, a raíz de la respues- ta al intento de golpe de Estado, pierde el control de la frontera porque estalla también una revolución que se hace con el control de parte del terri- torio. Rubió distingue entre «dues grans etapes» en el control de la frontera durante la Guerra Civil: la primera, bajo el dominio de los milicianos, y la segunda, a partir de la recuperación del control por parte de los Carabine- ros, cuerpo de vigilancia del Estado. A pesar de situar esta recuperación en abril de 1937, cuando se puso fin al dominio anarquista en la Cerdaña, ex- plica que el gobierno de la Generalitat de Catalunya priorizó el tramo más oriental de la frontera, aproximadamente desde La Vajol hasta la costa, con el envío a finales de octubre de 1936 de ciento cincuenta soldados. Juan Negrín, ministro de Hacienda del gobierno republicano, reorganizó el Cuerpo de Carabineros. Fue criticado por convertirlo en una suerte de ejército personal, pero consiguió estrechar la vigilancia de la frontera.
No todas las personas que pasaron la frontera clandestinamente a principios de la guerra pretendían pasar al bando contrario, sino que existió un exilio que huía de toda participación en el conflicto. Este exilio, como las deserciones de la Primera Guerra Mundial que ha estudiado Ruquet, suponía un rechazo de las obligaciones hacia el Estado que po- nían en peligro la propia vida. Los intentos de fuga aumentan con la lla- mada de más levas al frente. En el contexto de una guerra civil, esta acti-
16. rubió CorominA, Jordi. L’èxode català de 1936 a través dels Pirineus. Girona:
Gregal, 2015. 388 págs.
tud contrasta con la decisión de pasarse al otro bando de aquellos que salieron por el Pirineo catalán para volver a entrar voluntariamente a territorio español por el País Vasco, ya bajo dominio franquista. Rubió dedica la última sección del libro al papel en la implantación del régimen franquista en Cataluña de los catalanes que habían hecho la guerra en ese bando. Así pues, el estudio de la frontera durante la Guerra Civil contri- buye al análisis tanto de los esfuerzos del Estado republicano para retomar el control del territorio después de la erupción de las milicias populares como de la constitución del nuevo Estado después de la victoria franquista.
La historiografía del paso de la frontera durante la Segunda Guerra Mundial empieza con los trabajos de Émilienne Eychenne. La historiado- ra reconstruyó historias de passeurs, redes de evasión y evadidos gracias a la documentación de los archivos y a testimonios orales y escritos de unos hechos que entonces solo tenían unos cuarenta años. De los cinco libros que publicó sobre el tema a partir de 1980, uno aborda específica- mente el paso en el departamento de los Pirineos Orientales,17 y otro en toda la frontera franco-española.18 Eychenne trata tanto las diferentes fuerzas de vigilancia (españolas, francesas y, a partir de la ocupación, alemanas) y la detención de evadidos por estas fuerzas como las diversas redes de evasión y los passeurs. Las comunidades fronterizas no están ausentes en la obra de Eychenne, que señala que nunca han dejado de pasar de un lado a otro y examina el papel de los contrabandistas que se convierten en passeurs de personas cuando la oportunidad se presenta debido al estallido de una guerra. Para estos residentes de la zona fronte- riza, el cierre de la frontera no es un obstáculo porque siempre la han atravesado por otros caminos para esquivar a la aduana.
Robert Belot estudia el tema de los evadidos en clave todavía más estrictamente francesa.19 Ve en el fenómeno «une sorte d’observatoire idéal de la France en guerre».20 El objetivo principal de su libro es reivin- dicar la memoria y la necesidad de estudiar las evasiones por España para aproximarse a «la troisième France», ni colaboracionista con la ocupación nazi, ni gaullista. Fue el general Henri Giraud, rival de Charles de Gaulle, quien se interesó por hacer llegar al norte de África a los evadidos que
17. eyChenne, Émilienne. Les Portes de la liberté: le franchissement clandestin de la fron- tière espagnole dans les Pyrénées-Orientales de 1939 a 1945. Toulouse: Privat, 1985, 284 págs.
18. eyChenne, Émilienne. Pyrénées de la liberté: les évasions par l’Espagne, 1939-1945.
Toulouse: Privat, 1998, 2.ª edición, 317 págs.
19. belot, Robert. Aux frontières de la liberté: Vichy, Madrid, Alger, Londres: s’évader de France sous l’Occupation. París: Payard, 1998, 793 págs.
20. Ibídem, pág. 691.
pasaban los Pirineos de forma clandestina. A pesar de este enfoque, se trata de un estudio extensamente documentado que también aporta in- formación sobre la actitud de la España franquista hacia la disidencia francesa que operaba en las representaciones diplomáticas francesas de Madrid y Barcelona y entraba clandestinamente por la frontera pirenaica.
Josep Calvet ha retomado la idea de Eychenne de los Pirineos como
«las montañas de la libertad» para los evadidos y refugiados de la Segun- da Guerra Mundial.21 A diferencia de la historiadora francesa, centró su investigación en archivos del lado español de la frontera. Una parte im- portante del libro sigue el paso por prisiones y campos de concentración de personas detenidas después de entrar en territorio español. Para este autor, las relaciones entre comunidades de un lado y otro han sido una constante en la historia de la frontera, pero es en el período que abarca la guerra civil española y la Segunda Guerra Mundial cuando los caminos pirenaicos «adquirieron su mayor protagonismo»,22 con sucesivos movi- mientos de personas en un sentido o el otro siguiendo la coyuntura polí- tica y bélica en cada Estado. Como se verá a continuación, Calvet es también el autor de un trabajo sobre el control de la frontera en la pos- guerra española, más dedicado a las medidas represivas que alteraron la vida cotidiana de la población de la vertiente sur. Otro historiador que ha estudiado estos dos aspectos de la historia de la frontera pirenaica en Cataluña es Josep Clara. En cuanto a la Segunda Guerra Mundial, ha re- construido la presencia de fuerzas de la Alemana nazi en la frontera de los Pirineos Orientales y las relaciones entre estas y las autoridades fran- quistas, de 1942 a 1944, a partir de documentación policial del fondo del Gobierno Civil de Girona.23
El control de la frontera por el Estado franquista
La España que tuvo que reaccionar ante la entrada de refugiados y eva- didos fue la del régimen franquista, vencedor de la guerra civil que termi- nó poco antes de estallar la guerra europea. Puede ser útil, pues, distinguir entre la historiografía centrada en la Segunda Guerra Mundial y otra, más reducida, que tiene más que ver con la consolidación del control de
21. CAlvet, Josep. Les muntanyes de la llibertat: El pas d’evadits pels Pirineus durant la Segona Guerra Mundial. Barcelona: L’Avenç, 2008, 237 págs.
22. Ibídem, pág. 199.
23. ClArA, Josep. Nazis a la frontera dels Pirineus Orientals. Barcelona: Rafael Dal- mau, 2016, 128 págs.
la frontera por parte del nuevo Estado franquista a partir de 1939. En 1993, Javier Antón Pelayo, autor de un trabajo temprano sobre el tema, elabo- rado a partir del fondo del Gobierno Civil de Girona, se lamentaba de que la bibliografía sobre el control policial de la frontera durante el primer franquismo se limitaba a estudios realizados por miembros de las propias fuerzas policiales con acceso a archivos secretos y obras de antiguos com- batientes que reivindicaban la importancia del maquis en la historia de la oposición antifranquista.24 Un trabajo de Josep Calvet de 1999 sobre el Pirineo de Lleida complementa el estudio de Antón Pelayo sobre las co- marcas gerundenses.25 El historiador militar Fernando Martínez de Baños aporta información procedente de archivos militares y aragoneses que se puede contrastar con los estudios realizados en Cataluña en un libro sobre la lucha del ejército español contra el maquis en el Alto Aragón y en el Val d’Aran.26 Otra fuente, contemporánea al trabajo de Antón Pelayo, es la tesis de Jean-Louis Blanchon, disponible en la biblioteca del Pabellón de la Re- pública de la Universidad de Barcelona, que aporta detalles sobre la vida en la Cerdaña de 1936 a 1948.27 En este apartado, a diferencia de los ante- riores, no se tratarán uno por uno los trabajos, sino que se examinará lo que dicen los autores sobre algunos aspectos clave del control de la fronte- ra durante los primeros años del franquismo: la alternancia entre el control militar y el control civil, las medidas represivas que se imponen a la pobla- ción local y la efectividad de estas para disuadir la colaboración con la guerrilla antifranquista, los destierros y la creación de una extensiva zona fronteriza por la que no se puede circular sin un salvoconducto especial.
Al finalizar la Guerra Civil, la vigilancia y el control de la frontera eran competencia del ejército franquista. En los años siguientes se produ- ciría una alternancia entre el poder militar y el civil en este ámbito, deter- minada por el curso de la guerra europea y la actividad del maquis. A finales de 1942, a raíz de la ocupación alemana de la Francia de Vichy, el ejército volvió a hacerse cargo de ello. Movilizó a las quintas de 1938, 1939,
24. Antón PelAyo, Javier. «El control policial de la frontera nordeste durante el pri- mer franquismo». En tuSell, Javier (coord.): El régimen de Franco, 1936-1975: política y relaciones exteriores, vol. 1. Madrid: UNED, 1993, págs. 227-236.
25. CAlvet, Josep. «El control de la frontera durante el primer franquismo: la creación de la zona policial en el Pirineo de Lleida». En Tiempos de silencio. Actos del IV Encuentro de Investigadores del Farnquismo, Valencia, 17-19 de noviembre de 1999. Valencia: Universitat de València, 1999, págs. 12-17.
26. mArtínezde bAñoS, Fernando. «Hasta su total aniquilación»: El Ejército contra el maquis en el Valle de Arán y en el Alto Aragón, 1944-1946. Madrid: Almena, 2002, 254 págs.
27. blAnChon, Jean-Louis. La Cerdagne, pays frontière (1936-1948). Rupture ou continui- té? Tesis doctoral, Université de Toulouse-Le Mirail, 1992, 2 vols., 372 y 237 págs.
1940 y 1941 para destinar más soldados al Pirineo.28 Tras un período de vigilancia civil, a principios de 1944 se dieron instrucciones para que las ca- pitanías generales se prepararan para hacerse cargo de la vigilancia y el orden público en la zona fronteriza en el caso de una invasión aliada de Francia.
El desembarco de las tropas aliadas en Normandía, en junio de 1944, activó este plan. Las fuerzas de orden público en la zona fronteriza de las provincias de Girona y Lleida pasaron a depender de la Capitanía General de la IV Región Militar.29 La lucha contra los guerrilleros españoles motivó, a finales de 1944 y principios de 1945, la concentración más importante de fuerzas armadas y de seguridad en la frontera de todo el período.30
La vida cotidiana de la población fronteriza se vio alterada conside- rablemente. Para hacer frente al maquis, se impusieron medidas restric- tivas que obligaban a los habitantes de las masías situadas en la zona fronteriza a colaborar con las fuerzas armadas y de seguridad. Tenían que denunciar la presencia de personas sospechosas y podían ser obligados a hacer de guías, a prestar sus vehículos a estas fuerzas y a alojarlas. Ade- más, los que contaban con licencia de tenencia de escopetas tenían la obligación de presentarse para colaborar con los trabajos de control siem- pre que fuera necesario. Los clasificados como desafectos al régimen y los familiares de exiliados podían estar confinados en el pueblo o en sus casas durante momentos de alarma. Se prohibió la caza, el excursionismo, cir- cular por el campo por la noche y tener luces o fuegos encendidos a partir de las 22 horas.31 En la Cerdaña, a partir del 4 octubre de 1944, se prohi- bieron los desplazamientos nocturnos, de 20h a 7h.32 El incumplimiento de las normas se castigaba con un arresto gubernativo o una multa.
Según Antón Pelayo, las medidas restrictivas lograron crear un clima poco favorable a los guerrilleros entre la población local, pero la policía creía que muchas masías colaboraban activamente con ellos. Este proble- ma motivó la elaboración en 1946 de informes detallados sobre los habi- tantes de las masías de la zona fronteriza de la provincia de Girona, que
28. CAlvet, Josep. «El control de la frontera durante el primer franquismo: la creación de la zona policial en el Pirineo de Lleida». Op. cit., pág. 13.
29. Ibídem, pág. 13; mArtínezde bAñoS, Fernando. «Hasta su total aniquilación»: El Ejército contra el maquis en el Valle de Arán y en el Alto Aragón, 1944-1946. Op. cit., pág. 73.
30. Antón PelAyo, Javier. «El control policial de la frontera nordeste durante el pri- mer franquismo». Op. cit., pág. 232.
31. Ibídem, pág. 233; CAlvet, Josep. «El control de la frontera durante el primer fran- quismo: la creación de la zona policial en el Pirineo de Lleida». Op cit., pág. 15.
32. blAnChon, Jean-Louis. La Cerdagne, pays frontière (1936-1948). Rupture ou conti- nuité? Op. cit., vol. II, pág. 35.
recogieron datos sobre sus antecedentes e ideología política.33 En cuan- to a la provincia de Lleida, Calvet considera que las medidas represivas, aunque contribuyeron a crear una dinámica desfavorable al maquis, no consiguieron el efecto deseado. Las autoridades atribuían la escasez de las detenciones que se habían podido llevar a cabo a la falta de colabora- ción de los catalanes fronterizos, que contrastaba con la actitud de la población de la zona fronteriza vasco-navarra. En algunos puntos del Pirineo por los que habían pasado los guerrilleros la presión militar no se disipó al volver la tranquilidad y el comandante militar de la población continuó imponiendo su autoridad al poder civil del alcalde.34
Otra práctica represiva que caracterizó la posguerra española en la zona fronteriza fueron los destierros. Había dos categorías de destierros, denominados por Antón Pelayo definitivos y transitorios. Las personas sujetas a un destierro definitivo fueron obligadas a instalarse en el interior del territorio español. Cuando se producían o se temían problemas en la frontera (por ejemplo, la invasión del maquis en el Val d’Aran, o al fina- lizar la guerra europea), las personas que las autoridades habían identifi- cado como «elementos peligrosos» sufrían un destierro transitorio que las obligaba a alejarse de la frontera, a veces durante períodos de hasta seis meses. Los obligados al destierro transitorio no podían quedarse en la zona fronteriza, pero tenía la posibilidad de irse a una zona más lejana dentro de la misma provincia; muchos pasaron esos meses en Girona.35 Los militares, guardias civiles y policías depurados fueron obligados a abandonar la zona fronteriza por orden del capitán general en octubre de 1944. En cuanto al Pirineo de Lleida, Calvet cuenta que las visitas de Francisco Franco para presidir la inauguración de centrales hidroeléctri- cas fueron motivo para desterrar temporalmente a personas en libertad vigilada. Los residentes de la zona fronteriza que se encontraban en esta situación penal vivían con la posibilidad de tener que abandonar sus pue- blos en cualquier momento. En algunos casos se produjeron enfrentamien- tos entre el Gobierno Civil de Lleida y alcaldes que no estaban de acuerdo con la decisión de desterrar a un vecino del pueblo.36
33. Antón PelAyo, Javier. «El control policial de la frontera nordeste durante el primer franquismo». Op. cit., págs. 233-235.
34. CAlvet, Josep. «El control de la frontera durante el primer franquismo: la creación de la zona policial en el Pirineo de Lleida». Op. cit., pág. 15.
35. Antón PelAyo, Javier. «El control policial de la frontera nordeste durante el primer franquismo». Op. cit., pág. 231.
36. CAlvet, Josep. «El control de la frontera durante el primer franquismo: la creación de la zona policial en el Pirineo de Lleida». Op. cit., pág. 14.